{"id":4780,"date":"2022-06-09T23:58:53","date_gmt":"2022-06-09T23:58:53","guid":{"rendered":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/?p=4780"},"modified":"2023-11-24T18:29:58","modified_gmt":"2023-11-24T18:29:58","slug":"dos-cuentos-de-enza-garcia-arreaza","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/dos-cuentos-de-enza-garcia-arreaza\/","title":{"rendered":"Dos cuentos de Enza Garc\u00eda Arreaza"},"content":{"rendered":"<h3>De ese lado no<\/h3>\n<p>Tango e iglesia. Mala combinaci\u00f3n pero as\u00ed soy yo. Mucha gente frunce el ce\u00f1o al verme los domingos en la misa, en especial el sacerdote que no aguanta sostenerme la mirada desde que le dije que hab\u00eda so\u00f1ado con un Dios que se suicidaba despu\u00e9s del tan mentado Apocalipsis. \u00bfS\u00e9 fiel hasta la muerte? Fiel al violonchelo y a una mujer.<\/p>\n<p>Pero me gustaba ir a la iglesia con Fresedo. Y con la nana que todav\u00eda lo amamanta y eso que Fresedo ya llega a los quince a\u00f1os.<\/p>\n<p>Ese domingo, m\u00e1s mon\u00f3tono que el ritual de las ma\u00f1anas de servirme caf\u00e9 y abrir la arepa y embarrarla de mantequilla, se vio trastocado por un par de pezones y un vestido negro. Todos voltearon a mirarla, mujeres envidiosas con nariz de zanahoria y hombres que en el confesionario ped\u00edan perd\u00f3n por pr\u00e1cticas onanistas.<\/p>\n<p>Yo le vi cara de Adriana o Patricia. Hermosa y correcta en el cuerpo como los conciertos de Bach.<\/p>\n<p>Fresedo la diagnostic\u00f3 y la nana chirri\u00f3 de celos (aclaro, la nana ten\u00eda diecisiete a\u00f1os y una hija en su haber cuando mi amigo naci\u00f3). Ven\u00eda sola a contraluz con un vestido negro ce\u00f1ido que delataba sus redondeces y el delito magn\u00e1nimo de no usar sost\u00e9n. Ten\u00eda talante cansado y de for\u00e1nea que viene a meter la u\u00f1a en las vanidades ajenas. El sacerdote la mir\u00f3 y fue el caim\u00e1n que lleva a\u00f1os haciendo dieta.<\/p>\n<p>Esa noche no pude olvidarla, su figura toda caderas y pelo lacio tono funeral me acompa\u00f1\u00f3 incluso cuando fui a ba\u00f1arme.<\/p>\n<p>La semana empez\u00f3 con un orden descomunal: el liceo y Fresedo cont\u00e1ndome de las aventuras en el cuarto de la nana. Las prol\u00edficas lecciones de chelo con la profesora Fiorella que hasta ese entonces fue la mujer m\u00e1s er\u00f3tica del planeta. Los rostros que se van de viaje y los almuerzos, los libros que hay que leer para los ex\u00e1menes. Y otra vez era domingo y era la iglesia. Ella entr\u00f3 del brazo de Mariano Libertella, un pintor fracasado que vive en la calle que tiene una cloaca rota. No puede ser su hija ni su mujer porque Libertella no gusta de las vaginas sino de los falos. Una vieja coment\u00f3 con otra que se llamaba Gricel, como en aquel tango que Amelita Baltar cantaba sin gracia. Llevaba una blusa blanca que enmarcaba la pronunciaci\u00f3n prolija de sus senos y una falda negra que jugaba a levantarse para que las piernas sonrieran, me sonrieran a m\u00ed. Tambi\u00e9n escuch\u00e9 que se estaba quedando en la casa de Mariano.<\/p>\n<p>Era hora de probar suerte con la pintura. Siempre me interesaron El Bosco, Picasso, Goya. Fresedo me ha contado que Clara, su nana, le ha permitido profundizar en ella todas las noches siempre que est\u00e9n seguros de que mam\u00e1 se ha tomado las pastillas para dormir. Edipo no coartado en sus fines, embalses de magma p\u00e1lido escurri\u00e9ndose por los predios de una piel estriada y cansada de lavar, planchar. Fresedo tiene suerte. No como yo que soy cobarde, que soy de vidrio.<\/p>\n<p>El mi\u00e9rcoles decid\u00ed pasar por casa de Libertella para enterarme sobre los cursos de pintura. Gricel abri\u00f3 la puerta. Ten\u00eda una bata roja y el maquillaje chorreado como si un burro la hubiese lamido. Luc\u00eda amable como una almohada. Pero no pude contenerme y cuando me habl\u00f3 me di la vuelta y sal\u00ed corriendo. Me ocult\u00e9 en el jard\u00edn de mi casa detr\u00e1s del chelo silencioso y sent\u00ed morirme, sent\u00ed un sabor a eclipse en la punta de la lengua. El sacerdote estaba all\u00ed, lo vi desde la ventana de atr\u00e1s, lo vi bajarse los pantalones frente a mi madre y a mi madre llenar su boca con \u00e9l. La sotana en el piso de la cocina me hizo re\u00edr despacio, qu\u00e9 depravado es este Padre Nuestro.<\/p>\n<p>El jueves volv\u00ed a intentarlo con suerte. Esta vez Libertella me abri\u00f3 la puerta y ese mismo d\u00eda empezamos con las clases. Tuve que pintar botellas de vino, al lado de Requena que siempre nos pareci\u00f3 talentoso pero muy \u00f1o\u00f1o en el liceo. Todo marchaba bien, yo tarareaba un tango cualquiera de Pugliese. Todo era oc\u00e9ano pac\u00edfico, aunque yo esperaba con endeble ansiedad el desparpajo de esa aparici\u00f3n: Gricel, que baj\u00f3 los pelda\u00f1os para llegar al estudio con la misma bata roja del otro d\u00eda. Ella fue en ese momento Manuel de Falla y los jardines de Espa\u00f1a.<\/p>\n<p>Sonri\u00f3 al verme. Libertella le dijo que ya se pod\u00eda quitar la bata y que subiera al pedestal. Se me cay\u00f3 el l\u00e1piz, bueno, estaba temblando, y Requena me auscult\u00f3 sorprendido pero queriendo disimularlo. Se quit\u00f3 la bata y Manuel de Falla era pura baba.<\/p>\n<p>Libertella la pintaba, planeaba hacer una muestra de desnudos en la galer\u00eda municipal.<\/p>\n<p>Toda mi infancia, con su angustia y frustraci\u00f3n, se amonton\u00f3 en ella: la nariz suave me recordaba a la de mi madre que en ese momento tendr\u00eda la nariz en la entrepierna del cura. Los muslos frondosos donde me escond\u00eda cuando tronaba. La sombra sorbida de su sexo carnoso y poblado de hilitos aciagos. Los dedos alargados hasta el paroxismo. La boca mordida desde lejos. Los senos palpados en silencio como si tocara las cuerdas mi instrumento grave y melanc\u00f3lico. El chelo y Gricel podr\u00edan serlo todo a partir de ahora. Podr\u00edan serlo todo si mi saliva inundara los sue\u00f1os de sus pezones. Requena me miraba confundido. Libertella la amasaba con sus manos y no le importaba, no como a m\u00ed que soy un ser de vidrio.<\/p>\n<p>Llegu\u00e9 a mi casa sin el sol sobre la espalda, mi madre lavaba los platos y a las ocho vino asustado Fresedo a contarme que su vieja se hab\u00eda enterado de todo y que hab\u00eda sacado a patadas de su casa a Clara. Trat\u00e9 de hacer que el chelo me hablara pero en m\u00ed todav\u00eda temblaba la imagen de sus lunares y el ombligo domando las fieras en mi sangre.<\/p>\n<p>Me di cuenta que mi pantaleta estaba empegostada de amor y que Gricel ten\u00eda la culpa.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<h3>La parte que le toc\u00f3 a Caleb<\/h3>\n<p>No nac\u00ed en Caracas y es probable que jam\u00e1s me acostumbre a ella. Caminando por la Plaza Diego Ibarra veo un mendigo durmiendo; m\u00e1s all\u00e1 veo el Palacio de Justicia que no le hace justicia al mendigo, y el gris urgente que me viene amenazando con lluvia desde que sal\u00ed en la ma\u00f1ana. Quisiera describir otra ciudad, distinta a la de tantos peri\u00f3dicos; pero me temo que antes de m\u00ed y despu\u00e9s de m\u00ed, ella seguir\u00e1 siendo eso que es apocal\u00edptico y tierno. Una ant\u00edtesis de colmena, con el holl\u00edn de las estaciones del metro, con la jaur\u00eda de buhoneros y el caos que parece que ya no se oye, pero que est\u00e1 sobre todo en el podrido. No tengo c\u00f3mo cuidarme de los cad\u00e1veres que a\u00fan la habitan, de la DISIP persiguiendo periodistas, de los candidatos a la gobernaci\u00f3n, de los ni\u00f1os sin casa y del alcalde preso.<\/p>\n<p>Iba vacilante, como si al final esperara ir a otro lugar, hacia la librer\u00eda de Mauro. Baj\u00e9 las escaleras del Centro Comercial Paseo Las Mercedes, hasta llegar al s\u00f3tano donde se congrega un mercado de arte. En el piso me encontr\u00e9 con un cad\u00e1ver de peri\u00f3dico diciendo que con la salida del presidente tendr\u00edamos un repunte seguro en la econom\u00eda. Al llegar a la librer\u00eda, vi al se\u00f1or Mauro colgando en la puerta de cristal un cartel que dec\u00eda lo siguiente: \u201cProhibido a todos los amigos, una vez adentro, hablar de pol\u00edtica\u201d. As\u00ed que ya eran m\u00e1s de la siete de la noche; antes de cruzar la puerta con el cartel record\u00e9 la man\u00eda de Carlos de hablar de vampiros. La pol\u00edtica es un vampiro, me dije ri\u00e9ndome.<\/p>\n<p>Mauro me salud\u00f3 fervorosamente, mientras contestaba el tel\u00e9fono. Ya estaban adentro el ingeniero Bracho, escarbando entre las revistas de tatuajes; la se\u00f1ora Joaquina revisando los libros de Chopra; al fondo divis\u00e9 a Fernando con un libro de Duras; luego se incorporaron Alicia y Mario buscando el \u00faltimo texto de Elizabeth Fuentes. \u00bfQui\u00e9n dejar\u00eda esas huellas de charco en el piso? Resolv\u00ed guiarme por ellas, llegando al estante que humildemente quiere abarcar la entera historia de la filosof\u00eda. Abstra\u00eddo en las p\u00e1ginas sobre Plat\u00f3n, traducidas por Garc\u00eda Bacca, me tropec\u00e9 con un hombre al que nunca hab\u00eda visto y que me record\u00f3 a Anthony Hopkins en<em>The Human Stain<\/em> . Adem\u00e1s, tampoco me llagaba hasta ese estante, siguiendo la idea de que la filosof\u00eda, con un poco de atenci\u00f3n, puede estar al alcance sin caer necesariamente en esas edificaciones arrogantes. Extraje un libro de un tal S\u00f6ren Kierkegaard, ideando una manera de intercambiar palabras de reconocimiento con el se\u00f1or. Pero \u00e9l se anticip\u00f3 a m\u00ed:<\/p>\n<p>\u2014\u00bfT\u00fa eres la hija de Mauro?\u2014 pregunt\u00f3 el hombre, con acento gracioso.<\/p>\n<p>Hubo un silencio ubicuo, con forma de v\u00e9rtice.<\/p>\n<p>\u2014No\u2014 respond\u00ed con la boca seca.<\/p>\n<p>Hubo otro silencio; volvi\u00f3 a concentrarse en el libro.<\/p>\n<p>\u2014Yo no soy la hija de Mauro\u2014 pens\u00e9 en voz alta.<\/p>\n<p>\u2014\u00bfDisculpa?<\/p>\n<p>\u2014No\u2026 Nada\u2026 Es decir\u2026 Me llamo Isabel\u2026 Contramaestre (como Carlos Contramaestre y no entend\u00ed por qu\u00e9 la coincidencia me entristec\u00eda)\u2026\u2014 respond\u00ed titubeando, queriendo salir de esa conversaci\u00f3n repentinamente est\u00fapida.<\/p>\n<p>\u2014Yo me llamo Caleb\u2026 Pero no soy jud\u00edo.<\/p>\n<p>Algo como risas se desdibuj\u00f3 en el rostro del Caleb que no es jud\u00edo y yo. In\u00fatilmente segu\u00ed sosteniendo en mis manos el libro de Kierkegaard.<\/p>\n<p>\u2014A ver \u00bfqu\u00e9 hace una ni\u00f1a tan peque\u00f1a con un libro de Kierkegaard?\u2014 pregunt\u00f3 sard\u00f3nico.<\/p>\n<p>\u2014Estoy viendo cosas\u2026 \u2014 indiqu\u00e9 firme, procurando una certidumbre que no pose\u00eda.<\/p>\n<p>\u2014No deber\u00edas leer eso\u2014 dijo con una mirada con forma de bistur\u00ed entrando en la carne.<\/p>\n<p>\u2014Ah, y usted debe saber mucho, seguramente\u2014 respond\u00ed desafiante, mientras devolv\u00eda el libro a su lugar.<\/p>\n<p>Mauro conversaba con un cliente sobre la soflama presidencial del domingo pasado. A un hombre ponderado y sutil como el due\u00f1o de la librer\u00eda se le desfigura el rostro citando frases que habr\u00e1 dicho el presidente. Pero quiz\u00e1s obedeciendo a un auto\u2014reclamo, retoma la calma y le cuenta al cliente que ha nacido su primer nieto y que se llama Paolo.<\/p>\n<p>\u2014Podr\u00eda decirse que s\u00e9 algunas cosas\u2026 Yo soy fil\u00f3sofo.<\/p>\n<p>\u2014\u201cYo soy\u201d\u2014 repet\u00ed, sonri\u00e9ndome y mirando al suelo\u2014 Nunca hab\u00eda conocido a un fil\u00f3sofo, pensaba que s\u00f3lo nac\u00edan en Grecia o Alemania.<\/p>\n<p>\u2014Es posible\u2026 Al menos s\u00e9 que estudi\u00e9 filosof\u00eda y que doy clases en la universidad donde hombres y mujeres estudian para graduarse de lo mismo.<\/p>\n<p>Hab\u00eda una tristeza en su rostro magullado que ven\u00eda cansada de s\u00ed misma. No es que yo sepa mucho de la gente, pero me recordaba a varios hombres acongojados que hab\u00eda conocido en mi vida, como mi padre. Le pregunt\u00e9 si ser fil\u00f3sofo era una profesi\u00f3n como las dem\u00e1s, a lo que respondi\u00f3 con una sonrisa dubitativa, dici\u00e9ndome\u2026<\/p>\n<p>Eran las nueve de la noche y pens\u00e9 en mi madre. La librer\u00eda vac\u00eda y Mauro viajando en un libro de R. L. Stevenson me advirtieron de mi s\u00fabita salida del tiempo que marca la vida cotidiana y funcional.<\/p>\n<p>\u2014No creo que sea como las dem\u00e1s, t\u00fa sabes que hay\u2026 No, t\u00fa no sabes, est\u00e1s muy peque\u00f1a para esas cosas\u2014 respondi\u00f3 como enternecido.<\/p>\n<p>\u2014S\u00ed, no s\u00e9 nada\u2014 le dije apurada\u2014 Ya me tengo que ir, se\u00f1or Caleb\u2026<\/p>\n<p>\u2014Oye, no deber\u00edas andar sola por la calle, \u00bfno quieres que te acompa\u00f1e?<\/p>\n<p>\u2014\u00bfNo es igual de peligroso que un extra\u00f1o te acompa\u00f1e?\u2014 respond\u00ed de nuevo desafiante.<\/p>\n<p>\u2014S\u00ed\u2026 \u2014 dijo acerc\u00e1ndose a la caja con el libro de Plat\u00f3n y de Kierkegaard\u2014 pero no ser\u00edamos extra\u00f1os si me acompa\u00f1as a tomar caf\u00e9.<\/p>\n<p>\u2014Son treinta mil\u2014 dijo Mauro metiendo los libros en una bolsa de papel y haci\u00e9ndome se\u00f1as para que dijera que no a lo del caf\u00e9. (Ya hab\u00eda dicho que este hombre, Caleb, era desconocido en la librer\u00eda).<\/p>\n<p>Extend\u00ed mi silencio hasta que nos encontramos en la calle, magnetizados por los maullidos de los carros y los focos de luz. Sac\u00f3 el libro del dan\u00e9s de la bolsa, frente al Hotel Tamanaco.<\/p>\n<p>\u2014Mira, es para ti\u2014 dijo en voz baja.<\/p>\n<p>Me sent\u00ed de color rojo y desprotegida.<\/p>\n<p>\u2014No, no puedo\u2026<\/p>\n<p>\u2014Anda, por favor\u2026\u2014 declar\u00f3 en tono todav\u00eda m\u00e1s enternecido\u2014 \u00bfCu\u00e1ntos a\u00f1os tienes?<\/p>\n<p>\u2014\u00a1Muchos a\u00f1os menos que usted!\u2014 dije riendo.<\/p>\n<p>\u2014S\u00ed, es evidente, yo tengo cincuenta y uno.<\/p>\n<p>En el taxi no nos dijimos nada importante, puras vaguedades sobre el clima y el tr\u00e1fico. Coment\u00f3 algo sobre una de sus alumnas, mientras nos sent\u00e1bamos en una mesa del caf\u00e9 <em>Andreas<\/em>, de corte griego y discriminatorio. \u00bfD\u00f3nde est\u00e1 el consejo de mam\u00e1 que dice \u201cno hables con extra\u00f1os\u201d? Todo se fue diluyendo, incluso el fuego de la prohibici\u00f3n. Mientras ordenaba el caf\u00e9, vi que alguien abri\u00f3 un peri\u00f3dico que hac\u00eda referencia al terrible atentado a la democracia que significaba la aprobaci\u00f3n de la Ley del Tribunal Supremo.<\/p>\n<p>\u2014\u00bfDe d\u00f3nde eres?\u2014 pregunt\u00e9 despu\u00e9s de tomar el primer sorbo de caf\u00e9 con leche.<\/p>\n<p>\u2014Nac\u00ed en Galicia, a la que recuerdo brumosa; pero vivo aqu\u00ed desde que tengo veinte a\u00f1os. Alguna vez estuve en Par\u00eds, aunque no lo conoc\u00ed porque siempre lo he sentido como algo prohibido\u2026 Es un cuento largo, que no nos vendr\u00eda bien\u2026<\/p>\n<p>\u2014Yo nunca he salido de aqu\u00ed\u2026<\/p>\n<p>Me parec\u00eda justicia que finalmente empezara a llover. Caleb jugaba con el encendedor y yo con una servilleta. Me cont\u00f3 de su obligada infancia seminarista entre Tortoreos y Burgos, de c\u00f3mo ahora era un agn\u00f3stico, de c\u00f3mo segu\u00eda siendo un campesino que se saciaba comiendo pan. Y yo sonre\u00eda, oyendo con honesta atenci\u00f3n al viejo.<\/p>\n<p>\u2014He perdido la fe, as\u00ed como viene con tanto rezo, luego te das cuenta que no es eso, y no creo que la vuelva a necesitar\u2014 musit\u00f3 concentrado en las gotas que desfilaban como caricias en el vidrio. Yo miraba el reloj colgado en una pared, detr\u00e1s de \u00e9l\u2014 Eso del absoluto, de un Dios absoluto y creer\u2026<\/p>\n<p>\u2014\u00bfEres un agn\u00f3stico?\u2014 pregunt\u00e9 no muy segura de lo que eso significaba.<\/p>\n<p>\u2014S\u00ed, as\u00ed, porque tampoco soy ateo, \u00bfpero c\u00f3mo sabes qu\u00e9 es eso?<\/p>\n<p>\u2014He le\u00eddo un poco, me gusta mucho, seguro me servir\u00e1 para cuando empiece la carrera de periodismo\u2014 respond\u00ed observando la taza y pensando en mi madre.<\/p>\n<p>\u2014\u00bfPeriodista? Qu\u00e9 extra\u00f1o\u2026<\/p>\n<p>\u2014\u00bfQu\u00e9 cosa es extra\u00f1o?<\/p>\n<p>\u2014De repente pens\u00e9 que ser\u00edas poeta o algo as\u00ed\u2026<\/p>\n<p>\u2014\u00bfS\u00ed? A veces escribo pero\u2026<\/p>\n<p>\u201cEs dif\u00edcil\u201d, dijimos al un\u00edsono. \u201cEs una condena donde soy la v\u00edctima y el verdugo; un suplicio donde aplausos y l\u00e1tigos est\u00e1n hechos de los mismos huesos\u201d.<\/p>\n<p>\u2014Ya es tarde, tu madre estar\u00e1 preocupada por ti.<\/p>\n<p>\u2014No, mi madre est\u00e1 muerta. Si estuviera viva tal vez yo no saliera a ninguna parte\u2014 dije como respondi\u00e9ndome a la pregunta de todos los d\u00edas. \u00bfTe gusta recordarla? No, desear\u00eda no pensar en ella, cuando no hay recuerdo tierno, cuando s\u00e9 que no siento nostalgia de sus chantajes y sus heridas. Porque la nostalgia me ven\u00eda desde que estaba viva.<\/p>\n<p>\u2014Mi madre tambi\u00e9n muri\u00f3\u2026 Mar\u00eda se llamaba\u2026 yo la quer\u00eda mucho, nunca pude decirle que lo fue todo\u2026 Es la \u00fanica mujer a la que he amado de verdad, quiz\u00e1s demasiado\u2026<\/p>\n<p>Dichas esas palabras en la boca del fil\u00f3sofo, puse mi mano derecha en una de sus mejillas con un temblor y le dije \u201cno te pongas triste\u201d. Nos miramos con fortuita decisi\u00f3n. Pag\u00f3 lo consumido, salimos; llam\u00f3 y pag\u00f3 un taxi que me llevara a mi casa. No llov\u00eda m\u00e1s. Quedamos en vernos otra vez en <em>Andreas<\/em>, el mi\u00e9rcoles a las seis de la tarde.<\/p>\n<p>Por un momento quise imaginar su divagar por las calles antes de llegar a su casa. Me hab\u00eda dicho que estaba casado con una mujer veinte a\u00f1os menor que \u00e9l, y que a deducir por el retrato que le hab\u00eda hecho de mi madre, se parec\u00edan mucho. Compartimos la misma cruz, Isabel, pero las amamos muchas veces. Seguramente cuando llegara, algunas de sus hijas se le guindar\u00eda del cuello y lo besar\u00eda infinitamente. Pero antes se parar\u00eda en alguna vidriera o licorer\u00eda o burdel (me dijo que la primera vez que hizo el amor fue en Colombia con una prostituta), mientras yo, en mi cuarto silencioso y confortable, hojear\u00eda el libro de Kierkegaard encontrando ideas interesantes: \u201cTengo que encontrar una verdad que sea verdadera para m\u00ed\u2026 la idea por la que pueda vivir o morir.\u201d \u00bfQu\u00e9 vida llevaba Caleb? \u00bfTendr\u00e1 sentido?<\/p>\n<p>El mi\u00e9rcoles a las cinco ya me encontraba en alguna de las aceras de esta ciudad tropical, inesperadamente h\u00fameda. Ven\u00eda del Jard\u00edn Bot\u00e1nico. Al sentir la lluvia roz\u00e1ndome como gato gentil, record\u00e9 los relatos de Caleb: las tormentas de verano en Tuy, el puesto de verduras de su madre labradora, las celebraciones lujuriosas en una ciudad de B\u00e9lgica llamada Wize que s\u00f3lo existe en Octubre. \u201cPens\u00e9 que ser\u00edas poeta o algo as\u00ed\u201d. \u00a1Pues no!, voy a ser periodista; es lo que me han dicho que ser\u00eda bueno. Y es tan bueno que llueva para m\u00ed; mientras del otro lado de la ciudad hay gente quedando damnificada a causa del chaparr\u00f3n.<\/p>\n<p>Lo vi sentado en la mesa de la otra noche cuando cruc\u00e9 el umbral de la puerta de Andreas . Es tan viejo, pens\u00e9 decepcionada.<\/p>\n<p>\u2014\u00bfCaf\u00e9 con leche?\u2014 pregunt\u00f3 cerrando el peri\u00f3dico.<\/p>\n<p>\u2014No, caf\u00e9 solo, por favor.<\/p>\n<p>\u2014Pens\u00e9 que la ni\u00f1a no iba a venir, estaba preocupado.<\/p>\n<p>\u2014Pensaba no venir\u2026 Estaba en el Jard\u00edn Bot\u00e1nico dibujando un\u2026 \u00a1No debo confiar en usted!\u2014 porque lo pensaba, muy en lo profundo y amordazada, pero lo pensaba.<\/p>\n<p>\u2014No deber\u00edas, no deber\u00edas\u2026 pero voy a pedirte que lo hagas, por favor. \u00bfHas le\u00eddo algo?<\/p>\n<p>\u2014S\u00ed, muy triste en verdad. Kierkegaard era cojo\u2026 (Yo voy a cojear tambi\u00e9n, pens\u00e9). Tengo una verdad pero no es verdadera\u2026<\/p>\n<p>\u2014Hacemos que la vida sea un tab\u00fa\u2026 ver\u00e1s, el tab\u00fa surge a ra\u00edz de un miedo, si lo ponemos en una definici\u00f3n simple\u2026 \u00bfA qu\u00e9 le temes t\u00fa?<\/p>\n<p>\u2014A las cosas\u2026 a los pensamientos, sobre todo. Sabes, los fil\u00f3sofos siempre me parecieron bichos raros; resulta que su objeto de trabajo es el pensamiento, algo que no se puede tocar, no se le puede hacer una biopsia, ni descomponer en elementos qu\u00edmicos\u2026 Entonces, como son la cosa m\u00e1s abstracta del mundo, hay que tratarlos de formas m\u00e1s abstractas todav\u00eda que los lleve a un plano tangible, o sea, con otros pensamientos, y despu\u00e9s las palabras o no s\u00e9 si vienen antes\u2026 Adem\u00e1s, el mundo sigue empeorando, suceden cosas que parecieran que no son pensadas, como si pensar fuera est\u00e9ril\u2026<\/p>\n<p>\u2014El eterno retorno, dir\u00eda Nietzsche\u2014 me dijo atento\u2014 \u00bfPero a qu\u00e9 le temes?<\/p>\n<p>\u2014No quiero ser periodista, no me gusta lo que hacen.<\/p>\n<p>\u2014\u00bfPero s\u00ed te gusta escribir? \u00bfVerdad?<\/p>\n<p>\u2014Mucho, siempre escribo lo que pienso. No creas que no he pensado en ser escritora\u2026 Pero en este pa\u00eds\u2026 no creo\u2026 aqu\u00ed es imprescindible sobrevivir, ya nadie vive.<\/p>\n<p>\u2014Tan joven y ya tan pragm\u00e1tica. Bueno, es cierto, yo tampoco vivo de escribir, pero\u2026 Hay un tango que dice \u201cla vida es algo m\u00e1s que darlo todo por comida\u201d \u00bfNo crees t\u00fa?<\/p>\n<p>\u2014S\u00ed, pero hace falta talento para eso, para vivir de todas las maneras posibles. Hace falta ver si yo lo tengo\u2026 y creo que no, tal vez m\u00e1s adelante\u2026<\/p>\n<p>\u2014No, una vez que decidas, la frase \u201ctal vez m\u00e1s adelante\u201d se har\u00e1 m\u00e1s dif\u00edcil\u2026 Luego te dar\u00e1s cuanta que la palabra \u201chubiese\u201d no existe\u2014 sentenci\u00f3 severo cuando salimos de <em>Andreas<\/em> .<\/p>\n<p>Caminamos varios metros en la calle sin decir cosa alguna. La noche se apresuraba fr\u00eda en poseernos a todos. Yo lo tomaba por el brazo y me dejaba guiar por un asfalto que empezaba a parecerme taciturno pero menos mortuorio. Transitando por la calle de Las Escuelas, me pregunt\u00f3 si quer\u00eda ir hasta su casa, en San Bernardino.<\/p>\n<p>\u2014Ni mi mujer ni mis hijas est\u00e1n all\u00e1, se han ido a visitar a la abuela.<\/p>\n<p>Acced\u00ed al cabo de no s\u00e9 cu\u00e1nto tiempo; s\u00e9 que \u00e9l me escrutaba y creo que estuvo a punto de decirme que si no quer\u00eda estaba bien. No te pongas moralista, me dije como d\u00e1ndome \u00e1nimos. \u00a1La casa de Caleb, Dios m\u00edo! \u00bfLa casa de Caleb no queda en Hebr\u00f3n, seg\u00fan la Biblia ?<\/p>\n<p>La casa se sent\u00eda ordenada y funcional, oscura. Al entrar y ver que no prend\u00edan las luces, me apret\u00e9 de su brazo. La lluvia que apenas ca\u00eda hab\u00eda fundido los transformadores de la cuadra. Cuando empez\u00f3 a encender las velas, me encontr\u00e9 con varias fotos de su familia (su mujer y sus hijas). Me sent\u00ed culpable. Me dio un vaso de leche fr\u00eda y galletas; desapareci\u00f3 un momento en la escalera y despu\u00e9s baj\u00f3 para decirme que entrara en la biblioteca. Tra\u00eda una caja en las manos.<\/p>\n<p>Una habitaci\u00f3n muy amplia, que le serv\u00eda de trinchera a \u00e9l y a sus libros que eran muchos. La poca iluminaci\u00f3n me hac\u00eda ver cosas terribles, sombras que caminaban con vida propia y esas cosas. En la mesa de madera una colecci\u00f3n de piedras. Me par\u00e9 en la ventana, habiendo engullido ya las galletas, simulando mirar las gotas; un gatito quer\u00eda entrar para no mojarse. Vi sus pasos venir detr\u00e1s de m\u00ed, sent\u00ed que su ment\u00f3n se apoyaba en mi cabeza y uno de sus brazos intentaba rodearme. El fuego de la prohibici\u00f3n, pens\u00e9, en una ronda de pensamientos turbulentos y embarrados de lodo.<\/p>\n<p>\u2014No pienses mal\u2026 Isabel, eres tan peque\u00f1a, no pienses mal\u2026 \u2014 me iba diciendo de tal manera que me hac\u00eda pensar que estaba asustado, como si no supiera lo que hac\u00eda.<\/p>\n<p>Me di la vuelta para abrazarlo, con un aire de retenci\u00f3n y dominio. Quise pretender que sab\u00eda lo que hac\u00eda, pero una angustia decididamente soberbia que me acompa\u00f1aba desde que lo hab\u00eda visto en la librer\u00eda de Mauro, me impuso el llanto. Con su rostro tan cerca del m\u00edo, desde los pasillos de afuera cre\u00ed o\u00edr <em>Souvenirs du Louvre<\/em> , pero no pod\u00eda ser cierto.<\/p>\n<p>\u2014\u00bfCaleb\u2026?\u2014 dije mir\u00e1ndolo a los ojos.<\/p>\n<p>\u2014Isabel, quisiera hacer algo por ti.<\/p>\n<p>Sentir su olor ya me hac\u00eda tanto bien, pero era incapaz de dec\u00edrselo.<\/p>\n<p>\u2014Podr\u00edas hacer cosas m\u00e1s importante que hacer algo por m\u00ed\u2026 hay tanto\u2026<\/p>\n<p>\u2014No\u2026 Acercarse a alguien no es sencillo, pero contigo es como dejarse caer y el golpe es dulce. Me he propuesto no ser ignorante, pero he fallado muchas veces, pues creo que el saber m\u00e1s importante de todos es reconocer el dolor\u2026 y a todos nos duele algo, Isabel, y el asunto es comprometerse con los dem\u00e1s partiendo de ello, como si fuera la \u00fanica manera de salvarse.<\/p>\n<p>\u2014\u00bfC\u00f3mo te quieres acercar a m\u00ed?<\/p>\n<p>\u2014 No quiero que seas cobarde, no quiero que pierdas lo que puedes ser. \u00a1No seas cobarde, no seas cobarde!<\/p>\n<p>Ten\u00eda tantas ganas de besarlo, pero tampoco ser\u00eda capaz de hacerlo porque soy cobarde.<\/p>\n<p>Se retir\u00f3 hasta tomar la caja, y comenz\u00f3 a llenarla de libros: Las obras completas de Sigmund Freud; un buen pedazo de la literatura latinoamericana con varios argentinos a la cabeza, pasando por Roa Bastos y terminando con<em>La Casa Verde<\/em> ; algo de Michel Foucault, hasta que acab\u00f3 por introducir a Hobbes, Locke, Descartes, Her\u00e1clito. Cerr\u00f3 la caja con grapas y la envolvi\u00f3 con una cabuya.<\/p>\n<p>\u2014Son para ti, ac\u00e9ptalos, por favor.<\/p>\n<p>\u2014No entiendo, \u00bfpor qu\u00e9?\u2014 pregunt\u00e9 m\u00e1s angustiada que nunca.<\/p>\n<p>\u2014Ese d\u00eda en la librer\u00eda\u2026 pensaba en lo f\u00e1cil que ser\u00eda mandarlo todo al diablo, cuando nada tiene sentido, esta ciudad, por ejemplo\u2026 Entonces habl\u00e9 contigo y\u2026<\/p>\n<p>\u2014\u00bfTodo tuvo sentido?\u2014 pregunt\u00e9 al borde de un nuevo llanto.<\/p>\n<p>\u2014S\u00ed, otra vez tuvo sentido, con tu cara redonda de chocolate\u2026 pero no\u2026<\/p>\n<p>\u2014No, no, eso s\u00ed lo s\u00e9, no podemos\u2026\u2014 musit\u00e9 mirando el suelo.<\/p>\n<p>Entonces tom\u00f3 mi cara en sus manos, mir\u00e1ndome de una manera que yo sab\u00eda que ser\u00eda la \u00faltima vez. El gatito en la ventana ara\u00f1aba el vidrio. Llam\u00f3 un taxi para que viniera por m\u00ed; entretanto nos abraz\u00e1bamos delictivamente, con el abandono y el mundo a cuestas. Me cont\u00f3 algunas cosas m\u00e1s: que tuvo que vender unos terrenos en Galicia a causa de la terrible situaci\u00f3n econ\u00f3mica del pa\u00eds, el miedo que le tiene a los malandros, lo mucho que le gusta la lluvia, que nunca supo porqu\u00e9 le pusieron Caleb, si Caleb es un nombre hebreo y \u00e9l es un gallego descendiente enteramente de gallegos, a no ser por el padre que naci\u00f3 en la Argentina. Plant\u00f3 un beso en mi frente, aunque por un momento pens\u00e9 que ser\u00eda en la boca; \u201cpero el mundo pod\u00eda m\u00e1s que los dos\u201d, pens\u00e9 que estar\u00eda pensando.<\/p>\n<p>Las \u00faltimas palabras que nos habremos dicho casi ni puedo recordarlas. Me queda el aliento entr\u00e1ndome por todos lados y la caja que est\u00e1 en el piso de mi cuarto; cuando la abr\u00ed consegu\u00ed una nota \u2014que no s\u00e9 en qu\u00e9 momento pudo escribir\u2014 que dec\u00eda: \u201cGracias, voy morir en paz\u201d. No comprend\u00ed el significado de ese agradecimiento sino hasta hace pocas semanas cuando le\u00eda el peri\u00f3dico en la librer\u00eda de Mauro, que finalmente hab\u00eda quitado aquel letrero en vista de lo penetrantes que se han vuelto los asuntos pol\u00edticos en estos d\u00edas. Vi la foto de Caleb en la secci\u00f3n de obituarios, y decid\u00ed \u2014muy personalmente, caminando hacia el Cementerio del Este, pensando que alg\u00fan d\u00eda tendr\u00e9 que ir al cementerio de Montmartre\u2014 que no iba a estudiar periodismo sino filosof\u00eda.<\/p>\n<h4 style=\"text-align: right;\"><a href=\"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/enza-garcia-arreaza-una-semblanza-de-su-vida\/\" target=\"_blank\" rel=\"noopener\">Sobre la autora<\/a><\/h4>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>De ese lado no Tango e iglesia. Mala combinaci\u00f3n pero as\u00ed soy yo. 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