{"id":5860,"date":"2022-08-23T20:09:22","date_gmt":"2022-08-23T20:09:22","guid":{"rendered":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/?p=5860"},"modified":"2023-11-24T18:27:02","modified_gmt":"2023-11-24T18:27:02","slug":"memorias-de-mama-blanca-maria-monitos","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/memorias-de-mama-blanca-maria-monitos\/","title":{"rendered":"Memorias de Mam\u00e1 Blanca: Mar\u00eda Mo\u00f1itos"},"content":{"rendered":"<h4 style=\"text-align: right;\">Teresa de la Parra<\/h4>\n<p>I<\/p>\n<p>Mucho m\u00e1s que en su propia persona, la vanidad de Mam\u00e1 hab\u00eda fijado su asiento en nuestras seis cabezas. Al decir \u00abcabezas\u00bb no incluyo de ning\u00fan modo en esta palabra la parte anterior o rostro, sino que me refiero \u00fanicamente a aquella parte superior y posterior que en la persona suele estar cubierta de cabellos. Por los rostros, las cosas no anduvieron siempre muy en orden: hab\u00eda naricitas respingadas, ojos que pod\u00edan haber sido m\u00e1s grandes, pesta\u00f1as no muy largas y alguna que otra boca medio sin gracia.<\/p>\n<p>Pero si se pasa de la frente, lo que ven\u00eda despu\u00e9s era siempre un mont\u00f3n de variadas maravillas. La vanidad de Mam\u00e1 ten\u00eda all\u00ed mucho de d\u00f3nde agarrarse. Hab\u00eda quien llevaba sobre su persona una mara\u00f1a adorable de seda bronceada; quien ten\u00eda la cabeza literalmente cuajada de sortijas brillantes y negras como azabaches; quien parec\u00eda un mismo carnerito de oro y a quien le llov\u00eda continuamente sobre la nuca, las orejas y la frente una tempestad de crespitos casta\u00f1os.<\/p>\n<p>Cuando aparec\u00edan las visitas y nosotras, como he contado ya por cubrirnos el rostro, present\u00e1bamos al p\u00fablico todo el pelo, no realiz\u00e1bamos quiz\u00e1s un acto de cortes\u00eda, pero estoy en cambio segur\u00edsima de que realiz\u00e1bamos por instinto, en secreto y misterioso acuerdo con Mam\u00e1, un acto de sabia presunci\u00f3n.<\/p>\n<p>La gente dec\u00eda tr\u00e9mula de sincero entusiasmo:<\/p>\n<p>\u2014\u00a1Qu\u00e9 cabezas tan divinas y todas diferentes! \u00a1Si parecen un coro de querubines!<\/p>\n<p>Por toda contestaci\u00f3n, nosotras nos cubr\u00edamos m\u00e1s y m\u00e1s el rostro. Ante el esfuerzo, las sortijas, mara\u00f1as y crespitos temblaban tornasolados pregonando en nombre de los rostros, bellezas sin cuento que en realidad no exist\u00edan. Al explotar as\u00ed la curiosidad y la credulidad del p\u00fablico, nos hac\u00edamos con habilidad, en un instante, al igual de los artistas e industriales modernos, un renombre muy superior al merecido por nuestras perfecciones. Las visitas, en efecto, acababan diciendo:<\/p>\n<p>\u2014\u00a1Qu\u00e9 criaturas tan lindas!<\/p>\n<p>Y se iban muy convencidas sin haberlo comprobado. Mam\u00e1, ba\u00f1ada en agua de rosas, respond\u00eda con frases desbordantes de falsa modestia y al final, sin dar a la cosa la menor importancia, declaraba esto:<\/p>\n<p>\u2014S\u00ed. Es verdad que tienen el pelo sedoso y crespo. Y han de saber ustedes que es enteramente natural. La \u00fanica que lo tiene un poco menos rizado es Blanca Nieves, aqu\u00e9lla, la m\u00e1s trigue\u00f1ita\u2026, pero sus crespos\u2026 \u00a1tambi\u00e9n son naturales!<\/p>\n<p>La primera frase era verdadera. En la \u00faltima mi querida Mam\u00e1 ment\u00eda de un modo descarado y enternecedor. Es cierto que la pobre comenzaba por encerrar t\u00edmidamente su mentira en la forma discreta del eufemismo, lo cual no deja de ser un homenaje a la verdad, y es cierto, adem\u00e1s, que, como alguien ha dicho, \u00abel primer deber de toda mujer es el de aparecer hermosa\u00bb. Al esforzarse ella en cumplir por m\u00ed mi primer deber, no pod\u00eda cometer, pues, una acci\u00f3n reprochable, al contrario. No lo digo por disculparla: su acto era digno de elogio, tanto m\u00e1s si se considera aquella serie de esfuerzos, admirables y cotidianos, \u00a1tan conocidos por m\u00ed!, que su mentira encubr\u00eda.<\/p>\n<p>En lo tocante al cabello, la naturaleza, tan pr\u00f3diga con mis hermanitas, se hab\u00eda conducido conmigo, s\u00f3lo conmigo, lo mismo que una madrastra, cruel, injusta y caprichosa. Pero como Mam\u00e1 era madre, la ten\u00eda retada a una lucha sin cuartel que se renovaba todas las ma\u00f1anas. Por las tardes, de dos a tres, la madrastra quedaba vencida y burlada. Si ven\u00edan visitas, quedaba burlada y vencida desde las once de la ma\u00f1ana, y mi pobre cabello negro, en el cual no exist\u00eda la m\u00e1s leve sospecha de una onda, por virtud del milagro maternal, ante las miradas extra\u00f1as, temblaba con gracia e hipocres\u00eda distribuido en menudos crespitos, tan enroscados como los de todo el mundo, \u00a1y a ver si quien no estuviera en el secreto sab\u00eda distinguir cu\u00e1les eran los falsos y cu\u00e1les los verdaderos! Mam\u00e1 sufr\u00eda por la gran injusticia de la cual era yo escondida v\u00edctima. Sufr\u00eda tambi\u00e9n por los minuciosos enga\u00f1os que le impon\u00eda la tal injusticia, pues no era ella persona que gustase de mentir a toda hora por vicio o costumbre. No, s\u00f3lo lo hac\u00eda con entera sencillez y naturalidad en los casos en que, como \u00e9ste, la mentira ven\u00eda a ser indispensable.<\/p>\n<p>Para luchar contra la lisura de mi cabello Mam\u00e1 desplegaba un ardor y una perseverancia admirables. Sin embargo, como a todo gran luchador, a ella tambi\u00e9n la acomet\u00eda de pronto el desaliento. A veces, instalada conmigo frente al espejo, antes de ejecutar en mi pelo aquella serie de artes y oficios que voy a enumerar, apagados por un segundo ardor y perseverancia, con una voz lastimera y con el peine y la mano desmayados sobre su falda, me hac\u00eda en pleno decaimiento esta especie de reproche:<\/p>\n<p>\u2014\u00bfPero de d\u00f3nde sacar\u00edas t\u00fa el pelo tan liso, Blanca Nieves, mi hijita querida?<\/p>\n<p>Como yo no sab\u00eda en absoluto de d\u00f3nde lo hab\u00eda sacado, consider\u00e1ndome culpable, me excusaba t\u00edmidamente respondiendo con la misma pregunta y con la misma dulzura en la voz:<\/p>\n<p>\u2014\u00bfY de d\u00f3nde lo sacar\u00eda de verdad, Mama\u00edta?<\/p>\n<p>Si Mam\u00e1 sufr\u00eda de que yo tuviera el pelo liso, yo sufr\u00eda mil veces m\u00e1s de que ella se empe\u00f1ara en encresp\u00e1rmelo as\u00ed, contra viento y marea. Aquel inmoderado inter\u00e9s por mi cabello cautivaba entre sus garras gran parte de mi tiempo y al suspenderse temible a ciertas horas del d\u00eda sobre mi cabeza inocente y desondulada, cohib\u00eda mi libertad y emponzo\u00f1aba mis juegos. A cada rato me parec\u00eda o\u00edr aquella frase matinal, solemne e inexorable como una sentencia:<\/p>\n<p>\u2014Blanca Nieves, ven a cogerte los mo\u00f1itos.<\/p>\n<p>O esta, meridiana, solemne e inexorable como otra sentencia:<\/p>\n<p>\u2014Ven, Blanca Nieves, para hacerte los crespos.<\/p>\n<p>Y las dos frases se suced\u00edan regular y diariamente como la revoluci\u00f3n solar.<\/p>\n<p>A m\u00e1s de aquella presunci\u00f3n, vanidad o amor a la propia belleza, fuerzas muy considerables y ya mencionadas, Mam\u00e1 estaba animada por una fuerza mucho m\u00e1s formidable a\u00fan: la fe. S\u00ed, se\u00f1ores, la fe. Mam\u00e1 cre\u00eda en el \u00abbejuco de cadena\u00bb. Es decir, que contra toda evidencia ella sab\u00eda muy bien que la reconocida eficacia de dicho encadenado bejuco acabar\u00eda por rizar mi cabello en un porvenir cercano y en forma natural o permanente. Esto me perd\u00eda. De all\u00e1, de muy arriba en la monta\u00f1a iban expresamente todos las semanas a bajarle su adorado bejuco, el cual llegaba con un rico olor a monte y a tierra h\u00fameda, tan grato como amenazador. Desafiando valientemente las furias de Candelaria, Mam\u00e1 se iba a la cocina, lo pon\u00eda en una cacerola, le echaba agua, lo herv\u00eda y sacaba aquel t\u00e9 claro, que destinado a empaparme la cabeza durante ocho d\u00edas consecutivos, quedaba depositado en un taz\u00f3n, hasta el advenimiento de un nuevo bejuco y la elaboraci\u00f3n de un nuevo t\u00e9.<\/p>\n<p>Era por lo general as\u00ed, armada con el taz\u00f3n, el peine y un sinf\u00edn de mariposas de papel como sol\u00eda pronunciar en la ma\u00f1ana su importuna sentencia. Era in\u00fatil el que mi pelo y yo le demostr\u00e1semos todos los d\u00edas, palpablemente, la nulidad desoladora del bejuco de cadena. Ella segu\u00eda comprobando impert\u00e9rrita los progresos de unas ondas numerosas e imaginarias. Y es que al amar con tant\u00edsima ternura mi desheredado pelo, resultaba natural que el alma dulce y m\u00edstica de mi Mama\u00edta esperara confiada en la misericordia del bejuco de cadena. Aquello era, en suma, una especie de religi\u00f3n y yo era la v\u00edctima expiatoria, que ella, al igual que Abraham, sacrificaba con valor en aras de mi belleza.<\/p>\n<p>Me parece que acabo de exagerar un poco al hablar de los crueles sacrificios que a los cinco a\u00f1os me impon\u00edan mis crespos fingidos, o lo que es lo mismo, mi arduo deber de aparecer hermosa. Tengo ciertos escr\u00fapulos. Creo que me he dejado llevar por ese prurito tan com\u00fan a todo el mundo: el deseo de brillar. He querido brillar por el sufrimiento y exaltarme en la compasi\u00f3n de ustedes. En el fondo no merezco tal exaltaci\u00f3n. Mi pelo liso me impon\u00eda sacrificios, es cierto, pero si me los impon\u00eda, era para regalarme luego ratos de exquisito coloquio con personajes interesant\u00edsimos llenos de belleza f\u00edsica y de encantos morales. Andando por los \u00e1speros senderos de mi pelo liso, fue como encontr\u00e9 al amanecer a Nuestra Se\u00f1ora, la amable poes\u00eda. Aunque ni entonces ni despu\u00e9s deb\u00eda yo cubrirme familiarmente con su propio manto, ella me sonre\u00eda ya, bondadosa, desde lejos, y en contestaci\u00f3n, desde lejos tambi\u00e9n, yo le sonre\u00eda. La mutua y discreta sonrisa dura todav\u00eda.<\/p>\n<p>He aqu\u00ed c\u00f3mo ocurr\u00edan las cosas y c\u00f3mo a la amargura de la privaci\u00f3n suced\u00edan las dulzuras de una escondida abundancia. A eso de la una de la tarde, mientras Evelyn almorzaba, nosotras aprovech\u00e1bamos aquel resquicio de libertad para divertirnos lo m\u00e1s posible. Frente a la casa, bajo los \u00e1rboles, ante la distra\u00edda vigilancia de Mam\u00e1, com\u00edamos furtivamente guayabas y pomarrosas jugando al mismo tiempo a \u00abla candelita\u00bb. Sentada en un mecedor del corredor de la casa, absorta en un libro, con su abanico de paja en movimiento, Mam\u00e1 levantaba de tiempo en tiempo los ojos y nos ve\u00eda. En realidad era yo quien, sin parecer, la observaba a ella con atenci\u00f3n e inquietud. De pronto, cerraba el libro y gritaba, en efecto:<\/p>\n<p>\u2014Blanca Nieves, ven a hacerte los crespos.<\/p>\n<p>Pero Blanca Nieves nunca o\u00eda. Su cabeza, que, desde por la ma\u00f1ana, erizada de claros papillotes, parec\u00eda una alcachofa salpicada de salsa blanca, corr\u00eda de \u00e1rbol en \u00e1rbol pidiendo aqu\u00ed y all\u00e1 \u00abuna candelita\u00bb. Mam\u00e1 esperaba pacientemente que la alcachofa se acercara un poco para repetir en voz m\u00e1s alta:<\/p>\n<p>\u2014Blanca Nieves, \u00bfest\u00e1s sorda? \u00a1Que vengas a hacerte los crespos!<\/p>\n<p>Como las personas sordas no responden ni vuelven nunca la cabeza cuando se las llama, la erizada alcachofa segu\u00eda de espaldas, a todo correr, mordiendo una guayaba e implorando la candelita. Mam\u00e1 esperaba de nuevo unos segundos para tomar resueltamente su voz de queja:<\/p>\n<p>\u2014\u00bfHasta cu\u00e1ndo me molestas, Blanca Nieves? \u00bfHasta cu\u00e1ndo me desesperas?<\/p>\n<p>Y cantando melodiosamente su desesperaci\u00f3n se abanicaba y se mec\u00eda con la cabeza apoyada en el respaldar del asiento. Era lo mismo que en las antiguas \u00f3peras italianas. Pero por desgracia m\u00eda y a honor de la vejada obediencia, la \u00f3pera no duraba nunca m\u00e1s de cinco minutos. Llena de ruidos sordos, Evelyn invad\u00eda el lugar y apagando con los vendavales de su falda almidonada toda candelita, me agarraba de un brazo y me llevaba a presencia de Mam\u00e1. Sea que por temperamento nunca me halagaron las aparatosas manifestaciones de la rebeld\u00eda, sea que me parecieran contrarias a mi dignidad, sea, en fin, que en aquellas circunstancias las juzgase in\u00fatiles, bajo la presi\u00f3n de la mano de Evelyn en mi brazo, mi cuerpo caminaba sin hacer resistencia. Pero mi alma independiente, mi alma intangible, a quien Evelyn no pod\u00eda agarrar por un brazo, \u00a1resist\u00eda! Ella s\u00ed se quedaba un buen rato m\u00e1s junto a los \u00e1rboles comi\u00e9ndose su guayaba y pidiendo su candelita, mientras mi cabeza malhumorada y muda bajo los mil papillotes, all\u00e1, en el cuarto de Mam\u00e1, se entregaba estoicamente entre sus manos.<\/p>\n<p>II<\/p>\n<p>\u00abNo hay rosas sin espinas\u00bb, suelen decir. Es muy cierto. Fiel a este conocido aforismo, olvidada de la rosa, todos los d\u00edas, comenzaba por herirme con las espinas, para luego, sorprendida y feliz, inclinarme, coger la rosa a manos llenas, y aspirar encantada su perfume. Esta po\u00e9tica imagen se renovaba d\u00eda tras d\u00eda sin que la experiencia se dignara intervenir.<\/p>\n<p>Para peinarme, Mam\u00e1 se instalaba en una silla alta, y a m\u00ed me sentaba delante de ella en un taburete. Sus rodillas me serv\u00edan de respaldo y al hablar nos mir\u00e1bamos los rostros en el gran espejo que enfrente y cerca de las dos reflejaba el grupo entero. No bien las manos blandas revolando en mi cabeza empezaban a deshacer mo\u00f1itos, cuando un poco m\u00e1s arriba los labios romp\u00edan a contar un cuento. Era una costumbre consagrada. El peine entraba cantando en el pelo, ya escarmenado por la ma\u00f1ana, la voz llena de im\u00e1genes cantaba entre los labios y pronto, al doble reclamo, el alma rezagada y terca regresaba queda, se posaba tambi\u00e9n sobre el espejo, y como barca en el r\u00edo, se dejaba llevar por el relato, dulcemente, corriente abajo, entre dos orillas de amenos paisajes. La despreciable candelita y las viles guayabas se quedaban decididamente muy atr\u00e1s.<\/p>\n<p>Mientras el regazo de Mam\u00e1 se iba llenando de papillotes mustios, mi cabeza florec\u00eda en crespitos y mi coraz\u00f3n generoso deseaba alojar en m\u00ed, no una sola alma, sino diez o doce para llevarlas todas juntas por tan deliciosos parajes. Yo creo sin pretensi\u00f3n y sin asegurarlo, que Mam\u00e1 fue una buena poeta. S\u00f3lo que en vez de alinear sus versos en p\u00e1ginas impresas, destinadas quiz\u00e1s a manos profanas, cosa que hacen casi todos los poetas, ella encerraba los suyos con gracia y originalidad en estrofas de crespitos. Su p\u00fablico no era nutrido, puesto que se compon\u00eda de m\u00ed y de mi imagen reflejada en el espejo, pero era tan atento, vibraba tan al un\u00edsono con el alma de la frase, que el arte po\u00e9tico y narrativo de Mam\u00e1 pod\u00eda darse por muy satisfecho: su objeto quedaba colmado plena y triunfalmente. \u00bfQu\u00e9 importa en efecto el n\u00famero de los que se acercan a compartir una emoci\u00f3n? Un mill\u00f3n o uno solo es lo mismo. El caso es sentir que la emoci\u00f3n creada ha sido intensamente compartida y el m\u00e1s bello de los poemas merecer\u00eda haberse escrito para un solo buen lector. En lo tocante a los relatos de Mam\u00e1 yo era ese \u00fanico, excelente lector o complemento.<\/p>\n<p>Debo confesar que los personajes y sucesos de tales relatos no eran nunca originales. De labios de Mam\u00e1 surg\u00edan en variada sucesi\u00f3n: cuentos de hadas, relatos mitol\u00f3gicos, f\u00e1bulas de Samaniego y de La Fontaine, romances de Zorrilla, trozos de historia sagrada, novelas de Dumas padre y el tierno poema de Bernardin de Saint-Pierre, Pablo y Virginia. La pobre Mam\u00e1, que por su vida aislada y campesina era bastante \u00able\u00edda\u00bb, como suele decirse, echaba mano de cuanto su memoria ten\u00eda al alcance. Yo me encargaba luego de imprimir unidad al conjunto. En mis ratos de ensue\u00f1o, al hacer revivir con entusiasmo los m\u00e1s notables hechos, invitaba a mis torneos espirituales a aquellos personajes que juzgaba m\u00e1s nobles o interesantes. Como nadie dec\u00eda no, en mis libres adaptaciones se ve\u00eda por ejemplo a Mois\u00e9s vencido por d\u2019Artagnan o a la dulce Virginia naufragando tristemente en el arca de No\u00e9 y salvada de pronto, gracias a los esfuerzos heroicos e inesperados de la Bella y la Fiera.<\/p>\n<p>La brusca interrupci\u00f3n de mis juegos, o sea el paso de los placeres deportivos a los placeres l\u00edricos resultaba desagradable a mi sensibilidad y encend\u00eda en mi alma, como ya se ha visto, un vivo y fugaz malhumor. Era un malhumor arrogante, lleno de autoridad. Mientras mi persona se sentaba en el taburete \u00e9l dictaba sus leyes y si consent\u00eda en entregar mansamente a Mam\u00e1 la posesi\u00f3n material de mi cabeza era a trueque de asegurarse la posesi\u00f3n moral y absoluta de la de ella. Las leyes dictadas eran tan terminantes como dif\u00edciles de prever:<\/p>\n<p>\u2014Quiero que me cuentes hoy, Mam\u00e1, un cuento nuevecito, en donde salga un caballo blanco, pero que no me lo hayas contado ni una sola vez.<\/p>\n<p>Mam\u00e1 ten\u00eda que lanzarse a todo correr, memoria arriba, en busca de un cuento enteramente nuevo, al cual se le pudiera enganchar un caballo blanco. Otras veces sent\u00eda yo el deseo de vagar a paso lento entre alamedas familiares sumergidas en la melancol\u00eda del recuerdo y frecuentadas por rostros amigos a quienes poder saludar y sonre\u00edr. Exig\u00eda entonces \u00abun cuento viejo \u00bb e impon\u00eda de antemano tir\u00e1nicas reformas, las cuales respond\u00edan a los diversos estados o anhelos de mi esp\u00edritu. Ten\u00eda yo reservados para ciertos d\u00edas mis dos cuentos preferidos, cuyos principales actores he mencionado ya. Era uno La Bella y La Fiera; el otro, mi verdadero favorito, era Pablo y Virginia, llamado con otro nombre. El cuento de los dos ni\u00f1itos. Gracias al arte de Mam\u00e1, en estos relatos, la ficci\u00f3n se mezclaba armoniosamente con la realidad, prest\u00e1ndose una a otra en feliz equilibrio tesoros de poes\u00eda y realismo.<\/p>\n<p>Mi imaginaci\u00f3n pod\u00eda correr as\u00ed por caminos fant\u00e1sticos, llenos de sitiales en donde apoyarse y reconocer la verdad. Pablo y Virginia, verbigracia, ten\u00edan como escenario de sus tristes amores nuestra misma hacienda Piedra Azul. La caba\u00f1a de Virginia se alzaba en una colina denominada \u00abel pe\u00f1\u00f3n\u00bb, que yo pod\u00eda contemplar desde mi taburete por la ventana abierta del cuarto de Mam\u00e1, con solo ladear ligeramente la cabeza. En cuanto a la de Pablo, erguida un poco m\u00e1s all\u00e1, dominaba un conuquito de ma\u00edz que s\u00f3lo se distingu\u00eda desde el corredor principal de la casa. Muchas veces, con media cabeza encrespada y media con papillotes, me levantaba un instante para echarle un vistazo al conuco de Pablo y volv\u00eda apresurada a ocupar mi taburete a fin de que sin mayor interrupci\u00f3n continuase el relato. En lugar de embarcarse rumbo a Francia, palabra pretenciosa de oscura significaci\u00f3n, Virginia, llena de naturalidad, se iba a Caracas en una calesa igual a la de Mam\u00e1. A su regreso naufragaba de un modo doloroso por haber atravesado el r\u00edo crecido. Dif\u00edcilmente podr\u00eda describir hoy hasta qu\u00e9 punto aquel naufragio fatal me destrozaba el alma. Las circunstancias precisas del lugar aumentaban vivamente la intensidad dram\u00e1tica. El escenario familiar prestaba a los hechos el prestigio augusto de la historia. Consagrados as\u00ed, la colina, el conuquito y el r\u00edo, eran en adelante a mis ojos objetos venerables a los cuales conced\u00eda continuamente miradas de devoci\u00f3n y de cari\u00f1o.<\/p>\n<p>Si la Bella y la Fiera cautivaban tambi\u00e9n mi simpat\u00eda y derramaban en mi alma un torrente de dulzura, era por razones an\u00e1logas. La descripci\u00f3n de la Fiera, que se compon\u00eda de rabo, pelo negro, un par de orejas y dos colmillos afilad\u00edsimos, con los cuales ro\u00eda huesos y com\u00eda carne cruda, ven\u00eda a ser punto por punto el retrato vivo de Marquesa, nuestra perra de Terranova, especie de hermana mayor llena de bondades, a quien todas nosotras quer\u00edamos tiernamente.<\/p>\n<p>Cuando llegaba el momento de describir Fiera, a m\u00ed no se me pasaba nunca el preguntar conmovida:<\/p>\n<p>\u2014Era as\u00ed como Marquesa, \u00bfverdad, Mam\u00e1?<\/p>\n<p>Mam\u00e1 comprend\u00eda la necesidad urgente de mi coraz\u00f3n y la satisfac\u00eda generosamente:<\/p>\n<p>\u2014S\u00ed, era id\u00e9ntica a Marquesa.<\/p>\n<p>El amor humilde, inmenso y sin esperanza de la Fiera por la Bella me enternec\u00eda extraordinariamente. Aquella pasi\u00f3n en la cual mi amistad estaba directamente interesada como ya se ha visto, era tanto m\u00e1s emocionante cuanto m\u00e1s desigual y nefasta a la Fiera. Por esa raz\u00f3n el verdadero desenlace del cuento me desagradaba, desde mucho tiempo atr\u00e1s hab\u00eda impuesto sobre el particular severas reformas. Permitir que la Fiera se convirtiera en Pr\u00edncipe antes de casarse con la Bella me parec\u00eda indigno y me parec\u00eda adem\u00e1s una inconsecuencia sin nombre para con la pobre Marquesa. El noble impulso de la Bella quedaba por otro lado rebajado al nivel de lo com\u00fan; en una palabra, aquellas bodas principescas y brillantes me resultaban antip\u00e1ticas y de una trivialidad despreciable.<\/p>\n<p>Quiz\u00e1s obedeciera en esto al sentimiento natural del p\u00fablico, que s\u00f3lo aplaude sinceramente el amor, cuando el amor se esconde discreto dentro de la pobreza, la insignificancia o la mediocridad. A las bodas que apadrina la pobreza el p\u00fablico asiste siempre con el alma desbordante de generosos deseos y en los presentes que all\u00ed env\u00eda suele enlazar, feliz y estrechamente, los nobles impulsos del coraz\u00f3n y las amables ventajas de la econom\u00eda. Sobre este particular repito, aun cuando no se trata de enviar presentes ni de asistir personalmente a la celebraci\u00f3n de las bodas, yo me mostraba muy intransigente. Antes de comenzar el cuento recomendaba:<\/p>\n<p>\u2014Pero ya sabes, Mam\u00e1, que la Fiera se quede Fiera con su rabo, su pelo negro, sus orejotas y todo y que asimismo se case con la Bella. \u00a1Que no se vuelva Pr\u00edncipe nunca! \u00bfYa lo sabes?<\/p>\n<p>Mam\u00e1 tomaba nota.<\/p>\n<p>Es in\u00fatil decir que Pablo y Virginia acababan a veces muy bien. Virginia salvada milagrosamente de las aguas caudalosas se casaba a menudo con Pablo y eran muy felices. Si dadas las circunstancias mi alma sent\u00eda un vago, voluptuoso deseo de ba\u00f1arse en la tristeza, dejaba entonces que las cosas siguieron su curso normal:<\/p>\n<p>\u2014Mam\u00e1, que llueva much\u00edsimo, que crezca el r\u00edo, que se ahogue la ni\u00f1ita y se muera despu\u00e9s todo el mundo. Mam\u00e1 desencadenaba los elementos y la escena quedaba cubierta de crespones y cad\u00e1veres.<\/p>\n<p>III<\/p>\n<p>Cuando yo sal\u00eda del cuarto de Mam\u00e1 ten\u00eda la cabeza rizada como un borrego y el alma tr\u00e9mula de emociones. Huyendo de gritos desapacibles y de carreras molestas, me sentaba sola en un rinc\u00f3n a fin de rumiar a mis anchas todo el acopio sentimental. Parece que en tan suaves instantes mis labios se entreabr\u00edan ligeramente y mis ojos se levantaban al cielo en una actitud de \u00e9xtasis dulc\u00edsimo que atra\u00eda las burlas de mi hermana Violeta y la solicitud funesta de Evelyn. \u00c9sta, llena de inter\u00e9s, ven\u00eda hacia m\u00ed exclamando, sin art\u00edculos, por supuesto:<\/p>\n<p>\u2014\u00a1Cierra boca, Blanca Nieves! \u00a1Ven jugar con otras!<\/p>\n<p>Y destru\u00eda, importuna e infame, multitud de jardines, castillos y princesas ideales. Pero Evelyn no ten\u00eda la m\u00e1s remota noticia de su obra destructora. Las doradas puertas de la vida interior, para sus ojos avizores, estaban cerradas a piedra y lodo. Sus brazos vand\u00e1licos y vencedores, siempre en lucha feliz con la realidad, no abrazaron jam\u00e1s los amables fantasmas que nos contagian de ensue\u00f1o, de duda y de neurastenia. Violeta, cuya alma positivista coincid\u00eda en todo con la de Evelyn, era a un tiempo su disc\u00edpula y su enemiga. Evelyn la respetaba. Antes que exponerse a desencadenar su rebeld\u00eda agarr\u00e1ndola autoritariamente por un brazo, como hac\u00eda con las dem\u00e1s, prefer\u00eda, llena de prudencia, pasar por ciega o por sorda. Ambas se enredaban a menudo de palabra, se iban con frecuencia a las manos, se comprend\u00edan, se tem\u00edan y se apreciaban. Evelyn, que vela en la independencia y rebeld\u00eda de Violeta se\u00f1ales de gran inteligencia, consideraba mis actitudes contemplativas como un indicio seguro de imbecilidad, y piadosamente las disimulaba o correg\u00eda. Violeta, cuyos seis a\u00f1os eran sin piedad, pensando lo mismo, subrayaba mi mal al llamarme a todas horas \u00abla bocabierta\u00bb.<\/p>\n<p>Si alguien llev\u00f3 en su vida un nombre inadecuado, ese alguien fue Violeta. Ella y la humilde perfumada florecilla del invierno eran dos polos opuestos. Siempre alerta, siempre dispuesta a reivindicar sus derechos y a figurar en primer t\u00e9rmino, desconoc\u00eda la modestia. En sus ojos brillant\u00edsimos, sombreados por una lluvia de crespos negros, se asomaba atrevido el sarcasmo y en su naricita chata se albergaba la agresi\u00f3n. Ten\u00eda la respuesta acertada y r\u00e1pida. Por el gusto de replicar se mezclaba en pleitos y rega\u00f1os que no le incumb\u00edan. Sab\u00eda tirar piedras a gran distancia, hacer maromas y subirse a los \u00e1rboles. Un d\u00eda la hallaron trabada en terrible lucha de bofetadas con uno de los hijitos del mayordomo y los separaron en el momento en que ella alcanzaba ya la victoria. Al enterarse del suceso, Mam\u00e1 se contrari\u00f3 mucho, mientras que Pap\u00e1, divertid\u00edsimo, se re\u00eda a carcajadas. Yo creo que dentro del cuerpo de Violeta se alojaba el esp\u00edritu de Juan Manuel el Deseado, y era esa la raz\u00f3n poderos\u00edsima por la cual no pod\u00eda nacer: hac\u00eda seis a\u00f1os que andaba por la tierra disfrazado de Violeta. El disfraz inadecuado lo encubr\u00eda tan mal que todo el mundo lo reconoc\u00eda, Pap\u00e1 el primero: por eso de tiempo en tiempo lo saludaba alegremente con carcajadas.<\/p>\n<p>Yo admiraba a Violeta en las mismas proporciones en que Violeta me desde\u00f1aba a m\u00ed. Era natural. Yo pod\u00eda apreciar la punter\u00eda de sus pedradas y la elegancia de sus maromas, que a ella no le era dado contemplar aquellos brillantes cortejos de pr\u00edncipes y hadas que tras de mi boca abierta asist\u00edan con magnificencia a las bodas de Pablo y Virginia. Era yo respecto a ella lo que es en nuestros d\u00edas cualquier poeta respecto a cualquier campe\u00f3n de football, de la nataci\u00f3n o del boxeo: es decir, nada. Pero mi humilde superioridad aplastada y oscura ten\u00eda su encanto. Mis ensue\u00f1os limpios de todo aplauso, asaetados por Violeta y desbaratados por Evelyn, al igual de un arbusto despu\u00e9s de una poda, reflorec\u00edan a escondidas con m\u00e1s abundancia y mayor intensidad.<\/p>\n<p>Un d\u00eda conceb\u00ed un proyecto aciago que iba a dejar mi amor propio acribillado de heridas y cubierto de humillaci\u00f3n. Sea por generosidad imprudente del alma que quiere regalar sus riquezas e invitar a sus banquetes, aun a aquellos que menos lo merecen; sea vanidad o ambici\u00f3n de sentirme admirada por quien yo tanto admiraba, es el caso de que un d\u00eda, llamando aparte a Violeta, le anunci\u00e9 que iba a contarle un cuento; que me atendiera un instante y ver\u00eda entonces qu\u00e9 rato delicioso le proporcionar\u00edan mis palabras. Llena de escepticismo y de condescendencia, Violeta se dign\u00f3 atender.<\/p>\n<p>Es cierto que su alma positivista no estaba llamada a saborear la finura, ni a describir la utilidad superior que encierran las ficciones y los s\u00edmbolos, pero tambi\u00e9n yo, por mi lado, exager\u00e9 demasiado. Al igual de esos anfitriones que agobian a sus invitados a fuerza de servirles manjares y vinos, y vinos y manjares, yo agobi\u00e9 la flaqu\u00edsima atenci\u00f3n que me prest\u00f3 Violeta. Quise deslumbrarla con mis dones y le di demasiado. Mi generosidad me perdi\u00f3. En el cuento que improvis\u00e9 en honor suyo hab\u00eda de todo: hadas; varitas m\u00e1gicas; animales parlantes; Ad\u00e1n y Eva; el diluvio universal y una fiera, que siendo Pr\u00edncipe era al mismo tiempo nuestra negra y querid\u00edsima Marquesa. Lo peor de todo era que tantos y tan desordenados hechos hab\u00edan tenido lugar all\u00ed mismo en Piedra Azul, la noche anterior.<\/p>\n<p>Despu\u00e9s de o\u00edrme un rato por indulgencia o cortes\u00eda, el esp\u00edritu utilitario de Violeta, que se orientaba al instante de un modo admirable hacia todo lo pr\u00e1ctico o positivo, no pudo aguantar m\u00e1s, me cort\u00f3 impaciente la palabra y me dijo con elegante concisi\u00f3n que se necesitaba ser muy necia y muy bocabierta para no comprender que todo aquello eran puras mentiras inventadas por Mar\u00eda con objeto de que yo me quedara quieta como una boba y poder as\u00ed hacerme los crespos a su sabor. Que ella, en su lugar, habr\u00eda arreglado las cosas desde mucho tiempo atr\u00e1s, d\u00e1ndole un buen mordisco a Evelyn en la mano si \u00e9sta hubiese venido a sacarla del juego y un acertado puntapi\u00e9 al sagrado taz\u00f3n del bejuco de cadena. Que as\u00ed las cosas al siguiente d\u00eda la hubiesen dejado en paz con los crespos y los cuentos. Y al expresar tales ideas, Violeta hac\u00eda su retrato de un modo tan sobrio como lleno de vida. No faltaba nada.<\/p>\n<p>Ante aquellas palabras que hab\u00edan ido zumbando de derechas hacia la verdad, como sus famosas pedradas hacia frutas, yo me qued\u00e9 muda sin saber qu\u00e9 contestar. \u00bfC\u00f3mo explicar, en efecto, al alma salvaje y ne\u00f3fita de Violeta, el placer alt\u00edsimo que encerraba el mundo de los s\u00edmbolos cuando yo misma lo olvidaba todos los d\u00edas. Humillada y pobre de razones, opt\u00e9 por recoger mis tesoros en silencio. Mientras tanto, Violeta, posada en un solo pie, como una garza, se alejaba saltando y remedando en m\u00fasica, para mayor escarnio, el estribillo de mi cuento:<\/p>\n<p>\u2014\u00c9sta es una Blanca Nieves\u2026 \u00e9sta era una Negra Nieves\u2026 \u00e9sta era una bocabierta\u2026<\/p>\n<p>En adelante, cuantas veces mi coraz\u00f3n desbordante de generosidad necesit\u00f3 expansiones, fue a buscarlas modestamente en la f\u00e1cil atenci\u00f3n de Estrella y de Rosalinda, mis hermanitas menores. Aunque menos brillantes, era aqu\u00e9l un p\u00fablico lleno de suavidad y de indulgencia. Si sus aplausos no colmaban de un todo mi ambici\u00f3n, mi amor propio estaba seguro de salir satisfecho, o por lo menos de salir ileso.<\/p>\n<p>IV<\/p>\n<p>Como consecuencia de los mencionados disimulos, esfuerzos y sacrificios con que Mam\u00e1 encubr\u00eda mi pelo liso, yo hab\u00eda acabado por edificar sobre las hebras de mi cabello mi criterio moral, el cual, como el de toda mujer honesta o bien nacida, era s\u00f3lido y estricto. Mi pelo en su forma natural, o sea sin encrespar, resultaba a mis ojos una especie de desnudez y si yo veneraba mis crespos era s\u00f3lo por pudor, aun cuando ustedes no lo crean.<\/p>\n<p>Para mejor explicarme dir\u00e9 que gracias a los principios que sin ella saberlo me hab\u00eda inculcado Mam\u00e1, a los cinco a\u00f1os, mi honor, contra lo establecido, no depend\u00eda de ning\u00fan otro lugar de mi persona, sino que depend\u00eda de mi cabeza. All\u00ed hab\u00eda echado sus s\u00f3lidos cimientos, all\u00ed viv\u00eda, all\u00ed se ocultaba hura\u00f1o y p\u00fadico. Llena de virtud yo lo hubiera defendido heroicamente hasta la muerte. Animada del mismo sentimiento sagrado, Mam\u00e1 parec\u00eda respetarlo y hacerlo respetar a\u00fan m\u00e1s que yo. Voy a demostrarlo.<\/p>\n<p>Un d\u00eda Violeta y yo jug\u00e1bamos juntas. Como de costumbre, extendiendo sobre mi docilidad su despotismo, me hab\u00eda llamado ya bocabierta, Negra Nieves y varios ep\u00edtetos m\u00e1s cuya atenuada mala intenci\u00f3n, al no tocar el honor, carec\u00edan de importancia. En un momento dado, viendo que yo, por no s\u00e9 qu\u00e9 circunstancia, no me somet\u00eda a su gobierno en forma r\u00e1pida o absoluta, contempl\u00f3 con insolencia la fresca bandada de papillotes que Mam\u00e1 acababa de sembrar en mi cabeza y acompa\u00f1ando las palabras con una sonrisa de superioridad me dedic\u00f3 esta expresi\u00f3n hasta entonces desconocida o in\u00e9dita:<\/p>\n<p>\u2014\u00a1Mar\u00eda mo\u00f1itos!<\/p>\n<p>Aunque indirecta, \u00e9sta s\u00ed era una ofensa a mi honor. Ante el ultraje, tr\u00e9mula de dignidad y de valor, avanc\u00e9 unos pasos, mir\u00e9 a Violeta de frente y tratando de devolver ofensa por ofensa le dije arrogante y roja:<\/p>\n<p>\u2014\u00bfYo soy Mar\u00eda mo\u00f1itos, Violeta? \u00bfYo soy Mar\u00eda mo\u00f1itos? \u2026Entonces t\u00fa ser\u00e1s \u00a1\u00a1Mar\u00eda crespitos!!<\/p>\n<p>Naturalmente que Violeta, lejos de ofenderse, solt\u00f3 una gran carcajada. Ten\u00eda raz\u00f3n. Como insulto \u00bfpod\u00eda darse nada m\u00e1s inepto que Mar\u00eda crespitos? \u00a1Cuando para obtener esos mismos crespitos se necesitaba tanto mo\u00f1ito, tanto cuento y tanto bejuco de cadena! Era como si una persona, obligada a ganar el pan con el sudor de su frente, al pelear con una rica la insultar\u00e1 diciendo: Mar\u00eda milloncitos o Mar\u00eda hacienditas. Mi pobre insulto como insulto no val\u00eda nada. La heroica expresi\u00f3n con que mi rostro lo hab\u00eda acompa\u00f1ado contribu\u00eda por contraste a hacerlo m\u00e1s poca cosa y m\u00e1s desgraciado. Violeta lo comprendi\u00f3 as\u00ed. \u00a1Pero su agresi\u00f3n era insaciable! Mi derrota no le bast\u00f3. En lugar de callarse, volvi\u00f3 a la carga y canturreando:<\/p>\n<p><em>Mar\u00eda mo\u00f1itos me convid\u00f3 a comer pl\u00e1tanos, con arroz.<\/em><\/p>\n<p>Se atrevi\u00f3 a a\u00f1adir sin ambages:<\/p>\n<p>\u2014\u00a1Pelo liso!<\/p>\n<p>Y agarr\u00f3, sacr\u00edlega, uno de mis papillotes, cuyas fr\u00e1giles alas de mariposa quedaron entre sus dedos. Pero \u00a1ay! del valent\u00f3n el d\u00eda en que el t\u00edmido dice \u00abaqu\u00ed estoy\u00bb. Al ver mi papillote violado, animada de un furor sacrosanto, con gran sorpresa de Violeta, me lanc\u00e9 como un rel\u00e1mpago sobre sus crespos y los agarr\u00e9 de ra\u00edz a manos llenas. La cabeza insolente y desprevenida, sacudida en todas direcciones, trataba de desasirse in\u00fatilmente. Buscando entonces defensa, las u\u00f1as de Violeta se clavaron a ciegas en mis orejas; pero yo, sin soltar los crespos por vengar las orejas, la mord\u00ed en el cuello. As\u00ed las cosas, estrechamente enlazadas iban a mordisco, pellizco y sacudidas, cuando uno de los cuatro pies resbal\u00f3, arrastr\u00f3 al grupo entero en el resbal\u00f3n, la lucha rod\u00f3 al suelo y sigui\u00f3 en el suelo hasta dar en un barrial, porque hab\u00eda llovido y la escena ten\u00eda lugar frente al corral de las gallinas. Cuando nos separaron est\u00e1bamos cubiertas de barro y ten\u00edamos dibujados, en sangre ella, mis dientes, y yo sus u\u00f1as. Evelyn nos levant\u00f3 del suelo, nos tom\u00f3 a cada una de la mano y distribuyendo por partes iguales sus reprensiones y cuidados nos lav\u00f3, afe\u00f3 nuestra conducta y nos cambi\u00f3 de ropa. Cuando enterada de lo ocurrido lleg\u00f3 Mam\u00e1, nos hall\u00e1bamos ya con los vestidos limpios y yo por mi parte considerando mi honor lavado en la reyerta, como mis brazos y piernas acababan de serlo en la palangana, me sent\u00eda inclinada a una reconciliaci\u00f3n.<\/p>\n<p>Mam\u00e1, haciendo coro con Evelyn, dijo que nuestra conducta la avergonzaba y la entristec\u00eda. Las cosas no hubiesen pasado de ah\u00ed, pero ya lo he dicho: la agresi\u00f3n o apetito b\u00e9lico de Violeta no conoc\u00eda l\u00edmites. Si yo, la ofendida, me daba por satisfecha, ella la ofensora no tuvo a bien cesar las hostilidades. \u00a1Esta vez su agresi\u00f3n iba a costarle cara!<\/p>\n<p>Dirigi\u00e9ndose a Mam\u00e1, en tono de v\u00edctima, cosa que exig\u00eda urgentemente una nueva discusi\u00f3n, dijo:<\/p>\n<p>\u2014Mira, Mama\u00edta, mira, c\u00f3mo me clav\u00f3 sus dientes aqu\u00ed; lo mismo que si fuera un perro bravo.<\/p>\n<p>Y ense\u00f1\u00f3 la media luna c\u00e1rdena que se dibujaba en efecto a un lado del cuello. Yo tuve naturalmente que replicar:<\/p>\n<p>\u2014Porque ella, Mam\u00e1, mira, me encaj\u00f3 sus u\u00f1as en mis dos orejas.<\/p>\n<p>\u2014\u00a1Ah, porque ella antes, Mam\u00e1, me agarr\u00f3 mis crespos y me sacudi\u00f3 como una diabla as\u00ed\u2026, as\u00ed\u2026, as\u00ed!\u2026<\/p>\n<p>\u2014Pero fue porque ella me hab\u00eda roto uno de los papeles que t\u00fa, Mama\u00edta, me amarraste en mi cabeza con tanto trabajo, y me dijo \u00abMar\u00eda mo\u00f1itos\u00bb, Mam\u00e1, y me dijo despu\u00e9s \u00abpelo liso\u00bb.<\/p>\n<p>\u00a1Ah! \u00a1Santo Dios! \u00a1Aqu\u00ed fue donde comenz\u00f3 el drama! Al o\u00edr mi \u00faltima frase, demudada y dolorida, Mam\u00e1 se volvi\u00f3 hacia Violeta tartamudeando:<\/p>\n<p>\u2014\u00bfLe\u2026 le\u2026 le dijiste que ten\u00eda el pelo liso?<\/p>\n<p>Y asumiendo el tono sublime de la tragedia, exclam\u00f3:<\/p>\n<p>\u2014\u00a1Ay, Violeta, t\u00fa no tienes coraz\u00f3n! \u00a1Que me duele! \u00a1Que me aflige!\u2026<\/p>\n<p>Aqu\u00ed una cosa ins\u00f3lita: Mam\u00e1, que en su vida nos hab\u00eda castigado, decidi\u00f3 aumentar la teatralidad del tono, y con la solemnidad del juez que dicta una sentencia terrible, dijo esto:<\/p>\n<p>\u2014Ahora, para que no seas maluca y para que no seas cruel con tu hermanita menor, te voy a castigar, \u00bfya lo sabes? Te vas a quedar sentada una hora entera, vista por el reloj: \u00a1ah\u00ed arriba!<\/p>\n<p>Mam\u00e1 extendi\u00f3 el brazo y como si fuera la estatua viva de la Justicia se qued\u00f3 se\u00f1alando un instante la c\u00faspide de un escritorio <em>secr\u00e9taire <\/em>cuya altura con relaci\u00f3n a la nuestra ven\u00eda a ser muy respetable.<\/p>\n<p>Y las tres cosas resultaron a cual m\u00e1s espantosa: la \u00abhora entera\u00bb, la altura del escritorio y el brazo extendido de Mam\u00e1. Como casi todos los d\u00e9spotas y matasietes, Violeta en el fondo era una d\u00e9bil que atrincheraba su debilidad muy h\u00e1bilmente tras una falsa reputaci\u00f3n. El tono de Mam\u00e1 y su brazo extendido eran de una teatralidad para asustar a cualquiera, no lo niego, pero de todos modos, Violeta no estuvo a la altura de su fama ni supo dominar la situaci\u00f3n. Mientras Evelyn, bajo las \u00f3rdenes de Mam\u00e1 ejecutaba la sentencia, Violeta, espantada e izada por los aires, olvid\u00f3 toda dignidad, mand\u00f3 al diablo su c\u00e9lebre rebeld\u00eda, comenz\u00f3 por abrir una boca de desolaci\u00f3n que se fue ensanchando, ensanchando, hasta que ya, instalada en la cumbre del mueble, presidiendo el auditorio, augusta de derrota y de infortunio, prorrumpi\u00f3:<\/p>\n<p>\u2014\u00a1\u00a1\u00a1Aaay!!! \u00a1Ayayayayay!<\/p>\n<p>Y el cuarto empez\u00f3 a retumbar ante los gritos de dolor. Era como si la hubieran sentado en unas brasas o como si all\u00e1 en las alturas una mano invisible le estuviese aplicando alg\u00fan tormento.<\/p>\n<p>Al reclamo de tan desgarradores lamentos la habitaci\u00f3n comenz\u00f3 a llenarse de espectadores. Todas las personas de la casa vinieron, asustadas o curiosas, a averiguar lo ocurrido. Lleg\u00f3 primero Aurora; detr\u00e1s de Aurora, cogidas de la mano, llegaron Estrella y Rosalinda, mi querido auditorio que nunca se separaba; una a una fueron llegando las tres cuidadoras o estado mayor; lleg\u00f3 despu\u00e9s Altagracia, lleg\u00f3 Jesusita; empujada por la multitud, llena de majestad e indiferencia, lleg\u00f3 Marquesa, lleg\u00f3 por fin Aura Flor en brazos de su criadora; lleg\u00f3, en una palabra, todo el que pod\u00eda, llegar. Solo faltaba Pap\u00e1, que se encontraba en el trapiche y Candelaria, cuyo mal humor la ten\u00eda generalmente amarrada a su fog\u00f3n, como al perro la cadena corta. Aquel drama nunca visto, ustedes no lo comprend\u00edan quiz\u00e1s, era terrible. Violeta exaltada en su trono de ignominia, se restregaba los ojos con las dos manos cerradas, las l\u00e1grimas rodaban abundantes y una boca inmensa en la cual hubiera podido caber todo el dolor del mundo, se abr\u00eda, arrojando gritos ensordecedores y mostrando sin amor propio y sin pudor hasta lo m\u00e1s hondo de la garganta. El p\u00fablico al aumentarse aumentaba de un modo cruel la intensidad dram\u00e1tica. El suplicio, al hacerse p\u00fablico, tomaba el cariz humillante de la degradaci\u00f3n. Puedo decir con entera propiedad que en aquel d\u00eda tr\u00e1gico conoc\u00ed todo el horror de los autos de fe. Mam\u00e1, instalada al pie del escritorio o cadalso, por asumir una actitud cualquiera, se hab\u00eda puesto a tejer. De tiempo en tiempo levantaba la cabeza y repet\u00eda inclemente:<\/p>\n<p>\u2014Aunque grites y m\u00e1s grites, una hora entera te vas a quedar ah\u00ed. Los<\/p>\n<p>gritos redoblaban.<\/p>\n<p>El auto de fe segu\u00eda su curso cruel. En su inclemencia Mam\u00e1 era el gran inquisidor; Evelyn era el verdugo: yo, el infame delator, y Violeta, la desarmada Violeta, el pobre hereje que se achicharraba ante las miradas infamantes del p\u00fablico, c\u00f3mplice tambi\u00e9n y tambi\u00e9n verdugo. Yo reconoc\u00eda la parte que me correspond\u00eda en la tragedia, y mi coraz\u00f3n lleno de remordimiento sufr\u00eda horrores. Sent\u00eda una ternura inmensa hacia toda la persona de Violeta. Sus pobres zapatitos flamantes reci\u00e9n mudados por Evelyn, suspendidos y resignados en el vac\u00edo como dos ahorcados, destilaban dolor ante sus ojos; sus rodillas me parec\u00edan unas hu\u00e9rfanas abandonadas; el vestido limpio, las puntillas frescas y rizadas de los pantalones, un bot\u00f3n a\u00fan sin abrochar sobre su pecho, eran objetos mudos que iban acrecentando mi conmiseraci\u00f3n, aumentando, aumentando mis remordimientos, hasta que por fin, mis ojos, al fijarse m\u00e1s arriba, descubrieron una cosa espantosa y ya no pude m\u00e1s. Al comp\u00e1s de los sollozos de Violeta, la media luna c\u00e1rdena de mi mordisco sub\u00eda y bajaba sobre su cuello m\u00e1rtir redimido por las l\u00e1grimas, y, lo repito, ya no pude m\u00e1s: me venci\u00f3 el remordimiento. Yo tambi\u00e9n abr\u00ed una boca enorme, yo tambi\u00e9n levant\u00e9 el pecho para dar salida a los sollozos que se atropellaban; yo tambi\u00e9n me puse las dos manos cerradas en los ojos, y yo tambi\u00e9n prorrump\u00ed con todo el br\u00edo de mis pulmones y de mi arrepentimiento:<\/p>\n<p>\u2014\u00a1\u00a1Aaaay!! \u00a1Ayayayayay!<\/p>\n<p>Aquello era un golpe teatral enteramente inesperado. Todos los ojos se fijaron en m\u00ed con gran sorpresa. La misma Violeta en plenos gritos me dirigi\u00f3 desde sus alturas una mirada estupefacta, velada de l\u00e1grimas. Mam\u00e1, sorprendid\u00edsima tambi\u00e9n y creo que un tanto conmovida, alz\u00f3 la cabeza de su trabajo forzado y me pregunt\u00f3 con fingida impaciencia:<\/p>\n<p>\u2014\u00bfT\u00fa tambi\u00e9n? \u00bfSe puede saber por qu\u00e9 lloras, t\u00fa, Blanca Nieves, necia?<\/p>\n<p>\u2014\u00a1\u00a1Aaaay!! \u00a1Ayayayayay!<\/p>\n<p>Contest\u00e9 yo en coro con Violeta. Mam\u00e1 en silencio volvi\u00f3 a su tejido, pero empez\u00f3 a comprender que su obra la sobrepasaba. Su justicia desencadenada iba subiendo como la marea y amenazaba sumergirla con tejido y todo. En efecto, al verme llorar a m\u00ed, contagiada de conmiseraci\u00f3n, Aurora, la dulce Aurora, cuyos siete a\u00f1os est\u00e1n impregnados de maternidad, se puso a llorar en silencio. Viendo que Aurora lloraba, Estrella y Rosalinda, por esp\u00edritu de imitaci\u00f3n y por amor a Aurora, rompieron a llorar las dos juntas a grito herido. Ante aquella epidemia de llanto, tan tr\u00e1gico en el fondo como c\u00f3mica en la superficie, todas las sirvientas se pusieron a re\u00edr. Era a cu\u00e1l m\u00e1s se torc\u00eda y m\u00e1s se sacud\u00eda de la risa. Aumentado as\u00ed el escarnio, el coro de nuestro llanto arreci\u00f3. Entretanto Aura Flor, del bando de las sirvientas, asociadas a la risa de su criadora, bat\u00eda el aire con sus pu\u00f1os cerrados, saltando, gru\u00f1endo y babeando de regocijo, mientras Marquesa mov\u00eda su rabo y olfateaba cari\u00f1osa a derecha e izquierda, a fin de averiguar la causa de tanto dolor. El barullo era horrible. La \u00fanica imp\u00e1vida parec\u00eda ser Mam\u00e1, pero estoy segura de que tambi\u00e9n ella ten\u00eda unas ganas violentas de romper a llorar. Decididamente su obra descomunal la sobrepasaba. No ten\u00eda ya m\u00e1s remedio que naufragar dentro de su justicia, y naufrag\u00f3 en efecto, pero naufrag\u00f3 con elegancia. Dominando la ensordecedora griter\u00eda de llantos y de risas, se volvi\u00f3 hacia Evelyn diciendo:<\/p>\n<p>\u2014A ver, Evelyn, si ya pas\u00f3 la hora. Ya debe haber pasado.<\/p>\n<p>Y gui\u00f1\u00f3 un ojo, cosa que vimos todas muy bien a trav\u00e9s del cristal amargu\u00edsimo de nuestro llanto. Evelyn sali\u00f3 unos: segundos y regres\u00f3 diciendo.<\/p>\n<p>\u2014Ya pas\u00f3.<\/p>\n<p>\u2014\u00a1Ya pas\u00f3 la hora! \u2014tuvo que gritar Mam\u00e1 para vencer el tumulto\u2014. \u00a1Ya puede bajarse Violeta!<\/p>\n<p>Pero fue como si no hubiese gritado nada. Entregadas a la impetuosidad del llanto que corr\u00eda caudaloso a gran velocidad, nadie pens\u00f3 en detenerlo: como todo v\u00e9rtigo, ten\u00eda su encanto. \u00a1Ah, pero Mam\u00e1 sab\u00eda atraerse las multitudes! Llena de habilidad, mientras Evelyn proced\u00eda piadosa al descendimiento de Violeta, ella retrocedi\u00f3 unos pasos hasta llegar a la puerta del cuarto, extendi\u00f3 sus dos brazos sobre la tempestad y con la voz potente de los buenos oradores acudi\u00f3 a este recurso supremo:<\/p>\n<p>\u2014Ahora, ni\u00f1itas, \u00f3iganme todas: la primera que llegue hasta aqu\u00ed sin llorar se viene a ba\u00f1ar conmigo en el chorrer\u00f3n de la molienda que van a soltar ya, \u00a1porque son las once!<\/p>\n<p>\u00a1Santa palabra! El llanto general se volvi\u00f3 general regocijo. Los rostros, a\u00fan empapados de l\u00e1grimas y a\u00fan tr\u00e9mulos de sollozos, exclamaban atropell\u00e1ndose los unos tras de otros:<\/p>\n<p>\u2014\u00a1Yo la primera, Mama\u00edta, yo la primera!<\/p>\n<p>Y todo el mundo pugnaba por agarrarse de la bata de Mam\u00e1. Violeta se agarr\u00f3 en efecto, una de las primeras, porque su esp\u00edritu utilitario desde\u00f1aba el rencor que es un estorbo, y porque tal era el prestigio del \u00abchorrer\u00f3n\u00bb aquel mundo de agua que, cuando no hac\u00eda ya falta en el trapiche, se ve\u00eda a toda carrera y como un monstruo, arrojaba en un estanque bramando y atropellando helechos, ranas, frutas verdes, ni\u00f1itas, Mam\u00e1, Evelyn y cuanto se le presentara al paso.<\/p>\n<h4 style=\"text-align: right;\"><a href=\"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/teresa-de-la-parra\/\" target=\"_blank\" rel=\"noopener\">Sobre la autora<\/a><\/h4>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Teresa de la Parra I Mucho m\u00e1s que en su propia persona, la vanidad de Mam\u00e1 hab\u00eda fijado su asiento en nuestras seis cabezas. 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