{"id":6934,"date":"2022-12-06T00:15:34","date_gmt":"2022-12-06T00:15:34","guid":{"rendered":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/?p=6934"},"modified":"2023-11-24T18:24:12","modified_gmt":"2023-11-24T18:24:12","slug":"la-tercera-mano","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/la-tercera-mano\/","title":{"rendered":"La tercera mano (fragmentos)"},"content":{"rendered":"<h4 style=\"text-align: right;\">Aminta Bele\u00f1o<\/h4>\n<p><strong><em>Lisa<\/em><\/strong><\/p>\n<p><em>(Carta de la mano izquierda)<\/em><\/p>\n<p>Sentada sobre su cama, Gilda miraba fijamente hacia la puer\u00adta. En la pared contigua, estaban sus dos maletas, listas para em\u00adprender el viaje hacia la vida que su padre le hab\u00eda impuesto. Sobre estas, un neceser de cuero rojo con broches de plata que le hab\u00eda regalado su madre, apenas hac\u00eda un a\u00f1o, cuando supo que mens\u00adtruaba, como ofrenda por haberse convertido en mujer, seg\u00fan el pensar vern\u00e1culo.<\/p>\n<p>El peque\u00f1o neceser atesoraba pedacitos de papel, con trazos que s\u00f3lo ella pod\u00eda traducir, donde Baldomero pon\u00eda las contrase\u00ad\u00f1as de sus encuentros. Ah\u00ed, tambi\u00e9n, camuflada entre sus juegos de aretes, collares, pulseras, ganchos y tiras para hacerse los marrones, guardaba su artesanal argolla de matrimonio \u2013el que ella y Baldo\u00admero se hab\u00edan jurado con el R\u00edo Chucur\u00ed de testigo\u2013, hecha por \u00e9l con hojas secas de tabaco y fibras de fique.<\/p>\n<p>Baldomero se le aparec\u00eda como un sue\u00f1o triste. No pod\u00eda, por m\u00e1s que quisiera, creer que volver\u00eda a verlo, lo hab\u00edan enviado al camino de la muerte; ninguno de los peones de la hacienda, recluta\u00addos por el Ej\u00e9rcito, hab\u00eda sobrevivido. Sufr\u00eda la pesadumbre de una viudez con cuerpo ausente.<\/p>\n<p>De pronto, se le repet\u00edan palabras de Alfreda: \u201c\u2026cuando ha\u00adyas dado otras dos vueltas al sol, se abrir\u00e1n de nuevo tus caminos.\u201d Le era dif\u00edcil descifrarlas, mas su interpretaci\u00f3n instintiva le daba para entender que su concubinato forzado con V\u00edctor Landaeta no ser\u00eda por siempre.<\/p>\n<p>En esa convicci\u00f3n se hab\u00eda aferrado y por eso pod\u00eda estar ah\u00ed, pasivamente, esperando la hora en que viniera por ella un hombre con el que, ni siquiera, hab\u00eda cruzado conversaci\u00f3n; pues, las veces que recordaba haberle visto por la hacienda, llegaba a caballo, nunca descend\u00eda; y se marchaba, despu\u00e9s de conversar con su padre.<\/p>\n<p>\u2013 \u00a1Gilda, abra, hija! Necesito que hablemos, antes de que se vaya.<\/p>\n<p>La voz de Julia, tras la puerta, le son\u00f3 lejana, como si fuera un ensue\u00f1o.<\/p>\n<p>\u2013 \u00a1Gilda, abra, hija!<\/p>\n<p>El segundo llamado de su madre, acompa\u00f1ado de varios toques desesperados, la hizo volver en s\u00ed. Una mezcla de rabia y dolor le revolvi\u00f3 el alma. Aquella permisividad que Julia expre\u00adsaba frente a su tragedia, era lo m\u00e1s parecido a una traici\u00f3n. No entend\u00eda c\u00f3mo ella hab\u00eda sido capaz de aceptar que su padre la ofreciera en una apuesta.<\/p>\n<p>\u2013 \u00a1Gilda, \u00e1brame, haga el favor! No busque que mande a tumbar la chapa, necesito decirle algo, no sea terca, es por su bien.<\/p>\n<p>La voz de Julia se apag\u00f3 un momento y la de Alfreda retumb\u00f3 en su pensamiento: \u201cLa mano izquierda vendr\u00e1 por ti.\u201d<\/p>\n<p>Gilda se levant\u00f3 de la cama, como empujada por un impulso ajeno, camin\u00f3 hacia la puerta, abri\u00f3 y encontr\u00f3 a su madre con la cabeza gacha, parada junto a Lisa, una de las muchachas del ser\u00advicio, ataviada con ropa de salir y una peque\u00f1a valija. Julia reac\u00adcion\u00f3 y entr\u00f3 con apuro al cuarto. Lisa la sigui\u00f3 y cerr\u00f3 la puerta, tras ella.<\/p>\n<p>\u2013 Gilda, yo soy su mam\u00e1 y no quiero su mal, hija. Usted no lo entiende, pero, a nosotras, las mujeres, nos toca aceptar mu\u00adchas cosas en esta vida, aunque no queramos. M\u00edreme a m\u00ed, enamora\u00b4\u00edta de su taita, me arrejunt\u00e9 con \u00e9l, creyendo que se iba a casar conmigo despu\u00e9s, y vea que nunca lo ha hecho. M\u00e1s bien, he tenido que aguantarle a ese hijuepuerca el mon\u00adt\u00f3n de mozas que ha monta\u00b4o y la catorcera de hijos que les ha puesto, dizque porque \u00e9l no conf\u00eda en hombres, y las mujeres si le responden por las tierras.<\/p>\n<p>\u2013 A usted nadie la oblig\u00f3 a vivir con \u00e9l, mam\u00e1. A m\u00ed s\u00ed me est\u00e1n obligando a irme con un hombre que ni conozco.<\/p>\n<p>\u2013 Fue decisi\u00f3n de su taita, no m\u00eda. Y no se puede echar pa\u00b4 tras porque usted sabe c\u00f3mo se paga eso. \u00bfQuiere que lo maten o que la maten a usted? Mire, mija, sea inteligente. <em>La cucha <\/em>ya la consult\u00f3, oiga lo que ella le dijo, ella nunca se equivoca. La tragedia se va a evitar. Usted meti\u00f3 la pata y enred\u00f3 m\u00e1s las cosas. Al boga ese no lo va a volver a ver m\u00e1s, ese ya es\u00adtar\u00e1 difunto pronto. Pero, por usted, <em>la cucha <\/em>si puede meter sus manos.<\/p>\n<p>Gilda se volte\u00f3, camin\u00f3 hacia la cama y solt\u00f3 a llorar. Julia fue tras ella, se le adelant\u00f3 y la abraz\u00f3.<\/p>\n<p>\u2013 No llore m\u00e1s y p\u00e1reme bolas \u2013 le dijo.<\/p>\n<p>Luego, se apart\u00f3, la tom\u00f3 de los brazos, la gir\u00f3, la solt\u00f3 y se encamin\u00f3 hacia Lisa, quien se hab\u00eda quedado cerca a la puerta.<\/p>\n<p>\u2013 Lisa se va con usted. Se lo exig\u00ed a su taita como condici\u00f3n para que usted no pusiera problemas, y que le dijera a don V\u00edctor Landaeta que Lisa era su sirvienta personal, la que sab\u00eda c\u00f3mo arreglarle la ropa, peinarla y prepararle la comida, que llev\u00e1r\u00adsela era lo \u00fanico que usted exig\u00eda. Don V\u00edctor acept\u00f3.<\/p>\n<p>\u2013 No entiendo \u2013 balbuce\u00f3 Gilda, sec\u00e1ndose las l\u00e1grimas.<\/p>\n<p>\u2013 Es una orden de <em>la cucha<\/em>, le mand\u00f3 a decir que Lisa era la carta de su mano izquierda. \u00bfAhora s\u00ed entiende?<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><strong><em>Belladona y Mandr\u00e1gora<\/em><\/strong><\/p>\n<p><em>(Juntanza para enga\u00f1ar bestias) <\/em><\/p>\n<p>\u2013 Se\u00f1orita Gilda, ya lleg\u00f3 Don V\u00edctor. Y debe andar bien <em>jincho<\/em>, porque lleg\u00f3 encompincha\u00b4o. Ah\u00ed \u00b4t\u00e1 su taita, tambi\u00e9n, mija.<\/p>\n<p>\u2013 \u00bfMi pap\u00e1 est\u00e1 aqu\u00ed, Aureliana?<\/p>\n<p>\u2013 \u00a1S\u00ed, mijita! Don V\u00edctor siempre anda con sus tres alegres com\u00adpadres: el doctor D\u00e1maso, que est\u00e1 reci\u00e9n llegado, gradua\u00addito, de Bogot\u00e1; Don Benjam\u00edn, que es due\u00f1o de la flota que sale y entra del Magdalena; y su taita, que ya vust\u00e9 sabe qui\u00e9n diablos es. Claro, esos son los de m\u00e1s confianza del Don. \u00a1Hummm! Porque ese se la pasa encompincha\u00b4o como con una docena. Bueno, vust\u00e9 los va a ir conociendo, porque aqu\u00ed terminan sus borracheras, despu\u00e9s que se quedan sin un cen\u00adtavo pa\u00b4 seguir las apostaderas, o los echan del <em>Cuarto Patio<\/em>.<\/p>\n<p>Gilda pas\u00f3 del gesto de contrariedad, que le fue imposible di\u00adsimular, cuando Aureliana habl\u00f3 de las apuestas, record\u00e1ndole por qu\u00e9 estaba ella ah\u00ed; para poner uno de confusi\u00f3n, cuando escuch\u00f3 mentar al <em>Cuarto Patio<\/em>; lo que Aureliana salt\u00f3 a resolverle, sin pelos en la lengua y sin darle tiempo de preguntar:<\/p>\n<p>\u2013 El <em>Cuarto Patio <\/em>es donde est\u00e1n las mujeres p\u00fablicas, las de la vida alegre, se\u00f1orita Gilda. Esa es la segunda casa de <em>to\u00b4iti\u00adcos <\/em>los Dones de Barrancabermeja y sus alrededores, mija. Su mam\u00e1, Do\u00f1a Julia, lo tiene bien sabi\u00b4o que ah\u00ed se la pasa su taita. Y Don V\u00edctor, es igual\u00edtitico. Mejor que vust\u00e9 lo vaya sabiendo, mijita; ya que ese ser\u00e1 el marido suyo desde esta noche\u2026<\/p>\n<p>\u2013 Hasta que le haya dado otras dos vueltas al sol, Aureliana \u2013 atin\u00f3 a decir Gilda, recordando las palabras de <em>la cucha Alfreda<\/em>.<\/p>\n<p>\u2013 \u00bfVust\u00e9 por qu\u00e9 dice eso?<\/p>\n<p>\u2013 Eso dijo mi abuela, y yo le creo.<\/p>\n<p>\u2013 \u00a1Ah, bueno, esas son palabras santas! Pero, mire, no vuelva a repetir eso por ah\u00ed, a naiden. Ni eso, ni nada de lo que <em>la cucha Alfreda <\/em>la haya dicho, \u00bfoy\u00f3? Hay cosas que se tienen que hacer, no hablar. \u00bfSi me entiende?<\/p>\n<p>Gilda afirm\u00f3 con la cabeza, mir\u00e1ndola con determinaci\u00f3n. En\u00adtonces, Aureliana se le acerc\u00f3, baj\u00f3 la voz y le pregunt\u00f3:<\/p>\n<p>\u2013 \u00bfMija, ya est\u00e1 preparada, se hizo todo lo que <em>la cucha <\/em>le mand\u00f3?<\/p>\n<p>Gilda, nuevamente, afirm\u00f3 con la cabeza. Ahora, su mirada de\u00adcidida se mud\u00f3 hacia el recuerdo de las anteriores noches, donde se encontr\u00f3 saliendo a hurtadillas de su habitaci\u00f3n, entre las sombras silenciosas que despertaban cuando la casa dorm\u00eda; para entrar a un s\u00f3tano escondido en la cocina, tras el seib\u00f3 de madera vieja que guar\u00addaba las vajillas de porcelana para las visitas. Un s\u00f3tano que no sab\u00eda que exist\u00eda, se lo puso al descubierto su abuela, quien la hab\u00eda guiado para entrar all\u00ed a preparar su cuerpo, ante la fatalidad invocada, por su obligado maridaje con V\u00edctor Landaeta; un hombre que no duda\u00adr\u00eda en cobrar con sangre el himen desgarrado por Baldomero.<\/p>\n<p>En aquel lugar, con la luz tenue de veladoras rojas, entre polvo de muchos tiempos y bordados de ara\u00f1a, parada frente a un gran espejo adherido a una de las viejas paredes de adobe raso; Gilda se desnudaba y untaba sus pechos, vientre y vagina, con un ung\u00fcento entregado por Lisa, al d\u00eda siguiente de haberse consultado con <em>la cu\u00adcha<\/em>. Luego, alzando su mirada a la altura del reflejo de sus ojos en el espejo, repet\u00eda una invocaci\u00f3n escrita en un peque\u00f1o papel adherido al frasco del linimento:<\/p>\n<blockquote><p><strong><em>Belladona y Mandr\u00e1gora,<\/em><\/strong><\/p>\n<p><strong><em>diosas de nuestros secretos quereres,<\/em><\/strong><\/p>\n<p><strong><em>Bele\u00f1o Negro,<\/em><\/strong><\/p>\n<p><strong><em>aliado de sue\u00f1os y olvidos:<\/em><\/strong><\/p>\n<p><strong><em>\u00a1J\u00fantense y denme los placeres<\/em><\/strong><\/p>\n<p><strong><em>de lo que tengo prohibido!<\/em><\/strong><\/p>\n<p><strong><em>\u00a1J\u00fantense y hagan juntar<\/em><\/strong><\/p>\n<p><strong><em>lo que quise soltar!<\/em><\/strong><\/p>\n<p><strong><em>\u00a1J\u00fantense y d\u00e9jenme dominar<\/em><\/strong><\/p>\n<p><strong><em>a la bestia que mi sangre <\/em><\/strong><\/p>\n<p><strong><em>se quiere tomar!<\/em><\/strong><\/p><\/blockquote>\n<p>Mientras repet\u00eda aquel conjuro, frotaba sus pezones, acaricia\u00adba su ombligo y tocaba su cl\u00edtoris, hasta ser pose\u00edda por gustosas emociones que agitaban su respiraci\u00f3n y se la llevaban volando has\u00adta encontrar el cuerpo desnudo de Baldomero, sobre quien se dejaba caer, para terminar asaltada de espasmos que crec\u00edan y decrec\u00edan entre senos, vientre y vulva, arranc\u00e1ndole gemidos, risas y l\u00e1grimas, que s\u00f3lo hasta entonces hab\u00eda experimentado.<\/p>\n<p>Tras un tiempo incontable y una vez retornada a su reali\u00addad, Gilda se levantaba del suelo, a donde no ten\u00eda memoria de haber ca\u00eddo, y antes de que el sol iniciara su despunte, corr\u00eda a secarse sus genitales, viscosamente empapados, con un pedazo de casimir que llevaba escondido en las enaguas; tras lo cual se la\u00advaba con agua de alumbre y romero, tambi\u00e9n preparada por Lisa y embasada en una botella de vino que ella dejaba vac\u00eda sobre la mesa de la cocina, al salir del s\u00f3tano; donde volv\u00eda a encontrarla llena, al retornar por la noche.<\/p>\n<p>Todo ese ritual hab\u00eda cerrado aquella tarde, despu\u00e9s de la siesta por el almuerzo, cuando Gilda volvi\u00f3 a lavar sus intimida\u00addes con agua de alumbre y romero, dej\u00e1ndose secar al clima para, luego, tumbada boca arriba sobre la cama, con las piernas levan\u00adtadas, introducir en la entrada de su vagina un trozo de vejiga de cerdo, hervida y castrada con vinagre de pi\u00f1a; y, r\u00e1pidamente, embadurnarse con engrudo de palma, hasta que su nuevo himen qued\u00f3 prendido.<\/p>\n<p>\u2013 Aureliana, Don V\u00edctor est\u00e1 preguntando por usted y por la se\u00ad\u00f1orita Gilda \u2013 avis\u00f3 Lisa, tras golpear la puerta con apremio, devolvi\u00e9ndole a Gilda la mirada del presente y a Aureliana el serio misticismo que oscurec\u00eda el turqu\u00ed de sus ojos, cuando andaba complotando.<\/p>\n<p>\u2013 D\u00edgale que ya vamos, que estamos terminando de vestir a la se\u00f1orita Gilda.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Aminta Bele\u00f1o Lisa (Carta de la mano izquierda) Sentada sobre su cama, Gilda miraba fijamente hacia la puer\u00adta. 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