{"id":6874,"date":"2022-11-29T01:26:15","date_gmt":"2022-11-29T01:26:15","guid":{"rendered":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/?p=6874"},"modified":"2023-11-24T18:24:15","modified_gmt":"2023-11-24T18:24:15","slug":"el-quiriminduna-de-los-nereneres","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/el-quiriminduna-de-los-nereneres\/","title":{"rendered":"El quirimindu\u00f1a de los \u00f1ere\u00f1eres"},"content":{"rendered":"<h4 style=\"text-align: right;\">C\u00e9sar Chirinos<\/h4>\n<p>La mano de tres dedos en situaci\u00f3n redonda tiembla en una de sus penumbras. La boca desdentada y ennegrecida de mascar y gofear refuerce sus penumbras. \u00d1 sin ser quien es se descuartiza humana y fosf\u00f3rica en resortes p\u00fatridos. Sobre la carretilla la muleta, sobre la lora el hombre y sobre hombre, carretilla y muleta la bullaranga rota, torcida, apelmazada. Abajo los tornillos olvidados sin roscas. Lenitivos de sus purgatorios los escat\u00f3fagos hacen su correaje solar. Lenguaraz en sus civilizaciones las ovoc\u00e9lulas fecundadas Cunas a otras) se miran la tumefacci\u00f3n fr\u00eda de los ganglios linf\u00e1ticos cervicales.<\/p>\n<p>El brazo entablillado arde mecido en una hamaca de tiritas y sedalina. En la fecha de la sangre mono y el deshilachado, el estado de derecho y supuraciones queda expedito a una raza y un olor y una atm\u00f3sfera Y un mecanismo.<\/p>\n<p>El hombre sin mangas, cara campesina de sangre abundante y golosa, muy grasienta de barros y espinillas, viene corriendo con una lata llena de agua, sus m\u00fasculos acerados por flexibles le dan la velocidad poco corriente de la valent\u00eda intransigente, con lo cual si aligera el peso de la lata, el agua se le derrama y empapa el pantal\u00f3n, que, harto poroso, aumenta de peso, tray\u00e9ndole como consecuencia la disminuci\u00f3n de la velocidad, la agon\u00eda, el agotamiento. Si esa fuera su labor d\u00eda a d\u00eda, no hay comentario, pero si no es as\u00ed, en cada viaje arribar\u00e1 con una lata a medias o vac\u00eda. No pudiendo rematar su curso o remat\u00e1ndolo demasiado tarde (d\u00e1ndole a las larvas la oportunidad de germinar en ejemplares gordos y sonoros) las aguas putrefactas le hacen marco a una lora femenina, de escalinata, amamantadora de mosquitos en su territorio rociado de sangre mono. Por las se\u00f1as del aserr\u00edn haciendo una nube espesa y asfixiante en la atm\u00f3sfera, un serrucho trabaja d\u00eda y noche en un subterr\u00e1neo. Ese tal subterr\u00e1neo o tal serrucho deber\u00e1 estar oscuro o tendr\u00e1 un incipiente bombillo de 25 o una l\u00e1mpara de gas. El anciano en su propio batiburrillo trabaja para unas gavetas de closet y le explica al cliente la teor\u00eda de los precios del litro de pega y la caja de tachuelas, no es como antes cuando la sac\u00e1bamos de los buches de corvina \u00bfY las arandelas? Son tostadas y se parten al atornillarse. El cliente comprende perfectamente, pero no entiende por qu\u00e9 el viejo carpintero le echa en cara tal situaci\u00f3n precaria, cuando \u00e9l (con sus propios ojos), est\u00e1 constatando lo: tramposo y p\u00edcaro del anciano, pues no cuenta sino con un equipo de herramientas compradas (quiz\u00e1s) en la \u00e9poca de P\u00e9rez Soto; no tiene lijadora mi sierra el\u00e9ctricas. Las virutas se regresan contra la carpinter\u00eda, como atra\u00eddas por un remolino extra\u00f1o, despu\u00e9s toman su canal natural y aterrizan donde lo hacen todos los desperdicios de las industrias y f\u00e1bricas. El segundo hombre (\u00bfo es el mismo? ), desnudo de la cintura para arriba, hecho una tuber\u00eda de sudor y una alambrada la maya de sus verdosas venas, remolca media res con su lomo; mir\u00e1ndolo de soslayo da la impresi\u00f3n lamentable de una bestia insaciable arrastrando su presa a su escondite, todav\u00eda con latidos y la sangre caliente, pero es su propio coraz\u00f3n agitado golpe\u00e1ndole incesante entre la carne acanalada de la yaca o toro y su tetilla manchada de pelos y sangre. La avidez (sombra malva terciopelo inquieta zigzagueando en los ojos) impotente contempla la guindada de las reses en los garfios del interior de una cava llena de hielo. Ni a\u00fan as\u00ed los mordijullos se atreven a romper su inedia (para ellos no hay tregua ni dilaci\u00f3n: sacan los ojos debajo de las piedras hechos escupitinas. Son g\u00e9rmenes de espasmos). Las conchas de mango resbalan el anciano berriondo y miserable y \u00e9ste se va contra un parapeto de aguacate y pimentones. Este anciano hace pareja con la lora de la escalinata en el horario de lento lentor.<\/p>\n<p>\u2014Maldici\u00f3n \u2014truena.<\/p>\n<p>\u2014Ja, ja, ja r\u00ede.<\/p>\n<p>Tres cachorritos de lobo se desplazan pl\u00e1cidamente en fila india detr\u00e1s de una ni\u00f1a con bluyines desgastados y blusa anudada en el cachimbo. El pedazo de cart\u00f3n escrito no dice claramente cuanto vende (o compra), aunque los clientes saben de carb\u00f3n, gas y paja para los burros. (Las cuerdas de guitarra se han agotado y \u201cse venden cuerdas de guitarra\u201d est\u00e1 chorreado). Los perros cesando aguardan a que los pescadores (ante sus lenguas rosas goteadoras de hambres viejas) exhiban el tripero antes de ech\u00e1rselo. Uno de ellos (pescador) se abre y cierra con la historia del s\u00e1balo y el tibur\u00f3n, pero resulta un fraude. Otro de ellos (perro) se desgarra la sarna de la pelambre con los colmillos. Los no (al parecer) pescadores son tambi\u00e9n hombres de aguas tomar y de algo m\u00e1s \u00edgneo porque el flaco y jorobado sac\u00f3 la carterita y los oblig\u00f3 a todos a autoconvidarse. Ya ebrios se mezclan con sus muertos del lago, llorando a moco tendido, echados de brazos y haciendo aqu\u00e9llos una leyenda, la cual comienza con la divisi\u00f3n de sus historias de aire, mar y tierra, siendo la Ana Cecilia y la Di\u00e1fana los fantasmas de sus culpas. La voz senil (senil porque es muy circunspecta y trabaja con los mejores argumentos y los m\u00e1s calificados, especialmente en los \u00e9nfasis de los ensamblajes) le dice papaiiito a la voz p\u00farpura detr\u00e1s de un biombo de mercado al por menor. La bandada de buchones le est\u00e1 haciendo el juego a los perros y la bandada 2 les roba mientras tanto el tripero; parte de la viveza de los avechuchos se debe a los borrachos pescadores que se divierten con el privilegio ins\u00f3lito de parecer ellos creer o ver los buchones con pico de goma y los perros as\u00ed sean muy \u00e1giles no podr\u00e1n hacer otra cosa sino rabiar su impotencia reventados de ladridos y d\u00e9biles en las ternancadas. Los mordijullos ya no tienen humedad en los ojos y r\u00eden abierta y d\u00e9bilmente, aunque no sean invitados. La camioneta pic\u00f3 con un parlante en la cabeza va anunciando: el reverendo equis zeta cura enfermos esta noche en el polideportivo. El tercer hombre (\u00bfo el segundo?) hace se\u00f1as y la eslinga redondea una maroma a nivel de una altura de 80 metros, lugar donde est\u00e1 el operador metido en una cabina, quien le devuelve las mismas se\u00f1as para preguntarle si es \u00e9l el aludido. Se debe al oso y no a la cascabel el destapado del mam\u00f3n y el aguacate ante los espantados y los m\u00edsticos, en ceremonias grotescas y peculiares, llenas de candor y nerviosismo. No apareci\u00f3 todav\u00eda el 4to. hombre. El paisaje es una chivera, presenta caracter\u00edsticas de insensatez, peladuras amplias y linealidades de construcci\u00f3n artificial y brusca; hay mucha simpleza en su dureza. Es una arquitectura para una leonera, a donde van (trafican) frecuentemente artr\u00f3podos y melolantas. Son de las llamadas geograf\u00edas verticales, acaecidas en su propio germen y ebullici\u00f3n. Detr\u00e1s de las latas los gatos maullan (gru\u00f1en) llantos humanos, trasnochados de piezas infames. Piojos de aves de corral y barriga, suben y bajan como carreras de granos en una mazorca. La bah\u00eda se lamina en negro. Falos son los pl\u00e1tanos (amarillos) construidos pir\u00e1mides virilmente. Colmenas de chirimoyas. Promontorios de melones. Aromas. Muelles. Hediondez. La reina de Saba. R\u00edo Pilcomayo. Los himen\u00f3pteros trabajan a todo vapor (necesitan surtir el mercado de melifluas recetas y aberrojean endiabladamente). Vecinos consecuentes y conservadores es la familia camada de la casa de Noruega. Los estafermos comienzan en su horario matutina y honradamente (servicios a domicilio). Unos saurios han tirado violentamente un esquife y al salpicar a las camadas y ver ellos que salen despavoridos miserablemente cobardes, se r\u00eden a carcajadas de ellos. Pero la familia es demasiado curiosa para aquietarse en su chiribitil, vuelven a la escena y esta vez los saurios se molestan sobremanera. Uno de ellos, en su intento de querer usar en las camadas (ensartarlas) la estacha que lleva en la mano, hierve en sus c\u00e9lulas cut\u00e1neas groseramente. El poeta se hace p\u00e1jaros por todas latitudes, suda aves en su rotaci\u00f3n. Al engendrar palomas ellas vuelan a los desperdicios de los barcos trigueros, regresan a su palt\u00f3 y picotean en sus hombreras el trigo de Sacramento. As\u00ed se agotan con \u00e9l hasta el aguazal, lugar donde ellas se deslizan a despulgarse con gaviotas y buchones.<\/p>\n<p>La voz r\u00fastica le pregunta a la voz \u00e1spera d\u00f3nde queda el patronato de ancianos. La voz \u00e1spera poco sabe nada aunque lo sepa todo; est\u00e1 achicada por dolencias perif\u00e9ricas desde la man\u00eda aturdida hasta la groser\u00eda antigenial, bestial y ponzo\u00f1osa. Responde por ella el bufido gram\u00e1tico y en fa\u00f1osidades (retru\u00e9cano de s\u00f3lida adrenalina a veces hosco, a veces tosco). Cuando hace preguntas pareciera quererse asegurar un privilegio radical. Es un reto largo palabra, lo cual estorba las voces mudas y macilentas (especialmente enfurecidas, atacadas de nadas y virus). Refunfu\u00f1ando y ensuciando el aire con se\u00f1as cruzadas e ind\u00f3ciles, se abaten. Entre ellas (en vez de sacudirse) la voz espectro se levanta aburrida para contar cinco pasos hacia dentro de su territorio desnudo y detenerse.<\/p>\n<p>\u2014Se\u00f1or, \u00bfusted no compra prendas rotas?<\/p>\n<p>\u2014\u00bfY qu\u00e9 hago yo con una prenda rota?<\/p>\n<p>\u2014Molerlas. &#8230;<\/p>\n<p>\u2014Pana con qu\u00e9 se cura la gripe.<\/p>\n<p>\u2014Llave yo me la saco con ron.<\/p>\n<p>El mordijullo (es hora) sale a buscar a Dios, levanta las piedras y se arrastra miserablemente; lo pisan, lo estrangulan, lo trituran contra las losas de las cafeter\u00edas. El papel del periquito para la anciana (respecto su suerte) dar\u00e1 la mala nueva jam\u00e1s o\u00edda por ella: no vivir\u00e1 80 a\u00f1os para asistir a la ceremonia de la graduaci\u00f3n de su nieto (verdad y mentira piadosas, sitial para un nido candoroso arrugado y marchito). Sabido es el contenido por la posici\u00f3n de encaje de todos y cada uno de los sobres en la jaula donde trabaja y vive el pajarraco y porque los colores fuertes, verbigracia el verde, encierra no conflictos pero si vaticinios. El motil\u00f3n arrastra a otro motil\u00f3n con un palo (horripilantes im\u00e1genes llegando a sus nunca y sus jam\u00e1s intactos, sin b\u00fasqueda ni importancia de un standard vuelta y vuelta, donde aparecen una vuelta dos ciegos y otra vuelta dos lazarillos). La monja compra ciruelas de California a 7,50 el kilo. La primera mujer entrega su testigo en la f\u00f3rmula m\u00e1s c\u00e1ndida del g\u00e9nesis; recibido en las manos de un hombre y entregado en trueque en los manoseos de otro. Ambos usan se\u00f1ales parecidas (o sacadas) de las del tr\u00e1nsito: maniobras, m\u00edmica y gesto por encima de sus cabezas y las cabezas de una poblaci\u00f3n nerviosa y fosfatada. Comentario y anecdotario es el ambiente c\u00e1lido, pues hace tres d\u00edas un campesino arrastr\u00f3 una vaca desde Cachir\u00ed. Viaje feliz (seguro) de no ser porque la estaciona en una esquina y comienza a orde\u00f1arla y a vender el vaso de leche. D\u00eda a d\u00eda se cartea con su familia y d\u00eda a d\u00eda ella se va enterando de cuanto se puede hacer de (o con) leche. Luego vende la vaca y les cuenta lo f\u00e1brica que es una vaca por dentro (botones, hebillas, correas, cotisas) \u201cNo m\u00e1s cebolla en rama Aura. Punto. Vacas Aura. Punto. Tu marido. Punto\u201d. El hombre demasiado afable le est\u00e1 diciendo al aire infestado y ru\u00f1ido lo de Dios: vendr\u00e1 a salvarnos. La caravana de las elecciones no pasa&#8230; todav\u00eda. La mis en bikini suelta sus encantos subida en un osm\u00f3vil convertible de los nunca vistos (so\u00f1ados apenas). El secretario del gobernador no puede saltar el di\u00e1metro del hueco y se r\u00ede de su haza\u00f1a y fracaso. Las conchas de mango no resbalar\u00e1n a las autoridades como antes resbalaron al berriondo que hace pareja con la lora en la escalinata. El hueco, sin embargo, no es el hueco sino la remodelaci\u00f3n. Una ancha base para una comitiva. Las camadas le piden la bendici\u00f3n al arzobispo y los saurios le besan el anillo de zafiros y diamantes. Los escat\u00f3fagos temen ser se\u00f1alados con el dedo, culpables de violar la ciudad limpia y democr\u00e1tica. Las \u00e1guilas vigilan el aire, mientras los guardaespaldas guardan una distancia prudencial, haciendo con sus miradas \u00e1ngulos duros. El artista el beso a la primera dama en la mejilla. La foto relampaguea. Una colegiala le ha pedido aut\u00f3grafo al artista. Un mordijullo echa una plasta de goma a los pies de un soldado, \u00e9ste es al\u00e9rgico al excremento y por tal estornuda, reventando los botones militares de cobre. La segunda mujer recibe las se\u00f1as licuadas, es decir, de contrabando, mejor dicho: el due\u00f1o del kiosco que suministra a la clientela material vegetal y animal contra la mavita, nacionalizado caminante en silla de ruedas desde hace rato, ha pasado un papelito subrepticiamente a manos de su empleado, \u00e9ste est\u00e1 en el deber de pasarlo a manos de la mujer estacionada en la puerta del hotel a la hora de pasar por ah\u00ed, o de lo contrario romperlo, tirarlo o trag\u00e1rselo, nunca leerlo. La mujer le chup\u00f3 la sangre a su marido. La gallina pone huevos de caim\u00e1n. Se le agradece a quien se haya encontrado una cartera contentiva de trescientos bol\u00edvares y documentos personales, devolverla a la direcci\u00f3n siguiente: sastrer\u00eda el pollino. Pueden quedarse con el dinero, los papeles s\u00f3lo interesan a su due\u00f1o. Se le participa al equis zeta en el Chivo la muerte de su hijo de peritonitis. Urge su presencia. La participaci\u00f3n la hace su sobrina. Todos los mordijullos van marcados en el pecho con Cecotto. Su profesi\u00f3n es venderse para el mercado de los castrados y cebados. Los escat\u00f3fagos usan planes m\u00e1s concretos, responsables y provechosos, suministran presagios y cobran por ellos a una poblaci\u00f3n de 350 habitantes. Los pelos pasudos de la barber\u00eda se arremolinan violentamente en el parabrisa de la camioneta curadora de enfermos. En alguna parte la sombra clandestina (la tarantela), ceniza sin jerarqu\u00eda, sexo tercero, frontera saturada, espacio oblicuo, circo de los 12 C\u00e9sar y los 12 M\u00e9dici. A diferencia del poeta, quien siempre luce almidonado y planchado, con todos sus filos legales y sus dedos llenos de guardapelos y brocamantones, uno de los escat\u00f3fagos es eternamente arrugado, salido de una botella todo \u00e9l (desde su cefalitis, pasando por la l\u00ednea curvil\u00ednea prominente en la cuenca de sus ojos hasta las medias, provenientes de familias distintas). Es lucio de sonrisa y rostro como un sol resplandeciente y encandilado, tan alquitranado que pareciera sudar aceite. Antes de lanzarse contra la alb\u00f3ndiga instalada en la mitad de un plato de peltre, traza un plan de ataque: lanzar\u00e1 sus bater\u00edas primero contra la salsa y esperar\u00e1 en la retaguardia las bruscas arremetidas de la alb\u00f3ndiga. Se frota las manos segur\u00edsimo. Para ella y para \u00e9l, es una guerra noble y cruenta. Todo parece calculado y bajo control de sus ojos centelleantes y luminosos. Se abraza con sus propios brazos y se aprieta fuertemente contra su pecho encendido, para bailar so\u00f1adoramente una salsa probada por la casa disquera a la mujer anchota de popa y finita de cintura, cuyo guard\u00edn no cesa en su faena.<\/p>\n<p>Or\u00edgenes de los cuiama. De la casa de los ort\u00f3pteros, los cuiama tienen como escudo de armas un campo desnudo en forma de tri\u00e1ngulo o pir\u00e1mide: en los laterales lleva cabeza rombal dentada por delante tan s\u00f3lo con colmillos y antenas desarrolladas por tramos. En la base est\u00e1 el esti\u00e9rcol en el que soportaron por siglos la humillaci\u00f3n y de donde salieron las generaciones posteriores. Despu\u00e9s de ser aborrecidos por los pa\u00edses vecinos, los cuiama adoptaron como sistema social el Rebudio, lo cual les trajo como consecuencia el Ligamen. A partir de entonces no les qued\u00f3 sino ser super en donde tomaron partido. Se hicieron due\u00f1os y se\u00f1ores de las 15 cuca\u00f1as al a\u00f1o de su pa\u00eds, llegando a obtener met\u00e1lico y trofeos en las de Santa Rosa de Lima, en la de la Virgen del Carmen y en la del d\u00eda de los enamorados. Con los trofeos y premios los cuiama fueron metamorfoseados (de imagen sobre todo): colaboraban con el clero en sonar las campanas de los templos en las misas de responsos, ayudaban a sembrar y cuidar el invernadero destinado al 31 de agosto, d\u00eda que eran designados (oficialmente) para la repartici\u00f3n de rosas a los fieles de la santa que se pinch\u00f3 con una espina de rosal. Comenzaron a estudiar para santo por correspondencia. El arzobispo los ayudaba en la traducci\u00f3n de los textos b\u00edblicos (metodolog\u00eda por niveles que les dividieron en clases te\u00f3ricas y pr\u00e1cticas). El poeta se entusiasma encima de una carreta de dos conos que gira sobre una cuerda atada al extremo de dos palillos manejados por \u00e9l con ambas manos. Las palomas son sus espectadores. El p\u00fablico muerde el acontecimiento y al creerlo apto va dejando caer monedas a su alrededor. El territorio se hace rico porque el poeta se hace evocador. Las palomas lo inundan. Hay truenos encima de los tarantines y un chubasco fr\u00edo y oloroso a lluvia arenosa penetra la temperatura y la desinfla de sus 38 grados cent\u00edgrados. \u00abToda la lluvia viene a su encuentro y \u00e9l se hace part\u00edcipe de un a\u00e9reo infinito. Se abre un par\u00e9ntesis para los ellos y los dem\u00e1s. Unos (los dem\u00e1s) corren a guarecerse debajo de los aleros de las casonas viejas transformadas en amasijos inservibles y ruinosos. Los otros (los ellos peludos en tatuajes) ponen tres y cuatro zancadas entre el refugio y el sitio donde los ellos se enredan todo. Las c\u00e1maras fotogr\u00e1ficas bamboleantes en sus laterales los cuidan de ir m\u00e1s veloces. La esposa de uno de los ellos pierde en la carrera les espejuelos y el esposo de otra de los ellos los aplasta. Los dem\u00e1s se r\u00eden a carcajadas no porque el zapato hiciera a\u00f1icos los vidrios de los espejuelos (que tambi\u00e9n da gamas de re\u00edr) sino porque les parece gracioso ver a unos ejemplares tan viejos correrle a la lluvia en pantalones de boyescao y sombreros sicod\u00e9licos. Pero los ellos no entienden la risa en idioma de los dem\u00e1s. Los dem\u00e1s contin\u00faan ri\u00e9ndose cuando comienza a pringar. El plomero le grita al alguacil yo no tengo 30 a\u00f1os de plomer\u00eda en vano. Este se queda callado y sorprendido, respondiendo por \u00e9l el polic\u00eda. La discusi\u00f3n se ha acalorado porque es inconcebible (seg\u00fan el plomero) el no preparar el horchatero y el cafecero cuanto venden y valerse de intermediarios es ceder a la presi\u00f3n de sindicalistas en un correaje entre el productor y el vendedor.<\/p>\n<p>\u2014Yo a eso le doy un nombre, haraganer\u00eda. El oficinista precisamente bebedor de uno de los dos productos y m\u00e1s que \u00e9l el edificio entero de la compa\u00f1\u00eda de bienes ra\u00edces donde trabaja, le caen encima. El polic\u00eda se ve en la imperiosa necesidad de ponerlo preso en la celda de su ignorancia. El caballero entrado en a\u00f1os y pulcritud, trajeado con 50 a\u00f1os de atraso o m\u00e1s, sombrero de fieltro y bast\u00f3n con empu\u00f1adura de oro, material de su leontina, aparece ante otro de delantal y gorra pidi\u00e9ndole le despache una docena de confites de barbacoa. El posible socio o empleado, a una distancia m\u00e1s o menos de 6 metros, donde permanece leyendo una revista h\u00edpica, le hace se\u00f1as a su socio para demostrar lo chiflado del caballero; para ser m\u00e1s enf\u00e1tico aqu\u00e9l hace c\u00edrculos con la punta de su dedo \u00edndice alrededor de su propia oreja. El otro expendedor en cambio se rasca con la punta del cuchillo de cortar queso el espinazo peludo y luego pregunta c\u00f3mo lo quer\u00e9is duro o flojo. La ni\u00f1a aparecida como la amazona de los lobezmos, es una motorizada com\u00fan y silvestre, a quien el casco de aquellos profesionales le cuelga del rebenque correaje de la presilla de sus bluyines; en vez del rostro liso y excesivamente maquillado porta (ahora) uno cargado de pecas, como si los lobeznos se le hubieran extraviado y ella en su af\u00e1n de encontrarlos (rendida) se hubiera quedado dormida en un basurero y la hubieran cagado las moscas. El tipo con una verruga en la frente llamado con un nombre de purgante se est\u00e1 fajando con el sujeto llamado con un nombre de gargarismo, sin m\u00e1s se\u00f1as aparte de una cortada en el cuello de dos pulgadas. Son purgante y gargarismo porque tanto los partidarios de uno y del otro est\u00e1n trasmitiendo la pelea en vivo y directo.<\/p>\n<p>\u2014\u00a1M\u00e9tete en la candela es flojo en el infai!<\/p>\n<p>\u2014Opercao loco opercao.<\/p>\n<p>Tambi\u00e9n se sabe por el parte policial que es \u00e9sta la entrada n\u00famero siete de uno de ellos al Ret\u00e9n, lugar testimoniador de sus perspectivas a corto y largo plazo.<\/p>\n<p>\u2014Se vende mojito en coco los s\u00e1bados. Dos de los dem\u00e1s no resistieron la tentaci\u00f3n de tir\u00e1rsele a la lluvia y ahora, mojados como unos pichones reci\u00e9n nacidos, saltan hechos unos demonios en los jag\u00fceyes dejados por las aguas en las zonas de las grietas y los desniveles imposibles del saltar el secretario. Alguien se les acerca y les da una noticia enviada por el padre de uno de ellos, los pichones le dan poca importancia. Uno de ellos se pone gingivaloso, quej\u00e1ndose como si le hubieran arrancado una pluma; el otro simula padecer descargas el\u00e9ctricas. Al mismo tiempo que saltan a rascar la barriga de los sapitos, se esponian y croan como ranas. Parece verdad lo de las descargas el\u00e9ctricas, pues han comenzado a temblar, con el pelo tieso sobre la frente. La mujer cancerosa es hija de un almirante haitiano llegado a esta ciudad para las festividades realizadas en honor de Lindbergh. Tal es la aseveraci\u00f3n entregada por el berriondo y miserable a los camilleros enfermeros ocupados en meter a la mujer en la ambulancia. Los pichones con m\u00e1s pinta de rastrojosos, se asoman por la ventanilla y la ven tendida respirando trabajosamente por la boca. Los camilleros los espantan, encienden la ambulancia y comienzan a marcharse supers\u00f3nicos con todos los hierros de la sirena. Los vendedores de verduras y v\u00edveres se quedan en la puerta de sus kioscos comentando. El flaco y jorobado cuenta la historia del s\u00e1balo y el tibur\u00f3n&#8230; se persigna y empina el codo, empina el codo y se persigna. Los perros ladran y la ambulancia pasa. El tercer hombre (no es el de las se\u00f1as para el de la cabina a 80 metros de altura, sino el propio operador maniobrador del winche) baja r\u00e1pidamente para estar presente en los acontecimientos. La mujer de las nalgas dice acordarse mucho de la otra, entrada en estos momentos a pabell\u00f3n en el hospital Urquinaona, donde est\u00e1 siendo tratada de urgencia con bombas de cobalto. El hombre acu\u00e1tico est\u00e1 de regreso. Vestido de civil y fumando copiosamente pareciera interesarse tan s\u00f3lo por los sucesos desde lejos; contempla indiferente y vac\u00edo c\u00f3mo el anciano se ha echado a llorar est\u00fapidamente en el instante en que la cinturita tom\u00f3 su cabeza entre sus manos y la ech\u00f3 sobre sus senos muellemente. Despu\u00e9s, escondidos, le dio a beber. El anciano se dejaba mimar mientras gimoteaba. El resto del licor se lo meter\u00eda en el bolsillo cuando nadie los estuviera espiando. Cuando la mujer se marcha, saca un pa\u00f1uelo sin estrenar, hace que se va a enjugar las l\u00e1grimas, y termina por secarse las gotas de ron de la barba. La segunda mujer pudo convertirse en la tercera a consecuencia de un accidente as\u00ed: la silla de ruedas no alcanz\u00f3 la luz verde del sem\u00e1foro y su chofer se vio forzado a esperar la otra vuelta, fracci\u00f3n de tiempo donde se cambiaron los papeles en la puerta del hotel (el frenazo de la silla de ruedas coincidi\u00f3 con el frenazo de la ambulancia, igualmente coincidi\u00f3 la salida de la segunda mujer en busca de la ra\u00edz del frenazo y la entrada de la tercera al puesto vac\u00edo dejado por aqu\u00e9lla).<\/p>\n<p>Aunque la geograf\u00eda no ha sufrido alteraciones de consideraciones, de acuerdo al suceso llamado sol y a la temperatura con sus 38 grados cent\u00edgrados, la lluvia parece haber ca\u00eddo hace cien a\u00f1os, el calor se destapa y destila en vapores densos y sopor\u00edferos, salidos del asfalto semi h\u00famedo y jabonoso y lentamente envuelve, inunda y agota los organismos afanosos en la b\u00fasqueda in\u00fatil de refugio donde apenas existe la otra escala de la misma frontera. Desesperadamente un lagarto sin dientes arriba a un filtro de agua, es decir, sin dientes de leche ni de huesos, pues la 3ra. dentadura la lleva consigo y se la ha desmontado para ba\u00f1ar libre y desordenadamente su rostro y sus pelos, los cuales quedan goteando cuando el lagarto interior (sediento) empieza a tragar l\u00edquido endiabladamente, resoplando de buchado en buchado, como un motor reseco; al final cae exhausto al pie del filtro, suspirando y sudando abundantemente.<\/p>\n<p>\u2014\u00a1Te vais a beber todo el acueducto muchacho!<\/p>\n<p>\u00bfPor qu\u00e9 el poeta laga\u00f1oso canta D\u00e9bora? \u00bfPara qui\u00e9n lo canta cuando dice es una contrydance dedicada a la amable sinton\u00eda de la Pomona? Encovado en sus mochilas de fique endentece cada cinco a\u00f1os y cada cinco a\u00f1os cambia de cabellera, cambia de piel, de rayados horizontales pasan a color h\u00edgado sus ojos. Cuando no le gusta ser magistrado del Solio se hace abad con todos los bienes y aparejos abadengos; \u00e9l mismo ensarta las cuentecillas del abalorio, con el que inmortaliza su magnanimidad; regularmente luce traje clerical romano. Cambia de dedos sus brocamantones y guardapelos. Es consecuente predicador en contra de la abdominia. Abemoladamente sufre de Dios todopoderoso y abemoladamente teje y teje su propio calendario y su aurora sin folios. Nunca ha sido epistolario de insecto ni lapidario ol\u00edmpico ni rosario en familia como los otros poetas. Expresarse en aves es un sentimiento no un privilegio ni una inteligencia. Despu\u00e9s de cantar D\u00e9bora habla del trinitrotolueno elegante y elocuentemente, producto que se va haciendo melogr\u00e1fico en la medida de su crecimiento.<\/p>\n<p>Hoy las colegiales, un ramillete a flor de cachimbo er\u00f3tico soplando globos de chicle, sin miedo visible, valientemente en la teor\u00eda del paisaje indolente y estrafalario, v\u00edctimas de sus propias nadas. Sus piruetas no son m\u00e1s ni su tilde ni sus canciones a voz de cuello en el horario del angelus. Toda maniobra les sale a pedir de boca, hasta las chuletas maquinadas en las cuevas. No asi a las putas de esquinas, las caminadoras (as\u00ed las malponen, as\u00ed las malogran, as\u00ed las maldistribuyen en el presupuesto) restringidoras de pezones obligadas a estirar las noches, a regatear la tarifa y a complacer desmedidamente con sus tres platos para poder balancear la c\u00e1lida administraci\u00f3n de madres de supermercado.<\/p>\n<p>El aire, pesado y contaminado, est\u00e1 en las moscas y \u00e9stas, sonoras por accidentes, se van de se\u00f1as vehiculares en remotos tronos de luz difusa. \u00bfSue\u00f1an o dormitan a los pies de los m\u00e1rmoles de Carrara los escat\u00f3fagos? \u00bfY si so\u00f1aran a qui\u00e9n so\u00f1aran? \u00bfY si no so\u00f1aran con qui\u00e9n so\u00f1aran? \u00bfY si no vivieran m\u00e1s su nostalgia y su pereza para qui\u00e9n so\u00f1aran? Atlas y Sans\u00f3n sostienen el edificio de la botica para cuidarles sus sue\u00f1os, pero se ignora hasta d\u00f3nde y cu\u00e1ndo podr\u00e1n sosten\u00e9rselo. Los edificios, parapetados en un solo plato, se apelotan, atoll\u00e1ndose en una encrucijada fortuita sin fin. Se juega debajo del macadam, se apuesta duro y fuerte y en serio, la ruleta rusa de los Manotazos. Los escat\u00f3fagos pierden su piel pero ganan licencia para tomarlos en cuenta. Se respetan o se ponen distancias. Se sapean, se traicionan, se apu\u00f1alan, se conjuran. La madriguera es una convenci\u00f3n en estado casto de emergencia. Cazan ratas a domicilio. Benefician pollos, cochinos e iguanas a precios m\u00f3dicos. Industrializan la morcilla (con achote). Curan las totumas. Limpian alba\u00f1ales y azoteas. Fabrican pozos s\u00e9pticos. Doman perros. Donan sangre por litros. Venden sus ri\u00f1ones a los ricos. Hacen mandados en iglesias y dependencias p\u00fablicas. Cuando tienen hambre se presentan en la iglesia a comulgar (unos salan las hostias con la sal del frasquito que guardan en las faltriqueras para salar los mangos verdes; otros le piden al cura el favor de dejarlos comulgar dos veces seguidas; regularmente el cura cede a la presi\u00f3n clandestinamente dici\u00e9ndoles: \u201cLl\u00e9vensela para sus hogares y se las comen escondidos, que no los vaya a ver Dios\u201d).<\/p>\n<h4 style=\"text-align: right;\"><a href=\"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/cesar-chirinos\/\" target=\"_blank\" rel=\"noopener\">Sobre el autor<\/a><\/h4>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>C\u00e9sar Chirinos La mano de tres dedos en situaci\u00f3n redonda tiembla en una de sus penumbras. La boca desdentada y ennegrecida de mascar y gofear refuerce sus penumbras. \u00d1 sin ser quien es se descuartiza humana y fosf\u00f3rica en resortes p\u00fatridos. 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