{"id":5264,"date":"2022-07-18T00:15:54","date_gmt":"2022-07-18T00:15:54","guid":{"rendered":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/?p=5264"},"modified":"2023-11-24T18:28:46","modified_gmt":"2023-11-24T18:28:46","slug":"reverde-enriqueta-arvelo-larriva","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/reverde-enriqueta-arvelo-larriva\/","title":{"rendered":"Del reverde: Enriqueta Arvelo Larriva"},"content":{"rendered":"<h4 style=\"text-align: right;\">Luis Alberto Angulo<\/h4>\n<p>Enriqueta Arvelo Larriva est\u00e1 entre las primeras y m\u00e1s moderna voces de la Venezuela del siglo XX. Ella naci\u00f3 el 22 de marzo de 1886, el mismo a\u00f1o del fallecimiento de Emily Dickinson, la gigantesca creadora estadounidense con la que algunas veces le han sido se\u00f1aladas vecindades. M\u00e1s de la mitad de los 76 a\u00f1os de su existencia transcurrieron en la na- tal Barinitas de sus padres, la aldea para entonces del piedemonte andino del llanero estado Barinas que posibilit\u00f3 la interiorizaci\u00f3n de aquel paisaje contrastado de monta\u00f1a y sabana, referido tambi\u00e9n como categor\u00eda por la cr\u00edtica literaria m\u00e1s certera realizada en torno a su obra. Barinitas de Nueva Trujillo, sin embargo, adem\u00e1s de espacio geof\u00edsico, es el cruce cultural de andinos y llaneros y de una geograf\u00eda humana que hizo posible el mayor hallazgo de la poeta, la fusi\u00f3n de las hablas de la zona como n\u00facleo en la creaci\u00f3n de un lenguaje vivo m\u00e1s all\u00e1 de lo puramente literario sobre el cual estructurar\u00e1 su decir. Es precisamente el coraje de asumir ese encuentro en lo m\u00e1s vivo del idioma, lo que permite a la poeta de <em>El cristal nervioso<\/em>, deslastrarse, tanto de lo que ella llama <em>m\u00fasica vieja<\/em>, impuesta por la ret\u00f3rica literaria, como el de un experimentalismo puramente formal, que pese a su intensa b\u00fasqueda no lleg\u00f3 a tentarle.<\/p>\n<p>Diversos poetas y cr\u00edticos venezolanos se han ocupado de la obra de Enriqueta Arvelo Larriva, confirmando admiraci\u00f3n y compromiso con su palabra. Fernando Paz Castillo, Juan Liscano, Alfredo Silva Estrada, Carmen Mannarino, Reynaldo P\u00e9rez S\u00f3, Jos\u00e9 Napole\u00f3n Oropeza, Bettina Pacheco y Alicia Jim\u00e9nez, para nombrar solo algunos, ilustran el entusiasmo que la escritura de la poeta barinesa ha suscitado en diferentes momentos de nuestra joven literatura. La primera gran pasi\u00f3n por su poes\u00eda la conoc\u00ed a trav\u00e9s de la antolog\u00eda po\u00e9tica de Alfredo Silva Estrada publicada en la colecci\u00f3n Altazor de la editorial Monte \u00c1vila Latinoamericana (Caracas, 1976). Luego, ese mismo a\u00f1o, la muestra de los poemas de Enriqueta Arvelo Larriva que salieron en la revista <em>Separata <\/em>(Universidad de Carabobo, Valencia 1976) bajo la direcci\u00f3n de Reynaldo P\u00e9rez S\u00f3, junto a <em>Poes\u00eda de Enriqueta Arvelo Larriva <\/em>(Universidad Central de Venezuela, Caracas 1979) y <em>Testimonios <\/em>(Separata, UC, <em>1980), <\/em>ambas obras de Carmen Mannarino, reafirmaron la \u00edntima cercan\u00eda de su decir.<\/p>\n<p>Pariente indirecto, por parte de Luis Alejandro Angulo Arvelo, primo hermano de mi padre, y paisano de los geniales hermanos poetas Arvelo Larriva, me veo hipnotizado oyendo de ni\u00f1o en casa de mis abuelos paternos, la leyenda de los hermanos escritores narrada por los m\u00edos, sobre todo la de Alfredo, amigo en la Barinitas a comienzos del siglo veinte de don Jes\u00fas Angulo Castellanos. En el pueblo la leyenda era la de Alfredito, comentaba mi padre. Quiz\u00e1s nadie logr\u00f3 percibir que Enriqueta, en medio de la vida parroquial del rural vecindario, construir\u00eda su propio mito con elementos cotidianos y por la ruta de trastocar prejuicios, que a\u00fan ahora, glorifican al autor en desmedro de su obra.<\/p>\n<p>La lectura total que nos ofreci\u00f3 la publicaci\u00f3n de la <em>Obra Po\u00e9tica <\/em>y <em>Prosa <\/em>de Enriqueta Arvelo Larriva (I-II tomos. Fundaci\u00f3n Cultural Barinas, 1987), investigaci\u00f3n, compilaci\u00f3n, pr\u00f3logo y notas de Carmen Mannarino, permiti\u00f3 apreciar con mayor justicia la dimensi\u00f3n de la poeta, aproximan- do a sus lectores con mayor rigor al conocimiento humano y literario de su labor creadora. S\u00f3lo a partir de este compendio, la eventualidad de una percepci\u00f3n cr\u00edtica de las j\u00f3venes promociones literarias ha sido posible, y es esa visi\u00f3n cr\u00edtica quien propone con frecuencia nuevas interpretaciones. La antolog\u00eda hecha por Silva Estrada, publicada en 1976, es una selecci\u00f3n estupenda que contribuy\u00f3 grandemente a direccionar la mirada del pa\u00eds literario sobre la trascendencia de Enriqueta. En lo particular, pertenezco a la generaci\u00f3n que se benefici\u00f3 directamente de una obra que tiene entre sus rasgos m\u00e1s relevantes y palpables el de haberse liberado con naturalidad de la grandilocuencia literaria, que se impon\u00eda como tendencia. La lectura que nuestro tiempo hace de su obra est\u00e1 impregnada de signos anti ret\u00f3ricos que caracterizan a nuestra contemporaneidad, y privilegian as\u00ed los rasgos de su mejor expresi\u00f3n.<\/p>\n<p>El desarrollo mismo de la poes\u00eda venezolana en el medio siglo que nos separa de la desaparici\u00f3n f\u00edsica de la poeta, ocurrida en Caracas en 1962, es fundamental para la cabal comprensi\u00f3n no s\u00f3lo de la excelencia de su trabajo creativo, sino tambi\u00e9n, para el arbitrio de la visi\u00f3n que a partir de ella podemos lograr, para aquiescencia de su legajo espiritual y literario que se\u00f1ala su tiempo y posiblemente mucho del nuestro. Americanista, antiimperialista, bolivariana, feminista, ecologista, libertaria, espiritualista, participativa, inclusiva, solidaria, apasionada, er\u00f3tica, intuitiva, reflexiva, espont\u00e1nea, viva, sobria, antib\u00e9lica, amorosa, la poes\u00eda de Enriqueta Arvelo Larriva, desde la humildad de la tierra y de sus gentes, es el recorrido del asombro frente a la vida y el misterio de su finitud.<\/p>\n<p>Nada hay que desde\u00f1e o deje de importarle del mundo que le rodea, el registro cotidiano, el sopor de la sequ\u00eda, la temperatura del agua o la intros- pecci\u00f3n de su propios pensamientos, pretextan un motivo para abordar el poema desde las formas expresivas cl\u00e1sicas que domina y en las que deja su propia huella, hasta la voz puramente suya de un texto org\u00e1nico en el que el lenguaje en su m\u00e1xima eficacia, traza magn\u00edfico el recorrido profundo, a la vez que sutil y exacto.<\/p>\n<p><em>La poes\u00eda es la vida con su savia de instantes<\/em>, dice Enriqueta Arvelo Larriva desde el m\u00e1s hondo conocimiento. Su escritura, que en propias palabras, aspir\u00f3 <em>ser todo el tiempo<\/em>, logra \u2013dentro de la impermanencia de la obra humana\u2013, persistir, precisamente, al captar la esencia impalpable y continua de la imagen del mundo. La admiraci\u00f3n y el amor de la poeta por la poes\u00eda es una realidad sin separaci\u00f3n. Su universo particular es \u201cancho y ajeno\u201d, valga la supuesta contradicci\u00f3n. El deseo de ser y estar plenamente en el tiempo, no es una tonta inmodestia egoc\u00e9ntrica porque de manera incluyente ese deseo suyo la trae hasta ac\u00e1 como expresi\u00f3n de una voz absolutamente contempor\u00e1nea, viva junto a los vivos, en esa ineludible humanidad palpable del aqu\u00ed y el ahora del hallazgo de su poes\u00eda.<\/p>\n<p><strong>II.-<\/strong><\/p>\n<p>La poes\u00eda escrita en Venezuela naci\u00f3 con buen pie y tiene un amplio recorrido desde los d\u00edas iniciales del neoclasicismo o clasicismo de Andr\u00e9s Bello, el movimiento rom\u00e1ntico de P\u00e9rez Bonalde y Jos\u00e9 Antonio Mait\u00edn, el modernismo de Alfredo Arvelo Larriva y el gran despertar de la Generaci\u00f3n del 18 en avanzada con Jos\u00e9 Antonio Ramos Sucre, Fernando Paz Castillo y Antonio Arr\u00e1iz a la cabeza, junto a otras voces de primer orden. Es interesante se\u00f1alar que esta poeta nacida en 1886, pese a ser una personalidad tard\u00eda y un poco al margen de ese gran momento que se refiere a 1918, es una de las figuras que de manera especial ha venido hasta nuestro tiempo remontando con \u00edmpetu y entusiasmo el abordaje cr\u00edtico asumidos por poetas y estudiosos. Enriqueta Arvelo Larriva, sin propon\u00e9rselo y muy por el contrario, en abierta oposici\u00f3n a esa idea, puede ser considerada no s\u00f3lo como fiduciaria de esa corriente, sino incluso, como una de las grandes expresiones de ese proceso renovador que se abre rotundo a la modernidad de nuestra literatura.<\/p>\n<p>En el a\u00f1o 1918, la poeta llanera tiene 32 a\u00f1os y no ha salido de los l\u00edmites de su re- gi\u00f3n, tampoco ha publicado libro alguno y seg\u00fan sus propias palabras su obra \u201capenas si existe\u201d. Se sabe, sin embargo, que escri- be regularmente desde los catorce y conoce profundamente la obra literaria de su her- mano el poeta Alfredo Arvelo Larriva (una figura literaria y pol\u00edtica reconocida en el pa\u00eds desde mucho tiempo atr\u00e1s), as\u00ed como el entorno en la que la esa obra se desarrolla. Desde ni\u00f1a es una lectora voraz de todo lo que est\u00e9 a su alcance. Es lectora de los cl\u00e1sicos espa\u00f1oles y de la Biblia, que como cat\u00f3lica convencida le acompa\u00f1ar\u00e1 siempre.<\/p>\n<p>Lee los libros de la casa, los de su hermano, los que a \u00e9l y a ella les env\u00edan y los que ella, en la precariedad cultural y econ\u00f3mica de la ruralidad de la Venezuela de su tiempo y de su lejana Barinitas, logra conseguir. Es tambi\u00e9n una lectora atenta y colaboradora temprana de peri\u00f3dicos y asumir\u00e1 el g\u00e9nero epistolar a la manera de c\u00f3mo hoy las nuevas generaciones se posesionan de los medios telem\u00e1ticos. Su obra en prosa merece por cierto un punto aparte, pues all\u00ed evidencia desde el comienzo la altura de su voz y la claridad de su pensamiento. En las largas prisiones de su hermano \u2013la primera de ellas cuando Alfredo Arvelo contaba s\u00f3lo 21 a\u00f1os a consecuencia de un terrible suceso personal y luego por causas pol\u00edticas la segunda, que lo empujan posteriormente a su exilio en Madrid donde fallece\u2013, ha tenido que probar en carne propia el sinsabor de la dura tiran\u00eda del interminable r\u00e9gimen de Juan Vicente G\u00f3mez. Como hermana de un opositor tan notable del gomecismo, ni la indiferencia pol\u00edtica ni la cultural le estar\u00e1 permitida. Hermana menor de Alfredo, la poes\u00eda anduvo con ella de manera natural toda su vida. Prima de Mart\u00edn Matos Arvelo, y de Alberto Arvelo Torrealba, las determinaciones culturales tangibles en ese campo no son despreciables. Desde temprano manifiesta vocaci\u00f3n social, la cual expresa en la praxis de maestra y enfermera de pobres en su pueblo. Enriqueta Arvelo, as\u00ed mismo, es testigo colateral de acontecimientos que inevitablemente moldear\u00e1n el esp\u00edritu de una \u00e9poca m\u00e1s all\u00e1 de las fronteras nacionales, tales como las dos Guerras Mundiales y la de Corea, que en una sensibilidad e inteligencia como la suya, es justo suponer, le impactaron y favorecieron alcanzar esa vis\u00f3n amplia y honda que sus lectores advierten como caracter\u00edstica.<\/p>\n<p><strong>La Generaci\u00f3n Literaria<\/strong><\/p>\n<p>Enriqueta Arvelo Larriva no se sinti\u00f3 nunca c\u00f3moda cuando estudiosos y cr\u00edticos quisieron ubicarla en una u otra generaci\u00f3n literaria. La distancia en su tiempo entre Barinitas y Caracas \u2013centro de todo acontecer\u2013, se me- d\u00eda en largas jornadas de camino y si bien es cierto que para el momento de la eclosi\u00f3n de las promociones de poetas de la <em>Generaci\u00f3n de 1918<\/em>, ella frisaba los 32 a\u00f1os y cronol\u00f3gicamente pudo pertenecer a esa promoci\u00f3n, no tuvo relaci\u00f3n personal alguna en ese momento con esos poetas que le permitieran asumir con naturalidad tal vinculaci\u00f3n. No se ve\u00eda relacionada a ese grupo, tanto por el hecho de no haber publicado ninguno de sus libros como por asumirse de una promoci\u00f3n posterior y diferente a la de aquellos. Quiz\u00e1s de manera equivocada, razones est\u00e9ticas y pol\u00edticas le indujeron a pensar que sus propias propuestas eran radicalmente diferentes a las de ellos. De manera similar, tampoco admiti\u00f3 la posibilidad de pertenecer a la posterior <em>Generaci\u00f3n del 28<\/em>, cuando contaba 42 a\u00f1os. Percib\u00eda que no pod\u00eda ser calificada en ninguna de las dos y por eso se sent\u00eda una solitaria en aquel mundo. Intu\u00eda que algo le hab\u00eda pasado a su ubicaci\u00f3n generacional porque, l\u00f3gicamente, ella deber\u00eda estar en un espacio intermedio inexistente, entre la promoci\u00f3n de los poetas del 18 y la de los pol\u00edticos del 28, que van a copar protag\u00f3nicamente durante tanto tiempo el escenario nacional.<\/p>\n<p>Ese sentimiento de exclusi\u00f3n es absolutamente razonable y habr\u00eda que estudiar si otros poetas de su generaci\u00f3n fueron asolados por esa realidad. Es totalmente impensable que pudiera ser considerada por el canon del momento ni siquiera junto a su coet\u00e1neo el poeta Salustio Gonz\u00e1lez Rincones, a quien se le se\u00f1ala al <em>Grupo Alborada <\/em>(entre 1909 y 1910, al lado de R\u00f3mulo Gallegos, entre otras figuras). Enriqueta no se plantea experimentar con su poes\u00eda a la manera de Salustio. Asume una postura ideol\u00f3gica aparentemente m\u00e1s radical que los poetas del 18, pero tampoco puede ser se\u00f1alada de protagonista de la promoci\u00f3n pol\u00edtica de 1928. Nuestra poeta tiene el sello de las voces solitarias, y ciertamente, su desubicaci\u00f3n generacional, al trascender las condiciones personales, es de car\u00e1cter hist\u00f3rico, lo cual hace m\u00e1s interesante su personalidad y singular obra floreciendo en el <em>mont\u00f3n sordo <\/em>de una formulaci\u00f3n cr\u00edtica que reivindica su aporte cada m\u00e1s vez con mayor fuerza. Como se\u00f1ala Alfredo Silva Estrada: <em>All\u00ed naci\u00f3 y se form\u00f3 una voz po\u00e9tica aparentemente aislada en sus comienzos, s\u00f3lo porque se abr\u00eda a una din\u00e1mica, a una libertad que resultaba extra\u00f1a para sus compa\u00f1eros de generaci\u00f3n <\/em>(Antolog\u00eda po\u00e9tica, p. 7).<\/p>\n<p>Ya en sentido amplio siento que el nombre de Enriqueta Arvelo Larriva (Barinitas, 1886-Caracas, 1962), est\u00e1 establecido junto a los imprescindibles de Andr\u00e9s Bello (Caracas, 1781-Santiago de Chile, 1814), Jos\u00e9 Antonio P\u00e9rez Bonalde (Caracas, 1846-La Guaira, 1846), Francisco Lazo Mart\u00ed (Calabozo, 1869-Maiquet\u00eda, 1909), J. T. Arreaza Calatrava (Ara- gua de Barcelona,1882-1979), Alfredo Arvelo Larriva (Barinitas,1883- Madrid,1934), Salustio Gonz\u00e1lez Rinc\u00f3n (San Crist\u00f3bal, 1883-1933), J. A. Ramos Sucre (Cuman\u00e1, 1890-Ginebra, 1930), Andr\u00e9s Eloy Blanco (Cuma- n\u00e1, 1897- Cuernavaca, 1955), y Rodolfo Moleiro (Zaraza, 1898-Caracas, 1970), en lo que constituye el inicio del cuerpo esencial y org\u00e1nico de la gran poes\u00eda escrita en Venezuela.<\/p>\n<p><strong>Venezuela es su casa<\/strong><\/p>\n<p>El 22 de marzo de 2011 es la fecha del aniversario ciento veinticinco del nacimiento en Barinitas, estado Barinas, de Enriqueta Arvelo Larriva y el 10 de diciembre de 2012, el quincuag\u00e9simo de su fallecimiento en Caracas. Dos momentos cardinales en el trayecto vital de la autora llanera que mue- ven a proponer una revisita y nueva lectura del extraordinario legado de su obra po\u00e9tica; una obra que ha ido adquiriendo a trav\u00e9s del tiempo mayor inter\u00e9s y admiraci\u00f3n, en lo que es un rasgo frecuente a favor de la trascendencia de un creador literario que, como ella, viene de un conocimiento bastante marginal por parte de la cr\u00edtica literaria convencional.<\/p>\n<p>El prejuicio que impide ver la relaci\u00f3n entre el lenguaje vivo y libertario de la poes\u00eda con la sociedad desarrollada y solidaria a la que han aspirado como meta los seres humanos m\u00e1s avanzados, contribuye en parte a la resistencia para comprender el proceso innovador de su obra. No obstante, es inevitable asumir la responsabilidad de decir que en la poes\u00eda venezolana de su momento, es Enriqueta Arvelo Larriva la voz m\u00e1s libre de man\u00edas literarias y afectaciones europeizantes, que, por cierto, ya Andr\u00e9s Bello, en su famosa <em>Alocuci\u00f3n a la poes\u00eda<\/em>, advert\u00eda se deb\u00edan dejar atr\u00e1s para poder ver y expresar, verdaderamente, nuestra propia realidad, nuestro propio paisaje.<\/p>\n<p>Ella, en el hallazgo de su voz nueva, en el <em>cristal nervioso <\/em>de su m\u00fasica profunda y leve al mismo tiempo, realiza la haza\u00f1a de fracturar el discurso convencional de la descripci\u00f3n del paisaje al localizarlo dentro de s\u00ed misma viajando por su sangre. <em>Interiorizaci\u00f3n del paisaje <\/em>es la categor\u00eda utilizada por algunos cr\u00edticos al referir una visi\u00f3n que ella super\u00f3, incluso, a trav\u00e9s de la panor\u00e1mica de una realidad en la cual el observador y lo observado logran ser percibidos como totalidad. Es decir, una perspectiva en la cual el sujeto que supuestamente ve y el objeto que supuestamente es visto, se hacen uno solo sin separaci\u00f3n. Un espacio libre de aut\u00e9ntica iluminaci\u00f3n que hace aun m\u00e1s relevante el aporte de nuestra creadora.<\/p>\n<p>Tal hallazgo pareciera imposible alcanzar en las condiciones de aislamiento cultural que ella percib\u00eda, que encuadraban su vida en la rural\u00edsima Barinitas de sus d\u00edas. Lo maravilloso de esto es que \u00fanicamente con los elementos con que ella contaba all\u00ed, logr\u00f3 una revoluci\u00f3n en el lenguaje y en la poes\u00eda de nuestro tiempo, opuesto en definitiva a los determinismos culturales que le se\u00f1alaban la ruta de un provincianismo, que, ahora sabemos, son m\u00e1s una imposici\u00f3n mental que el confinamiento que suponen.<\/p>\n<p>La v\u00eda de su liberaci\u00f3n fue la del lenguaje, la de la poes\u00eda. No pod\u00eda ser otra, es evidente su predeterminaci\u00f3n en ella. El aislamiento le ofreci\u00f3 profundidad y le abri\u00f3 los sentidos, su mirada se llen\u00f3 de cuanto le rodeaba, agudiz\u00f3 su o\u00eddo en los sonidos mismos del silencio, el habla de los campesinos del piedemonte andino y de los llaneros de la sabana se cruzaron en un contrapunto musical articulado por la vieja poes\u00eda castellana, alcanzando as\u00ed el ritmo profundo de quien siente la naturaleza en el tiempo absoluto de su ingrimitud, y fue sensible con la sobriedad de un esp\u00edritu impetuoso que cruzaba como <em>caballo de fuego <\/em>los intersticios de su cuerpo.<\/p>\n<p>La vertiente sensual y er\u00f3tica de su poes\u00eda no se contempla al principio de una manera evidente, pero esa contenci\u00f3n expresiva estalla de pronto frente a nuestros ojos y o\u00eddos integr\u00e1ndonos en su ancho espacio: <em>el r\u00edo est\u00e1 tibio como mi piel y sabe ba\u00f1arme el alma<\/em>, dice. La poes\u00eda de Enri- queta Arvelo Larriva es carnadura y espiritualidad al mismo tiempo, una articulaci\u00f3n tan afortunada como la vida misma que la hace posible, pero tambi\u00e9n es pensamiento profundo desde la palabra liberada, pues no hay af\u00e1n pedag\u00f3gico ni intenci\u00f3n de verter en l\u00edneas medidas, ninguna doctrina filos\u00f3fica que no sea lo pensado desde la vacuidad de la p\u00e1gina en blanco y de la soledad creadora, donde los conceptos se esfuman y la imagen del decir profundo expresa a raudales su sentido.<\/p>\n<p>Al deslastrar la obra de la sujeci\u00f3n al canon imperante de una \u00e9poca que no pudo vislumbrar su dimensi\u00f3n, \u00e9sta se abre a una posibilidad nueva de interpretaciones, y surgen as\u00ed otros rasgos de su hacer, como, por ejemplo, la conexi\u00f3n hist\u00f3rica con la construcci\u00f3n de un ideario social al cual no teme concebir como patria grande. Su enorme bolivarianismo trasciende cualquier sentimiento depauperado de las ret\u00f3ricas del patrioterismo, ella se asume como intelectual de izquierda y ferviente militante a favor de los m\u00e1s necesitados. Aboga por la igualdad de g\u00e9neros y, pese a la exagerada carga cultural del mundo masculino que le rodea, es revolucionaria y feminista de manera eminente e intuitiva tal su poes\u00eda.<\/p>\n<p><strong>A manera de Conclusi\u00f3n<\/strong><\/p>\n<p>Percibiendo el desarrollo de lo que hasta ahora se ha hecho, pienso que intentar abordar el discurso est\u00e9tico literario de Enriqueta Arvelo Larriva se puede hacer desde muchas perspectivas, hay empero dos principales. Una es la de los poetas que de forma m\u00e1s o menos presentida o cr\u00edtica se han acercado a la obra de la barinesa abriendo claves para su comprensi\u00f3n y obteniendo, por su parte, la recompensa de una lectura entusiasta que de manera creativa ha terminado por interiorizar y fusionarse a sus propias e individuales visiones. La otra lectura es fruto del estudio literario sistem\u00e1tico y est\u00e1 representada por los <em>enriquet\u00f3logos<\/em>, quienes abordan con especial cuidado un ideal totalizador, tanto de la obra como de la vida, de la extraordinaria poeta. Sin embargo, lo que sin duda tendr\u00e1n que se\u00f1alar de manera indistinta sus ex\u00e9getas y cr\u00edticos es el desapego de Enriqueta Arvelo Larriva de modelos de validaci\u00f3n colonizadores y que impiden, por v\u00eda del sometimiento cultural, el desarrollo de una po\u00e9tica propia y liberadora.<\/p>\n<p>Ella, pese a su fervor por el castellano como idioma y a su resistencia a ser vista de manera grupal, crea y determina un espacio del decir po\u00e9tico que la coloca entre los autores de avanzada del pasado siglo, convirti\u00e9ndose en un aut\u00e9ntico hito de nuestra modernidad. Originalidad, precisi\u00f3n, belleza, autenticidad y eficacia expresiva son caracter\u00edsticas de esta obra, emparentada a la fuerte <em>tradici\u00f3n de ruptura <\/em>que impulsan los mayores poetas hispanoamericanos del siglo XX. Enriqueta Arvelo Larriva fue y es una adelantada, su poes\u00eda la podemos entender hoy de una manera m\u00e1s apropiada, pues ella, como se\u00f1ala Mar\u00eda Consuelo de Bianchi glosando mi lectura: <em>Supo ver la esencia intemporal del hombre y expresarla con un sentido nuevo, inusitado tal vez para su \u00e9poca, pero muy vigente para la nuestra. <\/em>Como una oraci\u00f3n final, el poema homenaje de Ana Enriqueta Ter\u00e1n \u2013otra gigante de la poes\u00eda castellana\u2013 recalque de manera irrefutable cuanto haya podido decir a favor de esta grandeza que sin desde\u00f1ar lo pe- que\u00f1o es su poes\u00eda:<\/p>\n<p>\u201cElla no es la flor sino la ojiva de la flor. \/ No es el arco, sino la respira- ci\u00f3n de la piedra. \/ No es gota de roc\u00edo, sino la palpitaci\u00f3n de la luz. \/ No es huella distante de la luz, sino la impronta del alma. \/ No es ventanilla nasal, sino escogencia y latitud de aroma. \/ Se apercibe de propio tacto en la m\u00e1s absoluta delicia. \/\/ Se declara total en p\u00e1gina y encarnadura de lo blanco. \/\/ VENEZUELA ES SU CASA.\u201d<\/p>\n<h4 style=\"text-align: right;\"><a href=\"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/luis-alberto-angulo\/\" target=\"_blank\" rel=\"noopener\">Sobre el autor<\/a><\/h4>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Luis Alberto Angulo Enriqueta Arvelo Larriva est\u00e1 entre las primeras y m\u00e1s moderna voces de la Venezuela del siglo XX. Ella naci\u00f3 el 22 de marzo de 1886, el mismo a\u00f1o del fallecimiento de Emily Dickinson, la gigantesca creadora estadounidense con la que algunas veces le han sido se\u00f1aladas vecindades. M\u00e1s de la mitad de [&hellip;]<\/p>\n","protected":false},"author":6,"featured_media":5265,"comment_status":"closed","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"_monsterinsights_skip_tracking":false,"_monsterinsights_sitenote_active":false,"_monsterinsights_sitenote_note":"","_monsterinsights_sitenote_category":0,"footnotes":""},"categories":[14],"tags":[44,3],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/5264"}],"collection":[{"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/users\/6"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=5264"}],"version-history":[{"count":3,"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/5264\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":8465,"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/5264\/revisions\/8465"}],"wp:featuredmedia":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/media\/5265"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=5264"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=5264"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=5264"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}