{"id":5807,"date":"2022-08-21T21:36:18","date_gmt":"2022-08-21T21:36:18","guid":{"rendered":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/?p=5807"},"modified":"2023-11-24T18:27:34","modified_gmt":"2023-11-24T18:27:34","slug":"una-mirada-a-el-diario-intimo-de-francisca-malabar","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/una-mirada-a-el-diario-intimo-de-francisca-malabar\/","title":{"rendered":"Una mirada a \u00abEl diario \u00edntimo de Francisca Malabar\u00bb"},"content":{"rendered":"<h4 style=\"text-align: right;\">Amarilis Guilarte<\/h4>\n<p><em>Cuanto m\u00e1s aut\u00e9nticos somos m\u00e1s nos parecemos a todos, y cuanto m\u00e1s falsos, m\u00e1s superficiales y extravagantes, m\u00e1s \u201cpersonales\u201d resultamos, Gabriel Celaya<\/em><\/p>\n<p><em>Mis personajes son en buena parte mi biograf\u00eda. Miguel Delibes<\/em><\/p>\n<p>Cuando pensamos en la lectura de un diario \u00edntimo, esperamos encontrarnos un discurso marcado por la inmediatez, las notas apuradas o la descripci\u00f3n detallada del ir y venir cotidiano. Como en esos diarios que se escriben en la adolescencia y que se convierten en fieles \u201cguardadores\u201d de secretos e intimidades. Una libreta de notas, un libro hermosamente dise\u00f1ado o u simple cuaderno escolar pod\u00edan servir para plasmar un yo \u00edntimo que se vac\u00eda y discurre entre sus l\u00edneas, a\u00fan tembloroso y emocionado por la cercan\u00eda de los eventos o la urgencia confesional del diarista. No es \u00e9ste el caso de <em>El Diario \u00edntimo de Francisca Malabar, <\/em>de Milagros Mata Gil, pues el eje que vertebra este relato es el producto de una visi\u00f3n madura, de un acto evocatorio, autorreferencial y subjetivo que selecciona los recuerdos, dispers\u00e1ndolos en un gran espacio memorioso apenas delimitado por una secci\u00f3n de fechas entre 1990 &#8211; 1992 y las notas para una autobiograf\u00eda.<\/p>\n<p>Lo que se cuenta va y viene obedeciendo m\u00e1s a una estructura de flujo y reflujo, que a un orden rectil\u00edneo, donde lo real y lo ficticio conviven, haciendo m\u00e1s difusa las fronteras entre la autobiograf\u00eda y la novela. Por supuesto nos referimos a una autobiograf\u00eda ficticia, porque para que sea autobiograf\u00eda real se hace indispensable que autor, narrador y protagonista sean la misma persona, configurando una estrecha relaci\u00f3n entre mundo, texto y sujeto. Y a\u00fan as\u00ed, la autobiograf\u00eda real no deja de tener sus debilidades, porque el yo emprende una b\u00fasqueda que frecuentemente se ve interferida por la necesidad de encontrar la mejor imagen de s\u00ed mismo. Emparentado a la confesi\u00f3n, donde se muestran los errores y debilidades, se entrevera el discurso apolog\u00e9tico, el justificatorio o simplemente se omiten algunos episodios de la vida personal que no se quieren sacar a la luz. La autobiograf\u00eda femenina es la m\u00e1s reticente a narrar con crudeza encuentros sexuales y experiencias que desnuden la propia individualidad, a menos que se intente escandalizar, llamar la atenci\u00f3n o jactarse de las experiencias extremas como suele suceder con algunas autobiograf\u00edas de artistas o personajes medi\u00e1ticos.<\/p>\n<p>En la autobiograf\u00eda real es com\u00fan encontrarnos con un discurso fluido, comprensible, ordenado y f\u00e1cil de recordar. El contrato de veracidad se mantiene, aun cuando las lagunas de la memoria tiendan a llenarse con la reconstrucci\u00f3n de las vivencias, haciendo \u201cque la supuesta distancia entre verdad autobiogr\u00e1fica y mentira ficcional se desdibujen\u201d, seg\u00fan Pacheco (2002:31). En <em>El Diario \u00edntimo de Francisca Malabar <\/em>no se pretende establecer con el lector ning\u00fan pacto de verdad. En la especie de metadiscurso novelesco que antecede al texto propiamente dicho, se nos dice claramente:<\/p>\n<p><em>Este texto es un artificio. En t\u00e9rminos de la Po\u00e9tica Aristot\u00e9lica, esto es la aplicaci\u00f3n de la t\u00e9cnica de la escritura para construir una obra de imaginaci\u00f3n (Mata Gil, 2002: 3).<\/em><\/p>\n<p>Estamos en presencia de una obra de ficci\u00f3n, de una novela que hace gala de su car\u00e1cter proteico sin desperdiciar la posibilidad de mostrarse desde una perspectiva ontol\u00f3gica, donde un yo se construye buscando estrechas vinculaciones con el tiempo hist\u00f3rico para perderse entre los vericuetos brumosos de una memoria vital e intimista. De esta obra dice Carlos Pacheco:<\/p>\n<p><em>Una historia \u201creal\u201d como \u00e9sta no pareciera caber en el molde ordenado y sim\u00e9trico de un relato (auto) biogr\u00e1fico tradicional. \u00c9sa es probablemente una de las razones del desplazamiento gen\u00e9rico hacia el territorio de lo novelesco (Pacheco, 1997: 129).<\/em><\/p>\n<p>En esta obra lo real y lo ficticio se fusionan en un texto que obliga al lector a buscar el rostro que se esconde detr\u00e1s de cada p\u00e1gina. Olvidamos entonces el contrato de ficci\u00f3n y nos sumergimos en el rastreo de las huellas de autenticidad, participando del juego que nos ofrece la obra. Caemos en su provocaci\u00f3n, en su trampa, derribando todas las fronteras entre realidad y ficci\u00f3n. A menudo nos preguntamos qui\u00e9n es verdaderamente Francisca Malabar, qui\u00e9n es esta mujer que emprende el tr\u00e1nsito doloroso e inc\u00f3modo de evocar y escribir sobre su vida, lo que no es f\u00e1cil, sobre todo cuando en esa vida, seg\u00fan palabras de la propia Francisca, \u201cno hay ejemplaridad, mensaje moral, eventos \u00e9picos\u201d (2002:13). Francisca s\u00f3lo es una mujer que se confiesa, fabula, rememora, olvida, se oculta y se descubre en una desesperada b\u00fasqueda de s\u00ed misma. Autoconocimiento y autoafirmaci\u00f3n, necesidad y desahogo para quien tiene una larga trayectoria entre la verdad y el disimulo, la rebeld\u00eda y la sumisi\u00f3n. Francisca va a cumplir 40 a\u00f1os y siente deseos de poner por escrito algunas cosas que terminan siendo retazos de vida guardados bajo claves secretas en su computador; una mujer que habla de y desde su mundo privado, con voz ir\u00f3nica, resentimiento, ternura y desenfado.<\/p>\n<p>Francisca Malabar evoca momentos muy suyos, su descubrimiento del placer con otras ni\u00f1as, compa\u00f1eras de la infancia, la autosatisfacci\u00f3n, la dif\u00edcil relaci\u00f3n con su madre, la violencia del marido, el distanciamiento de los hijos, su terrible experiencia en el hospital psiqui\u00e1trico. Su discurso habla de la soledad, la incertidumbre, la lucidez y la locura, de su af\u00e1n de realizarse como escritora y como mujer, de sus partidas y regresos a una ciudad al parecer demasiado mezquina. Escribe Francisca:<\/p>\n<p><em>Ante los ojos de todos, yo era una buena profesional: asist\u00eda a mi trabajo a tiempo, cumpl\u00eda con mis tareas y aportaba algo m\u00e1s, ten\u00eda amistades y buenas relaciones, escrib\u00eda en la prensa regional y era razonablemente culta: nada excesivo (&#8230;) Mi esposo era tambi\u00e9n un buen hombre, buen padre sobre todo, que beb\u00eda a veces, pero nada del otro mundo. \u00c9ramos una sagrada familia. Casi ejemplar. Y cuando yo levant\u00e9 (quise levantar) la venda que cubr\u00eda todo el engallamiento interior, el hedor fue tan intenso que nos hizo estallar. Todo se revent\u00f3. Lo que era seguro, dej\u00f3 de serlo (Mata Gil, 2002: 39).<\/em><\/p>\n<p>Existe sin embargo, un esfuerzo por unir lo autorreferencial a lo ontol\u00f3gico: una mujer se confiesa, f\u00e1bula, rememora, olvida, se enmascara y se descubre en una b\u00fasqueda de s\u00ed misma. Existe una necesidad de autoconocimiento y de autoafirmaci\u00f3n; desahogo para quien tiene una larga trayectoria entre la verdad y el disimulo, la rebeld\u00eda y la sumisi\u00f3n. Pero, \u00bfqui\u00e9n es Francisca Malabar? Simplemente una mujer que va a cumplir 40 a\u00f1os y siente deseos de \u201cponer por escrito algunas cosas\u201d que terminan siendo retazos de vida, guardados bajo claves secretas en su computador. Una mujer que habla de y desde su mundo privado con voz ir\u00f3nica, resentimiento, ternura y desenfado.<\/p>\n<p>Un yo femenino rastrea sus huellas personales, revisitando una historia que conoce y ha vivido en todas sus circunstancias. Habla de un sendero ya recorrido, experiencia que hace posible emprender el camino de la reconstrucci\u00f3n, de la s\u00edntesis de la propia existencia, o como bien lo sostiene Anna Caball\u00e9 (1995: 44) \u201c&#8230; los recuerdos est\u00e1n sometidos a la tentativa del individuo de interpretarse a s\u00ed mismo\u201d.<\/p>\n<p>Interpretaci\u00f3n del yo hist\u00f3rico o introspecci\u00f3n ontol\u00f3gica, cualquiera que sea el caso en <em>El Diario \u00edntimo de Francisca Malabar<\/em>, implicar\u00eda llenar los vac\u00edos de la memoria con los deseos, las reflexiones y las fantas\u00edas. No debemos perder de vista que hablamos de un texto de ficci\u00f3n, que reclama la presencia de un posible lector, obligando a quien escribe plantearse otra forma de autorrealizaci\u00f3n o trascendencia: la de la literatura, la del arte. Tramposamente nos dice Francisca Malabar:<\/p>\n<p><em>&#8230; \u00bfPara qu\u00e9 quiero escribir esta autobiograf\u00eda? \u00bfSer\u00e1 cierto que tendr\u00e9 un c\u00f3mplice, alguien que justifique la exhibici\u00f3n de mis fantasmas, el sacrificio de mi intimidad, el striptease moral y el desgaste de mis fechas? \u00bfO se trata de que quiero construir un \u00a0<\/em>g\u00e9nero literario, el cuerpo hist\u00f3rico individual como libro? (Mata Gil, 2002: 13).<\/p>\n<p>El yo femenino que se expresa en <em>El Diario Intimo de Francisca Malabar <\/em>aspira a ser redimido, a ser liberado de una culpa que no est\u00e1 muy clara, ni para la misma protagonista. Ella nos dice:<\/p>\n<p><em>\u00bfMe atrever\u00e9 alg\u00fan d\u00eda a publicar estos textos? \u00bfCu\u00e1l ser\u00e1 la \u2014 reacci\u00f3n de los que puedan leerlos? \u00bfAsco? \u00bfBurla? (..\u00ab.) He tenido otro per\u00edodo de fiebres recurrentes y v\u00f3mitos. En realidad, cada cierto tiempo mi cuerpo parece inclinarse por esos s\u00edntomas, parece querer limpiarse de alguna suciedad interior dif\u00edcil de quitar. Es una rara sensaci\u00f3n de desprendimiento de las entra\u00f1as. Una flotaci\u00f3n del cuerpo, como si las mol\u00e9culas se separaran por un fen\u00f3meno natural. C\u00edclico. (Mata Gil, 2002: 85).<\/em><\/p>\n<p>Esta necesidad de \u201climpiarse\u201d se canaliza a trav\u00e9s de la exposici\u00f3n de su mundo interior, el yo intenta mostrarse, abrirse, sin embargo existe un sentimiento pudoroso que lo frena. Comenzamos a sospechar que el alma se confiesa a medias. La memoria como recept\u00e1culo del yo, lo ayuda en su recorrido hacia el autoconocimiento, pero le tiende trampas \u201cnovelizando el recuerdo\u201d que funciona en <em>El Diario Intimo de Francisca Malabar <\/em>como una autobiograf\u00eda ficticia que sirve para enmascarar, para proteger al yo femenino que se prolonga en la escritura, desatando sus sensaciones, sus impresiones, sus ritmos interiores: el mundo secreto revel\u00e1ndose entre las brumas de la ficci\u00f3n. Expresa Francisca Malabar:<\/p>\n<p><em>(&#8230;) La palabra que escribo puede soportar esto s\u00f3lo bajo una condici\u00f3n: evitar las exactitudes, no ce\u00f1irse a la letra del tiempo y del espacio, evadir los detalles excesivos para impedir que cualquier hecho normal se transforme en tr\u00e1gico, cualquier hecho tr\u00e1gico se transforme en c\u00f3mico (Mata Gil, 2002: 85). <\/em><\/p>\n<p>Subyace en este discurso un deseo parad\u00f3jico del yo: el de mostrar ocult\u00e1ndose o el de ocultarse para mostrar y esto nos hace preguntarnos \u00bfCu\u00e1nto le ha costado y le seguir\u00e1 costando a la mujer desprenderse de esa especie de culpa at\u00e1vica que la reprime y la censura cuando intenta trascender el mundo de lo privado?<\/p>\n<p><em>El Diario Intimo de Francisca Malabar <\/em>est\u00e1 atravesado por un acto de confesi\u00f3n, pero existen dudas, son las reservas de un yo a exhibir sus zonas m\u00e1s sensibles en el mundo de lo p\u00fablico. Por eso se enmascara, reconstruyendo y novelando el hilo del pasado. No podemos asegurar aqu\u00ed si ese proceso de reconstrucci\u00f3n permite verdaderamente exorcizar los fantasmas de quien escribe, pues eso si pertenecer\u00eda al \u00e1mbito estrictamente privado, lo que si es objetivable es el logro est\u00e9tico de una obra llena de lirismo, muy bien pensada, muy bien escrita, que desde su advertencia inicial o contrato de ficcionalidad establece con el lector un v\u00ednculo c\u00f3mplice, ret\u00e1ndolo, despertando su inter\u00e9s y hasta una \u201cmorbosa\u201d curiosidad por escudri\u00f1ar, por encontrar entre los resquicios de la ficci\u00f3n los restos de una verdad o de una realidad menos amable.<\/p>\n<p><em>Bibliograf\u00eda<\/em><\/p>\n<p>Caball\u00e9, Anna (1995). <em>Narcisos de tinta<\/em>. Barcelona: Ediciones Megazul.<\/p>\n<p>Mata Gil, Milagros (2002). <em>El diario de Francisca Malabar. <\/em>Caracas: Monte \u00c1vila.<\/p>\n<p>Pacheco, Carlos (1997). \u201cLa autobiograf\u00eda ficcional como historia alternativa en el Diario \u00cdntimo de Francisco Malabar, de Milagros Mata Gil\u201d. En <em>La historia en la mirada<\/em>. Ciudad Bol\u00edvar: Ediciones de La Casa. Colecci\u00f3n Lucila Palacios.<\/p>\n<h6>*Publicado en: Entreletras, N\u00b0 5. Enero-Junio de 2019. p. 36-38<\/h6>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Amarilis Guilarte Cuanto m\u00e1s aut\u00e9nticos somos m\u00e1s nos parecemos a todos, y cuanto m\u00e1s falsos, m\u00e1s superficiales y extravagantes, m\u00e1s \u201cpersonales\u201d resultamos, Gabriel Celaya Mis personajes son en buena parte mi biograf\u00eda. Miguel Delibes Cuando pensamos en la lectura de un diario \u00edntimo, esperamos encontrarnos un discurso marcado por la inmediatez, las notas apuradas o [&hellip;]<\/p>\n","protected":false},"author":6,"featured_media":3045,"comment_status":"open","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"_monsterinsights_skip_tracking":false,"_monsterinsights_sitenote_active":false,"_monsterinsights_sitenote_note":"","_monsterinsights_sitenote_category":0,"footnotes":""},"categories":[24],"tags":[3],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/5807"}],"collection":[{"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/users\/6"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=5807"}],"version-history":[{"count":1,"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/5807\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":5808,"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/5807\/revisions\/5808"}],"wp:featuredmedia":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/media\/3045"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=5807"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=5807"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=5807"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}