{"id":6604,"date":"2022-10-25T02:09:33","date_gmt":"2022-10-25T02:09:33","guid":{"rendered":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/?p=6604"},"modified":"2023-11-24T18:24:51","modified_gmt":"2023-11-24T18:24:51","slug":"dos-cuentos-de-federico-vegas","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/dos-cuentos-de-federico-vegas\/","title":{"rendered":"Dos cuentos de Federico Vegas"},"content":{"rendered":"<h3><strong>Nuestra se\u00f1ora de los golpes<\/strong><\/h3>\n<p>Es que todo lo que tiene que ver con perros y con pelambre es tan dif\u00edcil. \u00bfUsted tiene un cachorro? Seguro que lo ba\u00f1a con jab\u00f3n Las Llaves, o shampoo de beb\u00e9. Pues \u00bfquiere saber una cosa? \u00a1No lo haga m\u00e1s! Le est\u00e1 haciendo un da\u00f1o irreparable al perrito. No hay que usar jab\u00f3n sino agua fresca y mucho cepillo. Los animales tienen su aceite natural y el jab\u00f3n se los quita y se ponen pest\u00edferos. M\u00e1s jab\u00f3n y m\u00e1s hediondo el perro, m\u00e1s hediondo el perro y m\u00e1s jab\u00f3n le dan. Luego lo llaman: \u00abVenga mi perrito con su mamita\u00bb. Y apenas lo acarician detr\u00e1s de las orejas, se huelen la mano y gritan: \u00ab\u00a1Este perro huele a perro!\u00bb. Y, justamente, a perro es a lo que ya no huele. Oler\u00e1 a cart\u00f3n mojado, a leche pasada, pero jam\u00e1s a perro. Y los perritos se dan cuenta; como toda criatura, tienen su pudor y, \u00bfa qui\u00e9n le gusta oler mal? Uno les nota el desconcierto por andar con una hediondez que ellos mismos no entienden.<\/p>\n<p>As\u00ed me llegan algunas mujeres por aqu\u00ed, como cachorras tristes, resecas y perdidas entre tanto remedio que enferma, desfiguradas por tanto curarse con lo que m\u00e1s da\u00f1o les hace. Y si es dif\u00edcil cuidar el pelo de un perro, imag\u00ednese c\u00f3mo ser\u00e1 el de una mujer.<\/p>\n<p>Todo ha cambiado. Cuando yo empec\u00e9 en este negocio se usaba el secador de casco y las mujeres parec\u00edan unos cardenales en su c\u00f3nclave metidas en unas mitras de lat\u00f3n y de pl\u00e1stico donde embut\u00edan unos peinados acrob\u00e1ticos. Ah\u00ed se quedaban, inm\u00f3viles, como en un suplicio. Aqu\u00ed eso se acab\u00f3. Con el secador de mano las mujeres ya no se cocinan a fuego lento. Los secadores ahora tienen ese olor a turbina y ese aire tibio rozando las orejas, que tiene algo de avi\u00f3n, de viaje, de aventura, y las mujeres se sienten m\u00e1s livianas, m\u00e1s audaces.<\/p>\n<p>S\u00ed, antes era pura qu\u00edmica, ahora todo es m\u00e1s natural; aunque el verdadero aroma del cabello ya se perdi\u00f3 hace siglos. Uno va quitando tintes raros, frituras de restaurante, lacas con resinas, humo de cigarro, humo de tr\u00e1fico y tanto sudor nervioso, pero no se termina nunca. Es que en el cabello y en las u\u00f1as hay tantas verdades dif\u00edciles de aceptar. Son partes del cuerpo que s\u00f3lo crecen bien si se cortan bien: por eso es tan importante la naturalidad.<\/p>\n<p>Y nada tan natural como que una mujer se relaje cuando se siente en buenas manos. Mientras corto les voy contando historias ajenas, chismes que la ayudan a sentirse m\u00e1s all\u00e1 del bien y del mal, como si fueran las confesoras de la humanidad. Pero lo t\u00edpico es que ellas tambi\u00e9n me cuentan cosas a m\u00ed; les encanta como escucho. Unas se adormecen, se aboban, pero otras se les alebresta la imaginaci\u00f3n, y a veces sueltan secretos que hasta me averg\u00fcenza escuchar.<\/p>\n<p>Casi siempre tengo que o\u00edr las mismas historias. Le tengo horror al fastidio, pero me sale mi dosis diaria de aburrimiento, es parte de este oficio. Apenas una vez al mes se cuela algo que me conmueva o me divierta, una locura que pueda recordar y contarla a mi manera; como lo de esa se\u00f1ora que me dijo ayer:<\/p>\n<p>\u2014Mi hija ha tenido p\u00e9sima suerte en la vida\u2026 el marido, le sali\u00f3 cornudo.<\/p>\n<p>A esa se\u00f1ora la llaman do\u00f1a Ocio, porque y que es \u00abla madre de todos los vicios\u00bb. No s\u00f3lo el yerno ten\u00eda cuernos, sino que dos de hijos se los montaron a un banco que ellos mismos inventaron. Pero yo nunca doy nombres, y cuento s\u00f3lo lo que todos saben, lo que es natural de contar, lo que es imposible callarse.<\/p>\n<p>Esa ha sido mi filosof\u00eda para organizar este caos: ante todo naturalidad, siempre lo natural. La vida es muy sabia, no hay que inventar tanto, no me entrometo, dejo que las cosas fluyan por donde hay menos resistencia. As\u00ed es como peino y corto, y as\u00ed tendr\u00e1 que ser con mi \u00c1ngela y la se\u00f1ora esa que ahora anda repartiendo golpes adiestra y siniestra por toda Caracas. Algo terror\u00edfico. Pero no puedo ni debo meterme, ni tengo por qu\u00e9 dejar de contar lo que todo el mundo ya sabe.<\/p>\n<p>Pero peor es contar las cosas que no son. Esa es la verdadera infamia, dejar afuera los detalles para que la gente imagine cosas que no son. O no se cuenta nada, o se cuenta todo como es. Yo hubiera preferido el silencio, es lo mejor\u2026 es lo m\u00e1s conveniente para este negocio\u2026 pero ya es tarde.<\/p>\n<p>Aqu\u00ed les tengo prohibido a las ayudantes que me hablen con las clientes; a nadie le gusta hablar con quien te est\u00e1 agarrando los pies. \u00c1ngela es discreta y ayuda mucho, pero tiene en la mirada algo que inquieta, algo como de marciana. Cuando agarra su alicatico y empieza a hacer bolitas de algod\u00f3n, se le siente en la cara que puede pasar cualquier cosa, que con nada podr\u00eda ponerse violenta. Hay gente as\u00ed. Es que en este pa\u00eds hay mucho resentimiento Hay se\u00f1oras que no la quieren ni ver, pero a esta s\u00ed les gusta como hace los pies: y quien se gana a \u00c1ngela sabe lo que es cero cut\u00edcula y fidelidad eterna.<\/p>\n<p>\u00c1ngela me lleg\u00f3 atontada, con la mirada por el suelo, como una perrita callejera, y lo que se dice con hambre. Seguro que le pegaban de ni\u00f1a\u2026 y de joven. Ha llevado mucho palo. Yo la gui\u00e9 con cari\u00f1o y oficio. Antes barr\u00eda, ahora hace los pies. Con el tiempo le sali\u00f3 hasta una sonrisa. Tiene bellos dientes. Me ayuda de verdad mi \u00c1ngela. Es horrenda de cara pero tiene buen cuerpo. Ella misma dec\u00eda:\u00bbAll\u00e1 en el barrio me dicen que tengo la cara maluca, pero el cuerpo bien bueno\u00bb. \u00c1ngela sabe que ella asusta un poco al principio, pero es muy aseada y responsable. Pero que no se ponga furiosa, porque le sale ese olor como a cobre.<\/p>\n<p>Aqu\u00ed se gastaba medio sueldo poni\u00e9ndose bonita. Pero pas\u00f3 lo que ten\u00eda que pasar. Ahora sufre mucho; creo que hasta se pas\u00f3 de linda. Pero si algo no se le pude negar a una mujer es su derecho a sufrir de amor. Es que \u00c1ngela tiene un novio que es un animal, un verdadero animal, un bicho enorme. Yo la dejo que me cuente todo porque en esta ciudad tan violenta hay que tener contactos en todo el mundo, hay que saber lo que est\u00e1 pasando, y uno nunca sabe cuando necesita ayuda de un malandro. El hombre es una cosa gigantesca; es medio polic\u00eda, y yo pensaba que pod\u00eda servirnos el d\u00eda menos pensado.<\/p>\n<p>Estos asuntos de los seres humanos son bien dif\u00edciles. Aqu\u00ed se le ha dado demasiada confianza a las clientes y, con tanto pelo y tanto cuento acumulado, alg\u00fan d\u00eda ten\u00eda que reventarme un drama en plena peluquer\u00eda. Dicen que donde hay pelo hay alegr\u00eda, pero tambi\u00e9n puede haber tragedia. La se\u00f1ora del l\u00edo con \u00c1ngela es cliente fija. Es una se\u00f1ora bell\u00edsima, sobre todo la boca y los ojos. Est\u00e1 un poquito mayor, y se le ve la lucha.<\/p>\n<p>Yo digo que no hay que luchar tanto con los a\u00f1os. Cansa ver tanto esfuerzo por no ponerse vieja. Hay unas que tienen como un pujo en la mirada, siempre pesta\u00f1eando, como si te preguntaran cada cinco minutos: \u00ab\u00bfSe me nota algo? \u00bfNo estoy regia?\u00bbY se miran en el espejo con los ojos pelados. \u00a1Claro que se nota! Es que la vida no se detiene para nadie. Yo entiendo que se operen y se jurunguen, pero hay que saber donde parar el cuchillo.<\/p>\n<p>\u00c1ngela conoce bien su oficio. Ella agarra los pies y por all\u00ed presiente lo que est\u00e1 pasando. Mientras trabaja no dice nada, pero luego en privado me comenta: \u00abUsted se fij\u00f3 en tal cosa\u2026\u00bb Y siempre es verdad, tarde o temprano ocurre lo que \u00c1ngela presiente. As\u00ed fue como mi pedicurista conoci\u00f3 a Nuestra Se\u00f1ora de los Golpes. Ese es el nombre que le dimos por aqu\u00ed.<\/p>\n<p>Esa se\u00f1ora viene a esta peluquer\u00eda desde hace tiempo, desde cuando est\u00e1bamos en la calle Orinoco; y siempre hablaba de sus cosas, de sus viajes, de sus problemas con el servicio; pero se notaba que hab\u00eda algo m\u00e1s, algo atravesado, algo bien doloroso y bien clavado. Despu\u00e9s de a\u00f1os peinando se aprende que en cada mujer hay una sola historia que se repite. Cambiar\u00e1n el corte y el color de cabello, los ojos, la nariz, la boca y los senos, pero dentro de la cabeza, en medio de los sesos, son siempre las mismas mujeres, eso nunca cambia.<\/p>\n<p>\u00c1ngela quer\u00eda much\u00edsimo a esa se\u00f1ora. No se cansaba de escucharle sus cuentos. Hay que decir de Nuestra se\u00f1ora de los Golpes que al menos no era hist\u00e9rica ni pichirre, dos cualidades que por aqu\u00ed sobran.<\/p>\n<p>A esta misma silla me han llegado hasta calvas, con terror a ese brillo que saca la luz en la piel del cr\u00e1neo. Hay hipertiroideas o con meses de quimioterapia; uno tiene que saber su buen poco de medicina y de psicolog\u00eda. Hay unas que hasta se jalan el pelo ellas mismas. Esta se\u00f1ora era todo contrario, tranquila, elegante, pausada. Es una de esas mujeres que sabe fastidiarse con dignidad. Cuando hablaba, \u00c1ngela la escuchaba como si fuera la televisi\u00f3n. Le fascinaban esos mundos reposados, sin prisa, donde hay tiempo para todo, donde las mujeres se aburren y no saben lo que van a hacer en la tarde. A \u00c1ngela, en cambio, le cuesta tanto salir de su casa y llegar hasta aqu\u00ed. S\u00f3lo ir y venir es ya una proeza. Se pon\u00eda tan feliz cuando la ven\u00eda buscar el novio ese en el carro con los amigotes. Aunque eso de carro con una mujer y muchos hombres es p\u00e9sima se\u00f1al.<\/p>\n<p>Todo empez\u00f3 sin darnos cuenta. Hay que saber lo que est\u00e1 pasando antes de que realmente pase, \u00bfqui\u00e9n puede peinar bien cuando hay algo que esta mortificando a la cliente? Lo que yo no lograba ver en el cabello, \u00c1ngela lo agarraba en los dedos. Es que el pelo y las u\u00f1as est\u00e1n conectados, \u00bfqu\u00e9 otras partes del cuerpo se pueden cortar sin dolor? \u00bfQu\u00e9 otra cosa crece y no engorda? Yo adoro este trabajo, especialmente cuando tengo en las manos una cabellera abundante, generosa. Esta se\u00f1ora es bella de verdad, tiene algo suave que te envuelve. Es el extremo opuesto de \u00c1ngela. Ahora que lo digo es cuando me doy cuenta del abismo. Son dos mujeres que jam\u00e1s han debido conocerse, pero llego el d\u00eda en que se les cruzaron las vidas e hicieron su pacto.<\/p>\n<p>Esa ma\u00f1ana la se\u00f1ora llego furiosa con lo que ella llamaba su \u00abdescubrimiento\u00bb. El marido ten\u00eda una mujercita y \u00abalgo me est\u00e1n tramando\u00bb. Eso lo repiti\u00f3 diez veces, y luego gritaba: \u00ab\u00a1Si viviera mi padre!\u00bb, y se le iban los gallos. Estaba descompuesta, irreconocible.<\/p>\n<p>Ella es la que tiene la fortuna; heredo una f\u00e1brica de aceite o de margarina, o de las dos cosas, que le manejaba el marido. Dec\u00eda que ella no sab\u00eda nada de negocios, que se hab\u00eda pasado media vida firmando documentos, y que ahora le iban a quitar todo, entre su marido y \u00abla mujercita esa\u00bb.<\/p>\n<p>\u00c1ngela se afect\u00f3 mucho con eso de que uno puede tenerlo todo y de repente perderlo, y se dijo: \u00abEn este l\u00edo me embarco yo\u00bb; y, por primera vez desde que lleg\u00f3 a este negocio, le habl\u00f3 a una clienta:<\/p>\n<p>\u2014Eso se lo arreglamos facilito, mi se\u00f1ora \u2014se lo dijo con esa sonrisa rara que no me gusta.<\/p>\n<p>Andaban en sus mundos apartes y por fin se vieron a los ojos. En ese instante supe que era un asunto entre ellas dos. \u00c1ngela sigui\u00f3 hablando como si yo no existiera:<\/p>\n<p>\u2014Por all\u00e1 en mi barrio una lo que hace es mandarle a dar sus buenos golpes.<\/p>\n<p>Al principio sonaba sencillo. Hasta a mi me son\u00f3 bien f\u00e1cil. Pero en esta vida nada es f\u00e1cil; aqu\u00ed vienen a que lo dif\u00edcil parezca f\u00e1cil. \u00c1ngela le dijo que ella sabia quien pod\u00eda ense\u00f1arle a esa mujercita, \u00aba esa metiche\u00bb, a respetar lo ajeno. Hablaba sin dejar de trabajar en las u\u00f1as de aquellos pies perfectos.<\/p>\n<p>\u2014Con el primer golpe no entienden por donde viene la cosa, pero luego le dan y le dan hasta que agarran el mensaje.<\/p>\n<p>El problema no fue de dinero: el hombre de \u00c1ngela hizo un precio especial y a esa se\u00f1ora le sobran los reales. Adem\u00e1s se emocion\u00f3 ella no sab\u00eda que esas cosas pasaban de verdad en Caracas. Y ni siquiera tuvo que involucrarse, solo dio un nombre, una direcci\u00f3n, y pag\u00f3 unos d\u00f3lares. Los efectos le llegaron por retruque, por rumores.<\/p>\n<p>A las dos semanas el marido llego a su casa p\u00e1lido, como paranoico. Parece que a su mujercita le hab\u00edan puesto la nariz como una ostra, en el estacionamiento del edificio donde le ten\u00eda montado un apartamento. Nuestra Se\u00f1ora de los Golpes le pregunt\u00f3 al marido cuando lo vio tan asustado:<\/p>\n<p>\u2014 \u00bfPero qu\u00e9 te pasa mi amor, que te noto como raro?<\/p>\n<p>\u2014 Nada, mi amor, unos problemitas en la oficina.<\/p>\n<p>\u2014 \u00bfY t\u00fa crees que ya se resolvieron?<\/p>\n<p>\u2014 Estamos en eso.<\/p>\n<p>\u2014 Lo importante es identificar la causa y corregirla, antes de que todo se contin\u00fae deformando.<\/p>\n<p>Nunca hab\u00eda gozado tanto. Ella misma no sab\u00eda lo que era capaz de hacer, la cantidad de furia y maldad que ten\u00eda por dentro.<\/p>\n<p>Ah\u00ed no quedaron las cosas. Como al mes reapareci\u00f3 Nuestra Se\u00f1ora de los Golpes preguntando por \u00c1ngela y quej\u00e1ndose de otra mujer. Yo pregunt\u00e9, aunque no he debido meterme:<\/p>\n<p>\u2014 \u00bfC\u00f3mo? \u00bfY su marido consigui\u00f3 otra amante tan pronto?<\/p>\n<p>Y Nuestra Se\u00f1ora de los Golpes me contest\u00f3:<\/p>\n<p>\u2014 Es que esta no es la siguiente\u2026 es la anterior.<\/p>\n<p>Era una que le hab\u00eda amargado la vida antes y ella nunca se hab\u00eda podido vengar. Yo entonces me asust\u00e9 porque las cosas se estaban saliendo de lo natural. Eso de venganzas con retruque no me gust\u00f3, me pareci\u00f3 vicio, puro vicio y puro ocio. No quise saber m\u00e1s nada y ellas dejaron de hablar frente a m\u00ed. Se iban a tomar caf\u00e9 y a comer cachitos juntas a la panader\u00eda, \u00a1qu\u00e9 locura!<\/p>\n<p>Yo eso de prohibirles el trato con las clientes lo hago sin imponerme; es como una costumbre que todas aqu\u00ed me respetan, pero si una cliente se pone a invitar a una empleada a comer cachitos, \u00bfc\u00f3mo neg\u00e1rselo? Luego me dicen racista.<\/p>\n<p>La se\u00f1ora conoci\u00f3 al hombre de \u00c1ngela, al animal ese. Yo lo vi venir todo clarito. Nunca antes esa se\u00f1ora se hab\u00eda sentido tan feliz y omnipotente. Descubri\u00f3 el poder, y el poder siempre est\u00e1 unido a la violencia. Se envici\u00f3 con el asunto de los golpes y puso los reales en un negocio que montaron juntos, una empresa de esas que hay ahora de vigilancia, y ten\u00edan hasta unas tarjetitas con un perro encadenado encima del nombre. Todo muy bien organizado. Cuidan fiestas y tienen como treinta guachimanes. Pero lo que realmente le gusta a nuestra se\u00f1ora parece que es lo de los golpes.<\/p>\n<p>Me contaron que le pegaron a un profesor que rasp\u00f3 al hijo en la Universidad Cat\u00f3lica, \u00abdespu\u00e9s que mi hijo se mat\u00f3 estudiando\u00bb, a un vecino que le falt\u00f3 el respeto cuando le reclam\u00f3 algo del perro, a uno que la choc\u00f3 en la autopista y se dio a la fuga. Creo que hasta marido le dieron lo suyo, porque se fue a vivir a donde la mujercita con la nariz de ostra.<\/p>\n<p>Ahora anda promocionando el servicio entre las amigas. Si una amiga tiene un problema llama a Nuestra Se\u00f1ora de los Golpes, y ella se lo resuelve. Y cuando el negocio prospera, hay felicidad, y la felicidad trae la confianza, y la confianza le gusta a los confianzudos.<\/p>\n<p>No quiero saber m\u00e1s nada de este asunto. Lo importante es que este negocio tiene que seguir adelante, y aqu\u00ed, dentro de estas cuatro paredes, nunca pas\u00f3 nada. No se nada de esos l\u00edos; a m\u00ed que me registren. Pero, \u00bfc\u00f3mo se le proh\u00edbe la entrada a una cliente que tiene siglos viniendo y que toda Caracas conoce?<\/p>\n<p>Definitivamente, esa se\u00f1ora no est\u00e1 bien de la cabeza; ya no tiene la misma finura. Entra y empieza a hablar de su nuevo socio sin ning\u00fan pudor. Un d\u00eda lleg\u00f3, se sent\u00f3 y cuando le pregunt\u00e9 c\u00f3mo andaba su vida, me dijo:<\/p>\n<p>\u2014 Aqu\u00ed\u2026 af\u00f3nica, ardida y mansita.<\/p>\n<p>Yo vi por d\u00f3nde ven\u00eda la cosa y le dije a \u00c1ngela que me fuera a comprar uno potes de acondicionador. Tuve suerte con mi presentimiento porque ah\u00ed mismito empez\u00f3 Nuestra Se\u00f1ora de los Golpes a decir las cosas m\u00e1s horrendas: que si el negro lo tiene como una mandarria, que si la pone en veinte u\u00f1itas, que le mete mano como si rellenara un pavo de Navidad, que le estir\u00f3 el anillo, y otras vulgaridades espantosas. Dice lo primero que le pasa por la cabeza; cosas que no se atreve a decir un hombre de una mujer. No importa quien tenga al frente. Est\u00e1 desatad\u00edsima.<\/p>\n<p>Yo no voy a juzgarla. Uno nunca sabe qu\u00e9 drama y cu\u00e1nta soledad ten\u00eda esa se\u00f1ora encima para cometer tantas locuras. \u00bfC\u00f3mo se le ocurre tener amores con ese animal, si era el hombre de \u00c1ngela? Pobre \u00c1ngela, le quitaron lo que m\u00e1s quer\u00eda. Pero tengo que poner orden. Los dramas de \u00c1ngela no pueden entrar aqu\u00ed. Aqu\u00ed no se viene a lloriquear sino a trabajar. Y es que lo de \u00c1ngela va en serio; si ve a esa se\u00f1ora entrando por la puerta de la peluquer\u00eda, yo s\u00e9 que le brinca encima y me la ara\u00f1a. \u00bfSe imagina el espect\u00e1culo?<\/p>\n<p>Mientras consigue otro trabajo le pasar\u00e9 algo de plata. Siempre lo he dicho, las costumbres son sagradas. Tiene que haber orden. Cada quien a lo suyo. F\u00edjese lo que me pas\u00f3: conversan con las clientes y vea el zafarrancho que ahora tengo aqu\u00ed armado. Por eso es tan importante el profesionalismo. Que se conformen con escuchar. Yo entiendo que duele o\u00edr hablar todos los d\u00edas a los dem\u00e1s, y siempre callarse, porque todos los seres humanos tenemos nuestros propios cuentos, pero cuando las empleadas se meten donde no pertenecen, todo se me enreda.<\/p>\n<p>Yo pienso ayudar a mi empleada, le tengo cari\u00f1o, y a quien sea le explico que mi \u00c1ngela, a pesar de ser horrenda, tiene un gran coraz\u00f3n. El problema es que mientras m\u00e1s explique y mejores cosas diga, m\u00e1s me van a preguntar: \u00ab\u00bfPero entonces, por qu\u00e9 la sacaste?\u00bb Usted sabe como es la gente de desconfiada.<\/p>\n<p>Algo habr\u00e1 que inventar. Por eso es que no est\u00e1 m\u00e1s \u00c1ngela. Pero esta otra muchacha es igual de buena, y adem\u00e1s es muy linda, y tan calladita. Se llama Anamilena, as\u00ed como suena, todo pegadito. \u00bfY ahora qu\u00e9 le hacemos?\u2026 \u00bfQu\u00e9 corte va a querer hoy?<\/p>\n<h3><strong>Contra la obesidad<\/strong><\/h3>\n<p>Cuando estrella entr\u00f3 a trabajar con nosotros debe haber pesado m\u00e1s de noventa kilos, pero era una gordura que iba bien con su personalidad amable, bien asentada, plena de conocimientos y grandes sorpresas. Bastaba con preguntar: \u00ab\u00bfD\u00f3nde podr\u00e1n traducir esto al italiano?\u00bb, para que Estrella diera la soluci\u00f3n:<\/p>\n<p>\u2013Yo pas\u00e9 dos a\u00f1os en Mil\u00e1n.<\/p>\n<p>Y los dos a\u00f1os resultaban ser un posgrado sobre Virgilio, un cap\u00edtulo con suficiente fuerza y secuelas para explicar una buena parte de su personalidad, y de su peso.<\/p>\n<p>Una vez me rasgu\u00e9 el pantal\u00f3n con la platina suelta de un carro y, al llegar a la oficina y preguntar d\u00f3nde podr\u00edan arreglarlo, se abri\u00f3 un nuevo episodio: Estrella es hija de un sastre italiano y estuvo a punto de formar parte del negocio, pero el padre no quer\u00eda expandirse hacia la ropa para mujeres y ella busc\u00f3 otro camino. A\u00fan domina el zurcido invisible, un arte que en Caracas solo conocen Estrella y unas viejas portuguesas que trabajan por San Bernardino.<\/p>\n<p>Sus experiencias podr\u00edan parecer una inconexa sumatoria de pasiones y oficios, pero, al conocerla bien, se empiezan a entrelazar en un estilo coherente, fascinante. La vitalidad de esos entrelazamientos, el caudal de informaci\u00f3n que es capaz de acumular, las responsabilidades que los dem\u00e1s cargamos en ella, las maravillas que nos aguardan en cada pregunta que le hacemos, constituyen una tentadora invitaci\u00f3n a asociar su gordura con su capacidad de almacenamiento. Una explicaci\u00f3n ciertamente injusta si Estrella no fuera la primera en aceptarla. En su particular relaci\u00f3n con la humanidad, \u00abdar\u00bb equivale a responsabilizarse cada vez con m\u00e1s exigencias, y esta puede ser la causa o la consecuencia de su obesidad. Es lo que ella cree, y creerlo ha sido su trauma.<\/p>\n<p>Nadie en la oficina se inmiscuy\u00f3 en su peso, ni ella daba detalles de dietas o se quejaba de las crueles trampas de su metabolismo. Los comentarios no pasaban de \u00abva al cafet\u00edn a media ma\u00f1ana y dos veces en la tarde\u00bb, \u00abno deber\u00eda tomar tanta az\u00facar con el caf\u00e9\u00bb, aunque todos ve\u00edamos c\u00f3mo iba des- bordando la silla y alej\u00e1ndose del escritorio. Era algo tan paulatino e integrado a su pericia y generosidad que sobrepas\u00f3 sin mayor drama los 100 kilos y se someti\u00f3 a peligrosas liposucciones y a un anillo en el est\u00f3mago. Pero cuando rebas\u00f3 los 130, Estrella sinti\u00f3 que estaba cayendo en el abismo de lo monstruoso y ocurri\u00f3 un episodio confuso, como todo intento de suicidio que no termina de definirse. Con ese trance comenz\u00f3 a hacerse evidente lo que ya sab\u00edamos y yo pretend\u00eda ignorar: Estrella es tan generosa como indispensable, tan indispensable como fr\u00e1gil. Hab\u00eda que ayudarla.<\/p>\n<p>Mi empe\u00f1o en enfrentar solo las tareas agradables, como una c\u00f3moda estrategia para tener una visi\u00f3n de la totalidad, depende de su omn\u00edvora capacidad de tragar y manejar dificultades, desagradables rutinas, enfrentamientos internos y externos, las tareas fundamentales y cotidianas. Al otro extremo del espectro est\u00e1 mi ego\u00edsta manera de amar a Estrella, una pasi\u00f3n que se apoya en su gordura para jurarse imposible y manifestarse solo como un cari\u00f1o con cierta l\u00e1stima, o como una simple preocupaci\u00f3n por el bienestar de una empleada con destrezas de hero\u00edna.<\/p>\n<p>Despu\u00e9s del episodio que tanto nos asust\u00f3 a todos, mi socio y yo decidimos buscar un soluci\u00f3n en el exterior. Por supuesto que la propia Estrella se encarg\u00f3 de analizar las ofertas y encontrar el mejor sitio en el planeta. S\u00e9 bien que en la excelencia suelen esconderse los peores enga\u00f1os, pero yo estaba desesperado con su estado, lo que me convert\u00eda en uno de esos ilusos que tiene una fe ciega en los oscuros trucos de los especialistas, y la dej\u00e9 marchar a la aventura que ella seleccion\u00f3 entre las opciones de la industria norteamericana para adelgazar, que es casi de la misma escala de la dedicada a engordarnos.<\/p>\n<p>Los grandes emporios del tabaco alrededor de la ciudad de Raleigh proveen a la Universidad de Carolina del Norte con fondos inextinguibles para sus programas e investigaciones. Solo piden a cambio que se excluya de los cuestionarios m\u00e9dicos una sola pregunta: \u00ab\u00bfUsted fuma?\u00bb. Estrella parti\u00f3 hacia el departamento de \u00abObesity Control and Prevention\u00bb como si las maletas las llevara debajo del vestido. En las semanas de preparaci\u00f3n, antes de dejar su destino en buenas manos, comi\u00f3 con la feliz gula de quien jura que todo va a cambiar para siempre.<\/p>\n<p>Durante un mes no tuvimos noticias suyas. Llegu\u00e9 a pensar que el tratamiento consist\u00eda en meter- la en una jaula a punta de caldos de repollo hasta matarla de hambre. Me hac\u00eda mucha falta su apoyo y, gracias a la costumbre de centrarme en su obesidad, me consolaba pregonando la cantaleta de mi preocupaci\u00f3n por su salud.<\/p>\n<p>Justo a las tres semanas lleg\u00f3 el primer reporte en una postal con la foto de un camino entre grandes \u00e1rboles de caoba. El mensaje era breve:<\/p>\n<p>\u00a1Soy otra!<\/p>\n<p>A Estrella siempre le han gustado esas frases comprimidas, estimulantes. Las utiliza para negociar y es a\u00fan m\u00e1s concisa para confesar sus sentimientos. Y funcion\u00f3, pues yo no hac\u00eda sino pensar en esa \u00abotredad\u00bb que pod\u00eda ir desde una genuina metamorfosis hasta una treta tan comercial como la gordita que aparec\u00eda en el folleto promocional de la cl\u00ednica diciendo orgullosa: \u00abEstoy m\u00e1s sana. Ahora puedo comprar ropa en cualquier tienda\u00bb.<\/p>\n<p>\u00abSoy\u00bb y \u00abotra\u00bb incluyen tantas posibilidades que no resist\u00ed la curiosidad y decid\u00ed irme a Carolina del Norte. Esta vez me arm\u00e9 con una excusa algo m\u00e1s solidaria: \u00abSi Estrella dice que es bueno es que es excelente, y yo deber\u00eda quitarme unos quince kilos\u00bb.<\/p>\n<p>No fui bien recibido. Mi aspecto levantaba sospechas; parec\u00eda uno de esos periodistas que se inscriben en un tratamiento para luego vender a una revista la versi\u00f3n de que todo es un fraude. Pero contaba con mi buena Estrella, quien ya era un personaje popular en la instituci\u00f3n. Ella misma me advirti\u00f3 con un \u00abt\u00fa no perteneces a este mundo\u00bb, pero se encarg\u00f3 de inventar que yo ten\u00eda una condici\u00f3n card\u00edaca y fui aceptado en un programa para el que no daba la talla ni el peso.<\/p>\n<p>Al d\u00eda siguiente me evaluaron y pas\u00e9 al gran sal\u00f3n de los nuevos. La primera terapia consiste en enfrentar las crudas realidades del cuerpo y nos mandaron a quedarnos en ropa interior. Habr\u00eda bastante m\u00e1s de dos mil kilos contempl\u00e1ndose unos a otros, masas de roscas colgantes que parec\u00edan repartirse en porciones iguales, como si los cuerpos al engordar tendieran a parecerse. El eje de todas las miradas fue mi cintura, indecente por su ins\u00f3lita falta de verdadera sustancia. Ten\u00eda en mi contra el estigma de la normalidad y aquellos sufridos combatientes contra su voraz apetito pensaron que me daba placer insultarlos al mostrarles una panza est\u00e1ndar, incluso reciente.<\/p>\n<p>Antes de vestirnos nos tomaron toda clase de medidas y fotograf\u00edas para las t\u00edpicas duplas de \u00abantes\u00bb y \u00abdespu\u00e9s\u00bb. Luego rezamos oraciones y cantamos himnos encomendando a Dios nuestro sobrepeso.<\/p>\n<p>Estrella me hab\u00eda recibido, tal como lo hac\u00eda todos los lunes, con un resumen de cu\u00e1les eran las bases del tratamiento: \u00abCamarader\u00eda y caminatas\u00bb. Lo de \u00abcamarader\u00eda\u00bb result\u00f3 ser graciosamente literal, porque todos los pacientes terminaban unos en las camas de los otros. La raz\u00f3n es muy simple: la obsesi\u00f3n por la comida es un sustituto de una obsesi\u00f3n sexual. Al engordar, el cuerpo se aleja de su sexualidad y se refugia cada vez m\u00e1s en lo oral. La idea solapada del tratamiento, incluyendo las peri\u00f3dicas y colectivas revisiones oculares, es que la pasi\u00f3n retorne a su santo lugar al ofrecerle al paciente la liberadora alternativa del sexo. De esta manera, lo que la obesidad ha represado se desata con un vigor proporcional al peso perdido.<\/p>\n<p>Nunca en mi vida he visto gordas tan proselitistas y cachondas. Las expresiones gestuales y las verbales expresadas en clara e inteligible voz, como \u00ab\u00a1te quiero comer!\u00bb, me acosaron hasta agotarme, porque la implacable dieta me ten\u00eda cansad\u00edsimo y vagaba como un esmirriado ind\u00edgena entre rapaces misioneros. A\u00f1\u00e1dase que el hambre cr\u00f3nica genera unos alientos de oso polar.<\/p>\n<p>Las caminatas por los bellos jardines de la universidad eran encantadoras, aunque los enfermeros insistieran en darles un aire marcial. All\u00ed se daba el inicio de la \u00abcamarader\u00eda\u00bb mediante una incitante oxigenaci\u00f3n. All\u00ed tambi\u00e9n descubr\u00ed las disparidades entre los obesos al observarlos en pleno movimiento, porque los hab\u00eda tan lentos como un cubo de plomo arrastrado por una alfombra persa y tan din\u00e1mica como Dumbo en pleno vuelo. En esos recorridos pude acompa\u00f1ar a Estrella gracias a que los iniciados y los expertos se un\u00edan en una misma marcha.<\/p>\n<p>En el proceso de adelgazar tambi\u00e9n van emergiendo notables diferencias. En unos comienza a pre- dominar lo descolgado, lo ojeroso, y se deslizan hacia una languidez mortuoria, peor que la tristeza, como si llevaran luto por las carnes perdidas. Otros, como Estrella, adquieren el esplendor de una graciosa coordinaci\u00f3n al sentirse m\u00e1s ligeros, y su libre alegr\u00eda va creciendo hasta llegar a una sospechosa euforia que nunca logra asentarse, y quieren recuperar todo lo que no disfrutaron cuando arrastraban una carga que ahora recuerdan como ajena. Es en estos casos cuando se da la sexualidad m\u00e1s beligerante.<\/p>\n<p>Durante las caminatas, Estrella estaba en el grupo de los que avanzaban con buen fuelle y hasta gritaban consignas que terminaban en \u00abam\u00e9n\u00bb. Nuestros encuentros eran breves porque yo nunca lograba alcanzarla. No me importaba quedarme atr\u00e1s. Los gordos tienden a ser gente culta y al final de la cola era donde se daban las conversaciones m\u00e1s s\u00f3rdidas y entretenidas.<\/p>\n<p>Alguna vez nos llevaron a visitar los campos de tabaco para aclararnos qui\u00e9n era el gran benefactor de las investigaciones. En los d\u00edas de lluvia nos trasladaban a un gran centro comercial llamado Crabtree Valley, una peque\u00f1a ciudadela donde pod\u00edamos cumplir la meta de los diez mil pasos diarios. En aquel indescifrable laberinto de galer\u00edas uno jam\u00e1s cruzaba frente a una misma tienda. Parec\u00edamos una tropa de delincuentes o retardados mentales bajo la vigilancia de una docena de enfermeros que nos obligaban a llevar el paso con cantos que reforzaran nuestra fuerza de voluntad.<\/p>\n<p>Todos march\u00e1bamos a buen ritmo hasta pasar frente a una feria tan vasta como estandarizada de hamburguesas, chicken fingers y calamares vietnamitas. La cercan\u00eda al epicentro de las m\u00e1s t\u00f3rridas tentaciones se present\u00eda en los temblores de rodillas, en los giros de torsos y hasta en rugidos g\u00e1stricos de elefante. Estrella iba siempre adelante, cada vez m\u00e1s exaltada y portando en sus ojos el brillo y la franqueza que tantas veces evit\u00e9 confrontar.<\/p>\n<p>Utilizaba una mezcolanza de italiano e ingl\u00e9s para animarnos con su vibrante voz de soprano:<\/p>\n<p>\u2013Let\u2019s go, my friends\u2026 Avanti, sempre avanti!<\/p>\n<p>Pero no hay vigilancia que pueda vencer la astucia de un gordo hambreado. A veces, en un descuido de los enfermeros, uno de los esforzados pacientes lograba quedarse rezagado tras una columna y, ya libre del grupo, se colaba en aquel para\u00edso de fritangas tan expeditas como ins\u00edpidas. El problema es que estaba prohibido llevar dinero, porque durante el tratamiento nuestra tropa juraba renegar de los excesos mercantilistas, as\u00ed que la \u00fanica oferta disponible eran los desperdicios o robarle la comida a un ni\u00f1o.<\/p>\n<p>Fue en esas vueltas cuando pude medir la magnitud de las fuerzas tel\u00faricas que se intentaban controlar. Era tan conmovedor como asqueroso presenciar el espect\u00e1culo de un ejecutivo, de qui\u00e9n sabe qu\u00e9 transnacional, que se abalanza de cuerpo entero dentro de un basurero para morder una lonja de pizza y se aferra al contenedor de sus tesoros mientras lo jalan por los pies entre cuatro guardianes. Luego ven\u00eda el arrepentimiento del pecador por traicionar a sus compa\u00f1eros de tropa y continuaba su marcha lami\u00e9ndose la franela manchada de inmundicias.<\/p>\n<p>El arsenal de la cl\u00ednica inclu\u00eda bastante m\u00e1s que camarader\u00eda y caminatas. Estaban tambi\u00e9n los potajes vitam\u00ednicos, las inyecciones de placenta, las pastillas para las migra\u00f1as y los problemas de columna, la ansiedad y el insomnio, todo disfrazado con unas charlas religiosas que deb\u00edan cambiar nuestros patrones de vida. Estrella era una l\u00edder natural en esa cruzada de hacernos creer soldados del esp\u00edritu y su proselitismo fue haciendo su sexualidad m\u00e1s y m\u00e1s sublime. Yo, en cambio, iba perdiendo fuerzas mientras luc\u00eda cada vez m\u00e1s falsa mi comedia del coraz\u00f3n d\u00e9bil. No pod\u00eda hacer m\u00e1s que seguirla y observarla en silencio, sin invadirla, sin acosarla.<\/p>\n<p>Este estado m\u00edo tan pasivo, tan desapegado, se agrav\u00f3 cuando Estrella se enamor\u00f3 de otro paciente. Cuando el obeso pasa de la comida al sexo ya viene muy focalizado. Comer es algo objetivo, concreto, y de igual manera y con la misma periodicidad de las tres comidas diarias, tiende entonces a saciarse ese otro frenes\u00ed que permanec\u00eda subyacente. Inmediatamente se selecciona a una persona, la que est\u00e9 m\u00e1s pr\u00f3xima. Estrella se uni\u00f3 a otro de su misma condici\u00f3n y disciplina, un alma gemela que jam\u00e1s hubiera conocido si no hubieran buscado la misma soluci\u00f3n en el mismo sitio y durante los mismos d\u00edas. Al romanticismo le gusta nutrirse de esas simples casualidades que considera milagrosas.<\/p>\n<p>Los dos obesos se aferraron a esas coincidencias y establecieron un id\u00edlico comienzo de predestinados, aunque el origen era pragm\u00e1tico y ferozmente animal. Seguro que germin\u00f3 mientras se observaban durante los escarceos nudistas, hasta llegar al peso y a las formas que har\u00edan posibles unas grandiosas fornicaciones anheladas por a\u00f1os. O por toda una vida si, como quiero creer, Estrella era virgen.<\/p>\n<p>Cuando ya se entend\u00edan, dieron un extravagante paso hacia sus fantas\u00edas. Durante una caminata por el Crabtree Valley Mall, se fueron quedando los dos atr\u00e1s, pero no se abalanzaron como los dem\u00e1s sobre los basureros. Estos disciplinados amantes tuvieron la voluntad de planificar algo m\u00e1s espiritual: escaparse a San Francisco, la ciudad que los llamaba desde que eran unos adolescentes prisioneros en unos cuerpos de dinosaurios.<\/p>\n<p>Estrella ya ten\u00eda un itinerario y un carro bien equipado aguardando en el estacionamiento. Hab\u00eda hasta una carpa en la maleta para pasar una noche en el Yosemite National Park, otro de los mutuos sue\u00f1os incumplidos.<\/p>\n<p>Cuando me enter\u00e9 de aquel gran escape, mi primera dificultad fue transmitir a aquella pragm\u00e1tica instituci\u00f3n mi horror por una fuga que los m\u00e9dicos consideraron un \u00abbuen s\u00edntoma\u00bb. He debido ser m\u00e1s prudente y comprensivo ante los delirios de una mujer que part\u00eda hacia su primera historia de amor, pero jur\u00e9 demandarlos por haber trastornado a Estrella, \u00abuna mujer con instintos suicidas\u00bb, les advert\u00ed para alarmarlos. Solo as\u00ed logr\u00e9 que la oficina del \u00abObesity Control and Prevention\u00bb movilizara sus servicios policiales para averiguar hacia d\u00f3nde se dirig\u00eda la pareja. Obtuve adem\u00e1s los datos del autom\u00f3vil, el destino final y el tel\u00e9fono de la esposa del c\u00f3mplice de Estrella.<\/p>\n<p>Estaba tan angustiado como deca\u00eddo. Me limit\u00e9 a abrir un mapa y unir con un grueso marcador rojo la autopista que va de Raleigh a San Francisco. No pod\u00eda hacer m\u00e1s, no hab\u00eda un delito que justificara una persecuci\u00f3n. Tambi\u00e9n sab\u00eda que, sin la ayuda de la propia Estrella, jam\u00e1s podr\u00eda alcanzarla. Eran m\u00e1s de dos mil millas, 43 horas manejando sin parar, una gesta imposible para mi actitud contemplativa y man\u00eda de delegar las acciones importantes.<\/p>\n<p>La pareja ni siquiera lleg\u00f3 a Graceland, una de las paradas que hab\u00edan planificado en sus caminatas por entre los jardines y arboles sin frutos de la universidad. La casa de Elvis Presley hubiera sido un buen intermedio para no sentir con tanta fuerza el remordimiento del fracaso.<\/p>\n<p>Despu\u00e9s de ocho horas manejando llegaron a Nashville y decidieron continuar un poco m\u00e1s, hasta que el cansancio por el exceso de emociones los detuvo en un motel con aspecto de pueblo de le\u00f1adores en medio de un parque natural llamado Hatchie National Wildlife Refuge. Hab\u00edan visto por entre las siluetas de los grandes \u00e1rboles un aviso luminoso que auguraba un reino de meandros y garzas, y se comprometieron a cumplir al d\u00eda siguiente con la caminata de los diez mil pasos antes de volver a agarrar carretera.<\/p>\n<p>Satisfechos con la jornada cumplida de pasar sin detenerse a trav\u00e9s de infinitas ofertas de comida, se entregaron esa primera noche, sin vigilantes ni horarios, a una desatada sesi\u00f3n de alaridos y nalgadas fornicando como las orcas y los gladiadores. Luego durmieron unas horas y los dos so\u00f1aron una misma pesadilla de hambre vieja a trav\u00e9s de kil\u00f3metros de asfalto. A las cuatro de la ma\u00f1ana se despertaron secos y vac\u00edos. La sed era inaguantable y gritaron euf\u00f3ricos cuando descubrieron un colorido tr\u00edptico en la mesa de noche con una merengada de chocolate en la portada. El mensaje m\u00e1s peligroso estaba en el margen inferior: \u00ab24 horas de servicio a la habitaci\u00f3n\u00bb.<\/p>\n<p>Como una pel\u00edcula que se acelera hacia el final, ir\u00edan sustituyendo por comida el erotismo que tanto hab\u00edan gozado y so\u00f1ado gozar. Con el paso de las horas lleg\u00f3 el momento en que se observar\u00edan so\u00f1olientos y grasosos, pregunt\u00e1ndose qu\u00e9 rayos era lo que antes les apasionaba tanto de sus cuerpos.<\/p>\n<p>El men\u00fa del motel no era extenso, y consiguieron el tel\u00e9fono de un lugar cercano que tambi\u00e9n hab\u00edan visto en la carretera mientras cruzaban el par- que antes de llegar al motel.<\/p>\n<p>Era un restaurante que anunciaba las mejores costillas de Tennessee de una manera tan estrafalaria que, al verlo desde la ventana del carro, la pareja se hab\u00eda re\u00eddo con la asc\u00e9tica solidaridad de unos cruzados incorruptibles. Ahora se reg\u00edan por otras leyes y sus pedidos de carne de cerdo y papas fritas comenzaron a llegar prestos y bien calientes a la habitaci\u00f3n del motel.<\/p>\n<p>Parece que s\u00ed llegaron a ensayar alguna corta caminata que suspendieron con la excusa de volver a hacer el amor, pero apenas se desnudaban y se echaban en la cama volv\u00edan a llamar al restaurante de las costillas. Mientras aguardaban el pedido, se daban uno que otro beso amistoso, aceptando con resignaci\u00f3n el inexorable retorno a sus or\u00edgenes.<\/p>\n<p>Primero se march\u00f3 el hombre, quien result\u00f3 ser un operador de gr\u00faas. Se llev\u00f3 el carro a mitad de la noche y regres\u00f3 a la cl\u00ednica para continuar su tratamiento. Juraba que Estrella era la culpable. Y puede que tenga raz\u00f3n, porque ella se ha pasado guiando las vidas de los dem\u00e1s, incluyendo la m\u00eda, satisfaciendo deseos que uno no se atreve a confesar. El operador de gr\u00faas fue quien me dio la direcci\u00f3n del motel y los detalles de lo que iba a encontrar.<\/p>\n<p>\u2013Ella est\u00e1 muy mal, muy arrepentida \u2013afirm\u00f3, como si se hubiera convertido en su piadoso confesor.<\/p>\n<p>Era tan inc\u00f3modo pasar por la faena de alquilar un carro. Llam\u00e9 a la misma agencia y ped\u00ed las mismas condiciones que Estrella, el mismo modelo con los mismos seguros. Ya en la carretera pens\u00e9 varias veces en devolverme, mientras imaginaba un final tan predecible como las inexorables l\u00edneas blancas entre los carriles de la autopista.<\/p>\n<p>Llegu\u00e9 a la peque\u00f1a caba\u00f1a en medio del parque tambi\u00e9n de noche. No encontr\u00e9 el desastre que esperaba. La habitaci\u00f3n luc\u00eda impecable. Estrella estaba sentada en el borde de la cama como aguardando a que su jefe le dictara el inicio de una carta que solo ella sabr\u00eda c\u00f3mo terminar. Mientras me acostaba a su lado y apoyaba la cabeza en sus piernas, le dije como entrando en un profundo sue\u00f1o:<\/p>\n<p>\u2013Siempre te voy a cuidar, Estrella. Ahora vamos a dormir un poco\u2026 Ha sido un viaje interminable\u2026 Son ya muchos a\u00f1os\u2026 Es suficiente\u2026 Estoy tan cansado.<\/p>\n<p>Desde su regazo, levant\u00e9 la vista y pude ver la opulenta barbilla con su hoyuelo de hada madrina y, m\u00e1s all\u00e1, la dulce y oronda plenitud de su rostro. No parec\u00eda venir de una reca\u00edda. La sent\u00ed segura, \u00e1vida, amorosa. Cubri\u00f3 mi rostro con sus senos y, colocando el peso de su mano en mi pecho, comenz\u00f3 a abrir los botones de mi camisa y a acariciarme las tetillas mientras susurraba con apasionada eficiencia:<\/p>\n<p>\u2013Es verdad, mi amor, ha sido una larga espera\u2026 Mira c\u00f3mo est\u00e1s de flacuchento\u2026 \u00bfNo te provoca comer algo?<\/p>\n<h4 style=\"text-align: right;\"><a href=\"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/federico-vegas\/\" target=\"_blank\" rel=\"noopener\">Sobre el autor<\/a><\/h4>\n<h6>*Tomado de: ficcionbreve.org<\/h6>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Nuestra se\u00f1ora de los golpes Es que todo lo que tiene que ver con perros y con pelambre es tan dif\u00edcil. \u00bfUsted tiene un cachorro? Seguro que lo ba\u00f1a con jab\u00f3n Las Llaves, o shampoo de beb\u00e9. Pues \u00bfquiere saber una cosa? \u00a1No lo haga m\u00e1s! Le est\u00e1 haciendo un da\u00f1o irreparable al perrito. 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