{"id":5290,"date":"2022-07-19T13:40:30","date_gmt":"2022-07-19T13:40:30","guid":{"rendered":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/?p=5290"},"modified":"2024-09-06T00:16:06","modified_gmt":"2024-09-06T00:16:06","slug":"cuentos-de-julio-calcano","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/cuentos-de-julio-calcano\/","title":{"rendered":"Cuentos de Julio Calca\u00f1o"},"content":{"rendered":"<h3>Danza de los muertos<\/h3>\n<p style=\"text-align: right;\">A do\u00f1a Lastenia Larriva de Llona<\/p>\n<p style=\"text-align: right;\"><em>Todo valle ser\u00e1 alzado y todo monte o<\/em><br \/>\n<em>collado ser\u00e1 abatido, y lo torcido se enderezar\u00e1,<\/em><br \/>\n<em>y lo \u00e1spero ser\u00e1 caminos llanos.<\/em><br \/>\nIsa\u00edas Profec\u00edas.<\/p>\n<p>I<\/p>\n<p>Yo, Stargiro, hab\u00eda aprendido a tocar la lira de siete cuerdas bajo los muros de Tebas; y a mi canto se alegraban las campi\u00f1as griegas, y las ninfas bailaban coronadas de flores y de yedra, desplegando las gracias del amor. Y yo acompa\u00f1aba siempre a Miguel Pale\u00f3logo, emperador de Oriente, porque la armon\u00eda de mi lira y la dulzura de mis versos distra\u00edan los pensamientos de muerte y regocijaban el coraz\u00f3n implacable del p\u00e9rfido tirano.<\/p>\n<p>Era el a\u00f1o de 1282. Recuerdos terribles se me agolpan a la mente y siento el coraz\u00f3n como si despertase de angustiosa pesadilla, porque cr\u00edmenes llenos de infamia y acontecimientos sobrenaturales hab\u00edan conmovido extraordinariamente mi pecho y perturbado mis facultades intelectuales durante esa \u00e9poca de terror y de sangre.<\/p>\n<p>Cosas hay que parecen sue\u00f1os de imaginaciones enfermas; mas el que no tenga fe que no crea y viva rodeado de tinieblas. El que tenga ojos que vea, y el que tenga o\u00eddos que oiga, y el que tenga pensamiento que medite y aprenda de las ense\u00f1anzas de la historia, pues cosas he visto que hacen temblar las carnes y enloquecen el esp\u00edritu. Y todo porque los cantos del descendiente terrible del incestuoso Edipo hab\u00edan venido infiltrando en las multitudes la corrupci\u00f3n y la anarqu\u00eda.<\/p>\n<p>Dos a\u00f1os antes de los hechos sangrientos y misteriosos que voy a relatar, Juan de Pr\u00f3cida hab\u00eda sido despojado de sus dominios por Carlos de Anjou; y como este levantase pendones para apoderarse de la Sicilia, Juan de Pr\u00f3cida dio avisos a Miguel Pale\u00f3logo. Y Miguel Pale\u00f3logo jur\u00f3 tremenda venganza en contra del franc\u00e9s, y por espacio de dos a\u00f1os teji\u00f3 en la sombra del misterio los hilos de odiosa trama, arrastrando poderosos ej\u00e9rcitos y preparando en ira el coraz\u00f3n del pueblo \u2014siempre celoso e impresionable\u2014 para la horrible matanza.<\/p>\n<p>Miguel Pale\u00f3logo y Juan de Pr\u00f3cida esperaban un pretexto que hiciera estallar las pasiones que bull\u00edan ya en las multitudes de las ciudades; y como la v\u00edspera del d\u00eda de Pascuas de ese a\u00f1o fatal dos o tres soldados franceses ofendiesen en Palermo el decoro de una dama noble \u2014la joven Paula\u2014, los conjurados hicieron o\u00edr el grito de una venganza que hab\u00eda de hacer estremecer al universo.<\/p>\n<p>La campana sagrada que deb\u00eda tocar la v\u00edspera de Pascuas toc\u00f3 l\u00fagubremente a deg\u00fcello en el silencio de la noche, y ocho mil cabezas francesas cayeron bajo el hierro del pueblo col\u00e9rico, sediento de sangre y de exterminio. Las alas de la desolaci\u00f3n y de la muerte se desplegaron, y la ciudad qued\u00f3 como vasto cementerio; y el viento soplaba triste y fr\u00edo sobre los muros de m\u00e1rmol, cargado de gemidos lastimeros y fant\u00e1sticos; y durante muchos d\u00edas los carros de los sepultureros estuvieron recogiendo los cad\u00e1veres de los franceses, horriblemente defigurados; y recogieron tambi\u00e9n el cad\u00e1ver de la joven Paula y los de otras nobles damas de Palermo, muertas en la embriaguez de la matanza, a los p\u00f3rticos de los templos.<\/p>\n<p>Italia se cubri\u00f3 el rostro avergonzada y Francia se visti\u00f3 del color de las sombras de la noche. Pero b\u00e1rbaro regocijo, como viento el\u00e9ctrico soplado del Orco, atraves\u00f3 el Oriente del uno al otro extremo. Mas yo, Stargiro, que hab\u00eda bebido en el vaso de oro de los profetas, record\u00e9 aquellas palabras del Evangelio de San Mateo: \u201c\u00a1Ay del mundo por los esc\u00e1ndalos! Porque necesario es que vengan esc\u00e1ndalos; mas, \u00a1ay de aquel hombre por quien viene el esc\u00e1ndalo!\u201d<\/p>\n<p>Y vest\u00ed de cresp\u00f3n la lira de siete cuerdas, coron\u00e9 mi frente de flores p\u00e1lidas, tom\u00e9 las sandalias del peregrino, y me fui a las soledades porque mi coraz\u00f3n estaba lleno de tristeza. Y cant\u00e9, y mi canto reson\u00f3 como una lamentaci\u00f3n en medio del desierto. Y o\u00ed que de las concavidades del viento brotaban profundos gemidos, quejas lastimeras, ayes de muerte; y me estremec\u00ed de horror, porque percib\u00ed sombras inultas que vagaban como nubes siniestras de invierno; y vi que el cielo de Oriente estaba cubierto de rojos arreboles que anunciaban la tempestad.<\/p>\n<p>II<\/p>\n<p>Y sucedi\u00f3 que Miguel Pale\u00f3logo, emperador de Oriente, libre ya \u2014por medio del crimen de sus numerosos rivales\u2014 levanta banderas y marcha en son de guerra en contra del pr\u00edncipe de Tesalia, llevando de refuerzo hordas tumultuosas de t\u00e1rtaros, que como chacales viv\u00edan de la sangre y el bot\u00edn.<\/p>\n<p>La presencia de los t\u00e1rtaros, soberbios e insubordinados, llenaba de inquietud el coraz\u00f3n de Miguel Pale\u00f3logo, pero lo cierto era que el alma del emperador sufr\u00eda bajo el l\u00e1tigo de la conciencia. Y por ello, anhelando ahogar sus terrores en el delirio de la org\u00eda, llevaba vinos exquisitos de color de p\u00farpura, perfumes de la Arabia, flores de Italia, delicados manjares y hermos\u00edsimas griegas de ojos negros y rasgados.<\/p>\n<p>Los t\u00e1rtaros ard\u00edan en sed de combate y atronaban el viento con gritos salva jes. Parec\u00edan leones que rugen y escarban la arena para caer sobre la presa. Pero el emperador sent\u00eda el alma cada vez m\u00e1s enferma e hizo alto y alz\u00f3 su regia tienda en medio de los campos, y llen\u00f3 las \u00e1nforas de vino rojo y espumoso como sangre, y pidi\u00f3 m\u00fasica y bailes y cantos y locuras.<\/p>\n<p>La tienda del emperador se ilumin\u00f3 como para los d\u00edas de gran fiesta, y la m\u00fasica rasg\u00f3 los aires, y los vasos chocaron con estr\u00e9pito en el delirio de la embriaguez, y el vino se derram\u00f3 manchando el pavimento con un color rojo, sombr\u00edo, siniestro. Mientras, el viento azotaba las paredes y los t\u00e1rtaros rug\u00edan en las afueras, aguardando impacientes la hora del combate.<\/p>\n<p>El emperador estaba sentado en un extremo de la tienda, al frente de la entrada, y cerca de \u00e9l beb\u00edan y re\u00edan y cantaban alegres mujeres y la flor de los guerreros del Oriente. Mas yo estaba silencioso y triste, presintiendo algo lleno de misterio, y hallando pesado el aire que respiraba. Y ve\u00eda que la risa del emperador \u2014cada vez m\u00e1s p\u00e1lido\u2014 era una risa forzada; y que el rostro de los convidados, ebrios ya y que beb\u00edan y cantaban como arrastrados por la voluntad del emperador, palidec\u00eda y diafanizaba por instantes a la luz de los hachones que fulguraban siniestramente.<\/p>\n<p>Hab\u00eda algo todav\u00eda m\u00e1s terrible en medio de aquella escena l\u00fagubre como un fest\u00edn mortuorio. En la sombra formada por el sitial y el cuerpo del emperador se alzaba una figura de mujer p\u00e1lida, indefinible, vaporosa, envuelta en una larga cl\u00e1mide virginal y vi\u00e9ndome fijamente con una mirada magn\u00e9tica, que resplandec\u00eda en la oscuridad vaga que la circundaba como una niebla extra\u00f1a. Y nadie parec\u00eda haber advertido su presencia; ni yo hab\u00eda visto entrar a aquella mujer, cuya actitud y silencio me llenaban de pavor.<\/p>\n<p>\u2014\u00a1Stargiro! \u2014exclam\u00f3 de improviso el emperador\u2014, he aqu\u00ed que est\u00e1s m\u00e1s p\u00e1lido que la rosa marchita; y cualquiera dir\u00eda que estabas pensando en la regi\u00f3n de las sombras. \u00a1Ea, Stargiro, despierta y canta que tu lira es digna de los dioses!<\/p>\n<p>Y en tanto que el emperador apuraba el vino rojo que le manchaba la larga barba, ya blanca por el tiempo y el dolor, tom\u00e9 la lira y cant\u00e9 l\u00fagubremente \u2014como impulsado por un genio invisible\u2014 las estrofas de Eur\u00edpides lamentando el suplicio de Prometeo.<\/p>\n<p>\u2014Calla \u2014dijo el emperador con angustia\u2014, \u00a1parece que mis t\u00e1rtaros tienen hambre de carne humana y sed de sangre! \u00a1Silencio, fieras, silencio! Mas, \u00bfa qu\u00e9 esos cantos de desesperaci\u00f3n, \u00a1oh, Stargiro!, cuando el vino purp\u00fareo se derrama en medio de la org\u00eda y mis leones rugen ansiosos de exterminio?<\/p>\n<p>Y el ruido se acrecentaba cada vez m\u00e1s poderoso y fant\u00e1stico.<\/p>\n<p>Y a un soplo helado que circul\u00f3 por la tienda, algunos hachones chisporrotearon y se apagaron, y la llama de los restantes tom\u00f3 un color azulado como de l\u00e1mparas funerarias.<\/p>\n<p>Y la mujer misteriosa se me acerc\u00f3 con lentitud, sin que nadie m\u00e1s al parecer la sintiera, y o\u00ed que me dijo con imperio:<\/p>\n<p>\u2014El emperador est\u00e1 alegre; toca la danza de los muertos.<\/p>\n<p>Y me estremec\u00ed, y me puse de pie dominado por un terror invencible, escap\u00e1ndoseme la lira, que rod\u00f3 por el pavimento dejando o\u00edr notas fant\u00e1sticas y terribles que hicieron estremecerse a todos los circunstantes.<\/p>\n<p>\u2014\u00bfQu\u00e9 es eso?, \u00bfqu\u00e9 es eso? \u2014exclam\u00f3 espantado el emperador.<\/p>\n<p>Y en medio de un silencio mortal, la mujer misteriosa tom\u00f3 a su vez la lira y principi\u00f3 a tocar una m\u00fasica desconocida, llena de armon\u00edas r\u00e1pidas y broncas que semejaban una creaci\u00f3n de la locura. Las puertas se abrieron de s\u00fabito y hordas de t\u00e1rtaros penetraron con violencia y algazara, y t\u00e1rtaros y mujeres se pusieron a bailar y a cantar con una alegr\u00eda infernal aquella m\u00fasica extra\u00f1a.<\/p>\n<p>Y descolorido ya y tembloroso, me estremec\u00ed de horror porque vi que los que bailaban se desvanec\u00edan como sombras de otro mundo, como habitantes de las regiones desconocidas; que el emperador estaba muerto, tendido a lo largo de su sitial. Y que aquella voz que me hab\u00eda hablado y aquellas facciones de la mujer misteriosa eran las de la joven Paula, muerta en la horrible matanza de las v\u00edsperas sicilianas.<\/p>\n<p>Me lanc\u00e9 desatentado a los campos, corr\u00ed a la ciudad, penetr\u00e9 en mis habitaciones y durante mucho tiempo no volv\u00ed a tocar la lira de siete cuerdas. Y en las noches mantuve siempre mi palacio espl\u00e9ndidamente iluminado, porque mi propia sombra me llenaba de espanto.<\/p>\n<p style=\"text-align: center;\">***<\/p>\n<h3>El sello maldito<\/h3>\n<p>I<\/p>\n<p>Cuando yo sal\u00eda de la casa de Joram Hubert, tambaleaba como un ebrio, loco de dolor, de soberbia y de verg\u00fcenza, sinti\u00e9ndome herido en lo m\u00e1s vivo de mi orgullo. \u00a1Infame yanqui! \u00a1Con que yo no pod\u00eda casarme con Edwina! \u00a1Conque \u00e9l no pod\u00eda darme su hija en matrimonio, porque yo no era m\u00e1s que un pelagatos, un hombre que no ten\u00eda sobre qu\u00e9 caerse muerto&#8230;! \u00a1Pelagatos! \u00a1Yo, Reinaldo Castro, un pelagatos!<\/p>\n<p>Aquella palabra era una serpiente que me mord\u00eda en el coraz\u00f3n. \u00a1Desgraciados los que se dejan seducir y embriagar por el vino de las pasiones! Mi orgullo, rebelado como el \u00e1ngel de la leyenda, se hab\u00eda sobrepuesto a todo y me retorc\u00eda el coraz\u00f3n impuls\u00e1ndome a la venganza. Olvid\u00e9 a Edwina, olvid\u00e9 mi amor, lo olvid\u00e9 todo; y no anhelaba m\u00e1s que oro y oro para insultar con mi fausto y mi pompa la fatal ambici\u00f3n de aquel viejo Joram Hubert, cuyas palabras serpenteaban a mi vista en el espacio como lenguas de fuego. \u00a1Pelagatos!<\/p>\n<p>En el delirio de mi dolor, camin\u00e9 a la ventura, me encontr\u00e9 fuera de la ciudad, en la soledad de los campos; y me sent\u00e9 desesperado sobre una pena, a orillas del r\u00edo, y ocult\u00e9 mi rostro entre las manos.<\/p>\n<p>El sol ca\u00eda. La majestuosa soledad de aquellos campos, el silencio interrumpido por las aguas del r\u00edo y por el viento de la tarde, que agitando suavemente las hojas de los \u00e1rboles ven\u00eda a refrescar poco a poco mis sienes, reanimaron mi pensamiento haci\u00e9ndome ver mi verdadera situaci\u00f3n, y llor\u00e9 con amargura.<\/p>\n<p>Pero mi alivio fue pasajero porque mi dolor era muy grande; y arrastrado al fin por la vehemente ambici\u00f3n que el orgullo hab\u00eda despertado en mi alma, pens\u00e9 en Satan\u00e1s.<\/p>\n<p>Yo sab\u00eda que Pedro el Venerable y el prior Guillermo Edeline hab\u00edan declarado haberle visto. Sab\u00eda que muchas mujeres se hab\u00edan acusado de haberle tenido por amante, que el mariscal de Trivulce muri\u00f3 de terror combatiendo espada en mano con los diablos que llenaban su aposento, y que solo \u00e9l ve\u00eda; pero yo no hab\u00eda podido creer nunca en Satan\u00e1s. Locos, locos, \u00bfd\u00f3nde est\u00e1 Satan\u00e1s? Y mis l\u00e1grimas corrieron de nuevo y qued\u00e9 sumido en profundo estupor. De improviso sent\u00ed dos ligeros golpes en mis espaldas y me incorpor\u00e9 lleno de asombro, porque no hab\u00eda sentido el menor ruido cerca de m\u00ed.<\/p>\n<p>En mi presencia estaba un hombre vestido de negro, de peque\u00f1a estatura, muy bien formado, muy hermoso; pero extremadamente p\u00e1lido, con una mirada que me fascinaba y desplegando una sonrisa de benevolencia. Desvi\u00e9 mi vista de la suya y permanec\u00ed inm\u00f3vil, clavado, sin acertar a pronunciar una palabra, y sent\u00ed algo como un escalofr\u00edo por todo mi cuerpo. Aquella situaci\u00f3n era muy extra\u00f1a para m\u00ed, porque no alcanzaba a comprenderla. El hombre vestido de negro se sonri\u00f3 de una manera visible, y me dijo con mucha finura:<\/p>\n<p>\u2014Lo he visto a usted llorando y puedo jurarle que en mi vida he visto l\u00e1grimas m\u00e1s puras y hermosas. Usted tiene un verdadero tesoro.<\/p>\n<p>\u2014\u00bfC\u00f3mo?&#8230; \u2014exclam\u00e9 con terror.<\/p>\n<p>\u2014Digo que usted tiene un tesoro en esas l\u00e1grimas y estoy dispuesto a compr\u00e1rselas. \u00bfQu\u00e9 necesita usted?, \u00bfqu\u00e9 desea?<\/p>\n<p>\u2014Oro, oro, mucho oro \u2014murmur\u00e9 sin saber lo que dec\u00eda.<\/p>\n<p>\u2014Pues si no es m\u00e1s que eso \u2014me dijo\u2014, yo le dar\u00e9 lo que quiera. \u00bfQuiere usted la mandr\u00e1gora, el escudo del ladr\u00f3n, la bolsa de Fortunatus y de Pedro Schlemihl?<\/p>\n<p>\u2014\u00a1Mentira! \u2014exclam\u00e9, chocando diente con diente\u2014, esos son cuentos fant\u00e1sticos, delirios de imaginaciones enfermas&#8230;<\/p>\n<p>Y alc\u00e9 la vista para ver a aquel hombre que me parec\u00eda un loco extra\u00f1o a pesar del terror que me pose\u00eda, pero tuve que desviarla prontamente porque era imposible sostener aquella mirada. Sent\u00eda que la cabeza se me perd\u00eda en un caos y el coraz\u00f3n me temblaba, y mis piernas flaqueaban como si el fr\u00edo de la muerte me invadiese ya.<\/p>\n<p>\u2014Mi querido se\u00f1or \u2014me dijo el hombre vestido de negro\u2014, eso nada tiene de maravilloso; son cosas muy naturales obtenidas por medio de la ciencia. Espero que usted se digne hacer el negocio que le propongo.<\/p>\n<p>Y sacando del bolsillo de su frac una peque\u00f1a bolsa de cuero negro, agreg\u00f3:<\/p>\n<p>\u2014\u00bfMe permitir\u00e1 usted tomar sus l\u00e1grimas y aceptar este peque\u00f1o obsequio?<\/p>\n<p>\u2014\u00bfY no quiere usted m\u00e1s nada?<\/p>\n<p>\u2014M\u00e1s nada.<\/p>\n<p>Le arrebat\u00e9 la bolsa con un movimiento maquinal, s\u00fabito, incre\u00edble en el estado de postraci\u00f3n en que me encontraba. \u00c9l se me acerc\u00f3, puso un dedo de su mano izquierda en mi frente, pas\u00f3 r\u00e1pidamente la diestra por delante de mis ojos, como si cogiera algo vol\u00e1til, a\u00e9reo; un insecto, un gas, qu\u00e9 s\u00e9 yo, y ca\u00ed desmayado sintiendo una conmoci\u00f3n mortal en todo mi ser. Cuando volv\u00ed en m\u00ed, el hombre hab\u00eda desaparecido; pero de la bolsa m\u00e1gica sacaba yo, con una impresi\u00f3n desconocida de gozo y de espanto, pu\u00f1ados de oro cuyo sonido al caer en la arena me estremec\u00eda.<\/p>\n<p>Yo estaba como trastornado. El coraz\u00f3n me lat\u00eda con violencia, la sangre se me sub\u00eda ardiendo a la frente y mis extremidades estaban heladas. \u00bfEra un sue\u00f1o? Me palpaba y me sent\u00eda vivir. \u00bfEra m\u00edo todo aquel oro? \u00bfM\u00eda la bolsa encantada? Yo la ten\u00eda en mis manos y de ella sacaba piezas relucientes del oro m\u00e1s puro, de todas formas y tama\u00f1os.<\/p>\n<p>\u00a1Ah!, mis sue\u00f1os se realizaban; pod\u00eda ya castigar las viles pasiones y el insulto audaz de Joram Hubert. Como sucede con todas las pasiones violentas, aquella pasi\u00f3n del orgullo, apoder\u00e1ndose fatalmente de mi coraz\u00f3n y de mi mente, hab\u00eda\u00a0 ahogado en mi alma todo otro sentimiento, todo otro anhelo. No quedaba m\u00e1s que el de humillar al hombre que me hab\u00eda herido en el alma. Lleno de sat\u00e1nico gozo, tom\u00e9 el camino de la ciudad y me dirig\u00ed a la casa de Joram Hubert.<\/p>\n<p>La noche era oscura y el reloj de la catedral y las campanas de los dem\u00e1s templos daban lenta y tristemente las nueve de la noche. Uno que otro transe\u00fante atravesaba las calles silenciosas. Cuando llegu\u00e9 a las puertas de la casa de Joram Hubert \u2014que estaba abierta\u2014, penetr\u00e9 resueltamente hasta la sala de recibo.<\/p>\n<p>Joram Hubert estaba solo en ella, en un sill\u00f3n, al lado de una mesa en la cual ard\u00eda una l\u00e1mpara, y leyendo en un enorme libraco que descansaba en sus rodillas. Parec\u00eda un viejo rabino, escapado de la hoguera, comentando el Talmud. Al sentir mis pasos, levant\u00f3 la cabeza y suspendi\u00e9ndose los anteojos se queda vi\u00e9ndome con asombro y disgusto. En aquella mirada me pareci\u00f3 leer distintamente estas atroces palabras: \u201c\u00a1Eh!, \u00a1eh! \u00a1Aqu\u00ed est\u00e1 otra vez el pelagatos!\u201d. Y me sonre\u00ed con malignidad.<\/p>\n<p>\u2014\u00a1Toma \u2014le dije\u2014, t\u00fa has querido oro, toma, come oro, bebe oro, h\u00e1rtate de oro!<\/p>\n<p>Y vaci\u00e9 mis bolsillos: saqu\u00e9, saqu\u00e9 oro de aquella bolsa m\u00e1gica hasta formar pilones inmensos. Luego, terrible, porque me hab\u00eda ido irritando por grados; lanc\u00e9 una carcajada pavorosa y di un soberbio puntapi\u00e9 a uno de aquellos pilones de oro, cuyas monedas se elevaron y cayeron rodando con un ruido siniestro.<\/p>\n<p>Joram Hubert me miraba lleno de espanto y de terror, acurrucado en el sill\u00f3n, con los ojos salientes, la lengua afuera y el semblante cadav\u00e9rico. Edwina sali\u00f3 corriendo al estr\u00e9pito de las monedas, pero al verme se detuvo, se asi\u00f3 a la cruz de oro que pend\u00eda de su cuello y lanz\u00f3 un grito agudo, exclamando con voz ahogada:<\/p>\n<p>\u2014\u00a1Huye!, \u00a1huye! \u00a1Est\u00e1s maldito, maldito! \u00a1Oh, la frente!<\/p>\n<p>Y cay\u00f3 de rodillas. Volv\u00ed los ojos a un espejo que me quedaba cercano y me estremec\u00ed y hui despavorido. Hab\u00eda visto mi semblante intensamente p\u00e1lido; en\u00a0 mi frente, en el lugar en que el hombre vestido de negro me hab\u00eda tocado, luc\u00eda una peque\u00f1\u00edsima estrella que desped\u00eda rayos fat\u00eddicos. \u00a1Horrible noche de terror!, \u00a1horrible!, \u00a1horrible!<\/p>\n<p>II<\/p>\n<p>Pas\u00e9 aquella noche v\u00edctima de impresiones mortales, incorpor\u00e1ndome sobresaltado a cada instante, desvelado, necesitando llorar para desahogar mi pecho de un dolor sobrehumano y sin encontrar una sola l\u00e1grima en mis ojos. Al fin luci\u00f3 la aurora. \u00bfEra una pesadilla fatal todo lo que me hab\u00eda acontecido?<\/p>\n<p>El espejo me dejaba ver mi rostro cadav\u00e9rico y en mi frente, en la cual no brillaba ya aquella luz fatal, advert\u00ed con terror una estrella negra, como un lunar imperceptible. La toqu\u00e9, la frot\u00e9, y al frotarla observ\u00e9 que desped\u00eda chispas luminosas. Me cog\u00ed la cabeza con desesperaci\u00f3n, grit\u00e9, me exalt\u00e9 y observ\u00e9 que con mi exaltaci\u00f3n crec\u00eda el brillo de aquel sello fatal. \u00a1Y no pod\u00eda llorar!<\/p>\n<p>Es decir, \u00a1exclam\u00e9 fren\u00e9tico que Satan\u00e1s existe! Y cog\u00ed la Biblia para buscar aquella ca\u00edda de los \u00e1ngeles que yo nunca hab\u00eda le\u00eddo ni alcanzaba a comprender. El G\u00e9nesis no dec\u00eda ni una sola palabra de esa falsa rebeli\u00f3n ni de ca\u00edda de los \u00e1ngeles.<\/p>\n<p>La Biblia solo llama \u00e1ngeles a los enviados de Dios, y el salmista dice: \u201cSe\u00f1or, t\u00fa haces tus \u00e1ngeles, de las tempestades; y tus ministros, de los fuegos r\u00e1pidos\u201d. E Isa\u00edas: \u201c\u00bfC\u00f3mo ca\u00edste despe\u00f1ada al suelo, estrella luminosa de la ma\u00f1ana?\u201d. Y el mismo Jesucristo: \u201cYo he visto a Satan\u00e1s caer del cielo como el rayo\u201d. \u00a1Es decir que Satan\u00e1s es una fuerza de la naturaleza, un enviado de Dios, una luz, un r\u001fuido, la electricidad, el f\u00f3sforo, que obra sobre el hombre sirviendo a los fi\u001enes inescrutables de Dios?<\/p>\n<p>La Biblia no me dec\u00eda m\u00e1s y recurr\u00ed a la ciencia. La ciencia y todos los hombres de la ciencia me gritaron que era imp\u00eda, blasfema, sacr\u00edlega: esa monstruosa personificaci\u00f3n del esp\u00edritu del mal, que han creado los ignorantes y que ha dado tantas armas a los enemigos de la religi\u00f3n del Crucificado.<\/p>\n<p>Y un sabio, uno de los sacerdotes de las ciencias ocultas, Eliphas L\u00e9vi, me dijo al o\u00eddo:<\/p>\n<p>\u2014No creas en esa personificaci\u00f3n del esp\u00edritu del mal. No creas en ese \u00e1ngel bastante altivo para juzgarse Dios, bastante valeroso para comprar la independencia al precio de una eternidad de suplicios, bastante bello para haber podido adorarse en plena luz divina, en presencia de la belleza infinita de Dios; bastante fuerte para reinar todav\u00eda en medio de las tinieblas y del dolor, y para hacerse un trono de su inextinguible hoguera.<\/p>\n<p>No creas en ese supuesto h\u00e9roe de las eternidades tenebrosas, calumniado de fealdad, disfrazado con cuernos y garras. No creas en ese rey del mal, como si el mal fuese un reino. En ese diablo<br \/>\nm\u00e1s inteligente que los hombres de talento, que temen sus decepciones. En esa luz negra, en esas tinieblas que ven. En ese poder que Dios no ha querido y que una criatura ca\u00edda no ha podido crear. En ese pr\u00edncipe de la anarqu\u00eda, servido por una jerarqu\u00eda de esp\u00edritus puros. En ese maldito de Dios que, como est\u00e1 Dios en la tierra, en todas partes estar\u00eda; y m\u00e1s visible, m\u00e1s presente al mayor n\u00famero, mejor servido que Dios mismo.<\/p>\n<p>En ese vencido al cual dar\u00eda sus hijos el vencedor para que los devorase. En ese artesano de los pecados de la carne, para quien la carne no es nada; y que por consecuencia no sabr\u00eda ser nada para la carne, si no se le supusiese creador y due\u00f1o de ella como Dios. \u00a1En esa inmensa mentira realizada, personificada, eterna! En esa muerte que no puede morir. En esa blasfemia que el verbo de Dios no har\u00eda callar.<\/p>\n<p>En ese envenenador de las almas que Dios tolerar\u00eda por una contradicci\u00f3n de su poder, y que conservar\u00eda entre los instrumentos de su reino como los emperadores romanos hab\u00edan conservado a Locusta. En ese supliciado siempre vivo para maldecir a su juez y para tener raz\u00f3n en contra de \u00e9l, suponiendo que jam\u00e1s habr\u00e1 de arrepentirse. En ese monstruo aceptado como verdugo por la omnipotencia divina, que, seg\u00fan la expresi\u00f3n de un antiguo escritor cat\u00f3lico, puede llamar a Dios el Dios del diablo, \u00a1present\u00e1ndose a s\u00ed mismo como el diablo de Dios!<\/p>\n<p>\u00a1Oh, quitadnos ese fantasma irreligioso que calumnia la religi\u00f3n, ese \u00eddolo que nos oculta a nuestro Salvador! \u00a1Abajo el tirano de la mentira! \u00a1Abajo el Dios del mal de los maniqueos! \u00a1Abajo el Arimanes de los antiguos id\u00f3latras! \u00a1Viva Dios \u00fanico y su verbo encarnado Jesucristo, el Salvador del mundo que ha visto a Satan\u00e1s caer del cielo! \u00a1Y viva Mar\u00eda, la madre divina, que holl\u00f3 la cabeza de la serpiente infernal!<\/p>\n<p>La voz del sabio lleg\u00f3 a mi coraz\u00f3n y me sent\u00ed m\u00e1s tranquilo; pero record\u00e9 los acontecimientos de aquella noche fatal y me estremec\u00ed, y cre\u00ed escuchar a mis espaldas una carcajada burlona. Me volv\u00ed lleno de terror, pero no hab\u00eda nadie. Sin duda yo deliraba. Busqu\u00e9 la bolsa, all\u00ed estaba. Me vi en el espejo: la estrella estaba en mi frente. Quise llorar y no pude, y permanec\u00ed como aletargado mucho tiempo.<\/p>\n<p>III<\/p>\n<p>La fama de mi riqueza se hab\u00eda extendido por toda la ciudad y era el tema obligado de todas las conversaciones: bien que yo fuese muy largo en d\u00e1divas, pero ten\u00eda la vanidad y el ego\u00edsmo de mi fortuna. Mi palacio, de m\u00e1rmol pulido y oro, era la admiraci\u00f3n de los curiosos y hab\u00eda sido levantado con una rapidez extraordinaria.<\/p>\n<p>Aquella fachada de delicados encajes, con pilastras que al tocarlas resonaban como vasos de cristal, era el asombro de los mismos arquitectos que la hab\u00edan fabricado. El oro, las perlas, los brillantes, los brocados, las maderas m\u00e1s exquisitas, los frescos m\u00e1s admirables, los m\u00e1s bellos surtidores de diamante, las flores m\u00e1s raras, los p\u00e1jaros m\u00e1s vistosos hac\u00edan de aquel palacio una maravilla; pero sobre todo el oro, el oro maldito estaba por donde quiera: en la techumbre, en el piso, en las paredes y hasta en las velas, pues yo hab\u00eda hecho fabricar estas con la m\u00e1s rica esperma perla y fin\u00edsimos polvos de oro.<\/p>\n<p>La pechera y los pu\u00f1os de mi camisa, mi chaleco, mis zapatos, todo mi traje estaba sembrado de brillantes; m\u00e1s que por ostentaci\u00f3n, porque no hab\u00eda encontrado otro medio de neutralizar el efecto de aquella estrella, de aquel sello misterioso que desped\u00eda rayos de luz siempre que perd\u00eda la calma, y que hac\u00eda que todos me viesen con terror, llenando mi alma de inauditos sufrimientos.<\/p>\n<p>As\u00ed, con aquel lujo espl\u00e9ndido, las invitaciones llov\u00edan sobre m\u00ed; por lo cual no me causa extra\u00f1eza alguna el recibir una amable esquela de la distinguida se\u00f1ora de X, invit\u00e1ndome para un sarao en su casa. Aunque, dicho sea de paso, jam\u00e1s se hab\u00eda dignado fijar sus hermosos ojos en mi humilde persona antes de que aquel r\u00edo de oro viniese a darme importancia, celebridad y grandeza.<\/p>\n<p>Sin embargo, nada de esto hac\u00eda mi felicidad, pues en medio de mi angustia y mis sobresaltos recordaba con tristeza mi antigua vida tan tranquila, tan llena de compensaciones; mi hogar modesto, mis dulces amores y la paz de mi alma. Quer\u00eda llorar y no pod\u00eda, pareci\u00e9ndome o\u00edr entonces la risa burlona del hombre vestido de negro, al cual hubiera querido encontrar de buena gana para deshacer aquel negocio extra\u00f1o, que me hac\u00eda el efecto de una pesadilla insoportable.<\/p>\n<p>IV<\/p>\n<p>Cuando entr\u00e9 a los salones de la se\u00f1ora de X, ya el sarao hab\u00eda principiado. Las damas m\u00e1s hermosas y los m\u00e1s elegantes caballeros de nuestra sociedad ocupaban aquellos salones, lujosamente amueblados, espl\u00e9ndidos de luz, de aromas y armon\u00edas.<\/p>\n<p>Las j\u00f3venes bailaban alegremente y bailaba tambi\u00e9n la se\u00f1ora de X. En los sof\u00e1s y en los mecedores, las viejas mam\u00e1s y las viejas verdes comentaban los trajes, las bellezas y las incidencias que ocurr\u00edan entre las parejas.<\/p>\n<p>La se\u00f1ora de X se detuvo al pasar cerca de m\u00ed, me salud\u00f3 cari\u00f1osamente y se perdi\u00f3 de nuevo en el torbellino del vals. Era una joven viuda encantadora, dulcemente simp\u00e1tica, alta, esbelta, de cutis transparente, de labios bell\u00edsimos y de poderosos ojos negros que me causaron una impresi\u00f3n muy parecida al amor.<\/p>\n<p>Tom\u00e9 asiento en un mecedor sin poder apartar los ojos de la hermosa viuda, que me sonre\u00eda como si me diese las gracias. Bailaba con un hombre alto, seco, de largos bigotes, que le hablaba con calor y que de cuando en cuando me dirig\u00eda miradas escudri\u00f1adoras, que me hac\u00edan palidecer porque en aquel semblante cre\u00eda yo ver a Joram Hubert; pero Joram Hubert transfigurado, como un cad\u00e1ver que se hubiese levantado de la tumba.<\/p>\n<p>Aquel hombre estaba enamorado de la viuda y apenas me hube sentado me convenc\u00ed de ello; pero oyendo nombrar no lejos de m\u00ed a la se\u00f1ora de X apliqu\u00e9 el o\u00eddo. Un grupo de jamonas y de mam\u00e1s se vengaba de las injurias de la edad, ejerciendo la chismograf\u00eda:<\/p>\n<p>\u2014Mira, Clotilde \u2014dijo una de aquellas amables rezagadas\u2014, \u00a1qu\u00e9 escote tan vulgar el de la se\u00f1ora X! \u00bfNo te parece algo como un fantasma que deja ver los huesos?<\/p>\n<p>\u2014Verdad, Antonia, pero lo que es el General est\u00e1 vendado.<\/p>\n<p>\u2014\u00a1Qu\u00e9, ni\u00f1a! \u2014exclam\u00f3 una bizca de ojos peque\u00f1itos y escondidos\u2014, es que el General est\u00e1 aprendiendo escultura con Gonz\u00e1lez y gusta de los modelos. Sin duda quiere cincelar alguna bacante.<\/p>\n<p>En este momento se acercaba la se\u00f1ora de X, conversando graciosamente de brazo con el General. Las adorables comentadoras callaron, sin duda por prudencia, y al pasar la pareja se oyeron claramente algunas palabras:<\/p>\n<p>\u2014\u00a1Es posible! \u2014dec\u00eda el General admirado.<\/p>\n<p>\u2014Entrego mi coraz\u00f3n al que me traiga ma\u00f1ana una flor de mayo.<\/p>\n<p>\u2014Pero si estamos en diciembre.<\/p>\n<p>\u2014Es un capricho, General, y para el amor no hay nada imposible; como dec\u00eda usted \u2014repuso la se\u00f1ora de X, riendo con coqueter\u00eda.<\/p>\n<p>\u2014\u00bfQu\u00e9 te parece, Antonia?<\/p>\n<p>\u2014Que el General anda en dos pies por gracia de Dios.<\/p>\n<p>\u2014Y que ella se burla de \u00e9l, \u00bfno es verdad?<\/p>\n<p>\u2014Pero de uno s\u00e9 yo, a quien no le ser\u00eda dif\u00edcil traerle la flor de mayo.<\/p>\n<p>\u2014\u00bfC\u00f3mo as\u00ed?, \u00bfy qui\u00e9n es \u00e9l?<\/p>\n<p>\u2014Reinaldo Castro.<\/p>\n<p>Me estremec\u00ed y prest\u00e9 mayor atenci\u00f3n. Tan extra\u00f1a encontraba aquella ocurrencia.<\/p>\n<p>\u2014\u00bfY qui\u00e9n es ese Reinaldo Castro? \u2014pregunt\u00f3 una nueva interlocutora.<\/p>\n<p>\u2014Jes\u00fas, ni\u00f1a, \u00bfc\u00f3mo, no le conoces? \u00a1Se dicen tantas cosas de \u00e9l!<\/p>\n<p>\u2014\u00bfEse Reinaldo Castro no es el novio de Edwina Hubert?<\/p>\n<p>\u2014\u00bfY t\u00fa no sabes el drama que ha tenido lugar en esa casa?<\/p>\n<p>\u2014Cuenta, cuenta, \u201cpico de oro\u201d, pues yo solo s\u00e9 que el tal Castro es riqu\u00edsimo, que tiene en su jard\u00edn las flores m\u00e1s raras, y que sin duda se casar\u00e1 con Edwina porque el viejo Joram Hubert fue encontrado muerto en su sill\u00f3n, sin saberse c\u00f3mo ni cu\u00e1ndo muri\u00f3.<\/p>\n<p>\u2014Pues sabes que Edwina ha muerto loca, acus\u00e1ndose de haber tenido amores con el diablo.<\/p>\n<p>\u2014\u00a1Ave Mar\u00eda pur\u00edsima! \u00bfY se acusa a ese hombre de todo eso?<\/p>\n<p>Yo me levant\u00e9 estremecido, hondamente impresionado y con un disgusto supremo que hasta entonces no hab\u00eda experimentado, porque ignoraba la muerte de aquella pobre ni\u00f1a de quien no hab\u00eda vuelto a acordarme y cuya desgracia hab\u00eda causado involuntariamente. Pero al levantarme me encontr\u00e9 frente a frente con el hombre vestido de negro. Aquella eterna sonrisa se ostentaba en sus labios y en la mano ten\u00eda una flor de mayo hermos\u00edsima.<\/p>\n<p>\u2014\u00a1Ap\u00e1rtate \u2014le dije\u2014, yo no te he pedido flores!<\/p>\n<p>\u2014Pero yo sab\u00eda que la necesitabas y te la he tra\u00eddo.<\/p>\n<p>\u2014\u00a1No la necesito, no la quiero \u2014grit\u00e9 fren\u00e9tico\u2014, dame mi tranquilidad y recobra tu bolsa maldita.<\/p>\n<p>El hombre vestido de negro se ech\u00f3 a re\u00edr a carcajadas, y me dijo:<\/p>\n<p>\u2014Mira, el General ha desaparecido, pero todo lo que t\u00fa quieras \u2014agreg\u00f3 en voz baja\u2014 es muy f\u00e1cil de obtener si me entregas tu alma.<\/p>\n<p>Me estremec\u00ed de horror y di un grito. La se\u00f1ora de X y la multitud que me rodeaba huyeron p\u00e1lidos y tr\u00e9mulos, gritando:<\/p>\n<p>\u2014\u00a1Misericordia, misericordia!<\/p>\n<p>El sello maldito brillaba en mi frente. Arrojando con furia la bolsa m\u00e1gica al hombre vestido de negro, hui desatentado.<\/p>\n<p>V<\/p>\n<p>\u00bfAd\u00f3nde iba yo? Abandonado de todos, rechazado por la sociedad como una planta maldita y perseguido sin tregua por aquel hombre fatal vestido de negro, entr\u00e9 poco a poco en m\u00ed. Rompiendo con poderosa voluntad las nieblas que ofuscaban mi mente, comprend\u00ed la inmensidad de mi infortunio y mi coraz\u00f3n se llen\u00f3 de arrepentimiento y de tristeza.<\/p>\n<p>El crimen pone su sello fatal sobre la frente de sus escogidos. Con los ojos de mi esp\u00edritu abiertos a la luz de la verdad, ve\u00eda al fin a Satan\u00e1s en el hombre pose\u00eddo del esp\u00edritu del mal por la embriaguez brutal de las pasiones, y recordaba aquellas sabias palabras de Jesucristo: \u201cEl diablo es mentiroso como su padre\u201d. Inclin\u00e9 la frente y con los pies descalzos y el b\u00e1culo del peregrino, tom\u00e9 resignado y humilde la v\u00eda dolorosa de la expiaci\u00f3n. Pero el camino, muy largo, trabajoso y sembrado de espinas, me hac\u00eda desfallecer; y el hombre vestido de negro me sonre\u00eda brind\u00e1ndome sus brazos para sostenerme:<\/p>\n<p>\u2014Te vuelves loco buscando un fantasma \u2014me dec\u00eda\u2014, cuando yo puedo abrirte todos los caminos.<\/p>\n<p>Y despu\u00e9s de pasar r\u00edos helados cuyo fr\u00edo penetraba mis huesos, lagos cubiertos de reptiles que hund\u00edan en mi cuerpo su acerado colmillo, arenas\u00a0 abrasadoras que quemaban mis plantas; al encontrar obstruido el camino por una inmensa zarza ganchosa, cuyas duras p\u00faas se volv\u00edan hacia m\u00ed cuando quer\u00eda marchar adelante, me grit\u00f3, riendo de una manera sat\u00e1nica:<\/p>\n<p>\u2014No tienes m\u00e1s amigo que yo, y solo yo puedo salvarte.<\/p>\n<p>Pero yo segu\u00eda imperturbable mi camino, viendo desgarrarse mis carnes y correr mi sangre. \u00a1Ay!, \u00bfhasta cu\u00e1ndo?&#8230; \u00c1speras rocas, inmensos lodazales, m\u00e9danos profundos fatigaban mis fuerzas, y yo segu\u00eda y segu\u00eda marchando; pero a medida que marchaba por aquellas soledades, el terreno se hac\u00eda m\u00e1s blando, el aire m\u00e1s fresco, la obscuridad menos densa, y cobraba nuevos br\u00edos presintiendo ya cercano el t\u00e9rmino de mi trabajosa jornada.<\/p>\n<p>Mi coraz\u00f3n no se hab\u00eda enga\u00f1ado. Claridades celestes que iluminaban el horizonte haci\u00e9ndose cada vez m\u00e1s vivas anunciaban el esplendor de la luz, y el hombre vestido de negro me ve\u00eda de cuando en cuando, p\u00e1lido y silencioso.<\/p>\n<p>De en medio de las sombras, de aquella larga noche de expiaci\u00f3n, vi alzarse el sol esplendoroso iluminando los campos como un globo de fuego. Los p\u00e1jaros cantaban, las fuentes corr\u00edan mansamente, las flores abr\u00edan el c\u00e1liz perfumado, y al atav\u00edo y al ruido armonioso de la naturaleza vinieron a mezclarse m\u00fasicas celestes, ruidos sobrenaturales y el brillo m\u00e1gico de una visi\u00f3n vaporosa que murmur\u00f3 a mis o\u00eddos:<\/p>\n<p>\u2014Yo tambi\u00e9n te vi llorando y penetr\u00e9 en tu coraz\u00f3n, tendiendo mis alas para protegerte. Sendas escabrosas, espinas implacables, arenas de fuego, hielos mortales, todo ha sido blando para ti porque el amor de la fe no te ha abandonado; Dios te perdona porque tu expiaci\u00f3n ha sido larga y dolorosa.<\/p>\n<p>Ca\u00ed de rodillas y llor\u00e9. Y el hombre vestido de negro, deslumbrado tambi\u00e9n, y conmovido lanz\u00f3 un \u00a1ay!, que hizo retemblar las monta\u00f1as y huy\u00f3 con un ruido pavoroso, exclamando con desesperaci\u00f3n:<\/p>\n<p>\u2014\u00a1Ay! \u00a1Si yo pudiera amar y llorar!<\/p>\n<p>Cuando levant\u00e9 la cabeza me encontr\u00e9 ya solo, pero en mi alma reinaba una tranquilidad celestial que jam\u00e1s ha vuelto a abandonarme.<\/p>\n<h4 style=\"text-align: right;\"><a href=\"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/julio-calcano\/\" target=\"_blank\" rel=\"noopener\">Sobre el autor<\/a><\/h4>\n<h6>*Ilustraci\u00f3n de David D\u00e1vila en \u00abEl sello Maldito\u00bb (Publicado por El perro y la rana)<\/h6>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Danza de los muertos A do\u00f1a Lastenia Larriva de Llona Todo valle ser\u00e1 alzado y todo monte o collado ser\u00e1 abatido, y lo torcido se enderezar\u00e1, y lo \u00e1spero ser\u00e1 caminos llanos. Isa\u00edas Profec\u00edas. I Yo, Stargiro, hab\u00eda aprendido a tocar la lira de siete cuerdas bajo los muros de Tebas; y a mi canto [&hellip;]<\/p>\n","protected":false},"author":6,"featured_media":5291,"comment_status":"closed","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"_monsterinsights_skip_tracking":false,"_monsterinsights_sitenote_active":false,"_monsterinsights_sitenote_note":"","_monsterinsights_sitenote_category":0,"footnotes":""},"categories":[16],"tags":[33,3,43],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/5290"}],"collection":[{"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/users\/6"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=5290"}],"version-history":[{"count":3,"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/5290\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":13117,"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/5290\/revisions\/13117"}],"wp:featuredmedia":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/media\/5291"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=5290"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=5290"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=5290"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}