{"id":5436,"date":"2022-07-27T21:19:45","date_gmt":"2022-07-27T21:19:45","guid":{"rendered":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/?p=5436"},"modified":"2023-11-24T18:28:21","modified_gmt":"2023-11-24T18:28:21","slug":"el-crepusculo-del-diablo","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/el-crepusculo-del-diablo\/","title":{"rendered":"El crep\u00fasculo del diablo"},"content":{"rendered":"<header>\n<div class=\"text-center\">\n<h4 class=\"text-smaller\" style=\"text-align: right;\">R\u00f3mulo Gallegos<\/h4>\n<\/div>\n<\/header>\n<p>En el borde de una pila que muestra su cuenca seca bajo el ramaje sin fronda de \u00e1rboles de la plaza, de la cual fuera ornato si el agua fresca y cantarina brotase de su ca\u00f1o, est\u00e1 sentado \u201cel Diablo\u201d presenciando el desfile carnavalesco.<\/p>\n<div class=\"text-justify\">\n<p>La turba vocinglera invade sin cesar el recinto de la plaza, se api\u00f1a en las barandas que dan a la calle por donde pasa \u201cla carrera\u201d, se agita en ebrios hormigueos alrededor de los tarantines donde se expenden amargos, frituras, refrescos y cucuruchos de papelillos y de arroz pintado, se arremolina en torno a los m\u00fasicos, trazando rondas dionis\u00edacas al son del joropo nativo, cuya b\u00e1rbara melod\u00eda se deshace en la crudeza del ambiente deslucido por la estaci\u00f3n seca, como un harapo que el viento deshilase.<\/p>\n<p>Con ambas manos apoyadas en el araguaney primorosamente escabullado, el sombrero sobre la nuca y el tabaco en la boca, el Diablo oye aquella m\u00fasica que despierta en las profundidades de su \u00e1nimo, no sabe que vagas nostalgias. A ratos melanc\u00f3lica, desgarradora, como un grito perdido en la soledad de las llanuras; a ratos er\u00f3tica, excitante, aquella m\u00fasica era el canto de la raza oscura, llena de tristeza y de lascivia, cuya alegr\u00eda es algo inquietante que tiene mucho de tr\u00e1gico.<\/p>\n<p>El Diablo ve pasar ante su mente trozos fugaces de paisajes desolados y nunca vistos, sombras espesas de un dolor que no sinti\u00f3 en su coraz\u00f3n, rel\u00e1mpagos de sangre que otra vez, no sabe cu\u00e1ndo, atravesaron su vida. Es el sortilegio de la m\u00fasica que escarba en el coraz\u00f3n del Diablo, como un nido de escorpiones. Bajo el influjo de estos sentimientos se va poniendo sombr\u00edo; sus mejillas chupadas se estremecen levemente, su pupila quieta y dura taladra en el aire una visi\u00f3n de odio, pero de una manera siniestra. Probablemente la causa inconsciente de todo esto es la presencia de la multitud que le despierta diab\u00f3licos antojos de dominaci\u00f3n; sobre el escabullado del araguaney, sus dedos \u00e1speros de u\u00f1as filosas, se encorvan en una crispatura de garras.<\/p>\n<p>Al lado suyo, uno de los que junto con \u00e9l est\u00e1n sentados en el borde de la pila, le dice:<\/p>\n<p>-Ah, compadre Pedro Nolasco, \u00bfno es verdad que ya no se ven aquellos disfraces de nuestro tiempo?<\/p>\n<p>El Diablo responde malhumorado:<\/p>\n<p>-Ya esto no es carnaval ni es n\u00e1.<\/p>\n<p>El otro contin\u00faa evocador:<\/p>\n<p>-\u00a1Aquellos volatines que pon\u00edan la cuerda de ventana a ventana! \u00a1Aquellas pandillas de negritos que se daban esas agarr\u00e1s al garrote! \u00a1 Y que se zumbaban de veras! \u00a1Aquellos Diablos!<\/p>\n<p>Por aqu\u00ed andaban las nostalgias de Pedro Nolasco.<\/p>\n<p>Era \u00e9l uno de los diablos m\u00e1s populares y constitu\u00eda la nota t\u00edpica dominante, de la fiesta plebeya. A punto de mediod\u00eda ech\u00e1base a la calle con su disfraz infernal, todo rojo, y su enorme \u201cmandador\u201d y de all\u00ed en adelante, toda la tarde, era un infatigable ambular por los barrios de la ciudad, perseguido por la chusma ululante, tan numerosa que a veces llenaba cuadras enteras y contra la cual se revolv\u00eda de pronto blandiendo el l\u00e1tigo, que no siempre chasqueaba ocioso en el aire para vanas amenazas.<\/p>\n<p>Buenos verdugones levant\u00f3 m\u00e1s de una vez aquella fusta diab\u00f3lica en las pantorrillas de chicos y grandulones. Y todos la sufr\u00edan como merecido castigo por sus aullidos ensordecedores, sin protesta ni rebeld\u00eda, tal que si fuera un flagelo de lo Alto. Era la tradici\u00f3n: contra los latigazos del diablo nadie apelaba a otro recurso sino al de la fuga.<\/p>\n<p>Posesionado de su car\u00e1cter, d\u00e1balos Pedro Nolasco con verdadera indignaci\u00f3n, que le parec\u00eda la m\u00e1s justa de las indignaciones, pues una vez que se vest\u00eda de diablo y se echaba a la calle, olvid\u00e1base de la farsa y juzgaba como falta de lesa Majestad los irreverentes alaridos de la chiquiller\u00eda.<\/p>\n<p>Esta, por su parte, proced\u00eda como si se hiciese estas reflexiones: un diablo es un ente superior; todo el que quiere no puede ser diablo, pues esto tiene sus peligros y al que sabe serlo como es debido hay que soportarle los latigazos.<\/p>\n<p>Pedro Nolasco era el mejor de los diablos de Caracas. Su feudo era la parroquia de Candelaria y sus aleda\u00f1os y all\u00ed no hab\u00eda muchacho que no corriese detr\u00e1s de \u00e9l aullando hasta enronquecer y arriesgando el pellejo.<\/p>\n<p>Respet\u00e1banlo como a un \u00eddolo. Cuando se aproximaba el Carnaval empezaban a hablar de \u00e9l y su misteriosa personalidad era objeto de entusiastas comentarios. La mayor parte no lo conoc\u00edan sino de nombre y muchos se lo forjaban de la manera m\u00e1s fant\u00e1stica. Para algunos Pedro Nolasco no pod\u00eda ser un hombre como los dem\u00e1s, que trabajaba y viv\u00eda la vida ordinaria, sino un ente misterioso, que no sal\u00eda de su casa durante todo el a\u00f1o y solo aparec\u00eda en p\u00fablico en el Carnaval, en su car\u00e1cter absurdamente sagrado de diablo. Conocer a Pedro Nolasco, saber cu\u00e1l era su casa y estar al corriente de sus intimidades, era motivo de orgullo para todos; haber hablado con \u00e9l era algo como poseer la privanza de un pr\u00edncipe. Se pod\u00eda llenar la boca quien tal afirmaba, pues, esto solo adquir\u00eda gran ascendiente entre la chiquiller\u00eda de la parroquia.<\/p>\n<p>Aumentaba este prestigio una leyenda en la cual Pedro Nolasco aparec\u00eda como un h\u00e9roe tutelar. Refer\u00edase que muchos a\u00f1os atr\u00e1s, en la tarde de un martes de carnaval, Pedro Nolasco hab\u00eda realizado una proeza de consagraci\u00f3n a \u201csu cuerda\u201d. Hab\u00eda para entonces en Caracas un diablo rival de Pedro Nolasco, el diablo de San Juan, que ten\u00eda tanto partido como el de Candelaria y que hab\u00eda dicho que ese d\u00eda invadir\u00eda los dominios de este para echarle cuero a \u00e9l y a su turba. S\u00fapolo Pedro Nolasco y fue en busca de \u00e9l, seguido de su hueste ululante. Top\u00e1ronse los dos bandos y el diablo de San Juan arremeti\u00f3 contra la turba del otro, con el l\u00e1tigo en alto acudi\u00f3 en su defensa el de Candelaria y antes de que el rival bajase el brazo para \u201ccuerearlo\u201d le asest\u00f3 en la cara un formidable cabezaso que a \u00e9l le estrope\u00f3 los cuernos y al otro le destroz\u00f3 la boca. Fue un combate que no se hubiera desde\u00f1ado de cantar el Dante.<\/p>\n<p>Desde entonces fue Pedro Nolasco el diablo \u00fanico contra quien nadie se atrev\u00eda, temido de sus rivales vergonzantes, que arrastraban por las calles apartadas irrisorias turbas, admirado y querido de los suyos, a pesar del escozor de las pantorrillas y quiz\u00e1s por esto mismo, precisamente.<\/p>\n<p>Pero corri\u00f3 el tiempo y el imperio de Pedro Nolasco empez\u00f3 a bambolear. Un foetazo mal dado, marc\u00f3 las espaldas de un muchacho de influencia, y lo llev\u00f3 a la polic\u00eda; y como Pedro Nolasco se sintiese deprimido de aquel arresto que autorizaba el hecho ins\u00f3lito de una protesta contra su f\u00e9rula, hasta entonces inapelable, decidi\u00f3 no disfrazarse m\u00e1s, antes que aceptar tal menoscabo de su majestad.<\/p>\n<p>II<\/p>\n<p>Ahora est\u00e1 en la plaza viendo pasar la mascarada. Entre la muchedumbre de disfraces atraviesan diablos irrisorios, puramente decorativos, que andan en comparsas y llevan en las manos inofensivos tridentes de cart\u00f3n plateado. En ninguna parte el diablo solitario, con el tradicional mandador que era terror y fascinaci\u00f3n de la chusma. Indudablemente el Carnaval hab\u00eda degenerado.<\/p>\n<p>Estando en estas reflexiones Pedro Nolasco vio que un tropel de muchachos invad\u00eda la plaza. A la cabeza ven\u00eda un absurdo payaso, portando en una mano una sombrilla diminuta y en la otra un abanico con el cual se daba aire en la cara pintarrajeada, con un ambiguo y repugnante adem\u00e1n afeminado. Era esto toda la gracia del payaso y en pos de la sombrilla corr\u00eda la muchedumbre fascinada, como tras un se\u00f1uelo.<\/p>\n<p>Pedro Nolasco sinti\u00f3 rabia y verg\u00fcenza. \u00bfC\u00f3mo era posible que un hombre se disfrazase de aquella manera? Y sobre todo, \u00bfc\u00f3mo era posible que lo siguiera una multitud? Se necesita haber perdido todas las virtudes varoniles para formar en aquel s\u00e9quito vergonzoso y est\u00fapido. \u00a1Miren que andar detr\u00e1s de un payaso que se abanica como una mujerzuela! \u00a1Es el colmo de la degeneraci\u00f3n carnavalesca!<\/p>\n<p>Pero Pedro Nolasco amaba su pueblo y quiso redimirlo de tama\u00f1a verg\u00fcenza. Por su pupila quieta y dura pas\u00f3 el rel\u00e1mpago de una resoluci\u00f3n.<\/p>\n<p>Al d\u00eda siguiente, martes de carnaval, volvi\u00f3 a aparecer en las calles de Caracas el diablo de Candelaria.<\/p>\n<p>Al principio pareci\u00f3 que su antiguo prestigio renac\u00eda \u00edntegro, pues a poco ya ten\u00eda en su seguimiento una turba que alborotaba las calles con sus siniestros \u00a1a\u00fas! Pero de pronto apareci\u00f3 el payaso de la sombrilla y la mesnada de Pedro Nolasco fue tras el irrisorio se\u00f1uelo, que era una promesa de sabrosa diversi\u00f3n sin los riesgos a que expon\u00eda el mandador del diablo.<\/p>\n<p>Qued\u00f3 solo este y bajo su m\u00e1scara de trapo coronada por dos aut\u00e9nticos cuernos de chivo, resbalaron l\u00e1grimas de doloroso despecho.<\/p>\n<p>Pero inmediatamente reaccion\u00f3 y movido por un instinto el cual la experiencia hab\u00eda hecho sabio, arremeti\u00f3 contra la turba desertora, confiando en que el imperativo legendario de su l\u00e1tigo la volver\u00eda a su dominio, sumisa y fascinada.<\/p>\n<p>Arremolinose la chusma y hubo un momento de vacilaci\u00f3n: el Diablo estaba a punto de imponerse, recobrando, por la virtud del mandador, los fueros que le arrebatase aquel \u00eddolo grotesco. Era la voz de los siglos que resonaba en sus corazones.<\/p>\n<p>Pero el payaso conoc\u00eda las se\u00f1ales del tiempo y tremolando su sombrilla como una bandera prestigiosa, azuz\u00f3 a su mesnada contra el diablo.<\/p>\n<p>Volvi\u00f3 a resonar, como en los buenos tiempos, el ululato ensordecedor que fing\u00eda una tra\u00edlla de canes visionarios, pero esta vez no expresaba miedo sino odio.<\/p>\n<p>Pedro Nolasco se dio cuenta de la situaci\u00f3n; \u00a1estaba irremisiblemente destronado! Y, sea porque un sentimiento de desprecio lo hiciese abdicar totalmente el cetro que hab\u00eda pretendido restablecer sobre aquella patulea degenerada, o porque su diab\u00f3lico coraz\u00f3n se encogiese presa de aut\u00e9ntico miedo, lo cierto fue que volvi\u00f3 las espaldas al payaso y comenz\u00f3 a alejarse para siempre a su retiro.<\/p>\n<p>Pero el \u00e9xito enardeci\u00f3 al payaso. Arengando a la pandilla grit\u00f3: \u00a1Muchachos! Piedras con el diablo.<\/p>\n<p>Y esto fue suficiente para que todas las manos se armasen de guijarros y se levantasen vindicatorias contra el antiguo \u00eddolo en desgracia.<\/p>\n<p>Huy\u00f3 Pedro Nolasco bajo la lluvia del pedrusco que ca\u00eda sobre \u00e9l, y en su carrera insensata atraves\u00f3 el arrabal y se ech\u00f3 por los campos de los aleda\u00f1os. En su persecuci\u00f3n la mesnada redoblaba su ardor b\u00e9lico, bajo la sombrilla tutelar del payaso. Y era en las manos de este el abanico fementido el sable victorioso de aquella jornada.<\/p>\n<p>Ca\u00eda la tarde. Un crep\u00fasculo de p\u00farpura se desgranaba sobre los campos como un presagio. El diablo corr\u00eda, corr\u00eda, a trav\u00e9s del paraje solitario por un sendero bordeado de montones de basura, sobre los cuales escarbaban agoreros zamuros que, al verlo venir, alzaban el vuelo, torpe y ruidoso, lanzando fat\u00eddicos gru\u00f1idos para ir a refugiarse en las ramas escuetas de un \u00e1rbol que se levantaba espectral sobre el paisaje sequizo.<\/p>\n<p>La pedre\u00e1 continuaba cada vez m\u00e1s nutrida, cada vez m\u00e1s furiosa. Pedro Nolasco sent\u00eda que las fuerzas le abandonaban. Las piernas se le doblaban rendidas; dos veces cay\u00f3 en su carrera; el coraz\u00f3n le produc\u00eda ahogos angustiosos.<\/p>\n<p>Y se le llen\u00f3 de dolor, como a todos los redentores cuando se ven perseguidos por las criaturas amadas. \u00a1Porque \u00e9l se sent\u00eda redentor, incomprendido y traicionado por todos! \u00c9l hab\u00eda querido libertar a \u201csu pueblo\u201d de la vergonzosa sugesti\u00f3n de aquel payaso grotesco, levantarlo hasta s\u00ed, insuflarle con su l\u00e1tigo el \u00e1nimo viril que anta\u00f1o los arrastran en pos de \u00e9l, empujados por esa voluptuosidad que produce jugar con el peligro.<\/p>\n<p>Por fin una piedra, lanzada por un brazo m\u00e1s certero y poderoso, fue a darle en la cabeza. La vista se le nubl\u00f3, sinti\u00f3 que en torno suyo las cosas se lanzaban en una ronda vertiginosa y que bajo sus pies la tierra se le escapaba. Dio un grito y cay\u00f3 de bruces sobre el basurero. Det\u00favose la chusma, asustada de lo que hab\u00eda hecho y comenz\u00f3 a desbandarse.<\/p>\n<p>Sucedi\u00f3 un silencio tr\u00e1gico. El payaso permaneci\u00f3 un rato clavado en el sitio, agitando maquinalmente el abanico. Bajo la risa pintada de albayalde en su rostro, el asombro adquir\u00eda una intensidad macabra. Desde el \u00e1rbol fat\u00eddico los zamuros alargaban los cuellos hacia la v\u00edctima que estaba tendida en el basurero.<\/p>\n<p>Luego el payaso emprendi\u00f3 la fuga. Al pasar sobre el lomo de un collado, su sombrilla se destac\u00f3 funambulesca contra el resplandor del ocaso.<\/p>\n<h4 style=\"text-align: right;\"><a href=\"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/gallegos-romulo\/\" target=\"_blank\" rel=\"noopener\">Sobre el autor<\/a><\/h4>\n<\/div>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>R\u00f3mulo Gallegos En el borde de una pila que muestra su cuenca seca bajo el ramaje sin fronda de \u00e1rboles de la plaza, de la cual fuera ornato si el agua fresca y cantarina brotase de su ca\u00f1o, est\u00e1 sentado \u201cel Diablo\u201d presenciando el desfile carnavalesco. 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