{"id":4954,"date":"2022-06-23T00:39:04","date_gmt":"2022-06-23T00:39:04","guid":{"rendered":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/?p=4954"},"modified":"2024-11-08T17:34:52","modified_gmt":"2024-11-08T22:04:52","slug":"dos-cuentos-hector-torres","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/dos-cuentos-hector-torres\/","title":{"rendered":"Dos cuentos de H\u00e9ctor Torres"},"content":{"rendered":"\n<h3 class=\"wp-block-heading\">Era la ley de la calle y no pod\u00eda haber excepciones<\/h3>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-right\"><em>A Manuel Llorens<\/em><\/p>\n\n\n\n<p>No es ese animal repulsivo que todo el mundo cree ver. No, se\u00f1or. Ese del cual alguien escribi\u00f3, con innegable mala leche, que nadie pondr\u00eda a su equipo \u201cLos Zamuros de Ningunaparte\u201d. Lo que pasa es que, como el matrimonio, el pobre tiene p\u00e9sima prensa. Pero lo que el prejuicio no deja ver es que este animal, una de las siete especies de buitre americano existentes, tiene un vuelo elegante y majestuoso. Con unos pulmones superdotados para aguantar el aire enrarecido, aprovecha las corrientes c\u00e1lidas y planea a alturas a las que ninguna otra ave alcanza.<\/p>\n\n\n\n<p>En 1973, por ejemplo, un pariente lejano \u2014el buitre de Rupell\u2014 se estrell\u00f3 en los cielos de Costa de Marfil contra un avi\u00f3n, a unos once mil metros de altura. Si eso no es volar alto&#8230;<\/p>\n\n\n\n<p>El zamuro es un animal de fino olfato que, adem\u00e1s de desinfectar sus patas con el amon\u00edaco contenido en su orina, degusta sus platos cocidos en el fermento de sus propios jugos. Y usualmente come en grupo. Eso de comer carne cruda se los deja a los b\u00e1rbaros depredadores, los cuales, valga decirlo, consumen apenas un 36% de las presas que aniquilan. Si fuera por ellos lo dem\u00e1s se perder\u00eda. Semejante desperdicio no se consuma gracias, precisamente, a los zamuros. No en vano forma parte, junto con zopilotes y c\u00f3ndores, de la familia de los cat\u00e1rtidos, palabra que viene de <em>kathartes<\/em> la cual, traducida del griego significa, literalmente, \u201clos que limpian\u201d.<\/p>\n\n\n\n<p>Incomprendida especie que, lejos de recibir agradecimientos, carga encima los prejuicios del mundo solo por hacer bien lo que le toca: limpiar al mundo de carne en descomposici\u00f3n. Pero ese es otro tema. Lo que viene al caso es que el zamuro es un animal de hermoso vuelo, refinado gusto gastron\u00f3mico y, salvo a la hora de comer, car\u00e1cter usualmente manso. Al punto de no poseer garras filosas.<\/p>\n\n\n\n<p>Resulta curioso que gente sensible no pueda ver esas virtudes con la misma claridad que la banda del Rabipelao. Claro que, en honor a la verdad, a nadie le consta que este irregular grupo de muchachos de entre trece y diecisiete a\u00f1os, que ya comenzaba a abultar un prontuario por los lados de Mesuca, en Petare, se haya detenido a pensar en ello. Posiblemente se sent\u00edan afines a su condici\u00f3n de carro\u00f1eros. Compart\u00edan, eso s\u00ed, la misma mala prensa. Aunque ellos, todo hay que decirlo, s\u00ed daban material para la fama que se les endilgaba.<\/p>\n\n\n\n<p>La banda del Rapibelao opera en Mesuca desde hace un par de a\u00f1os. El l\u00edder era un menor de diecis\u00e9is a\u00f1os que se hizo c\u00e9lebre por su habilidad para huir y esconderse en los meandros de las quebradas. Se dice que las conoc\u00eda a la perfecci\u00f3n y que, en m\u00e1s de una ocasi\u00f3n, lleg\u00f3 a esconderse varios d\u00edas en ellas, huyendo del fuego enemigo.<\/p>\n\n\n\n<p>Lo cierto es que, aunque nadie sabe c\u00f3mo ocurri\u00f3 el asunto, la banda del Rabipelao adopt\u00f3 un zamuro, el cual hac\u00eda las veces de mascota y estandarte. A ra\u00edz de eso, en el barrio se dec\u00edan muchas cosas. Que era una contra, que el animal estaba embrujado, que era un \u00e1ngel de la guarda disfrazado para convivir con esos pichones de hampones\u2026 De todo cuanto se dec\u00eda, lo comprobable era: a) que el animal bajaba a comer con ellos y se posaba manso en su compa\u00f1\u00eda, y b) que esa curiosa situaci\u00f3n \u2014en buena parte gracias a las leyendas que despertaba\u2014 les confer\u00eda una reputaci\u00f3n siniestra, lo que les resultaba \u00fatil para disuadir a las bandas rivales.<\/p>\n\n\n\n<p>Hay quien dice que lo hab\u00edan domesticado con carne humana, para deshacerse de sus v\u00edctimas. Pero, nuevamente, nadie podr\u00eda asegurarlo. Lo que s\u00ed pod\u00edan constatar en el barrio es que, cuando estaban reunidos, el animal describ\u00eda c\u00edrculos en torno y que, cada tanto, mataban ratas para convidarlo a comer. Era una escena que se ve\u00eda con frecuencia cuando estaban en el plan fum\u00e1ndose un tabaco y, quiz\u00e1, repartiendo un bot\u00edn. Se pod\u00eda saber que estaban all\u00ed por el vuelo del animal, cuyos c\u00edrculos cerrados hac\u00eda, como ya se dijo, de estandarte. Esa rareza los envanec\u00eda. Saberse temidos, no s\u00f3lo por sus fechor\u00edas, sino por su mascota, les hac\u00eda sentir \u00fanicos.<\/p>\n\n\n\n<p>Esa fama sigui\u00f3 remont\u00e1ndose, como el vuelo del zamuro \u2014del cual, por cierto, nunca se supo si llegaron a ponerle nombre\u2014, y se derram\u00f3 m\u00e1s all\u00e1 de sus dominios. Era su GPS.<\/p>\n\n\n\n<p>Una tarde, luego de un enfrentamiento con Los Raticas, la banda del Rabipelao se enconch\u00f3 en un sitio no determinado, en previsi\u00f3n de una represalia de aquellos que, aunque m\u00e1s j\u00f3venes, eran m\u00e1s salvajes. Estando all\u00ed, donde nadie pod\u00eda sospechar que estaban, escucharon una andanada de tiros que atraves\u00f3 las paredes del rancho. Cuando alcanzaron a asomarse se supieron rodeados por unos veinte sujetos, que escup\u00edan plomo sin compasi\u00f3n y parec\u00edan muy dispuestos a completar la tarea. De hecho, Miguel Hambre y Carenueve cayeron abatidos en un intento de responder el ataque. Solo la legendaria pericia del Rabipelao en la huida a trav\u00e9s de las quebradas, salv\u00f3 a la banda de la aniquilaci\u00f3n total.<\/p>\n\n\n\n<p>Al d\u00eda siguiente, los sobrevivientes se reunieron convocados por el esp\u00edritu de la venganza. Alguien les hab\u00eda echado paja, alguien deb\u00eda morir. El Rabipelao mir\u00f3 a todos los miembros de la banda a los ojos, uno a uno, detenidamente, buscando una mirada que se delatara, un gesto que se quebrara. De pronto, Chatarra elev\u00f3 su mirada al cielo. Cuando el Rabipelao estaba a punto de leer en ello el signo de la traici\u00f3n, vio que aquel encontraba lo que estaba buscando en las alturas.<\/p>\n\n\n\n<p>Co\u00f1uesumadre, dijo con dolor, ya que le hab\u00eda cogido verdadero cari\u00f1o al animal.<\/p>\n\n\n\n<p>Era la ley de la calle y no pod\u00eda haber excepciones. Por tanto, muy a su pesar, lo invit\u00f3 a comer y, mientras el noble animal se devoraba su raci\u00f3n de rata, el Rabipelao tom\u00f3 un cuchillo y, con sus propias manos, lo degoll\u00f3.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-center\">***<\/p>\n\n\n\n<h3 class=\"wp-block-heading\"><strong>\u00bfDe verdad quieres que te diga?<\/strong><\/h3>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-right\"><em>a V\u00edctor<a> <\/a>Valera Mora y \u00c1ngel Gustavo Infante<\/em><\/p>\n\n\n\n<p>La peque\u00f1a pantalla ilumin\u00f3, al fin, las letras PB. Antes de abrirse las puertas, se escuchaba una pegajosa cancioncita de moda. Cuando se abrieron, de la cabina emergi\u00f3 el gal\u00e1n del piso 12. En cuanto vio a la chica que esperaba afuera, detuvo su concierto en seco.<\/p>\n\n\n\n<p>\u00a1Mi ni\u00f1a, buen\u00edsimos d\u00edas!, palade\u00f3, m\u00e1s que hablar. Te pasas de bella, chica. Pero, \u00a1Mi cielo! Dime un solo defecto tuyo, flaca linda&#8230; L\u00edbrame de esta esclavitud de verte perfecta, anda.<\/p>\n\n\n\n<p>Ella esper\u00f3, con su mejor mirada de indiferencia, a que \u00e9l saliera del ascensor. En la relativa seguridad de la cabina, se dio vuelta y, vi\u00e9ndolo a la cara, no pudo reprimir una sonrisa. \u00c9l la interpret\u00f3 como un t\u00edmido pero seguro avance hacia el glorioso objetivo de ver sus pantaletas desliz\u00e1ndose por esas piernas morenas.<\/p>\n\n\n\n<p>Animado por el amistoso gesto, permaneci\u00f3 inm\u00f3vil frente a ella, como esperando una respuesta, palp\u00e1ndola de arriba a abajo con la vista. Ella, manteniendo su sonrisa divertida, dijo algo que \u00e9l no alcanz\u00f3 a escuchar, distra\u00eddo como estaba en comerle las piernas. Cuando intent\u00f3 atrapar sus palabras, las puertas del ascensor se llevaron la imagen que lo acompa\u00f1ar\u00eda el resto de la ma\u00f1ana.<\/p>\n\n\n\n<p>Luego de verla desaparecer dentro del ascensor, sali\u00f3 del edificio y se enrumb\u00f3 hacia la parada del Metrob\u00fas, examinando las razones por las cuales pod\u00eda sentirse optimista. La m\u00e1s obvia aunque, a su juicio, no la \u00fanica, adem\u00e1s de esa sonrisa que le acababa de regalar, era que no le conoc\u00eda hombre. Nadie, excepto los familiares m\u00e1s cercanos, la visita nunca, razon\u00f3 para animarse. Los padres, cada cierto tiempo; el hermano, cada dos o tres semanas; una que otra amiga\u2026 enumeraba satisfecho, caminando por la acera todav\u00eda h\u00fameda por la lluvia de la noche anterior, recordando las piernas en esa faldita diminuta con la que nunca antes la hab\u00eda visto.<\/p>\n\n\n\n<p>No quer\u00eda pensar en nada m\u00e1s para no perderla de vista. En los cinco a\u00f1os que llevaba viviendo all\u00ed, esa hab\u00eda sido la mejor postal que le hab\u00eda regalado Santa M\u00f3nica. Camin\u00f3 cerca de tres cuadras con una \u00fanica imagen y una \u00fanica certeza: las piernas de la chica del 6-D y esa sonrisa que, estaba convencido, significaba algo. Concluy\u00f3 que al fin se estaba ablandando, y se relam\u00eda con la inminencia de la felicidad por venir.<\/p>\n\n\n\n<p>Eso no pasa de tres semanas, sentenci\u00f3, y apur\u00f3 el paso porque el Metrob\u00fas se asomaba ya a la avenida.<\/p>\n\n\n\n<p>Se estaba quedando dormida en el desorden de unas im\u00e1genes lejanas cuando escuch\u00f3 el chorro de la regadera. Se despert\u00f3 y tard\u00f3 un instante en ubicar las circunstancias y en intuir la hora. Al recordar las \u00faltimas escenas de la vigilia, se incorpor\u00f3 y recuper\u00f3 de inmediato el casi imperceptible vaiv\u00e9n que timoneaba sus caderas luego de la larga noche. Estir\u00e1ndose como una gata se pregunt\u00f3 con qu\u00e9 fuerza de voluntad podr\u00eda alguien levantarse de la cama, luego de <em>ese<\/em> momento. En eso escuch\u00f3 sus pasos descalzos y alz\u00f3 la vista.<\/p>\n\n\n\n<p>Ese caminar apurado y de pies en V lo reconocer\u00eda hasta en Pek\u00edn, se dijo.<\/p>\n\n\n\n<p>\u00bfTienes que irte ya?, le pregunt\u00f3, desperez\u00e1ndose en la cama.<\/p>\n\n\n\n<p>Si te digo que ya deber\u00eda estar en el aeropuerto, \u00bfqu\u00e9 me dir\u00edas?<\/p>\n\n\n\n<p>Ella sonri\u00f3 y lo hal\u00f3 por un brazo.<\/p>\n\n\n\n<p>Que te quedes acostadito, y as\u00ed te evitas el embarque.<\/p>\n\n\n\n<p>Eduardo la complaci\u00f3 y se acost\u00f3 a su lado, disfrutando de la tibieza de su cuerpo en contraste con el suyo, que estaba helado. Permanecieron abrazados en silencio, hasta que \u00e9l, luego de escoger las palabras, le pregunt\u00f3 si de verdad nunca se lo hab\u00eda reprochado.<\/p>\n\n\n\n<p>De los dos, \u00e9l siempre fue m\u00e1s temeroso, m\u00e1s cauto. La temeridad de ella, en cambio, era el equilibrio perfecto al comedimiento de Eduardo. As\u00ed lo ve\u00eda ella. \u00c9l, menos optimista, sol\u00eda resumir su \u201cequilibrio\u201d en dejar que ella se saliera con la suya.<\/p>\n\n\n\n<p>Valentina apel\u00f3 al recurso de volverse atrevida, disfrutando de verlo indefenso ante sus arremetidas. Ignorando los pensamientos que rondan los insomnios, el eco de los atardeceres en soledad, las palabras coladas en medio de las pel\u00edculas repetidas de los domingos, le respondi\u00f3 con afectado aire infantil, mientras jugueteaba con un dedo por el pecho de \u00e9l y su mirada se perd\u00eda tras la ventana:<\/p>\n\n\n\n<p>\u00bfPor qu\u00e9, pues? T\u00fa me quieres&#8230; yo te quiero&#8230; Te vuelves loco cuando me ves desnuda&#8230; Eres de lo m\u00e1s sabroso en la cama&#8230;<\/p>\n\n\n\n<p>Pero no imagino la cara que pondr\u00edan&#8230;<\/p>\n\n\n\n<p>\u00bfY por qu\u00e9 vienes cuando no est\u00e1n?, le interrumpi\u00f3, retir\u00e1ndole la mano de su pecho. \u00bfPor qu\u00e9 llamas antes? Porque nadie imagina la cara que pondr\u00edan, papito. Pero esa no es raz\u00f3n suficiente para que no sigas viniendo. De hecho&#8230; m\u00edrate aqu\u00ed.<\/p>\n\n\n\n<p>Esto \u00faltimo lo dijo sonriendo, arqueando las cejas y moviendo los hombros, como dando a entender que, por cotidiano, ya era algo natural.<\/p>\n\n\n\n<p>\u00bfNo te gusto?, le pregunt\u00f3 al rato, sonriendo por dentro de ver c\u00f3mo la resoluci\u00f3n de \u00e9l se derret\u00eda como un helado a pleno sol.<\/p>\n\n\n\n<p>Qued\u00f3 acorralado y deb\u00eda admitirlo. O al menos, guardar silencio. Como siempre, ella se hab\u00eda salido con la suya. De hecho, permanecieron callados un momento. \u201cMucho\u201d, respondi\u00f3 \u00e9l, mirando al techo. Ella reinici\u00f3 los mimos, acarici\u00e1ndole alevosamente la pierna con su pie. \u00c9l advirti\u00f3 que volv\u00eda a erectarse. Ella se percat\u00f3 y sonri\u00f3 con malicia. \u00c9l trat\u00f3 de defenderse del estado en que ella lo pon\u00eda. \u201c\u00bfSabes que desde que eres carajita he pensado que est\u00e1s loca?\u201d, quiso decirle, pero record\u00f3 que ya se lo hab\u00eda dicho antes.<\/p>\n\n\n\n<p>Y muchas veces.<\/p>\n\n\n\n<p>Eduardo ya se hab\u00eda vestido y Valentina permanec\u00eda desnuda sobre la cama, boca abajo, la quijada apoyada sobre sus manos cruzadas, confiada en que esa visi\u00f3n ser\u00eda irresistible. Cuando \u00e9l se despidi\u00f3, ella sin cambiar la posici\u00f3n, le pregunt\u00f3:<\/p>\n\n\n\n<p>\u00bfCu\u00e1ndo vuelves a sorprenderme con tu visita?<\/p>\n\n\n\n<p>Si logro salir siquiera, te llamo en cuanto llegue, respondi\u00f3, evitando detener la vista en su espalda delgada, en sus piernas morenas, en sus nalgas firmes.<\/p>\n\n\n\n<p>Deja que me ponga algo para bajar a acompa\u00f1arte, dijo ella, y volvi\u00f3 a estirarse, siempre de espaldas, con alevosa calma.<\/p>\n\n\n\n<p>Le iba a decir que no se molestara, pero sab\u00eda que contrariar a Valentina era como pelear con el clima. Ella se termin\u00f3 de incorporar y, despu\u00e9s de buscar durante un buen rato en el cl\u00f3set, descubri\u00f3 que ten\u00eda toda la ropa sucia.<\/p>\n\n\n\n<p>Se me hace tarde, dijo \u00e9l viendo el reloj y asom\u00e1ndose a la ventana.<\/p>\n\n\n\n<p>Ya va, chico, dijo ella, y tropez\u00f3 con una gastada faldita que usaba para estar en casa. Le incomodaba la idea de bajar hasta planta baja \u00abcasi desnuda\u00bb, pero no tuvo m\u00e1s remedio que pon\u00e9rsela. Se busc\u00f3 brevemente en el espejo, se acomod\u00f3 un mech\u00f3n rebelde que ca\u00eda sobre la frente, alis\u00f3 la falda con las manos y asinti\u00f3 con resignaci\u00f3n antes de ir por las llaves.<\/p>\n\n\n\n<p>Abajo se dieron s\u00f3lo un fraternal abrazo. Ella volvi\u00f3 a sentirse inc\u00f3moda en ese atuendo tan privado. Saludando a una vecina que pasaba (y que le devolvi\u00f3 una mirada de arriba a abajo), le pidi\u00f3 a Eduardo que la llamara en cuanto le fuese posible.<\/p>\n\n\n\n<p>Trata de divertirte, fue la respuesta de \u00e9l.<\/p>\n\n\n\n<p>Me llamas, insisti\u00f3 ella, arregl\u00e1ndole el cuello de la camisa.<\/p>\n\n\n\n<p>\u00c9l le tom\u00f3 con delicadeza las manos y les dio un beso r\u00e1pido a manera de despedida. Ella se qued\u00f3 observando brevemente su andar nervioso.<\/p>\n\n\n\n<p>Al perd\u00e9rsele de vista, decidi\u00f3 que no saldr\u00eda esa ma\u00f1ana. Algo triste que no terminaba de desgajarse le bajaba por el pecho. Y aunque no era la primera vez, nunca se acostumbraba a esas despedidas. Subir\u00eda y se tumbar\u00eda de nuevo en la cama. Quiz\u00e1 retomar\u00eda la lectura con la cual lo esper\u00f3, luego de su inesperada llamada. Dormir siempre es la soluci\u00f3n para lo que no tiene soluci\u00f3n, se dijo. Al despertarse estar\u00eda de mejor humor para buscar qu\u00e9 comer, afirm\u00f3 apurando el paso, porque la incomodidad de estar en planta baja tan ligera de ropa la asalt\u00f3 de nuevo.<\/p>\n\n\n\n<p>Presion\u00f3 el bot\u00f3n del ascensor y observ\u00f3 que la pantalla se manten\u00eda impasible iluminando el piso doce. Alborotados sus pudores, la sola idea de que alguien llegara le acrecentaba la inquietud. Como si pudiese echar a andar el aparato con ese gesto in\u00fatil, presion\u00f3 el bot\u00f3n nuevamente, esta vez con m\u00e1s fuerza. Ech\u00f3 una mirada hacia la entrada del edificio y pens\u00f3 en la inc\u00f3moda ambig\u00fcedad que supon\u00eda la planta baja, que no era la casa ni la calle.<\/p>\n\n\n\n<p>Y el ascensor segu\u00eda inerte iluminando el doce.<\/p>\n\n\n\n<p>Valentina alternaba su mirada entre la entrada del edificio y la pantalla del ascensor, hasta que vio iniciar la cuenta regresiva en la pantalla. Ahora s\u00f3lo deseaba que llegase vac\u00edo. No estaba de \u00e1nimo para saludar a nadie.<\/p>\n\n\n\n<p>Al ver que ya marcaba el ocho, se distrajo pensando en las s\u00e1banas revueltas que la esperaban, en el cuarto con las cortinas corridas, en los olores escondidos que saltan de los rincones de esas s\u00e1banas que ya estaban fr\u00edas, en hacer un breve inventario mental de la nevera. Lo primero que har\u00eda ser\u00eda desnudarse para disfrutar, en la cama, de la melanc\u00f3lica compa\u00f1\u00eda de su ausencia.<\/p>\n\n\n\n<p>La imagen de las manos de Eduardo acarici\u00e1ndola le hizo sentir un cosquilleo en el vientre. Nunca dejar\u00eda de asombrarle ese rito de buscar a alguien con quien morderse y lamerse con desespero, ni por qu\u00e9 nunca se agotan las ganas, ni qu\u00e9 mecanismos privan en la selecci\u00f3n de ese alguien. Concluy\u00f3 que el sexo es s\u00f3lo una herramienta inocente y amoral para obtener afecto. Eso siempre lo justifica, concluy\u00f3 en el momento en que el ruido del ascensor, precedido por una voz desafinando una cancioncita de Luis Miguel que ella odiaba, la sac\u00f3 de sus pensamientos.<\/p>\n\n\n\n<p>Cuando se abri\u00f3 la puerta, apareci\u00f3 el latoso del 12 (el indiscutible n\u00famero uno en la lista de antipat\u00edas personales de Valentina). Precisamente \u00e9l. Y precisamente cuando se hab\u00eda permitido bajar con esa falda tan diminuta. \u00bfTen\u00eda que ser \u00e9l? \u00bfY con esta faldita?, se pregunt\u00f3 contrariada, aunque reprimi\u00f3 cualquier gesto. Estaba convencida de que, ante tipos como \u00e9se, demostrarles cu\u00e1nto la pon\u00edan de mal humor era darles poder.<\/p>\n\n\n\n<p>Por supuesto, al gal\u00e1n se le ilumin\u00f3 el rostro. Por supuesto, le miraba las piernas como un perro callejero ve la vitrina de la carnicer\u00eda. Por supuesto, le sali\u00f3 con una de las que ya la ten\u00eda acostumbrada: que cu\u00e1l era su defecto, que \u00e9l la ve\u00eda perfecta y otras frases manidas que \u00e9l supon\u00eda originales.<\/p>\n\n\n\n<p>Ella no supo si fue porque de repente sonri\u00f3 que \u00e9l se qued\u00f3 esperando una respuesta, pero s\u00ed sab\u00eda que no le iba a decir lo que le pas\u00f3 por la mente. Era tan disparatado que no pudo reprimir la sonrisa. Se limit\u00f3, entonces, a preguntarle con picard\u00eda, con repentino \u00e1nimo de pasar a la ofensiva, de neutralizarlo definitivamente:<\/p>\n\n\n\n<p>\u00bfUn defecto? \u00bfDe verdad quieres que te diga?<\/p>\n\n\n\n<p>Y aunque no imagin\u00f3 qu\u00e9 iba a hacer si el gal\u00e1n insist\u00eda o intentaba entrar con ella al ascensor, no tuvo necesidad de m\u00e1s nada porque la puerta se cerr\u00f3, dejando tras de s\u00ed al tipo con su pose, esperando alguna clave que, \u00e9l supon\u00eda, ella iba a suministrarle para llegar hasta su cuarto.<\/p>\n\n\n\n<p>Iba en el ascensor pregunt\u00e1ndose por qu\u00e9 cuando una mujer vive sola los vecinos se ponen su cama como obsesiva meta, pero pronto olvid\u00f3 el asunto porque no estaba para disquisiciones de esa naturaleza. No en este momento ni con este \u00e1nimo, afirm\u00f3 sacando la llave.<\/p>\n\n\n\n<p>Cuando lleg\u00f3 al apartamento, se fue quitando la ropa camino al cuarto, dej\u00e1ndola regada a su paso. Se tir\u00f3 desnuda a retozar en la cama, aspirando, con los ojos cerrados, una franela de Eduardo que recogi\u00f3 del piso.<\/p>\n\n\n\n<p>Y, aunque ya no estaba pensando en eso, de pronto le cruz\u00f3 por la mente la cara del gal\u00e1n del 12, \u00abanda chica, dime un solo defectico tuyo&#8230;\u00bb.<\/p>\n\n\n\n<p>\u00bfQu\u00e9 tan amplio ser\u00e1 el tipito? \u00bfQu\u00e9 tanto soportar\u00e1?, se pregunt\u00f3 con la franela tap\u00e1ndole el rostro. Y luego, dirigi\u00e9ndose a \u00e9l imaginariamente: \u00bfSer amante de mi hermano califica como defecto? T\u00fa no eres moralista, \u00bfo s\u00ed?<\/p>\n\n\n\n<p>Sonri\u00f3 sin abrir los ojos, y escuch\u00f3 claramente de la voz de Eduardo:<\/p>\n\n\n\n<p>\u00bfSabes que desde que eras carajita he pensado que est\u00e1s loca?<\/p>\n\n\n\n<p>Pero t\u00fa me quieres as\u00ed, le respondi\u00f3 a la soledad de la habitaci\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n<p>Y quit\u00e1ndose la franela de la cara, agarr\u00f3 nuevamente el libro que estaba leyendo la noche anterior, luego de la llamada de Eduardo. Sonriendo ante las l\u00edneas abiertas al azar, recit\u00f3 para s\u00ed:<\/p>\n\n\n\n<p>\u201cBello cuerpo de mujer \/ que no fue d\u00f3cil ni amable ni sabio&#8230;\u201d<\/p>\n\n\n\n<h4 class=\"wp-block-heading has-text-align-right\"><a href=\"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/hector-torres-una-semblanza-de-su-vida\/\" target=\"_blank\" rel=\"noopener\">Sobre el autor<\/a><\/h4>\n\n\n\n<h6 class=\"wp-block-heading\">*Foto 1: Fernando Bracho. Foto 2: Jorge G\u00f3mez Jim\u00e9nez<\/h6>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Era la ley de la calle y no pod\u00eda haber excepciones A Manuel Llorens No es ese animal repulsivo que todo el mundo cree ver. No, se\u00f1or. Ese del cual alguien escribi\u00f3, con innegable mala leche, que nadie pondr\u00eda a su equipo \u201cLos Zamuros de Ningunaparte\u201d. Lo que pasa es que, como el matrimonio, el [&hellip;]<\/p>\n","protected":false},"author":6,"featured_media":4955,"comment_status":"open","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"_monsterinsights_skip_tracking":false,"_monsterinsights_sitenote_active":false,"_monsterinsights_sitenote_note":"","_monsterinsights_sitenote_category":0,"footnotes":""},"categories":[16],"tags":[33,3,43],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/4954"}],"collection":[{"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/users\/6"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=4954"}],"version-history":[{"count":4,"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/4954\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":13795,"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/4954\/revisions\/13795"}],"wp:featuredmedia":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/media\/4955"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=4954"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=4954"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=4954"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}