{"id":6207,"date":"2022-09-13T14:06:57","date_gmt":"2022-09-13T14:06:57","guid":{"rendered":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/?p=6207"},"modified":"2023-11-24T18:26:24","modified_gmt":"2023-11-24T18:26:24","slug":"dos-cuentos-de-fermin-toro","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/dos-cuentos-de-fermin-toro\/","title":{"rendered":"Dos cuentos de Ferm\u00edn Toro"},"content":{"rendered":"<h3>La viuda de Corinto<\/h3>\n<p>Un antiguo templo de Minerva arruinado por los mahometanos y despu\u00e9s convertido en cementerio por los cristianos para depositar las cenizas de los que perecieron en defensa de la ciudad, levanta a\u00fan en Corinto su soberbia e injuriosa a fachada como revelando la sabidur\u00eda de los tiempos pasados con un bald\u00f3n de las presentes edades. En el interior s\u00f3lo se ven ruinas, arcos quebrados, columnas destrozadas, capiteles derribados que sirven de sarc\u00f3fago a las tumbas que se levantan en aquel recinto. Siete columnas a\u00fan se elevan en la fechada, y conservan todav\u00eda los sangrientos vestigios de la cat\u00e1strofe que presenciaron.<\/p>\n<p>Una figura negra se levanta entre dos sepulcros: parece una sombra que los guarda. Es Atenais que viene, no a llorar, tiempo hace que sus l\u00e1grimas se han secado, viene a buscar el reposo de las tumbas entre las yertas cenizas de su padre y de su esposa, v\u00edctimas del furor musulm\u00e1n. Un velo negro cubre su esbelta y celestial figura, y cae flotando hasta sus pies que brillan con la blancura del m\u00e1rmol; sus hermosos cabellos caen desordenados sobre sus espaldas, y un f\u00fanebre cresp\u00f3n ci\u00f1e la frente de alabastro en que est\u00e1 ya impresa la tranquilidad del sepulturero; su boca descolorida parece la rosa de la tarde, y al trav\u00e9s de las nubes del dolor se ve a\u00fan en sus ojos el cielo de la Grecia. Atenais inm\u00f3vil en medio de las tumbas, cubierta de un velo funeral, rodeada de ruinas, y levantando al cielo sus Manos y sus miradas, perece la maga de Endor invocando la sombra de Samuel.<\/p>\n<p>Seyde Iman entra en el templo: queda suspenso por algunos instantes, y luego corre a ponerse de rodillas en presencia de Atenais. Mas la viuda de Corinto no lo ve, no lo oye, su esp\u00edritu est\u00e1 en la mansi\u00f3n celeste, \u201cHur\u00ed del Para\u00edso\u201d, le dice el guerrero musulm\u00e1n, \u201cmira a Seyde que os adora\u201d, y diciendo estas palabras imprime sus ardientes labios en los helados pies de Atenais. \u00a1M\u00e1gica impresi\u00f3n! Atenais se estremece, baja la vista, mira a Seyde y cae at\u00f3nita en sus brazos.<\/p>\n<p>\u00abHay un placer en las pe\u00f1as y un gozo en el dolor cuando la paz mora en el pecho contristado\u201d, ha dicho el cantor de Morven; pero cuando el coraz\u00f3n hace la desgracia s\u00f3lo hay paz, s\u00f3lo hay alivio en el sepulcro. La hija de Corinto en los brazos del agareno, en la mansi\u00f3n de la muerte, entre las cenizas de su padre y la tumba de su esposo, goza el placer de los inmortales, la enajena una visi\u00f3n celeste, Seyde transportado la ci\u00f1e con sus brazos, la estrecha con su pecho palpitante, une el labio ardiente al labio moribundo y bebe dicha y muerte&#8230; \u00a0El silencio de las tumbas, los l\u00fagubres arreos del duelo y del dolor, las ruinas, las cenizas, no m\u00e1s rodean a Sayde y a Atenais, y como testigos acriminadores acusan con su t\u00e9trico aspecto aquel momento de felicidad&#8230;<\/p>\n<p>Mas, \u00bfqu\u00e9 poder invisible ha destruido de repente el misterioso encanto? \u00bfQu\u00e9 voz se ha levantado de los sepulcros y llama otra vez al dolor y a la desesperaci\u00f3n? Una piedra ha ca\u00eddo del arruinado techo sobre una losa sepulcral y el golpe ha resonado como un grito de maldici\u00f3n. Vuelve en s\u00ed Atenais: se estremece, lanza al ismaelita una mirada pavorosa; se arrranca de sus brazos y corre a favorecerse al lado de la tumba de su esposo. S\u00edguela Seyde con precipitaci\u00f3n y le dice enajenado: \u201cAtenais, huyamos de estos sitios: ven, sultana, yo te llevar\u00e9 en mis brazos\u201d.<\/p>\n<p>\u201cMusulm\u00e1n, ret\u00edrate\u201d, dice ella con una voz apegada y l\u00fagubre, \u00abmira esa urna: la eternidad nos separa\u201d.<\/p>\n<p>\u201cNo, la eternidad nos ver\u00e1 unidos\u201d, y diciendo esto Seyde se esfuerza por arrancarla de una urna que tiene abrazada. Un terror religioso ha reanimado por un momento las moribundas fuerzas de la viuda de Corinto: un recuerdo fatal ha venido a herir su mente; forcejea, se desprende de los brazos del guerrero, y como guiada por una inspiraci\u00f3n, corre hac\u00eda un precipicio que se hab\u00eda abierto en una b\u00f3veda subterr\u00e1nea. Deti\u00e9nese al borde del abismo, y volvi\u00e9ndose hacia Seyde: \u00abDesgraciado, detente, le dice, huye o me precipito\u201d,<\/p>\n<p>Aquella figura esbelta y majestuosa, envuelta en un velo negro y pendiente de un abismo, parece a los ojos de Seyde el \u00faltimo rayo de esperanza que se despide y aleja de la mente del moribundo. \u201c\u00a1Atenais huyo&#8230; huyo&#8230; pero por el Dios que adoras, \u00f3yeme antes\u201d.<\/p>\n<p>\u201cTe oir\u00e9\u201d, responde ella con acento d\u00e9bil y melanc\u00f3lico, \u00abte oir\u00e9 a la orilla del sepulcro y se apoya de un trozo de columna al borde de la b\u00f3veda profunda.<\/p>\n<p>P\u00e1lido e inm\u00f3vil permanece Seyde. Su estatura es descollada y majestuosa, su planta gentil y noble adem\u00e1n descubren al h\u00e9roe que ha brillado en los combates: un soberbio turbante sombrea su frente que llevara con dignidad la diadema; y aun en medio de la tristeza que se graba en su semblante, sus miradas parecen todav\u00eda los rayos del sol de Arabia. M\u00e1s bello, m\u00e1s seductor, no es el ser ideal que fatiga y enardece la imaginaci\u00f3n de las doncellas en sus primeros amores.<\/p>\n<p>\u201cAtenais\u201d, dice al fin acerc\u00e1ndose a lentos pasos. \u201c\u00a1Atenais! recuerda tus juramentos: dame la vida o dame un sepulcro\u201d.<\/p>\n<p>\u201c\u00a1Calla! no hables de juramentos\u201d, dice Atenais con una voz sepulcral, \u201clos m\u00edos me ligan a los muertos: ves osas tumbas&#8230; \u201d<\/p>\n<p>\u201cS\u00ed, las veo\u201d, interrumpe Seyde con violencia, \u201cs\u00ed, ellas encierran unos malvados\u201d.<\/p>\n<p>\u00ab\u00a1Turco!\u201d, exclama Atenais con el acento de la piedad ofendida, \u201cah\u00ed est\u00e1 mi padre, ah\u00ed est\u00e1 mi esposo\u201d.<\/p>\n<p>\u201c\u00a1Tu esposo!, no recuerdes, griega, mis ofensas, no despiertes mis rencores; yo s\u00f3lo recib\u00ed tus juramentos; yo s\u00f3lo las promesas de tu padre: yo\u201d&#8230;<\/p>\n<p>\u201cMi padre\u201d, le interrumpe Atenais con un suspiro que revela la ternura de un recuerdo, mi padre me habla prometido al joven cuyas virtudes hac\u00edan olvidar su creencia, al amigo de los cristianos, al que se distingu\u00eda de nuestros duros opresores por su compasi\u00f3n y humanidad, al que promet\u00eda ser nuestro amparo en las tribulaciones, y la esperanza y la vida de la infeliz Aten&#8230;\u201d<\/p>\n<p>Los suspiros embargan su voz, sus sollozos levantan su se\u00f1o, y en una mirada que lanza al cielo parece que le acusa de una esperanza burlada.<\/p>\n<p>\u201cMas nunca, contin\u00faa con el acento del despecho, nunca pens\u00f3 mi padre concederme al perjuro que viol\u00f3 sus juramentos, al enemigo de los cristianos, que en el d\u00eda del peligro, en la hora de la persecuci\u00f3n, los abandon\u00f3, los persigui\u00f3, se ba\u00f1\u00f3 en su sangre, llev\u00f3 el espanto y la asolaci\u00f3n a nuestros hogares, profan\u00f3 nuestros templos, esclavo de un culto imp\u00edo, abominable&#8230;\u201d<\/p>\n<p>\u00abDetente, nazarena, no prosigas\u201d, dice Seyde con voz descompuesta y aterrada, y tomando con violencia la mano de Atenais, la aprieta con fuerza sobre su pecho. \u201cAqu\u00ed, Atenais, aqu\u00ed el odio, la rabia, la venganza, han podido abrigarse, mas nunca la traici\u00f3n. Te am\u00e9, jur\u00e9 ser tu esposo: yo mismo, hijo de una cristiana aunque criado en el islamismo, promet\u00ed abrazar la causa de los cristianos. Olvid\u00e9 mi rango, mi familia, mis deberes, y a tus pies, Atenais, casi renunci\u00e9 a mi fe. Las huestes otomanas se adelantaban triunfantes a Corinto, y en pos las segu\u00edan la desolaci\u00f3n y la muerte. Los cristianos son vencidos por todas partes: el espanto y el terror se difunden por la Grecia; y torrentes de sangre cristiana se\u00f1alan la marcha de los fieles osmanl\u00edes. Corinto debe caer: su poblaci\u00f3n est\u00e1 condenada a las llamas y al cuchillo; y mi padre, mi patria, mi deber, la fe \u00a0en que nac\u00ed, todo me convida al triunfo, y yo, Atenais, todo lo olvido, y a tus pies renuncio, patria, nombre y fama\u201d.<\/p>\n<p>Atenais enternecida estrecha las ma\u00f1os del guerrero y las ba\u00f1a con sus l\u00e1grimas.<\/p>\n<p>\u201cEn tanto, Omer, contin\u00faa Seyde, se acerca a las puertas de Corinto: no flaquea el \u00e1nimo en los griegos, pero demasiado d\u00e9biles para resistir al formidable Baj\u00e1, se preparan a un est\u00e9ril sacrificio. Reanimoslos y ofrezco mi brazo, admitido como un favor del cielo, y en medio de tanto guerrero cristiano, soy elegido para rechazar el asalto. Ya el d\u00e9bil muro retemblaba y ced\u00eda a los estragos de una formidable artiller\u00eda: ya se o\u00eda el clamor sanguinario de las huestes sarracenas, tronaba su bronce, y el llanto de las mujeres y los ni\u00f1os llegaba al cielo. Todo era consternaci\u00f3n, todo era espanto. Ya veo el momento de perderte, y el amor y el furor me arrebatan. Corro a la brecha y me precipito sobre los asaltadores: mi arrojo y mi turbante e los dejan sorprendidos, mi brazo y mi alfanje hacen rodar sus cabezas. Se me re\u00fanen algunos cristianos, aprovechamos la sorpresa, embestimos y arrollamos a cuantos encontramos por delante. Crece el aliento en los cristianos, y el desmayo y el desorden en las filas musulmanas. Pierden terreno, y los acoso. En ondas de sangre se ba\u00f1an los guerreros cristianos, el sucio suelo enrojecido queda sembrado de cad\u00e1veres, y el acero homicida se embota ya en al pecho de los vencidos. Huyen al fin los fieros otomanos, los persigo, los alejo de la ciudad, y los muros de Corinto, rescatados por mi brazo, me ven volver ba\u00f1ado en sangre musulmana&#8230;\u201d<\/p>\n<p>Atenais le interrumpe \u00a0con sollozos, y un suspiro que se exhala de su oprimido pecho, es triste y l\u00fagubre, como el silbo del viento entre los cipreses de un sepulcro. Seyde calla por algunos instantes: alza los ojos al cielo, pero su mirada es una maldici\u00f3n el destino. \u201cAtravieso la ciudad (contin\u00faa cada vez con voz m\u00e1s alterada) corro al templo donde te hab\u00edas refugiado: no quiero otro triunfo que postrarme a los pies de Atenais, no quiero otra recompensa que su mano. Llego al umbral, quiero entrar, una ma\u00f1o atrevida me repele y oigo una voz que me dice: infiel, no profanes un templo cristiano. Mi alfanje iba a castigar al temerario, cuando una turba de viles sat\u00e9lites se interpone y me denuesta. Pagan algunos con la vicia su insolencia, y los umbrales del templo son manchados con sangre cristiana. Crece el alboroto: s\u00e9 que mi adversario es el pr\u00edncipe Lascaris, que indolente hasta entonces ha visto, con impasibilidad degollar a los cristianos, y ven\u00eda ahora a ofrecer sus servicios sus grandes riquezas y numerosos partidarios, y ped\u00eda por recompensa la mano de Atenais\u201d.<\/p>\n<p>\u201c\u00a1Nunca! nunca (exclama Atenais con acento penetrante y cubierta ya de una palidez mortal): nunca la habr\u00eda obtenido sin tus furias, sin tus horrores, sin la sangre\u201d&#8230;<\/p>\n<p>\u201cOye, Atenais\u201d, le interrumpe Seyde con un movimiento convulsivo y una mirada sombr\u00eda. \u00abLas deidades infernales se aposentaron en mi pecho: no dudo ya de la perfidia de los cristianos: arde en mis venas un fuego homicida; y salgo de la ciudad sediento de venganza. Corro al campo de Omer, le busco y me postro en su presencia. Miserable, exclama el Baj\u00e1 fuera de s\u00ed: levanta el brazo, y mi cabeza ibas a rodear. Tuya es mi vida, le dije, pero la rescato a un alto precio. \u00bfCu\u00e1l? \u00a1Corinto! Tres veces amaga mi cuello con el formidable alfanje, y tres veces desiste el brazo repitiendo. \u00a1Corinto! \u2014S\u00ed dame unos guerreros, le dije, y os entrego Corinto. Pocos d\u00edas pasaron, y ya me pongo en marcha contra la ciudad a la cabeza de una fuerte columna: me arrojo a los muros: en vano los cristianos pretenden detenerme, sus cuerpos sirven de escala a mis soldados. Penetro en la ciudad y la asolaci\u00f3n difundo. Nade detiene el brazo sanguinario del vengativo musulm\u00e1n, ni edad ni sexo el soldado distingue, que el odio y la matanza ciegan. Arden las casas y arden sus moradores: perece el que combate, el que huye perece, cae el guerrero, cae el anciano, la virgen&#8230; \u201d<\/p>\n<p>\u00ab\u00a1Basta, b\u00e1rbaro!\u201d, exclama Atenais, sosteni\u00e9ndose apenas y cubierta ya del fr\u00edo mortal. \u201cNo profanes este asilo: huye, desgraciado, huye\u201d&#8230;<\/p>\n<p>\u00abNo\u00bb, grita Seyde con un acento fat\u00eddico y echando en derredor siniestras miradas. \u00abNo, es preciso que todo lo sepas, es preciso que maldigas\u201d&#8230;<\/p>\n<p>\u201c\u00a1Dios de mis padres!\u201d, exclama Atenais con voz angustiada y moribunda.<\/p>\n<p>\u201cNo&#8230; No invoques unas deidades impotentes\u201d, dice el agareno en una especie de frenes\u00ed, \u201cMil veces las he provocado, y mil veces me han revelado el secreto de su impotencia\u201d.<\/p>\n<p>Un silencio pavoroso reina por unos instantes. Atenais est\u00e1 entre la vida y la muerte, su labio est\u00e1 convulso, su mirada fija, y ya sus fuerzas no pueden sostenerla. Seyde la sostiene con una mano, y con la otra ha empu\u00f1ado como maquinalmente la daga que trae al pecho. Parece pose\u00eddo de un atroz pensamiento y sus miradas tienen algo de sat\u00e1nico.<\/p>\n<p>\u201cAtenais\u201d, prorrumpe al fin : \u201ces preciso o\u00edrlo todo: aun est\u00e1n presentes a mi vista aquellas horrendas escenas, Atenais\u201d, prosigue con estremecimiento espantoso: \u201cen tanto que la imp\u00eda soldadesca se cebaba en la indefensa muchedumbre, yo me dirijo a este templo que a\u00fan defend\u00edan los m\u00e1s esforzados guerreros. Tres veces me arrojo a ellos, y tres veces me rechazan furibundos. Mi furor se aumenta a la vista del caudillo que descuella entre los cristianos. El odio redobla mis esfuerzos; centellea el alfanje entre mis manos; un golpe sucede a otro golpe, y un lago de sangre recibe a los moribundos. Todos los cristianos han perecido y a\u00fan se defiende el arrogante adalid. Arde el furor en sus ojos, su acero destila sangre y un muro de cad\u00e1veres tiene a sus pies. El veneno de las sierpes circula en mis venas, y mi labio y mi alfanje est\u00e1n sedientos como una hiena carnicera. Ambos, a un tempo, nos descargamos el golpe mortal&#8230; evito el suyo&#8230; y al m\u00edo cae rodando&#8230; la del principe Lascaris\u201d.<\/p>\n<p>Un alarido prolongado resuena por todo el templo con eco pavoroso. Atenais ya no existe. Seyde la tiene abrazada y la mira con una especie de demencia. La llama, no le responde. Y entonces con una tranquilidad m\u00e1s horrenda que las furias mismas, sepulta tres veces el pu\u00f1al en su propio pecho, y abrazando a\u00fan el cuerpo de Alonals, cae con \u00e9l en la b\u00f3veda profunda.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<h3>Un rom\u00e1ntico<\/h3>\n<p>Las once de la noche acababan de dar en el reloj de la Catedral, \u00fanico reloj que da las horas en esta vasta ciudad; las calles estaban l\u00f3bregas y silenciosas; y s\u00f3lo se descubr\u00edan de trecho en trecho algunos bultos de extra\u00f1a forma: \u00e9stos eran los serenos que, con sus pesados capotones y sombreros de ala grande, asustan a los pasajeros.<\/p>\n<p>Yo ven\u00eda de la Trinidad, y al pasar por el puente de Catuche, vi una figura, que me pareci\u00f3 ser de hombre, reclinada en el borde y como a medio descolgarse. Esta situaci\u00f3n me llam\u00f3 la atenci\u00f3n; acerqu\u00e9me, y al favor de un rayo de la luna que en aquel momento se pon\u00eda, descubr\u00ed un joven de bella persona, algo desali\u00f1ado y con unas espesas y largas barbas, que le descend\u00edan hasta el pecho. Su mirar me pareci\u00f3 de demente o de un hombre en v\u00edsperas de suicidarse.<\/p>\n<p>Cre\u00ed, sin embargo, que no me eran desconocidas sus facciones; me acerco mas, y al reconocerle plenamente, no puedo menos de exclamar :<\/p>\n<p>\u2014 \u00a1Mi amigo&#8230;!<\/p>\n<p>Pero cu\u00e1l fue mi sorpresa al ver que el joven, repeli\u00e9ndome con una mano y poni\u00e9ndose la otra en la frente, despu\u00e9s de algunos momentos de pausa, me dice en tono sepulcral:<\/p>\n<p>\u2014 \u00bfQu\u00e9 pronuncias, desgraciado?<\/p>\n<p><em>\u00a1Amistad! funesto nombre<\/em><\/p>\n<p><em>Con que la perfidia el hombre<\/em><\/p>\n<p><em>Procura siempre ocultar.<\/em><\/p>\n<p><em>Ll\u00e1mame traidor e imp\u00edo,<\/em><\/p>\n<p><em>P\u00e9rfido, ruin, insensato,<\/em><\/p>\n<p><em>Ll\u00e1mame vil e ingrato,<\/em><\/p>\n<p><em>Pero amigo, no, \u00a1jam\u00e1s!<\/em><\/p>\n<p>Fig\u00farese cualquiera c\u00f3mo me quedar\u00eda con este escopetazo; por de pronto no supe qu\u00e9 pensar de aquella salida tan fuera de camino; lo m\u00e1s natural era creer que a aquel pobre mozo se le hab\u00edan vuelto los cascos; aunque lo de hablar en verso hacia inveros\u00edmil esta idea.<\/p>\n<p>Ocurri\u00f3seme luego que podr\u00eda ser un juego o burla que quer\u00eda hacerme; y as\u00ed procurando ponerme en el mismo tono, aunque, a decir verdad, poco se me entiende de chuladas, le dije:<\/p>\n<p>\u2014 Pues, se\u00f1or traidor, ya que no puedo llamarle amigo, hace alg\u00fan tiempo que no nos vemos, es verdad; pero eso no es bastante para que deje de conocerle; con que vamos dejando el inc\u00f3gnito, venga un abrazo, y hablemos de pap\u00e1, cuya amistad&#8230;<\/p>\n<p>Pero el mozo no me dej\u00f3 acabar; y por vida m\u00eda que me qued\u00e9 estupefacto, al o\u00edrle decir, encar\u00e1ndoseme y ech\u00e1ndome unas miradas diab\u00f3licas :<\/p>\n<p>\u2014 <em>\u00a1Mi padre!&#8230;. sin duda c\u00f3mplice<\/em><\/p>\n<p><em>Eres t\u00fa de aquel tirano,<\/em><\/p>\n<p><em>Hombre feroz, inhumano,<\/em><\/p>\n<p><em>Cuya vista quiero huir.<\/em><\/p>\n<p><em>\u00a1Mi padre! \u00a1Ay! no, asesino<\/em><\/p>\n<p><em>No me canso de llamarle,<\/em><\/p>\n<p><em>No me canso de execrarle<\/em><\/p>\n<p><em>Y su<\/em> yugo maldecir.<\/p>\n<p>\u2014 \u00a1V\u00e1lgame, Dios, se\u00f1or! Si esta es una comedia, dije yo, sepa U. que es de las m\u00e1s pesadas que he visto. \u00bfQu\u00e9 se le ha metido a U., mi amigo, en la cabeza? \u00bfCree U. que por sus grandes barbas y sus m\u00e1s grandes necedades dejo de conocer a U. como el hijo de su padre y de su madre?<\/p>\n<p>\u2014 \u00a1Mi madre!, exclam\u00f3 en tono pat\u00e9tico; la conociste, \u00bfhombre? Oye, pues, mis fat\u00eddicas palabras, oye un arcano, oye un misterio: herido por el rayo llevo una existencia maldita, los hombres me huyen, el abismo misino me repele&#8230; oye&#8230; oye&#8230;<\/p>\n<p><em>Mujer que en tristes plegarias,<\/em><\/p>\n<p><em>Al pie de una cruz, ped\u00edas<\/em><\/p>\n<p><em>Alivio a las penas m\u00edas<\/em><\/p>\n<p><em>Con maternal inquietud&#8230;<\/em><\/p>\n<p><em>Mas \u00a1ay! que una duda horrenda<\/em><\/p>\n<p><em>Sobre mi padre me vino:<\/em><\/p>\n<p><em>\u00a1Madre m\u00eda! es mi destino&#8230;<\/em><\/p>\n<p><em>Yo dud\u00e9 de tu virtud&#8230;.<\/em><\/p>\n<p>Bueno, bueno, dije yo, ya tenemos muy honrados al padre y a la madre. Hace muy pocos a\u00f1os que les conoc\u00ed por buenos y virtuosos; pero ya seg\u00fan oigo a su hijo es gente que debe ir a galeras.<\/p>\n<p>&#8211; Temo ya preguntar por el resto de la familia; tenia U. una linda hermana; pero calle, \u00a1no vaya a haberle sucedido lo que \u00e1 los padres!<\/p>\n<p>\u2014 Mi hermana!, me dijo entonces, tom\u00e1ndome una mano con expresi\u00f3n arrebatada. \u00bfPor qu\u00e9 te empe\u00f1as, hombre, en atormentarme? El dolor ha bebido mi sangre; pero t\u00fa quiebras mis huesos; d\u00e9jame, no me devores; pon las u\u00f1as en mis pupilas y tus dientes en mi coraz\u00f3n; Pero&#8230; Pero&#8230;<\/p>\n<p><em>En el regazo materno,<\/em><\/p>\n<p><em>Inocente, pura y bella,<\/em><\/p>\n<p><em>\u00a1Ay! cu\u00e1ntas veces con ella<\/em><\/p>\n<p><em>Reclinado me dorm\u00ed,<\/em><\/p>\n<p><em>Mas creciendo un fuego impuro&#8230;<\/em><\/p>\n<p><em>Pero \u00bfqu\u00e9 digo?&#8230;. \u00a1Oh, tormento!<\/em><\/p>\n<p><em>Hoy la triste en un convento<\/em><\/p>\n<p><em>Sepultada ora por m\u00ed.<\/em><\/p>\n<p>\u2014 \u00a1Sublime, mi amigo, sublime! Esta es la familia de Edipo, donde el incesto y el parricidio eran cosas familiares. Quedaos con Dios, pues, no sea que salga yo de aqu\u00ed, pobre de m\u00ed, lo menos antrop\u00f3fago, \u00a1adi\u00f3s!<\/p>\n<p>\u2014 \u00a1Miserable!, me dijo d\u00e1ndome un furioso tir\u00f3n por el cuello, \u00bfqu\u00e9 profieres?<\/p>\n<p><em>De ese Dios que t\u00fa pregonas<\/em><\/p>\n<p><em>Yo desmiento la existencia,<\/em><\/p>\n<p><em>No hay crimen, no hay inocencia;<\/em><\/p>\n<p><em>Es mentira la virtud&#8230;<\/em><\/p>\n<p><em>\u00a1Se\u00f1or!, por piedad perdona<\/em><\/p>\n<p><em>De mi mente el cruel delirio.<\/em><\/p>\n<p><em>\u00a1Dadme una cruz y el martirio<\/em><\/p>\n<p><em>Para mi eterna salud!<\/em><\/p>\n<p>Yo no pude ya aguantar. El tir\u00f3n que me hab\u00eda dado por el cuello, me hizo perder la paciencia, arremetiendo con aquel figur\u00f3n, iba ya a asirle por las barbas, cuando me dice con voz hueca y profunda:<\/p>\n<p>\u2014\u00a1Yo soy un rom\u00e1ntico!<\/p>\n<p>Qued\u00e9me suspenso; nunca hab\u00eda yo o\u00eddo aquel nombre, y as\u00ed le dije, medio turbado:<\/p>\n<p>\u2014U. ser\u00e1, se\u00f1or, de algun orden de esos santos ermita\u00f1os que&#8230;<\/p>\n<p>\u2014 Yo soy un rom\u00e1ntico, repiti\u00f3 con voz todav\u00eda m\u00e1s formidable.<\/p>\n<p>Yo retroced\u00ed aterrado, dej\u00e9 en paz a aquel fantasma, y desde entonces tiemblo al o\u00edr nombrar un rom\u00e1ntico.<\/p>\n<h4 style=\"text-align: right;\"><a href=\"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/fermin-toro\/\" target=\"_blank\" rel=\"noopener\">Sobre el autor<\/a><\/h4>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>La viuda de Corinto Un antiguo templo de Minerva arruinado por los mahometanos y despu\u00e9s convertido en cementerio por los cristianos para depositar las cenizas de los que perecieron en defensa de la ciudad, levanta a\u00fan en Corinto su soberbia e injuriosa a fachada como revelando la sabidur\u00eda de los tiempos pasados con un bald\u00f3n [&hellip;]<\/p>\n","protected":false},"author":6,"featured_media":6208,"comment_status":"open","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"_monsterinsights_skip_tracking":false,"_monsterinsights_sitenote_active":false,"_monsterinsights_sitenote_note":"","_monsterinsights_sitenote_category":0,"footnotes":""},"categories":[16],"tags":[33,3,43],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/6207"}],"collection":[{"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/users\/6"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=6207"}],"version-history":[{"count":4,"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/6207\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":6243,"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/6207\/revisions\/6243"}],"wp:featuredmedia":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/media\/6208"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=6207"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=6207"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=6207"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}