{"id":5472,"date":"2022-07-28T23:35:12","date_gmt":"2022-07-28T23:35:12","guid":{"rendered":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/?p=5472"},"modified":"2023-11-24T18:28:20","modified_gmt":"2023-11-24T18:28:20","slug":"dos-cuentos-mariano-picon-salas","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/dos-cuentos-mariano-picon-salas\/","title":{"rendered":"Dos cuentos de Mariano Pic\u00f3n Salas"},"content":{"rendered":"<h3>Historia de una nochebuena triste*<\/h3>\n<p>La Nochebuena de aquel a\u00f1o se nos entristeci\u00f3 con la grave en\u00adfermedad de mi abuelo. Parece raro que en esos d\u00edas tan hermosos alguien pudiera morirse. Como se inauguraba un nuevo Gobier\u00adno, y los venezolanos piensan que en un hipot\u00e9tico futuro est\u00e1 lo mejor, las fiestas religiosas se juntaron con las fiestas c\u00edvicas y en coloreados papelotes \u2014azules, verdes o rojos\u2014 se program\u00f3 el re\u00adgocijo. Adem\u00e1s de los aguinaldos cantados, de la gran misa de medianoche en la Catedral en la que pontifica el Obispo, de los pesebres con su fant\u00e1stica mu\u00f1equer\u00eda en anime, de los globos y los cohetes que encender\u00edan el cielo de M\u00e9rida, de la espumosa chicha y las comilonas de Navidad, otros y m\u00e1s extraordinarios es\u00adpect\u00e1culos se ofrec\u00edan a los meride\u00f1os; una gran cabalgata de j\u00f3ve\u00adnes y damas para la que ya se aprestaban los trajes y se hab\u00eda encar\u00adgado las m\u00e1s decoradas sillas, plateados frenos y brillantes gualdrapas; un gran baile en el reci\u00e9n fundado \u2018\u2018Club de las fami\u00adlias\u201d donde al amparo de la nueva pol\u00edtica de concordia se de\u00adpondr\u00edan pasiones y rivalidades; una corrida de toros en la Plaza de Milla donde nuestro impetuoso diestro Eloy Calder\u00f3n sacar\u00eda, sin duda, alguna oreja; y serenatas con requinto cuya m\u00fasica l\u00e1n\u00adguida y amorosa entibiar\u00eda las fr\u00edas, pero muy serenas noches de la ciudad.<\/p>\n<p>Consultas de los \u00faltimos figurines, de las novedades de la moda en Caracas, llenaban en todas las casas el alborozado prepa\u00adrativo de fiestas. Y con mis ojos de ni\u00f1o que ya comenzaban a pe\u00adnetrar el misterio de la belleza, recuerdo de aquel tiempo lejan\u00edsi\u00admo la figura de algunas muchachas cuya silueta femenina terminaba en los altos sombreros decorados de colibr\u00edes y plumas que eran precisamente los sombreros del a\u00f1o 1909, en los zapatitos Luis XV y la gracia con que sus manos llevaban y mov\u00edan las sombrillas de raso que entonces se usaban.<\/p>\n<p>Era una \u00e9poca de largas y sedosas cabelleras femeninas y de bustos henchidos, de milagro\u00adsa redondez, donde entre los encajes que los cubren, ofrecen su forma y prolongado olor, los jazmines y los claveles reventones. El enigma de la mujer pasa ante mis sentidos de ni\u00f1o en una \u00fanica y totalizadora sensaci\u00f3n de fragancias, de ojos negros, de bocas rojas y uno como aliento \u2014no sabr\u00eda llamarlo de otra manera\u2014 que emana de la vecindad de aquellas damas. Tengo ocho a\u00f1os y toda\u00adv\u00eda me besan. Perfumes del tiempo: \u201cHoubigant\u201d en su estuche carmes\u00ed; \u201cPeau d\u2019Espagne\u201d en su estuche amarillo que asociaba, no s\u00e9 por qu\u00e9, con aquellas rosas \u201cyema de huevo\u2019\u2019 que son tan lindas en M\u00e9rida: \u201cCoeur dejeanette\u201d en su fr\u00edvolo estuche azul.<\/p>\n<p>Ansiaba ya ser hombre para colear un toro en las famosas y he\u00adroicas coleaduras de la Plaza de Milla, para adquirir del \u201cCatire Bravo\u2019\u2019 un potro de impetuosa rienda y pasar, caracole\u00e1ndolo, junto a la ventana de la muchacha que me guste. Ciertos misterios se me presentan a mi imaginaci\u00f3n infantil: en voz baja he o\u00eddo hablar (porque tengo las orejas muy finas y despu\u00e9s pienso y rela\u00adciono todo lo que escucho) de las aventuras de mi t\u00edo Pedro, el m\u00e1s joven de mis t\u00edos, por cuyas empresas de Tenorio penan algu\u00adnas muchachas de la ciudad. Y cuando parec\u00eda que iba a casarse y a enseriarse con el \u00faltimo de sus cortejos, dio el esc\u00e1ndalo de rap\u00adtar a una hermosa morena de las que llaman \u201cde orilla\u201d y vivir con ella como a la vista de todo el mundo.<\/p>\n<p>\u201cPor las cosas de Pedro\u2019\u2019 han discutido largas horas mi abuelo y mi abuela. Y un d\u00eda en que mis t\u00edas est\u00e1n asomadas a la ventana y yo cerca, es\u00adcuch\u00e1ndolas, pasa por la calle, taconeando fuerte, y con un gran ramo de malabares en el llamativo traje azul, la peligrosa hero\u00edna de la historia. \u2018\u2018\u00a1Qu\u00e9 esc\u00e1ndalo, ni\u00f1a!\u201d dice una de mis t\u00edas a su hermana. \u201c\u00a1Qu\u00e9 atrevimiento inaudito!\u2019\u2019.<\/p>\n<p>En un almuerzo de do\u00admingo, con la familia congregada, t\u00edo Pedro debe soportar la mu\u00adda protesta de todo el clan. Come callado, y nadie le dirige la pa\u00adlabra; y con su \u00faltimo trago de caf\u00e9 sale de prisa como si no aguan\u00adtara la hostilidad circundante o m\u00e1s bien como si tuviese prisa de juntarse con su amiga. Formando un c\u00edrculo cerrado, y no dejando acercarse a los ni\u00f1os, los t\u00edos m\u00e1s viejos comentan despu\u00e9s de co\u00admer, a la sombra de un granado del patio, el reprochable suceso:<\/p>\n<p>\u2014Est\u00e1 bien \u2014dice uno de mis t\u00edos\u2014 que tenga su queridita, \u00bfy qui\u00e9n de nosotros no la ha tenido?, pero que de ning\u00fan modo la luzca.<\/p>\n<p>En el mundo de las mujeres, la travesura de t\u00edo Pedro encuentra mucho menor tolerancia. Es como si el pecado mortal, ya encarna\u00addo y materializado, contaminase la casa. Y la sociedad de M\u00e9rida es inexorable en estos asuntos de amor il\u00edcito. \u201cY sobre todo una muchacha que no es de su clase\u201d. Para volver a t\u00edo Pedro al buen camino, mis t\u00edas se han propuesto invocar la protecci\u00f3n divina en forma de mandas y de novenas. En aquella oraci\u00f3n que rezan to\u00addas las noches despu\u00e9s del rosario, y en que se ruega por los cami\u00adnantes y navegantes, por los esclavos y los cautivos \u2014t\u00edpica oraci\u00f3n del siglo XVI perdida en nuestras monta\u00f1as\u2014 puede agregarse el nombre de t\u00edo Pedro y de su amor obstinado.<\/p>\n<p>Pero tan grave esc\u00e1ndalo casi se olvid\u00f3 con la enfermedad de mi abuelo. Desde hac\u00eda varios meses \u2014y como en secreto\u2014 \u00e9l se esta\u00adba poniendo sus inyecciones calmantes. El c\u00e1ncer hac\u00eda en \u00e9l su tremenda vida subterr\u00e1nea, llena de proliferaciones y de ra\u00edces. Es como uno de esos extra\u00f1os organismos marinos \u2014mitad planta, mitad animal\u2014 que creciera dentro de uno y se distendiera en brazos, en enrojecida vegetaci\u00f3n invasora. Todos los venenos que uno acumul\u00f3 en una vida bien gozada y bien comida, parece que se cristalizan en ese c\u00e1ncer final.<\/p>\n<p>Y a\u00fan hay c\u00e1nceres latentes que est\u00e1n en nosotros desde el momento que nacemos como regalo de los antepasados y que van creciendo como la semilla de la guayaba hasta alcanzar en la vejez su terrible maduraci\u00f3n rojiza. Los libros de medicina que siempre consultaba mi abuelo le ense\u00f1aron el proceso de su enfermedad. Y un d\u00eda de los comienzos de aquel fa\u00adtal diciembre \u2014precisamente el \u00faltimo d\u00eda que concurri\u00f3 a la me\u00adsa\u2014 dijo delante de todos:<\/p>\n<p>\u2014Este a\u00f1o, si acaso, me como mis \u00faltimas hallacas.<\/p>\n<p>Y como para no asustarlo, hubo el prop\u00f3sito de seguir en los preparativos de las comilonas y las fiestas, con la t\u00e1cita sospecha de que todo se frustrar\u00eda.<\/p>\n<p>Esc\u00fachase en el solar el cloqueo de los pavos gordos que para las comidas de Navidad ha tra\u00eddo el Mocho Rafael, de la Hacienda; se amontonan en la despensa los frascos de aceitunas, alcaparras, en\u00adcurtidos y pasas con que se condimentan nuestros agridulces man\u00adjares de Pascua, y sabiamente mi abuela adelgaza y extiende aquellos finos amasillos de harina flor de que se hacen los bizcochuelos y \u201clazos\u201d pascuales. Entonces hay que canjear obse\u00adquios entre todas las familias, y mandarles piadosamente, tam\u00adbi\u00e9n, sus hallacas a los pobrecitos presos y a los lazarinos del Hos\u00adpital.<\/p>\n<p>Pero mientras en la enorme cocina se realizan tan profusos pre\u00adparativos, murmuran en voz baja las sirvientas:<\/p>\n<p>\u2014\u00bfNo sabes? Anoche se volvieron a o\u00edr en la ventana los tres to\u00adques de San Pascual Bail\u00f3n.<\/p>\n<p>\u2014\u00bfY qu\u00e9 es eso? \u2014pregunta una que desconoce los secretos del mundo sobrenatural.<\/p>\n<p>\u2014\u00a1Bah! Los que se oyen en las casas cuando alguien va a morir. San Pascual anuncia para que se preparen.<\/p>\n<p>Como aguardando que sonaran en el silencio nocturno los \u201cgolpecitos\u2019\u2019 de San Pascual Bail\u00f3n, dej\u00e9 de dormir muchas noches. Al otro d\u00eda en la mesa del desayuno todos estaban con los rostros preocupados.<\/p>\n<p>Ya para el 20 de diciembre empezaron y se difund\u00edan por el gran corredor de la casa, el hipo <em>y<\/em> los quejidos de mi abuelo. Quise verle \u2014porque no me dejaban entrar\u2014 y al trasluz de una puerta le observ\u00e9 tendido sobre un rimero de almohadas, con el rostro alargado y amarillento, ese rostro que ya empieza a opacar la muerte, y llev\u00e1ndose la mano al pecho como para dirigir su an\u00adgustiosa respiraci\u00f3n.<\/p>\n<p>\u2014\u00bfEs \u00e9ste mi abuelo, el que contaba tan bonitos cuentos? \u2014me pregunto desenga\u00f1ado.<\/p>\n<p>Y como para no seguir pensando torn\u00e9 al silencio del solar, a la animada acequia, a ver los p\u00e1jaros y los \u00e1rboles.<\/p>\n<p>Una ma\u00f1ana comienza ya en el dormitorio de mi abuelo, el es\u00adtertor de la agon\u00eda. Como una m\u00fasica tr\u00e1gica e intermitente el rit\u00admo de su entrecortada respiraci\u00f3n, la disnea final, puebla toda la casa. Del cuarto salen sombras asustadas y presurosas. Al lado de su lecho las mujeres encendieron la verde vela del alma, esa vela que tiene el color de los agonizantes, y un coro l\u00fagubre empez\u00f3 a recitar las Letan\u00edas Mayores. Llega a mis o\u00eddos el sordo abejoneo de los \u201cOra pro nobis\u201d con que el coro concluye cada apostrofe.<\/p>\n<p>La Muerte, de la que hasta este momento apenas hab\u00eda o\u00eddo hablar, se materializaba para m\u00ed en la semipenumbra de aquella habita\u00adci\u00f3n, en el rostro de mi abuelo que parec\u00eda por momentos enfriar\u00adse y desdibujarse. Y acaso el dolor de verle morir se me juntaba con la curiosidad de conocer la Muerte. Y embebido en su contemplaci\u00f3n, en el l\u00edvido espect\u00e1culo que por primera vez conoc\u00eda, casi no advert\u00ed cuando el coro de las mujeres comenz\u00f3 a lanzar su convulsivo llanto.<\/p>\n<p>Luego \u2014en aquel d\u00eda tan extra\u00f1o y tan largo\u2014 veo unos hombres que conducen escaleras, piezas de zaraza negra, enormes cirios y plateados candelabros y parecen adue\u00f1arse del sal\u00f3n y los corredores. Con infantil inquietud quisiera participar en su traba\u00adjo, pero bruscamente me apartan. Sobre los pilares del patio cuel\u00adgan ya los mortuorios crespones. Los retratos y los espejos del sal\u00f3n tambi\u00e9n est\u00e1n enlutados. Me muevo entre las visitas que van lle\u00adgando con sus trajes oscuros o me voy a la cocina donde las sirvien\u00adtas preparan para el velorio grandes c\u00e1ntaros de caf\u00e9.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<h3>Los batracios<\/h3>\n<p>Ignoro si esto lo so\u00f1\u00e9 en aquella perturbada \u00e9poca cuando las visiones me tra\u00edan a la almohada sofocantes residuos de una vida anterior, im\u00e1genes opresivas como las que acosan a los marihuanos, y flotando siempre en aguas lodosas, el rostro o la caricatura de aquel hombre parecido a muchas m\u00e1scaras de dioses y demonios, de animales divinizados, de los que se guardan en los museos de Antropolog\u00eda.<\/p>\n<p style=\"text-align: center;\">* * *<\/p>\n<p>Comenz\u00f3 el asunto en cierta desolada caleta de la costa donde el Coronel Cantalicio Mapanare, con su viejo prestigio de guerrillero y pensando que la Rep\u00fablica puede todav\u00eda mejorarse con \u00abcargas de machete\u00bb, nos comprometi\u00f3 en tan absurda aventura. Comiendo cabrito asado y bebiendo infernal cocuy en su hato de \u00abLa S\u00e1bila\u00bb, habl\u00f3 de los deberes de la juventud y del extra\u00f1o movimiento que auspiciado desde fuera por antiguos caudillos, modificar\u00eda el orden de cosas. El paisaje de \u00abLa S\u00e1bila\u00bb acaso era buen marco para semejantes alucinaciones. Entre cerros ocres y pedregosos, erizados de cardos, mirando lejan\u00edas de m\u00e9danos semejantes a camellos en marcha, es tierra que convida a la pelea. Los enormes cactos se yerguen, como guerreros indios, en plena guaz\u00e1bara. A lo lejos el mar se despliega como una inmensa piel de serpiente. En los d\u00edas sofocantes, las nubes rojas pasan incendiando el cielo con sus fogonazos de artiller\u00eda. El suelo comido por la erosi\u00f3n forma por todas partes grietas o peque\u00f1as cavernas, de donde de pronto brota un cachicamo con su peque\u00f1a armadura de caballero feudal.<\/p>\n<p>El Coronel mostr\u00f3 a los iniciados las cartas de los generales expulsos en las Antillas que se\u00f1alaban la fecha. Una misteriosa red de mensajes, de gentes que van de una parte a otra, p\u00e1vidos de consignas, agitaba la provincia. Y, al mismo tiempo que secan al sol sus cueros de chivos, viejos y mozos limpian las enmohecidas armas que se cubrieron de telara\u00f1as en los \u00absoberados\u00bb.<\/p>\n<p>El Jefe Civil, monta\u00f1\u00e9s barrig\u00f3n y taciturno, m\u00e1s preocupado de cobrar las contribuciones y de multar a los burros que ramonean bajo los cuj\u00edes de la plaza, no parece saber lo que se prepara. Mucho tiempo le absorbe aquella centavera recaudaci\u00f3n de tributos municipales. Que en el caser\u00edo de \u00abEl Bejuco\u00bb mataron un cochino y corresponden tres bol\u00edvares por derecho de matanza, y que los Ju\u00e1rez deben pagar veinticinco pesos por destilar cocuy sin el debido respeto a las prescripciones sanitarias. \u00a1Y a ese viejo Coronel Mapanare que con tanta frecuencia se burla de las ordenanzas, por aquello de que \u00abley pareja no es dura\u00bb, es necesario imponerle, de tiempo en tiempo, algunas multas! \u00abNo se nos vaya a alebrestar demasiado\u00bb. \u00a1Autoridad es autoridad! Pero tampoco excederse en el rigor y alternarlo con algunas dulzuras, porque en Pol\u00edtica \u2014razona el Jefe\u2014 \u00abunos entran y otros salen\u00bb. Y conmueven al pueblo los muy sacudidos abrazos que ambos se dan al encontrarse en la calle.<\/p>\n<p>Por eso, el Coronel nos afirm\u00f3:<\/p>\n<p>\u2014A ese bruto lo tengo \u00abcebao\u00bb.<\/p>\n<p>Bebimos tanto una noche en el hato de \u00abLa S\u00e1bila\u00bb que Mapanare resolvi\u00f3, nada menos, que caer sobre el pueblo.<\/p>\n<p>\u2014Pero, Coronel, \u00bfno ser\u00e1 mejor que esto coincida con el desembarco de las gentes de las Antillas; que coordinemos la operaci\u00f3n terrestre con la mar\u00edtima? \u2014me atrev\u00ed a replicarle con ingenua pedanter\u00eda estrat\u00e9gica.<\/p>\n<p>\u2014Civil no discute cosas de guerra \u2014me contest\u00f3, amostazado.<\/p>\n<p>Pero, volviendo por las normas de la cortes\u00eda, nos se\u00f1al\u00f3 otros papeles para justificar sus puntos de vista. El Comit\u00e9 directivo ordenaba desde las Antillas que las operaciones de desembarco fueran precedidas por \u00abespont\u00e1neos levantamientos populares\u00bb.<\/p>\n<p>\u2014\u00a1Espont\u00e1neos levantamientos populares! \u2014coment\u00f3 el guerrillero\u2014. \u00a1C\u00f3mo se atascan estos bachilleres! \u00a1C\u00f3mo si los mariquitos y jipatos de los pueblos fueran capaces de alzarse solos! Hay que haberle tomado gusto al plomo. No vamos a ning\u00fan baile a escote.<\/p>\n<p>Era noche de luna y la casa del Jefe ya herv\u00eda de gente. Ten\u00eda algo de medieval y de hermoso aquel cuerno que a la puerta del hato se puso a congregar compadres, vecinos y medianeros. Lo compar\u00e9 en mis sue\u00f1os ret\u00f3ricos con el cuerno que reson\u00f3 en Roncesvalles\u2026 Mocetones cobrizos, que eran ahijados, hijos naturales o protegidos de Mapanare, llegaron pidi\u00e9ndole la bendici\u00f3n. Como en un cardumen gigantesco se amontonaban en el patio, las armas rescatadas de los misteriosos soberados. Hab\u00eda simples cuchillos de monte; \u00abcolas de gallo\u00bb; pistolas que ya sirvieron para los abuelos; fusiles de 1892. Corr\u00eda generoso el cocuy y Mapanare daba \u00f3rdenes.<\/p>\n<p>\u2014Arreglen sus bestias y aperos, y en marcha hacia el pueblo\u2026 \u00a1Le madrugaremos al Jefe Civil!<\/p>\n<p>Y dirigi\u00e9ndose a m\u00ed, como para vencer mis \u00faltimas dudas:<\/p>\n<p>\u2014Papel y l\u00e1piz, mi doctorcito, porque ust\u00e9 va a apuntar\u2026<\/p>\n<p>El cocuy ya me llegaba hasta los sesos como la picadura de cien alacranes. Sumido en esa otra borrachera no sent\u00eda temor alguno y aun en lo m\u00e1s violento y primitivo del lance parec\u00eda desquitarme de la mediocridad de tantos a\u00f1os opacos e inm\u00f3viles. \u00a1Inerte juventud de bachiller que aprendi\u00f3 los C\u00f3digos y escribe todos los d\u00edas en su letra inglesa: \u00abTengo la honra de comunicar a Ud.\u00bb; \u00abEl compareciente dijo llamarse\u00bb, etc.! Los libros que le\u00eda en la noche, antes de dormirme, hablaban de destinos m\u00e1s bellos o m\u00e1s arriesgados. Ahora, con ese Romanticismo entre sentimental y heroico que suscita nuestra tierra caliente, recordaba los versos que pod\u00edan idealizar o ennoblecer mi situaci\u00f3n. Me parec\u00eda hermosa la palabra \u00abPatria\u00bb, la palabra \u00abPeligro\u00bb. No me hubiera importado morir:<\/p>\n<p>\u00abMorir y joven, antes que destruya el tiempo aleve tu gentil corona\u00bb.<\/p>\n<p>Una salpicadura de mar llegaba desde la playa ablandando aquel camino de arenisca, desflec\u00e1ndose y rodando como otra crin m\u00e1s de los caballos.<\/p>\n<p>A la entrada del pueblo ya gritamos las consignas: \u00a1Patria y Revoluci\u00f3n! Y desde ventanillas min\u00fasculas, gentes despertadas con susto, miraban como \u00e1nimas, entre sus pa\u00f1os de dormir.<\/p>\n<p>Sigilosamente ajustaban m\u00e1s las trancas de las casuchas, y la suma transparencia del aire nos devolv\u00eda el ruido de las trojes, de los colchones de hoja de ma\u00edz en que se revuelven los durmientes sobresaltados.<\/p>\n<p>Clarines de gallos alertas en los solares; perros que acosaban desde las cercas, parec\u00edan multiplicar el ruido; trocaban todo en una especie de trastorno c\u00f3smico. Llegamos hasta el centro del pueblo y amarramos las bestias en los \u00e1rboles de la plaza. Cuatro comisarios de los que hac\u00edan la guardia local, aparecieron all\u00ed con sus sombreros pelo de guama en las manos, y rindiendo sus peinillas a la revoluci\u00f3n. Saludaban ya a Mapanare:<\/p>\n<p>\u2014Ust\u00e9 sabe, Coronel, que a nosotros nos mandan y nos ponen aqu\u00ed para resguardar el orden.<\/p>\n<p>\u2014Bien, hijos, cooperen con el movimiento \u2014dec\u00eda patriarcalmente el viejo\u2014. Contim\u00e1s que yo soy de aqu\u00ed; de esta tierra, como los chivos, la s\u00e1bila y los cardones.<\/p>\n<p>Gan\u00e1ndose sus primeras presas revolucionarias, ellos mismos salieron a buscar al Jefe Civil. Fue un poco grotesca la aparici\u00f3n del pobre hombre, en calzoncillos, con los ojos bovinos y alelados todav\u00eda de sorpresa y de sue\u00f1o.<\/p>\n<p>Inquiri\u00f3 con nerviosidad:<\/p>\n<p>\u2014\u00bfQu\u00e9 me van a hacer?<\/p>\n<p>Y Mapanare, fijando los principios morales del movimiento:<\/p>\n<p>\u2014Es s\u00f3lo medida preventiva. Despu\u00e9s jalar\u00e1 pa su tierra\u2026<\/p>\n<p>\u00a1Qui\u00e9n ha visto monta\u00f1\u00e9s en costa! No queremos ejercer violencia in\u00fatil contra las personas, sino restablecer la legalid\u00e1.<\/p>\n<p>Y lo dej\u00f3 entre los guardias, porque \u00e9l iba a dar comienzo a las operaciones \u00abde limpieza\u00bb.<\/p>\n<p>Mientras disparan (a modo de regocijo) m\u00e1s de una bala loca, me marcho a la Jefatura a escribir los papeles que me encarg\u00f3 el Coronel.<\/p>\n<p>Redacto, a la luz de una l\u00e1mpara de kerosene, el bolet\u00edn de campa\u00f1a n\u00famero uno y hasta un manifiesto a los pueblos de la regi\u00f3n, defendiendo la justicia de nuestra rebeld\u00eda.<\/p>\n<p>Suena otro fusilazo a lo lejos.<\/p>\n<p>\u2014\u00bfQu\u00e9 ser\u00e1? \u2014pregunto deteniendo la pluma, al ordenanza que vigila a mi lado.<\/p>\n<p>\u2014\u00a1Nada! El Coronel lo hace pa mantener despiertos a los muchachos y pa que los civiles apriendan.<\/p>\n<p>Da un bostezo, abre la boca mulata parecida a una sand\u00eda y exclama con deliciosa inconsciencia:<\/p>\n<p>\u2014\u00a1Qu\u00e9 gozadera!<\/p>\n<p>En las calles, las gentes despertadas por susto o a viva fuerza, est\u00e1n aclamando al jefe:<\/p>\n<p>\u2014\u00a1Viva el General Cantalicio Mapanare!<\/p>\n<p>Y as\u00ed, elev\u00e1ndolo de grado, por plebiscito un\u00e1nime, se encabezaron los documentos que termin\u00e9 de escribir en la madrugada.<\/p>\n<p>A las siete, el Jefe me busc\u00f3 para firmar los papeles e invitarme al desayuno.<\/p>\n<p>Celebr\u00f3 el nuevo t\u00edtulo con que le gratificamos:<\/p>\n<p>\u2014Ust\u00e9 me comprende, amigo\u2026 Pero he de decirle algo parecido a lo que le dijo P\u00e1ez a Bol\u00edvar. (Yo tambi\u00e9n leo mis historias)\u2026 Si la Rep\u00fablica lo autoriza.<\/p>\n<p>\u2014\u00a1C\u00f3mo no lo va a autorizar, mi General! \u00a1A su salud! Y a falta de otra cosa, brind\u00e9 con mi taza de caf\u00e9.<\/p>\n<p>Como peque\u00f1o bot\u00edn de las operaciones, el viejo (ya algunas gentes, para darse importancia, le empezaban a llamar \u00abel viejo\u00bb), me meti\u00f3 paternalmente en el bolsillo dos morocotas.<\/p>\n<p>\u2014Para que se ayude en los gastos de la campa\u00f1a\u2026 Y explic\u00e1ndose mejor:<\/p>\n<p>\u2014Ust\u00e9 sinti\u00f3 hace un rato los tiritos. El comercio se alarm\u00f3 y empieza a ayudar.<\/p>\n<p>\u00a1Y ah\u00ed se est\u00e1 esa gente, d\u00e1ndole gusto al cuerpo, mientras se enciende de veras el plomeo!<\/p>\n<p>Zamarreado por dos guardias que Mapanare deleg\u00f3 en su busca, comparece en ese instante el telegrafista. Y con destreza de prestidigitador asustado \u2014antes de que le ocurra algo peor\u2014 se saca del bolsillo y le alarga al Jefe su peque\u00f1a raci\u00f3n de telegramas interceptados.<\/p>\n<p>Los lee, nervioso, el General, y me los pasa mientras dice al atribulado hombre:<\/p>\n<p>\u2014A ust\u00e9 ser\u00e1 mejor dejarlo preso e incomunicado, no se le vaya a soltar la boca\u2026<\/p>\n<p>Y llam\u00e1ndome a un rinc\u00f3n, meditamos en la gravedad de las noticias. Ocurre que, seg\u00fan los telegramas, ya el Gobierno sabe de los movimientos que deb\u00edan estallar; detuvieron dos goletas que tra\u00edan parque desde las Antillas; se orden\u00f3 reforzar las guarniciones de la costa y varios aviones har\u00e1n, tambi\u00e9n, la vigilancia del litoral.<\/p>\n<p>\u2014\u00a1Aviones, aviones! \u2014comenta, todo amoscado, el Jefe\u2014. A este asunto como que le va a caer zamurera.<\/p>\n<p>\u2014\u00bfY qu\u00e9 haremos, General? \u2014me atrevo a inquirir.<\/p>\n<p>\u2014\u00bfY me lo pregunta? A ust\u00e9 como que se le est\u00e1 aflojando la coton\u00eda\u2026 Echar pa lante, como los hombres de pundonor. Es mejor que nos cojan peleando y no dormidos\u2026 Qui\u00e9n quita que las cosas mejoren.<\/p>\n<p>Y como si aflorara el fondo todav\u00eda m\u00e1gico de su alma:<\/p>\n<p>\u2014\u00bfUst\u00e9 es creyente? Pues reze contra el \u00abenemigo oculto\u00bb y encomi\u00e9ndese al Justo Juez o a San Marcos de Le\u00f3n\u2026 Se han visto casos\u2026<\/p>\n<p>Se volvi\u00f3 hacia la pared, se persign\u00f3 y dijo a media voz las palabras rituales:<\/p>\n<p>\u2014Con dos te veo, con tres te ato, la sangre te bebo y el coraz\u00f3n te parto. Dominado por las fuerzas de San Juan, dominado por la espada del Arc\u00e1ngel San Miguel, atormentado por el \u00c1nima Sola.<\/p>\n<p>Luego, volviendo al mundo l\u00f3gico, y como si espantara una mosca que le pasase por los ojos:<\/p>\n<p>\u2014\u00a1Aviones, aviones! En mi tiempo pele\u00e1bamos como machos y no llam\u00e1bamos a los musi\u00faes para que pusieran a roncar semejantes maquinitas. Veremos por esos cerros, entre tantos compadres y amigos, si le madrugamos al Gobierno.<\/p>\n<p>Son\u00f3 la corneta y nos movimos como si fu\u00e9semos una colonia de bachacos, raspando esa tierra agria donde el insecto se mimetiza con el paisaje. Tierra color de bachaco y enconada como ellos. En la plaza, a la sombra de los cuj\u00edes, a\u00fan hab\u00eda gentes ingenuas que gritaban:<\/p>\n<p>\u2014\u00a1Viva el General Mapanare!<\/p>\n<p>A pocas cuadras del pueblo comenzaba una calva serran\u00eda donde los cerros perpendiculares rasan como cuchillas. Piedras rojas como tumores, abrazadas s\u00e1dicamente a los cardones. Las bestias resbalan entre lajas sueltas y detritos de roca quemada al sol. De pronto, un p\u00e1jaro rojo revolotea entre las piedras como endilgando el vuelo hacia el aire m\u00e1s fresco de la costa. Pero desde aqu\u00ed, a\u00fan el cobalto del mar lejano parece m\u00e1s p\u00e9rfido. Arriba las nubes proyectan sobre el cielo torcido, las mismas formas cancerosas de la tierra. Espectralmente envuelto en las nieblas de la cumbre, horadado de fosos y vertientes que cav\u00f3 la erosi\u00f3n, m\u00e1s all\u00e1 de estos caminos jibados, hay un viejo castillo espa\u00f1ol donde en la \u00e9poca colonial se vigilaba la costa contra piratas y corsarios. All\u00ed esperaba fortificarse Mapanare, mientras reparte algunas gentes por haciendas y caser\u00edos, buscando refuerzos, reclamando el cumplimiento de viejos y sagrados pactos revolucionarios.<\/p>\n<p>Ten\u00edamos sed y segu\u00edamos empinando a \u00abpico de frasco\u00bb los garrafoncitos de cocuy. Entr\u00e1banos en la garganta, con el licor de fuego, el polvo rojizo del camino; el sabor de la arenisca. En el paisaje, a pesar de la aridez, hay una vida terrible: la de las rocas que craquean al sol, la de los terrones que caen, la de los abejones y t\u00e1banos que zumban. Como un pedazo de tronco muerto, se enrolla una serpiente de color gris cuya cabeza se adelanta a cortar uno de los mocetones, probando por primera vez el filo de su cuchillo:<\/p>\n<p>\u2014\u00a1Jes\u00fas! Me libr\u00e9 de esta \u00abbicha\u00bb.<\/p>\n<p>Y sigue el camino mon\u00f3tono, chasqueante de lajas.<\/p>\n<p>De pronto, sentimos sobre nosotros un zumbido m\u00e1s largo y persistente que el de los abejorros. El cielo est\u00e1 diagonal, y siguiendo la abrupta cuchilla del sendero, tenemos que volvernos de soslayo para mirar hacia arriba. Y ahora, \u00abaquello\u00bb crepita sobre nuestras cabezas como si fuera a descolgarse.<\/p>\n<p>\u2014General, un avi\u00f3n \u2014digo a Mapanare.<\/p>\n<p>Y el guerrillero otra vez se persigna como si estuviera ante las fuerzas que no comprende; que le parecen indominables.<\/p>\n<p>Pero de nuevo la m\u00e1quina se dispara cielo arriba, como despreciando aquel pu\u00f1ado de gentes y bestias aspeadas, sedientas y sudorosas. Debemos parecer, desde el cielo, un conjunto de lajas, arrastradas por la ventolina; por aquella \u00abcaldereta\u00bb de mediod\u00eda que nos pega como una ventosa.<\/p>\n<p>\u2014Ir\u00e1, sin duda, a la capital del Estado a decir hacia d\u00f3nde se mueve la guerrilla \u2014comenta el Jefe.<\/p>\n<p>\u2014Ir\u00e1. (Y mi palabra es ya s\u00f3lo un caliente bostezo).<\/p>\n<p>Sigue pasando un aire ardoroso que nos aprieta como mano sucia, untada de sudor.<\/p>\n<p>\u2014\u00a1Arre, bestia! \u2014gritan los jinetes, azotando los animales cansados, que de pronto se \u00abachantan\u00bb, bruscamente, en la ladera.<\/p>\n<p>Caen pedruscos y malas palabras. Cruzan entre las piedras y los bejucos secos, a paso chasqueante, lagartos verdes e iguanas nerviosas, de ojos sobresaltados.<\/p>\n<p>Avistamos, ya de noche, saltando por un barranco, erizado de cardos, las ruinas del viejo castillo.<\/p>\n<p>Nos echamos all\u00ed, sobre las losas, como un racimo de cuerpos ex\u00e1nimes. El estrellado cielo vierte sobre nosotros el tul fresco y piadoso de un impalpable mosquitero.<\/p>\n<p>\u2014Ma\u00f1ana ser\u00e1 otro d\u00eda \u2014dice, fatalista, el General Mapanare.<\/p>\n<p>Y ma\u00f1ana fue otro d\u00eda. El General hab\u00eda conjurado de nuevo al \u00abenemigo oculto\u00bb y rezado a San Marcos de Le\u00f3n. Nos repartimos un poco de cazabe, de papel\u00f3n y tasajo que se guardaba en las busacas, y continuamos el camino.<\/p>\n<p>Descend\u00edamos ahora por una ladera con sueltas manchas de verde, como fresco anuncio de la quebrada distante. Leguas all\u00e1, el paisaje se tornar\u00e1 m\u00e1s humano: hay trapiches, caser\u00edos, compadres, amigos y conmilitones de nuestro Jefe, \u00edbamos marchando de prisa, embebidos en la cariciosa dulzura de la ma\u00f1ana, cuando de un bosquecillo de carrizos donde nos promet\u00edamos calentar caf\u00e9 en improvisadas \u00abtopias\u00bb, desemboca de pronto un pelot\u00f3n. Fue como un viento huracanado que hubiese sacudido el carrizal. Avanzaron a gatas y apuntan ya sus m\u00e1useres contra nuestro desecho cortejo.<\/p>\n<p>\u2014\u00a1Det\u00e9nganse o hacemos fuego! \u2014grita una voz.<\/p>\n<p>Ya caen pobre nosotros, como ensart\u00e1ndonos en las bayonetas. No hubo tiempo, siquiera, de ponerse en disposici\u00f3n de pelea. Se abalanzan sobre el General y le conminan a entregarse.<\/p>\n<p>Y est\u00e1 en poder de los asaltantes cuanto hace el prestigio y la gloria de Cantalicio Mapanare: su rev\u00f3lver, su canana, su reloj con tapa de oro. Y hasta la hermosa barba varonil, barba de gran caudillo y gran compadre, cubierta de polvo y quiz\u00e1 de verg\u00fcenza, parece derribarse como bandera arriada.<\/p>\n<p>\u2014No hagan resistencia, muchachos \u2014ordena.<\/p>\n<p>Y, apresado ya el Jefe, sueltan las armas y parecen implorar con los brazos erguidos.<\/p>\n<p>\u2014\u00a1A m\u00ed me llevaron! \u2014murmura uno de los labriegos.<\/p>\n<p>Fue en ese instante cuando se movi\u00f3 entre el follaje del carrizal, la cara viscosa de aquel hombre. Estuvo all\u00ed un rato como dirigiendo y mirando de soslayo. Del liquilique blanco emerge el rostro mestizo, de indefinible color, entre gris\u00e1ceo y verdusco. Con sus anchas espaldas llevadas por unas piernecillas desproporcionadamente cortas, parece una rana. Avanza hacia m\u00ed la repulsiva m\u00e1scara. \u00bfD\u00f3nde le vi antes? Dij\u00e9rase que viene a buscarme desde el fondo de mi temor o de mi sorpresa, como el obstinado protagonista de una vieja pesadilla. \u00bfY por qu\u00e9 me mira solamente a m\u00ed? No s\u00e9 si es \u00e9l o soy yo quien realmente avanza, como hipnotizado por uno de esos \u00abvahos\u00bb de que hablan los campesinos. Y siento una mano helada que me palmea y una vocecilla glugluteante (se me ocurri\u00f3 esta palabra) que exclama, entre ir\u00f3nica y melosa:<\/p>\n<p>\u2014\u00bfC\u00f3mo que no te acuerdas de m\u00ed?<\/p>\n<p>Lo extra\u00f1o es que antes le he visto; pero no s\u00e9 d\u00f3nde.<\/p>\n<p>\u2014En el colegio, chico\u2026 en el colegio. T\u00fa siempre nos \u00abchivateabas\u00bb en Geograf\u00eda \u2014se adelant\u00f3 a responderme la m\u00e1scara.<\/p>\n<p>\u2014S\u00ed, claro, en el colegio \u2014digo mec\u00e1nicamente.<\/p>\n<p>Y congrego angustiosamente en la memoria aquellos muchachos que asist\u00edan a la clase de Geograf\u00eda. Ajusto las caras a los apellidos. Puedo repetir \u2014\u00a1qu\u00e9 extra\u00f1o!\u2014 hasta el orden alfab\u00e9tico de la lista. \u00abArteaga, Baz\u00e1n, Camejo, Dugarte, Duran, Espina\u00bb, digo r\u00e1pidamente. \u00a1No; no es ninguno de ellos! A menos que la vida nos haga cambiar tanto y saque de nuestro subconsciente expresiones y rasgos m\u00e1s letales. Porque es disimulado; despacioso, como si se pusiera a aguaitar y cebar una extra\u00f1a venganza.<\/p>\n<p>\u2014\u00a1Qu\u00e9 curioso, chico! \u00a1Me hab\u00eda acordado de ti! \u2014vuelve a decirme.<\/p>\n<p>Otra le miro y se me antoja semejante a esas estatuillas de batracios sagrados que veneraban en esta tierra, antes de que llegaran los espa\u00f1oles. Pienso (porque la sed y el cansancio son propicias a tan absurdas analog\u00edas):<\/p>\n<p>\u2014Claro\u2026 En tierras tan secas, deb\u00edan divinizarlos como la materia opuesta; en una especie de nostalgia del pantano germinal.<\/p>\n<p>Es una cara de las primeras edades de la tierra, cuando a\u00fan no se hab\u00edan diferenciado las razas, cuando en un paisaje envuelto en nieblas y vapores, sapos y ranas inmensas sacaban las p\u00e1vidas cabezas del charco primigenio para volver a ahitarse de su inagotable raci\u00f3n de lodo.<\/p>\n<p>Analizo \u2014como para entender mejor lo que puede guardar\u2014 aquella frase quiz\u00e1s enigm\u00e1tica:<\/p>\n<p>\u2014T\u00fa siempre nos chivateabas en Geograf\u00eda.<\/p>\n<p>Pero \u00e9l est\u00e1 a mi lado y seguir\u00e1 rode\u00e1ndome y acos\u00e1ndome un gran trecho de camino. Dice, de pronto, con monoton\u00eda:<\/p>\n<p>\u2014\u00a1Vueltas que da el mundo\u2026 Ahora t\u00fa eres mi prisionero!<\/p>\n<p>Despu\u00e9s, m\u00e1s all\u00e1 de los carrizales; de un r\u00edo turbio, de una pulper\u00eda en que \u00e9l dispuso nos dieran varios vasos de guarapo, tropezamos con las primeras calles empedradas de un pueblo. Entramos a un viejo caser\u00f3n; nos alinean en el patio, termina nuestra requisa, y el hombre, con voz entonada y cruel, se pone a dar \u00f3rdenes:<\/p>\n<p>\u2014El faccioso Mapanare seguir\u00e1 esta misma tarde para Puerto Cabello. Aguarden aqu\u00ed, los otros, hasta segunda orden.<\/p>\n<p>Pregunta, perentorio, al viejo:<\/p>\n<p>\u2014\u00bfTrae otra muda de ropa?<\/p>\n<p>\u2014No \u2014contesta mi Jefe.<\/p>\n<p>\u2014Pues se lo llevar\u00e1n con lo puesto\u2026<\/p>\n<p>Lo sacan bruscamente de las filas. Me hace el viejo una se\u00f1al afectuosa; quiere hablarme, pero la voz conmina de nuevo:<\/p>\n<p>\u2014Prohibido hablar con los presos\u2026<\/p>\n<p>Arrastran a mi Jefe con el traje y las barbas polvorientas, como la caricatura de un Cristo aldeano en un caluroso viernes santo. Y los ingenuos labriegos que lo siguieron, y yo \u2014que iba a escribir la gesta\u2014 aguardamos all\u00ed con las alpargatas descosidas, como perdices muertas de una cacer\u00eda por aquellos cerros. Remonta uno en ese instante de angustia \u2014como si fuera a morir\u2014 lo que fue su vida; el residuo m\u00e1s dulce de otros d\u00edas; tornan a pasar, con sus rostros y apodos, los compa\u00f1eros de colegio. \u00abEl orej\u00f3n Arteaga, el chato Camejo, el catire Dugarte que parece que se hizo cura\u00bb. Pero \u00bfqui\u00e9n es por fin ese hombre? \u00bfD\u00f3nde le vi antes? \u00bfQu\u00e9 me viene a cobrar? Y el dolor de mi juventud fracasada, ca\u00edda en una trampa, estalla en un sollozo de miedo y de c\u00f3lera. Pasan por mis l\u00e1grimas, como por un cristal turbio, los s\u00edmbolos y visiones de los \u00faltimos d\u00edas: Mapanare; la espinosa e inflamada aridez de aquellos caminos, el gusto salvaje del cocuy; las m\u00e1gicas palabras de la oraci\u00f3n del enemigo oculto, y el letal, incomprensible misterio de esa m\u00e1scara.<\/p>\n<p>Ya otra vez se deten\u00eda a mi lado, y me sorprendi\u00f3 \u2014\u00a1qu\u00e9 horror!\u2014 mientras me secaba las l\u00e1grimas.<\/p>\n<p>\u2014Son las \u00f3rdenes, chico\u2026 Hay que cumplirlas \u2014me dijo con falsa piedad\u2014.<\/p>\n<p>Pero te trataremos lo mejor que se pueda\u2026<\/p>\n<p>Y atorment\u00e1ndome de nuevo con los mismos recuerdos impertinentes:<\/p>\n<p>\u2014\u00a1Qu\u00e9 cosas pasan, chico!\u2026 Si me parece que fue ayer cuando nos chivateabas en Geograf\u00eda.<\/p>\n<p>Y yo, sin disimular la molestia:<\/p>\n<p>\u2014\u00bfQu\u00e9 tiene que ver la Geograf\u00eda con esto?<\/p>\n<p>\u2014Nada; cosas que a uno se le ocurren\u2026 Sosi\u00e9gate. Nada dura cien a\u00f1os.<\/p>\n<p>Y asi\u00e9ndome del brazo me conduce por un largo pasadizo donde se alinean num\u00e9ricamente las celdas de los presos.<\/p>\n<p>\u2014Parece que en nuestra tierra hay que graduarse en esta Universidad\u2026 T\u00fa eres inteligente; dar\u00e1s buenos ex\u00e1menes \u2014dijo con iron\u00eda.<\/p>\n<p>Al final ya del pasadizo inacabable, se detuvo en el n\u00famero 84. Sonri\u00f3 como pudiera hacerlo un hotelero infernal:<\/p>\n<p>\u2014Te escog\u00ed \u00e9sta\u2026 Es la m\u00e1s fresca. Y, f\u00edjate bien, \u00ab84\u00bb, como los departamentos de Francia cuando nosotros estudi\u00e1bamos Geograf\u00eda. T\u00fa los repet\u00edas de memoria. \u00bfTe acuerdas?<\/p>\n<p>\u2014No; no recuerdo nada \u2014respondo con p\u00e1vida furia. Me da una palmadita desde su inexorable superioridad:<\/p>\n<p>\u2014Comprendo que est\u00e9s nervioso\u2026 A cualquiera le pasa\u2026 Comienza tu carrera de pol\u00edtico.<\/p>\n<p>Mientras juega con la llave del calabozo, me va empujando suavemente hacia el antro. A\u00fan me dice sard\u00f3nico:<\/p>\n<p>\u2014No es muy c\u00f3moda\u2026 Pero si algo se te ofrece, m\u00e1ndalo decir. Y me extiende su mano de animal fr\u00edo.<\/p>\n<p>A\u00fan o\u00ed durante un rato la parsimonia con que echaba la llave y el ruido is\u00f3crono, inalterable de sus pasos, regresando por el mismo corredor. Yo iba penetrando \u2014como a tientas\u2014 en el golfo de sombras. Quiz\u00e1 la insolaci\u00f3n o la fiebre dispersaba por el cuarto oscuro, fimbrias y culebrillas de luz.<\/p>\n<p>Y comenz\u00f3 un rumor de agua, a ras del suelo, de un portillo abierto en el muro leproso. Penetraba tambi\u00e9n por all\u00ed un terrible olor de excrementos. Un poco de sol amarillusco, colado por la misma ranura, se tend\u00eda a mis pies como un perro sucio. Me puse a reconocer mi morada, a palpar las paredes, te\u00f1idas de manchones, a fin de habituarme a mi futura vida de murci\u00e9lago.<\/p>\n<p>Pero el agua est\u00e1 corriendo con m\u00e1s fuerza y repta ya por la muralla. O se entretiene por el pavimento terroso, zigzagueando en extra\u00f1os meandros. S\u00ed; debo tener fiebre, me arde la cabeza, me tomo el pulso sobresaltado y grito con p\u00e1nico. Nadie acude y todo ruido exterior parece cesar para que s\u00f3lo se escuche ese reg\u00fceldo de agua inmunda. Me aferro a mi conciencia, y me propongo no tener miedo. Llamo otra vez. Me acerco a la puerta del calabozo, y me duelen los dedos batiendo como desesperados aldabones.<\/p>\n<p>El agua sigue hinch\u00e1ndose y ya me cruzan las piernas sus cuchillos f\u00e9tidos y fr\u00edos. La alcantarilla, abultada como intestino enfermo, la vuelca ahora en gruesa chorrera. Lame todas las patinadas paredes e imprime con nerviosa mano de pintor absurdos rostros y formas. Esos manchones coloreados por el agua lodosa van desde la larva hasta el hombre. \u00a1Son caras de agua: l\u00edneas y lombrices de agua; im\u00e1genes de la primera edad del mundo, cuando todo parec\u00eda configurarse en el inmenso lodo! (\u00abTu celda es la m\u00e1s fresca\u00bb, hab\u00eda dicho aquel hombre). Ahora tambi\u00e9n me azota y me enreda en sus bejucos glugluteantes. La comparo con una boa constri\u00f1\u00e9ndome en sus anillos. \u00a1Soy como el Lacoonte del agua! Con desechos de verde y parda fetidez me sube hasta las narices. Parece trazar sobre la cara las l\u00edneas de un horrible tatuaje ritual. De nada sirve rezar la oraci\u00f3n del \u00abenemigo oculto\u00bb:<\/p>\n<p>\u2014Con dos te veo, con tres te ato, la sangre te bebo y el coraz\u00f3n te mato.<\/p>\n<p>Cuando llega hasta los ojos, la vista se aferra a la \u00faltima mirada. Las orejas aturdidas tambi\u00e9n interfieren como cuando la radio est\u00e1 mal sincronizada y se cruzan varias ondas. Viene de los t\u00edmpanos un h\u00famedo, insistente croar, roto de pronto por un silbante chasquido de s\u00edlabas agudas. Parecen flotar en esa agua de l\u00e9gamo \u2014 como en una red sucia, como en una placenta\u2014 las im\u00e1genes desechas de toda nuestra vida.<\/p>\n<p>Y con los ojos ya mortecinos alcanc\u00e9 a ver que ven\u00eda sobre m\u00ed, sobre su esponjada raci\u00f3n de agua, una inmensa rana. Pronto sentir\u00eda contra la cara su helado contacto. Era verde y aterradora como aquellos reptiles de jade que esculpieron las primeras civilizaciones de Am\u00e9rica. Divinidades del inframundo, del pantano germinal, que se oponen a las serpientes de la tierra y a los sangrientos y col\u00e9ricos tigres del sol. Sent\u00ed un pavor escalofriante.<\/p>\n<p>Y prefer\u00ed abandonarme para que me acabara de cubrir la implacable mortaja l\u00edquida.<\/p>\n<h4 style=\"text-align: right;\"><a href=\"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/mariano-picon-salas\/\" target=\"_blank\" rel=\"noopener\">Sobre el autor<\/a><\/h4>\n<h6>*Cap\u00edtulo del libro: <em>Viaje al amanecer<\/em><\/h6>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Historia de una nochebuena triste* La Nochebuena de aquel a\u00f1o se nos entristeci\u00f3 con la grave en\u00adfermedad de mi abuelo. Parece raro que en esos d\u00edas tan hermosos alguien pudiera morirse. Como se inauguraba un nuevo Gobier\u00adno, y los venezolanos piensan que en un hipot\u00e9tico futuro est\u00e1 lo mejor, las fiestas religiosas se juntaron con [&hellip;]<\/p>\n","protected":false},"author":6,"featured_media":5847,"comment_status":"open","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"_monsterinsights_skip_tracking":false,"_monsterinsights_sitenote_active":false,"_monsterinsights_sitenote_note":"","_monsterinsights_sitenote_category":0,"footnotes":""},"categories":[16],"tags":[33,3,43],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/5472"}],"collection":[{"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/users\/6"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=5472"}],"version-history":[{"count":4,"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/5472\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":5848,"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/5472\/revisions\/5848"}],"wp:featuredmedia":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/media\/5847"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=5472"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=5472"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=5472"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}