{"id":5752,"date":"2022-08-17T21:43:09","date_gmt":"2022-08-17T21:43:09","guid":{"rendered":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/?p=5752"},"modified":"2023-11-24T18:27:35","modified_gmt":"2023-11-24T18:27:35","slug":"gente-extrana-que-regala-pastillas","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/gente-extrana-que-regala-pastillas\/","title":{"rendered":"Gente extra\u00f1a que regala pastillas"},"content":{"rendered":"<h4 style=\"text-align: right;\">Alejandro Reig<\/h4>\n<p>Una doctora sigue a un ni\u00f1o yanomami por la selva, en ruta a un shapono aislado. Tropieza con lianas, se atasca en el barro, hace rebotar su caja de medicamentos contra los troncos de los \u00e1rboles, aparta una cortina de jejenes para no perder de vista la espalda desnuda del infante que sigue una pista invisible para cualquier blanco. Si el ni\u00f1o se aleja un poco, luego se r\u00ede ante los llamados de la doctora, y al volver le pide, con voz dulce y c\u00f3mplice:<\/p>\n<p>\u2013Totora, dame galleta.<\/p>\n<p>\u00bfQui\u00e9n podr\u00eda criticar el malhumor de la doctora, sola en el Alto Orinoco, desde hace meses, atendiendo a un pueblo que recibe, con naturalidad pero sin agradecimiento, una medicina que le salva la vida? Se puede admirar a un zapatero por hacer zapatos, o a un m\u00e9dico por salvar vidas. Pero nada justifica caer rendido de admiraci\u00f3n ante las dificultades que enfrenta cada quien en la vida que eligi\u00f3. \u00bfCu\u00e1ntos m\u00e9dicos caraque\u00f1os remontar\u00edan el r\u00edo Mavaca, a las 10:00 de la noche, para ir a visitar a un enfermo grave de malaria, con un motorista torpe y con la perspectiva de que el paciente, despu\u00e9s de su partida, no siga tom\u00e1ndose la cloroquina recetada? Los m\u00e9dicos en Caracas engordan. Las doctoras de Parima-Culebra adelgazan a ritmo de reclamos yanomamis.<\/p>\n<p><strong>Encefalograma<\/strong><\/p>\n<p>El visitante explora los baches en la formaci\u00f3n antropol\u00f3gica de una docto\u00adra, su conocimiento de un grupo humano radicalmente diferente a cualquier otro, gente para la cual llamarlos por su nombre en voz alta es un insulto, re\u00adcordarles que van a morir. \u00bfA qu\u00e9 arrogancia puede treparse el visitante para no entender el silencio de la doctora cuando la acompa\u00f1a a pasar consulta en los shapono? Al fin y al cabo, toda cr\u00edtica est\u00e1 hecha de la materia ligera, efer\u00advescente y corrosiva de las palabras.<\/p>\n<p>El visitante no har\u00e1 m\u00e1s que un \u00abvuelo rasante\u00bb de dos semanas, y parece sospechosamente encantado por el trabajo de los misioneros. Los m\u00e9dicos de\u00adpenden de ellos para reparar sus motores, pero no est\u00e1n del todo de acuerdo con su trabajo: \u00abTienen mal acostumbrados a los yanomamis\u00bb.<\/p>\n<p>La presencia misionera seguramente produce la dependencia a su alrede\u00addor. Pero, \u00bfno est\u00e1n fijadas estas universitarias a una ideolog\u00eda arcaica cuan\u00addo critican el trabajo misionero? S\u00ed y no: versiones de la verdad que saltan de un lado a otro del canal de la experiencia como el impulso nervioso por la mielina.<\/p>\n<p><strong>Consuelo radial <\/strong><\/p>\n<p>Las medicaturas de Ocamo y Mavaca tienen mejor aspecto que las de Dos Ca\u00adminos, Gu\u00e1rico. Las doctoras de Parima-Culebra (m\u00e1s mujeres que hombres, \u00bfacaso el temperamento femenino acepta mejor abandonar durante un a\u00f1o la caza de oportunidades para la carrera en Caracas?) empiezan la consulta a las 8:00 de la ma\u00f1ana, con los pacientes que llegan de las comunidades cer\u00adcanas.<\/p>\n<p>Ni todos los que vienen est\u00e1n enfermos, ni todos los enfermos vienen: re\u00adcibir pastillas es a veces el \u00fanico fin del paciente yanomami, recolector al fin. A las 2:00 de la tarde salen en voladora a visitar las comunidades cercanas. Al llegar a un shapono, al llamado de \u00abhariri, hariri, \u00bfdonde est\u00e1n los hariri?\u00bb, todos se arremolinan alrededor. Auscultan, inyectan, medican temblores pa\u00adl\u00fadicos, bazos e h\u00edgados hipertrofiados, \u00abprisi prisi\u00bb \u2013fiebre\u2013 y \u00abtoco toco\u00bb\u2013tos\u2013. Recetan pastillas, sin ser escuchadas siempre. En la noche, revisan en el microscopio las l\u00e1minas tomadas en la tarde, localizando casos de paludis\u00admo. Al otro d\u00eda, vuelven con el tratamiento.<\/p>\n<p>Un ni\u00f1o pal\u00fadico es atendido en un shapono aislado por una doctora de Mavaca. Administra una dosis cargada de cloroquina e instruye al padre: una semana de reposo absoluto. La doctora se va y, a los tres d\u00edas, el padre, viendo al hijo mejorado, se lo lleva en medio de un aguacero al shapono, distante, en que vive. A los cuatro d\u00edas llega con el ni\u00f1o moribundo a Mavaca y le reclama a la doctora su responsabilidad. Nada m\u00e1s santo que la furia de esa doctora ante el reclamo, y nada m\u00e1s imposible de saltar que la distancia que sepa\u00adra las dos culturas: la irresponsabilidad del yanomami no puede verse desde afuera. A los dos d\u00edas de internaci\u00f3n, el beb\u00e9 muere.<\/p>\n<p>La Esmeralda: l\u00edmite del territorio yanomami y del alcance de Parima-Cu\u00adlebra. Un paciente deja de respirar a las 2:00 de la ma\u00f1ana, ante una docto\u00adra de 23 a\u00f1os que sabe que con un entubamiento adecuado puede salvarle la vida. Las paredes de la medicatura retumban de silencio y la muchacha abre la puerta a la noche de La Esmeralda.<\/p>\n<p>El cerro Duida sigue imponente, lejano y oscuro. El \u00fanico calmante para la frustraci\u00f3n y el desencanto es la onda de radio a las 8:00 de la noche, en la cual las doctoras de Ocamo, Mavaca, Platanal, La Esmeralda y Culebra se con\u00adsultan los casos y se consuelan a kil\u00f3metros.<\/p>\n<p><strong>Esfuerzos conjuntos<\/strong><\/p>\n<p>Que venga ahora alguien a decirle a Sayonara P\u00e9rez, Maribel Gallardo, Cris\u00adtina Boccalandro, Liliana Labarca, Silvia Espinoza, Tamara Zagustin e Igor Donis que un a\u00f1o de presencia entre los yanomamis apenas si permite que empiece a surtir efecto la relaci\u00f3n m\u00e9dico-paciente. Y, sin embargo, \u00bfno tie\u00adnen raz\u00f3n los misioneros, Lizot y las religiosas cuando dicen que al esfuerzo le falta permanencia, que hacen falta m\u00e1s m\u00e9dicos, para una poblaci\u00f3n de 10.000 yanomamis amenazada de paludismo y formas de hepatitis que avan\u00adzan en el abecedario?<\/p>\n<p>Para los doctores Thodardo Marcano y H\u00e9ctor Padula, que junto con Silvia P\u00e9rez y Magda Magris iniciaron el proyecto en el a\u00f1o 86, lleg\u00f3 el momento de superar diferencias. Han sido asesorados por Lizot, pero tambi\u00e9n por Chag\u00adnon. Piensan que la pol\u00edtica misionera no ha cambiado en 500 a\u00f1os, pero valo\u00adran el consejo y la ayuda de Jos\u00e9 B\u00f3rtoli. Buscan fondos en Caracas y planean la construcci\u00f3n de un hospital en La Esmeralda, para evitarles a los enfermos el choque del traslado a Puerto Ayacucho o Caracas: \u00abLa prioridad es frenar el c\u00f3lera. Si llega, nadie va a poder parar la mortandad de los yanomamis\u00bb.<\/p>\n<p>Nadie sobrevive preso en posiciones dogm\u00e1ticas y altos contrastes, y los yanomamis necesitan sobrevivir. Asombrada, una doctora descubri\u00f3 que los misioneros de las Nuevas Tribus pod\u00edan ser solidarios a la hora de trasladar a un yanomami grave en sus \u00abAlas de Socorro\u00bb. Quiz\u00e1 sea el momento de mirar los claroscuros y aprender de las diferentes perspectivas. Al fin y al cabo, los hombres no podemos ver la realidad con los 3.000 pares de ojos de la mosca.<\/p>\n<h6>*Esta cr\u00f3nica fue publicada en Domingo Hoy el 27 de septiembre de 1992. Foto: <span class=\"Cover-source\"><span class=\"Cover-captionItem\">Emilio Navarino<\/span><span class=\"Cover-captionItem\"> \/ Legion-Media<\/span><\/span>.<\/h6>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Alejandro Reig Una doctora sigue a un ni\u00f1o yanomami por la selva, en ruta a un shapono aislado. 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