{"id":6257,"date":"2022-09-16T20:37:08","date_gmt":"2022-09-16T20:37:08","guid":{"rendered":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/?p=6257"},"modified":"2023-11-24T18:26:10","modified_gmt":"2023-11-24T18:26:10","slug":"la-critica-social-en-la-obra-de-juan-vicente-camacho","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/la-critica-social-en-la-obra-de-juan-vicente-camacho\/","title":{"rendered":"La cr\u00edtica social en la obra de Juan Vicente Camacho"},"content":{"rendered":"<h4 style=\"text-align: right;\">Karlin Andr\u00e9s Camperos Garc\u00eda<\/h4>\n<p><strong>Introducci\u00f3n<\/strong><strong><br \/>\n<\/strong><\/p>\n<p>Los or\u00edgenes del cuento decimon\u00f3nico venezolano son puntuales, seg\u00fan investigadores como Carlos Sandoval. Se inicia en 1841 con la aparici\u00f3n de un cuento del espa\u00f1ol (nacido en Caracas) Antonio Ros de Olano en el escenario literario venezolano (Sandoval, 2004). Este primer cuento venezolano decimon\u00f3nico fue publicado en la revista <em>El Pensamiento de Madrid <\/em>y era el resultado de actividades literarias de esparcimiento que realizaba su autor de forma complementaria a sus oficios militares. Carlos Sandoval se\u00f1ala en \u201cFantasmas: breve introducci\u00f3n\u201d, su pr\u00f3logo al libro <em>D\u00edas de espanto. Cuentos fant\u00e1sticos venezolanos del siglo XIX <\/em>(2004), que a mediados del siglo XIX \u201cera muy com\u00fan que un general dominara la pluma tan bien como la espada, un gesto t\u00edpico de la escuela que dio a Ros y a otros \u2018ciudadanos esclarecidos\u2019 (\u2026), las herramientas para asumirse escritores: el romanticismo.\u201d (2004, p. XI).<\/p>\n<p>De esta forma, los cuentos decimon\u00f3nicos se rinden a la corriente rom\u00e1ntica como motor creativo. Para Sandoval, el cuento rom\u00e1ntico decimon\u00f3nico en Venezuela se manifest\u00f3 de tres formas espec\u00edficas: \u201cel modo id\u00edlico-sentimental, el cuento que retrata negativamente a la sociedad y, por supuesto, el que desarrolla temas sobrenaturales\u201d (2004, p. XIII). En este contexto de innovaci\u00f3n literaria aparecen algunos escritores de importancia en Venezuela como Julio Calca\u00f1o, Tulio Febres Cordero, Nicanor Bolet Peraza y el autor que ocupa nuestro inter\u00e9s en este art\u00edculo. Juan Vicente Camacho Clemente (1829-1972) fue un escritor venezolano del siglo XIX que ejerci\u00f3 labores diplom\u00e1ticas en el extranjero, raz\u00f3n por la cual vivi\u00f3 en Lima (Per\u00fa) durante varios a\u00f1os. Con claro parentesco directo con Sim\u00f3n Bol\u00edvar, Camacho fue nieto de Mar\u00eda Antonia Bol\u00edvar Palacios, hermana del pr\u00f3cer venezolano. Sus experiencias en el extranjero lo llevaron a plasmar algunos relatos que merecen un lugar dentro de la cuent\u00edstica decimon\u00f3nica venezolana.<\/p>\n<p>Camacho fue autor de piezas como \u201cConfesi\u00f3n aut\u00e9ntica de un ahorcado resucitado\u201d (1861). En este cuento se incluyen de forma persistente los motivos tradicionales del cuento rom\u00e1ntico (fant\u00e1stico) decimon\u00f3nico: \u201ceconom\u00eda verbal, m\u00ednimas descripciones, an\u00e9cdota concentrada en un solo hecho o personajes [que] acciona eficientemente la irrupci\u00f3n de eventos ins\u00f3litos, raros, incre\u00edbles\u201d (2004, p. XIV). Estas caracter\u00edsticas implican evidentemente una necesidad creativa que hurga en lo oculto y lo desconocido. Sandoval ofrece una interpretaci\u00f3n sobre este cuento en el pr\u00f3logo que hemos citado y all\u00ed propone que Camacho explora el terreno de lo desconocido a trav\u00e9s de su representaci\u00f3n del terrible asesino, bandido y pirata Alberto Guillermo Heecks. Para este personaje, condenado a muerte por sus horrendos cr\u00edmenes, \u201cla \u2018rajadura\u2019 del universo produce abulia luego de conocer el dulce para\u00edso de la muerte. La pieza mantiene su tensi\u00f3n extraterrena incluso despu\u00e9s de haber concluido\u201d (p. XV). Sin embargo, si tomamos en cuenta los contenidos expresivos perceptibles en algunas piezas de la cuent\u00edstica de Juan Vicente Camacho, espec\u00edficamente en su cuento \u00ab\u00a1No era ella!\u00bb (1862)<em>, <\/em>se descubre asimismo una estampa que dibuja un subrepticio trasfondo anal\u00edtico tendiente a la cr\u00edtica social en lo concerniente a la opresi\u00f3n enfrentada por los ind\u00edgenas en la sociedad racista del Per\u00fa del siglo XIX.<\/p>\n<p>Por esta raz\u00f3n, en este art\u00edculo, se plantea como principal objetivo indagar en las caracter\u00edsticas, alcance cultural y social del cuento rom\u00e1ntico decimon\u00f3nico que aborda tem\u00e1ticas sociales, particularmente a trav\u00e9s del an\u00e1lisis de la representaci\u00f3n del personaje an\u00f3nimo de una ind\u00edgena peruana en el cuento \u201c\u00a1No era ella!\u201d. Esta representaci\u00f3n se enmarca en un contexto social peruano de opresi\u00f3n racial al indio, al negro y dem\u00e1s grupos minoritarios.<\/p>\n<p>Gonz\u00e1lez Prada (1985) analiz\u00f3, en algunos de sus ensayos, los problemas sociales y raciales que el Per\u00fa afront\u00f3 durante la \u00faltima parte del siglo XIX. Evidentemente, los problemas raciales no eran de reciente data en aquella \u00e9poca. Se hab\u00edan planteado en Am\u00e9rica desde los primeros intentos de colonizaci\u00f3n del nuevo continente durante los siglos XVI, XVII y XVIII. Gonz\u00e1lez asume en su ensayo \u00abNuestros indios\u00bb una postura de profundo an\u00e1lisis cr\u00edtico y sociol\u00f3gico sobre la existencia en la <em>conciencia colectiva <\/em>de los peruanos de nociones bien delimitadas <em>de <\/em><em>aptitud racial <\/em>discriminatoria dirigidas hacia la selecci\u00f3n de los individuos m\u00e1s competentes. Estas nociones de aptitud racial estaban sustentadas en las doctrinas que comenzaban a imperar en esa \u00e9poca: el darwinismo social y su principio basado en el <em>struggle for life.<\/em><\/p>\n<p>Los indios y dem\u00e1s grupos raciales minoritarios eran considerados absolutamente inferiores, incompetentes y de aptitudes limitadas que les imped\u00edan ser apreciados como id\u00f3neos para asumir roles destacados dentro de la vida pol\u00edtica y social de cualquier naci\u00f3n latinoamericana. La oposici\u00f3n <em>civilizaci\u00f3n\/barbarie <\/em>est\u00e1 perennemente vigente en los grupos ideol\u00f3gicos imperantes de la \u00e9poca. En el caso del Per\u00fa, se cumpl\u00eda con lo que se\u00f1alaba Gonz\u00e1lez Prada en su obra: se cre\u00eda fervientemente que <em>la barbarie estaba representada por los indios y dem\u00e1s minor\u00edas raciales<\/em>.<\/p>\n<p>En la cuent\u00edstica de Juan Vicente Camacho, concretamente en su cuento \u201cNo era ella\u201d, se exponen rasgos de profunda conciencia human\u00edstica en cuanto a la reflexi\u00f3n de los problemas del entorno peruano, en donde este autor habr\u00eda de ver transcurrir la \u00faltima etapa de su vida. En este art\u00edculo, analizaremos con mayor detenimiento los recursos y rasgos caracter\u00edsticos enmarcados dentro de la obra literaria de este autor, y de esta manera, abordaremos el punto central en el que convergen la vena de expresi\u00f3n literaria conjuntamente con los matices de protesta social que se despliegan en su obra.<\/p>\n<p><strong>Caracter\u00edsticas del cuento rom\u00e1ntico decimon\u00f3nico<\/strong><\/p>\n<p>Camacho inicia su labor literaria en una \u00e9poca en la que diversos cr\u00edticos e historiadores del siglo XX y XXI han insistido en negar la existencia de una cuent\u00edstica original en Venezuela. A pesar de ser venezolano y su obvio parentesco con Sim\u00f3n Bol\u00edvar, su estancia en Per\u00fa, larga y prolongada, hace que varios relatos y tradiciones escritas por Camacho traten llanamente temas del contexto hist\u00f3rico del Per\u00fa. Vale decir que estos temas incluyeron cierto trasfondo moral-tradicional, como, a modo de ilustraci\u00f3n, se esbozar\u00eda en \u201cEl noveno mandamiento\u201d (1860). Las tendencias historicistas se expresan de igual forma en ciertas tradiciones que refieren el contexto de la guerra de independencia venezolana como ocurre en \u201cRecuerdos de anta\u00f1o\u201d (1860).<\/p>\n<p>As\u00ed, Camacho hace breves exploraciones tem\u00e1ticas en lo relacionado con la tradici\u00f3n religiosa y la denuncia social como parece ser el caso de \u201c\u00a1No era ella!\u201d (1862), siendo \u00e9ste el \u00fanico cuento conocido de Camacho que tiene una tem\u00e1tica racial propiamente dicha. En \u201c\u00a1No era ella!\u201d, Camacho incorpora recursos literarios tradicionales y, de forma certera, no se aprecia un empleo de formas de lenguaje de mayor complejidad. Esta simplicidad del lenguaje incita a pensar en una meta preconcebida: aquella de denunciar.<\/p>\n<p>\u201c\u00a1No era ella!\u201d cumple con las caracter\u00edsticas apreciadas en los cuentos decimon\u00f3nicos que pretenden mostrar un contexto cultural determinado: su brevedad es evidente y llanamente relata la tr\u00e1gica situaci\u00f3n de una ni\u00f1a ind\u00edgena de doce a\u00f1os que es infamemente acusada y castigada de un robo que no cometi\u00f3. En s\u00edntesis, se trata de contar <em>una sola historia <\/em>que viene a representar la cotidianidad dentro de la vida de cualquier <em>cholo <\/em>o ind\u00edgena en el Per\u00fa; v\u00edctimas frecuentes de los prejuicios raciales y morales que determinados grupos poderosos se antojaban a volcar indiscriminadamente sobre ellos s\u00f3lo por su pertenencia a un grupo racial distinto.<\/p>\n<p>Gonz\u00e1lez Prada ofrec\u00eda, en el ensayo citado, una versi\u00f3n de la realidad del ind\u00edgena peruano de finales del siglo XIX:<\/p>\n<p><em>Bajo la Rep\u00fablica \u00bfsufre menos el indio que bajo la dominaci\u00f3n espa\u00f1ola? Si no existen corregimientos ni encomiendas, quedan los trabajos forzados y el reclutamiento. Lo que le hacemos sufrir basta para descargar sobre nosotros la execraci\u00f3n de las personas humanas. Le conservamos en la ignorancia y la servidumbre, le envilecemos en el cuartel, le embrutecemos con el alcohol, le lanzamos a destrozarse en las guerras civiles y de tiempo en tiempo organizamos cacer\u00edas y matanzas como las de Amantani, Ilave y Huanta<\/em>. (1985, p. 338)<\/p>\n<p>Esta apolog\u00eda a las razas oprimidas que, individualmente, plantea Gonz\u00e1lez Prada intenta provocar reacciones dirigidas a un cambio profundo de estructuras sociales bien construidas desde anta\u00f1o para la sociedad peruana decimon\u00f3nica. De forma particular, esta intenci\u00f3n de Gonz\u00e1lez podr\u00eda compaginarse con la actitud humanista y filantr\u00f3pica que se percibe en los contenidos expresivos que Camacho enuncia en \u201c\u00a1No era ella!\u201d. Al principio de este cuento, Camacho, de igual modo, pinta un retrato de la realidad de vida de los ind\u00edgenas del Per\u00fa:<\/p>\n<p><em>(&#8230;) Llegaba un colector de contribuciones al miserable rancho del cholo a pedir la correspondiente a aquel semestre; el cholo no la ten\u00eda; el colector se apoderaba de un borrico, \u00fanico amigo del infeliz. Segu\u00eda una escena de llanto y de s\u00faplicas capaz de mover una roca, pero no a un colector. Aquel asno, humilde y sufrido como su se\u00f1or, era la mitad del pan de la familia, y sobre sus lomos se llevaba la verdura al mercado, tambi\u00e9n la mujer y los chicos serv\u00edan de ellos&#8230; el indio desesperado ve\u00eda con aquel borrico alejarse su esperanza; entonces tomaba una resoluci\u00f3n atroz, una de esas resoluciones que s\u00f3lo se explican por el embrutecimiento y la miseria en la que se educan los indios: llamaba al colector y en cambio del asno daba una hija. Estremece pensarlo y sin embargo \u00a1es la verdad!<\/em> (1962, p. 118).<\/p>\n<p>La miseria y la falta de educaci\u00f3n son persistentemente criticadas. Sin embargo, estas cr\u00edticas no parecen dirigirse hacia el ind\u00edgena, quien no tiene culpa de la situaci\u00f3n de menosprecio a la que se ve sometido; sino que son cr\u00edticas encaminadas a trastocar un medio social indolente ante la situaci\u00f3n de los oprimidos. El retrato de una sociedad radicalmente indiferente se denuncia continuamente en este cuento.<\/p>\n<p>En \u201c\u00a1No era ella!\u201d, se observa una tendencia a mostrar, a partir de un caso de ficci\u00f3n ejemplar, los cr\u00edmenes terribles que se comet\u00edan en la realidad peruana de la \u00e9poca: la flagelaci\u00f3n y el asesinato inmisericorde de los ind\u00edgenas. Sin embargo, no debemos olvidar que el cuento trata de mostrar una perspectiva de la vida del hombre o de la sociedad que puede existir dentro de un contexto determinado, pero el cuento en s\u00ed mismo <em>no nos relata un hecho real<\/em>. Precisamente, el car\u00e1cter an\u00f3nimo y desvalido del personaje ind\u00edgena, la iron\u00eda del desenlace de su tr\u00e1gica historia y lo cruel que resulta conocer la verdad de lo sucedido tiempo despu\u00e9s de la irremediable muerte de la adolescente contribuyen a no perder ese sentido de ficcionalidad rom\u00e1ntica que est\u00e1 invariablemente presente en el cuento decimon\u00f3nico. Asimismo, se puede argumentar que, a prop\u00f3sito de los contenidos tem\u00e1ticos observados en \u201c\u00a1No era ella!\u201d, esta ficcionalidad rom\u00e1ntica de un contexto social racista, marca la existencia en Camacho de una macro-proposici\u00f3n orientada, como ya hemos esbozado antes, al cambio social radical; a la denuncia de la opresi\u00f3n social del indio a trav\u00e9s de la construcci\u00f3n del personaje de la ind\u00edgena representada en este cuento.<\/p>\n<p>Para proseguir con nuestro an\u00e1lisis sobre el perfil caracter\u00edstico del cuento, coincidimos en resaltar el manejo econ\u00f3mico del lenguaje. Camacho consigue contar de una manera muy sencilla y precisa los tr\u00e1gicos acontecimientos vividos por esta humilde ind\u00edgena. Sin embargo, la originalidad del cuento quedar\u00eda f\u00e1cilmente cuestionada en vista de lo predecible que son dichos acontecimientos. Los acontecimientos en \u201c\u00a1No era ella!\u201d son excesivamente predecibles, siendo este otro rasgo caracter\u00edstico del cuento rom\u00e1ntico decimon\u00f3nico. Este rasgo caracter\u00edstico se contrapone a aquel de la <em>originalidad <\/em>(Meneses, 1999) que alguna vez se exig\u00eda al cuento venezolano. A ciencia cierta, es este rasgo de <em>originalidad <\/em>el que motiva a Meneses, y a otros cr\u00edticos y estudiosos de la literatura venezolana, a desconocer la existencia del cuento rom\u00e1ntico en nuestro pa\u00eds antes de 1896.<\/p>\n<p>En este cuento, las caracter\u00edsticas m\u00e1s notables del relato rom\u00e1ntico convergen, y de esta manera, se representa en la ficci\u00f3n una situaci\u00f3n social que se denuncia a trav\u00e9s de una apolog\u00eda racial cargada de <em>subjetividad y visceralidad<\/em>, con cierta t<em>endencia po\u00e9tica no muy bien lograda<\/em>. Recordemos el comienzo de \u201c\u00a1No era ella!\u201d:<\/p>\n<p><em>\u00bfHas tenido, oh lector ben\u00e9volo, o tienes en tu casa una cholita para el servicio? Si la tienes, es muy probable que para ense\u00f1arla el manejo dom\u00e9stico hayas empleado el elemento del azote, y logres con tan eficaz medio hacerle perder la verg\u00fcenza para que en su mayor edad sea una v\u00edctima m\u00e1s de esa vor\u00e1gine espantosa que se llama prostituci\u00f3n<\/em> (p. 117).<\/p>\n<p>Notoriamente, el inicio del relato: \u201c\u00bfHas tenido, oh lector ben\u00e9volo, o tienes en tu casa una cholita para el servicio?\u201d, permite percibir cierto matiz po\u00e9tico interpretado en su forma m\u00e1s simple como una iron\u00eda. La cr\u00edtica ac\u00e9rrima dirigida hacia la inescrupulosidad del castigo corporal como medio de moldear la conducta ind\u00edgena lleva a reflexionar al lector sobre estas conductas inmorales en contra de los semejantes. En este sentido, Camacho critica contundentemente la forma de proceder de ciertos miembros poderosos de la sociedad, y as\u00ed; este cuento adquiere, de forma evidente, matices de cr\u00edtica social y refiere el contexto particular de vida de esa \u00e9poca.<\/p>\n<p><strong>La tem\u00e1tica del ind\u00edgena oprimido en el cuento rom\u00e1ntico decimon\u00f3nico<\/strong><\/p>\n<p>La representaci\u00f3n del ind\u00edgena oprimido en \u201c\u00a1No era ella!\u201d se despliega solapadamente dentro de un plano dial\u00e9ctico que permite admirar las dos partes, las dos <em>perspectivas <\/em>(Gadamer, 2001) comprometidas en esta situaci\u00f3n de conflicto racial: la mirada del ind\u00edgena y la mirada del hombre blanco opresor del ind\u00edgena. Camacho presenta con cierta iron\u00eda la mirada del hombre blanco y su percepci\u00f3n de los grupos ind\u00edgenas:<\/p>\n<p><em>El car\u00e1cter nacional, dulce y ben\u00e9volo como el clima del Per\u00fa, se agr\u00eda y acidula cuando se trata de los cholos, desgraciados idolatras a quienes tratamos como a bestias de carga; cobrizas abejas de la colmena social, a quienes hacemos trabajar y producir la miel que aprovechamos nosotros, z\u00e1nganos de la raza espa\u00f1ola, usurpadores de su suelo<\/em> (p. 117).<\/p>\n<p>De esta forma, la perspectiva del ind\u00edgena se representa bajo la muestra extrema de su opresi\u00f3n dolorosa: <em>no tiene voz, s\u00f3lo habla cuando se le exige, y adem\u00e1s, no se le <\/em><em>cree lo que dice<\/em>. La representaci\u00f3n de la ni\u00f1a ind\u00edgena recibe s\u00f3lo la caracterizaci\u00f3n que el narrador del cuento, con profundo sentido paternal describe: \u201c(&#8230;) Viv\u00eda adem\u00e1s en la familia, en calidad de sirviente, una cholita, ni\u00f1a de doce a\u00f1os, sumisa y humilde <em>como todos los hijos de su raza<\/em>\u201d (p. 119, \u00e9nfasis nuestro). La perspectiva del oprimido se traza por su incapacidad de reacci\u00f3n ante el ente opresor. La mujer de la casa pierde el dinero que su marido hab\u00eda dejado y; enseguida, se ve comprometida la honestidad de la ind\u00edgena sin ning\u00fan tipo de pruebas y sin ning\u00fan derecho a la defensa. S\u00f3lo prevalecen los prejuicios raciales aplicados por el hombre blanco al ind\u00edgena.<\/p>\n<p>La caracterizaci\u00f3n del ind\u00edgena oprimido se expresa en la obra de Camacho como una representaci\u00f3n de una acepci\u00f3n del mundo: la de los inexistentes socialmente que luchan incansablemente por la igualdad social. La muerte de la ind\u00edgena se interpreta como un acto de castigo justificado bajo la mirada del hombre blanco. La vida de la ind\u00edgena queda superada con creces por el valor de los dos pesos que se supon\u00eda que hab\u00eda robado. Su honestidad y sumisi\u00f3n no la ayudaron, sino que se transforman en delitos graves que ha tenido que pagar con la muerte.<\/p>\n<p>Camacho ensaya, a trav\u00e9s de este relato construir un imaginario de la conciencia del oprimido. Esto corresponde con uno de los principios hermen\u00e9uticos Gadamerianos: \u201cLa forma ling\u00fc\u00edstica y el contenido transmitido no pueden separase en la experiencia hermen\u00e9utica\u201d (Gadamer, 2001, p. 529). Dentro de este plano de la est\u00e9tica de la recepci\u00f3n, habr\u00eda que admitir que ciertamente este cuento manifiesta enteramente matices de literatura de denuncia social. Sin embargo, se puede acotar que la complejidad de las leyes sociales que se pretend\u00edan criticar ameritaba una elaboraci\u00f3n de la estructura del cuento m\u00e1s compleja. El final se precipita y simplemente no se ofrece con claridad una perspectiva global de la situaci\u00f3n a pesar de quedar enmarcada una representaci\u00f3n dial\u00e9ctica, desde el plano de las perspectivas, de ambos lados en conflicto: la del oprimido y la del opresor.<\/p>\n<p>En la obra de Camacho, la cr\u00edtica social ac\u00e9rrima perennemente parte de un punto de vista moral-\u00e9tico sobre las tem\u00e1ticas analizadas. La infidelidad, la mentira, la traici\u00f3n y los valores religiosos se critican de forma mordaz en las tradiciones y relatos escritos por este autor. \u201c\u00a1No era ella!\u201d naturalmente no escapa de la norma rom\u00e1ntica decimon\u00f3nica. Una cuent\u00edstica colmada de subjetivismo y apreciaciones viscerales desvirt\u00faan la mayor\u00eda de las veces los intentos del autor por incorporar tem\u00e1ticas sociales y morales complejas. La simplicidad con la que el autor ficcionaliza la problem\u00e1tica en \u201c\u00a1No era ella!\u201d se dilucida, a manera de recapitulaci\u00f3n, como una forma de denunciar claramente los cr\u00edmenes cometidos en el contexto de vida peruano. Sin embargo, la falta de detalles y la insistencia del autor por simplificar los conflictos raciales de la \u00e9poca se perciben como intentos fallidos por revelar y criticar un contexto social determinado. De forma evidente, es innegable el ideal filantr\u00f3pico de la representaci\u00f3n del ind\u00edgena esclavizado en el relato de Camacho. En las literaturas de denuncia social se sigue frecuentemente la tendencia expuesta por Camacho en su cuento. Sin embargo, en las elaboraciones de otros autores venezolanos y extranjeros se observa un despliegue de recursos expresivos y narrativos de mayor complejidad a medida que se apartan de las representaciones rom\u00e1nticas cargadas de acontecimientos predecibles y clich\u00e9s carentes de toda originalidad.<\/p>\n<p>A manera de ilustraci\u00f3n de lo anteriormente expuesto, distinguimos, a nuestro parecer, una cuent\u00edstica de tem\u00e1tica social genialmente lograda en otros autores. Mencionemos, por ejemplo, a Ant\u00f3n Ch\u00e9jov con \u201cLa muerte de un funcionario\u201d (1883), cuento que critica la presi\u00f3n social que abriga el subalterno oprimido; Augusto Roa Bastos en \u201cEl trueno entre las hojas\u201d (1953), cr\u00f3nica de una utop\u00eda proletaria irrealizable y Rufino Blanco Fombona con su \u201cDemocracia criolla\u201d (1900), relato que reprocha la derrota de la conciliaci\u00f3n por la barbarie. Ciertamente, algunas de estas obras literarias no pertenecen al contexto literario venezolano del siglo XIX, pero marcan estilos que progresivamente desarrollaron la ficcionalizaci\u00f3n de tem\u00e1ticas sociales en contextos determinados. En estos cuentos, se exponen palpablemente caracterizaciones m\u00e1s complejas de los imaginarios contextualizados que procuran exhibir el miasma y la problem\u00e1tica social; ya sea esto con el objetivo de criticarlas o denunciarlas.<\/p>\n<p><strong>Consideraciones finales<\/strong><\/p>\n<p>Indudablemente, el objetivo principal de este art\u00edculo no se corresponde con la estricta comparaci\u00f3n de la producci\u00f3n cuent\u00edstica de Juan Vicente Camacho con la de otros autores y estas comparaciones solo se han ofrecido como formas de ilustrar otras narrativas orientadas a las tem\u00e1ticas sociales. La existencia de nociones de conciencia cr\u00edtica, relacionada con el an\u00e1lisis de los conflictos sociales y raciales del Per\u00fa perceptibles en el cuento de Camacho analizado, ha quedado confirmada a partir de nuestra visi\u00f3n cr\u00edtica. Sin embargo, cabe se\u00f1alar que esta conciencia cr\u00edtica se percibe en la cuent\u00edstica de este autor de manera inacabada, simplificada, prevaleciendo esencialmente la perspectiva filantr\u00f3pica y humanista del autor lo que, de forma particular, contribuye a la simplificaci\u00f3n de la estructura de un relato que podr\u00eda haber ilustrado cabalmente un imaginario de conciencia cr\u00edtica compleja dentro de la sociedad racista del Per\u00fa a finales del siglo XIX.<\/p>\n<p><strong>Referencias bibliogr\u00e1ficas<\/strong><\/p>\n<p>Blanco Fombona, R. (1997). \u201cDemocracia criolla\u201d. En <em>Cuentos americanos<\/em>. Caracas, Venezuela. Monte \u00c1vila, pp. 107-114.<\/p>\n<p>Camacho, J. V. (2004). \u201cConfesi\u00f3n aut\u00e9ntica de un ahorcado resucitado\u201d. En <em>D\u00edas de espanto. Cuentos fant\u00e1sticos venezolanos del siglo XIX<\/em>. Caracas, Venezuela: Monte \u00c1vila Editores Latinoamericana, pp. 29- 46.<\/p>\n<p>Camacho, J. V. (1962). \u201cNo era ella\u201d. En <em>Tradiciones y relatos<\/em>. Caracas, Venezuela: Ediciones del Ministerio de Educaci\u00f3n, Biblioteca Popular Venezolana, pp. 117- 122.<\/p>\n<p>Ch\u00e9jov, A. (2002). \u201cLa muerte de un funcionario\u201d. En <em>Primeros relatos<\/em>. Madrid, Espa\u00f1a: Editorial Planeta, pp. 31-33.<\/p>\n<p>Gadamer, H.G. (2001). <em>Verdad y m\u00e9todo<\/em>. Tomo I y II. Salamanca, Espa\u00f1a: S\u00edgueme. Gonz\u00e1lez Prada, M. (1985). \u201cNuestros indios\u201d. En <em>P\u00e1ginas libres. Horas de lucha <\/em>Caracas, Venezuela: Biblioteca Ayacucho, pp. 332-343.<\/p>\n<p>Meneses, G. (1994). \u201cPr\u00f3logo\u201d. <em>Antolog\u00eda del cuento venezolano<\/em>. Caracas, Venezuela: Monte \u00c1vila, pp. 7-13.<\/p>\n<p>Roa Bastos, A. (2000). \u201cEl trueno entre las hojas\u201d. En <em>cuentos completos<\/em>. Asunci\u00f3n, Paraguay: El Lector, pp. 205-235.<\/p>\n<p>Sandoval, C. (2004). \u201cFantasmas: breve introducci\u00f3n\u201d. En <em>D\u00edas de espanto. Cuentos fant\u00e1sticos venezolanos del siglo XIX<\/em>. Caracas, Venezuela: Monte \u00c1vila Editores Latinoamericana, pp. XI- XVII.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Karlin Andr\u00e9s Camperos Garc\u00eda Introducci\u00f3n Los or\u00edgenes del cuento decimon\u00f3nico venezolano son puntuales, seg\u00fan investigadores como Carlos Sandoval. Se inicia en 1841 con la aparici\u00f3n de un cuento del espa\u00f1ol (nacido en Caracas) Antonio Ros de Olano en el escenario literario venezolano (Sandoval, 2004). 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