{"id":4888,"date":"2022-06-18T00:43:10","date_gmt":"2022-06-18T00:43:10","guid":{"rendered":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/?p=4888"},"modified":"2023-11-24T18:29:40","modified_gmt":"2023-11-24T18:29:40","slug":"los-topos","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/los-topos\/","title":{"rendered":"Los topos"},"content":{"rendered":"<h4 style=\"text-align: right;\">Eduardo Liendo<\/h4>\n<p>\u00a1Traslado! \u00a1Traslado!, grita alguien que, parado sobre una litera, observa por la ventana de la celda hacia el patio de la prisi\u00f3n. Se oye el ronco ruido de los veh\u00edculos militares que llegan al fort\u00edn. Voces de mando. Traqueteo de armas de fuego al ser manipuladas. \u00a1Traslado! \u00a1Traslado!<\/p>\n<p>Dentro de la celda los prisioneros se mueven con agitaci\u00f3n.<\/p>\n<p>Holmes, tendido en el piso, introduce la cabeza y el tronco por la oscura boca del t\u00fanel y dice en imperioso tono: \u00abSalgan, salgan r\u00e1pido\u00bb. Abajo, dos hombres abandonan las improvisadas herramientas de excavaci\u00f3n y gateando se apresuran a salir del t\u00fanel. Otro hombre, con la tapa de concreto en sus manos se prepara para cerrar. Es una intempestiva situaci\u00f3n de emergencia.<\/p>\n<p>Los prisioneros han previsto un ingenioso ardid para el caso de que los guardias entren a la celda a efectuar una ligera inspecci\u00f3n de rutina: ponen un caj\u00f3n sobre el piso falso y, encima de \u00e9l, un juego de ajedrez con las piezas colocadas en una tensa situaci\u00f3n estrat\u00e9gica. Dos tipos ensimismados simulan porfiarse la interesante partida. Pocos d\u00edas antes, un subteniente se detuvo varios minutos a observar la pr\u00f3xima movida, mientras los guardias bajo su mando recorr\u00edan la celda. Pero esta vez, la causa de la alarma es diferente. La presencia de tropas armadas venidas del exterior, indica que no se trata de una de las peri\u00f3dicas requisas que la guardia realiza en la prisi\u00f3n. Es, seguramente, para efectuar el anunciado traslado de los presos pol\u00edticos hacia un campo de concentraci\u00f3n.<\/p>\n<p>\u2014Hay que cerrar \u2014dice el lituano Argildas mientras se dispone a llenar la ranura que delata la fractura del piso, con una pasta gris, semejante al color del suelo, gastado por los a\u00f1os, del fort\u00edn colonial El Vig\u00eda.<\/p>\n<p>Sobre la colina del Zamuro, los colonizadores espa\u00f1oles construyeron esta fortaleza de piedra, desde su terraza divisaban a las naves piratas que se aproximaban a la costa de La Guaira.<\/p>\n<p>Es un recinto con historia. Fue utilizado como prisi\u00f3n durante aquellos a\u00f1os luminosos y terribles de la independencia.<\/p>\n<p>Dicen que en \u00e9l estuvo prisionero el precursor Francisco de Miranda. \u00bfQu\u00e9 pensaba ese hombre extraordinario, atrapado en esa cueva inmunda? \u00bfVe\u00eda la luna por la claraboya? El lugar es s\u00f3rdido, misterioso; hasta su interior llega el olor penetrante de la brisa marina. La entrada al fort\u00edn es una grande y r\u00fastica reja de hierro, en ella se enrosca una cadena, cerrada por un en\u00f3rme candado que parece una terrible cabeza de cobra. Al frente, est\u00e1 la escalera que lleva a la terraza. Tiene veintisiete escalones. Nunca, ninguno de los prisioneros los cont\u00f3, pero su n\u00famero se les fue grabando por ese leve estremecimiento de la nuca al descender cada uno de ellos durante tanto tiempo. (\u00bfTiempo?)<\/p>\n<p>\u00a1Veinte al sol!, gritaba el guardia. Sol, Sol, Sooool, repet\u00edan los presos y sal\u00edan al peque\u00f1o patio cercado de alambres.<\/p>\n<p>\u00a1Listo!, gritaba el guardia y entraban. \u00a1Veinte a la papa!, a papear, a papear, a papeeear.<\/p>\n<p>Maldita sea. \u00bfCu\u00e1ndo caminar\u00e1 otra vez el tiempo? A los lados, se encuentran los dep\u00f3sitos abarrotados de d\u00edas mutilados: las celdas. Un poco m\u00e1s adelante est\u00e1 la cueva de Miranda, casi enfrentada a la sombr\u00eda oficina del comandante de la Guardia.<\/p>\n<p>Arriba, sobre la terraza, se encuentran dos garitas estrat\u00e9gicamente colocadas. Los dormitorios de la tropa y un peque\u00f1o comedor invadido de voraces moscas. A\u00fan permanece vigilante un viejo ca\u00f1\u00f3n cubierto por el \u00d3xido de los siglos que, seguramente, en un tiempo, hizo reflexionar a los temerarios piratas.<\/p>\n<p>Es todo. Es in\u00fatil pretender representaciones objetivas de este extra\u00f1o lugar. Es falsa toda descripci\u00f3n. Hasta para los viejos marinos que cargan con merecida Tama de fabuladores, la Osa Mayor no es nunca un hipop\u00f3tamo. Pero esas constelaciones, tatuadas en el techo de las celdas, son indefinibles. Claro, cualquier ojo fotogr\u00e1fico puede pretender que esas figuras de cal descascarillada son unas vulgares manchas en un techo que se filtra. No puede adivinar que alguna vez fueron alfombras voladoras, globos trotamundos y nadie sabe cu\u00e1ntas cosas m\u00e1s.<\/p>\n<p>Tampoco aquella noche en la que los presos entraron al fort\u00edn, supon\u00edan que al trasponer la reja se romp\u00eda el tiempo. Adentro s\u00f3lo qued\u00f3 esa punta malvada que hace crecer y encanecer las barbas. Despu\u00e9s llegaron los d\u00edas dibujados sobre papel carb\u00f3n, casi sin forma, casi vac\u00edos, pero largos, largu\u00edsimos como el bostezo de un idiota. Entonces, por los corredores del fort\u00edn se desplazaban numerosos espectros con sus irritantes figuras de peinilla, orejas perversas, chipos, metralletas, moscas, salchichas pl\u00e1sticas, m\u00e1s moscas, candados y candados y m\u00e1s candados:<\/p>\n<p>Para encontrar la otra punta del tiempo que hab\u00eda quedado fuera, los prisioneros comenzaron a construir sus t\u00faneles.<\/p>\n<p>\u2014\u00a1Preparen sus cosas! \u2014grita el guardia, abriendo bruscamente la ventanilla de la puerta met\u00e1lica.<\/p>\n<p>La tapa de la entrada al t\u00fanel, ha sido ya ligeramente camuflada.<\/p>\n<p>\u2014Puede ser \u00fatil, si meten a otros compa\u00f1eros en esta ratonera \u2014comenta Pablo. Algunos prisioneros murmuran irritados y pronuncian agrias obscenidades; otros, en el silencio provocado por la frustraci\u00f3n, guardan en bolsos y peque\u00f1as maletas sus pocas pertenencias.<\/p>\n<p>Es \u00e9sta la quinta vez que fracasan en su intento de evasi\u00f3n.<\/p>\n<p>Con estos guardias desconocidos su tensi\u00f3n an\u00edmica aumenta. Casi todos tienen una fr\u00eda mirada cargada de odio.<\/p>\n<p>Las camionetas se desplazan velozmente rumbo al aeropuerto. En el trayecto se observan grupos de soldados que han sido colocados en los puntos cr\u00edticos de la v\u00eda. Forman parte del plan de seguridad de la operaci\u00f3n. En el pa\u00eds act\u00faa una organizaci\u00f3n paramilitar denominada Fuerzas Armadas de Liberaci\u00f3n Nacional, a la cual se encuentran vinculados los prisioneros trasladados. Las medidas de seguridad tomadas por el ej\u00e9rcito est\u00e1n dirigidas a frustrar cualquier intento que pueda realizarse para liberarlos. Ser\u00eda una acci\u00f3n descabellada.<\/p>\n<p>En una zona pr\u00f3xima a la pista de aterrizaje, los veh\u00edculos se detienen. Un capit\u00e1n del ej\u00e9rcito ordena imperativamente a los prisioneros ponerse en cuclillas. Algunos guardias pasan entre las filas de hombres agachados, insult\u00e1ndolos y hostiliz\u00e1ndolos con las peinillas. Hace calor. El lugar se encuentra intensamente iluminado. Dos reflectores recorren insistentemente el aeropuerto. En los ojos de los prisioneros se nota un dejo de resignaci\u00f3n. Parecen pensativos. Pocos demuestran ira; algunos, miedo.<\/p>\n<p>Los hombres son todos distintos, aunque compartan la misma fe.<\/p>\n<p>Armando, pasa su mano libre por los ojos heridos por la luz. Despu\u00e9s ve el cielo inmenso cuajado de estrellas. En su mente se entrecruzan los pensamientos: \u00ab\u00bfCu\u00e1ndo terminar\u00e1 esta pesadilla?\u00bb, se pregunta. \u00ab\u00bfD\u00f3nde nos meter\u00e1n estos carajos?\u00bb \u00abNo importa, Armando, si los trasladan ir\u00e9 a visitarte a cualquier parte.\u00bb \u00abVirginia, sabes que no quiero causarte m\u00e1s contrariedades. No es justo que sufras todas estas vejaciones por m\u00ed. Mam\u00e1 tendr\u00e1 problemas para visitarme, el domingo se ve\u00eda enferma. No est\u00e1s en el deber de&#8230;\u00bb \u00abNo lo hago por deber, lo hago por amor.\u00bb \u00abPor qu\u00e9 co\u00f1o ten\u00edan que trasladarnos hoy. Ya no faltaba nada para conectarnos con el otro t\u00fanel. Seguramente ser\u00e1 m\u00e1s dif\u00edcil fugarse de esa isla maldita. Esto nos pasa por pendejos; somos unos pendejos, no debimos caer.\u00bb<\/p>\n<p>Despu\u00e9s de larga espera, los prisioneros son conducidos a un avi\u00f3n de carga. El aparato hace un ruido ensordecedor. Se estremece y ruge como una fiera herida. Parece que en cualquier instante saltar\u00e1 en pedazos. A Felipe, un viejo campesino de la sierra, que muchas veces ha expuesto la vida en tiroteos y pleitos a cuchillo, el ruido del avi\u00f3n le produce tal p\u00e1nico que sus pocos dientes brincan dentro de su boca como una casta\u00f1uela borracha. La custodia est\u00e1 formada ahora por un equipo de paracaidistas. Vestidos con el uniforme de campa\u00f1a especialmente dise\u00f1ado para mimetizarse en el bosque, adquieren un aspecto ex\u00f3tico que da al simple traslado de unos prisioneros el ambiente de una pel\u00edcula de aventuras. Por unos instantes, durante el vuelo, las luces se apagan. Se escucha la voz amenazante del oficial de paracaidistas: \u00abSi alguien se mueve, los ametrallamos\u00bb. Nadie estornuda.<\/p>\n<p>Al descender, los prisioneros son otra vez colocados en fila. Durante un largo rato, caminan en silencio por una carretera sin pavimentar. S\u00f3lo se escuchan las voces de los guardias y el ruido de los grillos. Es una zona de espesa vegetaci\u00f3n. Ya es una hora avanzada de la noche. En los rostros se advierten se\u00f1ales de malestar y de fatiga. Una gabarra los espera a la orilla de la laguna.<\/p>\n<p>En la gabarra donde deben subir los prisioneros para ser conducidos a la isla, se halla un comit\u00e9 de recepci\u00f3n nada cordial. Un grupo de guardias, dispuestos en dos filas que se enfrentan y blandiendo relucientes peinillas, se encuentra en su entrada. Las parejas de presos esposados deben atravesar ese pasadizo de agresivas espinas de metal.<\/p>\n<p>Los hombres que encabezan la fila comienzan a pasar. Deliberadamente miran hacia el frente, tratando de ignorar la burda provocaci\u00f3n. Al llegar al centro los detiene un guardia. C\u00ednicamente les da la bienvenida.<\/p>\n<p>\u2014Buenas noches se\u00f1ores, \u00bfno piensan cantar chao? Nosotros queremos o\u00edr chao.<\/p>\n<p>Los dos prisioneros intentan seguir adelante sin conseguirlo, sobre sus espaldas cae con violencia el seco golpe de las peinillas.<\/p>\n<p>\u2014;\u00a1Canten chao, co\u00f1os de madre! \u00bfNo van a cantar chao? \u2014grita un cabo de la guardia hist\u00e9ricamente.<\/p>\n<p>Todos los prisioneros son sometidos progresivamente a la misma prueba vejatoria.<\/p>\n<p>\u2014\u00bfPor qu\u00e9 no cantan chao, co\u00f1os de madre?<\/p>\n<p>De repente, al final de la fila de prisioneros, se escucha una voz ronca que empieza a entonar una vieja canci\u00f3n revolucionaria italiana. \u00abUna ma\u00f1ana de sol radiante sal\u00ed a buscar al opresor.\u00bb Un coro incoherente la sigue. \u00ab\u00a1Oh bella chao!\u00bb<\/p>\n<p>Los guardias apostados en las esquinas de la gabarra, liberan del seguro sus armas de fuego. Superando el miedo, las voces en protesta contin\u00faan. \u00abY si me matan en el combate toma en tus manos mi fusil.\u00bb \u00ab\u00a1Oh bella chao! \u00a1Oh bella chao!\u00bb<\/p>\n<p>Las peinillas se cimbran en el aire y caen sobre los cuerpos de los prisioneros. Las voces se callan. Una frase se repite nerviosamente de un preso a otro. \u00abNo hay que caer en provocaciones. No hay que caer en provocaciones.\u00bb El capit\u00e1n, responsable de esta \u00faltima fase del traslado, contempla la escena con gesto indiferente. S\u00f3lo lamenta que esos presos del carajo lo hayan hecho trasnochar.<\/p>\n<p>Algunas boinas negras y azules, que los presos llevaban como s\u00edmbolo de rebeld\u00eda, flotan sobre las aguas de la laguna. En el trayecto, se repiten las provocaciones. El cabo de la guardia no se cansa de proferir amenazas.<\/p>\n<p>\u00abAqu\u00ed se van a joder, co\u00f1os de madre. Aqu\u00ed s\u00ed se los va a comer el caim\u00e1n, hijos de puta.\u00bb Los prisioneros agachados sobre el piso de acero guardan silencio.<\/p>\n<p>El llanero C\u00e1ndido siente que un fuerte corrientazo recorre su cuerpo cuando la peinilla se clava en su espalda. Un guardia lo interroga con sarcasmo:<\/p>\n<p>\u2014\u00bfCu\u00e1ntos polic\u00edas has matado t\u00fa, co\u00f1o de madre?<\/p>\n<p>\u00bfCu\u00e1ntas mujeres? \u00bfCu\u00e1ntos carajitos?<\/p>\n<p>El viejo llanero, lo mira fijamente.<\/p>\n<p>El guardia lo golpea otra vez.<\/p>\n<p>\u2014-Dele \u2014dice C\u00e1ndido.<\/p>\n<p>\u2014\u00bfC\u00f3mo dices?<\/p>\n<p>\u2014Dele.<\/p>\n<p>\u00a1Miren \u00e9ste! \u00a1Miren \u00e9ste!, exclama otro guardia se\u00f1alando a Alberto. \u00bfVerdad que se ve lindo con su traje caqui? S\u00ed, dice el cabo, debe ser oficial, y dejando caer la peinilla sobre el hombro del prisionero dice: \u00abEs tan bello este guerrillero. Lo voy a sadiquear\u00bb.<\/p>\n<p>\u2014\u00a1Aqu\u00ed hay un ruso! \u00a1Aqu\u00ed hay un ruso!<\/p>\n<p>Un grupo de guardias lo rodea. Es el lituano Argildas. La punta de una bota se hunde en su costado. \u00ab\u00bfQui\u00e9n te manda a ti a joder a este pa\u00eds, desgraciado? \u00bfTe mand\u00f3 el Len\u00edn ese?\u00bb Argildas muerde su labio en gesto de dolor. Despu\u00e9s mira al hombre que le acosa con dos ojos cargados de furia. \u00abPor lo menos los otros \u2014comenta un guardia\u2014 son hijos de puta criollos, pero este vino desde muy lejos a joder.\u00bb Varios golpes de peinilla caen sobre la espalda del orgulloso rubio.<\/p>\n<p>Es la madrugada cuando llegan a la isla. Para los presos ha sido una larga traves\u00eda en las gabarras. Es largo el tiempo que se mide en planazos. En dolor. En impotencia. Sin embargo, en los relojes han transcurrido apenas unos pocos minutos.<\/p>\n<p>Un mayor del ej\u00e9rcito recibe la lista de los prisioneros y la orden de su traslado. Verifica la exactitud del n\u00famero. Luego firma un parte confirmando su llegada a la isla. Al final agrega la hora: 2:10 a.m. Un sargento del Servicio de Inteligencia observa con atenci\u00f3n. Otro sargento se acerca discretamente hasta el lugar donde se encuentra un prisionero, veterano dirigente sindical que muchas veces act\u00faa como representante de los presos pol\u00edticos ante las autoridades oficiales.<\/p>\n<p>\u2014Lo lamento, Ojeda \u2014le dice\u2014, usted sabe que en mis manos no estaba evitarlo. Donde manda capit\u00e1n&#8230;<\/p>\n<p>\u2014Comprendo \u2014dice Ojeda\u2014, s\u00e9 que usted no tiene nada que ver en esta fiesta. Sabemos bien que los guardias de El Vig\u00eda no nos planearon.<\/p>\n<p>\u2014Ma\u00f1ana ver\u00e9 si puedo hacer algo por ustedes. Har\u00e9 lo posible para que los lleven a la enfermer\u00eda.<\/p>\n<p>\u2014Gracias, sargento. Nosotros no olvidamos.<\/p>\n<p>Los prisioneros son conducidos hacia sus nuevas celdas. Atr\u00e1s van dejando las rejas y cercas met\u00e1licas de seguridad que abundan en la isla. Antes de entrar al galp\u00f3n que les ha sido destinado, los guardias les infligen una humillaci\u00f3n m\u00e1s: los prisioneros colocados en fila frente a la reja, son obligados a aproximarse con golpes de peinilla: \u00abPegaditos, co\u00f1os de madre. M\u00e1s pegaditos. M\u00e1s pegaditos. Como haciendo cachapa. Como haciendo cachapa. Aqu\u00ed van a ponerse todos maricones. M\u00e1s pegaditos\u00bb. Al fin, un guardia civil abre la reja.<\/p>\n<p>Los presos entran al galp\u00f3n. Nadie les quita las esposas. Nadie apaga las luces. En el suelo se encuentran unas colchonetas.<\/p>\n<p>Los hombres fatigados y tensos se acuestan en ellas. Nadie habla. Ma\u00f1ana ya ver\u00e1n qu\u00e9 hacer. Est\u00e1n en Tacarigua.<\/p>\n<h4 style=\"text-align: right;\"><a href=\"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/eduardo-liendo\/\" target=\"_blank\" rel=\"noopener\">Sobre el autor<\/a><\/h4>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Eduardo Liendo \u00a1Traslado! \u00a1Traslado!, grita alguien que, parado sobre una litera, observa por la ventana de la celda hacia el patio de la prisi\u00f3n. Se oye el ronco ruido de los veh\u00edculos militares que llegan al fort\u00edn. Voces de mando. Traqueteo de armas de fuego al ser manipuladas. \u00a1Traslado! \u00a1Traslado! 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