{"id":4857,"date":"2022-06-15T00:13:16","date_gmt":"2022-06-15T00:13:16","guid":{"rendered":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/?p=4857"},"modified":"2024-10-24T09:33:57","modified_gmt":"2024-10-24T14:03:57","slug":"breve-panorama-del-cuento-venezolano-en-el-siglo-xx","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/breve-panorama-del-cuento-venezolano-en-el-siglo-xx\/","title":{"rendered":"Breve panorama del cuento venezolano en el siglo XX"},"content":{"rendered":"\n<h4 class=\"wp-block-heading\"><strong>Roberto Lovera De Sola <\/strong><\/h4>\n\n\n\n<p>El cuento es uno de los g\u00e9neros a trav\u00e9s del cual la literatura venezolana exhibe un conjunto importante de s\u00f3lidas obras que se encuentran entre las mejores de nuestra prosa narrativa. De all\u00ed que sea uno de los modos de expresi\u00f3n de nuestras letras, en el que han dejado su huella definida varios de nuestros m\u00e1s rigurosos creado\u00adres. Tambi\u00e9n son pocos los pa\u00edses que pueden mostrar, dentro del conjunto de sus letras, a un grupo de verdaderos maestros del g\u00e9nero como Jos\u00e9 Rafael Pocaterra (1889-1955), Julio Garmendia (1898- 1977), Arturo Uslar Pietri (1906-2001), Guillermo Meneses (1911- 1978), Gustavo D\u00edaz Sol\u00eds (1920-2012), Antonio M\u00e1rquez Salas (1919-2002), Alfredo Armas Alfonzo (1921-1990) y Denzil Rome\u00adro (1938-1999), sin cuya obra es imposible entender el proceso de nuestra palabra escrita.<\/p>\n\n\n\n<p>El hecho de encontrar en la literatura vene\u00adzolana cuentos de tan alta factura est\u00e9tica debe llamar a la reflexi\u00f3n no solo a los estudiosos de la misma, sino tambi\u00e9n a los propios creadores, los cuales deben interrogarse sobre los porqu\u00e9s de este hecho: deben tratar de explicar por qu\u00e9 a trav\u00e9s de piezas breves, que se escriben con mucha mayor celeridad que la novela, que exige un lento, sostenido y laborioso trabajo de invenci\u00f3n, los escritores nuestros han consignado sus palabras m\u00e1s certeras. Es posible, como lo sostuvo Uslar Pietri, que esto estribe en la atormentada vida que ha llevado el pa\u00eds, donde ha sido muy poco el sosiego que nuestros creadores han tenido para la faena literaria (1958, p. 282). Pic\u00f3n Sa\u00adlas, por su parte, se refiri\u00f3 a \u201cla gran tragedia y el azaroso vivir al d\u00eda de la historia pol\u00edtica venezolana\u201d (1976, p. 115)<a href=\"#_ftn1\" name=\"_ftnref1\">[1]<\/a>. De all\u00ed que haya sido a trav\u00e9s de cuerpos breves como nos han ofrecido lo m\u00e1s hondo de su imaginar. Estas son conjeturas que deben ser respondidas. Las dejamos planteadas al comenzar este paseo a trav\u00e9s de las l\u00edneas m\u00e1s acentuadas de nuestra creaci\u00f3n cuent\u00edstica a lo largo del siglo XX(1901-2001) y que no pudo ser m\u00e1s singular.<\/p>\n\n\n\n<p>Pocas literaturas, repetimos, pueden exhibir un conjunto de cuentistas del calado de los que poseen las letras venezolanas. Esto tanto en el pasado como en el presente. Cuando esto lo sostuvo el maestro Uslar Pietri a fines de los a\u00f1os cuarenta (pp. 282-283), tal aseveraci\u00f3n parec\u00eda una exageraci\u00f3n. No lo era. Hoy lo podemos comprobar con un estudio m\u00e1s largo en el tiempo que el que en 1948 pudo realizar quien lo afirm\u00f3 primero. El hecho es de tan singular importancia que podr\u00edamos decir que en el campo de la narrativa el cuento es superior a la novela, ya que novelas destacadas se publican de cuando en vez, en cambio, siempre estamos examinando nue\u00advos vol\u00famenes de cuentos en los cuales vamos encontrando logros ciertos, piezas de honda belleza o de h\u00e1bil construcci\u00f3n. Y esto se evidencia en el per\u00edodo de tiempo que estamos examinando, pues la contribuci\u00f3n de las nuevas generaciones, la de los a\u00f1os noventa a inicios del siglo XXI, es ya singular en su cultivo de la narraci\u00f3n corta.<\/p>\n\n\n\n<p><strong>Lo primero: el cuento fant\u00e1stico<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>Si bien se podr\u00eda decir que el cuento venezolano se inicia en el siglo XX durante el per\u00edodo modernista y criollista es obligatorio echar una mirada hacia atr\u00e1s, en los d\u00edas del siglo XIX, a partir de 1837 cuando se publica el primer cuento en nuestra literatura.<\/p>\n\n\n\n<p>De manera que no podemos referirnos actualmente a los or\u00ed\u00adgenes del cuento venezolano sino partiendo de la investigaci\u00f3n que el cr\u00edtico y profesor Carlos Sandoval (1964) nos ha ofrecido, pri\u00admero en <em>El cuento fant\u00e1stico venezolano en el siglo XIX <\/em>(2000)<a href=\"#_ftn2\" name=\"_ftnref2\">[2]<\/a>, un libro fundamental para el estudio del cuento venezolano en el siglo antepasado, ya que logra fijar su verdadero tr\u00e1nsito. Segundo, pro\u00adducto de esta investigaci\u00f3n ha sido la compilaci\u00f3n de la antolog\u00eda que se deduce de sus conclusiones y hallazgos <em>D\u00edas de espantos <\/em>(2000)<a href=\"#_ftn3\" name=\"_ftnref3\">[3]<\/a>, formada de todos los cuentos fant\u00e1sticos venezolanos reco\u00adpilados en su investigaci\u00f3n. Esta obra es el necesario corolario del cuento fant\u00e1stico venezolano.<\/p>\n\n\n\n<p>Deseamos detenernos especialmente en el cuento fant\u00e1stico porque los hallazgos de Sandoval son tantos que nos llevan a una nueva apreciaci\u00f3n de los or\u00edgenes del cuento venezolano y que logra fijar con una precisi\u00f3n que antes no ten\u00edamos. Y esto porque su pes\u00adquisa no se basa solo en los libros publicados, generalmente mucho tiempo despu\u00e9s de haber sido escritos (esto solo cuando lo lograron, debido a la particular situaci\u00f3n socio-hist\u00f3rica del escritor venezola\u00adno), Sandoval logra llegar a sus conclusiones especialmente porque su investigaci\u00f3n se basa en una cuidadosa pesquisa hemerogr\u00e1fica. Es ello lo que le llev\u00f3 a descubrir y precisar que el cuento venezola\u00adno no se inici\u00f3 con el modernismo y el criollismo, textos publicados en su mayor\u00eda, en las p\u00e1ginas de las revistas <em>El cojo ilustrado <\/em>y <em>Cosm\u00f3polis <\/em>y en los libros de Manuel D\u00edaz Rodr\u00edguez (1871-1927), Pedro Emilio Coll (1872-1947) y Luis Manuel Urbaneja Alchelpohl (1873-1937), sino que nuestro cuento comenz\u00f3 en pleno Romanti\u00adcismo y tuvo sus primeras, reales y mejores expresiones en el cuento fant\u00e1stico, que Sandoval logra explorar con sin par mirada.<\/p>\n\n\n\n<p>Todos sabemos que el primer cuento venezolano \u201cLa viuda de Corinto\u201d (<em>El Liberal<\/em>, Caracas: julio 25,1837, pp.128-129), fue concebido, como nuestra primera novela <em>Los m\u00e1rtires <\/em>(revista <em>El Li\u00adceo venezolano<\/em>, n\/ 2 al 7,1842), por don Ferm\u00edn Toro (1806-1865), por ello llamado padre de nuestra narrativa. <em>Los m\u00e1rtires <\/em>no fue impresa en libro hasta 1957, gracias a Virgilio Tosta (1922-2009), ciento quince a\u00f1os despu\u00e9s de haberse publicado por entregas en una revista. \u201cLa viuda de Corinto\u201d fue impreso en un semanario, ya que a\u00fan no hab\u00eda un diario en nuestro pa\u00eds, (el primero fue el <em>Diario de Avisos<\/em>, 1837, el cual dur\u00f3 muy poco tiempo, por lo cual fue al segundo el <em>Diario de avisos <\/em>y <em>Semanario de las provincias <\/em>(1850- 1860), de m\u00e1s larga duraci\u00f3n, al cual le corresponde la primicia de ser el primero, este es el que dej\u00f3 sentada la edici\u00f3n de un diario).<\/p>\n\n\n\n<p>Fue investigando en nuestra prensa del siglo XIX que Sando\u00adval logr\u00f3 establecer que el primer cuento fant\u00e1stico escrito por un venezolano fue \u201cLa estatua de bronce\u201d (<em>El Heraldo de Lima<\/em>, Lima: septiembre 22, 1854), impreso en Lima por ser su autor, Juan Vicente &nbsp;Camacho (1829-1872), diplom\u00e1tico venezolano en el Per\u00fa. Tal hecho se produjo mucho antes que la publicaci\u00f3n de los tres primeros li\u00adbros de nuestros modernistas, grandes escritores los tres, citados m\u00e1s arriba. <em>Palabras<\/em>, el volumen en donde se insert\u00f3 el primer cuento de Pedro Emilio Coll es de 1896, \u201cConfidencias de psiquis\u201d de D\u00edaz Ro\u00addr\u00edguez es de ese mismo a\u00f1o, no registrado por Osvaldo Larraz\u00e1bal Henr\u00edquez, Amaya Llebot y Gustavo Luis Carrera en la <em>Bibliograf\u00eda del cuento venezolano <\/em>(1975) y, por ello, desde\u00f1ado por los estu\u00addiosos, por su parte el primer cuento de Urbaneja Alchepohl, \u201cLos abuelos\u201d es de 1909. Claro que los cuentos de los tres se insertaron mucho antes en la prensa peri\u00f3dica, como antes lo hemos se\u00f1alado.<\/p>\n\n\n\n<p>El a\u00f1o 1895 fue considerado por los historiadores literarios, como Pic\u00f3n Salas (1961, p. 315)<a href=\"#_ftn4\" name=\"_ftnref4\">[4]<\/a>, el punto de partida del modernis\u00admo entre nosotros, en el cual brillar\u00e1n nuestros tres autores, porque Urbaneja si bien fue un criollista escribi\u00f3 sus cuentos en lenguaje modernista; Uslar Pietri, por su parte, considera que 1896 es el a\u00f1o de iniciaci\u00f3n del cuento venezolano (1858, p. 283)<a href=\"#_ftn5\" name=\"_ftnref5\">[5]<\/a>. En cambio, aho\u00adra la certera averiguaci\u00f3n de Sandoval nos lleva mucho m\u00e1s atr\u00e1s: a 1854 fecha del relato de Camacho, publicado en Lima porque aque\u00adlla, como dice Sandoval, era la segunda patria de este venezolano, descendiente directo del Libertador, al que siguen figuras de gran trascendencia, \u201cLos mayores\u201d los denomina Sandoval, como Anto\u00adnio Ros de Olano (1802-1887), Julio Calca\u00f1o (1840-1918), Eduardo Blanco (1838-1912), Tulio Febres Cordero (1860-1938) y Jos\u00e9 Ma\u00adr\u00eda Manrique (1846-1907).<\/p>\n\n\n\n<p>Sandoval halla, tambi\u00e9n, mucho antes de 1896, relatos del autor que firm\u00f3 como \u201cHixen\u201d su cuento es \u201cDespu\u00e9s de muerto\u201d (<em>La tertulia<\/em>: abril 9,1875), Cecilio Acosta (1818-1881) con \u201cLos es\u00adpectros que son, un espectro que ya va a ser\u201d (<em>La tribuna liberal<\/em>: no\u00adviembre 15, 1877), este texto Sandoval logra verlo desde otra pers\u00adpectiva, m\u00e1s literaria, porque este siempre hab\u00eda sido considerado, solo como diatriba pol\u00edtica, como nos lo hace ver su bi\u00f3grafo Sam\u00adbrano Urdaneta<a href=\"#_ftn6\" name=\"_ftnref6\">[6]<\/a> (1969, pp. 80-81); Luis L\u00f3pez M\u00e9ndez (1863-1891) en 1890, Diego Jugo Ram\u00edrez (1836-1903) en 1894, Eugenio M\u00e9n\u00addez y Mendoza (1857-1903) en 1896, a\u00f1o de la publicaci\u00f3n de <em>Pala\u00adbras <\/em>y <em>confidencias de Psiquis<\/em>, vol\u00famenes de cuentos modernistas, momento en que se entrelazan tanto modernistas como los cultiva\u00addores del cuento fant\u00e1stico, tales como El\u00edas Toro (1868-1918), el propio D\u00edaz Rodr\u00edguez y Alejandro Fern\u00e1ndez Garc\u00eda (1876-1939). As\u00ed se puede ver, y esta es la gran contribuci\u00f3n de Sandoval, que el cuento venezolano tuvo un dise\u00f1o pleno antes del modernismo y que este fue el cultivo del cuento fant\u00e1stico, un modo pleno del ro\u00admanticismo. Seg\u00fan la documentada conclusi\u00f3n de Sandoval fue con el cuento fant\u00e1stico que se inici\u00f3 la plenitud del cuento venezolano, d\u00e9cadas antes, al menos cuatro d\u00e9cadas antes, de los libros de nues\u00adtros grandes modernistas y criollistas.<\/p>\n\n\n\n<p>Por otra parte <em>El cuento fant\u00e1stico venezolano en el siglo XIX <\/em>tiene tambi\u00e9n otro valor: es una de las tres grandes investigaciones hechas en los \u00faltimos a\u00f1os del siglo XX para el estudio de nuestra escena literaria durante el siglo XIX. Los otros dos son el siempre luminoso, por los estadios que logra aclarar, de Paulette Silva Beau\u00adregard con <em>Una vasta morada de enmascarados <\/em>(1993) relativo a nuestra poes\u00eda decimon\u00f3nica y el de Dunia Galindo: <em>Teatro, cuerpo y naci\u00f3n <\/em>(2000) donde nos muestra c\u00f3mo el teatro fue, desde luego despu\u00e9s de la poes\u00eda, el primer g\u00e9nero cultivado en nuestra literatu\u00adra, antes de la aparici\u00f3n del cuento y de la novela.<\/p>\n\n\n\n<p><strong>Modernismo <\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>A principios del siglo XX, con las narraciones cortas del primer maestro de nuestra prosa modernista, Manuel D\u00edaz Rodr\u00ed\u00adguez (1871-1927), los que hallamos en sus <em>Confidencias de psiquis <\/em>(1896) y en sus <em>Cuentos de color <\/em>(1899), as\u00ed como si repasamos tambi\u00e9n, los que escribi\u00f3 en aquellos a\u00f1os Pedro Emilio Coll (1872- 1947), como \u201cLas tres divinas personas\u201d o \u201cEl diente roto\u201d<a href=\"#_ftn7\" name=\"_ftnref7\">[7]<\/a>, o los que redact\u00f3 Rufino Blanco Fombona, de los cuales nuestra cr\u00edtica siempre conserv\u00f3 a \u201cEl catire\u201d (1904) entre los de su predilecci\u00f3n. El libro de Blanco Fombona donde est\u00e1n sus mejores piezas son sus <em>Cuentos americanos <\/em>(1913) que recoge los que antes public\u00f3 en sus <em>Cuentos de poeta <\/em>(1900), su primer libro de narraciones cortas.<\/p>\n\n\n\n<p><strong>Realismo <\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>Muy pronto, en las primeras d\u00e9cadas del siglo, van a surgir quienes reaccionaron contra la est\u00e9tica modernista en la concepci\u00f3n del cuento. Debemos comenzar con las miradas realistas que ha\u00adllamos en los cuentos del maestro R\u00f3mulo Gallegos (1884-1969). Estos textos que est\u00e1n en sus <em>Cuentos completos <\/em>(1981), apenas co\u00admienzan a examinarse como se debe, apenas estamos recuper\u00e1ndo\u00adlos como lo que fueron: no la antesala de sus novelas sino un trabajo riguroso, demorado, de especial fondo psicol\u00f3gico, de acercamiento a la realidad. Son tan densos e interesantes que no debe llamar la atenci\u00f3n que ahora se descubran como lo est\u00e1n haciendo.<\/p>\n\n\n\n<p>Dentro de la misma generaci\u00f3n de Gallegos, entre los miem\u00adbros del grupo \u201cLa Alborada\u201d (1909), no se debe dejar de mencionar a un cuentista de la galanura de su compa\u00f1ero Julio Horacio Rosales (1885-1970), el autor de <em>Panal de cuentos <\/em>(1964), aquel \u201csobrevi\u00adviente de unas contemplaciones ya lejanas\u201d, como lo denomin\u00f3 el propio maestro de \u201cLa hora menguada\u201d, quiz\u00e1 su mejor cuento, un d\u00eda ya ancianos ambos.<\/p>\n\n\n\n<p>Aqu\u00ed van a aparecer colecciones de narraciones tan signifi\u00adcativas como los <em>Cuentos grotescos <\/em>(1922) de Jos\u00e9 Rafael Pocaterra (1889-1955), en donde un fuerte realismo de ascendencia naturalista se hizo presente.<\/p>\n\n\n\n<p><strong>El realismo fant\u00e1stico<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>Pero pronto se presentar\u00e1 el gran salto: la superaci\u00f3n del criollismo, la b\u00fasqueda de universalidad. La hallaremos en el primer dibujo serio de cuento fant\u00e1stico entre nosotros y en Hispanoam\u00e9ri\u00adca, pues esta obra es anterior a las de Jorge Luis Borges (1899-1986) porque tanto en su <em>Historia universal de la infamia <\/em>(1935), \u201cEl jard\u00edn de los senderos que se bifurcan\u201d (1942) como en <em>Ficciones <\/em>(1944), donde se inserta la anterior obra, y <em>El Aleph <\/em>(1949)<a href=\"#_ftn8\" name=\"_ftnref8\">[8]<\/a>, fueron publicados d\u00e9cadas despu\u00e9s del libro venezolano pionero. Esa fue la tarea de Julio Garmendia (1898-1977) y el valor fundamental de su primer libro <em>La tienda de mu\u00f1ecos <\/em>(1927). Dentro de sus tapas el denominado \u201cCuento ficticio\u201d es fundamental para comprender la aventura que se impuso el gran maestro de la narraci\u00f3n corta. Don Julio, todos lo sabemos, fue muy parco en publicar por aquello que \u00e9l dec\u00eda, que era de los escritores que escrib\u00edan y no publicaban, ya que siempre se sinti\u00f3 lejano a los que publicaban y no escrib\u00edan, valga la paradoja, por dem\u00e1s muy suya. De ah\u00ed que a <em>La tienda&#8230; <\/em>solo a\u00f1adi\u00f3 en vida el delicado volumen <em>La tuna de oro <\/em>(1951), muy reelaborado para su segunda edici\u00f3n (1973). Pero su constancia en el trabajo de escritura fue tal que tras su deceso, explorando sus dif\u00edci\u00adles borradores, llenos de correcciones y a\u00f1adidos, pudo Oscar Sam\u00adbrano Urdaneta (1929-2011), amigo suyo y devoto de su obra, editar tres vol\u00famenes m\u00e1s, insuperables todos, <em>La hoja que no hab\u00eda ca\u00eddo en su oto\u00f1o <\/em>(1979), que se pudo editar gracias al entusiasmo de Ben Ami Fihman (1949), otro fascinado de la prosa de Garmendia y del sentido fant\u00e1stico de sus textos. A estos le siguieron <em>La motocicleta selv\u00e1tica <\/em>(2004) y <em>El regreso de To\u00f1ito Esparragosa <\/em>(2005), los cuales ampl\u00edan la dimensi\u00f3n de su singular obra. Tambi\u00e9n recopil\u00f3 Sambrano las prosas de Garmendia en <em>Opiniones para despu\u00e9s de la muerte <\/em>(1984), volumen miscel\u00e1neo donde se recogen tambi\u00e9n sus primeros relatos impresos.<\/p>\n\n\n\n<p><strong>Arturo Uslar Pietri<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>Esa b\u00fasqueda de universalidad, dentro de los moldes de la vanguardia, ser\u00e1 la empresa que emprenda Arturo Uslar Pietri (1906- 2001) a trav\u00e9s de <em>Barrab\u00e1s y otros relatos <\/em>(1928) el mismo a\u00f1o de la insurgencia vanguardista, la cual hay que situar en el n\u00famero primero y \u00fanico de la revista <em>V<\/em>\u00e1lvula. El mismo cuento que da t\u00edtulo a la colecci\u00f3n uslariana ya nos indica hacia qu\u00e9 horizontes pretend\u00eda dirigirse el entonces joven relator. Su maestr\u00eda en el tratamiento de sus historias dentro de los moldes de la narraci\u00f3n corta, que lo hacen figura central de este g\u00e9nero, dentro del cual ha vertido lo m\u00e1s hondo y denso de su obra de ficci\u00f3n, no se detendr\u00eda all\u00ed. Su siguiente libro <em>Red <\/em>(1936) marcar\u00e1 el ingreso en el realismo m\u00e1gico. Especialmente en los relatos \u201cLa lluvia\u201d y \u201cTreinta hombres y sus sombras\u201d (1949) nos indicar\u00e1 su tratamiento de temas populares. Pero el cuentista Uslar no se frenar\u00eda a todo lo largo de su hacer. En sus dos \u00faltimos vol\u00famenes <em>Pasos y pasajeros <\/em>(1966) y en <em>Los ganadores <\/em>(1980) lleva a su plena madurez, y a su cima, esa parte central de su escritura literaria: el cuento.<\/p>\n\n\n\n<p><strong>Enrique Bernardo N\u00fa\u00f1ez<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>Se ha reparado poco en Enrique Bernardo N\u00fa\u00f1ez (1895- 1964) como cuentista y esto era explicable porque si bien hab\u00eda ini\u00adciado sus tareas en el g\u00e9nero en los a\u00f1os veinte, con el relato \u201cEl caso de Roberto Segovia\u201d (1922), sus ejemplares han desaparecido completamente hasta el punto de no haberse podido hallar ninguno al hacerse la recopilaci\u00f3n del conjunto de sus narraciones cortas. Fue en los a\u00f1os treinta que N\u00fa\u00f1ez nos ofreci\u00f3 el \u00fanico libro de relatos publicado en vida, <em>Don Pablos en Am\u00e9rica <\/em>(1932) cuyo tomo es hoy tambi\u00e9n una rareza, alg\u00fan bibli\u00f3filo debe poseer alguno de los salvados del olvido. Son hermosos y bien trabados estos tres relatos, apegados a aquello que casi siempre tent\u00f3 a N\u00fa\u00f1ez: el pasado, la memoria, la historia. Los vol\u00famenes de <em>Don Pablos en Am\u00e9rica <\/em>son tan dif\u00edciles de hallar que ni siquiera la inmensa acucia de N\u00e9stor Tablante Garrido pudo hallar un ejemplar para volverlo a publicar en la bella recopilaci\u00f3n de la mayor\u00eda de las ficciones breves de N\u00fa\u00f1ez: <em>La insurgente y otros relatos <\/em>(1997), la cual signific\u00f3 el rescate de la obra de uno de nuestros mayores escritores de ficci\u00f3n. En <em>La in\u00adsurgente&#8230; <\/em>podr\u00e1 cribar el lector de hoy para hacerse una imagen de N\u00fa\u00f1ez como cuentista y como autor de noveletas. En todas estas piezas el enamorado de los sucesos del pasado, de su magia, est\u00e1 presente, los toca y reelabora con su fantas\u00eda.<\/p>\n\n\n\n<p><strong>Guillermo Meneses<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>Guillermo Meneses (1911-1978) es un escritor central. Figu\u00adra de honda par\u00e1bola creadora. Si bien se inici\u00f3 tocando el realismo m\u00e1gico en \u201cLa balandra Isabel lleg\u00f3 esta tarde\u201d (1934) ya a fines de los a\u00f1os cuarenta, como lo ha indicado el profesor Javier Lasarte (1992, pp. 127-128), se produce un vuelco en su escritura, cambio evidente desde su relato, de 1948, \u201cTard\u00edo regreso a trav\u00e9s de un espejo\u201d, lo que se hace manifiesto, dentro del esplendor de una na\u00adrraci\u00f3n casi perfecta en \u201cLa mano junto al muro\u201d (1952), en la cual la reflexi\u00f3n sobre el propio objeto de la ficci\u00f3n se hace presente, cosa que Meneses desarrollar\u00e1 mucho m\u00e1s ampliamente dentro del espacio de la novela. Pero la esencia de sus narraciones cortas est\u00e1 en sus <em>Diez cuentos <\/em>(1968).<\/p>\n\n\n\n<p><strong>Presencia femenina<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>Despu\u00e9s de 1935, tras la muerte del general G\u00f3mez, se abri\u00f3 el espacio para la literatura escrita por mujeres. Aqu\u00ed deseamos se\u00ad\u00f1alar la forma tan importante como se cultiv\u00f3 el cuento escrito por mujeres, sobre todo, intensamente, en la d\u00e9cada del cuarenta y del cincuenta, que fue constante, al menos hasta 1956, como lo ha de\u00admostrado el estudio de la profesora Luz Marina Rivas <em>La literatu\u00adra de la otredad <\/em>(1992). Ella hizo esta exploraci\u00f3n basada en las colecciones de cuentos: S\u00edntesis (1940) de Irma De Sola Ricardo (1916-1991); <em>Trozos de vida <\/em>(1942) y <em>Mundo en miniatura <\/em>(1955) de Lucila Palacios (1902-1994); <em>Seis mujeres en el balc\u00f3n <\/em>(1943) de Dinorah Ramos, seud\u00f3nimo de Elba Arraiz (1920-1960); <em>Entre la sombra y la esperanza <\/em>(1944) de Blanca Rosa L\u00f3pez (1920); \u201cHisto\u00adrias a la orilla del remanso\u201d, inserto en sus <em>Motivos de la vida <\/em>(1944) y <em>Tierra herida <\/em>(1954) de Rosa Virginia Mart\u00ednez (1915); <em>Pelusa y otros cuentos <\/em>(1946) de Ada P\u00e9rez Guevara (1905-1999); <em>Delta en la soledad <\/em>(1946) y <em>Marionetas <\/em>(1952) de Lourdes Morales (1910- 1989); <em>P\u00e1lpito y otros cuentos <\/em>(1950) y <em>Siembra humana <\/em>(1953) de Mireya Guevara (1923); <em>Cuentos fant\u00e1sticos <\/em>(1952) de Lucila Pa\u00adlacios Vega; <em>Historias de \u00faltima p\u00e1gina <\/em>(1954) de Juana de \u00c1vila, seud\u00f3nimo de Pomponette Planchart (1914-1986); <em>Marcelina mir\u00f3 cruzar su sombra <\/em>(1954) de Ofelia Culill\u00e1n (1922); los tres tomos de narraciones de Bel\u00e9n Valarino: <em>Mis cuentos y relatos <\/em>(1954) y <em>Los miedos <\/em>(1955) de Gloria Stolk (1912-1979).<\/p>\n\n\n\n<p>De estos libros Luz Marina Rivas recoge al final de su tesis: \u201cLa loca\u201d de Juana de \u00c1vila; \u201cLa greda del cielo\u201d de Ofelia Cuba\u00adll\u00e1n; \u201cLeticia\u201d de Irma De Sola Ricardo; \u201cLa siembra humana\u201d de Mireya Guevara; \u201cDana Varein\u201d de Blanca Rosa L\u00f3pez; \u201cDesalo\u00adjo\u201d de Rosa Virginia Mart\u00ednez; \u201cDelta en la soledad\u201d de Lourdes Morales; \u201cLa sedienta\u201d de Lucila Palacios; \u201cLa pluma encantada\u201d de Lucila Palacios Vega; \u201cPelusa\u201d de Ada P\u00e9rez Guevara; \u201cLa bailarina\u201d de Dinorah Ramos; \u201cMa\u00f1ana\u201d de Gloria Stolk y \u201c\u00bfC\u00f3mo besa el doctor Bonnet?\u201d de Bel\u00e9n Valarino. Estos relatos permitie\u00adron, junto a las novelas de acusados relieves, que ahora citaremos, el surgimiento, por primera vez en nuestra literatura de la escritura de mujer, como le gusta decir a Luz Marina Rivas, como cuerpo, como organismo y ello dentro de las connotaciones no solo literarias sino tambi\u00e9n sociopol\u00edticas, a las cuales nos referiremos al tratar de la no\u00advela. Porque casi todas ellas, las mismas que escribieron sus cuentos y novelas fueron a la vez las militantes de lo femenino, de hecho, la primera generaci\u00f3n de luchadoras por el papel y los derechos de la mujer en nuestra sociedad y m\u00e1s tarde nuestras sufragistas, fueron ellas mismas. Este es el punto de vista plenamente aceptado por la cr\u00edtica, muy bien explicado por la profesora Carmen Mannarino (1981, pp. 22-28) en su pr\u00f3logo a la recuperaci\u00f3n de la novela de Trina Larralde (1909-1937): <em>Guataro <\/em>(1938)<a href=\"#_ftn9\" name=\"_ftnref9\">[9]<\/a> que es una de esas novelas que hay que considerar primeramente.<\/p>\n\n\n\n<p>Son estas \u00faltimas, casi todas escritas al calor del alero de Teresa de la Parra (1889-1936), nuestra creadora mayor, ayer como hoy, la escritora m\u00e1s admirada por ellas, tanto que cuando se tras\u00adladaron a Caracas los restos de la autora de <em>Ifigenia <\/em>(1947), muerta en Madrid, un grupo numeroso de mujeres pidi\u00f3 permiso al director de Protocolo de la Canciller\u00eda, Pedro Luis S\u00e1nchez Pacheco, donde fueron las exequias, cargar ellas la urna de la gran difunta. No les fue permitido porque se consider\u00f3 que aquello no lo pod\u00edan hacer las mujeres pese a haberle expresado all\u00ed mismo una de ellas que \u201cpor qu\u00e9 no lo iban a poder hacer si cuando mor\u00eda una monja las otras religiosas cargaban el f\u00e9retro\u201d.<\/p>\n\n\n\n<p>As\u00ed se ha considerado que las novelas sobresalientes escritas por mujeres venezolanas, antes de 1960, fueron, despu\u00e9s de las de la gran Teresa, <em>Tierra talada <\/em>(1937) de Ada P\u00e9rez Guevara, <em>Gua\u00adtaro <\/em>(1938) de Trina Larralde, muerta a los veintiocho a\u00f1os, quien fue una de las primeras, antes de morir G\u00f3mez, que dio la palabra a la mujer en su columna \u201cAl encuentro de la mujer venezolana\u201d que publicaba en la revista \u00c9<em>lite<\/em>. Y estos libros contin\u00faan con <em>Tres palabras y una mujer <\/em>(1944) y <em>El corcel de las crines albas <\/em>(1950) de Lucila Palacios; <em>Ana Isabel, una ni\u00f1a decente <\/em>(1949), de Anto\u00adnia Palacios; <em>Anastasia <\/em>(1955) de Lina Gim\u00e9nez y <em>Amargo el fondo <\/em>(1957) de Gloria Stolk. As\u00ed las protagonistas de nuestras novelas femeninas fueron Mar\u00eda Eugenia Alonso (<em>Ifigenia<\/em>), Aurora (<em>Tierra talada<\/em>), Mar\u00eda Antonia Ladera (<em>Guataro<\/em>), Berta (<em>Tres palabras y una mujer<\/em>), Anastasia en la novela hom\u00f3nima y Gisela (<em>Amargo el fondo<\/em>). Estas fueron las novelas escritas por mujeres, expresi\u00f3n de sus palabras, en donde ellas:<\/p>\n\n\n\n<p><em>exponen sus an\u00f3nimas tragedias, desde la marginalidad desproporcionada a sus engranajes socioecon\u00f3micos. De unas como Mar\u00eda Eugenia Alonso, Mar\u00eda Antonia y Aurora, conocemos las peripecias prematrimoniales. De otras, como Berta, Anastasia y Gisela, las desazones y dudas existenciales con experiencia en la integraci\u00f3n de parejas, tratadas con madurez, sinceridad y hasta sarcasmo. Durante algo m\u00e1s de media centuria nuestras escritoras han venido fracturando armaduras con herrumbre de siglos y han expuesto, con valent\u00eda, irresoluciones y avideces latentes en la mujer como ente humano, en quien ha prevalecido como destino el llamado a la creaci\u00f3n y cuido de la familia, por formaci\u00f3n, por costumbre, por escasez de opciones, pero con a\u00f1adiduras tambi\u00e9n, y a veces sobresalientes, de conciencia y sensibilidad social requeridas de realizaciones trascendentes, o simplemente, de haceres donde la individualidad se mantiene <\/em>(Mannarino, pp.22-23).<\/p>\n\n\n\n<p>En el proceso que seguir\u00e1, la novela escrita por mujeres, des\u00adpu\u00e9s de 1960, cuando Elisa Lerner (1932) trabaj\u00f3 sobre los borra\u00addores de su novela <em>El canto de la ociosa<\/em>, de la cual solo se conoce un fragmento publicado en una antolog\u00eda preparada por la siempre animosa Cristina Guzm\u00e1n<a href=\"#_ftn10\" name=\"_ftnref10\">[10]<\/a>, pero nunca publicada hasta ahora. Fue mucho despu\u00e9s cuando Elisa Lerner public\u00f3 su primera novela <em>De muerte lenta <\/em>(2006), cuyos asuntos ya se incubaban en su notable obra dram\u00e1tica y en sus ensayos, siempre celebrados. Desde los se\u00adsenta los derroteros que seguir\u00e1 la novela venezolana escrita por mu\u00adjeres ser\u00e1n diversos y complejos. Pero el trabajo hecho por nuestras creadoras entre 1935-1960 es significativo y para nada puede ser dejado de lado como nos lo mostr\u00f3, dentro de los universos de la na\u00adrraci\u00f3n corta, y nutrida por el amplio conocimiento de la mujer que hizo posible el feminismo contempor\u00e1neo en Venezuela, tal lo hizo Luz Marina Rivas en su <em>Literatura de la otredad.<\/em><\/p>\n\n\n\n<p><strong>Cuentistas de los 40<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>Los cuentistas de los a\u00f1os cuarenta representan una promo\u00adci\u00f3n central en nuestro cuento contempor\u00e1neo. Esto apenas comien\u00adza a vislumbrarse. Entre ellos se producen obras esenciales para el desarrollo del g\u00e9nero. Dentro de una d\u00e9cada de poca novedad litera\u00adria, la poes\u00eda se dedica a volver hacia los metros cl\u00e1sicos, los narra\u00addores buscan nuevos senderos, por eso se har\u00e1 realidad en la d\u00e9cada del cincuenta. Entre ellos existi\u00f3 una voz que les marc\u00f3 buena parte del camino: Andr\u00e9s Mari\u00f1o Palacio (1927-1965), especialmente a trav\u00e9s de sus <em>Ensayos <\/em>(1967)<a href=\"#_ftn11\" name=\"_ftnref11\">[11]<\/a>.<\/p>\n\n\n\n<p>Encontramos al menos siete figuras decisivas: H\u00e9ctor Mujica (1927-2002), (de la misma edad de Mari\u00f1o Palacio, eran los ben\u00adjamines de \u201cContrapunto\u201d), quien nos dej\u00f3 en su cuento \u201cLas tres ventanas\u201d un relato de honda belleza, estilo certero y de profunda trascendencia. \u201cLas tres ventanas\u201d da t\u00edtulo a su libro de 1953, es de esos textos que bastan para justificar plenamente la existencia de un escritor y su trascendencia. Sin embargo, para nada podemos dejar de mencionar por su claridad \u00edntima y ternura su relato \u201cLa O cru\u00adzada de tiza blanca\u201d (1962), sobre cuya significaci\u00f3n, m\u00e1s all\u00e1 de su segura construcci\u00f3n, habr\u00e1 que volver.<\/p>\n\n\n\n<p>Oscar Guaramato (1916-1987) hall\u00f3 en la peque\u00f1ez de sus seres, en las miniaturas, el lugar para sus fabulaciones, las cuales trat\u00f3 con cierto lirismo y mucha ternura. Quiz\u00e1 sea su relato \u201cLa ni\u00f1a vegetal\u201d el mejor construido. Pero es en general un fabulador quien siempre seduce a sus lectores, as\u00ed las piezas que est\u00e1n en la suma de su hacer, sus <em>Cuentos en tono menor <\/em>(1969).<\/p>\n\n\n\n<p>Humberto Rivas Mijares (1919-1981) llev\u00f3 a su quintaesen\u00adcia el desarrollo del cuento en \u201cEl murado\u201d (1949) de solo seis p\u00e1\u00adginas; Antonio M\u00e1rquez Salas (1919-2002) dej\u00e1ndose influir por lo m\u00e1s fuerte de la corriente narrativa de la primera posguerra, sobre todo por William Faulkner (1897-1962), logr\u00f3 una voz propia, parti\u00adcular, poderosa, en relatos tan esenciales de nuestra literatura como \u201cEl hombre y su verde caballo\u201d, \u201cComo Dios\u201d y \u201cSolo en campo descubierto\u201d(1964), en sus <em>Cuentos <\/em>(1965), tras ofrecernos estos cuerpos tan bien construidos guard\u00f3 silencio; Oswaldo Trejo (1924- 1996) nos ha dejado en los suyos, como los que est\u00e1n en sus <em>Horas escondido en las palabras <\/em>(1994) la incursi\u00f3n en el contar al rev\u00e9s. Tal es el caso de \u201cAspasia ten\u00eda nombre de corneta\u201d y \u201cEscuchando al idiota\u201d.<\/p>\n\n\n\n<p>En los m\u00e1s recientes, dentro de una obra proseguida con constancia, ha experimentado con la palabra. Sin embargo, es bas\u00adtante tradicional en algunos y magistral en miniaturas narrativas como \u201cSafo\u201d; en Gustavo D\u00edaz Sol\u00eds (1920-2012) podemos observar el paso desde historias bastante tradicionales, las cuales no exhib\u00edan novedad alguna, como los que est\u00e1n en su libro <em>Marejada <\/em>(1940), a la belleza, de la magia, \u201cArco secreto\u201d, el cual forma parte del libro que marca su trasmutaci\u00f3n, <em>Cuentos de dos tiempos <\/em>(1950), a trav\u00e9s de cuyas p\u00e1ginas el proceso descrito puede ser seguido. Alfredo Ar\u00admas Alfonzo (1921-1990) logr\u00f3 encontrar el sendero hacia el neo-regionalismo, tal cuanto hallamos en ese libro esencial de su obra, y de nuestra prosa de ficci\u00f3n, que es <em>El osario de Dios <\/em>(1969). Tiene este volumen en nuestra literatura el mismo significado que para la de Am\u00e9rica Latina tienen <em>Cien a\u00f1os de soledad <\/em>(1967) de Gabriel Garc\u00eda M\u00e1rquez (1927-2014); por ello no es casual que Armas Al\u00adfonso haya declarado que para \u00e9l leer a Garc\u00eda M\u00e1rquez hab\u00eda sido como mirarse en un espejo. Aunque <em>El osario&#8230; <\/em>puede leerse como una serie de cuentos, minicuentos m\u00e1s bien, puede ser considerado como una novela<a href=\"#_ftn12\" name=\"_ftnref12\">[12]<\/a>.<\/p>\n\n\n\n<p>Con <em>Las hogueras m\u00e1s altas <\/em>(1957) de Adriano Gonz\u00e1lez Le\u00f3n (1931-2008) se hizo presente una nueva promoci\u00f3n de escri\u00adtores. En este libro se pod\u00eda observar el derrumbe de un mundo. Si bien en el siguiente texto <em>Asfalto infierno <\/em>(1963) lo vimos meterse de lleno en el averno citadino, en la siguiente colecci\u00f3n de relatos, <em>Hombre que daba sed <\/em>(1967), nos ofreci\u00f3 el m\u00e1s prodigioso de sus cuentos \u201cMadam Clotilde\u201d. Compa\u00f1ero de generaci\u00f3n de Gonz\u00e1lez Le\u00f3n fue Salvador Garmendia (1928-2001), su registro del cuento es muy amplio, roza aspectos de la vida de la ciudad (asunto que toca tambi\u00e9n en sus novelas), como en \u201cEl inquieto Anacobero\u201d; hace inmersiones en los predios de lo fant\u00e1stico y, adem\u00e1s, nos ofreci\u00f3 una especie de comedia humana citadina. Su trabajo en este g\u00e9nero fue tan amplio que se hace necesario corregir hoy la opini\u00f3n seg\u00fan la cual Garmendia recog\u00eda en forma de narraciones breves aquellos fragmentos que deb\u00eda sacar de sus novelas para que estas no perdie\u00adran su unidad. Realmente su trabajo en este g\u00e9nero, al cual dedic\u00f3 diversos vol\u00famenes, como por ejemplo <em>La tierra calcinada y otros cuentos <\/em>(1991) o sus <em>Cuentos c\u00f3micos <\/em>(1991), es de una importancia especial, y es mucho m\u00e1s amplio en n\u00famero que sus novelas, de he\u00adcho pasan de trescientos sus cuentos. De ah\u00ed que deba ser tratado no como una consecuencia sino como uno de sus modos de expresi\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n<p>Con Argenis Rodr\u00edguez (1935-2000), especialmente con los relatos de <em>Entre las bre\u00f1as <\/em>(1964) se inici\u00f3 el tratamiento literario del per\u00edodo de la revuelta armada de la izquierda contra la demo\u00adcracia nacida en 1958. Esta obra es una de las m\u00e1s sobresalientes de este tan prol\u00edfico narrador. Tambi\u00e9n anotar\u00edamos aqu\u00ed el valor de sus cuentos <em>La ciudad desnuda <\/em>(1977), en donde lo mejor de este creador, de logros tan dis\u00edmiles, se hace presente.<\/p>\n\n\n\n<p>Jos\u00e9 Balza (1939) con sus ejercicios narrativos (a \u00e9l no le gusta denominarlos cuentos) ha creado un \u00e1mbito de belleza y de alta factura est\u00e9tica. Resaltar\u00edamos en este balance uno de ellos, de gran significaci\u00f3n art\u00edstica \u201cLa sombra de oro\u201d, perteneciente a su libro <em>La mujer de espaldas <\/em>(1986). Casi al mismo tiempo que Jos\u00e9 Balza daba a conocer sus primeras ficciones apareci\u00f3 en nuestro pa\u00adnorama creativo Francisco Massiani (1944). Si su primera novela <em>Piedra de mar <\/em>(1968) fue considerada un hecho subrayable, lo mis\u00admo ha sucedido con sus cuatro libros de cuentos, los dos primeros est\u00e1n recopilados en sus <em>Relatos <\/em>(1991). Son piezas de amplia be\u00adlleza en las cuales recrea historias de adolescentes de la clase media caraque\u00f1a, en una ciudad que fue para \u00e9l una Arcadia. Un cuento suyo como \u201cUn regalo para Julia\u201d no puede dejarse de registrar, es sin duda el mayor de los suyos.<\/p>\n\n\n\n<p>Aquel modo de mirar la realidad denominado neo-regionalis\u00admo se va a expresar con rasgos propios y de muy acusada belleza po\u00e9\u00adtica, en <em>Compa\u00f1ero de viaje <\/em>(1970) de Orlando Araujo (1927-1987), obra en la cual, el agudo cr\u00edtico que siempre fue, sorprendi\u00f3 a sus lectores por la frescura con la cual pod\u00eda tratar historias de su ni\u00f1ez.<\/p>\n\n\n\n<p>Por otro lado, el cuento brev\u00edsimo ha tenido un destacado cultor en Gabriel Jim\u00e9nez Eman (1950), trabajo que ha dejado una huella certera en las letras venezolanas. Su antolog\u00eda <em>Los dientes de Raquel y otros textos breves <\/em>(1993) es el libro que hay que buscar para comprender los rasgos de su especial aventura. De la obra de Jim\u00e9nez Eman tambi\u00e9n se puede destacar, como una creaci\u00f3n afor\u00adtunada <em>Tramas imaginarias <\/em>(1991).<\/p>\n\n\n\n<p>Cuentistas como Denzil Romero (1928-1999), Luis Britto Garc\u00eda (1940), Judit Gerendas (1940), Julio Miranda (1945-1996), Ednodio Quintero (1947), Lidia Rebrij (1948), Sael Ib\u00e1\u00f1ez (1948), Laura Antillano (1950), Federico Vegas (1950), Silda Cordoliani (1953), Antonio L\u00f3pez Ortega (1957) o Stefania Mosca (1957-2009) est\u00e1n dejando en la actualidad su estela de primor dentro de los sen\u00adderos de nuestra narraci\u00f3n corta.<\/p>\n\n\n\n<p>Tal es la magia invencionera de Romero cuando se sit\u00faa ante hechos del pasado como en \u201cEl hombre contra el hombre\u201d (1977) el cuento de su iniciaci\u00f3n, que est\u00e1 en un folleto, inserto luego en sus <em>Infundios <\/em>(1978); cuando se deja llevar por la fantas\u00eda sexual en \u201cLlegar a Marigot\u201d o cuando inventa sus prol\u00edficas fabulaciones librescas. Su libro <em>El invencionero <\/em>(1982) es ya un cl\u00e1sico dentro de este g\u00e9nero.<\/p>\n\n\n\n<p>Por su parte, Britto Garc\u00eda parece hacer el inventario de todo un universo en <em>Rajatabla <\/em>(1970); Judit Gerendas en <em>Volando libre\u00admente <\/em>(2000), especialmente por aquellos relatos en los cuales todos los avatares de la vida de una escritora se hacen presentes, tal los casos de \u201cLa escritura femenina\u201d o \u201cDe c\u00f3mo yo no lograba encon\u00adtrar un argumento\u201d; Julio Miranda, destacado cr\u00edtico literario, cuya aparici\u00f3n como escritor de ficciones fue todo un suceso. Destacamos aqu\u00ed el volumen <em>El guardi\u00e1n del museo <\/em>(1992); Ednodio Quintero en los momentos en que juega con su fantas\u00eda construyendo relatos sobre acaecimientos de la monta\u00f1a o fabula hechos imposibles, en <em>Cabeza de cabra y otros relatos <\/em>(1993); Lidia Rebrij a partir de vi\u00advencias femeninas, o de historias de amor o desamor, compone sus suntuosas narraciones, las que est\u00e1n en <em>Con estos mis labios que te nombran <\/em>(1993); Sael Ib\u00e1\u00f1ez, sobre todo en <em>Descripci\u00f3n de un lugar <\/em>(1973) por su poder fabulador, la forma el\u00edptica de acercamiento a la realidad y su particular estilo; Laura Antillano reinventa situaciones vividas en un relato, as\u00ed \u201cLa luna no es como pan de horno\u201d nos ofre\u00adce un cuento que puede ser le\u00eddo tambi\u00e9n como una eleg\u00eda en prosa, est\u00e1 en el libro hom\u00f3nimo (1988); Federico Vegas cuyos libros de relatos nos muestran singulares aventuras en el g\u00e9nero como las que vemos en <em>El borrador <\/em>(1994); Silda Cordoliani porque tanto en <em>Ba\u00adbilonia <\/em>(1993) y en <em>La mujer por la ventana <\/em>(1999) no solo nos ofre\u00adce curiosas an\u00e9cdotas, sino una escritura de una delicadeza y un sen\u00adtido po\u00e9tico que es necesario recalcar; en L\u00f3pez Ortega destacamos la forma utilizada en la creaci\u00f3n de sus diarios ficticios, su inmersi\u00f3n imaginativa en los terrenos propios de la literatura autobiogr\u00e1fica que \u00e9l utiliza para desarrollarla no desde los sucesos reales, sino desde su fantas\u00eda, tal lo que se pueden leer en <em>Calendario y otros textos <\/em>(1997) que es un libro poco com\u00fan en nuestras letras y, por fin, Stefania Mosca cuando utiliza su bien refinada iron\u00eda para ver el contorno que la rodea en <em>Seres cotidianos <\/em>(1990) y <em>Banales <\/em>(1994).<\/p>\n\n\n\n<p>En esas f\u00e1bulas, todos ellos, destacados cultores del cuento, nos permiten vislumbrar los caminos por los cuales anda nuestra narraci\u00f3n corta en estos d\u00edas. Esta que hemos referido es apenas una muestra de lo que consideramos m\u00e1s significativo dentro de un espa\u00adcio tan amplio y tan rotundo como lo es el cuento venezolano que es, repetimos y reiteramos, el primer g\u00e9nero, el m\u00e1s s\u00f3lido e importante, de nuestra narrativa.<\/p>\n\n\n\n<p><strong>Referencias <\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>Guerrero, L. (1965). \u201cLuis L\u00f3pez M\u00e9ndez\u201d. En Perpetua heredad. Caracas: Ministerio de Educaci\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n<p>_________________ (1962-1995). \u201cLiteratura fant\u00e1stica\u201d. En Candideces. Caracas: Editorial Arte\/Academia Nacional de la Historia.<\/p>\n\n\n\n<p>Lasarte, J. (1992). Sobre literatura venezolana. Caracas: La Casa de Bello.<\/p>\n\n\n\n<p>Mannarino, C. (1981). \u201cEstudio preliminar\u201d En Larralde, Trina Guataro. Los Teques: Biblioteca de Autores y Temas Mirandinos.<\/p>\n\n\n\n<p>Pic\u00f3n Salas, M. (1961). Estudios de literatura venezolana. Caracas: Edime.<\/p>\n\n\n\n<p>____________ (1976). Comprensi\u00f3n de Venezuela. (3ra. ed. aum.). Pr\u00f3logo: Guillermo Sucre. Caracas: Monte \u00c1vila Editores.<\/p>\n\n\n\n<p>Rivas, L. (1992). La literatura de la otredad. Caracas: Universidad Central de Venezuela.<\/p>\n\n\n\n<p>Sambrano Urdaneta, O. (1969) Cecilio Acosta: vida y obra. Caracas: Ministerio de Educaci\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n<p>Sandoval, C. (2000). El cuento fant\u00e1stico venezolano en el siglo XIX. Pr\u00f3logo: Armando Navarro. Caracas: Universidad Central de Venezuela.<\/p>\n\n\n\n<p>___________ (2000). D\u00edas de espantos. Caracas: Universidad Central de Venezuela.<\/p>\n\n\n\n<p>Uslar Pietri, A. (1958). Letras y hombres de Venezuela. (2\u00aa.ed. aum.) Caracas: Edime.<\/p>\n\n\n\n<p><strong>NOTAS<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#_ftnref1\" name=\"_ftn1\">[1]<\/a> El estudio de Pic\u00f3n Salas citado fue originalmente publicado en su libro <em>Cinco discursos sobre el pasado y presente de la naci\u00f3n venezolana <\/em>(1940). Caracas: Editorial La Torre, p. 142. Est\u00e1 en las pp. 33-59.<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#_ftnref2\" name=\"_ftn2\">[2]<\/a> Su corolario es su antolog\u00eda: <em>D\u00edas de espantos <\/em>(2000). Caracas: Universidad Central de Venezuela, p. 300. El primer autor en tocar el tema, refiri\u00e9ndose fundamental a un solo autor, fue el humanista Luis Beltr\u00e1n Guerrero<em>: Perpetua heredad <\/em>(1965). Caracas: Ministerio de Educaci\u00f3n, p. 317. Ver: \u201cLuis L\u00f3pez M\u00e9ndez\u201d (pp. 147-173). Ver especialmente las pp. 170-171. Y en su \u201cLiteratura fant\u00e1stica\u201d, en <em>Candideces. <\/em>Caracas: Editorial Arte\/Academia Nacional de la Historia, 1962-1995. 17 vols. Ver: \u201cLiteratura fant\u00e1stica\u201d (t. XV, pp. 109-111).<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#_ftnref3\" name=\"_ftn3\">[3]<\/a> Lo forman los cuentos de Antonio Ros de Olano (\u201cLa noche de las m\u00e1scaras\u201d; e \u201cHistoria verdadera o cuentos estramb\u00f3ticos, que da lo mismo\u201d); Juan Vicente Camacho (\u201cLa estatua de bronce\u201d; \u201cCon\u00adfesi\u00f3n aut\u00e9ntica de un ahorcado resucitado\u201d); Julio Calca\u00f1o (\u201cLas lavanderas nocturnas\u201d; \u201cEl sello maldito\u201d; \u201cLa danza de los muertos\u201d; \u201cTrist\u00e1n Cataletto\u201d); Eduardo Blanco (\u201cEl n\u00famero 111\u201d; \u201cClau\u00addia\u201d); Hixen (\u201cDespu\u00e9s de muerto\u201d); Cecilio Acosta (\u201cLos espectros que son y un espectro que ya va a ser\u201d); Tulio Febres Cordero (\u201cHistoria de una contada por ella misma\u201d; \u201cLas vocales en congreso\u201d; \u201cUn caro ilustre\u201d); Luis L\u00f3pez M\u00e9ndez (\u201cEl beso del espectro\u201d; \u201cLa balada de los muertos\u201d); Nicanor Bolet Peraza (\u201cEl monte azul\u201d; \u201cLas tres vidas de Anton\u201d; \u201cLa gran infame\u201d; \u201cCalaveras\u201d; \u201cUn golpe de suerte\u201d; \u201cMetecardiasis\u201d); Diego Jugo Ram\u00edrez (\u201cUna venganza p\u00f3stuma\u201d); Eugenio M\u00e9ndez y Mendoza (\u201cHechos naturales y misteriosos\u201d); Jos\u00e9 Mar\u00eda Manrique (\u201cLos muertos hablan\u201d; \u201cProezas de un muerto\u201d): El\u00edas Toro (\u201cEl cetro del rey Zitka\u201d); Manuel D\u00edaz Rodr\u00edguez (\u201cCuento azul\u201d; \u201cCuento verde\u201d; \u201cCuento \u00e1ureo\u201d); Alejandro Fern\u00e1ndez Garc\u00eda (\u201cLas manos fr\u00e1giles\u201d; \u201cEl coraz\u00f3n de don Qui\u00adjote\u201d); Jos\u00e9 Heriberto Garc\u00eda de Quevedo (\u201cLa caverna del diablo\u201d); Jos\u00e9 Mar\u00eda Sistiaga (\u201cEl cuento de un gato y un rat\u00f3n\u201d; \u201cUn zamuro catedr\u00e1tico\u201d).<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#_ftnref4\" name=\"_ftn4\">[4]<\/a> Pic\u00f3n Salas, Mariano (1961). <em>Estudios de literatura venezolana<\/em>. Caracas: Edime, pp. 315. La cita procede de la p.143.<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#_ftnref5\" name=\"_ftn5\">[5]<\/a> Uslar Pietri, Arturo: <em>Letras y hombres de Venezuela<\/em>, p.283.<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#_ftnref6\" name=\"_ftn6\">[6]<\/a> Sambrano Urdaneta, Oscar considera el ensayo de don Cecilio \u201cTerrible invectiva\u201d (p. 80)<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#_ftnref7\" name=\"_ftn7\">[7]<\/a> El estudio de la g\u00e9nesis y sentido del cuento \u201cEl diente roto\u201d ha sido hondamente tratado por Polanco Alc\u00e1ntara, Tom\u00e1s (1988) en <em>La huella de Pedro Emilio. Biograf\u00eda de don Pedro Emilio Coll<\/em>. Caracas: Aca\u00addemia Nacional de la Historia, p. 321. Ver el cap\u00edtulo \u201cEl diente roto\u201d (pp. 203-211). Gallegos, R\u00f3mulo (1985): <em>Una posici\u00f3n en la vida<\/em>. 3ra. ed. Los Teques: Gobierno del Estado Miranda, p. 560. Ver: \u201cMen\u00adsaje al otro superviviente de unas contemplaciones ya lejanas\u201d (pp. 374-385). La cita procede de la p. 374.<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#_ftnref8\" name=\"_ftn8\">[8]<\/a> Borges, Jorge Luis (1942). <em>El jard\u00edn de los senderos que se bifurcan<\/em>. Buenos Aires: Sur, p. 124, volumen inserto en sus <em>Ficciones <\/em>(1944). Buenos Aires: Sur, p. 203.<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#_ftnref9\" name=\"_ftn9\">[9]<\/a> Larralde, Trina (1981). <em>Guataro<\/em>. 2\u00aa.ed. Estudio preliminar: Carmen Mannarino. Los Teques: Biblio\u00adteca de Autores y Temas Mirandinos, p. 314. Ver: \u201cEstudio preliminar\u201d (p.7-28). La referencia que hacemos procede de las pp.22-28.<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#_ftnref10\" name=\"_ftn10\">[10]<\/a> Guzm\u00e1n, Cristina (1980). <em>Las mujeres cuentan. Caracas: El Diario de Caracas. <\/em>Ver: \u201cEl llanto de la ociosa\u201d (pp. 24-26).<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#_ftnref11\" name=\"_ftn11\">[11]<\/a> Mari\u00f1o Palacio, Andr\u00e9s (1967). <em>Ensayos<\/em>. Selecci\u00f3n: Rafael Pineda. Caracas: Instituto Nacional de Cultura y Bellas Artes, p. 338.<\/p>\n\n\n\n<p><a name=\"_ftn12\" href=\"#_ftnref12\">[12]<\/a> Sobre el minicuento consultar a quien m\u00e1s y mejor ha estudiado esa forma Rojo, Violeta (2009). <em>Bre\u00adve manual (ampliado) para reconocer minicuentos. <\/em>Caracas: Equinoccio y su antolog\u00eda <em>M\u00ednima expre\u00adsi\u00f3n. Una muestra de la minificci\u00f3n venezolana <\/em>(2009). Caracas: Fundaci\u00f3n para la Cultura Urbana, XVI.<\/p>\n\n\n\n<h4 class=\"wp-block-heading has-text-align-right\"><a href=\"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/roberto-lovera-de-sola\/\" target=\"_blank\" rel=\"noreferrer noopener\">Sobre el autor<\/a><\/h4>\n\n\n\n<h6 class=\"wp-block-heading\">*Publicado en: Contexto, 2018, 22(24): 148-169.<a href=\"#_ftnref1\" name=\"_ftn1\"><\/a><\/h6>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Roberto Lovera De Sola El cuento es uno de los g\u00e9neros a trav\u00e9s del cual la literatura venezolana exhibe un conjunto importante de s\u00f3lidas obras que se encuentran entre las mejores de nuestra prosa narrativa. De all\u00ed que sea uno de los modos de expresi\u00f3n de nuestras letras, en el que han dejado su huella [&hellip;]<\/p>\n","protected":false},"author":6,"featured_media":4858,"comment_status":"open","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"_monsterinsights_skip_tracking":false,"_monsterinsights_sitenote_active":false,"_monsterinsights_sitenote_note":"","_monsterinsights_sitenote_category":0,"footnotes":""},"categories":[14],"tags":[44,3],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/4857"}],"collection":[{"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/users\/6"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=4857"}],"version-history":[{"count":2,"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/4857\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":13655,"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/4857\/revisions\/13655"}],"wp:featuredmedia":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/media\/4858"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=4857"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=4857"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=4857"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}