{"id":580,"date":"2021-08-05T21:10:55","date_gmt":"2021-08-06T01:40:55","guid":{"rendered":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/?p=580"},"modified":"2024-11-29T16:32:51","modified_gmt":"2024-11-29T21:02:51","slug":"julio-garmendia","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/julio-garmendia\/","title":{"rendered":"Julio Garmendia"},"content":{"rendered":"\n<h4 class=\"wp-block-heading\">Por: Gabriel Gonz\u00e1lez<\/h4>\n\n\n\n<p><em>\u2026en mi infancia<\/em><\/p>\n\n\n\n<p><em>cuando a\u00fan no hab\u00eda nacido tu abuelo,<\/em><\/p>\n\n\n\n<p><em>crec\u00ed con la esperanza de tocar el cielo<\/em><\/p>\n\n\n\n<p><em>Julio Garmendia<\/em><\/p>\n\n\n\n<p>En \u201cLa narraci\u00f3n de las nubes\u201d, donde cuenta c\u00f3mo fue volando en persecuci\u00f3n de unas enaguas, toc\u00f3 el cielo. Era su imaginaci\u00f3n una obra desbordante en poqu\u00edsimos relatos.<\/p>\n\n\n\n<p>En la foto lo ve, usted, caminando, con paso lento, misterioso. Detr\u00e1s de una persona que ignora ser observada, porque el mir\u00f3n ha advertido en ella un personaje escapado de sus cuentos. El desconocido fot\u00f3grafo \u2014tal vez el propio diablo\u2014 captur\u00f3 distra\u00eddo al perseguidor. El lector avezado entonces escribe con media sonrisa la leyenda: \u201cEl autor de <em>El difunto yo\u201d<\/em>, entonces \u00e9ste se sale de la foto y nos deja la nebulosa de un sujeto que desconocemos salvo por su obra. Porque casi toda su vida fue un misterio, pero no su grandeza.<\/p>\n\n\n\n<p>El poeta Fernando Paz Castillo lo recuerda \u201cpor la tarde en una de las esquinas de la plaza Bol\u00edvar, en espera de un tranv\u00eda para irse fuera de la ciudad. En realidad se iba con su misterio, y nadie sab\u00eda hacia d\u00f3nde. Y por la noche puntualmente se le encontraba por los mismos alrededores\u201d.<\/p>\n\n\n\n<p>Naci\u00f3 en una hacienda de El Tocuyo, herencia que compartir\u00eda con su hermano, hasta que ya anciano fue vendida.<\/p>\n\n\n\n<p>En Barquisimeto sobresali\u00f3 el estudiante. Por eso era joven promesa para su padre \u2014abogado e influyente pol\u00edtico\u2014 que quiso que siguiera sus pasos o los del abuelo hacendado. Lo llev\u00f3 a Caracas a estudiar, pero, raudo, abandon\u00f3 la carrera, y tampoco estudi\u00f3 Comercio sino que public\u00f3 tres magn\u00edficos cuentos en <em>El Universal<\/em> (1917). Entre ellos, el inolvidable \u201cUna visita al infierno\u201d:<\/p>\n\n\n\n<p>\u201cSupone generalmente el vulgo, y aun gente docta y discreta, que para ir al infierno no hay m\u00e1s que ser malo y cometer una larga serie de disparates. Pero eso no pasa de ser una c\u00e1ndida simpleza de nuestra vanidad. Para ir al infierno es preciso tener muy altos merecimientos, poseer muchos t\u00edtulos y haber hecho grandes cosas\u201d.<\/p>\n\n\n\n<p>Tambi\u00e9n publica por 1919 poemas. (Nada que ver). Y prosigue su obra narrativa, la cual espera casi diez a\u00f1os en aparecer con otros relatos en <em>La tienda de mu\u00f1ecos <\/em>(1927).<\/p>\n\n\n\n<p>Cuando aparece esa primera antolog\u00eda \u2014con \u201cEl cuento ficticio<em>\u201d y \u201c<\/em>El librero<em>\u201d\u2014 <\/em>en Venezuela gobernaban el modernismo, los cuadros de costumbres, los sainetes y el criollismo; y G\u00f3mez. Por eso el cr\u00edtico Jes\u00fas Sempr\u00fan dijo entonces con verdad que Garmendia no ten\u00eda antecedentes en nuestra literatura. Y cuatro d\u00e9cadas luego, en esos cuentos hallar\u00e1n los signos arqueol\u00f3gicos que m\u00e1s calzan al realismo m\u00e1gico.<\/p>\n\n\n\n<p>Pasaron 24 a\u00f1os hasta que apareci\u00f3 <em>La Tuna de Oro <\/em>(1951) \u2014con aquella magn\u00edfica pieza inspirada en el hotel Pensilvania (hoy edificio Linares) del centro de Caracas\u2014. All\u00ed tambi\u00e9n est\u00e1n <em>\u201cManzanita\u201d, \u201cEl m\u00e9dico de los muertos\u201d y \u201cLas dos Chelitas\u201d.<\/em> Su rigor hac\u00eda esperar a los lectores. Esper\u00f3 tambi\u00e9n por su muerte (1977), despu\u00e9s de la cual aparecieron los pocos pero maravillosos relatos que hab\u00eda guardado entre sus papeles, como los de <em>La hoja que no hab\u00eda ca\u00eddo en su oto\u00f1o<\/em> (1979), o los de la otra compilaci\u00f3n que tom\u00f3 el t\u00edtulo de <em>La motocicleta selv\u00e1tica <\/em>(2004).<\/p>\n\n\n\n<p>Enamorado de la lectura, de la contemplaci\u00f3n de los ciudadanos y de la soledad \u2014\u201calejado de ruidos y figuraciones\u201d\u2014 y amante de la naturaleza: ese era Garmendia. En <em>El regreso de To\u00f1ito Esparragosa (contado por \u00e9l mismo<\/em> da cuenta de esos amores y del misterioso divorcio con su pasado campesino, con sus ascendientes y su vida hura\u00f1a. Se sabe menos de \u00e9l, porque su diario en Europa fue quemado por una mano que no fue la suya. En el Hotel Cervantes, en la esquina Punceles de la avenida Urdaneta, vivi\u00f3 sus \u00faltimos treinta a\u00f1os, all\u00ed resid\u00eda tambi\u00e9n el amor de su vida, la estoniana Hilda Kehrig.<\/p>\n\n\n\n<h4 class=\"wp-block-heading\">Cuento<\/h4>\n\n\n\n<p><a href=\"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/manzanita\/\" target=\"_blank\" rel=\"noopener\">Manzanita<\/a><\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/?p=1304&amp;preview=true\" target=\"_blank\" rel=\"noopener\">Las dos chelitas<\/a><\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/cuentos-fantasticos-de-julio-garmendia\/\" target=\"_blank\" rel=\"noreferrer noopener\">El m\u00e9dico de los muertos\/El difunto yo<\/a><\/p>\n\n\n\n<p><a rel=\"noopener\" href=\"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/dos-cuentos-de-julio-garmendia\/\" target=\"_blank\">El alma\/El peque\u00f1o nazareno<\/a><\/p>\n\n\n\n<h4 class=\"wp-block-heading\">Novela<\/h4>\n\n\n\n<p><a href=\"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/el-regreso-de-tonito-esparragosa\/\" target=\"_blank\" rel=\"noopener\">El regreso de To\u00f1ito Esparragosa<\/a><\/p>\n\n\n\n<h4 class=\"wp-block-heading\">En Biblioteca<\/h4>\n\n\n\n<p><a href=\"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/todos-los-cuentos\/\" target=\"_blank\" rel=\"noopener\">La tienda de mu\u00f1ecos y otros textos<\/a><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Por: Gabriel Gonz\u00e1lez \u2026en mi infancia cuando a\u00fan no hab\u00eda nacido tu abuelo, crec\u00ed con la esperanza de tocar el cielo Julio Garmendia En \u201cLa narraci\u00f3n de las nubes\u201d, donde cuenta c\u00f3mo fue volando en persecuci\u00f3n de unas enaguas, toc\u00f3 el cielo. 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