{"id":6081,"date":"2022-09-05T21:06:14","date_gmt":"2022-09-05T21:06:14","guid":{"rendered":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/?p=6081"},"modified":"2025-05-20T13:09:49","modified_gmt":"2025-05-20T17:39:49","slug":"la-decadencia-en-la-literatura-venezolana-siglos-xx-y-xxi","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/la-decadencia-en-la-literatura-venezolana-siglos-xx-y-xxi\/","title":{"rendered":"La \u201cdecadencia\u201d en la literatura venezolana (siglos XX y XXI)"},"content":{"rendered":"\n<h4 class=\"wp-block-heading\">Belkis Barrios<\/h4>\n\n\n\n<p>La literatura venezolana del siglo XX y la primera d\u00e9cada del siglo XXI refleja una preocupaci\u00f3n recurrente por los temas de la decadencia sociopol\u00edtica, el fracaso de la naci\u00f3n y su proyecto modernizador, las fracturas de la memoria hist\u00f3rica y el desarraigo identitario. El cr\u00edtico literario venezolano Celso Medina &nbsp;(751-762) examina la constante del pesimismo en el quehacer literario venezolano en sus distintos periodos est\u00e9ticos y se sustenta en los postulados bajtinianos para establecer una pertinente distinci\u00f3n entre las escrituras de naturaleza monol\u00f3gica y las de car\u00e1cter dial\u00f3gico.<\/p>\n\n\n\n<p>En las primeras, caracter\u00edsticas de la mayor\u00eda de los novelistas de las tres primeras d\u00e9cadas del siglo XX, el discurso de autor permea la historia contada y los personajes se construyen a partir de la inclinaci\u00f3n ideol\u00f3gica de aqu\u00e9l. En la tradici\u00f3n monologista se inscribe el modernismo que, seg\u00fan Medina, le confiere un car\u00e1cter de universalidad al pesimismo, como se aprecia por ejemplo en la obra &nbsp;de Manuel D\u00edaz Rodr\u00edguez (1871-1927), autor de <em>\u00cddolos rotos <\/em>(1901) y <em>Sangre patricia <\/em>(1902). Los personajes de D\u00edaz Rodr\u00edguez miran Venezuela con el mismo ojo nihilista del autor: como se\u00f1ala Douglas Boh\u00f3rquez, un pa\u00eds con pretensiones de modernidad pero, parad\u00f3jicamente sumido en la miseria, un espacio hostil donde es imposible autorrealizarse. As\u00ed, los personajes se apegan a los modelos culturales euroc\u00e9ntricos, niegan la memoria hist\u00f3rica y cultural venezolana y abandonan el pa\u00eds hacia ciudades europeas, s\u00f3lo para agudizar su alienaci\u00f3n y su desarraigo identitario (Boh\u00f3rquez 192).<\/p>\n\n\n\n<p>Se inserta igualmente dentro de las escrituras monol\u00f3gicas la obra novel\u00edstica costumbrista de R\u00f3mulo Gallegos (1884-1969), asociada con la corriente positivista y expresi\u00f3n de los ideales nacionalistas del autor, uno de los primeros impulsores, en el \u00e1mbito pol\u00edtico, del proyecto democr\u00e1tico modernizador de la naci\u00f3n. Seg\u00fan Boh\u00f3rquez, en la obra galleguiana el mensaje es de compromiso y sus novelas reelaboran un imaginario nacional: a diferencia de los personajes de D\u00edaz Rodr\u00edguez, los de Gallegos desean regresar al pa\u00eds despu\u00e9s de haber viajado, como manifestaci\u00f3n de su sentido de pertenencia a la tierra. Sin embargo, en novelas como <em>Reinaldo Solar <\/em>(1930), este deseo se trunca en pesimismo: a pesar de las luchas subversivas en las que se embarca, el personaje central no vislumbra salidas en un pa\u00eds hundido en el deterioro social y en la anarqu\u00eda pol\u00edtica.<\/p>\n\n\n\n<p>Dentro de la categor\u00eda de escrituras monologistas cabe tambi\u00e9n incluir a Rufino Blanco Fombona (1874-1944) con su novela <em>El hombre de hierro <\/em>(1907) y al ya mencionado Jos\u00e9 Rafael Pocaterra (1890-1955) con su <em>Pol\u00edtica feminista o el Dr. Beb\u00e9 <\/em>(1918). Con una sat\u00edrica estrategia panfletaria, ambos autores buscan denunciar la descomposici\u00f3n moral del pa\u00eds durante la dictadura gomecista (Medina 752). Aqu\u00ed es clave tambi\u00e9n la ya citada novela de Pocaterra, <em>Memorias de un venezolano de la decadencia <\/em>(1927), obra testimonial en tanto que el autor estuvo tres a\u00f1os preso en La Rotunda, c\u00e1rcel del r\u00e9gimen gomecista. <em>Memorias<\/em>\u2026 constituye un conglomerado de im\u00e1genes y discursos \u2013ap\u00e9ndices documentales de juicios, fotograf\u00edas, planos de la c\u00e1rcel\u2014que articulan la construcci\u00f3n narrativa del prototipo del venezolano activamente opuesto a G\u00f3mez: el que sufri\u00f3 encarne propia las torturas, el participante de los horrores de las c\u00e1rceles, el testigo de los eventos pol\u00edticos, de las sublevaciones contra el r\u00e9gimen y, sobretodo, desde un lugar de enunciaci\u00f3n anal\u00edtico, testigo de las transformaciones sociales que ocasion\u00f3 la dictadura sobre la poblaci\u00f3n, sobre la base de la humillaci\u00f3n y del miedo (Rojo 543).<\/p>\n\n\n\n<p>Contra la tiran\u00eda de las dictaduras se pronunciaron tambi\u00e9n algunos manifiestos de grupos literarios del momento, como se\u00f1ala Infante (409-411): <em>La Alborada <\/em>(d\u00e9cada de 1900, en el per\u00edodo de transici\u00f3n entre las dictaduras de Cipriano Castro y Juan Vicente G\u00f3mez), grupo integrado por R\u00f3mulo Gallegos, Julio Planchart, Julio Rosales y Salustio Gonz\u00e1lez Rincones, entre otros. Tambi\u00e9n <em>V\u00e1lvula<\/em>, compuesto por los j\u00f3venes intelectuales de la llamada \u201cGeneraci\u00f3n del 28\u201d, quienes articulan su quehacer literario en torno al pronunciamiento contra los excesos de la dictadura gomecista. Son ellos Miguel Otero Silva, Carlos Eduardo Fr\u00edas, Antonio Arr\u00e1iz, Fernando Paz Castillo y Arturo Uslar Pietri.<\/p>\n\n\n\n<p>Seg\u00fan el an\u00e1lisis de varios cr\u00edticos, como por ejemplo Domingo Miliani (40-41), Uslar Pietri, considerado como uno de los nombres m\u00e1s prominentes de las letras venezolanas, no se involucr\u00f3 directamente en las rebeliones pol\u00edticas que ocasionaron la hostilizaci\u00f3n de muchos de sus compa\u00f1eros de generaci\u00f3n. Al contrario, Miliani afirma que el autor de novelas hist\u00f3ricas como <em>Las lanzas coloradas <\/em>(1931), <em>El camino de El Dorado <\/em>(1947), <em>Oficio de difuntos <\/em>(1976) y <em>La isla de Robins\u00f3n <\/em>(1981) y de ensayos como <em>Petr\u00f3leo de vida o muerte <\/em>(1966)\u2013donde enfatiza su preocupaci\u00f3n sobre el car\u00e1cter destructivo de la explotaci\u00f3n del petr\u00f3leo y advierte la necesidad de diversificarla econom\u00eda\u2014se interes\u00f3 m\u00e1s en el quehacer<\/p>\n\n\n\n<p>intelectual vinculado a las revistas literarias del momento y en la transformaci\u00f3n de la arena art\u00edstica, en la que introdujo nuevas formas de vanguardia. De hecho, seg\u00fan Gonz\u00e1lez Stephan (48), Uslar Pietri se separa del modernismo y del regionalismo\/criollismo\u2013la literatura de ideas, seg\u00fan la dial\u00e9ctica de Medina\u2014en la b\u00fasqueda de nuevos horizontes est\u00e9ticos. As\u00ed, la literatura de Uslar Pietri, desde la visi\u00f3n de Gonz\u00e1lez Stephan (61), m\u00e1s que inscribir su cuestionamiento en el frente de luchas pol\u00edticas, se preocup\u00f3 por la met\u00e1fora y las formas narrativas.<\/p>\n\n\n\n<p>Volviendo a la distinci\u00f3n de Medina, en la d\u00e9cada de los treinta se comienzan a gestarlas bases para la consolidaci\u00f3n del \u201cdialogismo\u201d en la narrativa venezolana, es decir, un tipo de escritura en la que el autor emp\u00edrico deja de lado la idea de la novela como una \u201cproposici\u00f3n mesi\u00e1nica\u201d (753) y pasa a convertirse en un mediador: las obras constituyen un mundo en s\u00ed mismo, articulado desde la variedad de las voces narrativas, los diversos puntos de vista y la recursividad est\u00e9tica, pr\u00e1ctica literaria que se consolidar\u00e1 durante el resto del siglo XX y se extender\u00e1 hacia el pr\u00f3ximo siglo.<\/p>\n\n\n\n<p>La iniciadora de este periodo, seg\u00fan el cr\u00edtico, es Teresa de la Parra (1889-1936), que con su novela <em>Ifigenia <\/em>(1924)\u2013considerada como la primera novela de formaci\u00f3n femenina en Venezuela\u2014experimenta con la \u201ctensi\u00f3n entre diversas formas y modalidades discursivas (novela que finge ser carta, diario, comedia, tragedia\u201d(Boh\u00f3rquez 197) parare crear la alienaci\u00f3n de una joven venezolana que ha crecido en Par\u00eds y regresa a Caracas, donde es forzada a soportar un ambiente dom\u00e9stico de opresi\u00f3n patriarcal, una sociedad que en su impaciente b\u00fasqueda de modernizaci\u00f3n, se ha transformado en un medio cada vez m\u00e1s hostil.<\/p>\n\n\n\n<p>Novelas de este periodo son <em>Cubagua <\/em>(1931) de Enrique Bernardo N\u00fa\u00f1ez, <em>Canci\u00f3n de negros <\/em>(1934) &nbsp;de Guillermo Meneses y <em>Mene <\/em>(1936) de Ram\u00f3n D\u00edaz S\u00e1nchez que, seg\u00fan Medina (753) constituyen un gesto del desasosiego del venezolano ante los rasgos de consolidaci\u00f3n de la cultura petrolera. Se trata, como argumenta Miguel \u00c1ngel Campos (481), de una cultura de la pobreza, reflejo de la abundancia, que se prefigura a partir de la redistribuci\u00f3n de clases sociales y la constituci\u00f3n de clanes bajo el sustento del Estado rico: \u201cla sociedad tiende a formarse a partir de relaciones hechas de tensiones materiales; en ese sentido, al describir un mundo ambicioso en el seno de relaciones sociales cosificadas, la novela alcanza su esplendor\u201d (Campos 482).<\/p>\n\n\n\n<p>El h\u00e9roe, adem\u00e1s, ya no persigue trascendencia, sino que busca desesperadamente desvanecerse de su entorno, \u201cya se ha separado de la responsabilidad de construir, de nombrar\u201d (Campos 482). As\u00ed son los antih\u00e9roes que Salvador Garmendia ficcionaliz\u00f3 algunas d\u00e9cadas m\u00e1s tarde bajo el nombre de <em>Los peque\u00f1os seres <\/em>(1959), novela que desde una est\u00e9tica absurdista explora la \u201cviolencia individualista\u201d que define la clase media, como tambi\u00e9n la desaz\u00f3n y las frustraciones de una generaci\u00f3n \u201cparalizada por la rutina cotidiana y sinsentido\u201d (Medina 756).<\/p>\n\n\n\n<p>A partir de la d\u00e9cada de los sesenta \u2013se\u00f1ala Iraida Casique (615) \u2014se enfatiza en la narrativa venezolana \u201cla ausencia de racionalidad y proyectos en todos los niveles de la vida nacional\u201d. De la literatura de esta d\u00e9cada, tambi\u00e9n nombrada como literatura de la violencia por su constante representaci\u00f3n de los procesos insurgentes de la \u00e9poca, son representativos Adriano Gonz\u00e1lez Le\u00f3n \u2013autor de <em>Asalto infierno <\/em>(1963) y ganador del premio Biblioteca Breve en 1968 con <em>Pa\u00eds port\u00e1til<\/em>\u2014, el ya mencionado Salvador Garmendia \u2013<em>Los habitantes <\/em>(1961), <em>D\u00eda de ceniza <\/em>(1963) y Guillermo Meneses \u2013<em>La misa del arlequ\u00edn <\/em>(1962). Sus obras, que exhiben una notable complejidad en cuanto a la forma est\u00e9tica, exploran diversos temas que giran en torno al pesimismo y la \u201cdecadencia\u201d: la miseria material, la cadena de fracasos hist\u00f3ricos, el arraigo de la tradici\u00f3n caudillista y la admiraci\u00f3n por \u201cel hombre fuerte\u201d, el abuso de poder, la violencia social y pol\u00edtica, la inexistencia de una comunidad colectiva, etc.<\/p>\n\n\n\n<p>El tema de la insurrecci\u00f3n guerrillera de los sesenta se manifiesta tambi\u00e9n en la literatura escrita por mujeres en la d\u00e9cada siguiente. Destacan las novelas <em>Aqu\u00ed no ha pasado nada <\/em>(1973) de \u00c1ngela Zago y <em>No es tiempo para rosas rojas <\/em>(1975) de Antonieta Madrid. En ambas se muestra el desencanto, desde una perspectiva femenina, con un proyecto revolucionario que \u201ctermina por reproducir vicios de la sociedad contra la que se ha levantado\u201d (Rivas 720). &nbsp;Los sesenta son adem\u00e1s los a\u00f1os de apogeo de los grupos literarios y de sus revistas: <em>Sardio <\/em>(1958-1961), <em>Tabla redonda <\/em>(1959-1965) y <em>Rayado sobre el techo <\/em>(1961-1964), las dos primeras, revistas de los grupos literarios hom\u00f3nimos, y la tercera, revista del grupo <em>El techo de la ballena<\/em>.<\/p>\n\n\n\n<p>La noci\u00f3n del compromiso social del arte y de la literatura es dominante en ese entonces y, en particular, <em>El techo de la ballena <\/em>(integrado por Adriano Gonz\u00e1lez Le\u00f3n, Salvador Garmendia, Caupolic\u00e1n Ovalles y Juan Calzadilla, entre otros) se destaca por su radicalidad, apreciable en obras como la exposici\u00f3n titulada <em>Homenaje a la necrofilia<\/em>, que consisti\u00f3 en la exhibici\u00f3n de cuerpos de reses sacrificadas. Los <em>balleneros <\/em>se inspiraron en los aportes del surrealismo franc\u00e9s y la poes\u00eda <em>beatnik <\/em>norteamericana para pronunciarse contra la indiferencia de la reci\u00e9n ca\u00edda dictadura militar\u2013apat\u00eda cuya continuaci\u00f3n vislumbraron con el reci\u00e9n instaurado proyecto democr\u00e1tico populista\u2014hacia \u201clas barriadas miserables, los basurales, la violencia legalizada, la brutalidad y la concupiscencia en el poder\u201d, seg\u00fan el an\u00e1lisis de \u00c1ngel Rama (en Porras 635-636).<\/p>\n\n\n\n<p>Otro escritor que inicia su creaci\u00f3n en esta \u00e9poca y que es considerado en su momento como \u201cantiescritor\u201d y su obra calificada como \u201cantiliteratura\u201d es Renato Rodr\u00edguez, quien en sus novelas <em>Al sur del Equanil <\/em>(1963) y <em>El bonche <\/em>(1976) construye personajes que se marginan a s\u00ed mismos de la sociedad, puesto que les resulta inconcebible la integraci\u00f3n a la misma. Los personajes de Rodr\u00edguez se sienten asqueados ante el sinsentido del creciente &nbsp;deterioro pol\u00edtico, la corrupci\u00f3n y el materialismo. Como respuesta evasiva a la realidad local, o bien perpet\u00faan su desarraigo en el exilio o bien pierden la raz\u00f3n (Casique 609).<\/p>\n\n\n\n<p>El predominio de la negatividad en la narrativa venezolana perdura en las d\u00e9cadas subsiguientes, como argumenta Beatriz Gonz\u00e1lez en torno a la literatura de las d\u00e9cadas de los setenta y ochenta, cargada de \u201cim\u00e1genes que giran alrededor de la muerte, el vac\u00edo, las persecuciones, el fracaso, la soledad, el hundimiento (\u2026), la polarizaci\u00f3n cielo-infierno, el suicidio, la b\u00fasqueda, el tiempo estancado, la asfixia, la enajenaci\u00f3n\u201d (Gonz\u00e1lez en Casique 622). Entretejidas con el tema del pesimismo, las b\u00fasquedas est\u00e9ticas del lenguaje contin\u00faan, como en <em>El mago de la cara de vidrio <\/em>(1975) y <em>Mascarada <\/em>(1978)\u2013ambas de Eduardo Liendo\u2014donde predomina la farsa y las alegor\u00edas ligadas a la sociedad de consumo y a las \u201cmonsergas existencialistas de la \u00e9poca\u201d (Medina 759).<\/p>\n\n\n\n<p>Seg\u00fan el cr\u00edtico y escritor venezolano Luis Barrera Linares (809-810), en los a\u00f1os ochenta, con la diversidad tanto formal como tem\u00e1tica que caracteriz\u00f3 ese periodo, se fundan las bases de la literatura finisecular y se aprecia una revitalizaci\u00f3n de las letras. Los nuevos narradores comienzan a cultivar g\u00e9neros y temas nuevos o muy poco trabajados por autores anteriores: novela corta, cuento extenso, novela policial, de aventuras, de terror, de ciencia ficci\u00f3n, y, entre los temas, la cr\u00edtica sat\u00edrica a los ideales revolucionarios de los sesenta, as\u00ed como la representaci\u00f3n recurrente de lo cotidiano o lo familiar. C\u00e9sar Chirinos con <em>Mezclaje <\/em>(1987) y Denzil Romero con <em>Parece que fue ayer <\/em>(1991) llevan, seg\u00fan Medina (761) la abyecci\u00f3n a extremos y sus personajes, seres insustanciales y mediocres, se refugian en un presente caracterizado por un \u201cmorboso hedonismo\u201d (esta fascinaci\u00f3n por el presente ser\u00e1, seg\u00fan se ver\u00e1 m\u00e1s adelante, un rasgo caracter\u00edstico de la ficci\u00f3n venezolana de principios del siglo XXI).<\/p>\n\n\n\n<p>En las dos \u00faltimas d\u00e9cadas del siglo XX\u2013hecho extensivo a la primera d\u00e9cada del XXI\u2014la narrativa escrita por mujeres sobresale por la abundancia de sus publicaciones y por la calidad est\u00e9tica (Rivas 723). M\u00e1s all\u00e1 de su complejidad y sofisticaci\u00f3n est\u00e9tica, <em>Memorias de una antigua primavera <\/em>(1989), de Milagros Mata Gil, <em>Vagas desapariciones <\/em>(1995) y <em>Los<\/em> <em>\u00faltimos espectadores del acorazado Potemkin <\/em>(1999), ambas de Ana Teresa Torres, y <em>Rapsodia <\/em>(2000) de Gisela Kozak, por ejemplo, comparten su abordaje de los temas de la violencia, la desidia, la decadencia, el desvanecimiento de la memoria hist\u00f3rica, el fracaso de los proyectos de modernidad del pa\u00eds y la incertidumbre del sujeto en un mundo ca\u00f3tico.<\/p>\n\n\n\n<p>En el a\u00f1o 2010, el escritor y cr\u00edtico literario Miguel Gomes discierne un ciclo narrativo que se ha ido cristalizando desde la aparici\u00f3n del presente Hugo Ch\u00e1vez en la vida p\u00fablica en 1992 y que se consolida durante la primera d\u00e9cada del siglo XXI. Esta narrativa, la que Gomes (834) llama \u201cf\u00e1bulas del deterioro\u201d, se caracteriza seg\u00fan su an\u00e1lisis por la captura neoexpresionista de im\u00e1genes de noche y tinieblas para evocar el sentir del pa\u00eds en su inserci\u00f3n en el nuevo milenio.<\/p>\n\n\n\n<p>El cr\u00edtico vincula los siguientes autores y t\u00edtulos con este ciclo narrativo: <em>Solo quiere que amanezca <\/em>(cuentos, 2002), de \u00d3scar Marcano; <em>Tambi\u00e9n el coraz\u00f3n es un descuido <\/em>(2001) y <em>La enfermedad <\/em>(2006), ambas novelas de Alberto Barrera; <em>Falsas apariencias <\/em>(cuentos, 2004), de Sonia Chocr\u00f3n; <em>Pecados de la capital <\/em>(cuentos, 2005) y <em>Latidos de Caracas <\/em>(novela, 2007), de Gisela Kozak; <em>Nocturama <\/em>(novela, 2006) de Ana Teresa Torres y <em>Fractura <\/em>(cuentos, 2006) de Antonio L\u00f3pez Ortega, grupo al que tal vez cabr\u00eda agregar a Francisco Suniaga y su novela <em>La otra isla <\/em>(2005).<\/p>\n\n\n\n<p>Gomes asegura que estos escritores han actualizado el legado literario de Salvador Garmendia, cuyos universos viscerales de personajes ins\u00f3litos, deformes, habitantes de espacios ruinosos, en permanente decaimiento, como cuadros pict\u00f3ricos expresionistas, fueron objeto de estudio de \u00c1ngel Rama (en Gomes 834). En esta actualizaci\u00f3n, se insin\u00faa que realmente nada ha cambiado mucho y que \u201clos escombros (\u2026) que Garmendia percib\u00eda en plena era de derroche petrolero \u2013la popularmente llamada \u2018Venezuela saudita\u2019 de los sesenta y setenta\u2014siguen siendo los de hoy, cuando oficialmente se asevera el triunfo de nuevos valores \u2013los de (\u2026) la \u2018Revoluci\u00f3n Bolivariana\u2019 (\u2026)\u201d (Gomes 835). El espacio narrativo de estas obras es, por lo general, la ciudad de Caracas, que funciona como un ambiente de \u201cabyecci\u00f3n exasperada\u201d caracterizada por la asfixia, la desconfianza entre conciudadanos y el delirio, con tintes naturalistas y tambi\u00e9n en remembranza del modernismo de Manuel D\u00edaz Rodr\u00edguez, apunta Gomes.<\/p>\n\n\n\n<p>La novelista y cr\u00edtica literaria venezolana Ana Teresa Torres (\u201cCuando la literatura\u201d917) &nbsp;se\u00f1ala otro elemento relevante de las escrituras finiseculares, que se perpet\u00faa a lo largo de la primera d\u00e9cada del siglo XXI, y es que \u201cel cuerpo\u201d de la literatura venezolana es aprehensible, en el fin del siglo pasado y comienzos del nuevo, desde la dispersi\u00f3n colectiva de los escritores, muchos de quienes cristalizan su producci\u00f3n creativa desde otras latitudes. Torres advierte que ya no es preciso pensar en un repertorio de \u201csignos nacionales de los textos\u201d sino m\u00e1s bien en imaginarios: una red o tapiz sobre los que se inscribe la escritura. La pertenencia del escritor deja de ser geogr\u00e1fica\/territorial y pasa a ser espiritual.<\/p>\n\n\n\n<p>Son los casos, por ejemplo, de Juan Carlos M\u00e9ndez Gu\u00e9dez, autor de <em>Una tarde con campanas <\/em>(2004) y <em>Tal vez la lluvia <\/em>(2009); Juan Carlos Chirinos, autor de <em>Homero haciendo <\/em>Zapping (2003) y <em>El ni\u00f1o malo cuenta hasta cien y se retira <\/em>(2004), y Eduardo S\u00e1nchez Rugeles, autor estudiado en esta tesis. Todos tienen en com\u00fan el hecho de vivir en Espa\u00f1a y, desde all\u00ed, dejar permear en su obra el tema de la di\u00e1spora migratoria del venezolano debido a las dificultades de integraci\u00f3n en la sociedad vigente y el subsiguiente desarraigo que ello implica.<\/p>\n\n\n\n<p>En t\u00e9rminos est\u00e9ticos formales, tal vez el rasgo m\u00e1s com\u00fan que comparten la mayor\u00eda de los escritores venezolanos de fin de siglo XX y comienzos del XXI es su adhesi\u00f3n a las formas del presente, al registro de la cotidianeidad: un tipo de \u201chistoricidad\u201d fascinada con las experiencias inmediatas y renuente a reflexionar sobre el pasado como tarea necesaria para comprender el presente y proyectar el futuro, tendencia com\u00fan a las escrituras latinoamericanas de fin de siglo, como argumentan Ludmer en \u201cLiteraturas postaut\u00f3nomas\u201d y la tambi\u00e9n cr\u00edtica literaria argentina Beatriz Sarlo durante su entrevista con Kolesnicov. &nbsp;El rasgo, a su vez, se inscribe dentro de la din\u00e1mica de la postmodernidad, en la que las expresiones literarias\/art\u00edsticas se sensibilizan hacia las demandas culturales del mercado de consumo masivo y las formas est\u00e9ticas transmitidas por los medios tecnificados.<\/p>\n\n\n\n<p>Ya en la d\u00e9cada de los 90, en la escena latinoamericana, los escritores chilenos Alberto Fuguet \u2013autor de <em>McOndo <\/em>(1996)\u2014y Roberto Bola\u00f1o, ganador de los premios Herralde (1998) y R\u00f3mulo Gallegos (1999) por su novela <em>Los detectives salvajes <\/em>(1998) han reflexionado en sus obras sobre la influencia de las formas medi\u00e1ticas globalizadas sobre la literatura y, Bola\u00f1o particularmente, en su cr\u00edtica metadiscursiva, sobre la p\u00e9rdida de autonom\u00eda, institucionalidad y lenguaje po\u00e9tico de la literatura, y su transmutaci\u00f3n en una expresi\u00f3n del presente cotidiano, de la vida misma en su sentido m\u00e1s \u201cvisceral\u201d. Las nuevas hornadas de escritores latinoamericanos \u2013no necesariamente los m\u00e1s j\u00f3venes nacidos en las d\u00e9cadas de los setenta y ochenta, sino tambi\u00e9n muchos nacidos en los sesenta\u2014han continuado en su exploraci\u00f3n de lo cotidiano, los registros de \u00e9poca, la cr\u00edtica autorreflexiva hacia la literatura y su papel en la era vigente y la mimetizaci\u00f3n con expresiones de la cultura masiva.<\/p>\n\n\n\n<p>Pero tal vez el rasgo com\u00fan a los m\u00e1s j\u00f3venes es que sus obras, como apunta Sarlo en entrevista con Kolesnicov, no s\u00f3lo est\u00e1n muy sensibilizadas hacia las expresiones de los medios de comunicaci\u00f3n tradicionales como la radio, la televisi\u00f3n, el cine y la publicidad, sino sobre todo hacia las formas textuales de las nuevas tecnolog\u00edas: \u201cA comienzos del siglo XXI, la novela encuentra en cierta tecnolog\u00eda \u2013b\u00e1sicamente de Internet, como el blog y el chat\u2014un tipo de discursividad que no estaba en la ficci\u00f3n. La novela (\u2026) puede comenzar en un blog\u201d. Sarlo inscribe en este grupo a los j\u00f3venes argentinos Romina Paula (1979), autora de <em>\u00bfVos me quer\u00e9s a m\u00ed? <\/em>(2005), Gonzalo Castro (1972), autor de <em>Hidrograf\u00eda dom\u00e9stica <\/em>(2004) y Iosi Havilio (1974), autor de <em>Opendoor <\/em>(2006). Otros escritores latinoamericanos cuyas obras revelan, en mayor o menor medida, todos estos rasgos finiseculares y de comienzos de siglo son el chileno Alejandro Zambra (1975) con sus novelas <em>Bons\u00e1i <\/em>(2006) y <em>La vida privada de los \u00e1rboles <\/em>(2007), como tambi\u00e9n los mexicanos Daniel Krauze (1982) con <em>Cuervos <\/em>(2007) y <em>Fiebre <\/em>(2010) y Heriberto Y\u00e9pez (1974) con <em>A.B.U.R.T.O <\/em>(2005) y <em>Al otro lado <\/em>(2008).<\/p>\n\n\n\n<p>En Venezuela, junto con Eduardo S\u00e1nchez Rugeles otros j\u00f3venes se inquietan ante las nociones de \u201cfracaso\u201d y \u201cdecadencia\u201d desde esta est\u00e9tica formal: Rodrigo Blanco Calder\u00f3n (1981), autor de las colecciones de cuentos <em>Una larga fila de hombres <\/em>(2005), <em>Los invencibles <\/em>(2007) y <em>Las rayas <\/em>(2011); Mario Morenza (1982), autor de <em>La senda de los di\u00e1logos perdidos <\/em>(2008); Enza Garc\u00eda Arreaza (1987), autora de <em>El bosque de los abedules <\/em>(cuentos, 2010) y Liliana Lara (1971), autora de <em>Los jardines de Salom\u00f3n <\/em>(cuentos, 2007).<\/p>\n\n\n\n<p><strong>Referencia de las obras citadas<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>Medina, Celso. \u201cDe la novela de la idea a la novela carnavalesca\u201d. Pacheco, Barrera y Gonz\u00e1lez 751-762.<\/p>\n\n\n\n<p>Boh\u00f3rquez, Douglas. \u201cNovela de formaci\u00f3n y formaci\u00f3n de la novela en los inicios del siglo XX\u201d. Pacheco, Barrera y Gonz\u00e1lez 189-200.<\/p>\n\n\n\n<p>Rojo, Violeta. \u201cMemoria y recuerdo: el pa\u00eds desde la literatura autobiogr\u00e1fica durante el gomecismo\u201d. Pacheco, Barrera y Gonz\u00e1lez 537-548.<\/p>\n\n\n\n<p>Infante, \u00c1ngel Gustavo. \u201cEst\u00e9tica de la rebeli\u00f3n: los manifiestos literarios\u201d. Pacheco, Barrera y Gonz\u00e1lez 407-413.<\/p>\n\n\n\n<p>Miliani, Domingo. <em>Arturo Uslar Pietri: renovador del cuento venezolano. <\/em>Caracas: Monte \u00c1vila Editores, 1969.<\/p>\n\n\n\n<p>Gonz\u00e1lez, Beatriz. Barrabas de Arturo Uslar Pietri en la Venezuela de1928. Revista de Cr\u00edtica Literaria Latinoamericana. 6.11 (1980): 47-63.<\/p>\n\n\n\n<p>Campos, Miguel \u00c1ngel. \u201cLa novela, el tema del petr\u00f3leo y otros equ\u00edvocos\u201d. Pacheco, Barrera y Gonz\u00e1lez 479-491.<\/p>\n\n\n\n<p>Casique, Iraida. \u201cModelos de intelectualidad marginal en la narrativa de los sesenta y setenta\u201d. Pacheco, Barrera y Gonz\u00e1lez 605-624.<\/p>\n\n\n\n<p>Rivas, Luz Marina. \u201c\u00bfQu\u00e9 es lo que traman ellas?: Nuestras narradoras\u201d. Pacheco, Barrera y Gonz\u00e1lez 711-728.<\/p>\n\n\n\n<p>Porras, Mar\u00eda del Carmen. \u201cTres revistas literarias de los a\u00f1os sesenta y el problema de la cultura nacional\u201d. Pacheco, Barrera y Gonz\u00e1lez 625-640.<\/p>\n\n\n\n<p>Barrera Linares, Luis. \u201cLlegaron los ochenta: confluencia y diversidad en la narrativa finisecular\u201d. Pacheco, Barrera y Gonz\u00e1lez 801-818.<\/p>\n\n\n\n<p>Gomes, Miguel. \u201cModernidad y abyecci\u00f3n en la nueva narrativa venezolana\u201d. <em>Revista Iberoamericana <\/em>76.232 (2010): 821-836.<\/p>\n\n\n\n<p>Torres, Ana Teresa. \u201cCuando la literatura venezolana entr\u00f3 en el siglo XXI\u201d. Pacheco, Barrera y Gonz\u00e1lez 911-925.<\/p>\n\n\n\n<h6 class=\"wp-block-heading\">*Extracto de la tesis \u201cLiteratura venezolana de la primera d\u00e9cada del siglo XXI: la narrativa de Eduardo S\u00e1nchez Rugeles\u201d (2011).<\/h6>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Belkis Barrios La literatura venezolana del siglo XX y la primera d\u00e9cada del siglo XXI refleja una preocupaci\u00f3n recurrente por los temas de la decadencia sociopol\u00edtica, el fracaso de la naci\u00f3n y su proyecto modernizador, las fracturas de la memoria hist\u00f3rica y el desarraigo identitario. 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