{"id":5365,"date":"2022-07-23T23:48:01","date_gmt":"2022-07-23T23:48:01","guid":{"rendered":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/?p=5365"},"modified":"2023-11-24T18:28:45","modified_gmt":"2023-11-24T18:28:45","slug":"dos-cuentos-de-lucila-palacios","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/dos-cuentos-de-lucila-palacios\/","title":{"rendered":"Dos cuentos de Lucila Palacios"},"content":{"rendered":"<h3>El gallo pel\u00f3n<\/h3>\n<p>La casa blanca. El patio grande, grande\u2026 La tierra negra cargada de semillitas que caen de los \u00e1rboles verdes. Y la gallina jabada con sus cinco pollitos.<\/p>\n<p>Las comadres del corral, otras gallinas gordas, blancas, negras, amarillas, cuchichean\u2026<\/p>\n<p>Ya salieron los nuevos polluelos del cascar\u00f3n.<\/p>\n<p>Y sacuden las alas, muy contentas, porque va aumentando la prole y dentro de poco el corral ser\u00e1 un gallinero.\u00a0La se\u00f1ora mam\u00e1 de los pollitos reci\u00e9n nacidos pasea con ellos, muy oronda, por el patio.<\/p>\n<p>Se mete en los rincones, picotea en los jirones de tela de ara\u00f1a que caen de las paredes y sumerge el pico en agua clara que hay en la pila, bajo la mata de naranjas\u2026<\/p>\n<p>P\u00edo, p\u00edo, p\u00edo\u2026Corren los polluelos mayorcitos para ver a los m\u00e1s peque\u00f1os. Estos tienen un plumaje amarillo, muy suave, como de seda, el pico rojo, las patas tiernas un poco vacilantes\u2026<\/p>\n<p>Al mediod\u00eda, la gallina madre se acurrucaba junto con sus hijos a la sombra de la mata de naranjas. De all\u00ed conversaba con la gallina blanca que daba calor a sus huevos dentro del nidal.<\/p>\n<p>Gallina blanca, estoy muy contenta. Ya mis pollitos est\u00e1n creciendo. Sus alas aumentan en fuerza y tama\u00f1o, se les fortalecen las patitas y dentro de poco se valdr\u00e1n por s\u00ed mismos\u2026<\/p>\n<p>Gallina jabada \u00ad\u00ad\u00ad\u00ad\u2013contestaba la otra\u00ad\u00ad\u00ad\u00ad\u2013, me parece que tendr\u00e1s unos hijos hermosos, pero\u2026<\/p>\n<p>Este \u201cpero\u201d alarm\u00f3 a la gallina jabada. Ella sab\u00eda que la \u201cblanca\u201d era su mejor amiga del corral. De las otras pod\u00eda esperar malas intenciones. En cambio, todo cuanto dec\u00eda su compa\u00f1era color de nieve, era sincero.<\/p>\n<p>Chica, \u00bfqu\u00e9 has notado? \u00a1D\u00edmelo! \u00ad\u00ad\u00ad\u00ad\u2013y la pobre mam\u00e1 temblaba, muy nerviosa.<\/p>\n<p>\u00bfNo te has fijado? Uno de tus polluelos est\u00e1 peladito. Parece que no le crecen las plumas.<\/p>\n<p>Ya la jabada lo hab\u00eda observado, pero no se atrev\u00eda a creerlo. Una vez en el gallinero hubo un gallo pel\u00f3n y nadie lo quer\u00eda. Si su hijito crec\u00eda as\u00ed, llegar\u00eda a ser el escarnio del corral. Y la pobre gallina se horrorizaba al pensarlo.<\/p>\n<p>Y tal cual sucedi\u00f3, como para castigo de la familia de la gallina jabada, orgullosa de ser en el vecindario la m\u00e1s fecunda en carnes y plumaje.<\/p>\n<p>Y para colmo, el gallito pel\u00f3n era travieso. Se atrev\u00eda a pasar por encima del cercado y llegar hasta la cocina para devorar las sobras de la cena. Se trepaba en la mata de naranjas desde temprano y en vez de dormir como los otros permanec\u00eda con los ojos abiertos, mirando la luna blanca, blanca\u2026<\/p>\n<p>Iban naciendo, luego crec\u00edan todos los polluelos y cada cual era m\u00e1s hermoso, m\u00e1s rico en plumas que los anteriores. De manera que se establec\u00edan comparaciones, y el gallito pel\u00f3n, feo, fe\u00edsimo, era \u00ad\u00ad\u00ad\u00ad\u2013como lo hab\u00eda sospechado su madre\u00ad\u00ad\u00ad\u00ad\u2013 el escarnio del corral de buena casa.<\/p>\n<p>Siempre estaba solo al lado del abundante plumaje materno. Y la gallina jabada lo reprend\u00eda.<\/p>\n<p>Ya que era el m\u00e1s feo de los dem\u00e1s polluelos, \u00bfpor qu\u00e9 no tratas de disimularlo? Haces todo lo contrario de lo que debes hacer. Corres el primero cuando llega la comida, p\u00edas como ninguno, aleteas con m\u00e1s fuerza que tus hermanos y dentro de poco pretender\u00e1s cantar m\u00e1s alto que tu mismo padre\u2026<\/p>\n<p>Y el gallo la escucha y frunce el entrecejo. \u00a1Vaya! Si los dem\u00e1s polluelos imitaran su voz, se sentir\u00eda orgulloso; pero el que este \u201cpel\u00f3n\u201d pretenda remedar el clar\u00edn de su canto le produce una desaz\u00f3n profunda\u2026 \u00a1Aunque se trate de su propio hijo!<\/p>\n<p>Gallito Pel\u00f3n estaba cohibido. Mas, a pesar de todo, no pod\u00eda modificar su personalidad. No pod\u00eda dejar de hacer precisamente lo que censuraba la gente del gallinero.<\/p>\n<p>\u00a1Oh, si ve\u00eda que dos pollos quer\u00edan pelear, se sumaba al m\u00e1s d\u00e9bil para ayudarlo! Una vez, una de las comadres de su mam\u00e1 le quiso pegar a una pollita por un motivo trivial, y \u00e9l sali\u00f3 a defensa de la jovenzuela. Y es quien se come los bachacos que se meten en los nidales para evitar que piquen a los reci\u00e9n nacidos, es quien se los come, a pesar de que se le suben por las piernas y le destrozan el pecho desnudo de plumas.<\/p>\n<p>Trata de ser \u00fatil, pero nadie lo toma en cuenta. En todo el patio se oye decir lo mismo\u2026<\/p>\n<p>\u2013 \u00a1Qu\u00e9 gallito tan feo! \u00a1Nos averg\u00fcenza!<\/p>\n<p>\u00c9l tambi\u00e9n se siente avergonzado. Se ha visto en el agua de la pila, clarita como un espejo\u2026 Y el cristal del agua le ha dicho la verdad.<\/p>\n<p>Una tarde hubo una alarma en el corral\u2026 El gallito pel\u00f3n, que ahora no quer\u00eda mostrarse, y que se escond\u00eda en su fealdad en un rinc\u00f3n del patio, sali\u00f3 de su escondite. Una sombra negra, negra, se proyectaba en el suelo, hurtaba su claridad al sol, y los polluelos y las gallinas corr\u00edan despavoridos con las alas abiertas, sin hallar qu\u00e9 hacer\u2026 El gallo padre hinchaba su garganta, esponjaba las alas, y hac\u00eda un ensayo de sus espuelas en el aire para huir despu\u00e9s\u2026<\/p>\n<p>Gallito Pel\u00f3n alz\u00f3 la cabeza hacia la sombra negra y comprendi\u00f3 el espanto de sus compa\u00f1eros. No hab\u00eda visto nunca a los gavilanes, pero por las alas agudas y el pico feroz conoci\u00f3 a su enemigo\u2026 El gavil\u00e1n estaba quieto, muy quieto en el centro del cielo, ven\u00eda descendiendo sobre el patio y a cada minuto era m\u00e1s grande la sombra de su cuerpo al lado de la sombra del naranjo.<\/p>\n<p>Dentro de poco lo cubrir\u00eda todo\u2026 El corral, de espanto y de dolor\u2026 El naranjo,\u00a0 de quejidos y plumas cuando intentara arrastrar una v\u00edctima hacia arriba, hacia arriba\u2026<\/p>\n<p>La gallina jabada quer\u00eda esconder a todos sus polluelos con las alas que no alcanzaban\u2026 Y hasta llam\u00f3 a Gallito Pel\u00f3n, pero \u00e9l no fue\u2026<\/p>\n<p>Con la cabeza baja, inm\u00f3vil junto al tronco del naranjo, meditaba. \u00a1Oh, esos plumajes de todos colores, tan bellos esponjosos y finos, dentro de poco iban a caer destrozados por el pico voraz del gavil\u00e1n hambriento\u2026 Pobres polluelos, tan ufanos de su hermosura, y expuestos\u00a0 como \u00e9l, un m\u00edsero gallo pel\u00f3n, a ser v\u00edctimas de la voracidad del ave de rapi\u00f1a!<\/p>\n<p>La gallina gimoteaba.\u2013\u00a1Mis polluelos, mis polluelos bonitos!<\/p>\n<p>El pel\u00f3n empez\u00f3 a ascender por el tronco. Arriba estaba la rama frondosa donde sub\u00eda de noche bajo la luna clara para mirar los jardines cercanos, el agua de la pila con las estrellas en el fondo, y m\u00e1s adentro a\u00fan, m\u00e1s adentro, en el fondo del redondel de piedra, la sombra del naranjo como pedazo de la noche misma que hubiera ca\u00eddo en el agua\u2026<\/p>\n<p>La jabada cacareaba con los ojos abiertos de espanto<\/p>\n<p>\u2013Gallito pel\u00f3n, gallito pel\u00f3n, \u00bfqu\u00e9 haces?<\/p>\n<p>El naranjo ten\u00eda las flores abiertas, los azahares blancos que perfumaban el patio. Hab\u00eda un mazo frondoso, con muchos c\u00e1lices temblorosos, un mazo que parec\u00eda un nido\u2026 En \u00e9l se acurruc\u00f3 el gallito.<\/p>\n<p>Hasta la rama del naranjo llegaba el grito de la gallina\u2026\u2013 \u00a1Gallito pel\u00f3n! Gallito\u2026<\/p>\n<p>El cerr\u00f3 los ojos. Acababa de ver el cielo azul, m\u00e1s cerca que cuando estaba al pie del tronco\u2026 Le pareci\u00f3 lindo, lindo como nunca\u2026 \u00a1Qu\u00e9 l\u00e1stima, si no tuviera la sombra aquella!<\/p>\n<p>Esa sombra que se viene acercando, acercando, con el pico torvo, las alas negras horribles, los ojos de fuego y el pecho sediento de sangre\u2026\u2013P\u00edo, p\u00edo, p\u00edo\u2026<\/p>\n<p>La griter\u00eda est\u00e1 abajo, el miedo, el ego\u00edsmo de los bellos, que no quieren caer en las guerras del gavil\u00e1n\u2026 Pero arriba, arriba, en la copa del naranjo est\u00e1 el gallo feo, el gallo pel\u00f3n, el primero en todas las iniciativas, hasta \u00e9sta de inmolarse por salvar el gallinero\u2026\u00a0\u00ad\u00ad\u00ad\u00ad\u2013P\u00edo, p\u00edo, p\u00edo\u2026<\/p>\n<p>De arriba viene el silencio; de abajo, la griter\u00eda\u2026 Nadie comprende, nadie sabe\u2026 Por fin, la gallina jabada, que al fin y al cabo es la madre del gallo pel\u00f3n, hinchaba su garganta para gritar<\/p>\n<p>\u2013Mi gallito pel\u00f3n era un h\u00e9roe\u2026 Mi gallito pel\u00f3n. \u00a1El h\u00e9roe del patio!<\/p>\n<p>Miraba las plumas, las plumas que no sirven sino de adorno. Entonces s\u00f3lo pudo comprender el coraz\u00f3n de su gallito, cuando ya no hab\u00eda remedio, cuando ya estaba muerto\u2026<\/p>\n<p>Las blancas, las negras, las amarillas, todas las gallinas del patio lo dijeron a gritos al vecindario. Y de corral en corral se o\u00eda.\u00a0\u00ad\u00ad\u00ad\u00ad\u2013 \u00a1Gallito Pel\u00f3n!<\/p>\n<p>No se supo lo que pensaron los polluelos del plumaje hermoso, no se supo\u2026 Pero ya no los peinaban con tanto esmero\u2026<\/p>\n<p>A los ojos de la multitud gallin\u00e1cea, mucho m\u00e1s bello era el recuerdo del gallito pel\u00f3n, all\u00e1, en la copa del naranjo, con su cuerpo sin plumas, bajo el cielo azul, junto con el mazo de azahares, en las garras del gavil\u00e1n\u2026<\/p>\n<h3><\/h3>\n<h3>El castillo de caramelo<\/h3>\n<p>La mano blanca, la mano femenina ha tratado de salvar el castillo de az\u00facar. Sobre las almenas acarameladas, con apariencia de encaje, hay un soldado de porcelana. La torta de tres pisos, es tan clara, que copia las \u00faltimas luces de la fiesta. Situada como una isla, en el centro de una gran jofaina llena de agua, con su aspecto de fortaleza parece resistir el asedio de las hormigas. Esas hormigas inquietantes que olfatean la golosina desde su mundo subterr\u00e1neo.<\/p>\n<p>A trav\u00e9s del t\u00fanel que abre paso a ese mundo desde el fondo de la tierra, no se acierta a descubrir la silueta de la mujer que burla el intento goloso. \u00a1Es tan alta, tan espigada del suelo, que los peque\u00f1os ojos no la abarcan en toda su extensi\u00f3n! Piensan en ella como en algo superior a las fuerzas de todo el hormiguero formado por millares de trabajadores y de guerreros de rubia coraza.<\/p>\n<p>Y esp\u00edan la hora de la sombra para hurgar en torno de la mesa donde hubo el banquete&#8230; Y su instinto las lleva a seguir el sendero que conduce al castillo.<\/p>\n<p>Mas entre la orilla y la fortaleza de encaje de az\u00facar se interpone el agua. Es un agua quieta, dormida, que no se alza amenazante, que no ruge ni grita a trav\u00e9s de las bocas abiertas de sus gotas. Pero no pueden cruzarla sin riesgo de perecer en su cristal fr\u00edo, en su cristal sin vibraciones.<\/p>\n<p>El hormiguero sufre escasez&#8230; En el jard\u00edn se ha llevado a cabo una innovaci\u00f3n. Para defender las hojas y las rosas, para defender las ra\u00edces de la voracidad de otros insectos se han te\u00f1ido de blanco los troncos que les sirven de base. Y aquella blancura es ponzo\u00f1osa. Mata, destruye la vida animal. Un ej\u00e9rcito de hormigas pereci\u00f3 en la primera incursi\u00f3n. All\u00ed se contaron por montones los guerreros de coraza dorada, segadas en lo mejor de su existir.<\/p>\n<p>Si la situaci\u00f3n no cambia, todos han de morir&#8230; Por hambre, por inanici\u00f3n. Las madres andan tristes con los hijos a cuestas. Los j\u00f3venes est\u00e1n p\u00e1lidos y ya no son tan \u00e1giles como antes. De no tomar una decisi\u00f3n, dentro de poco el hormiguero quedar\u00e1 diezmado. A menos que se decidan a emigrar.<\/p>\n<p>El objetivo es el jard\u00edn pr\u00f3ximo, m\u00e1s ancho, con \u00e1rboles crecidos, con arbustos y flores repletas de miel. Un jard\u00edn lleno de tentaciones donde todav\u00eda no hay escalas de muerte en los troncos, libres de la blancura venenosa. Pero que est\u00e1 defendido por guerreros avezados, por tremendas hormigas negras celosas de su bienestar, celosas de su reino, unas hormigas ricas de vitalidad que a\u00fan no han sufrido en sus filas el estrago del hambre, que saben descabezar y romper el cuerpo del enemigo con sus antenas poderosas.<\/p>\n<p>Y el hormiguero rubio vacila entre la alternativa.<\/p>\n<p>\u2014El castillo de az\u00facar, la torre de caramelo defendida por el agua inm\u00f3vil&#8230;<\/p>\n<p>\u2014\u00a1Oh, s\u00ed!, el castillo o la guerra con las otras hormigas.<\/p>\n<p>A veces la sombra ayuda. Y en este caso, \u00a1qu\u00e9 noche m\u00e1s bendita para el asalto! La mano blanca, la mano femenina, yace adormitada bajo s\u00e1banas tibias y olorosas. Y el soldado de porcelana es un cuerpo sin alma, sin vida, hecho \u00abpara detener el vuelo de las moscas con su espad\u00f3n de plata, pero incapaz de interponerse en el camino de las hormigas.<\/p>\n<p>Los peque\u00f1uelos se relamen de gusto trepados sobre la espalda de la madre. Es dulce el caramelo que aguarda en las almenas, en el artesonado calado y transparente. Nada importa que el castillo se encuentre lejos del hormiguero. Hay que emprender la marcha antes de que el alba se asome sobre los cristales de la mansi\u00f3n, y ponga al descubierto el castillo, el ej\u00e9rcito y la aventura.<\/p>\n<p>Y as\u00ed van, entusiasmados, contentos, seguros de lograr su objetivo. Pero han olvidado que el agua quieta, el agua color de espejo, es un obst\u00e1culo que se necesita salvar.<\/p>\n<p>La hora avanza y es necesario ganar tiempo. De una orilla a la otra \u00a1cu\u00e1nta distancia! El \u00e1nimo de aquella multitud hambrienta que ha puesto sus ansias de vida en la captura de la fortaleza, se halla sobrecogido, alarmado&#8230; Los jefes deliberan, y a una voz&#8230;<\/p>\n<p>\u2014\u00a1Voluntarios! \u2014piden\u2014. \u00a1Voluntarios!<\/p>\n<p>Se destacan los suicidas. Hay que tender un puente, un puente de cuerpos y corazas para que pase el resto del ej\u00e9rcito. Hay muchas hormigas dispuestas para la ofrenda y el sacrificio.<\/p>\n<p>Y empiezan a tenderse sobre el agua.<\/p>\n<p>Es un tejido, una malla de vidas, con su cubierta de oro y sue\u00f1os&#8230; Los otros, la falange nutrida de hormigas ha de llegar despu\u00e9s, y por eso le abren el camino. Por fin se acercan. Desfilan a paso lento, con la carga de los chicuelos, y las hembras cooperan tanto como los machos. El hormiguero se mueve, anda, vive como un solo cuerpo. Cuerpo de vencedores.<\/p>\n<p>Pues han logrado abordar la fortaleza. Ya algunos han trepado sobre las almenas y osan encaramarse en los hombros del arc\u00e1ngel de porcelana&#8230; Un arc\u00e1ngel de hallazgo. La porcelana se derrite, es falsa, es s\u00f3lo una cosa simulada. La criatura con alas estaba hecha de pasta, de dulce, recamada de nieve y az\u00facar. Y los guerreros blondos celebran la haza\u00f1a, gritan su triunfo, mientras lo van desmenuzando entre sus bocas voraces.<\/p>\n<p>El puente de la muerte que ha salvado al ej\u00e9rcito, el puente de suicidas permanece r\u00edgido, tendido sobre el agua para dar paso al retorno.<\/p>\n<p>De pronto el alba pone su nota indiscreta sobre la jofaina, sobre el agua que acusa el destrozo hecho en el castillo. Tiemblan los cristales bajo aquella luz azulada que envuelve en su tibieza la mano femenina que se inquieta de pronto y se sacude en el regazo de la mujer de silueta espigada.<\/p>\n<p>Y una gran sombra que no aciertan a abarcar totalmente las pupilas peque\u00f1\u00edsimas de las hormigas, una sombra inmensa cual la sombra de un dios, tan profunda como lo desconocido, se interpone entre el alba y el ej\u00e9rcito cargado de bot\u00edn que ya regresa a su mundo subterr\u00e1neo&#8230; Y una voz atronadora, tremenda, apocal\u00edptica, increp &#8230;<\/p>\n<p>\u2014\u00a1Las hormigas! \u00a1Las malditas hormigas!<\/p>\n<p>La mano femenina, la blanca y cuidada mano se alz\u00f3 en un adem\u00e1n de protesta. Se hallaba a punto de descargar su furor sobre los invasores del castillo de caramelo. Podr\u00eda destruir de un solo golpe las huestes disciplinadas, el rubio ej\u00e9rcito que hab\u00eda de sanado su voluntad&#8230; Podr\u00eda aplastar a los habitantes del hormiguero con un movimiento de sus dedos, que en este momento parec\u00edan poseedores de los atributos de la Divinidad&#8230;<\/p>\n<p>Pero la mujer de la silueta delgada y alta desconoc\u00eda los m\u00f3viles que guiaban el mundo en donde se mov\u00edan las hormigas, sus problemas, sus razones, el por qu\u00e9 de aquel asalto, ni el pensamiento que dirig\u00eda aquella acci\u00f3n tan parecida a las acciones humanas.<\/p>\n<p>Y el castillo de caramelo se deshizo en presencia de quien lo hab\u00eda construido sin que nada, nada estorbase el paso de las hormigas, sin que nadie, nadie pudiera decir si hab\u00edan hecho un bien o un mal&#8230;<\/p>\n<h4 style=\"text-align: right;\"><a href=\"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/lucila-palacios\/\" target=\"_blank\" rel=\"noopener\">Sobre la autora<\/a><\/h4>\n<h6>*Fuente de la imagen: https:\/\/haimaneltroudi.com<\/h6>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>El gallo pel\u00f3n La casa blanca. 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