{"id":6587,"date":"2022-10-25T01:18:43","date_gmt":"2022-10-25T01:18:43","guid":{"rendered":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/?p=6587"},"modified":"2023-11-24T18:25:10","modified_gmt":"2023-11-24T18:25:10","slug":"dentro-del-cristal","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/dentro-del-cristal\/","title":{"rendered":"Dentro del cristal"},"content":{"rendered":"<h4 style=\"text-align: right;\">Guillermo Sucre<\/h4>\n<p>Parece que de una manera u otra todos tenemos especial inclinaci\u00f3n por las obras representativas. Es decir, obras que de un modo ejemplar expresan una sociedad, una \u00e9poca, un pa\u00eds, una cultura. \u00bfNo hay algo supersticioso en todo ello? Frente a esas obras es evidente el sentimiento de seguridad que el lector experimenta: el prestigio que las rodea le dice que no s\u00f3lo no est\u00e1 perdiendo el tiempo sino que adem\u00e1s se halla en lo central y significativo de la historia. Aun la reverencia llega a ser tal que le parece innecesario practicar la lectura: \u00bfno se la supone de antemano? (No debe decirse que uno est\u00e1 leyendo sino releyendo a los cl\u00e1sicos, observaba ir\u00f3nicamente Borges.)<\/p>\n<p>Con respeto a los scholars, que siempre se cuidan bien \u2014 dec\u00eda Zaratustra\u2014 de sentarse donde calienta el sol: esas obras son su pasi\u00f3n. Las convierten en arquetipos o en valores absolutos que toda obra nueva debe alcanzar, reduciendo de este modo la existencia del arte a un deber ser (\u00bfno es lo contrario de la aventura y del continuo hacerse en que vive, a\u00fan despu\u00e9s de ser creada, toda obra?). As\u00ed escriben sus historias, elaboran sus parnasos (o antolog\u00edas), establecen sus pautas y comparaciones. Su subjetividad goza del beneficio del que, por saberlo todo, es inevitablemente objetivo; ellos tienen las claves, o toda clave pasa por ellos.<\/p>\n<p>Pero apartando estas y otras supersticiones, \u00bfqu\u00e9 es, en verdad, lo representativo en arte? A un tiempo simb\u00f3licas y totales: por lo general, as\u00ed se define a las obras reconocidas como representativas. Quiz\u00e1 sea v\u00e1lido. Pero ello no excluye que muchas veces se le asigne al s\u00edmbolo un car\u00e1cter de mensaje filos\u00f3fico, o human\u00edstico; o a la totalidad se la confunda con un vago sentido sociol\u00f3gico, seg\u00fan el campo social, o hist\u00f3rico, que la obra abarque. El equ\u00edvoco es todav\u00eda mayor cuando se parte de esas nociones como si fueran sustancias eternas e inmodificables, que nos vienen dadas, por supuesto, desde el pasado. \u00bfA\u00fan los historicistas no alimentan ese equ\u00edvoco?<\/p>\n<p>El arte contempor\u00e1neo tiende a rechazar el s\u00edmbolo, o lo concibe de otro modo: nunca como un equivalente, por m\u00e1s total o complejo que \u00e9ste sea, sino como una realidad en s\u00ed misma. \u00bfSe puede seguir hablando, entonces, de s\u00edmbolos? Tambi\u00e9n la relaci\u00f3n con la totalidad es muy distinta en nuestra \u00e9poca. A riesgo de generalizar y simplificar (en un tiempo caben muchos \u00abtiempos\u00bb), podr\u00eda decirse que esa relaci\u00f3n es hoy m\u00e1s tangencial. La totalidad no es ni la suma de todo ni la reducci\u00f3n de todo a una coherencia (unidad, se dice) m\u00e1s bien exterior, conceptual. Ya no es posible totalizar sino a partir de lo fragmentario mismo; si hay visiones todav\u00eda las hay s\u00f3lo como en el aleph borgiano. Por otra parte, el arte actual no aspira tanto a encarnar valores ya dados como a \u00abdesencarnarlos\u00bb: es un arte cr\u00edtico e, igualmente, marginal y exc\u00e9ntrico.<\/p>\n<p>Claro, adem\u00e1s del peligro inherente a toda tentativa creadora (la petrificaci\u00f3n acecha tambi\u00e9n en toda visi\u00f3n aut\u00e9ntica), se trata de un arte que vive del peligro de sus propias contradicciones: si rechaza lo absoluto (desde la muerte de Dios anunciada no s\u00f3lo por Nietzsche), no llega a liberarse de la nostalgia que siente por \u00e9l, justamente porque ya lo absoluto ha desaparecido en el mundo; si niega la historia como posible utop\u00eda es para \u00e9l mismo asumir lo ut\u00f3pico y proponerlo en una sociedad entonces regida por el arte (\u00bfes la inmanencia lo que desarrolla este gusto por la dominaci\u00f3n?). Aun esas contradicciones pueden conducir a un impasse m\u00e1s profundo: es un arte corro\u00eddo no tanto por la duda como por la iron\u00eda. Esa iron\u00eda es impostura y mistificaci\u00f3n: siendo s\u00f3lo arte quiere proponerse como lo absoluto e, inversamente, proponi\u00e9ndose como tal sabe que, en el fondo, no es sino arte. Su propia naturaleza es, por tanto, problem\u00e1tica: m\u00e1s a\u00fan, lo problem\u00e1tico es su naturaleza. Sus mistificaciones e imposturas no son disfrazadas: las exhibe, incluso hasta con cierto orgullo que es tambi\u00e9n autodesd\u00e9n.<\/p>\n<p>En tal sentido, es un arte fundado en el esc\u00e1ndalo y quiz\u00e1 en el plano m\u00e1s radical: atenta contra lo (con) sagrado, pero su deliberada profanaci\u00f3n es otra forma de hacer posible lo sagrado; no otro sino lo sagrado en lo humano. Maurice Blanchot ya lo ha dicho: en literatura \u00abla tromperie et la mystification non seulement sont inevitables, mais forment I&#8217;honn\u00e9tet\u00e9 de l&#8217;\u00e9crivain, la part d&#8217;esp\u00e9rance et de v\u00e9rit\u00e9 qu&#8217;il y a en lui\u00bb.1 Tener en cuenta el enga\u00f1o conduce a algo m\u00e1s que a esclarecer las reglas del juego; se trata de precisar esto: la obra s\u00f3lo tiene una validez imaginaria y como tal no es ni la realidad ni el mundo; s\u00f3lo un modo de ver la realidad y el mundo, y de estar en ellos. M\u00e1s radicalmente dir\u00edamos: la obra es un modo de verse a s\u00ed misma. En cambio, nada peor, \u00a0ni m\u00e1s triste, que el enga\u00f1o que se ignora. Cada una de las obras llamadas \u00abrealistas\u00bb pretende situarse fuera de la literatura; obviamente, pues ellas son la \u00abrealidad\u00bb. Poco importa que traten de devaluar la literatura, sino que lo hagan para sobre- valorarse ellas mismas. Es posible que esas obras nos den la vida, pero no dan vida: finalmente matan toda imaginaci\u00f3n.<\/p>\n<p>Creo que ya se impone una pregunta: \u00bfqui\u00e9n puede hoy creerse representativo sin caer en el abuso de la egolatr\u00eda, que es tambi\u00e9n un abuso de confianza? \u00abSoy el cantor de Am\u00e9rica aut\u00f3ctono y salvaje\u00bb, escrib\u00eda un poeta peruano de comienzo de siglo. Aparte de que ese poeta nunca pareci\u00f3 ni tan aut\u00f3ctono ni tan salvaje, pretensiones como \u00e9stas \u00bfno hacen sonre\u00edr un poco? Aun cuando Neruda, al referirse al pasado ind\u00edgena, en uno de su poemas m\u00e1s memorables, dice: \u00abYo vengo a hablar por vuestra boca muerta\u00bb, \u00abHablad por mis palabras y mi sangre\u00bb, es dif\u00edcil no sentir la intromisi\u00f3n del portavoz que se cree elegido o delegado por una raza. Pero esto lo abordaremos m\u00e1s adelante. Por ahora nos sirve para entrar directamente en el \u00e1mbito hispanoamericano.<\/p>\n<p>En Am\u00e9rica Latina hemos cre\u00eddo fielmente que la historia se desarrolla seg\u00fan ciertos esquemas a los cuales debe corresponder, con todo rigor, el arte. As\u00ed el arte deb\u00eda seguir un orden evolutivo. Era casi inevitable que tuvi\u00e9ramos una novela \u00e9pica, panor\u00e1mica y social en correspondencia con la realidad de una sociedad naciente. De igual modo, como \u00e9ramos (\u00bfa\u00fan somos?) un \u00abnuevo mundo\u00bb ten\u00edamos que cumplir con una suerte de pasi\u00f3n ad\u00e1nica: nombrar para que fuesen nuestros seres y cosas, nuestra vasta geograf\u00eda, nuestras tradiciones y mitos. Por supuesto, ni aquella visi\u00f3n de la historia ni esta pasi\u00f3n ad\u00e1nica, as\u00ed como tampoco ciertas t\u00e9cnicas expresivas que se emplearon, pod\u00edan originarse del todo en nuestra cultura: de alg\u00fan modo las tom\u00e1bamos de Europa. A\u00fan m\u00e1s, esa actitud estaba mediatizada por una mirada for\u00e1nea: curiosamente coincid\u00eda con la manera con que nos han visto, y a\u00fan nos ven, desde afuera. De esta manera, la aventura de lo latinoamericano se fue convirtiendo en una imagen un tanto clis\u00e9, al gusto del exotismo que despert\u00e1bamos en los otros.<\/p>\n<p>Es posible, no obstante, que as\u00ed se haya logrado dar un tono latinoamericano a nuestra literatura; pero no es del todo claro que la validez est\u00e9tica \u2014cuando existe\u2014 de las obras que se insertan en tal tendencia provenga de ese simple hecho. Menos claro a\u00fan que de ese modo se haya creado una literatura latinoamericana. En la obra de Santos Chocano, por ejemplo, hay quiz\u00e1 m\u00e1s elementos \u00abind\u00edgenas\u00bb que en la C\u00e9sar Vallejo: nadie pondr\u00eda en duda, en cambio, no s\u00f3lo que Vallejo es un poeta y aquel un mero ret\u00f3rico, sino tambi\u00e9n que en \u00e9l hay una vivencia profunda y no pintoresca de lo racial. En una dimensi\u00f3n distinta, pues ac\u00e1 el plano est\u00e9tico puede ser igual, tampoco parece que Carpentier sea m\u00e1s latinoamericano que Lezama Lima, aun cuando en la obra de \u00e9ste no domine ning\u00fan impulso gen\u00e9sico o cosmog\u00f3nico \u2014ese rasgo con el que siempre se tiende a definir lo latinoamericano\u2014 (\u00bfno estamos viviendo todav\u00eda en el sexto d\u00eda de la Creaci\u00f3n?).<\/p>\n<p>El hecho es que la concepci\u00f3n de lo representativo ha estado ligada adem\u00e1s, entre nosotros, a una teor\u00eda de la originalidad americana. No es esta teor\u00eda lo que hoy resulta falso, sino su formulaci\u00f3n. En efecto, somos originales en la medida en que tal vez todo el mundo lo es: tenemos una experiencia concreta del mundo. Pero ser\u00eda distinto suponer que la originalidad est\u00e1 ya dada en la realidad, por fascinante que \u00e9sta sea o haya sido para el europeo. Suponerlo as\u00ed explica esa reiterada voluntad por mostrar la exuberancia de la naturaleza americana: enumerar todos sus dones y seguir alimentando los mitos de una posible \u00abtierra de gracia\u00bb.<\/p>\n<p>Al parecer, todo poeta latinoamericano \u2014por y para serlo\u2014 ha de tener una vocaci\u00f3n ilimitada de conocimiento f\u00edsico (aunque pocas veces se formule problemas del conocer mismo): no puede hablar, por ejemplo, de la flora o la fauna sin que llegue a abarcar todas las especies posibles (pero ya registradas, habr\u00eda que a\u00f1adir). Poeta enumerativo y, por supuesto, planetario: ese esp\u00e9cimen del que Borges ha dejado una de las m\u00e1s c\u00f3micas parodias en uno de sus relatos. Tal tendencia puede alcanzar grandes hallazgos y a\u00fan ser \u00fatil y did\u00e1ctica \u2014que a eso ha sido rebajada, hoy, la concepci\u00f3n de Lautr\u00e9amont, y luego de los surrealistas, sobre la v\u00e9rit\u00e9 pratique de la poes\u00eda. Lo importante, sin embargo, es que la experiencia po\u00e9tica no se vuelva un ejercicio repetitivo de descripciones, siempre frondosas y, claro, metaf\u00f3ricas. Lo que se presenta como una poes\u00eda \u00abobjetiva\u00bb puede tornarse en mera avidez libresca: cat\u00e1logo de cat\u00e1logos. Finalmente \u00bfno es m\u00e1s veraz pensar que la realidad americana no puede ser ni expresada ni descubierta; que hay que inventarla y no simplemente inventariarla?<\/p>\n<p>Ya es bueno decirlo: el mundo no es s\u00f3lo realidad sino tambi\u00e9n experiencia. Y la experiencia del poeta es sobre todo verbal. Es obvio que puede nombrar las cosas, pero, al hacerlo, est\u00e1 tratando en primer lugar con palabras. Esas palabras, a su vez, no expresan al mundo, sino que aluden (interrogan, ordenan) a una experiencia del mundo. Lo que es distinto y m\u00e1s preciso. La verdadera originalidad, as\u00ed como la intensidad, no reside en lo nombrado sino en la manera de nombrarlo; no est\u00e1 en lo visto sino en la manera de verlo. \u00abHay que mostrar a un individuo que se introduce en el cristal\u00bb, era para el joven Borges la \u00fanica posibilidad de la obra de arte<a href=\"#_ftn1\" name=\"_ftnref1\">[1]<\/a>. Ese cristal no separa dos zonas, la del sujeto y la del objeto, sino que finalmente las identifica. La \u00fanica manera de aproximarse a la objetividad \u00bfno es reconociendo primero la subjetividad? \u00c9sta es, creo, la perspectiva que hace impracticables las pretensiones de representatividad, de totalidad y, en el contexto latinoamericano, de originalidad tel\u00farica.<\/p>\n<p>En \u00faltima instancia, la realidad en que participamos reside en la mirada, en el lenguaje. El verdadero realismo, o quiz\u00e1 el \u00fanico posible, es el de la imaginaci\u00f3n. Y el primer poder de \u00e9sta en literatura es, sabemos, verbal.<\/p>\n<p><a href=\"#_ftnref1\" name=\"_ftn1\">[1]<\/a> Inquisiciones, Buenos Aires, Proa, 1925<\/p>\n<h4 style=\"text-align: right;\"><a href=\"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/guillermo-sucre\/\" target=\"_blank\" rel=\"noopener\">Sobre el autor<\/a><\/h4>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Guillermo Sucre Parece que de una manera u otra todos tenemos especial inclinaci\u00f3n por las obras representativas. Es decir, obras que de un modo ejemplar expresan una sociedad, una \u00e9poca, un pa\u00eds, una cultura. \u00bfNo hay algo supersticioso en todo ello? 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