{"id":5495,"date":"2022-07-30T21:22:43","date_gmt":"2022-07-30T21:22:43","guid":{"rendered":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/?p=5495"},"modified":"2023-11-24T18:28:05","modified_gmt":"2023-11-24T18:28:05","slug":"veinte-poetas-venezolanos-del-siglo-xx","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/veinte-poetas-venezolanos-del-siglo-xx\/","title":{"rendered":"Veinte poetas venezolanos del siglo XX"},"content":{"rendered":"<h4 style=\"text-align: right;\">Rafael Arr\u00e1iz Lucca<\/h4>\n<p>No sabr\u00eda responder porque no somos diligentes en la b\u00fasqueda de nuestro tesoro, pero tampoco podr\u00eda explicar la raz\u00f3n por la que, una vez hallados, somos t\u00edmidos divulgando la noticia. La poes\u00eda venezolana no es una excepci\u00f3n: coincidimos propios y extra\u00f1os sobre su val\u00eda m\u00e1s all\u00e1 de las fronteras y, sin embargo, no hacemos de ella una de nuestras cartas de presentaci\u00f3n.<\/p>\n<p>Me entusiasm\u00f3 el proyecto de escoger s\u00f3lo poetas que han publicado su obra a lo largo del siglo XX, no porque desde\u00f1e el siglo XIX, sino porque la selecci\u00f3n se limita a un universo m\u00e1s reducido y, en consecuencia, los criterios de escogencia se hacen m\u00e1s severos. Son prescindibles aquellos que insuflan la organizaci\u00f3n de una antolog\u00eda generosa y, por el contrario, no se levanta frente a nosotros ninguno que nos lleve a considerar poemas que no sean memorables. He trabajado con un cuchillo muy afilado con un mango de n\u00e1car y una punta que parece un diamante. Me he detenido en una cifra con resonancias escolares: veinte.<\/p>\n<p>Comienzo con Salustio Gonz\u00e1lez Rincones, a quien juzgo uno de los poetas m\u00e1s significativos que ha dado el pa\u00eds. Este juicio habr\u00eda sido pr\u00e1cticamente imposible hace m\u00e1s de veinte a\u00f1os, ya que sus libros constitu\u00edan curiosidades bibliogr\u00e1ficas dif\u00edciles de apartar. Gracias a la antolog\u00eda de su obra que prepar\u00f3 Jes\u00fas Sanoja Hern\u00e1ndez para Monte \u00c1vila Editores, \u00e9sta pudo ser le\u00edda. En las selecciones de poes\u00eda venezolana anteriores a la suerte de descubrimiento de su obra, su nombre no aparece. Quiz\u00e1s sea \u00e9ste el momento de confesar que para los integrantes del grupo Guiare la poes\u00eda de Salustio fue una revelaci\u00f3n, un puente entre la est\u00e9tica que busc\u00e1bamos desarrollar y nuestro antecedente venezolano m\u00e1s lejano. Pas\u00f3 a ser de los nuestros, y a gozar del mayor amor que puede profes\u00e1rsele a la obra de un autor: ser le\u00edda y rele\u00edda. La conversacionalidad, las m\u00e1scaras, los pseud\u00f3nimos, el humor, la desfachatez son algunos de los ingredientes que hacen de la poes\u00eda de Salustio un cuerpo modern\u00edsimo. Quiz\u00e1s le fue propicia a su obra la larga estad\u00eda parisina, donde finalmente falleci\u00f3 por causa del mal de la \u00e9poca. En la capital de Francia fij\u00f3 su residencia luego de contribuir con la creaci\u00f3n de la revista y el grupo caraque\u00f1o Alborada. Fue de todos ellos el \u00fanico poeta, y comparti\u00f3 c\u00f3nclave con el entonces joven Gallegos, con Julio Horacio Rosales, con Henrique Soublette y con Julio Planchart.<\/p>\n<p>Caso similar al de Gonz\u00e1lez Rincones lo ofrece Jos\u00e9 Antonio Ramos Sucre. La analog\u00eda estriba en el silencio que se hizo alrededor de sus obras, para el momento en que fueron publicadas. Los libros de Salustio, impresos en Par\u00eds, casi no circulaban en Venezuela; los de Ramos Sucre s\u00ed, pero cosecharon la displicencia de la cr\u00edtica. En una de las inolvidables sesiones del taller Calicanto que dirig\u00eda Antonia Palacios, Arturo Uslar Pietri dio una explicaci\u00f3n sincera: les parec\u00eda un autor demod\u00e9, que de ninguna manera segu\u00eda los postulados de la vanguardia de su tiempo. Un anacr\u00f3nico. Pues aquel inadvertido es hoy considerado por los lectores el due\u00f1o de una de las voces principales de nuestra poes\u00eda. Al estudio de su obra que le dedicara Carlos Augusto Le\u00f3n en la d\u00e9cada de los a\u00f1os cuarenta, le sigui\u00f3 un verdadero coro de exegetas asombrados, a partir de los a\u00f1os sesenta. Su palabra pas\u00f3 de la soledad a la que reduce cierto silencio negligente, a la celebraci\u00f3n entusiasmada de la lectura fervorosa. Culta, intertextual, literaria, cl\u00e1sica, arquetipal, medievalista son algunos de los calificativos que suscita la obra del cuman\u00e9s insomne. Su obra para la que podr\u00eda desbordarme en elogios, es de las mayores felicidades a las que puede acceder un lector dispuesto a llegar al fondo del pozo.<\/p>\n<p>Entre la Generaci\u00f3n del 18 y el grupo Viernes pueden hallarse de los mejores poetas venezolanos. Entre ellos, el lugar de Fernando Paz Castillo es particular. No s\u00f3lo se trata de un ensayista literario atento y prol\u00edfico, sino de un poeta interpelado por el misterio de lo sagrado. Puede afirmarse que su poes\u00eda es metaf\u00edsica, como pr\u00e1cticamente ninguna lo fue en el pa\u00eds hasta el momento de su aparici\u00f3n. Sin embargo, esto amerita una aclaratoria: los poemas m\u00e1s representativos de un autor, por lo general, son escritos tiempo despu\u00e9s de la iniciaci\u00f3n. Paz Castillo no es la excepci\u00f3n de la regla. Su poema de mayor aliento fue publicado en 1964 y se titula El <em>Muro<\/em>, casi cincuenta a\u00f1os despu\u00e9s de su incursi\u00f3n en el escenario po\u00e9tico. Es el momento de se\u00f1alar que el poeta se caracteriz\u00f3 por ser muy cauto a la hora de publicar, caracter\u00edstica que lo distingue de sus contempor\u00e1neos, y sus preocupaciones se ci\u00f1en a la circunstancia del hombre en tr\u00e1nsito. Su obra es la de un humanista, m\u00e1s que la de un estilista del idioma o un dram\u00e1tico o un sonoro versificador. Uno de los grandes, sin duda.<\/p>\n<p>Si bien Enriqueta Arvelo Larriva no cerr\u00f3 filas con los muchachos del 18 (se encontraba lejos de la capital), es contempor\u00e1nea de los integrantes de esta promoci\u00f3n. En cualquier caso, lo significativo es su obra: de ella puede decirse que alcanza los registros m\u00e1s altos. Antes que la suya, no destacan voces femeninas de tanta exactitud. Su poes\u00eda se alza a partir del tratamiento de la emocionalidad: est\u00e1 tallada por el sentimiento del solitario, del que ans\u00eda, del abandonado, del que ha sido postergado. En permanente di\u00e1logo consigo misma, la poetisa sostiene las cuerdas de su instrumento templadas. Es la precursora de las grandes poetisas venezolanas que despuntaron a partir de la mitad del siglo que terminaba.<\/p>\n<p>Los cr\u00edticos de literatura en Venezuela coinciden en cuanto a la importancia de <em>\u00c1spero<\/em>, el poemario de Antonio Arr\u00e1iz que, publicado en 1924, se convirti\u00f3 en el estandarte de una generaci\u00f3n. As\u00ed lo afirma Uslar Pietri en el pr\u00f3logo que antecede la segunda edici\u00f3n, y no le falta raz\u00f3n. Este libro arroja una propuesta est\u00e9tica de consecuencias revolucionarias para la poes\u00eda nuestra. Fue el primer t\u00edtulo nacional logrado dentro de los c\u00e1nones del vanguardismo. Sentenci\u00f3 a muerte al romanticismo, y se irgui\u00f3 sobre los escombros de la rima, del parnaso, de la belleza convencional que alimentaban los bardos precavidos. Fue un libro emblema, confiaba en la fuerza que tra\u00eda el viento del futuro.<\/p>\n<p>Arr\u00e1iz, cuatro a\u00f1os despu\u00e9s de publicado su poemario, cerr\u00f3 filas en la revuelta estudiantil que dio origen a la generaci\u00f3n pol\u00edtica de 1928. Particip\u00f3 de la legendaria Semana del Estudiante y pag\u00f3 su osad\u00eda con siete largos a\u00f1os en las c\u00e1rceles gomecistas. Su obra po\u00e9tica se hizo acompa\u00f1ar de la narrativa y delo ensayo, siempre signada por la impronta del que busca la verdad. Ante su palabra puede sentirse el agua del r\u00edo que no transige, que es impetuosa. Al momento de rendir su vida ante el cansancio de su coraz\u00f3n, dej\u00f3 unos poemas in\u00e9ditos, publicados luego bajo la denominaci\u00f3n de p\u00f3stumos, que pueden considerarse, sin temor a errar, como unas verdaderas joyas de la poes\u00eda contempor\u00e1nea.<\/p>\n<p>Vistos a la distancia, de los integrantes del grupo Viernes el que alcanz\u00f3 las cimas m\u00e1s altas fue Vicente Gerbasi. Su vocaci\u00f3n y la larga vida que Dios le permiti\u00f3, se juntaron para dejarnos una obra de cerca de veinte t\u00edtulos. Entre ellos destacan como piezas fundamentales de la poes\u00eda venezolana <em>Mi padre, el inmigrante<\/em> y <em>Los espacios c\u00e1lidos<\/em>, ambos t\u00edtulos expresan lo m\u00e1s significativo de su visi\u00f3n del mundo y de sus construcciones est\u00e9ticas. El hombre maravillado frente a las operaciones m\u00e1gicas de la naturaleza. El ni\u00f1o estupefacto frente al milagro de la mec\u00e1nica del universo, el parroquiano deslumbrado ante las luces de la noche y la gestualidad del leopardo. Su obra es hermosamente americana, tel\u00farica, y sostenida con una musicalidad envidiable, que hace de sus versos canciones de largo aliento. La \u00faltima etapa de su poes\u00eda, no menos importante que la segunda, es proclive al poema breve, a la s\u00edntesis, al trazo del dibujante.<\/p>\n<p>La obra po\u00e9tica del humanista Juan Liscano comprende m\u00e1s de veinte t\u00edtulos. Su vocaci\u00f3n po\u00e9tica ha recorrido paralela a la que anima el fuego del ensayista. Se inici\u00f3 a principios de los a\u00f1os cuarenta y milit\u00f3 en los grupos Suma y Presente que se propusieron reaccionar frente a Viernes, los animaba afirmarse rescatando la validez del soneto y la del verso castellano. Entre los muchos poetas que se iniciaron en estos a\u00f1os, Liscano es de los m\u00e1s representativos. Su b\u00fasqueda lo ha acercado al verso americanista, cuando Neruda diseminaba su catecismo y el hallazgo de lo propio era u imperativo del poeta equinoccial; luego fue de depurando su af\u00e1n como expresi\u00f3n de la fuerza liberadora del amor, frente a las c\u00e1rceles de la historia. En la m\u00e1s reciente etapa de su producci\u00f3n se observa un repliegue sobre las costuras de s\u00ed mismo. Lo religioso hace acto de presencia, de la mano del mito fundacional, para darle rienda suelta a su ya caracter\u00edstico escepticismo. Sobre la mesa el poema, Liscano ha dejado la huella de sus propias contradicciones, con la valent\u00eda que ha caracterizado sus pasos sobre la tierra. Encarna el arquetipo del intelectual comprometido con los acontecimientos de su tiempo y, quiz\u00e1s, sea uno de los \u00faltimos que levante es bandera.<\/p>\n<p>Con la publicaci\u00f3n de <em>Elena y los elementos<\/em> (1951) se dio de inmediato la consolidaci\u00f3n de una voz. Rara vez se convoca la unanimidad de manera tan absoluta. De hecho, los integrantes d la llamada Generaci\u00f3n de los Sesenta tuvieron al poemario como fuente nutricia de sus proyectos est\u00e9ticos. Juan S\u00e1nchez Pel\u00e1ez tra\u00eda a Chile en la maleta su experiencia junto al grupo Mandr\u00e1gora: conjunto afecto a los malabarismos del surrealismo y acostumbrado a indagar en la otra cara de la luna. Pero ser\u00eda inexacto afirmar que la poes\u00eda de S\u00e1nchez Pel\u00e1ez es exclusivamente surrealista. Las huellas de esta corriente est\u00e9tica forman parte de la textura de su obra, pero \u00e9sta teje otras urdimbres. Pocas poes\u00edas han trabajado con tanta pertinencia la condici\u00f3n del hombre contempor\u00e1neo: desde su estado solitario hasta las aristas de la violencia, desde la b\u00fasqueda del otro complementario hasta la disoluci\u00f3n de las esperanzas. Las relaciones del hombre en su juego de contactos es una de las obsesiones tem\u00e1ticas del poeta. Bien sea que se llame amor de pareja, filial o, el m\u00e1s importante, di\u00e1logo consigo mismo, la poes\u00eda de S\u00e1nchez Pel\u00e1ez indaga en una trama, decodifica sin propon\u00e9rselo un alfabeto.<\/p>\n<p>Rafael Jos\u00e9 Mu\u00f1oz es uno de los grandes. Quiz\u00e1s no se haya advertido a\u00fan la importancia de su obra. Pariente cercano de las proposiciones po\u00e9ticas de Salustio Gonz\u00e1lez rincones, Mu\u00f1oz aport\u00f3 lo suyo. Domin\u00f3 el lenguaje hasta convertirlo a sus necesidades expresivas, invent\u00f3 las palabras que faltaban para cerrar el c\u00edrculo de su imaginaci\u00f3n. Estrech\u00f3 la ternura entre sus brazos, y nada fue l\u00edmite para su fuerza creadora. Como los grandes: al escribir parec\u00eda que jugaba. Su obra est\u00e1 all\u00ed para ser reconocida. Quiz\u00e1s la cercan\u00eda de los a\u00f1os no ha permitido la aparici\u00f3n de la justicia. Hace apenas veinte a\u00f1os estaba entre nosotros, antes hab\u00eda militado en la revuelta de los sesenta y cerr\u00f3 filas en la izquierda. Sus compa\u00f1eros de generaci\u00f3n se acercan a la senectud y probablemente sea tarea de promociones posteriores el se\u00f1alamiento de su obra. Valga la oportunidad de rendirle homenaje a una poes\u00eda conmovedora, que discurre completamente al margen de los r\u00edos centrales, de los que es lejanamente tributaria. Su obra surge de regiones ignotas del subconsciente, pero lo hace con una precisi\u00f3n asombrosa. Es como si conociese a fondo el lugar de sus or\u00edgenes y no titubeara al pronunciarse. Extra\u00f1\u00edsima, pero no por ello fuera de lugar, su poes\u00eda responde a los puentes que el poeta establec\u00eda entre las cordilleras de su mente. Su obra es una isla es un archipi\u00e9lago con pocas unidades.<\/p>\n<p>Contempor\u00e1neo de Mu\u00f1oz es Rafael Cadenas. No exagero al afirmar que la poes\u00eda del barquisimetano es de las m\u00e1s representativas de los a\u00f1os sesenta. En ella se resumen muchas de las preocupaciones que en Occidente comenzaron a aflorar en aquellos a\u00f1os: indagaci\u00f3n en la vida interior, trato con lo simb\u00f3lico, acercamiento a lo m\u00edstico, aproximaci\u00f3n a las culturas orientales y, fundamentalmente, el descubrimiento del tama\u00f1o del verdugo de la casa: el ego. La obra de Cadenas es, il\u00f3gicamente, una de las m\u00e1s apreciadas de nuestro tiempo. Desde la aparici\u00f3n de <em>Los cuadernos del destierro<\/em> y del poema \u201cDerrota\u201d, el favor de los lectores no se ha hecho esperar. La obra de Cadenas se nutre de la experiencia psicoanal\u00edtica y del trato diario con la psicolog\u00eda arquetipal. Los mitos no le son desconocidos al poeta, as\u00ed como tampoco le es ajena la batalla central de la vida de un hombre con sus demonios interiores. La depresi\u00f3n, el fracaso, forman parte del magna al que se sobrepone el poeta para escribir sus textos, de all\u00ed que su obra est\u00e9 lejos de la superficie, y sea hija del silencio y la b\u00fasqueda de la paz interior. Poeta m\u00edstico, pero o por ello exclusivamente circunscrito al misticismo de los cristianos. Su obra admite m\u00faltiples lecturas. Aquella met\u00e1fora del pozo de aguas profundas se ajusta perfectamente a la musculatura de su palabra po\u00e9tica. Su obra, como dir\u00eda Bertolt Brecht, es de las indispensables.<\/p>\n<p>La coherencia de la obra de Alfredo Silva Estrada no est\u00e1 en discusi\u00f3n. Se levanta como una columna en medio de la selva. No es com\u00fan que un poeta se ci\u00f1a desde sus inicios a una est\u00e9tica y no deje de desarrollarla a lo largo de sus a\u00f1os. Geom\u00e9trica, circular, abstracta, pero no por ello menos l\u00edrica, su poes\u00eda es como una casa en construcci\u00f3n: est\u00e1n al desnudo los elementos que despu\u00e9s se revestir\u00e1n con las capas del tiempo. Memoriosa, pero no afecta a la nostalgia melanc\u00f3lica, su palabra recibe la fuerza de lo que ha macerado, de lo que viene de lejos. Empe\u00f1ada en eludir el referente concreto, la obra de Silva Estrada se escapa de las precisiones espaciotemporales para habitar una suerte de sitio gen\u00e9rico, abstracto. M\u00e1s que metaf\u00edsica, su obra es filos\u00f3fica en la medida en que trabaja con categor\u00edas del pensamiento occidental y las hace parte del poema, y a veces son el poema mismo. Es densa y como sujeta a un orden l\u00f3gico implacable. No es f\u00e1cil entrar en el reino de su obra, pero una vez adentro los signos giran con liviandad.<\/p>\n<p>Si bien Guillermo Sucre es m\u00e1s conocido por su obra cr\u00edtica (<em>La m\u00e1scara, la transparencia<\/em>), su poes\u00eda est\u00e1 muy lejos de ser prescindible. Por el contrario, el peso de la vertiente cr\u00edtica de Sucre ha impedido la justa valoraci\u00f3n de su poes\u00eda. Dig\u00e1moslo de una vez: su obra espera por ser le\u00edda sin prejuicios, con ojos dispuestos a leer, no a categorizar, no a juzgar. Desde el poemario <em>La mirada<\/em> (1970), se hizo manifiesta la condici\u00f3n central de sus operaciones po\u00e9ticas: el ojo que mira, el ojo que ausculta en silencio. Responde as\u00ed a un presupuesto de la poes\u00eda que su obra contempla: la imagen es el cuerpo del poema. M\u00e1s a\u00fan, es la imagen la que se va constituyendo en mito, en signo, en s\u00edmbolo en el imaginario del creador. De all\u00ed que los primeros territorios de la infancia sean fundamentales en el escenario de Sucre. La vastedad de sus predios orinoquenses, el verano de su tierra caliente, la p\u00e9rdida de los padres, son algunos de los elementos que se conjugan con la mirada parad\u00f3jica en Sucre. Acostumbrado a ver el env\u00e9s de los objetos, el poeta no abandona su particular destreza para la complejidad, para la resoluci\u00f3n polivalente de las cosas y los hechos. Su obra est\u00e1 signada por la misma inteligencia con que lee las construcciones de os otros, pero lejos est\u00e1n e ser piezas fr\u00edas sus textos. Todo lo contrario, son serenamente desgarradoras: se han levantado sobre los escombros del dolor y del abandono.<\/p>\n<p>Perteneciente, como Sucre, a la generaci\u00f3n de los sesenta, Ram\u00f3n Palomares cultiva el habla de su pueblo. Natural de los Andes, y radicado en alguna estribaci\u00f3n de la cordillera, el poeta trujillano ha trabajado con el habla popular con una pertinencia fuera de toda sospecha. Pero su obra va mucho m\u00e1s all\u00e1 del rescate del habla com\u00fan, se adentra en los laberintos del alma perpleja del que va y viene, del que amanece sobre un filo de la existencia. Las faenas de la tierra, las relaciones familiares, las expectativas, el azar, los trabajos de la naturaleza, son algunos de los \u00e1rboles que cultiva en su bosque el poeta Palomares. Emparentado con el asombro que insufl\u00f3 el verbo de Vicente Gerbasi, el autor de <em>Adi\u00f3s Escuque<\/em>, m\u00e1s que maravilloso frente al reloj de la naturaleza, alimenta la perplejidad del que no tiene respuestas y sin embargo las busca en la domesticidad de las faenas. Precisos y provincianos, sus versos trascienden la an\u00e9cdota hacia esferas universales.<\/p>\n<p>Uno de los programas principales de la generaci\u00f3n de los sesenta fue el de ensamblar arte y vida. Hacer de la acci\u00f3n creadora y de la acci\u00f3n pol\u00edtica un solo frente coherente fue una senda trajinada por muchos, entre ellos el m\u00e1s disciplinado fue V\u00edctor Valera Mora. Sus poemas se corresponden en lo est\u00e9tico con lo que en lo pol\u00edtico se adelantaba. Sin embargo, con el paso de los a\u00f1os, sus versos m\u00e1s resistentes a los embates del olvido son los de amor. Su poes\u00eda revolucionaria es ir\u00f3nica, sarc\u00e1stica y humor\u00edstica, pero no se ha aposentado en el alma de los lectores juveniles como si lo ha hecho su palabra amorosa. Una alianza entre desfachatez y ternura hacen de sus poemas suertes de cartas amorosas que resumen episodios universales de la danza amatoria. El verso de Valera Mora discurre conversacional, alejado de los c\u00e1nones de la formalidad \u201cburguesa.\u201d Su palabra ha hecho escuela en Venezuela, m\u00e1s all\u00e1 de los a\u00f1os en que irrumpi\u00f3 en la escena. Adem\u00e1s, cultiv\u00f3 el verso largo, de cadena b\u00edblica, narrativo, con la misma intensidad con que se adentr\u00f3 en el poema breve y fulgurante.<\/p>\n<p>Como un puente entre los poetas de los sesenta y los de a generaci\u00f3n de los a\u00f1os setenta, Eugenio Montejo ha ido tallando su propio \u00e1rbol. Autor de una obra po\u00e9tica que suma lectores sin cesar, su palabra toda es integrante de una suerte de alfabeto personal que el poeta se ha hecho para explicarse al mundo. Su poes\u00eda es profundamente reflexiva, pero no por ello se aleja de las mejores met\u00e1foras. Por el contrario, trabaja las im\u00e1genes con una pertinencia envidiable, siempre ajustadas a la capacidad simb\u00f3lica que ellas emanan El \u00e1rbol, los p\u00e1jaros, las mudanzas, el viaje, la transitoriedad, el forastero, todos ellos elementos de un cosmos que no falla en su mecanismo de relojer\u00eda, forman parte del sistema solar que Montejo ha ido estructurando con su palabra. Su dicci\u00f3n es clara, como le habr\u00eda gustado a uno de sus poetas de cabecera, Antonio Machado, y su perplejidad religiosa ante la maravilla del mundo, constituye una suerte de homenaje para su otro maestro: Fernando Paz Castillo. Sus poemas son como flechas que van directo a la diana, sin perderse a s\u00ed mismos en los recodos del camino. Justos y sin desperdicios, como tallados por la mano de un orfebre.<\/p>\n<p>Si Vicente Gerbasi hizo de Canoabo su sitio, y Ram\u00f3n Palomares de Escuque el centro del universo, Luis Alberto Crespo ha hecho de su Carora natal el eje de su indagaci\u00f3n ontol\u00f3gica. Con un discurrir entrecortado, telegr\u00e1fico, al margen de la sintaxis com\u00fan, el poeta de la brevedad y del fogonazo ha ido construyendo su propia versi\u00f3n de la realidad. Con una obra ya dilatada, Crespo recoge del remolino del tiempo los fragmentos que lo completan. Ha quedado marcado por la experiencia de la tierra seca, por la victoria del cactus en medio de la aridez. Pasa de largo frente a las consideraciones del lenguaje convencional para adentrarse en lo esencial de la imagen, es un rastreador de nueces, siempre en di\u00e1logo con la naturaleza. Ella hace las veces de un espejo para que los hombres podamos comprender nuestros actos. Entre el aforismo y el epigrama, el poema de Crespo se abre paso para emitir sus noticias. El mundo no es miel sobre hojuelas parece decirnos desde su paisaje caballeresco el jinete que galopa en busca de s\u00ed mismo.<\/p>\n<p>Jos\u00e9 Barroeta, con un lenguaje distinto al de su paisano Palomares, da vueltas alrededor de universos familiares. Busca el papel que le corresponde en el teatro de la comunidad en que se menciona su nombre. Afecto al verso sentencioso y a la gravedad del drama, su poes\u00eda no se detiene en las ensenadas del humor o del gracejo, lo suyo es la constataci\u00f3n de la sangre como personaje principal de nuestra historia. La ferocidad del paso del tiempo es suya, la muerte tambi\u00e9n lo es. Barroeta es un creador de im\u00e1genes deslumbrantes que encajan sin m\u00e1cula en el r\u00edo de un discurso suntuoso. Su lenguaje es un lujo de melod\u00eda y exactitud. Sonoros y significantes, sus versos se hacen a la mar como si el destino ofreciese algo distinto al naufragio.<\/p>\n<p>La poes\u00eda de Reinaldo P\u00e9rez S\u00f3 suele estudiarse junto con la de Crespo. Ambos alzaron la voz por primera vez en la d\u00e9cada de los setenta, ambos cultivan el poema breve, ambos son herederos inmediatos del fracaso de los grandes relatos imperantes durante la d\u00e9cada anterior, ambos son hijos del repliegue que sobre s\u00ed mismos iniciaron los poetas venezolanos, despu\u00e9s del cambio de rumbo. El poeta valenciano ha bebido en muchas fuentes, entre ellas la de la poes\u00eda brasile\u00f1a y la de la poes\u00eda oriental. Paralelo a su vocaci\u00f3n ha corrido su trabajo encomiable como editor de la revista Poes\u00eda, donde se han dado cita a lo largo de veinte a\u00f1os los mejores poetas del continente americano. El viaje interior que propone la obra de P\u00e9rez S\u00f3 tiene como protagonista al ego y sus trampas, la comedia y el drama que escenifican los demonios interiores y el juez rector de nuestros actos. Parad\u00f3jica, inteligente, afecta al poder escueto y simb\u00f3lico de las cosas, los versos breves de P\u00e9rez S\u00f3 resultan insoslayables.<\/p>\n<p>Hanni Ossott comenz\u00f3 a hacer poes\u00eda en los a\u00f1os setenta contagiada por el furor espacial y abstracto que inund\u00f3 aquella \u00e9poca. Felizmente, alcanz\u00f3 su propia voz a partir del poemario <em>Hasta que llegue el d\u00eda y huyan las sombras<\/em> (1983), para luego sellar su momento culminante con un libro estremecedor: <em>El reino donde la noche se abre 1987<\/em>. All\u00ed puede leerse uno de los grandes poemas de toda la historia l\u00edrica nuestra: \u201cDel pa\u00eds de la pena\u201d, suerte de mosaico psicol\u00f3gico que dialoga con el clima exterior y nos va llevando hacia las interioridades del alma, con una linterna encendida. La obra de Ossott se teje a partir de referencias biogr\u00e1ficas particularmente ubicadas en el universo de la infancia: all\u00ed est\u00e1 una de sus mayores canteras. La casa, los padres, su lugar en el coro de los hermanos van haci\u00e9ndole un nudo en la garganta, del que el poema es liberaci\u00f3n. Sus largos poemas son como mon\u00f3logos interiores donde los interlocutores son sus propias m\u00e1scaras. El conflicto entre el mundo y su propia incomodidad, es la fuente nutricia de sus versos. No exagero un \u00e1pice si afirmo que la segunda mitad de su obra es de lo mejor que se ha escrito en Venezuela en los a\u00f1os recientes, un verdadero acontecimiento para nuestra literatura.<\/p>\n<p>Cuando Alejandro Oliveros public\u00f3 <em>El sonido de la casa<\/em> (1983), los lectores celebramos la ocurrencia. Para entonces era el primer poemario que retomaba el hilo de una tradici\u00f3n casi desconocida por los venezolanos: la de la poes\u00eda anglosajona. Oliveros hab\u00eda vivido largos a\u00f1os en Nueva York, form\u00e1ndose al alero de las lecturas de Pound, Eliot y Lowell, tallando su propia est\u00e9tica en el oc\u00e9ano de estos autores extraordinarios. Desde aquel libro y hasta nuestros d\u00edas Oliveros contin\u00faa cultivando el poema largo, que ofrece un impulso narrativo, donde se hayan referencias cultas, como puede ser la \u00f3pera o las artes pl\u00e1sticas renacentistas, junto a ubicaciones espaciales venezolanas o disertaciones sobre t\u00f3picos diversos. Con un claro sentido de la musicalidad Oliveros avanza con sus versos hacia constructos complejos, intertextuales, que suponen un lector naturalmente familiarizado con las expresiones de la raz\u00f3n y el alma occidental. Su voz es casi \u00fanica entre nosotros. Ha sido uno de los que abri\u00f3 una puerta y modific\u00f3 cierta uniformidad del panorama.<\/p>\n<p>Hasta aqu\u00ed nuestra rese\u00f1a de los autores escogidos. Todos los momentos generacionales significativos del siglo XX encuentran a un autor representativo. De la famosa Alborada (Salustio Gonz\u00e1lez Rincones), de los tiempos en que irrumpi\u00f3 la Generaci\u00f3n del 18 (Jos\u00e9 Antonio Ramos Sucre, Fernando Paz Castillo y Enriqueta Arvelo Larriva), de la camada de la Generaci\u00f3n del 28 y la Vanguardia (Antonio Arr\u00e1iz), del legendario grupo Viernes (Vicente Gerbasi), de los que surgieron en la d\u00e9cada de los cuarenta (Juan Liscano), de los precursores del sesenta (Juan S\u00e1nchez Pel\u00e1ez) de la Generaci\u00f3n de los sesenta (Rafael Jos\u00e9 Mu\u00f1oz, Rafael Cadenas, Alfredo Silva Estrada, Guillermo Sucre, Ram\u00f3n Palomares y V\u00edctor Valera Mora), de los que fungen de puente entre los sesenta y los setenta (Eugenio Montejo), as\u00ed como los que nacen a la publicaci\u00f3n en la d\u00e9cada del repliegue (Luis Alberto Crespo, Jos\u00e9 Barroeta y Reinaldo P\u00e9rez S\u00f3), hasta llegar a la solitaria Hanni Ossott y el no menos solitario Alejandro Oliveros.<\/p>\n<p>No me arriesgo a seleccionar autores de los grupos Tr\u00e1fico y Guaire porque apenas han pasado quince a\u00f1os de su impronta y no dispongo de la distancia necesaria. Adem\u00e1s, esta antolog\u00eda se detiene en obras que ya tienen un cuerpo formado y pueden tenerse como un aporte definitivo. Por esta raz\u00f3n tampoco me arriesgo con la promoci\u00f3n insospechada de voces femeninas de los a\u00f1os m\u00e1s recientes.<\/p>\n<p>Quedan en sus manos veinte visiones del mundo, veinte perplejidades, veinte respiraciones interiores, veinte maneras de estar sobre la misma tierra. Si algo puede distinguir el tejido humano de un pa\u00eds es la obra de sus creadores, y entre todas ellas, la obra del poeta es la que se acerca m\u00e1s peligrosamente a la regi\u00f3n donde late el coraz\u00f3n. No en balde Octavio Paz la llama \u201cla otra voz\u201d. Esa voz alterna, si la que no puede comprenderse la voz de la superficie, es la que ustedes tienen entre manos.<\/p>\n<h4 style=\"text-align: right;\"><a href=\"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/rafael-arraiz-lucca\/\" target=\"_blank\" rel=\"noopener\">Sobre el autor<\/a><\/h4>\n<h6>*Tomado del libro: Las tareas de la imaginaci\u00f3n. Arte &#8211; Literatura &#8211; Ciudad, de Rafael Arr\u00e1iz Lucca. Publicado por la Universidad Metropolitana (2021). Pp. 95-108.<\/h6>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Rafael Arr\u00e1iz Lucca No sabr\u00eda responder porque no somos diligentes en la b\u00fasqueda de nuestro tesoro, pero tampoco podr\u00eda explicar la raz\u00f3n por la que, una vez hallados, somos t\u00edmidos divulgando la noticia. La poes\u00eda venezolana no es una excepci\u00f3n: coincidimos propios y extra\u00f1os sobre su val\u00eda m\u00e1s all\u00e1 de las fronteras y, sin embargo, [&hellip;]<\/p>\n","protected":false},"author":6,"featured_media":5496,"comment_status":"open","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"_monsterinsights_skip_tracking":false,"_monsterinsights_sitenote_active":false,"_monsterinsights_sitenote_note":"","_monsterinsights_sitenote_category":0,"footnotes":""},"categories":[14],"tags":[44,3],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/5495"}],"collection":[{"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/users\/6"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=5495"}],"version-history":[{"count":2,"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/5495\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":8379,"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/5495\/revisions\/8379"}],"wp:featuredmedia":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/media\/5496"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=5495"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=5495"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=5495"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}