{"id":5904,"date":"2022-08-25T23:25:20","date_gmt":"2022-08-25T23:25:20","guid":{"rendered":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/?p=5904"},"modified":"2023-11-24T18:27:01","modified_gmt":"2023-11-24T18:27:01","slug":"dos-cuentos-de-arturo-uslar-pietri","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/dos-cuentos-de-arturo-uslar-pietri\/","title":{"rendered":"Dos cuentos de Arturo Uslar Pietri"},"content":{"rendered":"<h3>Barrab\u00e1s<\/h3>\n<p>Su linaje ven\u00eda de Beth\u00e1bara, en el pa\u00eds de los Gadarenos.<\/p>\n<p>Ten\u00eda las barbas negras y pobladas como una lluvia, bajo unos ojos ingenuos de animal, y entre los nombres innumerables el suyo era Barrab\u00e1s.<\/p>\n<p>Conoc\u00eda los libros sagrados, era caritativo y respetuoso, guardaba el s\u00e1bado y sab\u00eda que Jehov\u00e1 era terrible y pose\u00eda una muchedumbre de manos y en la punta de cada dedo un castigo.<\/p>\n<p>Era el mediod\u00eda. Un viento perezoso se derramaba sobre el patio y desbordaba entre las rejas del calabozo. El aire estaba aplastado de un olor indefinible y molesto.<\/p>\n<p>Hab\u00eda all\u00ed gran cantidad de gentes hacinadas, ladrones, prostitutas, vagos, uno que otro perro de lanas laga\u00f1oso, y un soldado con armas que hac\u00eda la guardia caminando de un extremo a otro con rapidez, tal como si se propusiese dejar plegada una distancia muy larga.<\/p>\n<p>En una vuelta lo enfoc\u00f3 con los ojos: entre las barbas le resaltaba la piel p\u00e1lida como el agua sobre las piedras. A la mirada sigui\u00f3 la interrogaci\u00f3n.<\/p>\n<p>\u2014\u00bfYo? Barrab\u00e1s\u2026<\/p>\n<p>\u2014\u00bfBarrab\u00e1s?\u2026 \u00a1Ah! S\u00ed. El asesino. \u00bfSabes? Te van a matar.<\/p>\n<p>\u2014S\u00ed. Ya lo s\u00e9 \u2014respondi\u00f3 con indiferencia por decir algo, callando para contemplarse con abstraimiento las u\u00f1as largas y sucias. El guardia continu\u00f3 su paseo.<\/p>\n<p>Al volver a pasar junto a \u00e9l, continuando en su posici\u00f3n, le pregunt\u00f3:<\/p>\n<p>\u2014Oye, \u00bfcomo que dijiste algo de matarme? \u00bfAh?<\/p>\n<p>\u2014S\u00ed. Te crucificar\u00e1n. Ya est\u00e1 dicho.<\/p>\n<p>El otro sigui\u00f3 en su vuelta mon\u00f3tona y Barrab\u00e1s torn\u00f3 a meterse aquella mirada torpe en el hueco de las manos.<\/p>\n<p>Pasado un rato volvi\u00f3 a llamar al guardia.<\/p>\n<p>\u2014Mira. \u00bfSabes acaso a qui\u00e9n he matado?<\/p>\n<p>\u2014S\u00ed. Al hijo de Jahel. Le diste de pu\u00f1aladas.<\/p>\n<p>\u2014El hijo de Jahel\u2026 \u00bfEs todo?<\/p>\n<p>\u2014No. Tambi\u00e9n apareces complicado en el mot\u00edn.<\/p>\n<p>\u2014En el mot\u00edn\u2026 \u00a1Ah! Bueno\u2026 Espera. Mira. No te vayas. \u00bfSabes? Todo eso que has dicho es mentira, todo, todo. Pero \u00bfme matar\u00e1n de todos modos? Claro. Me matar\u00e1n. \u00a1Ps!\u2026 \u00a1Entonces\u2026!<\/p>\n<p>\u2014Entonces, \u00bfqu\u00e9? Piensas acaso hacerte el inocente. Es in\u00fatil. Jahel lo ha dicho todo. Ven\u00edas en la gran nube de gritos de los del mot\u00edn y cuando los soldados los sorprendieron en la calle, t\u00fa, para salvarte, te entraste en la casa de ella por la ventana. Lo dem\u00e1s lo sabes mejor que yo.<\/p>\n<p>Barrab\u00e1s permaneci\u00f3 callado. Al cabo de un instante, como bajo el imperio de una idea s\u00fabita, dijo:<\/p>\n<p>\u2014Oye\u2026 Todo eso es mentira \u00bfsabes? No es necesario. Ya sucedi\u00f3. Bueno. Pero te lo voy a contar para\u2026 \u00bfTienes hijos? Bueno. Pues para eso. Para que un d\u00eda se lo cuentes a ellos cuando no recuerdes nada mejor. No conozco a Jahel, ni conoc\u00ed a su hijo, ni s\u00e9 la cara que les model\u00f3 Jehov\u00e1 y esto es cierto como una vida.<\/p>\n<p>\u201cUna noche, hab\u00eda tanta luna que parec\u00eda un d\u00eda convaleciente, ven\u00eda yo por las calles, caminando, como hacen los hombres cuando no tienen qu\u00e9 hacer. \u00a1Tambi\u00e9n los comerciantes! Cuando de pronto, siento desembocar en una esquina una turba de hombres con armas y gritos corriendo a todo correr. Ven\u00edan sobre m\u00ed como un manicomio suelto. \u00bfNunca te ha pasado eso, guardia?\u201d<\/p>\n<p>\u2014No mientas, era el mot\u00edn y t\u00fa ven\u00edas con \u00e9l.<\/p>\n<p>\u2014No miento. Ven\u00edan sobre m\u00ed. Adem\u00e1s lo que uno cree, es como si efectivamente fuese, o quiz\u00e1s m\u00e1s. Te digo, pues, que ven\u00edan sobre m\u00ed y yo me ech\u00e9 a huir. Corr\u00edan como cosas, no como hombres \u00bfsabes? no se fijaban en m\u00ed, ni gritaban mi nombre, entonces comprend\u00ed que si me alcanzaban habr\u00eda de perecer bajo la lluvia de sus pies. Hab\u00eda una ventana abierta y me tir\u00e9 por ella como una piedra. Di vueltas sobre un lecho y ca\u00ed en un rinc\u00f3n. El que dorm\u00eda se despert\u00f3 dando voces de alarma.<\/p>\n<p>\u201cT\u00fa sabes, el que viene hace rato en la oscuridad ve; el que despierta no ve. Yo ve\u00eda c\u00f3mo desde otra cama se alzaba tambi\u00e9n una sombra y c\u00f3mo las dos se enlazaron y lucharon furiosamente. Desde mi rinc\u00f3n yo comprend\u00eda que me buscaban a m\u00ed. Cayeron al suelo: una arriba, una debajo. Y la de abajo dio un solo grito y se qued\u00f3 callada. Desde mi rinc\u00f3n yo comprend\u00eda que la de abajo hab\u00eda ocupado mi lugar. Al grito vinieron las gentes y las luces y me encontraron a m\u00ed delante de una mujer desgre\u00f1ada y temblorosa y en medio de los dos un hombre con un cuchillo de trav\u00e9s en el pecho.<\/p>\n<p>\u201cY la mujer comenz\u00f3 a dar alaridos y a decir: \u2018Mi hijo. \u00a1Mi hijo m\u00edo! \u00a1Me lo mataron!\u2019; mientras se restregaba sobre \u00e9l bes\u00e1ndole y manch\u00e1ndose de sangre.<\/p>\n<p>\u201cEntre sus voces me ve\u00eda con odio y exclamaba: \u2018El asesino. Ah\u00ed est\u00e1. Ll\u00e9venselo. \u00a1Me lo ha matado! \u00a1El asesino!!\u2019 Y todos me ve\u00edan con los ojos vidriados de odio, pero yo no comprend\u00eda.<\/p>\n<p>\u201cAquello era demasiado extraordinario y violento; empec\u00e9 a sentir l\u00e1stima por aquella mujer que hab\u00eda matado su carne, y pensaba en la inutilidad de aquellos gritos, porque la muerte es un viaje y al que se va no hay modo de detenerlo porque se va qued\u00e1ndose.<\/p>\n<p>\u201cCuando vine a saber de m\u00ed y a regresar de aquella gran sorpresa, me llevaban por la calle atado entre el odio de las gentes. Desde entonces estoy en la c\u00e1rcel.\u201d<\/p>\n<p>Barrab\u00e1s call\u00f3, vi\u00e9ndose las u\u00f1as con su gesto habitual. El carcelero cort\u00f3 el silencio.<\/p>\n<p>\u2014\u00bfPor qu\u00e9 no dijiste eso a los jueces?<\/p>\n<p>\u2014No me lo preguntaron.<\/p>\n<p>El murmullo de las conversaciones de todas las gentes amontonadas en el calabozo se hac\u00eda denso como un coro. El viento sacaba un ruido de agua de los \u00e1rboles del patio. El carcelero hab\u00eda quedado en cuclillas delante del preso.<\/p>\n<p>De pronto Barrab\u00e1s tom\u00e1ndolo por un brazo le pregunt\u00f3 con ansiedad, casi con angustia:<\/p>\n<p>\u2014\u00a1Oye! \u00bfA qui\u00e9n se crucifica?<\/p>\n<p>\u2014A los que han cometido un delito.<\/p>\n<p>\u2014\u00bf\u00danicamente?<\/p>\n<p>\u2014\u00danicamente.<\/p>\n<p>\u2014A m\u00ed \u00bfme van a crucificar?<\/p>\n<p>\u2014S\u00ed.<\/p>\n<p>\u2014\u00a1No puede ser! \u00bfQu\u00e9 delito he cometido?<\/p>\n<p>El guardia qued\u00f3 confuso no hallando respuesta. En lo \u00e1spero de su inteligencia comprend\u00eda que aquella pregunta encerraba algo transcendental. Con movimientos mec\u00e1nicos comenz\u00f3 a acariciarse la barba como un aut\u00f3mata.<\/p>\n<p>Repentinamente se le ilumin\u00f3 el rostro como si hubiese hecho un hallazgo.<\/p>\n<p>\u2014Barrab\u00e1s. Has cometido un delito. Tu muerte est\u00e1 justificada. Es un delito grave.<\/p>\n<p>\u2014\u00bfEst\u00e1s loco? Cu\u00e1l\u2026<\/p>\n<p>\u2014Uno que hay que castigar muy duramente.<\/p>\n<p>\u2014\u00bfCu\u00e1l?<\/p>\n<p>\u2014El delito de callar.<\/p>\n<p>\u2014\u00bfCallar?<\/p>\n<p>\u2014S\u00ed. Sab\u00edas la verdad y la enterraste dentro de tu boca.<\/p>\n<p>El carcelero se levant\u00f3 con aire satisfecho, era el hombre justificado, y continu\u00f3 su paseo tedioso y lento, lento y abrumado, sin fijarse en la expresi\u00f3n abstra\u00edda del rostro del prisionero que declamaba como una letan\u00eda a media voz:<\/p>\n<p>\u2014\u00a1El delito de callar\u2026!<\/p>\n<p>\u00bfNo estabas muerto?, parec\u00eda que la voz de la mujer sal\u00eda de aquel tono violeta del cielo. \u00bfNo te hab\u00edan matado?<\/p>\n<p>Y le corr\u00eda las manos, como model\u00e1ndolo por todo el contorno de la figura.<\/p>\n<p>\u2014Barrab\u00e1s, mi hombre, dime \u00bfes que me he muerto yo tambi\u00e9n y estoy viendo las sombras, o es cierto que est\u00e1s, en tu voz y en tu sangre, delante de m\u00ed?<\/p>\n<p>El hombre, tom\u00e1ndole la cabeza con las manos le respondi\u00f3:<\/p>\n<p>\u2014Estoy metido en un gran asombro, y no creo estar vivo porque as\u00ed debe ser la confusi\u00f3n de la muerte. \u00bfCrees que vivo?<\/p>\n<p>\u2014S\u00ed. Ahora siento la seguridad. \u00bfPor qu\u00e9 no habr\u00edas de estarlo? Vives y te veo.<\/p>\n<p>\u2014T\u00fa lo dices. Debe ser as\u00ed.<\/p>\n<p>Pero Barrab\u00e1s era ingenuo y alegre y ahora estaba triste; era dulce y despreocupado y estaba torvo; era indiferente y en el rostro se le inmovilizaba la obsesi\u00f3n.<\/p>\n<p>\u2014Mujer, \u00bflo hab\u00edas o\u00eddo decir alguna vez? La verdad es un delito. Un delito horrendo. \u00bfSabes?<\/p>\n<p>\u2014Est\u00e1s delirando. \u00bfQu\u00e9 te pasa?<\/p>\n<p>Barrab\u00e1s call\u00f3, dej\u00e1ndose posar la mirada sobre el borde de las u\u00f1as mugrientas y salvajes, como era su costumbre.<\/p>\n<p>\u2014Yo estaba preso, \u00bfsabes?<\/p>\n<p>\u2014S\u00ed.<\/p>\n<p>\u2014Y me iban a crucificar.<\/p>\n<p>\u2014\u00a1Jehov\u00e1 te ha salvado, mi hombre!<\/p>\n<p>\u2014\u00a1No!. Es falso. No me ha salvado Jehov\u00e1. Me salv\u00f3 un delito.<\/p>\n<p>\u2014\u00bfCu\u00e1l? \u00bfEl tuyo? Est\u00e1s loco\u2026<\/p>\n<p>\u2014 No, el de otro. Pero c\u00e1llate. No me interrumpas.<\/p>\n<p>El hombre qued\u00f3 en silencio un rato como ordenando sus ideas y luego prosigui\u00f3 en su conversaci\u00f3n con la lentitud de quien va sembrando.<\/p>\n<p>\u2014Me iban a crucificar. Pero, sabes, cuando llega la Pascua se acostumbra soltarle un preso al pueblo. El que \u00e9l quiera. Escogen a dos para que el pueblo elija a uno de entre ellos. Yo fui uno de los llamados. Pero no ten\u00eda esperanza. Ten\u00eda sobre m\u00ed un gran crimen.<\/p>\n<p>La mujer le interrumpi\u00f3:<\/p>\n<p>\u2014S\u00ed, hab\u00edas muerto al hijo de Jahel.<\/p>\n<p>\u2014No, no era ese mi crimen. Mi crimen era otro. Otro que no comprendo: callar. Me lo dijo el carcelero. Me dijo tambi\u00e9n que era horrible y sin perd\u00f3n. Callar. Esto parece absurdo \u00bfverdad? Pues no, no lo es. Esto es di\u00e1fano, esto se explica; absurdo fue lo otro, inexplicable, como un sol a media noche.<\/p>\n<p>Y Barrab\u00e1s qued\u00f3 en silencio por un momento como si las palabras se le hubiesen despe\u00f1ado en un abismo.<\/p>\n<p>\u2014Sabes, vino a buscarme el carcelero, el mismo con quien hab\u00eda hablado antes, y me llev\u00f3 por los corredores vestido con el ruido de mis cadenas. En el camino me dijo:<\/p>\n<p>\u2014\u00bfTienes esperanza o no?<\/p>\n<p>Yo le respond\u00ed:<\/p>\n<p>\u2014No s\u00e9. \u00bfSabes qui\u00e9n es el otro?<\/p>\n<p>\u2014S\u00ed, me han dicho que se llama Jes\u00fas. Creo que es un mani\u00e1tico.<\/p>\n<p>\u2014Delante del pretorio se hab\u00eda derramado el pueblo, y el pueblo me ve\u00eda, y ve\u00eda al gobernador, oloroso de flores, y al otro reo. El otro reo era un pobre hombre flaco, con aspecto humilde, y con unos grandes ojos que le cog\u00edan media cara.<\/p>\n<p>\u201cEl gobernador interrog\u00f3 al pueblo: \u2018\u00bfCu\u00e1l de los dos quer\u00e9is que os suelte?\u2019 y yo sent\u00eda dentro de m\u00ed c\u00f3mo se me desbocaba el coraz\u00f3n de angustia. Pero entonces empezaron todos a dar grandes voces: \u2018A Barrab\u00e1s. A Barrab\u00e1s\u2019 como un mar que hablase.<\/p>\n<p>\u201cYo sent\u00ed emoci\u00f3n. Toda aquella gente me aclamaba y me conoc\u00eda. Pero al volverme vi el rostro del otro prisionero que estaba humillado como si los gritos lo apedreasen y empec\u00e9 a sentir l\u00e1stima, porque pens\u00e9 que en el martirio aquel hombre sufrir\u00eda m\u00e1s que yo.<\/p>\n<p>\u201cComo el carcelero estaba a mi lado, pude decirle al o\u00eddo:<\/p>\n<p>\u201c\u2014Este \u00bfes Jes\u00fas?<\/p>\n<p>\u201c\u2014S\u00ed.<\/p>\n<p>\u201c\u2014Su crimen debe haber sido mucho m\u00e1s grande que el m\u00edo. \u00bfDe qu\u00e9 se le acusa?<\/p>\n<p>\u201c\u2014Desprecia las leyes de C\u00e9sar. Promete hacer cosas sobrenaturales. Es un gran vanidoso. Asegura que \u00e9l solo dice la verdad.<\/p>\n<p>\u201c\u2014\u00bfEs eso un delito?<\/p>\n<p>\u201c\u2014Un gran delito.<\/p>\n<p>\u201cEl guardia no dijo m\u00e1s, pero dentro de m\u00ed, como un viento, se meti\u00f3 este asombro. No s\u00e9 si he so\u00f1ado, si estoy muerto, o si es mi sangre y mi voz la que le habla.<\/p>\n<p>\u201cIgual que al trav\u00e9s de una tiniebla vi al Gobernador que se lavaba las manos en un jarro, como hacen los hombres despu\u00e9s que han comido.<\/p>\n<p>\u201cMe soltaron las cadenas, y ca\u00ed entre aquella resaca de gentes como un madero.<\/p>\n<p>\u201cY ahora, mujer, quiero que me digas. \u00bfLo hab\u00edas o\u00eddo decir alguna vez? \u00bfEs que las palabras pueden echar pu\u00f1ados de confusi\u00f3n sobre la vida? \u00bfHab\u00edas o\u00eddo alguna vez cosa semejante?\u201d<\/p>\n<p>Sin esperar respuesta sali\u00f3 al camino que se hund\u00eda en los ojos de la mujer. El cielo estaba sembrado de violetas y Barrab\u00e1s se destacaba en su fondo como un bloque de piedra desbastado a hachazos.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<h3>La mula<\/h3>\n<p>Era una vieja mula rucia, pelicana, de cabeza muy grande y con una oreja un poco gacha. Caminaba a paso lento y se balanceaba de cerviz a cola, como barco. Y, tan pronto como se deten\u00eda, bajaba la cabeza y se pon\u00eda a triscar yerbajos. M\u00e1s que rucia la piel parec\u00eda manchada. Como si hubiera sido tejida con distintos hilos y en diferentes tiempos. Con rotos y remiendos. Y hasta alg\u00fan costur\u00f3n en la pata y en el anca.<\/p>\n<p>Los arreos de montar eran casi del color de su pelo. Sucios, viejos, cuarteados, como hechos de la piel de viejas manos trabajadoras y fatigadas. Al paso, cruj\u00eda algo la silla. La grupera colgaba lacia bajo la cola. La retranca y el pretal eran demasiado grandes y como de bestia de carga. La silla era un viejo gal\u00e1pago ingl\u00e9s desvencijado. Debajo, como sudadero, asomaba una bayeta amarilla, llena de olores recios y tiernos.<\/p>\n<p>Sola, casi sin gu\u00eda del jinete, hab\u00eda tomado el camino de la loma, que era como una cicatriz de tierra roja entre el verde de la yerba y de las arboledas de caf\u00e9. Sola se hab\u00eda detenido en el claro de lo alto. El jinete le hab\u00eda abandonado la brida sobre el cuello y antes de echar pie a tierra, y mientras ella comenzaba a mordisquear los terrosos yerbajos, se puso a observar con detenci\u00f3n todo el rededor.<\/p>\n<p>Era seguro que no hab\u00eda nadie. No se o\u00eda sino el resuello grueso de la mula y el tenue rumor de la arboleda. A veces, pero muy a veces, un canto de p\u00e1jaro o un graznido de gavil\u00e1n. No hab\u00eda nadie. No se o\u00eda ning\u00fan ruido de mano o de pie, ninguna voz, ninguna figura humana se alcanzaba a divisar en la distancia. Era todo una inmensa soledad de \u00e1rboles y yerbas, y algunas aves, y la mula y \u00e9l: don Lope Leporino.<\/p>\n<p>Cerciorado de aquella soledad que se sent\u00eda y se palpaba, en la que estaba metido como en agua profunda, cercado, guardado, defendido por \u00e1rboles solitarios, por hojas erizadas, por leguas de ausencia de hombre, don Lope lanz\u00f3 su grito. Era un grito gutural, entre bramido y canto. Un grito que reson\u00f3 limpio y ancho por toda la vastedad sin gente. Si hubiera habido alguien no hubiera podido resonar as\u00ed. Resonaba redondo, completo, hasta lo lejano, sin romperse, hasta que se apagaba lentamente al un\u00edsono. Ciertamente, pod\u00eda estar seguro de que no hab\u00eda nadie. Don Lope Leporino sonri\u00f3 satisfecho y baj\u00f3 de la mula.<\/p>\n<p>Le puso la mano sobre el cuello y se le acerc\u00f3 con cautela. Al sentir la mano la mula levant\u00f3 la cabeza. Don Lope le cogi\u00f3 con la otra mano la oreja gacha y comenz\u00f3 a hablar. A hablar con una voz sigilosa, ahogada, que a ratos no le sal\u00eda, temblorosa e incompleta.<\/p>\n<p>\u2014Esto no puede seguir. \u00a1No se aguanta m\u00e1s! \u00a1No se aguanta! Hay que acabar con este hombre. Es un tirano. Un d\u00e9spota. Un verdugo. Un gran ladr\u00f3n.<\/p>\n<p>Sinti\u00f3 escalofr\u00edo por lo que hab\u00eda dicho y volvi\u00f3 la cabeza. No hab\u00eda pasado nada. Todo segu\u00eda igual.<\/p>\n<p>\u2014Hay que decirlo. Es un tirano. Las c\u00e1rceles est\u00e1n llenas de gente. A los presos los torturan. Los cuelgan. Les pasan una soga por los test\u00edculos y los cuelgan. No se debe aguantar esto m\u00e1s. Todos los d\u00edas cuelgan cuatro, cinco, diez hombres. Todos los d\u00edas hay m\u00e1s presos.<\/p>\n<p>Volvi\u00f3 de nuevo la cabeza. Nada hab\u00eda cambiado. Pod\u00eda seguir.<\/p>\n<p>\u2014Yo te lo digo. Lo odio. Hay que acabar con este tirano. \u00a1Muera el tirano! \u00a1Abajo el tirano! Yo lo digo. Yo. \u00bfMe oyes? \u00a1Muera el tirano! \u00a1Muera! \u00a1Muera! \u00a1Muera! \u00a1Abajo! \u00a1Muera!<\/p>\n<p>Era un maullido m\u00e1s que una voz. Un estertor que apenas le sal\u00eda. Estaba cubierto de sudor. Pero ten\u00eda en los ojos una luz de contento y casi de paz.<\/p>\n<p>Se sec\u00f3 el sudor, respir\u00f3 profundamente, volvi\u00f3 a montar y emprendi\u00f3 el camino del regreso. Iba silbando. Una marcha alegre de tropa victoriosa.<\/p>\n<p>* * *<\/p>\n<p>Don Lope Leporino volv\u00eda a la ciudad y se sumerg\u00eda como para desaparecer. No quer\u00eda ser visto, ni ser sentido, ni ser recordado, pero quer\u00eda ver y saber. Todos sab\u00edan cosas y estaban deseosos de decirlas, pero hab\u00eda tanto peligro en informarse como en opinar. Cuando tres personas estaban juntas en una esquina ya se pod\u00eda suponer de lo que hablaban. Hablaban, llenos de cautela y de temor, de la tiran\u00eda. Si alguien se acercaba, callaban, cambiaban de conversaci\u00f3n y hasta de tono.<\/p>\n<p>Dec\u00eda alguno, para que oyera el pasante:<\/p>\n<p>\u2014Y, \u00bfc\u00f3mo sigue la comadre?<\/p>\n<p>Pero el pasante sab\u00eda que no era de eso de lo que estaban hablando. De lo que hab\u00edan estado hablando un momento antes y de lo que seguir\u00edan hablando un momento despu\u00e9s. Estaban hablando del tirano. Estaban comentando la \u00faltima prisi\u00f3n.<\/p>\n<p>\u2014Anoche prendieron al General Porta\u00f1uelo.<\/p>\n<p>Era f\u00e1cil imaginar lo que hab\u00eda pasado. A la media noche, cuando todo estaba tranquilo y sumido en el sue\u00f1o, se hab\u00edan o\u00eddo unos golpes secos en el port\u00f3n de la casa del General Porta\u00f1uelo. Una voz so\u00f1olienta y alarmada habr\u00eda preguntado con angustia, desde el interior: \u00ab\u00bfQui\u00e9n es?\u00bb Nadie habr\u00eda respondido, pero habr\u00edan seguido tocando con insistente insolencia. El General Porta\u00f1uelo habr\u00eda venido en persona a abrir la puerta. Tres hombres bajos, rechonchos, de grandes sombreros y bigotes ca\u00eddos, lo habr\u00edan enca\u00f1onado con sus rev\u00f3lveres. \u00abLo venimos a buscar, General, para una averiguaci\u00f3n.\u00bb<\/p>\n<p>Era de eso, y no de la comadre de lo que estaban hablando, cuando Leporino pasaba junto al grupo. Pero era mejor no o\u00edr, o parecer no o\u00edr. Porque despu\u00e9s, a la hora de la averiguaci\u00f3n, iban a empezar a preguntar qui\u00e9nes estaban all\u00ed, qui\u00e9nes se hab\u00edan acercado, qui\u00e9nes hab\u00edan o\u00eddo y no hab\u00edan ido a denunciar el hecho a las autoridades.<\/p>\n<p>Pero otras veces era peor. Era un grupo, que, a la sombra del \u00e1rbol de una plaza, dejaba escapar, como un p\u00e1jaro demasiado visible y codiciado, aquella palabra que golpeaba en los o\u00eddos de Leporino como una campana de difuntos. Aquella palabra que era mejor no o\u00edr nunca, no haber o\u00eddo nunca, no saber lo que significaba. Pero era eso lo que hab\u00edan dicho. Hab\u00edan dicho: conspiraci\u00f3n. Leporino apresuraba el paso. La conspiraci\u00f3n era siempre de noche. Hab\u00eda que jurar. Hab\u00eda que responder con la propia vida ante unos desconocidos. Hab\u00eda que ocultar armas. Hab\u00eda que planear el asesinato de alguien. Hab\u00eda que tomar un cuartel. Sonar\u00edan tiros. Todo fracasar\u00eda y entonces comenzar\u00eda la persecuci\u00f3n. Las tropas del tirano, la polic\u00eda del tirano, los esp\u00edas del tirano, los torturadores del tirano, entrar\u00edan en acci\u00f3n. Buscar\u00edan y hallar\u00edan, en los m\u00e1s inveros\u00edmiles escondites, a todos los que hab\u00edan sabido algo, a todos los que hab\u00edan o\u00eddo la palabra y los llevar\u00edan a los m\u00e1s sucios y oscuros calabozos de las c\u00e1rceles m\u00e1s temibles, para sacarles confesi\u00f3n por medio de tortura, para colgarlos por los test\u00edculos, para remacharles en los tobillos grillos de cien libras, para arrojarlos, doloridos y febriles, en el suelo h\u00famedo y en la sombra pestilente. Por a\u00f1os y a\u00f1os y a\u00f1os.<\/p>\n<p>En ocasiones era la cara de un conocido, de un viejo amigo, una cara risue\u00f1a, bonachona, hasta un poco tonta. Una cara con una voz que Leporino hab\u00eda visto y o\u00eddo por muchos a\u00f1os, diciendo las mismas sandeces y banalidades sobre el tiempo, sobre la cosecha de caf\u00e9, sobre la partida de julepe en el club, sobre la querida de Pedro o sobre la esposa de Juan. Pero ahora aquella voz dec\u00eda de un modo un poco misterioso:<\/p>\n<p>\u2014Hola, Lope, \u00bfqu\u00e9 se opina?<\/p>\n<p>\u00bfQu\u00e9 se opina de qu\u00e9? \u00bfQu\u00e9 era opinar? Opinar era decir: \u00abEsto est\u00e1 mal\u00bb; \u00abesto no puede seguir as\u00ed\u00bb, \u00abya esto no se aguanta\u00bb; \u00abhay mucho disgusto\u00bb; \u00abtodo el mundo est\u00e1 hablando\u00bb; \u00abse habla de una conspiraci\u00f3n\u00bb; \u00abaqu\u00ed va a pasar algo\u00bb. Y era eso, precisamente, lo que pod\u00eda o\u00edr un esp\u00eda. Aquel mismo hombre que le hablaba pod\u00eda ser un esp\u00eda o pod\u00eda convertirse en un esp\u00eda, o se acababa de volver un esp\u00eda, o se iba a volver un esp\u00eda. Hasta sin quererlo pod\u00eda convertirse en un esp\u00eda. Pod\u00eda repetir m\u00e1s tarde en una conversaci\u00f3n, para darle m\u00e1s fuerza a su noticia: \u00abLope me dijo.\u00bb Y alguien pod\u00eda o\u00edr. Y Lope era \u00e9l: Lope Leporino, hacendado. De qu\u00e9 le valdr\u00eda entonces alegar: \u00abYo soy Lope Leporino, ustedes me conocen, un padre de familia, un hacendado, un hombre serio, no me interesa la pol\u00edtica, nunca me he metido en pol\u00edtica, le tengo horror, esa es la palabra, horror a la pol\u00edtica. Yo no opino. Nunca he opinado. Eso que dicen que dije es mentira. Yo no he podido decir eso. Yo soy amigo de esta situaci\u00f3n. Malditos sean todos esos conspiradores. Viva el jefe, que mande cien a\u00f1os, que Dios nos lo conserve hasta el fin de los siglos.\u00bb<\/p>\n<p>Entonces se demudaba y le dec\u00eda al amigo: \u00abYo no opino. T\u00fa sabes que yo no soy pol\u00edtico. Tengo mucho que hacer. M\u00e1s adelante nos veremos. Adi\u00f3s.\u00bb<\/p>\n<p>Y se iba salvado, escapado, tranquilo, pero s\u00f3lo por un momento. Era como si una jaur\u00eda lo persiguiera. Todos lo hostigaban para comprometerlo. No estar\u00edan tranquilos hasta que les dijera algo suficientemente comprometedor como para llevarlo a la c\u00e1rcel. De nada val\u00eda que dijera:<\/p>\n<p>\u2014T\u00fa sabes que yo no opino.<\/p>\n<p>\u2014Bueno, pero algo debes pensar.<\/p>\n<p>\u2014Trato de no pensar.<\/p>\n<p>\u2014Pero, en fin, no es posible que est\u00e9s de acuerdo con este horror.<\/p>\n<p>\u2014\u00bfCon cu\u00e1l horror?<\/p>\n<p>\u2014Con esto que est\u00e1 pasando.<\/p>\n<p>\u2014Estos atropellos, estas prisiones, estos robos.<\/p>\n<p>Palidec\u00eda y se llevaba las manos a los labios:<\/p>\n<p>\u2014Cuidado con lo que dices. C\u00e1llate, pueden o\u00edrnos. Eso es una gran imprudencia. Adem\u00e1s, esto siempre ha sido as\u00ed. Siempre. No hay nada nuevo. Hay que tener mucho cuidado. Mucho cuidado. En boca cerrada no entra mosca. Adi\u00f3s.<\/p>\n<p>Y volv\u00eda a salir huyendo. A veces se hac\u00eda el que no ve\u00eda a los que lo llamaban, el que no o\u00eda lo que le dec\u00edan, el que no comprend\u00eda el significado de las palabras.<\/p>\n<p>El interlocutor dec\u00eda:<\/p>\n<p>\u2014Se est\u00e1 preparando una cosa.<\/p>\n<p>\u00c9l no o\u00eda.<\/p>\n<p>El interlocutor insist\u00eda:<\/p>\n<p>\u2014Se est\u00e1 preparando una cosa, \u00bfcomprende?<\/p>\n<p>Entonces se agarraba de una respuesta est\u00fapida:<\/p>\n<p>\u2014Me han hablado de ese negocio, es el de la harina, \u00bfverdad?, no me interesa.<\/p>\n<p>\u2014No, no es eso, le estoy hablando del hombre.<\/p>\n<p>\u2014Ah, del hombre.<\/p>\n<p>\u2014Est\u00e1 ca\u00eddo.<\/p>\n<p>\u2014\u00bfQu\u00e9 hombre?<\/p>\n<p>Sent\u00eda que lo miraban con desprecio. No se atrev\u00eda a decir una palabra, no se atrev\u00eda a o\u00edr. Y, sin embargo, hubiera querido decir muchas cosas. Estaba lleno, estaba ah\u00edto, como un cuero lleno de agua, como una odre que no pod\u00eda aguantar una sola gota m\u00e1s de aquel l\u00edquido denso e hirviente que le bull\u00eda por dentro.<\/p>\n<p>\u2014Usted nunca dice nada, Leporino.<\/p>\n<p>Eso era lo bueno. Que todos estuvieran de acuerdo en que \u00e9l nunca dec\u00eda nada. Pero eso tambi\u00e9n era lo malo. Porque pensaban que no dec\u00eda, pero pensaba. Qu\u00e9 cosas pensar\u00edan ellos que \u00e9l pensaba. Qu\u00e9 cosas pensar\u00edan sus amigos que \u00e9l pensaba. Y qu\u00e9 cosas pensar\u00edan los esp\u00edas que \u00e9l pensaba. Pensar\u00edan que disimulaba. Pensar\u00edan que estaba conspirando. Que ten\u00eda armas escondidas. Que estaba en contacto con los revolucionarios. Que formaba parte de un complot para asesinar al tirano. Ven\u00eda a resultar peor lo que ellos pudieran pensar de su silencio, que todo lo que \u00e9l pudiera decir.<\/p>\n<p>Porque lo que \u00e9l pudiera decir, no hubiera pasado de esto, que era lo que los m\u00e1s dec\u00edan:<\/p>\n<p>\u2014Esto est\u00e1 muy mal. Esto no puede seguir as\u00ed: No se aguanta m\u00e1s. Hay que tumbar este hombre.<\/p>\n<p>Pero por eso mismo, acaso por haber sabido un esp\u00eda que alguien hab\u00eda dicho menos que eso, hab\u00eda gente que se pudr\u00eda en la c\u00e1rcel desde a\u00f1os y a\u00f1os. Incomunicados, con grillos, sin m\u00e9dicos, sin ropas, tendidos sobre una tabla en el suelo.<\/p>\n<p>Don Lope Leporino se iba llenando de aquellas palabras que recib\u00eda y que no dejaba salir. Palabras infladas, palabras fermentadas, palabras gaseosas y expansivas, que se mov\u00edan y desplazaban dentro de \u00e9l sofoc\u00e1ndolo, oprimi\u00e9ndolo, replet\u00e1ndolo. Se le agitaban por dentro como gases locos.<\/p>\n<p>Si pudiera gritar en una esquina: \u00abMuera el tirano.\u00bb Si pudiera siquiera confiarse a alguien y decirle con una profunda sensaci\u00f3n de desahogo: \u00abTenemos que tumbar este hombre.\u00bb Pero no pod\u00eda decirlo. Estaban las orejas de los esp\u00edas en todas partes. Estaban los esbirros, los soplones, los correveidiles, los confidentes, los habladores, los bocafloja, los indiscretos, los averiguadores, los esp\u00edas de todas clases.<\/p>\n<p>Ten\u00eda que tragarse aquello, ten\u00eda que aguantarlo adentro, como se aguanta con angustia hasta el \u00faltimo momento inaguantable la n\u00e1usea y el impulso del v\u00f3mito. La mano en la boca, el paso apresurado, los ojos sin ver. La palabra m\u00e1s inocente pod\u00eda de pronto estallar como un petardo llena de las m\u00e1s inesperadas significaciones y revelaciones. Un simple saludo, un gesto rutinario pod\u00eda ser interpretado de una manera espantosa. Decir: \u00ab\u00bfQu\u00e9 hay?\u00bb a alguien, en un momento dado, pod\u00eda ser interpretado como el equivalente o la clave de una frase tan terrible como la siguiente: \u00ab\u00bfCu\u00e1les son las \u00faltimas instrucciones sobre el complot que est\u00e1 en marcha para asesinar al tirano?\u00bb<\/p>\n<p>No era posible dejar salir una palabra, soltar una frase. No hab\u00eda voz insignificante, ni gesto inocente. Estaba lleno como una bomba, inflado como un pellejo, colmado como un costal. Las palabras no dichas, los impulsos frenados, los gestos contenidos, las violencias aplastadas, las ganas reprimidas le zumbaban en los o\u00eddos y lo aturd\u00edan. Deb\u00eda parecer un enfermo, o un beodo, o un loco. Lo mejor era regresar pronto a la casa. Apresuraba el paso, pon\u00eda la mirada en el suelo y como un son\u00e1mbulo se encaminaba hacia su habitaci\u00f3n.<\/p>\n<p>Pero hab\u00eda una voz que lo saludaba. No hubiera querido contestar. Lo volv\u00edan a saludar. Alz\u00f3 la vista. No pod\u00eda creerlo. Era lo peor. Era el jefe de los esp\u00edas. Todo el mundo dec\u00eda que era el jefe de los esp\u00edas.<\/p>\n<p>\u2014\u00bfQu\u00e9 hay de nuevo, don Lope?<\/p>\n<p>Ten\u00eda una nariz larga, ancha y ca\u00edda. Una quijada huesuda, temblorosa y algo colgante. Unos dientes amarillos y cuadrados. Por debajo del sombrero le sal\u00eda un \u00e1spero pelo entrecano que se le prolongaba por el cuello y por la cara, como si fueran cerdas rucias.<\/p>\n<p>Estaba recostado de una esquina y lo acompa\u00f1aban otros dos hombres de mal aspecto. Estaba vestido con un traje arrugado y sucio. El&#8217; rev\u00f3lver le hac\u00eda un gran bulto en la cintura. El traje era de un marr\u00f3n aguado y turbio. Las orejas eran grandes y peludas.<\/p>\n<p>\u2014\u00bfQu\u00e9 hay de nuevo?<\/p>\n<p>\u00bfQu\u00e9 quer\u00eda decir eso? \u00bfPor qu\u00e9 le preguntaban eso a \u00e9l? Si apenas lo conoc\u00eda. Lo conoc\u00eda de fama. De la horrible fama. No sab\u00eda siquiera si nombrarlo por su nombre. Ten\u00eda temor de que aquel nombre, por el que lo llamaban, sonara a nombre puesto por los enemigos. Algunos le dec\u00edan Coronel. Pero pod\u00eda pensar que era burla.<\/p>\n<p>\u2014\u00bfDe nuevo?<\/p>\n<p>\u00bfQu\u00e9 era lo de nuevo? Lo de nuevo era lo que no se pod\u00eda decir. Lo que el esp\u00eda sab\u00eda que \u00e9l sab\u00eda. Lo que le iba a averiguar para llev\u00e1rselo.<\/p>\n<p>\u2014\u00bfDe nuevo? Nada. \u00bfQu\u00e9 va a haber de nuevo?<\/p>\n<p>Hab\u00eda dicho demasiado. Era evidente que hab\u00eda dicho que lo que pod\u00eda desearse de nuevo, no pod\u00eda llegar a ser porque lo imped\u00edan los esp\u00edas, porque lo destru\u00edan los esbirros, porque lo extingu\u00eda el tirano. Era eso lo que se le hab\u00eda escapado.<\/p>\n<p>\u2014Adi\u00f3s. Adi\u00f3s.<\/p>\n<p>Dijo. No \u00abhasta la vista\u00bb. Nunca \u00abhasta la vista\u00bb. Hab\u00eda que desaparecer pronto. Casi trotando penetr\u00f3 en su casa.<\/p>\n<p>En el corredor estaban los dos hijos. \u00c9l iba a hablar, pero ellos discut\u00edan con voces alzadas.<\/p>\n<p>\u2014No sabes.<\/p>\n<p>\u2014S\u00ed s\u00e9.<\/p>\n<p>\u2014No sabes. Vuelve a repetirlo para que veas.<\/p>\n<p>\u2014El que no sabe eres t\u00fa. Oye. . \u00abes una rep\u00fablica federal, electiva, &#8230;\u00bb<\/p>\n<p>\u2014\u00bfQu\u00e9 m\u00e1s? Veo que no sabes.<\/p>\n<p>\u2014Este&#8230; este&#8230;<\/p>\n<p>\u2014Representativa, animal. \u00bfLo oyes? Una rep\u00fablica representativa. Lo dijo el \u00abprofe\u00bb.<\/p>\n<p>\u2014\u00bfQu\u00e9 es eso?, grit\u00f3 interrumpi\u00e9ndolos.<\/p>\n<p>Estaba indignado. \u00bfQui\u00e9n era el imb\u00e9cil que pon\u00eda a sus ni\u00f1os en el riesgo de decir esas cosas?<\/p>\n<p>\u2014\u00bfQu\u00e9 es eso?<\/p>\n<p>Los ni\u00f1os atemorizados apenas se atrevieron a decir:<\/p>\n<p>\u2014Es la lecci\u00f3n de c\u00edvica. Es la Constituci\u00f3n, pap\u00e1.<\/p>\n<p>\u2014\u00bfQu\u00e9 Constituci\u00f3n? \u00bfQui\u00e9n ha visto semejante disparate. Nada de eso; no hablar m\u00e1s nada de eso. Imprudentes. \u00bfQui\u00e9n es ese profesor? Alg\u00fan bachillercito loco. O alg\u00fan esp\u00eda. Alg\u00fan provocador. \u00abRep\u00fablica representativa.\u00bb As\u00ed, inocentemente, para ver qu\u00e9 dicen los muchachos, qu\u00e9 comentan, qu\u00e9 repiten de lo que oyen en su casa.<\/p>\n<p>Su mujer ven\u00eda del comedor.<\/p>\n<p>\u2014Debes ocuparte m\u00e1s de tus hijos. Les est\u00e1n haciendo hacer cosas peligrosas.<\/p>\n<p>\u2014\u00bfPero qu\u00e9 pasa? \u00bfPor qu\u00e9 est\u00e1s as\u00ed?<\/p>\n<p>\u2014Porque soy el \u00fanico que se da cuenta del peligro en que estamos. T\u00fa no te das cuenta. T\u00fa nunca te has dado cuenta de nada.<\/p>\n<p>La mujer se puso a llorar con grandes sollozos.<\/p>\n<p>\u2014Qu\u00e9 malo eres. Hacerme esto a m\u00ed, y hoy que te ten\u00eda la sorpresa de una nueva cocinera.<\/p>\n<p>Don Lope salt\u00f3:<\/p>\n<p>\u2014Una nueva cocinera. Una nueva persona en la casa. Una desconocida para o\u00edr y para fisgonear y para averiguar todo y para enterarse de todo. Qu\u00e9 disparate. Ya habr\u00e1 o\u00eddo esto; esta tarde lo habr\u00e1 reportado. A callar, a callarse todos, a no decir una palabra m\u00e1s.<\/p>\n<p>Sent\u00eda que ya no le pod\u00eda caber m\u00e1s nada adentro. Que ya no ten\u00eda espacio para contener todo aquello que ten\u00eda que salirle afuera. Que iba a estallar. Los ni\u00f1os lo miraban asustados. La mujer lloriqueaba.<\/p>\n<p>Antes de meterse en su cuarto grit\u00f3:<\/p>\n<p>\u2014Me voy ahora mismo para la hacienda. Tengo que irme ya. Que me preparen mis cosas.<\/p>\n<p>* * *<\/p>\n<p>Apenas lleg\u00f3 a la hacienda mand\u00f3 a ensillar la mula y sali\u00f3. Ten\u00eda m\u00e1s prisa que nunca y el animal parec\u00eda ir con una lentitud extraordinaria. Se atrevi\u00f3 a talonearla. El animal levant\u00f3 la oreja gacha, pero no apresur\u00f3 el paso.<\/p>\n<p>\u2014No s\u00e9 qu\u00e9 pasa hoy.<\/p>\n<p>Mientras avanzaba por la vereda, cuesta arriba, entre las arboledas y los rastrojos, se volv\u00eda a cada instante, y lanzaba miradas avizoras para cerciorarse de que nadie lo segu\u00eda ni andaba cerca.<\/p>\n<p>Al fin lleg\u00f3 a la loma, se ape\u00f3 de la mula, cogi\u00f3 la oreja gacha y se puso en disposici\u00f3n de hablar. Ten\u00eda tanto que decir que no hallaba c\u00f3mo empezar. Se le atropellaban las noticias, los comentarios, las informaciones confidenciales, las revelaciones secretas. Los \u00faltimos nombres revelados de esp\u00edas, el dato m\u00e1s reciente del complot, los tres presos de ayer, el m\u00e1s fresco papelito salido de la c\u00e1rcel con la menci\u00f3n de los torturados del mismo d\u00eda. Y adem\u00e1s la indignaci\u00f3n que lo ahogaba, la violencia contenida que lo oprim\u00eda, la pasi\u00f3n de decir a pleno pulm\u00f3n todo aquel resentimiento que le dol\u00eda por dentro.<\/p>\n<p>Lo que logr\u00f3 decir no eran casi palabras, sino como un ronquido, como un resoplo, como un jadeo, como un estertor.<\/p>\n<p>\u2014Abajo el tirano. Muera el tirano. Abajo el tirano. Muera el tirano. Abajo el tirano. Muera el tirano. Abajo el tirano. Muera el tirano.<\/p>\n<p>Era un ritmo de fuelle, un resonar de sierra, un eco de campana, un golpe de pil\u00f3n.<\/p>\n<p>En el ojo de la mula se ve\u00eda con la cabeza muy grande, el cuerpo muy peque\u00f1o, la boca redonda y oscura como un ojo de mula.<\/p>\n<p>\u2014Abajo el tirano. Muera el tirano.<\/p>\n<p>Se iba aliviando. Pero la mula ten\u00eda las orejas grandes, y el pelo cano y rugoso le bajaba por el cuello hasta la quijada colgante y temblorosa. Le asomaban los gruesos dientes amarillos como si fuera a hablar. Y la piel arrugada, cana, floja y sucia, parec\u00eda el turbio pa\u00f1o de un viejo traje. Era como una persona. Era como si una persona estuviera escondida dentro de la mula. Disfrazada o convertida en mula. El pelo cano, las orejas peludas y largas, la quijada. Recordaba a alguien. Recordaba a alguien de quien \u00e9l no quer\u00eda recordarse.<\/p>\n<p>Salt\u00f3 sobre la silla y taloneando desesperadamente al animal emprendi\u00f3 el regreso. Iba casi corriendo. O\u00eda el ronquido de la mula cansada en el galope. Las grandes orejas bailaban inertes y las ramas de los \u00e1rboles le golpeaban en la cara, sin que \u00e9l hiciera ning\u00fan gesto para protegerse.<\/p>\n<p>Cuando lleg\u00f3 al patio de la hacienda los cuatro hombres estaban all\u00ed esper\u00e1ndolo. Con unos viejos sables corvos, colgando de una banda de seda sucia tejida que les atravesaba el pecho. El jefe de los esp\u00edas y sus tres compa\u00f1eros.<\/p>\n<p>\u2014\u00bfQu\u00e9 se les ofrece? \u2014se le ocurri\u00f3 decir apenas puso pie a tierra.<\/p>\n<p>No hab\u00eda duda de que se parec\u00eda a la mula. Estaba perdido. Ya no habr\u00eda quien lo salvara.<\/p>\n<p>\u2014Venimos a buscarlo para una averiguaci\u00f3n, don Lope.<\/p>\n<p>Hablaba.<\/p>\n<p>\u2014Para una averiguaci\u00f3n, \u00bfa m\u00ed?<\/p>\n<p>\u2014S\u00ed, a usted.<\/p>\n<p>\u2014Para averiguar, \u00bfqu\u00e9?<\/p>\n<p>\u2014Yo no s\u00e9. Yo cumplo \u00f3rdenes. Ya le dir\u00e1n. Nos tenemos que ir ya.<\/p>\n<p>Ya sab\u00eda lo que pod\u00eda esperarlo. Nada tendr\u00edan que preguntarle. Lo llevar\u00edan directamente a la c\u00e1rcel. Lo despojar\u00edan de las ropas. Lo echar\u00edan dentro del calabozo. Todo lo sab\u00edan ya.<\/p>\n<p>Baj\u00f3 la cabeza y se acerc\u00f3 a los hombres como rendido, como exhausto. Pero antes, con sobresalto, volvi\u00f3 la cabeza. La mula ya no estaba en el patio. Los hombres tuvieron que sostenerlo como se sostiene a alguien que va a caer.<\/p>\n<h4 style=\"text-align: right;\"><a href=\"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/uslar-pietri-arturo\/\" target=\"_blank\" rel=\"noopener\">Sobre el autor<\/a><\/h4>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Barrab\u00e1s Su linaje ven\u00eda de Beth\u00e1bara, en el pa\u00eds de los Gadarenos. Ten\u00eda las barbas negras y pobladas como una lluvia, bajo unos ojos ingenuos de animal, y entre los nombres innumerables el suyo era Barrab\u00e1s. Conoc\u00eda los libros sagrados, era caritativo y respetuoso, guardaba el s\u00e1bado y sab\u00eda que Jehov\u00e1 era terrible y pose\u00eda [&hellip;]<\/p>\n","protected":false},"author":6,"featured_media":5905,"comment_status":"open","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"_monsterinsights_skip_tracking":false,"_monsterinsights_sitenote_active":false,"_monsterinsights_sitenote_note":"","_monsterinsights_sitenote_category":0,"footnotes":""},"categories":[16],"tags":[33,3,43],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/5904"}],"collection":[{"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/users\/6"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=5904"}],"version-history":[{"count":1,"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/5904\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":5906,"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/5904\/revisions\/5906"}],"wp:featuredmedia":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/media\/5905"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=5904"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=5904"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=5904"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}