{"id":584,"date":"2021-08-05T23:18:17","date_gmt":"2021-08-05T23:18:17","guid":{"rendered":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/?p=584"},"modified":"2023-11-24T18:39:31","modified_gmt":"2023-11-24T18:39:31","slug":"manzanita","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/manzanita\/","title":{"rendered":"Manzanita"},"content":{"rendered":"<h4 style=\"text-align: right;\">Julio Garmendia<\/h4>\n<p>Cuando llegaron las grandes, olorosas y sonrosadas manzanas del Norte, la Manzanita criolla se sinti\u00f3 perdida.<\/p>\n<p>\u2014\u00bfQu\u00e9 voy a hacer yo ahora \u2013se lamentaba\u2013, ahora que han llegado esas manzanas extranjeras tan bonitas y perfumadas? \u00bfQui\u00e9n va a quererme a m\u00ed? \u00bfQui\u00e9n va a querer llevarme, ni sembrarme, ni cuidarme, ni comerme ni siquiera en dulce?<\/p>\n<p>La Manzanita se sinti\u00f3 perdida, y se puso a cavilar en un rinc\u00f3n. La gente entraba y sal\u00eda de la fruter\u00eda. Manzanita les o\u00eda decir:<\/p>\n<p>\u2014\u00a1Qu\u00e9 preciosidad de manzanas! Deme una.<\/p>\n<p>\u2014Deme dos.<\/p>\n<p>\u2014Deme tres.<\/p>\n<p>Una viejecita miraba con codicia a las brillantes y coloreadas norte\u00f1as; suspir\u00f3 y dijo:<\/p>\n<p>\u2014Medio kilo de manzanitas criollas, marchante; \u00a1que no sean demasiado agrias, ni demasiado duras, ni demasiado fruncidas!<\/p>\n<p>La Manzanita se sinti\u00f3 avergonzada, y empez\u00f3 a ponerse coloradita por un lado, cosa que rara vez le suced\u00eda.<\/p>\n<p>Y las manzanas del Norte iban saliendo de sus cajas, donde estaban rodeadas de fina paja, recostadas sobre aserr\u00edn, coquetonamente envueltas en el m\u00e1s suave papel de seda. Hab\u00edan sido tra\u00eddas en avi\u00f3n desde muy lejos, y todav\u00eda parec\u00edan un poco aturdidas del viaje, lo que las hac\u00eda a\u00fan m\u00e1s apetitosas y encantadoras.<\/p>\n<p>\u2014A m\u00ed me traen en sacos, en burro, y despu\u00e9s me echan en un rinc\u00f3n en el suelo pelado\u2026 \u2013cavilaba Manzanita, con l\u00e1grimas en los ojos, rumiando su amargura.<\/p>\n<p>Estaba cada vez m\u00e1s preocupada. Aunque a nadie hab\u00eda dicho palabra de sus tribulaciones, las otras frutas, sus vecinas, ve\u00edan claramente lo que le pasaba; pero tampoco dec\u00edan nada, por discreci\u00f3n. Hablaban del calor que hac\u00eda; de la lluvia y el sol; de los p\u00e1jaros, los insectos y la tierra; o bien cambiaban reflexiones acerca de las gentes que entraban o sal\u00edan de la fruter\u00eda, en tanto que la pobre Manzanita se mord\u00eda los labios y se tragaba sus l\u00e1grimas en silencio.<\/p>\n<p>Ya las norte\u00f1as se acababan, se agotaban; ya el frutero tra\u00eda nuevas cajas repletas, con mil remilgos y cuidados, como si fueran tesoros que se echaba sobre los hombros. La Manzanita no pudo aguantarse m\u00e1s.<\/p>\n<p>\u2014Se\u00f1or Coco\u2026 \u2013llam\u00f3 en voz baja, dirigi\u00e9ndose a uno de sus m\u00e1s pr\u00f3ximos vecinos, un se\u00f1or Coco de la Costa, que estaba all\u00ed envuelto en su verde corteza.<\/p>\n<p>\u2014Usted que es tan duro, se\u00f1or Coco \u2013repiti\u00f3 Manzanita con voz entrecortada y llorosa\u2013; que a nada le teme; que se cae desde lo alto de los brazos de su mam\u00e1, y en vez de ponerse a llorar, son las piedras las que lloran si usted les cae encima\u2026<\/p>\n<p>Esto ofendi\u00f3 un tanto al buen se\u00f1or Coco, el cual crey\u00f3 necesario hacer una aclaratoria, poniendo las cosas en su puesto.<\/p>\n<p>\u2014Es cierto que soy duro \u2013explic\u00f3\u2013, pero eso no quiere decir que no tenga coraz\u00f3n. Es mi exterior, que es as\u00ed. Por dentro soy blando, tierno y suave como una capita de algod\u00f3n.<\/p>\n<p>\u2014Es lo que yo digo, se\u00f1or don Coco \u2013se apresur\u00f3 a conceder la Manzanita\u2013. Yo s\u00e9 que su agua es saladita como las l\u00e1grimas, y que eso viene de su gran coraz\u00f3n que usted tiene.<\/p>\n<p>\u2014As\u00ed es \u2013asinti\u00f3 el buen Coco, satisfecho\u2013. \u00bfY qu\u00e9 quer\u00eda usted decirme, amiga Manzanita? \u00a1Estoy para servirle!<\/p>\n<p>\u2014Ya usted se habr\u00e1 fijado \u2013dijo la Manzanita, conteniendo a duras penas sus sollozos\u2013 en lo que est\u00e1 pasando aqu\u00ed en la fruter\u00eda. Esas del Norte, \u00a1esas intrusas! ocupan la atenci\u00f3n de todo el mundo, y todos las encuentran muy de su gusto, se\u00f1or Coco, \u00a1se\u00f1or Coooooooco!\u2026 \u2013y la pobre Manzanita rompi\u00f3 a llorar a l\u00e1grima viva.<\/p>\n<p>El Coco no hallaba qu\u00e9 hacer ni qu\u00e9 decirle a Manzanita. Viendo esto otra vecina, se acerc\u00f3 pausadamente para tratar de consolarla.<\/p>\n<p>\u2014\u00a1Ay, se\u00f1ora Lechosa! \u2013gimi\u00f3 Manzanita ech\u00e1ndole los brazos al cuello\u2013. \u00a1Qu\u00e9 desgracia la m\u00eda!<\/p>\n<p>\u2014C\u00e1lmate, Manzanita, c\u00e1lmate \u2013le dec\u00eda maternalmente la Lechosa (que era una se\u00f1ora Lechosa bastante madura y corpulenta).<\/p>\n<p>Volvi\u00e9ndose hacia otro de los vecinos, con los ojos h\u00famedos \u2013tan blanda as\u00ed era\u2013, pregunt\u00f3 la Lechosa:<\/p>\n<p>\u2014\u00bfQu\u00e9 me dice usted de esto, se\u00f1or Aguacate? \u00bfNo comparte el dolor de Manzanita? \u00a1Usted, que parece una l\u00e1grima verde a punto de caer!<\/p>\n<p>\u2014\u00a1Ay, c\u00f3mo no, se\u00f1ora Lechosa! \u2013se apresur\u00f3 a decir el Aguacate, rodando ladeado hasta los pies de Manzanita\u2013. Mi piel puede ser dura y seca, pero por dentro me derrito como mantequilla.<\/p>\n<p>En esto se desprendi\u00f3 un Cambur de uno de los racimos que colgaban del techo, y fue a caerle encima a la Guan\u00e1bana. Pero la Guan\u00e1bana no se irrit\u00f3 ni protest\u00f3, ni siquiera pareci\u00f3 darse cuenta de lo sucedido; es tan buena ella, que hasta las mismas espinas que la protegen por fuera, son tiernas a tal punto que un beb\u00e9 puede aplastarlas con la yema de su dedito. Pero la Naranja tambi\u00e9n hab\u00eda acudido a consolar a Manzanita, y se puso amarilla de rabia \u2013amarilla como un lim\u00f3n.<\/p>\n<p>\u2014Esos Cambures\u2026 \u2013dijo desde\u00f1osamente\u2013. Siempre cay\u00e9ndole a una encima.<\/p>\n<p>\u2014\u00bfQu\u00e9 se habr\u00e1 cre\u00eddo la Naranja? \u2013refunfu\u00f1\u00f3 el Cambur\u2013. Nada m\u00e1s que porque es redonda y amarilla, ya se cree el Sol.<\/p>\n<p>La Naranja se puso a\u00fan m\u00e1s encendida, como fuego.<\/p>\n<p>\u2014Nosotros somos tan amarillos como ustedes \u2013le grit\u00f3 un contrahecho Topocho pint\u00f3n.<\/p>\n<p>\u2014Yo tambi\u00e9n soy amarillita \u2013murmur\u00f3 la Pomarrosa dentro de una cesta.<\/p>\n<p>\u2014S\u00ed, s\u00ed, amarilla \u2013rieron los N\u00edsperos\u2013, pero hueles demasiado, te echaste encima todo el perfume.<\/p>\n<p>\u2014No les hagas caso, Pomarrosa \u2013le dijo al o\u00eddo la Parcha\u2013. \u00c9sos parecen papas; est\u00e1n envidiosos de tu color, y porque no huelen tanto como t\u00fa.<\/p>\n<p>La Parcha Granadina, la se\u00f1ora Badea, hab\u00eda llorado tambi\u00e9n, y ten\u00eda la redonda cara m\u00e1s lisa y lustrosa que de costumbre.<\/p>\n<p>\u2014Oiga, se\u00f1ora Parcha \u2013le dijeron unos Mamones\u2013, \u00bfpor qu\u00e9 no le pide prestada su pelusilla al Durazno, y se la unta en la cara para que no se vea tan lustrosa?<\/p>\n<p>\u2014Pues a m\u00ed \u2013dijo de repente, cuando menos se esperaba, un grueso se\u00f1or Mamey\u2013, a m\u00ed no me importa lo que le pase a Manzanita. Al fin y al cabo, esas son cosas de ella, un pleito de familia entre Manzanas. No hay que ocuparse m\u00e1s de esa llorona. \u00a1Mocosa!<\/p>\n<p>Estas palabras del Mamey causaron un moment\u00e1neo desconcierto.<\/p>\n<p>Mir\u00e1ndose las frutas unas a otras, con aire perplejo. Fue el eminente se\u00f1or Coco quien, reponi\u00e9ndose el primero de la sorpresa, tom\u00f3 al fin la palabra.<\/p>\n<p>\u2014No, amigo Mamey \u2013dijo sosegadamente el Coco\u2013; yo creo que s\u00ed tenemos que ayudarla. Oiga usted, amigo \u2013a\u00f1adi\u00f3 bajando significativamente la voz y echando una r\u00e1pida ojeada alrededor\u2013, no sabemos lo que puede suceder ma\u00f1ana; \u00bfqu\u00e9 s\u00e9 yo?, \u00bfqu\u00e9 sabe usted? \u00a1Un d\u00eda de \u00e9stos pueden comenzar a llegar tambi\u00e9n Cocos del Norte, Lechosas del Norte, Aguacates del Norte, Guan\u00e1banas del Norte, Mamones, Mangos, Tunas, Guayabas, N\u00edsperos, Parchas, Mameyes del Norte! S\u00ed, se\u00f1or, \u00f3igalo bien, se\u00f1or Mamey: \u00a1Mameyes del Norte! \u00bfY qu\u00e9 ser\u00e1 entonces de nosotros? \u00bfDe usted y de m\u00ed? \u00bfY de nosotros todos?\u2026 \u00a1Nos quedaremos chiquiticos, frunciditos, encogiditos y apartaditos, como le pasa hoy a Manzanita!<\/p>\n<p>El rechoncho Mamey no palideci\u00f3 por esto; para sus adentros, se puso a\u00fan m\u00e1s amarillo, aunque sigui\u00f3 siendo marr\u00f3n por fuera. Las ideas expuestas por el Coco, a las claras denotaban su elevaci\u00f3n nada com\u00fan.<\/p>\n<p>En los cocales, en efecto, se mueve \u00e9l a grande altura sobre el nivel del suelo; por esto se supone \u2013o supone \u00e9l\u2013 que ya desde muy lejos ve venir los acontecimientos, los peligros, y es por eso el m\u00e1s llamado a hablar en nombre de las frutas tropicales. Pero esta elevada posici\u00f3n del Coco, sin embargo, tambi\u00e9n suscita envidias y resentimientos\u2026 El ventrudo Tomate, por ejemplo, se puso rojo como un\u2026 \u00a1tomate!<\/p>\n<p>\u2014Yo no les tengo miedo a los Tomates del Norte \u2013dijo, inflamado y brillante\u2013. \u00bfQu\u00e9 me dicen con eso? Ellos no pueden ser m\u00e1s colorados que yo. Adem\u00e1s, yo no puedo ponerme contra las Manzanas del Norte, porque nosotros, los de la familia Tomate, tenemos un cierto parentesco con ellas. Mi abuelita me contaba que en algunos pa\u00edses nos llaman a nosotros \u201cmanzanas de oro\u201d; de modo, pues, que\u2026<\/p>\n<p>\u2014Tambi\u00e9n yo \u2013dijo uno de los Cambures, cort\u00e1ndole la palabra al Tomate\u2013, tambi\u00e9n yo tengo cierto grado de parentesco con esas extranjeras, por el lado materno, como bien puede verse por mi segundo apellido, pues, como saben, soy el Cambur Manzano.<\/p>\n<p>Unos muchachos que ven\u00edan de la escuela entraron ruidosamente en la fruter\u00eda y empezaron a comprar manzanas \u2013\u00a1manzanas del Norte, por supuesto! \u2013. Las acariciaban, las sopesaban, las ol\u00edan, hasta les daban alg\u00fan beso o mordisco all\u00ed mismo, ante los mismos ojos de Manzanita, como si dij\u00e9ramos en sus propias barbas. La Manzanita, que se hab\u00eda quedado distra\u00edda y pensativa oyendo lo que dec\u00edan las frutas, como si todo se hubiera arreglado con s\u00f3lo palabras, volvi\u00f3 a gimotear perdidamente, acord\u00e1ndose otra vez de sus pesares. Entonces se le acerc\u00f3 la Pi\u00f1a y se puso a acariciarla y a mimarla. Pero cada vez que do\u00f1a Pi\u00f1a le hac\u00eda un mimo en la mejilla, Manzanita se escurr\u00eda un poco hacia atr\u00e1s, diciendo:<\/p>\n<p>\u2014\u00a1Ay, se\u00f1ora Pi\u00f1a! \u00a1Ay! \u00a1Ay!<\/p>\n<p>Pero la Pi\u00f1a no pensaba que esto pudiera ser a causa de las escamas y las sierritas punzantes que la adornan por todos lados, sino que era a causa de la pena que segu\u00eda afligiendo a Manzanita, y que a cada instante se le hac\u00eda m\u00e1s viva y aguda; y continuaba acarici\u00e1ndola y mim\u00e1ndola. Mientras m\u00e1s ayes lanzaba la pobre Manzanita, m\u00e1s y mejor la acariciaba y la estrechaba entre sus brazos la buena se\u00f1ora Pi\u00f1a, haci\u00e9ndola gritar m\u00e1s todav\u00eda.<\/p>\n<p>Hasta que unas dulces Parchitas se apiadaron de ella y empezaron a decir, para distraer la atenci\u00f3n de la Pi\u00f1a:<\/p>\n<p>\u2014Se\u00f1ora Pi\u00f1a\u2026 Se\u00f1ora Pi\u00f1a\u2026 Oiga lo que dicen los Mangos.<\/p>\n<p>\u2014Pues, \u00bfqu\u00e9 dicen? \u2013interrog\u00f3 la Pi\u00f1a, volvi\u00e9ndose.<\/p>\n<p>\u2014Que usted y que es agria\u2026<\/p>\n<p>Esto reaviv\u00f3 inesperadamente el dolor de Manzanita.<\/p>\n<p>\u2014\u00a1Agria la Pi\u00f1a! \u00a1Ay! \u2013exclam\u00f3 fuera de s\u00ed\u2013. Pues \u00bfqu\u00e9 no dir\u00e1n de m\u00ed? Y m\u00e1s ahora que han venido \u00e9sas, y que todos andan con la boca abierta de lo buenas y sazonadas que son!<\/p>\n<p>\u2014No, nosotros no hemos dicho nada de usted, misia Pi\u00f1a \u2013explicaban los Mangos\u2013. Nosotros somos frutas que venimos de gran \u00e1rbol, y no nos ocupamos de frutas que viven pegadas al suelo.<\/p>\n<p>\u2014\u00a1De gran \u00e1rbol! \u2013ri\u00f3 la Pi\u00f1a con sarcasmo\u2013. Pero no estamos hablando de eso, sino de gusto y sabor. \u00bfY qui\u00e9n m\u00e1s dulce que yo, cuando quiero serlo? Y no olviden ustedes \u00a1pegajosos! \u2013a\u00f1adi\u00f3 levantando la voz\u2013 que est\u00e1n tratando con una dama de mucho copete; \u00bfo es que no lo saben?<\/p>\n<p>El Mango solt\u00f3 la risa.<\/p>\n<p>\u2014Porque lleva un mo\u00f1o de hojas duras en la cabeza \u2013dijo\u2013, ya se cree dama de gran copete.<\/p>\n<p>\u2014Yo tengo algo que es m\u00e1s, mucho m\u00e1s que copete \u2013se oy\u00f3\u2013. \u00a1Tengo corona!<\/p>\n<p>Todos se volvieron, mirando a la Granada, que llevaba una corona, una verdadera y aut\u00e9ntica corona real, esto era innegable.<\/p>\n<p>\u2014\u00a1S\u00ed! \u2013repiti\u00f3 orgullosamente la Granada\u2013. Llevo una corona de seis picos; por consiguiente, soy la reina de las frutas\u2026<\/p>\n<p>\u2014\u00bfT\u00fa? \u2013gru\u00f1\u00f3 en seguida el Membrillo, como de costumbre tieso y reseco\u2013. \u00a1T\u00fa, que apenas est\u00e1s madura y no encuentras quien te lleve, te entreabres ya sola y empiezas a pelarle los dientes a todo el que pasa, a ver si te cogen! \u00a1Dientona!<\/p>\n<p>La Granada enrojeci\u00f3 mucho al o\u00edr tales palabrotas.<\/p>\n<p>La se\u00f1ora Patilla ven\u00eda acerc\u00e1ndose hac\u00eda rato, arrastr\u00e1ndose como un morrocoy. Ahora llegaba, e intervino para decir, aunque algo tard\u00edamente:<\/p>\n<p>\u2014Las frutas pegadas al suelo, como han dicho antes esos caballeritos Mangos, y yo en particular, que por mi tama\u00f1o y otras cosas puedo considerarme tambi\u00e9n reina de las frutas\u2026<\/p>\n<p>\u2014\u00a1Ay, Patilla! \u2013susurr\u00f3 la Pi\u00f1a.<\/p>\n<p>\u2014\u00a1La Patilla se cree reina! \u00a1La Patilla se cree reina! \u2013rieron dentro de un canasto unas ni\u00f1itas muy traviesas, y que ten\u00edan fama de loquillas, las Guayabas.<\/p>\n<p>Ni siquiera repar\u00f3 en ellas la bonachona y pl\u00e1cida Patilla; pero la Tuna, erizada de pelillos y aguijoncitos, parec\u00eda pronta a defenderse y zaherir, a pesar de que nadie estaba meti\u00e9ndose con ella.<\/p>\n<p>La fruter\u00eda estaba ya cerrada hac\u00eda rato, y todav\u00eda hablaban las frutas (como si exhalaran su aroma, cada una el suyo). La Manzanita no durmi\u00f3 en toda la noche. Hasta la madrugada no pudo cerrar los ojos. De modo que, al amanecer del d\u00eda siguiente, cuando volvieron a abrir la fruter\u00eda, dorm\u00eda a\u00fan, y so\u00f1aba\u2026 Estaba muerta. La Manzanita criolla se hab\u00eda muerto de pena y de verg\u00fcenza de verse tan chiquita, tan verdecita, tan fruncidita, tan acidita y tan durita. \u00a1Pobre Manzanita! Y a pesar de todo, ten\u00eda buen coraz\u00f3n, s\u00ed, ten\u00eda su coraz\u00f3n jugoso, tierno, perfumado, ella tambi\u00e9n, y la prueba es que para hacer dulce era muy buena.<\/p>\n<p>Esto era lo que ahora dec\u00edan todos alrededor de ella, y la lloraban y la compadec\u00edan, la llevaban sobre sus hombros y le pon\u00edan flores encima.<\/p>\n<p>La llevaban a enterrar. Pero la que m\u00e1s lloraba en el entierro de Manzanita, la que m\u00e1s triste iba, era la misma Manzanita, que se ten\u00eda mucha compasi\u00f3n y se daba una gran l\u00e1stima. El cortejo pasaba por la falda del cerro, y estaban presentes las frutas m\u00e1s importantes y representativas, todas las grandes frutas. S\u00f3lo la se\u00f1ora Patilla, entre \u00e9stas, no hab\u00eda podido llegar hasta all\u00ed; varias veces lo intent\u00f3, pero se vino rodando hasta el pie de la cuesta una y otra vez; all\u00ed se qued\u00f3 al fin, inm\u00f3vil, sudorosa, echando la colorada lengua hacia afuera. El lento cortejo sub\u00eda por la ladera; los p\u00e1jaros piaban tristemente, sigui\u00e9ndolo de rama en rama; murmuraban las hojas, alguna se desprend\u00eda y ven\u00eda a posarse en tierra.<\/p>\n<p>La neblina cubr\u00eda la faz del sol.<\/p>\n<p>Cuando la echaron al hoyo, cerca de un arroyuelo, hubo un formidable estremecimiento. \u201cSeguramente disparan el ca\u00f1\u00f3n por m\u00ed, o se hunde el cerro\u201d \u2013pens\u00f3 Manzanita envanecida. Llev\u00f3 luego la palabra el joven Durazno, amigo de infancia y compa\u00f1ero de juegos de Manzanita, y todos comenzaron en seguida a echarle tierra encima\u2026 Manzanita se enderezaba, pataleaba, se empinaba en la punta de los pies; se sacud\u00eda la tierra como una gallinita en un basurero. Pero la tierra segu\u00eda cayendo a paletadas, y al fin Manzanita qued\u00f3 tapada.<\/p>\n<p>Cuando ya estaba enterrada, y todos se hab\u00edan ido cuesta abajo, hacia la fruter\u00eda otra vez, lleg\u00f3 por entre la tierra oscura y reci\u00e9n removida un gusano, y le dijo al o\u00eddo a Manzanita:<\/p>\n<p>\u2014\u00bfDe qu\u00e9 te moriste, Manzanita, t\u00fa tan dura?<\/p>\n<p>\u2014De dolor, se\u00f1or Gusano, viendo llegar a esas ricas Manzanas del Norte, y que nadie m\u00e1s sent\u00eda gusto por m\u00ed \u2013contest\u00f3 ella\u2013. Ni a los ni\u00f1os, ni a los pajaritos, ni a nadie le gustaba ya, \u00bfpara qu\u00e9 iba a seguir viviendo?<\/p>\n<p>\u2014Mira, Manzanita \u2013le dijo otra vez al o\u00eddo el gusano\u2013, te voy a dar un consejo. Mejor es que no te mueras todav\u00eda. Oye lo que te voy a decir: esas lindas manzanas f\u00e1cilmente perecen aqu\u00ed, yo lo s\u00e9, y te lo digo porque soy tu viejo amigo y porque somos los dos de aqu\u00ed del cerro.<\/p>\n<p>La Manzanita vio una lumbre de esperanza en aquello que le dec\u00eda el gusano.<\/p>\n<p>\u2014\u00bfY crees t\u00fa que se van a morir de verdad esas bichas? \u2013pregunt\u00f3 con los ojos brillantes.<\/p>\n<p>\u2014De seguro que s\u00ed, Manzanita. Es el calor lo que las da\u00f1a \u2013explic\u00f3 el gusano, con aire entendido y cient\u00edfico.<\/p>\n<p>Entonces Manzanita comenz\u00f3 a escarbar con fuerza la tierra que le hab\u00edan echado encima, se sali\u00f3 afuera y se vino rodando cerro abajo hasta la fruter\u00eda otra vez.<\/p>\n<p>Acababan de alzar ruidosamente la reja de hierro que serv\u00eda de puerta a la fruter\u00eda (fue \u00e9ste el estampido que oy\u00f3 en sue\u00f1os Manzanita), y todas las frutas lanzaron exclamaciones y gritos de sorpresa al ver entrar tan fresca y \u00e1gil a Manzanita.<\/p>\n<p>\u2014Pero, \u00bfc\u00f3mo es eso, Manzanita? \u2013le preguntaban todas a la vez\u2013. \u00bfNo te dejamos esta ma\u00f1ana muerta y enterrada?<\/p>\n<p>\u2014\u00a1Ah, s\u00ed! \u00a1Dispensen! \u2013dijo Manzanita, olorosa todav\u00eda a tierra\u2013. Pero es que he venido a ver una cosa, una mism\u00edsimos se\u00f1ores Cocos Secos se echaron a rodar por aqu\u00ed y por all\u00e1, con sordo ruido, exhibiendo al sol sus largos y duros pelos; y los Mamones, as\u00ed como las Guayabas y las peque\u00f1as Ciruelas fragantes y coloradas \u2013\u00a1cu\u00e1ndo no!\u2013, aprovecharon tambi\u00e9n la confusi\u00f3n para ponerse a corretear por el suelo, como ratones, persigui\u00e9ndose y jugando, desliz\u00e1ndose entre las Pi\u00f1as, escondi\u00e9ndose entre las Lechosas, las Parchas o las Guan\u00e1banas. El frutero se afanaba, recogiendo aqu\u00ed, atajando all\u00e1, sin saber qu\u00e9 pensar ni qu\u00e9 hacer ante aquel desbarajuste inusitado\u2026 A trav\u00e9s del cristal de la nevera, Manzanita se sonre\u00eda con las norte\u00f1as. El rechoncho Mamey le dio un beso en la frente. El maduro Tomate le ech\u00f3 el brazo. \u00a1Y hasta las avispas y abejas que merodeaban por all\u00ed en busca de dulzores, bailaron fren\u00e9ticamente unas con otras!<\/p>\n<p style=\"text-align: right;\"><a href=\"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/julio-garmendia\/\" target=\"_blank\" rel=\"noopener\">Sobre el autor<\/a><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Julio Garmendia Cuando llegaron las grandes, olorosas y sonrosadas manzanas del Norte, la Manzanita criolla se sinti\u00f3 perdida. \u2014\u00bfQu\u00e9 voy a hacer yo ahora \u2013se lamentaba\u2013, ahora que han llegado esas manzanas extranjeras tan bonitas y perfumadas? \u00bfQui\u00e9n va a quererme a m\u00ed? \u00bfQui\u00e9n va a querer llevarme, ni sembrarme, ni cuidarme, ni comerme ni [&hellip;]<\/p>\n","protected":false},"author":6,"featured_media":585,"comment_status":"open","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"_monsterinsights_skip_tracking":false,"_monsterinsights_sitenote_active":false,"_monsterinsights_sitenote_note":"","_monsterinsights_sitenote_category":0,"footnotes":""},"categories":[16],"tags":[33,3,43],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/584"}],"collection":[{"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/users\/6"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=584"}],"version-history":[{"count":2,"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/584\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":905,"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/584\/revisions\/905"}],"wp:featuredmedia":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/media\/585"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=584"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=584"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=584"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}