{"id":6660,"date":"2022-11-04T00:10:12","date_gmt":"2022-11-04T00:10:12","guid":{"rendered":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/?p=6660"},"modified":"2023-11-24T18:24:49","modified_gmt":"2023-11-24T18:24:49","slug":"nueva-aproximacion-a-ramos-sucre","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/nueva-aproximacion-a-ramos-sucre\/","title":{"rendered":"Nueva aproximaci\u00f3n a Ramos Sucre"},"content":{"rendered":"<div id=\"cuerpo\">\n<div id=\"central\">\n<section>\n<article id=\"maincontent\">\n<h4 class=\"centrado\" style=\"text-align: right;\">Eugenio Montejo<\/h4>\n<p class=\"tabular\">En torno a la obra de Jos\u00e9 Antonio Ramos Sucre existe en nuestras letras, sobre todo a partir de 1958, una convergencia peculiar que la ha convertido en centro de atenci\u00f3n casi un\u00e1nime. Atenci\u00f3n algo dispar, es cierto, no exenta de extrav\u00edos, pero de arraigo y expansi\u00f3n suficientes como para lograr advertirnos que el fen\u00f3meno escapa al accidente de una simple moda. Atenci\u00f3n que afortunadamente demuestra su eficacia cuando conquista para su obra numerosos adeptos en otros \u00e1mbitos de nuestra lengua y fuera de \u00e9sta. El cincuentenario de su muerte, que conmemoramos este a\u00f1o, acrecentar\u00e1 sin duda la bibliograf\u00eda sobre el poeta, ya bastante m\u00e1s nutrida que la de muchos de sus compa\u00f1eros de letras, pero as\u00ed y todo siempre incompleta, como si la onda expansiva que la difunde distase todav\u00eda del punto en que podamos considerarla, al menos para nosotros, fija del todo.<\/p>\n<p class=\"tabular\">Empleo la fecha de 1958, la de la generaci\u00f3n a que pertenezco, de modo convencional para ubicar el deslinde de la revisi\u00f3n que toma por objeto su obra. A partir de entonces el estudio del arte y la vida de Ramos Sucre se intensifica de una manera tal vez impredecible para sus mismos contempor\u00e1neos. \u00bfImpredecible tambi\u00e9n para \u00e9l? Esto, al menos, se supuso al comienzo. Sin embargo, algunas cartas suyas que por primera vez ahora se divulgan vienen a corroborarnos la opini\u00f3n contraria. La duda acerca de su absoluta confianza en la senda que exploraba, tan distinta de los modos imperantes as\u00ed como de muchos intentos renovadores, fue s\u00f3lo otro atributo de la mala lectura que se le dispensara. Anda en lo cierto, pues, Guillermo Sucre, <q>no fue un poeta olvidado, sino mal le\u00eddo<\/q><a title=\"Ir a la nota 1\" href=\"#nota1\"><sup>1<\/sup><\/a>.<\/p>\n<p class=\"tabular\">La revisi\u00f3n, por tanto, ha alcanzado no s\u00f3lo su obra, tambi\u00e9n se ha dirigido a las p\u00e1ginas cr\u00edticas que se escribieron en momentos de aparecer sus libros o poco tiempo despu\u00e9s, hasta la fecha que tentativamente elijo para situar su reivindicaci\u00f3n. La ex\u00e9gesis plena de simpat\u00eda y no poca perspicacia que de algunos textos suyos intentara V. M. Ovalles, el libro de Carlos Augusto Le\u00f3n, el examen de F\u00e9lix Armando N\u00fa\u00f1ez, as\u00ed como el aporte testimonial m\u00e1s reciente de Fernando Paz Castillo, marcan el inicio de esa cr\u00edtica sobre la cual, no sin disentimiento franco en algunos casos, se ha vuelto despu\u00e9s. La revaloraci\u00f3n, por lo dem\u00e1s, est\u00e1 lejos de completarse. Se contin\u00faa mediante enfoques diversos, algunos de los cuales rinden tributo al an\u00e1lisis estructural en boga como es de notar en ciertos comentaristas. Entre los aportes m\u00e1s recientes, un ensayo de \u00c1ngel Rama sobre <em>el universo simb\u00f3lico<\/em>del poeta<a title=\"Ir a la nota 2\" href=\"#nota2\"><sup>2<\/sup><\/a>, privilegia de modo no siempre crivincente el primero de sus libros, <em>La torre de Tim\u00f3n<\/em>, procurando enmendar los criterios m\u00e1s aceptados. Pero sobre esto volveremos mas adelante.<\/p>\n<p class=\"tabular\">Me interesa ahora, m\u00e1s que el balance de la perspectiva cr\u00edtica lograda, otro aspecto menos debatido. Quiero decir que una convergencia tan manifiesta en torno a su obra tal vez ser\u00eda imposible de no sospecharse en ella un valor actuante a\u00fan hoy, y por ello de vigente modernidad en nuestros d\u00edas. Se trata, en su caso, de un <em>raro<\/em>, en el sentido dariano del t\u00e9rmino, como anot\u00f3 Francisco P\u00e9rez Perdomo<a title=\"Ir a la nota 3\" href=\"#nota3\"><sup>3<\/sup><\/a>, con algo de maldito tambi\u00e9n, pero maldici\u00f3n y rareza son s\u00edntomas reconocidamente vitales en la historia de la po\u00e9tica contempor\u00e1nea. Dos preguntas, entre varias, conviene formular al respecto: la primera concierne a las peculiaridades que reviste la modernidad de su sistema po\u00e9tico. La otra trata de indagar c\u00f3mo llega a reflejarse, si tal es el caso, en las obras escritas entre nosotros posteriormente. Pretendo responder brevemente la primera, a sabiendas de que el tema desborda el l\u00edmite de una simple nota. Respecto de la segunda, podr\u00e9 todav\u00eda decir menos, queriendo decir m\u00e1s.<\/p>\n<p class=\"tabular\">Vamos por parte. No creo que Ramos Sucre se propusiese forjar ante todo una obra deliberadamente moderna, si por tal se entiende el procedimiento consciente de prolongar el eco de alguna vanguardia naciente en su \u00e9poca. Resulta err\u00f3neo, por tanto, suponerlo en ansiosa sinton\u00eda de los movimientos europeos surgidos a comienzos de siglo, surrealismo y dem\u00e1s. Al contrario, su escritura delata un culto atento al pasado, principiando por la invocaci\u00f3n misma de la fuente latina del idioma, cuya concisi\u00f3n le obsesionaba. Su modernidad no encubre entonces una meta adrede perseguida, acusa siempre ra\u00edces m\u00e1s profundas. Esto nos lleva a ver sus logros espec\u00edficamente modernos como una consecuencia de su ardua pesquisa ling\u00fc\u00edstica. Desde esta perspectiva se comprueba que su rechazo de la estrofa tradicional, del verso medido, con o sin rima, es otra derivaci\u00f3n de su pesquisa idiom\u00e1tica. Su preferencia, en cambio, por la forma abierta del llamado poema en prosa, cuya tradici\u00f3n remonta como sabemos a Aloysius Bertrand, es parte de un acometimiento que deriva de la misma exigencia. Por eso cuando traduce las estrofas cl\u00e1sicas de Lenau, lo hace a su \u00fanica forma predilecta, defendiendo una fidelidad tonal m\u00e1s que sint\u00e1ctica, tal como Pierre Jean Jouve, por ejemplo, hace con los sonetos de Shakespeare. La supresi\u00f3n del relativo, la dependencia forzosa de la conjunci\u00f3n copulativa, el \u00e9nfasis a veces molesto del yo, las significaciones inusuales de un vocablo o la elipsis como recurso cada vez m\u00e1s potenciado, son otros tantos rasgos de esta escritura que no asume el mito de lo moderno como un desideratum. <q>No olvides que primero est\u00e1 la belleza que la originalidad<\/q><a title=\"Ir a la nota 4\" href=\"#nota4\"><sup>4<\/sup><\/a>, dice en una carta a su hermano Lorenzo. En efecto, la innovaci\u00f3n que procura va ante todo a la ra\u00edz, aunque la comprobemos por sus frutos. De esta forma, sin disponerse a ser moderno a todo trance, logra serlo evidentemente, y llega a encarnar una exploraci\u00f3n \u00fanica en nuestras letras.<\/p>\n<p class=\"tabular\">Conviene a\u00f1adir algo m\u00e1s. Casi desde su iniciaci\u00f3n literaria se advierte en Ramos Sucre el sello de una escritura distinta y personal\u00edsima, cuyo deslinde se halla en la base de los estudios cr\u00edticos y acaso del fervor que su obra suscita. Se trata de un modelo verbal aut\u00f3nomo, al cual la voluntad po\u00e9tica sirve de est\u00edmulo desencadenante. Y aunque \u00e9sta termine por adue\u00f1arse de su voz, como sabemos, al principio habr\u00e1 de compartirla con las meditaciones hist\u00f3ricas, sociales o gramaticales a que se muestra afecto. Ese modelo verbal, si bien resulta identificable desde temprano, acusa una evoluci\u00f3n manifiesta a lo largo de sus textos, depurando sus medios a la vez que complicando sus claves. Basta leer una sola de sus composiciones para advertir el manejo de la lengua com\u00fan con una pericia in\u00e9dita. No estoy tratando de sugerir que su obra carezca de un nexo profundo con el pasado. Ramos Sucre, como todos los aurores verdaderamente originales, ha bebido mucho en los antiguos, y por su parte, en aqu\u00e9llos que, como Graci\u00e1n, reemprendieron el intento exigente de mirar nuestra lengua desde su momento originario. (<q>Yo escribo el espa\u00f1ol a base del lat\u00edn<\/q>). Su tentativa logra entonces, entre otros, este m\u00e9rito: el de rechazar la pesadez penitencial de la lengua cristiana, devolvi\u00e9ndole en lo posible la levedad concisa que transparenta el goce pagano. El hablante, el yo l\u00edrico, no es un pecador que inconscientemente se castiga con el empleo de pesadas estructuras sint\u00e1cticas tiende m\u00e1s bien a desbrozar, hasta donde se lo permite el deber de hacerse inteligible, mediante ese esfuerzo de concisi\u00f3n que modelara la lengua del paganismo. Me aventuro en esta afirmaci\u00f3n extrema s\u00f3lo para destacar la propensi\u00f3n manifiesta que gu\u00eda el desarrollo de su forma literaria. Un aforismo de Leonardo da Vinci puede muy bien suplirnos la identificaci\u00f3n de esta tendencia a que es proclive su estilo: <q>Toda acci\u00f3n natural es realizada por la naturaleza misma del modo y en el tiempo m\u00e1s breve posible<\/q>. El replegamiento de la frase que insiste en reducirse a sus t\u00e9rminos indispensables, aun a riesgo de quedar atrapada en una atm\u00f3sfera abstracta, resalta como su m\u00e1s notorio distingo. Junto a \u00e9ste convive el deliberado anacronismo, la glosa al margen de la historia, los cuadros, en fin, siempre multiformes que componen su <q>poes\u00eda de las civilizaciones<\/q><a title=\"Ir a la nota 5\" href=\"#nota5\"><sup>5<\/sup><\/a>.<\/p>\n<p class=\"tabular\">Los motivos que convoca esta poes\u00eda, por otra parte, vienen a ser casi siempre pretextos de su eficacia, los cuales, con ser variados, no logran sustraerse de lo meramente convencional. Pero la composici\u00f3n consigue imponerse gracias al dominio de una forma que muchas veces alcanza el punto inmejorable dentro de las combinaciones expresivas posibles. Es a menudo el giro exacto, pese a ser el menos previsto. Pieza clave de tal procedimiento ser\u00e1 su adjetivaci\u00f3n, dispuesta siempre a abolir todo convencionalismo. <q>Pon adjetivos originales -aconseja a su hermano- propios de ti, que sean la opini\u00f3n tuya sobre lo que pienses o veas<\/q><a title=\"Ir a la nota 6\" href=\"#nota6\"><sup>6<\/sup><\/a>. De esta misma actitud ante el lenguaje forma parte tambi\u00e9n su reivindicaci\u00f3n de la ret\u00f3rica, con la cual desaf\u00eda el credo rom\u00e1ntico, orient\u00e1ndose una vez m\u00e1s por los antiguos. Se trata de una empresa similar a la que cumple en Espa\u00f1a por aquel tiempo Antonio Machado, uno de cuyos ap\u00f3crifos ser\u00e1 precisamente profesor de ret\u00f3rica.<\/p>\n<p class=\"tabular\">Ramos Sucre es a su modo un l\u00facido exponente de la llamada <em>est\u00e9tica de la construcci\u00f3n<\/em>, porque concede, como otros herederos del simbolismo, mayor predominio consciente al acto creador. <q>Quien quiera escribir su sue\u00f1o ha de estar completamente despierto<\/q>, reza un conocido postulado de Paul Val\u00e9ry, defensor como Ramos Sucre de la supremac\u00eda de la conciencia en el trabajo de la composici\u00f3n. Es el denodado cincelador que no consiente en dejar nada al azar. M\u00e1s de una vez alude a intenciones ocultas entre sus l\u00edneas, cuyo desciframiento queda a cuenta del lector. (<q>El solitario lamenta una ausencia distante. Se consuela escribiendo el soneto dif\u00edcil, en donde el an\u00e1lisis descubre a menudo un sentido nuevo<\/q>).<\/p>\n<p class=\"tabular\">Por esta suma vigilancia que delatan sus p\u00e1ginas, creo que un enigma todav\u00eda no aclarado se desprende de la publicaci\u00f3n, en 1929, de los dos vol\u00famenes simult\u00e1neos que recogen su producci\u00f3n posterior a <em>La torre de Tim\u00f3n<\/em>. \u00bfA qu\u00e9 normas secretas obedece esa misteriosa ordenaci\u00f3n de sus dos libros? La \u00edndole de motivos parejamente variada en ambos se confunde, y no parece ser el punto de distingo. Tampoco el sentido de los t\u00edtulos logra revelarnos su secreto, si bien de seguro forma parte de \u00e9ste. \u00bfA qu\u00e9 claves no identificadas todav\u00eda responde la separaci\u00f3n de las dos obras, si con toda seguridad no obedece a un procedimiento antojadizo? Me he preguntado esto, y me lo pregunto hoy, sin hallar satisfactoria respuesta. Acaso el orden de ambas compilaciones sea el mismo de las fechas en que fueron escritas, pero \u00bfde acuerdo a qu\u00e9 razones da por concluido uno para empezar el otro? Como sabemos, desde la edici\u00f3n de sus <em>Obras completas<\/em>, en 1956, se ha venido aceptando como el \u00faltimo de sus t\u00edtulos <em>Las formas del fuego<\/em>. Sin embargo, la evoluci\u00f3n el\u00edptica de sus frases, cierta mayor soltura y adue\u00f1amiento de los giros sint\u00e1cticos parece contradecir este orden y situar a <em>El cielo de esmalte<\/em> en \u00faltimo lugar. Abogar\u00eda en favor de esta presunci\u00f3n, el hecho de que ponga cierre a este libro un texto titulado <em>Omega<\/em>, que puede leerse como contrapartida de <em>Preludio<\/em>, el primero de su libro inicial. En este fortalecimiento del poder de la conciencia frente a las tesis defendidas por el romanticismo, se hallar\u00eda un rasgo de la modernidad que en su obra sentimos vigente. Se trata de la <em>celebraci\u00f3n progresiva<\/em>, tan patente en el arte contempor\u00e1neo, a la cual se refiriera Gottfried Benn, otro te\u00f3rico prestigioso e inc\u00f3modo de la est\u00e9tica constructivista.<\/p>\n<p class=\"tabular\">La segunda pregunta, la que investiga el reflejo probable de esa modernidad en posteriores a la suya, es, como dije, menos f\u00e1cil de aclarar. Me parece, as\u00ed y todo, que la reactualizaci\u00f3n cr\u00edtica que indaga los valores de su obra guarda poca correspondencia con el grado de influencia que podamos atribuirle en nuestros d\u00edas. Si descontamos ciertos tonos epis\u00f3dicos en la obra primeriza de algunos poetas nuestros, advertimos que las preferencias discurren hoy por senda distinta de la suya. Estamos, pues, frente a una obra insular, se\u00f1era y distante, parad\u00f3jicamente admirada aunque sin notorios seguidores. Su grandeza, su pulcritud, su elegancia algebraica, acaso deban poco a la sensibilidad mestiza que nos identifica. \u00bfSe le echar\u00e1 de menos el humor? Es verdad que ya no se la descarta de nuestro patrimonio l\u00edrico con tanta displicencia como antes, pero sus continuadores mas dotados est\u00e1n por aparecer.<\/p>\n<p class=\"tabular\">Mencion\u00e9 al comienzo el ensayo de \u00c1ngel Rama, <em>El universo simb\u00f3lico de Ramos Sucre<\/em> uno de los \u00faltimos an\u00e1lisis consagrados a la obra del poeta. La experiencia cr\u00edtica de Rama contribuye a desentra\u00f1ar, es cierto, muchas claves del arte de Ramos Sucre, algunas ya servidas por estudios precedentes, si bien cabalmente desarrolladas en su trabajo. Su ensayo contiene sondeos laterales notables, aunque todos ellos se abonen a la tesis que tiende a situar <em>La torre de Tim\u00f3n<\/em> en sitial preferente respecto de los dem\u00e1s libros. Es dif\u00edcil acompa\u00f1arlo, no obstante, cuando afirma que esta compilaci\u00f3n resulta <q>m\u00e1s singular y m\u00e1s desconcertante que las dos breves colecciones posteriores<\/q>. Esas dos <em>breves<\/em> colecciones suman entre s\u00ed cerca de trescientos textos po\u00e9ticos. La valoraci\u00f3n entusiasta de Rama por ese primer libro <q>m\u00e1s representativo y ajustado a los prop\u00f3sitos del escritor<\/q>, lo lleva a preferirlo a los dos ulteriores. Sus argumentaciones, no obstante, quedan en deuda con el lector. Ramos Sucre debi\u00f3 meditar cuidadosamente, qu\u00e9 duda cabe, el arreglo definitivo de <em>La torre de Tim\u00f3n<\/em>. Tambi\u00e9n, o m\u00e1s porque hab\u00eda ganado experiencia y delimitacio su propia <em>zona<\/em>, al momento de componer los dos restantes. Si rechaza en \u00e9stos todo motivo extraliterario y se ci\u00f1e exclusivamente a sus textos l\u00edricos, es porque ha decidido definirnos claramente la opci\u00f3n de su aventura creadora. \u00bfC\u00f3mo concebir que prescinda de una materia \u00abm\u00e1s ajustada\u00bb a su prop\u00f3sito de escritor? La marginalidad hist\u00f3rica, la visi\u00f3n del mundo, son indispensables para la comprensi\u00f3n cabal de su obra, pero, al igual que los aforismos publicados en <em>Elite<\/em>, se hallan lejos de constituir su punto central. La lectura ideol\u00f3gica, por lo que se ve, en vez de iluminarnos la lectura art\u00edstica, procura vanamente desplazarla.<\/p>\n<p class=\"tabular\"><q>Leopardi es mi igual<\/q>, reitera en sus \u00faltimos d\u00edas Ramos Sucre, destacando el paralelismo de su vida con la del poeta italiano. Vivir\u00e1 apenas un a\u00f1o m\u00e1s que \u00e9ste, pero dejar\u00e1 de escribir antes. El parang\u00f3n no resulta ilusorio porque ambos hacen de su aflicci\u00f3n una v\u00eda de conocimiento. En ambos, tambi\u00e9n, la sensaci\u00f3n y el intelecto se al\u00edan en una proporci\u00f3n que convierte su aventura en ascesis, sus penurias f\u00edsicas en prueba existencial. Poco a poco la muerte se va trocando, para estos dos solitarios, en un consuelo harto preferible al desgarramiento en que se cumplen sus propias vidas. A <q>la infinita vanidad del todo<\/q> (Leopardi), ambos oponen <q>el deseo del olvido solemne<\/q>(Ramos Sucre). El olvido, felizmente, no se ha apoderado de sus nombres. Estas l\u00edneas de <em>La torre de Tim\u00f3n<\/em>, referidas a Schiller y Shelley, pueden acaso decirnos por qu\u00e9: <q>Intr\u00e9pidos heraldos, videntes irritados, bajo el cielo tormentoso y enigm\u00e1tico sostienen y vibran en la diestra un haz de rayos<\/q><a title=\"Ir a la nota 7\" href=\"#nota7\"><sup>7<\/sup><\/a>.<\/p>\n<p class=\"tabular\">Terminar\u00e9 ahora de modo ortodoxo, relatando un brev\u00edsimo sue\u00f1o. Algunas tribus africanas, seg\u00fan comenta Carl G. Jung, distinguen entre sus sue\u00f1os aqu\u00e9llos de significaci\u00f3n meramente individual y los que puedan resultar, por sus revelaciones m\u00e1gicas, de inter\u00e9s para el grupo. Esta visi\u00f3n on\u00edrica que ya he contado antes (revista <em>Poes\u00eda<\/em>, <abbr title=\"n\u00famero\">n.\u00ba<\/abbr> 24, Valencia) es cierto no alcanza la importancia de la segunda categor\u00eda, ni yo soy, al menos no totalmente, africano. La refiero porque alude al poeta de que vengo hablando. Sucedi\u00f3 en Par\u00eds, hace m\u00e1s de diez a\u00f1os. Hab\u00eda viajado poco antes a Ginebra, en un fallido intento por hallar alg\u00fan rastro suyo en la ciudad de su muerte. De regreso a Par\u00eds, rele\u00ed intensamente toda su obra durante varios d\u00edas. Al finalizar, tarde la noche, vi en sue\u00f1os c\u00f3mo la pared de mi cuarto se volvi\u00f3 una larga pizarra verde. De seguidas entr\u00f3 Ramos Sucre y anot\u00f3 nerviosamente en ella, para asombro m\u00edo: &#8211;<em>Yo soy Fausto<\/em>.<\/p>\n<p><strong>NOTAS<\/strong><\/p>\n<p id=\"note*\" class=\"nota\">1. Guillermo Sucre, \u00abRamos Sucre: anacronismo y\/o renovaci\u00f3n, <em>Tiempo Real<\/em>, <abbr title=\"n\u00famero\">n.\u00ba<\/abbr> 8, Universidad Sim\u00f3n Bol\u00edvar, Caracas, 1978.<\/p>\n<p id=\"nota2\" class=\"nota\">2. \u00c1ngel Rama, <em>El universo simb\u00f3lico de Jos\u00e9 Antonio Ramos Sucre<\/em>, Cuman\u00e1, Universidad de Oriente, 1978.<\/p>\n<p id=\"nota3\" class=\"nota\">3. Francisco P\u00e9rez Perdomo, <em>Antolog\u00eda de Jos\u00e9 Antonio Ramos Sucre<\/em>, Caracas, Monte \u00c1vila Editores, 1969.<\/p>\n<p id=\"nota4\" class=\"nota\">4. Citado por \u00c1. Rama, <em><abbr title=\"ibidem\">ibid.<\/abbr><\/em>, <abbr title=\"p\u00e1gina\">p.<\/abbr> 46.<\/p>\n<p id=\"nota5\" class=\"nota\">5. Guillermo Sucre, <em><abbr title=\"opere citato\">op. cit.<\/abbr><\/em>, p. 13.<\/p>\n<p id=\"nota6\" class=\"nota\">6. Citado por \u00c1. Rama, <em>ibid<\/em>., p. 46.<\/p>\n<p id=\"nota7\" class=\"nota\">7. Jos\u00e9 Antonio Ramos Sucre, <em>Sturm und Drang<\/em>, en <em>Obras<\/em>, Caracas, Ediciones del Ministerio de Educaci\u00f3n, 1956.<\/p>\n<h4 style=\"text-align: right;\"><a href=\"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/eugenio-montejo\/\" target=\"_blank\" rel=\"noopener\">Sobre el autor<\/a><\/h4>\n<h6 id=\"note*\" class=\"nota\">*Publicadao en: Revista de Cultura de la Universidad de Oriente, 1981, <abbr title=\"p\u00e1ginas\">pp.<\/abbr> 45-52.<\/h6>\n<\/article>\n<\/section>\n<\/div>\n<\/div>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Eugenio Montejo En torno a la obra de Jos\u00e9 Antonio Ramos Sucre existe en nuestras letras, sobre todo a partir de 1958, una convergencia peculiar que la ha convertido en centro de atenci\u00f3n casi un\u00e1nime. 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