{"id":6009,"date":"2021-09-23T20:21:03","date_gmt":"2021-09-23T20:21:03","guid":{"rendered":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/?p=6009"},"modified":"2024-05-13T18:25:26","modified_gmt":"2024-05-13T18:25:26","slug":"dos-cuentos-de-salvador-garmendia","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/dos-cuentos-de-salvador-garmendia\/","title":{"rendered":"Dos cuentos de Salvador Garmendia"},"content":{"rendered":"<h3>El aire transparente del domingo<\/h3>\n<p id=\"yui_3_16_0_1_1715635209397_1531\"><em>Dedicado a Guillermo Meneses, a quien corresponde la paternidad de este relato.<\/em><\/p>\n<p id=\"yui_3_16_0_1_1715635209397_1539\">El taxista vio la anciana parada bajo un \u00e1rbol al borde de la acera y pens\u00f3: \u00ab\u00bfMe ir\u00e1 a detener esta vieja?\u00bb.<\/p>\n<p id=\"yui_3_16_0_1_1715635209397_1506\">En efecto, la anciana alarg\u00f3 un brazo y el taxi se detuvo a su lado. El hombre vio entrar la menuda figura, que en ins\u00f3lita determinaci\u00f3n hab\u00eda elegido el asiento delantero, y se sinti\u00f3 tocado por una especie de ternura risue\u00f1a, acaso para corresponder a aquel gesto tan poco frecuente en las se\u00f1oras. \u00abEsta es una viejita simp\u00e1tica\u00bb, rumore\u00f3 en sus adentros, casi en palabras, tanto que ella pareci\u00f3 escucharlo y lo mir\u00f3 a la cara, de esa manera penetrante y desencubridora que no deja de ocasionar alguna turbaci\u00f3n; sonri\u00f3 adem\u00e1s, y al cubrirse su cara de infinitas arrugas que le infundieron una apariencia c\u00f3mica (los ojitos desaparecieron por completo devorados por un exasperado grafismo) la realidad pareci\u00f3 desprenderse de ella en un instante, convirti\u00e9ndola en una ni\u00f1a en perfecto disfraz de abuela.<\/p>\n<p id=\"yui_3_16_0_1_1715635209397_1487\">\u2013Buenos d\u00edas, abuela \u2013dijo el hombre.<\/p>\n<p id=\"yui_3_16_0_1_1715635209397_1483\">La vieja dio una direcci\u00f3n en una vocecita hueca y permaneci\u00f3 sentada al lado de la puerta, muy derecha, con las manitos secas reposando en mitad de los muslos.<\/p>\n<p id=\"yui_3_16_0_1_1715635209397_1486\">Hab\u00edan rodado un trecho por una avenida despejada, cuando el hombre empez\u00f3 a hablar de cualquier cosa sin dejar de mirar a su modosa pasajera, que en realidad no parec\u00eda escucharlo y sonre\u00eda pl\u00e1cidamente, la mirada al frente, divertida como si del otro lado del vidrio asomaran caritas infantiles que le hicieran muecas.<\/p>\n<p id=\"yui_3_16_0_1_1715635209397_1943\">Siendo como era d\u00eda de fiesta y apenas las diez de la ma\u00f1ana se ve\u00eda poca gente en la avenida, de modo que el taxista pudo distinguir claramente a un caballero de regular edad que se hallaba parado al borde de la acera, en la actitud del que aguarda para cruzar la calle. Vest\u00eda de negro, no con aire de luto propiamente, sino de anticuada correcci\u00f3n y sin duda difund\u00eda a su alrededor el aura de una persona limpia y saludable, amoldada rigurosamente al \u00e1mbito de una ma\u00f1ana de domingo.<\/p>\n<p id=\"yui_3_16_0_1_1715635209397_1985\">Apenas pasaron frente a \u00e9l, cuando la anciana se precipit\u00f3 a la ventanilla y como electrizada por una emoci\u00f3n incontrolable, emiti\u00f3 unos griticos de muda, al tiempo que sacud\u00eda ambos brazos queriendo llamar la atenci\u00f3n del caballero.<\/p>\n<p id=\"yui_3_16_0_1_1715635209397_1957\">Por lo que pudo advertir el taxista en una visi\u00f3n instant\u00e1nea recibida a sesenta kil\u00f3metros por hora, el caballero no pareci\u00f3 alterarse demasiado, sino que manteniendo el aplomo de una persona poco dada a las efusiones desmedidas, sonri\u00f3 con reposada satisfacci\u00f3n y respondi\u00f3 a los aspavientos de la vieja moviendo en alto su brazo derecho, tal como si saludara el paso de un desfile.<\/p>\n<p id=\"yui_3_16_0_1_1715635209397_1956\">El taxi se alej\u00f3 por la silenciosa avenida y (acaso desde nuestro punto de vista \u00fanicamente) pareci\u00f3 entrar en una dimensi\u00f3n arbitraria del tiempo que no tardar\u00eda en disolver su imagen f\u00edsica, eliminando de pasada todo rasgo de aquella breve escena. Sin embargo, la vieja acab\u00f3 por separarse de la ventanilla y se desplom\u00f3 exhausta, agotadoramente feliz.<\/p>\n<p id=\"yui_3_16_0_1_1715635209397_1944\">\u2013Es bueno encontrarse por ah\u00ed con parientes \u2013el taxista quiso decir \u00abamigos\u00bb y corrigi\u00f3 tras un breve tartamudeo\u2013 que uno no ve hace mucho tiempo. Ese se\u00f1or, \u00bfes un hermano suyo?<\/p>\n<p id=\"yui_3_16_0_1_1715635209397_1955\">\u2013Es Ram\u00f3n, mi marido. \u00bfQu\u00e9 le parece a usted?<\/p>\n<p id=\"yui_3_16_0_1_1715635209397_1954\">\u2013;Parece un se\u00f1or muy decente.<\/p>\n<p id=\"yui_3_16_0_1_1715635209397_1953\">\u2013Lo mismo pienso yo.<\/p>\n<p id=\"yui_3_16_0_1_1715635209397_1952\">El taxista medit\u00f3 unos momentos.<\/p>\n<p id=\"yui_3_16_0_1_1715635209397_1951\">\u2013;Pero usted est\u00e1 muy emocionada&#8230; Deben tener mucho tiempo sin verse.<\/p>\n<p id=\"yui_3_16_0_1_1715635209397_1946\">\u2013Claro \u2013dijo la anciana, dibujando una sonrisa lejana\u2013. \u00c9l tiene quince a\u00f1os de muerto.<\/p>\n<p><strong>\u00a0<\/strong><\/p>\n<h3><strong>Asunto de familia<\/strong><\/h3>\n<p>Por aquella \u00e9poca, se conoc\u00edan los fot\u00f3grafos ambulantes que sol\u00edan ser tambi\u00e9n barberos. Se dec\u00eda que pod\u00edan volar y tal vez por eso nadie los ve\u00eda llegar a los lugares. Este era un hombrecito sonajoso, toda la ropa cubierta de santos y espejitos colgantes, que hac\u00edan un ruido menudo y alegre cuando caminaba. Parec\u00eda un caballo flaco, la cara de caballo y unos dientes largos y amarillos y la melena que parec\u00eda de alm\u00edbar, larga, amarillosa, tendida a la espalda.<\/p>\n<p>Arm\u00f3 su c\u00e1mara en el corredor y se pareci\u00f3 todav\u00eda m\u00e1s a un caballo cuando meti\u00f3 la cabeza y los hombros bajo el trapo negro. La caja se abr\u00eda por un lado y adentro se ve\u00eda un gusano negro lleno de arrugas.<\/p>\n<p>Yo, que era un muchacho, me retrat\u00e9 sentado en un coj\u00edn, hincado mejor dicho y con las manos juntas, rezando y mi mam\u00e1 que era gorda y llenaba toda la poltrona, me pon\u00eda una mano en la cabeza y me miraba como si de veras fuera un santo. Cre\u00ed que iba a salir como Guido de Fongaland, todo brillante, de porcelana blanca acabada de frotar, pero sal\u00ed amarillo y dormido, los ojos vac\u00edos como si fuera un albino. Pap\u00e1 sali\u00f3 con una mano en el pecho mir\u00e1ndonos a todos con asombro y a mi t\u00eda Gardita, que se llamaba Hildegardis, el vestido de pinticas negras se le desti\u00f1\u00f3 por completo y tambi\u00e9n le sali\u00f3 harina en la cabeza. Por \u00faltimo a mi t\u00edo Juan lo obligaron a retratarse, lo pararon en la pared con su banda negra de viudo en el brazo derecho y lo retrataron.<\/p>\n<p>Al otro d\u00eda por la ma\u00f1ana, cuando el fot\u00f3grafo paseaba por la plaza y todos los muchachos y los perros de la cuadra le andaban detr\u00e1s, a mi t\u00edo le dio un s\u00edncope, se le rompi\u00f3 una bolsa de sangre en la cabeza y se muri\u00f3. Cay\u00f3 en el ba\u00f1o de un solo golpe, tieso como si la carne se le hubiera secado de golpe y el ruido que hizo fue tan grande que reson\u00f3 en toda la casa. Mi t\u00eda Gardita que estaba cosiendo los libros del Registro, porque era encuadernadora, sali\u00f3 dando gritos y diciendo que lo hab\u00eda visto caer de largo a largo, como si se hubiera desprendido del techo en medio de aquella mesa grande donde trabajaba.<\/p>\n<p>Lo enterraron. Al otro d\u00eda llamaron al fot\u00f3grafo, que la noche anterior, mientras las personas rezaban en el corredor y yo estaba llorando en mi cuarto, mont\u00f3 los cascos delanteros en la ventana que daba al jard\u00edn y por all\u00ed asom\u00f3 su cara de caballo, larga, llena de huesos. El fot\u00f3grafo se llev\u00f3 el retrato de mi t\u00edo y como a la semana, cuando todav\u00eda los d\u00edas eran largos y no se o\u00edan los pasos, regres\u00f3 con una ampliaci\u00f3n grande que colgaron de una vez en la sala.<\/p>\n<p>Era un retrato de cuerpo entero; mi t\u00edo era gordo, rosado y hab\u00eda perdido la mitad del pelo. Estaba parado, vestido de blanco y los brazos pegados al cuerpo como un soldado.<\/p>\n<p>Aquel d\u00eda, el fot\u00f3grafo me puso una mano en la cabeza y era tan pesada que la estuve sintiendo, fr\u00eda, en el pelo durante muchos d\u00edas. No lo vimos m\u00e1s.<\/p>\n<p>Un d\u00eda, mi t\u00eda Gardita -ten\u00eda las manos pegajosas de cola y la nariz llena de venas-, dijo que el traje negro que llevaba mi t\u00edo en el retrato, lo mismo que el chaleco y los botines se los hab\u00eda puesto el d\u00eda del matrimonio y que no los hab\u00eda usado nunca m\u00e1s. Ese traje estaba todav\u00eda en su cuarto, colgado detr\u00e1s de la puerta: uno lo sacud\u00eda con miedo y de adentro sal\u00edan cucarachas que corr\u00edan como ciegas por aquel pa\u00f1o negro y cubierto de polvo.<\/p>\n<p>Con los meses, mi t\u00edo enflaqueci\u00f3, adem\u00e1s; la cara se le puso afilada y el pelo negro peinado a la pluma brillaba como aceite; vest\u00eda de dril oscuro y se le ve\u00edan las manos largas y blancas. Mam\u00e1 lo encontraba parecido a mi t\u00edo Roberto que muri\u00f3 muy joven; pero mi t\u00edo Roberto ten\u00eda la frente m\u00e1s despejada y el cuello m\u00e1s largo.<\/p>\n<p>Un d\u00eda apareci\u00f3 a caballo, de botas y polainas y un sombrero de fieltro. Se ve\u00eda muy alto, duro, parecido a una estatua. Estaba m\u00e1s gordo y la cara se le hab\u00eda redondeado: mam\u00e1 dec\u00eda que mirando muy bien, se pod\u00eda ver, apenas, en ese humo deste\u00f1ido del fondo, a mi pap\u00e1 montado tambi\u00e9n a caballo; pero esto no fue posible verificarlo, de modo que despu\u00e9s de un tiempo se olvid\u00f3. Por esa \u00e9poca, se apareci\u00f3 mi t\u00eda Servilia y despert\u00f3 la casa. Viendo a mi t\u00edo en un sill\u00f3n con aquel cuello enorme donde lat\u00eda una vena y aquel pecho inflado y unas manos pesadas, dijo que era una l\u00e1stima que hubiera muerto tan joven.<\/p>\n<p>Mi t\u00eda Servilia caminaba todo el d\u00eda por la casa, afanada y sin parar de hablar. Hablaba de nada, contaba las cosas que iba haciendo y a veces se re\u00eda de lo que pensaba. Por debajo del camis\u00f3n le sal\u00edan unos hombrecitos alocados que corr\u00edan delante de ella removiendo sillas y materos y todo lo que pod\u00edan encontrar. Todo era ruido en la casa y el d\u00eda se iba volando. Entonces invent\u00f3 cambiar todo de sitio, vaciar los cuartos, todo. Cuando rodamos los escaparates, salieron las lagartijas en volandas y todos zapate\u00e1bamos. Quedaba una mancha de polvo y aparec\u00edan cosas que se hab\u00edan perdido hac\u00eda siglos.<\/p>\n<p>Cuando fueron a quitar el retrato de mi t\u00edo, un pedazo del encalado se desprendi\u00f3 y el retrato se vino al suelo. Corr\u00ed a mirar. Estaba el vidrio hecho pedazos, ennegrecido por el polvo y el marco desclavado en una esquina. Mam\u00e1 y mi t\u00eda gritaban. El retrato estaba tan oscuro, lleno de peladuras y lamparones, que apenas era posible distinguir la figura. Se ve\u00eda un poco la cara de mi t\u00edo, pero como hac\u00eda ya mucho tiempo de su muerte, yo no lo recordaba.<\/p>\n<p>Mi t\u00eda Servilia dijo que no val\u00eda la pena hacer nada por recuperarlo, y me mand\u00f3 botarlo en el solar.<\/p>\n<h4 style=\"text-align: right;\"><a href=\"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/salvador-garmendia\/\" target=\"_blank\" rel=\"noopener\">Sobre el autor<\/a><\/h4>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>El aire transparente del domingo Dedicado a Guillermo Meneses, a quien corresponde la paternidad de este relato. El taxista vio la anciana parada bajo un \u00e1rbol al borde de la acera y pens\u00f3: \u00ab\u00bfMe ir\u00e1 a detener esta vieja?\u00bb. En efecto, la anciana alarg\u00f3 un brazo y el taxi se detuvo a su lado. 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