{"id":6355,"date":"2022-09-27T01:26:19","date_gmt":"2022-09-27T01:26:19","guid":{"rendered":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/?p=6355"},"modified":"2023-11-24T18:26:08","modified_gmt":"2023-11-24T18:26:08","slug":"dos-ensayos-sobre-la-poesia-de-luis-enrique-belmonte","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/dos-ensayos-sobre-la-poesia-de-luis-enrique-belmonte\/","title":{"rendered":"Dos ensayos sobre la poes\u00eda de Luis Enrique Belmonte"},"content":{"rendered":"<h3><strong>El ocaso de lo et\u00e9reo<\/strong><\/h3>\n<h4 style=\"text-align: right;\">Isa\u00edas Ca\u00f1iz\u00e1lez \u00c1ngel<em><br \/>\n<\/em><\/h4>\n<p><em>Andar sin equipaje, sin estirpe y sin escudo,<\/em><\/p>\n<p><em>con los labios mojados por el vino de la despedida,<\/em><\/p>\n<p><em>tarareando, tarareando<\/em><\/p>\n<p><em>siguiendo la estela de los que se fueron<\/em><\/p>\n<p><strong>Para decir que hubo un reino<\/strong><\/p>\n<p>El primer libro de un poeta es siempre un intento por tratar de exorcizar los demonios que lo habitan. Tambi\u00e9n, en cierta forma, es una apuesta que pretende asaltar los bordes establecidos por el azar: esas fronteras inasibles donde todo lo que se nombra entra en contradicci\u00f3n con la l\u00f3gica de lo cotidiano. Ese otro prop\u00f3sito quiz\u00e1s no tan evidente, que se guarda como carta debajo de la manga, es la espera acerca de lo que el posible lector puede llegar a avizorar en esos primeros versos p\u00fablicos.<\/p>\n<p>El primer libro de un poeta, insisto, es el anuncio de futuros incendios y la prefiguraci\u00f3n de los aguaceros que a\u00fan no llegan. Afortunadamente el devenir de lo po\u00e9tico comienza a distanciarse de las desgastadas \u201cinterpretaciones\u201d en las que en muchos casos se jerarquiza un texto sobre otro porque se considera que el poeta evoluciona y ese proceso implica una \u00bfmaduraci\u00f3n? de su obra.<\/p>\n<p>Me explico: en la poes\u00eda, como la vida, el orden de los factores s\u00ed altera el producto. Particularmente si asumimos que, la diversidad ofrecida por el inagotable muestrario de la producci\u00f3n literaria, puede no recocerse en estas aseveraciones ya que de alguna manera y, por fortuna, siempre encontramos textos que escapan a estas prefiguraciones del quehacer escriturario. Nada nuevo bajo el sol. Apenas los apuntes de quien ha intentando asimilar los embates que dejan los zarpazos del autor que hoy nos ocupa. Una poes\u00eda hecha con voz propia, con el \u00edmpetu de una b\u00fasqueda que no se reconoce en el lugar com\u00fan ni en la frase grandilocuente. Estamos frente a un autor cuyo sentido de la iron\u00eda no se desvanece en el uso del lenguaje domesticado por la imagen que atropella o que simplemente no convoca a nada. Estos versos, sin vacilaci\u00f3n alguna, as\u00ed lo confirman:<\/p>\n<p><em>Estamos al borde<\/em><\/p>\n<p><em>de pertenecer a otro sue\u00f1o<\/em><\/p>\n<p><em>un animal oce\u00e1nico con sed en los ojos<\/em><\/p>\n<p><em>remueve su organismo como orquesta<\/em><\/p>\n<p><strong>Desbordamiento<\/strong><\/p>\n<p>Pienso que, luego de volver a leer la amplia, compleja y proteica poes\u00eda de Luis Enrique Belmonte (Caracas, 1971), reafirma toda esa fuerza que la circunda; est\u00e1 impregnada por el ocaso de lo et\u00e9reo, es decir, por una voluntad que pretende hacerse su propio espacio en medio de tantas tribulaciones existencialistas: esas palurdas enumeraciones a las que asistimos ya con el des\u00e1nimo de ver c\u00f3mo se repite, una y mil veces, lo que apenas si puede balbucear lo ya tantas veces cantado (\u00a1Y con mejores resultados!). Lejos est\u00e1 la poes\u00eda de Belmonte de esos desgastados arrebatos en los que un simple vuelo p\u00e1jaro muere antes de cualquier intento de lluvia, para decirlo (escribirlo) de alguna manera no tan hiriente y sin pretensiones de elegancia alguna.<\/p>\n<p>En cambio, eso no sucede cuando el andamiaje discursivo y simb\u00f3lico de la creaci\u00f3n, se fusiona con la natural disposici\u00f3n de lo que surge como esencia de lo po\u00e9tico, entonces, son los impulsos de la honestidad los que determinan el hallazgo de ese universo en el que la prefiguraci\u00f3n, lo realmente art\u00edstico se impone y trasciende. La poes\u00eda es una invocaci\u00f3n de los sentidos, sin que ello implique una abstracci\u00f3n absoluta o una recurrente enunciaci\u00f3n de incoherencias ca\u00f3ticas. Afortunadamente contamos con poetas, de gran calidad, que son capaces de convocarnos a ese encuentro con la palabra-imagen, con la palabra-verbo y en los que se puede percibir un intento de innovaci\u00f3n sin que ello implique el uso absurdo y obstinado en donde privan injustificadas estridencias.<\/p>\n<p>La poes\u00eda de Luis Enrique Belmonte, verso a verso, se ha encargado de poner en evidencia la afirmaci\u00f3n que reci\u00e9n he expuesto. Su obra, en general, es un contundente ejemplo de esa exploraci\u00f3n humana, de los prodigios del lenguaje hurgando en la fatalidad de lo cotidiano. La p\u00e9rdida, espacio predilecto de las dualidades y las simulaciones l\u00edricas, recibe la certera compa\u00f1\u00eda de met\u00e1foras capaces de provocar la ilusi\u00f3n \u00f3ptica de lo inasible, de aquello que solo existe porque la cosmovisi\u00f3n urbana del poema as\u00ed ha impuesto su ley sin traicionar el hiriente valor est\u00e9tico que lo circunda. En mayor o menor medida, esas aproximaciones ser\u00e1n la frontera que establecer\u00e1 un pacto de mutua complicidad entre el autor y lector de estos rel\u00e1mpagos, de estos destellos escritos para:<\/p>\n<p><em>los ojos de niebla<\/em><\/p>\n<p><em>del que ha sido desinado a recordar eternamente<\/em><\/p>\n<p><em>estos instantes que coincidieron con su muerte.<\/em><\/p>\n<p>En, <em>Cuando me da por caracol <\/em>(1994), su inicial danza p\u00fablica con p\u00fablico, encontramos una fuerza no muy frecuente en autores que apenas comienzan su periplo por la palabra escrita. Lo que sin duda tambi\u00e9n establece un marco singular con respecto a la concepci\u00f3n que pueda llegar a tener un poeta en su primer libro, ya que los textos que lo conforman, nos refieren a un trabajo donde luye una gran conciencia po\u00e9tica que pretende, adem\u00e1s, mostrarse con suma personalidad aunque el mismo Belmonte, quiz\u00e1s, no haya tenido en mente esa intenci\u00f3n. Esa tarea, como sabemos, no es sencilla, sobre todo porque el imaginario sobre el cual reposa lo on\u00edrico suele guardarse para s\u00ed, la sorpresa final:<\/p>\n<p><em>Aqu\u00ed est\u00e1 el poema<\/em><\/p>\n<p><em>m\u00edralo ahora y ya no est\u00e1<\/em><\/p>\n<p><em>nunca estuvo<\/em><\/p>\n<p><em>es la quimera de tu vida de afeitadora gastada<\/em><\/p>\n<p><em>hojilla de m\u00faltiples fracasos destila el destello que corta<\/em><\/p>\n<p><em>la barbilla.<\/em><\/p>\n<p>Cuando se\u00f1alo que en muchos casos los autores suelen estar naturalmente imbricados en intentos de rupturas y cambios, que no siempre se concretan, es necesario advertir que estas pretensiones apenas son una parte importante del valor real de una obra. Cuando, por ejemplo, leemos <em>El reino<\/em>, de Ram\u00f3n Palomares, nos quedamos boca abierta no solo porque hay all\u00ed una voz que pone distancia respecto a su entorno m\u00e1s cercano, sino tambi\u00e9n por la sentida b\u00fasqueda de una identidad que, siendo colectiva, se ampara en lo individual. Guardando las distancias del caso y pensando solo en la complejidad de la po\u00e9tica libre, personal y tan irreverente de Luis Enrique Belmonte, considero que en ambos textos, en el del poeta Palomares y el de Belmonte, uno est\u00e1 convocado a un ritual inici\u00e1tico donde se augura que lo mejor est\u00e1 por venir. No tengo dudas de que en ambos casos esto se ha cumplido cabalmente. Palomares autor consagrado de la literatura universal y Belmonte el que sin duda, para m\u00ed y para muchos de los que hemos le\u00eddo sus textos, es uno de los mejores poetas del pa\u00eds y cuidado si no el mejor. Aseveraci\u00f3n, como ha de suponerse, debe generar interminables divergencias, ya en reiteradas entrevistas, Ricardo Piglia, ha se\u00f1alado que: \u201cel valor de la literatura no responde a las imposiciones editoriales ni mucho menos a la mano sacra de la Academia, sino a una libre elecci\u00f3n de los lectores\u201d. Y precisamente como lector es que he venido dialogando con la obra de este extraordinario poeta venezolano.<\/p>\n<p>Adem\u00e1s, quiero se\u00f1alar que la obra de Luis Enrique Belmonte, diversa en s\u00ed misma, profunda en su alcance l\u00edrico y sin verg\u00fcenza alguna, aniquiladora de lastres y frases rebuscadas, es una de las m\u00e1s significativas de los \u00faltimos a\u00f1os, no solo por cantidad de premios que ha recibido, sino por el impacto que ha logrado producir en muchos j\u00f3venes, quienes fervientemente lo han le\u00eddo a lo largo de estas dos \u00faltimas d\u00e9cadas. Soy testigo de tan singular acontecimiento, ya que en los dis\u00edmiles espacios literarios, en donde me ha tocado trabajar, la poes\u00eda de este autor se cuenta entre las que m\u00e1s anima a ese exigente y esquivo grupo de lectores\/ poetas. Eso tiene un valor bien significativo, pues muchos lo ven como un modelo, no para seguirlo mec\u00e1nicamente, sino que sienten, al leerlo, que su poes\u00eda les ha permitido la posibilidad de transitar otros espacios de ruptura en la b\u00fasqueda de su propio lenguaje literario. El filo cortante de sus sarcasmos, es una suerte de b\u00e1lsamo para librarse de las ataduras que suelen imponer las cuatro paredes de un sal\u00f3n de clases.<\/p>\n<p>Por fortuna, este es un autor al que valoramos en vida y al que hemos visto, poemario tras poemario, mantenerse con la firmeza e innovaci\u00f3n est\u00e9tica, propia de quien no se conforma con lo primero que lo asalta. Yo, aunque puedo estar equivocado, siento, al leerlo, la presencia de un extenso proceso de reescritura y revisi\u00f3n constante. En el pr\u00f3logo que escribe, el tambi\u00e9n poeta Daniel Molina, para la edici\u00f3n de <em>Pasadizo. Poes\u00eda reunida 1994-2006<\/em>, de Luis Enrique Belmonte y que public\u00f3 Monte \u00c1vila, Molina, refiri\u00e9ndose puntualmente al poemario <em>Cuartos de alquiler, <\/em>se\u00f1al\u00f3 lo siguiente:<\/p>\n<p>el poeta crea su propia ciudad dentro de la ciudad representada representaciones del espacio; hablamos de la ciudad imaginada a trav\u00e9s de seres fragmentarios, despojos. Estos seres vienen de la p\u00e9rdida, p\u00e9rdida de la experiencia benjaminiana. En este libro habitamos una ciudad de restos, de derrotados, de los que se quedaron para callar su \u00faltima historia<em>.<\/em><\/p>\n<p>Certero y acucioso comentario puesto que es la sensaci\u00f3n que nos queda cuando los afilados versos del poeta Belmonte disparan su contenido m\u00e1s humanamente descarnado. Comparto con el prologuista esa percepci\u00f3n sobre <em>Cuartos de alquiler. <\/em>Solo agregar\u00e9 que cada poema nos deja con la sensaci\u00f3n cortante de un vac\u00edo, donde no se reconoce, con facilidad, esa ausencia que el alma requiere para sanar heridas y cicatrizar lo ya extraviado. Sientan esa fuerza en estos versos:<\/p>\n<p><em>En la errancia est\u00e1 el dolor<\/em><\/p>\n<p><em>del dromedario extraviado: un violonchelo<\/em><\/p>\n<p><em>colgado como una residenciada en el patio inundado por lluvias de junio.<\/em><\/p>\n<p>Nos queda, entonces, el logro po\u00e9tico de un lenguaje que se distancia de la met\u00e1fora abstracta, vac\u00eda y la altisonante vehemencia que, apenas, nada nuevo puede ofrecernos. En cambio nos enfrentamos, con sumo entusiasmo, a una poes\u00eda hecha a fuerza de lecturas y vivencias de otros lugares, de experiencias vividas tal vez a punta de viajes inconclusos y autores \u2013en cierto modo\u2013 poco conocidos, al menos en mi caso. Belmonte inicia muchos de sus poemas con el acompa\u00f1amiento de ep\u00edgrafes que dan cuenta de un amplio panorama de autores, entre los que podemos mencionar, a: Vah\u00e9 Godel, Tom\u00e1s Segovia, Carlos Germ\u00e1n Belli, Phillipe Jones y Vladimir Holan. Lo que viene a corroborar que el poeta posee un marco referencial de lecturas (y relecturas) diverso, heterog\u00e9neo y que no se limita a imposiciones del mercado editorial.<\/p>\n<p>Esos rasgos de singularidad se ven expresados \u2013tambi\u00e9n\u2013 en su prosa po\u00e9tica, la cual alcanza su mayor punto de definici\u00f3n formal en el poemario <em>Matadero <\/em>(2002). Uno de sus trabajos m\u00e1s breves, en cuanto a extensi\u00f3n como pieza individual; pero en cuya trama convergen un sentido atemporal de las descripciones y ese inesperado desenlace final del poema. No tengo ninguna duda en afirmar y reiterar mi admiraci\u00f3n profunda por una obra que no deja de sorprender porque la poes\u00eda de Luis Enrique Belmonte, se ha ganado un lugar privilegiado, entre tantos lectores, dado que es capaz de dar vida quitando el aliento.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<h3><strong>Breve aproximaci\u00f3n a Luis Enrique Belmonte<\/strong><\/h3>\n<h4 style=\"text-align: right;\">Mar\u00eda Fernanda Toro<\/h4>\n<p>Luis Enrique Belmonte (1971) es un joven poeta venezolano que public\u00f3 su primer libro en 1994, titulado <em>Cuando me da por caracol<\/em>, por la editorial Mucuglifo, de M\u00e9rida. Ya en su primera publicaci\u00f3n, como ha se\u00f1alado el profesor y poeta Miguel Marcotrigiano (2009)<a href=\"#_ftn1\" name=\"_ftnref1\">[1]<\/a>, la poes\u00eda de Belmonte consta de un \u201cparticular\u00edsimo uso de las im\u00e1genes, quiz\u00e1s \u2013junto al ritmo\u2013 uno de los aciertos de su escritura.\u201d Esta cualidad est\u00e9tica se repetir\u00e1 a lo largo de sus poemarios posteriores, acompa\u00f1ada \u2013en muchos casos\u2013 de una elaboraci\u00f3n reinterpretativa de la cotidianidad. La vida de todos los d\u00edas se vuelve a decir desde el verso que la hace extra\u00f1a y a la vez eterna, se revela all\u00ed la importancia de las nimiedades cotidianas, pero que son, al mismo tiempo, constitutivas de la identidad.<\/p>\n<p>La obra de Belmonte le ha hecho merecedor de valiosos premios, entre ellos el Fernando Paz Castillo en 1996 y el Adonais de Poes\u00eda, de Espa\u00f1a, en 1998. La exploraci\u00f3n po\u00e9tica que se propone este autor registra varios t\u00f3picos que cristalizan de distinta manera en cada poemario, como se advierte en el pr\u00f3logo de su <em>Poes\u00eda reunida 1994-2006 <\/em>(2009)<a href=\"#_ftn2\" name=\"_ftnref2\">[2]<\/a>, escrito por Daniel Molina; all\u00ed leemos: \u201cla poes\u00eda como una hermen\u00e9utica de la materia, donde est\u00e1n los residuos, donde est\u00e1 lo que nadie ve, el resto, porque all\u00ed se gesta la materia, eso que nos pasa cotidianamente, lo que nos va definiendo.\u201d<\/p>\n<p>Tambi\u00e9n Francisca Noguerol Jim\u00e9nez (2007)<a href=\"#_ftn3\" name=\"_ftnref3\">[3]<\/a> ha dedicado un estudio cr\u00edtico a la obra po\u00e9tica de Belmonte, en \u00e9l afirma que \u201ces una po\u00e9tica signada por la lucidez y la reflexi\u00f3n sobre el tiempo y en la que el sujeto l\u00edrico se descubre como vocero de la miserable condici\u00f3n humana\u201d. El tema del existencialismo, como han anunciado Noguerol Jim\u00e9nez y Molina, est\u00e1 muy presente en la obra del joven poeta, en ello coincide tambi\u00e9n Marcotrigiano: \u201cquiz\u00e1s (es un sentir muy personal) en los poemas se ahonda en una visi\u00f3n reflexiva acerca de la vida y el ser humano como protagonista de ese absurdo que representa\u201d (op.cit.)<\/p>\n<p>En este sentido, nos interesa el tema de la identidad, t\u00f3pico que se presenta tempranamente en la obra de Belmonte, pues en el primer poema del primer libro que publica el autor, se evidencia la inquietud del que urde una b\u00fasqueda hacia aspectos oscuros del ser. A pesar de que elegir un poema tan anterior para nuestra aproximaci\u00f3n podr\u00eda ponernos en el riesgo de no tomar en cuenta las transformaciones que se han efectuado en la obra m\u00e1s reciente del autor, consideramos que es un texto cuya tem\u00e1tica es recurrente en sus publicaciones posteriores. Incluso, como han sugerido otros autores, podr\u00eda tratarse de uno de los temas fundamentales de su po\u00e9tica. Adem\u00e1s, nos interesa este primer texto en cuanto dialoga con el poema \u201cXVII\u201d publicado en el libro <em>Animal de costumbre <\/em>(primera edici\u00f3n 1959) de Juan S\u00e1nchez Pel\u00e1ez. Ambos poemas, publicados con treinta y seis a\u00f1os de diferencia, reflexionan sobre el tema de la identidad, proponen po\u00e9ticamente mirar con atenci\u00f3n eso que est\u00e1 agazapado en la interioridad, esperando el momento oportuno para manifestarse.<\/p>\n<p>Hanni Ossott (2008) ha descrito la relaci\u00f3n entre el habla po\u00e9tica y el ser, explica que en el \u201cdecir actual\u201d, \u201cla voz po\u00e9tica se desconoce como capaz de tocar el misterio [del ser], pues lo percibido all\u00ed no pertenece al mundo ni al saber objetizante. Sin embargo, aquello que nosotros llamamos ser y misterio no puede ser extra\u00f1o a la vida\u201d<a href=\"#_ftn4\" name=\"_ftnref4\">[4]<\/a>. Podr\u00edamos inferir, con las primeras impresiones de Ossott, que el habla po\u00e9tica, por manejar una referencialidad c\u00f3nsona con el objeto, entonces se distancia de poder nombrar al ser. A pesar de ello, en lo siguiente la autora se desdice, pues no necesariamente la exploraci\u00f3n po\u00e9tica del ser es ajena a la vida cuyas referencias est\u00e1n repletas de objetos, de una referencialidad \u201cobjetizante\u201d (op.cit). M\u00e1s adelante, en el mismo ensayo, Ossott se\u00f1ala que existe una tensi\u00f3n entre la escucha (\u201caquello que funda la obra\u201d) al ser y la escucha a los objetos del afuera; estos \u00faltimos com\u00fanmente, seg\u00fan la autora, acallan \u201cel murmullo del ser\u201d (op.cit.)<\/p>\n<p>En el caso de S\u00e1nchez Pel\u00e1ez y Belmonte, la tensi\u00f3n entre lo que alude a la interioridad y lo que se refiere a los objetos del afuera est\u00e1 muy presente en los dos poemas que nos interesa revisar. En los textos, a trav\u00e9s del contraste entre la cotidianidad y la interioridad, se revelan las complejidades de la construcci\u00f3n de la identidad. Recordemos el inicio de ambos, en los que est\u00e1 la irrupci\u00f3n de un ente extra\u00f1o en la cotidianidad del sujeto l\u00edrico: \u201cMi animal me costumbre de observa y me vigila. \/Mueve su larga cola. Viene hasta m\u00ed \/ A una hora imprecisa\u201d<a href=\"#_ftn5\" name=\"_ftnref5\">[5]<\/a>. Veremos m\u00e1s adelante que este animal de costumbre que aparece en cualquier momento, no es precisamente extra\u00f1o, sino que constituye al sujeto que lo describe.<\/p>\n<p>Tambi\u00e9n en el primer poema de Belmonte se muestra el \u201cestar caracol\u201d como algo extra\u00f1o y casi accidental en la cotidianidad del sujeto l\u00edrico: \u201cCuando me da por caracol \/ando echando maldiciones \/a todo lo que se me atraviesa\u201d<a href=\"#_ftn6\" name=\"_ftnref6\">[6]<\/a>. De esta manera, \u201cdar por caracol\u201d podr\u00eda ser <em>comportarse <\/em>como un caracol, es decir, permitirse colocar la concha sobre el lomo, y relacionarse <em>como un caracol <\/em>con el entorno: andar echando maldiciones. A medida que se avanza en la lectura de ambos poemas, se podr\u00e1 dar cuenta de la transformaci\u00f3n que sufren los sujetos l\u00edricos; en el caso de Belmonte \u201cestar caracol es peligroso\u201d puesto que mueve unos instintos oscuros.<\/p>\n<p>Cuando el sujeto l\u00edrico \u201checho caracol\u201d escucha a una muchacha en la librer\u00eda preguntar sobre la teor\u00eda del caos, eso de <em>estar caracol <\/em>lo transforma: \u201cEntonces \/ tent\u00e1culos de pulpo escarbando en el est\u00f3mago \/ ruleta desbocada en la cabeza \/ temblor en las piernas \/ todo listo para que agarre su pescuezo limpio \/ y suenen sus v\u00e9rtebras cervicales\u201d(\u00eddem) pero tambi\u00e9n, estar caracol detiene, al instante, el impulso destructivo: \u201cPero no puedo\/ me sale una sonrisa de corroncho asustado\/ porque me da por caracol\u201d(\u00eddem).<\/p>\n<p>Tambi\u00e9n en Pel\u00e1ez el animal de costumbre ha arraigado en el sujeto l\u00edrico ciertos instintos, le ha hecho voltear el rostro a mirar las nimiedades de la vida, transform\u00e1ndole a \u00e9l mismo en una burbuja en la playa. El animal de costumbre \u201cA una hora imprecisa \/ me matar\u00e1 \/ recoger\u00e1 mis huesos \/ y ya mis huesos metidos en un gran saco, har\u00e1 de m\u00ed \/ un peque\u00f1o barco \/ una diminuta burbuja sobre la playa\u201d.<\/p>\n<p>Es solo cuando el sujeto l\u00edrico se ha vuelto uno de esos objetos insignificantes, pero muy importantes para el \u00edntimo imaginario mar\u00edtimo, que logra ser <em>fiel<\/em>: \u201cEntonces s\u00ed \/ Ser\u00e9 fiel \/ A la luna\/ La lluvia \/ El sol\/ Y los guijarros de la playa\u201d. Las irrupciones en la identidad que se pueden apreciar en ambos poemas, no aluden solamente a una reconciliaci\u00f3n con la realidad, sino que muestran tambi\u00e9n las contradicciones presentes en la construcci\u00f3n del ser, de la identidad. Hemos notado que ese impulso que llev\u00f3 al sujeto l\u00edrico de <em>Cuando me da por caracol <\/em>a imaginarse el asesinato de la muchacha en la librer\u00eda se contuvo en s\u00ed mismo, como si la conciencia de <em>estar caracol <\/em>surgiese de repente, del mismo modo que surgi\u00f3 el deseo de quebrarle el cuello.<\/p>\n<p>En otro fragmento del mismo poema leemos: \u201cCuando me da por caracol \/ digo s\u00ed queriendo decir no \/ abro la boca y me sale Mesopotamia \/ Tigris \u00c9ufrates \/ se decepcionan de m\u00ed\u201d (\u00eddem) entonces, estar caracol descontrola, de alguna manera, al sujeto l\u00edrico: se convierte en su propia contradicci\u00f3n. Atender a las pulsiones del interior podr\u00eda ser en muchos casos contradictorio, pues las tensiones entre el deseo y la conciencia, el instinto y el pensamiento, est\u00e1n siempre presentes.<\/p>\n<p>Tal vez en estos poemas los animales representen precisamente ambos estados: el descontrol por un lado y lo que gu\u00eda la conciencia por el otro. Es posible percibir la ambivalencia en la construcci\u00f3n de identidad del sujeto l\u00edrico en el poema \u201cXVII\u201d, en el que el animal de costumbre logra en \u00e9l la transformaci\u00f3n de la que hemos hablado, lo torna un ser sensible, pero no sin antes interpelarlo, acosarlo: \u201cCuando voy a la oficina, me pregunta: \/ \u201cPor qu\u00e9 trabajas \/ justamente \/ aqu\u00ed?\u201d \/\/ Y yo le respondo, muy bajo, casi al o\u00eddo: \/ Por nada, por nada.\u201d(op.cit.). Del mismo modo, ese animal de costumbre es el que \u201cA una hora imprecisa \/ En que exp\u00edo mi sed \/ Pasa con jarras de vino\u201d (\u00eddem). Sin embargo, el animal de costumbre \u201cme toma por las mu\u00f1ecas, me seca las l\u00e1grimas\u201d (\u00eddem).<\/p>\n<p>Como hemos podido precisar, el animal de costumbre est\u00e1 relacionado con el sujeto l\u00edrico de una manera compleja, pues le arrebata la luz pero le seca las l\u00e1grimas, explota su sed pero tambi\u00e9n lo transforma para poder mirar de cerca eso a lo que antes nunca fue fiel: los guijarros de la playa, la lluvia, la luna. En ambos poemas hay una exploraci\u00f3n de algunos rasgos distintivos de la identidad humana, a partir de la relaci\u00f3n del sujeto consigo mismo, con los animales que lo habitan metaf\u00f3ricamente. Esta inquietud, cuyo nacimiento no podr\u00eda ubicar con certeza en S\u00e1nchez Pel\u00e1ez, se ha vuelto a manifestar en la poes\u00eda de Belmonte, y las reflexiones que propone se han dicho nuevamente en su obra po\u00e9tica posterior.<\/p>\n<p>Valdr\u00eda la pena leer a nuestros j\u00f3venes poetas en relaci\u00f3n con aquellos grandes escritores que los preceden, y preguntarnos c\u00f3mo resurgen de nuevo las mismas inquietudes, el porqu\u00e9 de la vigencia de ciertos t\u00f3picos. Si es el poeta el responsable de fundar sentidos distintos a los convencionales en la palabra, de volver a nombrar el mundo a partir de c\u00f3digos que dicen su experiencia pero tambi\u00e9n la del otro, entonces es importante atender estas reincidencias, escuchar atentamente.<\/p>\n<p><strong>NOTAS<\/strong><\/p>\n<p><a href=\"#_ftnref1\" name=\"_ftn1\">[1]<\/a> Marcotrigiano, M. (2009). <em>Luis Enrique Belmonte. La imagen, la existencia: la<\/em> <em>poes\u00eda<\/em>. Blog personal, consultado el 17 de octubre de 2013. En: htp:\/\/ocurreadiario. blogspot.com\/2009\/09\/luis-enrique-belmonte.html?q=belmonte<\/p>\n<p><a href=\"#_ftnref2\" name=\"_ftn2\">[2]<\/a> Belmonte, L. (2009). <em>Pasadizo Poes\u00eda reunida 1994-2006<\/em>. Caracas: Monte \u00c1vila editores, p IX.<\/p>\n<p><a href=\"#_ftnref3\" name=\"_ftn3\">[3]<\/a> Noguerol Jim\u00e9nez, F. (Universidad de Salamanca)(2007). <em>Luis Enrique Belmonte: la pregunta implacable, dura de roer<\/em>. En: <em>Cartaphilus<\/em>. <em>Revista de Invesigaci\u00f3n y Cr\u00edica Est\u00e9ica <\/em>1, p.99. En: htp:\/\/revistas.um.es\/cartaphilus\/aricle\/view\/72\/59<\/p>\n<p><a href=\"#_ftnref4\" name=\"_ftn4\">[4]<\/a> Ossot, H. (2008). \u201cLa airmaci\u00f3n del ser\u201d en Memoria en ausencia de imagen, compilado en <em>Obras completas<\/em>. Caracas: Bid&amp; Co, (p.760)<\/p>\n<p><a href=\"#_ftnref5\" name=\"_ftn5\">[5]<\/a> S\u00e1nchez Pel\u00e1ez, J. (2004). <em>Antolog\u00eda po\u00e9ica<\/em>. Caracas: Monte \u00c1vila editores, p.26.<\/p>\n<p><a href=\"#_ftnref6\" name=\"_ftn6\">[6]<\/a> Op.cit.p.5<\/p>\n<h6>*Ponencias presentadas en el <em>I Coloquio sobre poes\u00eda venezolana contempor\u00e1nea: Poemas y po\u00e9ticas sobre autores nacidos a partir de 1970<\/em><\/h6>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>El ocaso de lo et\u00e9reo Isa\u00edas Ca\u00f1iz\u00e1lez \u00c1ngel Andar sin equipaje, sin estirpe y sin escudo, con los labios mojados por el vino de la despedida, tarareando, tarareando siguiendo la estela de los que se fueron Para decir que hubo un reino El primer libro de un poeta es siempre un intento por tratar de [&hellip;]<\/p>\n","protected":false},"author":6,"featured_media":6356,"comment_status":"open","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"_monsterinsights_skip_tracking":false,"_monsterinsights_sitenote_active":false,"_monsterinsights_sitenote_note":"","_monsterinsights_sitenote_category":0,"footnotes":""},"categories":[14],"tags":[44,3],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/6355"}],"collection":[{"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/users\/6"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=6355"}],"version-history":[{"count":1,"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/6355\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":6357,"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/6355\/revisions\/6357"}],"wp:featuredmedia":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/media\/6356"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=6355"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=6355"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=6355"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}