{"id":4943,"date":"2022-06-22T23:13:22","date_gmt":"2022-06-22T23:13:22","guid":{"rendered":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/?p=4943"},"modified":"2023-11-24T18:29:38","modified_gmt":"2023-11-24T18:29:38","slug":"un-pais-una-decada","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/un-pais-una-decada\/","title":{"rendered":"Un pa\u00eds. Una d\u00e9cada"},"content":{"rendered":"<h4 style=\"text-align: right;\">Salvador Garmendia<\/h4>\n<p>He cre\u00eddo prudente comenzar invocando la presencia de una d\u00e9cada; los a\u00f1os 60 de este siglo y treinta y dos de mi calendario particular, a\u00f1os que muy pronto, m\u00e1s pronto de los que cre\u00edamos, comenzar\u00e1n a formar parte del siglo pasado y casualmente, tambi\u00e9n del milenio. S\u00e9 que, de esta manera, vamos a situarnos en el terreno m\u00e1s adecuado para entrar en contacto directo con el tema, nuestro tema, que hemos querido llamar Un pa\u00eds, una d\u00e9cada. Y es que de todas maneras parece que ya no hay forma de mirar hacia atr\u00e1s, desde el tope de la centuria, sin que se interponga, cerrando toda perspectiva, esa especie de ola colosal de los a\u00f1os 60, cuyo espectro a\u00fan se eleva por encima de nosotros a modo de centelleante espect\u00e1culo. A muchos que fuimos sus participantes m\u00e1s o menos activos, ese montaje extravagante nos dej\u00f3 sin respiraci\u00f3n por largo tiempo y hasta es posible que a\u00fan queden algunos por all\u00ed, todav\u00eda con la piel erizada, pregunt\u00e1ndose si fue verdadero todo aquello, si ocurri\u00f3 de verdad. Por mi parte, estoy convencido de que la d\u00e9cada mete\u00f3rica en efecto tuvo lugar y el espect\u00e1culo dej\u00f3 momentos sobrecogedores y rel\u00e1mpagos que todav\u00eda destellan. Fue al fin y al cabo un cegador juego de luces que se extingui\u00f3 hasta consumirse, sin esperar a que bajara el tel\u00f3n y dej\u00f3 la tarima vac\u00eda y las armazones chamuscadas. En este momento, una imagen se proyecta con perfecta fidelidad en \u00a0mi conciencia. Vuelvo a ver y muchos de ustedes seguramente podr\u00e1n acompa\u00f1arme en esta recreaci\u00f3n, vuelvo a ver, la secuencia final de Woodstock, el hist\u00f3rico reportaje cinematogr\u00e1fico de esa asombrosa concentraci\u00f3n humana, impulso espont\u00e1neo de una generaci\u00f3n sin amos que hizo detener la respiraci\u00f3n del mundo como si se tratara de una m\u00e1gica resurrecci\u00f3n. Fue el traslado a la rutinaria realidad de una estampa religiosa coloreada con espont\u00e1nea ingenuidad y amplificada muchos miles de veces. La c\u00e1mara nos hace subir a la tarima, donde unas horas antes Jimi Hendrix hab\u00eda expropiado el himno nacional norteamericano y lanz\u00f3 por los aires sus compases entre aullidos el\u00e9ctricos. Desde esa tarima, podemos tener la visi\u00f3n completa de la gran explanada que alberg\u00f3 durante tres d\u00edas a una multitud de 300.000 j\u00f3venes; una concentraci\u00f3n como s\u00f3lo hab\u00edan podido ser vistas, en las concentraciones pol\u00edticas facistas, anteriores a la segunda guerra mundial. Lo que tenemos a la vista es un amanecer mojado, desanimado, p\u00e1lido. S\u00f3lo alguna pareja retrasada vaga in\u00fatilmente entre los desperdicios, que el aire fatigado apenas consigue remover un poco. Nada ha quedado por aqu\u00ed que no sea desolaci\u00f3n y abandono. Ni cuerpos ni almas ni m\u00fasica ni humo ni nada que recoger del suelo. Un minuto despu\u00e9s, las c\u00e1maras se apagan. La pantalla ha quedado vac\u00eda. Aqu\u00ed, la d\u00e9cada nos est\u00e1 ense\u00f1ando su legado.<\/p>\n<p>Podr\u00edamos agregar como epitafio o dejarlo nada m\u00e1s como hoja al viento, la postrera severidad y el sonido crepuscular y reflexivo de un poema, s\u00f3lo un fragmento que nos devuelve a uno los \u00e1ngeles ca\u00eddos de la era, Jim Morrison:<\/p>\n<p><em>A\u00fan permanecen y en<\/em><\/p>\n<p><em>sus silenciosas habitaciones vagan<\/em><\/p>\n<p><em>las almas de los muertos,<\/em><\/p>\n<p><em>que no pierden de vista a los vivos.<\/em><\/p>\n<p><em>No tardaremos en cruzar<\/em><\/p>\n<p><em>las paredes del tiempo. Nada<\/em><\/p>\n<p><em>a\u00f1oraremos<\/em><\/p>\n<p><em>excepto unos a los otros(1).<\/em><\/p>\n<p>En medio de esta algarab\u00eda formal y esta avalancha de rupturas e irreverencias que impregnan de vibraciones la d\u00e9cada de los sesenta, Venezuela se enfrenta al advenimiento de un nuevo periodo de democracia pol\u00edtica. En aquellos primeros momentos, todo ocurr\u00eda en la calle. Los acontecimientos se desvanec\u00edan en el aire antes de cumplir veinticuatro horas. Durante el gobierno provisional, Caracas vivi\u00f3 m\u00e1s de un mes sin polic\u00eda y aunque nadie, tal vez, pueda recordar de memoria lo que pas\u00f3, el hecho es que todos lo vivimos alegremente, sin preguntar nada. Las ilusiones se desbordaban sobre una realidad sin referencias inmediatas, que parec\u00edamos ir inventando cada d\u00eda. Fue como la propagaci\u00f3n de un brote de acn\u00e9 juvenil, que penetr\u00f3 sin miramientos hasta en los sectores m\u00e1s indiferentes de la sociedad.<\/p>\n<p>Los que intent\u00e1bamos acercarnos a la literatura de creaci\u00f3n, desde los comienzos de la d\u00e9cada anterior, tuvimos que enfrentar en esos a\u00f1os un horizonte oscuro, que el r\u00e9gimen militar de Marcos P\u00e9rez Jim\u00e9nez hab\u00eda establecido, sin decirlo. Era las pautas y procedimientos de un nacionalismo castrense y de ce\u00f1o fruncido, m\u00e1s de estilo que de contenido. El estilo, era el mismo que hab\u00edamos conocido en \u00e9pocas anteriores (les advierto, que el caminar hacia atr\u00e1s, sin mirar, es una de las gracias m\u00e1s delicadas que adornan la historia del pa\u00eds); es decir, el criollismo amanerado y saltar\u00edn de los grupos folcl\u00f3ricos oficiales, los corridos llaneros trasplantados y los murales indigenistas barrocos que adornaron (y a\u00fan siguen all\u00ed lloriqueando), algunas de las obras p\u00fablicas emblem\u00e1ticas del r\u00e9gimen, abrumadores exponentes de un realismo socialista pasado al enemigo, que recuerdan los envoltorios del chocolate La India, una de nuestras industrias tradicionales m\u00e1s perseverantes. En cuanto al contenido de estas obras, al ser est\u00e9ticamente inexistente, ya no es posible recordarlo sino como una broma pesada.<\/p>\n<p>En esos a\u00f1os, fue interrumpida en el pa\u00eds la celebraci\u00f3n del 1\u201d de Mayo como d\u00eda internacional del obrero, bajo presunci\u00f3n no totalmente equivocada de comunismo y se le sustituy\u00f3 por la llamada Semana de la Patria, cuyo distintivo m\u00e1s visible consist\u00eda en que la concurrencia a los actos era obligatoria. Todos \u00edbamos al gran desfile vestidos de liquiliqui blanco, la prenda nacional cuyos or\u00edgenes derivaban, al parecer, de la antigua China. (No asombrarse, por favor, porque casi todas las manifestaciones del folclor venezolano son de importaci\u00f3n; el whisky, por ejemplo, cuyo patrimonio no nos importa compartir con los escoceses). Recuerden el llamado traje Mao: blusa blanca o gris, de dril, cerrada al cuello, mancuernas doradas, s\u00f3lo si llueve a tiempo ese a\u00f1o, y yuntas de oro en los pu\u00f1os, si la cosecha no se pasma. No s\u00e9 decirles si esta vestimenta forma parte tambi\u00e9n de la tradici\u00f3n rural de otros pueblos del continente. Pero de todas maneras debe haber gozado de un enorme prestigio en nuestra vecina Colombia, porque fue el traje que llev\u00f3 Gabriel Garc\u00eda M\u00e1rquez a Estocolmo, como sustituto de la etiqueta tradicional, durante la ceremonia de entrega del premio Nobel de literatura. Cuando vi a nuestro gran fabulador, el Gabo, de pie en el imponente escenario del teatro de la \u00d3pera, recibiendo su galard\u00f3n en caribe\u00f1a vestimenta blanca, me pareci\u00f3 que nos estaba metiendo un embuste. En ese momento, el coste\u00f1o jovial e indocumentado, que treinta a\u00f1os antes hab\u00eda pateado las calles de Caracas como reportero de una revista semanal de dudoso prestigio, bien hubiera podido salir volando en medio de la estirada ceremonia y a todos nos hubiera parecido natural. Ya el prodigio estaba hecho, y en liquiliqui, por dem\u00e1s. \u00bfQu\u00e9 m\u00e1s quer\u00edamos los venezolanos? No nos toc\u00f3 el premio Nobel, pero lo recibimos en esp\u00edritu, al prestar el traje nacional para la ceremonia.<\/p>\n<p>Viendo al Gabo ese d\u00eda por la televisi\u00f3n, cre\u00ed que se parec\u00eda a un t\u00edo m\u00edo, que us\u00f3 esa misma prenda todos los d\u00edas de su vida; el traje b\u00e1sico masculino, el uniforme de los hombres de trabajo, recios y madrugadores. Pero el fanatismo nacionalista de mi t\u00edo tuvo que ser m\u00e1s bien de naturaleza decorativa, como correspond\u00eda a Una persona que siempre supo mantenerse fuera de cualquier actividad productiva. Casi me parece verlo pasearse todo el d\u00eda de ida y venida por una pasarela, modelando su liquiliqui reci\u00e9n almidonado y asperjado con agua de azulillo. De todas maneras, esa era la estampa regular de los venezolanos del siglo pasado; o para decirlo con m\u00e1s exactitud, la de los pobladores de una centuria, cuya permanencia en el tiempo se prolong\u00f3 irregularmente por lo menos hasta 1936, a\u00f1o de la muerte del dictador, General Juan Vicente G\u00f3mez. (Advierto, que desde hace unos cinco minutos, vengo hablando de Venezuela y ya he nombrado la dictadura dos veces.) G\u00f3mez gobern\u00f3 como se sabe durante 27 a\u00f1os, un per\u00edodo raleado por extra\u00f1as pausas depresivas del patriarca, que oscilaban entre la decepci\u00f3n y el aburrimiento, durante las cuales acostumbraba retirarse cl\u00ednica y constitucionalmente a sus haciendas (quiero decir que hac\u00eda enmendar la constituci\u00f3n para esos fines), y all\u00ed se dedicaba a alternar con las especies de su zool\u00f3gico particular, su jard\u00edn de Las Delicias \u00edntimo. Los animales no hablan ni r\u00eden. El viejo general malencarado, descansaba, pues, en familia. En el intermedio, alguna persona de su confianza, preferiblemente un Doctor, asum\u00eda la carga institucional y protocolar del Estado.<\/p>\n<p>Y resulta que mientras hac\u00eda memoria de ese hermano de mi padre, que se me pareci\u00f3 al Gabo en liquiliqui, me di cuenta de que estaba elaborando, sin propon\u00e9rmelo del todo, un prototipo de la Venezuela de antes del petr\u00f3leo; la Venezuela agr\u00edcola o del caf\u00e9; pobre vergonzante, analfabeta, enfermiza y secularmente despoblada. Tres escasos millones de habitantes, distribuidos, por condicionamientos geogr\u00e1ficos, en algo m\u00e1s de un mill\u00f3n de kil\u00f3metros cuadrados. Nos sobraba terreno por todas partes. Pero la agricultura jam\u00e1s floreci\u00f3. La tierra empobrecida pas\u00f3 de vergel a rastrojo. Los reba\u00f1os de las llanuras se quedaron en estado salvaje. Y era que el campesino de mi pa\u00eds, durante el siglo XIX, estuvo mucho mejor preparado para la vida militar que para el trabajo del campo. El trabajador rural en Venezuela fue soldado antes que labriego. Le toc\u00f3 hacer la guerra de independencia, cuando los terratenientes criollos se volvieron patriotas y se eterniz\u00f3 como recluta y carne de ca\u00f1\u00f3n, bajo el mando de esos mismos patronos o de sus descendientes, centristas unos y otros liberales. Las guerras se acabaron en 1909, sobre un pa\u00eds en ruinas, tras el incruento golpe de palacio que llev\u00f3 a Juan Vicente G\u00f3mez al poder. El brujo, como supo llamarlo el \u00fanico de sus panegiristas, el colombiano Fernando Gonz\u00e1lez.<\/p>\n<p>Yo no s\u00e9 si alguien aqu\u00ed tendr\u00e1 conocimiento de esa inclasificable biograf\u00eda, diario personal o cuaderno de notas que aquel arbitrario antioque\u00f1o titul\u00f3 \u201cMi Compadre\u201d, el cual fue inmediatamente condenado al vituperio por unos y por otros. Hoy d\u00eda, el sarcasmo y la iron\u00eda permanecen enterrados cabeza abajo en esas p\u00e1ginas, sin dejar de dar fren\u00e9ticas patadas para salir. Veamos, por ejemplo, este retrato casi radiogr\u00e1fico del dictador en su sagrada intimidad. \u201cNo habla. Come despacio, mastica mucho, abstra\u00eddo, con una sonrisa de satisfacci\u00f3n, los ojos por all\u00e1 sin concretarse. Parece que estuviera gozando, sintiendo las delicias del alma fisiol\u00f3gica. A su hijo&#8230; le contestaba al rato, como si su mente viniera de un viaje por all\u00e1, por las funciones org\u00e1nicas. Es un gran poeta, decididamente. Luego, se acuesta a reposar, solo; Tarazona cuida la puerta&#8230;\u201d En otra parte, nos cuenta lo que ocurri\u00f3 el d\u00eda del golpe contra su compadre y jefe militar Cipriano Castro. G\u00f3mez acudi\u00f3 a la casa de gobierno o Casa Amarilla de Caracas, en medio de las aclamaciones del pueblo. Aqu\u00ed entran las comillas de Fernando: \u201cLlam\u00f3 al gobernador de Caracas; \u00e9ste quiso resistir y hasta le dijo traidor. G\u00f3mez le dio una bofetada. Una revoluci\u00f3n venezolana que se hizo con una bofetada\u201d. Por cierto, a Fernando Gonz\u00e1lez lo adoraba nuestra bella y caraque\u00f1a Teresa de la Parra. Hasta quer\u00eda devorarlo con las u\u00f1as. Ella dice: \u201cMis libros de Fernando Gonz\u00e1lez est\u00e1n acribillados a u\u00f1azos, pues cuando se me extrav\u00eda el l\u00e1piz les doy con la u\u00f1a\u201d.<\/p>\n<p>Partiendo de la muerte de G\u00f3mez y la consecuente entrada del siglo XX a Venezuela, hasta el 1\u00b0 de enero del 48, se extiende un arco de dificultades, turbulencias, errores e improvisaciones, empujones salvajes, paradas repentinas y retrocesos inmisericordes, que nos lleva directamente al arranque de los imprevisibles a\u00f1os 60. Fue, en cuanto al arte y la literatura, el punto en que se decide nuestro reingreso a la modernidad, al mismo tiempo que el cese repentino a un aislamiento internacional infecundo que permiti\u00f3 a los venezolanos vivir en la luna, con las vitrinas llenas de lujos importados y una jactanciosa y pat\u00e9tica autosuficiencia, que sustitu\u00eda grotescamente a la realidad.<\/p>\n<p>La reposici\u00f3n del r\u00e9gimen democr\u00e1tico abre el camino a treinta a\u00f1os de desarrollo institucional, que hoy parece vivir sus \u00faltimos momentos, ante un escenario que nos sorprende por su incoherencia y desconcierto, en el cual no sabemos hacer otra cosa que repetir, para nosotros mismos, una especie de parodia tonta que nos hace re\u00edr.<\/p>\n<p>Ser\u00eda necesario preguntarnos ahora c\u00f3mo ha sido el proceso que ha dado lugar a la formaci\u00f3n de la sociedad venezolana actual y hasta d\u00f3nde y de qu\u00e9 manera los escritores hemos tenido participaci\u00f3n en este movimiento. De m\u00ed mismo, puedo decir que la adolescencia me alcanz\u00f3 haciendo equilibrios en la raya de dos pa\u00edses. El viejo territorio rural, mortecino que estaba desapareciendo en la indigencia sin dejar nada de valor detr\u00e1s suyo y la nueva era desquiciante y acelerada del petr\u00f3leo, que llegaba con todos los hierros y de una sola vez; importadora, consumista, derrochadora, carnavalesca, democr\u00e1tica y vulgar. La nuestra ven\u00eda a ser una democracia mim\u00e9tica, cuyas primeras chispas prendieron espont\u00e1neamente entre los cabeceos del anciano dictador, al comienzo de los a\u00f1os treinta. El sistema se fue organizando un poco al tacto, con la adopci\u00f3n apresurada de conductas, inclinaciones, pr\u00e1cticas y maneras de ser superficiales que se introdujeron en la naciente clase media, sin que fuera necesario retirar de su lugar al anciano patriarca. La nueva poblaci\u00f3n urbana fue uniformando sus proyectos insurgentes de vida, sin prescindir del amparo indiferente de la tiran\u00eda. En ese sentido, es significativo observar c\u00f3mo los descendientes de aquellos pioneros a\u00fan se resisten a abandonar la nostalgia del despotismo que les sirvi\u00f3 de gu\u00eda. En este momento, hall\u00e1ndonos a las puertas de un descalabrado proceso electoral, a muchos les seduce la posibilidad de llevar un militar a la presidencia. Pareciera que la sociedad civil como el adolescente inexperto, desconf\u00eda de s\u00ed misma lo suficiente para no querer gobernarse sola y de una vez confiesa su pat\u00e9tica inclinaci\u00f3n a obedecer.<\/p>\n<p>Pero regresemos prudentemente a la propia rendija. Aqu\u00ed nos sentimos m\u00e1s c\u00f3modos para hacer resbalar la mirada sobre lo que acontece en un pa\u00eds que todav\u00eda mezcla y sobreimpone sonidos de fanfarria y de marcha triunfal, con el viejo lloro campesino y el chin chin de los lamentos y penalidades. Hacia mediados de los a\u00f1os cuarenta, la democracia sol\u00eda hacer apariciones en el escenario nacional, intermitentes y a ratos devastadores, que emulaban los accesos de fiebre fr\u00eda, tan comunes entonces. No creo que quedara mucho tiempo libre en aquel momento para dedicarse a la meditaci\u00f3n, pero de alguna manera, como elegantemente apostillan los conferencistas, tuve la convicci\u00f3n temeraria tal vez, aunque irresistible, de que mi carrera iba a ser la literatura y que era demasiado tarde para impedirlo. Al mismo tiempo, hab\u00eda recibido algunas advertencias acerca del car\u00e1cter m\u00e1s bien heterodoxo de la profesi\u00f3n de escritor. Era evidente que el escritor venezolano obten\u00eda prestigio y posici\u00f3n, antes por medio de la acci\u00f3n pol\u00edtica que a trav\u00e9s de los libros. M\u00e1s bien, parec\u00eda que el haber publicado libros y que \u00e9stos hubieran sido le\u00eddos por algunas personas fuera la condici\u00f3n menos determinante para alcanzar el diploma virtual de escritor nacional. Poetas renombrados ha habido de los que nadie recuerda un solo verso. Sin embargo, los sombreros se levantan a su paso en las escalinatas del ministerio. Nuestros grandes hombres de letras han tenido que ser tambi\u00e9n receptores a veces desventurados del poder. R\u00f3mulo Gallegos fue presidente de la rep\u00fablica. Arturo Uslar Pietri, ministro, jefe de partido y candidato a la primera magistratura. Andr\u00e9s Eloy Blanco, ministro y orador pol\u00edtico. El pa\u00eds pide algo m\u00e1s que letras. Quiere algo que suene, que relumbre. Espera cualquier cosa que no desfallezca en la sombra como Jos\u00e9 Antonio Ramos Sucre o que no se diluya voluntariamente en el gris de un cuarto de pensi\u00f3n, como Julio Garmendia.<\/p>\n<p>\u201cProfesi\u00f3n\u201d, pregunta el funcionario que llena una planilla. \u201cEscritor\u201d. \u201cPerd\u00f3n, quiero decir, qu\u00e9 hace usted\u201d. La literatura en nuestros pa\u00edses no es un hacer. Tal vez puede llegar a ser un perder. \u00bfCu\u00e1l es entonces el \u201cpapel\u201d del escritor? Yo lo ve\u00eda como un mont\u00f3n de hojas, que alg\u00fan d\u00eda habr\u00e1 que terminar de llenar. A los 18 a\u00f1os fui escribiente del Registro y Sorteo Militar de mi distrito. Llen\u00e9 millares de boletas y lo hice casi sin levantar la vista por encima de la mesa, no obstante que all\u00ed delante deb\u00edan estar los personajes de mis libros, o tal vez uno solo de ellos, esperando por m\u00ed. \u201cProfesi\u00f3n\u201d, demandaba. Casi todos respond\u00edan, \u201ctrabajador\u201d. Qu\u00e9 bueno, dec\u00eda. Tenemos un pa\u00eds de trabajadores.<\/p>\n<p>Pero la historia a\u00fan no hab\u00eda sido escrita para nosotros y no \u00edbamos a tener conciencia de nuestra participaci\u00f3n en la d\u00e9cada que se avecinaba, sino cuando pudi\u00e9ramos observarlo todo en perspectiva. Ahora, finalmente, ella se nos pone delante en corte transversal. Podemos verlo todo adentro en una perfecta reducci\u00f3n a escala provista de color y movimiento hasta en sus m\u00e1s peque\u00f1os detalles; ahora, cuando los acontecimientos son registrados, impresionados y almacenados minuto a minuto y los hechos humanos envejecen y mueren, muchas veces antes de que nos hallamos dado verdadera cuenta de que suced\u00edan.<\/p>\n<p>En cuanto al arte y la literatura, los 60 iban a desarrollar un \u00edmpetu y una aceleraci\u00f3n de tal naturaleza en el mundo que hasta una simple enumeraci\u00f3n de los hechos se nos vuelve problem\u00e1tica y factible de errores y omisiones. En siglos anteriores, lo sabemos, el arte se mov\u00eda con una solemne lentitud. Transcurre un siglo entre las creaciones musicales de Leoninus y Perutinos, pero la evoluci\u00f3n del canto gregoriano que tuvo lugar en ese espacio y las sutiles variables est\u00e9ticas que estos creadores propiciaron desde la llamada escuela de Notre Dame apenas pueden ser advertidos hoy por los conocedores y seguramente en absoluto por los profanos. En 1913, Igor Stravinsky desat\u00f3 una revoluci\u00f3n est\u00e9tica y formal en Paris con la <em>Consagraci\u00f3n de la Primavera<\/em>. La noche de su estreno, los desconcertados espectadores casi dan lugar a un mot\u00edn. Cincuenta a\u00f1os despu\u00e9s, cuando ya hasta el dodecafonismo empieza a pintar canas, <em>La Consagraci\u00f3n<\/em> nos llega una que otra vez al o\u00eddo como el romanticismo con tambores.<\/p>\n<p>Quisiera hacer el intento de pasar la barrera y volver un poco a los a\u00f1os de la \u00faltima posguerra, para ver si es posible vislumbrar, desde la perspectiva americana, c\u00f3mo comenz\u00f3 todo. Ciertas pel\u00edculas, algunas canciones, unos cuantos libros reveladores, nos mostraban la posguerra europea como una representaci\u00f3n de tonos oscuros, sombr\u00edos, precedida en lo espiritual por el existencialismo sartreano. Ciudades destrozadas, est\u00f3magos medio vacios, su\u00e9teres negros, caras sin maquillaje. Las sobrevivencias, m\u00e1s o menos salvables, de una cultura anciana estaban siendo rescatadas de las ruinas, pero ya no tra\u00edan respuestas para la vida corriente. El terror y el desaliento llenaban casi todo el espacio del mundo cotidiano. Las potencias almacenaban enormes arsenales at\u00f3micos y la sobrevivencia de la humanidad comenzaba a depender de un bot\u00f3n. La guerra fr\u00eda afilaba cuchillos.<\/p>\n<p>Nosotros en Venezuela recib\u00edamos apenas un reflejo, un eco m\u00e1s o menos lejano de este cuadro social depresivo. \u00c9ramos espectadores de gradas, entre candorosos y estupefactos, boquiabiertos m\u00e1s bien. Hab\u00edamos seguido las incidencias de la guerra mundial como si se tratara de un campeonato mundial de f\u00fatbol. El enemigo nos estaba destrozando a goles. Nuestras defensas se derrumbaban, mientras la propaganda aliada, de mil maneras, trataba de inculcarnos una idea triunfalista en los hechos y esquem\u00e1tica en lo ideol\u00f3gico.<\/p>\n<p>La entrada de la nueva d\u00e9cada concuerda con una actitud de desaf\u00edo general. Inventar, crear, imaginar, asumir todos los riesgos aunque el objetivo a\u00fan no se percib\u00eda claramente. Todo estaba en quiebra o bajo observaci\u00f3n, aunque ahora parece que el veredicto final estaba redactado y firmado desde el primer momento. La vieja moral, las creencias, las ideolog\u00edas, la conducta amorosa, hasta la m\u00fasica que habitualmente se escuchaba y se bailaba se hab\u00eda vuelto vieja e inservible. Tal vez muchos j\u00f3venes estaban convencidos de que segu\u00edan siendo marxistas, pero al mismo tiempo se daban cuenta de que la revoluci\u00f3n bolchevique era un cad\u00e1ver momificado y que ya no hab\u00eda nada que hacer con las herramientas que nos hab\u00edan legado los mayores. El \u00faltimo amanecer de la revoluci\u00f3n mundial se vio despuntar en el Caribe. Cuba, centro de la expectaci\u00f3n mundial en la era. \u00bfPas\u00e1bamos los hispanoamericanos de espectadores a actores de la historia? \u00bfQui\u00e9n lo dijo primero? La estrella solitaria continu\u00f3 alumbrando al final del camino durante un tiempo: la epifan\u00eda. Las decepciones empezaron a llegar demasiado pronto, pero el impulso que provoc\u00f3 aquel primer disparo de veras estremeci\u00f3 al mundo.<\/p>\n<p>Mientras tanto, la m\u00e1quina de los milagros prosegu\u00eda en su faena sin control. No hab\u00eda fiel de balanza y los platillos bailaban una danza fren\u00e9tica, en medio del desplante irracional que lo confundia todo. Drogas, sexo, estridencia y un anhelo nunca satisfecho de libertad, autocontemplaci\u00f3n y \u00e9xtasis. Los Beatles anuncian un nuevo reino, fr\u00e1gil, intocado, reci\u00e9n descubierto. La pel\u00edcula <em>El submarino amarillo<\/em> es una canci\u00f3n de cuna. Santana, un m\u00fasico latino de Nueva York, le mete candela por debajo a un jazz de tendencia europea, intelectualizado y a punto de ingresar a la academia, con el combustible inesperado de tumbadoras y bongoes. La m\u00fasica del Siglo no ser\u00e1 la misma desde ese momento.<\/p>\n<p>Bien, esos adelantados tienen ya su lugar en el cielo. Fue la d\u00e9cada del compromiso, cuyo final se hace evidente cuando cesa el chapoteo de las consignas y los intentos por acuartelar la inteligencia entre carteles ideol\u00f3gicos. Casi podr\u00eda decirse que los escritores recuper\u00e1bamos la libertad, pero s\u00f3lo dentro de una camisa de fuerza. Porque el fantasma del compromiso sali\u00f3 de escena sin haber aclarado completamente su papel. \u00bfCompromiso con qu\u00e9, con qui\u00e9nes y hasta d\u00f3nde? Que yo sepa nunca lleg\u00f3 a quedar claramente trazada la l\u00ednea que deb\u00eda separar los territorios en conflicto: la pasi\u00f3n individual y el puesto de combate. Y sin embargo, si volvemos la mirada a esos a\u00f1os, veremos que el listado parec\u00eda muy concreto. Era cosa de ir sacando presas del sart\u00e9n. La responsabilidad del intelectual ante la hora, la respuesta militante de escritores y artistas ante las desigualdades sociales, la toma de posici\u00f3n beligerante en el cuadro de la lucha de clases, el rechazo a la individualidad elitista y la aceptaci\u00f3n de posiciones p\u00fablicas consecuente con los movimientos de liberaci\u00f3n de los pueblos. En estos y otros latiguillos de la anciana ret\u00f3rica pol\u00edtica, ahora fatigante y est\u00e9ril, se resum\u00edan las condiciones que eran la c\u00e9dula de paso y el carnet de respetabilidad otorgado a la intelectualidad, nunca adecuadamente confiable.<\/p>\n<p>Un p\u00e1rrafo de Adriano Gonz\u00e1lez Le\u00f3n que proviene de 1956 ejemplifica, mejor en la forma que en el contenido, el prop\u00f3sito insurreccional albergado en aquellos textos vanguardistas de los sesenta. El lenguaje po\u00e9tico retador y beligerante hacia posible amalgamar el material de la escritura individual con el fragor y la impetuosidad destructivos de las \u00faltimas consignas revolucionarias no ortodoxas: \u201cExiste una posibilidad fulminante que justifica el hecho de escribir. Se trata de un afilado prop\u00f3sito hormonal que hace trizas todas las placas aceitosas de la literatura, porque extrae su materia de los fondos viscerales, tan vilipendiados, donde estamos seguros que brota una posibilidad de resurrecci\u00f3n\u201d(2).<\/p>\n<p>La tesis del compromiso literario y la responsabilidad del escritor ante la sociedad empez\u00f3 a hacer carrera l\u00edrica en el mundo, precisamente durante esos a\u00f1os inquietantes. Escritores y artistas compartimos una actitud intransigente y d\u00edscola, que rechaz\u00f3 con igual vehemencia el conformismo, la hipocres\u00eda burguesa, como los manuales de la p\u00e1lida ortodoxia marxista (denunciados un d\u00eda por el mismo Fidel Castro, que termin\u00f3 qued\u00e1ndose dormido con un manual en la cabeza).<\/p>\n<p>Los diversos grupos literarios de componente juvenil que aparecieron en Venezuela en los a\u00f1os inmediatamente posteriores a la dictadura del 50 testifican con amplitud sobre la autenticidad de esta conducta.<\/p>\n<p>El cr\u00edtico uruguayo \u00c1ngel Rama, por largos a\u00f1os afincado en Venezuela, en uno de sus penetrantes ensayos sobre las particulares manifestaciones de la vida cultural venezolana escribi\u00f3 lo que sigue: \u201cDe los numerosos movimientos art\u00edsticos venezolanos que confieren su particular nota tumultuosa a la d\u00e9cada de los sesenta en Caracas, hubo uno que se distingui\u00f3 por su violencia, su esp\u00edritu an\u00e1rquico, su voluntaria agresividad p\u00fablica, haciendo de la provocaci\u00f3n un instrumento de investigaci\u00f3n humana. Fue el que lib\u00e9rrimamente se autodenomin\u00f3 El Techo de la Ballena\u201d(3).<\/p>\n<p>Quien les habla en este momento particip\u00f3 de esa aventura. Me acompa\u00f1aron Adriano Gonz\u00e1lez Le\u00f3n, narrador de amplia resonancia en el idioma, premio Seix Barral de 1967, junto a un grupo de poetas de vanguardia como Juan Calzadilla y Francisco P\u00e9rez Perdomo, Ram\u00f3n Palomares, Luis Garc\u00eda Morales, Efra\u00edn Hurtado, Caupolic\u00e1n Ovalles, Damazo Ogaz, Rodolfo Izaguirre y Edmundo Aray y en especial un artista pl\u00e1stico y poeta Carlos Contramaestre, el gran magma de esa generaci\u00f3n de estetas revoltosos, a quien le toc\u00f3 bautizar el movimiento coloc\u00e1ndolo bajo la m\u00edtica invocaci\u00f3n de la ballena, a tiempo que lanz\u00f3 una primera andanada con la exposici\u00f3n de la Necrofilia en 1962, Fue un aut\u00e9ntico cataclismo de cercana estirpe sadiana que sembr\u00f3 el p\u00e1nico y la consternaci\u00f3n en medio de la eran majader\u00eda cultural caraque\u00f1a de ese tiempo. Huesos y v\u00edsceras de animales reci\u00e9n descuartizados cubrieron las paredes del garaje, que sirvi\u00f3 de escondite para la consumaci\u00f3n del sacrilegio. En una fotograf\u00eda del cat\u00e1logo ve\u00edamos a Contramaestre inclinado sobre un sat\u00e1nico mes\u00f3n del matadero p\u00fablico, mientras seleccionaba las piezas m\u00e1s adecuadas para su trabajo. El pie de foto denuncia \u201cEl Artista en su Taller\u201d. M\u00e1s que un adem\u00e1n iracundo y exhibicionista, aquella pirueta arbitraria conten\u00eda una respuesta cargada de sangrienta iron\u00eda al muy real y cotidiano ejercicio de represi\u00f3n armada, que la polic\u00eda del r\u00e9gimen ejerc\u00eda denodadamente en las calles.<\/p>\n<p>En aquel momento, para los balleneros, como quiz\u00e1s para toda la literatura del Caribe, Jorge Luis Borges era todav\u00eda una advocaci\u00f3n lejana. Un inc\u00f3modo pero inquietante vecino que lleg\u00f3 de visita, dej\u00f3 pacientemente su sombrero en la percha y se sent\u00f3 a esperar. M\u00e1s tarde, la lectura de <em>El Hombre de la Esquina Rosada<\/em> nos confunde todav\u00eda m\u00e1s, al mismo tiempo que nos atrapa en una red de imprecisiones y temblores. Esa era la lengua que esper\u00e1bamos. En esa esquina borgiana, el habla que quer\u00edamos para nosotros se juega su lugar a cuchillo. Borges empieza a ser para muchos el punto de fuga hacia donde convergen y donde se extrav\u00edan todas las direcciones.<\/p>\n<p>El desd\u00e9n arrogante de los surrealistas por la literatura como depositaria de convencionalismos y deliscuesencias es compartido por los compromisarios del techo: \u201clo inoportuno del ejercicio culto\u201d, dice Adriano Gonz\u00e1lez Le\u00f3n, \u201cla triste invalidez de lo literario\u201d. Sin embargo, un fragmento de prosa del poeta m\u00e1s lanzado de su generaci\u00f3n, Caupolic\u00e1n Ovalles, el cantor desbordante y prof\u00e9tico de <em>Yo Bol\u00edvar Rey<\/em>, nunca dejar\u00e1 de ser lo que al parecer jam\u00e1s se propuso el poeta (pero esto ocurri\u00f3 muchas veces en la impaciencia de esos a\u00f1os, cuando muchas cosas sal\u00edan de la imprenta antes de que sus autores hubieran terminado de pensarlas), un ejercicio literario pulido y preciosista y hasta con sus pases tal vez involuntarios de castiza y quevediana sonoridad. \u201cNuestra ciudad, rosa del monopolio, doncella del monopolio, ad\u00faltera del monopolio y se\u00f1ora del bien. Caracas es del mar y de los oc\u00e9anos y, por m\u00e1s que se haya interpuesto el \u00c1vila, siempre hemos respirado aire de mar, y porque siendo ella del mar y perteneciendo nosotros a \u00e9l, tenemos la evidencia de que alg\u00fan cataclismo\u2014norma de conducta de la tierra \u2014permita el ejercicio del baile de la ballena sobre nuestras tumbas\u201d(4).<\/p>\n<p>V\u00edctor Valera Mora, el Chino Valera, l\u00edder y cantor mayor de una nueva ola literaria semiclandestina de los sesenta, rebelde y agitada igualmente por la inconformidad y la desesperanza, muestra su martirizado carnet de identidad cuando admite en uno de sus poemas de adolescencia \u201cNac\u00ed de parto bravo \/ y vivo sin dolerle a nadie\u201d. M\u00e1s tarde escribe odas que combinan un sabor antiguo de tablado de feria, de carcajada y voz admonitoria lanzada a los cuatro vientos, por encima de la multitud despose\u00edda. Pero la era tambi\u00e9n cierra puertas, pone masilla en las ventanas del apartamento para que el ruido de las cosas no penetre y ese mismo poeta escribe Oficio Puro, bajo tubos de luz fluorescente, junto al brillo de las lozas de una sala de ba\u00f1o.<\/p>\n<p><em>C\u00f3mo camina una mujer que reci\u00e9n<\/em><\/p>\n<p><em>ha hecho el amor<\/em><\/p>\n<p><em>En qu\u00e9 piensa una mujer que reci\u00e9n<\/em><\/p>\n<p><em>ha hecho el amor<\/em><\/p>\n<p><em>C\u00f3mo ve el rostro de los dem\u00e1s y<\/em><\/p>\n<p><em>c\u00f3mo ven el rostro de ella<\/em><\/p>\n<p><em>De qu\u00e9 color es la piel de una mujer<\/em><\/p>\n<p><em>que reci\u00e9n ha hecho el amor<\/em><\/p>\n<p><em>De qu\u00e9 modo se sienta una mujer<\/em><\/p>\n<p><em>que reci\u00e9n ha hecho el amor<\/em><\/p>\n<p><em>Saludar\u00e1 a sus amistades<\/em><\/p>\n<p><em>Pensar\u00e1 que en otros pa\u00edses est\u00e1<\/em><\/p>\n<p><em>nevando<\/em><\/p>\n<p><em>Encender\u00e1 y consumir\u00e1 un<\/em><\/p>\n<p><em>cigarrillo<\/em><\/p>\n<p><em>Desnuda en el ba\u00f1o dar\u00e1 vuelta<\/em><\/p>\n<p><em>a la llave del agua fr\u00eda o del<\/em><\/p>\n<p><em>agua caliente<\/em><\/p>\n<p><em>Dar\u00e1 vuelta a las dos a la vez<\/em><\/p>\n<p><em>C\u00f3mo se arrodilla una mujer que<\/em><\/p>\n<p><em>reci\u00e9n ha hecho el amor<\/em><\/p>\n<p><em>So\u00f1ar\u00e1 que la felicidad es un viaje<\/em><\/p>\n<p><em>por barco<\/em><\/p>\n<p><em>Regresar\u00e1 a la ni\u00f1ez<\/em><\/p>\n<p><em>Cruzar\u00e1 r\u00edos, monta\u00f1as, llanuras,<\/em><\/p>\n<p><em>noches dom\u00e9sticas<\/em><\/p>\n<p><em>Dormir\u00e1 con el sol sobre los ojos<\/em><\/p>\n<p><em>Amanecer\u00e1 triste, alegre, vertiginosa<\/em><\/p>\n<p><em>Bello cuerpo de mujer<\/em><\/p>\n<p><em>que no fue d\u00f3cil ni amable<\/em><\/p>\n<p><em>ni sabio(5).<\/em><\/p>\n<p>La poesia de Miy\u00f3 Vestrini propone un encuentro chirriante y mal habido con la realidad, realidad malgastada de los d\u00edas, los trastos que esperan en el fregadero, la canci\u00f3n en el surco de un disco rayado, la madrugada yaciendo en las copas y una maltratada pureza que s\u00f3lo lo impuro logra reconstruir.<\/p>\n<p><em>A esta hora<\/em><\/p>\n<p><em>no se sabe qu\u00e9 hacer<\/em><\/p>\n<p><em>y es siempre a esta hora de<\/em><\/p>\n<p><em>putos y perros y necios,<\/em><\/p>\n<p><em>cuando recuerdo.<\/em><\/p>\n<p><em>Todos los d\u00edas, perdido este tiempo,<\/em><\/p>\n<p><em>t\u00fa sabes, el rostro entre las manos,<\/em><\/p>\n<p><em>las piernas recogidas, la viva<\/em><\/p>\n<p><em>imagen del dolor en la pesadez de la<\/em><\/p>\n<p><em>tarde. Inm\u00f3vil en los escombros,<\/em><\/p>\n<p><em>inmune a los desastres, no puede ser<\/em><\/p>\n<p><em>ya de otra manera.<\/em><\/p>\n<p><em>Y es la misma hora<\/em><\/p>\n<p><em>la de hoy<\/em><\/p>\n<p><em>la que vendr\u00e1 todos los d\u00edas<\/em><\/p>\n<p><em>la que me jode(6).<\/em><\/p>\n<p>Una proeza literaria, <em>Abrapalabra<\/em> de Luis Brito Garc\u00eda gan\u00f3 el premio Casa de las Am\u00e9ricas de Cuba en 1979. Nunca la literatura venezolana se hab\u00eda propuesto un programa de esas dimensiones ni el lenguaje hab\u00eda aceptado un reto tan crucial, tan definitivo como el que se plantea en cada p\u00e1gina, en cada rengl\u00f3n de esta novela sin l\u00edmites, sin principio y sin fin. \u00bfNovela, novela, preguntamos? La literatura de este siglo ha dejado claro que novela es todo lo que ambiciona la totalidad: tiempo, espacio, forma, contenido penetr\u00e1ndose unos a los otros, subdividi\u00e9ndose hasta la anulaci\u00f3n de toda l\u00f3gica y todo raciocinio. <em>Abrapalabra<\/em> se organiza dentro de ese intento y llega a ser totalmente novela en cada fragmento, en cada toma de aire, en cada rel\u00e1mpago de lucidez. Una y mil novelas enfrentadas, paralelas, simult\u00e1neas, proyectadas hasta el infinito.<\/p>\n<p>Repetir\u00e9 en este momento el procedimiento que considero m\u00e1s apropiado para penetrar en el laberinto, donde cada intersecci\u00f3n es una salida y cada salida el regreso a nuevos pasadizos. O sea que abr\u00ed el libro por cualquier lado, sin mirar, convencido de que iba a caer justo donde hubiera querido llegar&#8230; Esta vez, fue el p\u00e1rrafo 98 de <em>Etapas de una Mano<\/em>, sorprendente ejercicio de disecci\u00f3n de un fragmento de la anatom\u00eda humana, que se desprende del soporte y pasa a encerrar un universo: \u201cArrasadas por la primera oleada entr\u00f3pica, las huellas digitales se encienden, brillan mariposescamente en las noches del tiempo, maculan un rostro, un cheque sin fondos, una pistola. Fulguran sembradas sin germinaci\u00f3n posible en las taquillas de los cines, en las salas de espera de los dentistas, en los volantes de los autom\u00f3viles, en monedas que la mano ha tocado y que otro gasta, en alguna pared en la que se ha apoyado, en alg\u00fan trapo que ha tirado y que ahora viste un mendigo. La reiteraci\u00f3n de las huellas de la mano crea manchas crecientes en sitios opresivos: cabelleras solares que iluminan la cotidianidad; el plato de sopa, la cabecera de la cama, los senos de una mujer tan tocados. Se cruzan con otras huellas improbables, como hileras de hormigas. Sus redes retroceden en el tiempo, fosforeciendo. Tambi\u00e9n avanzan en los d\u00edas, se detienen\u201d(7).<\/p>\n<p>Nosotros los venezolanitos de hoy no hemos peleado en ninguna guerra. Pero hay que pelear en una guerra y salir vivos para no hacer demasiadas preguntas y por lo menos tener una respuesta a mano que resulte cre\u00edble. Los 60 tambi\u00e9n para nosotros fueron una guerra. Pero una guerra sin enemigo visible o donde el enemigo decidi\u00f3 no darse por aludido. En realidad, libr\u00e1bamos esos combates d\u00eda por d\u00eda dentro de nosotros mismos, sabi\u00e9ndonos, sin decirlo, que la guerra estaba perdida desde el comienzo. Ganar\u00eda el acomodo. Al final lo esper\u00e1bamos, nos aguardaba el puesto. Habr\u00eda una silla para cada uno. Una silla con una pata menos, pero que a\u00fan as\u00ed contin\u00faa sosteni\u00e9ndonos perfectamente. Tuvimos, s\u00ed, nuestras guerrillas juveniles del 60, un torneo de entusiasmos casi siempre pueriles o ingenuos que se desvanecieron antes de completarse por lo menos como derrota. Esa esquel\u00e9tica lucha armada fue perdiendo pedazos como ocurre en los sue\u00f1os, para terminar exhibiendo una imp\u00fadica desnudez, magra y sin atributos. Los dirigentes de aquel movimiento, integrantes de un estado mayor sospechosamente invulnerable, porque jam\u00e1s se registr\u00f3 una sola baja en sus filas, son hoy, algunos de ellos, tal vez los m\u00e1s sonados, parlamentarios sin credibilidad o achacosos miembros del gabinete.<\/p>\n<p>La carrera del compromiso termin\u00f3, pues, sin ganadores pero tampoco hubo derrotados. La dignidad de la derrota no estaba en los planes. Tampoco qued\u00f3 nadie para cerrar el balance ni hubo un expediente que guardar. Se disolvieron los buenos prop\u00f3sitos, el ya ver\u00e1n, el ma\u00f1ana ser\u00e1&#8230; Pero hay que conjurar la nostalgia y dejar lo dem\u00e1s en las manos del tiempo, que al fin y al cabo es el \u00fanico juez insobornable, porque sus sentencias jam\u00e1s se ejecutan.<\/p>\n<p>NOTAS<\/p>\n<ol>\n<li>Jim Morrison, Poems. (Caracas-Madrid: Editorial Fundamentos, Colecci\u00f3n Espiral, vol 2, 1993). Traducido y seleccionado por Alberto Manzano.<\/li>\n<li>Adriano Gonz\u00e1lez Le\u00f3n. Citado por \u00c1ngel Rama en Antolog\u00eda del Techo de la Ballena, p. 30.<\/li>\n<li>\u00c1ngel Rama, ver nota 2, pr\u00f3logo, p. 11.<\/li>\n<li>Caupolic\u00e1n Ovalles, \u201cRayado sobre el techo\u201d, (No. 3, Agosto de 1964): 28.<\/li>\n<li>V\u00edctor Valera Mora, Amanec\u00ed de Bala (M\u00e9rida: Impresora Regional Andina, 1971), p. 33.<\/li>\n<li>Miy\u00f3 Vestrini, \u201cHora de putos y perros necios\u201d, del libro Pocas virtudes (Ediciones de la Direcci\u00f3n de Cultura de la Universidad Central de Venezuela, Serie Poes\u00eda): 53.<\/li>\n<li>Luis Britto Garc\u00eda, ABRAPALABRA (Editorial Monte \u00c1vila, 1980), p. 200.<\/li>\n<\/ol>\n<h4 style=\"text-align: right;\"><a href=\"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/salvador-garmendia\/\" target=\"_blank\" rel=\"noopener\">Sobre el autor<\/a><\/h4>\n<h6>*Fuente: Encuentros. Setiembre 1998 No. 28. Banco Interamericano de Desarrollo.<\/h6>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Salvador Garmendia He cre\u00eddo prudente comenzar invocando la presencia de una d\u00e9cada; los a\u00f1os 60 de este siglo y treinta y dos de mi calendario particular, a\u00f1os que muy pronto, m\u00e1s pronto de los que cre\u00edamos, comenzar\u00e1n a formar parte del siglo pasado y casualmente, tambi\u00e9n del milenio. 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