{"id":6740,"date":"2022-11-12T20:20:39","date_gmt":"2022-11-12T20:20:39","guid":{"rendered":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/?p=6740"},"modified":"2023-11-24T18:24:35","modified_gmt":"2023-11-24T18:24:35","slug":"memorias-de-un-vividor-cap-vii","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/memorias-de-un-vividor-cap-vii\/","title":{"rendered":"Memorias de un vividor (cap. VII)"},"content":{"rendered":"<h4 style=\"text-align: right;\">Francisco Tosta Garc\u00eda<\/h4>\n<p>\u00a1Un par\u00e9ntesis, un par\u00e9ntesis, aunque sea muy peque\u00f1o se impone en este relato para, entre col y col, lechuga, alternar un poco con los abrojos enredos, chismes, pugnas, intrigas, controversias y malas artes de la pol\u00edtica!<\/p>\n<p>Quiero hablar de algo diferente, algo personal y grato, que aunque no interese mucho a los que me lean, por lo menos me distraiga y aturda un poco, para olvidar la mortificaci\u00f3n que todav\u00eda me causa la conducta p\u00e9rfida que observ\u00e9 en Don Pedro y la doblez con que me conduje, la peque\u00f1ez de mi ego\u00edsta ser, comparada con la grandeza de aquel ciudadano, que se inmolaba en aras de la rectitud en tan conflictivos momentos. \u00a0Cubramos, pues, con un velo mi flaqueza y ay\u00fadenme a soportar la cruz de mis remordimientos, recordando uno de mis pecadillos o aventuras amorosas&#8230;<\/p>\n<p>Nac\u00ed (por si ustedes no lo recuerdan) el 13 de junio del a\u00f1o 1800, d\u00eda de San Antonio Abad, insigne fundador de la Orden llamada de los Cenobitas, quien despu\u00e9s de haber repartido sus bienes entre los pobres, se retir\u00f3 a las soledades de la Tebaida; y aunque en ese rasgo de abnegaci\u00f3n no me parezco, ni por el h\u00e1bito, a mi milagroso patrono, s\u00ed tenemos muchos puntos de contacto en aquellas c\u00e9lebres tentaciones que le acomet\u00edan, las cuales han dado tema a muchas poes\u00edas, pinturas y an\u00e9cdotas picarescas&#8230;<\/p>\n<p>De modo que, sacando a punta de l\u00e1piz la cuenta de mi edad, ando con el siglo y tengo cuarenta y seis a\u00f1os, tres meses, por lo cual, imparcialmente hablando, estoy joven todav\u00eda y con pleno derecho y facultades para imitar al autor de las siete \u201cCartas\u201d, en aquello de las tentaciones; con tanta m\u00e1s raz\u00f3n, cuanto que, siguiendo las huellas del sabio de los sabios, tercer rey de los jud\u00edos, autor de los Proverbios y del c\u00e9lebre Canto de los C\u00e1nticos, (no en tan admirables producciones, mi mucho menos en lo de las mil concubinas) sino en la frivolidad de ocultar con artificios las canas y las arrugas del cutis, para lograr mantenerme joven y conservarme fresco, apetecible y seductor, no para la atrocidad de las mil novias o mancebas (\u00a1Dios me salve el lugar!), sino para poder medio cumplir con la adorada propia, con la favorita patentada y con alguna que otra Belencilla, por muerte de un obispo, en las grandes fiestas, y cuando repican duro&#8230;<\/p>\n<p>Despu\u00e9s de este exordio, que no huelga, y que me servir\u00e1 de disculpa, entro a confesar mi tentaci\u00f3n, o sea el s\u00fabito afecto y extraordinaria simpat\u00eda que sent\u00ed por Agustina Mirabal, desde el primer instante que mis ojos la contemplaron al llegar a La Victoria. Y no fue un capricho del momento, ni una pasajera impresi\u00f3n, sino une de esos flechazos que penetran en el alma, destrozan el coraz\u00f3n y horadan el cacumen, sin poderlo evitar, por m\u00e1s que las conveniencias sociales y el buen juicio aconsejen desecharlos.<\/p>\n<p>\u00a1Ah!, pero si los lectores hubieran visto a la preciosa Agustinilla, no s\u00f3lo habr\u00edan disculpado mi tentaci\u00f3n, sino que hasta me habr\u00edan alabado el exquisito buen gusto. Era una trigue\u00f1a incomparable, gorda, pero de cintura delgada y formas de corte griego, ojos y cabellos negros, los primeros grandes, expresivos, fogosos, quemadores; y los segundos tan abundosos, que si los llevaba sueltos le llegaban a las corvas, como un manojo de serpientes tentadoras parecidas a las de Medusa, cuando Minerva le transform\u00f3 los cabellos en reptiles para castigar su audacia de haber osado disputarle el premio de la hermosura; y cuando se enrollaba en la cabeza aquel gigantesco plumaje de hebras suaves, lustrosas, finas y ondulantes, quedaba tan bella, que sin duda al haberla visto Perseo, hubiera ordenado su decapitaci\u00f3n para complacer a la implacable diosa de la sabidur\u00eda.<\/p>\n<p>Dientes marfilinos, menudos y bien cortados, labios de coral, h\u00famedamente l\u00fabricos, u\u00f1as de n\u00e1car, andar de odalisca y voz de sirena, completaban el gracioso conjunto de aquel portento femenino, de aquella maravilla provincial que en Caracas y con un ba\u00f1o de tiendas y de modista, hubiera llamado la atenci\u00f3n en alto grado, d\u00e1ndole tute y quince y raya, a m\u00e1s de cuatro ensimismadas que se ten\u00edan por dechados de belleza; mientras que entre los victorianos, muy dados a poner sobrenombres, s\u00f3lo consigui\u00f3 la presea o recompensa, de que la llamaran \u201cClavellina\u201d, conforme a su sandunguera y traviesa madre Eduvigis, en los tiempos en que comerciaba por su cuenta y riesgo, establecida en La Otra Banda, le hab\u00edan encasquetado el apodo de \u201cCundeamor\u201d, aludiendo a sus devaneos y a la facilidad con que se coge esa abundante y sabrosa frutilla silvestre, amarilla por fuera como el oro y roja por dentro como la sangre, o como el fuego que enciende las pasiones,<\/p>\n<p>\u00bfY se imaginan ustedes que Ramona, a pesar de su aire apocado, de su moderaci\u00f3n y por el hecho de ser la novia de Seraf\u00edn Doblete, el Secretario de la Jefatura Pol\u00edtica, escap\u00f3 de que le se\u00f1alaran con su motete? Nada de eso, por ser la m\u00e1s peque\u00f1a, la m\u00e1s mimada y porque repicaba las maracas a perfecci\u00f3n, la pusieron \u201cLa Maraquita\u201d; y estos datos los obtuve, no solamente del indiscreto de Robaina, sino de dos o tres m\u00e1s de los clientes fijos de la posada, que me lo despepitaron sin yo pregunt\u00e1rselo, por el prurito de la difamaci\u00f3n.<\/p>\n<p>Hay que hacer constar en pro de la rectitud, para rendir cumplido homenaje a la equidad de los juicios y como una disculpa o defensa para los victorianos, que no pueden ellos cargar con la gloria o el estigma de ser los maestros o propagandistas de la mal\u00e9vola costumbre de poner apodos; todos los venezolanos cojean de ese pie y m\u00e1s que ningunos otros, los caraque\u00f1os de anta\u00f1o y oga\u00f1o, comprob\u00e1ndolo con multitud de ejemplos; a m\u00ed mismo me llamaron en un tiempo \u201cContradanza\u201d, \u201cBrinca la Cinta\u201d, y \u201cBastonero\u201d; a In\u00e9s, \u201cLa Conserva de Vargas\u201d y \u201cLa Panacea\u201d; a muchas familias honorables: \u201cLas Ca\u00f1amazos\u201d, \u201cLas Farolas\u201d, \u201cLas Guacamayas\u201d; a eminentes abogados, respectivamente: \u201cCuchar\u00f3n\u201d, \u201cGallina Boba\u201d, \u201cTigre Manso\u201d, \u201cGallo Blanco\u201d, \u201cLe\u00f3n Dormido\u201d; a excelentes m\u00e9dicos: \u201cSanguijuela\u201d, \u201cMatasiete\u201d, \u201cGarrapata\u201d, \u201cVela del alma\u201d, \u201cLlamen al Cura\u201d, etc., etc., etc.<\/p>\n<p>Volviendo a Clavellina, que es el tema en cuesti\u00f3n interesante para m\u00ed, les dir\u00e9 que esa misma tarde resolv\u00ed escribirle una carta declar\u00e1ndole el volc\u00e1nico amor que me hab\u00eda inspirado; y dem\u00e1s est\u00e1 decir que aquella carta, modelo en su clase, no obstante haber sido escrita de carrera y bajo la impresi\u00f3n de tantos acontecimientos, me qued\u00f3 insinuante, florera, tentadora y admirable, porque destilaba miel, estaba impregnada del er\u00f3tico romanticismo tan en boga en aquella \u00e9poca y hubiera sido capaz de conmover hasta un coraz\u00f3n de granito.<\/p>\n<p>No la copio \u00edntegra por no alargar estas memorias; pero basta saber que, sin jactancia, el que hace este elogio, aunque sea de propia obra, tiene derecho a ser cre\u00eddo, pues las cartas han sido la base de su encumbramiento, habiendo conseguido todo en la vida con ellas, desde la disputada mano de In\u00e9s Peralta, su esposa, hasta m\u00e1s de media docena de preciadas conquistas, de que ha sido h\u00e9roe y que por modestia calla; desde incontables prebendas y honores recibidos, hasta multitud de empleos lucrativos, que ha desempe\u00f1ado; crey\u00e9ndose, por consecuencia, tan ducho en esa materia, que podr\u00eda competir si vivieran hasta con los grandes maestros en el g\u00e9nero epistolar, Fern\u00e1n G\u00f3mez, Juan de \u00c1vila, Fray Luis de Granada y don Antonio Sol\u00eds,<\/p>\n<p>Armada mi flecha cupidesca, la met\u00ed en un sobre, bien dobladita, ech\u00e1ndole antes dos o tres gotas del exquisito perfume que uso en mis pa\u00f1uelos, llam\u00e9 a la negra manumisa que ejerc\u00eda las funciones de cuartera y mesonera, de nombre Saturnina, que era muy viva, inteligente, \u00e1gil dispuesta, como de veinticinco a\u00f1os de edad, alta, delgada, cutis lustroso y finas perfecciones, y la dije:<\/p>\n<p>\u2014 \u00bfQuieres ganar un fuerte?<\/p>\n<p>\u2014\u00a1Un juerte, diez reale! \u2014 me contest\u00f3 abriendo tama\u00f1a boca \u2014 \u00bfc\u00f3mo no, mi amito; d\u00edgame lo que debo jas\u00e9?<\/p>\n<p>\u2014Una cosa m\u00e1s f\u00e1cil, entregar esta carta a la se\u00f1orita Agustina, sin que nadie se imponga; y al traerme la contestaci\u00f3n te dar\u00e9 el fuerte.<\/p>\n<p>\u2014\u00a1D\u00e9mela, d\u00e9mela Su Merc\u00e9! \u2014 contest\u00f3 casi arranc\u00e1ndomela de la mano \u2014. Por las volandas ser\u00e1 serv\u00edo, porque me pinto sola pa esos tapujos; y le adelanto que va a lleg\u00e1 a la hora e esgran\u00e1 la mazorca&#8230;<\/p>\n<p>\u2014\u00bf Qu\u00e9 quieres decir con eso, Saturnina?<\/p>\n<p>\u2014Na malo, mi se\u00f1\u00f3; sino que lo digo por s\u00e9 muy gi\u00faeno pa ust\u00e9 \u2014 contest\u00f3 la charlatana y simp\u00e1tica negrita, repiqueteando la lengua contra el paladar y mostrando al sonre\u00edrse con picard\u00eda, sus dos hileras de blancos dientes \u2014. Es que la ni\u00f1a Agustina vive ende jace tiempo muy aburr\u00eda, muy contrari\u00e1 y muy reneg\u00e1, por el mal trato que le dan aqu\u00ed y porgue le han echao encima to\u00edtos los oficios. La Maraquita es la ni\u00f1a bonita y consent\u00eda, la que viste bien, la que tiene novio, la que le dan toos los gustos y no jace n\u00e1, sino bord\u00e1 pa\u00f1uelitos y pasease bien compuesta como una mu\u00f1eca por la orilla e la mesa, cuando est\u00e1n comiendo, mientras que la hermana est\u00e1 en la cocina arremang\u00e1, lavando platos y fregando cubiertos. Es la burriauita e carga, que:ayuda a la cocinera y a m\u00ed tambi\u00e9n a t\u00f3, a barr\u00e9, a planch\u00e1 a ejollin\u00e1 y hasta a eschinch\u00e1 los catre, cuando se ofrece&#8230;<\/p>\n<p>\u2014\u00bfY por qu\u00e9 hacen eso, por qu\u00e9 esa diferencia \u2014le pregunt\u00e9 casi indignado \u2014 cuando son hermanas y cuando ella es m\u00e1s fina y m\u00e1s buena moza que Ramoncita?<\/p>\n<p>\u2014Porque este mundo es perro y malvao, mi ni\u00f1o, y porque la gente, que es eslencu\u00e1, asieura, y yo lo creo, que ella no es hija e mi amo don Ram\u00f3n, sino der primer patuco que tuvo la Condeamor, y po eso ust\u00e9 notar\u00e1 que hay una gran diferencia entre las dos hermanas, porque son e ditintos p\u00e1es&#8230;<\/p>\n<p>\u2014\u00a1Ah, ya caigo, ya comprendo y me gusta que me hayas aclarado ese punto!<\/p>\n<p>\u2014Y m\u00e1s contento se pondr\u00e1 su Merc\u00e9, cuando sepa que la ni\u00f1a Agustina, esesper\u00e1 y ostin\u00e1 e su suerte, jiso antier, que ju\u00e9 domingo, una promesa a la virgen der Socorro, que es su devota, e quer\u00e9 al primer hombre que se presentara, aunque fuese er mesmo diablo, para dirse bien lejos e La Victoria, onde no la vieron m\u00e1s nunca. Por eso ju\u00e9. mi se\u00f1\u00f3, que le ije que hab\u00eda llegao a la hora e esgran\u00e1 la mazorca,<\/p>\n<p>\u2014Y entonces, Saturnina \u2014le pregunt\u00e9 lleno de gozo \u2014, \u00bft\u00fa crees que al leer mi carta me aceptar\u00e1 y corresponder\u00e1 este gran amor que por ella siento?<\/p>\n<p>\u2014\u00a1Ar brinco, ar brinco! \u2014respondi\u00f3 la negra con la m\u00e1s arraigada convicci\u00f3n\u2014 Con sab\u00e9, como lo sabe, que su Merc\u00e9 es perro gordo, con su carta, con el estao de ostinaci\u00f3n en que se jalla, con la promesa y con lo que yo le atize, pu\u00e9 cant\u00e1 er triunfo, mi amo y dar por sentao que la palomita es suya y bien suya.<\/p>\n<p>\u2014Pues si eso es cierto, Saturnina \u2014le contest\u00e9, sacando dos fuertes del bolsillo y entreg\u00e1ndoselos \u2014, toma el doble de lo prometido y te dar\u00e9 mucho m\u00e1s, con tal que cumplas tu oferta, me ayudes en todo y me traigas pronto una respuesta de acuerdo con lo que dices.<\/p>\n<p>\u2014\u00a1Conven\u00edo, mi ni\u00f1o, conven\u00edo y ya ver\u00e1 como no lo enga\u00f1o!<\/p>\n<p>La negra sali\u00f3 con cara de pascuas y yo Me qued\u00e9 pensativo y dudando de que fuera verdad su pron\u00f3stico, porque aunque es indiscutible que en todos tiempos la suerte ha sido mi inseparable compa\u00f1era, no pod\u00eda imaginar aquel resultado asombroso tan bruscamente favorable y nunca visto ni en las comedias, mi en las novelas; pero ni siquiera en los cuentos de las Mil y Una Noches, y muy superior cien veces al celebrado veni, vidi, vici, de Julio C\u00e9sar, desde luego que, en el campo pol\u00edtico hab\u00eda en Maracay asegurado el porvenir de la Patria, en pocas horas, y ahora, en el palenque amoroso, estaba en v\u00edsperas de ganar en un santiam\u00e9n un trofeo tan valioso y r\u00e1pido, que hubiera podido enorgullecer hasta a los pr\u00edncipes en el arte, llamados Lovelace y Juan Tenorio. En estas halag\u00fce\u00f1as cavilaciones estaba, cuando entr\u00f3 al cuarto mi suegro Rufino Peralta y me dijo:<\/p>\n<p>\u2014Gracias a Dios, Castro, que lo encuentro; hace rato que lo buscaba para que me cuente el resultado de su comisi\u00f3n.<\/p>\n<p>\u2014\u00a1Perfectamente y a pedir de boca! \u2014le contest\u00e9 \u2014. El hombre acepta el nombramiento de General en Jefe de los Ej\u00e9rcitos, se pondr\u00e1 en campa\u00f1a, meter\u00e1 a todo el mundo en cintura y recomendar\u00e1 despu\u00e9s al general Jos\u00e9 Tadeo Monagas para la Presidencia; lo que quiere decir, que a todo perder, saldremos ganando; pero esto no debe saberlo nadie, es un secreto y el general P\u00e1ez no me autoriz\u00f3 sino pata decirlo a usted, que nos ayudar\u00e1 en el plan, seg\u00fan le ofrec\u00ed.<\/p>\n<p>\u2014Incuestionablemente que ayudar\u00e9 \u2014exclam\u00f3 Peralta con eran animaci\u00f3n \u2014. Es el \u00fanico medio que tenemos de salvar el Partido Liberal; y ya veo, Castro, ya me convenzo una vez m\u00e1s, de que usted es un hombre competente que sabe hacer las cosas en regla. Reciba mis parabienes, y s\u00f3lo tenemos ahora una dificultad, un ca\u00f1ito que pasar.<\/p>\n<p>\u2014\u00bfCu\u00e1l?<\/p>\n<p>\u2014Que \u00e9l general Jos\u00e9 Tadeo Monogas, que es un hombre independiente, probo y levantisco, convenga en la evoluci\u00f3n y acepte el papel subordinado que le aguarda, porque seguramente querr\u00e1 P\u00e1ez imponerle inaceptables condiciones que su dignidad rechazar\u00e1; est\u00e1 muy reciente el ejemplo del eminente doctor Vargas, a quien, despu\u00e9s que lo repusieron en el poder, quisieron dominarlo y ajustarle hasta tal extremo el bozal de la subordinaci\u00f3n, que tuvo que retirarse para no enlodarse. El mismo Soublette, a pesar del antiguo pacto de Valencia, ha estado a punto de reventar la soga varias veces&#8230;<\/p>\n<p>\u2014No tenga cuidado, don Rufino, que de allanar esas dificultades y de amellar esos filos me encargar\u00e9 yo, pues llevo instrucciones de recibir en Caracas su nombramiento de Segundo Jefe de los Ej\u00e9rcitos y llevarlo personalmente a Barcelona, y entonces usted me dar\u00e1 una carta para el general Monagas, y a todo se le buscar\u00e1 la vuelta,<\/p>\n<p>\u2014\u00bfY qu\u00e9 piensan hacer con Antonio Leocadio Guzm\u00e1n, con el esforzado gladiador de la prensa, elevado a la altura de candidato de la mayor\u00eda? \u00bfSer\u00e1 cierto lo que dijo esta tarde Cordoncillo, referente a los siniestros planes de los oligarcas?<\/p>\n<p>\u2014Tan cierto es \u2014le respond\u00ed\u2014 que jam\u00e1s he sufrido tanto en mi vida como esta tarde, cuando lo o\u00ed expresarse con tanta entereza; y a causa del repugnante papel que estoy desempe\u00f1ando para salvar la causa, me vi obligado a guardar silencio y a no apoyarlo y aplaudirlo, como se lo merece, ese m\u00e1rtir de la correcci\u00f3n, que por su gusto y como una protesta contra los suyos, ha venido a inmolarse junto con la v\u00edctima que han resuelto sacrificar<\/p>\n<p>\u2014Pero eso es una infamia sin comparaci\u00f3n y sin justificaci\u00f3n posible \u2014dijo muy exaltado mi suegro\u2014 expedir una ley de elecciones, reglamentarla, permitir la organizaci\u00f3n de un partido doctrinario, otorgar amplia libertad de prensa y de reuni\u00f3n; y luego, cuando se adquiere la certeza del triunfo de la oposici\u00f3n, entonces se acude-al expediente de los abusos y atentados autoritarios; y por \u00faltimo, se resuelve apelar al inaudito esc\u00e1ndalo de declarar conspirador al caudillo, prenderlo y enjuiciarlo&#8230;<\/p>\n<p>\u2014\u00a1Y fusilarlo indudablemente! \u2014le interrump\u00ed \u2014. Me consta que la mayor\u00eda del Sanedr\u00edn est\u00e1 resuelta a ir a todos los extremos, antes que permitir que los liberales vayan al poder. A estas horas estoy seguro de que se han dado los decretos que dej\u00e9 en preparaci\u00f3n, declarando turbado el orden p\u00fablico, suspendiendo las garant\u00edas constitucionales y ordenando la prisi\u00f3n de Guzm\u00e1n y sus importantes partidarios.<\/p>\n<p>\u2014Pero eso traer\u00e1 funestas consecuencias \u2014 observ\u00f3 Rufino<\/p>\n<p>Peralta indignado\u2014 sobrevendr\u00e1 al fin la guerra, y de la tremenda responsabilidad de tan enorme crimen pol\u00edtico, no podr\u00e1n sustraerse en ning\u00fan tiempo los oligarcas, que lo han consumado, y la Posteridad y la Historia, tendr\u00e1n que escribir sus nombres en p\u00e1ginas muy negras. Entre tanto, tenemos que ir esta noche todos los amigos de confianza a la casa de Mari\u00f1o, donde se halla alojado don Antonio, para avisarle lo que sabemos de buena tinta, a fin de que resuelva el partido que deba tomar, para salvarse \u00e9l y para que.nos salvemos todos.<\/p>\n<p>-\u2014Suceder\u00e1 lo que usted tan acertadamente prev\u00e9, don Rufino, haremos todo cuanto usted guste; pero la cat\u00e1strofe contra el liberalismo es un hecho consumado a estas horas, se lo repito, y no hay otra manera de salvarlo sino con la realizaci\u00f3n del plan que conocemos aqu\u00ed solamente usted y yo, y que no puede salir de entre los dos, pues al diafanizarse, fracasar\u00eda por completo y quedar\u00eda yo por un indiscreto badulaque a los ojos del general P\u00e1ez. Iremos al acabar de comer a donde usted indica, le avisaremos y Hablaremos todo lo que sea preciso a don Antonio, y y2 vera que esto no tiene otro remedio sino el consabido y que en el naufragio no habr\u00e1 otro bote de salvamento, sino el que tenemos de reserva.<\/p>\n<p>Sali\u00f3 Rufino Peralta, me vest\u00ed con lo mejorcito que llevaba en la capotera para asistir a la mesa, que estaba llena de punta a punta y en el segundo servicio, al cambiarme el plato, me desliz\u00f3 la astuta Saturnina, con gran disimulo y maestr\u00eda, un papelito doblado que guard\u00e9 cuidadosamente en el bolsillo. Era sin duda la respuesta de Agustina, y ya puede suponerse el inmenso deseo que tendr\u00eda de leerla, por lo cual, acabando de comer a traguijones, me levant\u00e9 antes que todos y sin aguardar el caf\u00e9, \u00a0me fui al corredor que serv\u00eda de antesala, lo desdobl\u00e9 lleno de emoci\u00f3n y le\u00ed lo siguiente.<\/p>\n<p>\u201cCaballero: Acabo de leer su carta tan fina, cort\u00e9s y lisonjera, por la cual le doy las gracias. Como ya s\u00e9 por Saturnina, que es muy boca floja, que ella le ha explicado la terrible situaci\u00f3n en que me encuentro, creo in\u00fatil repet\u00edrsela. Cuanto ella le ha contado es la verdad, y hay otra cosa m\u00e1s seria a\u00fan para m\u00ed, que me obliga a aceptarlo y a decirle, aunque con gran verg\u00fcenza, pues sabe Dios lo que usted pensara de m\u00ed, que corresponder\u00e9 a su amor y que estoy resuelta a todo, con tal que me saygue cuanto antes de esta casa, de este infierno donde estoy a punto hasta de volverme loca, porque el infame de don Ram\u00f3n, que no es mi padre, sino mi verdugo, \u00faltimamente me ha insinuado que me har\u00e1 cambiar de posici\u00f3n y que me dar\u00e1 cuanto le pida, si convengo en entregarme a \u00e9l, muy en secreto y que no lo sepan ni mam\u00e1 mi Ramoncita; \u00a1y le confieso que, antes que aceptar semejante monstruosidad, preferir\u00eda la muerto! As\u00ed, pues, ya sabe lo que hay, y aguardo sus \u00f3rdenes. Dispense la letra y el papel, y Saturnina le dar\u00e1 m\u00e1s explicaciones.\u201d<\/p>\n<p>Imag\u00ednense los lectores c\u00f3mo me quedar\u00eda al leer aquellos mal trazados renglones, escritos a punta de l\u00e1piz y con nerviosa mano, por lo corvos y torcidos que estaban. A pesar de lo que me hab\u00eda dicho la negra, aquella realidad me parec\u00eda un sue\u00f1o, y all\u00e1 en mis adentros, llegu\u00e9 hasta a creer que sin duda tendr\u00eda yo aquella milagrosa venta de virtud del conocido cuento, con que entretienen a los muchachos, a la cual se le pide todo cuanto uno desea&#8230;<\/p>\n<p>Me parec\u00eda, repito, incre\u00edble que as\u00ed tan de bruces y como por encanto o magia, se me viniera a las manos aquel tesoro de belleza y que gracias, aquel diamante, aquella preciosa joya, aquel dechado de perfecciones, de lubricidades y de tentadores encantos; mortific\u00e1ndome s\u00f3lo la contrariedad de no poder, por los serios compromisos de la misi\u00f3n que desempe\u00f1aba, proceder en el acto a los preparativos indispensables para llevar a cabo el rapto de aquella voluntaria, rural y trigue\u00f1a Pasifae, hija del ardiente sol arag\u00fce\u00f1o, que como apetecible bocado, se atravesaba en mi camino y se me entregaba por modo tan venturoso e inesperado,<\/p>\n<p>Pero aquel hallazgo era un hecho, era una verdad incontrovertible, era un postigo del cielo que se me abr\u00eda, y la corroboraci\u00f3n de tan singular ventura, se explicaba y confirmaba, por la declaratoria final del divino papelito, referente a las intenciones vilmente criminales y protervas del escuerzo don Ram\u00f3n, a quien desde aquel instante encontr\u00e9 odioso y me pareci\u00f3 el ente m\u00e1s repugnante del mundo.<\/p>\n<p>Comprend\u00edase claramente la situaci\u00f3n de aquella v\u00edctima de las uniones ileg\u00edtimas, de aquello desgraciada que no por corrupci\u00f3n ni por vicio, sino por necesidad indiscutible, tomaba un mal sendero, prefer\u00eda una v\u00eda tortuosa e irregular, para no tener en el abismo peor que ten\u00eda ante sus pies en aquella pecaminosa mansi\u00f3n, en donde ella se encontraba como en el Purgatorio.<\/p>\n<p>Debo consignar que en aquel psicol\u00f3gico instante de arrobamiento y orgullo personal por el may\u00fasculo y f\u00e1cil triunfo conseguido, me asaltaron algunas vacilaciones inoportunas que en tropel acudieron a mi mente, se\u00f1al\u00e1ndome las inconveniencias materiales, trastornos, grandes gastos, murmuraciones sociales y disturbios dom\u00e9sticos con mi idolatrada In\u00e9s, la cual, a proporci\u00f3n que los a\u00f1os han ido ajando su hermoso rostro y su conjunto de gracias corporales, ha venido haci\u00e9ndose tan celosa, que en meses pasados tuvimos una descomunal pelotera, por haberme descubierto las relaciones que llevo con cierta dama casada, cuyo nombre me abstengo de estampar aqu\u00ed, porque ser\u00eda una ruindad hacerla figurar en letras de molde, pareci\u00e9ndome mejor disfrazarla con el seud\u00f3nimo de Francisca de R\u00edmini, cada vez que se me ofrezca hacer menci\u00f3n de ella en estas memorias; siendo de advertir, que como ella (la de R\u00edmini), es tambi\u00e9n la m\u00e1s celosa de las hijas de Eva y la m\u00e1s apasionada, ardiente y extremosa, de las que he conocido en mi accidentada vida de var\u00f3n galante y licencioso, indudablemente, entre ambas, al descubrirse en Caracas esta nueva calaverada o trapisonda, ser\u00edan capaces de sacarme los ojos, y hasta el h\u00edgado y los ri\u00f1ones haci\u00e9ndomelos picadillo, como para alb\u00f3ndigas o empanadas.<\/p>\n<p>Estos y otros escr\u00fapulos de moderaci\u00f3n y de cordura, cohibieron un tato mi afectada imaginaci\u00f3n; pero ante la enloquecedora perspectiva de la posesi\u00f3n de aquel tesoro incomparable, ante el auge, fama y renombre que a\u00f1adir\u00eda a mi brillante hoja de servicios de Petronio caraque\u00f1o aquella soberbia conquista, cesaron mis dudas, ahog\u00e1ronse mis vacilaciones, no medit\u00e9 m\u00e1s nada, lo desech\u00e9 todo, corr\u00ed a mi cuarto y le escrib\u00ed a \u201cClavellina\u201d estas breves pero expresivas l\u00edneas.<\/p>\n<p>\u201cAdorada m\u00eda: me has hecho el m\u00e1s feliz de los hombres con tu contestaci\u00f3n. Queda sellado nuestro pacto de amor y nuestro eterno compromiso. Muy serios deberes pol\u00edticos me impiden llevarte en el acto; pero dentro de un mes volver\u00e9 por ti. Al llegar a Caracas me ocupar\u00e9 en el arreglo de la casa donde te establecer\u00e1s, acompa\u00f1ada de Saturnina, que te servir\u00e1 y acompa\u00f1ar\u00e1, y al regresar de Barcelona, adonde tengo forzosamente que ir en desempe\u00f1o de importante comisi\u00f3n, volver\u00e9 a La Victoria, como amos dichosos hasta queda dicho, a buscarte para que seamos dichosos hasta la muerte. Desear\u00eda hablar contigo antes de partir, porque no es posible que me ausente sin estrechar tu linda mano y sin darte aunque sea un prolongado beso, para sellar muestro indestructible compromiso de eternal afecto. Dime por medio de nuestra emisaria, cu\u00e1ndo y c\u00f3mo podr\u00edamos vernos, aunque fuera un cuarto de hora. Te amo y soy tuyo. \u2014 Antonio F\u00e9lix.<\/p>\n<p>Dobl\u00e9 el papel en-la conocida forma de lazos cupidescos, llam\u00e9 a Saturnina con el pretexto de que me llevara el caf\u00e9, que ya estaban tomando todos los comensales, y, al venir presurosa la entendida negra a donde yo estaba, con la humeante tacita en la mano, entreg\u00e1ndole el papelito y dos fuertes, la dije:<\/p>\n<p>\u2014\u00a1Ten\u00edas raz\u00f3n! la paloma ser\u00e1 m\u00eda; \u00a1d\u00e1mele ese otro papel y coge ese completo del regalito ofrecido!<\/p>\n<p>\u2014:\u00a1Qu\u00e9 Di\u00f3 se lo pague, mi branco! -\u2014contest\u00f3, cogiendo alegremente las dos cosas, y ocult\u00e1ndolas en el seno que le cubr\u00eda la blanca camisa de madapol\u00e1n \u2014. Bien sigura estaba e mi pron\u00f3tico, poque conoc\u00eda la situaci\u00f3n e la probe ni\u00f1a Agutina, y porque hab\u00eda joll\u00edo aquellos dichos que dicen: \u201chija e gato casa rat\u00f3n, quien lo jereda no lo jurta, alegre la mae, alegre la hija y alegre la corcha que las cobija; y vale m\u00e1s lleg\u00e1 a tiempo que rond\u00e1 cien a\u00f1os\u201d&#8230;<\/p>\n<p>\u2014\u00a1Pero qu\u00e9 p\u00edcara y chusca eres, Saturnina! \u2014 contest\u00e9le riendo de las moralejas o inmoralejas de aquellas oportunas e intencionales aplicaciones \u2014. Bien se conoce que tienes talento natural, y que si hubieras estudiado, ser\u00edas una doctora,<\/p>\n<p>\u2014\u00bfY cu\u00e1ndo ser\u00e1 la escabull\u00e1? \u2014pregunt\u00f3me gui\u00f1ando las dos cuentas negras o semillas de parapara, que ten\u00eda por ojos.<\/p>\n<p>-\u2014\u2014Dentro de un mes, cuando yo regrese; y desde ahora te aviso, para que te prepares y acomodes, que t\u00fa te ir\u00e1s acompa\u00f1ando a Agustina, ella en un caballo, tu en un burro y yo en mi mula, Saldremos de aqu\u00ed ocultamente, caminaremos de noche y al llegar a la capital, t\u00fa cambiar\u00e1s de nombre y vivir\u00e1s junto con ella, y nada te faltar\u00e1, inclusive tu libertad, que la tendr\u00e1s en absoluto, pues yo pagar\u00e9 el derecho de tu manumisi\u00f3n, si te descubnieren y reclamaren.<\/p>\n<p>\u2014\u00a1Ay, se\u00f1\u00f3, qu\u00e9 gieno y qu\u00e9 grande e Su Merc\u00e9! \u2014 murmur\u00f3 la negra incando una rodilla en tierra y casi llorando de alegr\u00eda \u2014. \u00a1Di\u00f3 se lo pague mir veces y cu\u00e9te conmigo pa t\u00f3! \u00bfY cu\u00e1ndo se marcha ust\u00e9?<\/p>\n<p>\u2014De un momento a otro; pero entretanto, yo desear\u00eda hablar esta noche con Agustina. Eso le digo en ese panel que te he dado. Ll\u00e9vaselo pronto y acu\u00e9rdate con ella, para que me digas c\u00f3mo lo podr\u00eda conseguir.<\/p>\n<p>\u2014\u00a1Voy volando, mi amo!<\/p>\n<p>\u2014Bueno: te aguardo pronto, porque ya voy a salir con los amigos a hacer una visita y probablemente regresaremos tarde.<\/p>\n<p>Aguard\u00e9 algunos minutos en el cuarto, despu\u00e9s que Saturnina sali\u00f3 a la carrera, y a poco regres\u00f3 muy contenta, dici\u00e9ndome:<\/p>\n<p>\u2014Asunto arreglao: ice la ni\u00f1a Agustina, que como duerme acompa\u00f1\u00e1 con su mam\u00e1 y con La Maraquita, no podr\u00e1 dir a su cuarto; pero que cuando ella en la madrug\u00e1 sarga, como lo jace toos log d\u00edas, a prend\u00e9 la candela junto conmigo pa er desayuno, entonce podr\u00e1n convers\u00e1 en la cocina, manque sea un ratico&#8230;<\/p>\n<p>\u2014Dile que est\u00e1 bien, que as\u00ed lo haremos y que ir\u00e9 sin falta a dicho sitio y a dicha hora.<\/p>\n<p>\u2014Giieno; si Su Merc\u00e9 se quedare dorm\u00edo, yo le tocar\u00e9 ar mesmo levantame,<\/p>\n<p>Despu\u00e9s de este breve di\u00e1logo, tom\u00e9 el sombrero, cerr\u00e9 la puerta de mi cuarto y sal\u00ed acompa\u00f1ado de de Rufino Peralta, Luis Reyes, Cordoncillo, Liturgia, Robaina y Napole\u00f3n Sebasti\u00e1n Arteaga, los que impacientes me aguardaban en el corredor para ir a la casa del general Mari\u00f1o, donde, como dije arriba y ya sabemos, se hab\u00eda alojado Antonio Leocadio Guzm\u00e1n.<\/p>\n<p>\u2014\u00bfQu\u00e9 le pasa, se\u00f1or de Calder\u00edn? \u2014 pregunt\u00f3me don Herm\u00f3genes, con mucha sorna \u2014. No acab\u00f3 usted de comer, lo not\u00e9 preocupado y pensativo y ahora cuando fui a llamarlo porque se nos hab\u00eda quedado dentro del cuarto, lo vi en paliques sospechosos con la mesonera, por lo cual nada le dije. \u00a1Cuidado con eso!<\/p>\n<p>\u2014No tengo nada ni me pasa nada\u2014 le respond\u00ed algo turbado, porque estaba oyendo mi suegro\u2014. Es que como sin duda regresaremos tarde esta noche, le ped\u00eda varias cosas que necesito, como f\u00f3sforos, dulce y agua destilada para beber&#8230; No sea malicioso, licenciado Robaina; no mida a los otros por su cartab\u00f3n ni se figure que estamos en El Palotal&#8230;<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Francisco Tosta Garc\u00eda \u00a1Un par\u00e9ntesis, un par\u00e9ntesis, aunque sea muy peque\u00f1o se impone en este relato para, entre col y col, lechuga, alternar un poco con los abrojos enredos, chismes, pugnas, intrigas, controversias y malas artes de la pol\u00edtica! 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