{"id":5238,"date":"2022-07-14T00:11:03","date_gmt":"2022-07-14T00:11:03","guid":{"rendered":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/?p=5238"},"modified":"2023-11-24T18:28:46","modified_gmt":"2023-11-24T18:28:46","slug":"el-lugar-como-absoluto","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/el-lugar-como-absoluto\/","title":{"rendered":"El lugar como absoluto"},"content":{"rendered":"<h4 style=\"text-align: right;\">Patricia Guzm\u00e1n<\/h4>\n<p>Ese invisible-adelante que llaman lugar. Esa tierra recomenzada y herida en aquel punto, en aquel claro \u2014 que no vacio \u2014. Aquel centro que s\u00f3lo restituye la voz del p\u00e1jaro solitario, el canto que avisa. Y es preciso acudir. A buscar nada. \u00abMas si nada se busca, la ofrenda ser\u00e1 imprevisible, ilimitada.\u00bb(1)<\/p>\n<p>Entonces una claridad aleteante nos obliga a limpiarnos los ojos, a limpiar las palabras. Para poder nombrar esa hendija, esa picadura que arde en el espacio. \u00bfO es el ala vibrante de un p\u00e1jaro? Mundo que aparece y desaparece. En la \u00faltima rama del \u00e1rbol. Ni all\u00e1 lejos, ni en otra parte. Aqu\u00ed. En este espacio que se particulariza cuando al pisarnos sale tierra. Y s\u00f3lo el crujido del monte es como ser.<\/p>\n<p>No es un espacio indiferenciado, ni indistinto. All\u00ed (nos) crece el \u00e1rbol, la piedra, la casa. All\u00ed cae el rayo y el tigre salta con la piel tatuada por palabras de oro, inocentes. All\u00ed cae el rayo y nuestros ojos saltan, se abren sobre el verdadero lugar.<\/p>\n<p>Porque el lugar es el Absoluto. Porque el hombre pertenece. Porque \u00abel sujeto ontol\u00f3gicamente bien comprendido, el &#8216;ser ah\u00ed&#8217; es espacial\u00bb(2). Y es que para vivir necesitamos extensi\u00f3n y perspectiva. Besar el suelo.<\/p>\n<p>Abismarnos frente al horizonte. Extender los brazos y asirnos de una imagen o s\u00edmbolo que nos permita, junto a Baudelaire, raptar el Para\u00edso de una vez. Existimos por razones de espacio. \u00abPara el despliegue de la vida, el espacio es tan imprescindible como el tiempo\u00bb(3). El espacio forja un existenciario: el ser es \u00abser en el mundo\u00bb, \u00abser ah\u00ed\u00bb.<\/p>\n<p>Espacio. Pero espacio se\u00f1alado, o se\u00f1alable. Espacio no oprimente, pero tampoco infinito. No toda la tierra, sino aquella punta afilada de tierra que penetra en el mar.<\/p>\n<p>Espacio puntual. Punto fijo en la superficie terrestre. Aquello que designa mi dedo. Tierra concreta donde enra\u00edza mi imaginario. Tierra donde cae y se ahonda mi ser.<\/p>\n<p>Hablamos del lugar: un aqu\u00ed absoluto en relaci\u00f3n con el ah\u00ed y el all\u00e1, con el Todo y la Nada, con el adentro y el afuera. Un espacio sustancializado. Aqu\u00ed que lastra una carga ontol\u00f3gica.<\/p>\n<p>Intentamos, adem\u00e1s, arrancarle el secreto. Evidenciar que el p\u00e1jaro canta all\u00ed y no all\u00e1; porque all\u00ed, entre las hojas, hay una resonancia de primer d\u00eda. Porque all\u00ed \u2014 presentimos \u2014 nacer\u00e1 una luz que nos nazca. Porque all\u00ed, s\u00f3lo all\u00ed, en ese lugar, en ese claro, vemos la ausencia, esa ausencia que enceguece: el Absoluto, obsesi\u00f3n del hombre moderno.<\/p>\n<p><strong>El lugar como Absoluto<\/strong><\/p>\n<p>Vicente Gerbasi (Canoabo 1913), Ram\u00f3n Palomares (Escuque 1935) y Luis Alberto Crespo (Carora 1941), tres voces venezolanas que justifican la existencia de un poema s\u00f3lo para reencontrar, revivificar el lugar que los restituye en el mundo; el lugar entonces que deviene Absoluto. Tres mundos po\u00e9ticos levantados sobre lugares que, si bien biogr\u00e1ficos, fundamentalmente existenciales. Lugares constitutivos. Lugares sustancializados.<\/p>\n<p>Tres poetas que reinventan una relaci\u00f3n con el mundo: no para recuperar la tierra primigenia, la plenitud primigenia jam\u00e1s restablecida; sino para hacer de la tierra encontrada el lugar de otra plenitud. Gerbasi, Palomares y Crespo atendieron a la invitaci\u00f3n de Bonnefoy: dejaron el mundo Earido para escribir y, despu\u00e9s, dejaron la escritura por el lugar(4). Hacia all\u00e1 nos dirigimos a justificar la existencia de un lugar como todo, como Absoluto, dentro del poema.<\/p>\n<p>Quiz\u00e1 estos tres poetas conforman, dentro del conjunto de la poes\u00eda venezolana contempor\u00e1nea, el haz de fuerzas m\u00e1s decidido a morder las palabras para arrebatarles el poder de reunir, reagrupar, reinaugurar el mundo. Ellos han hecho de su tierra\u2014lugar puntual; de lo sencillo, su forma de hombre realizado. Y as\u00ed, librando a las palabras de la trama de los conceptos, en aquel lugar acontece el advenimiento del ser en su absoluto(5).<\/p>\n<p>Gerbasi, Palomares y Crespo miran a lo abierto.<\/p>\n<p><strong>Peso existencial en el decir<\/strong><\/p>\n<p>Descubrir las figuras y formas del paisaje desde nuestra interioridad, transformar dicho paisaje en un espacio \u00edntimo, secreto, e, incluso, romperse los labios, confesamente, ante tanta belleza padecida, sufrida, gozada: he all\u00ed el camino que tuvieron que recorrer los poetas venezolanos para acceder a la noci\u00f3n de lugar como revelador de Absoluto.<\/p>\n<p>Precisemos que la inclinaci\u00f3n a pensar la Creaci\u00f3n como un conjunto de figuras por descifrar, \u00abun bosque de s\u00edmbolos\u00bb a los cuales s\u00f3lo el poeta puede acceder, encuentra resonancia s\u00f3lida entre los poetas venezolanos a partir de la d\u00e9cada del treinta.<\/p>\n<p>Un grupo de intelectuales reunidos en torno a un ideal de renovaci\u00f3n y creaci\u00f3n, se entregaron con placer y enorme asombro a las mejores p\u00e1ginas de los rom\u00e1nticos: Holderlin, Novalis, Rilke, Blake, Coleridge, y se obsesionaron con el conjuro maldito de Rimbaud o Lautr\u00e9amont. Se llamar\u00edan grupo Viernes.<\/p>\n<p>La apertura, en primera instancia pol\u00edtica, que comienza a gestarse en el pa\u00eds a partir de 1936, acent\u00faa las tendencias de la vanguardia internacional propuestas desde la d\u00e9cada de los a\u00f1os veinte, lo que motiva a nuestros poetas a inclinarse por un lenguaje de mayor audacia expresiva. Es obvia una mayor libertad imaginativa y un apego a las asociaciones on\u00edricas.<\/p>\n<p>Se ensayaba una poes\u00eda menos contemplativa, menos descriptiva, menos ret\u00f3rica. Se eleva el tono de intimidad. Se intenta perturbar lo observado y pertubarse, sin engolamientos, desde las entra\u00f1as, ante eso observado.<\/p>\n<p>Pero el gran aliento que recibe nuestra poes\u00eda data de 1918. Se inaugura la modernidad po\u00e9tica entre nosotros. Dos figuras, de perfil muy distinto, ya hab\u00edan resonado en los versos de Baudelaire, Rimbaud y Mallarm\u00e9, y pronunciaban desde la oscuridad la nueva poes\u00eda: Jos\u00e9 Antonio Ramos Sucre y Enriqueta Arvelo Larriva.<\/p>\n<p>No menos justo es reconocer, en 1880, la elegancia elegiaca de P\u00e9rez Bonalde. Su poes\u00eda viene cargada de drama interior. Inicia, casi veinte a\u00f1os antes, el proceso de nuestra modernidad po\u00e9tica, intentando recrear, como advierte Pic\u00f3n Salas, no el gran cuadro deslumbrante de la naturaleza de los tr\u00f3picos, la epopeya agraria que buscaba Andr\u00e9s Bello, \u00absino una naturaleza afinada a la escala del hombre, un remolinear de hojas oto\u00f1ales cuya m\u00fasica y dispersi\u00f3n impecable encierran el s\u00edmbolo de la turbada existencia humana.\u00bb(6)<\/p>\n<p>As\u00ed, sin perder de vista a P\u00e9rez Bonalde, su af\u00e1n por separarnos de ese siglo XIX nacional poblado de grandes espont\u00e1neos afectos a la vocingler\u00eda, terminemos de aseverar que la Generaci\u00f3n del 18 \u2014 receptiva a las vanguardias, aunque dispersa por el clima pol\u00edtico de la \u00e9poca\u2014y el grupo Viernes \u2014 dirigido hacia \u00abTodas las direcciones. Todos los vuelos. Todas las reformas\u00bb \u2014 sientan las bases de nuestra modernidad po\u00e9tica.<\/p>\n<p>Fulgor por la palabra, suntuosidad, imaginer\u00eda, peso existencial en el decir, se levantan entonces como signos de esa modernidad que agudiza las voces de nuestros poetas contempor\u00e1neos, alej\u00e1ndose de todo criollismo o costumbrismo nacional.<\/p>\n<p>Valga subrayar, ahora que hemos esbozado una lectura del devenir de la poes\u00eda venezolana de este siglo, que Vicente Gerbasi, la figura m\u00e1s resaltante del grupo Viernes, nuestro m\u00e1ximo poeta vivo, absorbi\u00f3, como ning\u00fan otro, las m\u00e1s renovadoras propuestas literarias extranjeras, haci\u00e9ndolas pasar por el tamiz de sus ojos, de sus experiencias. Nos entrega una geograf\u00eda encendida con palabras de oro, unos animales furiosos que se aman y devoran ensangrentado las hierbas. Nos demuestra que Canoabo, su aldea nativa, puede ser universal: bajo sus pesadas hojas de pl\u00e1tano y encandilado con el color de las semillas de cacao, se lamenta de la misma herida con que estamos tatuados todos los seres humanos.<\/p>\n<p>Vicente Gerbasi, en el marco de nuestra contemporaneidad, nos hizo abrir los ojos, de otra manera, frente al paisaje: imbuidos en el encantamiento, invitando a nuestro esp\u00edritu a expandirse en el paisaje y, llamando a la naturaleza a manifestarse en nuestro esp\u00edritu.<\/p>\n<p>La brecha que abriera Gerbasi ha sido continuada, ensanchada por Ram\u00f3n Palomares y Luis Alberto Crespo. Estos tres poetas han fortalecido la idea del paisaje como circunstancia interior y, asunto esencial, han ido m\u00e1s all\u00e1 del paisaje para hablar de espacio puntual, lugar, capaz de hacernos intuir el Absoluto.<\/p>\n<p>Despu\u00e9s de haber bebido de la fuente de Gerbasi, Palomares y Crespo han inaugurado, a su vez, dos microcosmos. Palomares, sin perder hondura universal, no dice Leopardo, ni golondrina, no oye a los caracoles, ni piensa en la nieve que cae en la eternidad, im\u00e1genes que seducen a Gerbasi. Palomares prefiere la tortolita, el borococo, la gallina que corre debajo del ala del gallo, el r\u00edo pedregoso que lo arrastra y le arranca s\u00edlabas a sus palabras, como buscando la inocencia en el decir.<\/p>\n<p>Crespo aprendi\u00f3 de Gerbasi el asombro ante el paisaje, pero, de tanto desamparo interior, de tanta cicatriz, se qued\u00f3 con pocas palabras. Palabras secas, afiladas como pu\u00f1ales, calientes como la respiraci\u00f3n de los chivos que moran por Carora. Y dice Carora con el mismo ardor en la garganta con el que lo podr\u00eda decir Artaud: inclinando todo el cuerpo en la desgracia.<\/p>\n<p>Diremos entonces que el espacio po\u00e9tico inaugurado por Gerbasi y redimensionado por Palomares y Crespo, esa fuerza tan particular, ese don de decir Canoabo, Escuque y Carora con voz de trueno que retumba para descubrir el enigma, el Absoluto, hoy se nos ofrece todav\u00eda como excepcional. Nuestros poetas no han terminado de descubrir su paisaje y con qu\u00e9 transparencia \u00e9ste nos puede expresar, hablarnos.<\/p>\n<p>\u00abEl verdadero gran poeta venezolano\u2014advirti\u00f3 Pic\u00f3n Salas\u2014ser\u00e1 el que por sobre las f\u00f3rmulas y los convencionalismos de las ret\u00f3ricas vigentes se trague y se sumerja en esa materia germinal; arranque su canto del misterio que todav\u00eda somos, coincida en la actitud an\u00edmica y en la palabra renovadora con todos los que est\u00e1n aguardando.\u00bb(7)<\/p>\n<p><strong>Canoabo, Escuque, Carora o el Absoluto<\/strong><\/p>\n<p>Enfrentando la inapelable diferencia, nos preguntamos \u00bfa qu\u00e9 responde la profunda sed que arrastra a cada poeta a invocar el Absoluto y, sobre todo, a creerlo asible en sus espacios puntuales?<\/p>\n<p>Gerbasi: El lugar como epifan\u00eda.<\/p>\n<p>Palomares: El lugar o la voz.<\/p>\n<p>Crespo: El lugar, esa cicatriz.<\/p>\n<p><strong>El lugar como epifan\u00eda<\/strong><\/p>\n<p>Gerbasi ha insistido hasta la saciedad en que el hombre es hombre porque tiene ansias de infinito y porque la inmanencia del infinito en \u00e9l lo hace necesariamente promet\u00e9ico.<\/p>\n<p>\u00bfPero rescatar el fuego para qu\u00e9? Para hallar el claro del bosque. Para iluminarle la cara a Dios. Para ir detr\u00e1s del misterio y decirle que s\u00ed, que el Para\u00edso es posible, que hay un Dios y una palabra para salvarnos.<\/p>\n<p>Epifan\u00eda. Ruego a Dios y a la palabra para que le permitan eternizar el paisaje de su infancia, de su tierra natal. Eternizar Canoabo, hacerlo absoluto.<\/p>\n<p>Desde Vigilia del n\u00e1ufrago (1937), hasta su m\u00e1s reciente entrega, palparemos la ansiedad por provocar, presenciar, la aparici\u00f3n o manifestaci\u00f3n de la divinidad, del Absoluto. Identificaremos un trayecto, en principio ascendente, y, luego, asombrosamente estable: su escritura es continuaci\u00f3n y renovaci\u00f3n.<\/p>\n<p>Su verdad interior se manifiesta abiertamente en Bosque doliente (1940), t\u00edtulo que plasma su apuesta por una existencia acordada con la Naturaleza, expresi\u00f3n de Dios. Mi padre, el inmigrante (1945) inscribe para siempre el nombre de Gerbasi entre nosotros, nos obliga a ir con \u00e9l detr\u00e1s de las huellas de su padre para que descubramos la Tierra Prometida. Y Los espacios c\u00e1lidos (1952), considerada por el poeta como su mejor obra, sin perder enigma, misterio, hondura expresiva, lo aferran definitivamente a la s\u00edntesis: el poema se cierra, se acorta en su expansi\u00f3n, pero, se hincha de eternidad.<\/p>\n<p>En el trayecto, adem\u00e1s de los t\u00edtulos mencionados, saldr\u00e1n a nuestro encuentro Liras (1943), Poemas de la noche y de la tierra (1943), Tres nocturnos (1946), C\u00edrculos del trueno (1953), Por arte del Sol (1958), Olivos de eternidad (1961), Poes\u00eda de viajes (1968), Retumba como un s\u00f3tano del cielo (1977), Edades perdidas (1981), Los colores ocultos (1985), Un d\u00eda muy distante (1988), El solitario viento de las hojas (1989), Iniciaci\u00f3n en la intemperie (1990).<\/p>\n<p>Porque todo lo que ha escrito Gerbasi se lo debe al paisaje de Canoabo, al all\u00ed que lo coloc\u00f3 en el mundo. Vemos a Gerbasi hincarse sobre esa tierra y estirar las manos hasta alcanzar a Dios, en gesto de gratitud. Sabemos que Gerbasi \u00abno es ni cuerpo, ni hombre sino un poeta y un caser\u00edo&#8230; el ser y lo Absoluto\u00bb(8).<\/p>\n<p><strong>El lugar o la voz<\/strong><\/p>\n<p>El nombre de Ram\u00f3n Palomares, poeta encantado ante el paisaje y en busca del reverso enigm\u00e1tico de la realidad, tal y como Gerbasi, se ubica en nuestro contexto po\u00e9tico con una voz nacida como de un m\u00e1s all\u00e1 espiritual, incluso hist\u00f3rico y est\u00e9tico. La palabra, en su caso, es habla y no simulacro, la palabra oral, la palabra dicha, el vocablo en el habla, la modulaci\u00f3n que viene impregnada de la sustancia del ser. Palomares, como pocos, tiene la certeza de una proximidad total entre la voz y el ser, la voz y el sentido de ser, la voz y la realidad del sentido.<\/p>\n<p>Palomares es due\u00f1o de una escritura natural, unida a la voz y al esp\u00edritu. Una escritura de naturaleza distinta a la gramatol\u00f3gica. Una escritura de naturaleza neumatol\u00f3gica, relativa al esp\u00edritu, sagrada, pr\u00f3xima a la santa voz interior, a la que entendemos entrando en nosotros mismos, como dir\u00eda Derrida(9).<\/p>\n<p>Hemos de reconocer en la obra de Palomares un desaf\u00edo \u00fanico en la poes\u00eda venezolana de este siglo: recuperar el habla regional y hacerla trascender, impulsada por su pureza, por su don de estar llena de tierra, de mitos, de f\u00e1bulas, de inocencia, de ingenuidad entendida como capacidad de asombro, como fuerza para creernos capaces de conversar con los idos, con los de m\u00e1s all\u00e1. Una poes\u00eda que escapa, que se salva de todo folklorismo.<\/p>\n<p>Y a eso llama Palomares revoluci\u00f3n, ejercicio pol\u00edtico de un poeta. Exaltar lo popular, mirar hac\u00eda la poes\u00eda precolombina, despojarse de est\u00e9riles abstracciones, reivindicar el patio con limones, tantos naranjos, tantos zapotales, reivindicar el acto de meterse \u00abbajo las matas oliendo el monte\u00bb.<\/p>\n<p>Todo comienza con El reino (1958) y se expande, crece, despunta, con Paisano (1964) y Adi\u00f3s Escuque (1974), obras de tono encantatorio, envueltas en un telurismo m\u00edtico, que sostienen su proposici\u00f3n po\u00e9tica inicial. En Honras F\u00fanebres (1965) encontraremos a un Palomares decididamente dispuesto a poetizar hechos hist\u00f3ricos; los episodios hasta el momento revestidos de solemnidad y grandilocuencia, son sincerados, redimensionados con la voz de los sencillos. Alegres Provincias (1988), obra que si bien se nutre de la historia \u2014 las notas de viaje de Humboldt \u2014, apuesta radicalmente por el poder encantatorio del paisaje y por el car\u00e1cter del poeta como so\u00f1ador, como Drag\u00f3n que va en busca del mundo y de una palabra natural.<\/p>\n<p><strong>El lugar, esa cicatriz<\/strong><\/p>\n<p>La marca distintiva del trabajo de Luis Alberto Crespo es la cicatriz, la herida, la costra, lo desprendido, desgarrado. Su palabra y su cuerpo est\u00e1n privados del mundo, del paisaje, de la tierra. Por ello, palabra y cuerpo est\u00e1n secos, reducidos, enjutos, afilados, puyudos, hambrientos de un espacio, de un lugar que les depare el Absoluto.<\/p>\n<p>Crespo es, quiz\u00e1, el m\u00e1s desesperado. Vivir, existir lo lastima, lo quema por dentro y por fuera. Y es que \u00e9l naci\u00f3 en lo quemado, en una tierra insolada, en un aqu\u00ed, Carora, des\u00e9rtico.<\/p>\n<p>Lo fijo, en tanto que hecho de polvo, de arena, ese aqu\u00ed, Carora, se borra, desaparece, se evade. Paradoja que atraviesa toda su obra, paradoja que va radicaliz\u00e1ndose a medida que el poeta escribe, que el poeta vive. Crespo camina hacia ese enfrente-siempre sin esperanza, exasperado, buscando s\u00f3lo vivir en armon\u00eda con su infierno.<\/p>\n<p>Costumbre de sequ\u00eda (1977), libro en que se recogen Si el verano es dilatado (1968), Cosas (1968), Novenario (1970), Rayas de lagartija (1974) y los poemas que prestan su t\u00edtulo al libro, contiene las marcas definitorias de su trabajo: deseo de evasi\u00f3n, angustia metaf\u00edsica por no encontrar suelo, porque el suelo abrasa, corta, desde la infancia, siempre.<\/p>\n<p>En Resolana (1980) y Entreabierto (1984) la palabra de Crespo se afilar\u00e1 m\u00e1s, devendr\u00e1 verdadero colmillo que desgarra el papel y desgarra al poeta al pronunciarla. Crespo ven\u00eda \u2014 ha dicho \u2014 deslumbrado con \u00abLos espacios c\u00e1lidos\u00bb de Vicente Gerbasi, y qued\u00f3 hundido en lo blanco, desaparecido por la hora resolana, enterrado en lo blanco, entreabierto en lo hondo. Luego, con el caballo, quiso alcanzar la otra altura, alzarse, desprenderse para siempre: los Se\u00f1ores de la distancia (1987) lo llevan hacia el Absoluto, al Mediod\u00eda o Nunca (1989), Como una orilla (1991).<\/p>\n<p><strong>El espacio interior<\/strong><\/p>\n<p>Hacia el lugar como Absoluto nos gu\u00eda una premisa de esp\u00edritu rilkeano y altamente moderna: el espacio interior traduce las cosas. Es por ello que Gerbasi se confunde con la noche y el trueno que cae sobre sus hombros. Acude para librarla y librarse de sus cristales turbios, de su gruta de sal, de un olor a negros crisantemos.<\/p>\n<p><em>&#8230;\u00bbSiento la noche en sus violentos l\u00edmites,<\/em><\/p>\n<p><em>como una luz de v\u00e9rtigo en las b\u00f3vedas,<\/em><\/p>\n<p><em>como un aire brillante de murci\u00e9lagos&#8230;<\/em><\/p>\n<p><em>Oigo una soledad de juncos funerarios&#8230;<\/em><\/p>\n<p><em>Oigo los que se ahogan, los que bajan<\/em><\/p>\n<p><em>con boca y lengua y ojos, y se tienden<\/em><\/p>\n<p><em>con brazos y cabellos en la sombra&#8230;<\/em><\/p>\n<p><em>El viento me dispersa por sus grutas&#8230;<\/em><\/p>\n<p><em>y voy por m\u00ed mismo como una soledad que<\/em><\/p>\n<p><em>se escucha&#8230;<\/em><\/p>\n<p><em>Y caigo, as\u00ed, en mi noche, en mi resina ardiente,<\/em><\/p>\n<p><em>en los oscuros soplos de mi ser<\/em><\/p>\n<p><em>que inundan hondos bosques de pinos y casta\u00f1os&#8230;\u00bb<\/em><\/p>\n<p>(Gerbasi, C\u00edrculo del Trueno, Obra Po\u00e9tica, p. 117-118-119).<\/p>\n<p>Palomares, con la cabeza crecida, convertida en nubes de aguacero, es el que toca la noche, el que se vuelve \u00e1rbol entre rel\u00e1mpagos. Palomares extiende su alma sobre las cumbres renegridas, heladas, buscando sus muertos, sus sombras, su voz, la voz que canta el mundo primigenio.<\/p>\n<p><em>\u00ab\u00c9ramos \u00e1rboles y gentes del sue\u00f1o<\/em><\/p>\n<p><em>Almas erradas Errantes \u00e1rboles<\/em><\/p>\n<p><em>Y furiosos d\u00e1bamos vueltas a la vida<\/em><\/p>\n<p><em>Hurgando unas cenizas<\/em><\/p>\n<p><em>Hurgando unos rescoldos<\/em><\/p>\n<p><em>m\u00e1s all\u00e1 de nosotros\u00bb.<\/em><\/p>\n<p>(Palomares, Adi\u00f3s Escuque, Poes\u00eda, p. 228).<\/p>\n<p>Crespo se abraza al caballo, que llama \u00e1rbol, que siente p\u00e1jaro, intercambia con \u00e9l (ellos) la angustia de la distancia. Temen (todos) irse de boca contra el infinito.<\/p>\n<p><em>\u00abEse \u00e1rbol<\/em><\/p>\n<p><em>moli\u00e9ndose conmigo<\/em><\/p>\n<p><em>Ese paisaje con patas&#8230;<\/em><\/p>\n<p><em>Yo fui su p\u00e1jaro<\/em><\/p>\n<p><em>pero era \u00e9l quien se espantaba<\/em><\/p>\n<p><em>El era su vuelo\u00bb.<\/em><\/p>\n<p>(Crespo, Se\u00f1ores de la distancia, p. 15).<\/p>\n<p>Crespo hace definitivamente suya la sentencia de Rilke:<\/p>\n<p><em>\u00abYo no tengo que mirar ese p\u00e1jaro<\/em><\/p>\n<p><em>para que siga ah\u00ed<\/em><\/p>\n<p><em>d\u00e1ndome belleza<\/em><\/p>\n<p><em>S\u00f3lo necesito observarlo<\/em><\/p>\n<p><em>en el recuerdo<\/em><\/p>\n<p><em>Y la rama tampoco necesita estar<\/em><\/p>\n<p><em>si se estremece<\/em><\/p>\n<p><em>Me basta cerrar los ojos<\/em><\/p>\n<p><em>para que tiemble<\/em><\/p>\n<p><em>para que la roce con el monte el suspiro\u00bb.<\/em><\/p>\n<p>(Crespo, Mediod\u00eda o Nunca, p. 8).<\/p>\n<p>Sucede que el p\u00e1jaro es, para Crespo, una manera de ser \u00e9l, ese p\u00e1jaro que avisa que Carora es ese siempre-enfrente.<\/p>\n<p>Sucede que Gerbasi tampoco tiene que mirar ese p\u00e1jaro para que siga ah\u00ed, en Canoabo: la adivina en sus propios ojos, poblados de helechos, en su alma hecha de colmenas. \u00abCanoabo est\u00e1 en m\u00ed \u2014 como aquel p\u00e1jaro \u2014. Ya no necesito tener nostalgia de \u00e9l, es mi alma. Yo soy Canoabo\u00bb(10).<\/p>\n<p>Sucede que Palomares, desde siempre, se meti\u00f3 dentro de ese p\u00e1jaro y por lo tanto, menos que nadie necesita mirarlo para que siga ah\u00ed, en su lugar, en Escuque. Se meti\u00f3 por el canto del borococo, se meti\u00f3 por su oscuridad, se fue donde sus plumas silban.<\/p>\n<p>Tres poetas que han vertido en ellos su lugar y que se vierten en su lugar. Tres poetas venezolanos que, de manera casi exclusiva dentro del contexto po\u00e9tico nacional, traducen su lugar, su espacio, su tierra reconquistada, sobre el papel. Y cuyos lugares parecen existir para justificar el devenir de esas tres criaturas: porque el espacio interior traduce las cosas.<\/p>\n<p>S\u00ed, el espacio interior traduce las cosas. El espacio que tiene su ser en nosotros y el espacio que tiene su ser fuera de nosotros, en el \u00e1rbol, en el p\u00e1jaro, en el caballo, crecen se ordenan uno en el otro, uno gracias al otro.<\/p>\n<p><strong>NOTAS<\/strong><\/p>\n<p>1 M. Zambrano, Claros del Bosque. Seix Barral, 1977, p. 11.<\/p>\n<p>2 M. Heidegger, Etre et temps, Gallimard, 1986, p. 37.<\/p>\n<p>3 E. Minkowski, \u00abLe temps v\u00e9cu\u00bb, Studes phenom\u00e9nologiques et psychopathologiques, 1933, p. 13.<\/p>\n<p>4 J. Starobinski, \u00abYves Bonnefoy: la poes\u00eda, entre dos mundos\u00bb, Syntaxis, p. 32.<\/p>\n<p>5 Y. Bonnefoy, \u00abLa presencia y la imagen\u00bb, Syntaxis, p. 49.<\/p>\n<p>6 M. Pic\u00f3n-Salas, Suma de Venezuela, Monte \u00c1vila Ediciones, 1988, p. 336.<\/p>\n<p>7 Idem., p. 354.<\/p>\n<p>8 L. A. Crespo, \u00abCamino a Gerbasi\u00bb, Papel Literario\/El Nacional.<\/p>\n<p>31 Mayo 1985, p. 5.<\/p>\n<p>9 J. Derrida, De la Grammatologie, Editions de Minuit, 1967, p. 5.<\/p>\n<p>10 V. Gerbasi, \u00abCanoabo soy yo\u00bb, Poes\u00eda No. 62-63, 1985, p. 33.<\/p>\n<h4 style=\"text-align: right;\"><a href=\"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/patricia-guzman\/\" target=\"_blank\" rel=\"noopener\">Sobre la autora<\/a><\/h4>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Patricia Guzm\u00e1n Ese invisible-adelante que llaman lugar. Esa tierra recomenzada y herida en aquel punto, en aquel claro \u2014 que no vacio \u2014. Aquel centro que s\u00f3lo restituye la voz del p\u00e1jaro solitario, el canto que avisa. Y es preciso acudir. A buscar nada. \u00abMas si nada se busca, la ofrenda ser\u00e1 imprevisible, ilimitada.\u00bb(1) Entonces [&hellip;]<\/p>\n","protected":false},"author":6,"featured_media":5239,"comment_status":"closed","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"_monsterinsights_skip_tracking":false,"_monsterinsights_sitenote_active":false,"_monsterinsights_sitenote_note":"","_monsterinsights_sitenote_category":0,"footnotes":""},"categories":[14],"tags":[44,3],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/5238"}],"collection":[{"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/users\/6"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=5238"}],"version-history":[{"count":2,"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/5238\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":8552,"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/5238\/revisions\/8552"}],"wp:featuredmedia":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/media\/5239"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=5238"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=5238"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=5238"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}