{"id":5884,"date":"2022-08-25T01:34:01","date_gmt":"2022-08-25T01:34:01","guid":{"rendered":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/?p=5884"},"modified":"2023-11-24T18:27:01","modified_gmt":"2023-11-24T18:27:01","slug":"cecilio-acosta-creador-de-tiempos","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/cecilio-acosta-creador-de-tiempos\/","title":{"rendered":"Cecilio Acosta, creador de tiempos"},"content":{"rendered":"<h4 style=\"text-align: right;\"><strong>Domingo Miliani<\/strong><\/h4>\n<blockquote><p><em>Hasta d\u00f3nde es capaz la raz\u00f3n de cegarse cuando anda metida y envuelta en el torbellino de los intereses de partido. <\/em>Cecilio Acosta, 1846.<\/p><\/blockquote>\n<p>Tal vez nadie haya definido en su \u00e9poca, tan exactamente, la personalidad de Cecilio Acosta, como Jos\u00e9 Mart\u00ed, en el hermoso ensayo eleg\u00edaco escrito en 1881. Entre otras frases hay una que llama a reflexi\u00f3n. Es cuando dice del gran mirandino que \u201csus manos, hechas a manejar los tiempos, eran capaces de crearlos\u201d.<\/p>\n<p>En la ensay\u00edstica de Acosta hay meditaciones prof\u00e9ticas cuyos alcances a\u00fan no se han materializado. Son advertencias visionarias de un hombre que rebas\u00f3 modelos propuestos por el Positivismo y el Krausismo. Este \u00faltimo, por cierto, una de las fuentes donde fue model\u00e1ndose el pensamiento de Mart\u00ed, Hostos y otros contempor\u00e1neos suyos. Acosta, firme en su religiosidad, supo adoptar de otras doctrinas todo cuanto incidiera en el mejoramiento \u00e9tico, material y cultural de su pa\u00eds, a cuya elevaci\u00f3n consagr\u00f3 desvelos, estudio y amor. Las ideas positivistas dominantes en su tiempo no le fueron desconocidas. Las someti\u00f3 a cr\u00edtica e incorpor\u00f3 a su pensamiento muchos postulados, en especial pedag\u00f3gicos, sin que entraran en colisi\u00f3n con su moderna manera de ser cat\u00f3lico.<\/p>\n<p>Cecilio Acosta ten\u00eda conciencia del tiempo en transformaci\u00f3n continua, casi al modo de Her\u00e1clito. Su mirada escrutadora de la historia estaba hecha a la reflexi\u00f3n enfocada a una imagen de futuro, bajo enunciados afor\u00edsticos. Humilde sin falsedad, ten\u00eda conciencia de su valor como intelectual. No vacil\u00f3 en afirmar alguna vez, respecto a su obra, \u201clo que yo digo, perdura\u201d. Si volv\u00eda los ojos al remoto pasado de las culturas cl\u00e1sicas era para exprimirle ejemplos que irradiaran hasta iluminar el presente espasm\u00f3dico donde vivi\u00f3 como testigo de cargo y, desde ah\u00ed, vislumbrar el porvenir con precisi\u00f3n admonitoria de or\u00e1culo. En uno de sus m\u00e1s c\u00e9lebres ensayos, <em>Cosas sabidas y cosas por saberse <\/em>(1856), afirmaba que \u201cLa antig\u00fcedad es un monumento, pero no una regla; y estudia mal quien no estudia el porvenir. \u00bfQu\u00e9 vale detenerse a echar de menos otros tiempos, si la humanidad marcha, si el vapor empuja, si en el torbellino de agitaci\u00f3n universal, nadie escucha al rezagado? Con acento dial\u00e9ctico, agrega: \u201c\u00bfQui\u00e9n puede declamar con fruto contra el destino, si es inexorable, si es providencial, si no mira nunca para atr\u00e1s? \u00bfQu\u00e9 son los m\u00e9todos, las instituciones, las costumbres, sino hilos delgad\u00edsimos de agua que son arrastrados en la gran corriente de los siglos?\u201d<a href=\"#_ftn1\" name=\"_ftnref1\">[1]<\/a>.<\/p>\n<p>Respecto al pasado nacional, observaba la historia inmediata con objetividad de mirada, para extraer lecci\u00f3n y no para incriminar un proceso que, por pret\u00e9rito y cumplido, resultaba inmodificable. Pensaba que \u201cla imparcialidad es la justicia de la palabra\u201d. Se cambia el presente, se orienta el futuro, pero es in\u00fatil echar c\u00f3modamente la culpa al pasado y dejar todo igual. La ret\u00f3rica pol\u00edtica venezolana se ha caracterizado por una tendencia a responsabilizar de todos los males a los predecesores, sin admitir las conductas evasivas o indiferentes ante determinadas crisis. Contrariamente, don Cecilio defin\u00eda su posici\u00f3n cr\u00edtica as\u00ed: \u201cNo culpamos: contamos; hacemos como el viajero, que al pasar, observa, coge y guarda. Las naciones se prueban como los metales; hay una \u00e9poca de errores; la verdad viene despu\u00e9s. La vida colectiva, como la vida individual, es lucha, y no m\u00e1s; y esa lucha es la escuela. Hoy sabemos m\u00e1s, y sabemos porque nos han ense\u00f1ado los extrav\u00edos\u201d<a href=\"#_ftn2\" name=\"_ftnref2\">[2]<\/a>.<\/p>\n<p>Del tiempo en que vivi\u00f3 y de los seres que lo poblaron, dijo un d\u00eda: \u201cYo hablo de la situaci\u00f3n y no de los hombres; del porvenir y no del pasado. Para lo pasado, velo; en pol\u00edtica, quien no olvida no vence, quien no perdona no triunfa\u201d. El mayor reparo que encaraba a la filosof\u00eda de su tiempo era la tendencia a fijar la vista en el pasado y, en consecuencia, \u201ces muchas veces como un viajero, que habla por lo que ha visto y es ciega e ignorante en lo que queda por ver\u201d. En tales visiones del tiempo est\u00e1 su extraordinaria capacidad para hacer un diagn\u00f3stico del presente como v\u00eda hacia un continuo pron\u00f3stico, especialmente en el campo de la educaci\u00f3n. Encasillarlo con la simple ubicaci\u00f3n de un \u201ccl\u00e1sico\u201d, adem\u00e1s de injusto es impreciso. No fue un analista fr\u00edo del contexto situacional donde vivi\u00f3 inmerso. Sent\u00eda y vibraba con el pa\u00eds y la humanidad hacia donde mantuvo muy abierta la mirada. Cre\u00eda que el pasado era materia a ser juzgada por la historia.<\/p>\n<p>Mart\u00ed palpa en la obra de su admirado amigo la presencia del romanticismo sentimental, represado unas veces, otras desbordado. Por eso a\u00f1ade que al percibir el dolor del \u201chermano hombre\u201d, lo padece franciscanamente como cosas de familia que le piden llanto y \u201c\u00e9l lo dio a mares\u201d. Esa actitud conmiserativa por los padecimientos humanos lo llevar\u00e1 como a Guerra Junqueiro, a compartir solidariamente el <em>dolor de pueblo<\/em>, de que hablar\u00edan muchos a\u00f1os m\u00e1s tarde, por 1909, los j\u00f3venes ensayistas de la generaci\u00f3n de <em>La Alborada: <\/em>R\u00f3mulo Gallegos, Henrique Soublette, Enrique Planchart, Salustio Gonz\u00e1lez Rincones. El tiempo, es, entonces, un recept\u00e1culo invisible donde se aloja la noci\u00f3n de pueblo, tan esquiva a la posibilidad de cautivarla en una sola definici\u00f3n.<\/p>\n<p>La turbulenta fundaci\u00f3n de las rep\u00fablicas independientes politiz\u00f3 el discurso de reflexi\u00f3n. Acosta no escap\u00f3 a esos enfrentamientos que ni en Venezuela ni en el resto de Am\u00e9rica conservaron la altura del debate doctrinario. Debi\u00f3 combatir el liberalismo demag\u00f3gico, particularmente usufructuado por Antonio Leocadio Guzm\u00e1n en los a\u00f1os 40. Rechaz\u00f3 la insurrecci\u00f3n como v\u00eda para transformar las bases sociales en beneficio de las grandes mayor\u00edas. Polemiz\u00f3 con su amigo Ildefonso Riera Aguinagalde, de quien disent\u00eda al rechazar la violencia de la Revoluci\u00f3n Federal. Ese debate escrito adquiri\u00f3 significaci\u00f3n especial, porque don Cecilio proyecta su interpretaci\u00f3n de aquella guerra a la situaci\u00f3n del Continente. Otea con inquietud la convulsi\u00f3n latinoamericana para emitir un juicio de impresionante actualidad, pues anota debilidades socio-hist\u00f3ricas a\u00fan no superadas: \u201cLo que ha enfermado siempre a los pueblos americanos de la raza latina, y puede ser por alg\u00fan tiempo su c\u00e1ncer futuro, es el odio pol\u00edtico. Confunden de ordinario la idea con la persona, la doctrina con la parcialidad, se oyen a s\u00ed solos, se niegan la cooperaci\u00f3n de la labor com\u00fan; y vienen, como resultas, la esterilidad en los esfuerzos de la administraci\u00f3n, la impotencia en los trabajos de la paz y la pendiente que va a dar a los abismos de la guerra\u201d<a href=\"#_ftn3\" name=\"_ftnref3\">[3]<\/a>. Consideraba que la raz\u00f3n de estos reveses estaba en la carencia de verdaderas pr\u00e1cticas republicanas, donde la ley, la educaci\u00f3n por la prensa y la escuela, instruyeran socialmente \u201cen la discusi\u00f3n pac\u00edfica del derecho, en los usos respetables de la asociaci\u00f3n, en la prensa como luz, en la representaci\u00f3n como reclamo\u201d.<\/p>\n<p>Al participar en los debates p\u00fablicos de la pol\u00edtica no estuvo inmune a los ataques, especialmente de la pluma intemperante de Antonio Leocadio Guzm\u00e1n. Sin perder la mansedumbre de car\u00e1cter ni la elegancia expresiva, se defendi\u00f3 con frases en\u00e9rgicas en una p\u00e1gina aleg\u00f3rica. La titul\u00f3 \u201cEn defensa propia. Atacado con alevos\u00eda me defiendo con la verdad. <em>Los espectros que son y un espectro que ya va a ser <\/em>(1877). Es una de las pocas ocasiones donde ostenta sus virtudes p\u00fablicamente, m\u00e1s por disgusto que por presunci\u00f3n. Repudia el calificativo de oligarca con que lo quieren definir. Y en seguida traza su perfil pol\u00edtico, moral e intelectual: \u201cCecilio Acosta ha sostenido siempre las doctrinas liberales, quiere gobierno de leyes, el ejercicio de todas las libertades, paga lo que debe, no enga\u00f1a, no calumnia, no persigue, ha sido buen hijo, es buen hermano, buen ciudadano, buen amigo, y s\u00f3lo enemigo de las tiran\u00edas y, por todo, universalmente querido y respetado en Venezuela, en el resto de Am\u00e9rica y en Europa, en donde como en nuestro continente, tiene las m\u00e1s altas relaciones\u201d<a href=\"#_ftn4\" name=\"_ftnref4\">[4]<\/a>.<\/p>\n<p>Cecilio Acosta concibi\u00f3 el pueblo como un conjunto integrado por los \u201chombres de bien\u201d, por los buenos ciudadanos. Su idea del buen ciudadano est\u00e1 ligada a la propiedad y el trabajo productivo. Los describe como \u201caquellos que est\u00e1n dedicados a oficios de provecho, porque el trabajo es la virtud o principio de virtud; as\u00ed como la ociosidad es el vicio, o su camino\u201d<a href=\"#_ftn5\" name=\"_ftnref5\">[5]<\/a>. Esa visi\u00f3n idealista de la convulsa realidad venezolana lo hizo padecer ataques y sinsabores. Angustiado por la ignorancia en que hab\u00eda permanecido la mayor\u00eda social desde la Colonia, abogaba por un mandato moral que deb\u00eda cumplir la minor\u00eda ilustrada, en funci\u00f3n de irradiar su cultura a trav\u00e9s de la prensa peri\u00f3dica bien dirigida.<\/p>\n<p>En el prop\u00f3sito ineludible de educar al soberano, difer\u00eda de Sarmiento. Sarmiento era pragm\u00e1tico. Acosta, idealista, insist\u00eda en el car\u00e1cter moral de la educaci\u00f3n, difundida a trav\u00e9s de la prensa\u201d. \u00bfNo son muchos nuestros compatriotas sencillos, iliteratos, sin pr\u00e1cticas de gobierno, sin conocimiento de la pol\u00edtica y alejados del mal as\u00ed como del bien en cuanto mira a su felicidad y bienestar como miembros de un Estado?<\/p>\n<p>Y entonces, \u00bfpor qu\u00e9 no los ilustran los buenos? Los que tengan virtudes para que se las ense\u00f1en; los que luces para que se las comuniquen; los que amor patrio para que los inflamen; los que inter\u00e9s, en fin, y celo noble por la causa com\u00fan, para que no los precipiten\u201d<a href=\"#_ftn6\" name=\"_ftnref6\">[6]<\/a>. Quien as\u00ed pensaba, por 1846, era un joven de 28 a\u00f1os. Diez a\u00f1os despu\u00e9s, con la prosa y la inteligencia maduras de tanto observar y leer, escribir\u00eda el compendio m\u00e1s hondo y demoledor de una educaci\u00f3n elitizada en la universidad, desconectada de la educaci\u00f3n b\u00e1sica, repleta de saberes muertos o anacr\u00f3nicos.<\/p>\n<p>En su ensayo <em>Cosas sabidas y cosas por saberse <\/em>expone lo medular de su doctrina educativa. <em>\u00a0<\/em>Al interlocutor imaginario de su ensayo construido mediante un discurso epistolar, respecto a la universidad le expone: \u201cAgrega ahora, que de ordinario se aprende lo que fue en lugar de lo que es; que el cuerpo va por un lado y el mundo va por otro; que una universidad que no es el reflejo del progreso, es un cad\u00e1ver que s\u00f3lo se mueve por las andas; agrega, en fin, que las profesiones son improductivas, y tendr\u00e1s el completo cuadro\u201d<a href=\"#_ftn7\" name=\"_ftnref7\">[7]<\/a>. Se manifiesta, al igual que Sim\u00f3n Rodr\u00edguez, partidario de la educaci\u00f3n popular. Sostiene que la ense\u00f1anza debe ir de abajo hacia arriba. Critica la universidad convertida en f\u00e1brica de acad\u00e9micos, \u201cdesgraciados\u201d por la inutilidad de su saber.<\/p>\n<p>El liberalismo de Antonio Leocadio Guzm\u00e1n hab\u00eda acu\u00f1ado una concepci\u00f3n de pueblo como instrumento para la agitaci\u00f3n social. Era la v\u00edspera del populismo en nuestra historia. Cecilio Acosta fue uno de los primeros en enfrentar esa concepci\u00f3n y en desenmascarar las ejecutorias que desembocar\u00edan en la agresi\u00f3n al Congreso Nacional el 24 de enero de 1848 y, m\u00e1s tarde, en el decenio dictatorial protagonizado por los hermanos Monagas, antiguos h\u00e9roes o caudillos de la emancipaci\u00f3n pol\u00edtica de Espa\u00f1a. A la luz del presente, las admoniciones cecilianas parecer\u00edan inspiradas en una reaccionaria visi\u00f3n de la realidad. Insertas en su \u00e9poca eran el llamado al eclecticismo y a la moderaci\u00f3n en medio de una incesante cadena de asonadas caudillescas que llevaron directamente a la guerra civil conocida como Revoluci\u00f3n Federal (1859- 1863). A su juicio, con las rebeliones recurrentes no se resolver\u00edan los problemas sociales de la estabilizaci\u00f3n econ\u00f3mica, la solidez pol\u00edtica y la educaci\u00f3n de las mayor\u00edas. La concepci\u00f3n de pueblo parte de una pregunta que implica una distancia frente a la idea demag\u00f3gica de Antonio Leocadio Guzm\u00e1n: \u201c\u00bfA qu\u00e9 de pasiones no ha dado margen, a qu\u00e9 de intereses no ha exaltado, cu\u00e1ntos planes negros e inicuos no ha promovido la mala inteligencia del vocablo pueblo?\u201d La concepci\u00f3n \u00e9tica de pueblo la resume don Cecilio en este p\u00e1rrafo de indiscutible vigencia, donde el ap\u00f3strofe es su definici\u00f3n opuesta a la visi\u00f3n envilecedora:<\/p>\n<p><em>T\u00fa no eres \u00e9l, ese que ha querido suplantarte y contrahacerte; t\u00fa eres la reuni\u00f3n de los ciudadanos honrados, de los virtuosos padres de familia, de los pac\u00edficos labradores, de los mercaderes industriosos, de los leales militares, de los industriales y jornaleros contra\u00eddos; t\u00fa eres el clero que predica la moral, los propietarios que contribuyen a afianzarla, los que se ocupan en menesteres \u00fatiles, que dan ejemplo de ella, los que no buscan la guerra para medrar, ni el trastorno del orden establecido para alcanzar empleos de holganza y lucro; t\u00fa eres, en fin, la reuni\u00f3n de todos los buenos; y esta reuni\u00f3n es lo que se llama pueblo; lo dem\u00e1s no es pueblo, son asesinos que afilan el pu\u00f1al, ladrones famosos que acechan por la noche, bandidos que infestan caminos y encrucijadas, especuladores de desorden, ambiciosos que aspiran, envidiosos que denigran y demagogos que trastornan\u201d<a href=\"#_ftn8\" name=\"_ftnref8\"><strong>[8]<\/strong><\/a>.<\/em><\/p>\n<p>De la idea de pueblo pasa Acosta a la concepci\u00f3n de una rep\u00fablica integrada por hombres sensibles al inter\u00e9s com\u00fan, solidarios con las necesidades comunes: \u201cSi todos los ciudadanos, si todos los gremios, si todas las corporaciones hicieran lo mismo, si un d\u00eda se pensara por todos en que rep\u00fablica quiere decir cosa de todos, en que no hay progreso sin esp\u00edritu p\u00fablico, ni esp\u00edritu p\u00fablico sin apreciaci\u00f3n de las necesidades comunes, con desprendimiento de las aspiraciones personales; d\u00eda vendr\u00eda, y no lejos, en que vi\u00e9ramos grande, pr\u00f3spera y rica a la naci\u00f3n\u201d<a href=\"#_ftn9\" name=\"_ftnref9\">[9]<\/a>. Imagina la rep\u00fablica como un \u00e1mbito futuro donde el hombre tiene que ser reeducado en la virtud y el trabajo. La utop\u00eda tiene dos cimientos en su visi\u00f3n de la realidad futura: en primer lugar, la inmigraci\u00f3n de hombres sencillos, hechos al trabajo arduo de los campos, para lo cual propone especialmente la migraci\u00f3n de agricultores canarios.<\/p>\n<p>N\u00f3tese que no hay la idea racista dominante en precursores del positivismo, como Sarmiento, o como el utopista Michel Chevalier, uno de los primeros en considerar <em>razas degeneradas <\/em>a nuestras culturas heterog\u00e9neas. En segundo lugar, la educaci\u00f3n concebida como instrumento modelador del hombre en la destreza productiva, en la capacitaci\u00f3n para el trabajo. Su mensaje pedag\u00f3gico mayor se condensa en pocas l\u00edneas. \u201cEns\u00e9\u00f1ese lo que se entienda, ens\u00e9\u00f1ese lo que sea \u00fatil, ens\u00e9\u00f1ese a todos y eso es todo\u201d<a href=\"#_ftn10\" name=\"_ftnref10\">[10]<\/a>.<\/p>\n<p>Los grandes proyectos no requieren altisonancia. Con la humildad de las frases directas, donde se esconden las mejores ideas, se materializa su enunciado. Lo dem\u00e1s es hacerlo hecho tangible y darle permanencia. En el caso de Acosta, tanto la concepci\u00f3n de pueblo como el llamado a su educaci\u00f3n conducen directamente a la superaci\u00f3n del individualismo transformado en un nosotros. En tal sentido tiene una visi\u00f3n utopista de la historia y podr\u00eda hablarse, en su caso, de una proposici\u00f3n meta-hist\u00f3rica, en cuyo fondo el pueblo dialoga con el futuro:<\/p>\n<p><em>Alg\u00fan d\u00eda, el d\u00eda en que est\u00e9 completa, la historia se hallar\u00e1 no ser menos que el desarrollo de los deseos, de las necesidades y el pensamiento; y el libro que la contenga, el ser interior representado. Las usurpaciones de mando, los desafueros en el derecho, el Yo por el Nosotros, son dramas pasajeros, aunque sangrientos, vicisitudes que prueban la existencia de un combate, cuya victoria ha de declararse al fin por la fuente del poder, por la igualdad de la justicia, por la totalidad de la colecci\u00f3n. De los tronos, unos han ca\u00eddo y otros ya caen, la guerra feroz huye, la esclavitud es mancha, la conquista no se conoce, casi desaparecen las fronteras, las naciones se abrazan en el Gabinete, los intereses se ajustan en los mercados, la autoridad va a menos, la raz\u00f3n a m\u00e1s; y multiplicados los recursos, y expeditos los \u00f3rganos, se acerca el momento de paz y dicha para la gran familia de los hombres. El pueblo triunfa; el pueblo debe triunfar; pongo para ello por testigo, a la civilizaci\u00f3n, que le ha refrendado sus t\u00edtulos, y a Dios, que se los dio. \u00c9l respira, \u00e9l siente, \u00e9l quiere, \u00e9l debe tener goces; \u00e9l ha sufrido mucho, y debe alguna vez sentarse a la mesa<a href=\"#_ftn11\" name=\"_ftnref11\"><strong>[11]<\/strong><\/a>.<\/em><\/p>\n<p>El ensayo latinoamericano del siglo XIX funda nuestra imagen continental. La mayor\u00eda de los cultivadores expusieron sus ideas en la prensa peri\u00f3dica antes que en el libro. As\u00ed Andr\u00e9s Bello, Sim\u00f3n Rodr\u00edguez, Juan Vicente Gonz\u00e1lez, Ferm\u00edn Toro y Cecilio Acosta en Venezuela; Juan Bautista Alberdi, Esteban Echeverr\u00eda y Domingo Faustino Sarmiento en Argentina; Juan Montalvo en Ecuador; Manuel Gonz\u00e1lez Prada en Per\u00fa; Jos\u00e9 Victorino Lastarria y Francisco Bilbao en Chile; Jos\u00e9 Mart\u00ed en Cuba; Eugenio Mar\u00eda de Hostos en Cuba, Rep\u00fablica Dominicana y Puerto Rico; Florencio Escard\u00f3 en Uruguay; Jos\u00e9 Mar\u00eda Samper, Miguel Antonio Caro, Jos\u00e9 Mar\u00eda Torres Caicedo en Colombia. Los cuatro \u00faltimos, por cierto, amigos y corresponsales de don Cecilio, en un epistolario inquieto por el destino de las naciones latinoamericanas, su cultura y su lengua comunes. Con interlocutores de esa estatura, la ensay\u00edstica de Cecilio Acosta no desmerece. Por el contrario, se eleva y resalta. Ubicarlo en el contexto intelectual de los grandes forjadores de lo que el maestro Leopoldo Zea llama la emancipaci\u00f3n mental de Hispanoam\u00e9rica, es una tarea por llevar adelante.<\/p>\n<p>Jos\u00e9 Mar\u00eda Torres Caicedo fue uno de los primeros en acometer la iniciativa de una Historia de la literatura de Am\u00e9rica Latina. Fue un informe escrito originalmente en franc\u00e9s en 1879, para el Congreso Literario Internacional reunido en Londres. El mismo a\u00f1o lo tradujo al espa\u00f1ol, nada menos que Cecilio Acosta. El detalle ilumina la conciencia latinoamericanista del pensador venezolano. Seg\u00fan el maestro Arturo Ardao, Torres Caicedo es uno de los forjadores de \u201cla idea y el nombre de Am\u00e9rica Latina\u201d<a href=\"#_ftn12\" name=\"_ftnref12\">[12]<\/a>. El diplom\u00e1tico residente en Par\u00eds sostiene correspondencia con el venezolano. Acosta le dedica una semblanza elogiosa, donde analiza las ideas expuestas por el colombiano en su ensayo sobre Uni\u00f3n latinoamericana<a href=\"#_ftn13\" name=\"_ftnref13\">[13]<\/a>. Se identifica con muchos de sus planteamientos y expone puntos de vista cuya modernidad impresiona.<\/p>\n<p>El concepto de raza (entendida como cultura), vigente en su tiempo, lo maneja con destreza cuando opone la Am\u00e9rica sajona a la Latina, en identidad con Torres Caicedo. Pragm\u00e1tica la primera, espiritual la segunda. Ser\u00e1 el modelo manejado posteriormente por Jos\u00e9 Enrique Rod\u00f3. S\u00f3lo que don Cecilio otea el futuro y se anticipa en la idea de que ambas \u201cse dar\u00e1n la mano y se conciliar\u00e1n y unir\u00e1n en sus tendencias como operarios de una obra com\u00fan, que es la civilizaci\u00f3n universal. Vendr\u00e1n otras necesidades sociales y de resultas la habr\u00e1 de otra raza o de diferente combinaci\u00f3n de las mismas que satisfaga aqu\u00e9llas y sea el int\u00e9rprete del esp\u00edritu contempor\u00e1neo\u201d<a href=\"#_ftn14\" name=\"_ftnref14\">[14]<\/a>.<\/p>\n<p>En la historia de las ideas del siglo XIX, don Cecilio contin\u00faa ausente. Sin embargo, contempor\u00e1neos de alturas respetables como Jos\u00e9 Mart\u00ed, Rufino Cuervo, Florencio Escard\u00f3 o Jos\u00e9 Mar\u00eda Torres Caicedo lo admiraron y tuvieron por su igual en los desvelos de una forja modernizadora del Nuevo Mundo, so\u00f1ado por todos como proyecto de pa\u00edses hermanados en la emancipaci\u00f3n pol\u00edtica, econ\u00f3mica e intelectual. Si en el discurso fue creador de tiempos, en el tiempo es de justicia crearle un espacio digno de su magisterio.<\/p>\n<p><strong>NOTAS<\/strong><\/p>\n<p><a href=\"#_ftnref1\" name=\"_ftn1\">[1]<\/a> \u201cCosas sabidas y cosas por saberse\u201d, <em>Cecilio Acosta. <\/em>Comp. de Pedro Grases. Caracas\u201d, Presidencia de la Rep\u00fablica (Col. Pensamiento Pol\u00edtico Venezolano el siglo XIX, N\u00ba 9), 1961, p 146. (Salvo indicaci\u00f3n contraria, en adelante las citas de textos del autor estudiado ir\u00e1n referidas a esta edici\u00f3n, abreviada: <em>Acosta, <\/em>1961, seguido de la p\u00e1gina.)<\/p>\n<p><a href=\"#_ftnref2\" name=\"_ftn2\">[2]<\/a> \u201cInmigraci\u00f3n\u201d, <em>Acosta, <\/em>1961, p. 115.<\/p>\n<p><a href=\"#_ftnref3\" name=\"_ftn3\">[3]<\/a> \u201cDeberes del patriotismo\u201d, <em>Acosta, <\/em>1961, p. 195.<\/p>\n<p><a href=\"#_ftnref4\" name=\"_ftn4\">[4]<\/a> <em>Acosta, <\/em>1961, p. 437<\/p>\n<p><a href=\"#_ftnref5\" name=\"_ftn5\">[5]<\/a> \u201cLo que debe entenderse por pueblo\u201d, <em>El Centinela de la Patria <\/em>(1847), <em>Acosta, <\/em>1961, p. 63.<\/p>\n<p><a href=\"#_ftnref6\" name=\"_ftn6\">[6]<\/a> \u201cLibertad de imprenta\u201d. <em>Acosta, <\/em>1961, p. 56.<\/p>\n<p><a href=\"#_ftnref7\" name=\"_ftn7\">[7]<\/a> \u201cCosas sabidas y cosas por saberse\u201d. <em>Acosta, <\/em>1961, p. 145.<\/p>\n<p><a href=\"#_ftnref8\" name=\"_ftn8\">[8]<\/a> \u201cLo que debe entenderse por pueblo\u201d, <em>Acosta, <\/em>1961, p. 60.<\/p>\n<p><a href=\"#_ftnref9\" name=\"_ftn9\">[9]<\/a> \u201cInmigraci\u00f3n\u201d, <em>Acosta, <\/em>1961, p. 113.<\/p>\n<p><a href=\"#_ftnref10\" name=\"_ftn10\">[10]<\/a> \u201cCosas sabidas\u2026\u201d, <em>Acosta, <\/em>1961, p. 148.<\/p>\n<p><a href=\"#_ftnref11\" name=\"_ftn11\">[11]<\/a> <em>Ib\u00edd., <\/em>p. 147.<\/p>\n<p><a href=\"#_ftnref12\" name=\"_ftn12\">[12]<\/a> Arturo Ardao, <em>G\u00e9nesis de la idea y el nombre de Am\u00e9rica Latina. <\/em>Caracas, Edics. del Centro de Estudios Latinoamericanos R\u00f3mulo Gallegos, 1980.<\/p>\n<p><a href=\"#_ftnref13\" name=\"_ftn13\">[13]<\/a> \u201cJos\u00e9 Mar\u00eda Torres Caicedo\u201d, <em>Colombia-Venezuela. Historia intelectual. <\/em>Comp. y ed. Juan Gustavo Cobo Borda. Bogot\u00e1, Edics. de la Presidencia de la Rep\u00fablica de Colombia (Biblioteca Familiar), 1997, pp. 15-93.<\/p>\n<p><a href=\"#_ftnref14\" name=\"_ftn14\">[14]<\/a> \u201cJoaqu\u00edn Torres Caicedo\u201d, <em>ib\u00edd., <\/em>p. 44.<\/p>\n<h4 style=\"text-align: right;\"><a href=\"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/domingo-miliani\/\" target=\"_blank\" rel=\"noopener\">Sobre el autor<\/a><\/h4>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Domingo Miliani Hasta d\u00f3nde es capaz la raz\u00f3n de cegarse cuando anda metida y envuelta en el torbellino de los intereses de partido. Cecilio Acosta, 1846. Tal vez nadie haya definido en su \u00e9poca, tan exactamente, la personalidad de Cecilio Acosta, como Jos\u00e9 Mart\u00ed, en el hermoso ensayo eleg\u00edaco escrito en 1881. 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