{"id":5165,"date":"2022-07-08T22:01:04","date_gmt":"2022-07-08T22:01:04","guid":{"rendered":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/?p=5165"},"modified":"2023-11-24T18:29:00","modified_gmt":"2023-11-24T18:29:00","slug":"otra-aproximacion-a-la-literatura-infantil-venezolana","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/otra-aproximacion-a-la-literatura-infantil-venezolana\/","title":{"rendered":"Otra aproximaci\u00f3n a la literatura infantil venezolana"},"content":{"rendered":"<h4 style=\"text-align: right;\">Hilda Inojosa<\/h4>\n<p><strong>Para efectos de una definici\u00f3n<\/strong><\/p>\n<p>Es menester referirse a la oralidad y su funci\u00f3n recreadora en Venezuela, para iniciar este recorrido. Se trata de aquellos tiempos remotos cuando nuestros antepasados encontraron en la historia, en el cuento, la v\u00eda expedita para pasar el rato de una forma amena. Antes de la llegada de los espa\u00f1oles a Am\u00e9rica ya lo hac\u00edan las etnias en sus diversas lenguas y, posteriormente, el habitante de los campos se arm\u00f3 de la palabra para compartir en grupos. Este fen\u00f3meno se dio al inicio de manera general porque no se distingu\u00eda entre adultos y ni\u00f1os, lo que s\u00ed es cierto es que el \u00e9xito del narrador resid\u00eda en gran medida en el contenido de lo que narraba. Si el material no era del agrado del que escuchaba sencillamente se retiraba, manifestaba su aburrimiento y pasaban a otro narrador.<\/p>\n<p>En el caso de los peque\u00f1os de la casa se sumaban a escuchar cuentos, pero ten\u00edan sus propias exigencias, las que posteriormente se fueron considerando imprescindibles a la hora de contar. Este fen\u00f3meno de la oralidad es fundamental si se quiere comprender la fortaleza de la literatura para ni\u00f1os.<\/p>\n<p>Mucho tiempo despu\u00e9s, cuando aparece la imprenta, se comienzan a editar los primeros textos para ni\u00f1os pero bajo la impronta did\u00e1ctica, con la intenci\u00f3n de educarlos de una forma indirecta. Para ese entonces, se pensaba que la moraleja, el serm\u00f3n, el rega\u00f1o eran pertinente t\u00e1cticas de formaci\u00f3n y que ello vendr\u00eda aparentemente disfrazado en los libros y relatos. Estos materiales se alejaron de la riqueza propia de la oralidad y no pasaron de ser libros aburridos y sin gracia, por ello, prontamente olvidados.<\/p>\n<p>En este punto hay que detenerse y examinar eso que se ha dado en denominar \u201cliteratura infantil\u201d, \u201cliteratura infanto-juvenil\u201d o \u201cliteratura para ni\u00f1os y j\u00f3venes\u201d, en un esfuerzo in\u00fatil para tratar de clasificar lo que han de leer los noveles lectores.<\/p>\n<p>Ciertamente, la Literatura es lo que es y punto. No nos hemos detenido en examinar si aquellas obras que nos inundan el alma fueron escritas pensando en hombres, mujeres, viejos o j\u00f3venes. Cuando una obra, como Los Adioses de Juan Carlos Onetti, nos deja sin aliento hasta concluir su lectura, lo logra porque se trata de un mundo est\u00e9tico que \u201cviene en auxilio de lo no id\u00e9ntico, de lo oprimido de nuestra identidad, por nuestra presi\u00f3n identificadora\u201d. Lo mismo pasa cuando tomamos la Edad de Oro de Mart\u00ed en alguno de sus variados textos o a Rub\u00e9n Dar\u00edo en su celebrado poema Margarita. Qu\u00e9 hay en ellos que logran atrapar a los lectores y enamorarlos una y otra vez.<\/p>\n<p>Para Adorno (1969) \u201clos insolubles antagonismos de la realidad aparecen de nuevo en las obras de arte como problemas inmanentes de su forma. Y es esto y no la inclusi\u00f3n de los momentos sociales, lo que define la relaci\u00f3n del arte con la sociedad\u201d. De tal forma que la expresi\u00f3n literaria se ci\u00f1e a los l\u00edmites de su propia literariedad, la cual se vincula a contextos tales como la tradici\u00f3n literaria y cultural de los pueblos y a su \u00e1mbito ling\u00fc\u00edstico. Ello le permite crear un sistema secundario de comunicaci\u00f3n y la configuraci\u00f3n del propio texto en s\u00ed en su calidad de sistema semi\u00f3tico capaz de generar diversas estructuras.<\/p>\n<p>La Literatura viene de esta manera a constituirse en un lenguaje \u00fanico, diferente, que parte de una fuente pero que se fortalece y crece con autonom\u00eda discursiva. Est\u00e1 lejos de la trivialidad o supuesta \u201csencillez\u201d, aunque trabaje muchas veces con ella.<\/p>\n<p>Sobre este mismo t\u00f3pico apunta el profesor Barrera (2003) que \u201caceptada la literatura como actividad humana relacionada b\u00e1sicamente con el lenguaje y su funcionamiento social, la noci\u00f3n de g\u00e9nero estar\u00eda estrechamente vinculada con los procesos inherentes a lo que se conoce como cambios ling\u00fc\u00edsticos\u201d. El g\u00e9nero literario, entonces, podr\u00eda definirse en atenci\u00f3n a su funcionamiento dentro de un sistema social determinado. Para el investigador, el texto literario manifiesta competencias ling\u00fc\u00edsticas, comunicativas, pragm\u00e1ticas y literarias propiamente dichas que le caracterizan como tal.<\/p>\n<p>Barrera (2003) afirma que existen factores presentes en el proceso de comunicaci\u00f3n del texto literario tales como la contemporaneidad, la literariedad y el reconocimiento social, pero ello no impide que el texto funcione como un cosmos en s\u00ed mismo, es decir, con autonom\u00eda. Para Foucault (1996) la Literatura ocupa un lugar esencial dentro del lenguaje y de la cultura por lo que ha de considerarse unida a las pr\u00e1cticas culturales y sociales del grupo que la genera. Una particularidad de la obra literaria, seg\u00fan Coseriu (1962) es el que ella comporta su propio contexto. Ella misma brinda el espacio para que la comunicaci\u00f3n se produzca. Seg\u00fan su punto de vista la Literatura es un discurso que tiene una finalidad. He aqu\u00ed sus propias afirmaciones:<\/p>\n<p><em>Mientras en la informaci\u00f3n la finalidad es exterior, es transmitir conocimiento de algo con un objeto, en la obra literaria la finalidad es la obra misma: la finalidad de la Il\u00edada es la Il\u00edada, no alguna finalidad exterior, no algo instrumental. Ello no significa, claro est\u00e1, que la obra literaria no pueda tener tambi\u00e9n una finalidad instrumental; pero no por ello es obra literaria\u2026. Quiero insistir en esto: el discurso literario no informa sino que hace\u2026. En el discurso literario el sentido no coincide con el significado y la designaci\u00f3n, \u00e9stos son siempre significantes para otro sentido. (p.6).<\/em><\/p>\n<p>Aun cuando el compromiso asumido para estas p\u00e1ginas es un recuento de lo que ha sido la Literatura Infantil venezolana, pienso que es necesario partir de un acercamiento hacia estos pareceres pues, sin duda, ello obligar\u00e1 a no incluir toda publicaci\u00f3n dirigida a los ni\u00f1os en el mismo rubro.<\/p>\n<p>La dial\u00f3gica sobre literatura es antigua y no resuelta del todo, pero si vamos a hablar de ella lo menos que se puede hacer es determinar el camino para su comprensi\u00f3n, previo a la descripci\u00f3n de obras y enumeraci\u00f3n de autores.<\/p>\n<p>En este mismo sentido y ya para entrar en el tema espec\u00edfico de lo est\u00e9tico referido a ni\u00f1os, ser\u00eda justo contemplar los postulados de Jesualdo (1973), uno de los cr\u00edticos literarios m\u00e1s reconocidos dentro del g\u00e9nero. Para \u00e9l, la literatura que debe ir a los ni\u00f1os es precisamente esa que se caracteriza por su literariedad, por su valor est\u00e9tico y, por lo tanto, quien la produce ha de ser ante todo un escritor, un creador.<\/p>\n<p>Para este cr\u00edtico, existen escritos que no fueron dirigidos a ni\u00f1os y que, sin embargo, resultan verdaderos aciertos en la materia; otros concebidos para lectores infantiles no pasan de ser materiales informativos que est\u00e1n muy lejos de lo aut\u00e9nticamente literario y, por ello, fracasan en su cometido. Except\u00faa, Jesualdo, a aquellos creadores que de antemano tuvieron la intenci\u00f3n de escribir para ni\u00f1os y logran obras magistrales.<\/p>\n<p>Otra cr\u00edtica destacada lo es Elizagaray (1975) para quien la Literatura Infantil refleja las caracter\u00edsticas del juego en todo lo que ella tiene de evasi\u00f3n o de mundo inventado por el autor. Por lo tanto, el libro infantil debe contribuir a sensibilizar el mundo interior del ni\u00f1o y condicionarlo como lector y para ello ha de ser po\u00e9tico, tierno, sencillo e interesante. En opini\u00f3n de Italo Tedesco (2003), la literatura Infantil es una dialectizaci\u00f3n de la literatura en general, pero que responde a criterios espec\u00edficos que le dan cabida al ni\u00f1o lector. Afirma que se trata de un complejo sistema semi\u00f3tico donde confluyen muchos sistemas de signos y se permite el hacer sentir, es decir, toca la fibra de la sensibilidad en el buen sentido de la palabra. Es el arte de la palabra.<\/p>\n<p>Del mismo criterio es la venezolana Navas Griselda (1995), quien se\u00f1ala que la literatura infantil es un t\u00e9rmino convencional por el que se reconoce la literatura que puede ser le\u00edda, ricamente recepcionada por los ni\u00f1os y los j\u00f3venes. Pero, tambi\u00e9n sostiene que la Literatura Infantil es principalmente literatura y, por ello, no excluye el efecto de fascinaci\u00f3n en el lector adulto. Concluye se\u00f1alando que la literatura es un sistema comunicacional espec\u00edfico dentro del marco general del sistema del arte, y en consecuencia, cumple funciones comunicativas particulares dentro del gran sistema de la cultura a la que vuelve para redescubrirla con una nueva visi\u00f3n sensible y cr\u00edtica.<\/p>\n<p>Para esta estudiosa de la Literatura, la denominaci\u00f3n \u201cinfantil\u201d es solo un formalismo, pues coincide con los cr\u00edticos rese\u00f1ados anteriormente en cuanto a la concepci\u00f3n de lo literario.<\/p>\n<p>Podr\u00edamos continuar con diversas posiciones en torno a lo que ha de conocerse como Literatura Infantil pero agotar\u00edamos el espacio y no se concluir\u00eda pues la diversidad en este campo es infinita. Cabe destacar que la orientaci\u00f3n dada para efectos de este escrito a la literatura infantil, apunta hacia el hecho literario, indistintamente si va dirigido o no a los ni\u00f1os. Lo verdaderamente importante es que evoque el mismo esp\u00edritu creador y exija el mismo grado de responsabilidad y seriedad que cualquier obra de arte. Se parte, entonces, de una concepci\u00f3n art\u00edstica para poder comprender el porqu\u00e9 se mezclan autores de diversa \u00edndole en este recorrido y no \u00fanicamente a aquellos que dicen escribir para ni\u00f1os.<\/p>\n<p><strong>Representantes de la Literatura Infantil en Venezuela<\/strong><\/p>\n<p>Resulta un verdadero reto hablar de representantes de la Literatura Infantil venezolana, ya que son muchos los escritores que han incursionado en este rubro aun sin intencionalidad preconcebida. No obstante, existe un punto de coincidencia entre los cr\u00edticos que fija la mirada en la figura de Rafael Rivero Oramas, pues fue \u00e9l quien vio en la rica veta oral las potencialidades de un material que fuese bien recibido por ni\u00f1os sin la imposici\u00f3n de un adulto1.<\/p>\n<p>A partir del a\u00f1o 38 con la creaci\u00f3n de la revista Onza, Tigre y Le\u00f3n y, posteriormente, con Tricolor se da la bienvenida a materiales dirigidos a ni\u00f1os en el pa\u00eds bajo la direcci\u00f3n de Rivero Oramas. Onza, Tigre y Le\u00f3n reun\u00eda materiales diversos pero lo m\u00e1s interesante, lo que buscaban los ni\u00f1os de entonces eran los cuentos y leyendas de la tradici\u00f3n oral contados por Rafael Rivero Oramas, director de la revista. En 1949 se suspendi\u00f3 la publicaci\u00f3n de este \u00f3rgano divulgativo y el mismo equipo pas\u00f3 a editar la revista Tricolor. Esta lleg\u00f3 a encartarse gratuitamente en la prensa nacional, logrando gran \u00e9xito entre la chiquillada. Tambi\u00e9n fue utilizada en las aulas de clases como material complementario para la formaci\u00f3n de los educandos.<\/p>\n<p>Rafael Rivero Oramas marc\u00f3 un potencial hito en lo que se refiere a publicaciones para Ni\u00f1os en Venezuela. No solo dirigi\u00f3 tan renombradas revistas, tambi\u00e9n public\u00f3 cuentos como La bruja Candelaria (1932) y T\u00edo Conejo Detective (1933). Realiz\u00f3 adaptaciones de muchas leyendas ind\u00edgenas y escribi\u00f3 lo que podr\u00eda considerarse la primera novela de aventuras dirigida a lectores infantes que titul\u00f3 La Danta Blanca (1965). Cabe destacar su obra El mundo de t\u00edo conejo (1973), una de las m\u00e1s acertadas recopilaci\u00f3n folkl\u00f3rica nacional.<\/p>\n<p>Seg\u00fan las investigaciones realizadas por el cr\u00edtico Efra\u00edn Subero (1977), el cultivo sistem\u00e1tico de la literatura infantil se inicia en Venezuela en 1918 con la afamada generaci\u00f3n del 1918, ya que se producen textos altamente signiicativos en el \u00e1rea, tales como: La Huerta de Do\u00f1ana (1920) de Fernando Paz Castillo, que fue publicado cincuenta a\u00f1os despu\u00e9s de su elaboraci\u00f3n. Mariano Pic\u00f3n Salas ocupa sitial de honor con su texto Viaje al amanecer (1943) y Tulio Febres Cordero destaca con Las cinco \u00e1guilas Blancas.<\/p>\n<p>En la misma l\u00ednea de Oramas se encuentra Antonio Arraiz, quien publica a partir de los cuarenta sus Cuentos de T\u00edo Tigre y T\u00edo Conejo, La Cucarachita Mart\u00ednez y el rat\u00f3n P\u00e9rez en la Revista Nacional de Cultura. El mismo Subero (ob.cit) acota que la veta folkl\u00f3rica es continuada por Luis Eduardo Egui y Pilar Almoina de Carrera. El primero public\u00f3 Cuentos para ni\u00f1os (1971) y la segunda realiz\u00f3 un importante trabajo de recopilaci\u00f3n de literatura oral que sistematiz\u00f3 en su libro El camino de T\u00edo Conejo (1970). Tambi\u00e9n public\u00f3 Este era una vez (1968).<\/p>\n<p>Subero asocia la tradici\u00f3n en la literatura infantil venezolana al nombre de Adolfo Ernst, quien en 1893 en la c\u00e9lebre revista El Cojo Ilustrado, aporta una serie de formas para el cancionero popular de Venezuela. De igual forma, abogaron por el rescate de lo folkl\u00f3rico, tan en consonancia con lo literario para ni\u00f1os, iguras tales como Lisandro Alvarado, Enrique Planchart, Jos\u00e9 Machado, Pedro Montesinos, Miguel Acosta Saignes, Rafael Olivares Figueroa, Juan Liscano, Miguel Cardona, Isabel Aretz, Luis Felipe Ram\u00f3n y Rivera, Luis Arturo Dom\u00ednguez y Gustavo Luis Carrera.<\/p>\n<p>Otros escritores que destacan en este quehacer en Venezuela son Lola de Angeli con Los cuentos de Mam\u00e1 Lola (1968), Ida Gramcko con Juan sin miedo (1956); Reyna Rivas con El perico Asado (1955) y Hern\u00e1n Hedderich con 13 Cuentos para ni\u00f1os de ayer y de hoy (1979) y Cuentos de la Negra Dominga (s\/f). Indudablemente Teresa de la Parra con Memorias de Mam\u00e1 Blanca e Ifigenia (1929) tambi\u00e9n debe ser mencionada. Sus escritos formaron parte de los programas oficiales de Lengua y Literatura como lecturas modelo por mucho tiempo. Igual suerte corri\u00f3 Ana Isabel una ni\u00f1a decente (1949), escrita por Antonia Palacios.<\/p>\n<p>Incursionaron en el campo literario infantojuvenil nacional, otros pilares de la literatura venezolana. Luis Urbaneja Achelpohl public\u00f3 Ovej\u00f3n (1922); Jos\u00e9 Rafael Pocaterra edit\u00f3 De c\u00f3mo Panchito Mandefu\u00e1 cen\u00f3 con el ni\u00f1o Jes\u00fas y La I latina; Pedro Emilio Coll divulg\u00f3 El diente roto en El Castillo de Elsinor (1901) y Julio Garmendia public\u00f3 Manzanita (1951). De este \u00faltimo escritor fueron publicados, adem\u00e1s, El m\u00e9dico de los Muertos (1986) y La m\u00e1quina de hacer \u00a1pu! \u00a1pu! \u00a1puuu! (1986). Estos textos, aunque no creados pensando en un lector infantil, se convirtieron en verdaderos aliados para fomentar el gusto por la lectura en ni\u00f1os por el fino humor que los caracteriza y por ser aut\u00e9nticas joyas de las letras venezolanas.<\/p>\n<p>Menci\u00f3n especial merece la producci\u00f3n de Orlando Araujo, cuyos relatos Miguel Vicente Pata Caliente (1971), y posteriormente, Los viajes de Miguel Vicente Pata Caliente (1979), se constituyeron en referente obligado de la literatura para ni\u00f1os en Venezuela. Su elocuente estilo y su cercan\u00eda al di\u00e1logo infantil son recursos que atrapan a los m\u00e1s peque\u00f1os. Tambi\u00e9n escribi\u00f3 un libro menos referenciado titulado Cartas a Sebasti\u00e1n para que no me olvide (1988). En esta producci\u00f3n, que realiza Araujo desde prisi\u00f3n, logra desplegar una prosa po\u00e9tica incomparable. Dec\u00eda el autor \u201cun libro es un p\u00e1jaro que canta fuera del aula, sobre un r\u00edo, en la monta\u00f1a o en el desvelo de tus madrugadas\u201d.<\/p>\n<p>Me tomar\u00e9 la libertad de detenerme un poco en Cartas a Sebasti\u00e1n&#8230; porque este material logra conjugar de una manera bastante singular la belleza de lo po\u00e9tico con lo axiol\u00f3gico sin necesidad de dar lecciones que el ni\u00f1o no quiere escuchar. En esta prosa hay un respeto desmedido, sin duda digno de admiraci\u00f3n por el lector infantil. Tome usted cualquiera de las \u201ccartas\u201d, por ejemplo, la titulada Sobre la muerte y notar\u00e1 c\u00f3mo un tema tan escabroso, al cual muchos autores dan la espalda, el autor lo trabaja de forma subliminal desde la sencillez. Leamos:<\/p>\n<p><em>La muerte es una cosa muy de uno y sin espejos, de pronto te miras a ti mismo y no te ves. La muerte es como cerrar los ojos y dormir\u2026.Si no fuera por la muerte, Juancho, yo no vivir\u00eda y t\u00fa no tendr\u00edas el delicioso sue\u00f1o del recuerdo. Uno muere al nacer precisamente porque vive. F\u00edjate bien: miles y miles de espermatozoides buscaron y lucharon para alcanzar el \u00f3vulo de tu madre. S\u00f3lo uno lo alcanz\u00f3. \u00bfTe das cuenta que al nacer eres ya un sobreviviente? La vida es el bello rel\u00e1mpago de un triunfo. No la malgastes. Y digan lo que digan, camina hacia la muerte con toditico t\u00fa. (Ob Cit. p. 49)<\/em><\/p>\n<p>Esta forma de escribirle al ni\u00f1o es como estar conversando con \u00e9l y el lector queda de esta manera extasiado en su di\u00e1logo particular con las letras. Satisface su necesidad de saber sin aprendizajes directos porque la palabra vibra y, con ella, quien la escucha, quien la lee.<\/p>\n<p>Otro creador similar pero con su particular estilo fue Aquiles Nazoa. Public\u00f3 prosa, teatro y poes\u00eda no necesariamente con la intenci\u00f3n de que la leyeran los ni\u00f1os, pero el manejo del humor y la cotidianidad vertido en un lenguaje preciso y lleno de musicalidad convirti\u00f3 la mayor\u00eda de sus obras en preciado material que gusta por igual a ni\u00f1os, j\u00f3venes y adultos. \u00bfQui\u00e9n no recuerda El arrocito de las L\u00f3pez o F\u00e1bula de la ratoncita presumida entre variados textos incluidos en Humor y Amor (1970)? Los escritos de Aquiles ense\u00f1an sin decirlo, forman sin que nos percatemos de ello y, sobre todo, recrean en el mejor sentido de la palabra. Entre sus obras resalta un relato un corto que el poeta titul\u00f3 La historia de un caballo que era bien bonito, el cual ha sido objeto de diversos an\u00e1lisis literarios e incluido en bibliotecas escolares. Tambi\u00e9n escribi\u00f3 Caperucita Roja Criolla (1955), Poes\u00eda para colorear (1958), El burro lautista (1958), Caballo manteca (1960); Vida privada de las mu\u00f1ecas de trapo (1975), Poes\u00edas costumbristas, humor\u00edsticas y festivas (1963), entre otras.<\/p>\n<p>Tampoco se puede olvidar la obra de Oscar Guaramato, quien escribi\u00f3 Biograf\u00eda de un Escarabajo (1949) y La ni\u00f1a vegetal (1953), textos que han sido incorporados a los programas del Ministerio del Poder Popular para la Educaci\u00f3n a fin de que sean trabajados con los educandos. Tambi\u00e9n Salvador Garmendia incursion\u00f3 en el g\u00e9nero para ni\u00f1os con El Turpial que vivi\u00f3 dos veces.<\/p>\n<p>Otro libro significativo, espec\u00edfico en el campo de la poes\u00eda, lo constituye Canta Pirulero (1950) de Manuel Felipe Rugeles, considerado el mejor poemario infantil en toda la historia de la literatura venezolana. De igual forma y en el mismo g\u00e9nero po\u00e9tico vale destacar la figura de Ana Teresa Hern\u00e1ndez con Peque\u00f1\u00edn (1959), Fuentecita cantarina (1965), F\u00e1bulas de juguetes (1963) y Campana de recreo (1976), entre tanto a Josefina Urdaneta le debemos Alas de Letras (1976) y a Fernando Paz Castillo El pr\u00edncipe Moro (1982).<\/p>\n<p>A continuaci\u00f3n alguna de las obras de autores de exigida menci\u00f3n, cuando se espera a presentar un buen inventario de la lectura que se ajusta a los gustos de los m\u00e1s peque\u00f1os: Luis Barrios Cruz con Plenitud (1944), Andr\u00e9s Eloy Blanco con La aeroplana clueca (1935) y Giraluna (1955). Carmen Delia Bencomo, narradora de cuentos, obtuvo el primer premio en el concurso de cuentos infantiles auspiciado por el Banco del Libro con el texto La cigarra ni\u00f1a (1965) y con la obra Los Papagayos (1967) gan\u00f3 el primer premio de teatro infantil promovido por la Direcci\u00f3n de Cultura de la Universidad Central de Venezuela. Tambi\u00e9n obtuvo premios con Cartilla del aire (1970) y Un cuento blanco para Mary (1983). Public\u00f3 Mu\u00f1equitos de aserr\u00edn (1958), Cocuyos de Cristal (1965), Los luceros cuentan ni\u00f1os (1967), El diario de una mu\u00f1eca (1972), Los cuentos del colibr\u00ed (1984) y Cantaclaro (1997).<\/p>\n<p>Blanca Arias y Velia Bosch son otras escritoras interesadas en el campo de la Literatura Infantil en sus variadas acepciones. La segunda, compiladora y cr\u00edtica literaria en el \u00e1mbito de la Literatura para ni\u00f1os, public\u00f3 Arrumango en 1965. En este mismo orden, destacan Morita Carrillo con su Festival de Roc\u00edo (1955), Beatriz Mendoza de Sagarzaz\u00fa, quien escribiera Viaje en Barco de papel (1956) y quien en 1983 hiciera una recopilaci\u00f3n valiosa de poes\u00eda venezolana con el t\u00edtulo La Infancia en la poes\u00eda venezolana. Elizabeth Schon cuenta con un poemario titulado El abuelo, la cesta y el mar (1965); Jes\u00fas Rosas Marcano sobresale con A media mar (1975), Cotiled\u00f3n, Cotiled\u00f3n la vida (1965) y Manso vidrio del aire (1968). Por su parte, Rafael Olivares Figueroa public\u00f3 el a\u00f1o 1972 su Antolog\u00eda de poes\u00eda Infantil en la que recoge lo m\u00e1s variado del g\u00e9nero. Este libro es de inevitable referencia para todo aquel que desee investigar sobre Literatura Infantil Venezolana.<\/p>\n<p>Dentro de este hacer po\u00e9tico, la Editorial Banco del Libro public\u00f3 una recopilaci\u00f3n de Abilio Padr\u00f3n intitulada \u00bfQu\u00e9 ser\u00e1, qu\u00e9 no ser\u00e1? (1980) que recoge adivinanzas y retah\u00edlas populares muy divertidas y ajustada al gusto de los m\u00e1s peque\u00f1os y T\u00fan, tun \u00bfqui\u00e9n es? bajo el mismo estilo. Otra producci\u00f3n literaria de gran renombre en Venezuela es \u00bfQu\u00e9 le pasa a t\u00edo cachicamo? (1983) de Carlos Izquierdo, periodista creador del programa radial de informaci\u00f3n para ni\u00f1os denominado \u201cLas Cosas del Abuelo\u201d.<\/p>\n<p>Escritores como Ram\u00f3n Palomares encontraron en los relatos de los ind\u00edgenas un rico material para trabajar con excelentes resultados en el campo de la literatura infantil. Es el caso del texto La rana, el tigre, los muchachos y el fuego (Ediciones Caballito del Sol, 1969), cuento makiritare2 adaptado por el poeta en coautor\u00eda con escritor David Alizo. Tambi\u00e9n han resultado exitosas otras adaptaciones de cuentos guajiros y pemones en manos de Kurusa y Ver\u00f3nica Uribe, publicadas por el Banco del Libro. Entre ellas destacan El cocuyo y la Mora (1978), El tigre y el rayo (1979), El rabipelado burlado (1978), El conejo y el mapurite (1980), La capa del Morrocoy (1982) y El burrito y la tuna (1983). Las mencionadas autoras parten del trabajo compilado por Paz Ipuana Ram\u00f3n y Fray Ces\u00e1reo de Armellada.<\/p>\n<p>Interesa referir, en este mismo sentido, un texto publicado por la Editorial Tinta, Papel y Vida en el a\u00f1o 1984 con el t\u00edtulo Caliebirri-nae Cudeido, relato de Luis Blanco, miembro de la comunidad guajira. Se trata de un m\u00e9todo original de difusi\u00f3n de la ancestral creaci\u00f3n literaria ind\u00edgena venezolana con sentido comunitario. Es una pieza representativa de la literatura oral Jivi-Guajiba3 y da cuenta de una metodolog\u00eda novedosa, ya que responde a un trabajo de equipo donde el vocero es la propia comunidad. Tambi\u00e9n Miguel \u00c1ngel Jusay\u00fa es un nombre necesario dentro del rescate de mitos y leyendas ind\u00edgenas apropiadas a lectores juveniles y producciones propias.<\/p>\n<p>Como autores de la contemporaneidad cuyas obras rescatan el espacio de lo cotidiano y de la realidad con una buena dosis de imaginaci\u00f3n se tiene a Laura Antillano, quien publica La muerte del monstruo come-piedra (1971 &#8211; 1996), Un carro largo se llama tren (1975), La luna no es pan de horno (1988), Cenan los tigres la noche de Navidad? (1990 &#8211; 2005), Jacobo ahora no se aburre (1991), Diana en la tierra way\u00fau (1992), Una vaca querida (1996), Emilio en busca del enmascarado de plata (2005) y La luna no es pan de horno y otros cuentos (2005). La obra de Antillano es profusa y valiosa para comprender el proceso de la producci\u00f3n literaria para ni\u00f1os y j\u00f3venes en Venezuela.<\/p>\n<p>Tambi\u00e9n Mar\u00eda del Pilar Quintero, docente de la Universidad de los Andes, ha realizado una labor sobresaliente en lo que concierne a esta tem\u00e1tica. Arcal\u00eda, la gran tejedora (1987) y Uribe, la madrina de las palabras (1989) son muestras de un excelente trabajo realizado para ni\u00f1os sin perder la perspectiva de lo literario. En Arcal\u00eda, por ejemplo, se manifiesta un viaje dual iniciado por el personaje principal que pone de manifiesto una traslaci\u00f3n f\u00edsica y maravillosa a la vez que permite la mitificaci\u00f3n de la Gran madrina de los tejedores. La estructura narrativa descansa sobre la base del n\u00famero cuatro, s\u00edmbolo de perfecci\u00f3n y creaci\u00f3n. El relato apunta hacia una cosmogon\u00eda de lo perfecto, lo deseable y, para ello, el narrador se vale de la reiteraci\u00f3n, de la imagen, la an\u00e1fora, el s\u00edmbolo y ubica a sus lectores en medio de un cuadro arm\u00f3nico donde el viento musita de puerta en puerta produciendo una especie de cadencia que subyace al c\u00f3digo grafem\u00e1tico. Esta situaci\u00f3n de armon\u00eda que se presenta en las caracter\u00edsticas de las madrinas, en los hilos m\u00e1gicos, en los sue\u00f1os de los habitantes de los pueblos y hasta en la conversi\u00f3n de Arcal\u00eda, permite la presentaci\u00f3n del elemento cotidiano pero elevado a categor\u00eda art\u00edstica, pues da cuenta de un lenguaje metaf\u00f3rico. Por otro lado, la inserci\u00f3n en el mito abre m\u00faltiples posibilidades a la imaginaci\u00f3n. El relato satisface la funci\u00f3n est\u00e9tica y a la vez no escapa a determinada posici\u00f3n axiol\u00f3gica manifiesta en la esperanza y la fe en un futuro lleno de sue\u00f1os que no se desliga de las creencias propias de un pueblo: el nuestro.<\/p>\n<p>Marisa Vannini public\u00f3 La Fogata en el a\u00f1o 1979 y Francisco Massiani obtuvo un gran \u00e9xito con Piedra de mar (1968). Ambos textos pueden considerarse como novelas cortas. Caupolic\u00e1n Ovalles escribi\u00f3 El pump\u00e1 volador de Armando publicado por la Editorial Mar\u00eda Di Mase en el a\u00f1o 1980. Esta publicaci\u00f3n se basa fundamentalmente en cuadros de Armando Rever\u00f3n, all\u00ed se organiza un poco su vida en funci\u00f3n de su arte. En Venezuela, adem\u00e1s cuenta, Ver\u00f3nica Uribe en El libro de las f\u00e1bulas (2004), en Diego y los limones m\u00e1gicos (1998), en Diego y el barco pirata (2000) y El mosquito zumbador (2002).<\/p>\n<p>Armando Jos\u00e9 Sequera destaca entre el grupo de nuevos narradores con textos, tales como: Evitarle malos pasos a la gente (1993), F\u00e1bula del cambio de rey (1991), Cuentos de humor, ingenio y sabidur\u00eda (1995), Varias navidades al a\u00f1o (1995), Espantarle las tristezas a la gente (1995); Teresa (2000); y Mi mam\u00e1 es m\u00e1s bonita que la tuya (2005). Por su parte Luiz Carlos Neves es poseedor de una extensa obra po\u00e9tica que enriquece el acervo literario de los ni\u00f1os. Recordamos a Historias del sapo Curur\u00fa y Carabela, Calavera.<\/p>\n<p>Un nombre que no puede pasar desapercibido en estos nuevos tiempos es el de Mireya Tabuas, periodista, dramaturga, narradora y guionista. Su literatura para ni\u00f1os se caracteriza por la agilidad y un sentido especial del realismo, no despojado de humor y fina gracia. Su cuento \u00bfC\u00f3mo besar a un sapo? forma parte de un volumen con el cual se hizo acreedora del Premio Canta Pirulero otorgado por el Ateneo de Valencia. Entre sus publicaciones se encuentran: Cuentos para leer a escondidas, publicado por Monte \u00c1vila Editores Latinoam\u00e9rica y Cuentos prohibidos por la abuela. Esta escritora explora el terreno de los temas tab\u00faes.<\/p>\n<p>A su lado se encuentra Fedosy Santaella, autor de libros, tales como: Historias que espantan el sue\u00f1o, Fauna de palabras y Verduras y Travesuras. Tambi\u00e9n est\u00e1 Mar\u00eda Elena Maggi, constante investigadora dentro del g\u00e9nero que ac\u00e1 se trata. Ella ha publicado, entre otros libros: \u00bfA qui\u00e9n no le gusta leer?, Cuentos de navidad, A la una la luna. Este \u00faltimo considerado por el Banco del Libro entre los mejores textos y t\u00edtulo imprescindible en la biblioteca escolar venezolana. El poeta venezolano, Luis Alberto Crespo, tambi\u00e9n es autor de un libro para ni\u00f1os: Poes\u00eda venezolana para ni\u00f1os (2007). Su producci\u00f3n, sin lugar a dudas, es una de las m\u00e1s notorias dentro de la poes\u00eda venezolana.<\/p>\n<p>Otros autores venezolanos que nos han legado piezas infantiles son: Carlos Augusto Le\u00f3n, Joseina Urdaneta, Carmen Dearden, Mercedes Franco, Yolanda Pat\u00edn, Rafael Arraiz Lucca, Ednodio Quintero y Aminta D\u00edaz. Los investigadores y estudiosos de la Literatura infantil en Venezuela han generado todo un movimiento para motivar a los peque\u00f1os hacia la lectura y, para ello, han dise\u00f1ado y difundido multiplicidad de actividades destinadas tanto para especialistas como para la propia chiquiller\u00eda. Se mueven en estos escenarios figuras como: Carolina Jim\u00e9nez, Miguel M\u00e1rquez, Antonio Trujillo, Freddy Torres, Pablo Ram\u00edrez, Carlos Ildemar P\u00e9rez, Rafael Rodr\u00edguez Calca\u00f1o (David Carav\u00e1s), Moraima Rodr\u00edguez, Avilio Gonz\u00e1lez Tineo, Rodolfo Porras, Marcos Montero, Oswaldo Blanco, Xavier Saraya, Carolina Rodr\u00edguez, \u00c1lvaro C\u00e1ceres, Armando Arce, Luis Cede\u00f1o, Gabriel Jim\u00e9nez Em\u00e1n, Isabel Zerpa, Rosario Anzola y muchos m\u00e1s.<\/p>\n<p>Justo es antes de concluir esa enumeraci\u00f3n obligada, hacer menci\u00f3n al teatro, a las representaciones, y a la prensa dirigida a ni\u00f1os porque ocupan tambi\u00e9n un lugar especial en este conjunto de saberes.<\/p>\n<p>En la revisi\u00f3n realizada por el Dr. Efra\u00edn Subero (1977) se recogen varias muestras de teatro para ni\u00f1os. El lobo enamorado (1946) de Eduardo Calca\u00f1o, El Tambor m\u00e1gico (1961) del dramaturgo Jos\u00e9 Ignacio Cabrujas, Los papagayos (1968) de Delia Bencomo, Teatro para los ni\u00f1os (variadas publicaciones en la revista Tricolor) de Morita Carrillo; Hubo una vez un hombre de Luis Eduardo Egui (1969) y Teatro infantil, Juan bobo no es tan bobo (1963) de Alarico G\u00f3mez.<\/p>\n<p>Oscar Guaramato compuso un gui\u00f3n para teatro de t\u00edteres titulado La ara\u00f1a y Amalivac publicado en revista Educaci\u00f3n para el 1948. Nazoa tambi\u00e9n aporta en este g\u00e9nero al igual que Mart\u00edn Pulgar, Mar\u00eda Luisa de Planchart, Rodolfo Quintero, Sanju\u00e1n Bel\u00e9n y el propio Efra\u00edn Subero con su libro Teatro Escolar (1970). En Venezuela, tambi\u00e9n las Universidades han realizado una tarea significativa para acercar a los ni\u00f1os y j\u00f3venes al teatro.<\/p>\n<p>Un punto un tanto m\u00e1s escabroso es el referido al peri\u00f3dico. El autor venezolano m\u00e1s destacado al respecto es Rosas Marcano, quien se dio a la tarea de llevar a maestros y alumnos a talleres sobre la elaboraci\u00f3n del peri\u00f3dico. Sin embargo, quiero decir ac\u00e1 que es distinto el peri\u00f3dico escolar a la prensa dirigida a los ni\u00f1os. En Venezuela, adem\u00e1s de la revista Onza, Tigre y Le\u00f3n y Tricolor \u2013publicaciones previamente comentadas\u2013 y los encartados como El barquito, Perro nevado y otros, surgi\u00f3 un aut\u00e9ntico peri\u00f3dico para los peque\u00f1os. Se trat\u00f3 de El Cohete (el peri\u00f3dico de los ni\u00f1os), editado por Maria Di Mase. Aparec\u00eda cada quince d\u00edas y los ni\u00f1os pod\u00edan suscribirse para que les fuese entregado en casa. Realmente, El Cohete s\u00ed respond\u00eda a lo que deb\u00eda llamarse prensa para ni\u00f1os, pues se trataba de un tabloide recortado que estaba al d\u00eda con lo que pasaba en el mundo y, especialmente, en Venezuela. Lo que era noticia para el adulto lo era para el ni\u00f1o solo que se escrib\u00eda en su propio lenguaje. Esta publicaci\u00f3n recibi\u00f3 el Premio nacional de periodismo en su menci\u00f3n especial. A pesar de su calidad desapareci\u00f3 por razones econ\u00f3micas y hasta los momentos no se conoce ning\u00fan esfuerzo que haya rescatado la esencia de lo que logr\u00f3 esa fabulosa publicaci\u00f3n.<\/p>\n<p><strong>A manera de reflexi\u00f3n final<\/strong><\/p>\n<p>La actividad del hombre siempre ha estado signada por el hecho creador. Cuando se trata de los j\u00f3venes y ni\u00f1os, este acto se convierte en magia, en un trayecto, cuyo itinerario es la imaginaci\u00f3n. Sin l\u00edmites el ni\u00f1o da rienda suelta a su fantas\u00eda, pero para que esto sea as\u00ed ha de encontrarse con materiales que se lo permitan y ello \u00fanicamente es posible mediante la literatura. Ese hacer literario del cual se hablaba en la introducci\u00f3n a este trabajo.<\/p>\n<p>Son los ni\u00f1os y los j\u00f3venes quienes toman para s\u00ed el producto de la creaci\u00f3n intelectual que alcanzan a percibir. Ellos tienen caracter\u00edsticas muy peculiares que los definen, entre ellas el poder de cambiar en entidad espiritual todo objeto, todo lo material, toda idea, mientras se encuentran abandonado a su juego. Ellos como supremos lectores tienen derecho a decidir cu\u00e1l es la literatura que le apetece y le conviene y segura estoy de que pueden hacerlo bien. El arte que emplea como instrumento la palabra no debe encerrarse ni limitarse en funci\u00f3n de un lector. De todas formas cuando el libro llega a las manos del ni\u00f1o, este con sincera ingenuidad ejercer\u00e1 sobre \u00e9l una acertada cr\u00edtica. Tal como se\u00f1ala Mar\u00eda del Pilar Quintero (1987: pp.7-8):<\/p>\n<p><em>no existen, ni han existido nunca, creadores de literatura infantil\u2026 Los autores de obras justamente clasificadas dentro del campo de la literatura infantil deben ese honor no a una intenci\u00f3n expresada en acci\u00f3n deliberada del emisor sino a una aceptaci\u00f3n o, m\u00e1s bien, asunci\u00f3n realizada por la gente que habita el mundo de los ni\u00f1os. La literatura infantil nace y crece cuando los ni\u00f1os toman para s\u00ed el producto de la creaci\u00f3n intelectual que alcanzan a percibir\u2026.<\/em><\/p>\n<p><em>Es necesario insistir en algo\u2026 no es posible planificar y hacer una literatura para ni\u00f1os sin que esto signifique que no exista dentro de la obra literaria total como dentro de la globalidad de la obra art\u00edstica, un apartado que los ni\u00f1os han hecho suyo\u2026 y seguir\u00e1n haci\u00e9ndolo.<\/em><\/p>\n<p>Coincidimos con la citada autora en cuanto al respeto por el lector, indistintamente si este sea adulto o ni\u00f1o; mujer u hombre. En todo caso, lo verdaderamente importante es la creaci\u00f3n literaria.<\/p>\n<p><strong>REFERENCIAS<\/strong><\/p>\n<p>Adorno, T. (1969). Teor\u00eda Est\u00e9tica. Madrid: Gredos<\/p>\n<p>Aguilar, V. (1981). Teor\u00eda de la literatura. Madrid: Gredos.<\/p>\n<p>Almendros, H. (1971). Estudio sobre Literatura Infantil. Oasis: M\u00e9xico<\/p>\n<p>Araujo, O. (1988). Cartas a Sebasti\u00e1n para que no me olvide. Caracas: Papirus Impresores.<\/p>\n<p>Armellada, C. (1983). Literaturas Ind\u00edgenas Venezolanas. Caracas: Monte \u00c1vila Editores.<\/p>\n<p>Barrera, L. (2003). Discurso y literatura. Caracas: Colecci\u00f3n Minerva El Nacional.<\/p>\n<p>Coseriu, E. (1962). Lenguaje y discurso. Espa\u00f1a: Eunsa.<\/p>\n<p>Coseriu, E. (1962). Teor\u00eda del lenguaje y Ling\u00fc\u00edstica General. Madrid: Gredos.<\/p>\n<p>Elizagaray, A. (1975). En torno a la Literatura Infantil. Cuba: Uni\u00f3n de Escritores.<\/p>\n<p>Foucault, M. (1996). De Lenguaje y literatura. Barcelona: Paid\u00f3s<\/p>\n<p>Inojosa, H. (1989). Literatura Infantil. Caracas: Instituto de Mejoramiento Profesional del Magisterio \u2013 UPEL.<\/p>\n<p>Inojosa, H. y E. Sosa. (1989). Mitos de la Regi\u00f3n Andina. Venezuela: Ediciones INF Ecuador.<\/p>\n<p>Jesualdo, S. (1973). La Literatura Infantil. Buenos Aires: Losada.<\/p>\n<p>Mercado, P. (1987). Literatura Infantil e Ideolog\u00eda. Venezuela: Publicaciones El M\u00e1caro.<\/p>\n<p>Navas, G. (1988). Ni\u00f1os, lectura y literatura. Caracas: Grostz.<\/p>\n<p>Navas, G. (1987). El Discurso literario destinado a ni\u00f1os. Caracas. Academia Nacional de la Historia.<\/p>\n<p>Prieto Figueroa, L. B. (1982). La magia de los libros. Caracas: Monte \u00c1vila Editores.<\/p>\n<p>Quintero, M. (1987). Creaci\u00f3n, Cultura y descolonizaci\u00f3n. Venezuela: Publicaciones El M\u00e1caro.<\/p>\n<p>Subero, E. (1977). La Literatura Infantil Venezolana. Caracas: Ministerio de Educaci\u00f3n.<\/p>\n<p>Subero, E. (1977). Literatura del subdesarrollo. Caracas: Equinoccio.<\/p>\n<p>Subero, E. (1970). Teatro Escolar. Caracas: Ministerio de Educaci\u00f3n.<\/p>\n<p>Subero, E. (1967). La Poes\u00eda Infantil Venezolana. Caracas: Comisi\u00f3n Nacional del Cuatricentenario de la Fundaci\u00f3n de Caracas.<\/p>\n<p>Subero, E. (1966). Bibliograf\u00eda de la Poes\u00eda Infantil Venezolana. Caracas: Shell de Venezuela<\/p>\n<p>Steiner, G. (1976\/1982). Lenguaje y silencio. Barcelona: Gedisa.<\/p>\n<p>Tedesco, I. (2003). Para una Teor\u00eda de la Literatura Infantil. En Sinopsis Educativa Revista Venezolana de Investigaci\u00f3n.<\/p>\n<p>Tejada, L. (1986). Fundamentos B\u00e1sicos de la Literatura Infantil. Venezuela: Publicaciones El M\u00e1caro.<\/p>\n<p><strong>NOTAS<\/strong><\/p>\n<p>1 Intencionalmente no se reportan las publicaciones did\u00e1cticas que vieron luz en el Siglo XIX, porque fueron hechas con una intenci\u00f3n moralizante, supuestamente para \u201ceducar\u201d, pero no responden a los criterios iniciales que esboz\u00e1ramos como Literatura.<\/p>\n<p>2 O yekuana. Pueblo amerindio que habita entre los estados Bol\u00edvar y Amazonas.<\/p>\n<p>3 Etnia ubicada en el Amazonas espec\u00edficamente en el l\u00edmite entre Venezuela y Colombia.<\/p>\n<h6>*J\u00e1imez Esteves, R. y Adri\u00e1n Segovia, T. (2016). Venezuela: efervescencia de voces h\u00edbridas. Instituto Venezolano de Investigaciones Ling\u00fc\u00edsticas y Literarias \u201cAndr\u00e9s Bello\u201d (IVILLAB). Pp. 355-366.<\/h6>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Hilda Inojosa Para efectos de una definici\u00f3n Es menester referirse a la oralidad y su funci\u00f3n recreadora en Venezuela, para iniciar este recorrido. Se trata de aquellos tiempos remotos cuando nuestros antepasados encontraron en la historia, en el cuento, la v\u00eda expedita para pasar el rato de una forma amena. 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