{"id":5960,"date":"2022-08-28T23:18:02","date_gmt":"2022-08-28T23:18:02","guid":{"rendered":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/?p=5960"},"modified":"2023-11-24T18:26:49","modified_gmt":"2023-11-24T18:26:49","slug":"cuentos-breves-ana-teresa-torres","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/cuentos-breves-ana-teresa-torres\/","title":{"rendered":"Cuentos breves de Ana Teresa Torres"},"content":{"rendered":"<p><strong>LA RATONERA <\/strong><\/p>\n<p>Hab\u00eda una vez un hombre encerrado en una ratonera. Era una caja grande de paredes negras con varios orificios. La caja era lo suficientemente grande como para que el hombre no se entumeciera. Pod\u00eda caminar, correr, brincar. Pod\u00eda cansarse incluso si la recorr\u00eda a paso ligero. La caja ten\u00eda la suficiente luz para que el hombre no se quedara ciego, pod\u00eda leer y escribir, y tambi\u00e9n cerrar los ojos y dormir sin que le molestara la claridad. En la caja hab\u00eda aire suficiente para que sus pulmones se oxigenaran, para que pudiera fumar sin toser. Pod\u00eda prender un f\u00f3sforo sin que el aire lo apagara y pod\u00eda refrescarse en verano con la brisa. La caja conten\u00eda suficiente comida para no morirse de hambre, para engordar incluso, pero tambi\u00e9n hab\u00eda comidas diet\u00e9ticas si lo deseaba. En la caja hab\u00eda una oficina para que el hombre trabajara y tambi\u00e9n pod\u00eda hacer piezas de autom\u00f3vil, un atril si quer\u00eda pintar y varias probetas para hacer experimentos. En la caja pod\u00edan llevarse a cabo actividades variadas porque era lo suficientemente espaciosa y bien distribuida. En la caja hab\u00eda mujeres y bebidas que pod\u00edan ser utilizadas los fines de semana y vaginas mec\u00e1nicas y antibi\u00f3ticos contra el chancro sifil\u00edtico. En la caja hab\u00eda tambi\u00e9n un gran tesoro para que el hombre tratara de aumentarlo o peleara si tem\u00eda que alguien lo disminuyera. La caja conten\u00eda tambi\u00e9n una urna con la guirnalda colocada convenientemente a un lado para ser utilizada si el hombre quer\u00eda morirse.<\/p>\n<p>El hombre que viv\u00eda en la ratonera ten\u00eda cuatro ventanas. En los diez primeros a\u00f1os de su vida abri\u00f3 la ventana 1 y vio que detr\u00e1s no hab\u00eda nada, s\u00f3lo pintura negra. En los siguientes quince a\u00f1os de su vida abri\u00f3 la ventana 2 y vio que era la misma pintura. Tard\u00f3 veinticinco a\u00f1os en abrir la ventana 3 porque tem\u00eda encontrar lo mismo y cuando la abriera \u00fanicamente quedar\u00eda una ventana por abrir. Despu\u00e9s de haber visto la pintura negra por tercera vez no se atrevi\u00f3 a abrir la ventana 4. Si era igual que las anteriores, no resistir\u00eda la decepci\u00f3n, si era distinta y hab\u00eda algo detr\u00e1s ya no ten\u00eda tiempo para buscarlo. Por eso era una ratonera.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><strong>HACE CALOR <\/strong><\/p>\n<p>Tal vez pensabas junto a la ventana que hac\u00eda demasiado calor. Te levantaste a buscar un refresco en la nevera y chupabas despacio del pitillo. Sin prestarle mucha atenci\u00f3n ve\u00edas el caf\u00e9 de enfrente y te imaginabas el sudor de los hombres que fumaban sentados. En el edificio Granada, arriba del caf\u00e9, colgaba imp\u00fadica la ropa interior de tus vecinos y el olor de aceite. Adentro, de tu casa, sal\u00eda el mismo olor, la misma ropa interior, la misma canci\u00f3n por la radio. La tibieza de la plancha, la humedad del coleto, la acidez de los pa\u00f1ales. De pronto los matices dom\u00e9sticos pod\u00edan ser excesivos. Sofocantes. S\u00fabitamente la idea de regarlo todo con una manguera de agua. Anegarlo todo en desinfectante hasta suprimir el \u00faltimo vestigio de la \u00faltima gota de aceite. Jugabas con el pitillo en la boca, soplando en la botella vac\u00eda, apenas entreviendo las figuras de los hombres all\u00e1 abajo, m\u00e1s pendiente de la laca de las u\u00f1as. Alargada sobre el sof\u00e1 cama, sonri\u00e9ndole discretamente a los negros del afiche de Turismo, en una vaga resonancia ex\u00f3tica. Repentinamente la sensaci\u00f3n m\u00e1s fuerte de sudor, acompa\u00f1ada del deseo de buscar otro refresco, si no fuera por la flojera de pararse. La habitaci\u00f3n se humedece lentamente, hace casi m\u00e1s calor que afuera en el caf\u00e9.<\/p>\n<p>Seguramente toman limonada, entre otras voces se oye la de alguien que pide una limonada. Los ruidos se amplifican y se distinguen las risas a los chistes obscenos, los llantos, los motores, las cornetas, el fre\u00edr del aceite, los comentarios de ventana a ventana, el maullido de la aspiradora, la voz de tu madre hablando con la vecina, la m\u00e1quina de escribir de tu padre en el cuarto de al lado, el Desfile de \u00c9xitos de tu hermana, y las aspiradoras y m\u00e1quinas de escribir, y radios y madres y vecinas del edificio Granada. De nuevo la fugacidad de una campana de cristal que absorba los sonidos y deje un universo para sordos. Paulatinamente ir entrando en un mundo ajeno, que es el tuyo propio, indebidamente opacado por sensaciones prestadas. El aceite se fr\u00ede en la punta de tus dedos, la aspiradora te recorre las venas, la tibia acidez de los pa\u00f1ales es un sabor a limonada, la m\u00e1quina de escribir son carcajadas obscenas en el est\u00f3mago, interceptadas r\u00edtmicamente por voces de vecinas, el sudor y la humedad del coleto dejan pasar un desfile de \u00e9xitos en tu vagina.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><strong>COINCIDENCIAS <\/strong><\/p>\n<p>Sentados en la piedra miraban los c\u00edrculos del agua. El remolino conc\u00e9ntrico les chupaba las palabras. Roberto le explicaba a su compa\u00f1ero, lento, la determinada coincidencia de la hoja con la gota de roc\u00edo. C\u00f3mo hab\u00eda revuelto miles de hojas, buscado y rebuscado en miles de bosques antes de dar con su hoja, y entonces, las dificultades de identificaci\u00f3n porque no era ni m\u00e1s verde ni m\u00e1s peluda que otras hojas. Y las preguntas de rigor, rellenar formularios, y las huellas dactilares, y que, si este n\u00famero no corresponde con el serial, y por qu\u00e9 la hoja no tiene c\u00e9dula y c\u00f3mo le averiguamos el sexo. Para no hablar de la gota que no era m\u00e1s h\u00fameda ni m\u00e1s circundante y englobante. Sin embargo, a pesar de los milagros espeluznantes, de los misterios de las Tres Torres y del Fantasma de Canterville, la gota y la hoja se encontraron bajo el ala sucia de Roberto. Entonces el Aparecido se sinti\u00f3 con \u00e1nimos de, a su vez, contar una historia de miedo y de terror, y relat\u00f3 algo nervioso, hay que reconocerlo, porque era la primera vez que se aventuraba en este terreno, y temeroso, tambi\u00e9n es verdad, de que Roberto se riera, la b\u00fasqueda y encuentro de una nota musical. C\u00f3mo se le ocurri\u00f3 una tarde hueca, o una noche despu\u00e9s de comida (ya uno est\u00e1 harto de la televisi\u00f3n) que ten\u00eda una nota escondida en alguna parte, aunque desde luego, no me puedo acordar d\u00f3nde la he puesto, pero ah\u00ed debe estar. Y estimulado con la idea de tener de nuevo consigo la nota que no ve\u00eda desde que era ni\u00f1o, levant\u00f3 la tapa de todos los pianos, meti\u00f3 los dedos en todas las trompetas, separ\u00f3 las cuerdas de todos los violines, oli\u00f3 todos los fuelles de acorde\u00f3n, sacudi\u00f3 todas las flautas y pate\u00f3 en el lomo (o barriga) de todos los tambores (y no sigo porque aqu\u00ed se termina mi cultura musical) hasta que por fin, registrando sin esperanza un \u00e1lbum de discos viejos, ting, ting, ting, la nota resbal\u00f3 por el piso y rod\u00f3 hasta sus pies. Roberto, por supuesto, no crey\u00f3 esta absurda historia, pero le hizo gracia, hasta que el Aparecido se fue con su m\u00fasica a otra parte.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><strong>DIFICULTADES DE LA DIAL\u00c9CTICA <\/strong><\/p>\n<p>Llegas a tu casa y configuras un mundo jazz-caf\u00e9-fotos de recuerdos-Julio Cort\u00e1zar recortado en la pared. Tratas de proyectarte y recordarte, pero todo es puro saxo bajo-caf\u00e9. Mejor todav\u00eda si suena un tel\u00e9fono equivocado: la posibilidad de cu\u00e1nto sobre cu\u00e1nto. La soledad se puede convertir en un peligroso instrumento de la duda cr\u00f3nica.<\/p>\n<p>Alargamiento del instante: intento de vivir en el presente. Es m\u00e1s, o menos as\u00ed: Piano-bater\u00eda-piano-bater\u00eda m\u00e1s largo-las dos cosas. La sensaci\u00f3n de la mesa en el antebrazo, bater\u00eda de nuevo, es distinta a la del papel, piano ahora, en la mano y sigue la bater\u00eda. Los colores de las fotos en la pared b\u00e1sicamente azul y negro-blanco la foto de la derecha, piano steady bater\u00eda dulzona con motor de carro a lo lejos, la aguja con imperfecciones, ruido de platos proveniente de lugar indefinido, cu\u00e1nto tiempo ha pasado, la bater\u00eda se inquieta y yo tambi\u00e9n. Se desenrolla el tiempo as\u00ed, los lentes de sol, brusco chasquido abajo, abandonados sobre, otra vez el chasquido, m\u00e1s el piano, el libro verde, y entre ambos la lista del mercado. Bater\u00eda final que suena como campanitas, qu\u00e9 ociosidad estar escribiendo esto con la cantidad de, siguen las campanitas, cosas que tengo que estudiar, no se acaba nunca.<\/p>\n<h4 style=\"text-align: right;\"><a href=\"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/ana-teresa-torres-una-semblanza-de-su-vida\/\" target=\"_blank\" rel=\"noopener\">Sobre la autora<\/a><\/h4>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>LA RATONERA Hab\u00eda una vez un hombre encerrado en una ratonera. 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