{"id":6085,"date":"2022-09-05T21:29:50","date_gmt":"2022-09-05T21:29:50","guid":{"rendered":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/?p=6085"},"modified":"2023-11-24T18:26:40","modified_gmt":"2023-11-24T18:26:40","slug":"dos-cuentos-de-antonieta-madrid","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/dos-cuentos-de-antonieta-madrid\/","title":{"rendered":"Dos cuentos de Antonieta Madrid"},"content":{"rendered":"<h3><strong>Archivos azules<\/strong><\/h3>\n<p style=\"text-align: right;\"><em>Indaga inquisidor\u2026<br \/>\n\u00bfQuieres saber si he amado?<br \/>\n\u00bfCu\u00e1ntos y a qui\u00e9nes he amado?<br \/>\nTras un vuelo rasgado se cuenta una historia<br \/>\nY todos callan\u2026<\/em><br \/>\nMar\u00eda Teresa Ogliastri: <em>Sherlock Holmes<\/em><\/p>\n<p>Nadie sabr\u00e1 jam\u00e1s de sus amores. \u00a1Nunca! Porque ella es una tumba y una tumba ser\u00e1 siempre. Ni con el pensamiento revelar\u00e1 el secreto, propio de los\u00a0<em>archivos azules<\/em>. hab\u00eda sido tan bello aquel encuentro. La relaci\u00f3n perfecta. Un acoplamiento c\u00f3smico. La atracci\u00f3n lleg\u00f3, como en un sue\u00f1o, y se instal\u00f3 entre los dos. Despu\u00e9s se fue convirtiendo en un verdadero sentimiento. Hab\u00edan decidido mantener el secreto. Acordaron no salir juntos. \u00bfY si acaso llegaran a encontrarse con los amigos comunes? Pues nada, hab\u00edan acordado comportarse como si s\u00f3lo se tratara de una simple casualidad. Tendr\u00edan que sorprenderlos juntos para sospechar. Tendr\u00edan que tropezarse con ellos en sus propios caminos, en la entrada del lujoso edificio, en el exclusivo estacionamiento.<\/p>\n<p>Como si vivieran en un mundo aparte, el idilio hab\u00eda continuado, sin interrupciones, ni sorpresas. Si no fuera por el inquietante paisaje a trav\u00e9s del vidrio ahumado. M\u00e1s all\u00e1 de las enormes ventanas, los cerros poblados de improvisadas viviendas, de variados colores, rosado guayaba, verde seco, amarillo tierra, a\u00f1il, salm\u00f3n y todos los ocres. La gente subiendo y bajando por las empinadas escaleras. Unos en el rebusque, otros en la m\u00fasica, practicando el\u00a0<em>hip\u2014hop<\/em>, ensayando el\u00a0<em>rap<\/em>, plomo verbal,\u00a0<em>heavy\u2014rock<\/em>\u00a0y salsa brava\u00a0<em>free\u2014style<\/em>. Patineteros. Pelos engomados. Espejos rotos. Gigantescos montones de basura. Escombros apilados contra los muros.<\/p>\n<p>Visto desde otra perspectiva, hasta podr\u00eda resultar decorativo.\u00a0<em>Art trouv\u00e9<\/em>, o tal vez,\u00a0<em>Pop Art<\/em>, o\u00a0<em>Arte chatarra<\/em>. Una est\u00e9tica de la inmediatez. Cosas de las nuevas tribus, de la sociedad mutante. Las casas con la pintura chorreada, los colores degradados, los empinados escalones confundidos con los arbustos creciendo a la deriva, y el barro, salpic\u00e1ndolo todo, haciendo juego con la gama de los ocres. Ella no puede impedir que aquel paisaje, propio de esa otra realidad abrumadora, la atormente, como un escozor, como un prurito que se extiende por todo el cuerpo y no la deja disfrutar enteramente de aquellos encuentros en los espacios del anonimato\u2026<\/p>\n<p>Sin duda, mirar a trav\u00e9s del vidrio podr\u00eda significar una epifan\u00eda, una revelaci\u00f3n. Paisaje perif\u00e9rico de corte tercermundista. Sur. Sur. Sur\u2026 Filmable desde todas las \u00f3pticas. Conmovedor desde todo punto de vista. Pero ella no puede hacer nada para reparar las injusticias del mundo. Adscribi\u00e9ndose al insoslayable instante eterno, se sentar\u00e1 ante la mesa para dos, segura de que \u00e9l no mirar\u00e1 el paisaje, porque s\u00f3lo tendr\u00e1 ojos para ella. Tus ojos en mis ojos\u2026 Tus ojos en mis ojos\u2026 Tus ojos en mis ojos\u2026 Despu\u00e9s, ya nada en este mundo podr\u00e1 entorpecer la dicha mutua. Se entregar\u00e1n a la pasi\u00f3n com\u00fan. Las pr\u00e1cticas, todas. Desde el Kama Sutra hasta el informe de Kinsey, pasando por Las Mil y Una Noches, el Ikebana, el Agujero del Aleph, el Remolino del Maelstron, Fanny Hill, el Miedo de Volar, el Mon\u00f3logo de Molly Bloom y sus propias imaginer\u00edas, estimuladas por las travesuras de Don Perignon y el Mousse de Parchita.<\/p>\n<p>Resultaba obvio que el derrumbe no estaba previsto, porque, contrariamente a la pasi\u00f3n amorosa que se va instalando de a poquito en el coraz\u00f3n y en la mente de los amantes, y va creciendo con el tiempo, el derrumbe siempre nos sorprende, se presenta sin avisar, porque los derrumbes, como los infartos, como los accidentes, como los cataclismos, como las emboscadas, como las ca\u00eddas, como toda mala noticia, no se ven venir, sino que irrumpen sorpresivamente en nuestras vidas, y cuando nos percatamos, ya no hay nada que se pueda hacer, porque se trata de algo ineluctable, algo que en el momento de ocurrir ya corresponde al pasado.<\/p>\n<p>La complicidad mutua agregaba un sabor muy especial. Siempre estuvieron de acuerdo en lo desastroso que pod\u00eda resultar el hecho de hacer p\u00fablico sus amores. En algunas ocasiones, planificaron viajes al exterior \u2014se entreten\u00edan organizando los itinerarios\u2014 y en m\u00e1s de una oportunidad, llegaron a comprar \u2014por separado y en distintas agencias de viaje\u2014 los pasajes. Pero al momento de hacer las reservaciones, decid\u00edan aplazarlo y la \u00faltima vez, ella fue a Miami con su marido y \u00e9l a Europa con su legal. Hubiera resultado un gran esc\u00e1ndalo que una mujer casada, profesional de \u00e9xito, y un pol\u00edtico notorio y reconocido, hubieran sido descubiertos a trav\u00e9s del monitor de una agencia de viajes.<\/p>\n<p>Un d\u00eda cualquiera, una tarde lluviosa, lleg\u00f3 el momento aciago. Se encontraban en su nido de amor disfrutando bocadillos y martinis, protegidos apenas por la propia desnudez, cuando son\u00f3 el \u00abclick\u00bb de una llave en la puerta del apartamento y la habitaci\u00f3n fue invadida por indeseadas presencias: Patricia, la esposa de un com\u00fan amigo, vestida con ropa de gimnasio; el detective privado, el testigofot\u00f3grafo, y dos supuestos polic\u00edas. la confusi\u00f3n reinaba en aquel recinto con fondo de m\u00fasica barroca. Los\u00a0<em>flashes<\/em>\u00a0refractaban el cristal de las copas, mientras los insospechados amantes, se miraban estupefactos, pregunt\u00e1ndose c\u00f3mo ellos, protagonistas de una historia digna de los archivos azules, hab\u00edan podido ser confundidos con el marido de Patricia y su a\u00fan desconocida compa\u00f1era\u2026<\/p>\n<p>Lamentando tan grave error de c\u00e1lculo \u2014por parte de los detectives\u2014, Armando y Eugenia, los at\u00f3nitos amantes, equivocadamente descubiertos, liberados por fin del peso del secreto que los agobiaba y due\u00f1os de su propia felicidad, se pasan, boca a boca, como en los primeros auxilios, la \u00faltima aceituna de la \u00faltima copa de martini.<\/p>\n<h3><strong>Sue\u00f1o l\u00facido<\/strong><\/h3>\n<p>Berl\u00edn. Oto\u00f1o. A\u00f1os noventa. Una ma\u00f1ana nublada, converso con Hernando en un caf\u00e9 del Kurf\u00fcrstendamm. Tomamos caf\u00e9 con torta de manzana. Hablamos sobre nuestro futuro. Pienso que debo decirle la verdad: que todo ha terminado entre nosotros. Pero en lugar de hablar claramente, me muestro evasiva, desconcertada, inquieta y no logro encontrar las palabras apropiadas para expresar mis verdaderos sentimientos\u2026<\/p>\n<p>Abandonamos el caf\u00e9 y nos desplazamos (a la velocidad del sue\u00f1o) hacia lo que queda del Muro de la Verg\u00fcenza. En un tarant\u00edn cercano, venden pedazos de muro, terrones descoloridos que se desmoronan en las manos de los compradores. Despu\u00e9s (siempre manteniendo la velocidad del sue\u00f1o), nos encontramos en el Checkpoint Charlie. Caminamos alrededor. Tomamos fotos, el Caf\u00e9 \u00abAdler\u00bb al fondo. Compramos reliquias de la RDA, medallas, carnets de los oficiales, condecoraciones diversas.<\/p>\n<p>Visitamos el Amerikanischen Sektor y mientras contemplamos los edificios alrededor, emerge de la niebla, nuestro amigo Esteban, quien vive en New York y, sin mediar saludo alguno, me pregunta con un simple y elocuente gesto: \u00bf\u2026?. Ya lo decid\u00ed, le respondo. Estoy clar\u00edsima. Ni un d\u00eda m\u00e1s\u2026<\/p>\n<p>En otra secuencia del mismo sue\u00f1o, caminamos los tres por una ancha avenida. La atravieso y me encuentro sola, en una acera ancha, plantada de \u00e1rboles sim\u00e9tricamente dispuestos. Segundos m\u00e1s tarde, Hernando se une a mi. Estamos ansiosos, agitados. Nuestro amigo, quien se hab\u00eda quedado rezagado, reaparece m\u00e1gicamente. No logro explicarme (en el sue\u00f1o) c\u00f3mo, ni en qu\u00e9 momento, Esteban cruz\u00f3 la avenida.<\/p>\n<p>Estamos de nuevo los tres, apoyados en la baranda de una plaza, desde donde se puede divisar una barraca, al lado de una enorme arcada (la Puerta de Brandenburgo tal vez), de la que emerge una multitud de hombres y mujeres vestidos como para una comparsa. Van enmascarados y en las cabezas, lucen llamativos sombreros de variadas formas y colores. Hernando desaparece, arrastrado por la muchedumbre.<\/p>\n<p>Al final del sue\u00f1o, me encuentro apoyada contra la reja del Viktoria Park, junto a Esteban que me mira extra\u00f1ado. Despierto y recuerdo que tengo una cita con Hernando, justo en un caf\u00e9 del Kurf\u00fcrstendamm. R\u00e1pidamente, me ba\u00f1o, me visto, y, sin siquiera tomar el desayuno, le pido al mozo del hotel que me llame un taxi, con urgencia\u2026<\/p>\n<h4 style=\"text-align: right;\"><a href=\"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/antonieta-madrid\/\" target=\"_blank\" rel=\"noopener\">Sobre la autora<\/a><\/h4>\n<h6>*Tomado de: ficcionbreve.org<\/h6>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Archivos azules Indaga inquisidor\u2026 \u00bfQuieres saber si he amado? \u00bfCu\u00e1ntos y a qui\u00e9nes he amado? Tras un vuelo rasgado se cuenta una historia Y todos callan\u2026 Mar\u00eda Teresa Ogliastri: Sherlock Holmes Nadie sabr\u00e1 jam\u00e1s de sus amores. \u00a1Nunca! Porque ella es una tumba y una tumba ser\u00e1 siempre. 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