{"id":5712,"date":"2022-08-15T00:20:53","date_gmt":"2022-08-15T00:20:53","guid":{"rendered":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/?p=5712"},"modified":"2024-08-21T21:30:48","modified_gmt":"2024-08-21T21:30:48","slug":"dispersos-olvidados-e-ineditos","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/dispersos-olvidados-e-ineditos\/","title":{"rendered":"Dispersos, olvidados e in\u00e9ditos"},"content":{"rendered":"<h4 style=\"text-align: right;\">Alberto Rodr\u00edguez Carucci<\/h4>\n<p>La producci\u00f3n literaria de Mariano Pic\u00f3n-Salas, objetivamente destacada en las literaturas de Hispanoam\u00e9rica y Venezuela ha tenido, junto a sus \u00e9xitos, algunos infortunios. Su trayectoria ha sido celebrada por las cualidades y proporciones de su labor como ensayista, otras zonas de su escritura han sido reconocidas por la agudeza de sus an\u00e1lisis y su reflexi\u00f3n historiogr\u00e1fica o biogr\u00e1fica y su narraci\u00f3n autobiogr\u00e1fica ha sido acogida por sus virtudes est\u00e9ticas, pero el resto de su narrativa ha sido relegada por la cr\u00edtica, aunque esa parte de su obra no sea tan breve como para ignorarla impunemente ni tan deficiente como para descalificarla sin conocerla.1 Mucho menos si asumimos que ella participa del conjunto b\u00e1sico de enfoques, temas y b\u00fasquedas expresivas de su autor, donde se revelan matices y rupturas que permiten observar sus transformaciones y su evoluci\u00f3n, tanto en el orden conceptual como en sus manifestaciones expresivas.<\/p>\n<p>En el contexto cultural que inaugura el nuevo siglo, vale la pena revisar los rasgos y peculiaridades de esa obra narrativa, especialmente en el marco de esta Bienal de Literatura que -aparte de llevar su nombre- tiene este a\u00f1o como centro la conmemoraci\u00f3n del Centenario del maestro andino.<\/p>\n<p>En principio, vale la pena recordar que el propio Pic\u00f3n-Salas, consciente de que el medio intelectual venezolano lo hab\u00eda reconocido y etiquetado fundamentalmente por sus ensayos, confes\u00f3 a mediados de la d\u00e9cada de 1950 que aspiraba \u00aba una m\u00e1s simple denominaci\u00f3n de escritor que, de acuerdo con lo que quiera hacer, elegir\u00e1 la t\u00e9cnica adecuada\u201d. A lo cual agregaba: \u00abconocer\u00eda muy mal mi profesi\u00f3n si s\u00f3lo supiera dispararme en trance de ensayista\u201d.2<\/p>\n<p>Desde aquellas aspiraciones, que eran a la vez sus propias exigencias, optaba por la cada vez menos frecuente vocaci\u00f3n de pol\u00edgrafo reivindicando su derecho de escribir estudios hist\u00f3ricos, art\u00edculos pol\u00e9micos, novelas o cuentos, sin que las referencias a tales modalidades significasen el establecimiento definitivo de un cartab\u00f3n cerrado, seg\u00fan lo aclaraba \u00e9l mismo al poner en tela de juicio \u00abla falacia o artificialidad de los g\u00e9neros literarios\u201d.3<\/p>\n<p>Sus concepciones sobre la literatura, que han sido escasamente atendidas, se apoyaban, en el tiempo de su madurez, sobre el necesario cumplimiento de dos requisitos que estimaba indispensables: el manejo adecuado de \u00abla t\u00e9cnica verbal\u201d y el efecto comunicativo de la escritura, al que prefer\u00eda nombrar como \u201cla funci\u00f3n\u201d del texto.<\/p>\n<p>Desde aquella perspectiva, Pic\u00f3n-Salas sintetizaba lo que se podr\u00eda percibir como su idea particular de la literatura, seg\u00fan la cual \u00e9sta deb\u00eda \u201ctener algo que decir; decirlo de modo que agite la conciencia y despierte la emoci\u00f3n de los otros hombres, y en lengua personal y propia, que ella se bautice a s\u00ed misma\u201d.4<\/p>\n<p>Tales concepciones fueron las que trat\u00f3 de materializar en su escritura, como se puede constatar mediante una revisi\u00f3n de sus obras, y en especial de su narrativa, cuya trayectoria -si atendemos a la valoraci\u00f3n que de ella hizo el propio autor- quedar\u00eda distribuida en tres etapas: 1) de los cuentos de <em>Mundo imaginario <\/em>(1920) a la novela <em>Odisea de tierra firme <\/em>(1931); 2) de los relatos de <em>Registro de hu\u00e9spedes <\/em>(1934) a la narraci\u00f3n autobiogr\u00e1fica de <em>Viaje al amanecer <\/em>(1943) y 3) del cuento \u201cLos batracios\u201d (1953) y la novela <em>Los tratos de la noche <\/em>(1955) hasta una novela inconclusa, que podr\u00edamos agregar, de la cual se public\u00f3 -p\u00f3stumamente- apenas el fragmento titulado \u201cLuto en la familia\u201d (1965), que deja testimonio documental de sus \u00faltimas b\u00fasquedas.<\/p>\n<p>La etapa inicial de toda esta producci\u00f3n narrativa (1920-1933) fue la menos apreciada por Pic\u00f3n-Salas, pues la clasific\u00f3 severamente como la de sus \u201crelatos juveniles\u201d, caracterizados por su narraci\u00f3n \u00abrota y difusa\u201d, de mera \u00abb\u00fasqueda de valores pict\u00f3ricos\u201d, saturados de \u00abcosas decorativas\u201d, cuyo resultado quedaba recogido en p\u00e1ginas que sancionaba como \u201cverbosas y no desprovistas de pedanter\u00eda juvenil\u201d, en raz\u00f3n de lo cual el escritor preferir\u00eda suprimirlas de su selecci\u00f3n ideal.6<\/p>\n<p>Para la cr\u00edtica que se ocup\u00f3 de seguir el proceso del cuento venezolano desde sus inicios, aquellos relatos despreciados por Pic\u00f3n-Salas pertenec\u00edan a la que Pastor Cort\u00e9s llam\u00f3 \u00abpromoci\u00f3n postmodernista\u201d,6 o de la \u00abprimera postguerra\u201d, enmarcada en el per\u00edodo 1920-1935, durante el cual el cuento habr\u00eda alcanzado un momento de auge con la consolidaci\u00f3n de Gallegos y la aparici\u00f3n de un significativo n\u00famero de narradores nuevos que intentaban producir una literatura definida por su propio perfil venezolano y por la clara conciencia de sus b\u00fasquedas est\u00e9ticas. Estas \u00faltimas sin duda alentadas por sus antecedentes modernistas y la proximidad de los movimientos de vanguardias.<\/p>\n<p>Pic\u00f3n-Salas, atento a estos hechos, escrib\u00eda cuentos sobre asuntos que abarcaban episodios de las guerras civiles todav\u00eda cercanas, vivencias menudas de la vida de provincia con sus secuelas de nostalgias l\u00edricas, apreciables y explicables en el marco de aquella Venezuela predominantemente rural. Participaba de aquel per\u00edodo -seg\u00fan la lectura de Cort\u00e9s- con figuras sobresalientes como Andr\u00e9s Eloy Blanco, Jes\u00fas Enrique Lossada, Miguel \u00c1ngel Queremel, Pedro Sotillo, Antonio Arr\u00e1iz y Julio Garmendia.<\/p>\n<p>Entre aquellos contempor\u00e1neos el escritor meride\u00f1o ser\u00eda valorado como cuentista por Jos\u00e9 Fabbiani Ruiz, uno de los primeros estudiosos del cuento en Venezuela, principalmente a partir de los relatos de <em>Buscando el camino, <\/em>de <em>Agentes viajeros <\/em>y de <em>Mundo imaginario, <\/em>seg\u00fan se deduce de su lac\u00f3nico comentario: \u201clas estampas azorinianas, los trazos, los viejos ambientes y escenas que vienen a la memoria, est\u00e1n representados en Pic\u00f3n-Salas\u201d. 7<\/p>\n<p>Los cr\u00edticos de los a\u00f1os 20 a 50 leyeron los cuentos de Mariano desde las limitaciones evidentes de sus enfoques meramente contenidistas y, por su lado, los de las d\u00e9cadas de 1950 a 1970 los olvidaron, los revisaron desde ret\u00edculas puramente esteticistas o desde par\u00e1metros formalistas, todos claramente distanciados de las concepciones y de las especificidades textuales legadas por el escritor que, de ese modo, se reduc\u00edan a impresiones subjetivas y a meros artefactos derivados de las t\u00e9cnicas narrativas, siempre descontextualizados y sujetos a los gustos particulares o de ocasi\u00f3n.<\/p>\n<p>En nuestros tiempos, de cara al siglo XXI y a cien a\u00f1os del nacimiento de Mariano Pic\u00f3n-Salas, hacemos un intento de leer sus cuentos de otro modo,8 tratando de recuperarlos al menos dentro del conjunto intratextual del autor, lo cual puede contribuir a aclararnos distintos aspectos de su evoluci\u00f3n intelectual y su papel en la cultura venezolana de buena parte del siglo XX.<\/p>\n<p>En estas p\u00e1ginas pretendemos ocuparnos, por los momentos, de algunos de sus cuentos soslayados, olvidados o desconocidos, con la intenci\u00f3n de aportar algunos elementos \u00fatiles para alentar un poco m\u00e1s la inquietud antes mencionada.<\/p>\n<p>El primero de esos textos es el relato \u00abLa llorona\u201d, de innegable valor documental, porque es -al parecer- la primera narraci\u00f3n impresa de Pic\u00f3n-Salas. Apareci\u00f3 el 12 de julio de 1917 en el diario <em>Panorama, <\/em>de Maracaibo, tres meses antes de que el joven Mariano pronunciara en M\u00e9rida su c\u00e9lebre conferencia \u201cLas nuevas corrientes del arte\u201d, que tanto impact\u00f3 al Dr. Diego Carbonell, quien era entonces rector de la Universidad de Los Andes.<\/p>\n<p>La an\u00e9cdota es simple. La abuela, \u00d1a Maria, reprende a su nieta Mar\u00eda Dolores porque \u00e9sta se entretiene demasiado en su maquillaje, advirti\u00e9ndole que La llorona se lleva a las muchachas coquetas, como en un relato ejemplarizante que le refiere cr\u00e9dulamente: \u201cMar\u00eda Dolores, deja la coqueter\u00eda pa\u00b4 que no te pase lo de la muchacha de la historia\u201d. Pero la nieta desatiende el consejo y prefiere manejar sus encantos para atraer al doncel con quien luego desaparece, dejando a la abuela desolada los elementos para que -dentro de sus creencias- confirme la premonici\u00f3n de su dictamen.<\/p>\n<p>Las acciones ocurren en un aislado escenario rural y familiar del agro andino, apenas habitado por personajes humildes y laboriosos cuya vida social se limita a sus visitas ocasionales al mercado o a la iglesia del pueblo m\u00e1s cercano.<\/p>\n<p>El cuento, a pesar del t\u00edtulo, no se refiere de manera central a la leyenda que sugiere, sino m\u00e1s bien trata de desmontarla cuestionando c\u00e1ndida y respetuosamente -en tono de f\u00e1bula- las supersticiones que muchas veces ciegan a los campesinos impidi\u00e9ndoles percibir y comprender con nitidez sus realidades inmediatas. No obstante, el narrador reconoce que en el medio rural aquellas creencias pueden servir tambi\u00e9n de alivio para las angustias o alicientes espirituales para sobrellevar de alg\u00fan modo el abandono y la tristeza que padecen sus habitantes.<\/p>\n<p>La historia, contada desde la perspectiva de un narrador omnisciente, confronta las percepciones de \u00e9ste con las de sus personajes, oponiendo una mirada cr\u00edtica moderna a las supersticiones que dominan la credulidad ingenua de la fe campesina. Al final del relato la voz del narrador se transforma en la de una conciencia que se expresa desde una primera persona, como la de una intervenci\u00f3n autoral, para dejar su moraleja en una imaginaria interpelaci\u00f3n a la abuela decepcionada y triste a la que termina por dejar en sus propias creencias para no agudizarle sus tristezas.<\/p>\n<p>La estructura del relato, propia de un escritor que se inicia, pertinente para su tiempo y para el asunto que trata, es elemental y esquem\u00e1tica. Hilvanada en tres secuencias fragmentarias, una de ellas retrospectiva, logra sin embargo una coherente articulaci\u00f3n mediante la figura de la abuela, que rige todo el desarrollo narrativo a la vez que se constituye en el principal factor de cohesi\u00f3n y organizaci\u00f3n sem\u00e1ntica del texto, que de ese modo cobra sentido y eficacia comunicativa. \u00c9sta se logra mediante la utilizaci\u00f3n oportuna de los parlamentos de la abuela, elaborados mediante una estrategia enunciativa que simula rasgos de la oralidad campesina, tanto en su secuencialidad sint\u00e1ctica como en el registro de algunas peculiaridades fon\u00e9ticas, alcanzando mejores resultados que los segmentos narrativos algunas veces entorpecidos por la saturaci\u00f3n de interpolaciones descriptivas o por el empleo de construcciones el\u00edpticas que obligan a releerlos, defectos que pueden entenderse como particularidades de una escritura en formaci\u00f3n.<\/p>\n<p>Dos relatos que ofrecen caracter\u00edsticas similares, quiz\u00e1s menos acusadas, los hemos comentado en otro art\u00edculo.9 Son \u201cFilosof\u00eda de la comodidad\u201d (1917) y \u201cLa historia de Juan P\u00e9rez\u201d (1918), ambos corresponden a la misma etapa de aprendizaje y aparecen integrados en el libro <em>Buscando el camino. <\/em>Despu\u00e9s de los mencionados, dio a conocer el cuento \u201cBestezuela (Cuadro del arrabal caraque\u00f1o)\u201d -en la revista <em>Cultura Venezolana <\/em>N\u00b0 35 (1922)- y el breve relato \u201cUna se\u00f1ora\u201d, en la revista <em>Zigzag, <\/em>de Santiago de Chile (26-01-1924), recientemente reproducido en la revista <em>Tierna Firme, <\/em>de Caracas, en su entrega N\u00b0 73 (2001) dedicada al centenario del intelectual andino.<\/p>\n<p>Un texto olvidado entre la narrativa de Pic\u00f3n-Salas es su op\u00fasculo <em>Agentes viajeros, <\/em>que se public\u00f3 en Caracas en 1922, con el sello de la Imprenta Bol\u00edvar y dentro de la serie \u201cLa lectura semanal\u201d que dirig\u00eda Jos\u00e9 Rafael Pocaterra.<\/p>\n<p>El fasc\u00edculo recoge una narraci\u00f3n de asunto rural, relatada por don Pablo, un viejo y modesto funcionario de registros, quien cuenta su traslado de la ciudad de Cumbres al pueblo tropical de Cujizales, a donde llega en busca de mejor temperancia y a desempe\u00f1ar el cargo de juez del municipio, para el que ha sido designado. Su narraci\u00f3n, cargada de circunloquios, aparece vagamente enmarcada por otro narrador, que ser\u00eda el receptor a quien van dirigidas las historias que, a su vez, las cuenta de segunda mano reproduciendo los parlamentos del viejo.<\/p>\n<p>Las acciones del cuento son desplegadas en una narraci\u00f3n lineal, de escasa coherencia y poca cohesi\u00f3n sem\u00e1ntica, simples an\u00e9cdotas saturadas de descripciones y explicaciones de peque\u00f1os sucesos irrelevantes que hacen ver el relato como un mero encadenamiento de situaciones, estampas aldeanas y cuadros de costumbres que resultan en un pintoresquismo afectado por sus limitaciones comunicativas y por la pobreza de su resoluci\u00f3n literaria, que apenas se sostiene sobre el parloteo de Don Pablo. Los personajes de do\u00f1a Ramona, Rosario y Luisa, sus hijas, y el agente viajero Cuevas son esbozos y, como tales, inacabados. La an\u00e9cdota principal, que precipita el fin, es otra vez -como en \u00abLa llorona\u201d- un rapto, el de Luisa, fugada con el viajero, con la diferencia de que en este relato culmina con un escueto y apresurado final feliz.<\/p>\n<p><em>Agentes viajeros, <\/em>con esas caracter\u00edsticas, parece ilustrar la primera etapa del Pic\u00f3n-Salas narrador, que asoma los rasgos escrit\u00farales del historiador y del ensayista que ser\u00e1 despu\u00e9s, como se advierte en las explicaciones e informaciones contenidas en los p\u00e1rrafos digresivos y pormenorizados sobre la producci\u00f3n y el comercio propios del pie de monte andino a comienzos del siglo XX.<\/p>\n<p>Del conjunto de cuentos dispersos legado por Pic\u00f3n-Salas, \u00abPasi\u00f3n de tierra caliente\u201d es uno de los que han quedado perdidos y aislados entre los registros hemerogr\u00e1\u00f1cos. Se public\u00f3 en 1928, en el n\u00famero 88 de la revista caraque\u00f1a <em>Cultura Venezolana. <\/em>Posiblemente fue escrito en Chile, donde resid\u00eda el autor. \u00c9ste conoci\u00f3 por aquel tiempo al famoso documentalista Jos\u00e9 Toribio Medina, uno de los primeros eruditos en los estudios de la cultura y la literatura coloniales, que tuvo hondas repercusiones en el inter\u00e9s que desarroll\u00f3 posteriormente el intelectual meride\u00f1o sobre esos temas.<\/p>\n<p>Esta referencia puede colaborar en el an\u00e1lisis de \u201cPasi\u00f3n de tierra caliente\u201d, toda vez que este cuento trata de un asunto colonial, muy marcado en el texto desde su inicio: \u00abEs un cuento colonial que no tiene la rigidez com\u00fan a otros cuentos coloniales\u201d, donde se percibe entre l\u00edneas cu\u00e1l era la valoraci\u00f3n que ten\u00eda entonces Pic\u00f3n-Salas sobre las peculiaridades de la Colonia.<\/p>\n<p>La historia contada por un esclavo, narrador-testigo, est\u00e1 ambientada en la regi\u00f3n caribe\u00f1a venezolana del siglo XVIII. Narra el encuentro amoroso entre otro esclavo mulato -Mar\u00edn Cirihuela- y su patrona do\u00f1a Mar\u00eda Pilar de la Urbina, en el pr\u00f3spero escenario de una plantaci\u00f3n de ca\u00f1a de az\u00facar y de cacao, que vende sus frutos a la Compa\u00f1\u00eda Guipuzcoana. La patrona, que ha estado sola por un tiempo, apenas ha regresado su esposo, anciano y piadoso hasta el extremo, queda viuda y asciende a su amante a caporal de la hacienda, a quien -dado su nuevo status- le corresponde elegir una moza del lugar como pareja, que servir\u00e1 para disimular la relaci\u00f3n que mantiene con la se\u00f1ora de la Urbina.<\/p>\n<p>Este cuento, elaborado con una fina urdimbre donde resalta un fundado conocimiento de la vida colonial, presenta sus espacios en concisas descripciones de lugares, hace alarde de coherencia en la narraci\u00f3n de las acciones y penetra en la personalidad de la patrona, cuyos vaporosos escapes on\u00edricos traducen a la vez sus deseos secretos, su pasi\u00f3n y sus temores como amante y como se\u00f1ora de la hacienda.<\/p>\n<p>El cuento ofrece una visi\u00f3n cr\u00edtica de la realidad colonial, mediante sus agudas iron\u00edas respecto al sector mantuano, que develan discretamente las falsedades que subyacen bajo los dogmas de fe y los convencionalismos sociales de aquel sector, desnudando as\u00ed las apariencias e imposturas \u00e9ticas que lo revisten de altura y nobleza. Este texto representa un salto significativo en la evoluci\u00f3n de Mariano Pic\u00f3n-Salas como narrador, en el tr\u00e1nsito hacia su madurez.<\/p>\n<p>Entre sus relatos extraviados en el silencio de las hemerotecas est\u00e1 \u201cEl polvo y el agua\u201d, publicado con ese t\u00edtulo \u00fanicamente en 1951, en la revista <em>Asomante <\/em>N\u00b0 4 de San Juan de Puerto Rico, aunque posteriormente ha dado vueltas por el mundo en distintas antolog\u00edas del cuento latinoamericano y venezolano, pero bajo el t\u00edtulo de \u201cLos batracios\u201d, con el cual se public\u00f3 en Caracas, en la revista <em>Cruz del Sur, <\/em>n\u00fam, 1, en 1952. Este texto, id\u00e9ntico al primero, s\u00f3lo var\u00eda en el t\u00edtulo y en el enunciado final, dos elementos que en \u201cEl polvo y el agua\u201d determinan un sentido ligeramente diferente.<\/p>\n<p>En esta versi\u00f3n el t\u00edtulo hace referencia a la situaci\u00f3n de los alzados en la geograf\u00eda polvorienta de Falc\u00f3n y luego a la del narrador recluido en el calabozo inundado de unas viejas ruinas coloniales. Se establece as\u00ed un binomio o doblete sem\u00e1ntico, polvo\/agua, que -puesto en el contexto de la narraci\u00f3n- pasa a ser la asociaci\u00f3n simb\u00f3lica de ca\u00edda y hundimiento, sin\u00f3nimos de la derrota. Por otra parte, el \u00faltimo enunciado, \u201cEstaba necesitado de sue\u00f1o\u201d, eliminado en \u201cLos batracios\u201d, alude a la vez a la necesidad de descanso y a una voluntad de distanciamiento de la realidad, que empalman con el principio (\u00abNo s\u00e9 si esto lo so\u00f1\u00e9 en aquella perturbada \u00e9poca&#8230;\u201d), lo que contribuye a darle al cuento una apariencia de relato circular, y no lineal como se muestra la estructura narrativa de la segunda versi\u00f3n.<\/p>\n<p>La circularidad de \u201cEl polvo y el agua\u201d deriva del car\u00e1cter evocativo de su inicio, que alude vagamente una vivencia traum\u00e1tica o una pesadilla, que luego se funde en la experiencia agotadora del presidio y la tortura avasallante que sufre el narrador al t\u00e9rmino del cuento, cuya frase final devuelve el relato a la ambig\u00fcedad del principio, d\u00e1ndole una estructura <em>ab ovo.<\/em><\/p>\n<p>El t\u00edtulo \u00abLos batracios\u201d, por su lado, remite m\u00e1s bien a la imagen on\u00edrica con la que el narrador identifica a su captor, que encarna simb\u00f3licamente una especie de bestia o animal prehist\u00f3rico y fiero, representativo del pasado y del mal ancestral que regresa para descargar despiadadamente su venganza.<\/p>\n<p>El narrador en primera persona, participante en las acciones, se identifica con el bachiller ducho en leyes que se desempe\u00f1a como escribano del coronel Cantabrio Mapanare, un hacendado y caudillo rural insurrecto que piensa \u201cque la Rep\u00fablica puede todav\u00eda mejorarse con cargas de machete\u201d. La historia cuenta la sucesi\u00f3n de hechos que va desde la conspiraci\u00f3n y el levantamiento que deponen al jefe civil del pueblo hasta la respuesta militar del gobierno, que en breve somete a los alzados y los recluye en la prisi\u00f3n. El escribano de la revuelta recibe la peor parte, pues es sometido a castigos inhumanos, cuyo ejecutor ser\u00e1 un sujeto deforme y enigm\u00e1tico al que el narrador no puede identificar consciente y plenamente sino como \u201cla m\u00e1scara\u201d o \u201cel batracio\u201d, cuya presencia le ocasiona toda clase de miedos e incertidumbres: \u201cDij\u00e9rase que viene a buscarme desde el fondo de mi temor o de mi sorpresa, como el obstinado protagonista de una vieja pesadilla\u201d.<\/p>\n<p>El empleo frecuente de di\u00e1logos y parlamentos directos de los personajes, que exhibe trazas del habla campesina, dota al relato de agilidad, fluidez evolutiva y dramatismo, que remarcan el desenlace deceptivo tanto de la aventura revolucionaria como del narrador condenado, sumido en la derrota, la impotencia y el honor que apenas alcanza a contar.<\/p>\n<p>La verosimilitud de este cuento, cargado de sugerencias hist\u00f3ricas y pol\u00edticas, ha sido asociada algunas veces con los sucesos de la llamada \u00abRevoluci\u00f3n Legalista\u201d de la segunda presidencia de Joaqu\u00edn Crespo, que se llev\u00f3 a cabo entre 1892 y 1898 pero, revisado al detalle, su virtual referencialidad no parece corresponder a ese tiempo, en el cual algunos elementos presentes en el relato -como la aviaci\u00f3n- todav\u00eda no exist\u00edan en el medio castrense venezolano, lo que dif\u00edcilmente podr\u00eda haber sido confundido por la mirada acuciosa del Pic\u00f3n-Salas historiador.10<\/p>\n<p>El reconocimiento de Guillermo Meneses, quien incluy\u00f3 \u201cLos batracios\u201d en su <em>Antolog\u00eda del cuento venezolano <\/em>(1955), canoniz\u00f3 este cuento en la literatura de nuestro pa\u00eds con su elogiosa valoraci\u00f3n del cuentista andino: \u201cPic\u00f3n-Salas ha logrado este cuento con la sobriedad magistral patente en toda su obra de escritor\u201d.11<\/p>\n<p>Tres cuentos del mismo han permanecido hasta hace poco in\u00e9ditos: \u201cLa historia de Mart\u00edn Rivas\u201d, escrito en Santiago de Chile en 1925, \u201cJosafat no es tan solo una profec\u00eda\u201d y \u201cAs\u00ed era Jane\u201d. Estos \u00faltimos -al parecer- escritos y fechados en M\u00e9xico en 1950. De los tres, el \u00fanico que se ha dado a conocer es \u201cJosafat&#8230;\u201d, que apareci\u00f3 recientemente en la revista <em>Actual 1212, <\/em>en una entrega conmemorativa dedicada a celebrar el Centenario del nacimiento de Pic\u00f3n-Salas.<\/p>\n<p>El primero tiene como hipotexto la famosa novela <em>Mart\u00edn Rivas <\/em>(1892), del escritor chileno Alberto Blest Gana (1830-1920), que por mucho tiempo se consider\u00f3 como la primera novela del pa\u00eds austral. Toda vez que el hipertexto de don Mariano, de mediados de la d\u00e9cada de 1920, pertenece a su etapa formativa antes comentada, nos ocuparemos solamente del \u00faltimo de estos cuentos, que hemos podido revisar gracias a la generosidad de la doctora Delia Pic\u00f3n de Morles, hija del escritor, quien nos cedi\u00f3 copia de los manuscritos.<\/p>\n<p>\u201cAs\u00ed era Jane\u201d es el relato de un antrop\u00f3logo norteamericano radicado en M\u00e9xico que evoca la decepci\u00f3n sufrida por la separaci\u00f3n de su gran amor en la \u00e9poca de estudiante: una mujer, calculadora y pragm\u00e1tica, ajena a los proyectos cient\u00edficos de Charles de llegar a ser tanto un experto en el mundo ind\u00edgena mexicano como un profundo conocedor del alma latinoamericana; Jane no cree en sus fantas\u00edas de ser un gran escritor y duda de que pueda convertirse en el buen marido pr\u00f3spero y dadivoso que promete ser.<\/p>\n<p>Charles, diez a\u00f1os despu\u00e9s, relata sus desencantos y nostalgias distanciado de su propio pa\u00eds al que -en sus reflexiones- percibe como la negaci\u00f3n de los sue\u00f1os de aquella juventud estudiantil de los a\u00f1os 40 que -tras la participaci\u00f3n de EEUU en la Segunda Guerra Mundial- vio disipadas sus ideales y expectativas de libertad para ser luego transformada en una generaci\u00f3n de intelectuales abatidos por la decepci\u00f3n y absorbidos por la incredulidad y el abandono. Charles los describe as\u00ed en su mundo de estudiantes:<\/p>\n<p><em>\u00c9ramos los representantes de una juventud ansiosa -una juventud que se decidi\u00f3 a no tener complejos- y que marcaba su sitio en el mundo pisando fuerte, hablando fuerte, poseyendo lo que le piada casi con insolente estridencia. <\/em><\/p>\n<p>Muchos de ellos, como Charles, dieron salida a su inconformidad buscando en otras culturas y sociedades sus ideales de humanidad, amparo, autenticidad y belleza -que cre\u00edan perdidos- tomando como ejemplo a los integrantes de la <em>beat generation, <\/em>que vino a ser una especie de segunda oleada de la que Gertrude Stein hab\u00eda llamado, en la primera mitad del siglo, <em>lost generation <\/em>o \u201cgeneraci\u00f3n perdida\u201d, de la que forman parte \u2013no por casualidad- dos autores citados por el narrador, Ernest Hemingway yPearl Buck, ambos merecedores del afamado Premio Nobel de Literatura.<\/p>\n<p>El relato, desarrollado desde la visi\u00f3n subjetiva de una primera persona asumida por el antrop\u00f3logo, termina la historia en el mismo momento en que va a comenzar la narraci\u00f3n. Dentro de esta estrategia narrativa, son aprovechados discretamente -para dar densidad al personaje que narra- algunos recursos introspectivos, como el libre fluir de la conciencia, mientras que en el montaje de la composici\u00f3n narrativa es empleada la t\u00e9cnica del flashback, propia del discurso cinematogr\u00e1fico.<\/p>\n<p>Los personajes, dos solamente, se crean a s\u00ed mismos a trav\u00e9s de sus parlamentos y de su confrontaci\u00f3n en los di\u00e1logos. El cuento contrasta as\u00ed dos personalidades, a la vez que opone en el hilo de la narraci\u00f3n dos culturas, la norteamericana y la latinoamericana, siempre desde la visi\u00f3n de Charles, quien no puede desprenderse de los par\u00e1metros ideales y mitificadores de la sociedad del Norte, que tambi\u00e9n son ofrecidos para la reflexi\u00f3n:<\/p>\n<p><em>Aquellos pa\u00edses son como la expansi\u00f3n natural de este mundo bullicioso, sobreocupado y emprendedor de los Estados Unidos \u2013afirmaba Charles en sus tiempos de Vermont-. Ellos requieren nuestra t\u00e9cnica y nosotros, acaso, sus mitos. (&#8230;) No son pueblos pragm\u00e1ticos sino po\u00e9ticos. \u00a1Qu\u00e9 inmaduros parecen nuestros yanquis sonrosados, cient\u00edficamente nutridos, frente a esas gentes p\u00e1lidas, morenas o diab\u00f3licas que prefieren lo tr\u00e1gico a lo apacible, que parecen solazarse con el peligro o la muerte como Mictecacihuatl, la desolada y desollada diosa azteca! Es un poco el miedo a ese mundo, lo que me atrae a \u00e9l.<\/em><\/p>\n<p>El relato de Pic\u00f3n-Salas recoge en su tel\u00f3n de fondo algunos de los temas y problemas fundamentales que asediaban al escritor en sus facetas de ensayista e historiador de la cultura, en las cuales estaban siempre presentes los sesgos y matices significativos que le aportaban sus m\u00faltiples lecturas de asuntos hist\u00f3ricos, antropol\u00f3gicos y etnol\u00f3gicos.<\/p>\n<p>El estudio de la narrativa de Mariano Pic\u00f3n-Salas deber\u00eda encararse entonces como un conjunto que hace parte de la diversidad de su obra, en calidad de componente representativo de sus modos de concebir el mundo, la sociedad, la cultura y la literatura. Esa lectura integradora \u2013a la que podr\u00edamos llamar intradiscursiva- ser\u00e1 una tarea exigente, compleja y dif\u00edcil. Por el momento, a\u00fan sigue pendiente.<\/p>\n<p><strong>NOTAS<\/strong><\/p>\n<p>1 Armando Rojas, en un ensayo intitulado \u00abEl concepto de la historia en Mariano Pic\u00f3n-Salas\u00bb afirm\u00f3: \u00abSi exceptuamos la narrativa, que ocupa un espacio m\u00ednimo en el quehacer literario de Pic\u00f3n-Salas, toda su obra puede considerarse como la de un historiador de la cultura\u00bb. En <em>El escritor <\/em>y <em>la sociedad, <\/em>Caracas, Academia Nacional de la Historia (Col. Libro Menor, 97), 1986, p. 61.<\/p>\n<p>2 Mariano Pic\u00f3n-Salas. \u00abY va de ensayo\u00bb (1954). En <em>Crisis, cambio, tradici\u00f3n, <\/em>Caracas, EDIME, 1955, p. 141.<\/p>\n<p>3 Ib\u00edd.,p. 143.<\/p>\n<p>4 \u00eddem., p. 145. Diez a\u00f1os antes de la publicaci\u00f3n del texto citado, Pic\u00f3n-Salas hab\u00eda escrito sobre el mismo tema que ahora tratamos en su ensayo \u00abProfec\u00eda de la palabra\u00bb (1945): \u00abel problema de la obra literaria, como el de cualquier otra forma cultural, no consiste tan solo en la maestr\u00eda del que la realiza, sino en su clima hist\u00f3rico, en que los materiales que arrastre conserven a\u00fan fermento vital y eficacia agresiva\u00bb. A lo que agregaba su concepci\u00f3n sobre el papel social de los intelectuales: \u00abAl escritor o al pensador le corresponde la grave -y a veces desagradable- funci\u00f3n de ser como el guardagujas de la historia\u00bb. En: <em>Meditaci\u00f3n de Europa. <\/em>Caracas, Biblioteca Ayacucho (Col. La Expresi\u00f3n Americana, 23), 2001, pp. 145 y 154. Estas reflexiones las hab\u00eda empezado temprano, pues sus primeros esbozos se pueden encontrar al cierre de uno de sus textos juveniles, \u00abLa finalidad poco americana de una literatura (Fragmentos de una conferencia)\u00bb, recogido en su primer libro, <em>Buscando el camino, <\/em>Caracas, Editorial Cultura Venezolana, 1920, pp. 133-149.<\/p>\n<p>6 \u00abPeque\u00f1a confesi\u00f3n a la sordina\u00bb (1952). En: <em>Autobiograf\u00edas, <\/em>Caracas, Monte \u00c1vila (Biblioteca Mariano Pic\u00f3n-Salas, I), 1987.<\/p>\n<p>6 Pastor Cort\u00e9s. <em>Contribuci\u00f3n al estudio del cuento moderno venezolano, <\/em>Caracas, Cuadernos de la A.E.V.- Tipograf\u00eda La Naci\u00f3n, 1945. Los balances sobre la narrativa, y en particular sobre el cuento en nuestro pa\u00eds, por lo general han desestimado los relatos de Mariano Pic\u00f3n-Salas, con escasas excepciones como la de \u00c1ngel Mancera Galletti, quien le dedic\u00f3 un cap\u00edtulo en su libro <em>Qui\u00e9nes narran y cuentan en Venezuela, <\/em>Caracas &#8211; M\u00e9xico, Ediciones Caribe, 1958, pp. 284-291.<\/p>\n<p>7 Jos\u00e9 Fabbiani Ruiz, <em>El cuento en Venezuela, <\/em>Caracas, Pensamiento Vivo, 1953, p. 17.<\/p>\n<p>8 Alberto Rodr\u00edguez Carucci. \u00abMariano Pic\u00f3n-Salas: formaci\u00f3n y proceso de un narrador\u00bb. <em>Actual <\/em>(M\u00e9rida) (46): 116-127, abril &#8211; junio 2001.<\/p>\n<p>9 Ib\u00edd.<\/p>\n<p>10 En nuestro trabajo (consignado en la nota 8), siguiendo sin suficiente cuidado alg\u00fan comentario que le\u00edmos sobre \u00abLos batracios\u00bb, dejamos escapar el equ\u00edvoco al que nos referimos, el cual -aunque no afecta demasiado la lectura literaria del texto- si se sale del rigor con que Pic\u00f3n-Salas sol\u00eda asumir los datos de la historia respecto a los asuntos de sus cuentos y novelas. Como se puede constatar, en el relato citado un avi\u00f3n sobrevuela la zona donde los alzados se encuentran en fuga. Si se toma en cuenta que el primer vuelo en Venezuela lo efectu\u00f3 en 1912 el norteamericano Frank Boland, y que la Escuela de Aviaci\u00f3n de Maracay se cre\u00f3 en 1920, el referente hist\u00f3rico de \u00abLos batracios\u00bb no puede corresponderse con el tiempo de Joaqu\u00edn Crespo, como hab\u00edamos apuntado. El asunto quiz\u00e1s podr\u00eda adecuarse m\u00e1s bien a 1929, a\u00f1o de protestas y levantamientos contra el r\u00e9gimen de Juan Vicente G\u00f3mez, entre los cuales se registra la Invasi\u00f3n del Io de junio por La Vela de Coro, emprendida desde Curazao, donde Rafael Sim\u00f3n Urbina hab\u00eda establecido su base de operaciones conspirativas. Entre los insurgentes que ingresaron por La Vela estaban Miguel Otero Silva, Jos\u00e9 Jim\u00e9nez Arr\u00e1iz y Guillermo Prince Lara. El movimiento fue dominado por las fuerzas del r\u00e9gimen el d\u00eda 13 del mismo mes. Las acciones narradas en \u201cLos batracios\u00bb podr\u00edan estar vinculadas a aquella referencia, pues el relato -que parece situado en Falc\u00f3n- nombra un inminente desembarco liderado por generales expulsos que se hallaban exiliados en las Antillas,<\/p>\n<p>11 Guillermo Meneses. Nota de presentaci\u00f3n a Pic\u00f3n-Salas que antecede a \u00abLos batracios\u00bb, incluido en la <em>Antolog\u00eda del cuento venezolano, <\/em>Caracas, Ediciones del Ministerio de Educaci\u00f3n (Biblioteca Popular Venezolana, 54), 1955, p, 111.<\/p>\n<p>12 Mariano Pic\u00f3n-Salas, \u00abJosafat no es tan solo una profec\u00eda\u00bb, <em>Actual.<\/em><\/p>\n<h4 style=\"text-align: right;\"><a href=\"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/alberto-rodriguez-carucci\/\" target=\"_blank\" rel=\"noopener\">Sobre el autor<\/a><\/h4>\n<h6>*<strong>Dispersos, olvidados e in\u00e9ditos <\/strong><strong>(cinco relatos de Mariano Pic\u00f3n-Salas)<\/strong>. Revista de la Direcci\u00f3n General de Cultura y Extensi\u00f3n de la Universidad de Los Andes. M\u00e9rida-Venezuela. N\u00b0 65. Mayo-agosto 2007. pp. 149-162. Fuente de la imagen: www.elimpulso.com,<\/h6>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Alberto Rodr\u00edguez Carucci La producci\u00f3n literaria de Mariano Pic\u00f3n-Salas, objetivamente destacada en las literaturas de Hispanoam\u00e9rica y Venezuela ha tenido, junto a sus \u00e9xitos, algunos infortunios. Su trayectoria ha sido celebrada por las cualidades y proporciones de su labor como ensayista, otras zonas de su escritura han sido reconocidas por la agudeza de sus an\u00e1lisis [&hellip;]<\/p>\n","protected":false},"author":6,"featured_media":5713,"comment_status":"open","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"_monsterinsights_skip_tracking":false,"_monsterinsights_sitenote_active":false,"_monsterinsights_sitenote_note":"","_monsterinsights_sitenote_category":0,"footnotes":""},"categories":[14],"tags":[44,3],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/5712"}],"collection":[{"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/users\/6"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=5712"}],"version-history":[{"count":2,"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/5712\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":12880,"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/5712\/revisions\/12880"}],"wp:featuredmedia":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/media\/5713"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=5712"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=5712"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=5712"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}