{"id":6330,"date":"2022-09-21T00:22:23","date_gmt":"2022-09-21T00:22:23","guid":{"rendered":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/?p=6330"},"modified":"2024-07-29T18:30:16","modified_gmt":"2024-07-29T18:30:16","slug":"intriga-en-el-car-wash","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/intriga-en-el-car-wash\/","title":{"rendered":"Intriga en el Car Wash"},"content":{"rendered":"<h4 style=\"text-align: right;\">Salvador Flej\u00e1n<\/h4>\n<p><em>A Yrisalvi <\/em><em>Mar\u00edn<\/em><em>, con todo mi amor<\/em><\/p>\n<p>Ya Mohamed comenzaba a decir correctamente la palabra \u201cmanguangua\u201d cuando vi su foto en el noticiero de CNN. Era una foto antigua (usaba barba y turbante), y parec\u00eda tomada con una de esas c\u00e1maras instant\u00e1neas Polaroid que ya no se consiguen en el mercado.<\/p>\n<p>Al autolavado llegu\u00e9 por Susana. Antes yo hab\u00eda trabajado en un <em>Don Pan<\/em> en Riverside, pero me fui por problemas con el encargado. Ese fue mi primer empleo cuando llegu\u00e9 a Boca Rat\u00f3n. Susana era la novia de Tony y los tres hab\u00edamos estudiado juntos en la Cat\u00f3lica. De esa \u00e9poca es que nos conocemos. Despu\u00e9s de graduarnos, Tony y Susana se fueron a vivir a los Estados Unidos y no tuve noticias de ellos hasta que otro ex compa\u00f1ero de la universidad me dio un correo electr\u00f3nico y les escrib\u00ed.<\/p>\n<p>Al principio la correspondencia gir\u00f3 en torno a las estupideces de siempre: la situaci\u00f3n del pa\u00eds, los amigos y ese tipo de cosas. Despu\u00e9s, en uno de sus correos, Tony me asom\u00f3 la posibilidad de apoyarme si alg\u00fan d\u00eda yo me decid\u00eda a emigrar. Si soy franco, en aquel momento no me lo plante\u00e9 con seriedad. Entre otras razones, Florida no era un sitio que me quitara el sue\u00f1o. Pero las cosas en Venezuela comenzaron a torcerse y la tentaci\u00f3n de irme poco a poco se \u00a0fue convirtiendo en una necesidad.<\/p>\n<p>Un d\u00eda me decid\u00ed y compr\u00e9 mi boleto. Comet\u00ed el error de no aceptar en primera instancia la invitaci\u00f3n de Tony. Mis sue\u00f1os apuntaban a Nueva York, donde ten\u00eda otros amigos que a larga resultaron no serlo tanto. Apenas aguant\u00e9 tres meses: suficientes para que se me esfumaran cinco mil d\u00f3lares de los quince mil que me llev\u00e9.<\/p>\n<p>Fue entonces\u00a0 que me dej\u00e9 de exquisiteces y volv\u00ed a escribirle a Tony.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Tony viv\u00eda con Susana en un condominio de renta en las afueras de Boca Rat\u00f3n. Mis amigos hab\u00edan pasado por todos los oficios que suelen desempe\u00f1ar los latinos reci\u00e9n llegados a la Florida. Ahora estaban m\u00e1s o menos \u201cc\u00f3modos\u201d: Tony repart\u00eda arreglos florales para una compa\u00f1\u00eda especializada y Susana era manager de un car wash en el Town Center.<\/p>\n<p>El trabajo en <em>Don Pan <\/em>me lo hab\u00eda conseguido el propio Tony. Conoc\u00eda al gerente y no le fue dif\u00edcil colocarme all\u00ed. Pero el gerente result\u00f3 ser uno de esos peruanos con \u00ednfulas de californiano que tanto abundan por ac\u00e1 y desde el primer d\u00eda comenc\u00e9 a tener <em>diferencias<\/em> con \u00e9l. Me lo cal\u00e9 dos semanas. Una tarde, mientras limpiaba la barra, el tipo me reclam\u00f3 no s\u00e9 que asunto con unos pedidos y lo mand\u00e9 a ba\u00f1ar.<\/p>\n<p>Providencialmente, en el autolavado donde trabajaba Susana se hab\u00edan abierto unas vacantes. Luego me enter\u00e9 de que la franquicia hab\u00eda cambiado de manos y el nuevo due\u00f1o quer\u00eda arrancar de cero. Mohamed, el nuevo due\u00f1o, era un tipo extra\u00f1o. Hablaba ingl\u00e9s como si estuviera a punto de venderte unas pantaletas y ten\u00eda la mirada esquinada de los que no aceptan una negativa. Nadie en el Town Center \u00a0hab\u00eda o\u00eddo hablar de \u00e9l. Susana me cont\u00f3 que el hombre lleg\u00f3 un d\u00eda con un malet\u00edn lleno de billetes, convers\u00f3 con los antiguos due\u00f1os y a la semana siguiente ya era el flamante propietario de Rapid Wash.<\/p>\n<p>Sin querer, fui el pionero de lo que despu\u00e9s llamamos el \u201cvenezolanato\u201d dentro del autolavado. Mohamed, puede que impresionado por la eficiencia de Susana, ten\u00eda en buen concepto a los venezolanos. Aquella falsa impresi\u00f3n facilit\u00f3 la avanzada de compatriotas que vendr\u00eda poco despu\u00e9s. Eso, como era l\u00f3gico suponer, traer\u00eda sus consecuencias.<\/p>\n<p>Kiko y Jorge llegaron a la semana. Hab\u00edan trabajado en un restaurante chino del que huyeron acosados por la migra y el bajo sueldo. Los dos ten\u00edan m\u00e1s de un a\u00f1o de ilegales y estaban a punto de morirse de hambre. Marcelo y el se\u00f1or Mart\u00ednez aterrizaron poco despu\u00e9s. El se\u00f1or Mart\u00ednez era el m\u00e1s veterano de todos nosotros. Ten\u00eda quince a\u00f1os sobreviviendo en los Estados Unidos y se hab\u00eda venido en una \u00e9poca en que los venezolanos s\u00f3lo emigraban a los casinos de Aruba.<\/p>\n<p>Marcelo, por el contrario, estaba reci\u00e9n bajado del avi\u00f3n. Era de Caricuao, pero parec\u00eda salido de una penitenciar\u00eda. Gracias a su ingenio carcelario, el due\u00f1o del car wash pas\u00f3 de Mohamed a \u201cMoj\u00f3nmed\u201d.<\/p>\n<p>Lo primero que hice al llegar al autolavado fue preguntar por las m\u00e1quinas.<\/p>\n<p>\u2013 \u00bfCu\u00e1les m\u00e1quinas? \u2013se sorprendi\u00f3 Susana.<\/p>\n<p>\u2013 \u00a1Las m\u00e1quinas! \u2013respond\u00ed con la pretensi\u00f3n de que Susana se imaginara cepillos gigantes y duchas industriales.<\/p>\n<p>\u2013Ya eso no se usa. Ahora se lava al \u201cseco\u201d \u2013me dijo, como si aquello fuera una tintorer\u00eda. Acto seguido me condujo hasta un dep\u00f3sito donde se alineaban una docena de carritos. Se parec\u00edan a los de helados que en Caracas empujan los haitianos, s\u00f3lo que \u00e9stos ten\u00edan un dise\u00f1o futurista y carec\u00edan de campanitas.<\/p>\n<p>Susana escogi\u00f3 un Mercedes LX para mostrarme su versi\u00f3n particular del lavado al seco. Nunca imagin\u00e9 que algo tan peque\u00f1o como aquel carrito de helados pudiera albergar tantas maravillas antis\u00e9pticas. Susana se ve\u00eda rara manipulando la manguera del carrito; parec\u00eda un beb\u00e9 atrapado en un cord\u00f3n umbilical asesino. Tambi\u00e9n empu\u00f1aba un trapo amarillo. A los diez minutos entend\u00ed el \u00e9nfasis que Susana le daba a la palabra \u201cseco\u201d.<\/p>\n<p>\u201cEn Florida los carros no se <em>ensucian\u201d,<\/em> me dijo, como si estuviera revel\u00e1ndome un secreto gerencial.<\/p>\n<p>Ten\u00eda raz\u00f3n. Florida es un yermo sin gracia al que pareciera que todos los d\u00edas le pasan una aspiradora.<\/p>\n<p>El trapo amarillo result\u00f3 a la postre ser m\u00e1s competente que el mezquino chorro de agua que escup\u00eda la manguera. \u201cMientras menos agua, mejor\u201d, repet\u00eda como un mantra. El cursillo rel\u00e1mpago de Susana incluy\u00f3 tarifas, otros \u201ctrucos\u201d y hasta sentencias filos\u00f3ficas: \u201cdependemos del tiempo\u201d, dijo oteando con aires de meteor\u00f3loga el cielo despejado del sur de la Florida.<\/p>\n<p>El Town Center ten\u00eda tres parqueaderos VIP. Un difuso convenio entre el autolavado y el <em>mall<\/em> permit\u00eda apostarnos en los alrededores y cazar a los posibles clientes. Kiko y Jorge r\u00e1pidamente tomaron posesi\u00f3n del sector m\u00e1s rentable: la entrada del <em>Fridays. <\/em>El se\u00f1or Mart\u00ednez\u00a0 ocup\u00f3 un lugar impreciso entre <em>Burdines <\/em>y <em>Sears, <\/em>al que bautizamos la \u201cdimensi\u00f3n desconocida\u201d y en donde le fue ins\u00f3litamente bien.<\/p>\n<p>Susana me asign\u00f3 como pareja a Marcelo y nuestro coto iba desde la frontera del <em>Fridays<\/em> hasta la entrada de una farmacia donde vend\u00edan de todo menos medicinas.<\/p>\n<p>\u2013Tenemos que inventarnos \u201calgo\u201d, viejo \u2013me dijo <em>Lucky<\/em> Marcelo, despu\u00e9s de evaluar las posibilidades econ\u00f3micas del improductivo sector que nos toc\u00f3.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>El condominio donde viv\u00edan mis anfitriones parec\u00eda un campo de refugiados brasile\u00f1os. Extra\u00f1amente no hab\u00eda mujeres en tanga al borde de la piscina ni samba a todo volumen. Se les reconoc\u00eda, b\u00e1sicamente, por los \u201cgrupos de oraci\u00f3n\u201d que armaban en torno a una enervante parrilla dominical, como si le rindieran culto a un dios bovino. \u201cSon una ladilla\u201d, me hab\u00eda dicho Tony el primer domingo que pas\u00e9 entre olores de costilla asada y rezos en portugu\u00e9s.<\/p>\n<p>En realidad los brasile\u00f1os no iban a ser lo \u00fanico fastidioso con lo que me encontrar\u00eda en Boca Rat\u00f3n. Tony y Susana estaban lejos de ser la pareja din\u00e1mica que hab\u00eda conocido en la universidad. Despu\u00e9s de cenar, se echaban en un sof\u00e1 despellejado a comer monta\u00f1as de helados y a re\u00edrse con un dudoso programa c\u00f3mico. Al principio yo sol\u00eda acompa\u00f1arlos en aquel tedio cal\u00f3rico, pero al cabo de unos d\u00edas la rutina comenz\u00f3 a desesperarme y a engordarme. Por otra parte, casi siempre el centro de sus conversaciones era un tal \u201cBil\u201d. Por los gestos ce\u00f1udos que pon\u00edan al mencionarlo pens\u00e9 que se trataba de un vecino fastidioso. Un d\u00eda no aguant\u00e9 la curiosidad y pregunt\u00e9 qui\u00e9n diablos era \u201cBil\u201d. Tony sac\u00f3 de un caj\u00f3n un mont\u00f3n de facturas atrasadas. En ese momento supe que las deudas en Norteam\u00e9rica ten\u00edan nombre de pistolero adolescente.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Una ma\u00f1ana, Susana y yo llegamos m\u00e1s temprano de lo normal a la oficina del autolavado. Desde afuera se escuchaban unos gritos llenos de consonantes ensalivadas. Mohamed discut\u00eda a decibeles alarmantes con un tipo igualito a Omar Sharif. Mi amiga me hizo un gesto de silencio y nos quedamos en la entrada aguardando a que sucediera algo. A los diez minutos el doble de Sharif se despidi\u00f3 y le dej\u00f3 una carpeta rosada en el escritorio a Mohamed. Cuando finalmente decidimos entrar, Mohamed se apresur\u00f3 a guardar la carpeta en una caja fuerte que ten\u00eda debajo del escritorio.<\/p>\n<p>\u201cHan pasado cosas extra\u00f1as desde que ese tipo compr\u00f3 el autolavado\u201d, me dijo Susana apenas salimos de la oficina. \u201cExtra\u00f1as como qu\u00e9\u201d, me interes\u00e9. \u201cEn las noches, cuando ustedes se van y yo me quedo cuadrando caja, Mohamed se mete en Internet a ver p\u00e1ginas rar\u00edsimas\u201d. No s\u00e9 por qu\u00e9, pero me imagin\u00e9 al turco fisgoneando p\u00e1ginas de ni\u00f1itos desnudos. Se lo dije a Susana. \u201cNo, <em>ojal\u00e1<\/em> fuera \u00a0eso. La cosa tiene que ver con aviones\u201d, dijo como si la aeron\u00e1utica fuera m\u00e1s grave que la pedofilia. \u201cYo te digo, vale: a m\u00ed lo \u00e1rabe s\u00f3lo me gusta para comer\u201d, remat\u00f3 sentenciosa.<\/p>\n<p>Le iba a preguntar qu\u00e9 pod\u00eda haber de extra\u00f1o en que alguien\u00a0 le gustara los aviones, pero en ese momento llegaron Kiko y Jorge y no pudimos seguir con el tema.<\/p>\n<p>No le hubiera prestado mayor atenci\u00f3n a las sospechas de Susana a no ser por el comentario que me solt\u00f3 Marcelo mientras le sac\u00e1bamos holl\u00edn a un Minicooper:<\/p>\n<p>\u2013Chico, yo creo que \u201cMoj\u00e1melo\u201d es medio marico \u2013era impresionante la cantidad de combinaciones que pod\u00eda lograr Marcelo con aquel nombre\u2013: me ofreci\u00f3 dos mil d\u00f3lares para que lo acompa\u00f1ara el mes que viene a Nueva York. \u00a0\u00bfA cuenta de qu\u00e9?, me pregunto yo. Ahora, si me da tres mil puede que lo piense \u2013dijo y sigui\u00f3 enfrascado en los rines del Minicooper.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Por regla general, suelo desconfiar de las personas que no le guardan respeto al dinero.\u00a0 No era que Mohamed lo derrochara a manos llenas, pero s\u00ed me llamaban la atenci\u00f3n algunas se\u00f1ales que indicaban a las claras el poco apego que le ten\u00eda. Lo de la invitaci\u00f3n a Nueva York era tan s\u00f3lo una muestra. Tambi\u00e9n las clases de \u201ccastellano\u201d que le pidi\u00f3 a Kiko y a Jorge y por las que \u00a0pag\u00f3 una suma escalofriante. Todo eso sin contar las comisiones que deveng\u00e1bamos y que eran la envidia del Town Center. Demasiado bueno para ser verdad. El se\u00f1or Mart\u00ednez\u00a0 dec\u00eda que con Mohamed est\u00e1bamos viviendo el \u201csue\u00f1o arabicano\u201d. Sin embargo, todo aquello me daba muy mala espina. Yo intu\u00eda que algo estaba a punto de <em>caerse<\/em>. Algo gordo.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Marcelo no tard\u00f3 demasiado en inventar ese \u201calgo\u201d que nivelar\u00eda nuestros menguados ingresos. La verdadera ganancia de la franquicia no estaba en las lavadas al \u201cseco\u201d sino en una trampa cazabobos llamada <em>full detailing<\/em>, el servicio <em>Premium<\/em> del\u00a0 autolavado. \u201cDetallar\u201d un carro pod\u00eda montar f\u00e1cilmente los doscientos d\u00f3lares e inclu\u00eda, adem\u00e1s de la lavada, limpieza de tapicer\u00eda y pulitura general. La idea era hacer muchos <em>full detailing <\/em>para poder verle el queso a la tostada. Pero eso no era f\u00e1cil. Dos servicios completos pod\u00edan consumir casi todo el d\u00eda y te dejaban los brazos como una marioneta. Fue entonces que Marcelo hizo la jugada que lo llevar\u00eda directo al \u201csal\u00f3n de la fama del car wash\u201d, como \u00e9l dec\u00eda: \u201cSi los carros en Florida no se ensucian, tampoco hace falta pulirlos\u201d, razon\u00f3. Fue as\u00ed como comenz\u00f3 a implementar lo que \u00e9l denomin\u00f3 \u201cfantasy wax\u201d.<\/p>\n<p>Susana no se explicaba c\u00f3mo Marcelo y yo pod\u00edamos hacer hasta diez <em>full detailing<\/em> al d\u00eda. En realidad era muy sencillo: no lo hac\u00edamos. Una mezcla de ingenuidad gringa con carros \u00faltimo modelo permit\u00eda el milagro. S\u00f3lo si pasabas el dedo por la carrocer\u00eda se advert\u00eda el timo. Pero eso nunca sucedi\u00f3. O al menos no en el tiempo que dur\u00f3 la zafra.<\/p>\n<p>Nuestras comisiones a partir de entonces comenzaron a sufrir un ascenso vertiginoso. Dicen que todo enriquecimiento repentino trae consigo efectos colaterales perversos. A Marcelo ese dinero extra sencillamente lo indigest\u00f3. No s\u00f3lo la ropa que comenz\u00f3 a lucir alumbraba (parec\u00eda uno de los malos de <em>Miami Vice<\/em>), tambi\u00e9n la motoneta, el corte de pelo y hasta el perfume lo denunciaban. El asunto empez\u00f3 a inquietarme cuando una tarde habl\u00f3 de \u201cpersonalizar tarifas\u201d. Aquello s\u00ed que me pareci\u00f3 el colmo y se lo reclam\u00e9. \u201cEsto nos cay\u00f3 del cielo, brothel\u201d, repuso frot\u00e1ndose las manos y exagerando la \u00a0L como un cantante de hip-hop.<\/p>\n<p>Lo que estaba lejos de saber mi <em>socio<\/em> es que tambi\u00e9n del cielo vendr\u00eda el fin de sus delirios corporativos.<\/p>\n<p>Sin embargo, el factor decisivo, el <em>crash point<\/em> que enturbiar\u00eda nuestro crecimiento econ\u00f3mico<em>,<\/em> vendr\u00eda por v\u00eda de ese mal tan asesino como criollo: la envidia.<\/p>\n<p>Kiko y Jorge tampoco lograban explicarse c\u00f3mo pod\u00edamos despachar tantos carros al d\u00eda sin que nos hospitalizaran al final de la jornada. Eso, al parecer, no los dejaba dormir. Pasaban todas las ma\u00f1anas por nuestro territorio intentando descifrar el enigma. Pero Marcelo estaba muy claro en aquello de que \u201cel silencio de los envidiosos est\u00e1 lleno de ruidos\u201d y ten\u00eda \u00a0sobornado a un vigilante dominicano que le serv\u00eda de radar. La alarma era un silbido en ritmo de merengue que nos alertaba de posibles hostilidades. La cosa al principio nos pareci\u00f3 divertida pero despu\u00e9s se puso pesada y estresante. Hasta el se\u00f1or Mart\u00ednez de vez en cuando sal\u00eda de su quinta dimensi\u00f3n con oscuras intenciones.<\/p>\n<p>Visto en perspectiva, ahora s\u00e9 que debimos haber compartido el \u201csecreto\u201d con los compatriotas; estoy seguro de que nos hubi\u00e9semos ahorrado un sin fin de molestias. Incluso hasta llegu\u00e9 a plante\u00e1rselo a Marcelo, pero su respuesta no fue ni menos criolla ni menos brutal que el complot: \u201cQue se jodan\u201d.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Por esos d\u00edas Mohamed me llam\u00f3 aparte a su oficina. Confieso que fui aterrado: dudaba si la competencia nos hab\u00eda delatado o si el \u00e1rabe me har\u00eda una oferta \u201cque no podr\u00eda rechazar\u201d con respecto a Nueva York. Sin embargo el motivo era otro: me ped\u00eda un favor.<\/p>\n<p>Cada vez que le hago un favor a alguien todo sale mal y esa vez no ser\u00eda la excepci\u00f3n.\u00a0 Mohamed sac\u00f3 un paquete de la caja fuerte. Yo pens\u00e9 que sacar\u00eda la carpeta rosada con fotos bochornosas, pero el paquete ten\u00eda un peso que descartaba esa posibilidad. Me dio ciento cincuenta d\u00f3lares y una direcci\u00f3n en Miami. La encomienda ten\u00eda que llegar ese mismo d\u00eda a un intrincado sector del South West. De Miami apenas conoc\u00eda el aeropuerto y el Aventura mall, pero por esa tonter\u00eda no iba a dejar que se me escaparan ciento cincuenta d\u00f3lares. Aparte, yo era el \u00fanico que ten\u00eda los puntos bajos con el jefe y ya era hora de que eso cambiara.<\/p>\n<p>Susana me prest\u00f3 su carro como si estuviera entreg\u00e1ndome su virginidad. M\u00e1s que recomendaciones me hac\u00eda amenazas. En Florida no s\u00f3lo no se ensuciaban los carros: tampoco se prestaban. Hacerlo era un arriesgado acto de fe y me entreg\u00f3 las llaves como si me confiara un objeto sagrado.<\/p>\n<p>El viaje por la Turnpike fue de rutina pero al\u00a0 llegar al Downtown, como era de esperarse, me perd\u00ed. Cada cuadra se parec\u00eda a la anterior y tuve la impresi\u00f3n de hallarme en medio de un laberinto de tablop\u00e1n adornado con luces de ne\u00f3n. Luego de hora y media de city tour forzado desemboqu\u00e9 en la calle 8. La reconoc\u00ed por las transmisiones televisivas del carnaval. En vivo aquello se parec\u00eda m\u00e1s bien a una avenida del centro de Caracas pero con grama. Entonces ocurri\u00f3 algo parecido a una desgracia, sobre todo si sucede en una avenida norteamericana: me qued\u00e9 sin gasolina. Entre las recomendaciones de Susana no figuraba reabastecer el tanque. Para los gringos, quedarse varado por falta de combustible constituye una felon\u00eda tan grave como atropellar a una viejita. En eso pens\u00e9 cuando vi llegar a dos polic\u00edas motorizados. Esos tipos s\u00f3lo resultan simp\u00e1ticos en las series de televisi\u00f3n. Con acento vagamente habanero uno de ellos me pidi\u00f3 la licencia y comenz\u00f3 a llenar un talonario con s\u00e1dica eficiencia. Cuando termin\u00f3, pens\u00e9 que me esperaban tres cadenas perpetuas seguidas. La lista de infracciones era larga: lo del combustible apenas era una excusa para que el polic\u00eda se pusiera al d\u00eda con su cuota mensual de multas. En los registros policiales, el Honda de Susana era un reincidente contumaz. Problemas con las luces, con el seguro, con la emisi\u00f3n de gases. Parece que la Transit Authority de Florida lo ten\u00eda fichado como el m\u00e1s buscado.<\/p>\n<p>En un descuido de los polic\u00edas me met\u00ed en un Burguer King. Yo les hab\u00eda dejado una licencia de conducir venezolana que ten\u00eda un error en el apellido y me sent\u00eda tranquilo. A los cinco minutos lleg\u00f3 una gr\u00faa y se llev\u00f3 el carro. Media hora despu\u00e9s me acord\u00e9 del paquete de Mohamed.<\/p>\n<p>En vez de ir a Boca Rat\u00f3n me provoc\u00f3 retornar a Caracas. Lo que me esperaba no iba a ser f\u00e1cil. Regres\u00e9 en un tren con tantas estaciones que tuve tiempo de ensamblar una historia m\u00e1s o menos cre\u00edble. Susana no me crey\u00f3 ni las partes que eran ciertas. Repiti\u00f3 \u201c\u00a1te lo dije!\u201d unas doscientas veces como si eso fuera a devolverle el carro. Tony la seren\u00f3 un poco y se la llev\u00f3 al cuarto. Entonces me puse a pensar en qu\u00e9 le dir\u00eda al turco. Pero aqu\u00ed las cosas se complicaban; lo que dijera no iba a satisfacerle, adem\u00e1s ni siquiera ten\u00eda el paquete. En el desespero decid\u00ed llamar a Marcelo.<\/p>\n<p>\u2013D\u00e9jame eso a m\u00ed \u2013dijo como si se tratara de un ajuste de cuentas en Sing Sing.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Al siguiente d\u00eda Susana viaj\u00f3 a Miami a recuperar el carro. A m\u00ed me preocupaba el paquete dejado en la maleta y del cual nada hab\u00eda comentado a Susana. Cuando llegu\u00e9 al autolavado, Marcelo me recibi\u00f3 con una noticia sorpresa: Mohamed se hab\u00eda ido\u00a0 a Nueva York sin decirle \u00a0nada a nadie. Mi amigo luc\u00eda desconsolado por la promesa rota de los dos mil d\u00f3lares. Sin embargo, aquella noticia fue un alivio para m\u00ed. Faltaba \u00fanicamente que el bendito paquete continuara en la maleta y todo estar\u00eda resuelto.<\/p>\n<p>A mediod\u00eda Susana lleg\u00f3 acompa\u00f1ada de Tony, lo cual era una p\u00e9sima se\u00f1al. No me dirigi\u00f3 la palabra en el resto de la tarde pero sus ojos me enviaban mensajes del tipo \u201cesto lo arreglamos en la casa\u201d.<\/p>\n<p>Cuando finalmente llegamos a la casa, Susana s\u00f3lo me dijo \u201crecoge tus cosas\u201d. Le iba a contar lo del paquete pero me dej\u00f3 con la palabra en la boca.<\/p>\n<p>Me sorprendi\u00f3 descubrir que \u201cmis cosas\u201d cupieran con holgura en una bolsa de GAP. Llam\u00e9 a Marcelo pero no lo encontr\u00e9. Marcelo viv\u00eda con seis mexicanos en un <em>eficient <\/em>de cuarenta metros cuadrados y supuse que donde cab\u00edan siete tendr\u00edan que caber ocho. Para hacer tiempo, decid\u00ed devolverme al Town Center. Yo ten\u00eda una copia de la llave de la oficina del autolavado y pens\u00e9 que de no aparecer Marcelo al menos tendr\u00eda un sitio para pasar la noche. El sof\u00e1 de dos puestos que Mohamed ten\u00eda en su oficina resultaba mejor que una banqueta en el parque. Cuando me recost\u00e9 en el sof\u00e1 comenc\u00e9 a a\u00f1orar la banqueta del parque. El sof\u00e1 ol\u00eda a cebolla morada, a \u00e1cido de bater\u00eda, a gorila beb\u00e9. Volv\u00ed a llamar a Marcelo y me respondi\u00f3 un mexicano al que s\u00f3lo le entend\u00ed \u201c\u00f3rale, cuate\u201d. Le dej\u00e9 un mensaje. La hediondez del mueble hizo que me decidiera por el escritorio, sorprendentemente grande e inodoro.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>El ring del tel\u00e9fono me sac\u00f3 de un sue\u00f1o del que no deb\u00ed salir. Era Marcelo y estaba borracho. Mientras le escuchaba un chiste de gallegos mi pie tropez\u00f3 con la caja fuerte. \u00a0M\u00e1s que la intuici\u00f3n, tuve la repentina certeza de que la caja estaba abierta. El chiste de Marcelo era una especie de acertijo prof\u00e9tico: \u201c\u00bfcu\u00e1ntos gallegos se necesitan para descubrir un tesoro?\u201d.<\/p>\n<p>\u2013Dos\u00a0 \u2013respond\u00ed en una postura inc\u00f3moda.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Ochenta y cinco mil d\u00f3lares en billetes de cincuenta hacen un bulto escandaloso. Eso s\u00f3lo se advierte cuando tienes que guard\u00e1rtelos en la ropa. Viajar con ellos en una motoneta es un acto que requiere si no de valent\u00eda, s\u00ed de peque\u00f1as dosis de sangre fr\u00eda. Me martirizaba imaginar que todas las patrullas que nos cruz\u00e1bamos en el camino sab\u00edan de nuestra carga. En el trayecto, a Marcelo le dio por hablar de fugas, de pel\u00edculas de Steve Mc Queen, de \u201cmexicans\u201d amigos que nos ayudar\u00edan a cruzar en Mc Alister. De pronto, todo lo que comenzara por \u201cMc\u201d empezaba a llenarme de p\u00e1nico. Sin embargo, era la carpeta rosada lo que no pod\u00eda sacarme de la mente.<\/p>\n<p>Marcelo hab\u00eda tardado quince minutos en llegar a la oficina del autolavado. Me encontr\u00f3 rodeado por un fabuloso desorden de billetes, pasaportes, planos, manuales, una bella colecci\u00f3n de dagas. El conjunto parec\u00eda m\u00e1s bien el kit b\u00e1sico de supervivencia del Chacal. En ese momento yo ten\u00eda la fulana carpeta en las manos y he debido de estar muy p\u00e1lido a juzgar por el comentario de Marcelo:<\/p>\n<p>\u2013Y eso qu\u00e9 es, mi pana: \u00bf<em>El libro gay de los muertos<\/em>?<\/p>\n<p>Ciertamente el color de la carpeta no le hac\u00eda honor a la gravedad del contenido. Un contenido que, a diferencia de los dem\u00e1s papeles, no creo que valga la pena pormenorizar. Todav\u00eda lo pasan por televisi\u00f3n.<\/p>\n<p>Cuando nos toc\u00f3 decidir qu\u00e9 hacer con todo aquello nos volvimos un l\u00edo. No era para menos. Marcelo quer\u00eda quedarse con las dagas y con un mapa a colores de Manhattan, am\u00e9n de \u201csu parte\u201d del bot\u00edn. Yo le dije que dej\u00e1ramos todo eso como estaba y sali\u00e9ramos corriendo de all\u00ed. Me parece que hasta mencion\u00e9 al FBI en un intento por imprimirle seriedad a la situaci\u00f3n. Pero era como hablarle a las paredes. Marcelo sudaba y ten\u00eda los ojos saltones. En su excitaci\u00f3n, no paraba de repetir: \u201c\u00a1Carne en el gancho, negro!<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Como siempre, mi amigo bland\u00eda la met\u00e1fora adecuada, la imagen punzante que atravesaba mi moral de cart\u00f3n. Despu\u00e9s de deliberar unos minutos, Marcelo propuso una soluci\u00f3n que arbitrariamente llam\u00f3 \u201cb\u00edblica\u201d:<\/p>\n<p>\u2013Vamos a quemar ese vainero.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>El <em>eficient<\/em> donde viv\u00eda Marcelo con los mexicanos era un triunfo del dise\u00f1o interior, un alegato en contra del hacinamiento. Yo esperaba encontrarme con una especie de camarote de submarino, pero result\u00f3 todo lo contrario. Los \u00a0jarritos de barro adosados a las paredes, cuya utilidad (m\u00e1s tarde me enter\u00e9), era m\u00e1s pr\u00e1ctica que decorativa, hac\u00edan un maridaje perfecto con las hamacas guindadas en serie por toda la sala. Un extempor\u00e1neo p\u00f3ster de Pipino Cuevas, secuestrado de la revista <em>Ringside,<\/em> y otro de Lucerito aportaban la iconograf\u00eda patria al recinto. Lo que s\u00ed me incomod\u00f3 un poco fue el terco olor a sobaco y a tortilla asada que flotaba en los escasos metros cuadrados. Pero uno a todo en esta vida se acostumbra y al poco rato me fue dif\u00edcil distinguir un olor de otro.<\/p>\n<p>Mi intenci\u00f3n no era aguarle la fiesta a Marcelo, que ya destapaba una botella de <em>Jos\u00e9 Cuervo,<\/em> pero me pareci\u00f3 prudente recordarle la magnitud del problema en que est\u00e1bamos metidos. Su reacci\u00f3n fue un tanto desmesurada:<\/p>\n<p>\u2013\u00bfEn Florida hay silla el\u00e9ctrica?<\/p>\n<p>Tard\u00e9 en explicarle que el Estado hab\u00eda suavizado sus m\u00e9todos de ejecuci\u00f3n. Que ahora las cosas se hac\u00edan de un modo light, al seco (ensay\u00e9 una analog\u00eda): \u201csin sangre, algo as\u00ed como la comida kosher, \u00bfentiendes? Te aplican seis inyecciones y te ponen a <em>dormir<\/em>, como hacen con los perritos finos\u201d.<\/p>\n<p>M\u00e1s vale que no le hubiera dicho nada a Marcelo. En fracciones de segundos, sus sue\u00f1os de hacendado en Apure se transformaron en la pesadilla de un evang\u00e9lico contrito. Quer\u00eda hasta quemar el dinero. \u00a0Se puso a caminar en c\u00edrculos desesperados, como si ya estuviera esperando turno en el \u201cCorredor de la Muerte\u201d.<\/p>\n<p>En el apartamento s\u00f3lo estaban dos de los mexicanos que viv\u00edan con Marcelo, el resto no tardar\u00eda en llegar. As\u00ed que contaba con poco tiempo para resolver la situaci\u00f3n antes de que al Converso le diera por arrodillarse en la sala a gritar su mea culpa.<\/p>\n<p>Se me ocurri\u00f3, entonces, inventarle un cuento en donde Tony era propietario de una lancha r\u00e1pida (Marcelo me pregunt\u00f3 cu\u00e1ntos motores ten\u00eda y yo en aras de su tranquilidad exager\u00e9 el n\u00famero), amigos en las Bahamas, una caba\u00f1a en Saint Marteen. Si hubiese contado con m\u00e1s tiempo le habr\u00eda agregado locaciones en Ibiza y Gstaad, pero consider\u00e9 suficiente que nuestra singladura terminara en un ferry rumbo a la Vela de Coro.<\/p>\n<p>Mi gui\u00f3n le devolvi\u00f3 cierto brillo aventurero a los ojos de Marcelo. Quer\u00eda saber m\u00e1s detalles. Le dije que se los contar\u00eda camino a casa de Tony. Entretanto yo pensar\u00eda en mi plan personal de contingencia, en el que a diferencia de la superproducci\u00f3n que le hab\u00eda pintado a Marcelo, me lo figuraba con un aburrido viaje en Greyhound hasta San Diego, unas p\u00e9simas comidas, un <em>coyote <\/em>que me cobrar\u00eda tres mil d\u00f3lares por hacer su trabajo al rev\u00e9s.<\/p>\n<p>Pero primero ten\u00eda que cerciorarme sobre la suerte del paquete que dej\u00e9 en el Honda de Susana, y que a juzgar por la carpeta rosada, lo m\u00e1s probable era que contuviera uranio. Al llegar al condominio no vi la camioneta de Tony, pero en un exceso de buena suerte el Honda s\u00ed estaba frente al apartamento. Ten\u00eda los dos cauchos traseros espichados y una calcoman\u00eda verde en el parabrisas. Le dije a Marcelo que necesitaba sacar unos Nike que se me hab\u00edan olvidado en la maleta del carro. Tambi\u00e9n le dije que Susana hab\u00eda extraviado las llaves y que m\u00e1s bien le har\u00edamos un favor en abr\u00edrsela. Pero mi compa\u00f1ero segu\u00eda fantaseando con el espl\u00e9ndido escape que le hab\u00eda improvisado media hora atr\u00e1s y exig\u00eda m\u00e1s informaci\u00f3n. Tuve que sacar a flote un arsenal de lugares comunes para animarlo. Lo puse a comer langostas y a tomar Gin Fizz en un catamar\u00e1n. Estaba a punto de meterle un poco de sexo al asunto cuando me ech\u00f3 a un lado con actitud profesional. Yo pens\u00e9 que sacar\u00eda una ganz\u00faa o algo parecido para abrir la maleta, pero me sorprendi\u00f3 cuando en lugar de eso se cuadr\u00f3 como si fuera a pelear con alguien y\u00a0 le propin\u00f3 una patada de Kung Fu a la cerradura. \u201cUn toque t\u00e9cnico\u201d, intent\u00f3 explicarme.<\/p>\n<p>La forma c\u00f3mo se abri\u00f3 la maleta me dio algunas nociones sobre el antiguo <em>modus vivendi<\/em> de mi amigo. Cuando Marcelo vio el paquete, me pregunt\u00f3 si aquellos eran los Nikes de Shaquille Oneill. Era evidente que hab\u00eda llegado el momento de sincerarse. Aunque, conociendo al personaje, eso no iba ser f\u00e1cil. Era como decirle: \u201cmira, viejo, el Club Med est\u00e1 full, pero hice reservaciones en la Isla del Diablo\u201d.<\/p>\n<p>Sin embargo, en un giro imprevisto, Marcelo mostr\u00f3 una capacidad de adaptaci\u00f3n que ya quisiera yo para m\u00ed. Volvi\u00f3 a mencionarme a sus \u201cpanas\u201d en Mc Alister y aquello s\u00ed que me pareci\u00f3 las puertas del cielo. El \u00fanico problema, como le apunt\u00e9, era que Mc Alister quedaba a siete d\u00edas de camino de la Florida.<\/p>\n<p>\u2013Y t\u00fa qu\u00e9 quieres, mugre, \u00bfque le sirvamos de pr\u00e1ctica al SWAT de Hialeah?, dijo y me lo imagin\u00e9 con un chuzo en la mano.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>La estaci\u00f3n de autobuses ten\u00eda la iluminaci\u00f3n de un consultorio odontol\u00f3gico. Yo sent\u00eda que aquella luz de alguna manera nos pon\u00eda en evidencia. Adem\u00e1s, la caja de Mohamed no era algo que pudiera catalogarse de discreta. Hasta ese momento yo me hab\u00eda negado a abrir el paquete a pesar de la insistencia \u00a0de Marcelo. Mi temor era que a Marcelo le diera por otra de sus soluciones \u201cb\u00edblicas\u201d y nos convirtiera a todos en versiones facsimilares del <em>paciente<\/em> <em>ingl\u00e9s<\/em>. Entre el sinf\u00edn de soluciones que propuso, destacaban las que llevaban una \u00a0fuerte carga de gentilicio nacional: \u201clo abrimos y dependiendo de lo que haya, vamos viendo\u201d, o \u201ctenemos que salir del paquete\u201d, dec\u00eda con alarde metaf\u00f3rico.<\/p>\n<p>Desgraciadamente era ese \u201cdependiendo de lo que haya\u201d lo me pon\u00eda nervioso. El trasnocho ya me estaba pegando y no me encontraba en condiciones de tomar una decisi\u00f3n sensata. Le dije que dej\u00e1ramos ese asunto para m\u00e1s tarde y que nos concentr\u00e1ramos en salir de Florida primero, que ya era bastante. \u201cPero y si lo abrimos rapidito\u2026\u201d, fue lo \u00faltimo que le escuch\u00e9 antes de dejarlo hablando solo.<\/p>\n<p>Lo que contuviera aquel paquete pod\u00eda o ser un bono extra o una desgracia, seg\u00fan como estaban las cosas<em>. <\/em>Para m\u00ed, en cambio, s\u00f3lo era un lastre peligroso del que hab\u00eda que deshacerse con mucho cuidado. Ya con los cuarenta mil d\u00f3lares que ten\u00eda en remojo dentro de los calzoncillos me era m\u00e1s que suficiente. Puede que no fuera una fortuna, pero a m\u00ed me bastaban. Lo que s\u00ed ten\u00eda por seguro era que Marcelo no se conformar\u00eda hasta obtener lo que \u00e9l se imaginaba como el <em>jackpot <\/em>de todo esto. Por eso pens\u00e9 en enterrar el paquete en alg\u00fan lugar des\u00e9rtico cuando estuvi\u00e9ramos en Mc Alister\u00a0 y esperar \u201ca ver qu\u00e9 pasaba\u201d. Pero eso tambi\u00e9n me pareci\u00f3 in\u00fatil: yo por un lado lo enterrar\u00eda y Marcelo volver\u00eda con una pala al d\u00eda siguiente a desenterrarlo. Ten\u00eda que idearme algo m\u00e1s elaborado, m\u00e1s <em>fino<\/em> para despistarlo. El \u00fanico problema es que no se me ocurr\u00eda nada.<\/p>\n<p>Por el momento mi principal preocupaci\u00f3n era montarme en un autob\u00fas y llegar a Texas. Dej\u00e9 a Marcelo sentado en un banco y me fui a comprar los boletos. Cuando estaba frente a la taquilla ca\u00ed en cuenta de la imprudencia que acababa de cometer. Ahora lamento no tanto el <em>lapsus<\/em> de haber dejado el paquete con Marcelo sino todo lo que permit\u00ed que ocurriera despu\u00e9s.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Las cosas pasaron m\u00e1s o menos as\u00ed: cuando regres\u00e9, lo encontr\u00e9 sentado en el mismo banco donde lo hab\u00eda dejado esper\u00e1ndome. Obviamente el paquete no estaba. Antes de que yo dijera una palabra, abri\u00f3 la palma de la mano donde reluc\u00edan dos llaves cromadas. Tom\u00f3 una y me la entreg\u00f3. Me explic\u00f3 que \u201cenfriar\u00edamos\u201d el paquete en un casillero de la estaci\u00f3n mientras decid\u00edamos qu\u00e9 hacer. En ese momento deb\u00ed reaccionar en\u00e9rgicamente, pero <em>su<\/em> idea me pareci\u00f3 tan profesional que no logr\u00e9 advertir el trasfondo de todo aquello. \u00a0Si algo no se le pod\u00eda reprochar a Marcelo era no ser congruente consigo mismo. Lo era hasta en su cultura cinematogr\u00e1fica: no existe pel\u00edcula de estafa que se respete donde no aparezca el viejo truco del casillero. \u00a1C\u00f3mo pude haber ca\u00eddo! Lo que m\u00e1s rabia me dio fue que no se me ocurriera a m\u00ed primero.<\/p>\n<p>Fuimos al bar de la estaci\u00f3n a \u201ccelebrar\u201d nuestra buena suerte. \u00a0El bar se llamaba Machstick Men, cosa que me dio mala vibra. Ese fue otro de mis errores. Aunque en este punto debo a\u00f1adir que yo tuve algo de responsabilidad en que a Marcelo se le facilitaran a\u00fan m\u00e1s las cosas. En otras palabras: no deb\u00ed beber como lo hice. Fue una mezcla de estr\u00e9s con estupidez, m\u00e1s no puedo decir. El autob\u00fas sal\u00eda a las cuatro de la tarde y ten\u00edamos muchas horas muertas por delante. Marcelo pidi\u00f3 un servicio de Whisky como si estuvi\u00e9ramos en una discoteca y nos esperara una noche muy animada. El \u00fanico detalle es que eran las nueve la ma\u00f1ana. Adentro, la penumbra del sitio apenas era rota por los reflejos de los monitores de televisi\u00f3n diseminados por todas partes. Me pareci\u00f3 un abuso que en cada mesa tambi\u00e9n hubiera una peque\u00f1a pantalla. Quise comentar esa aberraci\u00f3n con Marcelo, pero estaba claro que el hombre andaba en otra cosa. Se puso a hablar de \u201cinversiones\u201d mientras ve\u00eda un documental sobre extraterrestres.<\/p>\n<p>Al quinto trago, ya me hab\u00eda hecho socio de un criadero de camarones en G\u00fciria, \u00bfo era en Paria? Hablamos de posadas ecol\u00f3gicas, un night club en Margarita, una l\u00ednea de taxis. Si no me hubiera quedado dormido, puede que hasta hubi\u00e9semos comprado a los Leones del Caracas.<\/p>\n<p>Cuando despert\u00e9, lo \u00fanico que segu\u00eda <em>all\u00ed<\/em> era el monitor.<\/p>\n<p>Decir que sent\u00ed un vac\u00edo en mi interior no tiene nada de po\u00e9tico o rom\u00e1ntico, no al menos en el contexto en que lo digo: eso fue exactamente lo que sent\u00ed cuando instintivamente me palp\u00e9 en la cintura. Mir\u00e9 el reloj y eran casi las doce del mediod\u00eda. Un simple c\u00e1lculo me indic\u00f3 que mi dinero ya deber\u00eda andar por Nueva Orle\u00e1ns. A la vista estaba que Marcelo no ten\u00eda intenciones de compartir nada con nadie; ni siquiera la cuenta del bar que yac\u00eda sobre la mesa como testigo de mi ingenuidad.<\/p>\n<p>Las cosas malas, cuando van a pasar, pasan todas juntas. \u00a0Esto lo entend\u00ed cuando me fij\u00e9 en el monitor de la mesa. El logo de CNN me advirti\u00f3 que lo que estaba en pantalla no era una pel\u00edcula del g\u00e9nero de desastres. Era m\u00e1s bien la versi\u00f3n en video y con efectos especiales car\u00edsimos de la parte m\u00e1s loca que conten\u00eda la carpeta rosada. Fue entonces que vi la foto de Mohamed y el mundo se me vino encima.<\/p>\n<p>En ese momento comenc\u00e9 a ver a agentes de la CIA por todas partes. Pens\u00e9 que el barman de un momento a otro sacar\u00eda un fusil de asalto y realizar\u00eda un arresto hist\u00f3rico. \u00a0Milagrosamente a\u00fan ten\u00eda en la cartera los ciento cincuenta d\u00f3lares que me hab\u00eda dado el \u00e1rabe por lo del paquete. Pagu\u00e9 la cuenta como si estuviera deshaci\u00e9ndome de una evidencia sangrienta.<\/p>\n<p>Cuando sal\u00ed del bar no ten\u00eda \u00a0la m\u00e1s m\u00ednima idea de lo que iba a hacer. Por no dejar, me revis\u00e9 en los bolsillos en busca de la llave del casillero. Aunque m\u00e1s que la llave lo que buscaba era un milagro. Junto con la llave hall\u00e9 una nota. Con ortograf\u00eda atroz, Marcelo me daba las gracias por todo y me invitaba a revisar el casillero: \u201cpuede que haya un regalito\u201d.<\/p>\n<p>Pas\u00e9 media hora probando la llave en el centenar de casilleros que hab\u00eda en la estaci\u00f3n. Marcelo le hab\u00eda quitado la etiqueta con el n\u00famero, supongo que para darle un toque burl\u00f3n a mi desgracia. Sobre los humillantes mil d\u00f3lares que me dej\u00f3 de \u201cregalo\u201d dentro del casillero, hall\u00e9 otra nota. En \u00e9sta me deseaba suerte y se desped\u00eda con una frase que revelaba su amplitud en materia de cine: \u201cNos vemos en el infierno\u201d, dec\u00eda como un sargento suicida que se interna en un arrozal full de vietnamitas.<\/p>\n<p>Lo que sigui\u00f3 a continuaci\u00f3n fue el peor septiembre de mi vida.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>El \u00fanico lugar \u201cseguro\u201d que ten\u00eda para refugiarme era la casa de los mexicanos. Hasta all\u00ed me devolv\u00ed en un taxi que me cobr\u00f3 tarifa de limusina. Los mexicanos aceptaron recibirme siempre y cuando les cancelara los tres meses que adeudaba \u201cmi primo\u201d por concepto de renta. En los d\u00edas siguientes me enterar\u00eda de otros pasivos que mi familiar dej\u00f3 sin honrar. Con justicia, los mexicanos hab\u00edan bautizado a Marcelo con apodo de luchador de <em>catch as catch can<\/em>. Nunca un sobrenombre estuvo mejor puesto. El \u201cHurac\u00e1n\u201d Marcelo hab\u00eda dejado a su paso una profunda huella en los bolsillos de los <em>mexicans. <\/em>Ignoro c\u00f3mo se las arregl\u00f3 para que lo nombraran tesorero de un peque\u00f1o fondo de emergencia que ten\u00edan en la casa. Tampoco c\u00f3mo hizo para desfalcarlos sin que no lo lincharan en el acto. Eso sin tomar en cuenta algunas remesas que jam\u00e1s llegaron a Monterrey y de las que Marcelo, casualmente, era responsable de depositar en Western Union. Me parece que hubo otros delitos menores, peque\u00f1as piller\u00edas que los mexicanos recordaban con m\u00e1s asombro que coraje, pero que en este momento ser\u00eda ocioso relatar. Sin embargo, los mexicanos fueron justos conmigo: no me cargaron esas vagabunder\u00edas a mi cuenta e incluso hasta me ofrecieron empleo. Aunque m\u00e1s vale que no les hubiera aceptado el favor.<\/p>\n<p>Llegaba todas las tardes arrastr\u00e1ndome luego de las jornadas de catorce horas diarias que hac\u00eda en promedio. Los mexicanos ten\u00edan una cuadrilla de demolici\u00f3n, cosa que en mi caso era un chiste cruel. Pero peor que eso eran las dosis de paranoia que los noticieros se encargaban de inyectarme cada noche. Un d\u00eda decid\u00ed dejar de ver televisi\u00f3n y el problema fue amainando. Tambi\u00e9n ten\u00eda que dejar de trabajar o de lo contrario iba a morir.<\/p>\n<p>Fue entonces que el gobierno norteamericano tom\u00f3 cartas en el asunto: me deportaron.<\/p>\n<p>En realidad nos deportaron a todos, aunque en el caso de los mexicanos eso tambi\u00e9n era un chiste. La migra andaba haciendo redadas de rutina cuando nos pescaron mientras ech\u00e1bamos abajo un centro comercial. Lo dem\u00e1s fue m\u00e1s o menos como aparece en las pesadillas recurrentes de los ilegales. Tres semanas con una\u00a0 braga anaranjada puesta, calabozos blancos, fotos, rese\u00f1as. El pase\u00edllo final a la vista de todo el mundo en la aduana del aeropuerto.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>A los dos meses ya me hab\u00eda olvidado casi del asunto. S\u00f3lo algo segu\u00eda martill\u00e1ndome en alg\u00fan lugar del cerebro. M\u00e1s que la suerte de Marcelo, lo que me intrigaba era la suerte de mi dinero. Particularmente qu\u00e9 uso le hab\u00eda dado al mismo. Pero con el tiempo eso tambi\u00e9n se fue diluyendo hasta quedar en una an\u00e9cdota borrosa que mis amigos se aburrieron de escuchar.<\/p>\n<p>Un domingo una amiga me invit\u00f3 a un restaurante de carnes. Uno de esos sitios con churuatas art dec\u00f3 y mesoneros fastidiosos. Mi primera pista la hall\u00e9 en la entrada del local: <em>Mc Alister Grill<\/em>, se anunciaba en el lomo de un toro ceb\u00fa. Quise creer que se trataba de una casualidad, pero al abrir la carta me encontr\u00e9 con una de esas fotos de mal gusto donde el due\u00f1o da la bienvenida en compa\u00f1\u00eda de su atento personal. Marcelo hab\u00eda llegado al colmo de bautizar una sangr\u00eda con el nombre de \u201cMarcelitro\u201d.<\/p>\n<p>Me par\u00e9 y fui al ba\u00f1o. Al lado de la cocina hab\u00eda una puerta de caoba con un r\u00f3tulo que dec\u00eda <em>oficina<\/em>. Record\u00e9 una frase de Marcelo: \u201cCarne en el gancho\u201d. No pude evitar sonre\u00edr. Entonces entr\u00e9.<\/p>\n<h4 style=\"text-align: right;\"><a href=\"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/salvador-flejan\/\" target=\"_blank\" rel=\"noopener\">Sobre el autor<\/a><\/h4>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Salvador Flej\u00e1n A Yrisalvi Mar\u00edn, con todo mi amor Ya Mohamed comenzaba a decir correctamente la palabra \u201cmanguangua\u201d cuando vi su foto en el noticiero de CNN. 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