{"id":6995,"date":"2022-12-18T21:10:32","date_gmt":"2022-12-18T21:10:32","guid":{"rendered":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/?p=6995"},"modified":"2023-11-24T18:23:55","modified_gmt":"2023-11-24T18:23:55","slug":"el-falsario-de-indias","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/el-falsario-de-indias\/","title":{"rendered":"El falsario de Indias"},"content":{"rendered":"<h4 style=\"text-align: right;\">Ibsen Mart\u00ednez<\/h4>\n<p>Mi asunto es Rafael Bol\u00edvar\u00a0Coronado y su indescifrable vocaci\u00f3n de falsario de amplio espectro que abraz\u00f3 hacia 1913, mientras actuaba como secretario de un general cuyo nombre suena a conchabado de Tirano Banderas: el general se llamaba Le\u00f3n Jurado y gobernaba una remota y \u00e1rida provincia de la costa caribe en Venezuela.<\/p>\n<p>El relato de su iniciaci\u00f3n es el \u00fanico texto autobiogr\u00e1fico del prol\u00edfico Bol\u00edvar Coronado, acaso el \u00fanico veraz de toda su obra:\u00a0<em>Memorias de un semib\u00e1rbaro<\/em>, en las que dice: \u201cyo era poeta y hab\u00eda ganado unos juegos florales, hab\u00eda escrito la letra del \u2018Alma Llanera\u2019 \u2013intrincada zarzuela nativista\u2013 y obtenido el favor del Emperador\u201d. El emperador era el sanguinario dictador Juan Vicente G\u00f3mez.<\/p>\n<p>La merced concedida por G\u00f3mez al poeta pobret\u00f3n fue hacerlo tenedor de libros en los trabajos de una tortuosa carretera interestatal, construida por presos pol\u00edticos. El paisaje all\u00ed es des\u00e9rtico y se est\u00e1 siempre a pocas millas n\u00e1uticas de la ventosa isla de Curazao, xer\u00f3fita posesi\u00f3n neerlandesa, refugio de gente perseguida por el tirano.<\/p>\n<p>El gobernador Jurado y el oficial de presos se detestaban mutuamente. \u201c[El general] Jurado me distingu\u00eda con su amistad \u2013escribe el semib\u00e1rbaro\u2013 y el jefe de la carretera con su confianza. Tanto era as\u00ed que entre los dos nos apropiamos del presupuesto de la obra: con orden de tener trescientos hombres en los trabajos, solo ocup\u00e1bamos doscientos.\u201d<\/p>\n<p>Imparto ahora la preocupaci\u00f3n mayor del dictador G\u00f3mez en aquella Cuaresma de 1913. Pronto vencer\u00eda su per\u00edodo constitucional sin que el Congreso hubiese modificado el art\u00edculo referente a la duraci\u00f3n del mandato. El Congreso no era de fiar porque todos los diputados hab\u00edan sido designados a dedazos por el anterior dictador, Cipriano Castro, compadre de G\u00f3mez y depuesto por este en un descuido de aquel. Castro, sin embargo, no se resignaba al exilio y fraguaba o alentaba invasiones desde Trinidad, desde Colombia, desde Curazao.<\/p>\n<p>La jerga antinarc\u00f3ticos nos habla, hoy d\u00eda, de \u201centregas vigiladas\u201d que atraen a los traficantes a una captura en flagrancia. Pues bien, el tirano G\u00f3mez buscaba una \u201cinvasi\u00f3n vigilada\u201d: instigar ladinamente a una facci\u00f3n de sus enemigos a invadir Venezuela, hacerles pensar que contaban con el apoyo de importantes guarniciones y apresarlos no bien pisasen costa firme. Eso justificar\u00eda decretar una ley marcial para reducir a prisi\u00f3n a centenares de desafectos y permanecer indefinidamente en el poder.<\/p>\n<p>Un buen candidato para encabezar una invasi\u00f3n vigilada era Sim\u00f3n Bello, general de montonera llamado \u201cEl Gordo\u201d, pr\u00f3spero comerciante y cabeza del exilio venezolano en Curazao que financiaba generosamente las andanzas caribe\u00f1as del exdictador Castro.<\/p>\n<p>Durante un encuentro fortuito en Barranquilla, Colombia, Bello ofreci\u00f3 dinero a un lugarteniente del general Jurado para que amotinase la guardia pretoriana a su mando en Coro, la capital estadal, e hiciese preso al gobernador Jurado. Aunque acept\u00f3 un anticipo, el hombre pidi\u00f3 tiempo para pensarlo, prometi\u00f3 escribir y regres\u00f3 a\u00a0 Coro a contarle todo al gobernador.\u00a0 Jurado orden\u00f3 \u201cal poeta ese que lleva las cuentas de la carretera\u201d redactar una convincente carta-cebo.<\/p>\n<p>Tan pronto fue ministril del general Jurado, la parodia, la usurpaci\u00f3n de identidades y la f\u00e9rtil invenci\u00f3n de top\u00f3nimos que mover\u00edan su carrera futura se hicieron m\u00e9todo en Bol\u00edvar Coronado. La carta, modelo de correspondencia conspirativa entre chafarotes, anim\u00f3 al gordo Bello a cruzar, al mando de una peque\u00f1a partida, el brazo de mar que separa Curazao de Tierra Firme. Fue hecho preso y desapareci\u00f3 para siempre en las c\u00e1rceles de G\u00f3mez.<\/p>\n<p>El episodio mortific\u00f3 much\u00edsimo las ambiciones literarias de Bol\u00edvar Coronado: no era esa, en verdad, la carrera que so\u00f1aba. Durante la Semana Santa del a\u00f1o siguiente renunci\u00f3 calladamente a la contadur\u00eda de la carretera y poco despu\u00e9s, sin hacer ruido, embarc\u00f3 rumbo a Espa\u00f1a. Ten\u00eda treinta a\u00f1os.<\/p>\n<p>\u201cMe vine a Madrid, hermano, a cambiar el medio real sencillo por la\u00a0<em>morocota<\/em>\u201d, escribe el semib\u00e1rbaro en carta a Gabriel Espinosa, el amigo periodista que dej\u00f3 en Caracas. Recurre a una expresi\u00f3n que en Venezuela alude m\u00e1s bien a la gloria personal que a la riqueza: la morocota es la moneda de veinte d\u00f3lares oro que, en aquel tiempo, era de curso corriente en mi pa\u00eds. El \u201cmedio real sencillo\u201d es lo rutinario, lo inconducente, lo mezquino; en fin, la innoble poquedad del fracaso hecho rutina.<\/p>\n<p>En Madrid, sin embargo, el semib\u00e1rbaro se hall\u00f3, ir\u00f3nicamente, en el reino que su admirado autor decadentista madrile\u00f1o Emilio Carrere llam\u00f3 \u201cde la calderilla\u201d y cuya virgen es Nuestra Se\u00f1ora de la Casualidad.<\/p>\n<p>Yo me figuro ese reino como la intersecci\u00f3n entre lo que el escritor peruano Fernando Iwasaki llama, en un brillante y justiciero ensayo, \u201cel\u00a0<em>preboom latinoamericano\u201d,\u00a0<\/em>y el hamponato literario que, en su\u00a0<em>Novela de un literato<\/em>, Rafael Cansinos Assens, el prodigioso traductor espa\u00f1ol admirado por Borges, describe como \u201cindividuos indefinibles, ab\u00falicos, incapaces de un esfuerzo sostenido, median\u00edas con alguna chispa de genialidad a quienes Emilio Carrere ha acabado de desmoralizar con sus apolog\u00edas de la bohemia literaria\u201d.<\/p>\n<p>\u201c\u00bfQu\u00e9 es eso del\u00a0<em>preboom<\/em>?\u201d, preguntar\u00e1 usted. Responde Iwasaki:<\/p>\n<p>Nunca han vuelto a coincidir en Espa\u00f1a tantos poetas, cr\u00edticos y narradores latinoamericanos como los que encontramos en Madrid a comienzos del siglo\u00a0XX. [\u2026] Si Barcelona fue la ciudad del\u00a0<em>boom,\u00a0<\/em>Madrid fue la ciudad del\u00a0<em>preboom<\/em>, porque en ella residieron los venezolanos Bol\u00edvar Coronado y Rufino Blanco Fombona, los chilenos Augusto D\u2019Halmar y Joaqu\u00edn Edwards Bello, los uruguayos Julio Casal y Carlos Reyes, los cubanos Alberto Ins\u00faa y Alfonso Hern\u00e1ndez Cat\u00e1, los peruanos Felipe Sassone y Jos\u00e9 Santos Chocano, los ecuatorianos C\u00e9sar Arroyo y Hugo Mayo, el mexicano Amado Nervo o los colombianos Jos\u00e9 Mar\u00eda Vargas Vila y Luis Carlos L\u00f3pez, entre otros raros y olvidados como la bell\u00edsima chilena Teresa Wilms, musa tr\u00e1gica de Valle-Incl\u00e1n, Guillermo de Torre, Juan Ram\u00f3n Jim\u00e9nez, G\u00f3mez de la Serna y Gonz\u00e1lez Ruano. [\u2026] El\u00a0<em>preboom<\/em>\u00a0enriqueci\u00f3 la literatura espa\u00f1ola sin necesidad de transformarla, porque a los cl\u00e1sicos de traje gris no les molestaba llevar una flor americana en el ojal de su escritura.<\/p>\n<p>Pues bien, entre el\u00a0<em>preboom<\/em>\u00a0y el hamponato literario, Bol\u00edvar Coronado opta por arrimarse a este \u00faltimo y fraterniza con las busconas y duerme en los bald\u00edos cuando no logra juntar los c\u00e9ntimos que cuesta un camastro en\u00a0<em>Han de Islandia<\/em>, el abyecto hostal donde Bol\u00edvar Coronado traba amistad con Pedro Luis de G\u00e1lvez, periodista malague\u00f1o, expresidiario y bohemio de quien se cuenta que una vez meti\u00f3 a un hijito suyo, muerto al nacer, en una caja de zapatos y lo pase\u00f3 por los caf\u00e9s de Madrid como pat\u00e9tico \u00faltimo recurso de la mendicidad.<\/p>\n<p>G\u00e1lvez dej\u00f3 publicado un tratado de gorroner\u00eda \u2013<em>Arte y modos de sablear<\/em>\u2013 y fue quien una noche sin blanca en la Plaza de las Cortes le se\u00f1al\u00f3 a lo lejos a Rufino Blanco Fombona, adinerado patricio caraque\u00f1o, literato, pol\u00edtico, duelista y exitoso editor, saliendo de la\u00a0<em>brasserie<\/em>\u00a0del Hotel Palace: \u201cah\u00ed va don Rufino, su compatriota: con \u00e9l tendr\u00eda usted que hablar\u201d.<\/p>\n<p style=\"text-align: center;\">***<\/p>\n<p>Un d\u00eda de 1915, Blanco Fombona, verdadera flor carn\u00edvora americana en el ojal de Madrid, invit\u00f3 a Rafael Cansinos Assens a su casa de Benito Guti\u00e9rrez #8. Se hab\u00edan conocido, tiempo atr\u00e1s, en la editorial\u00a0Renacimiento. Don Rufino fue al grano: gracias a un rico contertulio vinculado a la banca Rothschild, hab\u00eda logrado un contrato fabuloso con la Sociedad General Espa\u00f1ola de Librer\u00eda para su incipiente\u00a0Editorial Am\u00e9rica. La Sociedad, gran casa distribuidora, \u201cse ha comprometido a tomarle a Fombona en firme cuantos libros edite cada mes\u201d.<\/p>\n<p>\u201cEl mundo de los inmortales bien muertos nos pertenece\u201d, le dice don Rufino, jubiloso, a Cansinos. \u201cYo despacho por lo menos dos t\u00edtulos al mes, as\u00ed que vamos a trabajar de firme. A editar traducciones que no paguen derechos. Lo necesito a usted como traductor. De nadie m\u00e1s me f\u00edo; todos los dem\u00e1s son unos\u00a0<em>pendejos<\/em>. Fusilaremos sin piedad. \u00a1Rusia, Cansinos, Rusia es un fil\u00f3n!\u201d<\/p>\n<p>Le dice, adem\u00e1s, que piensa publicar poetas y novelistas americanos desconocidos en Espa\u00f1a, precursores del modernismo, una biograf\u00eda de Sim\u00f3n Bol\u00edvar, ensayos de historia colonial americana,\u00a0<em>cr\u00f3nicas de los conquistadores.<\/em><\/p>\n<p>La editorial crece y pronto despliega su cat\u00e1logo en nueve colecciones que en el curso de dieciocho a\u00f1os llegaron a albergar trescientos t\u00edtulos: la Biblioteca Andr\u00e9s Bello, la Ayacucho, la de Autores C\u00e9lebres. Don Rufino tendr\u00eda sus razones para bautizar la de escritores hispanoamericanos Biblioteca de Autores Varios. Concibi\u00f3 tambi\u00e9n una de Ciencias Pol\u00edticas y Sociales y otra de la Juventud Hispanoamericana. La Biblioteca del Porvenir fue el fondo de cl\u00e1sicos socialistas: Lenin, Bujarin, Engels, R\u00e9v\u00e9sz, Eisner, Bauer, algunos de ellos vertidos por vez primera al espa\u00f1ol por Cansinos Assens. En la colecci\u00f3n La Novela para Todos se publican Tolst\u00f3i, Turgu\u00e9niev, Dostoievski. \u201c\u00a1Rusia, Cansinos, Rusia!\u201d<\/p>\n<p>En alg\u00fan momento de este relato, Bol\u00edvar Coronado decide que sus\u00a0<em>Memorias de un semib\u00e1rbaro<\/em>\u00a0merecen un lugar en la Biblioteca de Autores Varios y le lleva a don Rufino el manuscrito. En este primer encuentro, Bol\u00edvar Coronado busca la simpat\u00eda del editor haciendo valer su condici\u00f3n de compa\u00f1eros de exilio. Ciertamente, desde su llegada a Espa\u00f1a, Bol\u00edvar Coronado no ha cesado de publicar en la prensa feroces denuncias de la tiran\u00eda de G\u00f3mez, con la que rompi\u00f3 tan pronto zarp\u00f3 de La Guaira. Acosado por los c\u00f3nsules del dictador venezolano que solicitaban su deportaci\u00f3n, Bol\u00edvar Coronado lleg\u00f3 a escudarse detr\u00e1s de m\u00e1s de seiscientos seud\u00f3nimos en el curso de siete a\u00f1os.<\/p>\n<p><em>Memorias de un semib\u00e1rbaro<\/em>\u00a0fue rechazada por Blanco Fombona sin mayores explicaciones. El exilio no logr\u00f3 acercar a estos hombres. Bol\u00edvar Coronado aventura un motivo para ello en otra carta a Gabriel Espinosa.<\/p>\n<p>Menos de un siglo atr\u00e1s, don Rufino \u2013desembozado racista, al modo positivista de la \u00e9poca\u2013 habr\u00eda sido un blanco principal, un \u201cespa\u00f1ol de Am\u00e9rica\u201d, un noble criollo independentista, un\u00a0<em>mantuano\u00a0<\/em>liberal como el Libertador; Bol\u00edvar Coronado, cruza de canario y zambos llaneros, dice de s\u00ed mismo: \u201cen mi anterior vida fui\u00a0<em>pardo\u00a0<\/em>realista\u201d.<\/p>\n<p>Me gusta pensar que, gracias a Bol\u00edvar Coronado, la intersecci\u00f3n perfecta entre el hamponato literario madrile\u00f1o y el\u00a0<em>preboom<\/em>\u00a0latinoamericano fue la colecci\u00f3n de historia colonial de la Editorial Am\u00e9rica, la ni\u00f1a de los ojos de Blanco Fombona, oficiante mayor no solo del culto a Bol\u00edvar, sino de otra secta, florecida entre el desastre del 98 y el primer centenario de nuestras independencias: el hispanismo latinoamericano, corriente que alimentaba la idea de que Hispanoam\u00e9rica, a pesar de la batalla de Ayacucho y de lo que pudiera pensarse de nosotros en la pen\u00ednsula, era, al fin y al cabo, una uva m\u00e1s de las cepas espa\u00f1olas.<\/p>\n<p>El hispanismo quer\u00eda hallar indelebles trazas de Espa\u00f1a en todo lo nuestro: era un casticismo americano. Don Rufino era autor ya de un celebrado ensayo sobre el conquistador espa\u00f1ol del siglo XVI. En po\u00e9tica compensaci\u00f3n, los nueve soberbios t\u00edtulos de la muy hispanista colecci\u00f3n de historia colonial de la Editorial Am\u00e9rica son todos ap\u00f3crifos de Bol\u00edvar Coronado.<\/p>\n<p>Quiz\u00e1 con \u00e1nimo vengativo, pero sin mostrar resentimiento alguno por el rechazo de su manuscrito, Bol\u00edvar Coronado forj\u00f3 sublimes cr\u00f3nicas de Indias y se las ofreci\u00f3, una tras otra, al editor criollo que ambicionaba singularizarse como hispanista publicando notables hallazgos de los siglos XVI y XVII americanos. Tenemos as\u00ed una arrojada estafa literaria dentro de una mistificaci\u00f3n historicista.<\/p>\n<p>Y digo arrojada porque don Rufino siempre ech\u00f3 por delante, no solo su fama de amigo de Rub\u00e9n Dar\u00edo, sino tambi\u00e9n la de duelista\u00a0<em>\u00e0 la<\/em>\u00a0Enrique G\u00f3mez Carrillo, el modernista guatemalteco, tambi\u00e9n amigo inseparable de Dar\u00edo. Don Rufino lleg\u00f3 a ufanarse de deber varios muertos en Venezuela. Si Bol\u00edvar Coronado fue un semib\u00e1rbaro, Blanco Fombona era un peso completo de la categor\u00eda.<\/p>\n<p>Los cronistas de embuste que fragu\u00f3 Bol\u00edvar Coronado son, a saber, el adelantado maestre Juan de Ocampo, descubridor de\u00a0<em>La Gran Florida;\u00a0<\/em>fray Nemesio de la Concepci\u00f3n, autor de uno de los tomos de\u00a0<em>Los caciques heroicos; fray Salcedo y Ord\u00f3\u00f1ez<\/em>, que leg\u00f3 su narraci\u00f3n de un viaje a la regi\u00f3n de unos chiapas que, absurdamente, habitan las riberas del r\u00edo Paraguay; fray Mateo Montalvo de Jarama, fundador de las misiones de Rosa Blanca y San Juan de las Galdonas. La m\u00e1s perfecta de estas fabricaciones fue, sin duda,\u00a0<em>La Nueva Umbr\u00eda,<\/em>del ficticio maestre Juan de Ocampo: narra la conquista y cristianizaci\u00f3n, en 1518, de un neblinoso territorio imaginario situado, como la Costaguana de Joseph Conrad, entre las actuales Venezuela y Colombia<em>.<\/em><\/p>\n<p>No fueron estas, por cierto, las \u00fanicas falsificaciones de Bol\u00edvar Coronado publicadas en la Editorial Am\u00e9rica. Su trabajo de prol\u00edfico escritor a la sombra, que hoy llamar\u00edamos \u201cde proveedor de contenidos\u201d, hall\u00f3 el camino de las dem\u00e1s colecciones de don Rufino, y as\u00ed, acometi\u00f3 un ensayo positivista titulado\u00a0<em>El llanero (estudio de sociolog\u00eda venezolana)<\/em>, que atribuy\u00f3 a un tal Daniel Mendoza; una antolog\u00eda de letras espa\u00f1olas del siglo\u00a0XIX que endos\u00f3 a Rafael Mar\u00eda Baralt, historiador venezolano que vivi\u00f3 en el siglo\u00a0XIX, y hasta obras cient\u00edficas, desde luego in\u00e9ditas hasta entonces, del sabio Agust\u00edn Codazzi.<\/p>\n<p>Tanto el ensayo sociol\u00f3gico como alguna de las falsas cr\u00f3nicas alcanzaron a ser citados, bien entrado el siglo\u00a0XX, como fuentes autorizadas por acad\u00e9micos de la talla del antrop\u00f3logo venezolano Miguel Acosta Saignes.<\/p>\n<p>Pero son las falsas cr\u00f3nicas de Indias las que sugieren las preguntas m\u00e1s inquietantes sobre la relaci\u00f3n entre el editor y el falsario. Le\u00eddas con atenci\u00f3n, se advierte que, con cada entrega, Bol\u00edvar Coronado se torna m\u00e1s y m\u00e1s desprolijo y escribe como distra\u00eddo. Parece estar m\u00e1s atento a remedar el espa\u00f1ol de los cronistas y ofrecerlo como un eco\u00a0<em>in lontano<\/em>\u00a0del siglo XVII que a cuidar la verosimilitud que exige el riguroso negocio de los ap\u00f3crifos.<\/p>\n<p>Los anacronismos comenzaron a hacerse frecuentes y llegaron a ser de mucho bulto, como cuando fray Mateo Montalvo de Jarama habla de \u201curbanizaciones\u201d en San Juan de las Galdonas, supuestamente fundada en 1656. Tengo todav\u00eda otras preguntas.<\/p>\n<p>\u00bfPor qu\u00e9 los pr\u00f3logos de la colecci\u00f3n, firmados por don Rufino, acusan el c\u00f3digo y hasta el anaquel de la Biblioteca Nacional de Espa\u00f1a donde Bol\u00edvar Coronado asegura haber hallado el original, pero no otorgan cr\u00e9dito alguno al copista? \u00bfC\u00f3mo es que don Rufino, autor de\u00a0<em>El conquistador espa\u00f1ol del siglo<\/em>\u00a0<em>XVI<\/em>, no advirti\u00f3 que en las cr\u00f3nicas que se le ofrec\u00edan muchos de los capitanes, frailes y arcabuceros llevan los nombres y apellidos de \u00e1ulicos y espadones del tirano Juan Vicente G\u00f3mez, su aborrecido contempor\u00e1neo?<\/p>\n<p>Lo cierto es que la colecci\u00f3n habr\u00eda podido crecer mucho m\u00e1s de no haber sido porque Vicente Lecuna \u2013un fundamentalista del culto bolivariano que fue capaz de quemar cartas del Libertador al juzgarlas licenciosas y da\u00f1inas a la memoria del H\u00e9roe\u2013 le escribi\u00f3 desde Caracas a don Rufino advirti\u00e9ndole del uso anacr\u00f3nico que su copista hac\u00eda de algunos vocablos inconcebibles en el castellano del siglo XVII.<\/p>\n<p>La leyenda que ha llegado hasta nosotros sobre los tejemanejes madrile\u00f1os de Bol\u00edvar Coronado afirma que solo entonces el editor burlado, luego de verificar que los anaqueles y los c\u00f3digos alfanum\u00e9ricos nunca existieron, recorri\u00f3 bufando las redacciones y los caf\u00e9s de Madrid en busca del semib\u00e1rbaro, dejando dicho en cada sitio que le pegar\u00eda un tiro nada m\u00e1s avistarlo. Ese habr\u00eda sido el motivo por el que el falsario huy\u00f3 para siempre de Madrid y fue a refugiarse en Barcelona, donde muri\u00f3 en 1924, m\u00e1s pobre que una rata, como dir\u00eda Roberto Bola\u00f1o.<\/p>\n<p style=\"text-align: center;\">***<\/p>\n<p>En su estudio ya cl\u00e1sico sobre los falsarios, el historiador estadounidense Anthony Grafton afirma que, en definitiva, la falsificaci\u00f3n es una especie de delito y que para examinarla es preciso atender, como los detectives, a los motivos, los medios y las circunstancias. Hacerlo as\u00ed dejar\u00eda ver que en todo tiempo \u201cla impostura ha servido a demasiados fines para que ninguna teor\u00eda los enlace a todos con un \u00fanico nudo explicativo\u201d. Sostiene, adem\u00e1s, que \u201c<em>toda falsificaci\u00f3n es un proyecto intelectual y filol\u00f3gico, raramente trivial<\/em>, y por eso invocar ambiciones materiales no suele bastar para aclarar sus motivos\u201d. Las bastardillas son m\u00edas.<\/p>\n<p>Como suelen hacerlo muchos hampones, Bol\u00edvar Coronado se adher\u00eda a una idiosincr\u00e1sica restricci\u00f3n \u00e9tica: escrib\u00eda escarpados ap\u00f3crifos, que dolosamente atribu\u00eda a terceros, muchos de ellos contempor\u00e1neos suyos, como Arturo Uslar Pietri,\u00a0<em>pero jam\u00e1s plagi\u00f3<\/em>.<\/p>\n<p>Casi al final de sus d\u00edas, se las arregl\u00f3 para legarnos una entrevisi\u00f3n de sus m\u00f3viles. Lo hizo en el pr\u00f3logo de un cent\u00f3n de poemas que atribuy\u00f3 a 45 imaginarios poetas bolivianos. Esas biograf\u00edas, cada una acompa\u00f1ada de poemas compuestos siguiendo m\u00e9tricas distintas, conforman el \u201cParnaso Boliviano\u201d. El compilador lleva el nombre de un comerciante venezolano, don Luis Blanco Mea\u00f1o, que en la vida real era hermano de Andr\u00e9s Eloy Blanco, el poeta popular por excelencia de mi pa\u00eds.<\/p>\n<p>Pero el Blanco Mea\u00f1o de la ficci\u00f3n es un m\u00e9dico boliviano a quien Bol\u00edvar Coronado agradece la ocasi\u00f3n de escribir las palabras liminares porque es la primera vez que en Espa\u00f1a logra publicar algo que lleve su firma. No era verdad: poco despu\u00e9s de su huida de Madrid, procurando desacreditarlo como un p\u00edcaro sat\u00e9lite del dictador G\u00f3mez, don Rufino public\u00f3 al fin las\u00a0<em>Memorias de un semib\u00e1rbaro<\/em>.<\/p>\n<p>En el pr\u00f3logo boliviano, Bol\u00edvar Coronado confiesa: \u201cestuve dos largos a\u00f1os en Madrid escribiendo libros a nombre de Juan de Ocampo, Alb\u00e9niz de la Cerrada, Concepci\u00f3n Zapata, Montalvo de Jarama, nombres que yo inventaba y pon\u00eda en mis escrituras como cosas de mucha gloria y fama. \u00bfQue c\u00f3mo pude enga\u00f1ar a los editores? Muy sencillo. La explicaci\u00f3n la ha dado el alt\u00edsimo Emilio Carrere en una frase: \u2018en Espa\u00f1a viven del libro los que no saben leer\u2019\u201d. Y en una carta al cr\u00edtico espa\u00f1ol Julio Cejador, dice: \u201cHe ganado aqu\u00ed unos ciento ochenta duros haci\u00e9ndole cuentos para ni\u00f1os a [Ram\u00f3n] Sopena y dos antolog\u00edas de poetas ecuatorianos y bolivianos a [Manuel] Maucci. Lo hice todo en poco menos de veinte d\u00edas; \u00a1considere usted c\u00f3mo habr\u00e1n quedado!\u201d<\/p>\n<p style=\"text-align: center;\">***<\/p>\n<p>En Barcelona, Bol\u00edvar Coronado se acerc\u00f3 a los anarquistas, comparti\u00f3 sus luchas, escribi\u00f3 en su prensa sus habituales dicterios contra G\u00f3mez, a\u00f1adiendo seud\u00f3nimos a la lista, siempre amenazado por los c\u00f3nsules del dictador con hacerlo deportar. Alcoholizado y tuberculoso, se amanceb\u00f3 con la hija de un obrero impresor, tambi\u00e9n anarquista. Se llamaba Mar\u00eda Noguera y es por ella que hoy sabemos que Bol\u00edvar Coronado sol\u00eda trasnochar fabricando mentidos despachos de la guerra de Marruecos, donde nunca lleg\u00f3 a ir. Lo hac\u00eda mezclando con desvergonzada maestr\u00eda historias que hab\u00eda escuchado en los hospitales de campa\u00f1a y en las tabernas de M\u00e1laga.<\/p>\n<p>Es fama que el jefe de redacci\u00f3n del diario madrile\u00f1o a quien enviaba aquellas martingalas, las mostraba a sus pupilos diciendo: \u201cSe\u00f1ores, \u00a1a esto llamo yo un despacho de guerra!\u201d Hubo madrugadas en que Mar\u00eda Noguera despert\u00f3 sobresaltada porque ya para entonces Bol\u00edvar Coronado no pod\u00eda escribir sin re\u00edr a carcajadas.<\/p>\n<p>En los versos finales de \u201cDerrota\u201d, un poema en prosa de Rafael Cadenas, he cre\u00eddo encontrar la cifra del semib\u00e1rbaro: \u201cYo que he percibido por rel\u00e1mpagos mi falsedad y no he podido derribarme, barrer todo y crear de mi indolencia, mi flotaci\u00f3n, mi extrav\u00edo una frescura nueva, y obstinadamente me suicido al alcance de la mano, me levantar\u00e9 del suelo, m\u00e1s rid\u00edculo todav\u00eda, para seguir burl\u00e1ndome de los otros y de m\u00ed hasta el d\u00eda del juicio final.\u201d<\/p>\n<h4 style=\"text-align: right;\"><a href=\"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/ibsen-martinez\/\" target=\"_blank\" rel=\"noopener\">Sobre el autor<\/a><\/h4>\n<h6>*Publicado originalmente en: https:\/\/letraslibres.com<\/h6>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Ibsen Mart\u00ednez Mi asunto es Rafael Bol\u00edvar\u00a0Coronado y su indescifrable vocaci\u00f3n de falsario de amplio espectro que abraz\u00f3 hacia 1913, mientras actuaba como secretario de un general cuyo nombre suena a conchabado de Tirano Banderas: el general se llamaba Le\u00f3n Jurado y gobernaba una remota y \u00e1rida provincia de la costa caribe en Venezuela. 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