{"id":600,"date":"2021-08-06T09:43:20","date_gmt":"2021-08-06T09:43:20","guid":{"rendered":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/?p=600"},"modified":"2023-11-24T18:39:30","modified_gmt":"2023-11-24T18:39:30","slug":"simeon-calamaris","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/simeon-calamaris\/","title":{"rendered":"Sime\u00f3n Calamaris"},"content":{"rendered":"<h4 style=\"text-align: right;\">Arturo Uslar Pietri<\/h4>\n<p>Era su primer cad\u00e1ver.<br \/>\nCasi no pod\u00eda ver otra cosa que aquella estrecha mesa de disecci\u00f3n sobre la que la lona que cubr\u00eda el cuerpo formaba una pelada cordillera, como las de los paisajes de la luna. Era como si no hubiera m\u00e1s nadie en la espaciosa sala. Ni siquiera el compa\u00f1ero de trabajo hab\u00eda llegado. No hab\u00eda para \u00e9l sino aquella rugosa e informe masa blanca de la tela. Debajo estaba el cad\u00e1ver.<br \/>\nTambi\u00e9n era blanca su bata de estudiante y estaban blancas y fr\u00edas sus manos debajo de los guantes de caucho transparente. Levant\u00f3 lentamente el borde superior y apareci\u00f3 la cabeza del muerto. Era un hombre. Una piel mate y quemada de intemperie, una fuerte quijada huesuda. Los ojos abiertos eran grises. Ten\u00eda canas en el pelo y en la barba reciente. Una barba rala y dispersa de enfermo o de vagabundo. Ten\u00eda una buena dentadura. Unos dientes fuertes, cuadrados, duros, como granos de ma\u00edz. Dientes buenos para morder y para re\u00edrse.<br \/>\nEra un hombre maduro. Tal vez prematuramente envejecido. Ten\u00eda marcas y arrugas en el rostro. Cerca de los ojos, en las comisuras de los labios, bajo las alas de la nariz y a lo ancho de la frente. Fuertes estr\u00edas o surcos como se les forman a las gentes que viven al solo al viento. Pod\u00eda ser un marinero, o un campesino, o un pe\u00f3n de alba\u00f1iler\u00eda. Gente de andamio en pleno sol. O un mendigo. Calle arriba y calle abajo, jornada tras jornada.<br \/>\nSi estuviera vivo hubiera sido f\u00e1cil saberlo. Simplemente se lo hubiera preguntado: \u201cD\u00edgame, amigo, \u00bfcu\u00e1l es su trabajo?\u201d.<br \/>\nNo hubiera podido decirle amigo a aquel muerto silencioso y lejano. Tal vez le hubiera dicho \u201cse\u00f1or\u201d. Pero qu\u00e9 significaba decirle amigo o decirle se\u00f1or a un muerto desconocido. Lo m\u00e1s seguro es que en vida nunca se lo hubiera topado. Y si se lo hubiera topado lo m\u00e1s probable es que no hubiera tenido inter\u00e9s en detenerse a hablarle. No le habla uno a toda la gente que tropieza en la calle. La verdad es que, a las m\u00e1s, ni siquiera las ve. Como no ve el pez al agua. Pasa por entre ellas.<br \/>\nTal vez hubiera podido ser \u00e9l quien se hubiera detenido a hablarle. Con aquella cara fatigada y dura, seguramente le hubiera dicho \u201cse\u00f1or\u201d. Para preguntarle una direcci\u00f3n, o la hora, o para pedirle un f\u00f3sforo. O, a lo mejor, para pedirle dinero. Lo m\u00e1s probable es que \u00e9l le hubiera contestado de mal modo, y ni siquiera hubiera vuelto los ojos para verle la cara. \u00bfQu\u00e9 ten\u00eda \u00e9l que ver con el primer desconocido que quisiera pedirle algo en la calle? Evidentemente nada. Y si hubiera sido ese mismo hombre, tampoco hubiera podido distinguirlo y sentir la extraordinaria premonici\u00f3n de que alg\u00fan tiempo despu\u00e9s le iban a adjudicar su cad\u00e1ver en la mesa de disecci\u00f3n de anatom\u00eda.<br \/>\nAhora era distinto. Le hab\u00edan adjudicado ese cad\u00e1ver. As\u00ed como le hab\u00edan entregado una bata y unos guantes y un equipo de pinzas, sierras y cuchillas, le hab\u00edan dado tambi\u00e9n aquel cad\u00e1ver. Estaba all\u00ed entregado a \u00e9l, venido a \u00e9l, arribado a \u00e9l. Como el cuerpo de un ahogado llega a la orilla del mar.<br \/>\nPod\u00edan haber sido cuarenta o cuarenta y cinco o cincuenta a\u00f1os que aquel hombre hab\u00eda andado en la vida. En grandes intemperies que le hab\u00edan marcado el rostro. Para llegar all\u00ed a sus manos, sin resistencia, sin historia, sin camino. Hab\u00eda andado con unas necesidades y unos amigos y unos enemigos y un nombre.<br \/>\nDe todo lo que hab\u00eda pasado por aquel cuerpo no quedaban sino vagos indicios. Era una historia tenuemente tatuada en una anatom\u00eda. Con lentitud levant\u00f3 la lona y lo descubri\u00f3 hasta medio cuerpo. Sinti\u00f3 el pudor de desnudarlo por entero. Ten\u00eda el pecho ancho y poderoso y fuertes brazos. Una estructura de luchador y de faenero. No se le ve\u00eda huella de herida ni de golpe. Hab\u00eda que verle las manos. Pero antes mir\u00f3 con temor una placa de pl\u00e1stico que, atada a una cuerda, le pend\u00eda de la mu\u00f1eca izquierda. Escrito a mano con torcidas letras de imprenta estaba el nombre: \u201cSime\u00f3n Calamaris\u201d.<br \/>\nEra su nombre. Lo ten\u00eda escrito en aquella l\u00e1mina turbia, como un perro lleva el suyo en el collar. O como un fardo lleva el nombre del due\u00f1o.<br \/>\nCon voz queda, inclin\u00e1ndose hacia el o\u00eddo del muerto, dijo como llamando:<br \/>\n\u2014Sime\u00f3n Calamaris.<br \/>\nNo pas\u00f3 nada. En vida se hubiera sacudido. Hubiera vuelto el rostro con asombro. Alguien lo llamaba por su nombre. Hubiera vuelto el rostro con sorpresa y hasta con agrado. Alguien lo conoc\u00eda y lo llamaba. Pero ahora era como si nadie lo llamara. Aquel pabell\u00f3n auditivo que hab\u00eda sido tan extraordinariamente sensible a aquellas dos palabras las dejaba pasar como si no las conociera. Era menos que un perro con el nombre en el collar. Un perro habr\u00eda correspondido con un movimiento del rabo. Era m\u00e1s bien como un fardo, con un marbete mal puesto de prisa.<br \/>\n\u2014No eras muy grande, Sime\u00f3n Calamaris.<br \/>\nEra un espont\u00e1neo impulso de tutearlo. Como se tutea a los ni\u00f1os y a los animales. No hubiera podido decirle \u201custed\u201d. Estaba todo entero, desnudo, sin reserva ante \u00e9l. Era en cierto modo de \u00e9l. Como un animal suyo. Un animal grande, quieto, fr\u00edo, sin movimiento.<br \/>\nLe examin\u00f3 la mano del brazalete. Era una mano larga y huesuda. Observ\u00f3 que las manos de los muertos pesan m\u00e1s que las de los vivos. Deb\u00edan pesar menos, porque alg\u00fan peso debe tener la vida, o el aliento o el alma. Todo aquello que hab\u00eda estado en aquel cuerpo y que ya no estaba. Todo aquello que lo hab\u00eda hecho hombre y cuya ausencia lo hac\u00eda ahora menos que un animal. Era una mano fuerte pero no ruda. No era mano de martillar o de picar o de golpear. Ten\u00eda cierta fineza. Pod\u00eda haber sido de pintor o de amanuense o de m\u00fasico. No de cantero, ni de herrero, ni siquiera de jardinero.<br \/>\nPod\u00eda tambi\u00e9n ser la mano de un ladr\u00f3n. Fuerte, fino, \u00e1gil, curtido de noches y de prisiones. Un falsificador de billetes, un falsificador de firmas, un escalador de paredes y ventanas, un silencioso visitante nocturno, un burlador de aduanas y de polic\u00eda, un falsario de nombres. Acaso ese mismo nombre que estaba en la pulsera no era sino el \u00faltimo que invent\u00f3 para burlar a sus perseguidores.<br \/>\nNo era un nombre com\u00fan en el pa\u00eds. Sonaba a cosa lejana y desconocida. Pod\u00eda ser un nombre griego o de sefardita, de Corf\u00fa o de Sal\u00f3nica, o de gente de Alejandr\u00eda, de Beirut, o de Estambul. Viejos nombres griegos, latinos, \u00e1rabes y b\u00edblicos. Conoc\u00eda algunos en las novelas, en las pel\u00edculas, en la poes\u00edas rom\u00e1nticas. Lo m\u00e1s viejo, rico y mezclado de un Mediterr\u00e1neo de imaginaci\u00f3n. Con aquel nombre tan incitante y rico hab\u00eda venido aquel hombre de alguna ciudad con minaretes y ruinas griegas e iglesias bizantinas. De una ciudad blanca y rosa, con finas torres, poblada de turistas, prostitutas y contrabandistas. Con mar, olivares, pinos parasoles, cedros y velas.<br \/>\n\u00bfCu\u00e1l seria la lengua de Sime\u00f3n Calamaris? Ni siquiera una lengua establecida, sino alg\u00fan dialecto de ensenada del Mediterr\u00e1neo oriental. Era lo que se llamaba en los viejos libros un hombre de Levante. Un levantino.<br \/>\nDebi\u00f3 ser larga y tortuosa la peregrinaci\u00f3n que trajo el cuerpo de Sime\u00f3n Calamaris de aquel puerto de pasas, aceite y vino, al trav\u00e9s de las pen\u00ednsulas dentadas de Europa, y m\u00e1s all\u00e1 del Atl\u00e1ntico norte y de las Antillas hasta aquella mesa de disecci\u00f3n anat\u00f3mica de la Escuela de Medicina, para entreg\u00e1rselo a \u00e9l. Era como una lenta, divagante y retardada entrega. El cumplimiento final de una misi\u00f3n que acababa de llegar a su t\u00e9rmino cuando \u00e9l hab\u00eda levantado la lona y descubierto la faz del cad\u00e1ver.<br \/>\nVolvi\u00f3 a observar que no ten\u00eda ni herida, ni golpe visible. Debi\u00f3 morir repentinamente. Un dolor brusco y sordo en el coraz\u00f3n, la ruptura de unas venas y se hab\u00eda quedado en el suelo de la calle, o en la cama de la posada con la frase sin terminar, con la diligencia sin hacer, con el recado sin dar, con la promesa sin cumplir, con la espera sin llegar.<br \/>\n\u2014Aqu\u00ed est\u00e1 este hombre muerto \u2014habr\u00eda dicho el que lo tropez\u00f3.<br \/>\n\u2014\u00bfMuerto?<br \/>\n\u2014\u00a1Muerto!<br \/>\nEl nombre lo hallar\u00edan en el registro de la posada, o en un papel en el bolsillo, o en la direcci\u00f3n de una vieja carta. O alguien que lo hab\u00eda conocido \u00faltimamente lo dir\u00eda.<br \/>\n\u2014Me dijo que se llamaba Sime\u00f3n Calamaris.<br \/>\n\u2014\u00bfLo conoc\u00eda usted desde hac\u00eda mucho tiempo?<br \/>\n\u2014No. El otro d\u00eda que me puse a hablar con \u00e9l y me dijo su nombre.<br \/>\nDe cualquier modo era con ese nombre en el brazalete de cordel como hab\u00eda llegado hasta all\u00ed. Una manija de cuerda sucia con una l\u00e1mina de pl\u00e1stico.<br \/>\nAhora estaba all\u00ed para \u00e9l. Era como suyo. Le hab\u00eda sido dado y entregado. Era curioso lo que sent\u00eda. Nada ni nadie hab\u00edale sido dado tan totalmente como aquel cuerpo. Le pertenec\u00eda de un modo m\u00e1s completo y final que sus padres, que su hermana, que su casa, que sus amigos. Sime\u00f3n Calamaris era s\u00f3lo suyo.<br \/>\nSinti\u00f3, con la sorpresa de quien despierta, que hab\u00eda llegado el compa\u00f1ero de estudios. Lo vio como si fuera la primera vez. Era una cara que se mov\u00eda y hablaba y un cuerpo que gesticulaba. Y se dio cuenta de que en la gran sala hab\u00eda otras mesas de disecci\u00f3n y que hombres vestidos de blanco se afanaban en torno a ellas.<br \/>\nEl compa\u00f1ero hab\u00eda terminado de escoger instrumentos en la mesa. Ahora le hablaba:<br \/>\n\u2014Vamos a empezar por el cr\u00e1neo. Coge la sierra.<\/p>\n<p>Despu\u00e9s de la comida el padre se sent\u00f3 con su peri\u00f3dico, en su sill\u00f3n habitual, junto a la l\u00e1mpara; la madre se puso a tejer, con la pelota de estambre rosado sobre la falda y el perro, oscuro y orej\u00f3n, echado a los pies. La hermana se solt\u00f3 el pelo frente al espejo y comenz\u00f3 a arreglarse un lento y elaborado peinado, sosteniendo entre los dientes los menudos ganchos y hablando a ratos con una voz ceceante, nasal y entrecortada.<br \/>\n\u00c9l se sent\u00f3 aparte, silencioso, a pensar en Sime\u00f3n Calamaris.<br \/>\n\u2014Est\u00e1s muy callado, hijo \u2014coment\u00f3 la madre.<br \/>\nRespondi\u00f3 apenas con un gru\u00f1ido.<br \/>\nLa hermana medio articul\u00f3 con la boca llena de ganchos:<br \/>\n\u2014\u00c9l es as\u00ed. Tan antip\u00e1tico. No quiere hablarnos porque nos considera est\u00fapidos.<br \/>\nTampoco replic\u00f3 nada. Mir\u00f3 hacia su padre que parec\u00eda no o\u00edr, ni prestar atenci\u00f3n absorbido en su lectura. Era como si estuviera detr\u00e1s de una jaula hecha con aquellas ringleras de letras negras. Le ve\u00eda el canoso bigote recortado con cierta coqueter\u00eda, el brillo muerto de la cabeza calva, la mano gruesa que en el me\u00f1ique mostraba una joroba de rub\u00ed en una sortija\u00a0de oro.<br \/>\nM\u00e1s ordinarias parec\u00edan las manos de su padre que las de Sime\u00f3n Calamaris. Y hab\u00eda m\u00e1s nobleza en el rostro curtido de Sime\u00f3n. Un rostro que evocaba muchas cosas sin necesidad de palabras.<br \/>\nSi \u00e9l hubiera tra\u00eddo a Sime\u00f3n con \u00e9l hubiera sido un curioso encuentro. No al muerto, sino al Sime\u00f3n vivo que existi\u00f3 antes de que \u00e9l lo encontrara. Todos hubieran puesto mala cara de ver entrar aquel desconocido. Con aquella cara de pirata o de mendigo. Su padre hubiera pensado o hubiera dicho: \u201c\u00bfC\u00f3mo te has atrevido a traer una persona as\u00ed a la casa?\u201d. La madre lo hubiera visto con sorpresa y hasta con un poco de piedad por aquel hombre que mostraba no haber sido muy venturoso en la vida. Su hermana le habr\u00eda visto el ra\u00eddo traje, y los a\u00f1os marcados en el rostro y se habr\u00eda vuelto a su peinado con indiferencia.<br \/>\nSime\u00f3n habr\u00eda saludado con soltura. Seguramente habr\u00eda besado la mano de su madre, como sol\u00edan hacer algunos extranjeros de muy refinada cortes\u00eda. Se la habr\u00eda quedado mirando con afectuosa sorpresa. Acaso le habr\u00eda dicho:<br \/>\n\u2014Al trav\u00e9s de su hijo la conozco. Se ve bien a las claras que es usted una se\u00f1ora de gran dulzura y bondad.<br \/>\nElla habr\u00eda sonre\u00eddo complacida.<br \/>\nY al saludar a su hermana habr\u00eda dicho que la encontraba bella y atractiva. Pero no habr\u00eda dicho: \u201cBella muchacha\u201d. En lugar de eso habr\u00eda dicho una palabra extranjera; quiz\u00e1 <em>\u201cjeune fille\u201d, <\/em>o tal vez <em>\u201cgirl\u201d, <\/em>o acaso, m\u00e1s seguramente, lo que hubiera dicho hubiera sido <em>\u201cragazza\u201d<\/em>.<br \/>\nSu padre, en cambio, contestar\u00eda secamente el saludo y, sin invitarlo a sentarse, le habr\u00eda soltado una pregunta desagradable:<br \/>\n\u2014\u00bfDe qu\u00e9 se ocupa usted?<br \/>\nSime\u00f3n habr\u00eda contestado largamente, de un modo divagante y gracioso:<br \/>\n\u2014No me atrevo a decirle a usted que de nada, porque lo alarmar\u00eda innecesariamente y no es cierto. La verdad es que estoy reci\u00e9n llegado a esta ciudad. Tengo algunos proyectos interesantes, pero debo primero reconocer el terreno y estudiar la situaci\u00f3n.<br \/>\nY hubiera comenzado a hablar de los curiosos aspectos de la ciudad, de sus contrastes, las viejas calles estrechas con sus casas de zagu\u00e1n y reja y las modernas urbanizaciones con sus quintas recientes de todos los colores y formas, como pasteles en la vitrina de una confiter\u00eda. Y los cerros con su costra de chozas de cart\u00f3n y de lata. Habr\u00eda dicho que por la noche, cuando comienzan a encenderse las luces en los caser\u00edos de las vertientes, la ciudad le recordaba la visi\u00f3n de alg\u00fan puerto del Mediterr\u00e1neo. Tal vez habr\u00eda nombrado a T\u00e1nger, o a Argel. En Argel estaba la alcazaba, que aparec\u00eda en algunas pel\u00edculas de bajos fondos. O Naupl\u00eda. En un libro alem\u00e1n de fotograf\u00edas del Mediterr\u00e1neo hab\u00eda encontrado la vista de Naupl\u00eda. Una estrecha lengua de tierra, poblada de cipreses y de olivos, que cierra con sus casas de blancas paredes y abiertas\u00a0<em>loggias\u00a0<\/em>un manso golfo con una menuda isla en medio.<br \/>\nLa conversaci\u00f3n empezaba a hacerse interesante. El padre dejaba el peri\u00f3dico de lado, la madre olvidaba el tejido, la hermana se acercaba para sentarse junto al visitante. Hab\u00eda una luz de simpat\u00eda en los ojos de la madre. Ya no era extra\u00f1o el que estaba all\u00ed, sino el amigo de su hijo.<br \/>\nSab\u00eda lo que su padre hab\u00eda pensado al o\u00edr el nombre. Sime\u00f3n Calamaris. Era nombre de organillero con mono. El organillo que muele \u201cO sole m\u00edo\u201d, y el mono que hace piruetas con su pantal\u00f3n de h\u00fasar para que los curiosos arrojen alguna moneda en el sombrero puesto en el suelo. Sin embargo, en su lejano pa\u00eds no era nombre extra\u00f1o. Nadie se hubiera asombrado de o\u00edrlo. Era un nombre conocido y hasta respetado. Aqu\u00ed sonaba a nombre de aventurero o de contrabandista, pero all\u00e1 era de un navegante o el de un mercader o el de un funcionario, que saludaba a la esposa del gobernador de la ciudad, a la salida de la sinagoga, o de la iglesia copta o del monasterio bizantino.<br \/>\nEn alguna forma la palabra aventurero, o contrabandista, vino a entrar en la conversaci\u00f3n. Sime\u00f3n, sin inmutarse, habr\u00eda comenzado a hablar de c\u00f3mo, de pronto, las gentes m\u00e1s sedentarias del mundo tuvieron que convertirse en fugitivos, en forajidos o en aventureros. La guerra y la crueldad de las persecuciones obligaban a las gentes a lanzarse al escondite, a la ilegalidad y al contrabando. Vivir era una acci\u00f3n peligrosa. Hab\u00eda que sortear peligros enormes para conseguir el pan de un d\u00eda o para poner a salvo un ser querido. O para pasar una informaci\u00f3n preciosa a los amigos que estaban del otro lado. Un mundo poblado de esp\u00edas y de verdugos donde, de pronto, todo lo que hab\u00eda sido l\u00edcito resultaba delito.<br \/>\nHabr\u00eda dicho Sime\u00f3n, con toda naturalidad:<br \/>\n\u2014Llega un momento en que ya uno no sabe si lo que hace es l\u00edcito o il\u00edcito. Es una terrible prueba por la que es mejor no pasar.<br \/>\nSab\u00eda que aquello era anatema y abominaci\u00f3n para su padre. Nunca hab\u00eda habido dificultad para \u00e9l en distinguir lo l\u00edcito de lo il\u00edcito. Con una seguridad imperturbable decid\u00eda lo que era bueno y lo que era malo. Era un juez supremo y seguro. Las raras veces en que \u00e9l se atrev\u00eda a oponerle alg\u00fan caso de dif\u00edcil soluci\u00f3n para un juicio moral, su padre se exasperaba. \u201cTan s\u00f3lo los d\u00e9biles y los mal formados vacilan\u201d. Pensaba, pero no se atrev\u00eda a dec\u00edrselo, que Francisco y Pedro, y todos los santos, vacilaban y no estaban seguros de obrar el bien. Pero aquello hubiera tra\u00eddo un estallido incontenible.<br \/>\nComo en cierta forma lo tra\u00eda la palabra de Sime\u00f3n Calamaris.<br \/>\n\u2014Podr\u00e1 usted dudar de lo que es l\u00edcito en alg\u00fan momento, no yo.<br \/>\nTal vez Sime\u00f3n se hubiera atrevido a decir: \u201cTodo depende de las circunstancias\u201d. Eso hubiera ocasionado una r\u00e9plica tajante de su padre. Su padre era absoluto e inflexible, por lo menos en la manera de expresarse. Y particularmente en la manera de expresarse ante la gente que le desagradaba.<br \/>\n\u2014Alto all\u00ed, se\u00f1or m\u00edo. Bonita moral es esa que depende de las circunstancias. De esa manera todo estar\u00eda permitido. Cualquier pretexto ser\u00eda bueno para excusarse. Sepa usted que quien se excusa se acusa.<br \/>\n\u00c9l hubiera tenido que intervenir en defensa de su amigo. No pod\u00eda permitir que su padre lo maltratara de palabra. Lo iba a defender con calor. No se debe juzgar de las gentes a la ligera. Aunque despu\u00e9s, cuando Sime\u00f3n se hubiera marchado, pudiera su padre preguntarle con sorna:<br \/>\n\u2014\u00bfY qu\u00e9 sabes t\u00fa de ese hombre que acabas de encontrar? \u00bfD\u00f3nde lo has encontrado? Seguramente que en ning\u00fan lugar recomendable.<br \/>\n\u00bfD\u00f3nde lo hab\u00eda encontrado? Hubiera tenido que inventar una patra\u00f1a. Decir que se lo present\u00f3 un amigo com\u00fan. Que era amigo de un profesor de la Escuela de Medicina. Porque hubiera sido absurdo decir otra cosa. No es un amigo. Me lo han dado. Me pertenece, por lo menos por un tiempo. Es necesario que yo lo recobre y lo salve.<br \/>\nEra mayor que \u00e9l, f\u00e1cilmente veinte a\u00f1os mayor que \u00e9l. Hubiera parecido una amistad rara la de aquel joven estudiante con aquel hombre extra\u00f1o, envejecido y llegado de Dios sabe d\u00f3nde. La verdad era que no era \u00e9l quien lo hab\u00eda buscado, ni quien lo hab\u00eda escogido. Hab\u00eda o\u00eddo decir muchas veces que no escoge uno a sus padres, ni a sus hermanos, ni a sus hijos. Los encuentra, los recibe. Le son dados.<br \/>\n\u2014A m\u00ed me ha sido dado Sime\u00f3n Calamaris.<br \/>\nCre\u00eda que lo hab\u00eda dicho entre dientes, pero se le hab\u00eda escapado en voz alta. En el silencio de la sala hab\u00eda resonado el nombre. Su hermana volvi\u00f3 la cara, su madre interrumpi\u00f3 el tejido, su padre baj\u00f3 el peri\u00f3dico que le\u00eda.<br \/>\n\u2014\u00bfQu\u00e9 dices?<br \/>\nTodos converg\u00edan sobre \u00e9l con miradas inquisidoras.<br \/>\n\u2014Nada.<br \/>\nSu padre insist\u00eda:<br \/>\n\u2014S\u00ed. Dijiste un nombre. \u00bfQu\u00e9 nombre?<br \/>\nTrat\u00f3 de parecer indiferente.<br \/>\n\u2014\u00bfUn nombre? Ah, s\u00ed. Sime\u00f3n Calamaris.<br \/>\nVolvi\u00f3 a resonar en la isla. Nunca lo hab\u00edan o\u00eddo y nada parec\u00eda significar para ellos.<br \/>\nSin embargo, su padre dijo aquella misma frase:<br \/>\n\u2014\u00bfSime\u00f3n Calamaris? Ese es nombre de organillero con mono.<\/p>\n<p>Fue larga la b\u00fasqueda para dar con aquella casa. Como desandar un camino vagamente entrevisto o seguir la pista de un animal en un bosque. De la escuela de anatom\u00eda al hospital de emergencia. Preguntaba a los empleados, hac\u00eda buscar en los registros. Eran ringleras de nombres enrevesados y las m\u00e1s de las veces mal escritos con el l\u00e1piz torpe del guardi\u00e1n adormilado.<br \/>\n\u2014\u00bfCaramali?<br \/>\n\u2014No, Calamaris.<br \/>\n\u2014\u00bfSim\u00f3n?<br \/>\n\u2014No, Sime\u00f3n.<br \/>\n\u2014\u00bfHace muchos d\u00edas?<br \/>\n\u2014Hace tres o cuatro d\u00edas.<br \/>\nLenta y vagamente iba reconstruyendo la etapa final del muerto. Hab\u00eda ca\u00eddo en la calle victima de un ataque. Lo hab\u00eda recogido la polic\u00eda y lo hab\u00edan llevado al hospital de emergencia. Hab\u00eda muerto, sin recobrar el conocimiento, a las pocas horas de su ingreso. No llevaba encima sino unos papeles insignificantes. Se los mostraron en la polic\u00eda. Una vieja carta dirigida a Sime\u00f3n Calamaris escrita en griego. No la hab\u00edan traducido. Vio el tejido incomprensible de aquellas letras extra\u00f1as. Estaba firmada con una sola palabra. Un nombre. Tal vez un nombre de mujer. Tampoco tenia fecha, pero estaba arrugada y sucia de tiempo. Debi\u00f3 llevarla encima por meses o a\u00f1os Sime\u00f3n, como un \u00faltimo recuerdo. Hab\u00eda tambi\u00e9n una vieja fracci\u00f3n de billete de loter\u00eda. Y un viejo hor\u00f3scopo de peri\u00f3dico sobre el signo de Sagitario. All\u00ed dec\u00eda que \u00e9l recordaba benevolencia, serenidad en el riesgo, rey sacerdote, ardor sin llama. Metal, el esta\u00f1o; piedra, la turquesa y el carbunclo.<br \/>\nLo m\u00e1s reciente que hab\u00eda era una papeleta de empe\u00f1o, fechada dos semanas atr\u00e1s. En el Monte de Piedad ten\u00edan el objeto: una sortija de oro con una gorgona grabada, lisa de uso, y una direcci\u00f3n en la papeleta. Donde ya no viv\u00eda en el momento de desaparecer. Era una modesta pensi\u00f3n de inmigrantes, bulliciosa, desordenada y sucia, en un barrio pobre de la vieja ciudad. No sab\u00edan para d\u00f3nde se hab\u00eda mudado y el recuerdo que guardaban de \u00e9l era muy impreciso. Un d\u00eda entero lo dedic\u00f3 a recorrer pensiones de inmigrantes. Era una b\u00fasqueda sin tregua y casi sin esperanza. Cuando el nombre no evocaba nada recurr\u00eda a la descripci\u00f3n f\u00edsica. Eran imprecisas y hasta confusas las respuestas, que no pocas veces lo induc\u00edan a seguir una pista falsa.<br \/>\nFue casi por azar que lleg\u00f3 a aquella casa. Estuvo a punto de pasar de largo. Ya hab\u00eda recorrido muchas pensiones, ya hab\u00eda hecho las mismas preguntas infinitas veces, sin ning\u00fan resultado. Aquella casucha quedaba en una callejuela cerca de la vieja estaci\u00f3n del ferrocarril. Estaba cansado y hab\u00eda decidido volver a su casa, de donde faltaba desde la ma\u00f1ana. Al pasar lanz\u00f3 una mirada por el zagu\u00e1n adentro. Se ve\u00eda un sof\u00e1 de hule en el corredor, unas palmeras raqu\u00edticas sembradas en latas de manteca pintadas de verde y, m\u00e1s all\u00e1, algunas mesas de comer con manteles y botellas. Y un radio a todo volumen que atronaba con una canci\u00f3n bailable. Ya hab\u00eda pasado cuando decidi\u00f3 devolverse y entrar a preguntar. La misma pregunta, repetida tantas veces, a una patrona parecida a las otras: gorda, mal peinada, con un sucio delantal a cuadros.<br \/>\n\u2014S\u00ed, vive aqu\u00ed, pero no ha vuelto hace d\u00edas. \u00bfUsted lo conoce?<br \/>\n\u2014S\u00ed, lo conozco.<br \/>\nContest\u00f3 sin vacilar. Estuvo a punto de decir que eran amigos, pero se contuvo.<br \/>\n\u2014\u00bfY qu\u00e9 se ha hecho? Hace m\u00e1s de una semana que no ha vuelto y me est\u00e1 debiendo dos semanas de cuarto. No me gusta eso.<br \/>\n\u2014No se preocupe, que todo eso se va a arreglar. Calamaris tuvo que hacer un viaje corto. Tuvo que salir de repente, sabe, para el interior.<br \/>\nLa patrona estaba de mal humor. Hablaba con un acento extranjero, comi\u00e9ndose el final de las palabras. No era correcto lo que hab\u00eda hecho Sime\u00f3n. Antes de irse ha debido arreglar sus cuentas. La culpa era de ella. Ha debido cobrarle la habitaci\u00f3n por adelantado. Pero era simp\u00e1tico y no parec\u00eda mala persona. Nombraba una insignificante suma de dinero. Era la deuda de Sime\u00f3n. Dos semanas de pensi\u00f3n.<br \/>\n\u2014Irse as\u00ed, sin avisar nada. Eso es muy mal hecho.<br \/>\nEra muy poco dinero. Deb\u00eda comerse muy mal en aquella pensi\u00f3n. Casa de gente de tr\u00e1nsito, de inmigrante s en busca de trabajo, de pasajeros de dos noches, de bolsillos vac\u00edos y conversaci\u00f3n en el zagu\u00e1n mirando la noche. \u00c9l podr\u00eda, tal vez, pagar por Sime\u00f3n, era tan peque\u00f1a la suma, y decir que su amigo le hab\u00eda encargado arreglar esa cuenta. Pero pens\u00f3 que aquello podr\u00eda prestarse a sospechas y prefiri\u00f3 callar.<br \/>\n\u2014Venga a ver lo \u00fanico que dej\u00f3. Porquer\u00edas.<br \/>\nEstaba solitaria la casucha. Era hora en que los hu\u00e9spedes no hab\u00edan vuelto todav\u00eda. Pasaron al segundo patio. Llegaron a una habitaci\u00f3n grande, subdividida en peque\u00f1os cuartos, por medio de tabiques de coleta recubiertos de papel de peri\u00f3dicos y revistas. Abrieron la puerta de uno de los cuartos. Hab\u00eda dos estrechas camas de metal tendidas, un aguamanil de peltre y dos mesas de noche.<br \/>\nLa patrona se agach\u00f3 y sac\u00f3 de debajo de una de las camas una desvencijada maleta de cuero, manchada y descosida en las esquinas.<br \/>\nLa arroj\u00f3 sobre una cama y la abri\u00f3 bruscamente.<br \/>\n\u2014Vea usted. Eso es todo lo que ha dejado.<br \/>\nHurgaba con ira y sacaba las pocas cosas que hab\u00eda lanz\u00e1ndolas a la cama y al suelo.<br \/>\n\u2014Vea usted.<br \/>\n\u00c9l miraba sin hablar. Un viejo\u00a0<em>sweter\u00a0<\/em>azul que cay\u00f3 sobre el piso con los brazos abiertos. Ten\u00eda la forma del t\u00f3rax de Sime\u00f3n Calamaris. Unos pantalones grises que cayeron entrecruzados, como en una genuflexi\u00f3n. Un l\u00edo de camisas y calcetines sucios. Unos zapatos, arqueados de uso.<br \/>\n\u2014Esto es lo \u00fanico que puede valer algo.<br \/>\nEra un peque\u00f1o marco de plata ovalado con una fotograf\u00eda desva\u00edda y amarillosa. Era el retrato de una mujer muy joven, acaso una ni\u00f1a, con largas crinejas trenzadas con cintas y una especie de traje regional. La otra cosa era un peque\u00f1o icono de cobre y madera. La Virgen con el ni\u00f1o y unos \u00e1ngeles. La corona estaba repujada en el metal. Las tom\u00f3 de las manos de la patrona y las coloc\u00f3 con cuidado sobre la mesa. Se qued\u00f3 viendo el otro lecho tendido.<br \/>\n\u2014Y aqu\u00ed, \u00bfqui\u00e9n vive?<br \/>\nPod\u00eda ser la persona que hab\u00eda compartido por dos semanas la habitaci\u00f3n con Sime\u00f3n. Algo deb\u00eda saber de \u00e9l. Algo le habr\u00eda o\u00eddo.<br \/>\n\u2014Era un italiano. Ya se fue de aqu\u00ed. \u00bfPor qu\u00e9? \u00bfQuer\u00eda algo?<br \/>\n\u2014No, nada. Por curiosidad.<br \/>\nVolv\u00eda a desbordarse la patrona en sus improperios. Hablaba de estafa, culpaba sus buenos sentimientos.<br \/>\n\u2014No<em>\u00a0<\/em>se preocupe que se le va a pagar todo. Yo tengo encargo de Sime\u00f3n de pagarle todo.<br \/>\nEra una voz nueva que hab\u00eda resonado en la puerta del cuarto.<br \/>\n\u2014\u00bfSe ha sabido algo de Sime\u00f3n?<br \/>\nEra una mujer que acababa de asomar. \u00c9l la mir\u00f3 a contraluz. Era joven, de grandes ojos y fina nariz, con el pelo descolorido, casi blanco, recogido en cola de caballo. Un traje estrecho le modelaba el cuerpo, llevaba zapatillas sin tal\u00f3n de altos tacones gruesos.<br \/>\nLa patrona se volvi\u00f3 a verla, con disgusto.<br \/>\n\u2014\u00c9l es el que sabe.<br \/>\nAhora se dirig\u00eda a \u00e9l. Hab\u00eda penetrado en el cuarto y se hab\u00eda sentado en la cama libre. Hab\u00eda cruzado las piernas desnudando hasta un pedazo de muslo. No pudo evitar la atracci\u00f3n de mirarla. Era una piel blanca y suave. Pensaba en todo el abismo que hab\u00eda de una piel viva y joven a una piel muerta y vieja. Hab\u00eda visto la piel de las muchachas amigas. Hasta los muslos, en el traje de ba\u00f1o, hasta el nacimiento del seno en los grandes escotes de las fiestas. Se hab\u00eda apoyado hacia atr\u00e1s sobre los brazos y compon\u00eda una sinuosa figura, llena en las caderas y abultada en el pecho, hasta la cabeza con su cabello incoloro y su desde\u00f1osa mirada oblicua.<br \/>\n\u2014\u00bfQu\u00e9 le ha pasado a Sime\u00f3n?<br \/>\nTen\u00eda tambi\u00e9n un acento extranjero. Un tono inseguro y una \u201cerre\u201d rodada. Pens\u00f3, de pronto, que debi\u00f3 ser la mujer de Sime\u00f3n Calamaris. Sime\u00f3n Calamaris debi\u00f3 mirarla con deseo. En aquella casa s\u00f3rdida en el cuartucho miserable, aquella mujer se desnudaba en todo su esplendor para \u00e9l. Tan esplendorosa como la reina de Saba. El esplendor de una mujer desnuda se libera de todo el ambiente. Se deb\u00edan encender los ojos de Sime\u00f3n Calamaris de deseo. Deb\u00eda sec\u00e1rsele la garganta y temblarle ligeramente las manos sobre aquella piel tibia y suave. Y con su boca dura y amarga deb\u00eda buscar aquella boca risue\u00f1a y frutal.<br \/>\nAlgo le mir\u00f3 la patrona en la cara que la hizo retirarse discretamente.<br \/>\nVino a sentarse al lado de ella. En frente, sobre la otra cama y en el suelo estaban las ropas de Sime\u00f3n Calamaris.<br \/>\nLe dijo que Sime\u00f3n le hab\u00eda encargado hac\u00eda d\u00edas, el retardo hab\u00eda sido culpa suya, de venir a arreglar la cuenta de la pensi\u00f3n. Hab\u00eda salido para un viaje. No muy lejos. No deb\u00eda tardar mucho.<br \/>\n\u2014No te dijo nada para m\u00ed.<br \/>\nNo acertaba a responder. \u00bfQu\u00e9 hubiera podido decirle Sime\u00f3n a aquel joven amigo antes de salir para el viaje? Le habr\u00eda dicho que fuera a la casa de pensi\u00f3n a arreglar su cuenta. Que recogiera sus cosas para guardarlas. Y quiz\u00e1 le habr\u00eda dicho:<br \/>\n\u2014All\u00e1 te vas a encontrar, tal vez, con una mujer que te preguntar\u00e1 por m\u00ed. No tuvimos mayor cosa, pero se port\u00f3 bien conmigo. Pasamos buenos ratos. Dale mi recuerdo y no le digas m\u00e1s nada.<br \/>\n\u2014\u00bfC\u00f3mo te llamas t\u00fa?<br \/>\n\u2014Mad\u00f3.<br \/>\n\u2014\u00bfEres francesa?<br \/>\n\u2014S\u00ed. \u00bfMe lo conociste?<br \/>\nS\u00ed, le habr\u00eda hablado de Mad\u00f3. La recordaba mucho. Cuando se tomaba algunas cervezas empezaba a hablar de ella. Con ternura, con sinceridad. Dec\u00eda que hab\u00edan pasado muy buenos ratos juntos. Le miraba la cara de reojo y la ve\u00eda sonre\u00edr complacida. Hablaba mucho.<br \/>\n\u2014Es raro.<br \/>\n\u2014Es raro, \u00bfqu\u00e9?<br \/>\n\u2014Que hablara tanto. Conmigo era m\u00e1s bien muy callado. Eso era lo que m\u00e1s me gustaba de \u00e9l. Parec\u00eda que pod\u00eda contar muchas cosas y no las contaba. Yo me enfadaba a veces por eso.<br \/>\nDijo y sonri\u00f3:<br \/>\n\u2014Pero era bueno.<br \/>\n\u2014Claro que era bueno.<br \/>\nSe dio cuenta de que hablaban en pasado, como de un muerto.<br \/>\n\u2014\u00bfPor qu\u00e9 me dices que era? \u2014le pregunt\u00f3 ella.<br \/>\n\u2014Porque seguramente ya no va a volver.<br \/>\n\u2014\u00bfTe importar\u00eda que no volviera?<br \/>\nSent\u00eda la necesidad de penetrar en ella en busca de Sime\u00f3n. Algo de \u00e9l hab\u00eda quedado en ella en pedazos de momentos vivos. \u00c9l continuaba vivo en todos esos recuerdos.<br \/>\n\u2014\u00bfTe interesa a ti saberlo?<br \/>\n\u00c9l insist\u00eda:<br \/>\n\u2014\u00bfPor qu\u00e9 te gustaba?<br \/>\nLa mujer lo miraba curiosa y risue\u00f1a.<br \/>\n\u2014Por muchas cosas.<br \/>\n\u2014D\u00edmelas.<br \/>\n\u2014No te las puedo decir todas.<br \/>\nHablaba febrilmente.<br \/>\n\u2014Dime alguna.<br \/>\n\u2014Habl\u00e1bamos franc\u00e9s.<br \/>\nEntre sus lenguas, Sime\u00f3n Calamaris hablaba franc\u00e9s. \u00bfDe qu\u00e9 le serv\u00eda o de qu\u00e9 le hab\u00eda servido? Le serv\u00eda para que lo recordara aquella mujer por la que tantos hombres hab\u00edan pasado. Hablaban en franc\u00e9s en el cuartucho de la pensi\u00f3n. Sime\u00f3n le hablaba en franc\u00e9s a la mujer desnuda.<br \/>\n\u00c9l se levant\u00f3 de la cama y fue hasta la mesa de noche donde la patrona hab\u00eda dejado el icono y la fotograf\u00eda con el marco de plata ovalado. Los tom\u00f3 y se los tendi\u00f3 a la mujer. A qui\u00e9n m\u00e1s hubiera podido Sime\u00f3n dejar, en aquella hora, aquellas cosas.<br \/>\nSe hab\u00eda sentado de nuevo al lado de ella. Ya oscurec\u00eda en el cuarto y se sent\u00edan afuera las voces de los hu\u00e9spedes que hab\u00edan comenzado a regresar. Fuertes voces y gruesas risas.<br \/>\n\u2014\u00bfSon para m\u00ed?<br \/>\nAsinti\u00f3 con la cabeza.<br \/>\n\u2014\u00bfTe dijo \u00e9l que me dieras esto?<br \/>\nVolvi\u00f3 a asentir con la cabeza.<br \/>\nLa mujer observ\u00f3 los dos objetos y se volvi\u00f3 hacia \u00e9l con unos ojos iluminados de gratitud y hasta de emoci\u00f3n.<br \/>\n\u2014Es muy gentil haber hecho eso. Muy gentil. Y de ti tambi\u00e9n es muy gentil haber venido a entregarme estas cosas.<br \/>\nElla lo ve\u00eda con una intensidad que lo desazonaba. Toda la sombra los juntaba.<br \/>\n\u2014B\u00e9same. \u00bfNo quieres?<br \/>\nLa bes\u00f3 en el cuello, en las mejillas, en los ojos y, por \u00faltimo, en la boca. Sab\u00eda a sed. Con gestos torpes se quit\u00f3 el saco y lo arroj\u00f3 al suelo. Mientras la abrazaba, se deshizo la corbata, casi se arranc\u00f3 la camisa. Era como si cayeran juntos de una altura sin fondo. Sus manos resbalaban sobre la piel. Ya no hablaban palabras coordinadas, sino tartamudeos, mugidos, estertores.<br \/>\nIba en un descenso de sue\u00f1o de ni\u00f1o por entre unas sombras pobladas de sombras, donde, sin embargo, se sent\u00eda arder un fuego sin llamas. Era como una b\u00fasqueda ansiosa. Con las ropas iban cayendo los tiempos y los lugares. Hu\u00eda por hondonadas y valles. Era como si abriera puertas blandas y pasara pasadizos h\u00famedos y tropezara monstruosos animales. Lomos de nonatos, nidos de pichones, bocas de fetos. Pozos y mont\u00edculos. Pedazos suyos iban siendo devorados por aquellas fauces y picos. Daba en belfos, hocicos, papos, buches y crestas. Hasta el oscuro buitre agazapado de oscura pluma de rojizo reflejo.<br \/>\nBajaba sin t\u00e9rmino y sin sosiego en busca \u00bfde qu\u00e9? \u00bfEn busca de qui\u00e9n?<br \/>\nCuando se alz\u00f3 del lecho fue recogiendo en la penumbra su ropa. Estaba mezclada en el suelo con la de Sime\u00f3n Calamaris. Las mangas de su saco estaban con los brazos de su\u00a0<em>sweter.\u00a0<\/em>Su camisa frente al pantal\u00f3n genuflexo. Era como si se arrancara y se despidiera de \u00e9l.<br \/>\n\u2014\u00bfVas a volver? \u2014le pregunt\u00f3 la mujer.<br \/>\nNo respondi\u00f3. Sent\u00eda que estaba empezando a regresar. Abri\u00f3 la puerta y apareci\u00f3 en medio de las tertulias y las voces de los hu\u00e9spedes.<\/p>\n<p>Al entrar en su casa tropez\u00f3 con su padre. Apenas lo sinti\u00f3 entrar salt\u00f3 a su encuentro, como si lo aguardara con impaciencia.<br \/>\n\u2014\u00bfQu\u00e9 horas son estas de llegar? No se te ha visto la cara desde la ma\u00f1ana y lo mismo ha sido en los \u00faltimos d\u00edas. \u00bfQu\u00e9 es lo que pasa?<br \/>\nAquel encuentro hubiera sido temible para \u00e9l antes, pero ahora sent\u00eda, sin saber por qu\u00e9, que no lo era. Pod\u00eda responder con frialdad y casi con indiferencia. Hasta pod\u00eda no responder.<br \/>\nO pod\u00eda simplemente decir, como estaba diciendo:<br \/>\n\u2014No pasa nada.<br \/>\nPero no era aquella la respuesta que su padre pod\u00eda esperar de \u00e9l. La hab\u00eda recibido con asombro y desconcierto.<br \/>\n\u2014\u00bfC\u00f3mo que no pasa nada? \u2014La voz de su padre se hab\u00eda hecho cortante y dura\u2014. \u00bfC\u00f3mo que no pasa nada? No vienes a tu casa y tampoco vas a la Escuela de Medicina. \u00bfCrees que no lo s\u00e9? En los \u00faltimos d\u00edas no has asistido a las clases. Me he informado en la Universidad.<br \/>\n\u2014He podido ir, pero no he ido.<br \/>\n\u2014\u00bfY por qu\u00e9 no has ido?<br \/>\n\u2014Ten\u00eda otras cosas que hacer.<br \/>\nSent\u00eda la mirada de ira de su padre, pero no la tem\u00eda. La hubiera temido antes, pero no ahora.<br \/>\nMientras lo o\u00eda, casi ajeno, le ven\u00eda a la mente la tenue memoria de algo imaginado o le\u00eddo Dios sabe d\u00f3nde o cu\u00e1ndo. Los ni\u00f1os que iban a la guerra regresaban convertidos en hombres. Regresaban iguales y hasta superiores a sus padres. Y el muchacho que se iba solo a la aventura del mar regresaba como si en meses o d\u00edas hubieran pasado muchos a\u00f1os sobre \u00e9l. Y en la tradici\u00f3n de los milagros los adolescentes que resucitaban, resucitaban como viejos.<br \/>\nHab\u00eda cambiado la voz de su padre, se hab\u00eda hecho suave y conciliadora.<br \/>\n\u2014Tal vez lo que te pasa es lo mismo que les ha pasado a muchos estudiantes de medicina. El primer trabajo con el cad\u00e1ver les produce un horrible choque. Le cogen repugnancia a todo. No pueden ni siquiera comer.<br \/>\nHa podido decir que era eso, pero sent\u00eda una curiosa necesidad de no recurrir a una evasiva.<br \/>\n\u2014No, no es eso. Es otra cosa. Otras muchas cosas.<br \/>\nEl padre se qued\u00f3 a la espera de la confidencia que parec\u00eda anunciarse.<br \/>\n\u2014\u00bfCu\u00e1les cosas, hijo?<br \/>\n\u2014Muchas. Todas.<br \/>\nEl padre sospech\u00f3 que deb\u00eda estar bajo la influencia de una mala compa\u00f1\u00eda.<br \/>\n\u2014T\u00fa no pensabas as\u00ed antes. Esa manera de pensar te la ha metido en la cabeza alguien. \u00bfCon qui\u00e9n andabas en estos d\u00edas?<br \/>\nSonri\u00f3 sin responder.<br \/>\n\u2014\u00bfCon qui\u00e9n?<br \/>\nIba a decir la verdad, por lo menos la verdad que pod\u00eda ser dicha y recibida.<br \/>\n\u2014Andaba con Sime\u00f3n Calamaris.<br \/>\n\u2014\u00bfY qui\u00e9n es ese?<br \/>\nAhora resultaba m\u00e1s dif\u00edcil traducir en palabras comprensibles para su padre aquella verdad.<br \/>\n\u2014Es un hombre.<br \/>\n\u2014No lo dudo.<br \/>\n\u2014\u00bfPor qu\u00e9 no lo dudas? Pod\u00eda haber sido un hombre y no serlo ya.<br \/>\nSu padre volv\u00eda a perder la paciencia:<br \/>\n\u2014\u00bfQuieres hacerme el favor de hablar conmigo en un lenguaje m\u00e1s claro?<br \/>\n\u00bfQui\u00e9n es ese hombre que yo no conozco?<br \/>\n\u2014La verdad es que yo tampoco lo conozco mucho, pero en estos d\u00edas he estado aprendiendo con \u00e9l.<br \/>\n\u2014\u00bfY qu\u00e9 estudia \u00e9l?<br \/>\n\u2014Ya no estudia. Ha podido estudiar o no estudiar, pero en todo caso aprendi\u00f3 mucho.<br \/>\n\u2014\u00bfY qu\u00e9 te ense\u00f1a? A vivir como un vagabundo, sin horas y sin obligaciones.<br \/>\n\u2014Es in\u00fatil que te diga, yo s\u00e9 que a ti no te gusta, no te puede gustar. En realidad no te gust\u00f3.<br \/>\n\u2014\u00bfNo me gust\u00f3 cu\u00e1ndo? S\u00ed no lo conozco ni lo quiero conocer.<br \/>\n\u2014Para m\u00ed lo conociste. Lo puse en presencia tuya y no fue bueno el encuentro para ti.<br \/>\n\u2014Y fue bueno para ti.<br \/>\n\u2014Habr\u00eda que ver, con el tiempo.<br \/>\nEl padre lo cort\u00f3 bruscamente:<br \/>\n\u2014No hables m\u00e1s disparates. Desde ma\u00f1ana vas a volver puntualmente a tus clases.<br \/>\nTom\u00f3 el tono m\u00e1s sereno que pudo hallar en su voz:<br \/>\n\u2014Voy a volver por complacerte, pero te advierto que ahora podr\u00eda no volver.<br \/>\n\u2014Adem\u00e1s, no ir\u00e1s m\u00e1s a la casa de ese hombre.<br \/>\n\u2014Eso va a ser m\u00e1s dif\u00edcil, porque, entre otras cosas, no tiene casa.<br \/>\nHa podido decir:<br \/>\n\u2014He estado buscando un ser perdido, hasta lograr encontrarlo.<br \/>\nY haber a\u00f1adido, sin mentir:<br \/>\n\u2014Era una cuesti\u00f3n de vida y muerte.<br \/>\nHubiera podido creer que era un capricho o una imaginaci\u00f3n.<br \/>\n\u2014Es un destino.<br \/>\nNo hab\u00eda palabra que pudiera molestar m\u00e1s a su padre, y hab\u00eda el peligro de que la pudiera decir.<br \/>\nDio unos pasos m\u00e1s, casa adentro, y se encontr\u00f3 con su madre. Lo miraba con una encendida y melosa alegr\u00eda de animal encontrado.<br \/>\n\u2014Te ves fatigado. \u00bfQuieres comer algo?<br \/>\nNo, no quer\u00eda nada y sobre todo no quer\u00eda hablar.<br \/>\n\u2014Has tenido mucho que hacer.<br \/>\nAsinti\u00f3 con la cabeza. Era cierto que hab\u00eda estado atareado en buscar y en encontrar.<br \/>\nDe pronto se le ocurri\u00f3 preguntarle y su madre recibi\u00f3 la pregunta con asombro:<br \/>\n\u2014Si yo hubiera sido un exp\u00f3sito, uno de esos ni\u00f1os que dejan abandonados a la puerta de una casa, \u00bft\u00fa me habr\u00edas criado y querido lo mismo?<br \/>\n\u2014Qu\u00e9 ocurrencias las tuyas.<br \/>\n\u2014Cont\u00e9stame lo que te pregunto.<br \/>\nPuso la cara seria para responder:<br \/>\n\u2014Tal vez s\u00ed.<br \/>\nEra lo que necesitaba:<br \/>\n\u2014T\u00fa ves, hubiera bastado que alguien dejara un ni\u00f1o desconocido en la puerta de tu casa para que t\u00fa hubieras tenido que empezar una nueva vida.<br \/>\n\u2014Es cierto. \u00bfPero por qu\u00e9 me preguntas eso? \u00bfLe ha pasado eso a alguien que t\u00fa conozcas?<br \/>\nNo iba a decirle que hab\u00edan abandonado una criatura a la puerta de una casa de gente conocida, pero tampoco le iba a decir lo otro.<br \/>\nSin embargo, pensaba que Sime\u00f3n Calamaris no era exactamente un exp\u00f3sito. No llegaba en limpio y blanco para comenzar una vida. Era m\u00e1s bien puro y turbio pasado. Si ahora estuviera all\u00ed con \u00e9l, \u00bfqu\u00e9 har\u00eda?<br \/>\nHubiera tenido que entrar disimuladamente, sin dejarse ver. Hubiera tenido que evitar encontrarse con el padre y con la madre en aquella indefensa soledad de su presencia. Hubiera entrado oculto como un esp\u00eda o como un ladr\u00f3n. Le hubiera interesado m\u00e1s seguramente asomarse al cuarto de la hermana. Un cuarto que no se parec\u00eda a los cuartos de mujer a los que hab\u00eda penetrado Sime\u00f3n. No estaba all\u00ed la joven, pero estaban todas las huellas de su presencia. Tules, sedas, cortinas, edredones floridos, espejos, frascos de perfumer\u00eda, zapatillas volcadas, un traje sobre un sill\u00f3n, un armario abierto, por donde asomaban telas de todos los colores, unas medias transparentes y vac\u00edas, torcidas en el suelo, como piel de una serpiente de gasa, y sobre un peque\u00f1o tocador muchas menudas cosas de cristal y de porcelana, en desorden, y entre ellas un brillo dorado que refulg\u00eda bajo un rayo de luz.<br \/>\nSime\u00f3n hubiera entrado a husmear, a buscar, a conocer, con su instinto de vagabundo. Hubiera tenido una mano metida en el bolsillo del ra\u00eddo saco tocando el viejo billete de loter\u00eda y la arrugada papeleta de empe\u00f1o. Lo que brillaba en la mesa era una moneda de oro labrada en forma de dije. En el resplandor amarillo con que esparc\u00eda la luz se hac\u00eda borroso el perfil grabado en el anverso. Sime\u00f3n Calamaris sab\u00eda muy bien lo que pod\u00eda valer una de esas monedas. \u00bfCu\u00e1nto tiempo tendr\u00eda Sime\u00f3n Calamaris sin sentir en la mano el peso fr\u00edo y duro de una moneda de oro? La hubiera acariciado con un tacto de ciego que reconoce con la yema de los dedos. Un tacto voluptuoso sobre el labrado firme que se va entibiando al contacto de la mano.<br \/>\nLa habr\u00eda echado distra\u00eddamente a su bolsillo. \u00bfDistra\u00eddamente? Y habr\u00eda sentido, ciertamente, un contento, una alegr\u00eda de hallazgo, el prodigioso descorrer callado de una cortina sobre una inesperada perspectiva de placer y de posesiones.<br \/>\nSe daba cuenta de que se hab\u00eda acostado en una vasta sala, llena de estrechas camas blancas y r\u00edgidas. No a dormir, sino a yacer. No era su cuarto, ni su casa, ni le parec\u00eda lugar conocido. Y como no estaba dormido, hab\u00eda visto levantarse de otra de las camas a otro yacente y acercarse a hablarle.<br \/>\nVen\u00eda envuelto en una sucia s\u00e1bana que lo cubr\u00eda en parte y se le ve\u00edan las heridas frescas en la carne. Terriblemente p\u00e1lido y duro. Era Sime\u00f3n Calamaris.<br \/>\nHubiera preferido no encontr\u00e1rselo ahora. Tra\u00eda en la mano una moneda de oro y la colocaba en la peque\u00f1a mesa que estaba junto al camastro.<br \/>\n\u2014\u00bfPara qu\u00e9 es eso?<br \/>\nEra casi inaudible la voz de Sime\u00f3n. Ahora se daba cuenta de que era como si no la hubiera o\u00eddo nunca antes. Sime\u00f3n hablaba de pie y \u00e9l permanec\u00eda inerte e inm\u00f3vil en el camastro.<br \/>\nResultaba confuso lo que dec\u00eda. Deb\u00eda mucho, pero otros deb\u00edan mucho tambi\u00e9n por \u00e9l. Hab\u00eda que pagar por \u00e9l y por los otros. Con el dinero ganado. Hab\u00eda que pagar a las patronas y a los boticarios. Hab\u00eda que pagar a las mujeres que esperan. Con el dinero ganado. Pensaba que era aquella la moneda que usaba su hermana como un dije. La moneda que brillaba en la mesa de su tocador. La hab\u00eda cogido Sime\u00f3n Calamaris. Su padre dir\u00eda: \u201cNo hay que traer gente as\u00ed a la casa\u201d. Su hermana har\u00eda un gran alboroto de protestas y sollozos. Pero Sime\u00f3n insist\u00eda en decir: \u201cCon el dinero ganado\u201d. Con aquella cara marcada y sufrida, sin color, con aquellas heridas abiertas con aquella voz inolvidable.<br \/>\nSime\u00f3n dec\u00eda, de pie junto al camastro, que con el dinero ganado hab\u00eda que pagar. Ciertamente, hab\u00eda que pagar a la patrona de la pensi\u00f3n para que no dijera las horribles cosas que pod\u00eda decir del desaparecido. Era lo que hac\u00edan los herederos. Hubiera sido necesario pagar todas las deudas menudas y dispersas. La caja de cigarrillos que le deb\u00eda al pulpero. El remiendo de zapatos que le deb\u00eda al remend\u00f3n. El quinto de loter\u00edas que le deb\u00eda al billetero. No conoc\u00eda \u00e9l todo lo que habr\u00eda que hacer por tenduchos y vericuetos de la ciudad para recoger las deudas de Sime\u00f3n con aquella moneda de oro. Que Sime\u00f3n hab\u00eda ganado. Pero sab\u00eda, en cambio, y no quer\u00eda que se hablara de eso, que algo habr\u00eda que darle a la francesa de la pensi\u00f3n. Habr\u00eda que ser generoso por Sime\u00f3n y por \u00e9l.<br \/>\nPara que Sime\u00f3n quedara bien. O para que \u00e9l quedara bien con Sime\u00f3n. Hubiera tenido que decirle, pero no se atrev\u00eda, que le deb\u00eda mucho y que, adem\u00e1s, no hab\u00eda sido enteramente leal en los encuentros que hab\u00eda tendido buscando su camino.<br \/>\nSi lo hubiera dicho tal vez Sime\u00f3n hubiera sonre\u00eddo con aquella cara dura y fr\u00eda. No lo tomaba as\u00ed. Todo eso no era sino lo que le estaba ense\u00f1ando. Era su manera de ense\u00f1ar. Todo lo que hab\u00eda tenido que hacer.<br \/>\nSime\u00f3n Calamaris estaba exang\u00fce y yerto por todo lo que hab\u00eda tenido que hacer. Y era mucho para que \u00e9l lo aprendiera o lo recibiera en d\u00e1diva como aquella moneda de oro que ahora no se atrever\u00eda a negar que Sime\u00f3n Calamaris hab\u00eda ganado.<br \/>\nHubiera tenido que decirle, con toda aquella angustia que lo paralizaba, alguna palabra de ternura o gratitud. Pero c\u00f3mo decirle nada tierno a aquel ser duro que cobraba y pagaba.<br \/>\nNo se pod\u00eda ser amigo de \u00e9l. \u201cAunque lo quisiera, no podr\u00eda ser tu amigo, Sime\u00f3n. Das miedo\u201d. Era como un padre terrible o como un hijo terrible. No un amigo de la intimidad del sentimiento. M\u00e1s val\u00eda no acerc\u00e1rsele.<br \/>\nPodr\u00eda prometerle muchas cosas, tal vez para apaciguarlo, tal vez para alejarlo, con la secreta esperanza de no cumplir, de olvidar.<br \/>\n\u201cIr\u00e9 por ti a pagar a la patrona del hospedaje\u201d. No hac\u00eda ning\u00fan gesto de\u00a0aquiescencia.<br \/>\n\u201cIr\u00e9 por ti a casa de la mujer a llevarle tu recuerdo\u201d. No se le miraba sonre\u00edr.<br \/>\n\u201cBuscar\u00e9 en todas las cuevas y en todos los tenduchos para reparar tu camino\u201d. Permanec\u00eda inexpresivo.<br \/>\n\u201cIr\u00e9 a pagar con la moneda que has ganado\u201d. Mejor hubiera debido decir: \u201cque es tuya\u201d. O tal vez: \u201cque te deb\u00eda\u201d.<br \/>\nTodo hubiera sido poco para aquietar, para calmar, para alejar a Sime\u00f3n Calamaris. Para que volviera para siempre al otro estrecho camastro blanco del que se hab\u00eda alzado para hablarle.<br \/>\nPero \u00bfpor qu\u00e9 estaba \u00e9l tendido en aquel camastro blanco, que no era su cama, y en aquella fr\u00eda sala sin fondo, que no era su cuarto? \u00bfD\u00f3nde estaba \u00e9l?<\/p>\n<p>Llam\u00f3 a un muchacho callejero y le entreg\u00f3 el sobre con la moneda para que lo llevara a la patrona de la pensi\u00f3n.<br \/>\n\u2014Yo te espero aqu\u00ed en la esquina. Dile que te firme el sobre.<br \/>\nAl despertar de la agitada noche, con toda premura, hab\u00eda escrito el papel y lo hab\u00eda metido en el sobre con la moneda:<br \/>\n\u201cSe\u00f1ora: no fue mi intenci\u00f3n marcharme sin pagarle. Me ha juzgado usted mal. Con esa moneda de oro que le mando, c\u00f3brese usted lo que le debo y el resto se lo entrega, de mi parte, a Mad\u00f3, la francesa. Guarde mis cosas para mi regreso. Dentro de una o dos semanas\u201d.<br \/>\nFirm\u00f3: Sime\u00f3n, sin apellido, con una letra que no parec\u00eda suya.<br \/>\nNo hab\u00eda puesto ni fecha ni lugar.<br \/>\nAl rato vio salir al muchacho de la pensi\u00f3n. Tra\u00eda el sobre firmado con un garabato nervioso. Debi\u00f3 ser grande la sorpresa de la patrona al recibir la moneda y la carta.<br \/>\n\u2014\u00bfQu\u00e9 te dijo?<br \/>\n\u2014Nada. Ley\u00f3 el papel como tres veces y la moneda la vio, la cogi\u00f3 y la mordi\u00f3. Parec\u00eda que iba a gritar. En lo que me firm\u00f3 el sobre sal\u00ed corriendo.<br \/>\nNo necesitaba saber m\u00e1s. Dio una propina al muchacho y se march\u00f3. Ya hab\u00eda cumplido. Nada quedaba por hacer. La boca de la patrona, la pensi\u00f3n entera, las voces de los hu\u00e9spedes, los ojos blanqueados como un espasmo de la mujer, todo en la sucia casa partida en cuartuchos de papel y trapo estar\u00eda lleno del nombre de Sime\u00f3n Calamaris. Como si resonara con el resonar inesperado de la moneda de oro.<br \/>\nIba hacia la Facultad de Medicina.<br \/>\nEra como si regresara de un largo y oscuro viaje. Como si regresara a la luz y a la vida re encontrada. Las calles parec\u00edan animadas, alegres y coloridas. Pasaba por entre las mujeres lentas, por entre los pregoneros erizados, por entre los vendedores ambulantes, por entre el debate de los hombres detenidos, sin parar, ni mirar, ni o\u00edr.<br \/>\nTal vez su hermana en su casa se habr\u00eda dado cuenta de la desaparici\u00f3n del dije. Tal vez ni se habr\u00eda dado cuenta. Tal vez s\u00ed se habr\u00eda dado cuenta, no recordar\u00eda d\u00f3nde lo habr\u00eda podido perder, y procurar\u00eda no decir nada para que no la rega\u00f1aran sus padres. Despu\u00e9s de todo, \u00bfqui\u00e9n pod\u00eda saber lo que hab\u00eda pasado con aquella moneda?<br \/>\nHab\u00eda llegado a la Facultad. Le parec\u00eda que llegaba ahora por primera vez. Que por primera vez ve\u00eda los patios, y las arcadas y los corredores, y el calco y descalco continuo de las batas blancas entre s\u00ed y sobre los muros.<br \/>\nSe quit\u00f3 el saco, de deshizo la corbata y se puso la bata de gruesa tela blanca. Pod\u00eda ahora su silueta fundirse y perderse entre las otras.<br \/>\nEntr\u00f3 a la sala de anatom\u00eda sin ninguna vacilaci\u00f3n. No fue a su mesa. De lejos, casi de reojo, vio al compa\u00f1ero que laboraba sobre el cad\u00e1ver. Carnes p\u00e1lidas y cortes rojizos y azulosos.<br \/>\nSe dirigi\u00f3 al profesor. Le dio una dif\u00edcil explicaci\u00f3n de su ausencia y le pidi\u00f3 que lo pusiera a trabajar en otro cad\u00e1ver. No hallaba ning\u00fan motivo el profesor para ello. Hubo que insistir y casi suplicar.<br \/>\n\u2014La verdad es que se trata del cad\u00e1ver de un hombre que he conocido. Fuimos amigos.<br \/>\n\u2014Si es as\u00ed.<br \/>\nEra as\u00ed, asent\u00eda con la cabeza con firme convicci\u00f3n. Con una convicci\u00f3n que no hubiera tenido antes para afirmar o para negar nada.<br \/>\nLo asignaron a otra mesa. Lleg\u00f3 casi con alegr\u00eda. Sin ninguna vacilaci\u00f3n tom\u00f3 el bistur\u00ed y comenz\u00f3 a practicar la incisi\u00f3n que le indicaron en el t\u00f3rax. Con seguridad, con firmeza. Aquellos ahora no eran sino tejidos, m\u00fasculos y huesos de un cuerpo sin historia y sin nombre.<\/p>\n<p style=\"text-align: right;\"><a href=\"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/uslar-pietri-arturo\/\" target=\"_blank\" rel=\"noopener\">Sobre el autor<\/a><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Arturo Uslar Pietri Era su primer cad\u00e1ver. Casi no pod\u00eda ver otra cosa que aquella estrecha mesa de disecci\u00f3n sobre la que la lona que cubr\u00eda el cuerpo formaba una pelada cordillera, como las de los paisajes de la luna. Era como si no hubiera m\u00e1s nadie en la espaciosa sala. 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