{"id":6234,"date":"2022-09-14T00:23:01","date_gmt":"2022-09-14T00:23:01","guid":{"rendered":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/?p=6234"},"modified":"2023-11-24T18:26:24","modified_gmt":"2023-11-24T18:26:24","slug":"la-vida-alegre-cap-i","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/la-vida-alegre-cap-i\/","title":{"rendered":"La vida alegre (Cap. I)"},"content":{"rendered":"<h4 style=\"text-align: right;\"><strong>Daniel Centeno Maldonado<br \/>\n<\/strong><\/h4>\n<p>Solo le bast\u00f3 asomarse por la ventana para saber que lo mejor era quedarse donde estaba. Trag\u00f3 saliva, respir\u00f3 hondo y sinti\u00f3 como si la cabeza fuera un plomo de cabellos blancos que alguien hab\u00eda puesto sobre dos hombros de aire. Sus d\u00edas no pod\u00edan ser peores.<\/p>\n<p>En sus tiempos mozos hubiera corrido con mucha mayor presteza, e incluso hasta alguna mano al aire habr\u00eda servido de algo. Ahora, achacoso y transformado en una barriga con piernas de hule, su nivel de resoluci\u00f3n de problemas no estaba a la altura de sus pret\u00e9ritos atributos. Pens\u00f3 que esta vez s\u00ed iba a llorar con sinceridad, que ese cabalgar en el pecho no era otra cosa que un principio de infarto, y que esa habitaci\u00f3n de hotel barato, donde se encontraba, no pod\u00eda tener una peor ubicaci\u00f3n en la ciudad. Vencido como mariscal sin tropa, se desanud\u00f3 la pajarita roja, se desaboton\u00f3 la chaqueta del esmoquin azulado y las mangas de su camisa de sat\u00e9n, tom\u00f3 un trago de Alka-Seltzer y comenz\u00f3 a escribir sobre un papel:<\/p>\n<p><em>Yo Sandalio Segundo Guerrero Guaita artista de respeto y venezolano unibersal hijo natural de Teotiste Maturino de la Concepcion Guerrero Izquierdo y de Presentaci\u00f3n del Carmen Guaita Hinojosa nacido en Barcelona en 1933 mejor conosido artist\u00edcamente como Dalio Guerra \u00abEl Ruise\u00f1or de las Americas\u00bb, \u00abEl turpial del arroyo\u00bb y \u00abLa lapa cantarina\u00bb, la unica y original voz de exitos intitulados como \u00abCaprichosa\u00bb, \u00abIngrata de Viernes Santo\u00bb, \u00abMe desangrare en el bar\u00bb, \u00abEres un amor de rocola\u00bb, \u00abUna mujer de genio\u00bb y \u00abRosas, melodias y gard\u00e9nias\u00bb. Maestro de la maracalenta y del requinto enamorado ganador de premios de la magnitud del \u00abGuamache de oro\u00bb, \u00abEl microfono del Arauca\u00bb, \u00abEl casique sentado\u00bb y \u00abEl cazique parado\u00bb aplaudido a rabiar en excenarios de Puerto Rico, Cuba, Republica Dominicana, Colombia, Aruba, Panam\u00e1, Nicaragua, El Salvador, Peru, Ecuador, Venezuela y otros tantos paises que por los nervios no me bienen a la mente padre de sinco ijos reconocidos y de treinta que me quieren endosar a la fuerza; asedor indiscutible del imno \u00abBanderas y caminos\u00bb que a tantas revolusiones inspir\u00f3 amigo personal de la m\u00fasica hombre de bien inquieto, catolico, poeta y boemio practicante\u2026<\/em><\/p>\n<p>Detuvo la escritura por un momento, solt\u00f3 un peo en trompetilla y not\u00f3 una mancha de orina a\u00fan fresca por todo el pantal\u00f3n. Se pas\u00f3 el pa\u00f1uelo blanco por una frente surcada de arrugas llenas de sudor antes de continuar en lo que estaba:<\/p>\n<p><em>doy fe de que no e echo nada malo que si me van a matar sera por capricho y que dejaran gu\u00e9rfanos y sin pan a mas de treinta y sinco ijos y cincuenta y siete nietos amables<\/em><\/p>\n<p>Solt\u00f3 un sollozo y las manos comenzaron a temblarle. No le falt\u00f3 tiempo para levantarse de su asiento y acercarse al espejo del ba\u00f1o de la habitaci\u00f3n. Ah\u00ed estaba: viejo, caduco, breve, con un poblado mostacho plateado que solo era la parodia de aquella l\u00ednea negra que a tantas mujeres encant\u00f3 en su d\u00eda. Sus dientes de indio ind\u00f3mito y altanero tambi\u00e9n hab\u00edan desaparecido para darle la triste bienvenida a una plancha que nunca le encajaba bien en las enc\u00edas, y su cara, ahora llena de l\u00e1grimas y mocos, mostraba los pliegues inclementes del alcohol y de otras tantas basuras a las que se segu\u00eda entregando con una religiosidad propia de Domingo de Ramos. Al mirarse en el espejo supo que lo \u00fanico que quedaba de \u00e9l era el rastro de una historia polvorienta y pasada de moda.<\/p>\n<p>Camin\u00f3 hasta la cama y as\u00ed, cuan largo era, se tir\u00f3 de espaldas con una actitud de total resignaci\u00f3n. Viendo el techo convino en hacer un repaso detallado de toda la situaci\u00f3n. Pens\u00f3 que si el coraz\u00f3n dejaba de latir durante su recuento, esto enmendar\u00eda el detalle de morir a manos de otros; aunque lo de dejar un cad\u00e1ver meado de arriba abajo no iba a solucionarle el problema de imagen que atravesaba desde algunos lustros atr\u00e1s.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Aquella noche no pudo ser m\u00e1s aciaga. El bar Forty Five del D. F. se hab\u00eda encargado de pagarle el avi\u00f3n en clase turista y el taxi desde el aeropuerto, reservarle por dos noches una habitaci\u00f3n con ba\u00f1o en un hotel cercano y colocar su nombre en la puerta del local con bombillos de colores incansables. All\u00ed el Ruise\u00f1or de las Am\u00e9ricas compartir\u00eda camerino con todas las bailarinas del bar y, entre un inagotable mar de tetas, plumas y pantaletas de lentejuelas, tendr\u00eda a la mano su par de maracas a las que tanta fama deb\u00eda. Ya en el recinto, Sandalio estuvo casi seguro de haber retomado su carrera y de volver a recibir ese trato de estrella que cada vez parec\u00eda m\u00e1s esquivo a su leyenda. Cuando estuvo solo en el camerino, se puso a practicar con la mayor lentitud un maraquear acompasado para calentar los brazos, y todo el discurso que ten\u00eda que decirle al selecto p\u00fablico mexicano en esta primera visita que realizaba a suelo azteca. No bien desgranaba algunas muecas frente al espejo, cuando interrumpi\u00f3 su concentraci\u00f3n un grupo de sujetos que no conoc\u00eda en absoluto. Sandalio no lleg\u00f3 a contar la cantidad de hombres que se le plantaron, quiz\u00e1 media docena, aunque s\u00ed logr\u00f3 ver que el que encabezaba el tropel era un tipo joven, que cog\u00eda a una mujer por el brazo. Este, con el hablar pastoso de los borrachos, le espet\u00f3:<\/p>\n<p>\u2014Ruise\u00f1or, aqu\u00ed traigo a mi vieja, y quiero que la beses. As\u00ed que ya sabes, \u00a1la besas!<\/p>\n<p>Uno de los amigos del extra\u00f1o invitado tom\u00f3 a Sandalio y, como si fuera un peluche de tama\u00f1o natural, lo levant\u00f3 y arrim\u00f3 hacia la mujer. El Ruise\u00f1or, que parec\u00eda ser el centro de una fiesta de gatos, intent\u00f3 acudir a la cordura:<\/p>\n<p>\u2014Tranquilo, muchacho, tranquilo, que la dama se va a enojar con tus chistes, chico \u2014dijo en tono conciliador.<\/p>\n<p>\u2014Oye, Ruise\u00f1or, no te apures, que ella no se enoja. \u00a1B\u00e9sala!<\/p>\n<p>Sandalio mantuvo su desconcierto. En muchas ocasiones se consider\u00f3 un lince en eso de negar paternidades e incluso lisuras con menores de edad. Pero esta situaci\u00f3n resultaba in\u00e9dita, aun en una vida tan transitada como la suya. Ahora era un viejo de mierda rodeado de cuates que no pasaban de los cuarenta a\u00f1os, frente a una mujer al acecho de su reacci\u00f3n oto\u00f1al. Pens\u00f3 que no hab\u00eda que darle mayor importancia al momento, porque sab\u00eda que los mexicanos eran gente rara e infantil en sus conductas, como alguna vez le coment\u00f3 un colega de la canci\u00f3n que hab\u00eda triunfado por estas tierras. Era posible que estas personas solo buscaran una deferencia por parte del artista tan admirado, y que lo m\u00e1s caballeroso de todo era no hacerlos esperar en su demanda, en\u00e9rgica, pero de indudable cari\u00f1o mexicano. En esas fracciones de reflexi\u00f3n sobre un mismo tema, el Ruise\u00f1or se decidi\u00f3 y bes\u00f3 a la dama en una de sus mejillas.<\/p>\n<p>La patada en el pecho vino sola. Sandalio cay\u00f3 de culo al suelo, mucho antes que sus dos maracas, y el grupo de personas se fue por donde hab\u00eda entrado. El Ruise\u00f1or qued\u00f3 inconsciente por algunos minutos, y quienes momentos antes lo hab\u00edan visto entretenido en su soliloquio, pensaron que era otra de sus conocidas borracheras que tantos de sus espect\u00e1culos hab\u00edan empa\u00f1ado, esas en las que cambiaba las letras por rimas hacia sus problemas dom\u00e9sticos o de impotencia sexual, y en las que acababa escupiendo y maldiciendo al respetable en cuesti\u00f3n de minutos, no sin antes elevar alguna maraca asesina hacia la concurrencia. Pero esta vez Sandalio no pod\u00eda estar m\u00e1s sobrio. En a\u00f1os lo hab\u00edan contratado para algo de mediana importancia, y sab\u00eda que lo poco que le quedaba de su carrera depend\u00eda de esta actuaci\u00f3n.<\/p>\n<p>Cuando abri\u00f3 los ojos, reconoci\u00f3 al due\u00f1o del local, que le tomaba el pulso, mientras todas las bailarinas a su alrededor le abanicaban la cara con revistas y platos de cart\u00f3n. El deshonor era may\u00fasculo. El macho venezolano estaba pateado, despeinado y con su plancha y sus inmortales maracas tiradas en el suelo.<\/p>\n<p>\u2014Oiga, maestro, \u00bfse encuentra bien? \u2014pregunt\u00f3 el due\u00f1o del bar\u2014. Ya la orquesta est\u00e1 lista para que cante \u00abCaprichosa\u00bb como en los viejos tiempos.<\/p>\n<p>\u2014S\u00ed, mijo, estoy bien. No se preocupe. Solo me resbal\u00e9 como un pendejo, pero no pasa nadita. D\u00e9jeme agarrar estas maracas, y le prometer\u00e9 a su local la mejor noche de su historia musical.<\/p>\n<p>Sandalio fue ayudado a reincorporarse por dos bailarinas en tetas y por el due\u00f1o del bar. Su cabeza a\u00fan daba vueltas y temi\u00f3 que se le mezclaran las letras de las canciones al primer comp\u00e1s. Todav\u00eda no se hab\u00eda repuesto del susto mientras pensaba en las extra\u00f1as artes de la hospitalidad mexicana. Supuso que el tipo de la patada solo quiso demostrar qui\u00e9n era el macho de la noche, aunque no entend\u00eda por qu\u00e9 ten\u00eda que cogerla con un viejo como \u00e9l. Ni en el burdel m\u00e1s levantisco de Barranquilla, ni en la trifulca m\u00e1s ind\u00f3mita de Caracas le hab\u00edan sonado una patada en el pecho con tan poca justicia. Si no fuera porque la orquesta afinaba sus instrumentos mientras esperaba su salida a escena, Sandalio habr\u00eda invertido todo el tiempo del mundo en hundirse dentro de un enorme sentimiento de impotencia. As\u00ed que, a la voz de: \u00ab<em>\u00a1Y ahora, respetabil\u00edsimo p\u00fablico del Forty Five Cabaret, ba\u00f1emos en aplausos al \u00fanico, inimitable y eterno novio de nuestra querida Caprichosa, el Ruise\u00f1or de las Am\u00e9ricas, Dalio Guerra y sus maracas maravillosas!<\/em>\u00bb, Sandalio aclar\u00f3 su garganta y se dirigi\u00f3 a un escenario m\u00edsero en ovaciones. En el entarimado, ahora en el papel del inmortal Dalio Guerra, Sandalio sac\u00f3 pecho y blandi\u00f3 las maracas. Abraz\u00f3 a su empleador con su mejor sonrisa, abri\u00f3 la boca y, cuando estuvo a punto de soltar la primera l\u00ednea de \u00abCaprichosa\u00bb, oy\u00f3 una voz que reconoci\u00f3 en el acto:<\/p>\n<p>\u2014\u00bfD\u00f3nde est\u00e1 ese Ruise\u00f1or extranjero? \u2014grit\u00f3 el tipo de la patada, mientras entraba con su grupo por la puerta del local\u2014. Que salga si es tan macho. De esta tendr\u00e1 que irse del pa\u00eds con sus chivas y su pinche \u00abCaprichosa\u00bb. Que salga que lo voy a sacar a tiros. A ver si as\u00ed respeta a las mujeres ajenas.<\/p>\n<p>Con la boca abierta, y sin proferir verso alguno de \u00abCaprichosa\u00bb, Sandalio no dud\u00f3 en dar media vuelta con sus maracas. En su desesperada huida hacia el camerino, solo prest\u00f3 atenci\u00f3n a lo que le grit\u00f3 una bailarina en estado de histeria:<\/p>\n<p>\u2014\u00a1Esc\u00f3ndase, que est\u00e1 loco y trae pistola!<\/p>\n<p>Las maracas nunca antes hab\u00edan sonado con tanta violencia en las manos del Ruise\u00f1or de las Am\u00e9ricas. Este, sin fijarse en el patetismo que representaba la imagen de un viejo rumbero que escapaba de la muerte con dos inseparables sonajas, pudo entrar a un dep\u00f3sito cercano al camerino con el tiempo suficiente para apagar la luz y esconderse detr\u00e1s de un sof\u00e1. Desde all\u00ed pod\u00eda ver por la rendija de la puerta lo que suced\u00eda afuera, con la esperanza de salir de su escondite apenas se sintiera seguro y tuviera la v\u00eda libre. As\u00ed fue como lleg\u00f3 a contemplar una escena que en el momento le hel\u00f3 la sangre hasta hac\u00e9rsela cubitos en sus venas: la de su agresor que, con una enorme pistola en mano, entr\u00f3 a la zona con la finalidad de pegarle unos tiros entre los ojos.<\/p>\n<p>\u2014\u00a1D\u00f3nde chingados se encuentra ese pinche viejo encimoso! \u2014le grit\u00f3 a un conguero que ensayaba a solas.<\/p>\n<p>Como el m\u00fasico no supo qu\u00e9 contestarle al instante, el otro deton\u00f3 el arma. La bala fue a parar al cuero de uno de los tambores, y el hombre cay\u00f3 desmayado del susto. Al de la patada no pareci\u00f3 importarle nada de lo ocurrido, y comenz\u00f3 a caminar en c\u00edrculos mientras revolv\u00eda las cosas con lamano que ten\u00eda libre. Lo \u00fanico que se escuchaba dentro de su idiotez et\u00edlica era una pregunta que parec\u00eda un prendedor en su boca: \u00ab\u00bfD\u00f3nde anda el Ruise\u00f1or, d\u00f3nde, d\u00f3nde andar\u00e1?\u00bb<\/p>\n<p>As\u00ed estuvo por un buen rato, hasta que de un rodillazo abri\u00f3 la puerta del dep\u00f3sito en donde se hallaba escondido Sandalio. El Ruise\u00f1or ya estaba decidido a morir. Ni con la sobredosis de 1948 se sinti\u00f3 tan conclusivo. Su agresor comenz\u00f3 a desesperarse en su intento por descubrir a su presa entre tantas tinieblas. Lanz\u00f3 algunas patadas, manotazos e incluso empuj\u00f3 el sof\u00e1 sin advertir nada extra\u00f1o. Su frustraci\u00f3n de borracho se acrecent\u00f3 y grit\u00f3 a la nada:<\/p>\n<p>\u2014 \u00bfD\u00f3nde est\u00e1 la salida, d\u00f3nde, carajo? \u00a1En esta chingadera no se ve ni madres!<\/p>\n<p>Sin que el de la patada pudiera reaccionar, Sandalio se levant\u00f3 y le dio dos fuertes maracazos en la cabeza. La pistola cay\u00f3 al suelo, el tipo tambi\u00e9n, y el Ruise\u00f1or vol\u00f3 a un sitio m\u00e1s seguro. Su perseguidor, aturdido por el golpe, cogi\u00f3 la pistola y sali\u00f3 al escenario en busca de Sandalio. Ya en las tablas, abofete\u00f3 a una de las bailarinas que estaba ofreciendo el n\u00famero tropical de la noche, ante la mirada imp\u00e1vida del director de la orquesta que no tuvo otro remedio que contener su esp\u00edritu heroico por encontrarse enca\u00f1onado entre ceja y ceja. El momento era de total expectaci\u00f3n. Pero el due\u00f1o del local se encarg\u00f3 de terminarla en un acto inesperado. Ya fuera de s\u00ed, subi\u00f3 al escenario, se acerc\u00f3 al belicoso y le arrebat\u00f3 la pistola antes de atiz\u00e1rsela en la cara<\/p>\n<p>.\u2014\u00a1Ah, ching\u00e1, compadre! \u00a1As\u00ed me paga! \u00a1As\u00ed me paga despu\u00e9s de todo lo que lo he ayudado! \u00a1Sepa, cabr\u00f3n, que si yo no fuera diputado, este pinche teibol no existir\u00eda! \u00a1Ma\u00f1ana se lo cierro, carajo! \u2014le grit\u00f3 al due\u00f1o del cabaret.<\/p>\n<p>Gimoteando unos insultos a la concurrencia, el de la patada sali\u00f3 del local con sus compinches, se subi\u00f3 a su carro y se fue.<\/p>\n<p>Sandalio busc\u00f3 la calma e intent\u00f3 acordarse del nombre del sitio donde se hospedaba para iniciar su fuga. Cuando se aproxim\u00f3 a la bailarina abofeteada para preguntarle la direcci\u00f3n, el due\u00f1o del cabaret se le acerc\u00f3 con la crispaci\u00f3n acumulada de todo el espect\u00e1culo anterior:<\/p>\n<p>\u2014Oiga, maestro, no s\u00e9 qu\u00e9 carajos le hizo al diputado, pero me ha fregado el negocio.<\/p>\n<p>\u2014No, mijo, por lo m\u00e1s sagrado que no le hice nada a ese degenerado \u2014 respondi\u00f3 Dalio.<\/p>\n<p>\u2014\u00a1Me vale madres lo que haya pasado! Ya luego lo arreglaremos, pero usted tiene que salir a dar su show. Acabo de hablar con los m\u00fasicos y tienen todo preparado. \u00a1Agarre sus maracas y salga ahora mismo!<\/p>\n<p>El Ruise\u00f1or titube\u00f3, pero sab\u00eda que como artista le deb\u00eda el mejor repertorio al p\u00fablico mexicano que tanto hab\u00eda apostado por \u00e9l. Convencido, tom\u00f3 el par de maracas y sali\u00f3 por segunda vez a escena con los primeros compases de la inmortal e interrumpida \u00abCaprichosa\u00bb. El p\u00fablico, todav\u00eda desconcertado por el espect\u00e1culo anterior, lo recibi\u00f3 con unos aplausos administrados con escr\u00fapulos. Sandalio pens\u00f3 que la gloria era una fortalezaque, despu\u00e9s \u00a0de derrumbada, pod\u00eda volver a erigirse con materiales m\u00e1s resistentes y duraderos, as\u00ed que, con el \u00e1nimo de un constructor de ruinas, dio dos maracazos al aire y abri\u00f3 la boca para la primera e inolvidable estrofa del tema al que tanta fama deb\u00eda.<\/p>\n<p>\u2014Eres una capri\u2026<\/p>\n<p>Una explosi\u00f3n de carabina le hizo soltar un may\u00fasculo \u00ab\u00a1carajo!\u00bb, que no lo dej\u00f3 terminar la palabra que le daba t\u00edtulo a su \u00e9xito. Los m\u00fasicos lanzaron los instrumentos al suelo, y al fragor de otra descarga, todo el mundo corri\u00f3 por entre el mobiliario del Forty Five. Sandalio tambi\u00e9n salt\u00f3 del escenario con sus inseparables maracas y entre la batahola de gente intent\u00f3 buscar una mesa amiga en la cual esconderse. En el camino, el portero del local, un negrote imponente que ahora se hab\u00eda vuelto tan blanco como un cisne, ech\u00f3 un brinco con el sonido de otra explosi\u00f3n y aull\u00f3:<\/p>\n<p>\u2014\u00a1No salgan por esta puerta, que el diputado est\u00e1 disparando con una escopeta!<\/p>\n<p>Sandalio se meti\u00f3 al ba\u00f1o y all\u00ed encontr\u00f3 una ventana por la cual salir. Primero lanz\u00f3 las maracas afuera y luego cay\u00f3 de quijada al suelo. En el descampado donde se encontraba, cogi\u00f3 sus instrumentos y empalm\u00f3 en exteriores la rid\u00edcula imagen del viejo rumbero que huye con sus sonajas a cuestas. A lo lejos los plomazos sonaban como si formaran parte de una celebraci\u00f3n.<\/p>\n<p>Por primera vez pens\u00f3 que la vida era una estafa. Corri\u00f3 m\u00e1s que en cualquier otro pasaje de su historia, m\u00e1s que cuando fue descubierto en la cama con la mujer del trombonista de Siboney, a quien le hab\u00eda bautizado a sus hijos, y a\u00fan m\u00e1s que el d\u00eda en el que la mafia de Managua le quiso hacer pagar una deuda de juego que nunca lleg\u00f3 a liquidar. En medio de tantos recuerdos funestos vio un taxi a la distancia, y entre gritos y maracazos hizo que se detuviera en seco.<\/p>\n<p>\u2014\u00bfA d\u00f3nde? \u2014pregunt\u00f3 el conductor.<\/p>\n<p>\u2014Al lugar m\u00e1s seguro que he encontrado en todas partes: al hotel. Ahora mismo le doy la direcci\u00f3n, compadre\u2026<\/p>\n<p>El fr\u00edo de la orina en su pantal\u00f3n lo sac\u00f3 del repaso incidental. Cambi\u00f3 de posici\u00f3n hasta quedar sentado a un lado de la cama y se aproxim\u00f3 hacia la mesa. All\u00ed se detuvo, ensimismado, ante la carta que a\u00fan quedaba por terminar. Como muchos condenados a muerte, la idea de su fin ya se le hab\u00eda enquistado como cualquier otro asunto cotidiano. El coraz\u00f3n segu\u00eda lati\u00e9ndole con fuerza y pens\u00f3 que su biograf\u00eda podr\u00eda resultar interesante con la diagonal que representaba su vida y fin: Barcelona-Ciudad de M\u00e9xico.<\/p>\n<p>\u2014Se\u00f1or Guerrero, como me lo pidi\u00f3, ya me asegur\u00e9 bien y le tengo un carro directo al aeropuerto \u2014murmur\u00f3 un hombre desde el otro lado de la puerta.<\/p>\n<p>Entre tantas bambalinas de im\u00e1genes y reconstrucciones, a Sandalio se le hab\u00eda olvidado el trato que hab\u00eda hecho con el tipo que cuidaba la puerta del hotel. En su estampida hacia la habitaci\u00f3n pudo llamarlo y, en medio de frases entrecortadas y el sonido de las semillas de sus maracas, pedirle el favor de facilitarle una salida segura en alg\u00fan carro particular. La recompensa iba a cristalizarse en casi todos los pesos que cargaba encima, y en la invaluable haza\u00f1a de salvarle la vida al mejor y m\u00e1s simp\u00e1tico bolerista que hab\u00eda parido la tierra.<\/p>\n<p>Sab\u00eda que su intempestiva partida de M\u00e9xico, como la de Managua, iba a ser definitiva. Los aztecas, por mucho cari\u00f1o que les tuviera desde los tiempos en los que se colaba para ver sus pel\u00edculas en blanco y negro, ya se hab\u00edan convertido en otra puerta m\u00e1s que se le cerraba. No quer\u00eda saber m\u00e1s de la existencia del Forty Five, ni del hotelucho, ni de los gastos de transportes desembolsados por su promotor mexicano, ni de los bombillos de colores incansables que deletreaban su nombre, ni de las presentaciones que quedaba debiendo, ni de nada de nada. M\u00e9xico hab\u00eda terminado para Sandalio como el gusanito que se engulle tras el primer trago de tequila.<\/p>\n<p>\u2014Ya voy saliendo, compadre \u2014le respondi\u00f3 Sandalio al tipo que lo esperaba tras la puerta.<\/p>\n<p>Cogi\u00f3 su carta-epitafio y la rompi\u00f3 en pedacitos. Tom\u00f3 otro trozo de papel y escribi\u00f3:<\/p>\n<p><em>Los mejicanos no tubieron la culpa siempre han sido considerados y amables comigo los j\u00fazgo mis amigos aunque uno de sus paisanos halla cometido semejantes atrosidades as\u00eda un humilde y pas\u00edfico servidor. Con cari\u00f1o, <\/em><\/p>\n<p><em>Dalio Guerra. El Ruise\u00f1or de las Americas<\/em><\/p>\n<p>En su escape no estaba contemplado el traslado de sus maletas, pero igual las tom\u00f3 y cerr\u00f3 sin que le diera tiempo de revisar lo que hab\u00eda dejado afuera. Se anud\u00f3 la pajarita, meti\u00f3 sus maracas a una bolsa de supermercado, agarr\u00f3 algunos jabones y toallas que tambi\u00e9n fueron a parar al mismo sitio y cogi\u00f3 su nueva carta antes de salir.<\/p>\n<p>\u2014Tome, amigo. Despu\u00e9s me la lleva al peri\u00f3dico m\u00e1s importante de este bello pa\u00eds \u2014le dijo al taxista, mientras le entregaba la nota ya dentro del carro<\/p>\n<p>\u2014. Un artista siempre tiene que darle explicaciones a su querido p\u00fablico, y este es un asunto de m\u00e1xima importancia para mi carrera y para el mundo de la canci\u00f3n rom\u00e1ntica, \u00bfoy\u00f3?<\/p>\n<p>\u2014\u00d3rale, maestro \u2014dijo el otro, distra\u00eddo, mientras echaba el trozo de papel a un cenicero en el que reposaba un cigarrillo encendido.<\/p>\n<h4 style=\"text-align: right;\"><a href=\"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/daniel-centeno-maldonado-una-semblanza-de-su-vida\/\" target=\"_blank\" rel=\"noopener\">Sobre el autor<\/a><\/h4>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Daniel Centeno Maldonado Solo le bast\u00f3 asomarse por la ventana para saber que lo mejor era quedarse donde estaba. Trag\u00f3 saliva, respir\u00f3 hondo y sinti\u00f3 como si la cabeza fuera un plomo de cabellos blancos que alguien hab\u00eda puesto sobre dos hombros de aire. Sus d\u00edas no pod\u00edan ser peores. 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