{"id":6057,"date":"2022-09-06T16:00:48","date_gmt":"2022-09-06T16:00:48","guid":{"rendered":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/?p=6057"},"modified":"2024-06-20T00:00:02","modified_gmt":"2024-06-20T00:00:02","slug":"todo-un-pueblo","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/todo-un-pueblo\/","title":{"rendered":"Todo un pueblo (cap\u00edtulo VIII)"},"content":{"rendered":"<h4 style=\"text-align: right;\">Miguel Eduardo Pardo<\/h4>\n<p>Desigual, empinada, locamente retorcida sobre la falda de un cerro, rota a trechos por espont\u00e1neos borbotones de fronda, pudiendo apenas sostenerse en los estribos de sus puentes; caldeada por un irritante y eterno sol de verano; sacudida a temporadas por espantosos temblores de tierra; castigada por lluvias torrenciales, por inundaciones inclementes; bullanguera, revolucionaria y engre\u00edda, era Villabrava una ciudad original, con puntas y ribetes de pueblo europeo, a pesar de sus calles estrechas y de sus casas rechonchas, llenas de flores y de moho.<\/p>\n<p>El modernismo le suprimi\u00f3 lo mejor de sus primitivas costumbres, para darle, en cambio, muchos otros usos, de esos que la civilizaci\u00f3n decreta en todas partes.<\/p>\n<p>De aqu\u00ed que, pose\u00eddos de un sagrado, respetabil\u00edsimo orgullo, que nadie -que nosotros sepamos- se ha atrevido a\u00fan a contrariar, los villabravenses creyeran a pies juntillas que, merced a estos adelantos, su capital pod\u00eda establecer comparaciones de belleza con las m\u00e1s hermosas del mundo, aunque algunos esp\u00edritus incr\u00e9dulos lo negaban <em>sotto voce<\/em>, como si temiesen ser o\u00eddos de ciertos peri\u00f3dicos que elogiaban los m\u00e9ritos de la gloriosa poblaci\u00f3n, como los diarios portugueses a Lisboa: <em>O terror de Par\u00eds<\/em>.<\/p>\n<p>Esta inexorable opini\u00f3n robustec\u00edanla con frecuencia los incontables excelsos escritores que esgrim\u00edan en ocasiones solemnes sus \u00abbien tajadas\u00bb plumas en honor de la patria, unas veces defendiendo su dignidad cuando alg\u00fan mal nacido la ultrajaba; otras, cuando precisaba festejar con su literatura pirot\u00e9cnica, uno de los muchos onom\u00e1sticos de h\u00e9roes, sabios y artistas ilustres con quienes se enorgullec\u00eda la fecunda villa.<\/p>\n<p>A m\u00e1s de estos sabios artistas y h\u00e9roes muertos, para quienes la palabra, el recitado y la canci\u00f3n de los oradores y los vates inflamables fueron siempre ofrendas p\u00e1lidas hechas a sus excelsitudes y renombres, ten\u00eda la privilegiada rep\u00fablica aquel centenar de maravillas que enumer\u00f3 con sus rubios, aristocr\u00e1ticos dedos don Anselmo Espinosa en el Club Criollo: carreteras y academias, ferrocarriles y ateneos, restaurantes y colegios, tiro al blanco y cerveza nacional, hip\u00f3dromo y Prensa peri\u00f3dica, catedrales romanas y tranv\u00edas modelos.<\/p>\n<p>La mayor parte de estas citadas maravillas -dicho sea sin la punzante iron\u00eda que la malicia querr\u00e1 de fijo descubrir en nuestro sencillo lenguaje-, fueron obras de un famoso caudillo a quien llamaban \u00abel tremendo nivelador\u00bb, y cuya mano vigorosa, al par que progresista, supo construirlas a despecho de los fan\u00e1ticos, sobre los escombros de una secular hilera de conventos.<\/p>\n<p>Bajo sus ces\u00e1reas, pero oportun\u00edsimas \u00f3rdenes, en aquel pueblo habituado al desbarajuste, marcharon siempre temblando y sin chistar, administradores, diputados, jueces, ministros, presidentes y secretarios, c\u00f3nsules, agentes, alcaides de c\u00e1rcel, prefectos, gobernadores y hasta comisarios de Polic\u00eda.<\/p>\n<p>A los jefes levantiscos que se la pasaban dando carreras del club conspirador al monte vecino, para armar revoluciones y comerse las terneras y las gallinas que encontraban al paso, porque no les dejaban la presidencia o cosa as\u00ed, aquel inexorable reformador los someti\u00f3 bajo su mano de hierro, y llev\u00f3 de esta manera la tranquilidad a los pueblos que, distanciados de la capital, viv\u00edan con el alma en un hilo, en espera del general reci\u00e9n \u00abalzado\u00bb.<\/p>\n<p>Ni un solo d\u00eda dej\u00f3 de sentirse su poder en Villabrava. Hombre pol\u00edtico, sagaz, diplom\u00e1tico, en\u00e9rgico, activo, gran se\u00f1or, algo teatral y algo jactancioso en su porte y en sus mismas costumbres, pero conocedor profundo del car\u00e1cter de la gente que mandaba, era el \u00fanico jefe capaz de someter y hacer temblar a aquel pueblo pendenciero y alborotador, incorregible y medio loco.<\/p>\n<p>Villabrava enaltecida era \u00e9l; la ciudad, y con la ciudad la naci\u00f3n entera, le pertenec\u00edan. Los m\u00e1s peque\u00f1os detalles de la vida del pa\u00eds pasaron frecuentemente en notas y apuntes curios\u00edsimos por su despacho presidencial, y como se met\u00eda en todo, todo lo cambi\u00f3; acab\u00f3 y arras\u00f3 con una multitud de cosas feas.<\/p>\n<p>Entre ellas, suprimi\u00f3 unas tradicionales, desaforadas carreras de novillos en la v\u00eda p\u00fablica, que a\u00fan echan de menos las damas y caballeros apegados al salvajismo de su \u00e9poca.<\/p>\n<p>Para las dichas famosas carreras, las calles m\u00e1s c\u00e9ntricas se colgaban de cintas, papeles y banderolas; las muchachas se pon\u00edan a la ventana, los galanes emocionados pasaban y repasaban sobre fogosos corceles por delante de ellas, dirigi\u00e9ndoles miradas incendiarias. Luego romp\u00eda la orquesta, colocada <em>ad hoc<\/em> sobre un templete; se disparaban cien cohetes a la vez, se abr\u00eda el encierro y sal\u00eda el toro mugiendo&#8230;<\/p>\n<p>Los jinetes, que lo esperaban a la salida, corr\u00edan en tropel detr\u00e1s del infeliz; le echaban mano a la cola por medio de un movimiento <em>heroico,<\/em> al galopar del caballo, y de pronto \u00a1zas!, desnucaban al novillo frente a la dama de sus pensamientos. Y \u00e9sta, satisfecha, orgullosa, entusiasmada por tan \u00e9pica prueba de valent\u00eda y de amor, adornaba y coronaba al medioeval y medio-bruto caballero, que sal\u00eda dando saltos por todo el largo de la calle, entre los furiosos aplausos de la multitud.<\/p>\n<p>Con lo que no pudo acabar el tremendo nivelador fue con las feroces ri\u00f1as de gallos. A\u00fan subsisten y ejercen en ellas de galleros eminentes muchos altos personajes de la pol\u00edtica. Dicho sea esto en honor de la levantisca raza. Porque es hora de advertir que no siempre estaban los villabravenses dispuestos a acatar las \u00f3rdenes del ilustre dictador.<\/p>\n<p>A veces soplaba el viento de la rebeli\u00f3n y encrespaba el esp\u00edritu de la gente moza, que no quer\u00eda reconocer el origen divino de aquella suprema autoridad. Pero entonces ard\u00eda Troya. El \u00abtremendo\u00bb se estremec\u00eda de furor, enarcaba las cejas, daba una patada formidable, y con un solo grito, con una sola interjecci\u00f3n a tiempo, en las cuales interjecciones fue \u00e9l siempre algo ol\u00edmpico, pon\u00eda t\u00e9rmino y fin a las m\u00e1s temibles y populacheras desobediencias.<\/p>\n<p>Los que protestaban del grito ol\u00edmpico iban sin m\u00e1s contemplaciones ni distingos a la c\u00e1rcel. Y mientras tanto, el encolerizado jefe no perd\u00eda minuto, porque as\u00ed como era violento de car\u00e1cter, era emprendedor y genial. Sobre una ruina fabricaba un palacio, sobre un basurero levantaba un paseo, sobre el embovedado de un r\u00edo una avenida. Fund\u00f3 colegios, bancos, hospitales, universidades&#8230; y extermin\u00f3 al caciquismo.<\/p>\n<p>As\u00ed march\u00f3 la rep\u00fablica villabravense, regenerada en parte, halagada, respetada, prometiendo un gran porvenir a los amantes del verdadero progreso y de la civilizaci\u00f3n s\u00f3lida, permanente y bella.<\/p>\n<p>Pero el autor de todo esto, muy superior a su tiempo y a los suyos, harto ya de lidiar con aquel pa\u00eds, de quien otro grande hombre dijo que era <em>ingobernable,<\/em> y que por ende lo mejor que all\u00ed pod\u00eda hacerse era <em>emigrar,<\/em> opt\u00f3 por la expatriaci\u00f3n voluntaria e indefinida, precisamente cuando el pa\u00eds m\u00e1s necesitado andaba de su dictatorial inteligencia.<\/p>\n<p>Desde aquel punto y hora puede decirse que los villabravenses no resolvieron ning\u00fan problema. Y merced a esta inesperada situaci\u00f3n, se declar\u00f3 all\u00ed una espantosa enfermedad moral, que los alienistas del esp\u00edritu diagnosticaron de \u00abfiebre de libertad desaforada\u00bb; fiebre que se agarr\u00f3 a la sangre y produjo los m\u00e1s raros fen\u00f3menos de alegr\u00eda y tristeza a la vez.<\/p>\n<p>Les ocurri\u00f3 a los hombres de Villabrava, en esta ocasi\u00f3n, lo mismo que a esos muchachos que pasan r\u00e1pidamente del colegio a la universidad en solicitud de un bachillerato prematuro; el bachillerato se les sube a la cabeza, los emborracha y cometen cada barbaridad que tiembla el misterio.<\/p>\n<p>Unida esta libertad al valor caracter\u00edstico del pueblo bravuc\u00f3n, los \u00e1nimos se enardec\u00edan all\u00ed con harta frecuencia. Cuando hab\u00eda que elegir, por ejemplo, al presidente de la Rep\u00fablica, se fundaban peri\u00f3dicos terribles, en los que se propinaban los electores de ambos bandos insultos feroces, zarandeando de paso las respectivas existencias de los candidatos.<\/p>\n<p>El jefe del partido colorado -escrib\u00eda un peri\u00f3dico azul- es un pillo que rob\u00f3 el a\u00f1o 70 tres millones de duros.<\/p>\n<p>\u00a1Miente! -arg\u00fc\u00eda el contrario- miente tres veces el papel rojo al asentar en su edici\u00f3n de ayer que nuestro esclarecido candidato es un pillo. \u00a1El pillo es el vuestro, <em>miserables<\/em>!<\/p>\n<p>Y en empezando, ya se sabe: arm\u00e1base en Villabrava de tal modo y manera la refriega, que tocaba Dios a juicio. Se lanzaban a la calle hojas inmensas, monumentales, extraordinarias, del color del partido que defend\u00edan, con grandes t\u00edtulos y menudas firmas de vivos y de muertos, de vagabundos y de hombres honrados juntamente. De las redacciones se sal\u00eda en pandillaje pavoroso, en son de desaf\u00edo y de combate, pidiendo v\u00edctimas, clamando venganza, olfateando sangre. Pero jam\u00e1s se dio el caso de que llegara la sangre de los exaltados, fuertes y valerosos paladines, a ninguna parte, a pesar del c\u00famulo de ultrajes que de ambos bandos se dispensaban sus respectivos directores.<\/p>\n<p>Hab\u00eda directores de pasta-flora, a quienes no les agradaba la bullanga, y hab\u00eda otros muy nerviosos, dispuestos siempre al duelo a muerte: a espada, al sable, \u00a1a lo que quiera el adversario! -exclamaban, airados, echando fuego por los ojos-, y por ende ven\u00edan al punto las tremendas gestiones de honor que para tales casos se ponen en pr\u00e1ctica.<\/p>\n<p>Mas lo corriente era arreglar el asunto en pleno arroyo. Donde los endiablados matones se encontraban, all\u00ed se saludaban a tiros. Porque los villabravenses, como eran, o son, as\u00ed, tan valerosos, andan siempre armados hasta los dientes.<\/p>\n<p>A ponerse un rev\u00f3lver sobre los ri\u00f1ones es lo primero que aprenden esos muchachos; y creciditos ya, aunque imberbes, con su arma en el bolsillo trasero del pantal\u00f3n, se creen unos entes sobrenaturales a quienes Dios env\u00eda al mundo para terror de sus semejantes.<\/p>\n<p>De aqu\u00ed que, hechos hombres, los villabravenses adquieran cierto modo de andar fanfarronesco, tirado el pecho hacia adelante y la cabeza muy alta; el ce\u00f1o fruncido, la expresi\u00f3n desde\u00f1osa y el mirar descarado, fijo, inquisitorial, casi hostil, como si fueran a pegarle a la persona que miran.<\/p>\n<p>No obstante, era en ocasiones muy buena y muy unida aquella gente. Sub\u00eda al Poder, verbigracia, uno de los sujetos zarandeados en las elecciones presidenciales, y los mismos terribles bandos pol\u00edticos que meses antes lo pusieron y se pusieron unos a otros de vuelta y media, olvidaban sus agravios, se confund\u00edan en fraternal abrazo y sal\u00edan juntos y felices a pedir goller\u00edas, es decir, ministerios, aduanas, direcciones, arzobispados, secretar\u00edas de legaci\u00f3n y consulados y agencias especiales, en premio de sus correspondientes m\u00e9ritos y sacrificios.<\/p>\n<p>Y ocurr\u00eda con frecuencia que los premiados eran, por exigencias de alta pol\u00edtica -seg\u00fan la frase usual-, los enemigos y contrarios del que mandaba. Y estos contrarios y enemigos, que en su elecci\u00f3n hab\u00edan puesto todo el odio de sus almas, pon\u00edan luego todo su cari\u00f1o patri\u00f3tico a los pies del elegido y le formaban escolta y te hac\u00edan reverencias y lo mareaban a pedidos y basta se tiraban escaleras abajo si <em>\u00e9l<\/em> quer\u00eda un cigarro, un vaso de agua u otra cosa cualquiera.<\/p>\n<p>Sujeto hubo, all\u00e1 por las \u00e9pocas del \u00abtremendo nivelador\u00bb de marras, que en perspectiva de un empleo sali\u00f3 loco y trajo la jofaina de un lavabo para satisfacer la sed presidencial; y hubo ministro que, a trueque de ser aplastado por su coche, se sal\u00eda de \u00e9l primero que los dem\u00e1s, para tener el honor de abrirle la portezuela antes que lo hiciera el lacayo.<\/p>\n<p>Lo cual no era obst\u00e1culo para que si el presidente se ca\u00eda del sill\u00f3n gubernamental, por no sentarse en \u00e9l como Dios mandaba, lo llamasen p\u00edcaro y sinverg\u00fcenza, a las veinticuatro horas de ca\u00eddo.<\/p>\n<p>En Villabrava, cuando las cuestiones no se arreglaban a patatazos, a revoluciones y a tiros, se terminaban por medio de cert\u00e1menes, medallas, premios y diplomas. De las <em>juergas<\/em> pol\u00edticas, motines y carreritas con la Polic\u00eda por las calles, se pasaba a las serenatas, a las ovaciones y a los v\u00edtores con la mayor facilidad.<\/p>\n<p>Un poeta cualquiera, supongamos un poeta fren\u00e9tico, de los muchos que se usan en la gentil ciudad, juraba en clamoroso verso que Villabrava era la patria de:<\/p>\n<p><em>Los flamantes triunfos legendarios;<\/em><\/p>\n<p><em>\u00a0la patria bendecida;<\/em><\/p>\n<p><em>\u00a0la que fue a despertar a los c\u00f3ndores<\/em><\/p>\n<p><em>en la monta\u00f1a ungida&#8230;<\/em><\/p>\n<p>Organiz\u00e1base al punto una apoteosis despampanante, en la cual apoteosis, despu\u00e9s de coronar y amedallar al hom\u00e9rico poeta, otros poetas m\u00e1s o menos \u00abhomeros\u00bb y esforzados, cog\u00edan la ocasi\u00f3n por los cabellos para rendirse a s\u00ed mismos tributos de admiraci\u00f3n y agradecimiento, en una ristra de d\u00e9cimas plet\u00f3ricas de \u00abripios patrios\u00bb, que dejaban conmovida a la naci\u00f3n por mucho tiempo.<\/p>\n<p>Y esta naci\u00f3n tan sensible a la literatura pirot\u00e9cnica, apenas si sent\u00eda un ligero estremecimiento de horror cuando, al leer sus peri\u00f3dicos, se encontraba con una sarta de cr\u00edmenes monstruosos, de esos cr\u00edmenes que, por m\u00e1s que los aten\u00faen algunos p\u00edos y ben\u00e9volos antrop\u00f3logos, representar\u00e1n a todas horas el verdadero estado psicol\u00f3gico de un pa\u00eds.<\/p>\n<p>Apenaba el desd\u00e9n, el mismo estilo guas\u00f3n y casi imp\u00fadico que usaba la Prensa para hablar de un \u00abdescabezamiento\u00bb, de una mujer acribillada a tiros, de un hombre cosido a pu\u00f1aladas, de un estupro <em>bizantino <\/em>y de un deg\u00fcello&#8230; Eran dignos de estudio los comentarios period\u00edsticos, y sobre todo los t\u00edtulos que aplicaban a semejantes horrores: \u00ab\u00a1Caracoles, carambita, atiza, chico, demonio!\u00bb \u00a1Anda con ese!<\/p>\n<p>Esto que resulta trivial, fr\u00edvolo y hasta est\u00fapido, es, escudri\u00f1ado y ahondado, la m\u00e1s dolorosa prueba de la descomposici\u00f3n social de un pueblo entero. \u00a1Si por algo dijo uno de los pocos autorizados diarios de Villabrava!: \u00abAqu\u00ed no hay justicia. Pero aun habi\u00e9ndola, las leyes son impotentes cuando el coraz\u00f3n de un pa\u00eds est\u00e1 corrompido como el nuestro, \u00a1corrompido hasta la m\u00e9dula!\u00bb<\/p>\n<p>Por otra parte, tenemos ya como cosa averiguada -aunque otra suposici\u00f3n viva y se anide en m\u00e1s de un esp\u00edritu intransigente-, que en Villabrava empezaba a luchar la juventud por el triunfo de las reformas que los modernos tiempos exig\u00edan.<\/p>\n<p>Tan bien fundada es esta creencia que, <em>por mor<\/em> de sus levantadas ideas y de sus constantes viajes a Europa, de donde ven\u00edan hablando un idioma delicioso que no hab\u00eda por donde cogerlo de puro babil\u00f3nico, empezaron a escasear las c\u00edvicas revueltas que peri\u00f3dicamente fomentaban los eternos, valerosos e incorregibles enemigos de todo Gobierno que surg\u00eda.<\/p>\n<p>Por iniciativa de esa previsora juventud se reformaron algunos edificios deteriorados de antiguo, se construyeron cloacas, quioscos y urinarios p\u00fablicos; se sembraron \u00e1rboles en las mejores calles, para el sostenimiento de la higiene descuidada, y entre las muchas cosas buenas que se reformaron all\u00ed, la Marina y el Ej\u00e9rcito obtuvieron inusitados privilegios.<\/p>\n<p>La Marina recibi\u00f3 un refuerzo de siete \u00ablanchas\u00bb ca\u00f1oneras que eran el terror de los acorazados ingleses, y se nombr\u00f3 almirante de la escuadra a un se\u00f1or que se mareaba. Se levantaron en los m\u00e1s importantes puertos fortalezas de sacos de arena que, vistas de lejos, infund\u00edan pavor al enemigo.<\/p>\n<p>Y se organiz\u00f3 el Ej\u00e9rcito de tal modo, que los soldados, capitanes, tenientes coroneles y jefes de m\u00e1s alta graduaci\u00f3n, vest\u00edan como les daba la gana, improvisando cada quisque su equipo militar como le vino en gana. Y los componentes de un batall\u00f3n se armaban a la diabla: \u00e9stos de pu\u00f1ales, aqu\u00e9llos de fusiles de chispa, los otros de r\u00e9mington, y los de m\u00e1s all\u00e1 de escopeta de caza. En cuanto a limpieza, no hab\u00eda por qu\u00e9 quejarse.<\/p>\n<p>Ya no se levantaban aquellas nubes de polvo que, avanzando en todas direcciones, pon\u00edan en libre circulaci\u00f3n por las aceras las inmundicias del arroyo, convirtiendo a la Florencia indiana, como llamaban a Villabrava, en un verdadero T\u00e1nger criollo. El Municipio trajo mangas de riego y escobas mec\u00e1nicas de Europa. Los cocheros se vest\u00edan de limpio; la Polic\u00eda, de lujo. Se suprimieron los burros de carga, que eran algo as\u00ed como un padr\u00f3n de ignominia para la capital, y con muy buen acierto el gobernador prohibi\u00f3 a las mujeres p\u00fablicas que anduviesen desgre\u00f1adas y en chancletas por los alrededores de la Plaza Central, en las noches de retreta.<\/p>\n<p>En este ramo de la civilizaci\u00f3n, sobre todo la capital progres\u00f3 r\u00e1pidamente. Porque ciertas almas caritativas, de esas que ofician en los altares del amor libre, iniciaron hartas munificentes reformas en toda la l\u00ednea, a saber: la introducci\u00f3n de diez o doce rozagantes vestales robadas al bullicio del Bowery en Nueva York, y el refuerzo de unas cuantas m\u00e1s, escapadas de los laberintos de Montmartre, que es, en Par\u00eds, el barrio por excelencia para esta clase de conquistas.<\/p>\n<p>Las rozagantes hero\u00ednas fueron presentadas en determinados lugares p\u00fablicos como la flor y nata del elemento perfumado y liviano de las antedichas ciudades.<\/p>\n<p>Desde entonces hubo en Villabrava restaurantes de lujo donde se pagaba, seg\u00fan la cara del consumidor, de cincuenta a cien francos por cena. Menudearon los bailes de m\u00e1scaras en los teatros, las propinas de <em>\u00e0 louis<\/em>, las broncas nocturnas y las quiebras inesperadas de algunas casas de comercio.<\/p>\n<p>Relacionados con estos equitativos placeres se pod\u00edan contar, sobre poco m\u00e1s o menos, quince o veinte sitios de recreo, donde los villabravenses encontraban motivo para holgar. Entre ellos se distingu\u00eda, por su democr\u00e1tico concurso, el Club Criollo, que el lector conoce, y el Club Villabrava por lo contrario, es decir, porque en \u00e9ste s\u00f3lo entraban los magnates, los linajudos, los seres escogidos, sublimes, divinos e intocables de la nobleza.<\/p>\n<p>Para esa precisamente se fund\u00f3 el aristocr\u00e1tico circulito, para distanciarse del <em>C\u00edrculo Criollo<\/em>, donde los socios eran, por lo regular, pol\u00edticos, comerciantes, hacendados, escritores, periodistas, m\u00e9dicos y generales en abundancia.<\/p>\n<p>Bajando unos pelda\u00f1os m\u00e1s en la escala social, se encontraban los caf\u00e9s con salones para se\u00f1oras; en los salones de \u00abhombres solos\u00bb la asamblea, es claro, era h\u00edbrida, deliciosa, igual a todas horas, igual el barullo de copas, de carcajadas, de rodar de dados de <em>poker<\/em>, igual las conversaciones, igual todo&#8230;<\/p>\n<p>En un grupo de pol\u00edticos se mataban por si un general ten\u00eda o no ten\u00eda el bigote a lo V\u00edctor Manuel; y en una reuni\u00f3n de escritores de al lado, los que no se despellejaban se hac\u00edan la barba, por no hacerse otra cosa menos digna. \u00a1Oh!, la nueva generaci\u00f3n, dec\u00edan: un prodigio, una verdadera cosecha de artistas, de pensadores, de vates laureados; un arca de No\u00e9 tripulada de genios de toda especie.<\/p>\n<p>All\u00e1 m\u00e1s lejos, en tal cual mesa, se hablaba de alfileres de corbata, de perfumes ingleses, de guantes, de calcetines de seda, de pomada h\u00fangara, de camisas bordadas, de brillantina, de polvos de arroz y de jaboncillo de u\u00f1as. Como ustedes pueden ver, estas conversaciones son tan adorables, tan interesantes y las manejan con tales gestos de elegancia y primor los <em>smart<\/em>, <em>sportsmen<\/em> y <em>dandys<\/em> villabravenses, que nosotros, humild\u00edsimos ignorantes en indumentarias y <em>toilettes<\/em> arrebatadoras, nos resistimos a vaciarlas en las cuartillas, por temor de empalidecer su brillante colorido.<\/p>\n<p>All\u00ed ten\u00edan, a su vez, cabida los <em>C\u00fachares<\/em> modernos, y era de ver y o\u00edr c\u00f3mo los j\u00f3venes entendidos en achaques de tauromaquia, adoptaban graciosas actitudes de toreros, seg\u00fan el di\u00e1logo de <em>arranques,<\/em> pases, arrastres, quites y ver\u00f3nicas que ca\u00eda sobre la mesa.<\/p>\n<p>As\u00ed como el Caf\u00e9 Indiano era el refugio obligado de toda aquella dorada, afeitada y empolvada juventud, la Plaza Central fue, por muchos a\u00f1os, el baluarte inexpugnable de todo lo desocupado e in\u00fatil de la indolente capital. Y de la misma guisa que fueron arrojadas ignominiosamente las recusadas de la Sociedad, fueron saliendo de all\u00ed los sablistas de oficio, los m\u00fasicos ambulantes, los periodistas inservibles, etc., quedando posesionados de la invicta plaza los pol\u00edticos influyentes, los banqueros, la falange adinerada<sup>2<\/sup> del comercio que no conoc\u00eda otro idioma que el del\u00abalza y baja del bacalao\u00bb, y a quien Luis Acosta bautiz\u00f3 con el apodo de \u00abMantecaja adinerado\u00bb; los escritores, j\u00f3venes aspirantes a c\u00f3nsules, y los c\u00f3nsules aspirantes a ministros, algunas criadas de servir de casas ricas y los siete sabios de Villabrava, venerados y venerables sujetos que formaban corro aparte para \u00abdeliberar\u00bb, arreglar el pa\u00eds y cebarse ferozmente en el goce de una charla augusta, patriarcal&#8230; y acad\u00e9mica.<\/p>\n<p>Hab\u00eda una asociaci\u00f3n de padres de familia como las de Madrid; un Jockey-Club como el de Londres; un Bazar de Caridad como el de Par\u00eds; una Noche de moda como en la Habana y un teatro curios\u00edsimo que no ten\u00eda rival ni precedente, al cual teatro llamaban Coliseo y no ten\u00eda m\u00e1s que una fila de palcos, un piso de butacas y una cosa que sabe Dios por qu\u00e9 apellidaban para\u00edso; donde el human\u00edsimo reba\u00f1o villabravense, en lo mejor y m\u00e1s serio de una representaci\u00f3n, dejando paso franco a sus instintos, chillaba, silbaba, relinchaba y coceaba indistintamente, para aplaudir o protestar seg\u00fan su leal saber y entender.<\/p>\n<p>Dij\u00e9rase que en Villabrava el bufante populacho tomaba a empe\u00f1o vengarse de su triste condici\u00f3n de reba\u00f1o pateando desde arriba a la aristocracia pseudo-ilustre que ostentaba en los antepechos de los palcos sus riquezas y sus nombres. Mas, como dec\u00eda Juli\u00e1n Hidalgo, si la titulada aristocracia villabravense era una aristocracia de guardarrop\u00eda sin g\u00e9nesis conocido, el populacho era digno del an\u00e1lisis de un soci\u00f3logo despiadado.<\/p>\n<p>El Municipio aunaba al pueblo honrado con la plebe descamisada, y apenas si pon\u00eda los ojos en los barrios apartados, siempre menesterosos de limpieza.<\/p>\n<p>Porque en cada arrabal hab\u00eda cien cloacas inmundas, y en cada cloaca un hervidero de microbios, y por los culebreantes alrededores de barrio una legi\u00f3n de perros, de perdidas y de granujas pululaban impunemente, de tal suerte, que hubieran asombrado al mismo Zola, si Zola se hubiese atrevido a cruzar por semejante mundo de canalladas, amarillento de vicio, hinchado de alcohol, repleto de carcajadas imp\u00fadicas.<\/p>\n<p>Pero estos pormenores de verg\u00fcenza y de higiene p\u00fablicas, \u00bfqu\u00e9 importan?, si ya hemos registrado, para satisfacci\u00f3n del lector, los muchos y hermosos adelantos de la famosa Villa. Adem\u00e1s ca\u00edan all\u00ed unos aguaceros tan extraordinarios, tan fenomenales, tan estupendos, que las calles se convert\u00edan en r\u00edos, y estos r\u00edos, al arrastrar la basura del arroyo, dij\u00e9rase que arrastraban tambi\u00e9n otras basuras impalpables que empezaban a flotar en el espacio.<\/p>\n<p>Hab\u00eda otra clase de basuras, no despreciables ciertamente, en el pa\u00eds; pero de su eficaz y glorios\u00edsimo barrido se encargaban, sin hacer ascos ni melindres, unos activos, laboriosos y <em>aventajados<\/em> caballeros a quienes pomposamente apellidaban \u00abfinancistas\u00bb, \u00a1ministros de finanzas!<\/p>\n<p>Y este precisamente era uno de los pecados villabravenses, el pecado de calificar con desmesurados ep\u00edtetos los hombres y las cosas que les pertenec\u00edan.<\/p>\n<p>Todo lo miraban a trav\u00e9s de poderosos vidrios de aumento. Y as\u00ed como llamaban con aparatoso lenguaje a las calles m\u00e1s c\u00e9ntricas, <em>bulevares<\/em> o <em>avenidas<\/em>, y a las iglesias <em>bas\u00edlicas<\/em>, y a los teatros, coliseos, y a los tranv\u00edas desvencijados, carros de <em>ferrocarril<\/em>, y a las casas de cart\u00f3n pintarrajeadas de blanco, palacios, as\u00ed tambi\u00e9n se daban a la triste tarea de calificar a sus hombres m\u00e1s o menos notables de \u00abilustres\u00bb, de esclarecidos, egregios, benem\u00e9ritos, bizarros, etc\u00e9tera, etc.<\/p>\n<p>Apenas un hombre que no le hab\u00eda hecho mal a nadie sub\u00eda a la presidencia, ya los terribles villabravenses empezaban a ponerle motes: \u00abel amado de los pueblos\u00bb, el \u00abinvicto\u00bb, el \u00abgenio de la pol\u00edtica\u00bb, el \u00abpadre de sus comilitones\u00bb, y le abrumaban a t\u00edtulos, a condecoraciones, a honores y a padrinazgos imp\u00edos.<\/p>\n<p>Y para que todo fuera completo y la balanza no pesara de un lado m\u00e1s que de otro, cuando alguno de esos egregios, benem\u00e9ritos, esclarecidos, ilustres e insignes y privilegiados seres comet\u00eda un desliz o una falta leve, o se equivocaba en pol\u00edtica, o en literatura, o no estaba de <em>acuerdo con la comunidad<\/em>, la m\u00e1s grave falta que pod\u00eda cometer un villabrav\u00e9s rebelde, \u00a1santo Dios!, \u00a1qu\u00e9 algarab\u00eda! \u00a1Con que usted se permite disentir!&#8230; Pues no faltaba m\u00e1s. Y es usted <em>clarividen<\/em>te, es usted providencial; \u00bfes usted genio sibil\u00edtico?<\/p>\n<p>Y era tal y tan menuda la tempestad de ap\u00f3strofes y protestas que le ca\u00edan sobre la cabeza al desgraciado, que ya ten\u00eda para encomendarse a todos los santos del cielo, porque los mismos que el d\u00eda anterior le dispensaron alabanzas a destajo, a destajo tambi\u00e9n le prodigaban luego los m\u00e1s feroces insultos.<\/p>\n<p>No pod\u00edan negar los villabravenses que surg\u00edan de una tierra caliente, volc\u00e1nica, donde la sangre siempre estaba en ebullici\u00f3n, el esp\u00edritu siempre inflamado y la lengua pronta a todas las hip\u00e9rboles y a todos los dicterios.<\/p>\n<p>Finalmente, y sin incurrir en falta de ponderativo abultamiento, puede asegurarse de una vez por todas que en Villabrava la gente se dedicaba al cultivo de la pol\u00edtica, de las letras, de la abogac\u00eda y del generalazgo, con el mismo ardor y patriotismo que en otros pa\u00edses <em>menos pr\u00e1cticos<\/em> al de la remolacha y otros frutos m\u00e1s vulgares.<\/p>\n<p>All\u00ed no se hac\u00edan m\u00e1quinas, pero se fabricaban doctores en un a\u00f1o; no hab\u00eda quien barriese las calles, pero s\u00ed quien barriese, como se ha visto, las arcas nacionales; no hab\u00eda una escuela militar, pero se encontraban los militares en las calles por turbas, como los perros en Constantinopla. De tal suerte es verdad todo lo escrito, que a este respecto pod\u00eda elaborarse una muy curiosa estad\u00edstica en los 100.000 habitantes que tiene Villabrava; porque hab\u00eda muchos centenares de pol\u00edticos transformistas, muchos poetas \u00abarrendajos\u00bb, muchas eminencias de papel de estraza, y sobre todo muchos generales napole\u00f3nicos. De \u00e9stos hab\u00eda que decir como de las armas de Rold\u00e1n: \u00a1Nadie las mueva! Pero donde hab\u00eda que ver a los villabravenses era en Par\u00eds&#8230; Ya encontrar\u00e1n ustedes a algunos de nuestros personajes en la capital del mundo civilizado, magn\u00edficos, estupendos, milagrosos, dignos de la epopeya, \u00fanicos en su especie y en su historia, todos <em>smarts<\/em>, todos <em>lyones,<\/em> todos <em>dandys,<\/em> todos <em>sportsmen<\/em>, estetas, decadentes, rubios, arrebatadores, haciendo de <em>arist\u00f3cratas<\/em> y de fatuos, y provocando la sonrisa ir\u00f3nica de las mujeres cuando \u00e9stas los ve\u00edan pasar, chup\u00e1ndose, por \u00fanico alimento intelectual, el pu\u00f1o de sus bastones a la moda.<\/p>\n<h4 style=\"text-align: right;\"><a href=\"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/miguel-eduardo-pardo\/\" target=\"_blank\" rel=\"noopener\">Sobre el autor<\/a><\/h4>\n<h6>*Si deseas continuar con la lectura, se puede descargar el libro completo, en nuestra secci\u00f3n de <a href=\"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/todo-un-pueblo-2\/\" target=\"_blank\" rel=\"noopener\">Biblioteca<\/a>.<\/h6>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Miguel Eduardo Pardo Desigual, empinada, locamente retorcida sobre la falda de un cerro, rota a trechos por espont\u00e1neos borbotones de fronda, pudiendo apenas sostenerse en los estribos de sus puentes; caldeada por un irritante y eterno sol de verano; sacudida a temporadas por espantosos temblores de tierra; castigada por lluvias torrenciales, por inundaciones inclementes; bullanguera, [&hellip;]<\/p>\n","protected":false},"author":6,"featured_media":6058,"comment_status":"open","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"_monsterinsights_skip_tracking":false,"_monsterinsights_sitenote_active":false,"_monsterinsights_sitenote_note":"","_monsterinsights_sitenote_category":0,"footnotes":""},"categories":[15],"tags":[3,45],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/6057"}],"collection":[{"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/users\/6"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=6057"}],"version-history":[{"count":4,"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/6057\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":12131,"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/6057\/revisions\/12131"}],"wp:featuredmedia":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/media\/6058"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=6057"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=6057"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=6057"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}