{"id":4968,"date":"2022-06-26T00:45:32","date_gmt":"2022-06-26T00:45:32","guid":{"rendered":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/?p=4968"},"modified":"2023-11-24T18:29:21","modified_gmt":"2023-11-24T18:29:21","slug":"en-torno-a-la-obra-de-andres-mata","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/en-torno-a-la-obra-de-andres-mata\/","title":{"rendered":"En torno a la obra de Andr\u00e9s Mata"},"content":{"rendered":"<h4 style=\"text-align: right;\"><strong>Fernando Paz Castillo<br \/>\n<\/strong><\/h4>\n<p>Hacia 1922 \u2014precisamente cuando muestra generaci\u00f3n, despu\u00e9s de haber divagado mucho por entre sendas sugestivas de variada orientaci\u00f3n, afirmaba sus pasos en la literatura venezolana con obras apreciables\u2014, en Roma, Manuel D\u00edaz Rodr\u00edguez escrib\u00eda, entre emociones frescas y memorias lejanas, el pr\u00f3logo de una de las obras de Andr\u00e9s Mata, cuya labor po\u00e9tica efectiva se hab\u00eda detenido, como bien lo se\u00f1ala Arturo Uslar Pietri \u2014Obras Completas, edici\u00f3n Edime\u2014, en 1908, cuando el poeta de Arias sentimentales parece haber dado por concluida la entusiasta producci\u00f3n po\u00e9tica de su juventud.<\/p>\n<p>El pr\u00f3logo de D\u00edaz Rodr\u00edguez \u2014lo que no acontece con frecuencia entre nosotros, tan dados a confundir la mente del lector apacible y deseado, perdi\u00e9ndonos por entre eruditas o escol\u00e1sticas meditaciones\u2014 est\u00e1 lleno de intimidad en sus palabras y en sus pensamientos. Es como una rom\u00e1ntica evocaci\u00f3n de juventud en un hombre de 54 a\u00f1os, que, del mismo modo que la mayor\u00eda de sus compa\u00f1eros de generaci\u00f3n, hab\u00eda envejecido repentinamente en su vida, si no en su obra. Porque, como la mayor parte de \u00e9stos, hab\u00eda llegado tambi\u00e9n a la cumbre, muy merecida por cierto, sin nadie junto a ellos de parecida entidad que pudiera hacerles competencia.<\/p>\n<p>Dice D\u00edaz Rodr\u00edguez en el mencionado pr\u00f3logo:<\/p>\n<p><em>Hasta algo despu\u00e9s de mis veinte a\u00f1os apenas lo conoc\u00ed por sus versos copiados y recogidos en peri\u00f3dicos y revistas de Hispanoam\u00e9rica sobre la firma de Andr\u00e9s A. Mata, seguida de \u201cun venezolano\u201d, entre par\u00e9ntesis, a la usanza de entonces. <\/em><\/p>\n<p>Cuando esto sucede, tiene D\u00edaz Rodr\u00edguez dos a\u00f1os m\u00e1s que Mata. Y al punto de conocerle personalmente, por la \u00e9poca de la publicaci\u00f3n de Pent\u00e9licas en 1896, ya Mata, que comienza a sentir en el alma la fatiga del vivir apresurado, se considera mucho mayor que el autor de Sensaciones de viaje, cuyo reciente triunfo seguramente lo hac\u00eda parecer m\u00e1s joven a los ojos del poeta.<\/p>\n<p>Y en efecto, escribe D\u00edaz Rodr\u00edguez:<\/p>\n<p><em>Aludiendo a la diferencia de n\u00famero de nuestros a\u00f1os mozos, \u00e9l se daba por viejo, y sin embargo, el roc\u00edo de la aurora mojaba nuestros labios y en lo alto de nuestra frente parec\u00eda detenerse en perdurable fijeza diamantina la aurora de la juventud. <\/em><\/p>\n<p>Esta impresi\u00f3n de vejez prematura, de \u201coto\u00f1o en primavera\u201d, seg\u00fan la expresi\u00f3n de Dar\u00edo, es frecuente en los modernistas. El poeta de Cantos de vida y esperanza, cuando todav\u00eda anda por los treinta a\u00f1os, lamenta la p\u00e9rdida del divino Tesoro de la Juventud. Dir\u00edase que heredaron parecido desaliento de N\u00fa\u00f1ez de Arce, que no era un gran poeta y sin embargo ejerci\u00f3 mucha influencia en ellos durante la mocedad, con sus resabios de romanticismo airado y combativo, y su pesimismo ancestral, As\u00ed, al menos, lo revela la siguiente estrofa de uno de los mejores poemas del celebrado autor de La \u00faltima lamentaci\u00f3n de Lord Byron:<\/p>\n<blockquote><p><em>\u00a1Treinta a\u00f1os! \u00a1Qui\u00e9n me dir\u00eda <\/em><\/p>\n<p><em>que tuviera al cabo de ellos <\/em><\/p>\n<p><em>si no blanco los cabellos <\/em><\/p>\n<p><em>el alma apagada y fr\u00eda! <\/em><\/p><\/blockquote>\n<p>A pesar de lo anteriormente expuesto, Mata, para fines del pasado siglo, de regreso a la patria despu\u00e9s de su destierro, era sin duda un poeta melanc\u00f3lico por inclinaci\u00f3n hacia esta clase de poes\u00eda y aproximaciones al sentimiento popular, pero no pesimista. Y ello conviene anotarlo, porque cambia un poco el sentido que se ha dado generalmente, por rutina de pensamiento o pereza de la sensibilidad, a su vida y a su obra.<\/p>\n<p>En <em>El Cojo Ilustrado<\/em>, correspondiente al 15 de junio de 1895 \u2014cuarto a\u00f1o de labor de la meritoria revista en la prensa de Caracas\u2014, se dice, recordando ya \u00e9pocas pasadas del poeta, cuyo nombre han difundido por el \u00e1mbito de Am\u00e9rica, intelectualmente m\u00e1s unida que ahora, peri\u00f3dicos extranjeros; algunos de vida ef\u00edmera, como hubo tantos a la saz\u00f3n, aunque de valor incuestionable para la historia por su oportunidad:<\/p>\n<p><em>Andr\u00e9s Mata empieza a la vida p\u00fablica en el campo de las letras y empieza como bueno. Desde muy ni\u00f1o, en las redacciones y en los clubs de las ciudades orientales, entre las que se cuenta la que le sirvi\u00f3 de cuna, viene d\u00e1ndose a conocer y su nombre ya ha ido, llevado por bien adquirida reputaci\u00f3n, a extranjeros centros de cultura literaria. Motivos pol\u00edticos le obligaron a tomar el camino del destierro, y en la Rep\u00fablica Dominicana, con su talento, con su pluma y su conducta, refrend\u00f3 los t\u00edtulos que le han valido aplausos, cari\u00f1o y nombre. <\/em><\/p>\n<p>A rengl\u00f3n seguido, a\u00f1ade la misma nota, con verdadera simpat\u00eda cordial hacia el poeta que, sin apartarse de la tradici\u00f3n, ensayaba nuevos tonos en su lira: \u201cDe Santo Domingo fue a Nueva York; pero el brumoso y fr\u00edo clima del Norte fue demasiado cruel para su salud, quebrantada en prematuros sufrimientos\u201d.<\/p>\n<p>Vuelve con la fama, con melancol\u00eda y sin pesimismo, como lo he se\u00f1alado. Porque, en realidad, era un gozador de la vida por sobre todo. Y si la actividad po\u00e9tica de Mata se estanca en temprana hora, acaso como consecuencia de lo que acertadamente llama Jos\u00e9 Ram\u00f3n Medina \u201csu vocaci\u00f3n rom\u00e1ntica\u201d, desde luego un poco inactual; en cambio, su amor a la poes\u00eda e inter\u00e9s por ella no lo abandonan en el curso de su perezosa existencia, como que es cosa inherente a su naturaleza.<\/p>\n<p>Para comprender mejor la sinceridad de Mata con su poes\u00eda, conviene detenerse, no s\u00f3lo en el poeta celebrado, en veces desde\u00f1oso; ni en el de voz popular y seductora a que se refiere D\u00edaz Rodr\u00edguez \u2014ampar\u00e1ndose para ello en una expresi\u00f3n de Jos\u00e9 Antonio Calca\u00f1o acerca de su propia maneta de escribir\u2014, sino tambi\u00e9n en el cr\u00edtico generoso de algunos poetas contempor\u00e1neos de Venezuela, de pa\u00edses lejanos o de las Antillas vecinas.<\/p>\n<p>Mata amaba estas tierras y sus mares salobres, como amaba el mar de Macuto; sus cocales ribere\u00f1os, sus playas oscuras; sus aguas verdes y sus cielos azules o de plata hasta la l\u00ednea de oro y n\u00e1car del horizonte. Pero particularmente amaba la poes\u00eda sensual y heroica de estas regiones, en cuya melod\u00eda parecen inspirarse muchas de sus m\u00e1s populares composiciones, ennoblecida aqu\u00e9lla por la pureza y pulcritud de sus palabras. \u00c1 manera de ejemplo, inserto los p\u00e1rrafos que siguen, tomados de un art\u00edculo cuyo con motivo del libro <em>Tropicales<\/em>, del poeta puertorrique\u00f1o Luis Mu\u00f1oz Rivera, ahora casi desconocido, aun de la generalidad de los escritores, peto en su \u00e9poca de mucha fama por su vida y por su obra. De \u00e9l dice Max Henr\u00edquez Ure\u00f1a:<\/p>\n<p><em>Es en los dos grandes conductores del pueblo de Puerto Rico, Luis Mu\u00f1oz Rivera y Jos\u00e9 de Diego, revolucionarios en la ideolog\u00eda pol\u00edtica, en quienes primero pueden encontrarse algunos rasgos que se\u00f1alen un proceso de transici\u00f3n hacia una expresi\u00f3n po\u00e9tica renovada. <\/em><\/p>\n<p>Y con fervor verdaderamente noble, Mata, que para la fecha es un triunfador por influjo de su l\u00edrica, cuidadosamente popular, escribe a prop\u00f3sito de Tropicales, recordando la vida del poeta en desgracia, con un reborde de salmo en sus palabras:<\/p>\n<p><em>Conoci\u00f3 la divina embriaguez del triunfo \u2014aunque por breve tiempo\u2014, y cuando vio su obra desplomarse bajo el peso del \u00e1guila hiperb\u00f3rea, emprendi\u00f3 entonces la ruta del exilio. \u00a1Hoy estorba en su tierra!&#8230; <\/em><\/p>\n<p>Tal vez con su ausencia de ella se apag\u00f3, entre el recuerdo lejano del mar y de las monta\u00f1as de su infancia, el manantial m\u00e1s fresco y murmurante de su poes\u00eda. Su vida se apag\u00f3 tambi\u00e9n en 1916. Poco antes de la de su compa\u00f1ero, de poes\u00eda y faenas pol\u00edticas, Jos\u00e9 de Diego, a quien acogi\u00f3 la paz de la muerte en 1918.<\/p>\n<p>De este modo se expresa Mata acerca del poeta puertorrique\u00f1o, con lo cual muestra su inter\u00e9s por la poes\u00eda americana en plena aventura modernista:<\/p>\n<p><em>Antes de que tu libro viniera a mis manos, y antes de que tu Patria me brindase cari\u00f1osa hospitalidad, amaba ya tus versos, \u00a1oh poeta! Am\u00e1balos, porque en ellos se hermana la fuerza y la belleza como en los bronces de Lisipo; am\u00e1balos porque cantan; am\u00e1balos porque truenan. <\/em><\/p>\n<p><em>Lleva Mata su generosidad hasta escribir m\u00e1s adelante, con frase halag\u00fce\u00f1a, pero no aduladora: Hay entre otras, una poes\u00eda en tu libro que me era desconocida. Esa poes\u00eda se intitula Vendiniaria; y si el entusiasmo no me traiciona, creo que el poeta que la produjo puede, entre D\u00edaz Mir\u00f3n y Rub\u00e9n Dar\u00edo, presentarse al estrado de la cr\u00edtica, dispuesta la frente al verde laurel y el alma a la victoria. <\/em><\/p>\n<p>En estas palabras \u2014que confortan el alma por su significaci\u00f3n moral\u2014, no hay voluntad de enga\u00f1o, aunque s\u00ed pudo haber enga\u00f1o por el afecto. No la hubo porque, en la misma nota, hay observaciones agudas e imparciales al autor.<\/p>\n<p>No puede desconocerse que Mata siente afecto por la isla que dio albergue y paz de esp\u00edritu a Heriberto Garc\u00eda de Quevedo, a Miguel S\u00e1nchez Pesquera y, sobre todo a Juan Antonio P\u00e9rez Bonalde, quien la llama en su poema Bendita seas, \u201cReina de los vergeles del Caribe&#8230;\u201d.<\/p>\n<p>Mata recoge esta tradici\u00f3n de nuestro Mediterr\u00e1neo, como un rapsoda de Homero, cuando desde el seno de la patria \u2014despu\u00e9s de morales naufragios\u2014 se dirige al poeta amigo, cuyos versos apenas conocemos hoy, con la emoci\u00f3n de la lectura todav\u00eda en sus palabras.<\/p>\n<p>Estas cr\u00f3nicas \u2014no muy numerosas pero que, acaso por ello mismo, con placer sorprendemos, de cuando en cuando, en las p\u00e1ginas de El Cojo Ilustrado y otras publicaciones contempor\u00e1nea\u2014 nos presentan un Mata distinto al que frecuentemente vimos en Caracas o en las playas de Macuto. Casi siempre entre amigos y amigas, pero tambi\u00e9n casi siempre aislado por el fervor de los admiradores de sus versos, populares, discretamente modernos y siempre rom\u00e1nticos.<\/p>\n<h4 style=\"text-align: right;\"><a href=\"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/fernando-paz-castillo\/\" target=\"_blank\" rel=\"noopener\">Sobre el autor<\/a><\/h4>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Fernando Paz Castillo Hacia 1922 \u2014precisamente cuando muestra generaci\u00f3n, despu\u00e9s de haber divagado mucho por entre sendas sugestivas de variada orientaci\u00f3n, afirmaba sus pasos en la literatura venezolana con obras apreciables\u2014, en Roma, Manuel D\u00edaz Rodr\u00edguez escrib\u00eda, entre emociones frescas y memorias lejanas, el pr\u00f3logo de una de las obras de Andr\u00e9s Mata, cuya labor [&hellip;]<\/p>\n","protected":false},"author":6,"featured_media":4969,"comment_status":"open","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"_monsterinsights_skip_tracking":false,"_monsterinsights_sitenote_active":false,"_monsterinsights_sitenote_note":"","_monsterinsights_sitenote_category":0,"footnotes":""},"categories":[14],"tags":[44,3],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/4968"}],"collection":[{"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/users\/6"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=4968"}],"version-history":[{"count":4,"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/4968\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":4978,"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/4968\/revisions\/4978"}],"wp:featuredmedia":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/media\/4969"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=4968"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=4968"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=4968"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}