{"id":5921,"date":"2022-08-26T21:31:29","date_gmt":"2022-08-26T21:31:29","guid":{"rendered":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/?p=5921"},"modified":"2023-11-24T18:27:01","modified_gmt":"2023-11-24T18:27:01","slug":"los-llanos-de-venezuela","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/los-llanos-de-venezuela\/","title":{"rendered":"Los llanos de Venezuela"},"content":{"rendered":"<h4 style=\"text-align: right;\"><strong>Rafael de Nogales M\u00e9ndez<\/strong><\/h4>\n<p><strong>L<\/strong>a regi\u00f3n de los llanos de Venezuela, a donde march\u00e9 despu\u00e9s de mi escapada de Bogot\u00e1, es notablemente interesante desde el punto de vista pol\u00edtico, geogr\u00e1fico, zool\u00f3gico y sociol\u00f3gico.<\/p>\n<p>La carretera que sale hoy de la frontera de Colombia, mitad hacia Periquera, no estaba construida por aquellos d\u00edas. Esta es la regi\u00f3n donde termina el bosque y empieza la llanura. El \u00fanico camino que lleva del T\u00e1chira a los llanos, por este tiempo, es la trillada v\u00eda de San Camilo. Se desprende desde San Crist\u00f3bal a lo largo de las serran\u00edas con abiertos precipicios que cruzan las h\u00famedas y v\u00edrgenes monta\u00f1as de la cordillera forestal hasta llegar a las interminables praderas del estado Apure, donde se encuentran las haciendas y hatos de ganado, que contienen a veces hasta cincuenta mil cabezas. El ochenta por ciento de esas praderas son sabanas abiertas, debido a que las candelas en las anchas sabanas destruyen las alambradas tan pronto se ponen. El trabajo en las haciendas es hecho por llaneros. Se parecen a los vaqueros del oeste de Estados Unidos en la \u00e9poca anterior a aquella de los pastores de reba\u00f1os y payasos de Hollywood, cuando, montados en caballos de circo, invadieron esos libres dominios.<\/p>\n<p>Nuestro ganado no tiene grandes cuernos, pertenece a la vieja casta espa\u00f1ola que fue introducida en Venezuela en los d\u00edas de la conquista. Son generalmente grandes, bien formados, de cuernos corrientes y muslos ligeros y salvajes. Los toreros espa\u00f1oles clasifican nuestro ganado entre la mejor exhibici\u00f3n de toros de Espa\u00f1a, los que son llevados todos los s\u00e1bados a propiciar la carnicer\u00eda de viejos caballos de cabriol\u00e9 para satisfacer la sed de sangre del populacho.<\/p>\n<p>Los caballos de los llanos son imponentes. Descienden tambi\u00e9n de la casta espa\u00f1ola \u2014cruzados con \u00e1rabes\u2014 tra\u00eddos a los llanos durante la conquista. Poseen ojos claros, belfos rosados, cuellos de cisne sobre nerviosos pechos, delgados menudillos, fuertes cascos, crines y colas onduladas. Una velocidad que puede ser vertiginosa. He montado muchos leg\u00edtimos caballos \u00e1rabes en Siria, Mesopotamia y Palestina durante la guerra mundial. S\u00e9 de lo que estoy hablando.<\/p>\n<p>Sobre la silla de un llanero no se encuentra un solo clavo. Es toda cosida y pespunteada. La cabeza de la silla es de plata, imitando la cabeza del animal; de igual material son los largos puntiagudos estribos. Las bridas consisten en un freno de hierro y una delgada correa lo sostiene detr\u00e1s de las orejas del caballo, similar a las bridas \u00e1rabes. Todas las correas, incluyendo las delgadas riendas, est\u00e1n fabricadas de cuero curtido, como la larga soga, o lazo, que es atada por una punta a la cola del caballo, mientras el rollo principal permanece atado al lado derecho de la silla. Cuando el nudo corredizo al final del primer rollo (diez yardas de largo) engarza y se hala con seguridad, el segundo y principal rollo (de veinte yardas de largo) es f\u00e1cilmente halado de la silla y desenrollado, d\u00e1ndole a la jaca la oportunidad de pararse, de separar sus cuatro piernas en espera del final estir\u00f3n. La cola de la jaca parece adherida a su nervioso cuerpo con hierro. Siempre est\u00e1 tensa. En momentos en que las jacas saltan al aire como una pelota al final de un hilo, la cola siempre se mantiene erecta. Cuando se les cae la crin se les suelta en los potreros hasta que vuelve a crecerles. Sistema infalible.<\/p>\n<p>Nadie se aventurar\u00eda a ir por la sabana a pie, por temor a ser embestido por el m\u00e1s cercano novillo. El equipo del llanero consiste en un largo afilado cuchillo, una soga y un bayet\u00f3n o gruesa chamarra de lana cuadrada, de dos por dos yardas, roja por un lado y azul por el otro, con un hueco en el centro, como el poncho. Su due\u00f1o mete por este la cabeza para protegerse de la lluvia, pero regularmente lo lleva suelto, cuando va a caballo, listo para usarlo cuando se desmonta. Porque \u00e9sta es la \u00fanica efectiva arma con que el hombre puede defenderse a pie de los toros salvajes de la llanura. En los llanos todos los hombres son toreros. La ruana sirve de capote.<\/p>\n<p>El llanero nunca usa sus espuelas cuando trabaja. Teme que se le enrede la soga, la cual maneja con gran maestr\u00eda, hacia adelante o hacia atr\u00e1s, a derecha o izquierda, cuando va a galope tendido. La silla del llanero es tan ligera que se puede levantar con un solo dedo; el sudadero consiste en una vaqueta delgada. Las jacas no llevan herraduras.<\/p>\n<p>No hay piedras en la llanura, salvo muy excepcionales y raros riscos de rocas, cortados en dos, desnudados por las corrientes de los r\u00edos. Las piedras para edificaciones son generalmente transportadas en bolsas de las monta\u00f1as, como en la Mesopotamia central. Es la raz\u00f3n por la cual la mayor\u00eda de las casas de los hatos, contando las casas de los ricos hacendados, est\u00e1n hechas de madera, con altos techos bardados. Los hacendados acomodados no pasan la estaci\u00f3n de invierno en sus haciendas o hatos, como otros acostumbran. Van a San Crist\u00f3bal o a otras ciudades de la cordillera, o al m\u00e1s cercano pueblo ganadero a lo largo de la orilla de los r\u00edos, donde toman contacto con sus administradores por tel\u00e9fono o por medio de mensajeros.<\/p>\n<p>Las praderas y regiones madereras de las tierras bajas son para Venezuela lo que Marruecos, Argelia y el Congo representan para Francia. Son nuestras colonias. El ochenta por ciento de nuestras ciudades, de nuestros centros agr\u00edcolas e industriales, est\u00e1n situados en las altas mesetas de los valles de la cordillera andina y sus ramificaciones. Son nuestras colonias originales, donde los conquistadores fabricaron sus casas y cultivaron su suelo, porque el clima templado de sus altas mesas los habilitaba a hacer su propia labranza mientras que en las tierras bajas, donde se desarrolla nuestra fuerza agr\u00edcola, el calor excesivo los obligaba a emplear peones o esclavos en aquellos trabajos.<\/p>\n<p>El calor no es la \u00fanica dificultad que se encuentra en los llanos. Hay que reconocer tambi\u00e9n los diluvios tropicales. Estos cubren, cada a\u00f1o, y por varios meses, amplias secciones de las sabanas, volviendo todos los caminos de recuas imposibles para el tr\u00e1nsito.<\/p>\n<p>Durante esa estaci\u00f3n lluviosa la mayor\u00eda de los llaneros permanecen recogidos en sus hatos o haciendas, as\u00ed como el ganado, que se refugia en los bancos o en las islas de hierba que se forman en el alto llano inundado. Por este tiempo la mayor\u00eda de los viajes a trav\u00e9s de estos pantanos se hacen dirigidos por bueyes, que son de paso fuerte y seguro.<\/p>\n<p>El principio de la estaci\u00f3n lluviosa es el tiempo en que los indios se mueven m\u00e1s. Viajan en piraguas a trav\u00e9s de los impetuosos r\u00edos, matando el ganado por docenas con sus largas lancetas, o flechas, y atacando aislados e indefensos viajeros. Fabrican sus rancher\u00edas durante el verano a lo largo de los bancos, que est\u00e1n protegidos por fronteras de desnuda e impenetrable vegetaci\u00f3n selv\u00e1tica, algunas veces del espesor de una milla.<\/p>\n<p>Los ca\u00f1os o lodazales, rara vez est\u00e1n cubiertos de densa vegetaci\u00f3n, debido al hecho de que tienden a secarse durante los meses calurosos del verano, cuando los r\u00edos bajan. Est\u00e1n protegidos por gramalote, una yerba alta. Una ocasional franja de h\u00fameda vegetaci\u00f3n, donde los caimanes encuentran su para\u00edso y donde los jaguares se refugian cuando no disponen de otro lugar.<\/p>\n<p>Los r\u00edos que se desploman de Los Andes caen al Orinoco escoltados por selva de cada lado, cuyo espesor var\u00eda seg\u00fan la humedad esparcida por \u00e9stos durante la estaci\u00f3n seca. Las orillas de los r\u00edos no son, sin embargo, los \u00fanicos sitios donde la selva brota en el llano, este interminable oc\u00e9ano de yerba cuya vasta soledad parece limitar con el azul infinito de horizontes borrosos, ondulando a trav\u00e9s de la niebla de tormentosas auroras. Hay tambi\u00e9n las matas, esas islas silenciosas y boscosas que manchan la llanura como los archipi\u00e9lagos en el mar. Se forman en las depresiones pantanosas donde subsiste suficiente humedad despu\u00e9s de la retirada de las aguas. En algunas partes, debido a la profundidad de estas depresiones, el agua nunca desaparece completamente. Fangales y tremedales, llamados esteros, se forman traicioneros a los pies de los hombres o las bestias. Por regla general, sus l\u00edmites est\u00e1n cubiertos de espesas paredes de yerba gramalote, cortada aqu\u00ed y all\u00e1 por espesa maleza o por alguna ocasional isla forestal, donde el piso es suficientemente seco para permitir que la flora de la selva obtenga un seguro desarrollo.<\/p>\n<p>En esos esteros el ganado se refugia durante el verano, cuando los llanos est\u00e1n infestados de garrapatas, o cuando altas candelas barren la llanura, destruyendo gusanos y sierpes venenosas que hacen la vida casi insoportable entre la belleza de esas praderas.<\/p>\n<p>Mientras uno se aproxima a los esteros se observa desde lejos, aqu\u00ed y all\u00e1, hileras de palmas moriche, cuya superficie verdosa se tifie con las variedades multicolores de diferentes aves, desde el garz\u00f3n soldado, centinela gigante de la misma familia del marab\u00fa africano, hasta el peque\u00f1o iridiscente zumbador o colibr\u00ed. Se ven bandadas de juiciosos pel\u00edcanos, meci\u00e9ndose sobre las palmas abanicadas por el aire del llano o alguna garza azul parada en una sola pata, hundida en el fango, mirando atentamente un grupo de t\u00edmidos flamencos, cuyas plumas rosadas se reflejan como un celaje dentro de la laguna. O ya son las nevadas garzas blancas cazando los diminutos peces desde la corona de una palma real aderezada con parrales y mazos de aromosas orqu\u00eddeas, entre cuyos c\u00e1lices surge el cuchillo de los pericos y se agitan constantemente bandadas de bulliciosos araguatos en el concierto del mediod\u00eda.<\/p>\n<p>Entre los indeseables de los pantanos pueden contarse, en primer lugar, los grandes y peque\u00f1os caimanes. Pueden verse por docenas asole\u00e1ndose a la orilla de los r\u00edos y sobre la llanura, algunas veces en centenares, con sus anchas mand\u00edbulas abiertas, dentro de las cuales pican y escarban pajaritos, limpiando la boca de los caimanes de par\u00e1sitos y larvas, actuando, Por lo tanto, como eficientes voluntarios mondadientes. Los caimanes permanecen inm\u00f3viles por horas, dentro de la alta yerba, o medio sumergidos en las nauseabundas aguas de la laguna, observando minuciosamente a sus enemigos con sus crueles y cambiantes ojos amarillos, listos a hundirse dentro de la fangosa profundidad al m\u00e1s ligero signo de peligro.<\/p>\n<p>La alarma es generalmente dada por las garzas blancas, lo que las hace populares dentro de la familia de la selva. Los caimanes nunca les hacen da\u00f1o, aun cuando se aventuren a pararse en sus lomos o sobre sus cabezas.<\/p>\n<p>Los esteros son tambi\u00e9n el terreno favorito para la culebra de agua o gigante serpiente negra, variedad acu\u00e1tica de la boa constrictora. La boa acecha solo en la selva, colgando de su cola de una alta rama, con su peque\u00f1a cabeza volteada ligeramente sobre su v\u00edctima que puede ser un inocente venado, un b\u00e1quiro u otro animal, lista para asaltarlos con sus peque\u00f1os y afilados dientes.<\/p>\n<p>Tan pronto como lo agarra lo enrolla repetidas veces, quebr\u00e1ndole todos sus huesos, dejando el carapacho tan blando como un trapo mojado. Despu\u00e9s de capturar su presa, la boa abre sus inmensas mand\u00edbulas y empieza a tragarla muy lentamente. Tras de un par de horas solo le queda afuera la cabeza y los cuernos. Para separar los cuernos, que ni siquiera la boca puede digerir, tritura los tendones del espinazo y las v\u00e9rtebras del cuello de la v\u00edctima con sus diminutos y afilados dientes como serruchos, hasta que siendo partidos minuciosamente, hacen caer la cabeza. Durante ese embotamiento se la puede cazar y matar f\u00e1cilmente.<\/p>\n<p>Es muy dif\u00edcil diferenciar en la sombra de la selva una boa de una ra\u00edz, pues a veces son tan gruesas como el cuerpo humano. Algunas personas han sido atacadas frecuentemente por boas, pero nunca se ha sabido si han sido tragadas. En Venezuela se llama a la boa constrictora, tragavenado, pero es mejor conocida por el nombre de anaconda.<\/p>\n<p>Nuestra gigante culebra negra de agua alcanza a veces un enorme tama\u00f1o. Vive bajo el agua, especialmente en los grandes esteros. Durante el calor se introduce silenciosamente en los bancos pantanosos y acecha desde all\u00ed, enroscada en la superficie, hasta que un animal se acerca al agua. Entonces, ligera como el rel\u00e1mpago, lo atrapa por el hocico o la pierna y lo arrastra al fondo del agua antes de proceder a com\u00e9rselo. Los llaneros nunca toman agua de un pozo en el cuenco de su mano. Bajan un cuerno atado con una cuerda dentro del r\u00edo, y lo suben lleno de agua.<\/p>\n<p>En cierta ocasi\u00f3n, mientras galopaba tras unos cochinos de monte con un oficial de nombre Campo El\u00edas, tropec\u00e9 sin darme cuenta con una gran culebra de agua. Mi caballo dio un brinco, y saltando como una cabra en un circo, por poco me tumba. Cuando tocamos el suelo yo estaba colgando de la silla por un pie, pero pude enderezarme r\u00e1pidamente. La humillaci\u00f3n me puso furioso. Saqu\u00e9 mi machete y con mi bayet\u00f3n colgando de mi brazo izquierdo como escudo, salt\u00e9 sobre el reptil. El rollo de su cuerpo daba hasta mi cintura.<\/p>\n<p>Desde este, desperez\u00e1ndose lentamente, surgi\u00f3 su cuello de una yarda, con unos desagradables ojos de abalorio y un vicioso siseo a trav\u00e9s de sus peque\u00f1os dientes puntiagudos, mientras su lengua rosada se mov\u00eda r\u00e1pidamente hacia atr\u00e1s y adelante. Cuando hund\u00ed mi machete en ella, rebot\u00f3 como si lo hubiera metido en un neum\u00e1tico. Le hab\u00eda dado un golpe recto, perpendicular sobre sus escamas, en vez de ser oblicuo.<\/p>\n<p>Hubiera terminado all\u00ed mi carrera si Campo El\u00edas no hubiese venido en mi ayuda, cayendo sobre la culebra como deb\u00eda hacerlo, en forma inclinada y desde abajo, cort\u00e1ndole en seco la cabeza. Todav\u00eda tuvimos que correr para cubrirnos, porque antes de que la cabeza tocara el suelo, el cuerpo retorcido del animal golpeaba fuertemente la maleza que lo rodeaba, quebrando las matas como si fuera un machete.<\/p>\n<p>Los venados son muy frecuentes en los llanos y uno puede verlos pastando tranquilos entre las vacas, olvidados de la presencia del hombre. Los hombres rara vez los matan para alimentarse, pues hay ganado en abundancia.<\/p>\n<p>La mayor\u00eda de las haciendas tienen marranos. Estos animales, sin embargo, son muy cobardes y huyen cuando encuentran la oportunidad, a sus ca\u00f1os y esteros, donde se defienden de los jaguares y leones de la monta\u00f1a con sus colmillos. Siempre que un ranchero desea comer un pedazo de tocino o cochino horneado, no tiene sino que tomar su escopeta y salir para el pr\u00f3ximo estero. Frente a esto hechos hay muchos norteamericanos que se preguntan por qu\u00e9 los latinoamericanos no esclavizan sus vidas all\u00ed para montar una cuenta de banco.<\/p>\n<p>Si un viajero se encuentra en los llanos sin alimento, todo lo que tiene que hacer es matar la vaca m\u00e1s cercana y colgar su piel en la maleza, de modo que cuando los vaqueros pasen y la vean, se la lleven a su rancho. Los restos del fest\u00edn \u2014salvo las dos o tres libras de carne que el viajero ha debido consumir\u2014 se le dejan a los zamuros para un banquete. Estos pobres brutos son los come- carro\u00f1a de los llanos. El derecho de ofrecerles una comida delicada no debe ser discutido.<\/p>\n<p>Una de las criaturas m\u00e1s desagradables que habitan los esteros es el temblador, la anguila el\u00e9ctrica. Su tama\u00f1o var\u00eda entre una y dos yardas. Su cuerpo es una bater\u00eda viva que acumula energ\u00eda hasta que explota, descarg\u00e1ndola en lo que toca. Los vados de los r\u00edos est\u00e1n siempre infestados con tembladores, listos a descargar su bater\u00eda en las vacas, que despu\u00e9s de ser tocadas por \u00e9stos, lanzan un mugido doloroso y se hunden y ahogan entre la corriente. Sus inflados carapachos son luego botados a la playa por el r\u00edo y devorados por los zamuros y caimanes, que deben estar aliados con los tembladores.<\/p>\n<p>Una vez tuve la desagradable experiencia de encontrarme con un temblador mientras cruzaba un vado. Ca\u00ed de plano con el shock. Me hubiera ahogado en tres pies de agua si mi sirviente, que estaba ba\u00f1ando los caballos, no me hubiese sacado. No recuerdo haber sentido ning\u00fan dolor cuando fui casi electrocutado, pero la par\u00e1lisis causada por el shock dur\u00f3 tres minutos.<\/p>\n<p>El m\u00e1s peligroso habitante en las corrientes de los llanos es sin duda alguna el caribe, un pez peque\u00f1o, chato por ambos lados. Se alimenta de carne fresca y anda en manadas por centenares. No ataca a hombres o a bestias que sufran de viejas llagas o lastimaduras, pero se clava en cualquier criatura con heridas frescas o con un peque\u00f1o reciente rasgu\u00f1o en sus cuerpos. Desde el minuto en que los caribes huelen sangre nueva atacan a su v\u00edctima y desmenuzan sucuerpo casi instant\u00e1neamente. Por fortuna los caribes son peces migratorios que no permanecen emboscados como los tembladores.<\/p>\n<p>Muchas veces he cruzado los r\u00edos de los llanos, asido a la cola de mi caballo, con heridas sangrantes, pero nunca he encontrado caribes, pues no lo estar\u00eda contando. Mi abuelo, sin embargo, cuando era un ni\u00f1o, se ech\u00f3 al r\u00edo Arauca para regresar al minuto sin su pierna derecha. De su esclavo favorito que salt\u00f3 al r\u00edo detr\u00e1s de \u00e9l, no se volvi\u00f3 a saber.<\/p>\n<p>En cierta ocasi\u00f3n, mientras cruzaba la charca de Grijalba, uno de mis compa\u00f1eros fue devorado por los caribes ante mis ojos, sin poder ofrecerle ninguna ayuda. Iba a lomo de caballo y cuando -lleg\u00f3 al centro de un estrecho lodazal lanz\u00f3 un grito de agon\u00eda y desapareci\u00f3 bajo la superficie con su piafante jaca. El agua que los cubri\u00f3 se volvi\u00f3 p\u00farpura y se pod\u00eda ver centenares de peque\u00f1os caribes cruzando en toda direcci\u00f3n.<\/p>\n<p>La raya es otra peste de aquellas regiones que ha mutilado a muchos hombres y lisiado muchos buenos caballos. Es un pez en forma circular, obscuro en la cabeza y claro en la parte inferior. Se arrastra sobre su vientre hasta la orilla, agitando la arena para ocultar su presencia. Su peque\u00f1a cola parece el asa de una sart\u00e9n y est\u00e1 provista en la punta con una curva de peque\u00f1\u00edsimos dientes como un serrucho. Con esta arma corta o lacera los tendones de un pie humano, o los menudillos del caballo que llegase a pararse sobre ella. He visto a muchos varones dar un grito de agon\u00eda y desmayarse cuando son atacados por una raya, mientras los caballos sufren un colapso, dando salvajes patadas y quej\u00e1ndose como seres humanos cuando son atacados por ella.<\/p>\n<p>Existen adem\u00e1s otros enemigos traicioneros. Legiones de v\u00edboras rojas, amarillas, negras, bronceadas y moteadas. Todas venenosas y de diferente tama\u00f1o. Incontables variedades de sabandijas tambi\u00e9n acosan los llanos y sus selvas v\u00edrgenes. Tomar\u00eda vol\u00famenes describir en forma adecuada las diferentes clases de zancudos que mantienen all\u00ed el negocio de torturar la vida. Mis piernas, desde las rodillas para abajo, permanecen cubiertas con numerosos puntitos oscuros; son las marcas inflamadas de la picada de los mosquitos durante mis excursiones militares por estas regiones. La mayor\u00eda del tiempo he andado descalzo, porque las botas y las polainas he tenido que botarlas por la humedad. Adem\u00e1s, con el pie desnudo es m\u00e1s f\u00e1cil agarrar los estribos en ciertas circunstancias.<\/p>\n<p>A cada momento cambiamos caballos. Los nuevos, regalados por amigos propietarios de ranchos, son potros cerriles que tienen que ser domados en media hora. Era divertido ver a algunos de nuestros hombres dar alaridos y tumbos, arriba y abajo, sobre caballos castigadores, mientras el resto re\u00eda y gritaba como una banda de indios salvajes, hasta que los caballos, d\u00e1ndose cuenta de la inutilidad de echar por tierra esta manada de gatos monteses, optaban por la disciplina. A menudo me tocaba el turno. Era yo entonces quien ten\u00eda que hacer la demostraci\u00f3n, mientras mis amigos se entregaban a las carcajadas. Entre nuestros llaneros, como entre los vaqueros mexicanos, existe la creencia de que ning\u00fan jinete es completo si no rueda de su caballo por lo menos una vez a la semana. Nunca me hubieran reconocido como su jefe ni me hubieran seguido ciegamente durante mis escaramuzas militares si no hubiera estado dispuesto a emplear la misma destreza que ellos empleaban y regularmente a ense\u00f1arles tambi\u00e9n algunas ma\u00f1as nuevas. Bol\u00edvar, el Libertador, dio este ejemplo y se gan\u00f3 el respeto de los lanceros en el llano.<\/p>\n<p>Los caimanes est\u00e1n divididos en tres clases: la baba, o caim\u00e1n peque\u00f1o, el propio caim\u00e1n y el gigante cocodrilo.<\/p>\n<p>La baba tiene desde media a dos yardas y media de largo. Vive la mayor\u00eda del tiempo en los esteros. All\u00ed permanece todo el a\u00f1o debido a su tama\u00f1o, siempre que el estero no se seque enteramente. Cuando esto sucede, la baba se mueve a otro charco en busca de alimento. La baba se alimenta de pescados. Es muy peque\u00f1a para maniobrar en sus cuatro patas, aunque ocasionalmente goza masticando un chig\u00fcire, roedor acu\u00e1tico, suerte de conejo ordinario, negro y peludo, que habita en las sabanas cerca de los esteros, y que es generalmente clasificado por los llaneros como un pescado m\u00e1s que como un mam\u00edfero, probablemente porque puede permanecer debajo del agua por cierto tiempo<\/p>\n<p>Los llaneros huyen de las babas cuando las encuentran a trav\u00e9s del campo en busca de frescos esteros. Es cuando son peligrosas y atacan ferozmente a los caballos mordiendo sus patas con sus poderosas mand\u00edbulas.<\/p>\n<p>Una de las peculiaridades comunes en toda la variedad de los caimanes es que, a pesar de ser lentos caminadores, pueden correr como demonios en una l\u00ednea recta. Entonces tumban a un hombre o a un caballo con una batida de su cola, arrastrando a la v\u00edctima hasta el r\u00edo donde lo ahogan y lo devoran.<\/p>\n<p>El caim\u00e1n es como la baba, color de aceituna. Com\u00fanmente posee de quince a veinte pies de largo, aunque excepcionalmente alcanza veintitr\u00e9s pies. El caim\u00e1n vive generalmente en los r\u00edos y lodazales, y en los esteros o en las charcas llaneras, solo cuando hay suficiente agua para esconderse bajo su superficie.<\/p>\n<p>La m\u00e1s grande variedad de nuestros caimanes pertenece al cocodrilo. Es de color amarillento. A veces alcanza el incre\u00edble tama\u00f1o de veinticinco a veintiocho pies. El cocodrilo es un animal muy raro. Lo llaman el <em>rey de los caimanes<\/em>. De acuerdo con el folklore, cuando est\u00e1 comiendo y se acercan otros caimanes, todos se retiran respetuosamente del fest\u00edn, probablemente para salvarse. Su Excelencia queda solo en el banquete y tambi\u00e9n en la siesta.<\/p>\n<p>La misma ceremonia se lleva a cabo, seg\u00fan los llaneros, con el <em>rey de los zamuros<\/em>, que es blanco en vez de negro y dos veces m\u00e1s grande que un zamuro ordinario. Es muy raro encontrar este personaje, a quien sus compa\u00f1eros menores le rinden obediencia. Una vez lo vi mientras andaba a caballo por la cordillera. Lo tom\u00e9 primero por un c\u00f3ndor. Cuando vi el c\u00edrculo de zamuros cortejadores reconoc\u00ed su noble categor\u00eda del rey del espacio. Con gran respeto lo salud\u00e9 con mi sombrero, mientras su negro cortejo le hac\u00eda reverencias, inclinando ante \u00e9l sus cuellos arrugados.<\/p>\n<h6>*Del libro: <em>Memorias de un aventurero venezolano<\/em><\/h6>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Rafael de Nogales M\u00e9ndez La regi\u00f3n de los llanos de Venezuela, a donde march\u00e9 despu\u00e9s de mi escapada de Bogot\u00e1, es notablemente interesante desde el punto de vista pol\u00edtico, geogr\u00e1fico, zool\u00f3gico y sociol\u00f3gico. La carretera que sale hoy de la frontera de Colombia, mitad hacia Periquera, no estaba construida por aquellos d\u00edas. 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