{"id":615,"date":"2021-08-06T14:41:47","date_gmt":"2021-08-06T14:41:47","guid":{"rendered":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/?p=615"},"modified":"2023-11-24T18:39:30","modified_gmt":"2023-11-24T18:39:30","slug":"su-senoria-el-visitador","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/su-senoria-el-visitador\/","title":{"rendered":"Su Se\u00f1or\u00eda el visitador"},"content":{"rendered":"<h4 style=\"text-align: right;\">Jos\u00e9 Rafael Pocaterra<\/h4>\n<p style=\"text-align: left;\"><em>(Esta historieta no es, ni con mu\u00adcho, una pretendida reconstrucci\u00f3n de- \u00e9poca, ni aun mera composici\u00f3n de lugar: se han cambiado el nombre de la congregaci\u00f3n y algunos detalles locales. Razones obvias. Todo lo dem\u00e1s \u2014en gran parte aut\u00e9ntica his\u00adtoria\u2014 reposa en tradici\u00f3n oral. Esa que las viejas criadas dejaran infor\u00adme, anacr\u00f3nica y encantadora en la imaginaci\u00f3n de los ni\u00f1os cuando van a dormir&#8230; Enmudecieron hace ya muchos a\u00f1os los humildes labios que podr\u00edan contar a otros chiquillos ex\u00adtasiados este largo cuento de monjas, de curas y de bandidos).<\/em><\/p>\n<p>Todav\u00eda, hasta la primera mitad del siglo pasado, se alzaba, a treinta pasos del c\u00e9lebre convento Beaterio de Educandas de San Francisco, el primitivo edificio. M\u00e1s tarde, un decreto hacia finales del 74 que caus\u00f3 rudas tempestades religiosas, hubo de convertirlo en palacio gu\u00adbernativo.<\/p>\n<p>Para entonces se extend\u00eda en una larga fachada de rejas equidistantes; a la parte oriental elev\u00e1base la me\u00addia-naranja de la Capilla \u2014una de las m\u00e1s ricamente dotadas de la Orden\u2014, amplia, silenciosa y profunda. Los claustros encerraban tres patios: el del centro, peque\u00f1o, especie de cl\u00e1sico patio de luz, de las construcciones de fines del siglo xvIii. Los otros dos, rodeados de un macito orden de columnas muy bajas. En el primero canta\u00adba el agua del ca\u00f1o en su cuenca de calicanto. Y hacia el muro occidental exterior, una fuente p\u00fablica borbo\u00adtaba la linfa algo salobre, desde los ijares de Guacamaya.<\/p>\n<p>Habla limoneros y n\u00edsperos; una higuera; rosales eter\u00adnamente florecidos; violetas bajo el c\u00e9sped; y en un \u00e1ngu\u00adlo, trepando por, el pilar hasta las tejas mohosas del alero, una parra que hac\u00eda m\u00e1s h\u00fameda la penumbra del claustro.<\/p>\n<p>El locutorio se abr\u00eda hacia la capilla, a la izquierda de la entrada principal, franca s\u00f3lo en ocasiones solemnes, en el sitio que luego ocupan la biblioteca p\u00fablica y las tesorer\u00edas. Por la parte que fue despu\u00e9s la antigua ofi\u00adcina de correos, se extend\u00edan las habitaciones destinadas al Capell\u00e1n, la hospeder\u00eda y la residencia del sacrist\u00e1n, aquel excelente don Tom\u00e1s que muri\u00f3, casi centenario, a fines de los ochocientos veintiocho o veintinueve.<\/p>\n<p>El refectorio, las celdas de las reverendas Madres y la sala de labores, corr\u00edan por toda el ala derecha. De se\u00adguidas al pasadizo central, de alt\u00edsimas columnas, otra vez se achataba la construcci\u00f3n cerrando, id\u00e9ntica al primer cuerpo del edificio, un segundo claustro con su jard\u00edn: all\u00ed estaban los departamentos del noviciado; y al fondo, la panader\u00eda, cocinas, despensas y el lavadero.<\/p>\n<p>La Regla era severa; jam\u00e1s, sino en solemnes oca\u00adsiones de profesi\u00f3n o reprimenda, pasaban las novicias o gentes del servicio al austero departamento de las Ma\u00addres; \u00e9stas s\u00ed, ven\u00edan a dar sus clases \u2014religi\u00f3n, borda\u00addo y lectura, algo de cocina y c\u00e1nticos piadosos\u2014 a una centena de ni\u00f1as hu\u00e9rfanas recogidas que llenaban de una p\u00e1lida alegr\u00eda y de rumores de colmena el severo patio del noviciado.<\/p>\n<p>Pero cuando don Tom\u00e1s tocaba Animas y la Reve\u00adrenda Madre Rectora pasaba su \u00faltima visita, seguidas de dos religiosas, el silencio se extend\u00eda ante sus pasos a todo lo largo de los corredores, parpadeaban las lam\u00adparillas de las celdas y de tiempo en tiempo, bajo las bal\u00add\u00f3sas o desde los c\u00e9spedes del jard\u00edn, med\u00edan los grillos un doble comp\u00e1s en sus chirim\u00edas.<\/p>\n<p>En esta visita de inspecci\u00f3n cercior\u00e1base la Priora del cierre de los dos grandes portones: el principal, que daba acceso a la fachada de oriente, y el otro, a la calle opuesta, para el servicio diario, y por donde sal\u00edan con la \u00faltima luz de la tarde las cestas enormes de aquellos bizcochos \u2014\u00bbbesitos de monja\u00bb\u2014 nunca bien pondera\u00addos, qu\u00e9 se mojaron en las j\u00edcaras de nuestros abuelos; otra puertecilla comunicaba directamente las habitacion6 del Capell\u00e1n, sacristanes y hospeder\u00eda con la calle, y es\u00adtaba al celoso cuidado de don Tom\u00e1s. Cerradas herm\u00e9\u00adticamente las entradas, aquel vasto caj\u00f3n de piedra guar\u00addaba, inexpugnable, el. piadoso sue\u00f1o de las monjitas; y ya pod\u00edan \u00ablos Siete Ni\u00f1os\u00bb hacer de las suyas en la ciu\u00addad, que este sagrado asilo permanecer\u00eda inviolable, al amparo de sus muros de mamposter\u00eda y de sus recias ma\u00adderas chapadas de hierro.<\/p>\n<p>As\u00ed que, cuando una nueva y sonada fechor\u00eda de aque\u00adllos siete desalmados llegaba hasta los o\u00eddos de la Re\u00adverenda Madre Lorenza de la Santa Parrilla, sonre\u00eda con cierto desd\u00e9n de infanzona, lanzando una mirada segura a trav\u00e9s de los claustros. Mucha seria la audacia y la insolencia de ellos, pero mayor era la prudente guarda de las esposas del Se\u00f1or.<\/p>\n<p>En vano Teniente-Gobernadores, jefes pol\u00edticos, regi\u00addores, alcaldes mayores y alguaciles no menos mayores, agotaban sus recursos policiales en aquella persecuci\u00f3n; in\u00fatilmente el propio Capit\u00e1n General, desde Santiago de Le\u00f3n de los Caracas, ordenaba \u00abaprehenderlos y remitir\u00adlos a la Capitan\u00eda para ser juzgados y executados en \u00abra\u00adz\u00f3n a sus nefandos delitos\u00bb. Su Se\u00f1or\u00eda el Teniente-Gobernador contestaba respetuosamente: \u00abse proveer\u00e1 cuan\u00adto ordena Vuecencia\u00bb, y ya Vuecencia pod\u00eda esperar sen\u00adtado que le echasen el guante a la cuadrilla. Eran casas de comercio desvalijadas, viajeros asaltados en los cami\u00adnos de Aragua y de la Sierra; pac\u00edficos canarios que te\u00adn\u00edan que depositar, llenos de pavor, las cl\u00e1sicas cien on\u00adzas en el sitio indicado; y si alguno se arriesgaba a poner el denuncio, tres d\u00edas m\u00e1s tarde hab\u00eda en cualquier en\u00adcrucijada un isle\u00f1o atado, amordazado y molido a palos.<\/p>\n<p>Rara vez mataban. S\u00f3lo cuando la persecuci\u00f3n se ha\u00adc\u00eda activa y encarnizada e iba a dar con sus huesos en la c\u00e1rcel alguno de quien se sospechara complicidad \u2014y al que nada pod\u00eda prob\u00e1rsele, como si la ciudad entera les amparase con su disimulo y su silencio\u2014, aparec\u00eda un alguacil apu\u00f1alado; o un justicia que informaba \u00abes\u00adtar en la pista\u00bb recib\u00eda un trabucazo, certero y an\u00f3nimo, en la vuelta de cualquier camino.<\/p>\n<p>En m\u00e1s de una ocasi\u00f3n, al&#8217; anochecer, mientras las Hermanitas rezaban a V\u00edsperas en el Coro, o\u00edanse gritos, carreras, escopetazos; sonaban los portones con estr\u00e9pito, ladraban perros y una voz de angustia clamaba desde la calle:<\/p>\n<p>\u2014\u00a1Favor a la Justicia! \u00a1Socorro a la Autoridad! \u00a1Los Siete Ni\u00f1os!<\/p>\n<p>Santigu\u00e1nbanse las monjitas y encomendaban a Dios el alma del infeliz edil sorprendido y, seguramente, ase\u00adsinado por aquellos malvados.<\/p>\n<p>La extra\u00f1a banda de Los Siete permanec\u00eda impune: corr\u00edan numerosas versiones: una informaba que el jefe era un negro esclavo, de nombre Benito, fugado de pre\u00adsidio; otra, que eran emigrados de la Pen\u00ednsula, carnaza de Ceuta o de las carracas gaditanas; qui\u00e9nes, que se trataba de siete j\u00f3venes de las m\u00e1s distinguidas familias de la villa. Alguien que escap\u00f3 de sus garras y que sorprendiera la fisonom\u00eda del que capitaneaba la cuadrilla, describi\u00f3 un vejete de barbas aborrascadas y voz bronca, con un acento catal\u00e1n, y esta versi\u00f3n no parec\u00eda apoyar la idea de que se trataba de j\u00f3venes distinguidos de la ciudad&#8230;<\/p>\n<p>Hab\u00eda almas timoratas que pensaban en aparici\u00f3n co\u00adlectiva de esp\u00edritus infernales, y la imaginaci\u00f3n popular hab\u00eda rodeado aquellas siete extra\u00f1as figuras con un ha\u00adlo caballeresco de terror y superstici\u00f3n. Se llegaba a con\u00adsiderarles como la comenzada Torre y como las cuevas de Guacamaya, raro timbre de orgullo local.<\/p>\n<p>Sea de ello lo que fuese, nada ten\u00edan que hacer aque\u00adllos siete pecados capitales con las castag esposas del Se\u00ad\u00f1or, con las c\u00e1ndidas palomas del sagrado palomar, que se entregaban m\u00e1s ahincadamente que nunca a la ora\u00adci\u00f3n y al trabajo.<\/p>\n<p>II<\/p>\n<p>Hubo un consejo general. La Reverenda Madre anun\u00adci\u00f3 que dentro de algunos d\u00edas saldr\u00eda de Espa\u00f1a, v\u00eda M\u00e9\u00adjico, a recorrer los Conventos de la Am\u00e9rica, el Reveren\u00addo Padre Ord\u00f3\u00f1ez, Visitador de la Orden, y que era preciso m\u00e1s que nunca el r\u00e9gimen espiritual y todo lo que fuese menester en lo temporal para hacerle a aquel emi\u00adnente religioso una recepci\u00f3n digna de su alto car\u00e1cter y de sus virtudes.<\/p>\n<p>A trav\u00e9s de los claustros pase\u00e1banse, grave y pausa\u00addamente, de dos en dos, con las manos cruzadas en las anchas bocamangas, las Reverendas Madres; y se o\u00eda un rumor de colmena que se prepara al trabajo en los comen\u00adtarios y en las disposiciones que se proyectaban.<\/p>\n<p>Bordaron, en efecto, las novicias, ornamentos sagrados especiales; se renov\u00f3 todo el ajuar del Divino Jes\u00fas; llam\u00f3se a don Blas de Agreda para que retocase algunas im\u00e1genes y dorase el yeso carcomido de los viejos reta\u00adblos. La Hermana Ec\u00f3noma erog\u00f3 cantidades extraordi\u00adnarias que la Despensera dispuso en proveer la cueva y los grandes armarios de roble, que ol\u00edan profundamente a vainilla. En las cocinas brillaban las bater\u00edas, y las bal\u00addosas fulguraban al reflejo de los grandes fogones.<\/p>\n<p>En lo alto de la chimenea gigantesca, vasta campana de mamposter\u00eda ennegrecida por el holl\u00edn secular de los hogares crepitantes, chorizos azafranados, rojos; embu\u00adtidos extreme\u00f1os, sahum\u00e1banse en cu\u00e1druple hilera -al vaho de las enormes marmitas cuyo cobre brillaba como el oro.<\/p>\n<p>Bull\u00eda el Convento. Un ir y venir de seres que pare\u00adc\u00edan volar sobre el silencioso calzado. A veces, en un \u00e1n\u00adgulo de la sala de labores, un atrevido rayo de sol besaba desde lo alto de la reja el perfil de una novicia, que se\u00adgu\u00eda con ojos tristes y absortos la urdimbre dorada de los hilos, engarzando maravillas de lentejuelas, pedrer\u00eda y cuentas sobre el raso de las casullas, alegor\u00edas profusas de un dibujo fresco e ingenuo: los instrumentos de la Divina Pasi\u00f3n enmarcados por la Corona de Espinas; el pel\u00edcano que simboliza la Sagrada Eucarist\u00eda; o motivos de ornamentaci\u00f3n inspirados, como el Cristianismo pri\u00admitivo, en un arte pagano y sensual: vides evocadoras de p\u00e1mpanos, racimos de uvas a cuyo peso se doblar\u00edan dos guerreros, tal cual se lee en los antiguos textos; hojas de parra eternamente p\u00fadicas, como si debajo de ellas se ocultase el funesto pecado&#8230;<\/p>\n<p>La capilla brillaba. En los prismas de los briserillos descomponi\u00e9ndose reflejos inveros\u00edmiles; la luz de los vi\u00adtrales penetraba alegremente en olas multicolores; se ha\u00adb\u00edan tejido guirnaldas, obra maravillosa de la Madre Ig\u00ad nac\u00eda, maestra de- novicias. Fue neecsario seguir el consejo de don Tom\u00e1s, quien exigi\u00f3 un adjunto y que ayu\u00addase tambi\u00e9n como ac\u00f3lito. Al efecto present\u00f3 a un joven de humilde aspecto, sobrino hu\u00e9rfano, seg\u00fan inform\u00f3, del Ilustr\u00edsimo Obispo don Diego Antonio Madro\u00f1ero. Desde luego, fue aceptado. Aquel mozo, aunque muy ajeno al servicio de las cosas sagradas, era muy aplicado y su vo\u00adluntad supl\u00eda la torpeza. En pocos d\u00edas aprendi\u00f3 los lati\u00adnes y el ritual necesario para ayudar al Santo Sacrificio. Cruzaba piadosamente las manos entre las anchas man\u00adgas del roquete con una devoci\u00f3n que a leguas delataba su eminente parentesco episcopal. S\u00f3lo el capell\u00e1n, el vie\u00adjecito de agudo perfil, sent\u00edase mal con aquellas reformas; sacado de s\u00fabito de sus costumbres, de su id\u00e9ntica forma de servir hac\u00eda treinta pacificas a\u00f1os la muy digna Ca\u00adpellan\u00eda del Beaterio. Y pase\u00e1ndose, inquieto, por el traspatio de la Sacrist\u00eda, meditaba el serm\u00f3n que deb\u00eda pro\u00adnunciar ante \u00e9l ilustre Visitante, todo \u00e9l en honor de Ma\u00adr\u00eda, Rosa M\u00edstica, Se\u00f1ora de las aflicciones y Reina del Amor Hermoso. Med\u00eda las pausas de su ardiente oraci\u00f3n, y en la misma excitabilidad de ver cerca de s\u00ed transfor\u00admarse su antigua capilla, tan callada y tan melanc\u00f3lica, en templo ruidoso y adornado hallaba el suave viejecito una primaveral renovaci\u00f3n de su cansada oratoria; y un misticismo l\u00edrico, el de sus floridos a\u00f1os en el Real Semi\u00adnario de Santiago, inspir\u00e1bale trozos sorprendentes, ep\u00ed\u00adtasis delicad\u00edsimas, metonimias inesperadas que florec\u00edan el vetusto tronco de su ret\u00f3rica con tard\u00edas fecundidades de oto\u00f1o.<\/p>\n<p>El diablejo del orgullo no dejaba de meter su rabo en aquella delectaci\u00f3n de recitarse los p\u00e1rrafos m\u00e1s bri\u00adllantes, acarici\u00e1ndose las manos como si acariciase con ellas la pulida hermosura de los per\u00edodos.<\/p>\n<p>Ya ir\u00eda Su Paternidad, el se\u00f1or Visitante, haci\u00e9ndoselenguas de la elocuencia de un humilde capell\u00e1n de las Am\u00e9ricas, un tal don Eustaquio de Utrera, licenciado en ambos derechos y Director Espiritual de las Reverendas Madres del Beaterio de Educandas de Valencia del Rey.<\/p>\n<p>\u2014Joven Talavera \u2014dec\u00edale al nuevo ac\u00f3lito con acen\u00adto entusiasta\u2014 \u00bfya usted ha dejado esas vinajeras como dos soles, eh?<\/p>\n<p>Y el sacristanucho, bajando los ojos, respond\u00eda, siem\u00adpre humilde y respetuoso:<\/p>\n<p>\u2014Todo a la mayor fama de esta Santa Casa, mi Re\u00adverendo.<\/p>\n<p>III<\/p>\n<p>As\u00ed que esa tarde, a las cinco, cuando a la puerta principal, con un estr\u00e9pito sobre las piedras, tirada por tres caballos cubiertos de polvo y de sudor, se detuvo la dili\u00adgencia que hac\u00eda el servicio hebdomadario entre la \u00abciudad y el puerto, don Tom\u00e1s no tuvo m\u00e1s que asomarse al postigo y hacer la se\u00f1al convenida; dio_ un largo toque de campanilla la Hermana Tornera, y momentos despu\u00e9s se abr\u00eda de par en par el gran port\u00f3n de ceremonias.<\/p>\n<p>Encabezado por la Reverenda Madre Lorenza, que te\u00adn\u00eda a su derecha al se\u00f1or Capell\u00e1n y a su izquierda a la Madre Secretaria, y a la Hermana Ec\u00f3noma, el personal de la Casa se abr\u00eda en dos alas a ambos lados de la en\u00adtrada; y mientras desfilaba hacia el locutorio, Su Se\u00f1o\u00adr\u00eda el Visitador, el Padre Secretario y los familiares, las hu\u00e9rfanas de la escuela entonaron una salutaci\u00f3n, letra y m\u00fasica de la Madre Ignacia, compuesta para aquella so\u00adlemne oportunidad:<\/p>\n<p style=\"text-align: left; padding-left: 90px;\"><em>Cantemos alegres <\/em><\/p>\n<p style=\"text-align: left; padding-left: 90px;\"><em>cantemos loor,<\/em><\/p>\n<p style=\"text-align: left; padding-left: 90px;\"><em>que al fin ha venido<\/em><\/p>\n<p style=\"text-align: left; padding-left: 90px;\"><em>\u00a0el Visitador .. .<\/em><\/p>\n<p style=\"text-align: left;\">Contra lo que supon\u00edase, no era un anciano religioso cargado de espaldas y de a\u00f1os, sino un soberbio ejemplar de la Iglesia, joven, alto, fuerte, con una mano blanca y cuidada, que saliendo de la amplia manga del h\u00e1bito traz\u00f3 una lenta bendici\u00f3n sobre las tocas inclinadas.<\/p>\n<p>Le segu\u00eda el Secretario, hombrecito de ademanes pro\u00adlijos, y dos j\u00f3venes novicios, dos mocetones t\u00edmidos que llevaban sus ropajes con ese aire desenvuelto y audaz de la Iglesia militante.<\/p>\n<p>Penetr\u00f3 Su Se\u00f1or\u00eda al locutorio y all\u00ed la Priora diole, en breves palabras, la bienvenida, a la cual \u00e9l repuso:<\/p>\n<p>\u2014Pasemos ante todo a la capilla, Reverenda Madre, y en uni\u00f3n del Reverendo Capell\u00e1n oremos al Se\u00f1or y a nuestra celestial Patrona por los mejores frutos de esta visita.<\/p>\n<p>\u2014Y d\u00e9mosle gracias \u2014expres\u00f3 al aludido\u2014 por el viaje feliz de Su Se\u00f1or\u00eda.<\/p>\n<p>\u2014Am\u00e9n \u2014repuso la Madre, seguida del vasto eco de la Congregaci\u00f3n.<\/p>\n<p>Sin sacudir el polvo del camino, el Visitador pas\u00f3 a la Sacrist\u00eda con su s\u00e9quito y mientras endosaba el alba de encajes como espuma, la estola, cuya cruz bes\u00f3 con un arrobamiento poco frecuente para la ordinaria r\u00fabrica, y la pesada capa pluvial guarnecida en oros, don Tom\u00e1s lo examinaba a su gusto:<\/p>\n<p>\u2014iSi es un ni\u00f1o \u2014observaba al Capell\u00e1n\u2014, un ni\u00f1o con la leche en los labios!<\/p>\n<p>Y \u00e9ste, siempre l\u00f3gico, respond\u00eda:<\/p>\n<p>\u2014Fig\u00farese, pues, don Tom\u00e1s, cu\u00e1nta ser\u00e1 su virtud y de qu\u00e9 quilates su m\u00e9rito para estar investido de tan alto car\u00e1cter.<\/p>\n<p>Parec\u00eda que todo fuera nuevo y flamante. Los ma\u00adcizos candelabros de plata, el yeso dorado de los retablos, los briserillos que pend\u00edan del roset\u00f3n de cobre como una lluvia de estalacticas; y el n\u00edveo pa\u00f1o de los altares, y la luz crepuscular que penetraba desde los ventanales en fa\u00adjas donde danzaba un polvillo trasl\u00facido de fuego, de azul, de color naranja&#8230;<\/p>\n<p>Sobre el altar, en un cuadro que ocupaba todo lo ancho del muro, ornado de flores y de luces, le eterna Vir\u00adgen, pechona y campesina, pero inmaculada, que obsede el arte m\u00edstico del siglo XVI.<\/p>\n<p>Sumergida en una ola de gracia idealizaba el terceto divino en que alguien la sorprendi\u00f3 para siempre.<\/p>\n<p>Era trabajo de uno de esos copistas de la Colonia, cuyo arte an\u00f3nimo puebla el fondo de nuestras iglesias con reproducciones de los viejos maestros; obras a las que la mano humilde e ignorada puso a vivir una vez m\u00e1s el minuto de genio que las concibiera, con ingenuas deformaciones.<\/p>\n<p>Voces frescas, de ni\u00f1as, c\u00e1ndidos acentos de novicias, a las que respond\u00edan en un vasto motivo de escalas pro\u00adfundas las cien flautas del \u00f3rgano, resonaron en el coro:<\/p>\n<p style=\"text-align: left; padding-left: 90px;\"><em>Tantum ergo Sacramentum <\/em><\/p>\n<p style=\"text-align: left; padding-left: 90px;\"><em>Comparsit laudatio\u2026<\/em><\/p>\n<p>Y entre nubes de incienso y el tintineo de las campa\u00adnillas de plata, ta\u00f1idas en\u00e9rgicamente por don Tom\u00e1s, Su Reverencia, vuelto hacia las frentes inclinadas de toda la Congregaci\u00f3n, traz\u00f3 en el espacio una cruz solemne con la enorme Custodia de los grandes d\u00edas, cuyas pie\u00addras lanzaban un destello insostenible. Transfigurado por la augusta ceremonia, parec\u00eda m\u00e1s alto, m\u00e1s erguido, m\u00e1s rubio&#8230;<\/p>\n<p>IV<\/p>\n<p>Sin darse punto de reposo, esa misma tarde, antes de oscurecer, Su Paternidad recorri\u00f3 los claustros, dio un vistazo a despensas y cocinas. El d\u00eda siguiente era de gran solemnidad, vendr\u00edan visitas y obligaciones. Pot lo tanto, hab\u00eda suplicado no se dijese nada de su llegada, para poder entregarse al reposo y a la oraci\u00f3n.<\/p>\n<p>\u2014Dejemos a cada d\u00eda su carga, se\u00f1or Capell\u00e1n, no la aumentemos con las penas del venidero \u2014a\u00f1adi\u00f3, ci\u00adtando en lat\u00edn la piadosa frase-.<\/p>\n<p>Por eso prefer\u00eda conocer de una vez aquella Santa Casa. Para todo tuvo una frase amable: elogi\u00f3 el orden, el m\u00e9todo, la disposici\u00f3n de cuanto le iban mostrando. \u00abi Perfect\u00edsimamente&#8230;! \u00a1pulchre, Bene, recte!\u00bb.<\/p>\n<p>En pocos minutos, la Hermana Ec\u00f3noma expuso la situaci\u00f3n financiera&#8230; holgada.<\/p>\n<p>\u2014\u00a1Oh! \u2014interrumpi\u00f3 con espiritual ligereza\u2014 de eso que tome raz\u00f3n el se\u00f1or Secretario.<\/p>\n<p>Y, en efecto, el hombrecillo de ademanes prolijos se hizo explicar, con la minucia de las mujeres, lo perti\u00adnente a la hacienda: hab\u00eda un cuantioso donativo, a m\u00e1s de las rentas naturales; la Madre Superiora esperaba pre\u00adcisamente instrucciones para la libranza anual&#8230; dos mil y seiscientos pesos que estaban a la orden.<\/p>\n<p>\u2014\u00a1Casualidad! \u2014observ\u00f3 entonces el Visitador dis\u00adtra\u00eddamente mientras examinaba con tacto de bibli\u00f3mano un curioso infolio que estaba sobre la mesa del locuto\u00adrio\u2014 ma\u00f1ana despacho a mi familiar Pantoja con pliegos para su Ilustr\u00edsima y alg\u00fan dinero de M\u00e9jico&#8230; \u00bfSi a las Reverendas Madres les parece buena ocasi\u00f3n?<\/p>\n<p>\u2014\u00a1Excelente! \u2014declar\u00f3 la Priora\u2014 \u00bfno lo cree as\u00ed, Hermana Ec\u00f3noma?<\/p>\n<p>Esta inclin\u00f3se, grave.<\/p>\n<p>\u2014Se\u00f1or Capell\u00e1n \u2014dec\u00eda entonces el Visitador\u2014, este ejemplar de las Sagradas Escrituras es una joya, \u00a1una joya! Es de las ediciones flamencas de los Herma\u00adnos Van der Teuffel, de 1507; el original se guarda en la Biblioteca Vaticana \u00a1curios\u00edsimo&#8230;! lo he hojeado y&#8230; \u00a0\u2014pero se interrumpi\u00f3 de s\u00fabito, como si le viniese la idea, al ver cerca de s\u00ed al Padre Secretario y a la Her\u00admana Ec\u00f3noma\u2014. A prop\u00f3sito, si han resuelto algo, des\u00adp\u00e1chense esta misma noche; ma\u00f1ana es d\u00eda atareado y Pantoja saldr\u00e1 con el alba,<\/p>\n<p>Por toda respuesta, la Hermana se retir\u00f3, volviendo a los pocos momentos con una ayudante que tra\u00eda dos sa\u00adquitos, que recibi\u00f3 el se\u00f1or Secretario. M\u00e1s tarde se le dar\u00eda el pliego de remesa.<\/p>\n<p>Iba a retirarse Pantoja con el oro, cuando Su Reve\u00adrencia hizo un gesto brusco y le detuvo:<\/p>\n<p>\u2014Nunca reciban ustedes dineros sin contarlos, se\u00ad\u00f1ores.<\/p>\n<p>Con tono sumiso, el familiar se atrevi\u00f3 a exponer, ru\u00adboriz\u00e1ndose como una doncella:<\/p>\n<p>\u2014Pero es que, trat\u00e1ndose de las Madres&#8230;<\/p>\n<p>\u2014Sabe usted, acaso, so imprudente, si por un error, perdonable en estas piadosas mujeres &#8230; Recuerde lo que nos ocurri\u00f3 en Veracruz con las cien onzas de m\u00e1s, \u00a1Per\u00addimos barco para la Espa\u00f1ola por hacer la debida resti\u00adtuci\u00f3n&#8230;! \u00a1Madre, tres meses perdidos! &#8230; \u00a1tres meses!<\/p>\n<p>Y as\u00ed que, humildemente, cont\u00f3 las viejas piezas, de un oro triste, apagado, insonoro. Cuando Pantoja se re\u00adtiraba a guardar el dinero, con la cabeza gacha y las orejas encendidas, le dio una palmadita en el hombro y, tras la m\u00e1s suave sonrisa eclesi\u00e1stica, murmur\u00f3:<\/p>\n<p>\u2014Nunca olvides c\u00f3mo comienza aquella ep\u00edstola de mi maestro Horacio: \u00abVirtus post nummos\u00bb, esto es, la virtud, s\u00ed, pero antes los escudos&#8230;<\/p>\n<p>\u00a1Qu\u00e9 hombre &#8230; qu\u00e9 hombre! \u2014comentaba a media voz en la oreja del Capell\u00e1n el se\u00f1or Secretario.<\/p>\n<p>\u2014\u00a1Estoy transportado! \u2014declar\u00f3 el viejecito, haci\u00e9n\u00addose con las manos una suave caricia entusiasta.<\/p>\n<p>La Madre Priora; que gustaba del lenguaje b\u00edblico, exclam\u00f3, al retirarse entre un grupo de Madres, llenas de tierna admiraci\u00f3n:<\/p>\n<p>\u2014\u00a1Alabemos a Dios!, \u00e9l es joven y fuerte como un cedro del L\u00edbano.<\/p>\n<p>V<\/p>\n<p>Se sirvi\u00f3 una peque\u00f1a colaci\u00f3n a las ocho. Su Reve\u00adrencia, despu\u00e9s, de insistir in\u00fatilmente, porque don Eus\u00adtaquio neg\u00e1base a ocupar la cabecera de la mesa y de citarle el pasajt de Don Quijote y los cabreros \u2014con la propia expresi\u00f3n del escudero: \u00absi\u00e9ntense vuesas mer\u00adcedes, que doquiera que mi se\u00f1or lo haga es cabecera\u00bb\u2014, ech\u00e1ndose a re\u00edr como un muchacho, mojado en la j\u00edcara espumosa, con apetito excelente, uno tras otro, los im\u00adponderables bizcochos.<\/p>\n<p>\u2014\u00a1Oh, ni en la Pen\u00ednsula, Padre, ni en la propia Es\u00adpa\u00f1a los hacen mejores! \u2014elogiaba, sec\u00e1ndose la espuma densa del chocolate.<\/p>\n<p>Su Reverencia cambi\u00f3 luego de tono al encenderse los cigarros; habl\u00f3 extensamente de la Orden; cit\u00f3 algunas reformas indispensables a la Regla; dijo cosas enalte\u00adcedoras del porvenir a que estaba llamada la milicia m\u00eds\u00adtica, y tuvo frases desde\u00f1osas y agrias \u2014en las cuales lat\u00eda el viejo patriotismo del clero espa\u00f1ol\u2014 para esos aires f\u00e9tidos a azufre e impiedad que siempre soplan del lado de Francia.<\/p>\n<p>Incidentalmente habl\u00f3 del orden interior de la Casa, descendi\u00f3 a preguntas, a m\u00ednimos detalles, que acusaban una larga experiencia. Se le hab\u00eda informado que en cuanto a joyas y dotaci\u00f3n del Servicio Divino, la Congre\u00adgaci\u00f3n de Valencia, en Am\u00e9rica, nada ten\u00eda que envidiar a las mejores de la Metr\u00f3poli.<\/p>\n<p>\u2014Hay algo, hay algo \u2014explic\u00f3 don Eustaquio, acarici\u00e1ndose las manos, con una sonrisa de orgullo\u2014. S\u00f3lo que yo uso lo m\u00e1s modesto a diario; reservamos esas galas para honrar, como ahora, a quien nos honra. Todo eso est\u00e1 bajo la guarda del excelente don Tom\u00e1s, que ya presentar\u00e9 a usted, y del joven Talavera, su ayudante. Son las personas que nos sirven&#8230;<\/p>\n<p>Su Paternidad encend\u00eda en aquel instante- un segundo habano:<\/p>\n<p>\u2014\u00a1C\u00f3mo, pres\u00e9ntemelos, Padre, pres\u00e9ntemelos!<\/p>\n<p>Y, a cual m\u00e1s humilde de los dos sacristanes, compa\u00adrecieron.<\/p>\n<p>El fiel don Tom\u00e1s, el joven Talavera \u2014Su Se\u00f1or\u00eda sa\u00adlud\u00f3 amabil\u00edsimo, entre bocanadas de humo.<\/p>\n<p>Al primero la faz le rebosaba de orgullo y de alegr\u00eda, al retirarse. Le hab\u00eda tuteado, le hab\u00eda llamado \u00abel fiel don Tom\u00e1s\u00bb.<\/p>\n<p>La digesti\u00f3n, aquel Jerez fragante como las rosas, ha\u00adb\u00eda adormecido en una enso\u00f1aci\u00f3n de paz al se\u00f1or Cape\u00adll\u00e1n, que ve\u00eda a su interlocutor entre una niebla de grandeza, de simpat\u00eda y de humo de tabaco&#8230; A cada instante remojaba los labios en su copita, fumaba y em\u00adprend\u00eda un nuevo, delicioso tema de conversaci\u00f3n.<\/p>\n<p>\u2014Si no es indiscreto, Padre Eustaquio, creo que es usted un insigne cultivador de las bellas letras\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 ,<\/p>\n<p>Protest\u00f3 d\u00e9bilmente, ruboriz\u00e1ndose:<\/p>\n<p>\u2014\u00a1Oh, no, un humilde aficionado nada m\u00e1s, un humil\u00add\u00edsimo aficionado! .<\/p>\n<p>\u2014En la mesa de mi habitaci\u00f3n hall\u00e9 un libro con su nombre, libro que me revela su devoci\u00f3n hacia los cl\u00e1\u00adsicos latinos. Al due\u00f1o de ese volumen no parece serle extra\u00f1o todo el tesoro de la antig\u00fcedad, y los escolios y apostillas manuscritas al margen est\u00e1n redactadas en un lat\u00edn no menos correcto y elegante que el de T\u00e1cito&#8230;<\/p>\n<p>\u2014\u00a1Oh, Reverendo Padre! \u2014protestaba a\u00fan don Eus\u00adtaquio avergonzado, pero con la mirada radiante e infan\u00adtil\u2014, pobres ocios que distraigo, cr\u00e9alo Su Paternidad, ratos perdidos, o robados a mejor empleo \u2014a\u00f1adi\u00f3 hu\u00admildemente.<\/p>\n<p>Y de seguidas, mientras el joven Talavera se apresu\u00adraba a renovar en las copas el vinillo color de oro, confe\u00ads\u00f3 su inclinaci\u00f3n literaria, habl\u00f3 de sus predilecciones y&#8217; de sus simpat\u00edas hacia autores diversos&#8230; El Visita\u00addor discurr\u00eda f\u00e1cilmente, como hombre habituado al viejo amor de las bibliotecas; y ambos entablaron una pol\u00e9mica erudita y espiritual en derredor de cierto pasaje de Ovidio:<\/p>\n<p style=\"text-align: left; padding-left: 90px;\"><em>Dum lallax servus, durus paler improba leva\u00a0 <\/em><\/p>\n<p style=\"text-align: left; padding-left: 90px;\"><em>Vivent dum meretrix blanda Menandros erit<\/em><\/p>\n<p>Por el peque\u00f1o refectorio de la hospeder\u00eda hubo un vuelo de cant\u00e1ridas que muy luego cayeron asfixiadas bajo el humo de los cigarros, en la somnolencia de la hora y de la paz digestiva.<\/p>\n<p>Hab\u00eda sonado va el toque de Animas cuando Su Re\u00adverencia se retir\u00f3, y desde el se\u00f1or Capell\u00e1n hasta la \u00faltima novicia al salir del coro, donde se cantaron solem\u00adnes V\u00edsperas, estaban convencidos que un var\u00f3n emi\u00adnate, uno de esos siervos gloriosos que perfuman de santidad, de sabidur\u00eda y de juventud en las p\u00e1ginas de la Leyenda Dorada, dorm\u00eda bajo los techos del feliz Con\u00advento-Beaterio de Valencia del Rey.<\/p>\n<p>VI<\/p>\n<p>Antes del alba, ya don Eustaquio, pase\u00e1base repasan\u00addo el serm\u00f3n de la festividad por el peque\u00f1o jard\u00edn que separaba sus habitaciones de la Hospeder\u00eda donde Su. Reverencia y el s\u00e9quito, fatigado sin duda por la jornada de la v\u00edspera, reposaban a\u00fan. Extra\u00f1\u00f3 que \u00e9l hubiese dormido tan profundamente que no llegara a o\u00edr el Ave Mar\u00eda como de costumbre, y parec\u00edale muy claro para las cinco.<\/p>\n<p>Era esa hora h\u00fameda, fresca como una hoja de rosa, en el cielo de los tr\u00f3picos sobre el vasto rumor de una naturaleza que despierta, poderosamente llena de vida, de ruido y de color.<\/p>\n<p>De repente, el Sacrist\u00e1n, p\u00e1lido, desencajado, sin aca\u00adbar de ponerse el roquete, con los ojos agrandados por el terror, clam\u00f3 en la puertecilla de la Sacrist\u00eda:<\/p>\n<p>\u2014\u00a1Padre Eustaquio, venga, corra y vea esto! \u00a1Han robado la iglesia! \u00a1La Custodia, los c\u00e1lices, todo, todo!<\/p>\n<p>Momentos despu\u00e9s, la Superiora y las Madres, llama\u00addas aprisa por el Capell\u00e1n, contemplaban, mudas de es\u00adpanto, el Sagrario vac\u00edo, los cajones y cofres de guardar las cosas santas abiertos, sin violencia, suave y escanda\u00adlosamente pillados&#8230;<\/p>\n<p>Muchas Madres lloraban; las j\u00f3venes novicias, m\u00e1s p\u00e1\u00adlidas a\u00fan por el asombro, arrodilladas en mitad del claus\u00adtro, rezaban con labio tembloroso; y por toda la Santa Casa, que iba ba\u00f1ando su frescura nocturna en un tibio amanecer de verano, el eco del esc\u00e1ndalo vibraba, impo\u00adnente, como un vasto rumor&#8230;<\/p>\n<p>VII<\/p>\n<p>\u2014Padre Eustaquio \u2014exclam\u00f3 desolada la Reverenda Madre al pasar la primera, terrible impresi\u00f3n\u2014, \u00bfqu\u00e9 hacemos ahora?<\/p>\n<p>Y el Capell\u00e1n, como tocado de una idea s\u00fabita, repuso:<\/p>\n<p>\u2014\u00a1Corramos a despertar al Padre Visitador!<\/p>\n<p>Y seguido de todos, pero a la cabeza del grupo Sor Lorenza de la Parrilla y algunas Madres resueltas, a pesar del p\u00e1nico que una sospecha horrible les inspiraba \u2014lo que hubiera podido ocurrirle a aquel protom\u00e1rtir de la Iglesia y que sus imaginaciones encendidas ve\u00edan ya como a Santo Tom\u00e1s de Canterbury, apu\u00f1alado y ensangren\u00adtado\u2014; pero este m\u00e1rtir, v\u00edctima en la flor de su edad, cuando los frutos m\u00e1s \u00f3ptimos promet\u00eda su maravillosa juventud&#8230; Sor Lorenza, intr\u00e9pida, penetr\u00f3 en la Hos\u00adpeder\u00eda llamando con mano temblorosa a las grandes puertas. Ni un rumor respond\u00eda&#8230; Y s\u00f3lo cuando don Tom\u00e1s, en\u00e9rgicamente, les dio un empell\u00f3n, abri\u00e9ronse dulcemente. Las habitaciones estaban vac\u00edas, las camas intactas y sobre cada una de ellas el respectivo h\u00e1bito de su hu\u00e9sped.<\/p>\n<p>\u2014\u00a1Les han secuestrado y desnudos! \u2014grit\u00f3 el bueno de don Tom\u00e1s, mientras las Madres se santiguaban ho\u00adrrorizadas.<\/p>\n<p>\u2014\u00a1Joven Talavera! \u00a1Joven Talavera! \u2014clamaba in\u00fatilmente el se\u00f1or Capell\u00e1n a trav\u00e9s de las salas.<\/p>\n<p>Tampoco respond\u00eda nadie&#8230; Y entonces, sobrecogi\u00addo por una idea terrible, volvi\u00f3 a la habitaci\u00f3n del Visi\u00adtador. Sobre la mesilla estaba un libro, un precioso ejem\u00adplar del siglo xvi, de cantos dorados, empastado en pergamino y en may\u00f3licas miniadas: \u00abLOS SIETE NI\u00ad\u00d1OS DE ECIJA\u00bb, y manuscrito debajo: \u00abAl ilustre Ca\u00adpell\u00e1n de las Reverendas Madres, un cari\u00f1oso recuerdo de \u00abLos Siete Ni\u00f1os de Valencia del Rey\u00bb.<\/p>\n<p>VIII<\/p>\n<p>Esa madrugada, cuando el Cabo adjunto hac\u00eda en mula su recorrido semanal entre Piedra Azul y las Vueltas de B\u00e1rbula, oy\u00f3 unos ronquidos vagos:<\/p>\n<p>\u2014P\u00e1ice tigre \u2014observ\u00f3 el negro Cleof\u00e9, ajust\u00e1ndose el tapaojo y requiriendo el garrote; pero como iba a pie, se apret\u00f3 contra la mula del Cabo que hab\u00eda parado las orejas como dos lanzas.<\/p>\n<p>Cautelosamente, con el animal al diestro y el chuzo armado, bajaron hasta el fondo de un pajonal.<\/p>\n<p>All\u00ed estaban, hac\u00eda dos o tres d\u00edas, el Muy Reverendo Padre Candelario Seraf\u00edn de Ord\u00f3\u00f1ez, partido de Espa\u00f1a v\u00eda M\u00e9jico a recorrer los conventos de la Orden en las Indias, y dos frailes, sin duda sus familiares, atados los tres muy esmeradamente a sendos jabillos. Uno de ellos, debati\u00e9ndose, hab\u00eda logrado librarse de la mordaza, y vocifer\u00f3 desde las tenebrosas barbas aborrascadas, al ver allegarse al negrito con un garrote y al otro con un chuzo a manera de puya:<\/p>\n<p>\u2014\u00a1Deteneos, sacr\u00edlegos. Est\u00e1is malditos. Hab\u00e9is mal\u00adtratado y desvalijado a un siervo de Dios!<\/p>\n<p>El negrito solt\u00f3 la estaca y ech\u00f3 a correr cerro arriba. El Cabo, tras santiguarse, los fue desatando y conso\u00adlando. Al Reverendo Visitador, ex\u00e1nime, hubo que atra\u00advesarlo en la mula, sac\u00e1ndolo al camino. Los dos frailes que cerraban la marcha cojitrancos, iban penosamente arrac\u00e1ndose los cadillos y las pajuelas de las chivas; pero cantaban, roncos:<\/p>\n<p style=\"text-align: left; padding-left: 60px;\"><em>&#8230;y como el brazo del fuerte<\/em><\/p>\n<p style=\"text-align: left; padding-left: 60px;\"><em>nos libra en todo quebranto.<\/em><\/p>\n<p style=\"text-align: left; padding-left: 60px;\"><em>Angeles y serafines dicen: \u00a1Santo, Santo, Santo!\u00bb.<\/em><\/p>\n<p style=\"padding-left: 60px; text-align: right;\"><a href=\"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/pocaterra-jose-rafael\/\" target=\"_blank\" rel=\"noopener\">Sobre el autor<\/a><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<h6>*Retrato de un obispo, \u00f3leo sobre tela. An\u00f3nimo venezolano del siglo XVIII<\/h6>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Jos\u00e9 Rafael Pocaterra (Esta historieta no es, ni con mu\u00adcho, una pretendida reconstrucci\u00f3n de- \u00e9poca, ni aun mera composici\u00f3n de lugar: se han cambiado el nombre de la congregaci\u00f3n y algunos detalles locales. Razones obvias. Todo lo dem\u00e1s \u2014en gran parte aut\u00e9ntica his\u00adtoria\u2014 reposa en tradici\u00f3n oral. 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