{"id":5676,"date":"2022-08-13T18:13:06","date_gmt":"2022-08-13T18:13:06","guid":{"rendered":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/?p=5676"},"modified":"2024-09-07T20:50:10","modified_gmt":"2024-09-07T20:50:10","slug":"era-un-mundo-de-rieles","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/era-un-mundo-de-rieles\/","title":{"rendered":"Era un mundo de rieles"},"content":{"rendered":"<h4 style=\"text-align: right;\">Carmen Mannarino<\/h4>\n<p>El tiempo de la infancia se presenta asistido en mi memoria por una insinuaci\u00f3n de rieles. Por raz\u00f3n de ellos vino mi abuelo desde el puerto franc\u00e9s de Marsella. En los trajines de puntualidad por causa de llegadas y salidas de trenes invirti\u00f3 muchos a\u00f1os mi padre. En la vida de mi madre fueron\u00a0 obligado sitio recreacional y hasta de destino. Los rieles presidieron mis horas de expansi\u00f3n cuando ni\u00f1a. Mis pasos sobre ellos u orille\u00e1ndolos siempre tuvieron sabor de aventura, de gozo o de necesidad. Despu\u00e9s fueron nostalgia.<\/p>\n<p>Lustrosos al sol, ocultos en la niebla, sumergidos en los pozos dejados por las lluvias, perlados de gar\u00faas o a\u00e9reos en el viaducto, viv\u00edan esa alternancia de apariencias como variaci\u00f3n del estatismo. Luego del ajetreo de las locomotoras parec\u00edan la estela dejada por la vida en deslizamiento, rozadura apenas con aquella otra est\u00e1tica y silente, soledosa, propicia para la rememoraci\u00f3n o la melancol\u00eda m\u00e1s que para el estremecimiento.<\/p>\n<p>Los rieles eran el aguardo paciente de la agilizaci\u00f3n y el silencio en acecho de nueva algarab\u00eda. El paso de vagones con pitos estridentes, sonido de metales y penacho de humo negro evidenciaba la existencia de otros mundos, nos aguijoneaba el inter\u00e9s por lo desconocido. En la contemplaci\u00f3n del paralelismo adelgazando en la distancia sabore\u00e9 lo inapresable, la sensaci\u00f3n de poseer lo\u00a0 huidizo. Los rieles son mi inevitable recurrencia. Como si mi vida siempre partiera y siempre regresara a trav\u00e9s de esas l\u00edneas adheridas a un microcosmos oculto, resguardado en el tiempo. Permanente imagen que de modo irremediable me posee y revive ataduras tel\u00faricas.<\/p>\n<p>Rieles. Siempre rieles.<\/p>\n<p>PUEBLO DE RIELES Y NEBLINAS<\/p>\n<p>Un pueblo es apenas una casa, un solar, una cuadra, un r\u00edo, una plaza o una totalidad. El \u00e1mbito raigal de cada vida. Para m\u00ed es una estaci\u00f3n\u00a0 en medio de verdores expandidos, con llegadas y partidas de trenes que a trav\u00e9s de unos rieles, perforando neblinas, insertaban en el letargo la evidencia de un mundo desconocido, incitante.<\/p>\n<p>Bajo las frondas y por las veredas de eucaliptos, pinos y datileras de penachos nos acostumbramos a convivir con personas de muy variados tipos, edades y lenguas. En aquel recinto natural, creado por un fundador de profundos amores vegetales, en total ignorancia de contenidos, percib\u00edamos como familiar la sonoridad de lenguas n\u00f3rdicas, germanas y eslavas. Nos parec\u00eda natural ese medio de comunicaci\u00f3n entre ellos, como entre nosotros,\u00a0\u00a0 a ratos y por conveniencia, el lenguaje del cuti o el del re: cuti me \u2013 cuti bus \u2013 cuti cas \u2013 cuti ma \u2013 cuti \u00f1a \u2013 cuti na \u2013 cuti m\u00e1s \u2013 cuti tem \u2013 cuti tem \u2013 cuti para \u2013 cuti no. Hasta la lluvia se nos hizo hermana de tanta gar\u00faa\u00a0 descendida a diario, empa\u00f1ando la visibilidad de los cerros contorneados de espigas luminosas y encendidos capinmelaos. Para qu\u00e9 paraguas, si ella siempre era inesperada y nos hab\u00eda habituado al humedecimiento de la ropa que luego el sol se encargaba de secar. \u00a1Cu\u00e1ntos aguaceros bajo limoneros franceses, n\u00edsperos del Jap\u00f3n, pomarrosos o granadillos!, hasta -a falta de mar- en el pretendido fondo del mar: honda y olorosa alfombra de residuos de pinos, nos guarecimos de los palos de agua, ni\u00f1os temerosos en la oscuridad provocada por el impedimento del follaje de con\u00e1ceas a la entrada de los rayos de sol. Otros ni\u00f1os macilentos y descalzos que miraban nuestros juegos desde sus viviendas al otro lado del lindero, eran nuestros posibles salvadores. Al cese de la lluvia, de regreso a las casas, nada hab\u00eda sucedido; en cambio, ellos permanec\u00edan con el alambre de p\u00faas ante sus mradas.<\/p>\n<p>Muchas correr\u00edas por el descampado de la estaci\u00f3n en busca de viejitas. De pronto, la alegr\u00eda y el miedo confundidos en gritos anunciaban hallazgo.<\/p>\n<p>Habr\u00eda entonces trofeo para exhibir ante los desconocidos del and\u00e9n y los curiosos de las cuadras vecinas. En deseos de m\u00e1s riesgos, la audacia conduc\u00eda al viaducto, imaginando y hasta oyendo voces\u00a0 que anunciaban la s\u00fabita cercan\u00eda de una locomotora. Los burlados guardias, ocultos en neblinas, estimulaban el aprendizaje de una serenidad\u00a0 aparencial, luego del terror perseguido.<\/p>\n<p>La agudeza del pito anunciador del tren que raudo deslizaba a nuestro lado, interrump\u00eda el encantamiento de juegos a pr\u00edncipes y reinas en a\u00e9reas ra\u00edces de \u00e1rboles centenarios. Cuando la humareda nos envolv\u00eda ya no ve\u00edamos m\u00e1s brujas encima de las copas, ni sent\u00edamos los pliegues de tules y terciopelos sobre armadores, ni los polisones, los cuellos erectos, las coronas, los encajes ni los rizos. Los remolinos de humo germinaban en otra enso\u00f1aci\u00f3n m\u00e1s et\u00e9rea y difusa: ansias de vuelo, \u00edmpetu de ascenso.<\/p>\n<p>Al bajar la mirada, l\u00e1nguidos rostros de tuberculosos, con fe en el milagro del carb\u00f3n, aspiraban el pretendido humo sanador. Eran los mismos que en romer\u00eda se iban tambi\u00e9n al matadero a ingerir sangre de res reci\u00e9n ultimada, y los que en cuartos con ventanas hacia la calle, cubiertas por blancas cortinas de visillos, permanec\u00edan en sus camas, meditabundos, aguardando la curaci\u00f3n o la muerte, imprecisos como el tiempo de espera, y mientras languideces y ensimismamientos iban colmando sus paciencias.<\/p>\n<p>Cada enfermo era personaje de una historia de vida trunca, de posibilidades cercenadas. Parece que historias semejantes a la de la dama de las camelias, con variantes sociales, se sucedieron en el pueblo; y otros muchos amores inconclusos, por causa de la tuberculosis, derivaron en resignados celibatos y viudeces sin consuelo.<\/p>\n<p>Muchas familias llegadas de todas partes a ese Leyzing venezolano continuaban en el pueblo despu\u00e9s de muerto el familiar enfermo, ya habituadas a aquel entorno de vegetaci\u00f3n, de rieles y de brumas. Gentes con destinos semejantes advert\u00edan la posibilidad de una digna existencia con escasos recursos. Desde entonces y para siempre, monta\u00f1as y neblinas se antepon\u00edan a lejanas transparencias.<\/p>\n<p><img decoding=\"async\" loading=\"lazy\" class=\"alignnone  wp-image-5678\" src=\"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-content\/uploads\/2022\/08\/lc15-300x191.jpg\" alt=\"\" width=\"652\" height=\"415\" srcset=\"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-content\/uploads\/2022\/08\/lc15-300x191.jpg 300w, https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-content\/uploads\/2022\/08\/lc15-768x489.jpg 768w, https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-content\/uploads\/2022\/08\/lc15.jpg 789w\" sizes=\"(max-width: 652px) 100vw, 652px\" \/><\/p>\n<p>TREN DEL ENCANTO<\/p>\n<p>Los domingos estiraban el tiempo del fastidio. El d\u00eda, liviano de atareos, extend\u00eda el silencio por el\u00a0 pueblo. La inercia colectiva pesaba, porque las distracciones eran reserva familiar.\u00a0 Las voces masculinas aglomeraban sus murmullos en sitios distanciados y fijos, donde grupos afines compart\u00edan alguna diversi\u00f3n de tiempo libre en galleras, bares y clubes. Un objeto rodante alteraba el silencio con su ruido met\u00e1lico y de viento. El silbato anunciaba la cercan\u00eda de un cargamento de alegr\u00eda bulliciosa. Verlo siquiera, aunque no se abordara, era como el desquite de la pautada inercia, de ese descanso semanal ayuno de emociones. El chirrido de ra\u00edles se hac\u00eda imperceptible\u00a0 bajo la algarab\u00eda de gente ilusionada con un d\u00eda vegetal decorado por cascadas. Las manos aleteantes eran aves ocultas en c\u00edrculos de humo. La bandada se nos iba acercando y descend\u00eda completando figuras dispuestas al saludo, al baile, a consumir bebidas contra el fr\u00edo, previos a la esperada estancia con m\u00e1s densas neblinas. Las novias, habitantes del pueblo o llegadas d\u00edas antes para un temperamento, acud\u00edan a esperar a\u00a0 sus enamorados que viajaban a verlas los domingos. A\u00f1os atr\u00e1s, iban ataviados con pajilla o camarita, distintivos de sociedad que adornaban el sencillo ambiente pueblerino.<\/p>\n<p>En el and\u00e9n se produc\u00eda una fiesta improvisada antes que los viajeros se internaran en espesos verdores, t\u00faneles y viaductos. En el trayecto se encend\u00eda la mirada con la m\u00faltiple llama de bucares en flor. Eucaliptus y pinos\u00a0 prodigaban los aires de pureza que s\u00f3lo aquel Halc\u00f3n contaminaba. \u00c1rboles centenar0ios expand\u00edan sus ramajes hasta hacerlos techumbres, reunidos en parajes para el feliz descubrimiento estaban los helechos, musgosos escalones conduc\u00edan hacia un encantamiento de pozos y cascadas o a quioscos donde se compart\u00eda el bastimento.<\/p>\n<p>De tanto encuentro y atrevimiento a cortar con audacia el susurro de las hojas y la canci\u00f3n de p\u00e1jaros del fr\u00edo, ya la locomotora era una hermana. Ir y venir era la obligaci\u00f3n de la esperanza, porque despu\u00e9s de un d\u00eda en El<\/p>\n<p>Encanto el deseo de volver surg\u00eda renovado. \u00a0Gratuita recreaci\u00f3n en permanente oferta cuando viajar era privilegio de ricos. Nuestro campo de cerros, gar\u00faas y neblinas, tan cercano a Caracas, con un tren incansable,\u00a0 convocaba\u00a0 por medio de los rieles para sentir a Dos en sus creaciones y era marco de paz a los afectos.<\/p>\n<p>Por la tarde, cuando el \u00faltimo tren cumpl\u00eda su regreso, se reanudaba en el and\u00e9n la fiesta. Todo eso se acab\u00f3. Quienes un d\u00eda asaltaron el tren como tributo a una violencia est\u00e9ril hizo inolvidable la masacre y el poder mir\u00f3 corto: hizo tapiar los rieles. El viaducto qued\u00f3 como mudo testigo de la v\u00eda clausurada. Feneci\u00f3 la estaci\u00f3n y sus verdores y el and\u00e9n s\u00f3lo existe en el recuerdo. El tren, despu\u00e9s de reconstruido, tuvo que recortar su itinerario, aunque mantiene, en su humilde presencia, el eco de infinidad de voces de existencias concluidas, de imposibles regresos.<\/p>\n<p>Y SIEMPRE LA ESTACI\u00d3N<\/p>\n<p>Los rieles se quedaron en el pueblo. Yo part\u00ed. Igual mis compa\u00f1eros. Por a\u00f1os escap\u00e9 a su enmarcamiento. Variados incentivos me atra\u00edan como delta en oferta de rutas tentadoras, por igual absorbentes.<\/p>\n<p>Con los rieles naci\u00f3 en m\u00ed un ansia de viajar, de desplazarme, una sed de horizontes, aquel deseo de transponer la niebla y abordar los vagones hacia las lejan\u00edas donde iban los rieles trazados por mi abuelo.<\/p>\n<p>Mi regreso a la estaci\u00f3n de ferrocarril, inexistente ahora, persiste s\u00f3lo en vaguedad de nieblas. La evoluci\u00f3n de una vida transformada por el aventamiento y la estancia en otros mundos, asomados antes a trav\u00e9s de los trenes, y en otros paraderos sin rieles y sin brumas, impelida por recuerdos vuelve insistentemente a su lugar de origen. Reiteraci\u00f3n de and\u00e9n, de paralelas l\u00edneas aceradas, de aleros y locomotoras que inevitablemente nos hablaron con pitos, penachos de humo negro, chirriar acompasado de metales, de la certeza y de la tentaci\u00f3n por lo desconocido.<\/p>\n<h4 style=\"text-align: right;\"><a href=\"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/carmen-mannarino\/\" target=\"_blank\" rel=\"noopener\">Sobre la autora<\/a><\/h4>\n<h6>*Tomado de: http:\/\/circulodescritoresvenezuela.org\/<\/h6>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Carmen Mannarino El tiempo de la infancia se presenta asistido en mi memoria por una insinuaci\u00f3n de rieles. Por raz\u00f3n de ellos vino mi abuelo desde el puerto franc\u00e9s de Marsella. En los trajines de puntualidad por causa de llegadas y salidas de trenes invirti\u00f3 muchos a\u00f1os mi padre. 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