{"id":542,"date":"2021-08-05T12:21:15","date_gmt":"2021-08-05T12:21:15","guid":{"rendered":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/?p=542"},"modified":"2023-11-24T18:40:48","modified_gmt":"2023-11-24T18:40:48","slug":"la-balandra-isabel-llego-esta-tarde","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/la-balandra-isabel-llego-esta-tarde\/","title":{"rendered":"La balandra Isabel lleg\u00f3 esta tarde"},"content":{"rendered":"<h4 style=\"text-align: right;\">Guillermo Meneses<\/h4>\n<p>La balandra \u00abIsabel\u00bb lleg\u00f3 esta tarde a La Guaira trayendo, desde Boca de Uchire, diez mil kilos de carb\u00f3n y unos bultos de casabe. Al entrar en el puerto agiliz\u00f3 m\u00e1s su elegancia blanca; pas\u00f3 junto al trasatl\u00e1ntico alem\u00e1n y fue hacia sus compa\u00f1eras: la goleta \u00abBlanca Mar\u00eda\u00bb, el bote \u00abJusta y Mar\u00eda\u00bb, la balandrilla \u00abMisterios del Mar\u00bb. Al lado de ellas se aquiet\u00f3 mientras las velas, antes de morir, recog\u00edan en su blan\u00adcura la \u00faltima luz del sol. La mayor, que tiene una cruz azul pintada como un tatuaje, y que, desde Boca de Uchire viene llena de viento, esponjada y redonda \u2014pintada de sol o pintada de luna\u2014 se afloj\u00f3 despacio en los m\u00e1stiles, desgonz\u00e1ndose entre la brisa delgada del puerto.<\/p>\n<p>Una calle, acostada al pie del caser\u00edo guaire\u00f1o, blanquea en la primera oscuridad de la noche. Serenamente se mueve la masa de las aguas, verde a\u00fan por una vaga vibraci\u00f3n luminosa, haciendo sus ruidos bajo las maderas del atracadero. En los postes sostenedores se forman espumas y por las barbas verdes de las algas caen luego gruesas gotas del agua mansa.<\/p>\n<p>El palo mayor de la balandra \u00abIsabel\u00bb marca sobre el cielo el tardo vaiv\u00e9n del puerto adormil\u00e1ndose en la penumbra del atardecer.<\/p>\n<p>Un marinero, cansado y alegre, se apoya en la barandilla mohosa, rota por las olas y silba una canci\u00f3n que oy\u00f3 hace mucho tiempo.<\/p>\n<p style=\"text-align: center;\">***<\/p>\n<p>Segundo Mendoza, marinero de la \u00abIsabel\u00bb \u2014nariz chata, anchas espaldas, blanca la risa amplia\u2014, pase\u00f3 un rato por las calles guaire\u00f1as. Con el palt\u00f3 azul arrollado en el brazo, es\u00adtirada la franela por la respiraci\u00f3n calmosa y fuerte, \u00e1giles y recios los pasos camin\u00f3 bajo los focos de luz el\u00e9ctrica un buen poco de tiempo mirando las cosas.<\/p>\n<p>Bajo la cachucha, tirada hacia el cogote, viven sus pensa\u00admientos: sabe que terminar\u00e1 buscando a Esperanza para pasar la noche, pero retarda ese momento en que ella vendr\u00e1 apresurada hacia \u00e9l (\u00bfC\u00f3mo est\u00e1s mi amor?, \u00bfc\u00f3mo hiciste el viaje?) por el solo gusto de gozar antes represent\u00e1ndose la escena, pensando c\u00f3mo va la mujer a recibirlo. Aunque, al fin y al cabo, da lo mismo: esquiva, o triste, o desde\u00f1osa, o alocada, siempre es igual con \u00e9l..Tenga ariscos y temblones los labios pintados, o entreabiertos por la sonrisa; bajo los p\u00e1rpados, o abiertos los ojotes negros; ardorosa o tranquila la naricita de aletas gruesas; fruncidas o no las cejas; de todos modos, sabe \u00e9l que lo quiere Esperanza. Y, como goza con esa confianza, retarda el mo\u00admento de encontrar a la mujer mientras piensa en ella.<\/p>\n<p>Al fin, dej\u00f3 las calles de cemento cercanas al muelle, llenas de ruido y de gentes, y comenz\u00f3 a subir la calleja empinada sobre el cerro, metida entre las casas severas, altas, mudas, de La Guaira vieja.<\/p>\n<p>Ahora, al doblar el recodo m\u00e1s oscuro, en redor de la casa m\u00e1s severa, m\u00e1s muda y m\u00e1s alta, la calle cambia de car\u00e1cter, se hace casi camino, y entra en el barrio pobre de las prostitutas.<\/p>\n<p>Un poco m\u00e1s all\u00e1 no hay casas por el lado del mar. Por eso \u00abEl Cuerno de la Abundancia\u00bb, botiqu\u00edn del negrito Jos\u00e9 la Trinid\u00e1, est\u00e1 siempre lleno de las brisas del mar, que se ve cercano, frente a frente.<\/p>\n<p>Al borde del barranco sostiene su equilibrio una,gran piedra negra. Segundo se sent\u00f3 en esa piedra, y abri\u00f3 los brazos por recibir la brisa fresca sobre el cuerpo sudado.<\/p>\n<p>Mir\u00f3 un momento al mar y tuvo que volver la cabeza aten\u00addiendo al siseo de Mar\u00eda, la negra loca de El Cardonal.<\/p>\n<p>Desde la puerta de su casa, cercana al botiqu\u00edn, lo llamaba la negra. Apenas se ve\u00eda la figura extra\u00f1a\u2014con las faldas s\u00faspen\u00addidas hasta el vientre, acarici\u00e1ndose los muslos\u2014 en la luz vaga de un foco escu\u00e1lido envuelto en papeles azules de seda.<\/p>\n<p>Segundo se acerc\u00f3:<\/p>\n<p>\u2014\u00a1Mujer! Esa man\u00eda tuya de andar siem\u00adpre desnuda&#8230;<\/p>\n<p>\u2014Dame un cigarro, marinero en tierra, negro verde.<\/p>\n<p>\u2014\u00bfNo anda por ah\u00ed Esperanza? Toma el cigarro.<\/p>\n<p>\u2014Ah\u00ed est\u00e1. En el botiqu\u00edn. Ah\u00ed est\u00e1. \u00bfUn fosforito, negro verde?<\/p>\n<p>\u2014Est\u00e1s loca, negra Mar\u00eda. Ahora y que negro verde. Yo me llamo Segundo.<\/p>\n<p>La llama del f\u00f3sforo salt\u00f3 entre las manos gruesas del mari\u00adnero y en su luz vivieron los rasgos de la negra Mar\u00eda, sus p\u00f3\u00admulos hinchados, toda su cara avejentada, pintada, rota por la miseria, por la locura y por la vida.<\/p>\n<p>Ella sonri\u00f3 con su colmillo orificado, mientras rozaba las piernas de Segundo.<\/p>\n<p>\u2014\u00bfTe vas a qued\u00e1 conmigo, negro verde? Pareces un diablo caliente \u00bfo\u00edste?<\/p>\n<p>El marinero la rechaz\u00f3 ri\u00e9ndose y se hundi\u00f3 en el ba\u00f1o de luz del botiqu\u00edn, entre la m\u00fasica dulzona del radio.<\/p>\n<p>El amo, Jos\u00e9 la Trinid\u00e1, negrito fino, bostezaba ,mirando en el mar las vagas manchitas de los botes pesqueros. Segundo lo salud\u00f3. Viejos compadres, se sonrieron alegremente y se pre\u00adgiunaron las cosas de siempre: que si la balandra lleg\u00f3 hoy, que si el negocio est\u00e1 bueno.<\/p>\n<p>\u2014\u00bfDescargaron ya?<\/p>\n<p>\u2014No, mi hermano. Llegarnos tarde.<\/p>\n<p>Aunque al entrar oy\u00f3 Segundo la voz de Esperanza hablando dentro, le pregunt\u00f3 al negrito si estaba ella en el botiqu\u00edn. El otro contest\u00f3 afirmando con la cabeza de perfiles brillantes por el sudor del d\u00eda.<\/p>\n<p>\u2014\u00bfAcompa\u00f1ada?<\/p>\n<p>\u2014S\u00ed. Pero si quieres te la llamo.<\/p>\n<p>\u2014\u00a1Gua! Ll\u00e1mala.<\/p>\n<p>En ese momento la voz de Esperanza repet\u00eda la canci\u00f3n que dej\u00f3 el radio en todos los o\u00eddos: una canci\u00f3n desmayada, de largas notas sentimentales. Segundo sonri\u00f3 al sentir c\u00f3mo rom\u00adp\u00edan la tonada unas palabras alegres de la mujer: \u00bfcu\u00e1ndo lleg\u00f3? \u00bfesta tarde? Con tu permiso, chico, ya vengo.<\/p>\n<p>Repiquetearon los talones de ella tras el tabique de madera y apareci\u00f3 al cabo en el marco de la puerta.<\/p>\n<p>(Ella: regordeta, pintada, con sus curvas marcadas en el bri\u00adllo de la tela barata. Ella: alegre, gritona, simp\u00e1tica).<\/p>\n<p>\u2014\u00bfLlegaste esta tarde?<\/p>\n<p>\u2014S\u00ed, \u00a1oh! Nos atrasamos.<\/p>\n<p>\u2014\u00bfTe esperas un momento y le digo al que est\u00e1 ah\u00ed que no me voy a ir con \u00e9l?<\/p>\n<p>\u2014Anda, pues.<\/p>\n<p>\u2014Te tengo que decir una cosa muy grande.<\/p>\n<p>Esto lo dijo deteni\u00e9ndose un momento en la puerta. Luego, repiquetearon sus pasos tras el tabique, mientras Segundo, aco\u00addado en la ventana miraba hacia el mar oscuro, enorme y cercano en la lejan\u00eda.<\/p>\n<p>\u2014\u00bfQu\u00e9 ser\u00e1 lo que tiene que decir Esperanza?<\/p>\n<p>Lleno de sombra, lleno de rumores, vibrando con bordoneo de panal gigante, est\u00e1 all\u00ed el mar: eso oscuro. En altamar va un barco grande, con sus luces encendidas. En esos barcos alemanes se divierten las gentes corno en tierra. Ahorita la luz del faro le dio al barco haci\u00e9ndolo saltar de lo oscuro. Luego marc\u00f3 un camino de reflejos a lo largo del agua.<\/p>\n<p>\u2014\u00bfQu\u00e9 ser\u00e1 lo que tiene que decir Esperanza?<\/p>\n<p>El mar. Se siente cercano; como si fuera ya a inundar todo. Corno si se estuviera volteando en lo oscuro de sus ruidos.<\/p>\n<p>Una voz de hombre hizo volverse a Segundo. Era un mu\u00adchacho elegante, delgado, serio, que se desped\u00eda de Esperanza en tollo trist\u00f3n. Pag\u00f3, y su silueta blanca, ba\u00f1ada un momento por la luz del botiqu\u00edn, se perdi\u00f3 en la calle torcida.<\/p>\n<p>A su paso se oy\u00f3 la voz de la negra loca:<\/p>\n<p>\u2014Trasnochadito, santo, \u00bfno me das un cigarro? Pretencioso de leche, sinverg\u00fcenza.<\/p>\n<p>Porque el muchacho no se detuvo.<\/p>\n<p style=\"text-align: center;\">***<\/p>\n<p>Esperanza se acerc\u00f3 a Segundo moviendo las caderas hermosas, robustas. El no se movi\u00f3. Quieto, sinti\u00f3 el roce de aquel brazo, de todo el cuerpo de Esperanza. Quieto, sinti\u00f3 la voz de ella.<\/p>\n<p>\u2014Tenemos toda la noche para los dos.<\/p>\n<p>\u2014S\u00ed, \u00a1oh! Si llego m\u00e1s tarde me quedo sin mujer. \u2014Cualquiera te lo cree&#8230; que no te vas a buscar otra.<\/p>\n<p>\u2014\u00bfYo, mi amor? Contigo nada m\u00e1s.<\/p>\n<p>\u2014San Segundo, te voy a tener que meter en nicho.<\/p>\n<p>\u2014Verdad.<\/p>\n<p>\u2014Estoy triste, Segundo.<\/p>\n<p>\u2014\u00bfQu\u00e9 es lo que me tienes que decir?<\/p>\n<p>Esperanza se apret\u00f3 m\u00e1s a \u00e9l y repiti\u00f3, tarareando la canci\u00f3n de antes.<\/p>\n<p>\u2014Te tengo que decir un sinf\u00edn de cosas: no quiero seguir esta vida.<\/p>\n<p>Ella dijo esto suav\u00edsima, corno si la estuviera sosteniendo su canci\u00f3n, y Segundo, al mirarla as\u00ed, le bes\u00f3 despacio los labios brotados, rojos y brillantes por la pintura.<\/p>\n<p>\u2014\u00a1Epa! \u2014era la voz met\u00e1lica de Jos\u00e9 la Trinid\u00e1\u2014 Esperanza tiene su casa.<\/p>\n<p>Segundo se apart\u00f3 y sonri\u00f3 al negro. Luego pidi\u00f3 que comer y se fue hacia adentro, junto con la mujer. En el espaldar de la silla solt\u00f3 el palt\u00f3 y la cachucha, apoy\u00f3 la recia barbilla en los pu\u00f1os y se qued\u00f3 mirando a Esperanza.<\/p>\n<p style=\"text-align: center;\">***<\/p>\n<p>Segundo come con hambre grand\u00edsima, sorbiendo el caf\u00e9 humeante en la tazota desconchada, mientras oye a Esperanza. Ella habla mucho, cont\u00e1ndole c\u00f3mo lo esper\u00f3 tanto en estos d\u00edas; sobre todo en la noche de ayer, que ten\u00eda el presentimiento de que iba a llegar.<\/p>\n<p>\u2014Ya ves. Y llegu\u00e9 hoy que no esperabas. Bueno, y \u00bfqu\u00e9 es lo grande que me vas a decir?<\/p>\n<p>\u00abLo grande\u00bb no sabe ella decirlo en una frase. Son muchas cosas que le han venido pasando: que no quiere seguir esta vida; que no quiere estar obligada a buscar hombre todas las noches; que no quiere tener que aceptar a cualquiera que se le presente&#8230;<\/p>\n<p>Habla apresurada y tranquila; pero Segundo comprende la tristeza de ella en la voz opaca y en la cabeza vencida de la muchacha. Entristece \u00e9l tambi\u00e9n un poco y le sonr\u00ede a Espe\u00adranza:<\/p>\n<p>\u2014\u00bfHablamos despu\u00e9s de eso? \u00bfquieres? No te vayas a poner llorona.<\/p>\n<p>Y al momento la cara de ella vuelve a su expresi\u00f3n alegre. Intenta Segundo rozarla, hacerle cari\u00f1os y ella se le huye sonre\u00edda.<\/p>\n<p>\u2014Te tienes que lavar muy bien antes de tocarme.<\/p>\n<p>Llena de grasa la cara reidora se chancea el marinero expo\u00adniendo sus razones a la hembra huyilona.<\/p>\n<p>\u2014As\u00ed me gustan las mujeres: limpiecitas. Ahora, que si el negro no me presta jab\u00f3n vas a tener que aguantarme est\u00e9 como est\u00e9.<\/p>\n<p>\u2014Te aseguro que no me tocas mientras est\u00e9s as\u00ed.<\/p>\n<p style=\"text-align: center;\">***<\/p>\n<p>Al lado de Esperanza \u2014bella y pura en su sue\u00f1o tranquilo\u2014piensa Segundo en las frases de ella, all\u00e1, en el botiqu\u00edn de Jos\u00e9 la Trinid\u00e1. Mira a la mujer (ella dej\u00f3 encendida su lamparilla rosada y barata) y entristece hasta adentro.<\/p>\n<p>Pasan as\u00ed las cosas en la vida. Las creemos conocidas, nues\u00adtras y, de pronto nos damos cuenta de que son ajenas y extra\u00f1as, corno un puerto donde no hemos atracado nunca.<\/p>\n<p>Igual Esperanza para Segundo. La busca desde hace mucho tiempo cada vez que llega a La Guaira. Cre\u00eda que conoc\u00eda aquel cuerpo maduro, la grave hondura de aquellos ojos claros, aque\u00adllas curvas morenas, acentuadas y duras. Cre\u00eda saberse de me\u00admoria toda aquella mujer \u2014que lo atrae corno los puertos a la balandra \u00abIsabel\u00bb\u2014 y ahora resulta que sobre toda Esperanza la vida escondida ha puesto el verdadero color.<\/p>\n<p>El la supon\u00eda una de las tantas que viven en la blanda tibia atm\u00f3sfera de los cuartos iluminados en rosado cari\u00f1oso, en azul moribundo o en violeta dormido. Supon\u00eda que ella lo quer\u00eda como a un capricho cualquiera, y era cari\u00f1o bueno de mujer lo que ella sent\u00eda.<\/p>\n<p>En su cuarto caliente y desordenado ella lo esperaba entre sus mil olores h\u00famedos y dulces. Llegaba \u00e9l de lejos, fuerte y recio, duro y serio \u2014como si fuera honrado\u2014 y ella esperaba.<\/p>\n<p>Para \u00e9l s\u00f3lo resultaba Esperanza la orejita donde decir ingenuos cari\u00f1os groseros; la boca gruesa donde besar sabroso; estos ratos de maravilla.<\/p>\n<p>Sab\u00eda \u00e9l que en este cuarto ba\u00f1ado en luz rosada, entraban muchos hombres con sus deseos vivos; le gustaba saberlo. Y a Esperanza, en cambio, le dol\u00eda esto como un castigo.<\/p>\n<p>Se la queda mirando. No le conoc\u00eda ni el cuerpo, aunque creyera lo contrario. Ahora, tiene la cara suavemente triste dentro del sue\u00f1o y el cuerpo solemne bajo la s\u00e1bana delgada. Se la queda mirando y dentro de su pecho brotan dulces mieles de cari\u00f1o. En este momento la acariciar\u00eda despacio, la besar\u00eda m\u00e1s serenamente que la otra que tiene all\u00e1 en Juan Griego. Ha sido de repente un cari\u00f1o maduro, confiado. Hasta este momento se cre\u00eda obligado \u00fanicamente para la otra, para la que, segura\u00admente, tiene ahora en derredor de su falda los hijos de los dos.<\/p>\n<p>\u00bfY \u00e9sta? \u00bfY Esperanza? Tambi\u00e9n tiene derecho. Aprieta dentro del cuerpo sus dolores corno cualquiera otra. S\u00f3lo, que nadie se preocupa m\u00e1s que por el cuerpo repleto de dulzuras. Avanzan hacia ella deseosos y altaneros \u2014barcos de vela infladas\u2014 y, cuando llega el tiempo de mirarla despacio, se duermen a su lado, como duermen al lado de los muelles las balandras que terminaron viaje.<\/p>\n<p>Segundo despierta a Esperanza. Con sus manos callosas la levanta del sue\u00f1o.<\/p>\n<p>\u2014Negrita. Atiende. Si t\u00fa quieres vamos a vivir juntos. Tra\u00adbajar\u00e9 de pescador aqu\u00ed en La Guaira. \u00bfQuieres?<\/p>\n<p>Ella lo abraza desesperadamente y sonr\u00ede. Abrazada a Segundo se le mueren los p\u00e1rpados.<\/p>\n<p style=\"text-align: center;\">***<\/p>\n<p>Segundo Mendoza naci\u00f3 aqu\u00ed mismo, en La Guaira. Cuando era peque\u00f1ito correte\u00f3 desmido por estas ariscas playas guaire\u00ad\u00f1as. A lo largo de estas costas destrozadas, hechas de negras rocas, pas\u00f3 Segundo la infancia, capitaneando el grupo de sus compa\u00f1eros.<\/p>\n<p>Aqu\u00ed, en el puerto, nadaban todo el d\u00eda bajo el sol de luz dura y de color macizo.<\/p>\n<p>Despu\u00e9s&#8230; alguna vez la escuela, rega\u00f1os de la madre. Des\u00adpu\u00e9s, sentirse el cuerpo lleno de juventud. La primera mujer y el primer viaje. (La primera mujer: entonces se hizo serio, pens\u00f3 en buscar dinero).<\/p>\n<p>\u2014\u00a1Hace ya tanto tiempo!&#8230;<\/p>\n<p>Segundo piensa esto apoyado en un poste del muelle guaire\u00ad\u00f1o. Le ha dicho a Esperanza que ven\u00eda a despedirse de sus compa\u00f1eros. Y as\u00ed es la verdad. Ha venido a eso; a decirles: &#8211;\u00a1Adi\u00f3s, mis hermanos! \u00a1Alg\u00fan d\u00eda nos vemos! \u00a1Que lleguen con bien!&#8230;<\/p>\n<p>La madrugada se insin\u00faa en la claridad tenue del cielo; en la \u00abIsabel\u00bb trabajan todav\u00eda bajo la luz d\u00e9bil de un farol. Hay un vago olor de comida entre los olores del puerto; y las luces de los faroles sobre la cubierta de goletas y balandras, hacen creer que, en cada barco, un marinero, sombr\u00edo de color, est\u00e1 ca\u00adlentando el cafecito para los dem\u00e1s. Hace un momento se apag\u00f3 el faro. Bajo los muelles el agua oscura no ha despertado toda\u00adv\u00eda: copia sobre sus ondas peque\u00f1as los reflejos de todas las luces.<\/p>\n<p>Segundo mira el movimiento de sus compa\u00f1eros sobre la cubierta de la balandra \u00abIsabel\u00bb. Oye sus voces conocidas, mientras halan cuerdas y trabajan preparando el viaje. Segundo va nombr\u00e1ndolos al mirarles la cara bajo la luz del farol.<\/p>\n<p>\u2014Este negro es Sim\u00f3n Palma, el campanero.<\/p>\n<p>Como si hubiera sentido algo, el negro se vuelve y sonr\u00ede a Segundo. Luego grita: \u2014\u00a1Heiiii! \u00a1Segundo Mendoza! \u00a1a que todav\u00eda haces con nosotros este viaje!<\/p>\n<p>\u2014\u00a1Qu\u00e9 va, negro, me quedo!<\/p>\n<p>\u2014\u00a1Veremos!&#8230;<\/p>\n<p>Y aunque Segundo contesta con adem\u00e1n de hombre resuelto, siente una \u00edntima desconfianza: \u00bf\u00e9l de pescador, matarse sudan\u00addo agachado en una canoa, para luego apenas ganar? En la balandra, siquiera no gasta comida, sino que los reales son para lo que quiera. Esperanza le pedir\u00e1 dinero siempre. Dir\u00e1 sus temores de que no habr\u00e1 nada para el siguiente d\u00eda. Y la figura de la mujer se le va desvaneciendo. Ser\u00e1 dura y fastidiosa la vida.<\/p>\n<p>Ahora se ha acercado a la borda Martinote. Todos han deja\u00addo el trabajo un momento y, desde la balandra, le gritan chanzas a Segundo Mendoza.<\/p>\n<p>Martinote tambi\u00e9n es de La Guaira. Cuando peque\u00f1o se pasaba los d\u00edas \u2014ba\u00f1os, carreras, algazara\u2014 junto a Segundo. Es un buen amigo; seguro siempre para cuando hay necesidad. El es quien grita m\u00e1s:<\/p>\n<p>\u2014\u00a1Enamorado! da lo mismo una mujer que otra. \u00bfVas a dejar esperando en Carenero a la negra Socorro? Seguro va a llorar. (Martinote se r\u00ede con una risa grande). \u00bfY Adelita? \u00bfla vas a dejar morir solita al lado de su botella de poncigu\u00e9?&#8230; \u00a1Ena\u00admorado! \u00bfa la vejez viruela?<\/p>\n<p>Martinote vuelve a re\u00edr. Luego, todos se retiran a seguir trabajando.<\/p>\n<p>Ahora, vive sobre las cosas la ma\u00f1ana. El ambiente est\u00e1 puro y hay una brisa fresca, que se enreda en los pelos. Un pescador lleg\u00f3 hace poco con el bote repleto de brillos: su pesca de hoy.<\/p>\n<p>De entre la charla de los marineros salta la voz alegre de Martinote, que habla de \u00abel enamorado\u00bb.<\/p>\n<p>Segundo recuerda que una vez, cuando eran muchachos, Martinote le salv\u00f3 la vida: Aquel musi\u00fa de anteojos, apoyado en la barandilla del barco enorme, tir\u00f3 con fuerza la moneda de oro lejos del grupo de muchachos que esperaban abajo zambu\u00adll\u00e9ndose y gritando, esos regalos de los turistas. La mancha redonda y amarilla lleg\u00f3 hasta el fondo sin que ninguno la pudiera coger. Sobre la arena de lo m\u00e1s hondo qued\u00f3 la mone\u00adda. Todos los muchachos se hundieron, abriendo los ojos codi\u00adciosos y ardidos entre la masa oscura de las aguas. Segundo fue quien la logr\u00f3 apretar entre los dedos; se la meti\u00f3 en la boca y dio un talonazo en la arena blanda. Pero no ten\u00eda fuerza. All\u00e1, en el fondo, hubiera quedado si no es por Martinote que lo hal\u00f3 hasta el aire. El musi\u00fa, desde la barandilla brillante del barco los vio salir juntos del agua. Segundo ten\u00eda la sonrisa del oro apretada en su sonrisa: el disquito amarillo relumbrando en la boca&#8230;<\/p>\n<p>La voz de Martinote lo despierta:<\/p>\n<p>\u2014Segundo, ahorita nos vamos! \u00bfNo vas a venir? Ah\u00ed est\u00e1 el bote.<\/p>\n<p>En el \u00faltimo instante, cuando ya se desped\u00edan de \u00e9l en la balandra, Segundo brinc\u00f3 al bote y fue a reunirse con ellos, bajo las velas hinchadas.<\/p>\n<p>Ya estaba la ma\u00f1ana reventona de luz amarilla, cuando la balandra \u00abIsabel\u00bb despeg\u00f3 de los muelles guaire\u00f1os.<\/p>\n<p style=\"text-align: center;\">***<\/p>\n<p>Corno a las doce no hab\u00eda vuelto Segundo, Esperanza se lle\u00adg\u00f3 hasta los muelles, angustiada. Le pregunt\u00f3 al viejo Esparza si la balandra \u00abIsabel\u00bb hab\u00eda salido.<\/p>\n<p>El viejo afirm\u00f3.<\/p>\n<p style=\"text-align: left;\">\u2014\u00bfSegundo Mendoza se fue en la \u00abIsabel\u00bb?<\/p>\n<p>\u2014\u00a1Gua! \u00bfno es marinero de ella, muchacha?<\/p>\n<p>\u2014S\u00ed, pero yo cre\u00eda&#8230; \u00bfest\u00e1 seguro, capit\u00e1n?<\/p>\n<p>\u2014Lo vi saltar a bordo.<\/p>\n<p>\u2014Bueno. Gracias.<\/p>\n<p>Y se fue hacia su casa subiendo despaciosa las calles empina\u00addas de La Guaira vieja. Sin pensar, sigui\u00f3 hacia el botiqu\u00edn de Jos\u00e9 la Trinid\u00e1, hacia \u00abEl Cuerno de la Abundancia\u00bb.<\/p>\n<p>Como siempre, Mar\u00eda la negra estaba en el quicio ruinoso de su puerta.<\/p>\n<p>Llam\u00f3 a Esperanza. (As\u00ed era la negra, que a todo el que pa\u00adsaba ten\u00eda que decir algo).<\/p>\n<p>\u2014\u00bfTe dej\u00f3 el marinero? Espera, que a ti te llaman Esperanza. La otra noche le dijiste, yo te o\u00ed, que no quer\u00edas seguir esta vida. \u00bfTe dijo que te iba a sostener?&#8230; Le gusta m\u00e1s su balandra que t\u00fa.<\/p>\n<p>\u2014Bueno; y \u00bfqu\u00e9 fue, negra loca?<\/p>\n<p>\u2014Menos juicio y m\u00e1s bemba tienes t\u00fa que Mar\u00eda, y no te dicen negra loca. Sin embargo, es lo mismo. Como yo te ver\u00e1s. Naciste para esta vida. No te pongas brava, somos para que los amos puedan tener se\u00f1oritas.<\/p>\n<p>\u2014Yo no tengo amo, negra. La esclavitud se acab\u00f3.<\/p>\n<p>\u2014\u00bfY la barriga? P\u00e1sate la vida sin comer y te dir\u00e9 reina. Esperanza entr\u00f3 en el botiqu\u00edn mientras la negra hablaba sola frente al mar luminoso del mediod\u00eda.<\/p>\n<p>\u2014\u00a1Reina! y no tiene ni hombre a quien querer. \u00a1Mira, Espe\u00adranza! Aquella vela en altamar es la balandra de tu negro ca\u00adliente. Est\u00e1 solita en altamar.<\/p>\n<p>Esperanza volvi\u00f3 a tiempo de o\u00edr las \u00faltimas palabras de la negra. Mir\u00f3. Parec\u00eda querer tocar con la mirada cari\u00f1osa aque\u00adlla in\u00fatil mancha de blancura que corr\u00eda por medio del mar azul.<\/p>\n<p>As\u00ed, mirando aquella peque\u00f1a blancura, dijo sus deseos:<\/p>\n<p>\u2014\u00a1 Que vuelva con bien! &#8230; Negra Mar\u00eda; dicen que t\u00fa sabes hacer brujer\u00edas buenas. Haz que vuelva Segundo y que no se me vaya.<\/p>\n<p>\u2014\u00bfY si sale contraria la suerte?<\/p>\n<p>\u2014\u00bfPor qu\u00e9 va a salir?<\/p>\n<p>\u2014\u00bfTiene mujer en otra tierra?<\/p>\n<p>\u2014S\u00ed tiene.<\/p>\n<p>\u2014\u00bfMuchachos?<\/p>\n<p>\u2014Tambi\u00e9n.<\/p>\n<p>\u2014Entonces no sirven mis aguas. Los muchachos te lo traer\u00e1n o te lo quitar\u00e1n.<\/p>\n<p>Entristeci\u00f3 Esperanza. Tom\u00f3 a mirar el mar.<\/p>\n<p>\u2014\u00bfEntonces, negra?&#8230;<\/p>\n<p>\u2014Nada. Volver\u00e1 as\u00ed&#8230; por ratos. Alguna que otra noche, hasta que no le gustes.<\/p>\n<p>\u2014Yo lo llam\u00e9 la otra noche negro verde. El es as\u00ed.<\/p>\n<p>\u2014Entonces, \u00bft\u00fa no sirves para nada?<\/p>\n<p>\u2014Te puedo hacer un ensalmo.<\/p>\n<p>\u2014\u00bfNo y que no tienes virtud para traerlo?<\/p>\n<p>\u2014Era por asustarte. Mi hermano lo har\u00e1. El sabe.<\/p>\n<p>\u2014\u00bfQui\u00e9n? \u00bfPedro Mart\u00edn?<\/p>\n<p>\u2014\u00a1Uh\u00fa! Dentro de tres d\u00edas. Quince bol\u00edvares te cuesta.<\/p>\n<p>\u2014\u00bf\u00c9l sabe de verdad, o es fama nom\u00e1s?<\/p>\n<p>\u2014El pap\u00e1 de nosotros lo ense\u00f1\u00f3. \u00bfT\u00fa no has o\u00eddo hablar de Boc\u00fa? Ese era el pap\u00e1 de nosotros.<\/p>\n<p style=\"text-align: center;\">***<\/p>\n<p>La negra Mar\u00eda dec\u00eda la verdad.<\/p>\n<p>Boc\u00fa era un negro cubano alto, flaco, recio, que un d\u00eda cualquiera lleg\u00f3 a La Guaira, alquil\u00f3 una casita en mitad del cerro y se meti\u00f3 en ella con su mujer.<\/p>\n<p>En la puerta de su casa se le ve\u00eda, apretada la cabeza por pa\u00f1uelo rojo, fumando perennemente gruesos tabacos oscuros. Nunca lo encontr\u00f3 nadie por las calles de La Guaira. Su mujer, negrita, peque\u00f1a, delgada, de expresi\u00f3n t\u00edmida y vencida, era la que bajaba cada d\u00eda a comprar la comida.<\/p>\n<p>Poco a poco los vecinos \u2014asombrados y miedosos\u2014comenzaron a contarse al o\u00eddo las cosas maravillosas que hac\u00eda Boc\u00fa, el cubano. Hablaban de \u00e9l: que si le ech\u00f3 maldeojo al compadrito Antonio, que si cur\u00f3 a Jacinta, que si le dio un unto a la tuerta Genara, la macute\u00f1a, para amarrar a Augusto el maquinista del tren.<\/p>\n<p>Hablaban de \u00e9l \u2014para bien y para mal\u2014 y lo buscaban.<\/p>\n<p>Un d\u00eda (Mar\u00eda tendr\u00eda entonces doce a\u00f1os y quince Pedro Mart\u00edn), apareci\u00f3 muerto Boc\u00fa en una playa solitaria de Ca\u00admurf. Ten\u00eda una herida en el cuello grueso y fuerte.<\/p>\n<p>Los vecinos \u2014asombrados y miedosos\u2014 se contaron m\u00e1s cosas al o\u00eddo: Que si Boc\u00fa sal\u00eda por las noches en los brazos del diablo; que iban entonces a buscar sus yerbas y sus huesos de muerto.<\/p>\n<p>Algunos d\u00edas despu\u00e9s pusieron presa a Antonia, la italianita hija del pulpero Pagliati que viv\u00eda en Camur\u00ed. En el catre de la muchacha, mugriento y roto, los polic\u00edas encontraron un cu\u00adchillo manchado de sangre, un poco mohoso.<\/p>\n<p>Los chismes del vecindario crecieron m\u00e1s entonces. Se ase\u00adgur\u00f3, calladamente, que desde la llegada del cubano, muchas mujeres sent\u00edan por las noches una ansia incontenible de irse hasta la playa. Dicen tambi\u00e9n que de ellas se aprovech\u00f3 Boc\u00fa cuantas veces quiso. Y algunos, los malintencionados, se\u00f1alan las mujeres que consigui\u00f3 Boc\u00fa ayudado por el Enemigo y por sus yerbas endemoniadas.<\/p>\n<p>La mujer del negro, a quien tambi\u00e9n llevaron a la c\u00e1rcel, muri\u00f3 al poco tiempo, m\u00e1s flaquita y m\u00e1s t\u00edmida que nunca. Quedaron los hijos \u2014Mar\u00eda y Pedro Mart\u00edn\u2014 solos y jovencitos con la fama misteriosa y atrayente, que les dej\u00f3 de herencia su padre, Boa el cubano.<\/p>\n<p>Mar\u00eda se hizo mujer de marineros y soldados. Pedro Mart\u00edn es colme de un botiqu\u00edn \u2014burdel de ricos\u2014; cantador obligado tambi\u00e9n en las parrandas de los guaire\u00f1os elegantes. Los dos hermanos se juntan a veces, cuando alguien les paga, para ejercer el viejo oficio con que el viejo Boc\u00fa se ganaba la vida. El m\u00e1s buscado es el hermano, porque, aunque chancero y sonre\u00eddo, sabe decir de cuando en cuando raras palabras que parecen significar ocultas maravillas. Las mujeres le temen y dicen \u00abque s\u00ed\u00bb siempre, cuando Pedro Mart\u00edn les pide algo. (El no pidi\u00f3 jam\u00e1s mucho, ni poco). Por eso, a m\u00e1s de brujo, \u00e9l tiene entre la gente fama de chulo y vividor. El negro sonr\u00ede y sigue viviendo alegre y misterioso.<\/p>\n<p style=\"text-align: center;\">***<\/p>\n<p>Esperanza habla con Mar\u00eda frente al mar luminoso. Habla y, sin embargo, le molesta contarle a la negra lo que le est\u00e1 contando. \u00bfQu\u00e9 le importa a Mar\u00eda que ella adore a Segundo?&#8230;<\/p>\n<p>Le ha dicho que quiere alg\u00fan ensalmo para amarrar al hombre; y, al momento, se le mete en las venas un desconsuelo ansioso. Es como si fuera mentira cada una de sus verdades m\u00e1s queridas. Le ha contado a Mar\u00eda, c\u00f3mo antes le gustaba Segundo, pero que ahora lo quiere de otro modo, y siente que esto no es verdad y s\u00ed lo es, a la vez.<\/p>\n<p>\u2014Negra Mar\u00eda. Me dijo la otra noche que vivir\u00eda conmigo; que ser\u00eda pescador en La Guaira.<\/p>\n<p>El cerebro duro de Esperanza no piensa ya m\u00e1s nada. Dentro de ella s\u00f3lo hay ansiedad. Casi odia su prop\u00f3sito de conseguir al hombre por medio de Mar\u00eda; est\u00e1 miedosa de lo que ha pensado, y ya no le es posible cambiar.<\/p>\n<p>\u2014Dentro de tres d\u00edas, negra.<\/p>\n<p>\u2014S\u00ed. Quince bol\u00edvares.<\/p>\n<p>\u2014Bueno.<\/p>\n<p>Con la cabeza baja entra al botiqu\u00edn para almorzar. Afuera queda la negra hablando de sus locuras bajo el sol.<\/p>\n<p style=\"text-align: center;\">***<\/p>\n<p>Una mujer desnuda \u2014su \u00fanica ropa el gran pa\u00f1uelo blanco de las velas tremolando en los brazos\u2014 era la \u00abIsabel\u00bb al salir esta ma\u00f1ana de La Guaira. Chirriante; alegre y sucia se ech\u00f3 en medio del viento sobre el mar.<\/p>\n<p>Parec\u00eda una mujer. Porque todas las cosas del mar pueden parecerse a la mujer. Se hinchan las velas como pechos redondos; en el calor del sol hay un regazo ardiente y en los vientos toda una gran caricia amplia. Cuando chocan las olas, dentro de las espumas rotas, viven brazos desnudos y muslos y suaves torsos de mujer. Las tierras lejanas tambi\u00e9n son ariscas muchachitas oscuras dormidas sobre el mar.<\/p>\n<p>Segundo sabe pensar estas cosas, las siente. Alguna vez las ha dicho a Martinote cuando hablan apoyados en la barandilla mohosa de la balandra \u00abIsabel\u00bb.<\/p>\n<p>Esta noche, bajo el regazo de las velas, entre la enorme noche del mar lleno de ruidos y movimientos, el marinero silba y revive sus \u00faltimos d\u00edas pasados con Esperanza. No siente tristeza. Ahora que est\u00e1 lejos, ya no es nada Esperanza. Fueron tonter\u00edas lo de la otra noche. Esperanza&#8230; \u00a1tonter\u00edas! Basta con una a quien darle real. Siquiera la de Juan Griego cuida los hijos. Esa ser\u00e1 siempre, al fin y al cabo, su mujer.<\/p>\n<p>A saber si tiene raz\u00f3n Martinote cuando le dice que \u00e9l, Segundo, tiene cara de marido serio, de padre de familia. Y a saber si la cara dice la verdad. Porque goza m\u00e1s que con ninguna con su mujer de siempre, all\u00e1 en su rancho encalado, viendo de lejos el ba\u00f1o de sus hijos en la playa serena de Juan Griego y abrazando con tranquilidad el cuerpo ancho, conocido y querido.<\/p>\n<p style=\"text-align: center;\">***<\/p>\n<p>Esperanza lleg\u00f3 muy temprano al botiqu\u00edn. Desde la ventana pregunt\u00f3 a la negra cu\u00e1ndo ser\u00eda \u00abla cosa\u00bb. Mar\u00eda le contest\u00f3 que todav\u00eda no hab\u00eda llegado el hermano y que tendr\u00edan que esperarlo.<\/p>\n<p>\u2014No te preocupes. Despuesito de la media noche \u00e9l vendr\u00e1. Y Esperanza, acodada en la ventana, mira al mar. Otra noche era Segundo quien estaba aqu\u00ed, mirando. La mujer siente dentro del cuerpo mil culebrillas de su ansiedad y de su desespero. Pide ron a Jos\u00e9 la Trinid\u00e1 y el negro viene al momento, con el vasito lleno entre los dedos oscuros, de u\u00f1as rosadas. Curioso, serio, cari\u00f1oso, hace sus preguntas.<\/p>\n<p>\u2014\u00bfNerviosa?<\/p>\n<p>\u2014S\u00ed, oh.<\/p>\n<p>\u2014\u00bfPor qu\u00e9?<\/p>\n<p>\u2014Por nada, negro. Como que estoy enferma esta noche.<\/p>\n<p>\u2014\u00bfTriste?<\/p>\n<p>\u2014\u00a1Gua! \u00a1qui\u00e9n sabe!&#8230;<\/p>\n<p>\u2014Segundo se fue.<\/p>\n<p>\u2014S\u00ed.<\/p>\n<p>\u2014\u00bfPor eso?<\/p>\n<p>&#8211; Qui\u00e9n sabe!&#8230;<\/p>\n<p>\u2014\u00bfLe pediste brujer\u00edas a la negra Mar\u00eda?<\/p>\n<p>\u2014\u00a1Jes\u00fas, con tanta preguntadera!<\/p>\n<p>\u2014Est\u00e1 bien. \u00bfM\u00e1s ron?<\/p>\n<p>\u2014Bueno. Trae.<\/p>\n<p>En ese momento lleg\u00f3 el mocito que, la otra noche, beb\u00eda con Esperanza. Tirando hacia atr\u00e1s el sombrero, se vino hasta la ventana y roz\u00f3 el brazo redondo de la mujer. Ella casi grit\u00f3 al volverse, pero sonri\u00f3 al muchacho. El, comenz\u00f3 a hablar: que si estaba sola, que si se ir\u00eda con \u00e9l.<\/p>\n<p>Esperanza lo mir\u00f3 lento, hondo, corno queriendo entender algo extra\u00f1o en las palabras del patiqu\u00edn.<\/p>\n<p>\u2014\u00a1Esp\u00e9rate! \u2014y le dijo esto con&#8217;un grito silencioso\u2014 ahorita te digo.<\/p>\n<p>La mujer sali\u00f3 y, un momento, vibr\u00f3 en la calle su silueta robusta antes de hundirse en la sombra. Desde la ventana la mir\u00f3 el mocito hablando con Mar\u00eda. A poco, ella volvi\u00f3.<\/p>\n<p>\u2014Me voy contigo. Pero, oye, necesito de urgencia quince bol\u00edvares.<\/p>\n<p>\u2014\u00bfTe vas a comprar un ford?<\/p>\n<p>\u2014Es cosa de urgencia. Si no&#8230; t\u00fa me conoces&#8230;<\/p>\n<p>\u2014Bueno, chica. Est\u00e1 bien.<\/p>\n<p style=\"text-align: center;\">***<\/p>\n<p>Ya un poco tarde se despidi\u00f3 Esperanza de su mocito enamo\u00adrado. El quer\u00eda acompa\u00f1arla, pero la muchacha se opuso:<\/p>\n<p>\u2014D\u00e9\u00adjame sola, mi amor. Tengo que hacer ahora; y se fue hacia la casa de la negra Mar\u00eda sintiendo sobre sus espaldas la mirada melosa del patiqu\u00edn.<\/p>\n<p>Cuando lleg\u00f3 a la casa tuvo que saludar a Jos\u00e9 la Trinid\u00e1. El negrito se ri\u00f3:<\/p>\n<p>\u2014\u00bfAhora empieza la cosa? Te voy a vigilar.<\/p>\n<p>Desde dentro la llam\u00f3 la negra loca.<\/p>\n<p>\u2014Anda. Vente.<\/p>\n<p>Esperanza entr\u00f3 temerosa, temblona. En ese momento le pareci\u00f3 que efectivamente no necesitaba a Segundo; que todo esto lo hac\u00eda as\u00ed, como obligada. La negra cerr\u00f3 la puerta. Ya estaba echada la suerte.<\/p>\n<p>\u2014Ahorita viene Pedro Mart\u00edn. Debe estar saliendo ya de su trabajo.<\/p>\n<p>La negra, silenciosa, busc\u00f3 bajo la cama y sac\u00f3 una vela mohosa. Son\u00f3 la caja de f\u00f3sforos en su mano y, dando vuelta al foco, dej\u00f3 el cuarto a oscuras. Entre las sombras se acerc\u00f3 a Esperanza:<\/p>\n<p>\u2014Sost\u00e9n la .vela, muchacha.<\/p>\n<p>Luego, la luz del f\u00f3sforo hizo saltar los perfiles de las cosas pint\u00e1ndolas de un amarillo descarnado. La negra, lenta, cogi\u00f3 la vela y apag\u00f3 el f\u00f3sforo con un soplo suave, mirando c\u00f3mo mor\u00eda la llama peque\u00f1a.<\/p>\n<p>\u2014Boc\u00fa nos acompa\u00f1a.<\/p>\n<p>Despacio, camin\u00f3 hacia el fondo del cuarto y corri\u00f3 una cortinilla de tela basta. Tras de la cortina estaba el \u00abaltar\u00bb: sobre una mesa negruzca un Cristo boca abajo; dentro de una totuma, granos de ma\u00edz y caraotas rojas; una mazorca de ma\u00edz colgaba de la pared junto a un par de maracas redondas y, su\u00adjetos a un cromo de la Virgen del Carmen, chorreaban collares rojos y blancos y unas plumas de gallo negro. Bajo la imagen estaba otra totuma vac\u00eda y manchada.<\/p>\n<p>Esperanza temblaba m\u00e1s. Ense\u00f1ando la tapara manchada pregunt\u00f3 a la negra para qu\u00e9 serv\u00eda.<\/p>\n<p>\u2014Est\u00e1 manchada de sangre. Ah\u00ed Boc\u00fa dejaba la sangre de los gallos. Yo no la toco. Es santa. Solamente los hombres la pue\u00adden tocar. Por eso viene Pedro Mart\u00edn.<\/p>\n<p>En ese momento tocaron a la puerta. La negra enseri\u00f3 el semblante y pregunt\u00f3:<\/p>\n<p>\u2014\u00bfHermano?<\/p>\n<p>\u2014\u00a1Hermano! \u2014y fue una voz alta de negro la que contest\u00f3.<\/p>\n<p>\u2014Espera.<\/p>\n<p>La negra Mar\u00eda se volvi\u00f3 a Esperanza y extendi\u00f3 las manos:<\/p>\n<p>\u2014Los reales.<\/p>\n<p>Las monedas \u2014plateadas como lunas a la luz de la vela\u2014sonaron al caer en las manos de Mar\u00eda.<\/p>\n<p>\u2014Tres fuertes \u2014dijo Esperanza.<\/p>\n<p>Est\u00e1 bien.<\/p>\n<p>Mar\u00eda abri\u00f3 la puerta. Un negro \u2014alto, flaco, recio\u2014 sonri\u00f3 al entrar.<\/p>\n<p>\u2014Buenas noches. Boc\u00fa nos acompa\u00f1a.<\/p>\n<p>Dec\u00eda sus frases sonriendo siempre. Parec\u00eda muy joven y se qued\u00f3 mirando a Esperanza complacido. ,<\/p>\n<p>\u2014\u00bfT\u00fa eres la que viene para lo del ensalmo? \u00bfQui\u00e9n fue el bruto que te dej\u00f3?<\/p>\n<p>\u2014Hermano. Ten seriedad. Boc\u00fa nos acompa\u00f1a.<\/p>\n<p>Mar\u00eda habl\u00f3 con su voz m\u00e1s agria. El hermano, sin embargo, no hizo caso. Sigui\u00f3 su tono chancero.<\/p>\n<p>No encontr\u00e9 gallo negro en el Mercado. Por eso compr\u00e9 este pollito.<\/p>\n<p>\u2014Hermano. Tiene que ser gallo y tiene que ser robado.<\/p>\n<p>\u2014No creas. La virtud est\u00e1 en el color de las plumas. Este pollito servir\u00e1 muy bien para el caso. Se\u00f1orita. T\u00fa. La que viene a que le hagan el ensalmo. No hable, no se mueva, sienta lo que sienta, mientras yo no la mande. Boc\u00fa nos acompa\u00f1a. Mar\u00eda, negra cumbamba, mi hermana. Apaga la luz. Ya te dir\u00e9 cu\u00e1ndo debes alumbrar.<\/p>\n<p>Esperanza se pegaba a la pared angustiada, llena de temores. Entre la oscuridad, la voz de los hermanos negros hac\u00eda sus rumores de misterios. Las palabras saltaban vestidas de raras excelencias. El negro dec\u00eda un vago charloteo ininteligible.<\/p>\n<p>\u2014Boc\u00fa nos acompa\u00f1a.<\/p>\n<p>\u2014Verdad.<\/p>\n<p>\u2014\u00bfEl hombre va por el mar?<\/p>\n<p>\u2014Por el mar.<\/p>\n<p>Las voces se huyen por las rendijas de las puertas des\u00adniveladas. Corno mariposas oscuras ir\u00e1n volando entre la noche negra, sobre las aguas del oc\u00e9ano. Se ensedar\u00e1n en los m\u00e1stiles de la balandra \u00abIsabel\u00bb. Se har\u00e1n pensamientos del marinero oscuro que silba ^una canci\u00f3n.<\/p>\n<p>\u2014Por el mar va, el mar lo traer\u00e1. Enciende, Mar\u00eda, negra cumbamba, mi hermana.<\/p>\n<p>La vela brot\u00f3 su luz entre las manos de la negra. Ante el altarcillo escondido, Pedro Mart\u00edn se adelantaba desnudo. En\u00adtre los dedos largos, huesudos y morenos, de largas u\u00f1as ama\u00adrillas por el tabaco, piaba el pollito negro.<\/p>\n<p>\u2014Oricha de Obatal\u00e1, que la sangre del gallo diga la verd\u00e1. Marfa, el cuchillo.<\/p>\n<p>La hermana le extendi\u00f3 el brillante pedacito de metal; y el negro, levant\u00e1ndolo en el aire, recit\u00f3 el ensalmo.<\/p>\n<p>\u2014Si su sangre va a decir mentira, que no salga de su cuerpo.<\/p>\n<p>Brill\u00f3 el cuchillo un momento y termin\u00f3 el p\u00edo-p\u00edo entre las manos del negro, que se extendieron para que la sangre cayera en la tapara ennegrecida.<\/p>\n<p>Esperanza, abiertos los ojazoS, miraba la escena. A cada momento que pasaba se le apretaba m\u00e1s el miedo en el cuerpo fr\u00edo. Sobre el negro desnudo la luz temblona de la vela dibujaba sus brillos.<\/p>\n<p>De pronto, Pedro Mart\u00edn comenz\u00f3 a cantar y a bailar. Ya no sonre\u00eda. Mar\u00eda lo miraba asombrada y cantaba con \u00e9l.<\/p>\n<p style=\"text-align: center;\"><em>\u00abLa culebra se muri\u00f3.<\/em><\/p>\n<p style=\"text-align: center;\"><em>S\u00e1ngala muleque.<\/em><\/p>\n<p style=\"text-align: center;\"><em>La culebra se muri\u00f3&#8217;<\/em><\/p>\n<p>El negro mov\u00eda las caderas al son de una m\u00fasica grave, que repet\u00eda continuamente. Cuando se deten\u00eda, miraba fijamente a Esperanza, moribunda en su temblor.<\/p>\n<p>De pronto, la negra Mar\u00eda ces\u00f3 de cantar. Tendido en el suelo su cuerpo huesudo saltaba como en el mal de San Vito, apretado en el casta\u00f1eteo de sus dientes, sal\u00eda de su boca el rezongo religioso de \u00abla culebra se muri\u00f3\u00bb.<\/p>\n<p>El negro, apresurado apag\u00f3 la vela. Su voz alta brinc\u00f3 sobre el miedo de Esperanza.\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 \u2022<\/p>\n<p>\u2014A la muchacha. Venga. Boc\u00fa dice as\u00ed.<\/p>\n<p>Entre su rezongo moribundo la negra se opuso: \u2014Hermano. Acu\u00e9rdate. Boc\u00fa era el taita. No lo nombres en vano.<\/p>\n<p>\u2014Lo nombro con buen fin. Venga, muchacha.<\/p>\n<p>Esperanza, entre la sombra densa del cuartucho iba buscan\u00addo al negro con los brazos delante. Al tocarlo se detuvo. Pedro Mart\u00edn la atrajo hacia s\u00ed y, como la muchacha se opon\u00eda d\u00e9bil\u00admente, sigui\u00f3 diciendo:<\/p>\n<p>\u2014El ensalmo lo necesita.<\/p>\n<p>Entre la sombra densa del cuartucho su voz c\u00e1lida se extendi\u00f3:<\/p>\n<p>\u2014\u00a1Eres divina, mi amor!&#8230;<\/p>\n<p>Luego, volvi\u00f3 a sonar su alegr\u00eda de siempre:<\/p>\n<p>\u2014Mar\u00eda, negra cumbamba, mi hermana. Enciende la luz.\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 \u2022<\/p>\n<p>Se oy\u00f3 el moverse de la negra. Luego de encenderla,. ella clav\u00f3 la vela en el pico verde de una botella sucia.<\/p>\n<p>\u2014Descansen un rato \u2014dijo Pedro Mart\u00edn\u2014 para terminar la ceremonia.<\/p>\n<p>Comenz\u00f3 a vestirse. Ya de calzones y camisa llam\u00f3 a su hermana:<\/p>\n<p>\u2014Trae los caracoles.<\/p>\n<p>La negra busc\u00f3 bajo la mesa y sac\u00f3 un saquito rojo dentro del que sonaba el choque de las conchas marinas. Sobre el \u00abaltar\u00bb vaci\u00f3 el saquito. Pedro Mart\u00edn se acerc\u00f3 luego. Detenidamente miraba el cad\u00e1ver del pollito, la sangre en la totuma y las conchas de los caracoles. Esperanza, sentada en el suelo, sin pensar en nada, miraba.<\/p>\n<p>\u2014Vendr\u00e1 \u2014dijo el negro. Y Esperanza, como si s\u00f3lo esperara la palabra de Pedro Mart\u00edn, cay\u00f3 en el suelo desvanecida.<\/p>\n<p>Los dos negros, asustados, la levantaron en brazos y la ten\u00addieron sobre la colcha rameada de la cama.<\/p>\n<p>\u2014Compra ron \u2014dijo Mar\u00eda\u2014 y con eso coges tus reales. Torna. Un fuerte.<\/p>\n<p>\u2014\u00bfUn fuerte? Lo menos dos.<\/p>\n<p>\u2014Bueno, pues. Toma.<\/p>\n<p>\u2014\u00a1 Gua! Ya lo creo. Y no te pido m\u00e1s, porque&#8230; por nada.<\/p>\n<p>Al poco rato volvi\u00f3 Pedro Mart\u00edn con la copita llena. La hizo tornar a Esperanza y, cuando la vio abrir los ojos, le habl\u00f3 cari\u00f1osamente.<\/p>\n<p>\u2014Ahora a dormir, muchachita. Est\u00e1s d\u00e9bil. Te acompa\u00f1ar\u00e9 hasta tu casa.<\/p>\n<p>Y le habl\u00f3 de Segundo: que \u00e9l lo conoc\u00eda mucho; que era muy buen tercio; que una vez lo busc\u00f3 para que le hiciera un tatuaje.<\/p>\n<p>\u2014Yo lo s\u00e9 hacer muy bien. As\u00ed que cuando quieras&#8230; a Se\u00adgundo le pint\u00e9 en el pecho una culebra con cabeza de mujer. \u2014Yo se la he visto \u2014dijo Esperanza.<\/p>\n<p>\u2014\u00bfNos vamos? Te acompa\u00f1o hasta tu casa.<\/p>\n<p>Saludaron a Mar\u00eda y se fueron mientras la negra lo desped\u00eda con sus gritos.<\/p>\n<p>\u2014Vendr\u00e1 el negro verde. Para siempre. San Marcos de Le\u00f3n lo salve de todo mal. San Marcos de Le\u00f3n lo trae.<\/p>\n<p style=\"text-align: center;\">***<\/p>\n<p>Esperanza, ansiosa y alegre, mira esta ma\u00f1ana el mar luminoso de La Guaira. Ella estaba en el botiqu\u00edn de Jos\u00e9 la Trinid\u00e1, un poco ausente, cuando el grito de Mar\u00eda la hizo saltar.<\/p>\n<p>\u2014\u00a1Muchacha! La balandra de tu hombre viene por frente a Macuto. Por ah\u00ed viene tu hombre. A m\u00ed me lo debes. Sali\u00f3 bueno el ensalmo. Si no lo quieres perder s\u00edgueme buscando.<\/p>\n<p>\u2014\u00bfY si no viene?<\/p>\n<p>\u2014\u00bfNo va a venir?&#8230; Ya lo ver\u00e1s.<\/p>\n<p style=\"text-align: center;\">***<\/p>\n<p>El tiempo pasa lento. En la luz del sol \u2014en el calor de la hora\u2014 sienten las mujeres el latir despacioso de los segundos. Esperanza mira, con la mirada m\u00e1s firme de sus ojos grandes, la desembocadura del callej\u00f3n, mientras la negra Mar\u00eda, muerta, dura, las manos de largas u\u00f1as ara\u00f1ando el polvo de la calle, murmura sus lentas palabras de loca.<\/p>\n<p>\u2014Por sobre el agua viene ll\u00e9gando. Negro de agua. Marine\u00adro. Por sobre el agua. San Marcos lo salva. Ni sierpe, ni,fiebre lo toquen, ni las manos de sus enemigos. Como el Se\u00f1or Nues\u00adtro, viene sobre las aguas.<\/p>\n<p>\u2014No hable, negra \u2014grita Esperanza\u2014 \u00bfva a venir?<\/p>\n<p>\u2014T\u00fa lo ver\u00e1s. San Marcos de Le\u00f3n lo trae. T\u00fa lo ver\u00e1s. Esta noche lo podr\u00e1s abrazar. \u00a1Negra! \u00a1A buen momento!<\/p>\n<p>La mancha de unas nubes, sobre la tierra fofa de la calle, marcaba en los ojos de las mujeres la lentitud del tiempo. La sombra de los aleros \u2014recia\u2014 apenas apagaba su ansiedad.<\/p>\n<p style=\"text-align: center;\">***<\/p>\n<p>En la tarde, ya definitivamente triste, Esperanza baj\u00f3 a los muelles. Al lado de su atracadero habitual la balandra \u00abIsabel\u00bb descansaba tranquila. La muchacha no tuvo tiempo de preguntar a alguien. Martinote, sentado en un pedazo grande de madera, la llam\u00f3:<\/p>\n<p>\u2014Segundo Mendoza es ahora capit\u00e1n de un falucho. Navega nada m\u00e1s que por Oriente. No volver\u00e1. Si me quieres a m\u00ed para esta noche&#8230;<\/p>\n<p>Esperanza sonri\u00f3 llorosa.<\/p>\n<p>\u2014Es la primera vez que te fijas en m\u00ed, Martinote.<\/p>\n<p>\u00bfT\u00fa crees? \u00a1Qu\u00e9 va, negra! Si t\u00fa siempre me has gustado&#8230;<\/p>\n<p>\u2014Bueno, Martinote. Pero llevas bastante real \u00bfsabes? Nos vamos a emborrachar hasta dormimos.<\/p>\n<h4 style=\"text-align: right;\"><a href=\"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/guillermo-meneses\/\" target=\"_blank\" rel=\"noopener\">Sobre el autor<\/a><\/h4>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Guillermo Meneses La balandra \u00abIsabel\u00bb lleg\u00f3 esta tarde a La Guaira trayendo, desde Boca de Uchire, diez mil kilos de carb\u00f3n y unos bultos de casabe. Al entrar en el puerto agiliz\u00f3 m\u00e1s su elegancia blanca; pas\u00f3 junto al trasatl\u00e1ntico alem\u00e1n y fue hacia sus compa\u00f1eras: la goleta \u00abBlanca Mar\u00eda\u00bb, el bote \u00abJusta y Mar\u00eda\u00bb, [&hellip;]<\/p>\n","protected":false},"author":6,"featured_media":543,"comment_status":"open","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"_monsterinsights_skip_tracking":false,"_monsterinsights_sitenote_active":false,"_monsterinsights_sitenote_note":"","_monsterinsights_sitenote_category":0,"footnotes":""},"categories":[16],"tags":[33,3,43],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/542"}],"collection":[{"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/users\/6"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=542"}],"version-history":[{"count":4,"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/542\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":903,"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/542\/revisions\/903"}],"wp:featuredmedia":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/media\/543"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=542"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=542"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=542"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}