{"id":5513,"date":"2022-07-31T00:07:16","date_gmt":"2022-07-31T00:07:16","guid":{"rendered":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/?p=5513"},"modified":"2023-11-24T18:28:03","modified_gmt":"2023-11-24T18:28:03","slug":"dos-cronicas-de-armando-jose-sequera","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/dos-cronicas-de-armando-jose-sequera\/","title":{"rendered":"Dos cr\u00f3nicas de Armando Jos\u00e9 Sequera"},"content":{"rendered":"<h3><strong>Inundaciones y neveras<\/strong><\/h3>\n<p>Durante la pasant\u00eda period\u00edstica que hice al t\u00e9rmino de mis estudios de Comunicaci\u00f3n Social en un noticiero televisivo, en 1976, presenci\u00e9 u ofrec\u00ed testimonio de varios acontecimientos m\u00e1s propios de la ficci\u00f3n que de la llamada vida real.<\/p>\n<p>Entre ellos figuraron la fuga de un tigre del zool\u00f3gico caraque\u00f1o de El Pinar, al que quienes labor\u00e1bamos en el noticiero debimos buscar durante horas en las monta\u00f1as cercanas; un asesinato que dej\u00f3 las paredes, el techo y varios muebles de un apartamento como un cuadro abstracto en rojo; y el que por todos los bordes derram\u00f3 el taz\u00f3n de la locura y es objeto de esta cr\u00f3nica.<\/p>\n<p>Ocurri\u00f3 el quinto d\u00eda de dicha pasant\u00eda.<\/p>\n<p>A mi llegada al noticiero fui asignado a uno de los reporteros de planta. Se supon\u00eda que deb\u00eda ense\u00f1arme los rudimentos de la cobertura en vivo de sucesos para la edici\u00f3n nocturna del noticiero. Jam\u00e1s lo hizo ni mostr\u00f3 intenci\u00f3n de hacerlo.<\/p>\n<p>No expongo su nombre porque, aunque no me maltrat\u00f3 ni me hizo mal alguno, tampoco me transmiti\u00f3 el menor conocimiento, y su paso por mi vida \u2013y supongo que igual el m\u00edo por la suya\u2013, fue absolutamente nulo.<\/p>\n<p>Su primera y \u00fanica ense\u00f1anza \u2013si acaso se le puede dar esa denominaci\u00f3n\u2013, se refiri\u00f3 a la cantidad de alcohol que un periodista debe ingerir durante el desempe\u00f1o de sus funciones: seis cervezas.<\/p>\n<p>Y, ojo, empleo la misma forma verbal que utiliz\u00f3, debe, porque \u00e9l consideraba que el ejercicio period\u00edstico y la ingesta diaria de esas seis cervezas \u2013o, en su defecto, igual n\u00famero de tragos de ron\u2013, eran complementarios y de obligatorio acatamiento.<\/p>\n<p>En lo personal, nunca me llam\u00f3 la atenci\u00f3n el consumo de sustancias que me alegraran, me hicieran olvidar, me calmasen los nervios o produjeran un estado de euforia o paz artificial en m\u00ed.<\/p>\n<p>Creo que \u00e9ste es un trabajo conjunto de la mente y el esp\u00edritu y que, por no saberlo ni advertirlo, la mayor\u00eda de las personas que buscan respuestas o salidas en las drogas \u2013legales o no\u2013, sale mal parada.<\/p>\n<p>Pero no es \u00e9ste el tema de esta cr\u00f3nica sino y como adelant\u00e9, algo ocurrido el quinto d\u00eda de mi estad\u00eda en el noticiero. Esa quinta ma\u00f1ana mi supuesto mentor no se present\u00f3 a trabajar. S\u00ed lo hizo el equipo que siempre lo acompa\u00f1aba, compuesto por un camar\u00f3grafo, un iluminador y un sonidista.<\/p>\n<p>Tendr\u00eda yo unos veinte minutos en la oficina cuando el director del noticiero me pregunt\u00f3 si hab\u00eda viajado en avi\u00f3n. Le respond\u00ed que no.<\/p>\n<p>\u2013\u00bfPor qu\u00e9? \u00bfTe da miedo?<\/p>\n<p>\u2013No he tenido la oportunidad.<\/p>\n<p>\u2013Entonces, ya la vas a tener.<\/p>\n<p>Al instante, convoc\u00f3 al camar\u00f3grafo y al sonidista a una reuni\u00f3n entre los cuatro.<\/p>\n<p>Nos encarg\u00f3 trasladarnos hasta el r\u00edo Apure, en el estado del mismo nombre, a cuyas orillas se encuentra San Fernando, la capital de esa entidad. Deb\u00edamos rese\u00f1ar una crecida de la corriente, ocasionada por las lluvias.<\/p>\n<p>Por ser el periodista, apunt\u00f3, yo comandar\u00eda al grupo en el lugar de la noticia, aunque dicho comando, en la pr\u00e1ctica, lo asumi\u00f3 en todo momento y sin concederme el derecho de pataleo el m\u00e1s veterano de los tres: el camar\u00f3grafo.<\/p>\n<p>En la media hora siguiente preparamos todo lo necesario para la r\u00e1pida excursi\u00f3n, habida cuenta de que ten\u00edamos que regresar tan pronto film\u00e1ramos la inundaci\u00f3n. Entonces no hab\u00eda reporteros locales, salvo en dos o tres regiones del pa\u00eds. Tampoco la posibilidad de enviar v\u00eda Internet el material para que fuera procesado en Caracas, pues la red era apenas un conjunto de solo tres computadoras universitarias conectadas entre ellas en California, Estados Unidos.<\/p>\n<p>El viaje fue en una avioneta privada que abordamos en el aeropuerto La Carlota, al este de Caracas.<\/p>\n<p>Debido al mal tiempo y desde que se elev\u00f3, la avioneta se comport\u00f3 como una hoja de \u00e1rbol en un t\u00fanel de viento. Nunca he experimentado una situaci\u00f3n m\u00e1s espeluznante: fue como hallarme en una batidora con \u00ednfulas de licuadora, sometido m\u00e1s de hora y media a una sucesi\u00f3n de sismos de ocho o m\u00e1s grados en la escala de Richter. Agradec\u00ed que ninguno de los viajantes, incluyendo al piloto, fu\u00e9ramos propensos al v\u00f3mito. Al horror profundo se le habr\u00eda sumado el asco.<\/p>\n<p>Todos tembl\u00e1bamos, ten\u00edamos tres motivos para hacerlo: los movimientos alocados de la avioneta, el miedo y, para colmo, un fr\u00edo que se colaba hasta regiones corporales desconocidas por la anatom\u00eda.<\/p>\n<p>Las veces que cerr\u00e9 los ojos tuve la impresi\u00f3n de hallarme a bordo de un refrigerador al que un r\u00edo arrastraba delirantemente hacia una catarata. No lo supe en ese momento pero tal imagen resultar\u00eda prof\u00e9tica.<\/p>\n<p>Los cien minutos exactos de vuelo transcurrieron en total silencio, pues ninguno de los pasajeros, al no ser pollos y estar extremadamente asustados, dijimos ni p\u00edo.<\/p>\n<p>Desde nuestra salida hasta la llegada viajamos rodeados de nubes grises repletas de humedad. De no ser por el instrumental del avi\u00f3n, no hubi\u00e9ramos podido orientarnos dado que la visibilidad exterior era nula.<\/p>\n<p>R\u00e1fagas de lluvia se estrellaban cada tantos segundos contra el parabrisas de la avioneta y el fuselaje mientras, a nuestro alrededor, las nubes circundantes se iluminaban por fogonazos internos, como si pretendieran indicarnos el camino. Los truenos nos llegaban apagados, como lejanos redobles de tambor, absorbidos por la distancia y el ruido mon\u00f3tono que hac\u00eda el motor de la avioneta.<\/p>\n<p>La hojalata rechinaba como si estuviera a punto de partirse y tanto los tornillos, las tuercas y los remaches, as\u00ed como las alas chillaban igual que ratas en un barco sometidas a una monta\u00f1a rusa de olas.<\/p>\n<p>Al aterrizar en San Fernando de Apure comprend\u00ed por qu\u00e9 los papas besan la tierra cuando arriban a cualquier aeropuerto. Yo tambi\u00e9n lo hice, para jolgorio de mis acompa\u00f1antes. Por cierto, en la porci\u00f3n de suelo que bes\u00e9 no solo hab\u00eda grava y varias generaciones de aceites, sino tambi\u00e9n un desgastado chicle de menta al que a\u00fan le quedaba algo de sabor.<\/p>\n<p>Como debut a\u00e9reo no fue la mejor bienvenida que los cielos me pudieron ofrecer.<\/p>\n<p>A casi doscientos metros nos esperaba una camioneta van, hasta la que corrimos bajo una fren\u00e9tica lluvia que en ning\u00fan momento de nuestra estad\u00eda en Apure dej\u00f3 de caer. Esos doscientos metros resultaron interminables, debido a los equipos de llev\u00e1bamos. Los tornaba inc\u00f3modos una cubierta de pl\u00e1stico grueso transparente que pretend\u00eda aislarlos de la lluvia. No me correspond\u00eda, pero cre\u00ed necesario ayudar a su transporte.<\/p>\n<p>En la camioneta hab\u00eda varios impermeables tambi\u00e9n de pl\u00e1stico, pero delgados, como el usado entonces para forrar cuadernos escolares. Nos los colocamos, aunque ya no ten\u00edamos espacios secos ni en el cuerpo ni en la ropa.<\/p>\n<p>Deb\u00ed usar uno amarillo que me quedaba peque\u00f1o, dado que al parecer todos estaban destinados a usuarios de menor estatura que yo. Honestamente, me sent\u00eda \u2013y seguramente me ve\u00eda\u2013, como un embutido tapa amarilla.<\/p>\n<p>Al aproximarnos al r\u00edo, advertimos la magnitud de la crecida. Las reposadas aguas, habitualmente de una tonalidad gris azulosa, semejaban un caf\u00e9 con leche bien cargado. No corr\u00edan como quien se sabe libre y fuerte, due\u00f1o de su presente y su futuro, sino como aquel o aquella que escapa de un secuestro en mitad de la noche.<\/p>\n<p>Un hombre cuarent\u00f3n que acompa\u00f1aba al chofer de la van nos inform\u00f3 de dos personas muertas y cuatro desaparecidas en las \u00faltimas horas. Tambi\u00e9n que nos dirig\u00edamos a un peque\u00f1o muelle protegido por una de las curvas del r\u00edo, donde nos esperaba una lancha.<\/p>\n<p>\u2013\u00bfUna lancha? \u2013tron\u00f3 el camar\u00f3grafo\u2013. \u00bfUstedes pretenden que yo me meta en ese r\u00edo as\u00ed como est\u00e1? \u00a1Mi mam\u00e1 no pari\u00f3 suicidas!<\/p>\n<p>El hombre, que se hab\u00eda identificado como representante de la televisora, nos dijo en tono imperativo que deb\u00edamos hacer lo que no hac\u00eda la competencia, es decir, realizar tomas desde el interior del r\u00edo y no solamente desde sus riberas.<\/p>\n<p>La discusi\u00f3n entre \u00e9l y el camar\u00f3grafo dur\u00f3 lo que el traslado hasta el muelle, a unos treinta metros del cual se alzaban varias casas. El espacio intermedio lo ocupaba una arboleda regada a lo largo del cauce.<\/p>\n<p>\u2013\u00a1Yo no me meto en el r\u00edo, ni que me paguen todo el oro del mundo! \u2013repiti\u00f3 el camar\u00f3grafo por en\u00e9sima vez, mientras baj\u00e1bamos los equipos.<\/p>\n<p>El di\u00e1logo de sordos continu\u00f3 hasta que el representante nos llev\u00f3 hasta una de las casas. All\u00ed llam\u00f3 al director del noticiero y \u00e9ste confirm\u00f3 la orden: deb\u00edamos subir a la lancha y presentar la noticia desde el interior del r\u00edo.<\/p>\n<p>Cuando nos dirig\u00edamos al muelle, observ\u00e9 que el oleaje golpeaba la tierra cada tantos segundos, con un sonido similar al del choque de dos cuerpos que hacen el amor.<\/p>\n<p>La lancha que nos esperaba era de las usadas para la pesca. Eso s\u00ed, dotada de un motor fuera de borda. Tendr\u00eda unos siete y medio u ocho metros de largo y contaba con cuatro asientos: uno en la proa y otro en la popa, m\u00e1s dos en el medio. La hab\u00edan pintado recientemente de blanco y azul celeste. El piloto nos esperaba en el asiento de popa. Era tan flaco y alto que, cuando se levantaba, semejaba un m\u00e1stil enano. No tendr\u00eda m\u00e1s de treinta a\u00f1os y sonre\u00eda extra\u00f1amente, como un chofer s\u00e1dico que conduce su primer cargamento de cerdos al matadero.<\/p>\n<p>En la proa estaba sentado un gordo que, aunque nos fue presentado como ayudante del piloto, tuve la impresi\u00f3n de que su responsabilidad consist\u00eda en servir de contrapeso para que la lancha se mantuviera estable.<\/p>\n<p>Si en la avioneta hab\u00edamos escaneado el rostro de la parca, hueso por hueso, ahora casi la ver\u00edamos por dentro, tal como si nuestros ojos actuasen como un entonces no inventado aparato de resonancia magn\u00e9tica.<\/p>\n<p>Pese a que la embarcaci\u00f3n se comportaba igual a un toro salvaje, saltamos dentro de ella. Incre\u00edblemente, ninguno cay\u00f3 al agua, y eso que nuestros movimientos estaban coartados por el miedo y los impermeables.<\/p>\n<p>En la lancha debimos ponernos, adem\u00e1s, chalecos salvavidas anaranjados, no de talla \u00fanica sino para <em>hobbits<\/em>, que nos hicieron lucir como momias de exportaci\u00f3n. A decir verdad, los chalecos se ve\u00edan in\u00fatiles ante la energ\u00eda que desplegaba el Apure.<\/p>\n<p>Mientras me colocaba el m\u00edo, una ola levant\u00f3 la lancha por la popa y me sac\u00f3 del asiento. Ca\u00ed en el suelo de la lancha y me golpe\u00e9 las rodillas. Por suerte, el camar\u00f3grafo me tom\u00f3 por un brazo mientras la gravedad me atra\u00eda con todo su encanto y no pegu\u00e9 los dientes con la parte libre del asiento donde \u00e9l se hallaba. En la prueba de grabaci\u00f3n que hizo minutos despu\u00e9s, aparec\u00ed sob\u00e1ndome la rodilla derecha.<\/p>\n<p>Gracias a la destreza del piloto, sorteamos los escollos que la corriente nos propon\u00eda: troncos de \u00e1rboles arrancados de cuajo; ramas verdes y ramas sin hojas; basura de todo tipo y calibre; reses vivas mugientes y reses muertas; objetos de madera y hasta prendas de vestir. Estas \u00faltimas aparec\u00edan de improviso en la superficie, igual a mantarrayas de colores dibujadas en un libro infantil.<\/p>\n<p>En los minutos siguientes, el aluvi\u00f3n fue aumentando lenta pero visiblemente y estoy seguro de que si no hubi\u00e9semos salido tan r\u00e1pido del r\u00edo, ni siquiera la extraordinaria habilidad del lanchero nos hubiese sacado con bien de all\u00ed.<\/p>\n<p>Supongo que alg\u00fan d\u00eda, cuando viajar por el Sistema Solar sea una realidad cotidiana, habr\u00e1 pilotos de naves interplanetarias que se desplacen con igual maestr\u00eda por el interior de los cinturones de asteroides y planetoides, entre Marte y J\u00fapiter, entre Urano y Neptuno e, incluso, a trav\u00e9s de la Nube de Oort.<\/p>\n<p>Despu\u00e9s de la prueba conmigo, la c\u00e1mara \u2013envuelta en una bolsa pl\u00e1stica, de las empleadas en lavander\u00edas, para su mejor manejo\u2013, se neg\u00f3 a funcionar. Tras varios minutos de incertidumbre, bastaron tres insultos y un par de coscorrones que le dio el camar\u00f3grafo a su fuselaje, para que trabajara sin problemas.<\/p>\n<p>\u2013\u00a1Hay que ense\u00f1arle qui\u00e9n es el que manda! \u2013coment\u00f3 \u00e9ste, mostrando triunfante los nudillos del pu\u00f1o derecho.<\/p>\n<p>Nuestra aventura por el r\u00edo, para una decena de tomas o poco m\u00e1s, estaba prevista que durara un m\u00e1ximo de diez minutos, ante el riesgo de que aumentara la magnitud de la crecida y nos condujera a una muerte segura, pues como llov\u00eda sin interrupci\u00f3n desde hac\u00eda m\u00e1s de diez horas, se esperaba un aluvi\u00f3n mayor al que circulaba entonces. El inconveniente con la c\u00e1mara hab\u00eda aumentado ese lapso varios minutos m\u00e1s.<\/p>\n<p>Cuando ya hab\u00edamos concluido nuestra tarea, vimos venir hacia nosotros a un hombre que, como si viajara aferrado al techo de un autom\u00f3vil, se manten\u00eda en el m\u00e1s precario de los equilibrios sobre una nevera rosada, de tonalidad carne.<\/p>\n<p>Dada la fuerza de la corriente, el electrodom\u00e9stico cambiaba de posici\u00f3n cada tantos segundos, rotando de izquierda a derecha o en viceversa, pese a lo cual su improvisado jinete siempre lograba mantenerse caballero.<\/p>\n<p>En un rodeo, aquel hombre hubiese salido en hombros de los aficionados pues su desempe\u00f1o era extraordinario. Despu\u00e9s de superar nuestra estupefacci\u00f3n, el camar\u00f3grafo lo enfoc\u00f3 y yo hice el comentario respectivo con el micr\u00f3fono a mi cargo.<\/p>\n<p>Luego intentamos pasar de reporteros a rescatadores y, pese a lo dif\u00edcil que resultaba la maniobra, quien conduc\u00eda la lancha la coloc\u00f3 a menos de dos metros del hombre y la nevera, y a gritos descoordinados lo instamos a abandonarla.<\/p>\n<p>\u2013\u00a1No puedo \u2013respondi\u00f3, tambi\u00e9n a gritos\u2013, esta nevera me cost\u00f3 el sueldo de nueve meses!<\/p>\n<p>Insistimos, manteni\u00e9ndonos a su lado durante al menos un minuto, advirti\u00e9ndole que estaba condenado a morir si segu\u00eda en el agua, dici\u00e9ndole el camar\u00f3grafo que una nevera se pod\u00eda reponer, pero no la vida. Sin embargo, el hombre se mantuvo firme en su decisi\u00f3n, convencido de hacer lo correcto.<\/p>\n<p>En vista de ello, dado que nuestras vidas tambi\u00e9n estaban amenazadas y a que, durante la frustrada maniobra, nos golpearon algunos troncos y el corpach\u00f3n de una vaca muy asustada, desistimos de ayudarlo y vimos consternados c\u00f3mo desaparec\u00eda corriente abajo.<\/p>\n<p>De nuevo, el lanchero mostr\u00f3 su formidable destreza para esquivar objetos y logr\u00f3 arrimarnos a la orilla de la que proven\u00edamos, varios kil\u00f3metros \u2013nunca supe cu\u00e1ntos\u2013, m\u00e1s all\u00e1 de donde hab\u00edamos subido a la lancha.<\/p>\n<p>Mientras respir\u00e1bamos con tranquilidad por primera vez en los \u00faltimos catorce o quince minutos, el conductor de la lancha y su ayudante la sacaron del r\u00edo, mediante una guaya y un juego de poleas, usando como apoyo el tronco de un \u00e1rbol.<\/p>\n<p>A pesar de los impermeables, chorre\u00e1bamos agua como si nos derriti\u00e9ramos. Si alguna vez he lamentado no tener limpiaparabrisas en los lentes ha sido esa. Bajaba tanta lluvia por ellos y por mi rostro que por momentos tuve la impresi\u00f3n de hallarme en el interior de un acuario.<\/p>\n<p>Esto me hab\u00eda obligado, en la lancha y ante la c\u00e1mara, a exponer lo que suced\u00eda, despojado de ellos.<\/p>\n<p>Tirados en la orilla y de un instante al siguiente, todos \u2013excepto el lanchero\u2013, entramos en un torneo de estornudos. De haber sido real la competencia, habr\u00eda ganado y por paliza el camar\u00f3grafo, ya que fue el \u00fanico cuyos estallidos fueron ininterrumpidos durante varios minutos y capaces de acallar todos los ruidos circundantes.<\/p>\n<p>Las rec\u00e1maras de estornudos las hab\u00eda provocado una brisa tan fuerte que remec\u00eda los \u00e1rboles, los arbustos y las hierbas a nuestro alrededor y nos estremec\u00eda de fr\u00edo, como cuando se recorren los p\u00e1ramos andinos bajo una nevada.<\/p>\n<p>Esto hizo que nuestro descanso fuera brev\u00edsimo y busc\u00e1ramos refugio detr\u00e1s de los troncos m\u00e1s gruesos del lugar. El problema es que ninguno lo era. Los \u00e1rboles m\u00e1s rollizos apenas cubr\u00edan una m\u00ednima parte de nuestros torsos y espaldas.<\/p>\n<p>En vista de que daba lo mismo quedarnos all\u00ed que ir en busca de un verdadero refugio, marchamos un rato por la ribera del r\u00edo y, menos de trescientos metros m\u00e1s adelante, encontramos un camino de tierra. Lo seguimos y, despu\u00e9s de atravesar terrenos lodosos, cuando no plagados de matorrales, arribamos a una carretera.<\/p>\n<p>Esta marcha espont\u00e1nea luci\u00f3 planeada de antemano porque, tan pronto salimos a la v\u00eda, apareci\u00f3 la camioneta van, a la que subimos con desesperaci\u00f3n.<\/p>\n<p>En el interior de la misma hab\u00eda toallas, caf\u00e9 caliente, y unas franelas blancas listas para estrenar, con el logotipo del partido Acci\u00f3n Democr\u00e1tica \u2013que era gobierno en el estado y el pa\u00eds\u2013, estampado en el pecho. Ten\u00edamos tanto fr\u00edo y est\u00e1bamos tan abatidos por la humedad que ninguno objet\u00f3 pon\u00e9rselas.<\/p>\n<p>\u2013\u00a1As\u00ed se hacen las noticias, carajo! \u2013nos felicitaron a coro el conductor de la van y el representante de la televisora.<\/p>\n<p>Volvimos al aeropuerto al que hab\u00edamos llegado un rato antes y regresamos a Caracas en la avioneta, en similares condiciones meteorol\u00f3gicas a las de la ida.<\/p>\n<p>Esta vez y pese a que el traslado fue igual de angustioso, agitado y casi purgante, no bes\u00e9 la pista al descender, para no dar pie a m\u00e1s burlas.<\/p>\n<p>Meses despu\u00e9s, deb\u00ed ir a la Escuela de Comunicaci\u00f3n Social de la Universidad Central de Venezuela a buscar un certificado de calificaciones y, a la salida, me top\u00e9 a orillas del r\u00edo Guaire, a pocos metros de la Plaza Venezuela, con un grupo de bomberos que preparaba un rescate.<\/p>\n<p>Esperaban a un hombre al que hab\u00eda arrastrado una crecida del r\u00edo Macarao, afluente del Guaire, desde unos diecis\u00e9is kil\u00f3metros del lugar, tras llevarse su vivienda, construida en el hasta ese d\u00eda seco cauce.<\/p>\n<p>Un detalle de lo que me refiri\u00f3 uno de los bomberos hizo que me quedara junto a una ambulancia que acababa de llegar: el hombre ven\u00eda montado en una nevera.<\/p>\n<p>Lo primero que se me ocurri\u00f3 fue que el jinete apure\u00f1o, con seguridad descendiente de los extraordinarios lanceros del siglo XIX y mediante una impensada combinaci\u00f3n de r\u00edos, hab\u00eda llegado hasta Caracas, a bordo de su rectangular cabalgadura.<\/p>\n<p>\u2013\u00bfSaben de qu\u00e9 color es la nevera? \u2013pregunt\u00e9.<\/p>\n<p>\u2013\u00a1Nos dijeron que blanca!<\/p>\n<p>En vez de asumir que se trataba de otro hombre y de otra nevera, pens\u00e9 que eran los mismos del r\u00edo Apure y que al electrodom\u00e9stico lo hab\u00eda decolorado las aguas del tiempo. Minutos despu\u00e9s de un enfrentamiento tan encarnizado que tem\u00ed perder el poco cerebro que pose\u00eda, se impuso la l\u00f3gica: no pod\u00edan ser ellos. Sin embargo, decid\u00ed quedarme. Quise ser testigo del nuevo episodio de la refrigeronavegaci\u00f3n venezolana y no tard\u00e9 en presenciarlo.<\/p>\n<p>Tal como el anterior, el hombre que oscilaba entre los lomos y los costados de la nevera se sosten\u00eda como el mejor de los equilibristas \u00a0de circo, aunque el objeto se mov\u00eda sin control seg\u00fan los dict\u00e1menes de la f\u00edsica de fluidos.<\/p>\n<p>Para su fortuna, los bomberos hab\u00edan colocado una malla amarilla, de orilla a orilla del Guaire, y lograron capturarlo, pero no salvar su refrigerador. Iba sin camisa y mostraba en el rostro las huellas del combate con las aguas, la gravedad y los objetos s\u00f3lidos que arrastraba la corriente. Su p\u00e1rpado derecho estaba amoratado y el ojo totalmente cerrado. Ten\u00eda la apariencia de un boxeador que baja del ring luego de perder no solo un combate sino la dignidad.<\/p>\n<p>Tras cubrirlo con varias toallas y ofrecerle un bebedizo caliente \u2013me pareci\u00f3 que era caf\u00e9\u2013, un bombero y una enfermera llevaron al desusado y maloliente n\u00e1ufrago hasta la ambulancia, en cuya entrada posterior exclam\u00f3 al abordarla:<\/p>\n<p>\u2013\u00a1Lo que m\u00e1s me duele es que esa condenada nevera, me cost\u00f3 un ojo de la cara!<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<h3><strong>La comida de la abuela<\/strong><\/h3>\n<p>Hace algunos a\u00f1os, en 2005, me hallaba en Matur\u00edn, la capital del estado Monagas, llevado all\u00ed por la editorial de la mayor\u00eda de mis libros, para hablar en seis colegios, precisamente sobre ellos.<\/p>\n<p>Mi estancia en la ciudad debi\u00f3 ser de cuatro noches y tres d\u00edas pero, por un error de la persona que gestion\u00f3 el hotel, solo tuve habitaci\u00f3n la noche de mi llegada y las dos siguientes. Por eso, luego de salir del \u00faltimo de los colegios visitados, al inicio de la tarde del tercer d\u00eda, me encontr\u00e9 pr\u00e1cticamente en la calle.<\/p>\n<p>En la recepci\u00f3n del hotel me esperaba mi malet\u00edn, en posici\u00f3n de firmes, ajeno a ese extra\u00f1o destierro al que me ve\u00eda sometido. Era viernes y mi vuelo de retorno a Caracas estaba previsto para el s\u00e1bado a media ma\u00f1ana.<\/p>\n<p>Muy avergonzada, la promotora de la editorial en dicho estado intent\u00f3 en principio cambiar mi vuelo para esa tarde, pero ninguna de las dos l\u00edneas a\u00e9reas que viajaban a Matur\u00edn ten\u00eda cupo. Ni siquiera le ofrecieron la ilusi\u00f3n de la lista de espera.<\/p>\n<p>Tampoco consigui\u00f3 que me restituyeran a la habitaci\u00f3n donde hab\u00eda dormido las \u00faltimas tres noches, dado que todo el hotel estaba reservado para atletas \u2013y sus familiares\u2013, que participar\u00edan en unos juegos no recuerdo si nacionales o regionales.<\/p>\n<p>Al salir, pasamos por m\u00e1s de diez hoteles, antes de conseguir otra habitaci\u00f3n. Todos estaban igualmente reservados para los deportistas. Al fin, hallamos uno en las afueras.<\/p>\n<p>Esto solo resolvi\u00f3 el problema de manera parcial pues, como el restaurante del hotel estaba cerrado por reparaciones, tanto el almuerzo y la cena de ese d\u00eda, as\u00ed como el desayuno del siguiente, tendr\u00eda que hacerlos fuera de all\u00ed.<\/p>\n<p>En cuanto a los pagos, tanto de la habitaci\u00f3n como de las comidas, los cubrir\u00eda la promotora y luego se los restituir\u00eda la editorial. Lo problem\u00e1tico eran los traslados, debido a que, si bien ella ofreci\u00f3 llevarme a restaurantes en las tres ocasiones, yo sab\u00eda que ten\u00eda dos ni\u00f1as, la m\u00e1s peque\u00f1a nacida apenas cinco o seis meses atr\u00e1s y en ese momento afectada por un virus.<\/p>\n<p>Le dije que no se preocupara por m\u00ed, que me las arreglar\u00eda, y que los traslados los har\u00eda en autob\u00fas, ya que conoc\u00eda la ciudad. Esto era cierto porque, a comienzos de los a\u00f1os Setenta del siglo XX, tuve all\u00ed una novia a la que visitaba una o dos veces al mes.<\/p>\n<p>Convinimos en que ella solo me buscar\u00eda al d\u00eda siguiente, para llevarme al aeropuerto.<\/p>\n<p>Por supuesto, Matur\u00edn hab\u00eda cambiado mucho en los \u00faltimos treinta a\u00f1os, pero no tanto como para perderme en sus calles. Poco despu\u00e9s de que ella me dejara en el hotel, sal\u00ed y tom\u00e9 un autob\u00fas que iba en direcci\u00f3n al centro. Baj\u00e9 cerca de la catedral.<\/p>\n<p>Mientras caminaba, iba viendo d\u00f3nde podr\u00eda almorzar. Por ser vegetariano no deb\u00eda meterme en cualquier lugar sino en uno donde pudiera encontrar qu\u00e9 comer. No soy vegano ni macrobi\u00f3tico, por lo que consideraba que mis opciones de comer bien eran altas.<\/p>\n<p>Tras caminar durante cerca de media hora, di en una esquina con el que me pareci\u00f3 el lugar perfecto: un comedero en una avenida ancha, con un letrero enorme auspiciado por la Pepsi Cola que dec\u00eda:<\/p>\n<p><em>LA COMIDA DE LA ABUELA<\/em><\/p>\n<p><em>Coma como en su casa<\/em><\/p>\n<p>Eran m\u00e1s de las tres y media de la tarde pero, como el local estaba abierto, entr\u00e9.<\/p>\n<p>Las cuatro mesas del lugar se hallaban vac\u00edas. Sin embargo, el suelo de cemento rojo estaba suficientemente gastado como para comprender que all\u00ed entraban muchas personas, lo cual era una excelente se\u00f1al. Todo en el sal\u00f3n, aunque humilde, estaba muy limpio.<\/p>\n<p>Me sali\u00f3 al paso una se\u00f1ora de unos sesenta y tantos a\u00f1os, con el cabello totalmente blanco y recogido en un mo\u00f1o.<\/p>\n<p>Le expuse mi necesidad y al instante me dijo que no me preocupara, que ella sab\u00eda de vegetarianismo porque \u2013cito\u2013, mi hija peque\u00f1a tambi\u00e9n me sali\u00f3 anormal.<\/p>\n<p>Me sent\u00e9 ante la mesa que se hallaba junto a la ventana mayor. \u00c9sta daba a la avenida. Otra ventana, m\u00e1s peque\u00f1a, mostraba el comienzo de la calle lateral.<\/p>\n<p>La mesa estaba cubierta por un mantel tradicional de rayas rojas y blancas entrecruzadas. Sobre \u00e9ste se encontraban un servilletero peque\u00f1o de aluminio, un salero de vidrio con cubierta agujereada met\u00e1lica, un dispensador de vinagre y aceite comestible, compuesto por una base y un m\u00e1stil de aluminio, y dos peque\u00f1as jarras de vidrio, a medio llenar.<\/p>\n<p>Las paredes del comedero mostraban varios cuadros con im\u00e1genes playeras al \u00f3leo, en una de las cuales tres ni\u00f1os desnudos jugaban con las olas. Un plagio o un homenaje \u2013vaya usted a saber\u2013, de \u201cNi\u00f1os en la playa\u201d de Joaqu\u00edn Sorolla, pintado por \u00e9ste en 1910.<\/p>\n<p>Esper\u00e9 m\u00e1s de veinte minutos. Veinticinco tal vez. Me distraje leyendo El Diario de Oriente de ese d\u00eda, que la se\u00f1ora me entreg\u00f3 antes de internarse en la cocina.<\/p>\n<p>Sali\u00f3 de ella para colocar un plato vac\u00edo con cubiertos delante de m\u00ed, estos \u00faltimos envueltos en una servilleta blanca. En otro viaje trajo un vaso de vidrio y una jarra de jugo de lechosa.<\/p>\n<p>Luego se present\u00f3 con dos bandejas contentivas de pur\u00e9 de papas, tajadas de pl\u00e1tano frito, ensalada mixta (tomate, lechuga y pepino) con aguacate, caraotas, arroz blanco y media docena de rebanadas de queso blanco. Las cantidades me parecieron exageradas. No parec\u00edan para ser consumidas por una sola persona, sino por una familia reci\u00e9n rescatada tras perderse una semana en la selva.<\/p>\n<p>Com\u00ed, com\u00ed y segu\u00ed comiendo por lo que para m\u00ed fue mucho tiempo. Ten\u00eda hambre y cre\u00ed que mi voracidad lo demostraba.<\/p>\n<p>Sin embargo, cuando depuse el cuchillo y el tenedor, cruz\u00e1ndolos sobre el plato, como en una rendici\u00f3n, la se\u00f1ora se transform\u00f3 en la Abuela.<\/p>\n<p>\u2013\u00a1Mi\u2019jo, pero no ha comido nada!<\/p>\n<p>\u2013\u00a1Claro que s\u00ed \u2013respond\u00ed, se\u00f1alando las bandejas\u2013, mire todo\u2026!<\/p>\n<p>No segu\u00ed alegando pues las bandejas, aunque parec\u00edan minas a cielo abierto, a\u00fan conservaban el rango de peque\u00f1as monta\u00f1as.<\/p>\n<p>\u2013\u00a1Ya vi! \u2013apunt\u00f3 la abuela\u2013.\u00a1Tiene que comer. De aqu\u00ed no sale nadie si no se ha comido todo lo que yo, con tanto gusto, le preparo!<\/p>\n<p>\u2013Pero, ya estoy lleno.<\/p>\n<p>\u2013\u00bfC\u00f3mo va a estar lleno, si apenas ha comido?<\/p>\n<p>\u2013\u00a1Estoy que reviento! \u00a1Todo estaba muy sabroso!<\/p>\n<p>\u2013\u00a1Estaba no, est\u00e1! \u00a1Me hace el favor y se come todo! \u00a1Tiene que dejar el plato limpiecito, como acabadito de lavar!<\/p>\n<p>Aunque sent\u00eda que mi est\u00f3mago no daba m\u00e1s, tom\u00e9 otra tajada de pl\u00e1tano y la mordisque\u00e9 lentamente, al tiempo que intentaba, sin \u00e9xito, producir una sonrisa.<\/p>\n<p>\u2013\u00bfLe sirvo un poquito m\u00e1s de caraotas y arroz?<\/p>\n<p>\u2013Est\u00e1 bien \u2013balbuce\u00e9.<\/p>\n<p>Nuestros conceptos de poquito difer\u00edan bastante. Sirvi\u00f3 dos porciones de cada alimento, como si pensara alimentar a un par de hu\u00e9rfanos reci\u00e9n llegados a un hospicio.<\/p>\n<p>\u2013Eso es mucho \u2013se\u00f1al\u00e9.<\/p>\n<p>\u2013\u00bfQu\u00e9 va a ser mucho si Raimundo, mi nieto que apenas tiene dos a\u00f1os, se come eso y repite?<\/p>\n<p>Rumi\u00e9 la comida con tanta lentitud que cada bocado llegaba a mis labios m\u00e1s fr\u00edo. Lo que unos minutos atr\u00e1s me hab\u00eda parecido delicioso, ahora me resultaba torturante.<\/p>\n<p>\u2013\u00a1No ponga esa cara, que no se est\u00e1 tomando un veneno!<\/p>\n<p>Trat\u00e9 de sonre\u00edr por segunda vez, pero los m\u00fasculos que posibilitan ese gesto se acababan de declarar en huelga.<\/p>\n<p>\u2013\u00a1Siga comiendo, no me haga ning\u00fan desprecio!<\/p>\n<p>\u2013\u00a1No la estoy despreciando!<\/p>\n<p>\u2013\u00a1Vamos, coma m\u00e1s y hable menos!<\/p>\n<p>La abuela se hab\u00eda sentado a mi lado y me aupaba a comer, asi\u00e9ndome por el antebrazo derecho e impuls\u00e1ndolo en direcci\u00f3n a mi boca, cada vez que alzaba el tenedor.<\/p>\n<p>\u2013Beba ahora un poquito de jugo para que baje lo que se ha comido \u2013puntualiz\u00f3, mientras me entregaba el vaso lleno por tercera vez.<\/p>\n<p>Despu\u00e9s de ingerir dos tragos, volv\u00ed a cruzar los cubiertos sobre el plato y entonces ella tom\u00f3 el tenedor y con \u00e9l algo de arroz y otro poco de caraotas:<\/p>\n<p>\u2013A ver, mi ni\u00f1o, c\u00f3mase este bocadito\u2026 Abra la boquita,, no sea malcriado\u2026 \u00a1Abra la boquita, le digo\u2026!<\/p>\n<p>La abr\u00ed.<\/p>\n<p>No s\u00e9 cu\u00e1ntos bocados tragu\u00e9 as\u00ed, pero hubo un momento en que me sent\u00ed groggy, como si hubiese estado en un ring de boxeo y varios peleadores hubiesen practicado sus mejores golpes en m\u00ed.<\/p>\n<p>La abuela, sin embargo, no cejaba en su deseo de alimentarme.<\/p>\n<p>\u2013\u00a1Abra la boquita, mi ni\u00f1o, que aqu\u00ed viene el avioncito\u2026! \u00a1Brrrrrruuuuuummmmmm! \u00a1As\u00ed me gusta! \u00a1Ahora el trencito&#8230;!<\/p>\n<p>Recuerdo haber adelantado mis brazos hacia la abuela, pero ella me los baj\u00f3 de un manot\u00f3n y tom\u00f3 nuevas porciones, ya no de arroz y caraotas, sino de pur\u00e9 de papas, lechugas y tomates. Mientras yo masticaba, ella permanec\u00eda con el tenedor levantado a la altura de mis labios.<\/p>\n<p>\u2013\u00a1Yo no s\u00e9 c\u00f3mo mi ni\u00f1o ha llegado a la edad que tiene, si no le gusta comer! \u00a1Vamos, abra otra vez la boquita\u2026!<\/p>\n<p>Ahora, cada vez que llevaba el tenedor a mi rostro, golpeaba suavemente mis labios en dos ocasiones, al tiempo que dec\u00eda:<\/p>\n<p>\u2013\u00a1Tun, tun! \u00a1Abran la puerta, que es gente de paz!<\/p>\n<p>\u2013\u00a1Tun, tun! \u00a1Abran que lleg\u00f3 la comida!<\/p>\n<p>\u2013Tun tun! \u00a1Hora de comer! \u00a1Vengan todos los dienticos a comer!<\/p>\n<p>En cierto momento, indiqu\u00e9 que ya la comida estaba fr\u00eda:<\/p>\n<p>\u2013\u00a1Si quiere, se le caliento otra vez, pero despu\u00e9s se la come todita!<\/p>\n<p>Dije que s\u00ed, tramando dejar el pago sobre la mesa e irme, de ser posible a la carrera, pero la Abuela tambi\u00e9n pens\u00f3 en eso.<\/p>\n<p>\u2013\u00a1Venga conmigo a la cocina! \u00a1De aqu\u00ed no se me va hasta que haya dejado los platos como si los hubiera lamido un perro!<\/p>\n<p>Me estaba incorporando, con mi sistema digestivo pr\u00f3ximo al v\u00f3mito volc\u00e1nico, cuando al lugar entr\u00f3 una mujer de unos treinta a\u00f1os.<\/p>\n<p>\u2013\u00bfQu\u00e9 haces, mam\u00e1?<\/p>\n<p>\u2013\u00a1Es que el se\u00f1or es de mal comer! \u00a1Mira todo lo que le prepar\u00e9 y lo poquito que ha comido!<\/p>\n<p>\u2013\u00a1Usted es vegetariano? \u2013me pregunt\u00f3.<\/p>\n<p>Mov\u00ed la cabeza afirmativamente.<\/p>\n<p>Supe que \u00e9sta era la hija anormal como yo. Gracias a su divina intervenci\u00f3n, creo que estoy vivo.<\/p>\n<p>\u2013\u00bfY lo est\u00e1 obligando a comerse todo?<\/p>\n<p>Otra afirmaci\u00f3n de cabeza.<\/p>\n<p>\u2013\u00a1Mam\u00e1, no puedes hacer eso a cada rato! \u00a1Si la gente quiere dejar comida, que la deje!<\/p>\n<p>Luego, dirigi\u00e9ndose a m\u00ed:<\/p>\n<p>\u2013Yo vivo dici\u00e9ndole que sirva raciones m\u00e1s peque\u00f1as, pero nunca me hace caso: ella piensa que todo el mundo es como mi abuelo, que en paz descanse, que no com\u00eda en platos sino en bandejas, y a\u00fan as\u00ed quedaba con hambre!<\/p>\n<p>Mientras escuchaba hablar a su hija, la abuela tom\u00f3 las dos bandejas, molesta, y se adentr\u00f3 con ellas en la cocina.<\/p>\n<p>Mi salvadora ofreci\u00f3 llevarme en su carro al hotel, cuando vio que yo no estaba en condiciones ni siquiera de salir a la calle a esperar un taxi. Al subir a su auto, me vi en el espejo tras el protector de sol del puesto del pasajero. Estaba al borde del nock-out. Dos o tres granos m\u00e1s de arroz, otro bocado de pur\u00e9 de papas o una \u00faltima hoja de lechuga me habr\u00edan conducido a un shock anafil\u00e1ctico.<\/p>\n<p>La mujer a la que deb\u00eda mi vida se desbord\u00f3 en disculpas por el comportamiento de su madre. Cuando le se\u00f1al\u00e9 que me hab\u00eda ido sin pagar, me dijo que no me preocupara, que ya lo hab\u00eda pagado entreteniendo a su mam\u00e1.<\/p>\n<p>\u2013La pobre se sent\u00eda tan sola, despu\u00e9s que muri\u00f3 pap\u00e1, que entre mi hermana y yo le montamos ese negocio. La casa es de mi cu\u00f1ado, que nos la alquila por casi nada, un precio simb\u00f3lico. Como se habr\u00e1 dado cuenta, mam\u00e1 cocina muy rico y el comedor se llena al mediod\u00eda. Despu\u00e9s de las dos, mam\u00e1 no tiene nada qu\u00e9 hacer, pero se queda por si llega alguien hambriento, as\u00ed como hoy lleg\u00f3 usted.<\/p>\n<p>Esto \u00faltimo form\u00f3 en mi mente la imagen de una ara\u00f1a que, al fondo de su tela, aguarda sus presas, pero no para comerlas sino para alimentarlas.<\/p>\n<p>Cuando estuvimos a poco m\u00e1s de cien metros de donde me llevaba, me dej\u00f3, alegando que era una mujer decente y no pod\u00eda permitirse que la vieran llegar a un hotel conmigo.<\/p>\n<p>Nos despedimos con un abrazo como de viejos amigos y, mientras el carro se alejaba, la vi mirarme por el espejo a su izquierda, como quien lamenta dejar en el pasado a alguien que hubiera querido para su futuro.<\/p>\n<p>Esa noche, por supuesto, no cen\u00e9, y al d\u00eda siguiente, en el aeropuerto, apenas beb\u00ed un vaso de jugo de naranja como desayuno.<\/p>\n<p>Ahora, mientras escrib\u00eda, se hizo la hora de almorzar y no he podido hacerlo.<\/p>\n<h4 style=\"text-align: right;\"><a href=\"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/armando-jose-sequera-y-su-maquina-de-inventar-literatura\/\" target=\"_blank\" rel=\"noopener\">Sobre el autor<\/a><\/h4>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Inundaciones y neveras Durante la pasant\u00eda period\u00edstica que hice al t\u00e9rmino de mis estudios de Comunicaci\u00f3n Social en un noticiero televisivo, en 1976, presenci\u00e9 u ofrec\u00ed testimonio de varios acontecimientos m\u00e1s propios de la ficci\u00f3n que de la llamada vida real. 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