{"id":5010,"date":"2022-06-29T13:34:09","date_gmt":"2022-06-29T13:34:09","guid":{"rendered":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/?p=5010"},"modified":"2023-11-24T18:29:20","modified_gmt":"2023-11-24T18:29:20","slug":"dos-cuentos-de-andres-marino-palacio","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/dos-cuentos-de-andres-marino-palacio\/","title":{"rendered":"Dos cuentos de Andr\u00e9s Mari\u00f1o Palacio"},"content":{"rendered":"<h3>Abiga\u00edl Pulgar<\/h3>\n<p>I<\/p>\n<p>Un hombre seco, delgado y alto hab\u00eda sido siempre Abiga\u00edl Pulgar. Sus piernas, de un tama\u00f1o extraordinario, llamaban singularmente la atenci\u00f3n de todos sus amigos y conocidos. Cuando estuvo en la escuela primaria, sobre su cabeza de pocos cabellos cayeron los m\u00e1s exquisitos sobrenombres de sus condisc\u00edpulos.<\/p>\n<p>Una Mirada torva y angustiada ten\u00eda Abiga\u00edl Pulgar para todos aquellos que le aguijoneaban el alma con sus perversidades.<\/p>\n<p>Ya en la adolescencia, sufri\u00f3 mucho. Trat\u00f3 de enamorarse como los dem\u00e1s compa\u00f1eros, y las ni\u00f1as se burlaban de su figura quijotesca, de sus piernas de un tama\u00f1a extraordinario, de su cabeza en que apuntaban t\u00edmidos y desali\u00f1ados cabellos. Y su rostro \u2014seco, afilado, lanceolado\u2014, no le ayudaba en nada.<\/p>\n<p>La vida \u00edntima de Abiga\u00edl hab\u00eda sido siempre sumamente extravagante. Separado de su familia, se hab\u00eda ido a vivir a un apartamento. Alquil\u00f3 las dos piezas restantes que no ocupaba, a una se\u00f1ora anciana \u2014de sesenta a\u00f1os\u2014, que trabajaba como enfermera en casa de un m\u00e9dico. La se\u00f1ora y su nieto, un hermoso beb\u00e9 de cuatro a\u00f1os, se entendieron perfectamente con el hombre de rostro afilado. Fueron cordiales amigos. Apenas se ve\u00edan por la tarde, hora en que regresaba la se\u00f1ora Matilde del hogar de m\u00e9dico. A veces, entraba Abiga\u00edl a saludarla, y con refinada ternura cargaba entre sus brazos las carnes blandas y aterciopeladas del beb\u00e9. Gustaba de restregar la piel del ni\u00f1ito contra sus mejillas de cuero curtido por el sol, y por las maldades de que hab\u00eda sido v\u00edctima en su ni\u00f1ez. Gozaba mucho cuando cargaba entre sus brazos al nietecito de la se\u00f1ora Matilde. Sus manos huesudas recorr\u00edan el cuerpo del infante desde la cabecita \u2014aun blanda\u2014, hasta las rosadas llanuras de la planta del pie. Se entreten\u00eda en acariciarle las mejillas, en tocarle con tacto de picaflor las blandas y risue\u00f1as orejitas. Le besaba algunas veces con extrema delicadeza en el cuello. Y cuando esto hac\u00eda, no pod\u00eda soportar el rubor que ascend\u00eda instant\u00e1neamente a la seca m\u00e1scara de su rostro afilado.<\/p>\n<p>Lo sentaba sus rodillas grotescas, \u2014de grandes huesos\u2014, y no pod\u00eda \u2014como con el rubor\u2014, reprimir un estremecimiento imb\u00e9cil, al sentir las nalguitas demasiado suaves sobre los huesos. Balanceaba al nen\u00e9 y se quedaba contemplando durante bellos minutos sus ojos, sus labios rojos, sus mejillas, las hermosas orejitas que casi palpitaban.<\/p>\n<p>II<\/p>\n<p>En ocasiones, y por largos per\u00edodos, dejaba Abiga\u00edl de visitar a la se\u00f1ora Matilde. Principalmente cuando inici\u00f3 sus amores con Raquel. Esta muchacha viv\u00eda en la misma cuadra de la casa de apartamentos. Por coincidencia la hab\u00eda conocido Abiga\u00edl, cuando ella toc\u00f3 a la puerta de su cuarto equivocadamente, pensado que all\u00ed era donde viv\u00eda su t\u00eda. En realidad, Raquel se hab\u00eda interesado mucho por el tipo de ese hombre tan extra\u00f1o. Le ve\u00eda pasar siempre debajo de la ventana: erguido, seco, con su rostro afilado e inmutable. Y se propuso entablar amistad con \u00e9l por simple curiosidad femenina. M\u00e1s, despu\u00e9s, llegaron Abiga\u00edl y Raquel a un plano de intimidad relativamente amorosa. No hab\u00eda cruzado aros, por ya Abiga\u00edl la visitaba en su hogar que \u2014como ya dijimos\u2014 quedaba en la misma cuadra. Y pese a que ten\u00edan cinco meses de flirt, Raquel no hab\u00eda logrado saber nada de Abiga\u00edl Pulgar. \u00a1Que hombre tan cerrado! Siempre le contaba, cuando conversaba en el sof\u00e1, que ella se hab\u00eda interesado mucho por su persona antes de conocerle, y otra gran cantidad de cosas, que s\u00f3lo buscaban confidencias por parte de \u00e9l. Pero Abiga\u00edl siempre callaba. Apenas sonre\u00eda mostrando unos dientes muy blancos y sim\u00e9tricamente alineados. De repente, cuando hablaban, se inclinaba hac\u00eda ella y la besaba fuertemente en la mejilla, como queriendo morderla. Raquel se excitaba mucho y le pellizcaba en la mu\u00f1eca. Entonces Abiga\u00edl, pasaba hasta un cuarto de hora sin hablar, y se iba a su casa taciturno y triste.<\/p>\n<p>Una vez, le llev\u00f3 de regalo un paquete de ostras. Como en la casa de Raquel hab\u00eda un limonar junto al patio, inmediatamente se pusieron a comer, y era de admirar el agudo placer que sent\u00eda Abiga\u00edl cuando el cuerpo palpitante y convulso de la ostra pasaba por su lengua, se deslizaba a trav\u00e9s de la laringe y entraba en el est\u00f3mago.<\/p>\n<p>Su m\u00e1scara afilada se contra\u00eda como s\u00ed le estuvieran haciendo muecas. Los p\u00f3mulos se le dilataban, agarrotaba las manos y exclamaba: \u00a1delicioso!, \u00a1delicioso!. \u00a1delicioso!<\/p>\n<p>Raquel, para s\u00ed, se re\u00eda mucho de ese placer que ten\u00eda su novio por las ostras y no le hac\u00eda caso, hasta el d\u00eda de su santo en que le sirvi\u00f3 como postre un plato lleno de gelatina y nuevamente Abiga\u00edl adopt\u00f3 las mismas actitudes de cuando com\u00eda las ostras, apretaba los labios, sonre\u00eda, nerviosamente, com\u00eda viendo a todos lados, y al terminar el plato qued\u00f3 con los ojos muy abiertos y las manos en suspenso. Raquel se intrig\u00f3 por estos detalles tan raros en Abiga\u00edl, pero no los tom\u00f3 en cuenta, \u00a1era tan extra\u00f1o Abiga\u00edl Pulgar!<\/p>\n<p>III<\/p>\n<p>Es de noche. Por encima del techo, all\u00e1 en el cielo, la luna se muestra serenamente. Como una ola gigantesca en la furia de la pleamar. Abiga\u00edl Pulgar duerme. Su cuerpo largo, desmesuradamente largo, ocupa toda la cama. Sus piernas de extraordinario desarrollo sobresalen en el bulto de la colcha. El ruido de la calle se ha calmado. Son las doce de la noche. Late el coraz\u00f3n. Se despierta y agita la lengua entre su boca. Tiene sed. Pero no sed de agua. Es sed de ternuras, de caricias; de algo suave y delicado que le haga mimos y le lleve a dormir sobre un colch\u00f3n de plumas. Siente todav\u00eda en la lengua la suavidad tersa y voluptuosa de las ostras que se comi\u00f3 antes de acostarse. No puede reprimir el intenso deseo que tiene de morder algo suave. Por ejemplo: unos senos de mujer. \u00bfC\u00f3mo ser\u00e1n los senos de Raquel! \u00a1Qu\u00e9 suavidad! \u00a1Qu\u00e9 blancura! Como una deliciosa gelatina en forma de copa que comi\u00f3 esta ma\u00f1ana en el botiqu\u00edn de los chinos\u2026<\/p>\n<p>Los labios le tiemblan por un momento. Piensa en Raquel. Le parece que la tienen desnuda delante de sus ojos, y que le hace se\u00f1as para que venga a comerle los senos. Ahora sonr\u00ede, y las mejillas \u2014sus amplias mejillas\u2014 se agitan, y sus orejas de l\u00f3bulos blancos y belicosos, se sonrojan. Le palpitan los labios intensamente a Abiga\u00edl Pulgar. Se siente muy solo en la habitaci\u00f3n, y le sed le acosa, y no es sed de agua, sino sed de ternuras, de caricias, de algo suave y belicoso que le haga mimos\u2026<\/p>\n<p>\u00a1Cu\u00e1nta ternura necesitan sus largos y absurdos huesos de hombre seco!<\/p>\n<p>Una sonrisa le viene a los labios. Ha pensado en el nen\u00e9 de la se\u00f1ora Matilde. En esta misma hora dormir\u00e1, dormir\u00e1 como un \u00e1ngel. Y sus labios rojos estar\u00e1n como una flor de amor, expulsando hac\u00eda afuera el aire de los pulmones, recibiendo un beso invisible de la noche. Y sus orejitas rosadas de l\u00f3bulos m\u00ednimos y suaves parec\u00edan p\u00e9talos de alguna flor ex\u00f3tica\u2026 \u00a1Oh, c\u00f3mo har\u00eda para besar esos l\u00f3bulos! Calmar\u00eda su sed por horas, por d\u00edas por a\u00f1os! \u00a1Qu\u00e9 placer para sus labios, y dir\u00eda luego, como cuando termin\u00f3 de comerse las ostras: \u00a1delicioso! \u00a1delicioso! \u00a1delicioso!<\/p>\n<p>IV<\/p>\n<p>No esper\u00f3 m\u00e1s. Estaba afiebrado, medio loco, completamente trastornado, por el ansia de ternuras el pobre Abiga\u00edl Pulgar. (Quiz\u00e1s no sab\u00eda que hab\u00eda amplia luna en el cielo). Sali\u00f3 al recibo en pijamas, con las sienes palpitantes, y se apoder\u00f3 de unas grandes tijeras que reposaban encima de la mesa\u2026 Iba a calmar su sed, iba a conquistar la voluptuosa suavidad de unos l\u00f3bulos rosados. Sus rodillas y dem\u00e1s huesos crujieron cuando abri\u00f3 la puerta del cuarto de la se\u00f1ora Matilde. Entr\u00f3 en punta de pie y se dirigi\u00f3 a la cuna del nen\u00e9. Pero al verle tan quieto, tan dormido, tan bello, tan hermoso, como un \u00e1ngel de nieve, le dio un vuelco el coraz\u00f3n y comprendi\u00f3 que no pod\u00eda mutilar sus rosados l\u00f3bulos, ser\u00eda causarle un dolor inmenso al bello nen\u00e9. Pero si le besar\u00eda, le besar\u00eda mucho, y se inclin\u00f3 sobre la cuna y bes\u00f3 con pasi\u00f3n las blancas orejitas del nen\u00e9 que dorm\u00eda.<\/p>\n<p>Se par\u00f3 en el centro de la habitaci\u00f3n. Todav\u00eda ten\u00eda las tijeras en la mano. Su sed de ternura y de mimos, con el beso al ni\u00f1o dormido, hab\u00eda aumentado. Y avanz\u00f3 como un fantasma gigantesco hacia el lecho de la se\u00f1ora Matilde. Las tijeras iban abiertas entre sus dedos, las abr\u00eda y cerraba, las abr\u00eda y cerraba a cada momento y su rostro de m\u00e1scara afilada, pintaba muecas y m\u00e1s muecas, como rel\u00e1mpagos del cielo en los d\u00edas de tormenta.<\/p>\n<p>V<\/p>\n<p>La se\u00f1ora Matilde tambi\u00e9n estaba rendida por el sue\u00f1o. Pero \u00bfqu\u00e9 ternura podr\u00eda darle una anciana de sesenta a\u00f1os? Sin embargo mir\u00f3 sus l\u00f3bulos, estaban arrugados, vulgarmente arrugados. Tuvo un instante de feroz ira y abri\u00f3 las tijeras, disponi\u00e9ndose a cortar el l\u00f3bulo derecho, pero volvi\u00f3 en s\u00ed, y sonri\u00f3. Se inclin\u00f3 otra vez y bes\u00f3 tibiamente las orejas de la anciana.<\/p>\n<p>Ahora, su sed hab\u00eda crecido. Era una llama intensa. Abri\u00f3 la puerta del departamento, y sali\u00f3 a la escalera, descendi\u00f3 a la calle y recibi\u00f3 todo el fr\u00edo de la madrugada en su pecho semidesnudo. Iba directamente a la casa de Raquel. Raquel s\u00ed calmar\u00eda sus ansias. Con Raquel s\u00ed no temblar\u00eda, y cortar\u00eda los frutos de carne blanda, para engullirlos como si fueran ostras y calmar su sed de ternura.<\/p>\n<p>Se detuvo a la puerta, pero no pens\u00f3 en tocar, y agarr\u00e1ndose de los balaustres de la ventana, comenz\u00f3 a subir para intentar llegar al techo. Sus manos huesudas avanzaban en el camino que lo separaba de Raquel. Y las tijeras brillaban m\u00e1s a\u00fan con los rayos de la luna. Pero de pronto, escuch\u00f3 una voz fuerte que le llamaba, no volte\u00f3, en su locura no se dio cuenta de que era el polic\u00eda de punto, \u00e9ste corr\u00eda hacia la ventana, le gritaba muchas cosas, pero \u00e9l no o\u00eda, s\u00f3lo escuch\u00f3 un sonido perdido, lejano, zigzagueante, que luego son\u00f3 muy cerca y muri\u00f3 demasiado cerca de su cuerpo. Se estremeci\u00f3 como una bandera, apret\u00f3 m\u00e1s a\u00fan las tijeras y se vino de espaldas al suelo, con una sonrisa demon\u00edaca entre los labios, y un gesto de placer como si hubiera terminado de comerse unas ostras y gimiera convulsivamente: \u00a1delicioso! \u00a1delicioso!<\/p>\n<h3 class=\"entry-title section-title\">Cuatro rostros en un espejo<\/h3>\n<p><em>\u201cCreo que la humanidad comienza all\u00ed donde las gentes<\/em><br \/>\n<em>sin genio se figuran que acaba\u201d. <\/em><em>Thomas Mann<\/em><\/p>\n<p>-A-<\/p>\n<p>Me desespera visitar a Raquel, porque siempre que voy a su casa, tengo que encontrarme con su marido. Me desespera terriblemente, pese a que Raquel es mi hermana, pero su marido es un hombre hermoso, de un rostro fino y delicado, tanto as\u00ed, que si yo no le conociera tan bien, dir\u00eda que se hace sutiles maquillajes para mantener la tersura de su piel y las l\u00edneas del rostro.<\/p>\n<p>Cada vez que llego y abrazo a mi hermana, \u2014mi hermana es una mujer rubia de un cuerpo magistral\u2014, \u00e9l me saluda con afecto y me estrecha la mano. Dice con su voz l\u00e1nguida:<\/p>\n<p>\u2014\u00a1Oh, c\u00f3mo marchan esos cuadros se\u00f1or pintor! Estoy muy contento de que mi cu\u00f1ado sea un ilustre <em>dilettante<\/em>. As\u00ed la familia se engrandece, y cualquier d\u00eda mi querido cu\u00f1ado, mi estimado Claudio, usted abre su exposici\u00f3n y se gana sus miles de bol\u00edvares\u2026<\/p>\n<p>Yo lo desprecio finalmente.<\/p>\n<p>En realidad, sus palabras son vac\u00edas, afectadas, y creo que me habla y busca mi compa\u00f1\u00eda para establecer el contraste entre su rostro de apolo y mi cara demacrada; porque nac\u00ed feo, crec\u00ed igualmente, y no he podido modificar en nada mis rasgos. No soy ni siquiera simp\u00e1tico, sino feo, completamente horr\u00edfico. Cuando ten\u00eda catorce a\u00f1os, dec\u00eda mi madre: \u201cClaudio cambiar\u00e1, eso le pasa a todos los muchachos de su edad, ese es el crecimiento, asimismo ocurri\u00f3 con Beltr\u00e1n\u201d.<\/p>\n<p>Todo era una mentira, una dulce mentira de mi madre; porque yo nac\u00ed feo, crec\u00ed igualmente, y ser\u00e9 siempre un hombre de fealdad corrosiva\u2026 Por eso me desespera intensamente visitar a mi hermana Raquel. Y siempre sale al paso el bello de su marido a abrazarme y a compadecerse de mi grotesco rostro.<\/p>\n<p>-B-<\/p>\n<p>A la verdad, no soy pintor como insin\u00faa el marido de Raquel, ni siquiera un mal pintor. Lo que sucedi\u00f3 fue, que ca\u00ed de lleno en una ola de mediocres que se daban aires peripat\u00e9ticos de intelectuales. Discut\u00edan demasiado acerca del arte y sus relaciones con el hombre y el mundo. Yo, por mi esp\u00edritu ir\u00f3nico, (volteriano podr\u00eda decir), me gustaba intervenir a veces, poniendo de antemano la alabarda del desprecio, haci\u00e9ndoles ver a todos que comprend\u00eda la farsa que estaban llevando a cabo, y que me prestaba a hacerla m\u00e1s sugestiva con mi mezquino aporte\u2026 En muchas oportunidades sal\u00eda muy bebido. Una noche, despu\u00e9s de haber polemizado acerca de la misantrop\u00eda de Leonardo, despu\u00e9s que discut\u00ed la trascendencia de \u201cLa Gioconda\u201d, nos fuimos a un prost\u00edbulo. Llegu\u00e9 completamente borracho, divagaba como un b\u00e1rbaro acerca de temas profundamente vastos. Entonces, en un arranque sensualista que es com\u00fan a todos los borrachos, hice que una rubia de ojos grises que me miraba hac\u00eda rato, se desnudara para yo pintarla. La mujer accedi\u00f3, (\u00a1estaba enamorada de mi bella fealdad!), y el boceto grotesco, vulgar, lleno de un sadismo inspirado, rebosante de obscenidad, agrad\u00f3 a todos. Volqu\u00e9 mi pasi\u00f3n de borracho, de hombre feo, y de par\u00e1sito intelectual, en las carnes hermosas de la prostituta. Junto a sus senos, dibuj\u00e9 los senos cerebrales de un qu\u00edmico, (simul\u00e9 vagamente unas probetas\u2026), en la flor del vientre, coloqu\u00e9 a dos fil\u00f3sofos que seguramente hac\u00edan alardes pedantes en torno al amor y a la muerte\u2026 En total, despu\u00e9s de esa noche, mi fama de pintor apocal\u00edptico, mordazmente tr\u00e1gico, se extendi\u00f3\u2026<\/p>\n<p>As\u00ed, el marido de mi hermana, habla siempre de mi habilidad pict\u00f3rica cuando yo les hago una visita. (En el fondo, s\u00f3lo desea comparar nuestras bellezas: su hermosa belleza y mi bella fealdad). No sabe que he descubierto su juego. Quiz\u00e1s alg\u00fan d\u00eda me decida a englobar en una gran obra, \u2014un cuadro monumental, fant\u00e1stico, inconcebible\u2014, los t\u00e9rminos indefinidos y relativos de la belleza y de la fealdad. En realidad, en m\u00ed se han llegado a confundir esos t\u00e9rminos. Para el vulgo, soy un hombre feo, hasta para mis m\u00e1s inmediatos parientes. Mi madre, se daba cuenta de mis rasgos irregulares cuando ten\u00eda catorce a\u00f1os, y lleg\u00f3 a decirme que era el proceso de crecimiento que desproporcionaba la simetr\u00eda de mis p\u00f3mulos, y me daba ese aire sat\u00e1nico de monstruo intelectual. Porque esa es la verdad, cuando la gente me ha tratado por alg\u00fan tiempo, comprende, intuye, descubre horrorizada que tengo un aire sat\u00e1nico de monstruo intelectual\u2026<\/p>\n<p>Mis hermanos son perfectos, elegantes, de piel tierna y agraciada, (Raquel es rubia, Beltr\u00e1n s bronceado, casi un hind\u00fa); sin embargo, no s\u00e9 por qu\u00e9 oculta raz\u00f3n, he querido siempre descubrir un hilo com\u00fan entre cuatro rostros que en el fondo y superficialmente, son tan distintos. Son cuatro grados de belleza que palpitan en mi derredor, y me ofuscan, me ofuscan angustiosamente\u2026<\/p>\n<p>-C-<\/p>\n<p>Aquella prostituta rubia, de pupilas grises, que sirvi\u00f3 de modelo para el boceto, \u2014cuadro nonato y culpable de mi fama\u2014, representa el primer grado: est\u00e1 ajada, pura en su decadencia; la belleza, la extirp\u00f3, la hizo in\u00fatil traficando con su pasi\u00f3n. Y mi hermana Raquel, \u2014la rubia, la casada con el apolo\u2014, simula el grado opuesto, pero tambi\u00e9n hermano contradictorio. Ella, reina opulenta en su lecho amplio, cubierto de perfumes voluptuosos, (\u00a1c\u00f3mo se dilatan las aletas de su nariz en la medianoche cuando siente el cuerpo calenturiento que la est\u00e1 poseyendo!). Y la prostituta, \u2014polo a polo, dos grados diferentes de belleza\u2014, se resigna como un l\u00fagubre Cristo en su camastro, mientras que alg\u00fan hombre an\u00e9mico bebe el placer ansiosamente, lo busca como un sediento en sus belfos cansados\u2026 Los otros dos grados de belleza son varoniles, \u00a1pero qu\u00e9 distintos! El marido de mi hermana es uno. Su belleza es f\u00edsica. La m\u00e1scara que le cubre el rostro es una llama afrodis\u00edaca para las mujeres que le rodean, sin embargo, no se eleva al plano de la otra belleza, \u00a1mi belleza intelectual, sat\u00e1nica, monstruosa! Son los cuatro grados perfectos de la belleza\u2026 Quisiera fundirlos, confundirlos, aliarlos, hacerlos una sola y \u00fanica substancia, los reunir\u00eda en un cuadro monumental, o\u2026 en un espejo!<\/p>\n<p>La belleza pura, que nada en la morbidez del placer, la otra, alica\u00edda, penumbrosa, n\u00e1ufrago en el vicio. La belleza firme, segura, perif\u00e9rica, y la belleza demon\u00edaca, la belleza de la fealdad, en cuyo fondo se entrecruzan las aguas salvajes, turbias, de las ideas humanas. Quisiera fundir esas bellezas, aliarlas, hacerlas un aereolito m\u00e1gico, impresionante, ante el cual todos los hombres libraran sacrificios en aras del supremo dios del universo: \u00a1el sexo agobiador!<\/p>\n<p>-D-<\/p>\n<p>A veces me sorprenden estos \u00e9xtasis y me siento un artista inconmensurable. Dispuesto a crear monstruos bellos; sombr\u00edos y hermosos a la vez. Pero todo queda en la idea, en la forma gaseosa que se evapora en cuanto la febrilidad desaparece. Es como mi hermosura, que s\u00f3lo aparece en determinados instantes, ante determinada mujer, despu\u00e9s que he llegado a penetrar en la identidad an\u00edmica de mi amante\u2026 Por eso, me cuesta tanto ser un amante completo\u2026<\/p>\n<p>Hace muchos d\u00edas que no visito a mi hermana Raquel. Tampoco he visto a su marido. Parece que mi hermana se encuentra embarazada. \u00a1Coincidencia! \u00a1Singular coincidencia! La prostituta aquella, la rubia de pupilas grises que sirvi\u00f3 de modelo a mi locura de creador, lleva un hijo m\u00edo, una peque\u00f1a bestia que yo alent\u00e9 con mi soplido, en su vientre de pecadora. \u00bfPodemos culpar a los espermatozoides de los monstruos que fabrican? Esos dos cuerpecitos que saldr\u00e1n alg\u00fan d\u00eda a la luz, llevar\u00e1n los sellos de las cuatro bellezas, fundidas no en uno, sino en dos modelos, \u00a1ser\u00e1n cuatro rostros en un espejo, pero que reflejan s\u00f3lo dos im\u00e1genes!<\/p>\n<h4 style=\"text-align: right;\"><a href=\"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/andres-marino-palacio\/\" target=\"_blank\" rel=\"noopener\">Sobre el autor<\/a><\/h4>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Abiga\u00edl Pulgar I Un hombre seco, delgado y alto hab\u00eda sido siempre Abiga\u00edl Pulgar. 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