{"id":6638,"date":"2022-11-02T00:58:42","date_gmt":"2022-11-02T00:58:42","guid":{"rendered":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/?p=6638"},"modified":"2023-11-24T18:24:50","modified_gmt":"2023-11-24T18:24:50","slug":"francisco-miranda-ilustrado","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/francisco-miranda-ilustrado\/","title":{"rendered":"El Diario de Francisco de Miranda y la representaci\u00f3n ilustrada del mundo"},"content":{"rendered":"<h4 style=\"text-align: right;\">Mar\u00eda Carolina S\u00e1nchez<em><br \/>\n<\/em><\/h4>\n<p><strong>Introducci\u00f3n<\/strong><\/p>\n<p>Antes de convertirse en uno de los precursores de la independencia de las colonias hisp\u00e1nicas del Nuevo Mundo, Francisco de Miranda (1750-1816) fue un inagotable viajero preocupado no s\u00f3lo por recorrer gran parte de Estados Unidos y Europa<a href=\"#_ftn1\" name=\"_ftnref1\">[1]<\/a> sino tambi\u00e9n por consignar en su <em>Diario<\/em> (1771-1791)<a href=\"#_ftn2\" name=\"_ftnref2\">[2]<\/a> descripciones exhaustivas de lo visto en cada lugar. El periplo, originado en un conflicto personal con el estado espa\u00f1ol, marca una primera ruptura respecto de su condici\u00f3n de s\u00fabdito de este imperio y constituye un paso decisivo en la emergencia y maduraci\u00f3n de su proyecto de emancipaci\u00f3n continental.<\/p>\n<p>Con el objetivo de hacer carrera militar en la metr\u00f3poli, Miranda abandona su ciudad natal, Caracas, y se embarca rumbo a Espa\u00f1a en 1771. Incorporado al ej\u00e9rcito, interviene en dos guerras. Participa en diciembre de 1774 en la defensa de la plaza de Melilla, posesi\u00f3n espa\u00f1ola en el Norte de \u00c1frica, sitiada por las fuerzas del sult\u00e1n de Marruecos y forma parte en 1780 de las tropas espa\u00f1olas de apoyo a la revoluci\u00f3n de independencia de los Estados Unidos donde combate en el sitio de Pensacola, ocupa- da por escuadras brit\u00e1nicas. Estas misiones concluyen con la victoria de las armas de la monarqu\u00eda hisp\u00e1nica.<\/p>\n<p>Desde su ingreso al servicio a la Corona, Miranda, libre pensador y voraz lector de textos prohibidos, resulta sospechoso para la Inquisici\u00f3n. Por otra parte, los constantes conflictos con sus superiores en la esfera militar perjudican su imagen ante el poder real. La serie de actitudes adversas hacia su persona \u2013ascensos demorados, arrestos a su entender motivados en animosidades, acusaciones falsas\u2013 se agrava a tal punto que en 1783 luego de la guerra en Estados Unidos y radicado en Cuba, Miranda decide desertar del ej\u00e9rcito a causa de una orden dictada por Carlos III que establec\u00eda su arresto e inmediato traslado a Madrid.<\/p>\n<p>Bajo estas circunstancias emprende un viaje que comienza con una visita a la reciente rep\u00fablica nacida en Am\u00e9rica del Norte. A partir de este momento, se asume como viajero ilustrado y se dedica durante seis a\u00f1os (1783-1789)<a href=\"#_ftn3\" name=\"_ftnref3\">[3]<\/a> a recorrer diferentes pa\u00edses con el fin de instruirse aunque su condici\u00f3n de pr\u00f3fugo de la monarqu\u00eda espa\u00f1ola lo expone a repetidas emboscadas y sinsabores. No obstante, desconociendo la magnitud de la enemistad que despert\u00f3 en la Corte, insiste en resolver su situaci\u00f3n a trav\u00e9s de un retiro leg\u00edtimo.<\/p>\n<p>Su decisi\u00f3n de viajar, precipitada por una coyuntura desfavorable, forma parte de un proyecto personal cuya concreci\u00f3n anhela desde hace tiempo. Reci\u00e9n llegado a Espa\u00f1a, comienza a prepararse para este objetivo y se dedica al estudio de ingl\u00e9s y franc\u00e9s. S\u00f3lo espera un momento propicio para iniciar un periplo cuyo fruto ser\u00eda la formaci\u00f3n de un \u201chombre s\u00f3lido\u201d forjado a trav\u00e9s del contacto directo con diferentes sociedades e informado sobre sus m\u00faltiples expresiones.<a href=\"#_ftn4\" name=\"_ftnref4\">[4]<\/a><\/p>\n<p>El <em>Diario<\/em>, objeto de an\u00e1lisis de este trabajo, no contiene ninguna evocaci\u00f3n o noticia de su tierra natal como tampoco referencias acerca de sus planes de emancipaci\u00f3n, a pesar de que en escritos simult\u00e1neos a sus notas de viaje comience a vislumbrar el proyecto. En el registro de su periplo el autor se ajusta en sentido estricto a detallar lo visto en cada uno de los lugares que atraviesa.<a href=\"#_ftn5\" name=\"_ftnref5\">[5]<\/a> Sin embargo, este texto podr\u00eda considerarse entre aquellos \u201csignificativos para la organizaci\u00f3n de la cultura\u201d (Mignolo, 1981: 57);<a href=\"#_ftn6\" name=\"_ftnref6\">[6]<\/a> el modo de representaci\u00f3n del mundo que traza, cuestiona los cimientos sobre los que se funda el imperio espa\u00f1ol.<\/p>\n<p>El <em>Diario <\/em>tambi\u00e9n tiene una historia. Incluido por su autor en un archivo de pape- les personales, es posible pensar que no lo concibe como libro a publicar sino como conjunto de notas \u00fatiles para recordar todo lo observado durante su itinerario y forjar- se a s\u00ed mismo seg\u00fan el modelo de hombre culto del siglo XVIII, es decir, como viajero conocedor de diferentes sociedades e informado de sus aspectos m\u00e1s relevantes.<a href=\"#_ftn7\" name=\"_ftnref7\">[7]<\/a><\/p>\n<p>Miranda se aplica, desde el inicio de su tr\u00e1mite para ingresar al ej\u00e9rcito, al acopio de papeles; algunos de ellos escritos por \u00e9l y otros pertenecientes a terceros, que recopila por tratarse de documentos de sus actuaciones, cartas que le fueron dirigidas o art\u00edculos sobre temas que despertaron su inter\u00e9s. Este material reunido entre 1771 y 1810 integra un voluminoso archivo de sesenta y tres tomos ordenados personalmente antes de embarcarse rumbo a Am\u00e9rica con el fin de poner en marcha sus planes emancipatorios.<a href=\"#_ftn8\" name=\"_ftnref8\">[8]<\/a> Realizado esto, los unifica bajo el t\u00edtulo de <em>Colombeia<\/em>, denominaci\u00f3n compuesta a partir de una derivaci\u00f3n griega para significar \u201casuntos relativos a Co- lombia\u201d, nombre, este \u00faltimo, con el que pretende designar al conjunto de colonias pr\u00f3ximo a independizarse.<\/p>\n<p>La suerte de este conjunto de textos es tan intrincada como la de su propietario quien, antes de caer prisionero de las fuerzas espa\u00f1olas y de ser trasladado a las c\u00e1rceles de C\u00e1diz donde culminar\u00edan sus d\u00edas, lo remite en 1812 a Curazao a nombre de unos amigos de confianza. La aduana de este pa\u00eds, al juzgarlos de inter\u00e9s, entrega la documentaci\u00f3n al gobernador brit\u00e1nico Hodgson y \u00e9ste la env\u00eda a Londres donde queda en posesi\u00f3n de Lord Bathurst, ministro de Guerra y Colonias de la corona brit\u00e1nica. Hacia 1830, el archivo pasa a la residencia privada del ministro en Cirencester. All\u00ed el historiador William Robertson en 1922 lo descubre luego de estar extraviado casi un siglo. A partir de este hallazgo, el gobierno de Venezuela negocia con Inglaterra la adquisici\u00f3n del manuscrito y, una vez concluido el examen de su contenido, ordena su edici\u00f3n completa.<a href=\"#_ftn9\" name=\"_ftnref9\">[9]<\/a><\/p>\n<p><strong>El <em>Diario <\/em>de Francisco de Miranda y la representaci\u00f3n ilustrada del mundo<\/strong><\/p>\n<p>El an\u00e1lisis del <em>Diario <\/em>expuesto a continuaci\u00f3n adopta la propuesta sugerida por Miguel Alberto Gu\u00e9rin respecto a estudiar los relatos de viaje \u201ccomo constituyentes de un tipo, no s\u00f3lo a partir de su t\u00f3pica o de su ret\u00f3rica (&#8230;) sino con referencia a las actitudes cognoscitivas predominantes en el momento del devenir del sistema sociocultural (&#8230;) en que son producidos\u201d (1992: 4). De acuerdo con este enfoque, se procurar\u00e1 indagar el tipo de relaci\u00f3n epistemol\u00f3gica que Miranda, en tanto viajero- escritor, establece con el mundo que lo rodea y, a su vez, trazar conexiones entre esta forma de aprehender la realidad y las representaciones del mundo, del hombre, del conocimiento y de la verdad surgidas a partir de la Ilustraci\u00f3n.<\/p>\n<p>A fin de definir el modo de conocer de Miranda, me parece interesante plantear como estrategia la comparaci\u00f3n con otro viajero americano, Domingo Faustino Sarmiento, quien realiza un itinerario similar en los a\u00f1os de vigencia del Romanticismo. Considero que el contraste entre ambos enriquece y permite iluminar algunos aspectos de la \u201cactitud cognoscitiva\u201d mirandina que, sin esta diferenciaci\u00f3n, quiz\u00e1s no adquirir\u00edan relieve.<a href=\"#_ftn10\" name=\"_ftnref10\">[10]<\/a> Por otra parte, la posici\u00f3n del viajero argentino para comprender el mundo constituye una vertiente complementaria, que forjada en el siglo XIX, se integra a la Modernidad a partir de un di\u00e1logo cr\u00edtico con las formas de representaci\u00f3n concebidas por el Iluminismo.<\/p>\n<p>Entre las preocupaciones que Sarmiento expone en el \u201cPr\u00f3logo\u201d a sus <em>Viajes <\/em>(1993: 3-7)<a href=\"#_ftn11\" name=\"_ftnref11\">[11]<\/a> \u2013la b\u00fasqueda de originalidad ante la innumerable cantidad de relatos de viajes existentes, la dificultad de escribir sobre el antiguo continente, materia ya conocida, las desventajas de los autores americanos para ser tomados en cuenta por la metr\u00f3poli francesa\u2013 ocupan un lugar importante las consideraciones acerca de su \u201cturbio y m\u00edope\u201d ojo, sin la preparaci\u00f3n adecuada para contemplar el \u201cViejo Mundo\u201d, a causa de su origen americano. Antes de introducirse en el asunto de su libro, comienza por problematizar su capacidad para conocer y admite sus condicionamientos.<\/p>\n<p><em>Si esto ocurre de ordinario, mayor se hace todav\u00eda la dificultad de escribir viajes, si el viajero sale de las sociedades m\u00e9nos adelantadas, para darse cuenta de otras que lo son mas. Ent\u00f3nces se siente la incapacidad de observar, por <\/em><em>falta de necesaria preparacion de esp\u00edritu, que deja turbio i m\u00edope el ojo, a causa de lo dilatado de las vistas, i la multiplicidad de los objetos que en ellas se encierran. (&#8230;) Nuestra percepci\u00f3n est\u00e1 aun embotada, mal despejado el juicio, rudo el sentimiento de lo bello, e incompletas nuestras nociones sobre la historia, la pol\u00edtica, la filosof\u00eda i las bellas letras de aquellos pueblos (&#8230;) (4).<\/em><\/p>\n<p>A diferencia de Sarmiento y de tantos otros viajeros, Miranda no cuestiona sus posibilidades de acceder al conocimiento. Es llamativa la omisi\u00f3n en su extenso <em>Dia<\/em><em>rio <\/em>de este tipo de reflexiones, frecuentes en los relatos de viajes, acerca de la conciencia de ciertas limitaciones para definir lo desconocido. Por el contrario, su descripci\u00f3n de lo visto no presenta vacilaciones, es categ\u00f3rica, autosuficiente y no reconoce obst\u00e1culos para dar cuenta de las cosas.<\/p>\n<p>La primera impresi\u00f3n que producen sus notas de viaje es la de una heterogeneidad dif\u00edcil de sistematizar por la gran variedad de datos correspondientes a diferentes tipos de objetos. El viajero describe gabinetes de historia natural, cultivos, manufacturas, fortificaciones militares, prisiones, iglesias, pinturas, ruinas, leyes y costumbres y siempre se desenvuelve con precisi\u00f3n. Su capacidad cognoscitiva se muestra intacta, sin fisuras. En todos los casos, act\u00faa una mirada omnipotente que explica la realidad hasta en sus m\u00e1s \u00ednfimos detalles.<\/p>\n<p>Su registro pasa de un objeto a otro y, por ello, la lectura del <em>Diario <\/em>deja la impre- si\u00f3n de un texto disperso. No obstante, esta disgregaci\u00f3n es s\u00f3lo aparente, pues todas las direcciones emprendidas se sustentan en un mismo n\u00facleo. Expandir y acrecentar los conocimientos sobre el mundo en la pluralidad de sus expresiones es el acto visi- ble, tras el cual subyace como punto de unificaci\u00f3n la actividad de la \u201craz\u00f3n\u201d tal como se la concibe en el siglo XVIII. De un modo similar a este comportamiento mirandino caracteriza Ernst Cassirer, en su ya cl\u00e1sico estudio, el principio rector que, bajo la idea de progreso espiritual y acumulaci\u00f3n de conocimientos, rige la filosof\u00eda de la Ilustra- ci\u00f3n:<\/p>\n<p><em>Se<\/em> <em>busca<\/em> <em>la<\/em> <em>multiplicidad<\/em> <em>para con ella y a trav\u00e9s de ella tomar conciencia de esta unidad; se entrega uno a la amplitud del saber (&#8230;) con la segura previsi\u00f3n de que ni debilita ni disuelve al esp\u00edritu, sino, por el contrario, lo regresa hacia s\u00ed mismo y en s\u00ed mismo lo \u201cconcentra\u201d. Pues constantemente se pone de manifiesto que las diversas direcciones que el esp\u00edritu tiene que emprender, si pretende descifrar la totalidad de la realidad y formarse la imagen correspondiente, s\u00f3lo en apariencia divergen. Estas direcciones, consideradas objetiva- mente, aparecen divergentes, pero las diferentes energ\u00edas del esp\u00edritu se adensan en su centro de fuerza com\u00fan. La multiplicidad y variedad de los \u00e1mbitos en que se mueve significan tan s\u00f3lo el despliegue y el desarrollo completo de una fuerza por esencia homog\u00e9nea y unitariamente informadora. Cuando el siglo XVIII quiere designar esta fuerza, cuando pretende condensar su esencia en una sola palabra, apela al sustantivo raz\u00f3n. La raz\u00f3n se convierte en un punto unitario y central. (Cassirer, 1997: 19-20).<\/em><\/p>\n<p>La pluralidad de fen\u00f3menos del mundo presentes en el <em>Diario <\/em>converge en este gesto de conocer que en \u00e9l se despliega. En lugar de focalizar las m\u00faltiples cosas sin articulaci\u00f3n entre s\u00ed recogidas por Miranda, resulta m\u00e1s productivo interrogarse entonces por la forma en que el autor opera para apropiarse de ellas.<\/p>\n<p>En sus extensas descripciones, el viajero prosigue un m\u00e9todo que se rige por la observaci\u00f3n directa. Conf\u00eda a su ojo el apresamiento de las particularidades de los diferentes objetos que enfoca. Se trata de conocer a partir de la experiencia sensible y luego procesar lo visto en su <em>Diario<\/em>. Tomar contacto con los fen\u00f3menos y escribir con inmediatez acerca de ellos, para evitar los riesgos de la evocaci\u00f3n, es su comporta- miento habitual.<\/p>\n<p>Esta direcci\u00f3n que el viajero emprende en la b\u00fasqueda del conocimiento presenta puntos de contacto con el m\u00e9todo que prosigue el pensamiento iluminista, inspirado a su vez en las ciencias naturales. Los principios gnoseol\u00f3gicos que sustentan el modelo cient\u00edfico y hacen posible su portentoso avance en el dominio de la naturaleza se basan en \u201cuna nueva alianza entre lo positivo y lo racional\u201d (Cassirer, 1997: 23). El saber se construye a partir del contacto directo con los hechos. La observaci\u00f3n permite descubrir las leyes que los gobiernan. Esto presupone cierta regularidad en lo real y una conciencia capaz de desentra\u00f1ar su l\u00f3gica.<\/p>\n<p><em>El esp\u00edritu tiene que abandonarse a la plenitud de los fen\u00f3menos y regularse incesantemente por ellos (&#8230;) y lejos de perderse en aquella plenitud, encon<\/em><em>trar en ella su propia verdad y medida. De este modo se alcanza la aut\u00e9ntica correlaci\u00f3n de \u201csujeto\u201d y \u201cobjeto\u201d, de \u201cverdad\u201d y de \u201crealidad\u201d y se estable- ce entre ellos la forma de adecuaci\u00f3n, de correspondencia que es condici\u00f3n de todo conocimiento cient\u00edfico. (Cassirer, 1997: 23).<\/em><\/p>\n<p>Miranda, impregnado por esta raz\u00f3n cient\u00edfica, privilegia los aportes adquiridos a trav\u00e9s de la experiencia sensible. Todos los objetos deben caer bajo su examen visual. Ver y conocer son dos actos indisociables para el viajero quien, en una oportunidad y ante la negativa de su ocasional compa\u00f1ero de viaje a descender en las excavaciones mineras expresa: \u201cy sin embargo pretende saverlo todo\u201d (Miranda: III, 17). Lo emp\u00ed- rico constituye una instancia decisiva, el punto de partida obligado al extremo de exponerse a distintos riesgos f\u00edsicos para lograr observar.<\/p>\n<p><em>&#8230;fuimos \u00e1 la boca de la mina que es mui ancha y profundissima\u2014 no me querian bajar, y mi compa\u00f1ero se oponia hasta amenazarme con que se hiria, &amp;c mas al fin contra todos fui a baxo solo acompa\u00f1ado de un minero. (III: 12).<a href=\"#_ftn12\" name=\"_ftnref12\">[12]<\/a><\/em><\/p>\n<p>Esta raz\u00f3n cient\u00edfica que configura el ojo mirandino se advierte tambi\u00e9n en sus descripciones saturadas de datos geom\u00e9tricos y num\u00e9ricos. Influido por el esp\u00edritu matem\u00e1tico, su representaci\u00f3n de lo f\u00e1ctico recurre constantemente a cifras: \u201cPoblacion 50.000 personas\u2014 34 combentos de monjas y frailes\u201d (II: 30), \u201cLa Biblioteca que es dadiva pralmte de Benedicto 14. contiene segun me inform\u00f3 el Custo de 122.000 volumenes, y no est\u00e1 mal ordenada\u201d (II: 37), \u201cse monta sobre la cupola por una escala triangular muy ingeniosa de 190 escalones. \u201d (II: 61). Las cuantificaciones permanentes dan por resultado notas estereotipadas a la vez que son precisiones \u00fatiles en su af\u00e1n por especificar hasta el menor detalle todo lo visto. La raz\u00f3n anal\u00edtica, que des- compone los fen\u00f3menos en cada una de sus partes, se advierte en la forma de inventa- rio caracter\u00edstica de sus apuntes. En un caso, detalla objeto tras objeto existente en una habitaci\u00f3n. Las enumeraciones constituyen su modo de absorber lo real.<\/p>\n<p><em>Fui \u00e1 v\u00e9r el <\/em><em>Gavinete <\/em><em>de <\/em><em>Historia-natur\u00e1l <\/em><em>del Principe, que realmente es uno <\/em><em>de los mejores de toda la Europa<\/em> <em>est\u00e1 dispuesta en 5 <\/em><em>Salas <\/em><em>mas bien peque- <\/em><em>\u00f1as; mas con buen orn<\/em> <em>not\u00e9 al entr\u00e1r varias obras de marfil, q<\/em><em>e <\/em><em>perfectamente representan <\/em><em>casas, y Pabillones chinescos <\/em><em>con suma perfeccion sin duda&#8211; <\/em><em>&#8211; sus embarcaciones &amp;c<\/em><\/p>\n<p><em>Luego se v\u00e9 una Colecci\u00f3n de <\/em><em>mariposas- \u00e9 insectos <\/em><em>la mas completa acaso que existe&#8212; y bellissima \u00e1 la verdad<\/em><em>\u00a0 <\/em><em>en la 2<\/em><em>\u00aa <\/em><em>Sala una <\/em><em>Coleccion hermosissima de Plantas <\/em><em>marinas <\/em><em>y<\/em> <em>Grandissimo<\/em> <em>Hipopothamo <\/em><em>del<\/em> <em>Cabo de buena esperanza muy bien conservado (el maior que he visto) y un otro peque\u00f1o del Nilo&#8212; balgame Dios que inmensa mole<\/em> <em>tambien<\/em> <em>un <\/em><em>Topacio <\/em><em>el maior que se Conose, pesa 12. <\/em><em>Libras<\/em><em>, y vino de <\/em><em>Ceilan<\/em><em>&#8230;. (. ), y el mej\u00f3r <\/em><em>fuerte amarillo <\/em><em>que quiera verse<\/em> <em>Quadrupedos, y Aves, minerales, (&#8230;) bien conservados, y ordenado; (&#8230;)<\/em> <em>un<\/em> <em>Sagitarius<\/em> <em>que llaman, del Cabo de buena esperanza, es <\/em><em>hermosa, y baliente ave<\/em><em>\u2014 tamb<\/em><em>n <\/em><em>una bella aguila de La <\/em><em>Suissa<\/em><em>\u2014y un <\/em><em>Casoway <\/em><em>hermoso &#8212; y un <\/em><em>Nido <\/em><em>de pajaro construido con suma sagacidad. (III: 297-298).<\/em><\/p>\n<p>Estas \u201cactitudes cognoscitivas\u201d indicadas con respecto al <em>Diario<\/em> presentan puntos de contacto con las exhibidas en los relatos de viajes cient\u00edficos, forma predominante que este tipo discursivo adopta durante el siglo XVIII. Como ha se\u00f1alado Mary Louise Pratt, sus actores son viajeros instruidos en la historia natural que se lanzan a clasificar la vegetaci\u00f3n por diferentes regiones del mundo. La descripci\u00f3n se realiza con el lenguaje taxon\u00f3mico de esta disciplina que produce un efecto ordenador sobre las diferentes variedades de plantas (Pratt, 1997: 96). Focalizados en un objeto puntual como es el caso de la naturaleza y con una formaci\u00f3n disciplinaria espec\u00edfica, tales viajeros manifiestan con mayor intensidad que Miranda las caracter\u00edsticas de esta racionalidad cient\u00edfica, agudizada por la pertenencia a la historia natural.<\/p>\n<p>Nicol\u00e1s Casullo elabora para cada etapa hist\u00f3rica, diferentes \u201cescenas imaginarias\u201d que le permiten desentra\u00f1ar los aspectos esenciales de la configuraci\u00f3n de una cultura en el tiempo. Estas im\u00e1genes pict\u00f3rico-teatrales representan el sustento invisible que explica una determinada \u00e9poca, y de ellas se desprenden numerosas escenas reales de la historia. La imagen que el autor compone para definir la Modernidad es la de \u201cun sujeto frente a un objeto\u201d.<\/p>\n<p>Esa escena no s\u00f3lo instituye el m\u00e9todo racional, cient\u00edfico, claro para asumir al objeto, sino que tambi\u00e9n instituye la representaci\u00f3n del sujeto. No solamente estructura al objeto para entenderlo, sino que b\u00e1sicamente conforma a ese sujeto que est\u00e1 tratando de dar cuenta del objeto. Este sujeto es el yo racional, ese sujeto es la conciencia filos\u00f3fica-cient\u00edfica tratando de dar cuenta a trav\u00e9s de conceptos de lo que debe ser el mundo. (Casullo, 1996a: 226).<\/p>\n<p>Los primeros trazos de esta escena invisible emergen en el humanismo renacentista y aparecen ya con nitidez en el siglo XVIII. El viaje de Miranda materializa aquella trama escondida a trav\u00e9s de la cual Casullo reflexiona acerca de la Modernidad y de la Ilustraci\u00f3n. Subyace en el <em>Diario <\/em>un concepto de verdad como producto del acto de conocer llevado a cabo por un sujeto capaz de tomar contacto con los fen\u00f3menos y explicarlos por medio de la raz\u00f3n.<\/p>\n<p>Progresivamente desde el Renacimiento, se accede a trav\u00e9s del m\u00e9todo cient\u00edfico al dominio de la naturaleza y esto da lugar a que se instituya un modelo de verdad basado en un tipo de raz\u00f3n ligada a lo emp\u00edrico. Con la Ilustraci\u00f3n pierden validez las verdades acerca del mundo provenientes de la revelaci\u00f3n divina, a partir de la constataci\u00f3n de que los dogmas de la cosmovisi\u00f3n religiosa son un obst\u00e1culo para el conocimiento objetivo de la realidad. En este sentido, la \u201cescena moderna\u201d \u2013en la que un sujeto da cuenta de los objetos\u2013 se origina en una ruptura cr\u00edtica respecto de aquellas ideas ordenadoras del mundo fundadas en la palabra de Dios, figura central de las escenas del pasado.<\/p>\n<p>Esta racionalidad cient\u00edfica se complementa con la cr\u00edtica, otra dimensi\u00f3n de esas \u201cactitudes cognoscitivas\u201d imperantes en el Iluminismo. Ambas constituyen dos instancias indisociables de la Modernidad entendida como \u201cproceso de nueva comprensi\u00f3n de lo real, del sujeto y las cosas\u201d (Casullo, 1996b: 11) que marca el ocaso de la cosmovisi\u00f3n teoc\u00e9ntrica, de prolongada tradici\u00f3n en la historia occidental.<\/p>\n<p><em>El pensamiento ilustrado (&#8230;) implica,<\/em> <em>la emancipaci\u00f3n de cualquier tute- <\/em><em>la, la lucha directa \u2013como dir\u00eda Voltaire\u2013 contra la religi\u00f3n como tutela y como figura de la esclavitud de la conciencia. El pensamiento ilustrado implica un amanecer de una conciencia libre, la idea de que el hombre, la sociedad, la naturaleza, son territorios abiertos (&#8230;). (Forster, 1996: 256).<\/em><\/p>\n<p>Posicionado en las ant\u00edpodas de la interpretaci\u00f3n religiosa del mundo, Miranda reemplaza las revelaciones b\u00edblicas por conocimientos emp\u00edricos. Bajo su mirada desacralizante, el Papa es un hombre com\u00fan, el ritual eucar\u00edstico aparece vaciado del misterio de la transubstanciaci\u00f3n y las reliquias se igualan a los amuletos. Su perspectiva racionalizadora da cuenta de este proceso de desencantamiento del mundo que se opera a partir de la cr\u00edtica.<\/p>\n<p><em>&#8230;En un buelo paseamos de aqu\u00ed al Vaticano en Coche, para goz\u00e1r de la funcion que oi avia en la <\/em><em>Capella Sistina <\/em><em>con motivo de ten\u00e9r su Santidad Capella; esto es asistir pontificalm<\/em><em>te <\/em><em>\u00e1 la misa (&#8230;) en fin llegamos a tiempo a v\u00e9r toda la funcion, que realm<\/em><em>te <\/em><em>es digna de la Consideracion de un hombre que piensa: que fausto, que absurdidades!&#8230; como es posible que los Pueblos haian prestado veneracion, y creencia, \u00e1 unas ridiculeces semejantes!&#8230;.(&#8230;) quando su Santidad oficia en la misa le traen <\/em><em>la Ostia <\/em><em>\u00e1 su silla p<\/em><em>a <\/em><em>q<\/em><em>e <\/em><em>alli con todo <\/em><em>descanso la Consuma; y asi mismo el <\/em><em>sanguis <\/em><em>que lo bebe p<\/em><em>r <\/em><em>un <\/em><em>tubo de oro, <\/em><em>como las Lime\u00f1as el mate.&#8211; finalm<\/em><em>te <\/em><em>concluio toda la funsion despues de las <\/em><em>doce; y io me bax\u00e9 \u00e1 S. <\/em><em>Pietro <\/em><em>p<\/em><em>a <\/em><em>v\u00e9r a su Santidad mas de serca, y en vestido familiar. (II: 84).<a href=\"#_ftn13\" name=\"_ftnref13\"><strong>[13]<\/strong><\/a><\/em><\/p>\n<p>Desde su concepci\u00f3n racional, las creencias y pr\u00e1cticas religiosas son absurdas supersticiones. El modo en que el pueblo profesa su fe le parece ritos vac\u00edos y por ello, protesta con indignaci\u00f3n a causa del ciego cumplimiento de las obligaciones del culto. Roger Chartier se\u00f1ala que, a lo largo del siglo XVIII, se conform\u00f3 una \u201creligi\u00f3n de lo estable\u201d constituida a trav\u00e9s de pr\u00e1cticas obligatorias y un\u00e1nimes que la Reforma impuso hasta impregnar la vida cotidiana de los fieles (1995: 108). Las conductas peri\u00f3dicas que se exigen son la asistencia a la misa dominical y el cumplimiento de los deberes pascuales. Muchas an\u00e9cdotas narradas en el <em>Diario <\/em>recogen testimonios de esta situaci\u00f3n. A diferencia del esmero con que los posaderos observan los rituales de la Cuaresma y Semana Santa, Miranda no respeta ning\u00fan precepto. Librado de dogmas y compromisos eclesi\u00e1sticos, su propia conciencia decide sobre sus actos.<\/p>\n<p>&#8230;&#8230;puseme \u00e1 le\u00e9r aqu\u00ed mi Virgilio con el mas dulce y sabroso gusto y quando vino la sopa observ\u00e9 que era de Viernes sobre lo qual dixe al huesped que pr. que no me dava Carne y me dixo que en dia de <em>vigilia <\/em>no podia sin comet\u00e9r un pecado mort\u00e1l. le dixe que le importava lo que un herege hacia- y me respondia fanaticamte. que la <em>Ley divina<\/em>, y humana se lo prohivian igual- mente &amp;c&#8230;.. en fin la aparicion de mui buenas <em>truchas <\/em>&amp;c. me retornaron del enfado que este bestia me dio, y al fin encontr\u00e9 que me sirvio una comida excelente por precios razonables.- (III: 424).<a href=\"#_ftn14\" name=\"_ftnref14\">[14]<\/a><\/p>\n<p>En materia de cultos, Miranda profesa como ideal la tolerancia religiosa, aprecia- da en Estados Unidos y en Florencia. Sostiene que la libertad de credos trae efectos beneficiosos en la sociedad ya que posibilita la expansi\u00f3n econ\u00f3mica, el avance cien- t\u00edfico-t\u00e9cnico y el florecimiento de las artes. Por otra parte, la coexistencia de diferentes creencias dentro de una naci\u00f3n es, a sus ojos, signo de respeto hacia los derechos del individuo.<\/p>\n<p><em>(&#8230;) esta es la Ciudad de toda la Ytalia que puede verdaderam<\/em><em>te <\/em><em>sobre llev\u00e1r el nombre de comerciante; y proporcionalm<\/em><em>te <\/em><em>es mas rica que ninguna otra; la <\/em><em>tolerancia <\/em><em>religiosa acordada por los Medicis en tiempo q<\/em><em>e <\/em><em>ninguna parte de la <\/em><em>Ytalia la Conosia, es el origen de esta opulencia, y felicidad Publica! (&#8230;) El Pueblo est\u00e1 mui bien vestido, y no se v\u00e9 un olgazan por las calles. (II: 51).<\/em><\/p>\n<p>Por el contrario, advierte que la presencia de una religi\u00f3n oficial, y en particular la ortodoxia cat\u00f3lica, constituye un obst\u00e1culo para el desarrollo de los estados que adhieren a este credo. El viajero descubre una regularidad: el atraso en las diversas manifestaciones de una sociedad se corresponde con la pertenencia a esta religi\u00f3n y se interroga \u201c(&#8230;) no puede de aqui pues concluirse que en el catholicismo, hai cierta cosa que se opone \u00e1 la prosperidad publica?\u201d (III: 390).<\/p>\n<p>La cr\u00edtica enfrenta tambi\u00e9n los fundamentos de la legitimidad de la monarqu\u00eda absoluta. La actitud de enjuiciar al rey se inscribe en la crisis vigente en la \u00e9poca de las representaciones tradicionales del soberano que pasa de ser concebido como institu- ci\u00f3n divina a basar su autoridad en un contrato con sus s\u00fabditos.<\/p>\n<p>El viajero repudia testimonios de idolatr\u00eda hacia pr\u00edncipes y monarcas. Desde su visi\u00f3n cuestionadora, rechaza las reverencias, a\u00fan vigentes en la pr\u00e1ctica popular, que enaltecen la figura del rey como objeto de adoraci\u00f3n.<\/p>\n<p><em>Vi aqu\u00ed una accion caracteristica del Espiritu actual de la nacion Llego un oficial en uniforme \u00e1 habl\u00e1r al P<\/em><em>e <\/em><em>sobre asunto del servicio en no s\u00e9 que variacion con otro; y antes de hablar se hecha p<\/em><em>r <\/em><em>tierra \u00e1 quererle bes\u00e1r los pies, que el rehus\u00f3 con rub\u00f3r p<\/em><em>r <\/em><em>est\u00e1r io presente, haciendo el modo de repren- <\/em><em>derle por ello\u00a0 \u00a0explic\u00f3 su asunto, y el P<\/em><em>e <\/em><em>le acord\u00f3 lo que pedia, con lo qual se hecha por tierra aun, y besa <\/em><em>pies, piernas <\/em><em>y quanto pudo agarrar que Diablo de republicanismo, ni Libertad este\u00a0 \u00a0tambien not\u00e9 que unas pobres mugeres que estavan al paso del Rey quando salimos \u00e1 Caballo se hecharon p<\/em><em>r<\/em><em>\u00a0<\/em><em>tierra con la cara en el suelo y manos en la Cabeza quando pasava.<\/em> <em>Fuera <\/em><em>fuera la Libertad quando estas acciones se toleran sin rub\u00f3r. (II: 288).<\/em><\/p>\n<p>La descripci\u00f3n que Miranda realiza en su <em>Diario <\/em>del rey de Dinamarca, Cristi\u00e1n VII, remite a los elementos caracter\u00edsticos de las monarqu\u00edas absolutas del siglo XVIII. El prototipo del monarca de la \u00e9poca es el de un d\u00e9spota rodeado de lujo e indiferente a la situaci\u00f3n de sus s\u00fabditos, a quienes mantiene en la ignorancia para asegurar su sumisi\u00f3n. Recluido en su palacio tiende a delegar su poder en ministros y se abandona a una vida distendida junto a su corte (Im Hof, 1993: 159).<\/p>\n<p>Durante su estad\u00eda en ese pa\u00eds, el viajero se informa, por medio de la lectura, acerca de las crueldades perpetradas por el gobierno desp\u00f3tico de este soberano. La tr\u00e1gica historia del conde Johan Friedrich de Struensee y de la reina Matilde es un testimonio del escaso inter\u00e9s del rey por introducir mejoras en sus dominios y del fracaso de la aplicaci\u00f3n de un programa ilustrado en el marco de un gobierno tir\u00e1nico.<a href=\"#_ftn15\" name=\"_ftnref15\">[15]<\/a> La ejecuci\u00f3n de este ministro es un signo de la indiferencia del monarca hacia el bienestar de la sociedad. Un siglo antes, el despotismo dinamarqu\u00e9s, representado por Cristi\u00e1n IV, hab\u00eda quitado todo apoyo al astr\u00f3nomo Tycho Brahe a causa de motivos triviales. Estas historias despiertan preocupaciones en Miranda que reflexiona sobre el destino de los hombres sabios en un gobierno absolutista \u201c(. ) no he podido dormir en toda la noche (. ) maldita sea el <em>Despotismo <\/em>una y mil veces!!!\u201d (III: 108).<\/p>\n<p>La actitud profana con que retrata en su <em>Diario <\/em>al rey de Dinamarca indica el quiebre de las representaciones sacralizantes. Su caracterizaci\u00f3n sigue el motivo del monarca insano; su cuerpo, como tambi\u00e9n el de los pr\u00edncipes de la familia real, es deforme y evidencia trastornos mentales. Los rumores dicen que en las fiestas de palacio el rey incurre en depravaciones, acosa a las damas, \u201cles aprieta la mano, y alguna v\u00e9z les dice cosas lividinosas\u201d (III: 116).<\/p>\n<p><em>(.<\/em> <em>) mas lo que llam\u00f3 mi atencion, y me tuvo ocupado todo el tiempo fue la <\/em><em>familia R<\/em><em>l <\/em><em>que estava all\u00ed<\/em> <em>el <\/em><em>Rey <\/em><em>en uniforme de Guard<\/em><em>s<\/em><em>, y asi mismo el <\/em><em>Principe <\/em><em>R<\/em><em>l<\/em><em>, y el <\/em><em>Principe Federico, <\/em><em>y la <\/em><em>Princesa Real de Augus<\/em><em>a<\/em><em>, <\/em><em>hermana del <\/em><em>principe<\/em> <em>R<\/em><em>l<\/em><em>, que es mui graciosa muchacha<\/em> <em>el Rey parese sumam<\/em><em>te <\/em><em>mozo y mas bien, el hermano que el Padre de sus hijos. mas que espectaculo triste <\/em><em>al verle haciendo muecas constantem<\/em><em>te<\/em><em>; y movimientos con los ojos, que indi- <\/em><em>can plenamente no estar en su juicio<\/em> <em>al fin de cada acto se levanta y pasea para aqui y para alli<\/em><em>\u00a0\u00a0\u00a0 <\/em><em>mira \u00e1 los circunstantes les habla algo, y no le hacen caso&#8212; quando continua la pieza se sienta otra vez &amp;c.<\/em> <em>o que reflexion para <\/em><em>una<\/em> <em>Nacion,<\/em> <em>cuia<\/em> <em>cabeza<\/em> <em>est\u00e1<\/em> <em>en este estado<\/em> <em>y para que el que considera que <\/em><em>con sus orns. se condujo todo el negocio y procedimientos de la <\/em><em>Reyna M.<\/em><em>, Strunse &amp;c! (III: 106).<\/em><\/p>\n<p>Chartier reconstruye el proceso, no lineal sino discontinuo, a trav\u00e9s del cual se deteriora la representaci\u00f3n del monarca en la mentalidad de los s\u00fabditos. Un momen- to importante tiene lugar cuando \u201cse piensa en el rey como una persona privada cuyo cuerpo f\u00edsico, sufriente o glorioso ha perdido todo valor simb\u00f3lico\u201d (Chartier, 1995: 135). Esta posici\u00f3n irreverente con la que Miranda describe al rey constituye un resquebrajamiento de los fundamentos del Absolutismo, expresados en la frase de Luis XIV \u201cel estado soy yo\u201d, plena identificaci\u00f3n entre el cuerpo real y el cuerpo pol\u00edtico. Al resaltar los defectos f\u00edsicos del monarca, el viajero se concentra en su dimensi\u00f3n humana y desestima la investidura pol\u00edtica.<\/p>\n<p>A diferencia del aborrecimiento que Miranda expresa hacia el gobierno desp\u00f3tico del rey de Dinamarca, la incipiente rep\u00fablica en los Estados Unidos y el reinado de Catalina II de Rusia despiertan su admiraci\u00f3n. El estilo de administraci\u00f3n de esta emperatriz se inscribe dentro de un programa ilustrado cuyo objetivo es extender la educaci\u00f3n y mejorar las condiciones en que se encuentran hospitales y c\u00e1rceles. Esta soberana ejerce un mandato personal, sin delegar en ministros la conducci\u00f3n del rei- no.<\/p>\n<p><em>(&#8230;) y fuimos al hospit\u00e1l de la Ciudad llamado Catherina, (. ) visitamos prim<strong>\u00ba<\/strong>. el apartamento en que est\u00e1n los Locos, hombres en un rango, y mugeres en el otro (. ) las enfermedades predominantes son escorbuto \u2013y la asistencia es p<\/em><em>r<\/em><em>. mugeres, que veo es incomparablem<\/em><em>te<\/em><em>. mej\u00f3r que p<\/em><strong><em>r<\/em><\/strong><em>. hombres, y no resultan los desordenes que se creia (. ) \u00e9sta es una de las mejores instituciones de su especie q<\/em><em>e<\/em><em>. pueden verse en el mundo; que caracteriza en parte la humanidad y sabid<\/em><em>a<\/em><em>. de la emperatriz (.<\/em> <em>) y luego venimos \u00e1 la <\/em><em>Bastille <\/em><em>prisi\u00f3n nueva que la Emperat: ha hecho construir (.<\/em> <em>) para seguridad y comodidad de <\/em><em>los presos<\/em> <em>y no hai duda que esta hecha con inteligencia y magnifisencia. (II: 422-423).<\/em><\/p>\n<p>Al tratar de asuntos pol\u00edticos, Miranda toma como indicador objetivo el bienestar y progreso observable en la sociedad. Con esta evidencia y sin reconocer autoridades dadas a priori, eval\u00faa los gobiernos y ejerce la cr\u00edtica, libre de concepciones que limiten su libertad.<\/p>\n<p>A partir de lo expuesto, puede afirmarse que el modo de aprehender la realidad desplegado por Miranda a trav\u00e9s de su <em>Diario <\/em>se funda en la credibilidad otorgada a la experiencia sensible y a la raz\u00f3n como v\u00edas de acceso a la verdad. Esta operaci\u00f3n implica, a su vez, el despojamiento y cr\u00edtica de todo supuesto de car\u00e1cter metaf\u00edsico. As\u00ed, la cosmovisi\u00f3n religiosa pierde vigencia como forma de explicaci\u00f3n del mundo y deja lugar a los saberes construidos por el hombre. El sujeto que subyace a este nuevo orden de verdad posee la facultad de capturar las cosas en t\u00e9rminos cient\u00edfico-objetivos, libre de los dogmas religiosos que somet\u00edan su conciencia y le imped\u00edan conocer por s\u00ed mismo. La descalificaci\u00f3n constante que el viajero ejercita contra las concepciones tradicionales en materia pol\u00edtica y religiosa se inscriben plenamente en la representaci\u00f3n ilustrada del mundo.<\/p>\n<p>Teniendo en cuenta este irrefrenable movimiento impugnador propio de la Modernidad, resulta interesante dar lugar a esa comparaci\u00f3n entre las \u201cactitudes cognoscitivas\u201d de Miranda y Sarmiento, antes mencionada.<\/p>\n<p>El Romanticismo significa el primer embate cr\u00edtico a esta construcci\u00f3n del \u201cyo\u201d racional al que cuestiona por su car\u00e1cter artificial. Esa escena primera ha desterrado las \u201cenfermedades del alma\u201d constitutivas del hombre: lo irracional, lo po\u00e9tico, el miedo, la locura. Al calificar de \u201cturbio i m\u00edope\u201d su ojo, Sarmiento asume, en un primer momento, las desventajas de su condici\u00f3n perif\u00e9rica, para luego convertir esta mirada en la originalidad que le permite diferenciarse y estar a la altura de la pluma de Chateaubriand, Dumas y Lamartine e inscribirse con legitimidad en la instituci\u00f3n literaria.<\/p>\n<p>Poner en di\u00e1logo a ambos viajeros implica reconstruir las reformulaciones de esa escena matriz de la Modernidad. El Romanticismo no impugna, ni sustrae ninguno de los elementos de esta imagen compuesta por \u201cun sujeto y un objeto\u201d sino que, a trav\u00e9s de la cr\u00edtica, restituye a ese sujeto atributos humanos reprimidos por el m\u00e9todo cien- t\u00edfico racional.<\/p>\n<p><em>El pensamiento rom\u00e1ntico (&#8230;) es aquel pensamiento que si bien celebra la libertad, esa nueva autonom\u00eda del hombre, de pensar por s\u00ed mismo, ejercer\u00e1 <\/em><em>(&#8230;) una cr\u00edtica profunda a los sue\u00f1os totalitarios de la raz\u00f3n cient\u00edfica y trabajar\u00e1 en ideas de sentimiento, de patria, de amor, de nacionalidad (&#8230;). En este pensamiento rom\u00e1ntico aparece claramente una figura que debate con el cient\u00edfico de la raz\u00f3n t\u00e9cnica: es el poeta. (Casullo, 1996b: 16).<\/em><\/p>\n<p>A la inversa del comportamiento cognoscitivo de Miranda donde se conjuga \u201clo positivo y lo racional\u201d, Sarmiento reconoce, con una franqueza que escandalizar\u00eda a aqu\u00e9l que \u201cno es estra\u00f1o que a la descripcion de las escenas de que fu\u00ed testigo se mezclase con harta frecuencia lo que no v\u00ed, porque existia en m\u00ed mismo, por la manera de percibir\u201d (1993: 6). En efecto, por citar un ejemplo, su descripci\u00f3n del espect\u00e1culo de tauromaquia, al que asiste durante su estad\u00eda en Madrid, trasciende esta pr\u00e1ctica para transportarse, a trav\u00e9s de una serie de asociaciones basadas en el concepto de barbarie, a los cr\u00edmenes cometidos por el gobierno de Rosas.<\/p>\n<p>En su modo de observar y conocer, el viajero rom\u00e1ntico concede pleno derecho a los particularismos que lo constituyen. Por el contrario, Miranda procura representar la cosa en s\u00ed, despojada de huellas subjetivas y envuelta en datos num\u00e9ricos. Los condicionamientos culturales no son considerados por el ilustrado como un filtro en su aprehensi\u00f3n del mundo. Esta concepci\u00f3n puede explicarse a partir del sentido de la palabra raz\u00f3n para el Iluminismo a la que se le atribuye un car\u00e1cter universal:<\/p>\n<p><em>El siglo XVIII est\u00e1 saturado de la creencia en la unidad e invariabilidad de la raz\u00f3n. Es la misma para todos los sujetos pensantes, para todas las nacio<\/em><em>nes, para todas las \u00e9pocas, para todas las culturas. (Cassirer, 1997: 20).<\/em><\/p>\n<p><strong>Conclusi\u00f3n<\/strong><\/p>\n<p>En su relato de viaje, Miranda se presenta como un sujeto cognoscente, capaz de alcanzar saberes acerca de los variados objetos que observa. Esta faceta constituye una caracter\u00edstica fundamental para definirlo dentro de las representaciones del sujeto forjadas por la concepci\u00f3n iluminista. Es un hombre que se enfrenta al mundo sin la mediaci\u00f3n de las interpretaciones religiosas y postula, a partir de la raz\u00f3n, nuevos significados para explicarlo. La cr\u00edtica a los dogmas religiosos y pol\u00edticos abre paso a la posibilidad de elaboraci\u00f3n de saberes aut\u00f3nomos para comprender la realidad.<\/p>\n<p>Esta faceta de Miranda que se descubre en el <em>Diario <\/em>enriquece, a partir del aporte de nuevos elementos, su imagen como precursor de la independencia. Su viaje puede ser interpretado como el particular itinerario intelectual de uno de los miembros de la ciudad letrada caraque\u00f1a de la segunda mitad del siglo XVIII, donde empiezan a esbozarse esas representaciones modernas ilustradas que m\u00e1s tarde estar\u00edan dirigidas a cuestionar los fundamentos del imperio espa\u00f1ol.<\/p>\n<p><strong>Bibliograf\u00eda<\/strong><\/p>\n<p><em>Archivo<\/em> <em>del<\/em> <em>General<\/em> <em>Miranda <\/em>(1929-1930). I-IV. Edici\u00f3n al cuidado de Vicente D\u00e1vila. Caracas: Sur-Am\u00e9rica.<\/p>\n<p>Cassirer, Ernst (1997): <em>La filosof\u00eda de la Ilustraci\u00f3n. <\/em>3\u00aa ed. M\u00e9xico: Fondo de Cultura Econ\u00f3mica.<\/p>\n<p>Casullo, Nicol\u00e1s (1996a): \u201cHistoria, tiempo y sujeto: antiguas y nuevas im\u00e1genes\u201d. <em>Itinerarios de la modernidad. Corrientes del pensamiento y tradiciones intelectuales desde <\/em><em>la Ilustraci\u00f3n hasta la posmodernidad<\/em>. N. Casullo, Ricardo Forster y Alejandro Kaufman. Buenos Aires: Oficina de publicaciones del CBC, pp. 215-240.<\/p>\n<p>&#8212;&#8212;&#8212;- (1996b): \u201cLa modernidad como autorreflexi\u00f3n\u201d. <em>Itinerarios de la modernidad. Corrientes del pensamiento y tradiciones intelectuales desde la Ilustraci\u00f3n hasta la <\/em><em>posmodernidad<\/em>. N. Casullo, Ricardo Forster y Alejandro Kaufman. Buenos Aires: Oficina de publicaciones del CBC, pp. 9-22.<\/p>\n<p>Chartier, Roger (1995): <em>Espacio p\u00fablico, cr\u00edtica y desacralizaci\u00f3n en el siglo XVIII. Los <\/em><em>or\u00edgenes culturales de la Revoluci\u00f3n francesa. <\/em>Barcelona: Gedisa.<\/p>\n<p>Forster, Ricardo (1996): \u201cLuces y sombras del siglo XVIII\u201d. <em>Itinerarios de la modernidad. Corrientes del pensamiento y tradiciones intelectuales desde la Ilustraci\u00f3n hasta la posmodernidad<\/em>. N. Casullo, R. Forster y Alejandro Kaufman. Buenos Aires: Oficina de publicaciones del CBC, pp. 255-271.<\/p>\n<p>Gu\u00e9rin, Miguel Alberto (1992): \u201cEl relato de viaje americano y la redefinici\u00f3n sociocultural de la ec\u00famene europea\u201d. <em>Dispositio <\/em>XVII\/42-43, pp. 1-19.<\/p>\n<p>Im Hof,\u00a0Ulrich (1993): <em>La Europa de la Ilustraci\u00f3n<\/em>. Barcelona: Cr\u00edtica.<\/p>\n<p>Mignolo, Walter (1981): \u201cCartas, cr\u00f3nicas y relaciones del descubrimiento y la con- quista\u201d. <em>Historia de la literatura hispanoamericana<\/em>. Luis \u00cd\u00f1igo Madrigal ed. I. \u00c9poca colonial. Madrid: C\u00e1tedra, pp. 57-114.<\/p>\n<p>Pratt, Mary Louise (1997): <em>Ojos imperiales. Literatura de viajes y transculturaci\u00f3n. <\/em>Buenos Aires: Universidad Nacional de Quilmes.<\/p>\n<p>Sarmiento, Domingo Faustino (1993): <em>Viajes por Europa, \u00c1frica y Am\u00e9rica<\/em>. Buenos Aires: Fondo de Cultura Econ\u00f3mica.<\/p>\n<p>NOTAS<\/p>\n<p><a href=\"#_ftnref1\" name=\"_ftn1\">[1]<\/a> Miranda recorre Estados Unidos, Inglaterra, Prusia, Austria, Hungr\u00eda, los Pa\u00edses Bajos, Italia, Grecia, Rusia, Suecia, Noruega, Dinamarca, Francia y Constantinopla.<\/p>\n<p><a href=\"#_ftnref2\" name=\"_ftn2\">[2]<\/a> <em>Archivo<\/em> <em>del<\/em> <em>General<\/em> <em>Miranda <\/em>(1929-1930). I-IV. Edici\u00f3n al cuidado de Vicente D\u00e1vila. Caracas: Sur Am\u00e9rica. Como se indicar\u00e1 m\u00e1s adelante el <em>Diario<\/em> de Francisco de Miranda est\u00e1 incluido en un archivo m\u00e1s amplio y abarca, en la edici\u00f3n citada, los tres primeros tomos completos y parte del cuarto. En las citas realizadas en este trabajo se indicar\u00e1, por lo tanto, el n\u00famero de tomo del cual han sido extra\u00eddas.<\/p>\n<p><a href=\"#_ftnref3\" name=\"_ftn3\">[3]<\/a> A fin de esclarecer la confusi\u00f3n que puede suscitarse cuando se indica que el viaje de Miranda se inicia en 1783 y que el <em>Diario<\/em> abarca desde 1771 puede se\u00f1alarse que su autor re\u00fane bajo este nombre varios textos, entre ellos: \u201cDiario de Melilla\u201d y \u201cDiario de Panzacola\u201d que dan cuenta de su ejercicio como militar de la monarqu\u00eda hisp\u00e1nica, \u201cA Journal of the seige of Penzacola West Florida 1781\u201d, relato de guerra de un oficial del ej\u00e9rcito ingl\u00e9s y apartados como \u201cRetratos de hombres ilustres que est\u00e1n en la biblioteca del Escorial\u201d, \u201cDescripci\u00f3n del Palacio nuevo de Madrid\u201d, \u201cDescripci\u00f3n del Palacio viejo del Retiro\u201d, en los que ya se anuncian sus ansias por conocer a fondo los lugares que recorre. Luego de desertar del Ej\u00e9rcito espa\u00f1ol, la palabra \u201cviaje\u201d empieza a titular sus anotaciones. El primero de este nuevo tipo de encabezados es \u201cViaje por los Estados Unidos de la Am\u00e9rica del Norte\u201d de junio de 1783. Es por ello que puede considerarse que el periplo propiamente dicho comienza en este \u00faltimo punto. En la sucesi\u00f3n de los diarios mencionados no existe conexi\u00f3n; adem\u00e1s la escritura mirandina en estos textos se caracteriza por un marcado laconismo en cuanto a informaciones relativas al yo. El autor omite, al iniciar su viaje por este pa\u00eds, referencias a su abandono del ej\u00e9rcito de la corona. Este vac\u00edo informativo ha debido completarse con la consulta de biograf\u00edas sobre Miranda. En sentido estricto, la escritura del viaje, objeto de estudio de este trabajo, se extiende entre 1783 y 1789, a\u00f1o en que regresa a Londres y se dedica, hasta 1791, a completar su notas y consignar desplazamientos menores.<\/p>\n<p><a href=\"#_ftnref4\" name=\"_ftn4\">[4]<\/a> En la Carta que Miranda dirige a Juan Manuel de Cacigal, general de su regimiento, y \u00fanica persona que asume su defensa en la Corte, le anuncia su viaje en los siguiente t\u00e9rminos: \u201c(&#8230;) dirigirme \u00e1 los Estados Unidos de America, no s\u00f3lo fue por substraerme \u00e1 la tropel\u00eda que con migo se intento, sino para dar al mismo tiempo principio \u00e1 mis viages en pa\u00edses extrangeros, que save V. fue siempre mi intenci\u00f3n concluida la Guerra; con este propio designio he cultivado de antemano con exmero los principales Idiomas de la Europa que fueron la profesi\u00f3n en que desde mis tiernos a\u00f1os, me coloc\u00f3 la suerte, y mi nacimiento. Todos estos principios (que aun no son otra cosa); toda esta simiente, que no con peque\u00f1o af\u00e1n, y gastos se ha estado sembrando en mi entendimto\u00a0por espacio de treinta a\u00f1os que tengo de edad, quedaria desde luego sin fruto, ni provecho por falta de cultura \u00e1 tiempo: La experien- cia, y conocimiento que el hombre adquiere, visitando y examinando personalmente con inteligencia prolixa en el gran libro del Universo; las sociedades m\u00e1s savias y virtuosas que le Componen; sus Leyes, Govierno, Agricultura, Polic\u00eda, Comercio, arte militar, Navegaci\u00f3n, Siencias, Artes &amp;&#8230; es lo que unicamente puede sazonar el fruto y completar en alg\u00fan modo la <em>obra<\/em> <em>magna<\/em> de formar un hombre s\u00f3lido, y de Provecho!\u201d. <em>Archivo del General Miranda <\/em>(1930): VII, p. 9.<\/p>\n<p><a href=\"#_ftnref5\" name=\"_ftn5\">[5]<\/a> Este art\u00edculo forma parte de una investigaci\u00f3n m\u00e1s amplia en torno del <em>Diario <\/em>(1771-1791) de Miranda. En uno de sus apartados, analic\u00e9 este corpus a partir de su inscripci\u00f3n dentro del tipo discursivo de los relatos de viaje y su especificidad en la escritura mirandina.<\/p>\n<p><a href=\"#_ftnref6\" name=\"_ftn6\">[6]<\/a> Como se sabe, Walter Mignolo (1981) propone, la noci\u00f3n \u201ctexto de cultura\u201d para destacar el valor de algunos escritos para la memoria colectiva.<\/p>\n<p><a href=\"#_ftnref7\" name=\"_ftn7\">[7]<\/a> De acuerdo con las caracter\u00edsticas generales del <em>Diario<\/em> se puede concluir que se trata de un escrito de orden privado en el que el propio autor es el \u00fanico destinatario previsto. La ambig\u00fcedad de algunas frases, la ligereza de las anotaciones, evidente incluso en el uso de abreviaturas, lo descuidado de la redacci\u00f3n de algunos pasajes y lo estereotipado de las descripciones, dan cuenta de un escrito s\u00f3lo en funci\u00f3n del yo que, al no plantearse un receptor, no busca la inteligibilidad ni se preocupa por el cuidado de la expresi\u00f3n.<\/p>\n<p><a href=\"#_ftnref8\" name=\"_ftn8\">[8]<\/a> El ordenamiento dispuesto consta de tres grandes secciones que a su vez presentan respectivas subdivisiones. La primera, llamada <em>Viajes<\/em>, incluye <em>Diario<\/em>, <em>Actuaciones<\/em> <em>y<\/em> <em>Documentos<\/em>, <em>Cartas<\/em> <em>de<\/em> <em>Miranda<\/em> y <em>Cartas a Miranda<\/em>, una <em>Miscel\u00e1nea <\/em>e <em>Impresos<\/em>. La segunda, <em>Revoluci\u00f3n Francesa<\/em>, re\u00fane <em>Corresponden cias<\/em>, <em>Procesos Judiciales<\/em>, <em>Defensa<\/em>, <em>Memoriales <\/em>y <em>Cartas de mujeres<\/em>. Finalmente, la tercera, <em>Negociaciones<\/em>, ata\u00f1e al proyecto de independencia de las colonias espa\u00f1olas en Am\u00e9rica. Esta secci\u00f3n contiene cartas y esbozos preliminares.<\/p>\n<p><a href=\"#_ftnref9\" name=\"_ftn9\">[9]<\/a> Existen dos ediciones completas de los papeles mirandinos. La primera de ellas, <em>Archivo<\/em> <em>del<\/em> <em>General<\/em><em> Miranda, <\/em>se inicia en 1929 y culmina en 1950. Abarca veinticuatro tomos cuya publicaci\u00f3n, sucesiva en el caso de los primeros catorce entre 1929-1933 y a cargo de Vicente D\u00e1vila, se paraliza hasta 1938 en que s\u00f3lo se edita el decimoquinto bajo la supervisi\u00f3n de una Junta Directiva de la Academia Nacional de Historia. Los vol\u00famenes restantes se concluyen hacia 1950 preparados por una comisi\u00f3n de la Academia Nacional de Historia y de la Academia Venezolana de la Lengua. Esta obra se caracteriza por su fidelidad al manuscrito en cuanto a la disposici\u00f3n de los documentos, su reproducci\u00f3n en la lengua original en que fueron compuestos y el mantenimiento de las convenciones de la lengua escrita propias del siglo XVIII. La otra edici\u00f3n, <em>Colombeia<\/em>, consta de doce tomos y surge como un proyecto de publicaci\u00f3n diferente al emprendimiento anterior. Coordinado por Josefina Rodr\u00edguez de Alonso, los criterios de este trabajo son: el ordenamiento cronol\u00f3gico de los diferentes textos, la traducci\u00f3n al espa\u00f1ol de aquellos originalmente compuestos en otro idioma y la adaptaci\u00f3n, en todos los casos, a la normativa ortogr\u00e1fica vigente en la actualidad. Esta iniciativa realizada a partir de 1978 se interrumpe en 1988 sin alcanzar a publicar la totalidad del contenido del archivo.<\/p>\n<p><a href=\"#_ftnref10\" name=\"_ftn10\">[10]<\/a> Es necesario aclarar que las referencias a Sarmiento tienen la funci\u00f3n de contextualizar y definir con mayor precisi\u00f3n las \u201cactitudes cognoscitivas\u201d de Miranda sin constituir, en el marco de este trabajo, un objeto de estudio.<\/p>\n<p><a href=\"#_ftnref11\" name=\"_ftn11\">[11]<\/a> Debe tenerse en cuenta que una diferencia importante entre el relato de viajes de Miranda y el de Sarmiento es la voluntad de este \u00faltimo de publicar su texto y de incluirlo en la instituci\u00f3n literaria.<\/p>\n<p><a href=\"#_ftnref12\" name=\"_ftn12\">[12]<\/a> En otro lugar Miranda dice: \u201c(&#8230;) me qued\u00e9 admirado de la abilidad con qe un siclope de aquellos forma una barra de hierro (&#8230;) como si fuese una masa (&#8230;) por tan curioso me quem\u00e9 los dedos\u201d (III: 11).<\/p>\n<p><a href=\"#_ftnref13\" name=\"_ftn13\">[13]<\/a> En otro pasaje, aparece un comentario burlesco, procedente de una perspectiva racionalizadora \u201c&#8230;baxamos pr\u00a0la Yglesia misma \u00e1 dhos. soterraneos (&#8230;) son tenidos pr\u00a0depositos Santos, y sus huesos distribuidos como reliquias authenticas (&#8230;) mi comp\u00ba, y mi criado aprovechando la favorable ocasi\u00f3n, se llenaron bien las faltriqueras \u00e1 escondidas, de canillas y <em>huesos sagrados <\/em>io reia entre mi grandemte\u00a0del pasaje y (. ) tuve lugar de hacerle convenir, en que siendo aquel suterraneo, el lugar de donde los Romanos sacavan arena para sus menesteres, y despues abandonavan para sepulcros de lo pobres, no seria extra\u00f1o que muchas de nuestras <em>Sacras Reliquias, <\/em>fuesen huesos de paganos? y mi gente que oie la proposicion, se ratifica, y tira sus reliquias al diablo apenas salimos de la Chiesa. \u201d (II: 76-77).<\/p>\n<p><a href=\"#_ftnref14\" name=\"_ftn14\">[14]<\/a> En otra parte, narra lo siguiente: \u201cPartimos \u00e1 las 5 m, y a las 10 llegamos \u00e1 <em>San Quirigo<\/em>, lug\u00e1r de mediana poblaci\u00f3n; \u00e1 penas entramos pr la calle que nuestro Viturino oiendo que salia <em>misa <\/em>en una<\/p>\n<p><a href=\"#_ftnref15\" name=\"_ftn15\">[15]<\/a> Algunas de estas cr\u00edticas conectan con las frases, enunciadas al pasar en el <em>Diario<\/em>, con las que Miranda cuestiona a la monarqu\u00eda hisp\u00e1nica. Al no constituir Espa\u00f1a un paraje de su periplo, las cr\u00edticas al poder real espa\u00f1ol son breves y aparecen diseminadas.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Mar\u00eda Carolina S\u00e1nchez Introducci\u00f3n Antes de convertirse en uno de los precursores de la independencia de las colonias hisp\u00e1nicas del Nuevo Mundo, Francisco de Miranda (1750-1816) fue un inagotable viajero preocupado no s\u00f3lo por recorrer gran parte de Estados Unidos y Europa[1] sino tambi\u00e9n por consignar en su Diario (1771-1791)[2] descripciones exhaustivas de lo visto [&hellip;]<\/p>\n","protected":false},"author":6,"featured_media":6643,"comment_status":"open","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"_monsterinsights_skip_tracking":false,"_monsterinsights_sitenote_active":false,"_monsterinsights_sitenote_note":"","_monsterinsights_sitenote_category":0,"footnotes":""},"categories":[14],"tags":[44,3],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/6638"}],"collection":[{"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/users\/6"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=6638"}],"version-history":[{"count":3,"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/6638\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":6645,"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/6638\/revisions\/6645"}],"wp:featuredmedia":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/media\/6643"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=6638"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=6638"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=6638"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}