{"id":552,"date":"2021-08-05T13:31:53","date_gmt":"2021-08-05T13:31:53","guid":{"rendered":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/?p=552"},"modified":"2023-11-24T18:40:48","modified_gmt":"2023-11-24T18:40:48","slug":"resena-historica-de-la-literatura-venezolana","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/resena-historica-de-la-literatura-venezolana\/","title":{"rendered":"Rese\u00f1a hist\u00f3rica de la literatura venezolana"},"content":{"rendered":"<h3 style=\"text-align: right;\">Julio Calca\u00f1o*<\/h3>\n<p>Desde el 12 de octubre de 1492, cuando Col\u00f3n pis\u00f3 tierra americana d\u00e1ndole a Espa\u00f1a un mundo y al cetro de los reyes cat\u00f3licos imperio universal como el del sol, hasta los principios de la revoluci\u00f3n de nuestra independencia pol\u00edtica, la que pudi\u00e9ramos llamar historia literaria de Venezuela, permanece envuelta en la profunda noche de la ignorancia, como resultado preciso del sistema de colonizaci\u00f3n practicado por nuestros mayores en todos sus dominios de Am\u00e9rica.<\/p>\n<p>Fat\u00edgase el esp\u00edritu en las investigaciones de aquellos lejanos tiempos; m\u00e1s incurrir\u00edamos en vulgaridad indigna de escritores concienzudos y veraces si nos hici\u00e9semos eco del cargo injusto de que s\u00f3lo la expropiaci\u00f3n y el exterminio guiaron las empresas conquistadoras de las huestes espa\u00f1olas que desembarcaron en Am\u00e9rica, como observa juiciosamente el insigne literario D. Nemesio Fern\u00e1ndez Cuesta.<\/p>\n<p>Contradice tan aventurado aserto el testimonio de la historia, los documentos oficiales que se conservan a\u00fan, el cruzamiento de la raza ind\u00edgena con la espa\u00f1ola y la existencia de millares de indios y aun naciones de \u00e9stos, monumentos vivientes que son una verdadera protesta, si se considera que no es ese el resultado obtenido por la gran mayor\u00eda de los pueblos colonizadores, los cuales han hecho siempre desaparecer las razas conquistadas. Las leyes de la metr\u00f3poli estaban llenas de palabras humanas . Los misioneros empezaban por plantar la cruz, edificar templos y predicar el Evangelio, con el prop\u00f3sito de obtener la conversi\u00f3n de los naturales y atraerlos a la vida civilizada.<\/p>\n<p>Cuando el obispo de Cartagena, Fray Jer\u00f3nimo de Loa\u00edsa, pidi\u00f3 licencia al Rey para fundar en el nuevo reino de Granada un colegio a cargo de los religiosos de la Orden de Santo Domingo, otorg\u00f3sela con recomendaci\u00f3n de que se diese en \u00e9l educaci\u00f3n gratuita a los hijos de indios principales .<\/p>\n<p>M\u00e1s tarde, por Real C\u00e9dula de 27 de abril de 1554, orden\u00f3 el Rey la fundaci\u00f3n de un colegio de indios; y al a\u00f1o siguiente otro para hu\u00e9rfanos espa\u00f1oles y mestizos. Luego, en 1607, se mand\u00f3 que los hijos de Caciques se educasen en un seminario a cargo de los padres jesuitas; porque, eran estos padres, y los religiosos dominicos y franciscanos, los que derramaban las luces de la instrucci\u00f3n en Am\u00e9rica.<\/p>\n<p>Pero es innegable que la ambici\u00f3n desatentada de la mayor parte de los caudillos; la p\u00e9sima organizaci\u00f3n de la propiedad, concentrada y sujeta al mayorazgo; la instituci\u00f3n del servicio corporal; los deplorables sistemas llamados de <em>mitad<\/em> y <em>repartimiento<\/em>; el monopolio; el odio a las castas, y la limitaci\u00f3n de la instrucci\u00f3n, que produc\u00eda aquella ignorancia en que, como resorte de gobierno, se cre\u00eda necesario mantener a los pueblos, fueron parte poderosa a que estuvi\u00e9semos alejados del progreso intelectual del mundo, a que pueblos hermanos por la sangre y las costumbres se despedazasen en lucha pavorosa, y por \u00faltimo, a que Espa\u00f1a perdiese la joya m\u00e1s valiosa de su corona.<\/p>\n<p>Los mismos escritores y poetas de la Pen\u00ednsula han hecho justicia a los pueblos de Am\u00e9rica. Quintana, el Tirteo espa\u00f1ol, el poeta coronado a los pies del trono, exclam\u00f3 en un rapto de l\u00edrica indignaci\u00f3n:<\/p>\n<p><em>Virgen del mundo, \u00a1Am\u00e9rica inocente!<\/em><br \/>\n<em>t\u00fa, que el preciado seno<\/em><br \/>\n<em>al cielo ostentas de abundancia lleno,<\/em><br \/>\n<em>y de apacible juventud la frente;<\/em><br \/>\n<em>t\u00fa, que a fuer de m\u00e1s tierna y m\u00e1s hermosa<\/em><br \/>\n<em>entre las zonas de la madre,<\/em><br \/>\n<em>debiste ser del hado,<\/em><br \/>\n<em>ya contra ti tan inclemente y fiero,<\/em><br \/>\n<em>delicia dulce y el amor primero;<\/em><br \/>\n<em>\u00f3yeme: si hubo vez en que mis ojos,<\/em><br \/>\n<em>los fastos de tu historia recorriendo,<\/em><br \/>\n<em>no se hinchasen de l\u00e1grimas: si pudo<\/em><br \/>\n<em>mi coraz\u00f3n, sin compasi\u00f3n, sin ira<\/em><br \/>\n<em>tus l\u00e1stimas o\u00edr \u00a1ah! que negado<\/em><br \/>\n<em>eternamente a la virtud me vea,<\/em><br \/>\n<em>y b\u00e1rbaro y malvado<\/em><br \/>\n<em>cual los que as\u00ed te destrozaron sea.<\/em><\/p>\n<p>Y m\u00e1s adelante:<\/p>\n<p><em>Su atroz codicia, su inclemente sa\u00f1a,<\/em><br \/>\n<em>crimen fueron del tiempo y no de Espa\u00f1a.<\/em><\/p>\n<p>\u00bfNo ten\u00eda raz\u00f3n el poeta? Durante los tres siglos de la dominaci\u00f3n espa\u00f1ola en Am\u00e9rica, imperaba en la Pen\u00ednsula el r\u00e9gimen del absolutismo y este r\u00e9gimen influ\u00eda poderosamente as\u00ed en la opresi\u00f3n, que se ejerc\u00eda aquende y allende, como en el precario estado de la instrucci\u00f3n p\u00fablica en todos los dominios de Espa\u00f1a, cuanto m\u00e1s en los de estas distantes colonias en que se tem\u00eda darle vuelo a la inteligencia del hombre.<\/p>\n<p>La literatura espa\u00f1ola, pobre, \u00e1spera y generalmente rudimentaria en la \u00e9poca de la formaci\u00f3n del idioma, brill\u00f3 con la restauraci\u00f3n cl\u00e1sica, que depur\u00f3 la lengua, desarroll\u00f3 el buen gusto y abri\u00f3 una era de esplendor y de gloria para todos los g\u00e9neros del arte. Pero como era natural que sucediese en una literatura esencialmente imitadora, cay\u00f3 en la exageraci\u00f3n, y al cabo el purismo dio muerte al buen gusto, y las musas, enfermo ya el esp\u00edritu, perdieron la gracia, la belleza y la soltura innatas que las hacen amables.<\/p>\n<p>Ya entrado el siglo XVIII, esta literatura, que hab\u00eda asombrado al mundo con obras maestras y sabios y poetas esclarecidos, estaba en completa decadencia. Aun la filosof\u00eda, la f\u00edsica, la medicina, el derecho y las ciencias naturales, ramos tan importantes del saber humano y que tienen estrecho enlace con las letras, hall\u00e1banse en tan lamentable atraso, que, excitadas las m\u00e1s c\u00e9lebres universidades peninsulares, la de Alcal\u00e1 y la de Salamanca, a reformar el plan de sus estudios, como puede verse en el <em>Teatro cr\u00edtico<\/em> de Feij\u00f3o en las <em>Cartas latinas<\/em> de Mayans, contestaron que no pod\u00edan apartarse del sistema del peripato, de esa metaf\u00edsica de Arist\u00f3teles que es una negaci\u00f3n de la libertad del hombre, que ahoga la responsabilidad humana y hace al destino sordo y a Dios impotente, como con tanto juicio afirma uno de los m\u00e1s doctos escritores de la Francia moderna.<\/p>\n<p>Restos s\u00f3lo de tan defectuoso sistema de instrucci\u00f3n p\u00fablica fue lo que plug\u00f3 a los gobernantes espa\u00f1oles dar a sus vasallos de esta parte de Am\u00e9rica, cuando en 1721, Felipe V, el protector de la Real Academia Espa\u00f1ola, orden\u00f3 la erecci\u00f3n de la Universidad de Venezuela.<\/p>\n<p>Con tal sistema y la prohibici\u00f3n de introducir libros nada pod\u00edamos saber los americanos de Newton y de Galileo, de Bacon y de Descartes, de Maquiavelo y de Montesquieu, de Locke y de Leibnitz, sobre todo cuando en Espa\u00f1a misma se cerraban las puertas a tan ilustres pensadores.<\/p>\n<p>Fue a fines del siglo \u00faltimo cuando la revoluci\u00f3n de los Estados Unidos del Norte, la revoluci\u00f3n de Francia y el consiguiente estado anormal de la Pen\u00ednsula, abrieron nueva senda a las ideas de los suramericanos, hicieron posible la introducci\u00f3n clandestina de libros prohibidos, y contribuyeron en gran manera a la lucha de independencia que cambi\u00f3 por completo la m\u00edsera condici\u00f3n de las colonias, las cuales acaso hubiera conservado Espa\u00f1a, con la pr\u00e1ctica de un sistema de colonizaci\u00f3n y gobierno m\u00e1s liberal, y con la difusi\u00f3n de las luces que preparan el coraz\u00f3n y el esp\u00edritu para figurar en la escena de la civilizaci\u00f3n.<\/p>\n<p>De tales restricciones, de tal presi\u00f3n, de tal vida forzada que de la libertad privaba al hombre de todos los goces intelectuales; de tales grillos con que gobernantes poco entendidos aprisionaban el pensamiento americano, proviene que Venezuela no haya tenido literatura en aquellos tiempos calamitosos, a pesar de que no siempre rigieron la Capitan\u00eda General de Caracas hombres escasos de ilustraci\u00f3n, talento y cultura.<\/p>\n<p>T\u00favolos el Gobierno civil de no limitados conocimientos e inteligencia, y t\u00favolos asimismo cultos y humanos. Gran letrado era Don Juan P\u00e9rez de Tolosa; e ilustraron tambi\u00e9n aquel eminente sitial el Marqu\u00e9s de la Regal\u00eda, Don Antonio \u00c1lvarez de Abreu, cuyo deudo, Don Jos\u00e9, hab\u00eda de ocupar m\u00e1s tarde en la Real Academia Espa\u00f1ola el mismo sill\u00f3n en que tom\u00f3 asiento el c\u00e9lebre Marqu\u00e9s de Villena, fundador y primer Director de la Corporaci\u00f3n; Don Mart\u00edn de Lardiz\u00e1bal, Fray Juli\u00e1n de Arriaga y Ribera Bail\u00edo y Don Manuel de Guevara y Vasconcelos. Varones de virtud y ciencia honraron igualmente el Gobierno de la Iglesia, desde el primer Obispo y Capit\u00e1n General Don Rodrigo de las Bastidas; Fray Juan de Manzanillo, que traslad\u00f3 la silla a Caracas; Don Juan L\u00f3pez Aburto de la Mata, que traslad\u00f3 a su vez la Catedral; y Fray Antonio Gonz\u00e1lez de Acu\u00f1a y el Dr. Don Diego de Ba\u00f1os y Sotomayor, fundadores estos \u00faltimos del Colegio Seminario de Santa Rosa, hasta nuestro primer Arzobispo Don Francisco de Ibarra, y Don Narciso Coll y Prat en cuya \u00e9poca se efectu\u00f3 la revoluci\u00f3n de independencia.<\/p>\n<p>Pero estos hombres ve\u00edanse impotentes por la ley para dar otra direcci\u00f3n a la instrucci\u00f3n p\u00fablica en Venezuela; y tanto por tal motivo cuanto por hallarse la educaci\u00f3n literaria y cient\u00edfica a cargo de dominicos, jesuitas y franciscanos, los conocimientos literarios se fincaban, puede decirse as\u00ed, en el estudio de la gram\u00e1tica latina, aun con notable perjuicio de la castellana, en grado sumo descuidada.<\/p>\n<p>De ah\u00ed que s\u00f3lo contemos como caudal propio en aquella \u00e9poca algunos vej\u00e1menes y otras poes\u00edas de diverso g\u00e9nero, p\u00e1lidas todas y generalmente mal rimadas; la primera parte de la <em>Historia de la conquista y poblaci\u00f3n de la provincia de Venezuela<\/em>, por Don Jos\u00e9 de Oviedo y Ba\u00f1os, obra importante por la autenticidad de sus noticias, y cuya segunda parte, a\u00fan manuscrita a la saz\u00f3n, fue sustra\u00edda al se\u00f1or Coronel Don Feliciano Montenegro Col\u00f3n, y, seg\u00fan se dice, consumida por el fuego; y entre otras, de las cuales algunas por imperdonable incuria no han visto todav\u00eda la luz p\u00fablica, el<em> Teatro de Venezuela y Caracas<\/em> por Don Blas Jos\u00e9 Terrero, fraile franciscano de grande erudici\u00f3n y talento. Contiene esta obra apuntaciones biogr\u00e1ficas de todos los Gobernadores y Capitanes Generales desde Ambrosio de Alf\u00ednger hasta el Brigadier Emparan, y las biograf\u00edas de todos los Obispos desde Don Rodrigo de las Bastidas hasta el se\u00f1or Arzobispo Ibarra. De incontestable importancia hist\u00f3rica, lleva esta obra al margen la lista de los documentos aut\u00e9nticos de que pudo servirse el autor.<\/p>\n<p>M\u00e1s favorecidas que Caracas fueron en este punto las ciudades de M\u00e9xico, Lima y Bogot\u00e1, donde florecieron historiadores, cronistas y poetas notables; empero puede asegurarse que de estos \u00faltimos lo que mayor nombrad\u00eda alcanzaron fueron espa\u00f1oles, o americanos que hicieron sus estudios en la Pen\u00ednsula, o se ilustraron en viajes por Europa, como Don Alonso de Ercilla y Z\u00fa\u00f1iga, poeta \u00e9pico, atrevido y en\u00e9rgico, que descoll\u00f3 en Chile, y embelesa con episodios heroicos y llenos de animaci\u00f3n; Alarc\u00f3n, fil\u00f3sofo y moralista, autor inmortal de <em>La verdad sospechosa<\/em>: Guti\u00e9rrez de Cetina, llamado el Anacreonte espa\u00f1ol; Antonio de Sol\u00eds, poeta correcto y armonioso, y modelo de prosadores castellanos; Sor Juana In\u00e9s de la Cruz, apellidada la d\u00e9cima musa; y entre otros m\u00e1s, Juan de Castellanos, gran poeta, aunque descuidado e incorrecto; y Carlos de Sig\u00fcenza y G\u00f3ngora, cuyas poes\u00edas fueron superadas por sus disertaciones cr\u00edticas e hist\u00f3ricas.<\/p>\n<p>Verdad es que a creer a Castellanos no faltaron buenos poetas en otros puntos de la Am\u00e9rica hispana, como Juan y Diego de Guzm\u00e1n, Liendo, Arce de Quir\u00f3s, Laso, Villasirga y Vejarano, en la Isla Espa\u00f1ola; Lorenzo Mart\u00edn en Santa Marta; Jorge de Herrera, Fernando de Vir\u00faes; Ferm\u00edn Mateos y Diego de Miranda en nuestra isla de Margarita; pero ning\u00fan monumento nos queda de estos poetas y si hemos de juzgar por los sonetos de Francisco Soler; Diego de Buitriago y Crist\u00f3bal de Le\u00f3n, naturales de la Nueva Granada, y por los cuartetos que nos quedan del Licenciado Don Alonso Escobar, Can\u00f3nigo de la Catedral de Caracas, ni las poes\u00edas de aquellos ni las de nuestro De\u00e1n Don Juan de Robledo, gran amigo de Castellanos y por \u00e9l mencionado, ser\u00edan cosa de estima. El mismo Castellanos, maestro acaso de nuestros literatos de aquellos tiempos, educado en Espa\u00f1a y poeta se\u00f1alad\u00edsimo, peca, como hemos dicho ya, por la suma incorrecci\u00f3n, y su pobreza resalta en el verso blanco, vi\u00e9ndose a las claras que, aunque empapado en la lectura de los cl\u00e1sicos latinos, poco tiene de literato en la genuina acepci\u00f3n de la palabra, puesto que desconoce las reglas m\u00e1s triviales de la versificaci\u00f3n castellana, abunda en expresiones vulgares y de mal gusto, y aun viola sin misericordia la sintaxis del idioma.<\/p>\n<p>En vano buscar\u00edamos en los desma\u00f1ados poetas y literatos de la colonia venezolana el sello glorioso de la rica y majestuosa poes\u00eda espa\u00f1ola, ni la correcci\u00f3n y belleza de su prosa; en vano la elocuencia de los Luises de Le\u00f3n y de Granada, la pureza de Jovellanos y la gracia de Mel\u00e9ndez Vald\u00e9s; ni el galano ingenio de Calder\u00f3n y de Cervantes; ni la dulzura de Figueroa; ni el nervio de Cienfuegos; ni el corte cl\u00e1sico de entrambos Moratines.<\/p>\n<p>Nuestra literatura alborea con el sol de la revoluci\u00f3n de independencia. Fue entonces cuando comenzamos a experimentar la necesidad de estudiar y conocer al hombre en el hombre mismo; necesidad que es la verdadera base de las letras humanas. Ciegos en medio de aquella profunda noche de tres siglos, abri\u00e9ndose repentinamente nuestros ojos a la luz soberana del derecho y de la libertad, y aprendimos a pensar, a estudiar y a sentir. La literatura no es un ramo determinado de los conocimientos humanos: abr\u00e1zalos todos, como que es ella la que revela al m\u00e9dico los aforismos de la ciencia; al magistrado las luces del derecho y de la elocuencia; al pol\u00edtico las causas y las consecuencias de las humanas vicisitudes; al economista las leyes de la riqueza de las naciones; al fil\u00f3sofo, al poeta, al agricultor, los principios morales, las reglas del arte, las observaciones de los hombres experimentados; y siendo esto as\u00ed, indiscutible es que no pod\u00eda haber progreso donde no hab\u00eda luces, y que la literatura ten\u00eda que permanecer como un embri\u00f3n bajo el r\u00e9gimen establecido por los gobernadores de la colonia.<\/p>\n<p>La revoluci\u00f3n de independencia trae un movimiento de vida inusitado que presagia una nueva era para la patria. Asoma el anhelo de saberlo y comprenderlo todo; y al lado de las juntas revolucionarias se efect\u00faan otras esencialmente literarias en la casa de Don Luis y Don Francisco Javier de Ust\u00e1riz, donde promueven las artes de la paz dos hombres de letras tan sabios como piadosos, Don Miguel Jos\u00e9 Sanz y Don Jos\u00e9 Antonio Montenegro. De aquellos j\u00f3venes patriotas, unos vivir\u00e1n para ser orgullo de la grandeza de Colombia; morir\u00e1n otros en los campos de batalla, luchando por tan noble causa, como Garc\u00eda de Sena y Antonio Mu\u00f1oz T\u00e9bar, malogrados en flor por el soplo de la tempestad revolucionaria; otros quedar\u00e1n para la inmortalidad, como Andr\u00e9s Bello, que apareci\u00f3 a la saz\u00f3n para perfeccionarse, y para brillar con las generaciones posteriores, porque aquella no era la \u00e9poca de los poetas, sino la \u00e9poca de la lucha tit\u00e1nica de la soberan\u00eda popular contra la soberan\u00eda de los reyes, y aun la voz del joven Bello hubiera tenido que ser apagada por el ruido de los combates, por los ayes de los vencidos y los gritos de victoria de los vencedores, sobre que nadie pose\u00eda alma ni aliento sino para herir o defenderse. Aquella literatura no pod\u00eda ser m\u00e1s pobre. Vicente Salinas, autor de <em>La medicomaquia<\/em>, aunque ingenioso y f\u00e1cil, es prosaico y gusta de emplear expresiones vulgares. Vicente Tejera es tan fr\u00edo y amanerado como Domingo Navas Sp\u00ednola. Pelgr\u00f3n escribe coplas donosas, pero que acusan su escasa instrucci\u00f3n. Jos\u00e9 Domingo D\u00edaz, el portaestandarte de Boves en la prensa, moja la pluma en sangre; y escribe un drama, <em>In\u00e9s<\/em>, y da a la luz otros trabajos literarios de condiciones nada viables, como que murieron al nacer. Tampoco logra vivir el drama <em>An\u00edbal<\/em> del poeta Gonz\u00e1lez. Nadie hace memoria de los versos de Arroyal y de Eguiarreta; y Don Jos\u00e9 Luis Ramos, helenista, humanista y gram\u00e1tico de m\u00e9rito, no lega a la posteridad obra maestra alguna que sirva de regocijo a las musas. Lo repetimos, aquella \u00e9poca de transici\u00f3n violenta no es la \u00e9poca de los poetas; pero el ardor de las pasiones, las ideas sublimes de patria, independencia y libertad, exaltaban el esp\u00edritu y el coraz\u00f3n; y Venezuela contaba, en cambio, con brazos de acero y con tribunos dignos del foro de la antigua Roma.<\/p>\n<p>La frase de Bol\u00edvar, limpia, vigorosa, inspirada, arrebatada de entusiasmo. Antonio Nicol\u00e1s Brice\u00f1o era un tribuno valeroso, aunque sombr\u00edo, que buscaba su filiaci\u00f3n en los republicanos exaltados de la revoluci\u00f3n francesa. Coto Pa\u00fal era como un trueno, pr\u00e9sago de la c\u00f3lera popular. Antonio Mu\u00f1oz T\u00e9bar hablaba como Dem\u00f3stenes. La voz de Sanz hubiera arrancado aplausos en la plaza de Atenas; Felipe Ferm\u00edn de Pa\u00fal, Espejo, Pe\u00f1a, Roscio, Yanes, Pe\u00f1alver, Quintana, Sata y Bussy, y tantos otros, brillaban en los congresos y en la prensa como astros de aquel cielo de h\u00e9roes.<\/p>\n<p>Necesario ser\u00eda transportarnos en idea a los mejores tiempos de Grecia y de Roma, para encontrar hombres que se asemejen a \u00e9stos de la gloriosa generaci\u00f3n de la independencia; y en quienes como en ellos irradie la virtud cual un sol de primavera. Falt\u00e1bale en verdad a la raza hispana americana el numen de la libertad para ser admiraci\u00f3n del mundo como sus ilustres progenitores de Numancia y Zaragoza; y supo encontrarlo tan generoso en el altar de nuestras selvas y llanuras, como los antiguos bardos en sus po\u00e9ticas monta\u00f1as.<\/p>\n<p>Despu\u00e9s de aquella lucha de titanes entre legiones tan heroicas, como que en todas herv\u00eda la misma sangre y alentaba el mismo varonil esp\u00edritu, determinose en la Rep\u00fablica un evidente progreso intelectual, merced a las libertades p\u00fablicas, a la reforma de los estudios decretada por Bol\u00edvar, y al comercio sin trabas que permiti\u00f3 la introducci\u00f3n de toda clase de libros; pero como la situaci\u00f3n de la Rep\u00fablica era excepcional, y la independencia hubo de engendrar en fuerza de l\u00f3gica una lucha de principios encaminada a destruir preocupaciones coloniales y a poner al pueblo en posesi\u00f3n del patrimonio de sus derechos, la \u00e9poca que se sigui\u00f3 fue m\u00e1s bien pol\u00edtica que literaria. Parte ella de la disoluci\u00f3n de Colombia y fundaci\u00f3n de la Rep\u00fablica de Venezuela.<\/p>\n<p>Ese per\u00edodo presenta hombres de talento y saber consagrados, tanto cuanto el estado del pa\u00eds lo permit\u00eda, al fomento de las bellas letras. Tenemos ya verdaderos poetas, pero, exceptuando a Bello, Baralt y Garc\u00eda de Quevedo, literatos y poetas de reputaci\u00f3n universal que abandonaron la patria y se formaron o perfeccionaron en extranjeras playas, el parnaso nacional no es abundante de riquezas. Los versos de estos hombres ilustres, y no la espontaneidad y vuelo de la genuina inspiraci\u00f3n. Rafael Arvelo, gran talento y agudo ingenio, entrega su musa a la improvisaci\u00f3n pol\u00edtica. Jos\u00e9 Hermenegildo Garc\u00eda, Luis Alejandro y Jer\u00f3nimo E. Blanco, Crist\u00f3bal Mendoza, Jos\u00e9 Silverio Gonz\u00e1lez, Jos\u00e9 Mar\u00eda Salazar y alg\u00fan otro no alcanzan a producir las grandes creaciones del verdadero genio: s\u00f3lo Mait\u00edn, poeta correcto y puro, y Lozano, que aparece por el a\u00f1o de 46 y era a la saz\u00f3n un ni\u00f1o, se distinguen y alcanzan popularidad en aquella \u00e9poca; empero sus cantos, verdaderas endechas de corazones heridos por el desenga\u00f1o, dan testimonio de la escasa atenci\u00f3n con que por entonces se miraba el habla de los dioses. Contamin\u00e1bales adem\u00e1s el estro rom\u00e1ntico de los poetas franceses, espa\u00f1oles e ingleses del siglo, y ahogaron por largo espacio de tiempo en la imitaci\u00f3n su natural ingenio y clar\u00edsimo talento, si bien andando los tiempos rompieron ambos aquellos grillos. Mait\u00edn con sus preciosas quintillas y redondillas, y Lozano con sus admirables versos a Barquisimeto, la r\u00e1bida leona, con los cuales parece que quiso imitar las varoniles estrofas de Manzoni. Otros m\u00e1s formaron s\u00e9quito en aquella \u00e9poca a Mait\u00edn y Lozano, pero exageraron el romanticismo en aquel estilo ampuloso, pintorreado y rimbombante que, engendrado en Francia por el socialismo, invadi\u00f3 la Europa y la Am\u00e9rica en el primer tercio del siglo [XIX]. Tal forcejea por invadirlas hoy la nueva escuela naturalista, nacida al calor de las disociadoras doctrinas comunistas.<\/p>\n<p>Mas este camino de la poes\u00eda en nuestra patria, si bien hecho m\u00e1s escabroso por las circunstancias apuntadas, era, por otra parte, el que ten\u00eda que seguirse, como consecuencia del ya recorrido por el arte de los dioses en la Europa civilizada. Pobre, \u00e1spero y rudo \u00e9ste en sus principios, como las lenguas que se descompon\u00edan para amalgamarse luego con restos de otras lenguas y de b\u00e1rbaros dialectos, que al fin tomaron los idiomas neolatinos, permaneci\u00f3 en tan larga gestaci\u00f3n hasta la \u00e9poca del renacimiento o restauraci\u00f3n del clasicismo, que desarroll\u00f3 ampliamente y depur\u00f3 los idiomas, imprimi\u00f3 limpidez y tersura a la frase y puliment\u00f3 el plectro. Diole m\u00e1s tarde muerte el preceptismo determinado naturalmente por la exagerada imitaci\u00f3n del clasicismo, y las musas abandonaron con tristeza su templo a intrusos \u00eddolos, desconocidos de las Gracias y privado del <em>quid divinum<\/em>, que es atributo que las deidades inmortales trasmiten a sus escogidos.<\/p>\n<p>A fines del siglo XVIII la revoluci\u00f3n filos\u00f3fica y pol\u00edtica conmoviendo las sociedades hasta en sus m\u00e1s s\u00f3lidos cimientos, penetra con esp\u00edritu de desenvuelta libertad en el campo de las letras y da vida al romanticismo, que no es m\u00e1s que una manifestaci\u00f3n revolucionaria, y como tal transitoria, de sublimes arranques aunque lamentables aberraciones, como las de la terrible conmoci\u00f3n que lo hab\u00eda producido y arrastr\u00f3 luego las sociedades y las letras a la sima del socialismo.<\/p>\n<p>En el inmenso vac\u00edo que esta doble revoluci\u00f3n ha dejado en las almas, la poes\u00eda, fluctuando entre la duda y la esperanza, bate hoy las alas como en busca de nuevos ideales, y, guiada por sus sacerdotes, se remonta a las cumbres sagradas parece y entrever un nuevo sol de fecundidad y de gloria.<\/p>\n<p>De ah\u00ed que ayer no tuvi\u00e9ramos verdaderos poetas, y hoy los tengamos, si no tan grandes como los que inmortalizaron la lira de Grecia y la de Roma, no indignos de admiraci\u00f3n y prez.<\/p>\n<p>Bello nos deleita con sus magn\u00edficos versos \u00abA la agricultura de la zona t\u00f3rrida\u00bb; sed\u00facenos Baralt con su brillante oda \u00abA Col\u00f3n\u00bb; Toro nos ense\u00f1a a admirar las proezas de los indios y a llorar sus infortunios; Garc\u00eda de Quevedo nos traslada a aquellos tiempos en que los poetas llevaban en una mano el la\u00fad y en la otra la espada; y Arvelo nos acuerda de Marcial con sus chistes picarescos y acerados.<\/p>\n<p>En la prosa cont\u00e1bamos con no escaso tesoro. Bello y Baralt carec\u00edan de rivales. Toro, incomparable orador, era un literato que hubiera esparcido luz en cualquiera Academia: \u00abLa viuda de Corinto\u00bb es una joya engastada en el riqu\u00edsimo metal de los escritores de la antigua Grecia. Juan Vicente Gonz\u00e1lez no le iba en zaga cuanto a la erudici\u00f3n y el gusto, y se le adelantaba en la brillantez y la vehemencia del estilo. Felipe Larraz\u00e1bal era como cincelador de la palabra; y fuera de \u00e9stos, Guzm\u00e1n, Rend\u00f3n, Lander, Espinal Echeand\u00eda, Calca\u00f1o, Bruzual, Rojas y otros m\u00e1s, hacen resplandecer la prensa y el parlamento.<\/p>\n<p>Las letras estaban a la altura de aquella \u00e9poca en que ten\u00edamos sabios como Vargas; facultativos como Arvelo, Acosta y Rodr\u00edguez; bot\u00e1nicos como Ben\u00edtez; pol\u00edticos como Don Diego Bautista Urbaneja; economistas como Don Santos Michelena; hacendistas como Aranda y Olavarr\u00eda; matem\u00e1ticos como Cagigal; oradores como \u00c1vila, Talavera y Espinosa.<\/p>\n<p>Aquellos varones insignes tend\u00edan con sus ilustraci\u00f3n y calidez a fundar una verdadera Rep\u00fablica en que se sostuviese con honra el cetro del saber y la virtud; y ello con una constancia y abnegaci\u00f3n de que presenta pocos ejemplos la historia de las antiguas democracias.<\/p>\n<p>Pero siguiose a \u00e9ste un per\u00edodo de sangrientas guerras civiles que anonadaban el esp\u00edritu. Las letras necesitan que el templo de Jano se cierre y que la paz abra con sus dedos de rosa el santuario amado de las musas, o las lleve a los bosques y a las selvas pobladas de perfumadas flores, de dr\u00edadas y rumores misteriosos; y es as\u00ed que de aquella gallarda juventud que principiaba, y en la cual descollaban al lado de Lozano, de Mait\u00edn, de Escobar y de Don Juan Vicente Camacho (de los cuales nos entusiasma el primero con su canto a Barquisimeto y nos conmueven los \u00faltimos con sus tristes eleg\u00edas), un Jos\u00e9 Antonio Calca\u00f1o, que deleita con su vigorosa inspiraci\u00f3n; un Yepes, que encanta con la delicadeza y gallard\u00eda de su musa; un Pardo, que parec\u00eda nacido para cantar batallas; un Ar\u00edstides Calca\u00f1o, de flexible numen y pasmosa fecundidad; un Guardia, que se lanza al espacio como las \u00e1guilas; es as\u00ed, decimos, que de aquella instruida y culta juventud, los que no murieron en la flor de su edad llegaron a dedicarse por entero a las letras y alcanzar la madurez de su talento en la \u00e9poca de la guerra federal, para brillar al par con la generaci\u00f3n que hoy promete d\u00edas de gloria a Venezuela, y que cuenta en su seno poetas y literatos ilustres que se distinguen en todos los ramos del saber y espigan en todos los g\u00e9neros.<\/p>\n<p>Como poetas se\u00f1\u00e1lanse hoy, entre otros cuyos nombres constan en diversos lugares de este escrito, Don Vicente Coronado, Don Domingo Ram\u00f3n Hern\u00e1ndez, Don Miguel S\u00e1nchez Pesquera, Don Fernando Morales, Don Jacinto Guti\u00e9rrez Coll, Don Diego Jugo Ram\u00edrez, Don Santiago Gonz\u00e1lez Guin\u00e1n, Don Juan Antonio P\u00e9rez Bonalde, Don Ildefonso V\u00e1squez, Don J. M. Ortega Mart\u00ednez, Don Jes\u00fas Mar\u00eda Monasterio Vel\u00e1squez, Don Pablo Arocha, Don Carlos Calca\u00f1o, Don Calixto Pompa, y algunos m\u00e1s, de los cuales los que mayor nombrad\u00eda obtienen, como los Estelleres, Don Francisco Pimentel, Don Octavio Hern\u00e1ndez, Don Sim\u00f3n Soublette, Iturbe, M\u00e9ndez Mendoza, L\u00f3pez M\u00e9ndez, D\u00edaz Lecuna, Aguerrevere, Moncada, Herrera Toro, pertenecen a la nueva generaci\u00f3n, la que tiene tambi\u00e9n aventajados prosadores como Don Jos\u00e9 Gil Fortoul, Don Crist\u00f3bal Mendoza, Don Teodardo Gonz\u00e1lez, Don Lisandro Alvarado, Don Julio Toro, Calca\u00f1o Mathieu, Silva Gandolphi, M\u00e1rmol, Bruzual Serra.<\/p>\n<p>En los dem\u00e1s ramos de las letras, n\u00f3tase el adelantamiento de la Rep\u00fablica. Si en la dram\u00e1tica no pod\u00edamos presentar otra obra de m\u00e9rito que la introducci\u00f3n de la <em>Ifigenia en \u00c1ulide<\/em>, de Racine, debida a Don Domingo Navas Sp\u00ednola, hoy podemos vanagloriarnos de poseer algunas dignas de atenci\u00f3n entre un centenar publicadas o in\u00e9ditas.<\/p>\n<p>Adem\u00e1s de los dramas de Garc\u00eda de Quevedo, merecedores de elogio por arte y la versificaci\u00f3n, ya que no por el sentimiento, en que no era pr\u00f3digo aquel eminente literato, indicaremos los de Don Heraclio Mart\u00edn de la Guardia, si bien entre los de \u00e9ste s\u00f3lo encontramos que pidan parar la consideraci\u00f3n el intitulado <em>G\u00fcelfos y Gibelinos<\/em>, argumento ya tratado en el teatro de Italia, y no mal desempe\u00f1o por nuestro autor, quien presenta entre otros aciertos una escena capaz por s\u00ed sola de granjearle merecida reputaci\u00f3n; y el que lleva por t\u00edtulo <em>Parisina<\/em>, de mayor arte y movimiento que todos los dem\u00e1s de este laborioso dram\u00e1tico.<\/p>\n<p><em>Nicol\u00e1s Rienzi<\/em>, drama de Don Eloy Escobar, alcanzar\u00eda a ser citado como obra de m\u00e9rito excepcional, si el autor se hubiese ajustado m\u00e1s a las imposiciones del arte y no se hubiese dejado arrastrar por el lirismo, el cual ha debilitado el efecto dram\u00e1tico en una pieza que por la naturaleza del argumento y las exigencias del g\u00e9nero, ped\u00eda menos prodigalidad de adornos y mayor naturalidad y precisi\u00f3n en la frase.<\/p>\n<p>El gran actor espa\u00f1ol Vico reconoci\u00f3 en Madrid las dotes literarias del drama <em>La cruz de la honra<\/em> de Don Francisco de P. Calca\u00f1o y Paniza, si bien para los efectos de un triunfo esc\u00e9nico lamentaba que el desenlace no se ajustase a los principios de la moderna escuela realista, que Echegaray y sus disc\u00edpulos han entronizado en el teatro de Espa\u00f1a.<\/p>\n<p>A las antiguas escuelas, inmortalizadas por tantos ingenios pr\u00f3ceres que ten\u00edan en mejor concepto la belleza dram\u00e1tica, pertenecen <em>Cristina<\/em>, de Don Jos\u00e9 Antonio Calca\u00f1o; <em>Por el camino del mal<\/em>, de Don F\u00e9lix Soublette; <em>Los bastardos reales<\/em>, de Don Vicente Micolao y Sierra; <em>Luchas del hogar<\/em>, de Don Nicanor Bolet Peraza; <em>Luchar para vencer<\/em>, de Don Felipe Esteves; <em>La honra de la mujer<\/em>, de Don An\u00edbal Dominici; <em>El toque de Ave Mar\u00eda<\/em>, de Don Julio Guadalajara, y otras piezas que, por no hacer pesadas y largas estas apreciaciones nos vemos en la precisi\u00f3n de omitir; mas no podemos menos de agregar que Don Luis Calca\u00f1o y Paniza y Don Marco Antonio Saluzzo han enriquecido nuestro modesto repertorio con dos traducciones magistrales, el primero con la de <em>Francesca de R\u00edmini<\/em>, de Silvio Pellico, en robustos y apasionados versos; y con la de <em>Severo Torelli<\/em>, de Francisco Copp\u00e9e, el segundo, en suelta y galana prosa.<\/p>\n<p>La \u00e9pica tiene tambi\u00e9n sus representantes. De estos el m\u00e1s sobresaliente es el se\u00f1or D. Felipe Tejera, cuyo poema \u00abLa Boliviada\u00bb supera a los dem\u00e1s que ha dado a luz este incansable literato.<\/p>\n<p>El asunto elegido por el poeta, destinado a cantar los hechos maravillosos de la independencia de Am\u00e9rica, aquel combate mitol\u00f3gico, por decirlo as\u00ed, entre la libertad y el despotismo, es mayor desde el punto de vista de su alteza, que el de la ca\u00edda de la ciudad frigia y el de la fundaci\u00f3n de la de Eneas; mayor que el de la lucha entre la ambici\u00f3n y la libertad cantada por Lucano; y mayor que el de la pelea entre dos bandos religiosos, base o argumento de la <em>Henr\u00edada<\/em>; y tanto por tal grandeza cuanto por las condiciones de una \u00e9poca literaria de transici\u00f3n como la que actualmente alcanzamos, el esfuerzo del poeta revela el atrevimiento de su musa; y antes merece aplauso que censura, porque tan excelso asunto requer\u00eda tiempos m\u00e1s apropiados y la trompa poderosa de un Homero; y el poeta se ha desempe\u00f1ado con bastante acierto y en versos majestuosos y sonoros, dignos de la epopeya.<\/p>\n<p>Al hablar de este g\u00e9nero de poes\u00eda imposible ser\u00eda pasar en silencio el nombre de Don Jos\u00e9 Mar\u00eda N\u00fa\u00f1ez de C\u00e1ceres, autor de varios poemas \u00e9pico-burlescos. El esp\u00edritu de Don Vicente Salias, que acaso quiso tomar por modelo a Villaviciosa y Lope de Vega, ha revivido en N\u00fa\u00f1ez de C\u00e1ceres, admirador de Hipponax y de Boileau, de Pulci y de Bracciolini. De lamentar es que este ingenioso poeta vea con indiferencia tanta la hermosura del verso y la pureza de la dicci\u00f3n.<\/p>\n<p>La novela, que por su forma y su fondo participa de la \u00e9pica y de la dram\u00e1tica, tiene entre nosotros sacerdotes esforzados, se\u00f1al\u00e1ndose entre \u00e9stos Don Juan Alfonzo, Don Eduardo Blanco, Don Jos\u00e9 Mar\u00eda Manrique, Don Tom\u00e1s Michelena, Don R. I. Montes y Don Francisco \u00c1\u00f1ez Gabald\u00f3n; pero justo es decir, que, la novela venezolana, como imitadora que es de la francesa, no manifiesta estudio de nuestra sociedad y m\u00e1s se atiene al inter\u00e9s del argumento que al conocimiento perfecto del coraz\u00f3n humano, defecto com\u00fan a la mayor parte de los noveladores de todos los pa\u00edses, y raz\u00f3n y motivo de la ef\u00edmera vida de tantas obras en g\u00e9nero tan esencialmente humano.<\/p>\n<p>No diremos igual cosa de la historia. \u00c9sta ha tenido en Baralt y en Don Juan Vicente Gonz\u00e1lez calificados y gloriosos ap\u00f3stoles, y meritorios colaboradores en Yanes, Don Manuel Palacio, Larraz\u00e1bal, Austria, Ar\u00edstides Rojas, Azpurua, los Tejeras, Pachano, Andr\u00e9s A. Level, Gonz\u00e1lez Guin\u00e1n, Eduardo Blanco y Lossada Pi\u00f1eres.<\/p>\n<p>La cr\u00edtica, si no sali\u00f3 con Don Sab\u00e1 Rodr\u00edguez Maya y Don Alejandro Peoli de los estrechos l\u00edmites que le se\u00f1alaron un Hermosilla y un Villegas, descoge ya las alas y penetra en los espacios de la ciencia y del arte con un Gonzalo Pic\u00f3n Febres, un Ram\u00f3n de la Plaza, un Leopoldo Terrero, y otros talentos penetrados de la importancia de tan alto sacerdocio, que m\u00e1s que ning\u00fan otro requiere vast\u00edsimo saber y generosas elaciones.<\/p>\n<p>Morales Marcano, eximio traductor de Horacio, Don Cecilio Acosta, profundo en todos los g\u00e9neros, Fombona Palacio, Zerpa, Don Ermelindo Rivod\u00f3, Don P. J. Coronado, Don Idelfonso Riera, Don Amenorodo Urdaneta, Portillo, Dagnino, Seijas, Don Pedro Arismendi, Don Le\u00f3n Lameda, Car\u00edas, resaltan por erudici\u00f3n; y si es cierto que entre nuestros escritores de costumbres no podemos presentar ning\u00fan Larra, injusticia ser\u00eda no mencionar los nombres de Don Daniel Mendoza, Don Sim\u00f3n Camacho, Don Jos\u00e9 Mar\u00eda Rojas, Don Francisco de Sales P\u00e9rez, Don Pedro J. Hern\u00e1ndez y Don Andr\u00e9s Silva, que en sus ensayos han mostrado m\u00e1s o menos acierto y constancia.<\/p>\n<p>La f\u00e1bula ha tenido un no indigno disc\u00edpulo de Esopo, lleno de originalidad y gracia, en Don Jes\u00fas Mar\u00eda Sistiaga; y la epigram\u00e1tica en Don M. M. Fern\u00e1ndez, Don J. A. Arvelo, Don M. M. Berm\u00fadez, Don Sim\u00f3n Calca\u00f1o y Don J. J. Breca; pero si en algunos g\u00e9neros como en \u00e9stos es tan escaso el n\u00famero de los que a ellos se han aplicado, en la oratoria y en el periodismo, como sucede en todos los pa\u00edses democr\u00e1ticos sometidos al r\u00e9gimen parlamentario, son incontables los que han logrado justa y honrosa popularidad. La oratoria profana atesora un Guzm\u00e1n Blanco, un Eduardo Calca\u00f1o, un Saluzzo, un Villanueva, un Andueza Palacio, un Terrero Atienza; la sagrada, un Andr\u00e9s Riera Aguinagalde, un Castro, un Amitesarove, un Rodr\u00edguez, un Vizcaya. Ni cabr\u00eda en estos estrechos l\u00edmites la n\u00f3mina de los periodistas de nota en que abunda la Rep\u00fablica; y por dem\u00e1s estar\u00eda que trat\u00e1semos de los trabajos ling\u00fc\u00edsticos y filol\u00f3gicos publicados recientemente, y entre los cuales son los m\u00e1s se\u00f1alados los de los se\u00f1ores Don Rafael M. Baralt, Don Ricardo Ovidio Limardo, Don Carlos de la Guerra, Don J. B. Calca\u00f1o y Paniza, Don R. I. Montes, Don Luis Mar\u00eda D\u00edaz y Don Baldomero Rivod\u00f3.<\/p>\n<p>Imposible ser\u00eda estudiar todas las fases del arte y mencionar a todos sus adeptos en un escrito de este linaje, destinado a bosquejar el adelantamiento literario del pa\u00eds y a presentar de resalte cuanto perjudican al genio del hombre la opresi\u00f3n y las guerras civiles, y como, a favor de la libertad y de la justicia, se desarrollan las ciencias y las artes, adquiere vuelo el ingenio, y la gloria encumbra en sus alas las producciones de la inteligencia y el saber.<\/p>\n<p>Tanto es esto as\u00ed, que aun la poes\u00eda popular, que en todos los pueblos precede a la erudita, no alcanz\u00f3 a nacer y desarrollarse entre nosotros sino cuando los pueblos se vieron ya en el pleno goce de su independencia y libertad, como si aquellos esclavos africanos y aquellos ind\u00edgenas b\u00e1rbaros, embrutecidos y azotados, que compon\u00edan la mayor parte de nuestro pueblo, no encontrasen voz con que lamentar su profundo infortunio.<\/p>\n<p>En la \u00e9poca de la colonia s\u00f3lo se o\u00edan algunas coplas espa\u00f1olas, cantadas tristemente al son del guitarrillo, como aquella tan com\u00fan en nuestras comarcas, que dice as\u00ed:<\/p>\n<p><em>Ayer pas\u00e9 por tu casa<\/em><br \/>\n<em>y me tiraste un lim\u00f3n;<\/em><br \/>\n<em>el zumo me dio en los ojos,<\/em><br \/>\n<em>y el golpe en el coraz\u00f3n.<\/em><\/p>\n<p>La guerra de independencia despert\u00f3 las dormidas potencias del pueblo venezolano, el cual al par que combat\u00eda heroicamente, bajo el pabell\u00f3n de la Rep\u00fablica o bajo las banderas del Rey, cantaba sus proezas o lloraba sus penas y sus amores en improvisaciones que manifiestan su despejada inteligencia y la generosidad de sus sentimientos.<\/p>\n<p>En esta poes\u00eda, m\u00e1s que en la erudita, dada generalmente a la imitaci\u00f3n, resalta la pompa, el desorden y la exuberancia y nerviosidad propias de nuestra naturaleza y m\u00e9todo de vida. La desesperaci\u00f3n del esclavo ruso; la voz sepulcral del polaco errante; la tristeza inquieta o resignada, o la impiedad revolucionaria del ingl\u00e9s; la amargura y la sombr\u00eda incredulidad del alem\u00e1n, que casi no tiene eco en nuestra poes\u00eda erudita, menos lo tienen en la popular. Una y otra mezclan al idealismo, delicadeza y vigor de la poes\u00eda castellana y de la italiana, la espontaneidad y pompa de la fecunda naturaleza tropical.<\/p>\n<p>Llamados <em>cantadores<\/em> y s\u00f3lo por <em>cantadores<\/em> conocidos, estos poetas, improvisadores todos, rara vez salvan su nombre del olvido, y viven en las monta\u00f1as o en las extensas llanuras, desde donde sueltan esas perlas que van rodando de pueblo en pueblo.<\/p>\n<p>De un cantador de nuestros llanos en el Pao de Cojedes, es el ingenioso galer\u00f3n o romance que inserta el eminente literato Don Jos\u00e9 Mar\u00eda Vergara y Vergara en su importante <em>Historia de la literatura en Nueva Granada<\/em>:<\/p>\n<p><em>Yo no soy de por aqu\u00ed,<\/em><br \/>\n<em>yo soy de Barquisimeto:<\/em><br \/>\n<em>nadie se meta conmigo,<\/em><br \/>\n<em>que yo con nadie me meto.<\/em><br \/>\n<em>Yo soy nacido en Aroa<\/em><br \/>\n<em>y bautizado en el Pao,<\/em><br \/>\n<em>no hay zambo que me la haya hecho<\/em><br \/>\n<em>que no me la haya pagao.<\/em><\/p>\n<p>En estos versos campean el esp\u00edritu resuelto y la vanidad de los habitantes de nuestras pampas; vanidad que fundan ellos no s\u00f3lo en su incomparable valor sino tambi\u00e9n en sus calidades de repentistas, especial los del Pao y de Parapara.<\/p>\n<p><em>Conmigo y la rana, es gana<\/em><br \/>\n<em>que se metan a cantar<\/em><br \/>\n<em>que no me gana a moler<\/em><br \/>\n<em>ni la piedra de amolar,<\/em><br \/>\n<em>porque tengo m\u00e1s quintillas<\/em><br \/>\n<em>que letras tiene un misal.<\/em><\/p>\n<p>A veces estalla el sentimiento, como se ver\u00e1 en las siguientes estrofas que trascribo como las cantan en el llano:<\/p>\n<p><em>S\u00e1queme ese toro bravo,<\/em><br \/>\n<em>hijo de la vaca mora,<\/em><br \/>\n<em>para sacarle una suerte<\/em><br \/>\n<em>delante de esta se\u00f1ora;<\/em><br \/>\n<em>si el torito me matare,<\/em><br \/>\n<em>no me entierren en sagrao,<\/em><br \/>\n<em>enti\u00e9rrenme en una loma,<\/em><br \/>\n<em>donde no pise el ganao:<\/em><br \/>\n<em>un brazo d\u00e9jenme fuera,<\/em><br \/>\n<em>y un letrero colorao,<\/em><br \/>\n<em>donde lean las muchachas:<\/em><br \/>\n<em>\u201caqu\u00ed yace un desdichao\u201d.<\/em><\/p>\n<p>Gracia tiene cuando dice:<\/p>\n<p><em>Mi mam\u00e1 me dio un consejo:<\/em><br \/>\n<em>que no fuera enamorao,<\/em><br \/>\n<em>y cuando veo una bonita<\/em><br \/>\n<em>me le voy de medio lao:<\/em><br \/>\n<em>como el gallo a la gallina,<\/em><br \/>\n<em>como la garza al pescao,<\/em><br \/>\n<em>como la t\u00f3rtola al trigo,<\/em><br \/>\n<em>como la vieja al cacao.<\/em><\/p>\n<p>Del Pao era el c\u00e9lebre cantador llanero Juan Falc\u00f3n, quien, despu\u00e9s de la batalla de Apure, detuvo el caballo de Guzm\u00e1n Blanco e improvis\u00f3 por tal modo sobre tan re\u00f1ida pelea, que aquel General, conmovido y lleno de admiraci\u00f3n, se desprendi\u00f3 de su reloj y lo entreg\u00f3 al cantador. Cuando Juan Falc\u00f3n y Pedro Lamas justaban a qui\u00e9n improvisase mejor, el corro o rueda constitu\u00eda un tumulto por el entusiasmo y los aplausos.<\/p>\n<p>Estas justas de los llaneros tienen generalmente por objeto la ingeniosa vuelta o traslaci\u00f3n de la idea, como en los amebeos del Lacio, de modo que si el uno canta, como tuve ocasi\u00f3n de o\u00edr:<\/p>\n<p><em>Ayer pas\u00e9 por tu casa,<\/em><br \/>\n<em>alc\u00e9 los ojos y vi<\/em><br \/>\n<em>un letrero que dec\u00eda:<\/em><br \/>\n<em>\u201cyo no nac\u00ed para ti\u201d.<\/em><\/p>\n<p>El otro replica:<\/p>\n<p><em>Yo como supe leer<\/em><br \/>\n<em>borr\u00e9 aquel y puse otro,<\/em><br \/>\n<em>donde la dej\u00e9 entendiendo:<\/em><br \/>\n<em>\u201cni yo para ti tampoco\u201d.<\/em><\/p>\n<p>La filosof\u00eda del llanero brota espont\u00e1nea en algunos cantares:<\/p>\n<p><em>El que bebe agua en tapara<\/em><br \/>\n<em>y se casa en tierra ajena,<\/em><br \/>\n<em>no sabe si el agua es clara<\/em><br \/>\n<em>ni si la mujer es buena.<\/em><br \/>\n<em>Todo el que tiene dinero<\/em><br \/>\n<em>tiene la sangre liviana,<\/em><br \/>\n<em>aunque su padre sea un tigre<\/em><br \/>\n<em>y su madre una caimana.<\/em><\/p>\n<p>No pocas veces la inspiraci\u00f3n del cantador es delicada:<\/p>\n<p><em>Las piedras que vas pisando<\/em><br \/>\n<em>cuando sales a la calle,<\/em><br \/>\n<em>las pongo yo del rev\u00e9s<\/em><br \/>\n<em>porque no las pise nadie.<\/em><\/p>\n<p>Pero a menudo sus cantares, literariamente censurables por lo falso y rebuscado de la idea, s\u00f3lo arrancan aplausos por cierto colorido po\u00e9tico:<\/p>\n<p><em>Me mont\u00e9 en un verde pino<\/em><br \/>\n<em>por ver si la divisaba,<\/em><br \/>\n<em>y el pino, como era tierno,<\/em><br \/>\n<em>de verme llorar lloraba.<\/em><\/p>\n<p>Toscos y rudimentarios, estos cantares, espont\u00e1neos y sencillos, bastan para dar a conocer el car\u00e1cter del pueblo venezolano, su clara inteligencia, su ingenio vivo y pronto, y aun sus calidades y defectos morales. Por tales motivos hemos juzgado conveniente intercalar los que dejamos apuntados.<\/p>\n<p>Cuanto a la literatura musical, manifi\u00e9stase en todas sus divisiones el gusto art\u00edstico del pueblo y el estudio y talento de nuestros maestros, como observa Don Ram\u00f3n de la Plaza en su importante obra <em>El arte musical en Venezuela<\/em>, y el adelantamiento no puede ser contestado. Salvo aquel Lamas y aquellos Monteros que brillaron en la Gran Colombia, carec\u00edamos de compositores de m\u00e9rito, y hoy los tenemos que presagian lisonjero porvenir a tan importante elemento de civilizaci\u00f3n.<\/p>\n<p>Tan cierto es que la pol\u00edtica de los pueblos influye de modo eficaz en el progreso de las ciencias, las letras y las artes, que este mismo fen\u00f3meno que hemos observado en el seno de la patria, nos lo manifiesta la historia de todas las naciones, y especialmente la de Grecia y la de Roma. Es en el siglo de Pericles y de Augusto cuando mayor esplendor alcanzan las letras griegas y romanas, porque las seguridades y beneficios que garantiza un gobierno protector y progresista alientan y avigoran la inteligencia y el coraz\u00f3n.<\/p>\n<p>El influjo de las libertades adquiridas por el esfuerzo popular, la difusi\u00f3n de la ense\u00f1anza p\u00fablica, la reforma del sistema de educaci\u00f3n planteada en nuestras universidades y colegios, y el amparo de la propiedad intelectual, son parte poderosa para que la Rep\u00fablica haya alcanzado la altura intelectual en que hoy se encuentra, y la cual ha contribuido a que un senado de varones ilustres como los que actualmente dan honra y gloria a Espa\u00f1a en la Real Academia, haya fundado un cuerpo Correspondiente en Venezuela que coopere a la \u00edmproba labor de conservar la pureza y esplendor de nuestro com\u00fan, en\u00e9rgico y varonil idioma.<\/p>\n<p>Grande y solemne es la responsabilidad aceptada por el cuerpo literario de Venezuela; y para mejor llegar a los fines propuestos, \u00fatil ser\u00eda propender tambi\u00e9n a la vulgarizaci\u00f3n de las literaturas cl\u00e1sicas, griega y latina, no s\u00f3lo porque en estos idiomas se contiene la fuente principal del nuestro, sino porque esas literaturas son el \u00fanico correctivo posible al desbordamiento de la prensa en las democracias hispanoamericanas. El sabio Newman ha demostrado matem\u00e1ticamente que el juicio y madurez caracter\u00edsticos del pueblo ingl\u00e9s provienen en primer t\u00e9rmino de la importancia que en sus universidades y colegios se ha dado siempre a los estudios cl\u00e1sicos, porque ellos hacen pensador, sobrio, y lleno de moderaci\u00f3n, y enemigo de la presunci\u00f3n y vanidad, al esp\u00edritu del hombre. No dice menos Tocqueville; j\u00fazganlo con igual criterio Muller y Pierr\u00f3n, y la pensadora Alemania lo sabe y lo practica, al extremo de que a tales estudios se deba, en no peque\u00f1a parte, el s\u00f3lido criterio de sus escritores.<\/p>\n<p>De los datos y afirmaciones contenidos en esta disertaci\u00f3n, ded\u00facese claramente que si no podemos vanagloriarnos de poseer una literatura propiamente dicha, atesoramos, no obstante, elementos valiosos que contribuir\u00e1n a su completa formaci\u00f3n y desarrollo.<\/p>\n<p>Acaso haya quienes adviertan en este trabajo la omisi\u00f3n de tal o cual nombre, de esta o de aquella obra, pero as\u00ed como no hemos intentado aplaudir con exageraci\u00f3n ni censurar con acritud, tampoco hemos querido situarnos sino en el justo medio de la verdad, respecto a la n\u00f3mina de obras y de autores, de modo que s\u00f3lo hemos mencionado a los literatos de primer orden y a algunos de segundo y de tercero, ya que otra cosa ser\u00eda imposible.<\/p>\n<p>Obligados a dar cima a este breve estudio, hemos cumplido tal deber a medida de nuestros alcances y con la imparcialidad que nos caracteriza. Si en algo erramos, c\u00falpese a los que nos han impuesto tan \u00edmproba como delicada tarea.<\/p>\n<p>*Publicado originalmente en 1888<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Julio Calca\u00f1o* Desde el 12 de octubre de 1492, cuando Col\u00f3n pis\u00f3 tierra americana d\u00e1ndole a Espa\u00f1a un mundo y al cetro de los reyes cat\u00f3licos imperio universal como el del sol, hasta los principios de la revoluci\u00f3n de nuestra independencia pol\u00edtica, la que pudi\u00e9ramos llamar historia literaria de Venezuela, permanece envuelta en la profunda [&hellip;]<\/p>\n","protected":false},"author":6,"featured_media":554,"comment_status":"open","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"_monsterinsights_skip_tracking":false,"_monsterinsights_sitenote_active":false,"_monsterinsights_sitenote_note":"","_monsterinsights_sitenote_category":0,"footnotes":""},"categories":[14],"tags":[44,3],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/552"}],"collection":[{"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/users\/6"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=552"}],"version-history":[{"count":1,"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/552\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":555,"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/552\/revisions\/555"}],"wp:featuredmedia":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/media\/554"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=552"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=552"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=552"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}