{"id":6666,"date":"2022-11-04T13:44:05","date_gmt":"2022-11-04T13:44:05","guid":{"rendered":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/?p=6666"},"modified":"2026-05-13T16:35:31","modified_gmt":"2026-05-13T21:05:31","slug":"sin-respuesta-julio-miranda","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/sin-respuesta-julio-miranda\/","title":{"rendered":"Sin respuesta"},"content":{"rendered":"\n<h4 class=\"wp-block-heading has-text-align-right\"><strong>Julio Miranda<\/strong><\/h4>\n\n\n\n<p>Llevaba a la ni\u00f1a fuertemente agarrada de la mano, abri\u00e9ndose paso entre el gent\u00edo de la tarde de s\u00e1bado. <em>Me haces da\u00f1o, papi, <\/em>le dijo. Afloj\u00f3 la presi\u00f3n y, ya en las escaleras, se acopl\u00f3 al ritmo de ella: un, dos, salto; un, dos, salto; un, dos. Volvi\u00f3 a asirla, siempre quiz\u00e1s con un exceso de ansiedad, mientras atravesaban los largos pasillos, tirone\u00e1ndola cada vez que se deten\u00eda a contemplar un afiche o a intentar recoger algo del suelo. En la vasta explanada subterr\u00e1nea, formaron en una de las colas. \u00c9l introdujo al fin su ticket, adoptando una actitud alerta seg\u00fan lo exig\u00eda el juego habitual e indic\u00e1ndole con ostentoso disimulo que se deslizara bajo el torniquete, como si cometieran un terrible delito, de consecuencias incalculables. Ella pas\u00f3 r\u00e1pidamente, casi tocando el suelo de tan doblada que iba. Recuper\u00f3 el cartoncito y fue a darle la mano. Pero no estaba all\u00ed.<\/p>\n\n\n\n<p>Se encontr\u00f3, en cambio, con un desfile extra\u00f1\u00edsimo, inesperado en aquel momento y lugar: gentes disfrazadas de leones, jirafas, elefantes, camellos, osos&#8230;, sub\u00edan desde uno de los andenes, mezclados con enanos, malabaristas tirando de sus bolas multicolores a lo alto, payasos que se persegu\u00edan golpe\u00e1ndose. Un tragallamas ten\u00eda a su alrededor un c\u00edrculo de ociosos. Ni\u00f1os y ni\u00f1as de diversas edades correteaban, tropezando y cayendo, riendo y aullando entre los figurones, y adivin\u00f3 a otros padres y madres tan expectantes, tensos e incluso desesperados como \u00e9l.<\/p>\n\n\n\n<p>Se hizo un camino a empujones, sin importarle las quejas e insultos, aunque lo menos que necesitaba ahora era que lo retrasara una pelea. Y la divis\u00f3, finalmente, casi llegando al and\u00e9n. Arrastrada por un hombre, su hija miraba en torno, busc\u00e1ndolo, aunque sin parecer preocupada. Llevaba un globo en la mano. El secuestrador trataba de avanzar r\u00e1pido, pero la retaguardia del gent\u00edo circense lo obstaculizaba.<\/p>\n\n\n\n<p>Se lanz\u00f3 escaleras abajo, derribando a un payaso y a una danta. Tres ping\u00fcinos se pegaron a la pared, chillando. La ni\u00f1a lo vio, manifestando su alborozo y llam\u00e1ndolo, aunque apenas la o\u00eda. El hombre tambi\u00e9n lo vio. Se ech\u00f3 a correr, con ella en brazos.<\/p>\n\n\n\n<p>S\u00f3lo entonces se le ocurri\u00f3 gritar. Al principio, atragantado, sin aliento, no logr\u00f3 emitir sonido alguno. \u00a1Det\u00e9nganlo! \u00a1Se est\u00e1 robando a mi hija!, clam\u00f3 con toda la fuerza de sus pulmones. Se sinti\u00f3 rid\u00edculo y furioso al mismo tiempo. Nadie se mov\u00eda. \u00danicamente lo miraban, asombrados. Luego, miraron tambi\u00e9n al hombre que corr\u00eda con la ni\u00f1a cargada y el globo agit\u00e1ndose. <em>Det\u00e9nganlo, por Dios<\/em>, dijo en voz baja.<\/p>\n\n\n\n<p>Al otro extremo del and\u00e9n, apareci\u00f3 casualmente un polic\u00eda. El hombre se par\u00f3, sacando una navaja. El polic\u00eda se dio cuenta, extrajo su rev\u00f3lver, apunt\u00f3. \u00bfA qui\u00e9n? Rogaba que no se le ocurriera disparar. Apenas diez o doce metros lo separaban del secuestrador. La gente se hab\u00eda ido retirando, hasta dejarlos solos. <em>Papi, papi, ven<\/em>, dijo la ni\u00f1a. <em>Ya voy, <\/em>le respondi\u00f3. El otro parec\u00eda no saber bien qu\u00e9 hacer. Con su navaja trazaba c\u00edrculos en el aire, en un alarde excesivo. Pero el filo brillaba. Y con el brazo izquierdo estrechaba a la ni\u00f1a.<\/p>\n\n\n\n<p>&#8211; No se acerque.<\/p>\n\n\n\n<p>&#8211; D\u00e9jela ir. No le haga da\u00f1o, por favor. Por favor&#8230;<\/p>\n\n\n\n<p>La ni\u00f1a se ech\u00f3 a llorar. Pateaba, intentando liberarse.<\/p>\n\n\n\n<p>&#8211; D\u00edgale que se est\u00e9 quieta.<\/p>\n\n\n\n<p>&#8211; Mi vida, no llores, no tengas miedo. Es un juego, \u00bfentiendes? Un juego nuevo. Qu\u00e9date tranquila.<\/p>\n\n\n\n<p>Segu\u00eda avanzando hacia el hombre, paso a paso, muy suavemente, con las manos abiertas, como proclamando su indefensi\u00f3n, su mansedumbre; como invit\u00e1ndole a entregarle a la ni\u00f1a, ya callada pero con el rostro cubierto de l\u00e1grimas, tendi\u00e9ndole los brazos. El otro retroced\u00eda, siempre moviendo in\u00fatilmente la navaja; miraba al polic\u00eda, de arma casi temblorosa; se le acercaba de nuevo. No estaba ni bien ni mal vestido. No ten\u00eda cara de loco ni de drogadicto. \u00bfUn s\u00e1dico? Un hombre triste, en cualquier caso.<\/p>\n\n\n\n<p>&#8211; Si me dejan ir no le pasar\u00e1 nada a la ni\u00f1a. La soltar\u00e9 luego, cerca de aqu\u00ed.<\/p>\n\n\n\n<p>&#8211; Ll\u00e9vesela, ll\u00e9vesela, pero no le haga da\u00f1o.<\/p>\n\n\n\n<p>Rogaba ahora que ella no fuera a decir que no quer\u00eda irse con el otro. Pero su hija permanec\u00eda en silencio, mir\u00e1ndolo muy seria, mientras \u00e9l repet\u00eda a\u00fan: <em>es un juego<\/em>.<\/p>\n\n\n\n<p>Grit\u00f3 al polic\u00eda, gesticulando con vehemencia, que se quitara de la salida, permitiendo escapar al hombre. Fue en vano.<\/p>\n\n\n\n<p>Vio, adem\u00e1s, que otros polic\u00edas llegaban para bloquear la escalera, coloc\u00e1ndose en posici\u00f3n de tiro. Sinti\u00f3, a sus espaldas, el viento desplazado por el tren que asomaba. Busc\u00f3 los ojos del otro, quien le sostuvo la mirada. \u00bfHubieran podido hablar, entenderse, tomarse unos tragos juntos, ser amigos, quiz\u00e1? \u00bfPasear cada uno con su hija de la mano? Pero hab\u00eda una sola ni\u00f1a, y era la suya.<\/p>\n\n\n\n<p>El secuestrador pareci\u00f3 encogerse de hombros. De pronto, lanz\u00f3 a la ni\u00f1a por el aire, hacia sus brazos, y salt\u00f3 a las v\u00edas, frente a la m\u00e1quina que avanzaba rugiendo.<\/p>\n\n\n\n<h4 class=\"wp-block-heading has-text-align-right\"><a href=\"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/julio-miranda\/\" target=\"_blank\" rel=\"noopener\">Sobre el autor<\/a><\/h4>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Julio Miranda Llevaba a la ni\u00f1a fuertemente agarrada de la mano, abri\u00e9ndose paso entre el gent\u00edo de la tarde de s\u00e1bado. Me haces da\u00f1o, papi, le dijo. Afloj\u00f3 la presi\u00f3n y, ya en las escaleras, se acopl\u00f3 al ritmo de ella: un, dos, salto; un, dos, salto; un, dos. 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