{"id":5125,"date":"2022-07-06T00:51:45","date_gmt":"2022-07-06T00:51:45","guid":{"rendered":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/?p=5125"},"modified":"2023-11-24T18:29:00","modified_gmt":"2023-11-24T18:29:00","slug":"pais-portatil","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/pais-portatil\/","title":{"rendered":"Pa\u00eds port\u00e1til (fragmentos)"},"content":{"rendered":"<h4 style=\"text-align: right;\">Adriano Gonz\u00e1lez Le\u00f3n<\/h4>\n<p>La escalera cubre la cola del p\u00e1jaro pintado. Se levantan las hojas. Se devuelven los tres muchachos a la salida del bar y suena un pito. M\u00e1s all\u00e1 van las caderas de las dos mujeres, las dos rayas, el movimiento en ondas verdes, ondas de tela verde: el movimiento que va de las nalgas al tac\u00f3n. Los tacones, juntos, golpeando a un solo ritmo, cruzan la rejilla, la tapa de hierro que dice C.A.L.E.V. las dos nalgas, los dos rabos, las dos colas, hacen sombra movida contra la pared o las rejas de metal. Las tres hileras de autom\u00f3viles se mueven otra vez. Hay varios golpes, le\u00f1a y herrumbre, cuando las palancas cambian la velocidad. Trassss&#8230; chan&#8230; y van todos a caer contra el parachoque de todos, haci\u00e9ndose toques obscenos, babose\u00e1ndose, con humo y aceite y olor. Ir detr\u00e1s, en la cocina, resulta inc\u00f3modo, grasoso. Todos los olores de todos los pies de todo el mundo se han adherido al cuero; se han mezclado a la mugre de los pasamanos, se aquietan, gomosos, densos, con pedazos de colillas y viejas ceras de chicles, ferruginosos, h\u00famedos, sofocantes en el asiento de atr\u00e1s. Hay los rostros tensos de los que juegan a los desentendidos, a esconderse la nariz. Hay las cabezas sacudidas para hacer algo y olvidar. Se puede creer que se est\u00e1 de paso, que todo es apenas una dificultad y un sofoco de quince minutos y que en la pr\u00f3xima parada se ganar\u00e1 el aire libre. Pero la nueva sacudida dispersa el olor. Ahora es un traqueteo de columpio viejo y un chillido apaciguado por la tapicer\u00eda de pl\u00e1stico. La sensaci\u00f3n de flotar que sube desde las gomas afincadas contra el asfalto, la d\u00e9bil oscilaci\u00f3n de las correas-agarraderas que caen sobre los veintid\u00f3s asientos y las treinta y cuatro cabezas \u2014se incluyen los parados\u2014 pendientes del pr\u00f3ximo frenazo. Se oye el arranque y ya el ronquido se hace prolongado, se sabe que algo ha mordido dentro del motor y las ruedas van, por fin, rodando sobre la valle. Es r\u00e1pido. El olor se pierde definitivamente y las vitrinas comienzan a pasar. Las gentes comienzan a pasar. Vienen hombres. Vienen paquetes y tres vestidos de mujer. Despu\u00e9s cuatro tacones sorteando las rejillas de los s\u00f3tanos y un codo, m\u00e1s un no joda, m\u00e1s una maldici\u00f3n, contra el aviso que dice \u201cprohibido estacionar\u201d. Se ven las nalgas reflejadas en la vitrina de cosas para damas. Nalgas para llenar los blumers acomodados como hojas ca\u00eddas, en serie, en escamas, con el cartelito: 7,50 rebajas del mes. M\u00e1s arriba est\u00e1n los sostenes prendidos con alfileres, las naranjas en la fruter\u00eda de los chinos, los sostenes, las dos gomas para agrandar el bulto, los tirantes que caen resueltamente y los tacones, las caderas, que ya est\u00e1n lejos de la vitrina&#8230; la vitrina se queda escalonando pedazos \u00edntimos de otras mujeres, los reflejos, de las mil, las diez mil y m\u00e1s que debieron haber cruzado la acera, que se imaginaron manoseadas frente a la exhibici\u00f3n, palpadas, rebuscadas por entre la goma del sost\u00e9n, las que vieron colgando su sost\u00e9n en el postigo de la habitaci\u00f3n, en el mango de la puerta, junto a los blumers, pantaletas rosa rebajadas en el mes, en otro mes cat das a un costado de la cama, al lado de la camisa desabrochada del hombre. Gran rebaja, telas importadas, aproveche nuestra venta aniversaria y despu\u00e9s se dec\u00eda: \u201cTe quiero, no te vas a ir, \u00bfverdad?\u201d, o sino: \u201c\u00bfQu\u00e9 va a pensar usted de m\u00ed?\u201d&#8230; Eso. Qu\u00e9 ya a pensar, mientras se ganaba tiempo y se recog\u00edan los blumers y los calzoncillos ca\u00eddos, salpicados ya por el semen, cuando \u00e9l fue al ba\u00f1o pero ni siquiera se fij\u00f3 en los blumers o las pantaletas eran bikini de color negro. No est\u00e1 para eso. Nadie est\u00e1 para eso. S\u00f3lo se trata de bajarlos lo m\u00e1s r\u00e1pidamente a pesar de que en la tienda pierden uno y dos d\u00edas acomod\u00e1ndolos con gracia, muy coquetos por cierto, dice la empleadita que nunca se los ha bajado para otra cosa que orinar. Ella, que los sue\u00f1a colgados en la ventana del hotel, en la playa, por temporadas, cuando el se\u00f1or del mech\u00f3n blanco detenga su autom\u00f3vil y diga: \u201cPase usted, cenaremos en el litoral. Vamos a regresar temprano y puede decir en su casa que debi\u00f3 arreglar la exposici\u00f3n de la vitrina hasta muy tarde\u201d. Pero al mover su mano ella sabe que no ser\u00e1 as\u00ed y advierte que debe terminar pronto el arreglo a su pobre cara se achata contra el vidrio cuando las gentes pasan sin mirar, mientras uno, dos nuevos tacones resuenan en la acera, nuevas caderas chocan contra la pared, el muchacho de los peri\u00f3dicos pasa gritando, los pavos del bar de enfrente, la vieja se alisa la falda, se frota la mancha de helado dejada por el muchachito al pasar sin saber d\u00f3nde va ya \u00e9l con su cara de p\u00edcaro, tapada por los sacos sports de los tres italianos que hablan sin parar y el vendedor de maromeros suelta su risa destemplada y luego el polvo, los papeles levantados, el olor a man\u00ed, el ruido de la moto que se clava en el asiento de atr\u00e1s.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Te cansates, te envainates, como cualquier hijo de Jos\u00e9 de La Cruz Cegarra. Est\u00e1s mojando el espaldar con el sudor. Te est\u00e1s marcando. Te cst\u00e1s meando como cualquier Jos\u00e9 Mercedes Brice\u00f1o, est\u00e1s majincho de miedo como cualquier Perucho Godoy, no ten\u00e9s alma ni cojones ni podr\u00edas ser un biznieto de Epifanio Barazarte. No pod\u00edas meterme en una loma, ni remover la tierra, ni siquiera llevar los animales al potrero. No hicites nada, ni siquiera medio d\u00eda de camino a pie, por el camino de La Laja, para traer los remedios. Cuando volvites, con tu cara muy seca, con tu cara de busacas, el viejo se hab\u00eda muerto arrugado en su mecedora y hasta hediondo porque en la casa ni siquiera hab\u00eda alcohol para rociar. Estuvites un rato en la pata de un \u00e1rbol mirando los burros. Nunca hab\u00edas visto c\u00f3mo era eso. Estabas bobo y afanado porque la burra se mov\u00eda y los muchachos se resbalaban cuando iban a encaram\u00e1rsele con la bragueta abierta y la paloma afuera. Pensabas contarle a todo el mundo c\u00f3mo era, pero no aguantates hasta lo \u00faltimo. Te dio miedo cuando el animal se fue de bruces y te acordates de los remedios. Pero all\u00ed mismo los volvites a olvidar. Te quedates a olvidar. Te quedates sentado en una piedra pensando en qui\u00e9n sabe qu\u00e9 vainas hasta que se Le hizo de noche. Cuando el p\u00e1jaro comenz\u00f3 a cantar te vino de nuevo el temblor. Y ya no sab\u00edas si devolverte o seguir. No sab\u00edas nada. Pero ese ruido que sentites era el viejo muri\u00e9ndose que sali\u00f3 a desandar. Fue a reclamarte su medicina. Fue a pedirte cuentas y a verte por \u00faltima vez, porque \u00e9l hab\u00eda puesto en vos sus esperanzas y pensaba que los Barazarte podr\u00edan volver a serlo que hab\u00edan sido, Eso que sentites a tu lado, ese olor, esa agua que empez\u00f3 a correrte desde el puescuezo, era \u00e9l. Ese relincho era \u00e9l. Te toc\u00f3 la cabeza, te jal\u00f3 por el saco. Y cuando oites que te dec\u00edan Andr\u00e9s, Andr\u00e9s era la voz de \u00e9l, porque all\u00e1 en la casa dijeron que esas hab\u00edan sido sus \u00faltimas palabras. Se muri\u00f3 quej\u00e1ndose de los duendes que no lo dejaban en paz. Dec\u00eda que le tiraban tierra y le sacaban la lengua. Y llam\u00f3 a Le\u00f3n Perfecto y a V\u00edctor Rafael y se puso a nombrar las mil novecientas cuarenta y cinco hect\u00e1reas y dijo que \u00e9l era ese que ensillaba lejos, en un caballo muy brioso y dijo que fueras, Andr\u00e9s, que le ayudaras a montar, y se muri\u00f3.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Ahora vienen los bocinazos. Nadie aguanta. La camioneta de la tintorer\u00eda se mete entre el autob\u00fas y el ford que quiere salir. Va la punta del cadillac. Van los tres taxis con el radio a todo andar. Va la mierda. Va el portugu\u00e9s del abasto con la bicicleta de reparto. El autob\u00fas se estremece cuando el chofer arranca para ganar un metro. Chass. El malet\u00edn. All\u00ed est\u00e1, abajo, entre las piernas, apretado. All\u00ed va, negro, con el cierre pasado. Lo tienta con prudencia. All\u00ed ya. Va seguro.<\/p>\n<p>Un solo cornetazo largo, el\u00e9ctrico y la fila de autom\u00f3viles se comienza a mover. Pasa la venta de trajes. Trajes \u00fanicos. Con dos pantalones. Trajes de Dacron, por cuotas. Asegure su porvenir en las Academias Hispanoamericanas. Clases de dibujo y topograf\u00eda. Bachillerato libre. Inscrito en el WE. La garganta est\u00e1 seca y las manos recorren el malet\u00edn. All\u00edva, La patrulla de la Polic\u00eda Municipal se parece a la patrulla de la Polic\u00eda Judicial, sin escudo, es la patrulla de la Digepol. Y el ford rojo, con esos tres, parece de all\u00e1, aunque no lleva antena. El carro negro con tres m\u00e1s, elegantes, no es de la Digepol. Un carro as\u00ed se parece a un carro del Sifa. La mujer de la cara pintada y la mujer de la cara ocupada por la botella de refrescos, \u201cVenga, goce conmigo\u201d, dicen las letras, pero la otra mujer, la de verdad, s\u00f3lo ha dejado el trazo de su vestido violeta. Otra vez la cola de autom\u00f3viles quietos, echados, con el sol estallando en las capotas. Los autom\u00f3viles bobos, ahogados, ah\u00edtos. Larga fila de tortugas o conchas al sol. Cestas boca abajo, alambre boca abajo, latones combados sobre el asfalto y el brillo que arde en los ojos y hay que cerrarlos mientras se resopla y se tira la cabeza hacia atr\u00e1s, \u00a1Pasaron! Iban tres, pero es imposible saber de qu\u00e9 polic\u00eda son. \u00a1Pasaron! Van r\u00e1pido. No se ven m\u00e1s, El asiento est\u00e1 h\u00famedo. La agarradera de adelante est\u00e1 grasosa, Las manos van de la agarradera al malet\u00edn. Est\u00e1 all\u00ed, Negro. Apretado entre las piernas, que otra vez se ponen a temblar.<\/p>\n<p>Media hora para atravesar Sabana Grande. Media hora para un poco m\u00e1s de siete cuadras. Hace tambi\u00e9n media hora, quiz\u00e1s m\u00e1s, de haber-abandonado el Volkswagen. Se jodi\u00f3 algo en el carburador, se neg\u00f3 a prender, Con empujones y el neutro lo orill\u00f3 en la acera. Carro de mierda. \u00bfC\u00f3mo le iba a conocer las ma\u00f1as si era la primera vez que lo manejaba? \u00bfA qui\u00e9n se lo quitar\u00edan? A cualquier bolsas: \u201cT\u00e9ngase la bondad, amigo, descienda del veh\u00edculo, no le va a ocurrir nada. Lo necesitamos para una acci\u00f3n. D\u00edganos d\u00f3nde podemos devolv\u00e9rselo\u201d. El hombre acced\u00eda, por los buenos modales o porque estaba enca\u00f1onado por una Luger, Se qued\u00f3 all\u00e1 estacionado, junto a los latones y el arbolito de la calle transversal. Despu\u00e9s, tomar un taxi resultaba peligroso. El hombre podr\u00eda comenzar a hacer preguntas. El malet\u00edn pesado, el temblor, las sospechas. Alguien dijo que todos los taxistas recib\u00edan plata de la Digepol. Exagerado. Pero de todos modos&#8230; s\u00ed, es mejor el autob\u00fas. Hay tiempo, todav\u00eda. Sin embargo se puede tropezar. Los l\u00edos del aparato contador de pasajeros. El palo de metal que a veces se tranca y la confusi\u00f3n y los gritos del chofer. Jodido. El taxi resultaba m\u00e1s f\u00e1cil. Era verdad. Pero lo pod\u00edan conocer. Ubicarlo desde cualquier sitio de la calle, seguirlo con habilidad por barrios y avenidas. En el autob\u00fas, el grueso de los pasajeros serv\u00eda para ocultarse. Mucha gente con paquetes y cajas por trasladar. Gente com\u00fan. \u00bfQui\u00e9n iba a alarmarse por que un hombre llevara un malet\u00edn? \u00a1Cualquiera que lo tropezara y sintiera aquello duro y pesado! \u00bfPor qu\u00e9 co\u00f1o lo iba a tropezar? Si se buscaba una buena ubicaci\u00f3n, no. Arrinconado para evitar los roces. \u00bfy despu\u00e9s, a la hora de bajar, si el bicho estaba repleto? Tonter\u00edas. Un libre es lo mejor. De todos modos debieron prever que el Volkswagen podr\u00eda da\u00f1arse. \u00a1Qu\u00e9 vaina! All\u00ed va \u00e9se, est\u00e1 bien, no, mejor no, uno m\u00e1s grande con chofer isle\u00f1o! Ese otro tiene da\u00f1ada la puerta trasera. Habr\u00eda dificultades si se quiere salir r\u00e1pido, Ese otro no, no vio la se\u00f1a. Nada, entonces. Un rato largo sin decidirse al lado del dep\u00f3sito del aseo urbano. El malet\u00edn reclinado contra el poste. Su mano apoyada como quien descansa. Cualquiera hubiera advertido el temblor.<\/p>\n<p>Repas\u00f3 las indicaciones. Record\u00f3 la contrase\u00f1a que deber\u00eda llevar el otro. Busc\u00f3 en sus bolsillos y encontr\u00f3 el croquis. Mir\u00f3 su ubicaci\u00f3n, la de los compa\u00f1eros, el objetivo, las v\u00edas de retirada. En el apartamento le dar\u00edan los \u00faltimos detalles. Pas\u00f3 otro taxi, dos, cuatro, y \u00e9l no se decidi\u00f3. Ten\u00eda fiebre y le golpeaba duro el coraz\u00f3n. Las gotas de sudor le empa\u00f1aban los ojos, encandilados por un sol violento que ca\u00eda sobre la Avenida Miranda.<\/p>\n<p>Al fin, el autob\u00fas rojo de Petare. Estaba cerca la parada. Escuch\u00f3 el resoplido de los frenos. Se apresur\u00f3 un poco. Subi\u00f3 y todo fue simple y el aparato contador gir\u00f3 con facilidad. Vino la duda. La elecci\u00f3n del asiento. Hab\u00eda varios vacios. Se decidi\u00f3 por el fondo. Y comenz\u00f3 el traqueteo, continu\u00f3 el sudor, siguieron el miedo y las dudas en la elecci\u00f3n, El exceso de precauciones ocultaba un vago deseo de no llegar, de retardar al menos el encuentro, de poner lo m\u00e1s lejos posible el momento decisivo. El cuero es ahora m\u00e1s h\u00famedo y molestan las junturas del pantal\u00f3n, la entrepierna. Tiene ganas de rascarse, El parabrisas es un pedazo de sol vivo, un juego de cuchillos, El ruido es mon\u00f3tono, cansado. Un frenazo interrumpe la m\u00fasica de tornillo y los parados se convierten en un solo bloque, de bruces, hacia la puerta delantera. \u00bfPor qu\u00e9 lo hab\u00edan designado, por qu\u00e9 no se neg\u00f3? \u00bfHasta d\u00f3nde era cierta su voluntad, su pericia? \u00bfNo funcionaba todo aquello como un acto desesperado y final? All\u00ed, abajo, el malet\u00edn, muy apretado en las rodillas para que no escapara de pronto oprimido con toda la sangre y los huesos, p\u00e1jaro de cuero y hebillas, el malet\u00edn negro, sudoroso, con los dedos formando \u201chundidos\u201d en el forro all\u00ed donde ya su vida ahora, con todo el terror de siempre, sin poderse mover, quieto, con el coraz\u00f3n subido hasta la lengua, el malet\u00edn y \u00e9l una sola cosa grasienta y hedionda con toda la carrocer\u00eda y los cierres de seguridad en el cerebro, con lo que iba dentro de los cueros del cerebro, con eso que puede tronar y oler y dejarlo boquiabierto y rajado para siempre.<\/p>\n<p>Otra vez la m\u00fasica de hierros, el golpeteo lejano, de muerte, que comenz\u00f3 hace tiempo, y en los vidrios se borran el sol y los avisos. El tembloteo de las ruedas es un chorro largo de sombras cayendo sobre el antiguo techo de tejas.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Ya ni sab\u00e9s si \u00e9l tuvo la culpa o la tuvites vos. Si fueron los animales los que salieron espantados, dando tumbos, y aquel pedazo de noche, aquel cuero negro, tupido, por donde el viejo te quiso hacer pasar, \u201cAprend\u00e9 a ser hombre, aprend\u00e9\u201d, te dijo, y dio un fuerte latigazo en el aire que quem\u00f3 los zancudos. Hab\u00eda que ir por el solar, por entre la casa de tejas, atrayesarla, mientras \u00e9l agarraba el camino real y te dec\u00eda que se encontrar\u00eda del otro lado. Te quedates quieto, con unas terribles ganas de llorar, con los ojos grandotes, mir\u00e1ndolo. No dijo nada y lanz\u00f3 un escupitazo que brill\u00f3 entre las piedras. Despu\u00e9s comenz\u00f3 a caminar, sonando el rejo en sus pantalones y vos te quedates con toda tu boca abierta, llena de baba y sereno. Pero ten\u00edas que ir. Ten\u00edas que cruzar. Y poco a poco comenzates a meter tus cotizas en el barro, poco a poco se te fueron hundiendo en las matas y sonaban los bichos, se o\u00edan los grillos y las ranas. El matorral era h\u00famedo, con olor a tela y a sangre y a pintura abandonada en los potes. El monte ol\u00eda a tinaja y vos te ibas metiendo como quien no quiere la cosa por el caminito de ramas agachadas y las piernas se te hac\u00edan fleco y los brazos casi se te enrollaban y los dientes se te iban a saltar. Luego te vino el chorro caliente por entre los muslos y vos te limpiates con la mano y probates y sab\u00eda a salado, Te hab\u00edas meado, Te hab\u00edas meado de miedo, y sin embargo, ten\u00edas que atravesar y salir al otro lado donde tu abuelo te esperaba. Te hab\u00edas chorreado de miedo y ni siquiera hab\u00edas pasado al alero de la caballeriza vieja, ni te hab\u00edas metido por entre los tablones, ni hab\u00edas visto a los murci\u00e9lagos salir chillando por detr\u00e1s de las vigas rugosas. All\u00e1 ibas, con un paso muy lento, todav\u00eda sin atreverte mucho, mientras te acomodabas el pantal\u00f3n mojado y oloroso a meaos frescos. Junto a las tablas podridas comenzates a sentir: Venia del fondo, levantando alg\u00fan polvo, brillando entre los pedazos de espuelas regados por el corredor. De los palos de arriba colgaban costales manchados y pedazos de enjalmas y bojotes con maracas de arvejas. Para vos eran todos los muertos que se hab\u00edan alzado para no dejarte pasar. Se descolgaban de las vigas, se arrastraban, te ofrec\u00edan sus dientes brillantes, sus cascos y sus anillos. Ven\u00edan con los otros muertos, los hombres que ellos hab\u00edan matado por alambiques y mujeres, en la iglesia de Trujillo, por las monta\u00f1as de Cabrutas, los paperudos de Jos\u00e9 Eladio. Los tra\u00edan en cajas de carne sangrante mezclada a la arena y las piedras. Muertos jineteando un palo. Muertos con un gancho en la nariz. Despu\u00e9s las urnas y las mortajas y el cura Faustino echando bendiciones para que no se los llevara el diablo. Pero el diablo era el cura porque el cura iba vestido de rojo y los monaguillos eran dos monos como los del Libro Primario. Vos estabas ya en el port\u00f3n grande, pero no te pod\u00edas mover. Luego vino la gran luz desde el fondo, se parti\u00f3 en el centro del corredor, corrieron miles de lucecitas por la orilla de la tapia y se oyeron sonar grandes bolsas de dinero, despu\u00e9s un griter\u00edo, y vos empapado, otra vez h\u00famedo de la rodilla hacia arriba, voces m\u00e1s lentas, voces que se quedaban quietas y las luces volv\u00edan dando saltos sobre los ladrillos partidos, Del otro lado estaba el viejo y no era nada. S\u00f3lo te quiso hacer pasar para que aprendieras a ser hombre.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Los pasajeros han mejorado la posici\u00f3n de sus corbatas, doblan mejor la punta de los cuellos y los hombros se ensanchan como cuando alguien quiere triunfar. Ojos vivos, contra el vidrio delantero. Ojos altivos, ansiosos, recorren los pasamanos del techo. El siente que se ha repuesto del fr\u00edo sudoroso, y est\u00e1 m\u00e1s firme palpando su malet\u00edn. All\u00ed va su alma en cueros y cierre rel\u00e1mpago. Y toda su masa estomacal. \u201cHay que tener ri\u00f1ones para esto\u201d, dijeron. \u00bfTener ri\u00f1ones? \u00bfHasta cu\u00e1ndo? \u00bfQui\u00e9n hab\u00eda ordenado, de d\u00f3nde ven\u00edan tantas \u00f3rdenes como nubes gruesas, cu\u00e1l era el hilo que un\u00eda tantas disciplinas que lo jod\u00edan? Una pulida oficina donde se hac\u00edan textos y surveys y hab\u00eda que complacer al cliente que lanzaba el producto. Un jefe perfumado de lavanda y tinta carter hab\u00eda dicho comience. Un negro chaleco y unos lentes al aire ten\u00eda el profesor cuando dijo responda y realice esta operaci\u00f3n y \u00e9l tuvo que abandonar la clase. La chamarra de su abuelo era roja y peluda, esa tarde de fr\u00edo, cuando le habl\u00f3 del camino a seguir. Todo un tiempo borroso. Y otro m\u00e1s claro despu\u00e9s, reci\u00e9n llegado a la ciudad, Se piensa en un hueco \u00a1de ventana y por \u00e9l entran las cosas de un golpe.<\/p>\n<p>Aquel asunto lleno de m\u00fasica y aplausos y risas. Era como el estreno. Estaba metido en el cuarto con todos los olores que trae uno de la provincia, adem\u00e1s de los olorcitos picantes que se cuelgan de las patas de la cama, hacia el lado de la caja de ropa, detr\u00e1s de los libros, donde se escupe y se tiran colillas. Los de la pensi\u00f3n, ellos, los cinco o seis a quienes todav\u00eda no les hab\u00eda pasado palabra (cuando alguien se iba de la monta\u00f1a pensaba que no hab\u00eda que hablar, se le ocurr\u00eda que mirar con los ojos duros, sin mover los labios, era cosa de hombres y as\u00ed hab\u00eda que d\u00e1rselo a entender a cualquiera que uno tropezara en la ciudad), cinco-o seis, porque entre ellos estaba la enfermerita metida a no s\u00e9 qu\u00e9 vaina, con unos zarcillos de barca para colg\u00e1rselos todas las tardes.<\/p>\n<p>La enfermerita y los otros hab\u00edan planeado la fiesta. Uno no ten\u00eda que ver con eso. Ni ten\u00eda porqu\u00e9 meterse y ni siquiera se imaginaba afuera, en la sala, saludando invitados, obligado a sacar pareja y tener que bailar a lo andino. Por el hueco de la ventana se ve\u00edan las avenidas de pinos donde comenzaba el cerro, y m\u00e1s al fondo, rojo, de ladrillos, el hospital. Era cuesti\u00f3n de ver el hospital. Los tea uniformados de azul, muertos de hast\u00edo, inflaban un globo de papel. Era su \u00fanica respiraci\u00f3n sana, con aquellos pulmones agujereados para siempre. El globo ascend\u00eda, los tuberculosos aplaud\u00edan, quer\u00edan gritar, pero una r\u00e1faga lo arrastraba contra las ramas de pino y se incendiaba. Habr\u00e1 gran des\u00e1nimo y todos comenzaban a regresar lentamente, porque hab\u00eda sonado la campana que indicaba el reposo. Otras tardes, la ambulancia bajaba por una carretera llena de curvas. Se met\u00eda en los montones de \u00e1rboles como una cucaracha y volv\u00eda! a salir en los sitios pelados. Despu\u00e9s se deten\u00eda en el patio, cerca de la \u00faltima hilera de matas. Era seguro. No fallaba. Al rato sal\u00edan cuatro enfermeros llevando en sus hombros una urna. La met\u00edan. El cura del hospital dec\u00eda su responso r\u00e1pido. La ambulancia se la tragaba y volv\u00eda a arrancar. Otra vez estaba en la carretera del cerro, sal\u00eda y se met\u00eda, hasta no verse! m\u00e1s, rosnando, chillando con su sirena en qui\u00e9n sabe qu\u00e9 lado de la ciudad, f dando alaridos con su muerto hacia el Cementerio General del Sur. Entonces llegaron ellos, con la enfermerita que cargaba un vaso de whisky en la] mano, y abrieron la puerta de par en par,<\/p>\n<p>\u2014Vamos, amigo, al\u00e9grese. Venga para que eche una bailadita, hermanazo.<\/p>\n<p>Y la enfermerita, volteando los ojos:<\/p>\n<p>\u2014 S\u00ed, an\u00edmese, no le d\u00e9 pena, esta fiesta es para todos.<\/p>\n<p>Bueno, ya voy, deben haber sido sus palabras y luego:<\/p>\n<p>\u2014Dejen que me ponga el saco porque as\u00ed no estoy para fiestas. \u00a1Hay se\u00f1oras!<\/p>\n<p>Bien. Pero, pensando un poco, para comenzar, estaba el problema de| la corbata. Hacerse el nudo. Y empez\u00f3 lentamente a darle vueltas a aquella tela verde llena de pepas rojas. El nudo grande, de alfondoque, no se usaba. Nudo de andino. Hay que hacer el nudo tri\u00e1ngulo&#8230;, as\u00ed&#8230;, exacto&#8230;, bue- ] no, m\u00e1s o menos. Despu\u00e9s ven\u00eda el saco y el olor a naftalina y el pelito de | caballo que se sale a veces por los hombros&#8230; aunque esa sea la se\u00f1al de buen casimir. Ya era mucho estar, un rato m\u00e1s tarde, en pleno pasillo y caminar hacia la sala donde estaba el ruido de la gente y se o\u00eda <em>Guarachona&#8230; Guarachona<\/em>, a todo sonar. Ya estaba muy cerca y se agarraba los pu\u00f1os para estirarse las mangas. De pronto se vio en el centro de la sala. Y no sab\u00eda a qui\u00e9n saludar, mirando a todos lados, tan parado, con su flux azul marino. Trat\u00f3 de sonre\u00edr hacia un grupo y no le contestaron. Se volvi\u00f3 hacia el pic\u00f3 y estaban dos muchachos rebuscando discos de la Billo&#8217;s y al frente la se\u00f1ora Mar\u00eda Decena con el peinado grandote, el vestido de flores, las mil pulseras, los ojos pintados, y su querido, el militar. En el costado bailaban dos hembritas con Tito el de Benzo y Co., y el paname\u00f1o. El las mir\u00f3 de reojo y se pas\u00f3 una mano por el pelo. De pronto, sinti\u00f3 ganas de volverse. Comenz\u00f3 a caminar otra vez hacia el pasillo. Y fue cuando vino la carcajada general. Y \u00e9l comenz\u00f3 a tocarse cuando vio que todo el mundo lo miraba y unas cuantas viejas se re\u00edan cubri\u00e9ndose con sus car Leras. El sigui\u00f3 toc\u00e1ndose, sin saber por qu\u00e9 y descubri\u00f3 de pronto todo, se le hizo claro y oscuro y sudoroso y las siete mil regorgallas de todos los presentes: el pantal\u00f3n estaba descosido. Se le ve\u00edan los calzoncillos blancos y \u00e9l tuvo que volverse corriendo, con la mano atr\u00e1s, mientras o\u00eda: \u201cEl andino tiene el culo roto\u201d y las enormes carcajadas de la enfermerita y el <em>pic\u00f3<\/em> a todo sonar.<\/p>\n<p>Las cabezas vibran a la se\u00f1al de la luz roja. Hay otra vez el ruido de hipo, de hierro viejo, de lona rajada con cuchillo. Los bocinazos empiezan a crecer. Media hora durante siete cuadras, durante seiscientos veinte metros m\u00e1s o menos. Media hora gruesa, gelatinosa, estirada a muchos a\u00f1os. Ya \u00e9l ni quiere saber cu\u00e1ndo comenz\u00f3 a correr el tiempo. \u00bfDesde qu\u00e9 lugar, qui\u00e9n hab\u00eda ordenado, desde qu\u00e9 lugar del cielo, por qu\u00e9 lado del camino pedregoso? Desde la mecedora de la casa, en pleno aguacero, con rel\u00e1mpagos muy finos azotando la imagen del Coraz\u00f3n de Jes\u00fas y el abuelo que tomaba su guarapo con leche y tos\u00eda estruendosamente antes de empezar a decir:<\/p>\n<p>Fueron ellos&#8230;, ellos y nadie m\u00e1s que ellos&#8230; el cura Faustino y los dem\u00e1s&#8230; varias sementeras completas, la montura, la mula rucia, las gualdrapas, la faltriquera, el estribo dorado, los correajes con clavos de plata, los codazos, el arneador, las anteojeras, el freno, la cal, el pozo de piedra, el molino, el macho cojo, la rueda&#8230;<\/p>\n<p>El abuelo era interminable, segu\u00eda sonando sus palabras, sus cuentas, sus hileras de cosas, revisando los folios amarillentos mientras el aguacero enviaba sus refusiles contra el vidrio de la imagen.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Media hora interminable de vitrinas y luces met\u00e1licas. \u201cHay que tener ri\u00f1ones\u201d, dijeron. El estira de nuevo su mano, lentamente, cuidando de que nadie lo observe, estira su mano a ciegas, tiene la cabeza erguida mirando hacia la parte del chofer, su mano anda a tientas, rebuscando, hasta que siente el cuero, siente el abultarse desde adentro, casi le pasa el fr\u00edo del metal, del acero, del hierro, qui\u00e9n sabe, \u00e9l est\u00e1 solo pendiente de este goce del cuero sudado del saber que el malet\u00edn est\u00e1 all\u00ed abajo, que nadie ha advertido nada y otra vez vuelve su mano temblante para dejarla caer sobre la agarradera. Siente la cabeza m\u00e1s fresca porque el aire que acaba de entrar por la ventanilla le seca el sudor, Su cabeza est\u00e1 as\u00ed, de este modo, a merced de los cornetazos que han vuelto y se los imagina todos para \u00e9l. Ese zigzag de luz que lo persigue, el se\u00f1or de la leontina que se ha dado vuelta con todo su cuello tieso especialmente para mirarlo a \u00e9l, esa sirena aguda de la radiopatrulla otra vez agujereando por los lados de la Plaza Venezuela. Un grito y: tres hombres que pasan con un enorme letrero y una l\u00e1mina de cart\u00f3n. Desde arriba, en aquel penthouse mohoso con matas campesinas, est\u00e1n dejando caer agua. Llueve lentamente, a gotas frescas, sobre los balcones de abajo. Apenas dos perros reciben el l\u00edquido con sobresaltos y aullidos y hasta la calle s\u00f3lo llega un roc\u00edo fino disuelto en el toldo de la fruter\u00eda.<\/p>\n<p>Avanzan de nuevo, zarpan, mejor, y hasta corcovean, cuando se enciende la luz verde. Otra vez truena la caja de velocidades y las ruedas corren decididas y se extiende una estela de humo, sucio del mal olor, dejada por el escape. El mira por el vidrio de atr\u00e1s y s\u00f3lo tiene esa mampara de gas sucio, con algunos, reflejos, una vista acuosa y danzante donde las figuras se han perdido y es menester volverse, quedarse quieto en el rinc\u00f3n, presionando el malet\u00edn, al comp\u00e1s del ruido del motor.<\/p>\n<p>Todos los cuellos de los pasajeros se disponen para el otro lado. Se puede pensar que es cuesti\u00f3n de cinco minutos para llegar a la parada de la Gran Avenida. Pero aunque falte s\u00f3lo un minuto hay polvo y sol sobre los vidrios y eso molesta y hace mal a los ojos y jode hasta m\u00e1s no poder, A veces son pasables ciertos reflejos en los cristales del almac\u00e9n o en la gran M de ne\u00f3n que cae del cielo en el topo del edificio de la General. Brilla sin luz propia como la antena de televisi\u00f3n que tiene un cuadrado de varillas alrededor y hace una jaula de metal. Se meten all\u00ed los rayos a falta de p\u00e1jaros y pueden cantar o hacer bip-bip, al momento en que un solo pitazo del agente de tr\u00e1nsito devuelve una l\u00ednea de cobre, atraviesa la cuadra, penetra el o\u00eddo y las tripas, produce mil mentadas a la madre del agente y toda su generaci\u00f3n.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Se respira, se chasquean los labios y hasta se tienen ganas de silbar. Nadie lo hace. El no lo hace porque podr\u00edan pensar que es un bolsas a todo correr. Realiza m\u00e1s bien los c\u00e1lculos: la cara del viejo de la leontina no puede ser peor. Es fofa, manchada, con tic para el ojo derecho. No debe sentir calor o se hace el loco: para \u00e9l es cuesti\u00f3n de estar erguido a la manera de otros tiempos en los sillones del Caf\u00e9 Bol\u00edvar o muy se\u00f1orialmente cruzado de piernas en el tranv\u00eda que iba a La Pastora. Si alguien silba, \u00e9l volver\u00e1 el rostro con dignidad sorprendida y no se acertar\u00e1 qu\u00e9 hacer ni qu\u00e9 decir ni d\u00f3nde esconder la cara para evitar su leontina y su desprecio de otra edad.<\/p>\n<p>\u201cHay que tener ri\u00f1ones\u201d, dijeron. El va con los ri\u00f1ones hinchados, hediondos.&nbsp; Va que ya no puede m\u00e1s y transpira a cada golpe de rueda y tose a cada bocanada del tubo de escape. Otra vez los reflejos vidriosos. El mariquito del transistor en la nalga y la naranja que le suelta el jugo sobre la chaqueta de pana roja. El surf comienza a sonar pero no se est\u00e1 para movederas de marico y hay que tener ri\u00f1ones. Ahora todas las l\u00edneas de auto m\u00f3viles se estiran, a paso libre, y las vitrinas entran a pedazos por las ventanas de autob\u00fas.<\/p>\n<p>\u201cTener ri\u00f1ones\u201d. O si no, buscar todos los depurativos posibles. Entrar en una farmacia y pedir \u00bfPedir qu\u00e9 Bueno&#8230;, algo as\u00ed como aquello. Como el almanaque viejo donde aparec\u00eda un enorme ri\u00f1\u00f3n, vino tinto y muchos. hombrecitos rojos, con mangueras en las manos, subidos en andamios, observando, metiendo las escobas por entre los canales, lanzando chorros de agua sobre las venas, miles de hombrecitos-ratones dispersos por todo el cuerpo del ri\u00f1\u00f3n, un ej\u00e9rcito de empleados del aseo urbano en pleno ejercicio a las tres de la madrugada, langostas subidas a la cosecha- ri\u00f1\u00f3n, con sus cepillos para que todo quedara lustroso y sobre ruedas, quiz\u00e1s mejor un ri\u00f1\u00f3n rodante, con doble transmisi\u00f3n y sistema power-glide, de una cilindrada no menor a los 1.600, metido en los t\u00faneles de Mint Max para el autolavado y los muchachos cayendo como abejas, con cepillos, trapos, mangueras, lustradores, quitando el agua y las manchas, has La salir a la otra boca del t\u00fanel un flamante ri\u00f1\u00f3n niquelado-azul-coup\u00e9.<\/p>\n<p>El ronquido del autob\u00fas hace despertar al hombre que dorm\u00eda a su lado. Un reguero de humo cubre otra vez el asfalto y de nuevo las tiendas pasan con sus brillos y sus telas. Frenazo: todos los cuerpos de los parados cobran un balanceo y el viejo de la leontina se ajusta el bot\u00f3n de su chaleco. Hay resplandores en el parabrisas y los rayos chocan, se desprenden de los capacetes vecinos. Cuando se enciende la luz verde, las cien, doscientas, qui\u00e9n sabe cu\u00e1ntas ruedas, los mil neum\u00e1ticos hinchados vuelven&nbsp; a triturar papeles, colillas, a levantar el polvo que invade la avenida y llega hasta el asiento de atr\u00e1s. Y el malet\u00edn es un peso grasoso entre sus piernas cubiertas de sudor.<\/p>\n<p>Las nubes de gas lacrim\u00f3geno hab\u00edan tapado la esquina, el anuncio de la farmacia, el cami\u00f3n de Coca-Cola estacionado. Los curiosos que se hab\u00edan aglomerado en los portales, con sus caras de idiotas, apenas ten\u00edan tiempo para sacar sus pa\u00f1uelos. Tres mujeres pasaron medio hist\u00e9ricas por la puerta-vidriera. Todo el Silencio estaba inundado con el ruido de las radiopatrullas y de vez en cuando se escuchaba el estallido de las bombas lanzadas con aparatos. Por la esquina de Aserradero aparecieron ellos, en formaci\u00f3n, con sus m\u00e1scaras anti-gases. Los manifestantes avanzaban con las pancartas desplegadas y tomados del brazo. Al frente iban algunas muchachas, con boinas azules y rojas.<\/p>\n<p>\u2014 \u00a1Garant\u00edas! \u00a1Garant\u00edas! \u2014repet\u00eda el coro, y en la \u00faltima pausa se alzaba la voz del agitador para cambiar la consigna:<\/p>\n<p>\u2014 \u00a1Liberaci\u00f3n nacional&#8230;! \u00a1Liberaci\u00f3n nacional!<\/p>\n<p>Se estaba ya en plena plaza, rodeando la fuente. Los muchachos sudorosos, con los rostros alterados, decididos, parec\u00edan cobrar \u00e1nimo a medida que los gritos aumentaban. Marchar tomados de los brazos daba seguridad, dispersaba el miedo, hac\u00eda imposible, al parecer, cualquier riesgo. Marchar as\u00ed era dar cuerpo a observar con admiraci\u00f3n lo que en un principio s\u00f3lo les atrajo por curiosidad, Algunos hasta mov\u00edan los labios para sumarse a las consignas, sin comprometerse mucho. No alzaban la voz. Miraban hacia los lados. Pod\u00eda de pronto lanzarse el grito agudo y disimular, caminar de nuevo con aire indiferente como quien va a sus negocios, Las ventanas de los bloques estaban repletas y las cornetas de los autos y tronaban sobre los vidrios y las cornisas.<\/p>\n<p>Comenzaron a sonar las sirenas. Explotaron nuevas bombas lacrim\u00f3genas y por un momento hubo una confusi\u00f3n de gritos, aullidos, empujones, puertas met\u00e1licas que bajaron con gran estr\u00e9pito. El hombre del kiosko tropez\u00f3 con la mampara y sobre el asfalto se abrieron los peri\u00f3dicos y las revistas. El portugu\u00e9s de las frutas no pudo retirar sus cajones y la acera se llen\u00f3 de manzanas y ciruelas machacadas. Los manifestantes se volvieron a reunir en el \u00e1ngulo del bloque seis.<\/p>\n<p>\u2014 \u00a1Garant\u00edas! \u00a1Garant\u00edas! \u00a1Garant\u00edas!<\/p>\n<p>Y el coro iba subiendo de intensidad a la vez que imitaba la marcha acelerada de un motor&#8230;<\/p>\n<p>\u2014 \u00a1Vienen dos jaulas!<\/p>\n<p>\u2014 \u00a1Estamos cercados!&nbsp; \u00a1Nos jodimos!<\/p>\n<p>Por la esquina del bloque Dos se estaban bajando los polic\u00edas. Esta vez no tra\u00edan bombas lacrim\u00f3genas. Tra\u00edan metralletas y apuntaban a todos lados. Muchos comercios hab\u00edan cerrado sus puertas y los curiosos se api\u00f1aban en los pasillos y detr\u00e1s de las puertas batientes del bar. Ahora no hab\u00eda otra cosa que escapar por cualquier lado. En la esquina de Puerto Escondido con los que iban adelante, hab\u00eda empezado la planaz\u00f3n; un muchacho con el rostro ensangrentado fue introducido en una patrulla. Dos estudiantes pasaron corriendo. De vez en cuando volteaban la cabeza y se recaban el sudor.<\/p>\n<p>\u2014 Agarraron a cinco \u2014dijo el de la chaqueta marr\u00f3n.<\/p>\n<p>\u2014 \u00a1Hay heridos? \u2014pregunt\u00f3 el otro.<\/p>\n<p>\u2014 No s\u00e9&#8230; Pero ese ruido no era de lacrim\u00f3genas&#8230; \u00a1Parec\u00edan disparos!<\/p>\n<p>Los muchachos se unieron a un grupo que esperaba cerca de la cafeter\u00eda, Estaban inquietos, indecisos. Apenas pod\u00edan escucharse lo que hablaban. Luego alguien dijo:<\/p>\n<p>\u2014 Cojamos hacia Angelitos&#8230; Todav\u00eda est\u00e1 libre la avenida.<\/p>\n<p>Y avanzaron resueltos. En la esquina brot\u00f3 la jaula llena de agentes. Todos saltaron, enarbolando los rolos o las metralletas. El grupo estaba cercado y no hab\u00eda ni un solo zagu\u00e1n abierto. Los polic\u00edas cayeron violentos y se escuch\u00f3 el golpe de los rolos. Un muchacho tropez\u00f3 en la acera con las manos en el pecho. El polic\u00eda lo golpe\u00f3 en el suelo y lo oblig\u00f3 a levantarse. Tres m\u00e1s eran introducidos en la jaula a culatazos.<\/p>\n<p>En la avenida todav\u00eda flotaban los gases. Andr\u00e9s sac\u00f3 el pa\u00f1uelo para limpiar las l\u00e1grimas. \u201cHay que mojarlo\u201d, pens\u00f3. \u201cEl pa\u00f1uelo h\u00famedo evita la irritaci\u00f3n\u201d. Pero el olor a podrido, a laboratorio, era insoportable. Nuevas patrullas estaban llegando a la esquina. Andr\u00e9s vio las latas mal clavadas en la cerca del terreno bald\u00edo. Decidido, comenz\u00f3 a hacer presi\u00f3n. Los dos \u00fanicos clavos saltaron y el boquete se abri\u00f3 con dificultad mientras hizo fuerza con el codo. Se raj\u00f3 el brazo, pero pudo pasar. Adentro era monte y latas, Un mont\u00f3n de tierra removida. Hab\u00eda que saltar. Al fondo estaba la pared del estacionamiento y m\u00e1s all\u00e1 la parte trasera del edificio. Andr\u00e9s se abri\u00f3 paso por entre el matorral. Un lagarto salt\u00f3 sobre una piedra y se perdi\u00f3 entre la hojarasca del lado. De pronto escuch\u00f3 el grito:<\/p>\n<p>\u2014\u00a1Hey!&#8230; \u00a1p\u00e1rate!<\/p>\n<p>A1 momento pens\u00f3 que era un agente. Le dio miedo. Se le meti\u00f3 un fr\u00edo por el cuerpo. No se atrev\u00eda a voltear. Trat\u00f3 de agacharse al pasar junto a las matas de t\u00e1rtago. \u201cVan a disparar\u201d, pens\u00f3. \u201cYa van a disparar&#8230; co\u00f1o&#8230; van a disparar\u201d. Y se qued\u00f3 tieso, como esperando el golpe.<\/p>\n<p>\u2014 \u00a1Andr\u00e9s! \u00a1Soy yo&#8230; agu\u00e1ntate!<\/p>\n<p>Cuando escuch\u00f3 su nombre el fr\u00edo le comenz\u00f3 a salir. Se atrevi\u00f3 a mirar. Por el matorral ven\u00eda el tipo saltando, con la chaqueta al hombro. Er\u00e9 dif\u00edcil ver su cara. Andr\u00e9s todav\u00eda ten\u00eda miedo, a pesar de todo. Cuanda estuvo cerca, el tipo dijo:<\/p>\n<p>\u2014 \u00bfQu\u00e9 fue? \u00bfNo me conoces? Soy Eduardo.<\/p>\n<p>\u2014 \u00a1Ah! \u2014dijo Andr\u00e9s.<\/p>\n<p>\u2014Perom \u00bfqu\u00e9 pasa? \u00bfNo te acuerdas?<\/p>\n<p>\u2014S\u00ed, claro que s\u00ed&#8230; Lo que pasa es que me diste un susto del carajo.<\/p>\n<p>\u2014 \u00bfT\u00fa tambi\u00e9n est\u00e1s en la vaina? \u2014pregunt\u00f3 Eduardo.<\/p>\n<p>\u2014No&#8230; bueno&#8230; yo venia por la avenida y me agarr\u00f3 la manifestaci\u00f3n Fue muy jodido. Cogieron a muchos y hubo plan en bruto. Yo simplemente me puse a ver. Pero pens\u00e9 que pod\u00edan confundirme esos polic\u00edas de mierda.<\/p>\n<p>Los dos buscaron abrirse paso entre la maleza. Resultaba dif\u00edcil y hab\u00eda muchos cadillos. Al fin llegaron al otro lado del bald\u00edo.<\/p>\n<p>\u2014Salir de aqu\u00ed ya a ser dif\u00edcil \u2014dijo Andr\u00e9s\u2014. De pronto se asoman por las latas.<\/p>\n<p>Los dos vieron el claro, en el rinc\u00f3n del terreno. Si se pon\u00edan detr\u00e1s de la mata no hab\u00eda peligro. Entonces limpiaron un poco, con unas ramas. Eduardo puso su chaqueta sobre la arena y se acomod\u00f3 encima.<\/p>\n<p>\u2014 Qu\u00edtate el saco \u2014dijo\u2014. Despu\u00e9s de todo ya te lo rompi\u00f3 la cerca,<\/p>\n<p>Andr\u00e9s se pas\u00f3 la mano por el codo. La manga estaba desgarrada y varias hilachas colgaban llenas de mugre.<\/p>\n<p>\u2014 \u00a1Qu\u00e9 vaina! \u2014dijo.<\/p>\n<p>Eduardo lo mir\u00f3. Hac\u00eda tiempo no se ve\u00edan. La \u00faltima vez fue cuando \u00e9l le ayud\u00f3 a sacar sus cosas de la pensi\u00f3n de la vieja Mar\u00eda Decena. \u00a1Cojonudo! Le deb\u00eda a la due\u00f1a como 600 bol\u00edvares y no hab\u00eda modo de escapar. El cuarto de Andr\u00e9s, en el segundo piso, daba a la calle. Eduardo cambi\u00f3 sus libros y sus fluxes para una caja grande de leche en polvo. A las dos d\u00e9 la ma\u00f1ana Andr\u00e9s la dej\u00f3 caer lentamente, desde la ventana de su cuarto, amarrada a una cabuya. El esperaba abajo. Todo fue muy calculado. La Maleta de Eduardo se qued\u00f3 vac\u00eda, encima de la silla acostada, para disimular. Pablito ven\u00eda a vigilar todos los d\u00edas y regresaba para decirle a la vieja que no se hab\u00eda llevado nada. Mar\u00eda Decena se sent\u00eda segura. Hab\u00eda un traje viejo sobre un caj\u00f3n y una chancleta debajo de la cama. En el estante fueron dispuestas unas \u201cSelecciones\u201d y \u201cperi\u00f3dicos viejos\u201d. \u201cAll\u00ed tiene todav\u00eda los libros\u201d, dec\u00eda Pablito a Mar\u00eda Decena, mientras la vieja anotaba sus caballos en un formulario de 5 y 6. La vieja largaba una c\u00e1rcel jada y dec\u00eda: \u201cMucho ojo, Pablito, que esos 600 bolos los tengo yo que ver\u201d. \u201cNo se preocupe \u2014respond\u00eda el muy mierda\u2014, que yo lo estoy cazando\u201d. Pablito era servil. Lo explotaban hasta las 11 de la noche. Lavaba los excusados y barr\u00eda todos los cuartos de la pensi\u00f3n. Ten\u00eda la llave del candado que le pon\u00edan a la nevera. Iba a contarle a Mar\u00eda Decena todo lo que dec\u00edan los pensionistas y pasaba las noches en el cuarto de cart\u00f3n hojeando revistas y haci\u00e9ndose la paja. Aquella vez Andr\u00e9s fue a mirar por el roto y Pablito estaba roncando, con la porquer\u00eda a su lado. No hab\u00eda problemas. Todo debi\u00f3 estar listo cuando Eduardo escuch\u00f3 el silbido. Desde la ventana comenz\u00f3 a deslizarse la caja, con cuidado, sin hacer ruido, evitando que se tambaleara y golpeara los vidrios de la sala. Eduardo esper\u00f3 el descenso sin inquietarse. La cabeza de Andr\u00e9s se ve\u00eda en el postigo. Ten\u00eda los dientes apretados y las manos le sudaban. Al fin la caja estuvo como a dos metros del suelo. Eduardo se empin\u00f3 para recibirla y la deposit\u00f3 suavemente en la acera. Cort\u00f3 con una hojilla la cabuya y le hizo se\u00f1a a Andr\u00e9s para que halara. Despu\u00e9s agit\u00f3 el brazo y se alejo hacia la esquina.<\/p>\n<p>\u2014 Est\u00e1s preocupado \u2014dijo Eduardo\u2014. \u00a1Todav\u00eda tienes miedo!<\/p>\n<p>\u2014No.., es que yo&#8230; \u2014trat\u00f3 de o Andr\u00e9s.<\/p>\n<p>\u2014 Siempre el mismo&#8230; cagado de dudas y de nervios \u2014replic\u00f3 Eduardo y se levant\u00f3, mir\u00f3 hacia la cerca, cogi\u00f3 aire. Luego dijo\u2014: Yo creo que ya podemos salir,<\/p>\n<p>\u2014 Est\u00e1s loco \u2014advirti\u00f3 Andr\u00e9s\u2014. Afuera est\u00e1n rondando,<\/p>\n<p>\u2014 Si no es por la cerca, pendejo. Es por aqu\u00ed.<\/p>\n<p>\u2014 &nbsp;\u00bfHay que saltar la pared? \u2014pregunt\u00f3 Andr\u00e9s.<\/p>\n<p>\u2014 Claro, \u00bfqu\u00e9 quieres? \u00bfQue nos agarren como unos bolsas?<\/p>\n<p>\u2014 No, pero es que&#8230;<\/p>\n<p>\u2014 D\u00e9jate de vainas&#8230; vamos&#8230; pon las manos as\u00ed&#8230; \u2014y Eduardo entrelaz\u00f3 los dedos delante, haciendo un arco con los brazos.<\/p>\n<p>\u2014 Ahora te aguantas duro, all\u00ed, cerca de la pared.<\/p>\n<p>Andr\u00e9s hizo el arco con los brazos.<\/p>\n<p>\u2014 B\u00e1jalos m\u00e1s \u2014dijo Eduardo\u2014. As\u00ed&#8230;<\/p>\n<p>Coloc\u00f3 el pie derecho. Andr\u00e9s estaba inclinado y fue haciendo fuera hacia arriba. Una mano de Eduardo alcanz\u00f3 el filo de la pared. Luego la otra. Presion\u00f3 y se alz\u00f3 a pulso. Del otro lado no hab\u00eda nada. Era un estacionamiento con manchas de aceite y alguna basura derramada cerca de las bombonas del gas. Eduardo pens\u00f3 que podr\u00edan correrse unos dos metros. Ser\u00eda m\u00e1s f\u00e1cil apoyarse en las bombonas y dar el salto. Andr\u00e9s, mientras tanto, pujaba.<\/p>\n<p>\u2014C\u00f3rrete ala izquierda, con cuidado \u2014dijo Eduardo desde arriba.<\/p>\n<p>Parec\u00eda que no hab\u00eda nada que hacer. \u201cEsos hijueputas oligarcas\u201d, dec\u00eda el sastre con rencor. Pero todo se le iba en fantasmas, en recuerdos, en odios. Eduardo pensaba que Jaramillo era hombre extraordinario y lleno de fe. Pero no entend\u00eda que las cosas estaban cambiando y que hab\u00eda que buscar otra salida,<\/p>\n<p>\u2014 Si Gait\u00e1n viviera otro gallo cantar\u00eda en mi tierra, ala \u2014dijo con aire nost\u00e1lgico.<\/p>\n<p>El ruido de una r\u00e1faga lejana interrumpi\u00f3 sus recuerdos. Tosi\u00f3 y dirigi\u00f3 la punta de la plancha hacia la l\u00ednea del pantal\u00f3n. Varios disparos aislados se escucharon m\u00e1s cerca. Despu\u00e9s un grito y un esc\u00e1ndalo de bocinas.<\/p>\n<p>\u2014Debe ser por el Guarataro \u2014se atrevi\u00f3 a decir Andr\u00e9s.<\/p>\n<p>Era la primera vez que abr\u00eda la boca. Luc\u00eda m\u00e1s calmado. El sastre baj\u00f3 la cafetera del reverbero y sirvi\u00f3 en unos pocillos de peltre,<\/p>\n<p>\u2014 S\u00edrvanse, ala, el tinto repone las fuerzas y aclarar el pensamiento revolucionario.<\/p>\n<p>Se oyeron r\u00e1fagas m\u00e1s seguidas. Una sirena de ambulancia recorri\u00f3 el aire y vino de lejos hasta la casa de vecindad. Por el pasillo entr\u00f3 un hombre corriendo. El sastre se asom\u00f3 a la puerta destartalada.<\/p>\n<p>\u2014\u00bfQu\u00e9 pasa? pregunto.<\/p>\n<p>\u2014Hay una plomaz\u00f3n loca \u2014dijo el hombre, deteni\u00e9ndose\u2014 Est\u00e1n allanando casa por casa.<\/p>\n<p>Andr\u00e9s y Eduardo escucharon desde adentro las palabras del hombre. Se miraron, sobresaltados. Cuando el sastre volvi\u00f3, esperaron a que hablara.<\/p>\n<p>\u2014La cosa se pone fea, muchachos. No es que yo quiera echarlos. Pero no creo conveniente que se aguanten mucho tiempo aqu\u00ed. Es por ustedes&#8230;<\/p>\n<p>\u2014Pero si salimos es tambi\u00e9n peligroso \u2014intervino r\u00e1pido Andr\u00e9s\u2014.<\/p>\n<p>\u2014 El hombre dijo que hay polic\u00edas por todos lados. \u00bfQu\u00e9 hacemos, Eduardo?<\/p>\n<p>Eduardo se pas\u00f3 la mano por la cara, restreg\u00f3 sus ojos con fuerza y se alis\u00f3 los cabellos. Esper\u00f3 un rato para hablar.<\/p>\n<p>\u2014A lo mejor no entran aqu\u00ed. Esta es una casa de vecindad.<\/p>\n<p>\u2014 \u00bfY si nos vieron? \u2014replic\u00f3 Andr\u00e9s.<\/p>\n<p>\u2014 \u00a1Qu\u00e9 co\u00f1o nos iban a ver!<\/p>\n<p>El sastre recogi\u00f3 el pantal\u00f3n de la mesa de planchar y lo meti\u00f3 en un gancho. Con el plumero comenz\u00f3 a limpiar las hilachas y los restos de tela. Un radio de transistores sonaba en el cuarto vecino. De pronto, como si le hubiesen preguntado algo, se volvi\u00f3 hacia ellos:<\/p>\n<p>\u2014Les aclaro que yo no tengo miedo, ala. No es la primera vez que me enfrento a chulavitas. \u00a1Pero hay que ser prudente&#8230; pienso y o!<\/p>\n<p>\u2014 Todos pensamos \u2014dijo resueltamente Eduardo\u2014. Pero el problema no es ese.<\/p>\n<p>\u2014 \u00bfY por qu\u00e9 no nos asomamos al port\u00f3n de la casa? Si quieren, yo voy \u2014propuso Andr\u00e9s disimulando sus nervios, pero ya con suficiente \u00e1nimo para encarar la situaci\u00f3n.<\/p>\n<p>\u2014Es peligroso \u2014dijo Jaramillo.<\/p>\n<p>\u2014No hombre&#8230; yo voy \u2014dijo Andr\u00e9s y sali\u00f3 al pasillo. Lo recorri\u00f3 con cierta lentitud. De nuevo ven\u00edan olores a cebolla, a meaos, a lona h\u00fameda. El radiecito continuaba sonando a todo meter. Tres muchachitos medio desnudos, los mismos que com\u00edan caramelos de palito, pasaron dando alaridos detr\u00e1s de una pelota de trapo. Andr\u00e9s tom\u00f3 un aire de inocencia, despreocupado, de cliente normal que ven\u00eda a encargar algo al colombiano. Estaba cerca del port\u00f3n cuando oy\u00f3 de nuevo los disparos lejanos. La calle, afuera, parec\u00eda estar en calma. Lentamente, asom\u00f3 la cabeza. Algunos transe\u00fantes cruzaban normalmente. Una vieja llevaba un balde de agua en la cabeza y por la puerta del aserradero sal\u00edan virutas hacia la acera. En la esquina de arriba hab\u00eda un grupo de curiosos. Alguien se\u00f1alaba hacia el cerro. Por ning\u00fan lado se ve\u00edan polic\u00edas.<\/p>\n<p>Andr\u00e9s regres\u00f3 hasta la sastrer\u00eda. Luc\u00eda m\u00e1s resuelto y ten\u00eda cara de confianza. Estaba satisfecho de su primera misi\u00f3n.<\/p>\n<p>\u2014No hay ni una patrulla y los tiros vienen del cerro \u2014dijo.<\/p>\n<p>\u2014De todos modos es mejor esperar \u2014dijo Eduardo.<\/p>\n<p>\u2014Es cierto \u2014confirm\u00f3 Jaramillo\u2014. Por m\u00ed no se preocupen, podemos quedarnos aqu\u00ed charlando, y si es necesario dormimos sobre los cortes.<\/p>\n<p>Las palabras del sastre sonaron bien a Eduardo. Al principio crey\u00f3 que ten\u00eda miedo. Pero Jaramillo no era hombre de miedo. Algunas de las cosas que contaba del bogotazo parec\u00edan verdad. \u00c9l estuvo en plena Carrera S\u00e9ptima. Por la noche, desde un balc\u00f3n, vio pasar los camiones llenos de cad\u00e1veres. Cruz\u00f3 la frontera porque all\u00e1 no hab\u00eda sitio para los liberales. Echeand\u00eda no supo qu\u00e9 hacer en Palacio y dijo que el poder para qu\u00e9. Jaramillo hab\u00eda dejado dormir a Eduardo en la sastrer\u00eda unas dos veces y. por quince d\u00edas hab\u00eda guardado varios paquetes de propaganda debajo de unos casimires azules. Jaramillo ayudaba sin creer mucho en lo que hac\u00eda, un poco maquinalmente, como para mantener el recuerdo de una acci\u00f3n pol\u00edtica que se hac\u00eda ya lejana, apenas iluminada por las antorchas de la gran marcha por el centro de Bogot\u00e1 para imponer la candidatura de Gait\u00e1n. Jaramillo no cre\u00eda mucho, pero ten\u00eda siempre palabras, muchas palabras de est\u00edmulo. \u201cYo no se cu\u00e1ndo retorne a la patria, ala, pero ustedes son el futuro de este pa\u00eds, son como una semilla luminosa vertida en el surco triste de la barbarie\u201d. Y sin tomar aliento continuaba: \u201cLos derechos del pueblo son sagrados y el pueblo reclama contra los que se van a holgar a sus anchas en las alturas del poder. A la hora de la verdad tambi\u00e9n los prohombres liberales se recluyeron en sus casas y ocupaciones y tambi\u00e9n optaron por la circunspecci\u00f3n, la moderaci\u00f3n, las buenas maneras, la cabeza fr\u00eda, los amistosos acercamientos. Aquellos 300 mil muertos no nos sirvieron de nada y hay todav\u00eda varios millones sin participar de los jugosos dividendos de la econom\u00eda, salud y cultura, que s\u00f3lo disfrutan unos pocos\u201d. Eduardo escuchaba, condescendiente, la desolada ret\u00f3rica de Jaramillo que dec\u00eda no creer en nada, pero que ayudaba en lo posible y se sent\u00eda complacido cada vez que una acci\u00f3n le agitaba sus recuerdos. Jaramillo, aunque esc\u00e9ptico, era todav\u00eda leal a unos principios nebulosos, que \u00e9l llamaba, en medio de su derrota moral, sagrados e inalienables.<\/p>\n<p>Se le encend\u00eda el rostro al sentirse solidario de un movimiento al que no le otorgaba su adhesi\u00f3n total porque los principios de libertad y justicia pod\u00edan correr riesgo en ciertos extremismos.<\/p>\n<p>\u2014Yo creo que es mejor salir \u2014dijo Eduardo\u2014. De un momento a otro pueden caer.<\/p>\n<p>\u2014Por m\u00ed no hay inconveniente, ala \u2014advirti\u00f3 el sastre.<\/p>\n<p>\u2014Vamos entonces \u2014dijo Andr\u00e9s.<\/p>\n<p>Otra vez se escucharon las r\u00e1fagas.<\/p>\n<p>\u2014Esperen \u2014dijo Jaramillo, y fue hasta las perchas\u2014. Cada uno puede llevar dos vestidos, para simular que salimos del trabajo. Ustedes son mis ayudantes&#8230; \u00bfNo les parece?<\/p>\n<p>Eduardo no afirm\u00f3 nada. Pens\u00f3 que aquellos trajes ser\u00edan estorbosos en caso de correr. Pero acept\u00f3 para no contradecir a Jaramillo. Los tres pasaron el port\u00f3n destartalado de la casa de vecindad y avanzaron por el callej\u00f3n. Todav\u00eda: quedaban curiosos en la esquina, Algunos se metieron r\u00e1pidamente en el negocio de abastos. Otra vez los disparos en cadena por los lados de San Mart\u00edn.<\/p>\n<p>\u2014Yo creo, ala, que son balas de fogueo \u2014dijo el sastre.<\/p>\n<p>\u2014Pero dan en el blanco \u2014apunt\u00f3 Eduardo con iron\u00eda.<\/p>\n<p>\u2014Ustedes exageran, si no, los muertos deben ser muchos.<\/p>\n<p>Andr\u00e9s caminaba sin decir una palabra. Le parec\u00eda incre\u00edble todo aquello. Hasta ahora s\u00f3lo conoc\u00eda los efectos de las bombas lacrim\u00f3genas. Jaramillo volvi\u00f3 entonces a sus principios.<\/p>\n<p>\u2014Seguramente habr\u00e1 protestas en el Congreso. Deber\u00eda pedirse una averiguaci\u00f3n a fondo&#8230;<\/p>\n<p>El ruido de las sirenas aument\u00f3 cuando llegaron al cruce de la avenida. El paso de veh\u00edculos se hab\u00eda interrumpido hacia la Plaza de Capuchinos y varias jaulas estaban estacionadas, repletas de agentes con ametralladoras y \u201cpi\u00f1as\u201d.<\/p>\n<p>\u2014&#8230;hay o no hay libertad para manifestar, acaso? La democracia se vivifica con el clamor de la oposici\u00f3n. Es lo justo. Es lo legal, porque de lo contrario&#8230;<\/p>\n<p>Caminar con los trajes al hombro resultaba rid\u00edculo. Sin embargo, los tres ten\u00edan un aire de idiotas que a lo mejor despistaba a la polic\u00eda. Tomaron la acera opuesta por la que apenas marchaban dos viejas con paquetes. Una gallega ven\u00eda del abasto con una bolsa de frutas. All\u00e1 lejos sonaron de nuevo los disparos.<\/p>\n<p>\u2014&#8230;el poder se hace unipersonal, unipartidista, no tiene filtros ni cr\u00edtica y puede conducirse un pa\u00eds a la bancarrota&#8230;<\/p>\n<p>Una ambulancia avanzaba en direcci\u00f3n contraria, a toda velocidad. La sirena se clav\u00f3 aullante en las paredes vecinas. El aviso del cine Diana hab\u00eda sido roto a balazos y varias vitrinas luc\u00edan huecos estrellados.<\/p>\n<p>\u2014Una acci\u00f3n firme y coordinada puede obligar a los n\u00facleos que detentan el poder a acatar las justas peticiones del pueblo.<\/p>\n<p>Y Jaramillo ya casi no advert\u00eda la presencia de los agentes y los carros blindados. Flotaba en su ret\u00f3rica, casi jubiloso, gallardo, con toda la buena fe que Eduardo le hab\u00eda conocido desde siempre.<\/p>\n<p>\u2014&#8230;Y las voces del pueblo no pueden ser acalladas por las jerifaltes que traicionan el sagrado mandato que se les otorg\u00f3 en la consulta electoral&#8230;<\/p>\n<p>En una de las jaulas hubo gran conmoci\u00f3n. Una bala se clav\u00f3 en el aviso de refrescos. Un fusil hab\u00eda ca\u00eddo cerca de las ruedas y el agente se inclin\u00f3 para recogerlo. Los otros no se dieron cuenta y se lanzaron veloces a la calle, apuntando a todos lados. Por el centro de la avenida ven\u00edan los polic\u00edas y unos civiles con sus metralletas en alto. Alguien grit\u00f3, cuando ellos llegaban al cruce. Luego vino la r\u00e1faga.<\/p>\n<p>\u2014Por aqu\u00ed \u2014dijo Eduardo, y tir\u00f3 los trajes a la calle.<\/p>\n<p>Andr\u00e9s lo sigui\u00f3. Se escuch\u00f3 una nueva descarga. \u00c1 la media cuadra pudieron voltear.<\/p>\n<p>\u2014 \u00bfY Jaramillo? \u2014dijo Andr\u00e9s.<\/p>\n<p>El sastre no hab\u00eda podido correr. Estaba arriba, en la esquina, con la cabeza sangrante sobre la acera y los dos fluxes tirados a un lado, como dos muertos m\u00e1s.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Adriano Gonz\u00e1lez Le\u00f3n La escalera cubre la cola del p\u00e1jaro pintado. Se levantan las hojas. Se devuelven los tres muchachos a la salida del bar y suena un pito. 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